Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Prólogo 2014 a la Crítica del Programa de Transición

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Este Prólogo lo escribí con motivo de la próxima reedición de mi Crítica del Programa de Transición por parte de ¿Dónde empezar? (www.dondeempezar.com.ar). En el mismo sintetizo las ideas centrales de la crítica, y sintetizo los principales argumentos de los cruces polémicos que mantuve sobre el PT.   

El Programa de Transición (en adelante PT) fue escrito, en 1938, por León Trotsky, con motivo de la fundación de la Cuarta Internacional, y desde en­tonces fue el texto programático y político de las organizaciones trotskistas en prácticamente todo el mundo. Incluso las que de alguna manera consideraron necesario actualizar el texto redactado por Trotsky, mantuvieron sin embargo la matriz del viejo enfoque. Pasada casi una década y media desde que fuera pu­blicado por primera vez, aprovecho la oportunidad de esta nueva edición de la Crítica del Programa de Transición para responder brevemente, en este Prólogo, algunos de los principales argumentos que me han presentado los defensores de la política trotskista, y aclarar algunos malentendidos. A este fin, conviene recordar primero las ideas rectoras del PT, y la lógica que las encadena, para ir luego a las cuestiones más debatidas.

El punto de partida del PT son dos datos que Trotsky consideraba decisivos, y objetivamente verificables: el primero era que las fuerzas productivas esta­ban estancadas desde 1914. Según esto, con el estallido de la Primera Guerra el capitalismo había llegado al límite de sus posibilidades históricas de desarrollo, y por lo tanto ya no estaba en condiciones de satisfacer ninguna reivindicación económica o democrática seria de las masas. El segundo hecho del que partía Trotsky era que millones de obreros y campesinos, a lo largo del mundo, se volcaban a la revolución, pero eran traicionados por sus dirigentes.

Ambos hechos son decisivos porque determinan, siempre según la visión de Trotsky, el agotamiento de la democracia burguesa y del reformismo burgués democrático, y en particular su incapacidad para satisfacer las reivindicaciones de las masas trabajadoras. En otras palabras, los experimentos reformistas es­tán condenados al fracaso. Por ejemplo, la política del New Deal de Roosevelt no tiene ninguna perspectiva de éxito, y a la clase dominante solo le quedan, como última alternativa, los métodos de la guerra civil contra las masas traba­jadoras. Por eso, los dirigentes socialdemócratas, stalinistas y tradeunionistas reformistas, que se interponen entre las aspiraciones de las masas explotadas y los revolucionarios, sólo pueden recurrir a la traición. No tienen otra manera de desviar y detener el ascenso revolucionario que la aplicación de los métodos del fascismo contra la vanguardia obrera, como lo había demostrado en España la represión del partido Comunista a los anarquistas, poumistas y trotskistas. Y por eso también, en este cuadro de decadencia y descomposición generali­zada del modo de producción capitalista, cualquier demanda elemental de los trabajadores plantea, objetivamente, la lucha por el poder.

La táctica transicional se inserta entonces como el último eslabón de esta cadena. La misma consiste en agitar unas pocas consignas que, aunque los marxistas saben que son de imposible cumplimiento bajo el capitalismo, sin embargo parecen de sencilla ejecución. Por eso, a fin de que las masas trabaja­doras las tomen en sus manos, los marxistas no aclaran que las mismas no son aplicables, en sentido progresivo, en el capitalismo, y menos de forma aislada. En cualquier caso, esto se precisa en los textos de propaganda, pero no en la agitación hacia millones. Y cuando los trabajadores tomen en sus manos esas demandas, y se movilicen por ellas, se darán cuenta de que es necesario pro­fundizarlas, hasta llegar a la conclusión de que es necesario tomar el poder. Además, reconocerán entonces a las organizaciones de la Cuarta Internacional como sus direcciones revolucionarias, superando así, a través de la profundi­zación de la movilización, a sus actuales direcciones burocráticas y reformistas (pero contrarrevolucionarias en sustancia).

Veamos entonces los principales ejes de mi crítica, las respuestas y contra-respuestas.

Con respecto a la idea de que el capitalismo está estancado desde 1914, sostengo que esta tesis no tiene sustento empírico: la producción material, la magnitud del capital fijo, el desarrollo de la clase obrera a nivel mundial, inclu­so la evolución de las condiciones de vida de las masas trabajadoras, están indi­cando que las fuerzas productivas se desarrollaron desde 1914. Por otra parte, la tesis del PT tampoco tiene sustento teórico; no hay razón para sostener que el capitalismo debía estancarse en 1914.

