Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Engels y el arte de hacer política

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La nota sobre la ilusión del doble poder, que publiqué en este blog, se relaciona con una crítica a las tácticas basadas en consignas ultra revolucionarias, aplicadas en cualquier circunstancia. Esa crítica tiene una larga tradición en el marxismo, que lamentablemente es bastante desconocida. Por eso, hace ya años, llamé la atención sobre un texto de Engels, “Los comunistas y Karl Heinzen”, de 1847 (Engels, Escritos de juventud, FCE, 1981), que encara el problema. En esta nota quiero entonces comentar este texto, y mostrar su actualidad. Pienso que la cuestión puede ser entonces de interés para militantes del movimiento sindical o popular. El abordaje de Engels (que compartía Marx) implica una política alternativa a la que es hoy domina en buena parte de la izquierda, especialmente la trotskista. Esa táctica alternativa permitiría acumular fuerzas y organización en una coyuntura como la actual, en que no está planteada la posibilidad de encarar “ofensivas revolucionarias”. Empezamos explicando en qué consistían los planteos de Heinzen.

La política de Heinzen

Karl Heinzen, según el relato de Engels, había sido un funcionario liberal alemán, de bajo rango, que durante muchos años se había entusiasmado con las posibilidades de avances legales en Alemania. Dado que el régimen político no daba espacio a estas ilusiones, finalmente debió huir de Alemania, radicalizando sus posiciones. Como dice Engels, en ese entonces pasó del liberalismo “al radicalismo sediento de sangre”, y comenzó a proclamar la necesidad de una sublevación inmediata. Engels califica esta propaganda como “atolondrada y absurda”, se pregunta si “no daña en el más alto grado a los intereses de la democracia alemana” y si la experiencia no ha demostrado ya “su inutilidad”. En realidad, sigue Engels, Heinzen no ha hecho más que “exhortar y predicar” y agrega:

“Nos preguntamos si no es sencillamente ridículo esto de lanzar, venga o no a cuento, al buen tuntún, sin conocer ni tener en cuenta la situación, con voz tonante, intimaciones a la revolución”.

Heinzen centraba sus proclamas hacia la clase menos apta para iniciar la revolución, los pequeños campesinos, pero lo más importante para lo que estamos tratando es el método que empleaba. Es que Heinzen agitaba y prometía reformas sociales que, según Engels

“…son reformas muy parecidas a las que los comunistas proponen para preparar el camino hacia la abolición de la propiedad privada”.

Esto significa que las reivindicaciones que agitaba Heinzen no eran del tipo corriente, las demandas reformistas que levantaba el movimiento obrero bajo un sistema capitalista –por ejemplo, aumento salarial, reducción de la jornada laboral– sino se trataba de un tipo especial de reformas, las que tienen como fin preparar la abolición de la propiedad privada. Es que una lucha por aumento salarial, o por bajar la cantidad de horas de trabajo, no prepara el terreno hacia la abolición de la propiedad privada, ya que dentro de ciertos límites se trata de reformas asimilables por el régimen burgués. En cambio las consignas que Heinzen tomaba de los comunistas eran demandas tales como frenar la concentración de los grandes capitales, restringir el derecho de herencia, u organizar el trabajo por el Estado. Este tipo de exigencias luego aparecerían en El Manifiesto Comunista, agrupadas como las medidas de un programa transicional. Engels dice que “son, como medidas revolucionarias, no sólo posibles, sino incluso necesarias”. Pero Heinzen no las presentaba como preparatorias, “sino como medidas definitivas. No como medios, sino como fines”. No las relacionaba con una situación revolucionaria, “sino con una situación pacífica, burguesa” (énfasis agregado). Así, por ejemplo, en una situación de estabilidad burguesa, Heinzen agitaba a favor de la organización del trabajo por el Estado, y  presentaba esto como una reforma en sí misma, que se podía lograr en el capitalismo.

Aquí podemos advertir una lógica en Heinzen que luego sería desarrollada por buena parte de la izquierda: si se demandan reformas que no se pueden lograr bajo el capitalismo, y las masas trabajadoras las toman con su movilización, se podría pasar de una situación no revolucionaria a una situación revolucionaria, y de allí a la revolución socialista.

