Estatismo burgués y socialismo
Uno de los problemas más importantes que se discutieron históricamente, y se siguen discutiendo, dentro de la izquierda, es si las estatizaciones son progresistas, y deben ser apoyadas –críticamente o no– por los trabajadores. Al respecto existen dos posturas.
Por un lado, están los que piensan que las estatizaciones son siempre progresistas, y que incluso nos acercan al socialismo. Así, en la mayoría de los partidos de izquierda se piensa que, en sí misma, cualquier estatización es progresista. E incluso algunos sostienen que las nacionalizaciones nos acercan, de alguna manera, al socialismo. Por ejemplo, hace poco tiempo el dirigente trotskista Jorge Altamira sostuvo, en la TV, que si se estatizara el sistema financiero, nos acercaríamos al socialismo. Para esto bastaría, sostuvo Altamira, con reemplazar en la dirección del Estado a Obama o Sarkozy por dirigentes obreros.
La otra posición, que defiendo, sostiene que las estatizaciones capitalistas en sí mismas no tienen nada de progresivo; y que los trabajadores deberían mantener una postura de independencia de clase. Este enfoque lo encontramos en la tradición del marxismo, y hasta principios de siglo XX.
La tradición en Marx, Engels y Tercera Internacional
Es importante destacar que Marx y Engels jamás plantearon que la clase obrera debiera exigir la estatización burguesa de los medios de producción. En El Manifiesto Comunista propusieron un programa que planteaba la estatización, pero en el marco de una revolución obrera triunfante. En otras palabras, se trata del programa de transición al socialismo, que encararía un gobierno revolucionario, no un gobierno burgués. Luego, cuando tuvieron oportunidad, ambos se pronunciaron en contra de que la clase trabajadora se embanderara detrás del programa de las estatizaciones burguesas. Así, por ejemplo, Marx no apoyó la demanda de estatización de la renta de la tierra en EUA, a pesar de que la consigna era muy popular. Y explicó que esa consigna solo la había adoptado, en El Manifiesto Comunista junto a otras medidas de transición (carta a Sorge, 30 junio 1881).
Pero más clara aún es la posición de Engels en el Anti-Dühring, un texto que fue revisado enteramente por Marx. Después de plantear que la propiedad de los medios de producción por parte del Estado, así como la sociedad por acciones, muestran que la burguesía ya no es imprescindible, Engels agrega:
“Pero ni la transformación en sociedades por acciones ni la transformación en propiedad del Estado suprime la propiedad del capital sobre las fuerzas productivas. En el caso de las sociedades por acciones, la cosa es obvia. Y el Estado moderno, por su parte, no es más que la organización que se da la sociedad burguesa para sostener las condiciones generales externas del modo de producción capitalista contra ataques de los trabajadores o de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista total ideal. Cuantas más fuerzas productivas asume en propio, tanto más se hace capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien, se exacerba. Pero en el ápice se produce la mutación. La propiedad estatal de las fuerzas productivas no es la solución del conflicto, pero lleva ya en sí el medio formal, el mecanismo de la solución” (Anti-Dühring, pp. 275-6, México, Grijalbo, 1968; énfasis agregado).
De la misma manera que la sociedad por acciones hasta cierto punto implica una socialización de la producción dentro del propio capitalismo, la estatización apunta, en opinión de Engels, a la posibilidad de superar al capital. Pero no por ello los marxistas reivindican la sociedad por acciones o la estatización burguesa. Frente a las ilusiones que genera la estatización, plantean que no solo no supera la relación capitalista, sino que la exacerba.
Y todavía en 1891 Engels escribía que “en tanto las clases propietarias permanezcan al mando, cualquier nacionalización no es una abolición, sino una alteración en la forma de explotación; en las repúblicas de Francia, Suiza y América no menos que en la monárquica y despótica Europa Central y del Este” (carta de Engels a Oppenheim, 24 marzo 1891; énfasis agregado).