Posiblemente esta es la parte de mi crítica al PT que más se ha discutido, y en cierta medida es comprensible: si se quita la premisa del estancamiento secular de las fuerzas productivas, el resto no se sostiene. Como alguna vez me lo confesó un dirigente trotskista inglés: “si admito que las fuerzas productivas han crecido desde 1914 (estábamos en 1990), se caen los fundamentos mismos del programa de la Cuarta Internacional”. De aquí también la variedad de res­puestas a lo largo de estos años. Comento brevemente las más comunes:

Que hubo aumento de la producción material, pero no mejora de los ni­veles de vida de las masas trabajadoras. Mi contra-respuesta es que esto está desmentido por múltiples estadísticas, entre ellas, la esperanza de vida o los niveles de analfabetismo.

Que el desarrollo se sustentó en la guerra y el crédito. Sostengo que no se ve que la guerra y el crédito a su vez tienen que sustentarse, a través de los años, en el trabajo productor de plusvalía. Y no hay trabajo productor de plusvalía sin ampliación de la producción.

Que para la época que Trotsky escribió el PT, era cierto que las fuerzas pro­ductivas estaban estancadas. Mi contra-respuesta es que tampoco es cierto: en el cuarto de siglo que transcurre desde 1914 a 1938, y a pesar incluso de la Primera Guerra y la Gran Depresión, el producto por habitante a nivel mundial aumentó, y también lo hicieron las fuerzas de la producción.

Que si bien hoy las fuerzas productivas están desarrolladas, el sistema capi­talista “ahora sí” está estancado desde la gran crisis de 1974-75. Sin embargo la realidad es que en los últimos 40 años también hubo desarrollo de las fuerzas productivas.

Que es necesario afirmar que las fuerzas productivas están estancadas, por­que de lo contrario habría que renunciar a la posibilidad misma de la revolución socialista. Planteo que en este punto el argumento se convierte en una petición de principio (“necesito que suceda así porque mi conclusión política es tal”). Con el agregado que la petición de principio es inútil: la Revolución Rusa, para dar un ejemplo, triunfó antes de que alguien pudiera decir con certeza si el ca­pitalismo a nivel mundial podía regenerarse, o no, si no triunfaba la Revolución Rusa.

Asociado a lo anterior, también critiqué la idea de que el capitalismo ya no podía otorgar ninguna mejora, económica o democrática seria, a las masas tra­bajadoras. Es que si las fuerzas productivas se desarrollan, esta tesis no tiene forma de sostenerse. No hay razones objetivas por las que el capitalismo esté incapacitado de satisfacer cualquier demanda. En particular, en las fases de as­censo del ciclo económico, los trabajadores amplían sus posibilidades de obte­ner mejoras con sus luchas y presión. Lo cual, por supuesto, plantea importan­tes cuestiones tácticas y políticas para los marxistas en torno a las direcciones y programas capitalistas reformistas.

Pero por otra parte, la experiencia histórica demuestra que hubo conquis­tas de los trabajadores, y muy importantes desde 1938. En muchos países se consiguió el salario mínimo, seguros de salud, vacaciones, pensiones de retiro, derechos sindicales y otras mejoras. En el plano democrático, el voto universal (incluido el voto de la mujer) en muchos países; los derechos de las minorías oprimidas; mayor libertad sexual, además de la independencia política de mu­chísimas colonias. Estos logros no niegan, naturalmente, que hay retrocesos, derrotas, catástrofes provocadas por el capitalismo. A diferencia de lo que suce­de con la tesis del desarrollo de las fuerzas productivas, esta parte de mi crítica casi no ha tenido respuesta, por lo menos hasta donde conozco.

Otro importante nudo del PT que he criticado es la afirmación de que en 1938 millones de trabajadores salían a la lucha. Además, critiqué la idea de que las masas eran siempre traicionadas por sus direcciones, como si no hubiera algún tipo de conexión interna entre bases y dirigentes.

Empezando por la situación en 1938, es un dato que entonces la revo­lución y el socialismo revolucionario estaban en retroceso en los centros neurálgicos de la clase obrera: la URSS, Alemania, EEUU, Gran Bretaña, Francia e Italia, para mencionar los más grandes. Y España se encaminaba a la derrota. Planteé también que la caracterización del PT introducía un sesgo desmesuradamente “optimista” con respecto a los análisis políticos, y que esto representaba una gran dificultad. Por otra parte, sostuve que la compleja relación entre las masas y sus direcciones no podía resolverse con la tesis “mi­llones que luchan, dirigentes que siempre cometen traición”. Si la “traición” es recurrente, debe de haber algo más complejo que posibilita esa recurrencia. Sostuve que debía de haber un terreno común, de convicciones ideológicas y políticas en las masas, que posibilitaban que los programas y estrategias de los dirigentes socialdemócratas, stalinistas y tradeunionistas reformistas tu­vieran consenso y se mantuvieran, a pesar de las “traiciones”. En este punto, sostuve, también debería entrar en consideración la posibilidad del sistema de otorgar reformas concretas.

