Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

No estoy aquí para discutir con los alumnos

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El texto que presento a continuación lo escribí en marzo de 2009, y fue distribuido en la Universidad de Quilmes por la agrupación estudiantil El Túnel. Lo reproduzco ahora por pedido de estudiantes de otras facultades.  Muchos me dicen que el comportamiento que critico aquí no es tan infrecuente como pudiera parecer.

Una alumna de la Universidad Nacional de Quilmes, que cursa en el área de Sociales, me paró hace poco en el ágora de la Universidad para consultarme sobre qué podía leer acerca de Marx y el capital financiero. Me comentó que necesitaba informarse sobre el asunto porque había tenido un principio de discusión con el docente de una materia que está cursando. Me resumió también cuál era su postura en el tema Marx/capital financiero, y la del docente. Le dije entonces que, por lo que me contaba, era ella la que tenía razón; y que podría ayudar fácilmente al docente a salir de su error recomendándole algunas lecturas de Marx. Pero entonces me explica que el docente cortó cualquier posibilidad de continuar con el debate con un “no estoy aquí para discutir con los alumnos”. Otra alumna, que estaba presente, me comenta que también había cursado con ese docente, y que había presentado un argumento similar un cuatrimestre anterior.

Confieso que no es la primera vez que me encuentro con alumnos que me refieren episodios en los que les impiden discutir o cuestionar en los ámbitos universitarios. Pero tal vez sea el grado de grosería del caso referido el que me lleva a hacer algunas reflexiones generales.

Pienso que lo más importante es entender que nuestro objetivo como docentes no es formar repetidores de textos (o de clases), sino gente que piense, y tenga capacidad de discernimiento y crítica. Lograr que un alumno repita “al dedillo” lo que hemos explicado en clase, sirve de poco. La clave es despertar curiosidad, y el ansia por mirar “el otro lado” de las cosas; o sea, lo que se conoce como un “escepticismo moderado”, que es determinante en el pensamiento científico. Pero nada de esto se logra si el docente impone un único punto de vista; si desalienta las reflexiones críticas; y cierra la puerta con un “no estoy aquí para discutir”. ¿Para qué está entonces? ¿Para descargar un monólogo? ¿Desde cuando el monólogo es mejor que el diálogo? Además, ¿por qué un alumno no puede discutir lo que le parece bien o mal de lo que se está enseñando? Máxime en ciencias sociales, donde hay muchos puntos de vista que están en discusión. Marx decía que la enseñanza en las ciencias sociales debía hacerse a partir del cruce de muchos puntos de vista. No veo por qué esto no sigue siendo válido hoy.

La cuestión se agrava, además, por dos motivos. En primer lugar, porque en la Universidad de Quilmes ha habido una tradición de apertura a corrientes y puntos de vista diversos, incluso contrapuestos. En Comercio Internacional, por ejemplo, convivimos docentes con posturas que van desde las neoclásicas más o menos ortodoxas, a las marxistas, pasando por toda la variedad posible de enfoques keynesianos, y similares. Algunos también presentamos las diversas corrientes  para que los alumnos se formen sus propias opiniones y criterios. Todo esto supone, naturalmente, incentivar debates. Lo cual no niega que el docente exprese su punto de vista ante la controversia. Pero lo que debe predominar es la apertura. Por el contrario, la derecha, en las facultades de Economía que domina, trata de imponer el pensamiento único. Nuestra tradición ha sido la opuesta.

Pero además, y en segundo término, en la Universidad de Quilmes debemos incentivar el debate y la actitud crítica de los alumnos con especial esmero. Es que precisamente lo que echo de menos (y hay docentes que coinciden) no es que haya mucho debate por parte de los alumnos, sino lo contrario. A veces siento que nuestros alumnos tienen una actitud de respeto casi reverencial (“lo dijo el profe”). Por eso, cuando algún alumno o alumna objeta, el “yo no discuto con usted” no puede ser más desacertado. Revela autoritarismo y es lo opuesto al fomento de espíritu crítico e inquisidor.