Por último, digamos que la Tercera Internacional, en el período que tuvo una orientación revolucionaria, también se opuso a que los trabajadores confiaran en las estatizaciones burguesas:
“Reivindicar la socialización o la nacionalización de las más importantes ramas de la industria, como lo hacen los partidos centristas, es embaucar a las masas. Los centristas no sólo inducen a las masas en el error, al tratar de persuadirlas de que la socialización puede arrancar de las manos del capital las principales ramas de la industria sin que la burguesía sea vencida, buscan todavía desviar a los obreros de la lucha vital por sus necesidades inmediatas, haciéndolas esperar un embargo progresivo de las diversas industrias una después de otra, después del cual comenzará la construcción “sistemática” del edificio económico. Vuelven así al programa mínimo de la socialdemocracia, es decir, a la reforma del capitalismo, que es hoy una treta contrarrevolucionaria” (“Tesis sobre táctica”, Tercer Congreso de la Internacional Comunista; énfasis agregado).
A pesar de estos pronunciamientos tan categóricos, esta tradición casi se ha perdido en la izquierda. Solo pequeños núcleos marxistas, y los anarquistas, se mantienen críticos, o escépticos, frente al estatismo burgués.
Un abordaje histórico y teórico
La dominancia de las ideas pro-estatistas en la izquierda posiblemente se pueda explicar por la influencia de las corrientes keynesianas reformistas, en particular durante la posguerra. Recordemos que Keynes pensaba que los males del capitalismo podían solucionarse si el Estado se hacía cargo de las inversiones. De aquí puede haber influenciado a la izquierda, inclinada a pensar que el Estado, en sí, es neutro, o es pasible de ser orientado por los trabajadores, dentro del modo de producción capitalista. Pero la experiencia histórica no abona esta tesis, y parece confirmar las ideas de Marx y Engels, de que las estatizaciones solo sirven a los intereses de la clase dominante.
Por empezar, porque es indudable que muchos regímenes burgueses utilizaron las estatizaciones para reforzar posiciones muy reaccionarias contra los trabajadores. Por ejemplo, en el siglo XIX el régimen de Bismarck estatizaba empresas –lo que dio pie al surgimiento de los socialistas estatistas criticados por Engels– a la par que mantenía fuertes leyes anti-socialistas.
Otro caso ilustrativo: en las décadas de 1940 y 1950, la dictadura española de Franco era “estatista”, y nadie podría sostener, con un mínimo de seriedad, que se trataba de un régimen favorable a los trabajadores y el progreso de la humanidad.
Pero más en general, y saliendo de estos casos extremos, podemos decir que las estatizaciones sirven a la burguesía en épocas de crisis, o de extrema debilidad, para fortalecer las posiciones del capital. En los años treinta, en la Depresión, muchos gobiernos, incluso conservadores, fueron estatistas. En la posguerra, la debilitada Inglaterra apeló a extendidas nacionalizaciones de industrias y servicios públicos, que fortalecieron el poder del capital. Algo similar ocurrió en otros países, como Austria o Francia. Y hoy, con la crisis en curso, muchos gobiernos recurren, de nuevo, a la estatización de empresas y bancos, para salvar al capital.
Pero las estatizaciones burguesas también pueden servir para desviar movimientos revolucionarios, conciliar a las clases y fortalecer, en última instancia, las posiciones de la burguesía. Un ejemplo es el caso de Bolivia luego de la revolución de 1952. El gobierno nacionalista revolucionario que surgió de esa revolución dirigió una basta economía estatizada, que tenía como columna vertebral las minas de estaño. Posiblemente nunca se dieron condiciones tan favorables –de acuerdo a los criterios que se manejan en la izquierda nacionalista radical– para que una estatización tuviera éxito. Los obreros y campesinos estaban armados, había una fuerte movilización popular, se agitaban consignas a favor del control de los trabajadores de la economía, y existía un alto nivel de conciencia revolucionaria. Sin embargo, con todos estos elementos a favor, las fuerzas productivas no conocieron ningún desarrollo importante –Bolivia no salió del atraso y la dependencia– y los obreros de vanguardia terminaron siendo reprimidos por el propio gobierno nacionalista, en los años sesenta.