¿Qué se me ha respondido con respecto a estas cuestiones? Pues por un lado, que Trotsky en muchos textos (por ejemplo, sobre la URSS Alemania o España) reconocía la situación de derrota. Lo cual es cierto, pero entonces hay una contradicción con la caracterización del PT. Y si esto es así, hay que pen­sar esa contradicción y explicar qué consecuencias tiene en la lógica del PT.

Por otra parte, en cuanto a la conexión entre direcciones, masas y refor­mas, apenas se me respondió. En alguna polémica (oral o en mi blog) con trotskistas, cuando señalé que con el esquema del PT no podían entenderse el peronismo, el fenómeno de Roosevelt y el partido Demócrata en EEUU, o la admiración que generaba en la clase obrera europea el “socialismo sueco” de la posguerra, se me dijo que esos fenómenos no eran “generales”. Frente a esto digo que lo general existe solo a través de los particulares. Y que un programa que no puede dar cuenta de esta riqueza del concreto como totalidad, preten­diéndose a la vez de aplicación universal, está en serios problemas.

Todo lo anterior lleva al último eje crítico, dirigido a la esperanza de que haya un avance “en escalera” de consignas transicionales. Mi crítica a esta cuestión tiene varias aristas. Por una parte, basada en la misma experiencia. Esta táctica, recomendada por Trotsky, se aplicó con centenares de variantes en infinidad de países y circunstancias, sin que hubiera habido un solo ejem­plo de que las cosas marcharan como Trotsky se esperanzaba que marcharan. No existen experiencias exitosas de avance de movilizaciones de masas por la escalera transicional prevista en el PT, hacia la toma del poder. Sostengo que habría que hacer un balance de esta experiencia, tratar de analizar las razones del fracaso. Pero no advierto que se avance por este camino.

Por otra parte, argumenté que había una razón para que las cosas no fueran así: la clase dominante tiene capacidad de maniobra, la dominación se ejerce no solo con coerción pero también con consenso y concesiones; y sobre esto operan y despliegan su influencia dirigentes socialdemócratas, reformis­tas, etcétera. Sin olvidar los factores ideológicos -el nacionalismo, el racismo, el sexismo, etcétera- que hacen a la relación siempre compleja entre aspiracio­nes, combates, programas, tácticas y representaciones políticas. Por supuesto, no quiero con eso agotar el tema, simplemente apuntar a un espesor que no se atraviesa simplemente a fuerza de agitación transicional.

Pero además, y en tercer lugar, la gente común intuye que muchas de esas demandas transicionales son sencillamente inaplicables bajo el capitalismo. A veces no podrá explicar exactamente por qué, pero se da cuenta de que algo no funciona. ¿Quién va a garantizar, por ejemplo, una escala móvil de horas de trabajo y salario hasta acabar con la desocupación, sin que los empresa­rios bajen los salarios o precaricen infinitamente el trabajo? ¿Desde dónde se impone tal medida? Tal vez estas preguntas subyacen, aunque no se formulen explícitamente. Por eso es necesario precisar quién ejecuta y en qué condi­ciones se aplica una consigna. Por ejemplo, si se agita por el control obrero, hay que explicitar en qué consiste (no es el control de un burócrata), cómo se impone, qué implica (de hecho, un control obrero real implica una guerra abierta contra el capital). Si se plantea que hay que acabar con el IVA (Impues­to al valor agregado) para subir los salarios, hay que explicar en qué condicio­nes y bajo qué gobierno tal medida puede redundar en un aumento duradero. Y así de seguido. Pero esta misma exigencia pone en entredicho la posibilidad de agitar una o dos consignas transicionales de manera “inocente”, como si fueran aplicables en condiciones más o menos normales de dominación del sistema capitalista. Y este es el punto neurálgico del asunto. Si en las actua­les condiciones de Argentina, por ejemplo, un dirigente socialista fuese a la televisión y explicase que la implantación efectiva del control obrero exige condiciones de aguda lucha de clases -organización independiente, milicia obrera, etcétera- su discurso caería en el terreno de lo inaplicable. Cualquie­ra sabe que hoy, en 2014, no hay ninguna posibilidad de poner en práctica semejante consigna. En última instancia, si se aplicara el control obrero en condiciones de dominio capitalista “normal” (esto es, instituciones democrá­ticas, control del Estado), solo sería bajo la forma de control burocrático. No hay otra posibilidad.

