Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Crisis y mercado mundial

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En 2008 y 2009, una idea extendida dentro de la izquierda fue que la crisis capitalista sería igual, o más profunda, que la Gran Depresión, y que entrábamos en un período de guerras comerciales, autarquía de las economías y contracción, a largo plazo, del mercado mundial. De ahí que tampoco faltó el economista que pronosticara que Argentina y otros países subdesarrollados, podrían volver a una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones, como la de los cuarenta o cincuenta. En una palabra, muchos pensaron que la crisis revertía la globalización.

Pasados tres años y medio desde que comenzó la crisis, los datos parecen no avalar estas previsiones. Las diferencias en la caída de las economías, con respecto a los treinta, son notorias. A comienzos de 1933 la producción industrial en EUA se había desplomado un 50% y el PBI el 30%; en Alemania la producción industrial había retrocedido también el 50%; en Francia el 30% y en Gran Bretaña el 20%. Y el mercado mundial había colapsado.

La crisis actual es distinta. Si bien desde finales de 2008 la caída de la producción fue abrupta, a partir de mediados de 2009 hubo una cierta recuperación. Este año los países centrales, donde está el corazón de la crisis, crecen. La caída fue grande, pero no siguió la dinámica del treinta. En 2008 la economía del área del euro creció solo 0,6%, en 2009 cayó 4,1% y en 2010 crece al 1%. Japón cayó 1,2% en 2008; en 2009 lo hizo 5,2%, y en 2010 aumentaría el producto 2,4%. EUA, donde estuvo el origen de la crisis, en 2008 creció 0,4%; cayó 2,4% en 2009, y estaría creciendo 3,3% en 2010 (posiblemente el 2% en el segundo semestre). En cuanto a los países atrasados, tomadas de conjunto, no cayeron en 2009; y en 2010 crecerían un 7%, fundamentalmente debido a China, India, Brasil y los Nuevos Países Industrializados asiáticos. La producción mundial, medida en PBI, aumentó solo 1,8% en 2008, cayó 2% en 2009, y aumentaría 3,6% en 2010 (World Economic Outlook Update, IMF, julio de 2010). El crecimiento de 2010 está plagado de problemas; la recuperación es débil en los países centrales; y es posible que haya una nueva caída, o una grave crisis financiera (estamos preparando un pequeño trabajo sobre esto). Pero, subrayamos, no continuó en caída libre durante tres años, como sucedió en la Gran Depresión.

Sin embargo, en esta nota no vamos a analizar el comportamiento de la producción y la demanda. Nos centramos, en cambio, en las diferencias con los treinta, referidas al mercado mundial. En particular, discutimos la tesis que afirma que se vuelve a la autarquía económica, similar. Sostenemos que en 2009 el mercado mundial cayó muy fuerte, pero no porque se haya puesto en marcha una tendencia hacia la autarquía económica, sino porque la economía capitalista se ha mundializado, en un proceso tendencial de largo plazo. Y ese impulso no se ha revertido.

El colapso del mercado mundial en los treinta

A partir de la crisis financiera de 1931, iniciada en el centro de Europa, y la consiguiente salida de Gran Bretaña del patrón oro, el mercado mundial se desarticuló. Hablar de desarticulación del mercado mundial no es una metáfora, porque el mercado literalmente se fracturó. Se formaron varias áreas monetarias –del franco, la libra esterlina, el marco alemán, el dólar–, relativamente autónomas, y los intercambios multilaterales se hicieron imposibles. Los países levantaron barreras arancelarias por doquier, se embarcaron en devaluaciones competitivas, y volcaron sus economías hacia adentro. Las tensiones políticas entre los gobiernos aumentaron.

Algunos hechos son ilustrativos del clima reinante por entonces. Cuando los europeos convocaron a una conferencia internacional, que daría lugar a la creación del Bank of International Settlements, fue boicoteada por EUA. Cuando se reunió, en 1933 en Londres, la Conferencia Económica Mundial, Roosvelt declaró que EUA seguiría su propio camino, sin importar la resolución que tomaran los otros países. Por todos lados aumentaban las disputas entre las potencias. En ese cuadro, era imposible que los capitales, y los gobiernos capitalistas, encararan políticas con un mínimo de coordinación. Por eso Kindleberger (1985) ha sostenido que la depresión se debió, en lo esencial, a que faltó una potencia hegemónica que coordinara una política de respuesta a la crisis. Aunque no coincidimos con la idea de que la razón fundamental de la crisis se haya debido a la falta de cooperación, parece indudable que la misma contribuyó a su gravedad.