Citemos también el caso de Egipto en los cincuenta, cuando bajo el régimen de Nasser se estatizó gran parte de la economía. Egipto contó con la simpatía del tercer mundo, y la ayuda de la URSS. A comienzos de la década de 1960 algunos marxistas llegaron a pensar que Egipto se encaminaba hacia un socialismo sui generis. En cualquier caso, las estatizaciones eran mucho más profundas y extendidas que cualquier cosa que pudo haber hecho Chávez, u otro gobierno nacionalista contemporáneo. Sin embargo, ya en la década de los setenta aparecía con claridad que Egipto era un país capitalista, con un Estado capitalista. Y así lo sigue siendo al día de hoy.
A la luz de estas experiencias, podemos decir que el programa estatista ha provocado daño al movimiento socialista. Por un lado, porque el movimiento obrero apeló al Estado burgués como si éste estuviera por encima de las clases sociales y fuera “neutro”; pero el Estado sirvió para reprimir y contener al movimiento obrero, en favor del capital.
En segundo término, porque se inculcó la idea de que progresivamente una sociedad se podía ir acercando al socialismo mediante nacionalizaciones burguesas; lo cual es utópico, y lleva a un callejón sin salida. Y en tercer lugar, porque se alentó la colaboración de clases, a través de la entronización del Estado. En este respecto es habitual que se pregone la idea de que las empresas del Estado “son de todos”; que “pertenecen al pueblo” e incluso que los trabajadores deben sacrificarse por ellas. Pero en la realidad, se trata de empresas que extraen plusvalía, y favorecen la acumulación del capital. Y el personal dirigente de las empresas del Estado pertenece a la clase capitalista.
Por eso la consigna de la estatización cumplió exactamente el rol que preveía la Tercera Internacional: sirvió para debilitar al movimiento obrero, e hipotecar su independencia de clase.
Las empresas estatales y el mercado
Si bien entre los años 1950 a 1970 las empresas estatales hasta cierto punto se abstraían de la “dictadura” del mercado y de la ley del valor –con precios administrados y medidas nacionalistas y proteccionistas–, progresivamente todas se vieron sometidas a la lógica de la valorización. Es que a medida que se extienden y profundizan las relaciones mercantiles y capitalistas, toda fracción de la economía se somete a la misma ley del mercado. La exigencia general es que una empresa estatal debe dar rentabilidad, como cualquier otro capital. Muchas cotizan en bolsa de valores (un caso típico es Petrobras), donde están sometidas a la “sanción” de los inversores, que miran con lupa sus balances, y premian o castigan sus perfomances en extraer plusvalìa. Pero aun si no cotizan en bolsa, las empresas estatales deben recurrir a los mercados financieros; emitir títulos, competir con otras empresas capitalistas. Y para esto, también son necesarias ganancias y “disciplina” laboral. Por todos lados se impone entonces el imperio de la valorización. ¿Qué tiene esto de cualitativamente distinto con respecto a lo que sucede con cualquier otra empresa capitalista? Las empresas estatales hoy contratan trabajadores que están precarizados, o a veces incluso “en negro”; imponen en su seno criterios de productividad como si fueran empresas privadas; y favorecen por todos los medios las posiciones del capital, y su Estado.
A modo de conclusión
Lo que explica esta lógica de las empresas estatales es el carácter de clase del Estado, que no puede ser sino capitalista, dado que está inmerso en la sociedad capitalista. Por eso no hay ninguna razón para pensar que las estatizaciones mejorarán la posición de la clase obrera.