En relación con lo anterior, y antes de dejar el punto, parece necesario aclarar que esta crítica de la agitación transicional no significa un rechazo a que los marxistas expliquen que, en caso de acceder al poder, un gobierno re­volucionario de los trabajadores aplicaría un programa de transición al socia­lismo, esto es, un conjunto de medidas que de alguna manera “se demandan y condicionan” unas a las otras, impulsando a la profundización de un curso que apunte a la supresión de la propiedad privada del capital y a la socializa­ción. Esto es, un programa de este tipo puede jugar un rol en la explicación de los objetivos del partido, frente a las grandes masas.

Estos son entonces los núcleos de discusión. No agotan los problemas y cuestiones que son debatibles en el PT. Solo para mencionar las dos más im­portantes, también he polemizado con la caracterización del PT de los países dependientes -esto es, formalmente independientes- como semicolonias, en las cuales estaría pendiente lograr la liberación nacional. Y con la caracteri­zación de la URSS (que en el movimiento trotskista luego se extendió a los países de Europa del Este con régimen soviético, Yugoslavia, Albania, Cuba y China) como Estado obrero. De todas maneras, se trata de discusiones espe­cíficas, esto es, que pueden llevarse adelante con relativa independencia de lo que constituye la estructura fundamental del PT.

Por último, reafirmo lo que escribí en su momento en la Introducción al texto. Esta crítica al PT se escribió a partir de la defensa de un contenido esencial que caracterizó al combate de Trotsky, su lucha contra el conciliacio­nismo (encarnado en primer lugar en las estrategias de los Frentes Popula­res); el nacionalismo (socialismo en un solo país, renuncia a la Internacional), el burocratismo (stalinista y de otros tipos) y el oportunismo en todas sus formas. El marxismo revolucionario deberá fortalecerse asimilando errores, pero también conservando y aprendiendo de lo mejor de sus tradiciones, que no son otras que las de los combates vivos de la clase trabajadora mundial.

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“Prólogo 2014 a la Crítica del Programa de Transición”

Written by rolandoastarita

24/10/2014 at 11:22

Lógica del capital y marxismo revolucionario y humanista

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En una larga nota anterior defendí la idea de que existe una lógica del capital (ver aquí, aquí, aquí y aquí). En esta entrada señalo la importancia de la cuestión para la política revolucionaria y el programa socialista.

Dado que la vinculación entre la existencia de una lógica del capital y la política socialista revolucionaria ha sido expuesta por Tony Smith  de una manera con la que no puedo estar más de acuerdo, reproduzco aquí los pasajes claves. Los tomo de The Logic of Marx’s Capital. Replies to Hegelian Criticisms (1990, State University of New York Press), pp. 38-40. Escribe entonces Smith:

“La política revolucionaria puede ser definida de dos maneras: 1) política revolucionaria siempre está orientada al objetivo de largo plazo de cambiar las estructuras fundamentales de la sociedad (aun cuando sea necesario preocuparse por objetivos transicionales aquí y ahora); y 2) la política revolucionaria contra el capitalismo implica la afirmación de que las estructuras fundamentales a ser cambiadas son inherentemente y necesariamente explotadoras. En contraste, el reformista es alguien que está preocupado con cambiar estructuras que no son fundamentales, y/o siente que las estructuras fundamentales pueden ser convertidas en no explotadoras si son arregladas (tinkered, también puede traducirse por “toqueteadas”) de la manera correcta.  En los dos puntos una fundamentación teórica de la perspectiva revolucionaria requiere la lógica dialéctica.

1) Las transformaciones revolucionarias atacan las estructuras fundamentales de un sistema social. Pero la distinción entre estructuras fundamentales y no fundamentales solo puede ser elaborada adecuadamente dentro una teoría categorial sistémica. Algunos creen que medidas tales como manipular las rentas monopólicas a través de regulaciones estatales incrementadas, o regular estrechamente las transacciones del capital financiero, y semejantes, constituyen un paso radical hacia el socialismo. Un marxista revolucionario, por el contrario, sostiene que solo el salir de la forma mercancía, de la forma dinero, de la relación capital / trabajo asalariado, cuenta realmente como una transformación revolucionaria hacia el socialismo. La base teórica de la posición marxista se encuentra en El Capital. En la medida en que la forma mercancía, la forma dinero y la relación capital / trabajo asalariado son categorías abstractas que sirven como principios para la derivación de categorías más avanzadas en una reconstrucción del modo de producción capitalista, articulan estructuras y tendencias estructurales que definen ese sistema. Esto implica que transformar otras tendencias, tematizadas en la reconstrucción sistemática por categorías posteriores, más concretas, deja el corazón del sistema intacto. Sin una lógica dialéctica que establezca esta conexión –una conexión que es, por esta vía, verificada prácticamente en el fracaso continuo de las regulaciones con respecto a los beneficios de monopolio y las transacciones bancarias para transformar de manera significativa el sistema- sería imposible una acción revolucionaria consciente guiada por la teoría. En ese caso, la única respuesta al capital serían reacciones sin dirección, ad hoc, espontáneas y, en última instancia, inútiles. Una teoría dialéctica de las categorías es una condición de posibilidad de una transformación revolucionaria consciente (lo cual, por supuesto, no es decir que sea una condición suficiente)”.

