Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Dificultades neoclásicas debajo de la alfombra

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En un comentario que Ezequiel envió hace unos días a este blog, cuenta que un amigo, economista recién egresado de la Universidad Torcuato Di Tella, desestimó la importancia de la vieja crítica de los keynesianos y ricardianos a la teoría neoclásica del capital, porque se trataba de una polémica “vieja” y “los métodos actuales son distintos”. No es la primera ver que escucho esta excusa ni será la última. Es una forma de mantener la tranquilidad espiritual, y evitarse problemas. Recuerdo que hace ya algunos años, un profesor de microeconomía me pedía que, por favor, no explicara la crítica de Cambridge a mis alumnos (muchos compartían los cursos), porque “me vas a generar un lío”. Por eso, para que continúe la clama chicha, los manuales y cursos eluden la cuestión. A lo sumo, en algunos cursos de Crecimiento se presenta a los alumnos la polémica, como si fuera una curiosidad de la historia del pensamiento. Pero en textos modernos de crecimiento, el tema ni se menciona. Sala i Martin, Barro, Romer, los “popes” actuales de crecimiento, pasan olímpicamente por alto los cuestionamientos a la función de producción neoclásica. Aunque no por ello se privan de utilizar la función como base para sus razonamientos. En textos y cursos jamás se comunica a los  alumnos que la crítica a la función de producción neoclásica, y a la teoría del capital, nunca pudo ser respondida por los neoclásicos.

En este respecto es necesario también hacer mención a Macroeconomía de Blanchard y Pérez Enrri, que se ha convertido en “el” manual de macro de nuestras Universidades. Alumnos, e incluso docentes, me han manifestado que este texto no apela al arsenal neoclásico, e incluso es “heterodoxo”. Pero esto no es cierto. Blanchard y Pérez Enrri reivindican la función de producción neoclásica, con todo lo que ello implica: rendimientos constantes a escala; rendimientos decrecientes del capital y del trabajo; tecnología concebida como gestión, organización y sofisticación de los mercados, más seguridad jurídica y clima político (véase pp. 492-493), más un concepto de capital que está “en el limbo”. En este marco, Blanchard y Pérez Enrri dicen que el modelo de Solow “ha resultado ser útil y sólido”. Pero este modelo se basa enteramente en la función de producción neoclásica. ¿Alguien puede explicarme qué hay aquí de “heterodoxia”? Constatamos, por otra parte, que los “métodos nuevos” siguen basándose en los “métodos viejos” (la función de producción), mal que le pese al egresado de la universidad Di Tella.

Por supuesto, la formación de los Blanchard, Sala i Martin y Romer se refleja en la producción de los economistas. Cantidad de egresados realizan sus especializaciones y encaran proyectos de investigación desde estos fundamentos teóricos. Así, por ejemplo muchísimos estudios sobre crecimiento y desarrollo tratan de dilucidar en qué medida la “acumulación de los factores” y la “productividad total de los factores” contribuyen al crecimiento de los países. La crítica de Cambridge demostró que todo esto carece de sentido, pero el establishment académico está muy interesado en mantener la antigua crítica de Cambridge debajo de la alfombra. Sin embargo, la cuestión sigue respirando por debajo de la alfombra; y va a estallar algún día, como nos lo recuerda un artículo de Avio Cohen y G. C. Harcourt, publicado en el Journal of Economic Perspectives, en 2003. Dada la importancia del tema, y del Journal que publica este paper, resumo sus planteos más importantes, con la esperanza de que anime a estudiantes y jóvenes economistas a interesarse por la cuestión.

El debate en retrospectiva

“Whatever Happened to the Cambridge Capital Theory Controversies?” de Cohen y Harcourt (Journal of Economic Perspectives, 2003, vol. 17, pp. 199-213) comienza recordando el famoso pasaje en el que Joan Robinson, en su artículo abría fuego contra la función de producción:

“Al estudiante de teoría económica se le enseña a escribir x = f(L, K), siendo L la cantidad de trabajo, K una cantidad de capital y x una tasa de output de mercancías. Se le alecciona a suponer que todos los trabajadores son iguales y a medir L en hombres-hora de trabajo; se le menciona la existencia de un problema de números índices en cuanto a la elección de una unidad de output; y luego se le apremia a pasar al problema siguiente, con la esperanza de que se le olvidará preguntar en qué unidades se mide K. Antes de que llegue a preguntárselo, ya será profesor y de ese modo se va transmitiendo de generación en generación unos hábitos de pensamiento poco rigurosos”.