Más concretamente, lo que habría que preguntarse ante las estatizaciones es si éstas ayudan a la organización de la clase obrera frente al capital; si favorecen el desarrollo de las fuerzas productivas; o si impulsan una distribución más igualitaria del ingreso de manera duradera. Así, cabe preguntarse si las estatizaciones de correos, del servicio de aguas, o de la aerolínea de bandera, realizadas por el gobierno de los K, cambiaron, en algún grado cualitativo, la relación de fuerzas entre las clases sociales, o la naturaleza del capitalismo criollo.
A la vista de lo que ha sucedido con las estatizaciones burguesas, pensamos que hay muchas razones para sostener que, una vez más, se confirma la vieja tesis del marxismo “de Marx”, y no la del “marxismo keynesiano.
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Estatismo burgués y socialismo
Escrito por rolandoastarita
12/07/2010 a 16:59
Escrito en General
Etiquetado con Engels, Estatismo Burgués, Kirchnerismo, Marxismo, socialismo siglo XXI, Trotskismo
19 comentarios
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El planteo me parece correcto, ahora, la propiedad capitalista de los meddios de producción siempre asume desde los años treinta al presente, la forma capitalista privada o estatizada.Trotsky palnteaba que la propiedad estatal estaba a medio camino de ser “propiedad socialista”, esto, claro está, en el contexto de una revolución popular y obrera. De todas formas, en la izquierda en general, se ha aceptado, en el caso argentino (con el peronismo) y otros similares, que las nacionalizaciones que fue haciendo el populismo significaron medidas progresivas en la redistribución de los ingresos a favor de la clase trabajadora. Actualmente, la clase obrera no se manifiesta taxatívamente sobre el kirchnerismo, que sostiene un proceso de concentración capitalista rabioso, pero toma algunas medidas de indole “social” que son el paliativo del mismo proceso de concentración económica que expresa como gobierno capitalista.Esta es un poco la discusión de fondo.
Marcelo
12/07/2010 a 19:07
Por fin un blog marxista de verdad!
Lo felicito, Rolando! Un gran aporte el suyo.
Edu.
Eduardo
13/07/2010 a 06:50
La realización de la acumulación capitalista ampliada requiere de factores externos al proceso productivo. En ese proceso, por una parte, se genera un volumen de mercancías por valor O=C+V+S cada vez mayor, capaz de suplir un mercado cada vez más amplio; por otro lado, en tal proceso la contribución al consumo agregado será proporcional a la inversión en medios de producción y salarios D=C+V+dS (donde dSS en general.
Para algunos, la solución a la disparidad anterior entre oferta y demanda se resuelve en la circulación, a través de créditos, etc. (Astarita ha tratado este asunto en otros temas). La solución propuesta por Rosa Luxemburgo a este problema fue que el capitalismo debía coexistir con sistemas de producción no-capitalistas. Se pudiera decir que la solución de Keynes es mediante la participación del estado en la actividad económica. El capitalismo del siglo XX da muestra de todo lo anterior. La presencia del estado en los procesos económicos se ve acrecentarse a partir de los 1930s; el acceso a las fuentes de créditos se ha facilitado significativamente; el capitalismo se expande globalmente mientras las grandes potencias apoyan y/o sustentan a regímenes atrasados; etc., etc.
El punto a destacar es que existen condiciones objetivas en el desarrollo del capitalismo que fundamentan la participación del estado moderno en el proceso económico. El capitalismo de estado, entonces, pudiera ser considerado como una solución históricamente determinada que surge como respuesta viable a la problemática de la acumulación capitalista. En este sentido contribuye al avance del sistema capitalista, al desarrollo de las fuerzas productivas, etc., y por tanto, contribuye así al progreso y el desarrollo socioeconómico, pero solo dentro de la sociedad capitalista. Sería ingenuo considerar que el capitalismo de estado tuviera como objetivo la superación del capitalismo, contribuir al advenimiento del socialismo, como ingenuo resulta también esperar a partir del mismo, una resolución a los problemas fundamentales del sistema capitalista.
Por otro lado, considero que se procede con suma ligereza si se agrupa en una misma canasta todo tipo de propiedad estatal. Existen objetivos y diferencias fundamentales entre el capitalismo de estado y el estado socialista (i-real, según Anibal) que no se deben obviar.
