Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Respuesta a crítica de Democracia Socialista

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Democracia Socialista publicó una crítica a mi crítica del Programa de Transición, un “Prólogo al prólogo”, en referencia a la nota anterior que publiqué en este blog (ver aquí; la crítica de DS en http://www.democraciasocialista.org/?p=3908). El centro de la crítica que me hace DS está contenido en el siguiente pasaje:

“El enfoque transicional, para nosotros es, más sencillamente, un intento de articular las reivindicaciones de masas en una proyección de radicalización progresiva en el terreno de la conciencia y de la práctica de lucha. La cuestión del agua o del gas en Bolivia, por ejemplo, durante los enormes procesos de lucha que atravesaron a ese país a principios de siglo, planteaban todos los problemas de la soberanía nacional, del control y de la gestión popular. Es decir, cumplían como tales el rol de consignas “transitorias”. En los países donde la reforma agraria es una cuestión central, como Brasil, la cuestión de las ocupaciones de tierras tiene también un alcance “transicional”. Las ocupaciones no son, como tales, incompatibles con el sistema, pero, en el marco de la actual economía capitalista globalizada, constituyen puntos de desequilibrio incontestables. “Detrás del sistema de las reivindicaciones transitorias lo que está en juego es lo siguiente: una acumulación de experiencias sociales que desestabilicen el sistema, indiquen otra organización económica y social y demuestren el potencial de los y las asalariadas en esta perspectiva. Gramsci abordaba esta cuestión con su concepto de “hegemonía político- ética”. La clase oprimida debe conquistar posiciones en el seno de la sociedad antes de conquistar el poder político. En una situación normal, desde luego, esto no deja de ser propaganda y experiencias de un alcance limitado. Pero en una situación de aceleración social esto se integra en un periodo preparatorio de la conquista del poder político” (Sabado, 2006)”.

El problema con esta crítica de DS es que confunde la naturaleza de las consignas que integran un programa mínimo, y las consignas transicionales. Es que mi crítica al Programa de Transición, en lo que respecta a las consignas, es específica: está dirigida a la agitación de demandas transicionales como método para movilizar hacia la toma del poder, o de organizar a las masas para la movilización revolucionaria bajo un régimen burgués. No es una crítica a la agitación de demandas reivindicativas en general. Solo a un ultraizquierdista incurable se le puede ocurrir negar la importancia de luchas por demandas elementales como el agua o servicios sanitarios, espacios democráticos de gestión, aumentos salariales, mejoras en las condiciones laborales, seguros de desempleo, libertades y derechos para las minorías oprimidas, y semejantes.

Para que se entienda dónde está el centro del debate, repito una vez más la diferencia entre las demandas mínimas y transicionales. Las demandas mínimas son aquellas que, por sus principios, son compatibles con el sistema capitalista. Por ejemplo, las demandas de paz, pan, tierra y asamblea constituyente en Rusia de 1917 eran demandas mínimas, o sea, en principio, compatibles con el sistema capitalista. Esto es al margen de las mayores o menores dificultades que pudiera tener la clase dominante para conceder alguna o algunas de esas reivindicaciones, al menos parcialmente (el propio Lenin especuló, en 1917, con que si la burguesía otorgaba la tierra a los campesinos, la revolución podía llegar a desviarse o frenarse). Recordemos que en su definición “clásica”, el programa mínimo “es un programa que, por sus principios, es compatible con el capitalismo y no rebasa su marco” (Lenin, “Observaciones para el artículo acerca del maximalismo”, diciembre de 1916). Este es el contenido que he dado a las consignas del programa mínimo en mi discusión sobre el Programa de Transición  (pienso que también es el sentido en que están en la obra de Marx).