En un pasaje anterior Tony Smith señala que, según la teoría de Marx, “existe una conexión sistemática y necesaria (y por lo tanto una conexión lógica, en el sentido de una lógica dialéctica), entre las categorías ‘capital’ y ‘explotación’” (p. 38). A partir de esto, afirma, 2) que este punto teórico tiene conclusiones prácticas:

“El separar la conexión entre la lógica dialéctica de Hegel y El Capital tiene el costo de socavar el intento de Marx de proveer un fundamento para el rechazo de la práctica liberal reformista. El liberal reformista sostiene que las deficiencias del intercambio generalizado de mercancías no son inherentes a la misma forma valor. Se deben a condiciones contingentes. El reformista sostiene que si solo esas condiciones pudieran ser cambiadas (a través de regulaciones estatales, relaciones laborales no adversarias, o lo que sea) entonces en principio esas deficiencias podrían ser superadas. En contraste, la posición de Marx era que los problemas residen en la forma misma del valor, y no en algún conjunto específico de condiciones. Solo la transformación de esa forma puede encarar de manera adecuada esas deficiencias. Para justificar esta posición Marx tuvo que establecer que fenómenos tales como la explotación y las crisis están inherente y necesariamente conectados  con la forma valor”.

 A lo anterior solo quiero agregar un énfasis: esta crítica a la forma valor y a la explotación del trabajo es el fundamento del proyecto liberador y humanista del marxismo. Es volver a la idea de la “negatividad absoluta como el principio motriz y creador”, como decía Raya Dunayevskaya (Filosofía y revolución. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao, México, Siglo XXI, 1989). Y citaba al joven Marx: “el comunismo es el humanismo conciliado consigo mismo mediante la superación de la propiedad privada. Solo con la superación de esta mediación- que es, sin embargo, una premisa necesaria- se llega al humanismo que comienza positivamente consigo mismo, al humanismo positivo”. Agregaba Dunayevskaya que era a esto precisamente a lo que temía el comunismo oficial, “a la negatividad absoluta en pleno funcionamiento no solo contra el capitalismo privado sino también contra el capitalismo de estado que se hace llamar comunismo” (p. 66). Dejando de lado el hecho de que no considero que la URSS stalinista haya sido un régimen de capitalismo de Estado (pero sí burocrático y explotador del trabajo), de nuevo debo decir que no puedo estar más de acuerdo con este mensaje.

Para que quede lo más claro y explícito posible: en estos puntos están contenidas las diferencias esenciales que mantengo con las corrientes de izquierda (muchas consideradas marxistas) que buscan remendar el sistema capitalista; que adoptan posiciones políticas nacional estatistas; o que apuestan a reactualizar el programa socialista a través del apoyo (“crítico”, faltaba más) a regímenes burocráticos-capitalistas y explotadores del trabajo, como el chavista venezolano; o burocráticos no capitalistas, como el de Corea del Norte.  No es casual el afán de muchos autores de estas corrientes de negar la existencia de una lógica del capital, y las consecuencias político-prácticas que se desprenden de la misma.

En definitiva, no hay posibilidad de acabar con el trabajo alienado, con la explotación, con el extrañamiento del ser humano ante el mundo mercantil, si no se va a la raíz del mal. Y si no se denuncia, sin componendas ni  oportunismos varios, toda forma de opresión y sometimiento de los pueblos, sea por el capital, o por el Estado y su burocracia (así se autotitule “socialista y revolucionaria”).

Written by rolandoastarita

18/10/2014 at 11:09

Sobre salario, desempleo e inflación (5)

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  Las partes anteriores de esta nota pueden verse aquí, aquí, aquí y aquí.