Estas líneas fueron publicadas en la Review of Economic Studies 1953-4, y desde entonces la situación en los cursos de economía sigue más o menos igual. Hoy miles de estudiantes se reciben sin haberse preguntado jamás en qué se mide el capital, ni haber reflexionado acerca del significado que pueda tener esta pregunta para el concepto de capital. Continúa perpetuándose así el hábito “poco riguroso” de pensamiento, del que hablaba Robinson. Como dicen CyH, actualmente los neoclásicos tratan de disimular aquella crítica diciendo que la polémica fue “una tormenta en un vaso de té”. Por este motivo, cuando en los ochenta se lanzaron las teorías de crecimiento endógeno y ciclo real de negocios, sus autores utilizaron las funciones agregadas de producción como si nunca hubiera existido la controversia. Sin embargo, sostienen CyH, el debate involucraba cuestiones profundas, que no están resueltas, y por eso mismo “inevitablemente van a hace erupción en una controversia futura”. Explicamos brevemente el centro de la vieja crítica de Cambridge.

El nudo del problema

Partimos de la función de producción, tal como se enseña en cualquier curso básico de micro, Q = f(K,L), donde Q es producto, K capital y L trabajo.

La teoría dice que la tasa de retorno (la tasa de interés) del capital es igual a la productividad marginal física del capital, y los rendimientos de éste son decrecientes. De la misma manera, el salario es igual a la productividad física del trabajo, y los rendimientos también son decrecientes.

Por lo tanto, a mayor cantidad de capital, menor producto marginal del capital adicional, y menor tasa de interés. En consecuencia, a medida que aumenta la acumulación aumenta la relación K/Q, y baja el nivel de consumo sustentable per cápita. En base a lo anterior, entonces, se explica la distribución del ingreso entre trabajadores y capital. El precio de los servicios del capital (= tasa de interés) depende de la escasez del capital y de su productividad marginal; el precio del servicio del trabajo (= salario) depende de la escasez del trabajo y su productividad marginal. En este razonamiento siempre las variaciones de las cantidades del capital o el trabajo generan cambios inversos en los precios.

¿Cuál es el problema irresoluble en todo esto? Para responder esta pregunta tenemos que recordar que cuando se habla de productividad marginal del capital siempre se está hablando de productividad física. Esto es, una cierta cantidad física de capital da como resultado una cierta cantidad física de output. Lo cual significa que deben agregarse bienes de capital heterogéneos. Por caso, hay que agregar a torno + b varillas de hierro + c cantidad de electricidad que da lugar a j cantidad de output. Pero no hay manera de sumar torno, varillas de hierro y kilovatios de electricidad. Por eso el único recurso es utilizar los precios. Sin embargo los precios del torno, de las varillas de hierro y la electricidad dependen de la tasa de interés y de los salarios (variaciones de tasa de interés y salarios modifican los precios relativos). Por lo tanto, para agregar el capital necesitamos conocer la tasa de interés. Con lo cual hemos llegado a un razonamiento circular, porque con la función de producción se procuraba averiguar la tasa de interés, pero es necesaria la tasa de interés para obtener la cantidad de capital. En términos del gráfico de la función de producción, si en el eje de abscisas se coloca k (capital por obrero) y el eje de las ordenadas y (producto por obrero), necesitamos la tasa de interés para saber qué cantidades de capital ponemos en el eje de abscisas. Pero la función de producción supuestamente nos iba a dar la tasa de interés.

El razonamiento también se puede hacer de la siguiente manera. Si queremos saber el precio de capital, podemos partir de su costo de producción. Pero dado que la producción requiere tiempo, el costo está influenciado por la tasa de interés. De manera que no se puede saber el precio del capital sin tener la tasa de interés. Alternativamente, si se sostiene (como acostumbran los neoclásicos) que el precio del capital es igual al valor presente de los flujos de ingresos futuros, hay que conocer la tasa de interés para calcular el valor presente. Todo conduce a concluir que no hay manera de medir el capital en términos físicos; por lo tanto no hay manera de construir la función de producción, en la que se basan las teorías de macroeconomía y crecimiento neoclásicas.

