Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

No seré intelectual, pero soy doctor

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O el cuento del consuelo de Simplicius

Nota introductoria: Con motivo de la nota sobre el marxismo críptico, me preguntan qué opino acerca de la forma en que se orientan las carreras académicas y de investigación de los jóvenes. Reproduzco una pequeña nota que escribí en 2007. Su disparador inmediato fue la disposición de la Universidad Nacional de Quilmes de que nadie puede presentar un proyecto de investigación independiente si no tiene el título de doctor. Por otra parte, reitero lo que digo más abajo: ideológica y políticamente estoy muy lejos de los puntos de vista de Beatriz Sarlo. Pero su caso sirve para poner en evidencia, en los propios términos de la “academia”, el dislate a que lleva el sistema imperante. A propósito de las discusiones sobre los requisitos para dirigir proyectos de investigación, me parece ilustrativo partir de un reportaje a Beatriz Sarlo, donde ésta dice:

“… fue una casualidad que, después del golpe de 1966, cuando una universidad norteamericana me ofreció un lugar para redactar la tesis de doctorado (que nunca hice), yo no me haya decidido. Mi vida intelectual habría sido radicalmente diferente (lo más probable es que ni siquiera hubiera podido aspirar a la denominación de intelectual)”  (Suplemento de Cultura de La Nación, 29/04/07).

Beatriz Sarlo nos cuenta que si hubiera aceptado hacer el doctorado en Estados Unidos, su vida intelectual hubiera sido “radicalmente diferente”, y lo más probable es que nunca hubiera podido aspirar a ser llamada una “intelectual”. Claro que si hubiera hecho las cosas “académicamente correctas”, hoy podría dirigir un proyecto de investigación en la UNQ. Lo cual no es moco de pavo. Pero eligió ser una “intelectual”. Esto es, no hizo como mi amigo Simplicius, que se rompió el alma por sacar un doctorado en Harvard (United States of America) y tiene el honor de que hoy todos lo llamen doctor, y además puede dirigir proyectos, y hasta programas de investigación, nada menos que en la UNQ. ¿Qué es Beatriz Sarlo al lado de esto? ¿Se entiende? ¿O no? ¿NO? ¿Cómo que no entienden?  Beatriz Sarlo sigue:

“… mi relación con la crítica no tuvo nada de precoz ni estuvo guiada por una intuición muy firme de hacia dónde me estaba dirigiendo. No tenía ningún destino marcado, ninguna sensibilidad de origen. Las fechas de los ensayos reunidos en el libro Escritos sobre literatura argentina prueban que no exagero, ya que los primeros que se incluyen son de comienzos de la década del ochenta, cuando me acercaba a los cuarenta años. Mi vida académica terminó con la tesis de licenciatura en 1966, y sólo volví a la universidad en marzo de 1984, en un paralelo que refleja la historia argentina. Durante años no pensé que necesariamente me iba a convertir en una crítica de literatura. Hacía un poco de todo y escribía mal…”.

Remarco, Beatriz Sarlo dice que estuvo casi veinte años “sin destino marcado”, “haciendo un poco de todo” y escribiendo “mal”, en lugar de estar en la carrera académicamente correcta. Años sin sumar puntitos en base a prolijas presentaciones de papers y ponencias con referís. ¿No se trataba de un caso perdido? Mi amigo Simplicius hubiera respondido sin vacilar que sí. Pero a la vista de lo que hoy publica Beatriz Sarlo, parecería que no, que no era un caso perdido. Compartamos o no los puntos de vista ideológicos y políticos de Beatriz Sarlo –personalmente no los comparto– sus escritos nos ayudan, por lo menos, a pensar y a profundizar en cuestiones sociales, políticas y culturales que a todos nos interesan.

Ahora bien, ¿es el caso de Sarlo una excepción? Mi respuesta es que no, que no se trata de una excepción, ni mucho menos, porque está lleno de buenos intelectuales que en ciencias sociales han producido recién en su edad madura. Intelectuales que han estado décadas estudiando sobre muchas cosas, “escribiendo mal”, borroneando hipótesis y trabajando en tesis inconclusas. O sea, trabajando sin desesperarse por cumplir los pasos que exige el usual currículum; sin preocuparse porque llega fin de mes y “todavía no tengo un resultado para el informe anual”, y cosas por el estilo. Esto sucedió, remarco, no sólo con grandes investigadores y pensadores, sino también con muchos otros que aportaron lo suyo, y fue bueno, sin ser deslumbrante.

¿Pero a quién se le ocurre desperdiciar el tiempo de esta manera? pregunta asombrado Simplicius. ¿Siguen sin entender? ¿No saben lo que es LA CIENCIA? ¿Cómo es que pierden el tiempo? ¿Cómo se les ocurre?