La crítica de Engels

En primer lugar Engels explica cuál es, en su opinión, lo que debe hacer la prensa del partido. En este caso se trata del partido demócrata alemán, del que se reivindicaban Marx y Engels en 1847. Engels sostiene que la prensa del partido debería ante todo

“… razonar las reivindicaciones del partido, argumentarlas, defenderlas, rechazar y refutar las exigencias y afirmaciones del campo de enfrente”.

Esto es, la tarea no pasa por agitar a tontas y locas, sin razonar, argumentar, contestar las objeciones que hacen los enemigos. Hay que demostrar la necesidad de una consigna, sigue Engels, su relación con el desarrollo social y político, y muy especialmente demostrar por qué medios, de qué manera, las demandas pueden llevarse a la práctica. Por ejemplo, refiriéndose a la eliminación de la opresión política y social, el partido tiene que demostrar y explicar con qué instrumentos se pueden acabar. Y además debe investigar hasta qué punto es posible implantar esas medidas, y “de qué medios dispone el partido para ello”, así como a qué otros partidos unirse para lograrlas, si no tiene suficiente fuerza.

En otras palabras, Engels pone el acento en las condiciones para el triunfo de la consigna. Lo cual se aplica con doble razón a las consignas “que preparan el camino para la abolición de la propiedad privada”. La gran diferencia entre los comunistas y Heinzen residía en que los primeros no agitaban esas reformas como fines en sí, y además explicaban las condiciones en las que esas demandas podían triunfar. Más en particular, refiriéndose a las medidas de transición, aclara Engels que esas medidas

“… son posibles porque está tras ellas todo el proletariado puesto de pie, apoyándolas con las armas en la mano” (énfasis nuestro).

Agrega que son posibles a pesar de las dificultades que las acechan, precisamente porque

“… estas dificultades y estos males obligarán al proletariado a ir más y más allá hacia adelante, hasta la abolición total de la propiedad privada, para no perder lo ganado”

Para ver el tema con el ejemplo de la organización del trabajo por parte del Estado, Engels está diciendo que esta medida, si se quiere implementar de manera aislada, y en una situación que no es revolucionaria, tropieza con dificultades y es imposible de aplicar en un sentido progresista. Solo cobra significado revolucionario si enlaza con toda otra serie de medidas, de manera que se inicie una dinámica que obligue a ir más y más adelante, hasta terminar con la propiedad privada. Pero para esto es condición indispensable que la clase obrera esté en armas. Esto es, hay que tener en cuenta las condiciones de poder, de fuerza, bajo las cuales se pueden aplicar las reformas de transición. Si no se hace esto, sigue Engels, “si no se las relaciona con una situación revolucionaria, sino con una situación pacífica, burguesa”, estas medidas “se tornan imposibles y, al mismo tiempo, en medidas reaccionarias” (énfasis nuestro). Para seguir con el ejemplo, la organización del trabajo por un Estado burgués, en una situación pacífica burguesa, no tiene nada de progresivo (¿acaso no puede llevar incluso al fortalecimiento del propio Estado burgués?). De la misma manera, la abolición de la competencia, o poner trabas a la concentración del capital, dentro del régimen capitalista, implica volver a un romanticismo económico utópico. El famoso “control obrero” –tan agitado hoy– se transforma en colaboración con la patronal. En definitiva, la política “revolucionaria” se transforma en “reaccionaria”.

Es importante, por otro lado, destacar que Engels da mucha importancia a la argumentación frente a las críticas de los enemigos. No se trata de agitar a ciegas, sino de razonar y demostrar la posibilidad de aplicar la consigna. Por eso enfatiza que en la medida en que las reformas que agitan los comunistas no se presenten como parte integrante de un programa revolucionario, en una situación revolucionaria, es imposible responder a las objeciones de los economistas burgueses. Es que éstos pueden demostrar que las leyes del capitalismo acabarán con esas medidas supuestamente “revolucionarias”. Por ejemplo, el Estado burgués puede organizar durante algún tiempo el trabajo –hubo experiencias de este tipo, como los talleres nacionales franceses de 1848– pero al poco tiempo las cosas volverían a su cauce capitalista normal. Es que el trabajo será organizado por la relación capitalista, hasta que no se acabe con la propiedad privada de los medios de producción. Por lo tanto la consigna de organización del trabajo solo tiene sentido en el marco, insiste Engels, de una situación revolucionaria. Por eso las objeciones de los críticos burgueses

“… pierden toda su fuerza tan pronto se consideran las reformas sociales apuntadas como pures mesures de salut public, como medidas revolucionarias y transitorias…”

La referencia a las pures mesures de salut public se relaciona con la idea de que es necesario tener poder, como lo tuvieron los jacobinos durante la Revolución Francesa. Son medidas que, además, emanan “por sí mismas de la lucha transitoria entre las clases”. No son inventadas en un gabinete de especialistas, no son impuestas desde fuera del movimiento, porque se desprenderán del desarrollo económico y social “y del desarrollo de la consiguiente lucha de clases entre burguesías y proletariado”. De lo contrario, concluye Engels, estas medidas aparecen como “vacuas quimeras”, que “embrollan las cabezas” y la actividad de agitación se convierte entonces en “totalmente nociva y censurable para todo el partido alemán”.