Semejante situación, además, solo podía desembocar en una nueva guerra mundial entre las potencias. Por ejemplo, Japón vio cerradas sus exportaciones de seda (importantes entonces para su economía) a EUA; y luego se le cerró el mercado británico para las exportaciones textiles. Sin salida para su producción, el imperialismo nipón atacó China, y otros países de Asia. A lo cual EUA respondió con el bloqueo del petróleo, que era vital para Japón; y Japón respondió a su vez con el ataque a Pearl Harbour.

El colapso del mercado mundial, por otra parte, daría espacio, en las décadas que siguieron, a estrategias nacionalistas de desarrollo. Ésta fue la base económica para el florecimiento de los movimientos tercermundistas, liderados por burguesías nacionales, que actuarían hasta entrada la década de 1970. Incluso la supervivencia de la URSS, en los treinta, puede explicarse en parte, por la implosión del mercado mundial. Es que en un período de aguda crisis de la economía –la producción agrícola se había derrumbado con la colectivización de las tierras, y las tensiones internas eran inmensas–, el mundo capitalista no tuvo fuerzas para hacer sentir su presión.

Una de las cuestiones centrales entonces que tenemos que preguntarnos es cuáles fueron los factores de fondo que impulsaron la autarquía y el proteccionismo generalizado como respuesta a la crisis. A juzgar por las declaraciones y documentos de la Organización Mundial del Comercio, del FMI, y de muchos representantes del establishment económico, todo se habría debido a la falta de comprensión, por parte de los líderes de entonces, de los males del proteccionismo. No se daban cuenta, dice esta historia, de que las barreras comerciales, levantadas en todos los países, solo agravaban la caída del comercio, y echaban leña al fuego de las tensiones internacionales.

Sin negar la incidencia que puedan tener estos factores ideológicos, pensamos sin embargo que la razón de fondo de la orientación proteccionista y del nacionalismo virulento reside en la configuración que había alcanzado el capital en aquella época. Como lo han destacado Ernest Mandel, Giovanni Arrighi y otros marxistas, en los treinta el capital estaba poco internacionalizado. Más precisamente, la circulación de mercancías tenía alcances mundiales, pero la producción era nacional centrada. Por otra parte, los flujos de inversión se realizaban, principalmente, desde los países adelantados hacia sus zonas de influencia. De ahí la lucha entre las potencias por ganar colonias, y protectorados; o por colocar gobiernos títeres en la periferia. Había flujos de capitales asociados a los movimientos inmigratorios (por ejemplo, hacia EUA); pero las grandes corporaciones no invertían en otros países adelantados, donde estaban sus competidoras. Y la empresa multinacional, como la conocemos hoy, era un fenómeno prácticamente desconocido. Como alguna vez lo expresó Mandel, la centralización del capital no operaba a escala internacional. Por eso había una convergencia directa entre los intereses de los capitales y sus gobiernos, o Estados. En Valor, mercado mundial y acumulación, hemos argumentado –siguiendo la tesis de Arrighi (1978)– que este carácter nacional del capital explica en buena medida la intensidad que alcanzaron las rivalidades entre las grandes potencias.

Tendencias actuantes

Para analizar la situación actual, empecemos con los datos. El volumen del comercio mundial creció en 2007 un 6,4%; aumentó 2,1% en 2008; y cayó 12,2% en 2009. En términos de dólares la caída en 2009 fue aún más fuerte, el 22,6% (Informe sobre el comercio mundial, OMC, 2010). En 2010, en cambio, el volumen del comercio mundial crecería el 10%, según la última estimación (fines de julio) de la OMC.