Salario “dado”

La tesis de que existe una amplia escala de variación del valor de la fuerza de trabajo entre los límites máximo y mínimo, parece estar en contradicción con la idea, adelantada por los fisiócratas y también expresada por Marx, de que el salario debe tomarse como dado: “la base de la economía política moderna, que se ocupa del análisis de la producción capitalista, es la concepción del valor de la fuerza de trabajo como algo fijo, como una magnitud dada, como en verdad ocurre en cada caso en particular” (Marx, 1975, t. 1, p. 39). Pero no es una contradicción, sino dos instancias distintas de análisis. El salario es variable a lo largo del tiempo, pero en cada coyuntura -determinada por la productividad, la relación entre las clases, la situación del mercado y otros factores- existe un valor de la fuerza de trabajo que debe considerarse dado. Por eso la plusvalía es el “resto”, el trabajo por encima del trabajo necesario para reproducir el valor del salario. Lo cual no significa que ese tiempo de trabajo necesario sea inmutable a lo largo del tiempo. Esto explica que en la misma página de Teorías… de la que extraemos la cita anterior, Marx critique a los fisiócratas porque consideraban que el salario debía estar siempre en el mínimo de supervivencia. El salario mínimo, o indispensable para la mantención y reproducción de la fuerza de trabajo varía con las etapas del desarrollo histórico; no debe considerárselo el resultado de una determinación natural.

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Written by rolandoastarita

13/10/2014 at 23:05

Sobre salario, desempleo e inflación (4)

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Las partes anteriores de esta nota aquí, aquí y aquí.

La posición de Marx sobre el salario, y el rol de la desocupación es, naturalmente, opuesta a los enfoques burgueses, pertenezcan estos a la vertiente ortodoxa monetarista, reformista keynesiana, o a cualquier variante intermedia.

 El punto de partida

 Tal vez el punto de partida para una correcta comprensión de la crítica desde el marxismo a la tesis de la curva Phillips es cuestionar la idea de que los salarios rigen los precios, y que por lo tanto un aumento de los primeros debe traducirse en el incremento de los segundos. La misma tiene por sustento la concepción –presente en Adam Smith- de que el precio se forma por suma de partes, esto es, por suma del salario, la ganancia del capital y la renta de la tierra. De acuerdo a este enfoque, los contribuyentes a la formación del precio son relativamente independientes uno del otro, y el aumento de salarios debe traducirse en aumento de los precios. Este resultado ocurre tanto en el enfoque neoclásico, que considera que el salario, la ganancia y la renta se determinan por las escaseces relativas y las productividades marginales del trabajo, el capital (identificado con la máquina) y la tierra; como en la teoría poskeynesiana que sostiene que la ganancia y la renta son el resultado de un plus agregado al costo salarial, al momento de la venta.

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Written by rolandoastarita

08/10/2014 at 10:04

Sobre salario, desempleo e inflación (3)

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Las partes anteriores de esta nota aquí y aquí

Salarios, desempleo e inflación en los poskeynesianos

 Si bien existen puntos de contacto entre el planteo de los nuevos keynesianos y el de los poskeynesianos, en particular en lo que respecta a la importancia del conflicto distributivo en las causas de la inflación, sus enfoques difieren en aspectos sustanciales. Es que a  diferencia de los nuevos keynesianos, los poskeynesianos ponen el énfasis en la demanda como determinante del empleo, y en una distribución del ingreso más igualitaria para impulsar la demanda. Por eso, el enfoque poskeynesiano tiene puntos de contacto con el subconsumismo tradicional (véase Bleaney 1977, para una descripción). Recordemos que el subconsumismo plantea que es posible un desarrollo armónico del capitalismo, en el que los salarios elevados dan lugar a una demanda elevada, y esta facilita la rentabilidad del capital, que garantiza la continuidad de la inversión. Con matices, los keynesianos de izquierda sostienen, en sustancia, el mismo enfoque. Por eso sus tesis encajan en el reformismo burgués y otras variantes reformistas (socialdemócratas, sindicalistas burgueses, nacionalistas de izquierda, y similares). El ideal, como lo explicitaba Keynes, es reformar al modo de producción capitalista sin afectar sus raíces, la propiedad del capital.

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Written by rolandoastarita

28/09/2014 at 16:47

Sobre salario, desempleo e inflación (2)

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Acerca del título de la nota: En un principio esta nota llevaba por título “López Murphy sobre salario, desempleo e inflación”, ya que el disparador de la misma fue la reivindicación que hizo este economista de la derecha de las políticas de control de inflación de los bancos centrales de los países desarrollados (políticas que tienen como centro la llamada tasa natural de desempleo). Sin embargo, a medida que fui desarrollando el tema, el escrito adquirió un carácter más general: además de la postura estrictamente monetarista, presento en las siguientes partes de la nota los enfoques de los nuevos keynesianos, de los poskeynesianos, y finalmente una síntesis de la postura de los marxistas. De ahí que haya optado por el título más general “Sobre salario, desempleo e inflación (2)”

En la primera parte de esta nota (ver aquí) hicimos una crítica específica a la posición del economista López Murphy sobre el rol del desempleo en el control de los salarios, y la inflación. Debido a la forma en que se está establecida esta idea, y su conexión con algunas de las tesis centrales del marxismo, y de los poskeynesianos, desarrollamos ahora la cuestión en un marco que excede en mucho el argumento específico de LM. Particularmente nos interesa destacar el contenido político de las formulaciones actuales del mainstream nuevo keynesiano, y las alternativas desde el poskeynesianismo y el marxismo. Lo que presento en esta parte de la nota es material estándar de los cursos habituales de la macroeconomía universitaria, y también lo que sustenta las políticas de los bancos centrales de la mayoría de los países adelantados.