A partir de aquí, se pueden plantear otros problemas. En particular, que no existe, como afirma la economía neoclásica, una relación monótona e inversa entre la tasa de interés y la cantidad de capital por trabajador. Por ejemplo, supongamos una economía en la que existen dos técnicas, α y β, siendo β una técnica que implica una cantidad más baja de capital por trabajador. Al tomarse el sistema de conjunto, puede demostrarse que α puede ser más rentable a un determinado tipo de beneficios; luego, a un beneficio más alto, la técnica β pasa a ser más rentable; pero a un beneficio aún más alto, α vuelve a ser más rentable. Esto es, la misma técnica puede retornar, luego de haberse descartado, al modificarse el tipo de beneficio. Lo cual contradice la teoría neoclásica sobre que existe una relación monótona e inversa entre tipo de beneficio y cantidad de capital, y entre tipo de beneficio y producto neto por trabajador.

Una economía sin tiempo

Como recuerdan CyH, los autores de Cambridge también criticaron la falta de dimensión histórica de la economía neoclásica. En palabras de Joan Robinson, la real fuente de problemas es la confusión de los neoclásicos entre la comparación de posiciones de equilibrio y el proceso real de acumulación. Por este motivo Robinson planteó en la agenda de investigaciones y debates lo que hoy se llaman equilibrios dependientes del sendero. Esto es, el mismo proceso del movimiento tiene un efecto en el destino del movimiento, de manera que no existe una posición de equilibrio de largo plazo que exista independientemente del curso que la economía está llevando en una fecha particular. Robinson consideraba que esta crítica metodológica era aún más importante que la del retorno de las técnicas.

Agreguemos en este punto que la economía del equilibrio general (el verdadero fundamento de la micro neoclásica, sobre la que se eleva todo el edificio) de hecho tiene que suprimir el tiempo. Esto aparece explícito en el mismo Walras, y precisamente en el momento en que aborda el mercado laboral. Es que no hay manera de determinar el salario real si no se determinan al mismo tiempo todas las demás variables que permiten determinarlo. La razón es simple. Si el salario real es igual a la productividad marginal, y ésta se modifica con el nivel de empleo, es necesario conocer el nivel de empleo para determinar el salario real. Pero para conocer el nivel de empleo es necesario conocer el nivel de producción; para lo cual (si ha de haber equilibrio) es necesario conocer la demanda; que a su vez depende del ingreso; que a su vez depende del salario real, con lo que llegamos al punto de partida. Razón por la cual Walras elimina el tiempo económico, y todo (nivel de empleo, nivel de gasto que están dispuestos a realizar los trabajadores, nivel de producción que establecerán los empresarios para satisfacer esa demanda, etc.) se decide, con el subastador, simultáneamente. ¿Cómo es posible entender el proceso de acumulación del capital en una economía sin tiempo?

Cuestión de fe y de metáforas

El ataque de Cambridge Inglaterra no pudo ser respondido por los neoclásicos. Solow sencillamente eliminó el problema suponiendo una economía que produce un solo bien, utilizando ese mismo bien. Esto es, supuso una economía “capitalista” en la que no hay intercambios. En defensa de este procedimiento explicó que “si dios hubiera querido que hubiera más de dos factores de producción, nos hubiera hecho más fácil dibujar diagramas en tres dimensiones” (citado por CyH). Alternativamente, Solow, y otros, también decidieron recurrir a las metáforas: el capital es masilla, mecano, gelatina o cualquier otro material que pudiera moldearse a voluntad, y fuera homogéneo. Una manera de resolver la agregación… eliminando la agregación. Samuelson por su parte intentó eludir los problemas inventando una economía en la cual la composición del capital (esto es, la relación entre el trabajo y los medios de producción) fuera la misma en todas las ramas. Una economía que no existe.

