Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Corrigiendo un disparate

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En la edición de abril-mayo de 2010 la revista ¿Economistas para qué? publica un artículo del profesor Juan Iñigo Carrera, que responde a la cuestión “Y entonces… economistas Para Qué?”. Ahí el profesor Iñigo Carrera sostiene que los estudiantes de economía son miembros de la clase obrera, por el solo hecho de estudiar. Explica que al formarse, los estudiantes participan del proceso de producción de una fuerza de trabajo; lo cual demostraría que ya por esto pertenecen a la clase obrera; a lo que se sumaría que al estudiar gastan fuerza de trabajo, que es lo que hace todo obrero que se produce a sí mismo. Para que no haya dudas de que no tergiversamos, trascribimos el pasaje íntegro:

“Cuando se quiere analizar la formación del economista, lo primero que debe tenerse en cuenta es que esta formación es el proceso de producción de una fuerza de trabajo portadora de determinados atributos. Con esto ya se pone en evidencia que el estudiante de economía es un miembro de la clase obrera, y no simplemente a futuro, sino en su actualidad. Estudiar implica un gasto de fuerza de trabajo, pero uno que no tiene por objeto inmediato la producción de valores de uso para otros, sino la producción de la propia fuerza de trabajo del individuo. En consecuencia, sus determinaciones caen dentro del terreno del consumo individual en que el obrero se produce y reproduce a sí mismo” (p. 13).

Agrega luego que el producto del trabajo del estudiante (o sea, el producto de estudiar)

“… es un no valor de uso para él, y debe ser un valor de uso para su potencial comprador. Y en el caso de la fuerza de trabajo, el comprador es el capital (ya sea el capital individual, el representante político del capital total de la sociedad, esto es el estado” (ídem).

De manera que, aplicando este criterio, gente como Martínez de Hoz, Cavallo, Kirchner, Videla, los gerentes de una empresa privada o de una empresa estatal serían todos miembros de la clase obrera. Es que todos ellos han invertido trabajo en formarse, reciben o recibieron un salario de manos del capital, y consumen para reproducirse a sí mismos.

Fuerza de trabajo y clase obrera

Naturalmente, esta “teoría” puede tranquilizar a algunos “marxistas” que cumplen funciones de explotadores para el capital y su Estado, pero desde el punto de vista de la teoría de Marx es un disparate. La esencia del disparate consiste en pensar que por el hecho de que alguien forme su fuerza de trabajo pertenece a la clase obrera.

Pero… ¿acaso no es cierto que la fuerza de trabajo es el conjunto de capacidades físicas y mentales del trabajador? Sí. ¿No es cierto que los trabajadores al consumir o formarse, mantienen e incrementan sus capacidades? Sí. ¿No es cierto que los trabajadores asalariados y explotados venden su fuerza de trabajo al capital? Sí. Entonces… ¿no es correcto sostener que todo aquél que forma su fuerza de trabajo pertenece a la clase obrera? No, no es correcto.

Para entender por qué la anterior cadena de razonamientos es equivocada debemos comprender que en Marx existe más de una determinación de la categoría fuerza de trabajo. Como ocurre con tantos otros conceptos en Marx (sucede cuando se emplea el método dialéctico), el concepto de fuerza de trabajo gana en determinaciones a medida que se precisa su contenido histórico y social. La primera determinación –también podríamos decir el primer nivel del concepto– de la fuerza de trabajo alude a su carácter general. En palabras de Marx:

“Por fuerza de trabajo o capacidad de trabajo entendemos el conjunto de facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano, y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole” (Marx, 1999, t. 1, p. 203).

Aquí Marx se está refiriendo a la fuerza de trabajo tal como pertenece a cualquier ser humano. Desde este punto de vista el hombre de las cavernas, el esclavo, el campesino feudal o el asalariado moderno, debieron y deben reproducir su fuerza de trabajo. Y también el esclavista, el señor feudal o el capitalista tienen necesidad de reproducir su fuerza de trabajo, a fin de aplicar sus facultades físicas y mentales a la tarea de explotar. Por lo tanto esta determinación general de la fuerza de trabajo (insisto, primer nivel en el desarrollo del concepto en Marx) no puede delimitar el concepto de clase obrera moderna. Es un concepto básico para comprenderlo, pero no basta. Si nos quedáramos en esto estaríamos naturalizando la categoría “fuerza de trabajo”, haciéndola a-histórica. Es lo que hace habitualmente el pensamiento burgués (y lo que hacen algunos marxistas que no comprenden ni jota de lo más elemental de Marx). Pero por eso mismo ese pensamiento no entiende las diferencias específicas que distinguen clases sociales y modos de producción.

