Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Costo de producción, teorías subjetiva y objetiva del valor

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Al terminar la nota anterior (aquí) señalé que es un error sostener que existió una única teoría clásica del valor, que habría comprendido a Smith, Ricardo y Mill (y Marx), y se habría prolongado en la obra de Marshall, para llegar a Keynes. El hecho de que todos estos autores hayan sostenido que en el largo plazo el precio normal es igual al costo de producción, no debería llevar a engaño. Si el precio de equilibrio está determinado por el costo de producción, lo que desaparece es el rol preponderante de la demanda en la determinación de ese precio de equilibrio. Pero esto no significa que haya coincidencia en la teoría del valor que sustenta el costo de producción. La realidad es que las teorías del valor de Mill y Marshall, y la de Ricardo y Marx, en base a las cuales se explican los costos de producción, son muy distintas. Marshall y Mill tienen una teoría del costo de producción basada en una perspectiva subjetivista, y Ricardo y Marx en una teoría del valor objetiva, basada en los tiempos de trabajo. De hecho, solo Ricardo se mantuvo, en el pensamiento clásico, dentro de la teoría del valor trabajo. Precisemos: la teoría del valor trabajo sostiene que el valor agregado solo proviene del trabajo humano empeñado en la producción. Esto es, no proviene de la tierra (o de factores naturales) ni de la máquina, u otros “bienes de capital”; y tampoco de algo así como la abstinencia, la espera o el riesgo. Éste es el punto de coincidencia central entre Ricardo y Marx (aunque tienen versiones muy distintas de la teoría del valor trabajo) y de diferencia con Mill, Marshall o Keynes. Para explicar la cuestión, en esta nota reseño las explicaciones de Smith, Mill y Marshall sobre el costo de producción, a fin de que se pueda apreciar la diferencia que media entre estas posturas, y las de Ricardo o Marx.

Costo de producción en Smith

Empecemos observando que en Smith encontramos dos teorías del “valor trabajo”, y una teoría del costo de producción, que son contradictorias entre ellas. Por un lado, está la idea de que el valor se deriva del trabajo invertido en la producción del bien. Esto habría regido en el estadio primitivo de la sociedad, y es propiamente la teoría del valor trabajo “a lo Ricardo”. Aplicada esta idea a la sociedad moderna, la ganancia surgiría como una de las partes en que se descompone el valor de la mercancía: valor que ha sido generado por el trabajo. En segundo término, Smith sostiene que el valor de la mercancía es igual al trabajo que la misma puede comprar. Lo cual lo lleva a salir, de hecho, de la primera teoría, ya que en la sociedad capitalista una mercancía puede comprar más trabajo (fuerza de trabajo, en realidad), del que ella misma encierra en su producción. En tercer lugar, presenta una teoría del costo de producción, o precio natural, según la cual éste sería igual a la suma del salario, la ganancia y la renta.

Dadas estas diversas concepciones, se entiende que el costo de producción, en Smith, no siempre es igual a los tiempos de trabajo invertidos, como sucede en Ricardo. Lo es cuando sostiene que el valor de las mercancías se divide en salario, ganancia y renta, pero no lo es cuando afirma que el valor se compone de salario, ganancia y renta, como si cada una de éstas partes concurriera de forma independiente a la formación del valor. La primera idea la encontramos, por ejemplo, en el siguiente pasaje del capítulo 6 de La Riqueza…: “… el valor que el trabajador añade a los materiales se resuelve en dos partes; una de ellas paga el salario de los obreros, y la otra las ganancias del empresario, sobre el fondo entero de materiales y salarios que adelanta” (p. 48). También un poco más adelante sostiene que “el precio o valor en cambio de cada mercancía en particular, y tomada separadamente, se resuelve en una o en otra de estas tres partes (se refiere al salario, la ganancia y la renta)…” (p. 51). Observemos que, de acuerdo a esta concepción, si los salarios aumentan, bajan las ganancias, o las rentas, o ambas, ya que lo dado, la fuente originaria, es el valor (determinado por el trabajo), a partir del cual se dividen las partes.

Sin embargo, casi a continuación, Smith escribe: “Salarios, beneficio y renta son las tres fuentes originarias de toda clase de… valor de cambio” (pp. 51-2). Aquí, los salarios, los beneficios y las rentas surgen como variables independientes, que van a formar el precio. Por lo tanto, de acuerdo con esta segunda concepción, la variación de cualquiera de estas variables afectará el precio. Smith lo expresa con claridad: “El precio natural varía con al tasa natural de cada una de sus partes componentes: salarios, beneficio y renta” (p. 61: énfasis agregado). Ahora la ganancia no aparece como una parte del valor agregado por el trabajo, sino como un plus cuya naturaleza y origen no están especificados. Estamos en presencia de un giro abrupto; Marx señala que Smith “da media vuelta de repente, y en lugar de resolver el valor de cambio en salarios, ganancias y renta del suelo, declara que éstos son los elementos que constituyen el valor de cambio, los convierte en valores de cambio independientes que constituyen el valor de cambio del producto; constituye el valor de cambio de la mercancía con los valores de los salarios, la ganancia y la renta del suelo, que se determinan en forma independiente y por separado” (Marx, 1975, p. 185, t. 2). Pero con esto, como señala Marx, solo desplazó la cuestión de qué determina el valor de la mercancía (identificado con el costo de producción) a la cuestión de qué determina el salario, la ganancia y la renta. Y la respuesta de Smith a este problema no es respuesta, ya que asume que existen una ganancia media y unos salarios medios, fijados por la competencia, que están “dados”. El problema es que la competencia no explica la naturaleza de la ganancia, o del salario; solo da cuenta del mecanismo por el cual tiende a establecerse un salario medio, o una ganancia media entre ramas, pero no dice palabra sobre por qué esas medias deben ser tales o cuales. El error reside en haber supuesto que la ganancia y el salario preceden al valor. Pero solo si se explica el valor se pueden explicar los salarios y las ganancias.

Es difícil exagerar la importancia de este planteo de Smith. La inclinación a considerar “dada” la ganancia ha sido marcada en la tradición keynesiana, y se mantiene hasta el día de hoy en la tesis de que los precios se forman agregando un plus a los costos salariales; plus o excedente que parece caído del cielo. Con esto también, se abría la puerta para una explicación subjetiva de la ganancia, y con ello del costo de producción.

En Mill

Mill, a igual que Ricardo, plantea que los precios de los bienes que se pueden reproducir con trabajo y capital (y por lo tanto están sometidos a competencia) tienden a alinearse con los costos de producción, o valor natural, o precio natural. El costo de producción, a su vez, está compuesto de salarios y ganancias; pero a diferencia de Ricardo o Marx, las ganancias no tienen como fuente el trabajo, sino la abstinencia. De manera que el valor de las mercancías está compuesto por salarios, que remuneran el trabajo empleado, y las ganancias, que remuneran la abstinencia: “… los productos, o el valor de los mismos, tienen que bastar para remunerar, no sólo todo el trabajo que se precisó, sino también la abstinencia de las personas que anticiparon lo necesario para remunerar a las distintas clases de trabajadores. La retribución por la abstinencia es la ganancia” (p. 467). Una teoría que ya había sido adelantada por Senior, quien trataba de superar los problemas que habían enfrentado McCulloch y James Mill para congeniar la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia con la teoría del valor trabajo de Ricardo. Senior sostuvo que el costo de producción era igual a la suma del trabajo y de la abstinencia necesarios para la producción. Según Senior, “quien convierte su renta en capital se abstiene del goce que su inversión le permitiría” (citado por Marx, 1975, p. 26, t. 3). De esta manera explicaba por qué el vino estacionado tiene un mayor precio que el vino no estacionado (aunque no se haya empleado más trabajo).

Lo importante es que con esto se incluían fuertes elementos de subjetivismo en la teoría del valor (o del costo de producción), y Mill acepta esta explicación de Senior. Agreguemos que también da mucha más importancia que Ricardo a los bienes que no son reproducibles (esto es, con una curva de oferta vertical), donde la demanda decide, una vez que está establecido el precio base. Y establece una tercera categoría de bienes, típicamente los agrícolas, con curva de oferta positiva, donde los precios de equilibrio tampoco coincidirían con los costos de producción. Mill, más que un continuador de la escuela ricardiana, participa de su desintegración

En Marshall

Marshall da todavía otro paso hacia la consolidación de la teoría subjetiva. Sostiene que en el corto plazo el precio está determinado por la intersección de las curvas de oferta y demanda. La demanda depende de la utilidad y tiene pendiente negativa; y la curva de oferta está regida por el costo. En el corto plazo la curva de oferta es de pendiente positiva porque cuando aumenta la demanda, la oferta responde, pero a costos crecientes (1890, libro V, capítulo v, apartado 5; en adelante citaré solo los números). Así, las “dos hojas de la tijera” determinan simultáneamente los precios.