Impotente para responder, siguen CyH, hacia fines de la década de 1970 la economía neoclásica se refugió en los modelos de equilibrio general, sin que la función de producción, o la función neoclásica de demanda de capital obtuviera por eso respaldo alguno. Para los autores de Cambridge Inglaterra, el problema de fondo residía en la incapacidad de los neoclásicos de explicar el excedente (su origen y naturaleza); su falta de concepto de qué es capital; y también el abandono de la perspectiva de los clásicos, para quienes el problema económico fundamental no pasaba por la asignación óptima de recursos escasos entre fines alternativos (como sostienen los neoclásicos), sino por el proceso circular (o en espiral) de la acumulación de capital, a través de la reinversión del excedente. Más en general, en el enfoque neoclásico el centro de la escena lo ocupan los individuos que optimizan entre el consumo presente y futuro (y el ahorro va siempre a la inversión). En el enfoque heterodoxo, la historia pasa por las decisiones de las empresas de qué hacer con el excedente. La teoría neoclásica tiene por centro al “agente” (átomo aislado); en Ricardo o Marx, el centro son las clases sociales. En Marx, en particular, el comportamiento y la racionalidad del “agente” están determinadas (o condicionadas) por las relaciones sociales en las que está inmerso.

Una resolución ambigua

A pesar de las dificultades para responder a los críticos, CyH muestran que los neoclásicos se mantuvieron en sus posiciones. El modelo “a lo Solow”, de una sola mercancía, permaneció intacto y se constituyó en la base para los estudios empíricos. Los datos que obtenían Solow y otros autores neoclásicos de sus trabajos empíricos siempre podían ser considerados como generados por el modelo simple subyacente, en diversas aproximaciones. Los modelos teóricos entonces proveían las intuiciones y la base para el trabajo empírico, y en ese sentido seguirían siendo heurísticamente importantes (Nota: en una próxima nota trataremos por qué algunos resultados empíricos, como los cálculos sobre la productividad total de los factores parecen encajar en lo que dice la teoría neoclásica sobre la función de producción). En cuanto a los autores de Cambridge Inglaterra, no desarrollaron, según CyH, un conjunto de herramientas teóricas alternativas para superar las limitaciones del equilibrio neoclásico. Como adelantamos al comienzo, en la actualidad la función de producción neoclásica se utiliza profusamente en los modelos endógenos, que junto al de Solow, constituyen el sustento de los cursos de “Crecimiento”.

El tema sigue latente

Correctamente CyH sostienen que las controversias de Cambridge no fueron una tormenta en un vaso de agua. La teoría del capital no puede considerarse una sección separada de la teoría económica. El debate sobre el capital involucraba cuestiones claves, tales como la naturaleza y justificación de la ganancia del capital, los enfoques sobre la acumulación, las limitaciones del análisis del equilibrio general. Todas estas cuestiones no se han respondido, simplemente se enterraron (y muchos autores de Cambridge murieron, entre tanto). Pero, concluyen CyH, cuando los economistas decidan volver ahondar, volverán a ser revisadas.

Personalmente, no tengo esperanzas en que los economistas de la corriente principal se decidan a “volver a ahondar” estas cuestiones. No quieren hacerlo porque no saben cómo defender lo que dicen, y porque hay mucho en juego: no solo prestigio y posiciones académicas, sino también, y más importante, una gigantesca construcción ideológica destinada a ocultar la naturaleza y el origen del excedente del que se apropia la clase dominante. Pero el tema, estoy seguro, interesará a la gente con ansias de avanzar en el conocimiento; a aquellos que se rigen por sus juicios, y no por prejuicios académicamente establecidos.


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Dificultades neoclásicas debajo de la alfombra

Written by rolandoastarita

20/10/2010 a 17:55

Publicado en Economía

13 comentarios

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  1. Estaba esperando ese último párrafo. Sino parecía que la discusión se daba en el aire. Digamos, en abstracto, tratando de acercarse a una supuesta “verdad objetiva”.
    La no asimilación de la crítica de Cambridge a la economía mainstream es probablemente la muestra más cabal del papel de la ideología en el conocimiento científico. Samuelson terminó por aceptar que la crítica era válida y sin embargo aquí estamos, inundados de modelos de “crecimiento endógeno”…
    El “recurso” que encontraron los economistas neoclásicos para escapar es la teoría de los juegos, es decir, el desarrollo de un mecanismo lógico aún más abstruso que la economía neoclásica “convencional”.
    Por último me interesaría saber su opinión respecto a hacia dónde (en qué sentido) debería revisarse la teoría del capital. Es Sraffa hay una posibilidad? Y Kalecki?
    Saludos

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    j.