Andres
29/01/2011 a 18:08
Andrés,
Esta forma de escribir ["En ese proceso, por una parte, se genera un volumen de mercancías por valor O=C+V+S cada vez mayor, capaz de suplir un mercado cada vez más amplio; por otro lado, en tal proceso la contribución al consumo agregado será proporcional a la inversión en medios de producción y salarios D=C+V+dS (donde dSS en general.] es dificilmente comprensible. No sé qué es “O=C+V+S” ni tampoco entiendo qué significa “la contribución al consumo agregado será proporcional a la inversión en medios de producción y salarios D=C+V+dS (donde dSS en general”.
Por favor, considerá este comentario como una respetuosa crítica constructiva.
Saludos.
Eduardo
11/02/2011 a 19:50
Si, tienes razón, a veces escribo un tanto criptico (como diria Rolando)… Otras, cuando introduzco algunas formulillas se corrompe en el mensaje (no se por que).
En resumen, digo que en la producción capitalista el valor de la mercancía creada es C+V+S (donde C, V, y S son capital constante, variable y plusvalía). La O significa seria oferta. Por otro lado, el capital contribuye al consumo en la medida que paga salarios (V) y compra medios de producción y materiales (en cantidades de C; los cuales equivalen a más salarios y capital fijo de otros sectores productivos). Por ello, digo que en el proceso productivo se agrega al consumo C+V. Entonces, en el mercado, donde las mercancías han de realizarse (venderse), también se realiza S, y a menos que se le agregue al consumo una cantidad delta que no derivó del proceso productivo (externo a él), el capitalista no gana. De cómo se resuelve ese delta, defino (mi propio juicio) lo que considero economía clásica y economía moderna (Rosa Luxemburgo y Keynes; ojo, que no soy Keynesiano). Pero esto ya es otro tema.
Andres
12/02/2011 a 00:57
Anibal
No estoy seguro si estas planteando que el llamado socialismo real del siglo XX, no fue más que una suerte de capitalismo enmascarado. En verdad esto me parece una tontería que se da de bofetadas con la historia del movimiento socialista en general, y me parece que no concuerda con el calibre de tu capacidad de análisis y el conocimiento que deduzco a partir de tus comentarios. Créame que a mí también me resulta difícil emitir un juicio imparcial acerca del estado socialista real, represivo y despótico donde nací y me crié (y hasta a veces pienso que la desconfianza natural del latinoamericano hacia cualquier forma de gobierno tiene sus raíces en el anarquismo español que emigrara a América en los 1860s).
Por otro lado, la experiencia de Marx y Engels en la construcción de la sociedad socialista es ciertamente muy limitada para buscar en ellos lo que constituye el socialismo practico. Gústele a quien le guste, o le pese, el socialismo se hizo realidad histórica en el siglo XX y mediante la propiedad estatal que tuvo como objetivo la planificación económica que, en presencia de la ley del valor y los salarios se pretendió realizar aquello de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo (no su necesidad todavía, correcto?). Recuérdese también que en ausencia de la propiedad estatal, el campesinado ruso tendía a restablecer las relaciones capitalistas. En fin, el socialismo de estado dio de sí cuanto pudo dar, agotó sus posibilidades de desarrollo (o se convirtió en obstáculo del mismo) y sucumbió como modo de producción y sistema social en tiempo record (aunque no lo suficientemente rápido en algunos casos). He ahí la problemática a resolver por las nuevas generaciones de la izquierda (ojala, sin la pedantería de la llamada 7ma generación como promueve los seguidores de Gustavo Bueno). Pero, ante todo, se debe proceder a un análisis crítico (auto-critico para algunos)… proletarios de todos los países, discúlpenlos… pues no sabían lo que hacían…
Andres
06/02/2011 a 18:16
Andrés, esto que afirmás:”se pretendió realizar aquello de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo (no su necesidad todavía, correcto?”, no sé realmente de dónde lo has sacado. Como base argumentativa me parece muy poco sólida. Estás juzgando (caracterizando) un sistema por lo que sus epígonos decían en vez de juzgarlo en su materialidad. En la sociedad burocrática (“socialismo real” o “socialismo i-real”) esa premisa jamás se llevó a la práctica, ni se intentó (hasta donde sé).