Sin embargo, en el largo plazo Marshall sostiene que el valor de la mercancía tenderá a oscilar hacia su costo de producción (V, iii, 6 y 7). En particular, éste sería el caso de las mercancías producidas conforme a la ley de los rendimientos constantes. Si la demanda aumenta, el precio de mercado aumentará por un tiempo, pero luego se expande la producción y el precio vuelve al costo de producción. Entonces, sostiene Marshall, se puede ignorar el efecto de la demanda en el largo plazo (V, iii, 7), y el precio normal es el que se iguala a los costos de producción. Esto es, en el corto plazo habría mayor influencia de la demanda (o sea, la utilidad) sobre el valor, pero en el largo plazo habría mayor influencia de los costos de producción. Dado que Marshall sostiene que los costos de producción son “los esfuerzos y sacrificios que se han dedicado, directa o indirectamente, a la producción” (V, iii, 6), algunos economistas han interpretado que Marshall se estaría ubicando en la tradición de la teoría del valor de los clásicos. Por ejemplo, el doctor Axel Kicillof sostiene en su tesis doctoral que de esta manera Marshall “comparte el resultado ricardiano, que iguala el precio normal a los costos de producción” (2005, p. 48), y que “rescata los aspectos fundamentales de la explicación de Ricardo y Mill” (p. 53).

Estamos ante un evidente error de interpretación. Ya hemos visto que la teoría de Mill se alejó, y mucho, de la explicación de Ricardo. La abstinencia como generadora de valor tiene poco que ver con la teoría del valor trabajo. Y esto es también lo que repite Marshall. Sólo que cambia el término abstinencia por otro más neutro, la “espera” requerida para ahorrar el capital empleado en hacer la mercancía (V, iii, 2). Recuerdo que Keynes tiene la misma explicación sobre el origen de la ganancia. Este solo hecho bastaría entonces para no ubicar a Marshall o Keynes en la teoría del valor trabajo (véase aquí en lo que respecta a Keynes). Pero además, en Marshall la oferta de trabajo depende principalmente de superar el rechazo a padecer la desutilidad (discommodity) del trabajo, que aumenta con su intensidad y duración. Esto también se ubica en la perspectiva de la teoría subjetiva. Recordemos que en la teoría del valor trabajo lo que importa es el tiempo de trabajo (una magnitud objetiva, relacionada con intensidad y gasto de energía), y no el estado de ánimo del trabajador. Esta cuestión es muy bien sintetizada por Shove (1942), un referente marshalliano en Cambridge de principios de siglo XX. Explicaba Shove que para Ricardo el trabajo no es desutilidad (al pasar, tampoco para Marx) sino la fuerza productiva disponible en la comunidad, y el costo de algo es la cantidad empleada de esa fuerza para producirla, y no el sacrificio empleado en ello. De manera que hay una concepción psicológica en la teoría del costo de Marshall. Más en general, Marshall consideraba el comportamiento del mercado como un reflejo del balanceo de motivos divergentes en las mentes de los seres humanos, por un lado las satisfacciones (o el impulso a obtenerlas) y por el otro las insatisfacciones (o la aversión a ellas) (véase Shove, 1942, p. 305). Es entonces una teoría económica sustentada en el cálculo del placer-pena (“pain”). Con este encuadre teórico, es imposible hablar de una teoría del valor objetiva, por más que en el largo plazo la curva de oferta sea horizontal y el precio de equilibrio se iguale al costo de producción. Estamos muy lejos de Ricardo, o Marx.

En conclusión, puede observarse que no toda teoría que dice que el precio de equilibrio es igual al costo de producción es una teoría del valor trabajo. De hecho, entre los economistas clásicos, sólo Ricardo fue partidario de la teoría del valor trabajo, ya que fue el único que concibió a la ganancia como una deducción del trabajo (aunque no pudo explicar el mecanismo por el que se producía). Smith mantuvo una posición híbrida, por decir lo menos, y Mill terminó adoptando la posición de Senior sobre la ganancia como premio a la abstinencia. En cuanto a Marshall, consolidó este giro hacia una teoría subjetiva del valor.

Textos citados:
Kicillof, A. (2005): “Génesis y estructura de la Teoría General de Keynes”, Tesis doctoral, Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas UBA.
Marshall, A. (1890): Principles of Economics, http://www.econlib.org/library/Marshall/marP.html
Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Mill, J. S. (1943): Principios de Economía Política, México, FCE.
Shove, G. (1942): “The Place of Marshall’s Principles in the Development of Economic Theory”, The Economic Journal, vol. 52, pp. 294-329.
Smith, A. (1987): La riqueza de las naciones, México, FCE.


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Costo de producción, teorías subjetiva y objetiva del valor

Written by rolandoastarita

04/02/2013 a 10:41

59 comentarios

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  1. Montevideo, 4 de febrero 2013 Estimado Rolando Aunque no estoy colaborando en el blog, leo todo lo que me envia, asi que sigan enviando nomas que todos los temas son interesantes. Muy clarificador su video en la Universidad de Quilmes sobre las posiciones de Lenin, los mencheviques y Trotsky respecto al desarrollo del capitalismo en Rusia saludos, ariel

    Date: Mon, 4 Feb 2013 13:55:52 +0000 To: arielquiroga94@hotmail.com

    Ariel Quiroga Quiroga Fontes

    04/02/2013 at 19:16

    • ¡? ¿podrían por favor poner aquí un enlace a ese video o a otro lugar donde se pueda consultar esa conferencia?

      escaiguolquer

      05/02/2013 at 09:06

    • ¿no tienen un enlace o algún lugar con ese contenido?
      Por favor, me interesaría mucho.
      gracias

      escaiguolquer

      06/02/2013 at 20:28

  2. hola rolando
    Como es posible que se congelen los precios por dos meses?
    No es que los precios no son determinados por la politica o el estado?
    Y otra pregunta por que si los precios tienden a un equilibrio y a una media, por que hay tal dispersion de precios hasta dentro de la misma cadena?

    Alicia

    05/02/2013 at 14:40

    • Estas medidas antiinflacionarias nunca dieron resultado alguno. Es imposible disponer los precios por decreto. Es posible que desde el punto de vista político esta “tregua” de dos meses sea utilizada por el gobierno para presionar a los sindicatos en las negociaciones salariales. Esto es, un argumento del tipo “ya logramos aquietar los precios, ahora los sindicatos deben poner su parte, moderando sus exigencias”, etc. Pero la dinámica inflacionaria no la van a parar con esto.

      rolandoastarita

      05/02/2013 at 22:53

  3. gracias por la respuesta
    la otra pregunta es por que hay empiricamente tal dispersion de precios hasta sobre la misma mercancia?

    Alicia

    06/02/2013 at 14:53

    • No conozco sobre este tema de la dispersión.

      rolandoastarita

      06/02/2013 at 17:23

    • Alicia: creo que lo que la confunde es que los precios que tienden a un equilibrio y a una media son los “precios de producción”. Los “precios de mercado”, los efectivos, son los que cada vendedor es capaz de conseguir en cada venta concreta, y los que están “dispersos”. Aunque no pueden mantenerse muy “dispersos” ni durante mucho tiempo respecto de los precios de producción, porque actúan las leyes de la competencia. Una buena operación (normalmente aprovechando una posición de debilidad o especial necesidad de la otra parte, lo que tradicionalmente se denominaba usura) puede modificar un precio arriba o abajo y un decreto del gobierno puede establecer una ventaja para una de las partes, un privilegio, pero como dice Rolando, contra las leyes subyacentes de la economía capitalista esos decretos pueden poco (y, por cierto, eso es lo que permite que haya una ciencia económica que merezca tal nombre, a pesar de las payasadas subjetivistas de la economía convencional).
      Lo verdaderamente importante es que cada precio de mercado que se sitúa por encima del correspondiente precio de producción implica una transferencia de valor del comprador al vendedor porque (y esto es muy importante) sólo la producción crea valor, la circulación es incapaz de ello. De este modo, los precios de mercado pueden variar alrededor de los precios de producción, pero no cambiar la suma de valor implicada porque esta está determinada por el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario para esa producción.
      Por cierto -aunque esto sea colateral- que la misma fijación de los precios de producción por la tendencia a la igualación de las tasas de ganancias entre capitales (la famosa “transformación de valores en precios”) sigue la misma lógica de transferencias de valor entre los implicados, sin dar lugar en ningún caso a variaciones en la suma total de valores.

      escaiguolquer

      06/02/2013 at 20:21

  4. Hola profesor,
    A raíz de su escrito, reflexiono sobre la temporalidad distinta en los clásicos y los neoclásicos. Por decirlos de algún modo, los clásicos hasta Marx parecen concebir el tiempo económico como tiempo de producción, llegando a un planteamiento parecido al largo plazo de los neoclásicos (en Marshall) donde el “ahorro” está unido al tiempo. Sea este tiempo de espera o de ahorro, un tiempo usado en producir. Un tiempo de la producción, bajo la forma de función Oferta. Ese largo plazo en el caso de Marx, tenderá hacia un tiempo histórico que acaba siendo casi propio de la lógica de la Razón o Espíritu, hegeliano. Llegando a ser un tiempo que podríamos llamar “absolutamente objetivo”.