    22/10/2010 at 15:29

    • DE hecho los sraffianos revisaron El Capital. Hubo durante años una corriente “marxista=sraffiana”. El cuestionamiento empezó con la afirmación de que se podía prescindir de la teoría del valor para establecer precios y ganancia (dados los salarios), a partir de los coeficientes técnicos de producción. Con esto se sostenía que la transformación de valores a precios era innecesaria (se daba por válida la crítica de Bortkiewicz a la transformación de Marx). También se sostuvo (Garegnani) que era posible demostrar la existencia de explotación sin teoría del valor. Por último, una de las cuetiones que en principio aparecían más devastadoras para El Capital era el caso de producción conjunta. En producción conjunta, si tengo dos productos con un solo proceso de producción (ejemplo lana y carne que produce la oveja), no tengo manera de determinar los tiempos de trabajo respectivos (hay una sola ecuación para dos incógnitas). Claro que en el caso de producción conjunta también Sraffa y Cia se encontraron con problemas. Sobre estas cuestiones di mi opinión en el cap. 3 de mi libro “Valor, mercado mundial…”. Si te interesa, te lo puedo pasar por mail.
      Otra crítica de los autores influenciados por Sraffa fue a la ley de la tendencia decreciente. Básicamente se usó el teorema Okishio. Un tema que tal vez no hay resaltado lo suficiente en mi libro es que los autores sraffianos tienen muchos problemas con el tema dinero y finanzas. De hecho no veo que haya una teoría monetaria.
      Con respecto a Kalecki, no lo estudié mucho. En realidad, casi siempre me frené en el mark up. No le encuentro mucha lógica económica. Su explicación de la crisis me suena ambigua, porque no termino de entender la relación que tiene la tasa de rentabilidad con la inversión. Si los capitalistas siempre ganan lo que gastan, ¿por qué tiene que caer la tasa de ganancia? Posiblemente la falta de una razón interna para la caída económica haya llevado a los kaleckianos a poner todo el énfasis en los problemas financieros. Esto se ve en Minsky. Crotty ha señalado esto, me parece que con razón.
      Mi idea sobre cómo revisar y desarrollar las ideas de El Capital es encarando problemas actuales, que siguen sin resolverse. Un ejemplo es la discusión sobre ciclo económico, crisis y tendencias del capitalismo. El debate que planteo sobre el teorema Okishio es parte de este cuestionamiento y estudio. Otro asunto en que estuve trabajando y sigo en ello es tipo de cambio. Fijate que en el marxismo casi no se elaboró la cuestión, a pesar de su importancia para entender la economía contemporánea. Así habría que seguir con problemas. En un libro que está próximo a publicar la Univ de Quilmes presento una hipótesis para explicar el deterioro de los términos de intercambio, basada en la teoría del valor. Algo que cuestiono es que muchos marxistas en lugar de plantear problemas, y encarar temas, repiten una y otra vez a Marx. Para colmo acusan a los que indagan con espíritu libre de “revisionistas” y estupideces por el estilo. En síntesis, hay que encarar problemas sin resolver, y sobre eso ver qué sirve y qué no de la teoría de Marx. y elaborar lo que haga falta, sin prejuicios.

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      rolandoastarita

      22/10/2010 at 20:28

    • Gracias por su respuesta. Muy ilustrativo.
      Mi pregunta viene a porque estoy metiendome en algunas cuestiones “sraffianas” y hay puntos que me hacen bastante ruido (lo de Garegnani no lo sabía, lo voy a rastrear). Con todo, la corriente marxista-sraffiana me resulta interesante.
      En este momento estoy en Chile, si me puede facilitar una copia digital de su libro me vendría muy bien. Le estoy escribiendo a su mail al respecto.
      Saludos

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      juan

      23/10/2010 at 00:13

  2. Me viene muy bien el artículo, ya que el libro de Benetti no estaba en la biblioteca. En cambio, el de Vitelli sobre la inflación sí está en la de Económicas de la UNLP, digo por si alguien más lo quiere leer.
    Saludos.

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    Ezequiel

    26/10/2010 at 18:56

  3. Profesor Astarita, muy buen artículo. Es muy claro y pedagógico.

    Quisiera preguntarle dos cosas: a), si en el análisis neoclásico la relación K/Q va en ascenso y esto implica una tasa de interés (remuneración del factor capital) menor, puede argumentarse que para los neoclásicos la distribución del ingreso de una economía debería mejorar sistemáticamente a favor del factor trabajo?

    b) ¿Qué valoración hace usted de la teoría monetaria del valor expuesta por Benneti y Cartelier?