Pues bien, se le ocurre a la gente que sabe que en ciencias sociales los tiempos y los modos de investigación no son los de las ciencias “duras”. Es que está probado que en ciencias sociales la madurez intelectual y la capacidad de producción alcanzan su pico en la vida de una persona hacia los cincuenta años. Y esta relativa lentitud en alcanzar la plenitud de la producción se debe a que en las ciencias sociales intervienen muchas variables. Muchos factores concurren a la determinación de un fenómeno, y por eso las explicaciones nunca se pueden trabajar con relaciones de “causa-efecto”. No se pueden establecer relaciones lineales. Lamentablemente mi amigo Simplicius esto no lo sabe, debido a una deformación profesional, adquirida durante los duros años en que luchó por sacar adelante su renombrada tesis doctoral (en base a una elaborada relación econométrica, Simplicius logró demostrar la incidencia del empleo del pelapapas en el PBI de Corrientes, Argentina; tesis doctoral cum laude, 1989, annus mirabilis de la caída del Muro).

Pero además, y en tercer lugar, no se trata sólo de que los criterios de Simplicius no tienen en cuenta los ritmos y saberes particulares que exigen los estudios sociales, sino también del hecho de que Simplicius tomó partido, hace ya mucho, por el “conocimiento fragmentado” frente a lo que él llama, con desprecio, los “grandes relatos”, o los “saberes generales”.

Efectivamente, desde hace años (casualmente, desde que empezó a triunfar la reacción conservadora a nivel mundial), Simplicius alienta la renuncia a las grandes visiones explicativas, a los enfoques globales, y sólo apoya los estudios fragmentados. Sólo a este tipo de estudios los considera científicos. Según Simplicius, es ciencia estudiar, por ejemplo, la historia del uso del tenedor en la ciudad de Avellaneda y aledaños, entre 1900 y 1950 (o tal vez, sólo de Avellaneda, no vaya a ser que seamos imprecisos). Pero no es ciencia intentar una explicación global de fenómenos, como las que hicieron un Marx, un Keynes o un Schumpeter. Ni es ciencia que alguien trate problemas generales a partir de estos autores, o de cualquier otro “universal”. Es que Simplicius exalta el particular; y más que el particular, el singular. Por supuesto, a Simplicius nunca se le ocurrió pensar en el concepto hegeliano del concepto (eso del universal concreto, o sea, el singular que sólo se entiende a través del universal y viceversa), porque Simplicius, como dije, pasó años sin tiempo para distraerse en otra cosa que no fuera su tesis sobre los pelapapas y el PBI de Corrientes. Pero a Simplicius esto lo tiene sin cuidado, porque desde hace mucho sospecha que también Hegel fue “generalista”. Y Simplicius está empeñado en utilizar todo el poder del que dispone –que no es poco– para que las cosas vayan por el camino de la ciencia.

Es por esta razón que Simplicius orienta a los jóvenes a aplicarse a trabajos de investigación que den resultados tangibles. Al que no saca resultados más o menos inmediatos, Simplicius le arruina la carrera como investigador. Para esto le basta con no aprobar un informe. Es suficiente con que no se hayan plasmado resultados inmediatos –un año, dos a lo sumo– para que la cosa se corte por lo sano con cualquier jovencito con pretensiones de universalidad. Basta de perder el tiempo. Así la ciencia social estará siempre al servicio del pueblo (y de alguna manera derramará, tengan paciencia); y la Universidad no estará desperdiciando recursos. Por eso, cronómetro en mano, Simplicius toma tiempos y tabula insumos y productos. Y saca resultados prácticos, cada vez más tangibles, y cada vez más prácticos.

Pues bien, debo confesar que nunca compartí los criterios de Simplicius. Pero no hay nada personal en esto. Simplemente estamos en las antípodas ideológicas. No compartimos siquiera los criterios básicos de lo que es la producción de ciencia sobre la sociedad. Por eso, también hace mucho tiempo, decidí que no quería seguir los pasos de Simplicius, mi amigo, el que se puso muy contento cuando lo empezaron a llamar doctor, aunque nunca nadie lo consideró un intelectual.


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No seré intelectual, pero soy doctor

Written by rolandoastarita

10/10/2010 a 09:26

Publicado en Académica

5 comentarios

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  1. Gracias por la nota rolando. Es aclaratoria de la situación, y da ánimo a quienes quedamos por fuera del cirucuito académico.
    Es verdad que los títulos dan más posibilidades respecto al trabajo.
    Es verad que prepondera la descripción sobre la explicación (al menos en la licenciatura de Comercio Internacional, Unq; ni que hablar de “económicas” de la unlp).
    Es verdad que el proceso de captación de los fenómenos sociales lleva mucho tiempo y es progresivo.
    Es verdad que las investigaciones “formales” exigen resultados tangibles y bastantes formalidades (papelerio y burocracia.
    Todas estas “verdades” no fueron reveladas más que por mi experiencia personal, (excepto el comentario acerca de la unlp).
    Creo que lo importante es adquirir, con el trabajo de estudio, capcidades más desarrolladas que las de un loro, (ya sea transitando el tradicional camino a el paralelo).
    saludos, y nuevamente gracias.
    ari