Así, cualquiera puede representarse un sistema capitalista en el cual la gente tenga acceso al agua potable, o los campesinos obtengan sus lotes de tierra. Por supuesto, la consideración de que la consigna es “en principio” compatible con el modo de producción capitalista no es sinónimo de que el capitalismo siempre sea capaz de satisfacer la demanda. Por eso mismo, la lucha por consignas elementales puede, bajo determinadas circunstancias, terminar en movilizaciones revolucionarias; o llevar a mucha gente a la convicción de que es necesario un cambio social de raíz. Y en cualquier caso, la conquista de mejoras fortalece la confianza y las posiciones de la clase obrera y los sectores populares. De ahí la relevancia que daba Marx a las reivindicaciones elementales (se dice que Marx pronunció el famoso “si eso es marxismo yo no soy marxista” disgustado con sus partidarios que despreciaban las luchas por mejoras). En todo caso, acuerdo con Lenin, cuando sostuvo que “la lucha por reformas es demasiado importante como para dejarla en manos de los reformistas

Las demandas transicionales, en cambio, son por principio incompatibles con la existencia del capitalismo. Desde Marx y Engels esta cuestión se ha subrayado una y otra vez. Puede verse aquí, por ejemplo, la discusión de Engels sobre el asunto. Se llaman “de transición” porque empujan hacia la abolición de la propiedad privada, y en este sentido fueron formuladas por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista. Entre las más conocidas encontramos el reparto de las horas de trabajo hasta acabar con la desocupación, sin disminución salarial; la obligación de trabajar; la anulación de la propiedad privada de la tierra; la anulación del derecho de herencia; la abolición del secreto comercial y el control obrero de las grandes empresas; la estatización de la banca y su puesta bajo control obrero.

 Por supuesto, puede discutirse hasta qué punto algunas de estas demandas pueden entrar en lo que se consideró históricamente el programa mínimo. Por ejemplo, la estatización de la tierra fue considerada por Marx una demanda transicional; Lenin, en cambio, la incorporó al programa socialdemócrata de la revolución democrática de 1905. Otro caso particular es la milicia popular (digamos, “a lo Suiza” en su época revolucionaria burguesa). Hoy creo que debemos considerarla transicional. Lo importante, en todo caso, es que existe una diferencia cualitativa entre las demandas de transición al socialismo, y las demandas propias del programa mínimo. Por este motivo Lenin en 1917 rechazó la propuesta de Bujarin de reemplazar la división entre programa máximo y mínimo por un  programa de transición, al tiempo que mantenía la agitación por “paz, pan, tierra y todo el poder a los soviets”.

Toda la discusión que he planteado sobre el PT en lo que respecta a las consignas gira en torno a esta distinción entre demandas mínimas y transicionales. No tiene sentido entonces sugerir que me opongo a la demanda de agua en Bolivia o en cualquier otro lado porque se trataría de una consigna transicional. Como cualquiera puede comprobar comparando las posiciones que presento en mi blog con las de Democracia Socialista, tenemos divergencias políticas muy profundas; pero en aras de la clarificación, los compañeros de DS deberían criticar lo que planteo y no lo que desean atribuirme.

La diferencia entre demanda mínima y demanda transicional también se puede ver en el problema de a quién se le exige la medida. Es que tiene sentido demandar a un gobierno capitalista que otorgue mejoras (agua potable, por ejemplo); pero no tiene lógica exigirle que ponga en práctica un programa de transición al socialismo. Un punto que Engels criticaba a Heinzen, quien formulaba las consignas transicionales como demandas a ser formuladas al Estado burgués.