    Por otro lado, los neoclásicos piensan en el corto plazo, en el cortísismo plazo, propio de una Demanda que marca el rumbo de los acontecimientos (equilibrios de mercado). Tiempo de la demanda, que ajusta el análisis al corto plazo, donde no hay ya “tiempo de espera ni de abstinencia” alguna. No hay tiempo tampoco para la actividad de la Producción, ni para la función Oferta. Lo que cuenta es el tiempo corto de la utilidad como satisfacción a la necesidad de los demandantes. Esta economía del corto plazo, invoca a las leyes de la demanda, de la utilidad marginal y se desentiende de la producción, del trabajo. No hay espera, ni ahorro, sino crédito y exigencia de capital-sin espera alguna. La espera ahora, estará del orden del capital-a-préstamo. Es la espera de la devolución del capital prestado y los intereses. Es la espera de aquel capital ficticio que prescinde de la lógica de la producción, de la inversión productiva. Es la espera del capital ocioso, que se sale del círculo de la producción, del ámbito de la oferta. Es la espera inmediata del crédito, del capital prestado. Ya no para la producción sino para el consumo. El corto plazo del mercado, lo guían ahora el consumo, el crédito y los intereses que se reproducen a sí mismos.
    Luego ese tiempo de la demanda de dinero, se vuelve aún más instantáneo hasta convertirse en el tiempo online de los intercambios en un nuevo mercado: el bursátil. Donde el trabajo, la producción y la oferta de mercancías es sustituido por el interés financiero y el valor-sin-trabajo en el trading financiero.
    ERS

    ERS

    06/02/2013 at 20:14

    • Dos observaciones: a) en el esquema walrasiano directamente no hay tiempo. Walras elimina el tiempo cuando llega al mercado laboral. Aquí el problema es que no hay forma de abonar el salario según la productividad marginal si no se conoce la producción; pero para conocer la producción hay que conocer la demanda; para lo cual es necesario conocer el ingreso de los trabajadores; para lo cual es necesario conocer el salario que se les va a pagar, que depende del volumen de la producción, etc. De manera que no hay tiempo económico, todo se decide simultáneamente. Y una economía sin tiempo no existe, es una entelequia.
      b) la eliminación del tiempo implica la eliminación de la certidumbre. Al respecto, es interesante el esquema de Hicks del IS-LM. El propio Hicks, en una especie de revisión autocrítica del modelo (realizada en 1980, según recuerdo) explica que eliminó toda incertidumbre keynesiana reduciendo el corto plazo de Keynes, que era de un año, aproximadamente, a una semana. En este cortísimo plazo los empresarios deciden continuar la producción al nivel de la semana anterior. Esto es, de hecho desaparece el tiempo. Observemos que en la enseñanza usual de Macro, con el IS-LM (o con la demanda y oferta agregadas) el problema del tiempo está eliminado. Esto lleva a que en principio no hay diferencias temporales en los ajustes del mercado de bienes (IS) y el mercado monetario (LM). Pero siguiendo la lógica del modelo, los mercados de bonos ajustan muy rápidamente (el efecto de la tasa de interés sobre el precio del bono), en tanto que la curva IS tendría un ajuste “real” de mediano plazo (aceptando que la tasa de interés gobierna la inversión, ¿cuánto tarda en hacer efecto una baja de la tasa sobre la decisión de inversión, luego el pasar de la decisión a su realización efectiva, y de ahí a que se agoten las “rondas del efecto multiplicador?). Todo esto se barre debajo de la alfombra, no se problematiza, y el tiempo desaparece. Los ajustes parecen instantáneos (el cálculo y la geometría ayudan a la impresión) y los alumnos se olvidan de la dimensión temporal por completo.

      rolandoastarita

      06/02/2013 at 22:32

  5. Hola, le quería consultar su opinión sobre el capítulo II de “Valor, acumulación y crisis”, de Shaik, sobre la relación de la teoría del valor y los precios.

    LGJP

    07/02/2013 at 16:51

    • No tengo ahora a mano el libro de Shaikh para consultarlo y escribir una respuesta.

      rolandoastarita

      08/02/2013 at 11:15

  6. ¿Creo entender que si bien el proponer que los precios en el largo plazo tienden a los costos de producción no implica aceptar la teoría laboral del valor, lo que si hace es invalidar la teoría de la utilidad marginal no?

    Si no estoy equivocado, ¿como es que Mills, Marshall y Keynes fueron seguidores de la teoría subjetiva del valor y a la vez proponían que los precios a largo plazo tienden a los costos de producción, o sea, precisamente eliminar el subjetivismo de la formación de los mismos?.

    Carlos

    10/02/2013 at 23:05

    • Si los precios en el largo plazo tienden a los costos de producción, lo que se desaparece es el rol determinante de la demanda sobre los precios; esto es, la idea de que los precios son determinados exclusivamente por la demanda (Jevons, Menger) o por “las dos hojas de la tijera” (el planteo tradicional de Marshall, que recogen los libros de micro). Pero esto no significa que necesariamente desaparezca la concepción subjetiva. Al establecer el costo de producción como determinante del precio de largo plazo, Mill y Marshall apelan a variables subjetivas (la más “notoria”, la explicación de la ganancia por la abstinencia o la espera). Por eso, se trata de un error importante sostener que la tesis de que el costo de producción determina los precios de largo plazo equivale a una formulación (aproximada, o cercana) de la teoría del valor trabajo.
      Sobre este tema hay bastante confusión en algunos ambientes académicos de Argentina. Personalmente, pienso que es un disparate teórico pretender encontrar la teoría del valor trabajo en Marshall; o en Keynes (sobre el error de atribuir la teoría del valor trabajo a Keynes, ver aquí). No tengo claro hasta qué punto el disparate se ha extendido entre los economistas kirchneristas.

      rolandoastarita

      11/02/2013 at 10:12

  7. Por otro lado, leyendo un libro de Jacques Governeur, “Comprender la economía”, en el que parte de “El Capital” y sigue las ideas de la escuela económica marxista, veo que hace unas puntualizaciones que a mi me parecen interesantes, quizás estén también en “El Capital”, pero el lo explica de una manera muy sencilla.

    Diferencia entre precios simples que son los precios teóricos que son exactamente proporcionales a los valores, y precios de mercado que son los precios vigentes, los precios por los cuales se compran y venden las mercancías.

    Las diferencias entre estos dos precios el las explica por el intercambio desigual, que se debe a que los diversos productores tienen un poder de mercado desigual.

    Y los factores que influyen en el poder de mercado los sintetiza de la siguiente forma:

    -Desequilibrios entre oferta y demanda
    -Intensidad de la competencia
    -Presiones a las autoridades públicas
    -Diferenciación de productos y preferencias de los consumidores

    Termina argumentando lo mismo que Marx, que usted y que yo con mis pocos conocimientos también intuyo, que los precios de mercado son meras desviaciones de los precios simples por esas razones antes expuestas, y que como los precios simples están determinados por los valores, la conclusión es que los precios de mercado están basicamente determinados por los valores.

    Me parece interesante el añadir a la teoría del valor trabajo el tema de las preferencias de los consumidores, no negarse en rotundo a la idea de que también la subjetividad de los mismos tiene una influencia en el precio de mercado, .., aunque esta por supuesto no sea la más importante.

    Esto podría ser una forma de introducir la teoría subjetiva del valor dentro de la teoría laboral y hacerlo de una forma anecdótica, .. , como una teoría que puede explicar un factor que modifica minimamente los precios de mercado en un momento dado.

    ¿Esto no sería un torpedo en la linea de flotación marginalista?

    Gracias

    Carlos

    10/02/2013 at 23:19

    • Mi argumento (pienso que es el de Marx) sería un poco distinto. Habría tres niveles de precios. Los precios directamente proporcionales a los valores, esto es, los precios que teóricamente regirían si no hubiera igualación de la tasa de ganancia. Los precios de producción, que son los precios que teóricamente rigen si existe igualación de la tasa de ganancia. Y los precios de mercado, que son los que efectivamente registramos. Los precios de mercado están sometidos a las variaciones de la oferta y la demanda, y toda una serie de variables contingentes (entre ellas, intervención o no del Estado, etc.). Los precios de mercado tienden a oscilar en torno a los precios de producción.

      rolandoastarita

      11/02/2013 at 10:16

    • Muchas gracias por sus respuestas, .. , poco a poco voy encajando las piezas. El pensamiento de Marx es maravilloso, su forma de ir tejiendo la madeja, .. , pero exige mucho también al lector.

      Sin investigadores y divulgadores en castellano de el pensamiento de Marx como usted, este estaría perdido y creo que es el mejor momento posible para hacerlo otra vez visible. Es increíble como se ajusta la Europa de 2013 a lo que Marx dedujo de sus investigaciones científicas, yo soy español de Asturias pero vivo en Londres desde hace 2 años trabajando como asalariado y creo que esta ciudad es uno de los mejores lugares para entender las contradicciones del capitalismo.

      Al final de mi calle veo los rascacielos de la City, el barrio financiero más grande del mundo, en el escaso kilómetro que hay caminando hasta allí veo viviendas sociales tristes y descuidadas, tiendas de ultramarinos de hindúes con mercancías de muy baja calidad donde esta gente se pasan la vida entera trabajando por salarios de miseria, un hospital público donde cada vez dan peores servicios sanitarios, mercados callejeros donde los musulmanes venden sus bagatelas hasta llegar a la cuna del capitalismo, donde se juega con la vida de países, de continentes enteros especulando con alimentos, con armas, con mercados de personas, con dinero de la delincuencia……

      Carlos

      12/02/2013 at 08:55

  8. En cuanto a su respuesta, pues veo que tengo que estudiar bien la igualación de la tasa de ganancia y la ley de la oferta y la demanda para el marxismo antes de hacer más preguntas.