En definitiva, hay que avanzar hacia una segunda, y fundamental, determinación de la noción de fuerza de trabajo. Esa segunda determinación encierra todo un proceso histórico y social, que es la separación (por medio de la violencia) de los productores de sus medios de producción. Ésta es la base para el desarrollo de la producción capitalista. En palabras de Marx:

“… la base para el desarrollo de la producción capitalista es, en general, la de que la fuerza de trabajo, como la mercancía perteneciente a los obreros, enfrenta las condiciones de trabajo como mercancías conservadas en la forma de capital y existentes con independencia de los trabajadores” (Marx, 1975, t. 1, pp. 38-39).

La determinación del valor de la fuerza de trabajo como mercancía “es de vital importancia” (ídem). Para que la fuerza de trabajo se haya transformado en mercancía, debe haberse dado circunstancias históricas específicas, las que Marx llama “la acumulación originaria”.[1]

En el modo de producción capitalista la fuerza de trabajo se enfrenta a las condiciones de trabajo que existen bajo la forma social de capital. Esto es importante para entender que la relación capital-trabajo implica una relación de subsunción, en términos de Marx, que en absoluto existe en toda relación asalariada. El capitalista trabaja (gasta fuerza de trabajo) para vigilar y dirigir el proceso de explotación, y cuidar que el obrero mantenga cierta intensidad y continuidad en su actividad. La máquina se enfrenta al obrero bajo la misma forma. Más en general, los medios de producción “no aparecen como subsumidos para el trabajador, sino que éste se presenta como subsumido por ellos” (Marx, 1975, t. 1, p. 330). Hay una relación entonces de subordinación y hegemonía del capital sobre el trabajo asalariado para que éste rinda más y más plusvalor. Esta relación de coerción y hegemonía es inherente a la relación capitalista, y determina la forma en que la fuerza de trabajo interviene en el proceso de producción capitalista. Y son estas determinaciones las que definen la noción de clase obrera, como propietaria de la fuerza de trabajo, frente al capital.

Con esto se puede comprender por qué Marx señala que puede haber pago de salarios, sin que exista la relación capital-trabajo. Concretamente, aquellos que enfrentan a los trabajadores como representantes del poder del capital –los directores y gerentes de las empresas– no pertenecen a la clase obrera, sino a la clase capitalista. Sus ingresos constituyen una parte de la plusvalía, la ganancia del empresario. No están subsumidos a los medios de producción, sino por el contrario son los que vigilan y procuran que los trabajadores continúen subsumidos a ellos. Son gestores de la explotación, los que hacen posible el dominio del capital sobre el trabajo vivo. En tanto cumplen esta función, reciben un salario, que por estas razones debe distinguirse cualitativamente del salario que recibe el explotado por el capital. Los directores de empresas son capitalistas abocados a la explotación del trabajo asalariado. Su función no es “técnica”, sino social:

Frente al capitalista financiero, el capitalista industrial es un trabajador, pero trabajador como capitalista, es decir, como explotador del trabajo ajeno. El salario que reclama y obtiene por ese trabajo es exactamente igual a la cantidad de trabajo ajeno apropiada, y depende directamente –en la medida en que se somete al esfuerzo necesario de la explotación– del grado de explotación de dicho trabajo, pero no del grado del esfuerzo que le cuesta esa explotación, y que puede derivan, a cambio de un módico pago, hacia un director (Marx, 1999, t. 3, p. 495).

En consecuencia su carácter de clase no está en el limbo, es determinado y es capitalista. Entre los directores y gerentes, y los dueños de las empresas hay una hermandad esencial, y sólo dentro de esta hermandad se producen tensiones, como dentro de cualquier clase social. Lo mismo sucede con los gerentes de empresas del Estado; es personal que está comprometido en la tarea de extracción de plusvalía, y recibe un salario en esa condición. El personal de alta dirección del Estado es elegido y mantenido en los cargos en tanto demuestre capacidad para realizar la tarea de dirigir la explotación. También reciben salarios reyes, ministros y presidentes, sin por eso convertirlos en parte de la clase obrera. Encarnar la representación y dirección de las instituciones del Estado capitalista no es lo mismo que estar sometido al dominio y explotación del capital.