Saludos.
Eduardo
11/02/2011 a 20:04
No, lo digo seriamente. Ya vez, la diferencia es que interpretas ese slogan de manera sublime. Pero los que trataron de hacer poner en práctica lo que vaticinó Marx, lo tuvieron que hacer sobre la realidad concreta (tan dura a vez como el concreto cemento) que hacen añicos ridículos de lo sublime.
¿Y cómo cuantificaría Aníbal y usted la segunda parte de ese slogan, el trabajo, en el socialismo sino a través de la ley del valor y/o mediante alguna forma de salario? Ni el Che, quien énfasis que ponían en el estimulo moral por encima del material, trató de eliminarlo en el socialismo, aunque eso fuese un objetivo a alcanzar a largo plazo (en el comunismo, al cual pensaron él y Fidel llegarían antes que los soviéticos, pues las relaciones mercantiles se superarían o las derogarían por decreto; tan simple como eso… no, amigo, no es chiste, aunque le cause riza).
Algunos ejemplos entre teoría y praxis:
La iglesia católica habla del paraíso, el Dios bondadoso, el evangelio. Pero Torquemada parecía la encarnación diabólica; pero no por esto puedo decir que la iglesia católica dejo de ser cristina y alabo al diablo.
En el periodo victoriano aquellos que reusaban trabajar, se le cortaban orejas y miembros parecido a lo que hacen en el mundo árabe o como hacían en los tiempos de la esclavitud; pero acusar a la reina Victoria de musulmana o definir ese periodo como el sistema esclavista me parece… ingenuo, cuanto menos…
Andres
12/02/2011 a 01:34
Amicus Anibal, sed magis amica veritas
Nuestra discrepancia es de tipo académica. Pero en la praxis, en la experiencia, en los huesos y en la dignidad humana, la enajenación total (objetiva y la conciencia) es tal que no en valde alguno lo describen como un retroceso histórico pre-capitalista.
Andres
10/02/2011 a 21:35
Andrés, tu observación acerca de que “si hay salario, hay capital”, me parece que es facilmente controvertible en cuanto atendemos a la etimología del término, lo cual nos remonta a una época en que no había capitalismo y sí pago en especie. Es decir, podemos encontrar formas de retribución en otros sistemas distintos al capitalismo y hasta podemos predecir el pago de “salarios” en sistemas aun no existentes.
En suma, no me parece que la existencia de salario nos indique inexorablemente la presencia de capitalismo.
Saludos.
Eduardo
11/02/2011 a 19:58
Esto es para Anibal, correcto?
Andres
12/02/2011 a 00:57
El autor malinterpreta groseramente a Altamira (y si hay alguien que no se deja encandilar por las estatizaciones burguesas es justamente Altamira). Lo que dice Altamira es que en el caso de estatización parcial o completa del sistema financiero, aún siendo fundamentalmente una acción de rescate del capital en bancarrota de parte de su Estado, no solo se demuestra la concentración de capital que hace posible el paso al Socialismo, sino que abre nuevas perspectivas de lucha desde la perspectiva de la independencia de clase.
pinchudo
22/04/2011 a 23:21
Lo que dijo Altamira en aquel programa de TV era inequívoco. Consideró que la estatización acercaba al socialismo. Claro que en ninguna parte alguien ha demostrado que la estatización burguesa “abre nuevas perspectivas de lucha desde la perspectiva de la independencia de clase”. Las estatizaciones de Bismark en Alemania, del laborismo en Gran Bretaña o de Perón en Argentina, etc., no generaron “perspectiva alguna” de independencia de clase. Si hubiera sido de esa forma, es lógico que el marxismo las hubiera considerado progresivas. Pero no hubo nada de eso.