    Un saludo

    Carlos

    12/02/2013 at 08:58

  9. excelente articulo. Pero tengo una duda profesor. Para Marx como influía la oferta y la demanda en el precio si este ultimo era producto del trabajo? como se conecta la teoría valor-trabajo con la de la oferta y la demanda o no tiene ninguna coneccion?

    Alfonso

    14/02/2013 at 00:57

    • Agregado: es un error importante pensar que en la teoría de Marx la oferta y demanda no juegan ningún rol. Marx sostiene que la oferta y la demanda no explican los precios de producción. Pero por otra parte, la ley del valor trabajo solo opera a través de las variaciones de la oferta y la demanda.

      rolandoastarita

      14/02/2013 at 09:45

  10. Por ende, la teoría del valor-trabajo y la teoría del precio de producción no son teorías de dos tipos diferentes de economía, sino de la misma economía capitalista considerada en dos niveles diferentes de abstracción científica. La teoría del valor-trabajo es una teoría de la economía mercantil simple, no en el sentido que explica el tipo de economía que precedió a la economía capitalista, sino en el sentido que sólo describe un aspecto de la economía capitalista, a saber, las relaciones de producción entre productores de mercancías características de toda economía mercantil.

    idebenone

    16/02/2013 at 11:13

    • Si, pero ¡ojo! no son dos “teorías”. El precio de producción es una categoría (un “concepto”) que forma parte de la teoría del valor-trabajo.
      La teoría del valor-trabajo es una teoría del valor EN UNA ECONOMÍA CAPITALISTA. Por eso es más apropiada para el capitalismo global financiero especulativo de principios del siglo XXI que para la “economía mercantil simple” (que por otra parte es también un concepto abstracto porque como tal no existió nunca en ningún lugar, salvo como islas residuales de producción mercantil en los intersticios de una economía feudal tardía y una economía capitalista naciente)

      escaiguolquer

      18/02/2013 at 05:56

  11. Voy a decir una tontería, pero según la tesis de Marshall, el precio viene como resultado de una tijera formada por una demanda-como-utilidad marginal y por una oferta-como-aversión al riesgo.
    De modo que si la “utilidad marginal”sirve como medida de la satisfacción (tradición de Jevons, Menger), la probabilidad servirá (en un futuro de la teoría neoclásica) como medida de la insatisfacción(=aversión al riesgo).

    Pero entonces, parece que en el corto plazo, el poder del factor demanda sea más potente que el factor oferta para marcar el valor de la mercancía. Es decir, la utilidad marginal es más potente como concepto, que el de la aversión-al-riesgo. Sin embargo, en la largo plazo la cosa se invierte: quiero decir que entonces la teoría ha de tomar parte en la potencia del concepto de oferta entendida bajo el instrumento metodológico de la aversión-al-riesgo. La medida de esta aversión al riesgo la da otro concepto: utilidad-logarítmica. Dándose en realidad un supuesto fenomenológico que es el siguiente: solo hablaríamos de largo plazo cuando la aversión al riesgo es nula o cercana a ella. En realidad, este supuesto es inútil, entonces solo podremos hablar o teorizar a partir de entonces, bajo la mirada del riesgo, de su aversión. Es decir en términos de insatisfacción que vendrá mesurada por el concepto otro de “utilidad”: la utilidad logarítmica.

    Se establece como soporte fundamental de la teoría neoclásica: el concepto de Utilidad (subjetiva). Pero mientras en el corto plazo la satisfacción de la demanda (como función derivada) y su mesura (utilidad marginal) son los que se imponen en la tijera de corte. Sin embargo, en el plazo instantáneo o proceso autorregulador casi instantáneo (trading y mercados bursátiles, por ejemplo) se impondrá la “insatisfacción” o la aversión-al-riesgo de la Función Oferta (función exponencial) medida con la “utilidad logarítmica”.

    Saludos profesor.
    ERS

    Enrique

    16/02/2013 at 21:46

  12. Luego de esta reflexión, recojo lo que dice usted sobre Marshall: “se puede ignorar el efecto de la demanda en el largo plazo (V, iii, 7), y el precio normal es el que se iguala a los costos de producción”.

    Pero además comenta que “Marshall sostiene que los costos de producción son los esfuerzos y sacrificios que se han dedicado, directa o indirectamente, a la producción” (V, iii, 6), algunos economistas han interpretado que Marshall se estaría ubicando en la tradición de la teoría del valor de los clásicos (…) Estamos ante un evidente error de interpretación. Ya hemos visto que la teoría de Mill se alejó, y mucho, de la explicación de Ricardo. La abstinencia como generadora de valor tiene poco que ver con la teoría del valor trabajo. Y esto es también lo que repite Marshall. Sólo que cambia el término abstinencia por otro más neutro, la “espera” requerida para ahorrar el capital empleado en hacer la mercancía (V, iii, 2). Recuerdo que Keynes tiene la misma explicación sobre el origen de la ganancia. Este solo hecho bastaría entonces para no ubicar a Marshall o Keynes en la teoría del valor trabajo (véase aquí en lo que respecta a Keynes). Pero además, en Marshall la oferta de trabajo depende principalmente de superar el rechazo a padecer la desutilidad (discommodity) del trabajo, que aumenta con su intensidad y duración. Esto también se ubica en la perspectiva de la teoría subjetiva.”

    Es decir, que Marshall piensa que en el largo plazo el valor lo acaba marcando el costo de producción. Pero ese costo de producción es pensado a su vez como “espera-abstinencia requerida”… para ahorrar el capital empleado. Esta idea enlaza con la concepción de la teoría de la preferencia temporal de los bienes y por tanto también con el costo-de-oportunidad. Parece entonces que el “viejo” costo de producción (valor trabajo y teoría de la plusvalía) en realidad se acaba transformando en la teoría neoclásica en costo de oportunidad (teoría del valor como utilidad).

    ERS

    Enrique

    16/02/2013 at 22:07

    • Una de las muchas preguntas sobre las que aún no he encontrado respuesta tiene que ver con el papel de las patentes (y también de las marcas) :¿son o no son una mercancías?. Es evidente que juegan un rol importante en el proceso de producción, a veces tan importante incluso como las materias primas y las máquinas y en ambos casos estamos frente a mercancías que se consumen de manera productiva. Pero la tierra sobre la que se construyen las fábricas también juega un papel productivo y, a pesar de ello no es una mercancía ya que no incorporan valor y la contabilidad capitalista tampoco la incorpora como coste de producción. En cierta medida, las patentes guardan similitud con la tierra pero no es cierto que no lleven trabajo incorporado y por otra parte sí que se incorporan como costes a través de la amortización. Y de ahí se desprenden todas mis dudas.¿No estaríamos además ante un supuesto que se trata de manera diferente en función de la escuela económica que aborde el tema?

      Victor Cruz

      18/02/2013 at 16:20

    • La tierra es una mercancía, pero no tiene valor (sí precio), según la teoría de Marx. La innovación tecnológica, en cambio, tiene trabajo incorporado (generalmente trabajo complejo), así como el valor de medios de producción (por caso, laboratorios). Como tal, entra en el valor del producto final. Por ejemplo, un laboratorio carga en los precios de los productos los gastos de investigación y desarrollo. Lo mismo se aplica si el laboratorio innovador vende la patente a otro laboratorio.
      Aprovecho para decir que es una tontería sostener, como hacen algunos, que la teoría del valor de Marx no es aplicable a la sociedad “del conocimiento” (esto es, a las innovaciones).

      rolandoastarita

      18/02/2013 at 16:43

  13. No resuelve mis dudas. Según algunos autores, la obras de arte no son mercancías debido a que no son reproducibles, lo que no evita que tengan precio y que se puedan mercantilizar, ¿no ocurre lo mismo con las marcas y con las patentes, que precisamente se caracterizan por su condición de ejemplar único?. Por otra parte, para que una cosa sea una mercancía debe ser producida por el trabajo humano . Entonces ¿considera usted que la tierra ha estado producida por el trabajo?. La tierra se suele mercantilizar, como también se mercantiliza el honor o incluso la dignidad o el voto político, pero una cosa es que se mercantiliza y otra que reúna la condición de mercancía. Esta condición proviene de la suma de la utilidad y el valor. Por otra parte, Marx analiza magistralmente las consecuencias que tuvo sobre el valor la introducción de la máquina. Pero no acabo de ver como la innovación en si se puede considerar una mercancía. ¿Fue una mercancía el invento de la máquina de vapor, o por el contrario lo fueran sólo las máquinas concretas que se produjeron utilizando el invento? Este interrogante considero que también se debe abrir para analizar los inventos que se patentan. Lo mismo ocurre con las patentes que se apropian del conocimiento acumulado por la experiencia de varias generaciones. Por otra parte, el control de los avances tecnológicas gracias a las patentes permite su monopolio y esto facilita incrementar los precios sin necesidad de incrementar el valor, entendiendo como tal, a la cantidad de trabajo abstracto incorporado.