Algunas conclusiones sobre los estudiantes de economía

En base a lo explicado debiera ser claro que el estudiar no convierte a nadie en proletario. El hijo de un burgués que estudia economía con vistas a dirigir la empresa de papá, entrena sus capacidades mentales para ser un explotador. Que estudie en una facultad pública o privada, e invierta energías en ello, no cambia el contenido del asunto. Algo similar ocurre con aquellos que se preparan para ser dirigentes de empresas, privadas o estatales.[2] Por supuesto, tampoco el que reciban un salario los definirá como pertenecientes a la clase obrera.

Por otra parte un estudiante que prepara su fuerza de trabajo para abrir un estudio particular, no tiene la perspectiva de convertirse en un asalariado del capital, sino en un pequeño productor (de estudios, informes, panfletos ideológicamente condicionados, o lo que sea). Su fuerza de trabajo tendrá un valor de uso, pero no aparecerá como mercancía, y muchos menos subordinada al capital. Por el contrario, su fuerza de trabajo procurará un servicio, que se venderá en el mercado.

Por último, los que estudian y se vean obligados a entrar como asalariados bajo el mando del capital, serán explotados, y pertenecerán a la clase obrera. Integrarán lo que Marx ha llamado el trabajador colectivo; será fuerza de trabajo calificada que produce plusvalía para el capital. Como puede verse, los casos son diversos. Además, hay muchos casos intermedios, que son de difícil encasillamiento en alguna de las clases sociales fundamentales. Pero la base para abordar científicamente esta discusión pasa por tener un mínimo de seriedad en el uso de las categorías teóricas.

Bibliografía

  • Marx, K. (1973): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago, 3 t..
  • Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI, 3 t.

Written by rolandoastarita

04/07/2010 at 19:12

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11 comentarios

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  1. Se agradece al compañero, del cual he aprendido mucho leyendo artículos y pequeños posts. Ahora bien, consideramos necesario llamar la atención sobre los siguientes tres puntos.

    1) “Entre los directores y gerentes, y los dueños de las empresas hay una hermandad esencial, y sólo dentro de esta hermandad se producen tensiones, como dentro de cualquier clase social”

    – Debiera aclararse que el concepto marxista de clase social no implica la necesaria conformación de un grupo empírico. Aún si la clase no constituye un sujeto social (comunidad, hermandad), continúa existiendo como tal, ya que la misma no expresa más que la reproducción de las relaciones sociales propias a un modo de producción determinado. La noción de clase social como grupo empírico es weberiana (para Weber existen clases probables, las cuales, deviene clases sociales cuando monopolizan ciertos recursos y poseen cierto estilo de vida común -adquieren cualidades de “estamento”

    Hay una relación entonces de subordinación y hegemonía del capital sobre el trabajo asalariado para que éste rinda más y más plusvalor

    – La necesidad de relevar como determinación esencial la relación de subordinación para la determinación de la clase obrera, es un asunto debatido (véase Wright y Poulantzas). Por otro lado, la uilización de la noción de hegemonía me parece algo laxa (de verdad el “consenso activo de los dominados”- en palabras de Gramsci-, es necesario para la determinación de la clase obrera? En realidad, no me parece muy preciso, toda vez que sólo aquellos trabajadores que se ponen la “camiseta de la empresa” serían realmente parte de la clase obrera). La triple determinación que hace Poulantzas, con la detrminación instacia por lo económico, me parece más adecuada a la realidad de una FS en la predomina el MPC

    manuel

    24/02/2012 at 19:17

  2. Una preguntita: Si el explotar trabajadores es tan rentable, por qué los trabajadores no ahorran parte de su salario para convertirse ellos mismos en capitalistas?

    Pablo

    27/03/2012 at 17:07

    • Porque el salario de los trabajadores se va en el consumo corriente. Es imposible que como clase los trabajadores puedan generar los ahorros para adquirir el capital necesario para instalarse como capitalistas.

      rolandoastarita

      27/03/2012 at 19:55

  3. El caso aquí comentado confirma la impresión que, hará unos diez años, me hice sobre Iñigo Carrera: que es un lunático.
    De todos modos, después de leer algunos de sus textos, no hay de qué sorprenderse. El tipo parece creer que definir la fuerza de trabajo como erogación de energía humana es prenda de convicción materialista. Incluso interpreta un famoso párrafo de Marx sobre negritud y esclavitud en el sentido diametralmente opuesto al que debe dársele. Como sucede en otros casos, es difícil entender por qué rodea a un individuo como él un “aura” de prestigio y erudición marxista.