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    Ari

    10/10/2010 at 13:04

  2. Me olvidaba de una inquietud importante que quería plantear, ¿cómo podemos hacer para fomentar e enraizar la crítica acerca de todas las cuestiones del ámbito académico?
    … y qué hay de actual en ésta frase de Trotsky:“Con el fin de asestarme un golpe en el lugar más vital, Burnham me informa que en los textos universitarios de lógica con los que se maneja no se menciona en absoluto la dialéctica. Debería haber agregado que en los cursos universitarios sobre economía política tampoco se menciona la teoría marxista del valor-trabajo o si se lo hace es sólo para condenarla. Y lo principal que tendría que haberse tenido en cuenta es que en los textos universitarios no se hace referencia, ni siquiera para condenarla, a la posición socialista sobre las formas de propiedad, etcétera… Del hecho de que la dialéctica no aparece en los textos universitarios se extraen algunas conclusiones acerca de la naturaleza de clase de la sabiduría oficial, su temor por la revolución, la incapacidad del pensamiento burgués de ir más allá de los límites de las tareas empíricas, etcétera. Para Burnham y su especie la prohibición del marxismo en la enseñanza oficial basta para refutar la naturaleza científica del mismo.”

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    Ari

    10/10/2010 at 13:47

  3. Me parece importante el debate y para nada menor. De mi paso por la universidad siempre me llamo la atención como compañeros(algunos autedenominados marxistas)con becas en ciencias sociales no dedicaban tiempo ni importancia al estudio de “el capital” de Marx…Y ante los doctorados siempre me pareció anticipadora la respuesta de Sarmiento cdo lo llamaron doctor…”más doctor será usted”. Muy buen articulo Rolando, saludos

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    Esteban

    10/10/2010 at 14:51

  4. La cuestión me parece muy importante. Solo quiero agregar que esta mania de publicar y publicar, Publish or Perish, tambien esta minando las ciencias “duras”. Estudie en la facultad de ciencias exactas de la uba y eventualmente me di cuenta que el ritmo que impone la academia y los temas que uno esta casi obligado a elegir por “la moda” no tenian nada que ver con mis intereses o lo que me parecia cientificamente relevante. No soy el unico en esta situación, luego de graduados hemos sido muchos los que preferimos la docencia y la libertad de explorar en lugar de producir resultados vacuos.
    Sin pretender compararme con ellos, ni mucho menos, segun los actuales criterios de eficiencia academica Bernhard Riemann seria considerado un inutil. Por no hablar de Albert Einstein y varios pesos pesados de decadas pasadas.

    Saludos.

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    Gerardo

    11/10/2010 at 10:52

  5. Profesor Astarita, sé que es muy poco serio hacer de este espacio una especie de juegos florales, pero de cualquier manera, creo que uno no debería pasar por alto el mérito de su trabajo como científico social al margen de la lógica de obtener becas o estímulos económicos.

    Creo que la necesidad de alinearse a los criterios que impone la academia, se debe además a la presión de un mercado laboral precarizado, y en el hecho de que para muchos, la posibilidad de perseguir una carrera académica, mediante la continuación de estudios de maestría o doctorado, significa una manera de evadir la dureza del trabajo asalariado.

    Hace un año terminé mis estudios de licenciatura, y es muy fácil olvidar que el intento de comprender la sociedad en que vivimos, debería estar por encima del interés de hacer una carrera en la academia, o de obtener una beca. En cierto sentido es como si uno “deseara” ser asimilado por el sistema académico y sus criterios ideológicamente condicionados. Todo sea por obtener un ingreso relativamente estable por los siguientes dos años.

    Creo (y en esto radica mi reconocimiento a su trabajo y una autocrítica personal ) que el vincular el estudio de la crítica de la economía política, o la obra de Marx, a la mera búsqueda del reconocimiento y de los estímulos de la academia, es en cierto sentido, una traición a la ética sobre la que aquella se funda. Esto se olvida aún más fácilmente cuando no se milita en ninguna organización y en realidad se está ajeno a cualquier lucha de los explotados (es mi caso).

    En fin, lo que quiero decir detrás de tanta verborrea, es que su trabajo es un pequeño recordatorio de la mezquindad de casar a la ciencia con el interés económico (por más justificado que este sea), y de que la crítica de la economía política, particularmente, tiene como fin servir como instrumento para la transformación de la sociedad, y no como una curiosidad intelectual.

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    luisvaldes

    22/06/2016 at 00:15


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