    Victor Cruz

    18/02/2013 at 17:40

    • He respondido según la teoría del valor de Marx, o de Ricardo. No puedo opinar sobre lo que sostienen “otros autores”. En la teoría de Marx, las obras de arte son mecancías desde el momento que van al mercado. En esto no cuenta en absoluto que sean reproducibles o no. Lo mismo sucede con la tierra.
      En cuanto a las patentes y marcas, en la medida en que haya un único vendedor, no estarán sometidas a la ley del valor. En la medida en que entran en competencia con otras marcas o patentes (pueden ser alternativas), actúa la ley del valor trabajo. A medida que avanza la producción capitalista, y que la investigacion y desarrollo se incorpora a la actividad rutinaria de las empresas, los costos de innovación (tiempos de trabajo invertidos) se incorporan a los costos de las mercancías (en la industria farmacéutica, por ejemplo).
      Por otra parte, la innovación puede plasmarse en una patente que se vende; o en un nuevo producto, por el cual el fabricante innovador gozará durante un tiempo de una plusvalía extraordinaria, que puede provenir de un precio de monopolio. Esto hasta que el nuevo bien sea sometido a la presión de la competencia. Por último, y esto lo enfatiza Marx en varios pasajes, los conocimientos acumulados a lo largo de generaciones le caen gratis al capitalista. Hoy ningún empresario debe pagar para que sus empleados investigadores paguen por la utilización de las leyes de la termodinámica, o de la genética, etc.

      rolandoastarita

      18/02/2013 at 17:55

    • La teoría del valor trabajo no es una teoría de “trabajo incorporado”, sino una teoría de “trabajo necesario para REPRODUCIR la mercancía”. Las cuentas que solemos hacer con el trabajo incorporado son cuentas para ilustrar o facilitar algún análisis concreto (bajo el supuesto, casi nunca explícito, de “condiciones normales”).
      Aunque la categoría mercancía se suele reservar para objetos (materiales o no) producidos para la venta y reproducibles, en ocasiones se utiliza para objetos no producidos (tierra) o no reproducibles (patente u obra de arte) que se compran y se venden. Esto no es ninguna herejía, pero es mejor evitarlo para evitar malentendidos.
      Más abajo contestaré a la cuestión de si las obras de arte o las patentes son reproducibles (que no lo son).
      Y ahora al meollo de la cuestión: que un objeto “incorpore” trabajo humano no quiere decir que sea una mercancía, si no puede obtenerse un número multiplicado de unidades de esa “mercancía” por adición de un número multiplicado de trabajo social (directo e indirecto).
      Así pues, ni el ser susceptible de venderse por dinero, ni el ser “objeto” de trabajo humano son garantías de ser “mercancías” en el sentido de la teoría del valor trabajo (valor, precio, regulado por la cantidad de trabajo social necesario para su reproducción).
      Por otro lado, debería quedar claro que esto no es ninguna limitación para la ley del valor trabajo como ley general para la economía capitalista, por dos razones:
      1. La inmensa mayoría, por no decir la práctica totalidad, de los objetos que se intercambian por dinero hoy en día son mercancías puras y duras.
      2. Los precios recibidos y entregados a cambio de objetos que no son mercancías sólo suponen transferencias de valor entre compradores y vendedores, exactamente en la misma medida que las modificaciones de precios implican transferencias de valor, por ejemplo, entre capitales con distintas composiciones orgánicas de capital al formarse precios de producción por el empuje de la competencia entre capitales individuales en persecución de un tipo uniforme de ganancia.
      En todo caso sólo la producción crea valor. La distribución, el intercambio, solo transfiere los valores preexistentes.

      escaiguolquer

      20/02/2013 at 10:52

    • Me causa conmoción su frase: “Aprovecho para decir que es una tontería sostener, como hacen algunos, que la teoría del valor de Marx no es aplicable a la sociedad “del conocimiento” (esto es, a las innovaciones).”
      Ahora bien digerida es cierto. Lo que no veo tan claro, es que si hablásemos de “sociedad de la información” en lugar de “sociedad del conocimiento”, ¿podríamos aplicar la lógica marxista?….
      Si el conocimiento es para usted, esencialmente innovación técnica y tecnológica (patentes, nuevas máquinas, y procesos), ¿incluye también, la novedad simple y sencilla entendida como “moda” o “tendencia”? Es decir, los cambios en los gustos del consumidor de los que resulta también la novedad (no tecnológica o material sino simbólica y psico-conductual de una masa de consumidores). La información es aquí aquello que querrá el consumidor en un futuro. Distinto del “conocimiento” entendido como saber cientifico-empresarial-tecnológico. El Marketing es información sobre los gustos del consumidor en este sentido, y no conocimiento técnico-material. Del mismo modo, la Información es el recurso o “capital” que sutituye al “bien de capital entendido como maquinaria o activo de producción” en este nuevo siglo del capitalismo. La información son “signos”, no son “cosas” o objetos producidos. Saltamos así de la metalurgia industrial a la semiurgia post-industrial. Antes lo empresarios no se llamaban así, se llamaban industriales. Eso muestra el salto hacia otra lógica del capital no marxista o no mediada por la producción de cosas gracias a bienes de capital en el sentido tradicional (tierra, recursos naturales, maquinaria, mercancías). ……Quisiera saber su opinión,

      ERS

      08/03/2013 at 10:02

    • Respondo brevemente, porque estoy con mucho trabajo: a) los cambios de moda y gustos de los consumidores implican cambios de la demanda, que a su vez generan cambios en la oferta. Desde el punto de vista de la teoría del valor trabajo significa que los consumidores están dispuestos modificar los tiempos de trabajo social asignados a la adquisición de algunos productos, a cambio de otros. En la medida en que la oferta se adapte a estos cambios (lo cual sucede en tanto hay competencia), en el mediano plazo los precios vuelven a oscilar en torno a los precios de producción (remito a las notas sobre competencia y teorías del valor).
      b) Un estudio de marketing exige tiempo de trabajo social (encuestadores, analistas de encuestas, etc.). Las empresas que producen esta mercancía (“informe sobre el mercado”, etc.) recargan sobre sus costos promedio (salariales, capital constante como pueden ser oficinas, programas de computación, etc.) una tasa de ganancia (que, producto de la competencia entre capitales, tenderá hacia la tasa media de ganancia).
      c) El conocimiento por sí mismo no elimina la necesidad del capital fijo. Es importante aclarar este tema, porque los neoclásicos han metido mucha confusión en este punto. Según los neoclásicos, la tecnología es una receta que se copia (Romer dixit), de manera que si un país atrasado como Argentina garantiza los derechos de propiedad intelectual, no debería invertir en ciencia ni investigación. Bastaría copiar la receta tecnológica (el conocimiento parece libre) y con ello estaría garantizado el desarrollo. Aunque parezc mentira, esto se ha sostenido en sesudos “papers”. La realidad es un poco distinta a esta historia. En prácticamente todos los campos del conocimiento hace falta invertir en medios para la investigación, así como en trabajo complejo. Desde fines del siglo XIX los departamentos de Investigación y Desarrollo se han incorporado a las grandes corporaciones (fue una de las ventajas de Alemania y EEUU con respecto a Gran Bretaña). Hoy, cuando una empresa farmacéutica, en biogenética, etc., encara un proyecto de desarrollo de un nuevo producto, o investigación, debe calcular fuerza de trabajo (compleja) + capital constante, y un tiempo promedio. En la medida en que este tipo de producción se hace habitual, esto se estandariza. Las inversiones en trabajo complejo son protegidas por las patentes; de manera que el valor agregado se recupera en la venta, etc.

      rolandoastarita

      08/03/2013 at 10:21

    • Señor Astarita no entiendo eso de que la tierra no tiene valor pero si precio, lo podría desarrollar un poco más, o darme algún enlace para informarme sobre ello.

      Gracias

      Carlx

      20/10/2013 at 20:17

    • Está explicado en el capítulo 1, tomo 1 de El Capital; y más específicamente, en la sección sobre la renta de la tierra del tomo 3.

      rolandoastarita

      20/10/2013 at 23:37

  14. No estoy de acuerdo con que las obras de arte no sean reproducibles, muy por el contrario, un copista talentoso y con experiencia podría reproducir, por ejemplo, el “Retrato de Adele Bloch-Bauer I” de Gustav Klimt. De hecho, hay gente que se dedica a reproducir, a mano, este tipo de obras.

    Está claro que nunca podrá ser la misma obra. Pero eso también es aplicable a cualquier mercancía. Ninguna es la misma que otra, aunque sí son reproducibles.

    Es cierto que dos biromes bic pueden parecer iguales, pero con instrumental preciso podríamos encontrar diferencias en todas y cada una de las biromes producidas, aunque parezcan iguales. Lo mismo cabe decir respecto de las obras de arte. Pueden ser reproducidas a tal nivel de exactitud que sean necesarios instrumentos técnicos para saber si se trata del original o de una copia.