    Vico

    27/03/2012 at 18:16

  4. Dice Astarita: “Los directores de empresas son capitalistas abocados a la explotación del trabajo asalariado. Su función no es “técnica”, sino social”.

    O sea, dando esto por hecho, que ¿en una sociedad sin explotación (supuestamente ese sería el caso del socialismo) no habría gerentes ni directores?
    A ver si entendí bien: los gerentes están ahí para ahogar rebeliones, no para organizar la producción. Me pregunto quién organiza la producción entonces. Si se me dice que también eso lo hacen los gerentes, entonces sí son parte de la clase obrera. Y si acaso dejamos de distinguir producción de explotación, entonces todos colaboran y organizan la explotación: cada obrero individual es cómplice de la explotación de su clase, en vez de tener el gesto altruista de rebelarse contra la misma. (No es broma lo que digo. Si sigo este razonamiento, entonces: si todos los obreros se arriesgaran a rebelarse, no habría explotación, pero como todos piensan más en su salario que en su clase, entonces el capitalismo perdura. Al fin y al cabo, al trabajar para el capital -cualquiera sea la forma de dicho trabajo- se colabora con él ¿no?)

    Pareciera que la explotación altera en tal medida el proceso de producción, que sin explotación la producción sería radicalmente distinta y no se necesitarían gestores. ¿O habría gestores de la producción en vez de gestores de la explotación? ¿Y en qué consistiría la diferencia? Porque, de haber una sola tarea similar entre ambos, entonces el gerente sí es un trabajador (en términos de ciertos marxismo, se entiende: parte de la clase obrera industrial…?).

    Me parece que Iñigo Carrera no estaría tan equivocado como acá se supone. Y hay algo más: el día que las máquinas realicen todo el trabajo manual, cuando no todo el trabajo, y sólo se necesite como mucho organizar la división técnica del trabajo (insisto: algún tipo de gestor… ¿o nadie lo va a hacer?) y organizar la división social del trabajo (¿empresarios? ¿planificadores?), entonces: ¿la clase obrera habrá desaparecido a pesar de que sigan existiendo asalariados? i.e. ¿no habrá posible explotación del obrero intelectual?

    Y todavía más: Rolo dice que entre los “directores y gerentes, y los dueños de las empresas hay una hermandad esencial, y sólo dentro de esta hermandad se producen tensiones”. ¿No es esto cierto también para la mayoría de los ingenieros de más alto rango? ¿Y dónde está la hermandad de las capas más bajas del trabajo manual en las empresas cuando se pelean entre sí por un puesto mayor, o cuando se unen para que otros obreros no puedan entrar a trabajar y queden desempleados cosa de que no les bajen los salarios, o cuando si pudieran rompen la huelga, o cuando se ponen a defender a los propios capitalistas?
    En fin ¿se puede definir una clase en términos marxianos por el nivel de “hermandad” en vez de por la fuente del ingreso? (La pregunta que seguiría es si se puede definir una clase en términos marxianos, pero bueno, ésa la podemos patear para adelante)

    Último comentario, apuntando más a aquello en lo que están de acuerdo Paul Sweezy con Joseph Schumpeter, y que me vino recién a la mente: ¿la función empresaria tampoco existe? ¿O también sólo es necesaria cuando hay explotación?

    Presuponiendo que la gerencia y la administración de una empresa no sea parte de la clase obrera, me parece que tirar al tacho toda la obra de Juan por un error (por el cual encima se le busca intenciones aviesas) es, valga la redundancia, un error todavía más grave. E insisto: presuponiendo que no es Rolando el que se equivoca.
    O, mejor aun: que ambos se equivocan… al menos en alguna medida comprensible y tolerable ¿no?

    Saludos.