Por lo argumentado también puede entenderse por qué las medidas transicionales no tienen sentido si no se agitan y aplican en el marco de un programa de conjunto. Por ejemplo, no hay “control obrero” sin organización de poder obrero independiente, esto es, sin poder efectivo para llevarlo a cabo. De lo contrario, es solo una forma de colaboración de clases, o de “participación democrática” en organismos de gestión con la burguesía (muy comunes en las municipalidades, por caso). A su vez, el control obrero de algunas grandes empresas empujará al control obrero de la banca, o del comercio exterior, etcétera. Por eso, unas medidas de transición impulsan a las otras, y se articulan. Como se explica en El Manifiesto Comunista, “… desde el punto de vista económico [esas medidas] (se refiere a las del programa de transición) parecerán insuficientes e insostenibles, pero… en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción”. Lo cual tiene sentido: desde el poder la clase obrera instrumenta un programa que impulsa a las más amplias masas a acabar con la propiedad privada del capital. Por eso las medidas transicionales son progresivas si se aplican de manera revolucionaria y transitoria, y entendiendo que solo son posibles “porque detrás de ellas está todo el proletariado puesto de pie, apoyándolas con las armas en la mano” (Engels a Heinzen). Para que se vea la diferencia: es un absurdo decir que en general solo es posible conseguir agua potable si el proletariado está armado. Pero no es absurdo sostener que no es posible imponer el control obrero a la burguesía si no se está armado. ¿Cómo se pueden confundir cuestiones tan elementales?

Otra manera de ver las diferencias: repartir las horas de trabajo hasta acabar con la desocupación, sin bajas de salario, o prohibir los despidos (en una crisis económica equivale a exigir la eliminación de la crisis por decreto) son medidas que, de aplicarse, anularían la ley económica del salario y de la acumulación (el ejército industrial de reserva es consustancial al capitalismo), y por lo tanto serían incompatibles con el capitalismo. Pedir un seguro de desempleo, en cambio, no es una medida transicional. Pedir agua tampoco es una medida de transición al socialismo. A su vez, exigir el control obrero sobre el ejército burgués (como hace el Programa de Transición con respecto al ejército de EEUU), es una consigna lógicamente imposible de aplicar en el Estado capitalista. Pero demandar un derecho al voto, o a la libertad de expresión de los soldados, no es transicional hacia ningún socialismo.

 En definitiva, y para que quede claro: considero altamente progresista una lucha por conseguir agua en Bolivia o en cualquier otro lugar. Y me parece un sinsentido llamar hoy, en Argentina, a las masas trabajadoras a luchar por instalar el control obrero de la producción. Hay un abismo entre ambos tipos de consignas. Por supuesto, reafirmo también lo que expliqué en la anterior nota: la propaganda de un programa de transición (esto es, del programa que propondrían los socialistas a un gobierno de los obreros y las masas oprimidas) puede ser muy necesaria y útil. Pero esto no tiene nada que ver con la agitación de la “escalera transicional” que propuso Trotsky y practicó sistemáticamente la Cuarta Internacional (en todas sus variantes), y fue el eje de mi crítica.

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31/10/2014 at 10:46

Presentación de libro sobre el debate Piketty

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El próximo martes 4 de noviembre, en la Universidad Nacional de Quilmes, participaré en la mesa redonda “Crisis internacional y desigualdad en la capitalismo contemporáneo”, en ocasión de la presentación del libro “El debate Piketty” sobre El capital en el Siglo XXI”, compilado por Mario Hernandez y Matías Eskenazi (Buenos Aires, editorial Metrópolis). El libro está prologado por Eskenazi y contiene artículos de Paul Krugman; Thomas Piketty; James Galbraith; Eric Toussaint, Patrick Saurin y Thomas Coutrot; Olmedo Beluche; Charles André Udry; Maciek Wisniewiski; Paula Bach; David Harvey; Michael Roberts y uno de mi autoría.

Compartiré la mesa con Paul Cooney (doctor en economía New School / Docente Universidade federal do Para / Universidad Nacional de General Sarmiento) y será moderador Matías Eskenazi (Universidad Nacional de Quilmes / Universidad Autónoma de Entre Ríos).  Será a las 18 horas en el aula 209.

Organizan “Programa Acumulación, dominación y lucha de clases en la argentina contemporánea”; “Centro de Investigaciones sobre Economía y Sociedad en la Argentina Contemporánea (IESAC)”; con el aval del Departamento de Economía y Administración de la Universidad Nacional de Quilmes.

 

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29/10/2014 at 15:58

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Prólogo 2014 a la Crítica del Programa de Transición

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Este Prólogo lo escribí con motivo de la próxima reedición de mi Crítica del Programa de Transición por parte de ¿Dónde empezar? (www.dondeempezar.com.ar). En el mismo sintetizo las ideas centrales de la crítica, y sintetizo los principales argumentos de los cruces polémicos que mantuve sobre el PT.   