    LGJP

    19/02/2013 at 17:55

    • El dato relevante para considerar una mercancía como “reproducible” es que pueda proveerse una cantidad arbitraria de esa mercancía mediante la aplicación de una cantidad apropiada de tiempo de trabajo social (abstracto, “igualado”, como muy adecuadamente dice la cita que Vd. aporta más abajo).
      Y si una obra de arte se puede copiar de forma que se haga indistinguible automáticamente perderá, no la mitad de su “valor” (su precio, por ser técnicamente mas precisos), sino prácticamente todo, porque su valoración responde precisamente a que es única, por tanto escasa, por tanto susceptible de fijar monopólicamente, acientíficamente, psicológicamente, usurariamente, su precio. Todo esto se explica muy bien en estos artículos del prfesor Astarita.
      La patente, que más arriba se asimila también en cierto modo, es un derecho legal de monopolio, es un privilegio de señorío que impide, no prácticamente, sino jurídicamente, la copia, pero su funcionamiento en el mercado es exactamente el mismo porque responde a los mismos principios.
      Los bolígrafos por el contrario se rigen por el trabajo social necesario. Y su importancia económica es muy superior a la de estos objetos “escasos”

      escaiguolquer

      20/02/2013 at 11:01

  15. Creo que la cuestión sobre el valor de determinadas mercancías, que se mencionó aquí, está también vinculado con la cuestión del trabajo calificado. Creo que esta cita puede arrojar alguna luz a las dudas de Víctor Cruz.

    “Así, el trabajo gastado en preparar a los productores en una determinada profesión entra en el valor del producto del trabajo calificado. Pero en profesiones que difieren en cuanto a calificaciones y complejidad del trabajo, el aprendizaje de los trabajadores habitualmente se lleva a cabo mediante la selección entre los estudiantes más capaces. De tres individuos que estudian ingeniería, tal vez sólo uno se gradúe y logre su objetivo. Así, el gasto de trabajo de tres estudiantes y el correspondiente gasto aumentado del trabajo del instructor, son necesarios para la preparación de un ingeniero. De este modo, la transferencia de estudiantes de una profesión, entre los cuales sólo un tercio tiene probabilidades de alcanzar el objetivo, se realiza en suficiente medida sólo si el valor aumentado de los productos de la profesión dada puede compensar los inevitables (y en cierta medida, desperdiciados) gastos de trabajo. A igualdad de otras condiciones, el valor medio del producto de una hora de trabajo en profesiones donde el aprendizaje exige gasto de trabajo de muchos competidores, será mayor que el valor medio de una hora de trabajo de profesiones en las que no existen estas dificultades. Esta circunstancia eleva el valor del producto altamente calificado” (Rubin, Isaak Illich, Ensayos sobre la teoría marxista del valor, Cuadernos Pasado y Presente, 1974, p. 109).

    “El trabajo calificado, en efecto, es trabajo potencial condensado, multiplicado, no es trabajo fisiológicamente condensado, sino socialmente condensado. La teoría del valor-trabajo no afirma la igualdad fisiológica, sino la igualación social del trabajo, que a su vez, por supuesto, se realiza sobre la base de propiedades que caracterizan al trabajo en los aspectos técnico-material y fisiológico… En el mercado los productos no se cambian en términos de cantidades iguales de trabajo, sino de cantidades igualadas. Nuestra tarea es analizar las leyes de la igualación social de diversas formas de trabajo en el proceso de distribución social del trabajo. Si estas leyes explican las causas de la igualación de una hora de trabajo del joyero con cuatro horas de trabajo del obrero no calificado, nuestro problema está resuelto, sin que importe la igualdad o desigualdad fisiológica de estas cantidades de trabajo socialmente igualadas” (p.111).

    LGJP

    19/02/2013 at 18:39

    • No estoy de acuerdo con esa posición. En primer lugar, la “escasez” es postulada por los marginalistas para fundar una teoría del valor subjetiva, sin nombrar al trabajo. Sin embargo, que una mercancía sea escaza significa que cuesta trabajo producirla. Entonces

      LGJP

      20/02/2013 at 19:17

    • Todo lo contrario: “escasez” de un objeto significa que lo relevante (en cuanto a la valoración en el mercado, el precio) no es que “cuesta trabajo producirlo” es que hay “poco” en relación a lo demandado, porque eso permite imponer un chantaje, un monopolio, un señoriaje al que no pague al propietario único por el objeto.
      Relea la serie de artículos del profesor Astarita y encontrará que la “escasez” necesita hacer abstracción (=negar) de la capacidad dinámica del capitalismo para variar la oferta en función de la demanda, es decir, de su capacidad dinámica de eliminar la escasez (insisto en lo de dinámicamente, no con “equilibrios instantáneos”, no se olvide).
      Por eso la usan los marginalistas.
      El dato “cuesta trabajo producirla”, por el contrario, define a la mercancía excluyendo la “escasez”: si hay demanda “excesiva” para comprar un objeto y su propietario empieza a aprovecharlo obteniendo rentas monopolísticas al elevar el precio, la competencia entra aplicando más trabajo social y proveyendo más cantidad del objeto al mercado (siempre dinámicamente). Eso permite que se imponga una ley objetiva del valor (a mi me gusta más cuando la llaman “ley social” que “objetiva”, porque este último parece ricardiano, pero ese es otro asunto).

      escaiguolquer

      21/02/2013 at 06:36

  16. Señor Astarita estoy en el punto de que la teoría económica marxista es más satisfactoria para mi que cualquiera de las neoclásicas, ¿hay algún estudio que demuestre empíricamente que los precios de mercado tienden a los costos de producción?

    Carlx

    21/02/2013 at 10:31

    • Se hicieron algunos estudios, por ejemplo para EEUU, utilizando las matrices de insumo producto. Shaikh y Ochoa publicaron estos estudios en la revista de Cambridge, hace ya varios años (ahora mismo no tengo las referencias, pero las podría buscar fácilmente). En uno de estos estudios analizaron las variaciones promedio de los precios de mercado, los precios de producción y los precios teóricos proporcionales a los valores, para 82 industrias básicas, entre 1947 y 1972. Como resultado, aproximadamente el 92% de las variaciones de los precios, en promedio, se explicaban por variaciones en los tiempos de trabajo. Estos estudios debían realizar, de todas formas, varias simplificaciones, de manera que los resultados deberían leerse con cuidado. Pero tenderían a confirmar que los cambios tendenciales de los precios están determinados por la productividad del trabajo. En términos sencillos, la caída del valor de las computadoras en los últimos 30 años no se han debido a cambios en la utilidad, sino a variaciones en los tiempos de producción.

      rolandoastarita

      21/02/2013 at 10:47

    • Gracias por su respuesta Señor Astarita.

      Buscaré esos estudios y todo lo que pueda encontrar al respecto. Me parece increíble que en todos estos años de teoría económica no haya muchos más estudios acerca de algo que debería de ser fundamental, la explicación de los precios.
      Se deberá a cuestiones ideológicas quizás?

      Y gracias por ser honesto y ponerme en guardia ante estos estudios que usted comenta, lo que a día de hoy más valoro en un intelectual es que me intente convencer con datos o con argumentos, cuando empiezan a intentar adoctrinarme como pasa con el sector liberal me pongo en guardia.

      Yo intento publicitar este blog en mi red social, .. , cuanta falta nos haría en España tener un blog así donde nos explicasen la realidad desde fuera del sistema.

      Enhorabuena ¡

      Carlx

      22/02/2013 at 04:59

    • Los trabajos a los que me refería son:
      A. Shaikh (1984): “The Transformation from Marx to Sraffa”, en Freeman y Mandel (eds) Ricardo, Marx, Sraffa, Verso, pp. 43-84.

      E. Ochoa, (1989): “Values, prices and wage profits curves in the US economy”, Cambridge Journal of Economics, vol. 13, pp. 413-29.

      P. Petrovic, (1987): “The deviation of production prices from labour values: some methodology and empirical evidence”, Cambridge Journal of Economics, vol. 11, pp. 197-210.

      Vuelvo a decir que se trata de aproximaciones, hay que hacer muchos supuestos simplificadores. Después de todo, la estadística burguesa no tiene como centro el cálculo en términos de tiempos de trabajo promedio.

      rolandoastarita

      22/02/2013 at 10:04

  17. escaiguolquer: “Todo lo contrario: “escasez” de un objeto significa que lo relevante (en cuanto a la valoración en el mercado, el precio) no es que “cuesta trabajo producirlo” es que hay “poco” en relación a lo demandado…”

    Este argumento es circular. Dice que el objeto es escaso porque la oferta es insuficiente respecto de la demanda, y por eso es valioso. Pero para esto es menester probar las diferencias entre demanda y oferta, probarlas empíricamente. Entonces, el argumento es circular porque la respuesta va a ser, el precio elevado demuestra que la demanda es mayor que la oferta. La justificación termina siendo lo que es necesario probar.

    Por ejemplo, Usted debería probar que los diamantes tienen mucha demanda y la oferta no es suficiente para satisfacer la demanda. Por eso los diamantes serían caros. En realidad, la producción de diamantes es costosa (aún cuando se use mano de obra esclava) y es por eso que valen tanto. Porque valen mucho, es que a cualquiera le gustaría tener algunos diamantes para vender o atesorar, pero no todos pueden adquirirlos.