Negarse al debate implica negarse a escuchar al otro. Pero lo que deberíamos inculcar es el gusto por escuchar y aprender del otro. Los alumnos aprenden de nosotros (o se supone que aprenden) y nosotros, los docentes, también aprendemos de sus preguntas, objeciones, sugerencias, etc. Por eso tener una actitud no engreída es parte del proceso de enseñanza, de los alumnos, y de nosotros mismos. Muchas veces en clase respondí que tal o cual cuestión que me planteaban no la había pensado; que tal autor o libro no lo había leído, o no lo conocía; o que tal otra pregunta no estaba preparado para responderla en ese momento, y debía estudiarla. Mostrar este aspecto nuestro es positivo, para nosotros (que nos reconocemos en lo que somos y procuramos mejorar), y para los alumnos (que nos ven como alguien que no está subido al caballo de la vanidad). Forma parte, además, de cualquier proceso de investigación científica. Primero porque la ciencia no es un dogma cerrado; tiene fronteras y agujeros por todos lados, interrogantes no resueltos y también cuestiones que parecen resueltas, pero están sometidas a cuestionamientos una y otra vez. En segundo lugar, porque el avance del conocimiento no debe entenderse en un sentido individualista. Todo lo que una persona hace, dice o piensa, se forma en un contexto de prácticas sociales. Y una de las más importantes prácticas sociales que tenemos como docentes es el razonamiento dialogado con nuestros alumnos. ¿Cómo no nutrirse de esta fuente? Todo esto forma el contenido mismo de lo que es una universidad. El docente que se niega a escuchar otra posición sobre Marx y las finanzas está diciendo a los alumnos que la suya es la actitud correcta a tomar. Ese docente no entendió el significado del viejo dicho: que la mente es como el paracaídas, sólo sirve si se abre.

Lamentablemente hay gente en la Academia que no puede captar estas cosas tan elementales. Tienen un afán excesivo y predominante de ser admirados, y se creen con derecho a anular cualquier cuestionamiento que pueda amenazar su posición “dominante” en un aula. No fundan su autoridad en el discurso abierto y receptivo, capaz de problematizar cuestiones, sino en una jactancia carente de contenido, y en la mera pose. Aquí el envanecimiento va de la mano del autoritarismo, para formar un cóctel muy desagradable.

Espero que este pequeño escrito ayude a cambiar algunas actitudes (seguramente aisladas, pero no por ello menos dañinas) por el lado de la docencia. Pero sobre todo, aspiro a que contribuya a impulsar el espíritu crítico de las alumnas y alumnos de la UNQ.

Written by rolandoastarita

24/08/2010 a 09:16

Publicado en Académica

6 comentarios

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  1. Muy buen texto!

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    Cristian

    24/08/2010 at 10:22

  2. Estimado Profesor:
    Queria felicitarlo por el articulo que ha publicado, ya que mediante la lectura de este, se estan reflejando las carencias que en el presente tienen algunos docentes. De hecho, mas de una vez he pasado por algunas de esas situaciones descriptas por usted.-
    Pero hay una muy particular que me ha ocurrido hace muy poquito tiempo y la cual me gustaria comentarle:
    Terminando el cuatrimestre, me toco ir a un integrador en una de las materias.Me presente a rendirlo y a los dias me entere que me habia ido mal. Entonces le pedi al profesor poder ver el parcial, para saber en que me habia equivocado y cuales eran las contestaciones correctas.
    Como respuesta recibo que no me lo podia mostrar esa semana por estar de viaje y de poder hacerlo seria visitandolo en el trabajo en el dia que el me indique ya que, por ese cuatrimestre este ya no volvia a a la facultad…. (le comento que todavia, hasta ese momento, no se habia vencido el plazo de cierres de actas).
    La respuesta del profesor de cuando ir a ver el parcial nunca llego, pasaron los dias y en concecuencia, se cerraron las actas sin ver el examen…
    Sin ningun lugar a dudas y aunque me cueste pensarlo, se me ha negado el derecho a controlar la correcion de mi parcial.
    Esta situacion que roza la mediocridad con las que algunos profesores y/o profesoras se dirigen a los alumnos menospreciandolos,me lleva a reflexionar y pensar: Realmente cambiaron mis derechos como alumno? Cambiaron tambien las obligaciones del profesor?
    Por ultimo permitame decirle que pienso acerca de los Derechos y de las obligaciones. A mi entender son dos palabras que rigen nuestra vida, pero que muchas veces hay personas que deciden abandonarlas a mitad de camino….

    Saludos cordiales.-

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    Alumno Unq

    31/08/2010 at 11:33

  3. Coincido plenamente en la necesidad de “despertar curiosidad” en el estudiante, apertura en el docente, e incentivar el proceso dialógico entre amb@s. Y, además del abandono de la “educación bancaria”, tendríamos que dejar de lado otro concepto: el de “alumno”, que da la idea de estar refiriéndonos a alguien “oscuro”, alguien “sin luz” (“a”, partícula negativa, “lumno” (lumen), luz).
    Por otro lado, pensar que el conocimiento es algo “cerrado”, completo, que no está abierto a discusión, debate, modificación o actualización, también es una manera de “cosificar”, tanto el conocimiento como a los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje.
    Quizás ese profesor que “no está para discutir con alumnos”, vote a Macri como presidente, seguramente horripilado por la “Cris-pasión” y por “el autoritarismo y la falta de diálogo de los sectores K”.