El Programa de Transición (en adelante PT) fue escrito, en 1938, por León Trotsky, con motivo de la fundación de la Cuarta Internacional, y desde en­tonces fue el texto programático y político de las organizaciones trotskistas en prácticamente todo el mundo. Incluso las que de alguna manera consideraron necesario actualizar el texto redactado por Trotsky, mantuvieron sin embargo la matriz del viejo enfoque. Pasada casi una década y media desde que fuera pu­blicado por primera vez, aprovecho la oportunidad de esta nueva edición de la Crítica del Programa de Transición para responder brevemente, en este Prólogo, algunos de los principales argumentos que me han presentado los defensores de la política trotskista, y aclarar algunos malentendidos. A este fin, conviene recordar primero las ideas rectoras del PT, y la lógica que las encadena, para ir luego a las cuestiones más debatidas.

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24/10/2014 at 11:22

Lógica del capital y marxismo revolucionario y humanista

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En una larga nota anterior defendí la idea de que existe una lógica del capital (ver aquí, aquí, aquí y aquí). En esta entrada señalo la importancia de la cuestión para la política revolucionaria y el programa socialista.

Dado que la vinculación entre la existencia de una lógica del capital y la política socialista revolucionaria ha sido expuesta por Tony Smith  de una manera con la que no puedo estar más de acuerdo, reproduzco aquí los pasajes claves. Los tomo de The Logic of Marx’s Capital. Replies to Hegelian Criticisms (1990, State University of New York Press), pp. 38-40. Escribe entonces Smith:

“La política revolucionaria puede ser definida de dos maneras: 1) política revolucionaria siempre está orientada al objetivo de largo plazo de cambiar las estructuras fundamentales de la sociedad (aun cuando sea necesario preocuparse por objetivos transicionales aquí y ahora); y 2) la política revolucionaria contra el capitalismo implica la afirmación de que las estructuras fundamentales a ser cambiadas son inherentemente y necesariamente explotadoras. En contraste, el reformista es alguien que está preocupado con cambiar estructuras que no son fundamentales, y/o siente que las estructuras fundamentales pueden ser convertidas en no explotadoras si son arregladas (tinkered, también puede traducirse por “toqueteadas”) de la manera correcta.  En los dos puntos una fundamentación teórica de la perspectiva revolucionaria requiere la lógica dialéctica.

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18/10/2014 at 11:09

Sobre salario, desempleo e inflación (5)

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  Las partes anteriores de esta nota pueden verse aquí, aquí, aquí y aquí.

Salario “dado”

La tesis de que existe una amplia escala de variación del valor de la fuerza de trabajo entre los límites máximo y mínimo, parece estar en contradicción con la idea, adelantada por los fisiócratas y también expresada por Marx, de que el salario debe tomarse como dado: “la base de la economía política moderna, que se ocupa del análisis de la producción capitalista, es la concepción del valor de la fuerza de trabajo como algo fijo, como una magnitud dada, como en verdad ocurre en cada caso en particular” (Marx, 1975, t. 1, p. 39). Pero no es una contradicción, sino dos instancias distintas de análisis. El salario es variable a lo largo del tiempo, pero en cada coyuntura -determinada por la productividad, la relación entre las clases, la situación del mercado y otros factores- existe un valor de la fuerza de trabajo que debe considerarse dado. Por eso la plusvalía es el “resto”, el trabajo por encima del trabajo necesario para reproducir el valor del salario. Lo cual no significa que ese tiempo de trabajo necesario sea inmutable a lo largo del tiempo. Esto explica que en la misma página de Teorías… de la que extraemos la cita anterior, Marx critique a los fisiócratas porque consideraban que el salario debía estar siempre en el mínimo de supervivencia. El salario mínimo, o indispensable para la mantención y reproducción de la fuerza de trabajo varía con las etapas del desarrollo histórico; no debe considerárselo el resultado de una determinación natural.