    Cordial saludo

    Edwin Andrés Martínez Casas
    Economista
    Bogotá, Colombia

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    Edwin Andrés Martínez

    16/03/2011 at 08:59

    • No conozco la teoría monetaria de Benetti y Cartelier. He leído el libro de Benetti “Moneda y teoría del valor” hace algunos años, no sé si corresponde a la misma teoría. Este libro de Benetti me ayudó a ver mejor algunas cuestiones relativas a la crítica a los neoclásicos y sus concepciones monetarias. Pero tendría que volver a leerlo, seguramente tengo que sacarle más provecho.
      Acerca de la otra pregunta, de todas maneras los modelos neoclásicos postulan (en general) que se tiende a un estado estacionario. Debería reflexionarlo más, pero en principio diría que en ese estadio se estabilizaría una cierta división del ingreso.

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      rolandoastarita

      16/03/2011 at 09:21

  4. Rolando, en un artículo titulado “Marx y la teoría subjetiva del valor” http://marxismo.cl/portal/index2.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=49&Itemid=34
    … encontré entre varias críticas a la utilidad marginal, una de Othmar Spann (p. 25) que niega que la utilidad subjetiva tenga que ser decreciente necesariamente. Me gustaría saber si se ha escrito algo más sobre esto o si puedo encontrar ejemplos que me clarifiquen la idea.
    Muchas gracias.

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    Ezequiel

    06/10/2011 at 16:59

  5. Rolando, en el quinto párrafo del inciso “El núcleo del problema” parece haber un error de tipeo, o no entiendo la construcción:

    “por lo tanto no hay manera de entender de construir la función de producción, en la que se basan las teorías de macroeconomía y crecimiento neoclásicas.”

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    Ezequiel

    21/06/2013 at 18:06

  6. Despues de leer atentamente la lectura, continuo con el primer comentario y me encanta:
    “El “recurso” que encontraron los economistas neoclásicos para escapar es la teoría de los juegos, es decir, el desarrollo de un mecanismo lógico aún más abstruso que la economía neoclásica “convencional.

    Enseguida pienso, que la “teoría de juegos” como recurso, es un juego de niños al lado de la “teoría aleatoria fuerte” (la que explica el verdadero funcionamiento del capital ficticio-sin-mediación de la producción). El monstruo de Mandebrot, es la fantasmagoría del capital en tanto ficiticio (financiero) que señaló Marx.

    De repente lo enlazo todo con una frase del profesor Rolando: “Robinson planteó en la agenda de investigaciones y debates lo que hoy se llaman equilibrios dependientes del sendero. Esto es, el mismo proceso del movimiento tiene un efecto en el destino del movimiento, de manera que no existe una posición de equilibrio de largo plazo que exista independientemente del curso que la economía está llevando en una fecha particular.”

    Esto es, que el Capital financiero (gaseoso) no puede ser explicado por el logos del Capital Industrial (líquido), tampoco la tasa de interés por las ansias de consumo o los sacrificios del ahorro. Que el Capital Ficticio, no puede ser explicado por el logos dialéctico del capital de producción. Ya sea este logos marxista o neoclásico. Los dos no es que eliminen el tiempo, es que lo hacen circular. Ver http://filogestempresas.blogspot.com.es/2013/07/austriacos-y-keynesianos-el-gusano_11.html

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    ERS

    25/07/2013 at 08:42

  7. Muy interesante artículo, no sé si mi opinión sea correcta, pero creo que si la función de producción que se usa en los modelos macroeconómicos es lógicamente falaz y además irreal, por tener tantos “supuestos heroicos”, entonces tal vez sean necesarios modelos que no incluyan competencia perfecta, sino monopolística u oligopólica para modelar de manera un poco mas realista y útil a una economía real.

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    Socioideas

    22/02/2015 at 21:47

    • Efectivamente, la función de producción neoclásica es lógicamente incoherente. La crítica de Cambridge lo demostró. Pero la tesis de competencia imperfecta tampoco explica el comportamiento de la economía capitalista. Frente a la falsa alternativa “competencia perfecta vs competencia imperfecta”, está la competencia “a lo Marx” (también “a lo Ricardo”); trato esto en varios posts (por ejemplo, aquí , aquí, aquí).

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      rolandoastarita

      22/02/2015 at 22:51

    • Ok me tomaré el tiempo de leerlos. Gracias

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      Socioideas

      23/02/2015 at 12:37


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