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Written by rolandoastarita

18/09/2014 at 11:52

Lógica del capital y crítica marxista (4)

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Las partes anteriores de esta nota aquí, aquí y aquí.

El discurso posmoderno post caída del Muro

Los críticos de la tesis de la lógica del capital sostienen que no existe centralidad del trabajo asalariado, ni leyes objetivas de la dinámica capitalista. Ya hemos discutido teóricamente estas cuestiones. Sin embargo, las diferencias no deben ser dilucidadas solo a nivel teórico, sino también en relación a datos y hechos. La pregunta entonces es acerca de la capacidad que ha tenido la tesis “no hay leyes ni lógica del capital” para explicar, o prever, las tendencias del desarrollo económico y social de las últimas décadas.

En este punto tengamos presente que el posmodernismo tomó vuelo con sus pronósticos sobre lo que venía luego del derrumbe de la URSS, la desarticulación de los llamados Estados de bienestar, en Occidente, y el arranque de la globalización. Por aquellos años los posmodernos plantearon que con la caída de los regímenes stalinistas, y el fin del fordismo -producción y consumo de masas, trabajo alienante en las líneas de montaje, cultura conformista, control sindical y estatal- se abría una era de expansión de la diferencia, de construcción libre de las identidades, de exaltación de la particularidad y desarrollo de las personalidades. Según esta visión, la posmodernidad consumista llevaría a ofrecer a cada uno la mercancía adecuada, en tanto que en los lugares de trabajo se impondrían los horarios flexibles, los equipos de trabajo participativos y creativos, y la especialización no alienante. Las relaciones de producción capitalista serían flexibilizadas en sentido libertario y democrático, y la sociedad sería abierta y plural, dando lugar a un individuo “liberado del corsé autoritario” y focalizado en el placer y el cuidado del cuerpo y la mente.

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Written by rolandoastarita

11/09/2014 at 10:32

Sobre salario, desempleo e inflación (1)

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Acerca del título de la nota: En un principio esta nota llevaba por título “López Murphy sobre salario, desempleo e inflación”, ya que el disparador de la misma fue la reivindicación que hizo este economista de la derecha de las políticas de control de inflación de los bancos centrales de los países desarrollados (políticas que tienen como centro la llamada tasa natural de desempleo). Sin embargo, a medida que fui desarrollando el tema, el escrito adquirió un carácter más general: además de la postura estrictamente monetarista, presento en las siguientes partes de la nota los enfoques de los nuevos keynesianos, de los poskeynesianos, y finalmente una síntesis de la postura de los marxistas. De ahí que haya optado por el título más general “Sobre salario, desempleo e inflación (1)”.  

En una polémica realizada ayer en un programa de TV con Jorge Altamira, dirigente del Partido Obrero, el economista de derecha López Murphy reivindicó las políticas de los bancos centrales de los países desarrollados de control de la inflación, que han venido aplicándose en las últimas décadas. Si bien las mismas tienen como punto axial la idea de que una elevada tasa de desempleo da lugar a una baja de la tasa de inflación, se combinan sin embargo con la tesis de que la inflación es, en lo esencial, un fenómeno monetario (esto es, un resultado de una excesiva emisión monetaria). En el curso de la polémica, JA señaló, correctamente en mi opinión, el carácter ideológico del planteo de LM; con esto quiso decir que no tiene un fundamento científico, sino está basado en la defensa de los intereses del capital en general. LM defendió su posición presentándola como “natural y lógica”, prácticamente como si se tratara de un hecho técnico; la naturalización pasa por el argumento de “la aplican los países serios”.

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Written by rolandoastarita

05/09/2014 at 13:31

Campaña internacional en defensa de delegados obreros

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El Gobierno de Cristina Kirchner presentó recientemente una denuncia penal contra delegados gremiales del ferrocarril Sarmiento, y pidió su desafuero sindical. Por esta vía intenta acabar con una conducción sindical de larga trayectoria en defensa de los trabajadores. Este ataque se inscribe en una política más amplia, de corte represivo, que acompaña el programa económico en curso, de “ajuste” sobre los salarios y los ingresos en general de la población trabajadora.
En respuesta, se ha lanzado una campaña internacional en defensa de los delegados del ferrocarril Sarmiento, en base al texto que reproduzco a continuación.