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13/10/2014 at 23:05

Sobre salario, desempleo e inflación (4)

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Las partes anteriores de esta nota aquí, aquí y aquí.

La posición de Marx sobre el salario, y el rol de la desocupación es, naturalmente, opuesta a los enfoques burgueses, pertenezcan estos a la vertiente ortodoxa monetarista, reformista keynesiana, o a cualquier variante intermedia.

 El punto de partida

 Tal vez el punto de partida para una correcta comprensión de la crítica desde el marxismo a la tesis de la curva Phillips es cuestionar la idea de que los salarios rigen los precios, y que por lo tanto un aumento de los primeros debe traducirse en el incremento de los segundos. La misma tiene por sustento la concepción –presente en Adam Smith- de que el precio se forma por suma de partes, esto es, por suma del salario, la ganancia del capital y la renta de la tierra. De acuerdo a este enfoque, los contribuyentes a la formación del precio son relativamente independientes uno del otro, y el aumento de salarios debe traducirse en aumento de los precios. Este resultado ocurre tanto en el enfoque neoclásico, que considera que el salario, la ganancia y la renta se determinan por las escaseces relativas y las productividades marginales del trabajo, el capital (identificado con la máquina) y la tierra; como en la teoría poskeynesiana que sostiene que la ganancia y la renta son el resultado de un plus agregado al costo salarial, al momento de la venta.

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08/10/2014 at 10:04

Sobre salario, desempleo e inflación (3)

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Las partes anteriores de esta nota aquí y aquí

Salarios, desempleo e inflación en los poskeynesianos

 Si bien existen puntos de contacto entre el planteo de los nuevos keynesianos y el de los poskeynesianos, en particular en lo que respecta a la importancia del conflicto distributivo en las causas de la inflación, sus enfoques difieren en aspectos sustanciales. Es que a  diferencia de los nuevos keynesianos, los poskeynesianos ponen el énfasis en la demanda como determinante del empleo, y en una distribución del ingreso más igualitaria para impulsar la demanda. Por eso, el enfoque poskeynesiano tiene puntos de contacto con el subconsumismo tradicional (véase Bleaney 1977, para una descripción). Recordemos que el subconsumismo plantea que es posible un desarrollo armónico del capitalismo, en el que los salarios elevados dan lugar a una demanda elevada, y esta facilita la rentabilidad del capital, que garantiza la continuidad de la inversión. Con matices, los keynesianos de izquierda sostienen, en sustancia, el mismo enfoque. Por eso sus tesis encajan en el reformismo burgués y otras variantes reformistas (socialdemócratas, sindicalistas burgueses, nacionalistas de izquierda, y similares). El ideal, como lo explicitaba Keynes, es reformar al modo de producción capitalista sin afectar sus raíces, la propiedad del capital.

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28/09/2014 at 16:47

Sobre salario, desempleo e inflación (2)

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Acerca del título de la nota: En un principio esta nota llevaba por título “López Murphy sobre salario, desempleo e inflación”, ya que el disparador de la misma fue la reivindicación que hizo este economista de la derecha de las políticas de control de inflación de los bancos centrales de los países desarrollados (políticas que tienen como centro la llamada tasa natural de desempleo). Sin embargo, a medida que fui desarrollando el tema, el escrito adquirió un carácter más general: además de la postura estrictamente monetarista, presento en las siguientes partes de la nota los enfoques de los nuevos keynesianos, de los poskeynesianos, y finalmente una síntesis de la postura de los marxistas. De ahí que haya optado por el título más general “Sobre salario, desempleo e inflación (2)”

En la primera parte de esta nota (ver aquí) hicimos una crítica específica a la posición del economista López Murphy sobre el rol del desempleo en el control de los salarios, y la inflación. Debido a la forma en que se está establecida esta idea, y su conexión con algunas de las tesis centrales del marxismo, y de los poskeynesianos, desarrollamos ahora la cuestión en un marco que excede en mucho el argumento específico de LM. Particularmente nos interesa destacar el contenido político de las formulaciones actuales del mainstream nuevo keynesiano, y las alternativas desde el poskeynesianismo y el marxismo. Lo que presento en esta parte de la nota es material estándar de los cursos habituales de la macroeconomía universitaria, y también lo que sustenta las políticas de los bancos centrales de la mayoría de los países adelantados.