Continuidad de este criterio en el marxismo

Este enfoque sobre las consignas de transición se plasma luego en El Manifiesto Comunista, donde su aplicación aparece subordinada “a la elevación del proletariado a clase dominante”; no como exigencias, como medidas representativas del “socialismo pequeño burgués” a ser impuestas al capital. En la “Circular de marzo de 1850” Marx y Engels formulan la táctica transicional de exigencias, pero no dirigida a un gobierno del capital, sino a un eventual gobierno de la pequeña burguesía jacobina surgida de la revolución, y con el trasfondo de las masas armadas y organizadas de manera independiente.

No es casual, por otra parte, que en la obra posterior de Marx y Engels no encontremos programas de transición, ya que no volvieron a enfrentarse a situaciones revolucionarias, con excepción de la Comuna. Por eso, cuando en los años ochenta del siglo XIX unos radicales agitaban en Estados Unidos por la estatización de la renta de la tierra, Marx se refiere a esta consigna como una de las “medidas de transición contenidas en El Manifiesto Comunista”, y explica que, como otras medidas similares, y tal como se explicaba en el Manifiesto, “son y deben ser contradictorias en sí mismas” (Carta a Sorge, 20/06/1881). Esto es, son medidas que por sí mismas no se sostienen, y exigen su aplicación de conjunto con un programa. Encontramos aquí el mismo razonamiento de Engels en su crítica a Heinzen. Por eso también Marx rechaza estas medidas calificándolas de “panacea socialista, derivadas del desideratum de los economistas burgueses radicals de Inglaterra”.

Como se habrá intuido, todo esto está atravesado por la importante cuestión –para pensar política- de la relación entre lo posible, por un lado, y la demanda y la táctica, por el otro. En este punto es necesario tener una visión dialéctica del asunto. Es que en política, decía Hegel, hay que evitar las especulaciones abstractas sobre “lo posible”, porque si nos olvidamos de las condiciones reales cualquier cosa puede ser vista como “posible”. Para evitar estas ensoñaciones vacuas –¿es lógicamente posible que todos los capitalistas se conviertan de la noche a la mañana en socialistas y renuncien a la propiedad privada?– lo posible, sigue Hegel, debe derivarse

“… del contenido, esto es, de la totalidad de los momentos de la realidad, que se muestra en su desarrollo como necesidad” (Enciclopedia).

Esto es, hay que estudiar el contenido de los procesos sociales, sus relaciones internas, su evolución y contradicciones, y con ello determinar qué es posible en cada situación concreta. Es lo que pedía Engels sobre el estudio de las consignas, de sus condiciones de aplicación, de su vínculo con la situación del movimiento de masas y el desarrollo económico y social. Y en este respecto hay demandas que son lógicamente incoherentes. Por ejemplo, Marx rechazaba la consigna de Bakunin de “igualación de las clases sociales” por ser “lógicamente imposible”, esto es, contraria de la naturaleza de la sociedad capitalista. Algo similar se puede decir de la demanda al Estado burgués para que aplique medidas de transición al socialismo. Se trata de una demanda incoherente, lógicamente imposible. Por eso la única forma en que esta demanda se “efectiviza” bajo el capitalismo es como parodia, como mera representación “del socialismo”. Por eso también esta consigna, así formulada, confunde y embarulla las cosas, como explicaba Engels.

Por otra parte hay consignas que no son lógicamente incoherentes, aunque pueden no ser aplicables por carencia de condiciones concretas. Por ejemplo, el control obrero sobre la producción es una medida lógica, pero siempre que se den condiciones concretas, como ser, una situación revolucionaria aguda, o un Estado de los trabajadores.