                               

                                   ¡No al pedido de desafuero de los ferroviarios combativos!
                                                   ¡No a la criminalización de la protesta!

“En Argentina, luego de la exitosa huelga general del 28 de agosto, el ministro de Transporte e Interior, Florencio Randazzo, presentó una denuncia penal y pidió el desafuero sindical (quitarle sus cargos legalmente) contra varios delegados ferroviarios del ramal Sarmiento. Su intención es descabezar al Cuerpo de Delegados y el sindicato, encabezado por Rubén “Pollo” Sobrero, que lucha y defiende los derechos de los trabajadores y viene enfrentando las mentiras de la famosa “revolución ferroviaria” del gobierno.
Sin pruebas, se acusa a los delegados Mónica Schlottauer, Edgardo Reynoso, Luis Clutet y Rubén Maldonado, y al compañero Julio Capelinsky -del sector limpieza-, por un supuesto “atentado” contra los trenes. Nada más falso. El supuesto “atentado” consistiría en residuos de basura en un vagón, según fotos mostradas por el gobierno. Una tremenda ridiculez.
Es una acusación falsa con el objetivo de intimidar a los que luchan y a dirigentes que no se venden, intentando tapar que hubo un gran paro nacional.
Esta falsa acusación es parte de una política del gobierno nacional de criminalizar la protesta, como ocurre en otros países. De esa forma el gobierno, por ejemplo, avaló la condena a cadena perpetua de trabajadores petroleros de la localidad de Las Heras. Ya existe una campaña internacional por la absolución de los petroleros de Las Heras. En el país existen cerca de 6.000 luchadores procesados por diversas protestas. Hace un tiempo atrás el gobierno acusó al dirigente ferroviario “Pollo” Sobrero de quemar trenes con una causa judicial falsamente armada. Tuvieron que retroceder y sobreseerlo porque no había ninguna prueba. Ahora vuelven a hacer lo mismo.
Repudiamos esta actitud anti sindical del gobierno de Argentina contra delegados y dirigentes sindicales que luchan y no responden a sus dictados.
Está en curso una campaña internacional en defensa de los ferroviarios. Llamamos a la más amplia unidad y solidaridad de sindicatos, organizaciones estudiantiles, vecinales, de derechos humanos, personalidades, legisladores y partidos políticos.

¡No a la criminalización de la protesta! ¡No al desafuero de los delegados ferroviarios combativos de Argentina!

Enviar pronunciamientos por mail

Nos pronunciamos contra el pedido de desafuero a los delegados Mónica Schlottauer, Edgardo Reynoso, Luis Clutet y Rubén Maldonado, y al compañero Julio Capelinsky -del sector limpieza- del ramal Sarmiento del Ferrocarril porque consideramos que es una forma de criminalización de la protesta,

Nombre y apellido ciudad y país organización cargo (sindical u otro)
mail a monicaireinoso@gmail.com

 

Descargar el documento:
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“Campaña internacional en defensa de delegados obreros”

Written by rolandoastarita

04/09/2014 at 10:05

Lógica del capital y crítica marxista (3)

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Tercera parte de la nota; las anteriores, aquí y aquí.

 “No hay núcleo unificador”

Una de las cuestiones centrales en que nos oponemos los que sostenemos que existe una lógica del capital y los críticos de esta tesis, es acerca de si hay una relación social núcleo, unificadora de la formación social. En este respecto, el crítico de la lógica del capital sostiene que la realidad social contemporánea no tiene un núcleo que sea conocible, y que incluso no tiene importancia que sea conocible porque, de todas maneras, no existe núcleo alguno. En consecuencia, la realidad es fragmentada: cada instancia -la política, la economía, lo institucional, la cultura, las ideas morales, la ideología, etcétera- es autónoma con respecto a las otras, y tiene el mismo poder explicativo acerca de la evolución social. Por eso, ni discute siquiera cuál puede ser la relación central; no tiene objeto analizar si la contradicción central es “imperio – nación” o “capital – trabajo” ya que la misma formulación de algún eje ordenador carece de sentido. Más aún, ni siquiera es conocible. Por lo tanto, la suma de “realidad no conocible” y “fragmentación” de instancias a igual nivel da como resultado un enfoque afín al pensamiento posmoderno. En particular, porque se rechaza la idea de que la economía es el ámbito central de las contradicciones sociales, y que la clase obrera es el sujeto social fundamental enfrentado a la clase capitalista (puede verse esta posición en Omar Acha, citado en la segunda parte de esta nota).

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Written by rolandoastarita

02/09/2014 at 11:24

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