    Por ejemplo, el pan, y otras comidas populares, son mercancías que cuestan mucho menos producir y son muy demandadas. En situaciones de crisis, la falta de oferta de tales mercancías suelen ser la causa de violentas rebeliones sociales. Nunca vi una rebelión por la escasez de diamantes, ni gente haciendo colas en las joyerías, desde la madrugada. Es cierto que un diamante no se puede comer ni tomar (no satisface necesidades vitales), pero si son tan valiosos, porque son tan escasos respecto de la demanda, pues nos debería estar dando la pauta que deben ser capaces de satisfacer alguna necesidad social muy importante. Sin embargo, ello no es así. En cambio, la falta de electricidad no amenaza directamente la vida de las personas, pero sí afecta una necesidad social muy importante, y por ello es que muchas veces la gente protesta por los cortes.

    LGJP

    21/02/2013 at 13:05

    • Será que me he explicado mal..,
      Respecto a la “escasez”, estoy de acuerdo en que no es un concepto útil, y por eso repetía lo que Vd mismo expresó, que “la usan los marginalistas”. No espere, por tanto, que lo defienda.
      Lo único que pretendía señalar en mi comentario era el error (siempre desde el punto de vista de la teoría del valor trabajo) de sostener “que una mercancía sea escaza significa que cuesta trabajo producirla”, como hacía Vd.
      Por lo demás, tenga siempre presente lo que don Antonio machado escribió en Juan de Mairena, XXII. “-¡quién fuera diamante puro!- dijo el pepino maduro. Todo necio confunde valor y precio.”

      salud

      escaiguolquer

      22/02/2013 at 10:04

    • Perdón por el desorden, pero es que, efectivamente, ahí si que me he explicado mal. Y es el mismo error que he cometido en otro comentario anterior, cuando daba a entender que la teoría del valor trabajo “define a la mercancía excluyendo la escasez”.
      En realidad, no debe entenderse que la escasez sea inútil o se excluya completamente. Lo cierto es que es una característica accesoria porque, aunque puede incidir puntualmente en los precios de mercado, y así lo hace:
      1. La ley del valor se impone a largo plazo, sometiendo el precio de producción a largo plazo al tiempo de trabajo socialmente necesario para la reproducción de las mercancías, corregido por la competencia inter-capitales que buscan el máximo beneficio ejerciendo así presión para que se forme una tasa homogénea de ganancia, y todo ello traducido a unidades monetarias mediante un factor (variable en el tiempo) de “valor del dinero” o su inversa la “expresión monetaria del tiempo de trabajo”.
      2. Las desviaciones de los precios de mercado respecto a esos precios de producción (particularmente en aquéllos objetos que se compran y venden pero no tienen “valor” por no ser reproducibles mediante el trabajo) se cancelan a nivel del sistema global: la circulación ni crea ni destruye valores, sólo transmite los creados en la producción (por el trabajo social)

      Eso es lo que hace que la crítica subjetivista a la teoría del valor trabajo se equivoque. Pero no debe entenderse que “la escasez” no juegue un papel. Un papel secundario y subordinado, recuérdese.

      En definitiva ese papel subordinado es lo que hace (enlazando con la cuestión de las pruebas empíricas de la ley del valor trabajo) que todas las burbujas especulativas del mundo y todas las montañas de capital ficticio que se quieran levantar no pueden evitar que se imponga con todo su peso la ley del valor, desembocando en crisis como la que vivimos, y como las que se vivieron y se viviran mientras el capitalismo siga en pie.

      escaiguolquer

      22/02/2013 at 10:33

  18. escaiguolquer: Si, yo también lo leí mal y pensé que hablaba de valor, cuando en realidad estaba hablando de precio de mercado. Es evidente que, por ejemplo, una escasez repentina de pan, por un acaparamiento con fines especulativos, hará elevar el precio de ese producto y alejarse del costo de producción. Incluso, una maniobra especulativa de ese tipo seguramente buscará esa finalidad, producir a bajo costo y recibir un alto precio. Sí, en cuanto al precio la escasez sí juega un papel, así como la abundancia. En cuanto al valor, tal como suele exponerse en la teoría marginalista, a mi me da la sensación que usan la “escasez” para evitar hablar del trabajo.

    LGJP

    22/02/2013 at 18:00

  19. Gracias por los enlaces señor Astarita, intentaré conseguirlos, yo también encontré este estudio relacionado con la economía española, http://www.revistas.unam.mx/index.php/rie/article/view/24259

    Por otro lado no se si usted tiene alguna nota relacionada con el argumento de la escuela austriaca de que son los precios los que determinan los costos de producción y no los costos de producción los que determinan los precios.
    A grosso modo defienden que es el precio que están dispuestos a pagar los consumidores lo que hace que los productores se vean obligados a reducir sus costos de producción.

    A mi esto no me convence y me parece el último asidero al que intentan agarrarse junto al del riesgo y al del adelanto de capital para defender su ideología, que no ciencia económica, .. , pero me gustaría encontrar un argumento intelectualmente potente contra ello.

    Le pido disculpas por adelantado si es un tema que ya trató en otras notas y si es así me gustaría tener el enlace para leerlo.

    Un saludo

    Carlx

    23/02/2013 at 08:57

    • El argumento de la escuela austriaca es el de la teoría subjetiva del valor que discuto en las notas anteriores sobre competencia y teorías del valor. Es la idea de Menger, de que el precio de la alúmina se deriva del valor de uso del aluminio que utiliza el consumidor, etc.

      rolandoastarita

      23/02/2013 at 10:07

    • Gracias, los revisaré detenidamente

      Carlx

      23/02/2013 at 10:25

  20. Rolando, en su respuesta a Carlos, en los primeros comentarios usted dice que hay un primer nivel de precios que es el que regiría si no hubiese igualación de la tasa de ganancia. Ahora bien, para que no haya tal igualación ¿es condición necesaria para ello que no rija la competencia? De ser así, se puede desprender de allí que ese precio sería algo así como un precio de monopolio. Supongo que es el caso de las ramas nuevas, por ejemplo, si suponemos que acabo de inventar una nueva forma de producir energía (alguna especie de molino o similar) y soy el primer productor de la misma obtendré una ganancia extraordinaria por cierto tiempo.

    Ilichito

    18/03/2013 at 04:35

    • Una rama en expansión tiene, por lo general, una tasa de ganancia más alta, en promedio, que el resto de la economía, debido a las muchas empresas que pueden estar realizando plusvalías extraordinarias. Esto lleva a la afluencia de capitales, y por lo general a la sobreexpansión, o sobreinversión, que terminan en cracks con la liquidación parcial de capitales excedentes. Se ha visto esto cuando fue la expansión de los ferrocarriles, en los 1840, por ejemplo; en los inicios de la industria eléctrica; de la industria del automóvil; o luego en la expansión de las tecnologías informáticas. De esta manera opera la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia. O sea, no se trata de una igualación “tranquila”; opera mediante mecanismos violentos de sobrevaloración y destrucción de valores. En mi opinión, es un aspecto fundamental para entender la dinámica del capitalismo (en la discusión sobre el teorema Okishio, y sobre las crisis, me extiendo un poco en esto).
      De todas maneras, una observación con respecto al monopolio (u oligopolio). Es bastante común escuchar en la izquierda la idea de que en la economía moderna prácticamente todas las ramas de la economía están altamente concentradas, y por lo tanto dominadas por los monopolios (u oligopolios). Se sostiene que gracias a ese dominio, obtienen ganancias monopólicas. Las ganancias monopólicas, desde el punto de vista de la teoría del valor trabajo, significan una transferencia de plusvalía desde algún otro sector de la economía. Pero si todas las ramas principales están dominadas por empresas que obtienen ganancias monopólicas, ninguna puede obtener ganancias monopólicas. En otras palabras, se debe imponer la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia.

      rolandoastarita

      18/03/2013 at 08:48

  21. Profesor leyendo un libro de economia titulado “Una introduccion al razonamiento economico”, de David Gordon (economista de la escuela austriaca) afirma que: “Marx se enfrenta a un problema basico: debe justificar su afirmacion de que el valor de intercambio existe independientemente del valor de uso. Y eso es lo que no ha hecho.”
    En verdad Marx no lo justifico y fue arbitrario?

    ALFONSO

    31/03/2013 at 13:45

  22. Como comparar el trabajo de un obrero con el de un jugador de futbol por medio del tiempo de trabajo o trabajo aplicado? es una de las preguntas que formula el libro contra la teoria del valor trabajo de Marx.

    ALFONSO

    31/03/2013 at 14:09

    • me permito meterme por enmedio:
      Marx insistió (y más arriba ya se dice) en que el valor de uso, la utilidad, tiene un papel importante en la formación del valor: si no hay utilidad, no hay valor (aunque hubiera trabajo!) porque nadie pagaría un precio por esa mercancía. Pero ese es el único rol de la utilidad: la magnitud del valor es exclusivamente función del tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario para la reproducción de la mercancía.

      y, entonces… ¿cómo se explica el salario de estrellas del fútbol? Pues porque no son salarios, sino “rentas económicas”. Las rentas económicas son la retribución de recursos con características monopólicas, es decir, en las que el oferente tiene el poder de subastar entre muchos demandantes un “recurso” que no puede reproducirse aplicando más trabajo social para satisfacer la demanda existente, por las razones que sea (normalmente de tiempo: a la larga se ampliará su producción, pero hay casos en que ello no es posible, por razones naturales -la tierra, los yacimientos naturales, LOS TALENTOS ÚNICOS…- o sociales -las patentes, los derechos exclusivos de uso…-
      En la teoría del valor trabajo de Marx, las rentas económicas son una de las formas, como los intereses, de distribución de la plusvalía total.

      escaiguolquer

      11/04/2013 at 17:49

  23. escaiquolquer,

    ¿En ese caso, lo que determinaría el precio sería la relación entre oferta y demanda según Marx?
    ¿Dicha relación sería gradual, admitiría grados y negociación?
    ¿Habría algún modo de objetivarla de manera que fuera posible el cálculo económico?