Se puede demostrar  además que, Lenin tuvo el mismo criterio. Esto es, las consignas tienen sentido en relación a sus condiciones de aplicación. Por caso –y el argumento es de Lenin– podemos tener muchas ganas de establecer el control sobre Inglaterra, pero si no hay poder, esto es, una armada capaz de controlar, la consigna es abstracta, vacía, sin sentido. Por eso tampoco encontramos en Lenin la idea de agitar consignas de transición al socialismo en condiciones “normales” de dominación del capitalismo.

Otra manera de hacer política

Mucho de lo anterior puede tener relevancia como indicativo de otra manera de pensar y elaborar política, y de concebir la actividad de los marxistas, que la que impera hoy en la izquierda. Esto porque la agitación de consignas sin analizar sus condiciones de aplicación, sin vincularlas al movimiento y a las relaciones entre las clases, se ha convertido en una costumbre. Aquí se ha impuesto la idea de Trotsky, quien sostenía que no es necesario tomar en cuenta la posibilidad de realización de la demanda. Los trotskistas han elevado esto a teoría; y muchos grupos siguen este criterio, aunque no se reclamen de la tradición trotskista.

El cambio de Trotski con respecto al criterio de Engels es explícito. Casi como si estuviera polemizando en defensa de Heinzen, escribía en los años treinta:

“… cuando se trata de una reivindicación, sea cual sea (…) el simple criterio de la posibilidad de su realización no es decisivo para nosotros…” (…)

“…en determinadas condiciones es totalmente progresivo y justo exigir el control obrero sobre los trusts aun cuando sea dudoso que se pueda llegar a ello en el marco del Estado burgués” (Trotski, Stalin, el gran organizador de derrotas).

Pensaba que la lucha por consignas imposibles de lograr en el capitalismo llevaría a los trabajadores a enfrentarse al Estado capitalista y el sistema. Esto es, apostaba a un avance de la conciencia “en la práctica”. Esta idea está claramente expresada en el pasaje que sigue al anterior:

“El hecho de que esta reivindicación no sea satisfecha mientras domine la burguesía, debe impulsar a los obreros al derrocamiento revolucionario de la burguesía” (ídem).

Pues bien, ésta la forma en que hoy se piensa la política en buena parte de la izquierda Así, se lanzan llamamientos a pelear por cosas imposibles de obtener en el capitalismo, con la esperanza de que la clase trabajadora desemboque en la lucha por el socialismo. Existen muchos ejemplos: “disolución de los cuerpos represivos”, “reparto de las horas de trabajo por el Estado hasta acabar con la desocupación”, “control obrero sobre obras públicas”, y similares. Todas estas demandas, agitadas con insistencia en una situación no revolucionaria, siguen la lógica de Heinzen y Trotski.

En el límite, se llega al disparate

La aplicación sistemática del criterio “transicional” indujo a Trotsky a proponer el disparate político del control obrero del ejército, en las vísperas de la Segunda Guerra mundial. Su idea era que había que hacer la guerra contra Hitler “no a la manera de Petain, sino de los trabajadores”. Por eso el Programa de Transición propone “instrucción militar y armamento de los obreros y campesinos bajo control de comités obreros y campesinos”, y formación de oficiales salidos de las filas obreras, y elegidos por las organizaciones obreras. En definitiva, el control obrero del Pentágono. Ante una situación límite, como es la guerra, la política transicional llega al extremo en que desnuda su impotencia, e incoherencia. Estas propuestas, que encierran la ilusión de controlar al Estado norteamericano, jamás fueron cuestionadas por las organizaciones trotskistas, hasta el día de hoy. Pero alcanzadas  estas cimas de la abstracción, cualquier política “ultra- revolucionaria” (en el fondo, ilusoriamente reformista), es posible. Muchos militantes y dirigentes de partidos se entrenaron, a partir de estos ejemplos,  en esta forma de pensar las tácticas y consignas.

Conclusión

Lo que he buscado con esta nota es plantear la posibilidad de que se piense la política desde un abordaje distinto del que se ha vuelto común entre quienes se reclaman marxistas. Dado que las formas de hacer política que criticaba Engels hoy se han naturalizado, muchos piensan que si no se hace así, “no hay táctica ni política”. Lo cual implica suponer que Engels, Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y tantos otros que jamás defendieron la agitación de las consignas de transición urbi et orbe, ni llamaban a insurrecciones “al buen tuntún”, no habrían “tenido política concreta”. Pensamos que esto es insostenible.