Por otra parte, y volviendo a PO y Altamira, existe una larga tradición de este partido de considerar superior la propiedad estatal capitalista de las empresas a la propiedad privada. Es habitual que PO asocie la defensa de lo estatal con la “defensa de los intereses nacionales” (sic); de ahí las denuncias, por ejemplo, del “desguace del patrimonio nacional” (sic). “Patrimonio nacional”, “intereses nacionales”…. ¿qué tiene que ver esto con las pretendidas “perspectivas de independencia de clase”? En este punto mis diferencias con PO (y con el la mayoría de la izquierda) no son tácticas, sino ideológicas.
rolandoastarita
23/04/2011 a 09:19
Rolando, hace poco que comencé a leer tu blog. Este texto me gustó mucho y me aclaró bastantes cosas.
Tengo unas preguntas que me surgieron: ¿Cuando YPF estaba estatizada como influía en la economía Argentina? ¿Cómo influye hoy en día?
Saludos!
cavecatt
19/02/2012 a 20:08
No tengo un estudio en particular sobre YPF como para responder las preguntas, solo los datos que han aparecido en la prensa. Para colmo, en los últimos años hay muy poca información oficial, y además es muy parcial. De todas maneras, justamente por estos días estoy preparando otra nota sobre la cuestión del capitalismo estatal, esta vez en relación a la globalización.
rolandoastarita
20/02/2012 a 10:14
Casi de acuerdo con Rolo, pero…
un matiz. No toda empresa estatal es una empresa verdaderamente capitalista, en la que su utillaje actúe como capital constante y los salarios pagados sean capital variable. De hecho, no son así la mayoría de las empresas públicas (estatales, autonómicas y municipales) en España y creo que también en Argentina.
Es que muchas empresas públicas lo son porque prestan servicios esenciales (“condiciones generales de la producción” de Marx) pero no son rentables como para ser explotadas por el capital. Por eso son públicas y el “capital” que usan no es más que rédito gastado (procedente de los impuestos sobre el capital variable y el plusvalor social). Por eso, no son capital, no producen plusvalor nuevo, no se incluyen en la igualación de la tasa de ganancia. Pueden producir mercancías o servicios, producen valor, pero sólo reproducen el valor gastado (y a veces ni eso) sin producir un plusvalor.
Las empresas estatales en la que sus activos actúan verdaderamente como capital son las que en Latinoamérica llaman “fiscales”, son el ejemplo del correo nacionalizado en Alemania según Engels, su función es complementar a los impuestos como fuente de financiación del estado. Son empresas capitalistas que sólo se diferencian formalmente de las privadas, mientras que las otras empresas públicas sólo son “capitalistas” formalmente.
Lógicamente una empresa estatal puede pasar de una situación a otra; lo normal es que si llega a la segunda, sea privatizada. Las de la primera situación por definición cumplen una función necesaria pero son una carga para el capital social por lo que la tendencia es o a volverlas rentables (pasarlas a la situación 2) o bien cerrarlas simplemente e intentar suplirlas con otra cosa.
Paul Mattick, que hizo interesantes aportaciones sobre este tema, consideraba que los trabajadores de ambos tipos de empresas son tan proletarios como los de las empresas privadas productivas o no (distribución, banca) porque lo que los define como proletarios es la venta de su fuerza de trabajo por un salario y la falta de control sobre este trabajo.
Y, añado yo, desde el punto de vista del programa de independencia de clase, hay que defender ambos tipos de empresas, especialmente las primeras, no porque sean “socialistas” al no ser capitalistas sino porque cumplen funciones útiles que las necesidades de la valorización del capital pretenden dejar sin cubrir. En no pocos casos, cumplen una función de “salario indirecto en especie” porque son el producto del gasto de una porción del capital variable (y del plusvalor, que son los que nutren los impuestos) y su producto en forma de valor de uso o efecto útil suele ser preferentemente usado por la clase trabajadora. En este sentido son iguales que la enseñanza y sanidad públicas, aunque no tengan la forma de empresas públicas sino de brazos de la administración. Son en lo fundamental salario diferido en especie, parte del capital variable social pero “socializado” (excluyo por simplificar al plusvalor; los empresarios han aprendido a pagar lo menos posible de tal manera que el estado español, por lo menos, se financia más sobre los impuestos a los salarios que a los beneficios).