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    Ariel

    14/03/2011 at 09:15

  4. Más allá de como se denomine y de la etimología de la palabra, somos alumnos los que deseamos aprender, sin embargo es triste encontrar también en la universidad a tantos jóvenes sin ese “escepticismo moderado” al que se refiere Astarita. Me pregunto: si no es en la Universidad en donde debe surgir esta necesidad de “querer saber”, entonces, ¿donde va a surgir? ¿en que momento? … los alumnos (no todos , claro está, de mi generación (a veces la denominamos la era de la fotocopia) se han acostumbrado al facilismo de deglutir textos sin procedencia, donde poco o nada se sabe del autor, y cuanto mas resumido esté mejor. En este contexto, es para celebrar que haya discusión y que halla interés autodidacta en los alumnos,
    Pero remarco esta opinión: el libro, el documento, debe tener una historia que contar… no es lo mismo leer un texto para un parcial y repetirlo sin saber que su autor fué Milton Friedman o Alan Greenspan sin saber quienes eran estos muchachos.
    Saludos y felicitaciones por el texto, muy interesante.

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    Hugo Meneses Viera

    03/11/2011 at 13:09

  5. El debate en la educación
    Tiempo atrás cuando fue pública la negativa de la presidente Cristina Fernández a participar de un debate organizado por los alumnos de la Universidad de Córdoba, me habían surgido algunas reflexiones sobre la formación de los estudiantes en Argentina.
    Tanto se habla de la inclusión, de las “netbooks” para todos, y sin embargo la calidad de nuestra educación con respecto a lo más importante, es cada vez más “lights” ¿Dónde queda el promover la reflexión, el diálogo y la escucha cuando la titular del ejecutivo desdeña la iniciativa de estudiantes interesados en cuestiones políticas y sociales? Sabemos que vivir en democracia implica escuchar todas las voces. El debate no es “cosa sólo de adultos y profesionales”, atañe a todas las generaciones, y lo considero como algo muy beneficioso para la educación de futuros ciudadanos.
    La escuela y la universidad trabajan no sólo para transmitir ciertos conceptos relevantes para la comprensión de la sociedad y su organización, sino también para que quienes estudiamos desarrollemos actitudes que nos permitan desenvolvernos en este tipo de sociedad democrática. Una de sus características básicas es que en ella conviven personas con diferentes formas de ver el mundo, que muchas veces tienen opiniones contrarias sobre un mismo tema. Por lo tanto, es fundamental que los alumnos desarrollemos la tolerancia a las opiniones ajenas y a expresar nuestras propias posturas de manera fundamentada y respetuosa.
    Ojalá que todos los docentes puedan también optar por esta postura de escucha y diálogo con los alumnos, teniendo en cuenta lo que dijo el Prof. Astarita : “los educadores deben incentivar el debate y la actitud crítica de los estudiantes con especial esmero, inculcando el gusto por escuchar y aprender del otro”. Y el ejemplo, es el mejor método.
    Pienso que si nuestra presidente prestara más atención a estas cuestiones en vez de simplemente figurar al momento de entregar aparatos de última generación, estaría siendo más congruente con el tipo de estado democrático que tanto se jacta de defender.
    Sin más, Vera, Silvia. Estudiante de COmunicación Social. UNaM. Misiones

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    Silvia Vera

    04/11/2013 at 12:10

  6. Se agradece estimado Astarita encontrar esta reflexión tan obvia que parece ridícula para otros ámbitos de estudio mas “humanistas” que los que dan lugar a las discusiones sobre economía. Lamentablemente la Economía como disiplina no se cuestiona a si misma sobre el estatuto epistemológico que verdaderamente tiene como lo único que es: una ciencia social, humana y por tanto no exacta…. por mas herramental matemático al que recurra para formalizar sus teorías. Efectivamente entre profesores y alumnos reproductores de ortodoxia neoclásica se huele mucha soberbia y dogmatismo que obtura toda posición que anteponga honestidad intelectual y sana curiosidad por los fundamentos. Estas actitudes incluso rompen la solidaridad indispensable entre compañeros de estudio que parecen estar mas preocupados por la proyección de su propio ego que por el objeto de estudio que los convoca.

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    Pablo Mauricio

    04/12/2015 at 15:32


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