    Gracias por meterte en medio porque yo tengo también algunas dudas al respecto, que he expuesto en los post sobre teoría subjetiva del valor y no he tenido respuesta todavía.

    Solrac

    12/04/2013 at 11:29

    • Se dice más arriba, pero una vez más: la “relación entre oferta y demanda”, según Marx, juega un papel en la determinación del precio. Su papel es, precisamente, que rija en toda su inexorabilidad la ley del valor, y lo hace por el mecanismo que la economía convencional nos tiene repetido tantas veces, atrayendo trabajo social a las actividades con exceso de demanda, cubriendo así, tras el lapso de acomodación necesario, el déficit de trabajo social en la reproducción de la correspondiente mercancía, y viceversa.
      Lo fundamental en el análisis de toda la economía política, de toda teoría del valor-trabajo y desde luego en su culminación crítica con la obra de Marx, es que la “relación entre oferta y demanda” sólo opera ejerciendo cambios puntuales ante desfases entre el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir determinada mercancía (necesidad que se deja sentir por la cantidad demandada) y el tiempo de trabajo efectivamente empleado y materializado en la cantidad de mercancía producida y ofertada.
      Así, y a diferencia de lo que la economía convencional nos repite, esa “relación entre oferta y demanda” sólo explica las variaciones, no EL NIVEL del precio de la mercancía, que responde en cambio a su valor, a la cantidad de trabajo necesaria para su reproducción.
      Ni que decir tiene que la repetida “relación” admite grados y negociación. Tantos como observamos en cualquier ámbito social en que se compra y se vende. Esto quiere decir, en román paladino, que el precio que se establece en una o en cien negociaciones depende de tantos factores puntuales que puede ser, virtualmente, cualquiera.
      ¿Invalida esto la ley del valor?¿convierte la teoría del valor trabajo en un divertimento teórico sin traducción práctica en el “cálculo económico” que mencionas, respecto de los precios efectivos de las mercancías? En absoluto.
      La teoría del valor trabajo consiste en lo siguiente: “el valor de una mercancía es el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario para reproducirla en condiciones normales medias”. Esto excluye expresamente algo que es de sentido común, pero que contradice la base nuclear misma de la economía convencional (quiere decir neoclásica, pero también keynesiana o postkeynesiana): EL INTERCAMBIO NO CREA NI DESTRUYE VALOR, SOLAMENTE PUEDE TRANSFERIR EL CREADO EN LA PRODUCCIÓN.
      Es decir, diversas condiciones pueden separar el precio de mercado del valor unitario de la mercancia. Esas condiciones pueden ser sistemáticas y permanentes, como la formación de precios de producción por la competencia intersectorial entre los capitales que, buscando el máximo beneficio, promueven la tendencia hacia la formación de una tasa general de ganancia homogénea. También pueden ser puntuales y temporales, como una moda o manía, un pánico o cualquier otra imaginable.
      La publicidad y el márketing han convertido en una ciencia, una profesión y un negocio el arte de separar (en sentido aumentativo) los precios respecto de los valores unitarios, lo que, si tradicionalmente ha sido propio del talento de los buenos vendedores, en el caso de los privilegiados con un derecho de monopolio cae llovido del cielo como un poder especial en la fijación del precio. Y tan derecho de monopolio es la propiedad de la tierra o los recursos naturales como el establecimiento por el aparato estatal de derechos exclusivos de propiedad intelectual, propiedad industrial, la mercantilización de derechos de imagen, y otros ejemplo. Dejando al margen la caracterización concreta y exacta del talento extraordinario de una famosa soprano o de un famoso deportista, los ingresos extraordinarios que obtienen de ellos son “rentas económicas”, un ejemplo de venta en condiciones monopólicas.

      Tanto el valor de las mercancías, cuya sustancia es el trabajo social, como su precio, la cantidad de dinero por las que se cambian, son de partida magnitudes objetivas (a diferencia del anti-valor, subjetivo, profundamente absurdo, manejado por la economía convencional). Pero eso no quiere decir que ninguna modalidad de cálculo económico te vaya a permitir PREDECIR qué es lo que la gente va a demandar; en qué van a invertir los capitalistas y con qué éxito, ni vas a poder conocer la evolución de los precios antes de que ocurran las transacciones efectivas. Pero ninguna de las modalidades vistas de separación del precio respecto del valor puede conseguir que se cree ni se destruya, como decía Marx, “ni un sólo átomo de valor”. Cada precio que consigue un vendedor por encima del valor de lo que vende le supone la apropiación de un valor que proviene de la relativa depreciación de todas las demás mercancías. La suma neta a nivel de todo el sistema es necesaria y exactamente, cero.
      Y por ello, la ley del valor se impone inexorablemente como fundamento y límite de la acumulación capitalista.
      Y por ello merece el nombre de ley.
      Y por estudiar leyes del funcionamiento del mundo real (y no propensiones psicológicas, animal spirits y relaciones marginales de sustitución) somos científicos.

      Por cierto, se acaba de publicar lo que entiendo que es la definitiva liquidación de las payasadas utilitaristas en la negación (no la medición) del valor: inapplicable operations on ordinal cardinal and expected utility

      escaiguolquer

      12/04/2013 at 20:15

  24. Antes de poder leer con detenimiento tu trabajada e interesante respuesta, aprovecho para agradecertela.
    Saludos

    Solrac

    13/04/2013 at 12:22

  25. Las influencias que los costes de producción –y de las condiciones técnicas de producción–puedan desempeñar sobre los precios ya fueron perfectamente desentrañadas por el economista austriaco Eugen Böhm-Bawerk durante el auge revolución marginalista.

    En el capítulo de “la ley de costes” de La teoría positiva del capital, el austriaco expone que las valoraciones subjetivas de los consumidores sobre las disponibilidades de bienes de consumo finales determinan sus precios y esos precios son los que a su vez determinan las demandas empresariales de los factores productivos y, por tanto, el precio de los factores productivos.

    Como explicaba para el caso del hierro: “Procedamos a examinar la secuencia causal que da lugar a los precios de mercado. Claramente, nos conduce por una línea continua desde el valor y el precio de los bienes basados en hierro al componente que supone el coste del hierro, y no al revés.

    La valoración subjetiva, por parte de los consumidores, de los productos basados en el hierro constituye el primer eslabón de la cadena. El proceso comienza con las valoraciones monetarias que permiten a los consumidores participar en la demanda de los productos basados en el hierro. Entonces, esas valoraciones monetarias determinan el precio de los productos basados en el hierro. El precio resultante de esas mercancías les indica a sus productores la intensidad de valor monetario que pueden conferir a la materia prima hierro, y por tanto el valor monetario con el que pueden entrar a competir por la compra del hierro.

    Y de ahí, finalmente, llegamos al precio de mercado del hierro”. En este sentido, parece indudable que son los precios de los bienes de consumo los que determinan los costes de producción.

    Carlx

    20/10/2013 at 20:12

    • Sabemos muy bien cómo funciona el esquema subjetivista del valor. Es el punto de partida que vd. expresa: “la valoración subjetiva (…) constituye el primer eslabón de la cadena”. y que resulta incompatible con otro punto de vista: la teoría del valor de Marx, que se basa en un supuesto de partida diametralmente opuesto: que existe una “sustancia” llamada valor, invisible pero real, que de hecho regula la economía en un tipo de sociedad concreta: el modo de producción capitalista.
      ¿Cómo no vamos a conocerlo si es el que se martillea sin descanso en universidades, publicaciones, medios de comunicación?.
      Ese carácter subjetivo del “valor” es otra forma de decir que no existe, en todos los sentidos operativos. Como dije más arriba, entiendo que ha quedado definitivamente demostrado que ningún concepto de utilidad subjetiva puede servir de base a un cálculo de valor: inapplicable operations on ordinal cardinal and expected utility

      Por otra parte, estaremos de acuerdo en que quienes desean estudiar ese punto de vista tienen sobrados foros para hacerlo, y permanentes promesas de honores y retribuciones, cumplidas por otra parte, por ejemplo cada año por el Banco de Suecia al repartir sus pseudo-Nobel de economía (alguna razón tenía que haber para estudiar esas cosas). No necesitan este foro. Nosotros sí.

      No veo, por tanto, apropiado entrar en el fondo de su comentario (lo que por otra parte se ha hecho en mil lugares en este blog, en respuesta a otros tantos comentarios idénticos al suyo).
      Pero sí creo obligado señalarle que está fuera de lugar.

      escaiguolquer

      21/10/2013 at 06:15


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