Vemos entonces que si bien la contracción  del comercio mundial en 2009 fue importante (la mayor desde los treinta: en la recesión de 2001 el comercio mundial cayó 0,2%; en la de  1982 lo hizo un 2%; y en la de 1975 el 7%), no alcanzó el nivel de la década de 1930, cuando en términos de dólar el comercio mundial se desplomó aproximadamente un 50%. Además, la caída no fue tan prolongada como durante la Gran Depresión.

Por otra parte, si bien aumentaron las tensiones comerciales, los gobiernos no entraron en una espiral de proteccionismo como en los treinta. Los conflictos entre las potencias  se mantuvieron en un nivel de tensión razonablemente bajo. Reuniones como las que hizo el G-20 en los últimos meses, eran inimaginables hace 80 años. Hubo discrepancias –por ejemplo, entre Alemania y EUA acerca de las políticas de estímulo fiscal; entre europeos y EUA con China, por el valor del yuan–, pero nada que haga prever una dinámica como la que desembocó en el conflicto mundial de 1939-1945.

Pensamos que esto se explica con la tesis de Arrighi, a la que ya hicimos mención. Es que la mundialización del capital hace que los intereses de las grandes corporaciones sean, en buena medida, cruzados. Por ejemplo, una empresa japonesa, que produce en EUA, puede hacer lobby ante el Senado de ese país, a fin de que el gobierno favorezca las exportaciones de su rama a Europa.

Mas significativo, los paquetes accionarios de muchas empresas que figuran como francesas, alemanas, canadienses, etc., están en manos de inversores de todo tipo de nacionalidades, y sus intereses no están claramente definidos por la adscripción a un Estado. Con esto no queremos decir que las vinculaciones nacionales se hayan borrado por completo. GM recibe auxilio del gobierno de EUA, Toyota del gobierno de Japón, y BP es defendida por el gobierno británico. Sin embargo las vinculaciones están mediadas por intereses que trascienden en mucho las fronteras nacionales donde las corporaciones tienen sus sedes matrices. Además, se han internacionalizado los circuitos productivos. Muchas empresas han desplegado cadenas internacionales de valor. Así, por ejemplo, el diseño e ingeniería de un producto se realizan en un país; la fabricación de sus partes en otros países; y el armado final en otro. De esta manera una elevada proporción del comercio internacional está constituido por comercio intra empresas, o por las relaciones de subcontratas. En consecuencia, para una empresa alemana puede no tener sentido que el gobierno alemán imponga una barrera proteccionista para el flujo de mercancías que viene de Europa del Este, por ejemplo.

Por otra parte, no se trata de una situación coyuntural. Estamos ante tendencias de largo plazo, que han preparado el escenario en el que se despliega la crisis actual.  Desde 1948 a 1997 el comercio mundial creció a una tasa promedio anual del 6%, en tanto la producción lo hacía al 3,8% (OMC). Y en las últimas décadas la internacionalización del capital aumentó a una tasa notable. Un índice es la inversión extranjera directa. Desde 1973 hasta 1996 creció a una tasa anual del 12,7% (OMC). En todos los países siguió aumentando el peso relativo del comercio internacional, hasta el presente. La relación entre las exportaciones mundiales de mercancías y servicios/ PBI, pasó de un índice 70 en 1985 (índice 100 = 2000), a 130 en 2008; para caer a 112 en 2009 (OMC). Pero estaría recuperándose en 2010.

Subrayamos, el cambio de actitud de los gobiernos hacia el comercio, con respecto a lo sucedido en los treinta, tiene que ver con esta base material, con los intereses de los capitales.

El comercio mundial hoy, y la crisis

En base a lo anterior podemos entender la razón de la fuerte caída mundial del comercio en 2009; es opuesta de lo que sostiene la tesis de “se va a la autarquía”.