Por otra parte sería bueno preguntarse qué resultó de la táctica Heinzen-Trotsky. ¿Dónde se dio que los trabajadores salieran a luchar por una demanda imposible de cumplir en el capitalismo, y a partir de allí una movilización adquiriera la dinámica de “escalera de consignas de transición”, con que se sueña? ¿Cuándo se ha registrado esto a partir de una situación no revolucionaria? La respuesta es que nunca. ¿Cómo es posible que avancemos queriendo generar la ilusión de que incluso el ejército puede ser controlado por los trabajadores? Por eso, lo que ha resultado de esta forma de agitación es desconcierto y desorientación del movimiento de masas, y desmoralización de parte de la militancia que durante décadas se dedicó a explorar este camino. ¿No será hora de reflexionar si los viejos escritos de Engels no tienen algo que enseñarnos?


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Engels y el arte de hacer política

Written by rolandoastarita

14/09/2010 a 09:52

Publicado en General

19 comentarios

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  1. Un tema más que recurrente en los debates entre “izquierdistas”.

    Creo que es muy común encontrar entre militantes e intelectuales de izquierda la idea que mañana se puede hacer una revolución. Yo particularmente considero que no están dadas las condiciones objetivas (y por consecuencia subjetivas) para en el corto plazo emprender el camino hacia un modo de producción superior.

    Rolando, me interesaría saber que opinás sobre el proyecto de Recalde, dado que en algún punto toca este tema de debate.

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    Cristian

    15/09/2010 at 12:02

  2. Ok,y cual es tu programa y plan de lucha para la situacion argentina en este momento?

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    hola

    15/09/2010 at 12:11

    • A partir de discusiones con compañeros que militan en el movimiento sindical hace un tiempo escribí algunos textos donde expliqué la necesidad de cambiar algunas orientaciones enfebrecidas. Todo parte de un análisis de la etapa; hay que empezar reconociendo que no estamos al borde de la insurrección, o cosas parecidas. En segundo lugar, mi crítica a las consignas transiciones va unida a una propuesta: hay que volver a reivindicar la distinción entre el programa máximo y mínimo. La afirmación de Trotsky de que a partir de 1917 ya el marxismo debía dejar de lado el programa mínimo fue un disparate (casualmente, Lenin rebatió esa idea en 1917). A partir de aquí se deriva una estrategia completamente distinta de la habitual. Trataré de seguir desarrollando estas cuestiones en otras notas. De todas formas todo esto exige elaboraciones colectivas. Lo que quiero es plantear la discusión en otro plano; mostrar que hay otra forma de pensar la política y las tácticas desde el marxismo.

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      rolandoastarita

      15/09/2010 at 15:48

    • Estimado Rolando, te quiero pedir disculpa de antemano con las faltas de ortografia, problemas de configuracion de teclado no me permiten escribir correctamente.
      Partiendo de tu primer punto, si pudieras aclarar que concepciones enfebrecidas te refieres y cuales organizaciones politicas las plantean seria util para no caer en generaizaciones que conduscan a errores. Por que si planteas como no estamos en una situacion insurrecional si bien es correcta carece de profundida como concepto politico, la situacion no es insurrecional en Argentina ni en Estados Unidos es verdad, pero lo es tambien que no ayudan a describir lo distiton niveles de acumulacion de fuerza de sus distintos proletariados.
      Respecto a las afirmaciones de Trotsky la verdad las desconosco y me gustaria encontrar los libros donde las desarrolla.
      Respecto al programa minimo y maximo cual es el objetivo de retomarlo, mas alla de la generalidad de hacer una correcta lectura de la realidad y supongo la posibilidad de transformala. Las experiencias de partidos que han hecho suyo esta distincion al menos las experiencias que yo conozco, son que el trabajo de preparacion lo han hecho bien en cuanto al acrecentamiento de sus fuerzas militantes, pero las revoluciones le han pasado delante de sus narices convirtiendose en los hechos en partidos que han desarmado politicamente a la clase obrera frente a los ataques de la burguesia.
      Por otra parte en otros articulos has planteado que por ejemplo la lucha de partidos argentinos de que las empresas tomadas por sus trabajadores, sean estatizadas bajo control obrero te parecen irrealizables pues les pide al Estado burgues que adopte el programa del enemigo, cual entonces es para ti la salida frente a estas crisis, qu serian las otras formas de pensar la politica.
      Bueno esperando seguir compartiendo inquietudes te dejo un abrazo.