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18/09/2014 at 11:52

Lógica del capital y crítica marxista (4)

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Las partes anteriores de esta nota aquí, aquí y aquí.

El discurso posmoderno post caída del Muro

Los críticos de la tesis de la lógica del capital sostienen que no existe centralidad del trabajo asalariado, ni leyes objetivas de la dinámica capitalista. Ya hemos discutido teóricamente estas cuestiones. Sin embargo, las diferencias no deben ser dilucidadas solo a nivel teórico, sino también en relación a datos y hechos. La pregunta entonces es acerca de la capacidad que ha tenido la tesis “no hay leyes ni lógica del capital” para explicar, o prever, las tendencias del desarrollo económico y social de las últimas décadas.

En este punto tengamos presente que el posmodernismo tomó vuelo con sus pronósticos sobre lo que venía luego del derrumbe de la URSS, la desarticulación de los llamados Estados de bienestar, en Occidente, y el arranque de la globalización. Por aquellos años los posmodernos plantearon que con la caída de los regímenes stalinistas, y el fin del fordismo -producción y consumo de masas, trabajo alienante en las líneas de montaje, cultura conformista, control sindical y estatal- se abría una era de expansión de la diferencia, de construcción libre de las identidades, de exaltación de la particularidad y desarrollo de las personalidades. Según esta visión, la posmodernidad consumista llevaría a ofrecer a cada uno la mercancía adecuada, en tanto que en los lugares de trabajo se impondrían los horarios flexibles, los equipos de trabajo participativos y creativos, y la especialización no alienante. Las relaciones de producción capitalista serían flexibilizadas en sentido libertario y democrático, y la sociedad sería abierta y plural, dando lugar a un individuo “liberado del corsé autoritario” y focalizado en el placer y el cuidado del cuerpo y la mente.

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Written by rolandoastarita

11/09/2014 at 10:32

Sobre salario, desempleo e inflación (1)

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Acerca del título de la nota: En un principio esta nota llevaba por título “López Murphy sobre salario, desempleo e inflación”, ya que el disparador de la misma fue la reivindicación que hizo este economista de la derecha de las políticas de control de inflación de los bancos centrales de los países desarrollados (políticas que tienen como centro la llamada tasa natural de desempleo). Sin embargo, a medida que fui desarrollando el tema, el escrito adquirió un carácter más general: además de la postura estrictamente monetarista, presento en las siguientes partes de la nota los enfoques de los nuevos keynesianos, de los poskeynesianos, y finalmente una síntesis de la postura de los marxistas. De ahí que haya optado por el título más general “Sobre salario, desempleo e inflación (1)”.  

En una polémica realizada ayer en un programa de TV con Jorge Altamira, dirigente del Partido Obrero, el economista de derecha López Murphy reivindicó las políticas de los bancos centrales de los países desarrollados de control de la inflación, que han venido aplicándose en las últimas décadas. Si bien las mismas tienen como punto axial la idea de que una elevada tasa de desempleo da lugar a una baja de la tasa de inflación, se combinan sin embargo con la tesis de que la inflación es, en lo esencial, un fenómeno monetario (esto es, un resultado de una excesiva emisión monetaria). En el curso de la polémica, JA señaló, correctamente en mi opinión, el carácter ideológico del planteo de LM; con esto quiso decir que no tiene un fundamento científico, sino está basado en la defensa de los intereses del capital en general. LM defendió su posición presentándola como “natural y lógica”, prácticamente como si se tratara de un hecho técnico; la naturalización pasa por el argumento de “la aplican los países serios”.

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Written by rolandoastarita

05/09/2014 at 13:31

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