Aclaremos primero que las estadísticas del comercio se hacen sobre una base “bruta”, de manera que los bienes intermedios cuentan cada vez que cruzan una frontera. Por ejemplo, si una materia prima que se utiliza para la producción de un batería, se exporta hacia un país en que se fabrica esa batería; y si luego la batería se exporta, la materia prima habrá sido contada dos veces en el comercio internacional; y una tercera vez si el automóvil en que entró la batería, a su vez, también se exporta. Para tener una idea de la importancia de este fenómeno, citemos que la proporción de productos intermedios manufacturados, en el comercio mundial no petrolero, era de alrededor del 40% en 2008; para China, Brasil e India, la proporción de bienes intermedios en el total de flujos en el sector manufacturero era, en 2005, de alrededor del 70% (Maurer y Degain, 2010). Las estadísticas disponibles, dicen estos autores, indican que la participación de las exportaciones de los países en desarrollo que se deriva de su participación en las cadenas globales de producción ha representado no menos del 18% del total de sus exportaciones, desde 2000, y probablemente mucho más. En el período 2000-2008, China sola tuvo el 67% del total de este tipo de exportaciones, y México el 18%. El problema de cuánto valor agregado en los países atrasados realmente existe en estas exportaciones, plantea otras cuestiones interesantes, que aquí no vamos a tocar.

Dado que las corporaciones han internacionalizado sus cadenas de producción, al caer la producción con la crisis, el comercio mundial disminuye vertiginosamente.

En consecuencia, la gran caída del comercio mundial que se registró en 2009, no ocurrió porque estuviera operando una tendencia hacia la autarquía, sino porque la economía está más internacionalizada. El fuerte rebote del comercio mundial, al reactivarse las economías, también es reflejo de la internacionalización de la economía.

Lógicamente, en esta nota hemos discutido la cuestión desde el punto de vista del comercio, y su relación con la internacionalización de los circuitos productivos, y del capital. Sin embargo, la misma conclusión puede extraerse del examen de los flujos financieros internacionales; o de los procesos de fusiones y adquisiciones transfronteras a que dio lugar la crisis. El mundo entró en la crisis con un grado de internacionalización del capital muy superior al que existía previamente. Esto es el resultado de una tendencia estructural, de largo plazo, que no se ha revertido.

Una conclusión política:

De los análisis y las hipótesis que se han discutido –tendencia hacia la autarquía o tendencia a mayor mundialización– se desprenden dos políticas estratégicas para los trabajadores y los movimientos de resistencia al capital.

De acuerdo a una visión, habría terreno para desarrollar nuevamente políticas “nacional centradas”; algunos dirán, en alianza con las fracciones proteccionistas y nacionalistas de las clases dominantes.

De acuerdo a la segunda visión, que hemos defendido en esta nota, es necesario que el trabajo empiece a desplegar una estrategia internacionalista de resistencia al capital. Esta conclusión se asienta en los rasgos más profundos de la actual economía capitalista.

Textos citados:

  • G. Arrighi (1978): La geometría del imperialismo, México, Siglo XXI.
  • C. P. Kindlerberger (1985): La crisis económica 1929-1930,  Barcelona, Crítica.
  • A. Maurer y C. Degain (2010); “Globalization and trade flows: what you see is not what you get!”, WTO, Staff Working Paper, ERSD-2010-12.


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Crisis y mercado mundial

Written by rolandoastarita

24/07/2010 at 20:20

Publicado en Economía

2 comentarios

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  1. Profesor, podria ampliar un poco la idea de Mandel de la cual usted escribió: ¨la centralización del capital no operaba a escala internacional¨ y que relacion tiene esto con que el capital se identificara con sus Estados nacion?

    alfonso

    07/04/2013 at 03:17

    • No puedo responder todas las cuestiones que pregunta, debería escribir un libro. De manera sintética, sobre esta cuestión: Mandel planteó que en la época en que escribieron Lenin y Bujarin sobre el imperialismo, las fusiones de empresas (o sea, la centralización del capital) operaba principalmente a nivel nacional. La corporación transnacional no era común. Esto permitía una clara identificación de los grandes capitales con “su” Estado. Hoy esto se ha atenuado, y mucho. En muchas de las grandes corporaciones los paquetes accionarios están muy distribuidos internacionalmente. Una empresa puede figurar con sede en Madrid, pero cotiza en Nueva York, y puede tener más del 50% del paquete accionario en manos de inversores no españoles, etc. La tesis de Giovanni Arrighi (“La geometría del imperialismo”) es que esta internacionalización de la propiedad del capital es la que ha puesto límites (o al menos, ha contribuido a ponerlos) a los enfrentamientos entre las potencias.

      rolandoastarita

      07/04/2013 at 09:20


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