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      hola

      17/09/2010 at 02:11

    • Existe una idea generalizada en los partidos de izquierda de que estamos en una situación “pre-revolucionaria”, que en cualquier momento deviene en revolucionaria. De aquí la idea de llamar al “Argentinazo”, a la “huelga general”, o cosas por el estilo, en situaciones que en absoluto están planteadas semejantes consignas. Recuerdo que hace unos años toda la izquierda se unió para “exigirle” a la dirección del gremio de docentes de Neuquén. ATEN, que continuara una huelga, para desatar un movimiento nacional hacia la huelga general, a raíz del asesinato por la policía de Teresa Rodríguez. Los compañeros dirigentes del sindicato explicaron que ellos no podían hacer semejante cosa, por lo que una gran cantidad de los partidos de izquierda se unieron para condenarlos por “traidores”. Llegaron al extremo de incluir en una convocatoria al acto del 1º de Mayo esa condena. Años después, esos mismos partidos le exigían, de nuevo al sindicato ATEN, que llamara a una huelga general hasta derrocar al gobernador, cuando fue el asesinato de Fuentealba. Puedo seguir con ejemplos. Compañeros que militan en lugares que son recuperados a la burocracia me dicen que a cada rato aparecen planteos ultimatistas, del tipo de “hacer punta para desatar un movimiento hacia la huelga general”. La agitación por el “argentinazo”, que se hizo una y otra vez a lo largo de años, se inscribe en la misma lógica. Todo esto, por supuesto, no tiene nada que ver con las tácticas que se derivan de análisis basados en el materialismo. La agitación permanente por la huelga general fue analizada en el marxismo hace ya muchos años. La idea de que en el 2001 habían surgido embriones de “soviets” (las asambleas barriales y las reuniones de Parque Centenario) tienen que ver con estos encuadres.
      También la idea de que es posible instalar el control obrero se basa en un análisis enfebrecido. No hay control obrero si no es en situaciones revolucionarias. Voy a desarrollar más algunas de estas cuestiones.
      Por otra parte, la división entre programa máximo y mínimo no es la solución de los problemas. Es UNA de las cuestiones que hay que encarar, y debe combinarse con una estrategia global. Los PCs mantuvieron la división entre programa máximo y mínimo, pero para conciliar con el capital y su Estado. En el fondo de esta cuestión está la relación entre reforma y revolución, que discutió el marxismo. Yo soy partidario de la respuesta que dieron Rosa Luxemburgo y Lenin a esta cuestión. En la medida en que tenga tiempo voy a ir escribiendo sobre el problema en el blog.
      Por último, los marxistas no tenemos soluciones para las crisis capitalistas. Esto por la sencilla razón de que las crisis capitalistas son inevitables; y el capital sale de sus crisis aumentando la explotación de los trabajadores. Jamás una crisis capitalista la pagaron los capitalistas, en tanto se mantuvo el modo de producción capitalista. Los reformistas piensan que es posible una salida concertada entre el capital y el trabajo. Es una ilusión. De ahí que en el plano de las reivindicaciones los marxistas luchan por paliativos (por ejemplo, el seguro de desempleo). No alientan esperanzas en cambios de superficie. Marx no escribió “El Capital” para pedir la renuncia del primer ministro inglés como respuesta a una crisis económica, o la desocupación; o el cambio del gobierno. Pero este tipo de demandas se han convertido en comunes. La solución de fondo pasa por el programa máximo, esto es, acabar con las relaciones de propiedad capitalistas. Engels alguna vez escribió con razón que una idea central del marxismo es que los problemas fundamentales de la clase obrera no tienen solución dentro del capitalismo.

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      rolandoastarita

      17/09/2010 at 09:19

  3. Estimado hola,

    Por empezar, plan (definido como etapas a realizar hasta llegar a un modo de producción superior) no tengo, dado que no soy lo que comúnmente se denomina militante (muchas veces creo que justamente por esta definición de “no creer” en la revolución hoy es que no puedo encontrar un grupo de militancia), por lo cual me limito a mis posibilidades, las cuales considero que están en mi labor docente. En dicho labor, trato de derribar la primer barrera que hay hacia las ideas de izquierda, dando contenidos “políticamente incorrectos” y buscando el pensamiento crítico de mis alumnos.

    Cual sería el tuyo??