    Pablo

    09/12/2012 at 14:24

    • Sintetizo lo que plantea Marx, porque coincido con su enfoque sobre este asunto. Marx distingue entre el rol de la dirección de la empresa en cuanto organizador de la producción (esto es, tiene un rol productivo), de su rol represivo, derivado de las relaciones sociales de explotación. Es claro que en una sociedad en transición al socialismo (para no irnos más lejos) el primer rol permanecerá, pero no el segundo. Marx ejemplifica su posición cuando trata el caso de empresas capitalistas que quebraban en Inglaterra, y eran transformadas en cooperativas por sus trabajadores. En muchos casos, estas cooperativas contrataban al antiguo patrón, que ahora cumplía un rol dirigente-productivo (y recibía un ingreso acorde a esta función). En la sociedad capitalista, los gerentes de empresas, en cuanto cumplen un rol represivo, son acreedores a participar de la plusvalía.
      Por último, acerca de la hermandad de clase, la misma tiene que ver con el hecho de que existe una misma fuente de ingreso, la plusvalía. Esto también explica la hermandad de clase fundamental que existe entre las diversas formas del capital (capital comercial, capital dinerario, industrial, etc.) y las gerencias de las empresas y los accionistas. La plusvalía tiene como origen la explotación del trabajo, posibilitada por la propiedad privada del capital. Es por este motivo que las gerencias de las empresas se integran a la clase capitalista; incluso desde el punto de vista empírico, participan de los paquetes accionarios, o son remunerados de acuerdo a la valorización del capital.
      En cuanto a Juan Iñigo Carrera, lo que critico en esta nota es específico: su afirmación de que los estudiantes universitarios son parte de la clase obrera. Considero que es un disparate, y mayúsculo. En lo que respecta al resto de su obra, lo que he estudiado con atención es su teoría de la renta de la tierra. He criticado largamente su teoría, contraponiéndola con la teoría de Marx, en un documento del cual publiqué las partes más significativas en “Economía política del subdesarrollo y la dependencia”. Pienso (y lo he escrito) que en la teoría de la renta JIC demuestra no manejar los conceptos más elementales de la teoría de El Capital (por caso, si no comprende qué es trabajo potenciado, es imposible que entienda qué es renta diferencial para Marx). Pero no sé si esto cuestiona todo el resto de la obra de JIC. Por ahora, con lo que leí, me bastó.

      rolandoastarita

      09/12/2012 at 19:35

  5. Pablo: Marx presume que el mercado fuerza al capital a que al trabajador se le pague por un equivalente, pero ese equivalente no es el precio del trabajo, sino el precio de su fuerza productiva. El precio de la fuerza productiva es el costo de su manutención en tanto trabajador de esa tarea, o sea, el trabajo ajeno que se necesita para que exista el trabajador, esto es: lo que consume. Esa parte de su tiempo de trabajo, que comanda con dinero una igual cuantía de tiempo-trabajo ajeno, entra obviamente en el salario. Si un obrero consume muchísimo, no importa: seguro que es lo necesario para su subsistencia en ese trabajo. La plusvalía se la apropia, por definición, el capitalista, con lo cual el argumento es circular: el capitalista se define por apropiarse de plusvalor, que es como el plustrabajo se expresa en la mercancía. Y el plusvalor se define como aquel tiempo de trabajo que se apropia el capitalista. Es genial.

    Es por todo esto que Rolando te contestó que “el salario de los trabajadores se va en el consumo corriente. Es imposible que como clase los trabajadores puedan generar los ahorros para adquirir el capital necesario para instalarse como capitalistas.”

    El único valor que se valoriza es el del trabajador, porque genera trabajo. Es tautológico: si el valor expresa el tiempo de trabajo humano (“abstracto”, “socialmente necesario”, etc.), entonces el trabajador es el único creador de valor!

    Fijate, Pablo, que el tiempo de trabajo es como una suerte de energía cinética que sale del trabajador casi mágicamente: es de él que únicamente puede salir más energía que la invertida en el mismo. Hay una suerte de creación ex nihilo de valor dentro del obrero i.e. puede hacer más trabajo que el trabajo que se invirtió en él para que exista. Esto a diferencia de las demás máquinas, que según Marx no tendrían esta propiedad mágica.

    Saludos!

    Pablo

    09/12/2012 at 14:48

  6. Fe de e-ratas: donde puse “fuerza productiva”, leé mejor “fuerza de trabajo”!

    Pablo

    09/12/2012 at 14:49

  7. Ah, me olvidaba. Pablo: preguntá qué es lo que sucede, entonces, cuando surgen nuevos empresarios y/o capitalistas (que no son siempre lo mismo) del seno de la clase obrera industrial, del proletariado, etc.
    (“Proletariado” viene de prole, o sea: que sólo tiene a sus hijos).