AC
01/03/2012 a 13:01
Sí, de acuerdo. Pero también sucede que hay empresas estatales a las que se les hace perder dinero, para abaratar los costos de la mano de obra al resto del capital. Algunos dicen que hubo algo de esto con las empresas estatales argentinas, en las décadas anteriores a las privatizaciones. No se regían por la ley del valor, las tarifas no se fijaban según costos y ganancias; de manera que los servicios eran muy baratos, con las consecuencias para el costo de la mano de obra. Una consecuencia era que tampoco había inversión; de a poco se iban deteriorando. Las privatizaciones buscaron someter estas empresas a la ley del valor. Lo cual repercutió sobre el conjunto. Por caso, hoy hay muchas empresas estatales, en todo el mundo, que están sometidas a la ley del valor. Tal vez el caso más claro sean las petroleras. Las petroleras más grandes del mundo (que controlan entre un 75 a 80% de las reservas mundiales) son estatales. Pero la mayoría cotiza en bolsa, debe presentar balances, rentabilidad, etc. Petrobras es un buen ejemplo.
rolandoastarita
01/03/2012 a 17:29
Me parece que las conclusiones políticas de AC son diferentes a las tuyas, contradicen la crítica a la defensa del capitalismo estatal ¿o me equivoco?
Omar
01/03/2012 a 18:03
Para agregar algo: incluso en La Lucha de Clases elaborada por Kautsky como comentario al Programa de Erfurt, se critica a quienes auspiciaban un “Socialismo de Estado” (y perdonen, pero no lo encontré en español):
“The economic activity of the modern state is the natural starting point of the development that leads to the Co-operative Commonwealth. It does not, however, follow that every nationalization of an economic function or of an industry is a step towards the Co-operative Commonwealth, and that the latter could be the result of a general nationalization of all industries without any change in the character of the state.
The theory that this could be the case is that of the state Socialists. It arises from a misunderstanding of the state itself. Like all previous systems of government, the modern state is preeminently an instrument intended to guard the interests of the ruling class.This feature is in no wise changed by its assumption of features of general utility which affect the interests not of the ruling class alone, but of the whole body politic. The modern state assumes these functions often simply because otherwise the interests of the ruling class would be endangered with those of society as a whole, but under no circumstances has it assumed, or could it ever assume, these functions in such a manner as to endanger the overlordship of the capitalist class.”
http://www.marxists.org/archive/kautsky/1892/erfurt/ch04.htm
http://www.marxists.org/history/international/social-democracy/1891/erfurt-program.htm
Y luego, en su “Contribución a la crítica del proyecto de programa socialdemocrata de 1891″, Engels habiendo hallado contradicciones entre esta crítica al “Socialismo de Estado” y ciertas reivindicaciones de estatización presentes en el programa, apunta:
“Aquí yo quisiera fijar la atención en lo siguiente: estos puntos exigen la estatificación 1) de la abogacía, 2) del servicio médico, 3) de las farmacias, del trabajo de los dentistas, las comadronas, los hospitales, etc., etc., y a continuación se plantea también la reivindicación de estatificar totalmente los seguros obreros. ¿Se puede confiar todo eso al señor de Caprivi? ¿Concuerda eso con la declaración hecha antes contra todo socialismo de Estado?”
http://www.marxists.org/espanol/m-e/1890s/1891criti.htm
La idea no es leer estas citas descontextualizada ni acríticamente, pero dan para darle vueltas también.
Saludos!
Felix
25/05/2012 a 04:24