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    Cristian

    15/09/2010 at 15:46

    • Estimado Cristian, como tu yo tampoco milito, mi pregunta hacia Rolando es por lo siguiente el critica cierto accionar en general de la izquierda que para ser sincero no se que organizaciones se refiere pero en general me imagino cuales son frentes ha eso planes de lucha que a mi parecer alguno son correcto y que a el no, quise saber cuales son los planes de lucha que en la situacion actual a el le parecen correcto.
      Respecto ha abrir la mente de tus alumnos respecto a la ideas de izquierda, no lo puedo compartir por que pienso que exiten muchas izquierdas y obviamente co comparto el postulado de todas.
      En otro post planteas que no estan las condicones para acceder a un modo de produccion superior, me gustaria saber cuales son estas condiciones para ti, repitiendote que yo no las tengo resueltas tampoco.
      Respecto a creer en la revolucion hoy, si pudieras aclarar si te refieres a no creo en la revolucion bajo ninguna circunstacia, ya que no es deseable o simplemente piensas que los partidos politicos que se reclaman revolucionario creen que la revolucion sera manhana y por eso no lmilitas en ellos?
      Saludos.

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      hola

      17/09/2010 at 02:22

  4. Estimado hola

    1) “Respecto ha abrir la mente de tus alumnos respecto a la ideas de izquierda, no lo puedo compartir por que pienso que exiten muchas izquierdas y obviamente co comparto el postulado de todas.”
    -yo considero que más allá que alguno de los enfoques de izquierda sea más “blando” y otro más “duro”, y más allá que yo comparta o no tal o cual idea, creo que lo mejor es que los alumnos conozcan todos los enfoques que sean posibles y después saquen sus conclusiones. Creo que ese es el valor agregado que tenemos los que somos lic. en economía y además simpatizamos con las ideas de Marx, justamente que al discutir con economistas mainstream, ya conocemos su basamento teórico (dado que hemos cursado una carrera completa mainstream) y ellos se quedan únicamente en discursos armados, ya que son muy pocos los que leyeron a Marx y derivados. Al graduado medio de economía rara vez le dieron algún texto original que se salga de la línea mainstream

    2) “En otro post planteas que no estan las condicones para acceder a un modo de produccion superior, me gustaria saber cuales son estas condiciones para ti, repitiendote que yo no las tengo resueltas tampoco.”
    -yo considero que no están dadas por un lado por la vieja tradición “clasemediera” que hay en argentina, lo que genera creo yo que la clase obrera muchas veces “reniegue” de su condición, y por otro porque en Argentina, dentro de todo, todavía se pagan sueldos relativamente altos, y en el fondo, considero que los obreros hoy por hoy están “cómodos” con su condición (además que no ven la explotación).

    3) “Respecto a creer en la revolucion hoy, si pudieras aclarar si te refieres a no creo en la revolucion bajo ninguna circunstacia, ya que no es deseable o simplemente piensas que los partidos politicos que se reclaman revolucionario creen que la revolucion sera manhana y por eso no lmilitas en ellos?”
    -creo por un lado que no es el momento, por una cuestión que no creo que el argentino hoy día esté con ganas de producir socialmente, y ganar lo mismo que el vecino (y mucho menos si el argentino nombrado viene de un padre profesional y el vecino viene de un padre obrero y encima es “morochito”). vuelvo a decir, lo mismo que en el punto 2, está todavía el dilema de clase de si / para si. si creo en la revolución en el largo plazo, pero no en el corto (ojalá me equivoque y la pueda ver).
    por el lado de que no milito, es porque tengo serias diferencias ideológicas y prácticas con los militantes, tales como (no en todos los casos, pero muy recurrente): cerradez de ideas, debates estériles (sobre si Marx en su 14ta carta a Engels dijo en la línea 56 que va a pasar tal cosa o tal otra), diferencia de apreciación de la realidad (en muchos casos consideran viable la revolución mañana), etc.

    Saludos

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    Cristian

    17/09/2010 at 09:49

  5. Si los egresados de esas carreras de economía no se sienten explotados después de haber recibidos sendos cursos donde se presentan diferentes enfoques a modo de reportaje con toda “objetividad” periodística (o sea, de manera políticamente frívola y sin compromiso), entonces no me extraña que ese egresado mida su nivel de explotación en referencia a la condición social de un morochito menos favorecido y folklóricamente descriminado.