    Pablo

    09/12/2012 at 14:56

  8. Compañero Rolando. No había leído la nota. Sí recuerdo haber leído hace unos años un trabajo suyo sobre el carácter de clase del estudiantado (No me acuerdo si era exactamente así). La cita está debidamente refutada. La calificación de la fuerza de trabajo no implica que esté necesariamente aplicada a un obrero o al individuo que necesariamente vaya a pertenecer a la clase obrera. Proletario no es solo el portador de fuerza de trabajo, sino, aquel que no posee más que fuerza de trabajo para venderla en el mercado a cambio de un salario. Pero eso no es todo. El personal calificado involucrado en la producción cobra un salario mayor (y diría ‘a veces’ -conozco varios arquitectos recién recibidos que durante años cobraron salarios inferiores a sus padres ‘oficiales manuales’ en la misma empresa) proporcional al costo de su calificación. Pero cuando el salario supera largamente este costo de calificación, se nutre de plusvalía extraída a los obreros y no por que al propietario le encante tirar la plata, sino, por el ejercicio eficiente de funciones capitalistas, lo que encuadra a estos trabajadores en el seno de la clase capitalista. Puede haber casos complejos o que estén parados en el borde. Ejemplos reales. Una conocida firma de la zona Oeste del Gran Buenos Aires, que exporta tubos especiales para gas y petróleo. La mayoría de la maquinaria fue ideada o adaptada por un matricero de precisión con un salario diferencial y unos ‘premios consuelo’. Los ingenieros y proyectistas jóvenes pusieron los cálculos, cobrando un salario un poco mayor. Pero el personal jerárquico alto -que también tiene calificación técnica, aunque no superior a los antecitados- la aplica a lograr el mayor grado de explotación, por lo que cobra emolumentos enormemente mayores. Ya cooparticipa de la plusvalía. Bajo la identidad aparente de una relación salarial, se encubre una diferencia cualitativa. Sobre el trabajo del patrón. 1983. Frigorífico ‘El Paisano’. El dueño, un entrerriano borracho y estafador, el rey del ‘cheque volador’. Hombre de la ultraderecha Herminista que por los contactos políticos hasta exportaba boneles congelados a la URSS. Jugador y pendenciero. Queremos más plata para los que trabajamos¡ Respuesta: ¿Y acaso el patrón no trabaja? Sí, pero se lleva por su trabajo más de lo que vale y esa diferencia sale del lomo nuestro. A la huelga. Pero antes de eso, tres piñas antes de que tocó el piso del playón de oreo. Un argumento más que contundente. Sobre la diferencia entre función ‘social’ y técnico productiva’ en una transición socialista: Después de la revolución de Octubre y una vez que el gobierno soviético expropiara las ‘palancas de mando’ de la economía, ante la insuficiencia de personal calificado para garantizar la reactivación de la producción, fue necesario contratar a personal proveniente de la vieja estructura empresarial con salarios diferenciales que hasta triplicaban el salario de un obrero no calificado. Con el proceso de burocratización del partido, buena parte se recicló en el mismo, estabilizando e incrementado estas diferencias. La ‘diferenciación salarial’ no solo ya por calificación productiva de los ‘directores rojos’, sino, por ubicación en la jerarquía político administrativa del nuevo estado, se amplió al grado de convertirse en apropiación burocrática sistemática de excedente, es decir en una forma no capitalista de explotación. Aquí también había, salvando las diferencias, una ‘identidad salarial aparente’. El obrero seguía siendo un proletario obligado a vender su fuerza de trabajo al estado y el estamento burocrático gozaba de ‘salarios’ entre 7 y 20 veces superiores, a lo que se sumaba toda suerte de prebendas y ‘negocios’ intersticiales y usurpaciones ‘capitalizadas’ en el exterior. Sobre el por que los trabajadores no se hacen capitalistas ‘ahorrando’, es como el ‘american dream’ donde todo hombre puede llegar a ser presidente y toda mujer estrella de Hollywood, un mito, ‘vive’ en tanto muchos ilusos sigan creyendo en el.

    AP

    10/12/2012 at 00:57

  9. Un caso de economista ‘obrero’ para analizar. Veamos una síntesis: ‘ Kicillof cobraría más de 200 mil pesos de sueldo entre todos los cargos que acumula. Es porque además de ser secretario de Economía es director de YPF, de Siderar y subgerente de Aerolíneas. Desde agosto se hizo cargo del pago de los representantes del Estado en empresas y les puso un tope de 17 mil pesos. Y encima hace tres meses que no les paga. Cuando se enteró que alguien invocaba su nombre para conseguir trabajo, lo denunció’
    Con este ‘salario’, no te hace falta hacerte capitalista y si te dura un tiempito, seguro que podés ‘ahorrar’ por si te vienen ganas.

    AP

    10/12/2012 at 01:10


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