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    Andres

    20/09/2010 at 19:24

    • Andrés:

      imagino que tu coment está relacionado con mi coment anterior (por la temática del estudiante y los enfoques), pero, de ser así no entiendo a que va tu idea.

      si querés y podés me la re-explicás de manera que podamos discutirla???

      Saludos

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      Cristian

      21/09/2010 at 09:20

    • Cristian
      Mi idea es una crítica a la metodología en la enseñanza de la economía política presentada de manera imparcial y/o frívola. El periodista, a mi juicio, confunde imparcialidad con objetividad, y esto repercute en otras ramas del saber humano. Pero lo objetivo, la verdad al respecto, no es imparcial, sino en principio única, a la cual nos acercamos según criticamos, afirmamos o negamos ciertas concepciones al respecto. Tanto en las ciencias fáctica como sociales, lo fundamental es preparar al estudiante con los recursos necesarios para resolver el problema; hay que meterlos de cabeza a formar parte del debate.
      Pero, en realidad ya nos salimos del tema tratado aquí. Quizás en otra oportunidad pudiéramos discutir más al respecto.
      Saludos

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      Andres

      21/09/2010 at 15:19

  6. Andrés:

    por empezar, si mal no recuerdo, las ciencias sociales son ciencias fácticas, facto viene de factum, es decir hecho, es decir que tienen su basamento en los hechos.

    siguiendo con la discusión, tal vez yo no entro en la diferenciación de imparcialidad/objetividad, sino que me interesa que los alumnos conozcan la mayor cantidad de enfoques, y luego ellos concluyan, pero con cierto abanico de posibilidades, dado que si hay algo que yo detesto del 90% de los profesores es que no salen del manual básico neoclásico o algunos keynesiano.

    Saludos

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    Cristian

    21/09/2010 at 22:56

    • Con respecto a las ciencias sociales como fácticas, quizás en principio, pero “de facto” a veces me parecen más bien formales (similares a las matemáticas, pero reemplazando el rigor y la coherencia con otros compromisos… de clase?!), pues de un axiomas y colorarios se llegan a pruebas que a veces se dan de cachetadas con los hechos reales. Pero sin adentrarme más en esto, le concedo mi rendición en este punto :)
      Y por favor, no crea usted que mi posición es anti-matemática. TODO LO CONTRARIO. Por ejemplo, utilizando el tema tocado entre Keynesianos y neoclásicos: que lo segundos refuten matemáticamente que el capitalismo clásico pueda garantizar full-production y full-employment cual así demostrara formalmente JM Keynes. Si existe tal prueba, lo desconozco, y me interesaría mucho.
      Gracias

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      Andres

      22/09/2010 at 17:18

  7. Corrección: quise decir JMK demostró matemáticamente que el capitalismo no puede garantizar full-…

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    Andres

    22/09/2010 at 17:25

  8. Rolando, excelente nota. Me interesaría saber más sobre el programa mínimo y máximo. En donde podría encontrar información sobre el tema ? Muchas Gracias.

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    agus14vc

    09/10/2013 at 13:48

    • Nunca desarrollé esto, y tampoco creo que esté muy desarrollado en el marxismo. En algún pasaje Lenin explica que el programa mínimo contiene las demandas que, en principio, son realizables dentro del capitalismo. Por ejemplo, las famosas consignas “paz, pan y tierra” eran demandas que los marxistas consideraron siempre como propias del programa mínimo. Me parece imprescindible que el movimiento socialista (digamos, en el se basa en las ideas de Marx) vuelva a la vieja tradición de distinguir entre el programa máximo y el programa mínimo. El programa mínimo no solo contiene las demandas de las luchas cotidianas, sino también son las demandas en torno a las cuales se pueden establecer acuerdos unitarios con otras fuerzas, para la acción, a fin de impulsar esas demandas.

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      rolandoastarita

      09/10/2013 at 19:10

  9. Gracias, muy claro todo. Me parece que sin querer se me mando otro comentario con la misma pregunta pero todavía no fue publicado. sepa disculpar.

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    Agus14vc

    09/10/2013 at 20:14

  10. Reblogueó esto en Gerardo Daniel Rossi.

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    gerardodrossi

    21/12/2014 at 08:07

  11. A favor del artículo. O sea, la propuesta es totalmente lógica: basar el programa político y las consignas de agitación tomando en cuenta:

    1) adónde se quiere ir (una sociedad socialista, democracia obrera, etc);
    2) dónde estamos;
    3) cómo llegamos.

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    Danilo Castelli

    22/08/2015 at 22:55


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