Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Tasa de ganancia y crisis en EEUU (2)

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El objetivo de esta nota es discutir cuestiones relacionadas con los dos ciclos económicos que se registran en EEUU en los últimos 20 años, el que va desde la recuperación de comienzos de los 90 hasta la recesión de 2001; y el que va desde la recuperación de 2002 hasta la crisis y recesión de 2007-09. La nota se articula y apoya en otras notas que hemos publicado en el blog; en particular las referidas a la evolución de la tasa de ganancia (“Tasa de ganancia y crisis en EEUU (1)”) y la composición orgánica del capital entre 1988 y 2008.

Ciclos en EEUU 1988-2009

Comenzamos presentando el panorama de los ciclos económicos en EEUU. En el gráfico presentamos la variación del PBI entre 1988 y 2009. Se advierten entonces las recesiones de 1990, 2001 y 2007-09. Las recesiones de 1990 y 2001 fueron suaves, de hecho la economía no dejó de crecer. El período 1992-2000 fue de alto crecimiento, con varios años de expansión entre el 4% y 5%. La fase alcista del ciclo posterior a 2001 en cambio es más débil; el punto más alto es en 2003, con un crecimiento del 3,8%, y luego se va debilitando, siendo 2,3% en 2007. La caída de 2008-2009 fue muy profunda. El promedio de caída entre el tercer trimestre de 2008 y el primero de 2009 fue de 5,2% trimestral (tasa anualizada).


Fte: NIPA Tabla 1.1.1

También pueden verse los ciclos en la variación de la producción industrial de EEUU en el mismo período. Se advierte que hubo un fuerte dinamismo industrial entre 1994 y 2000, y que el crecimiento fue relativamente débil luego de la recuperación de 2002, hasta la caída de 2009.

Fte: Federal Reserve Statistical Release, diciembre 2010.

La relación entre el consumo y la inversión en los ciclos

Analizamos ahora la relación entre el consumo y la inversión en los ciclos; hemos considerado la inversión bruta privada, que comprende la inversión residencial y no residencial.

La tasa a la que aumenta la inversión alcanza sus puntos más altos entre 1994 y 1998; se hunde con la recesión de 2001, se recupera en 2002, pero su crecimiento es más débil que en los 90, y se debilita decididamente desde 2006, esto es, antes de la crisis y recesión de 2007-09. Se advierte entonces que la inversión fluctúa de forma mucho más violenta que el consumo.

Aun cuando el gasto de consumo es mucho mayor que el gasto en inversión, el gasto en inversión es la variable que más explica el ciclo económico, ya que varía mucho más que el consumo. Como sostiene Marx, la acumulación del capital es la clave del ciclo, de las expansiones y de las contracciones. También Sherman (1991) destaca que la inversión está en el centro del sistema capitalista. La inversión es responsable de mucho del incremento del PBI durante las expansiones, pero también de mucho del descenso en la recesión (Sherman).

Por otra parte, cuando se discriminan los tipos de inversión, se advierte que la inversión en equipos y software tiene un rol importantísimo en los 90s, tanto en la fase de auge, como en la caída de 2001. En tanto la inversión residencial parece jugar un rol importante para amortiguar la recesión de 2001, y en la gran recesión de 2007-09.

En el siguiente gráfico vemos la variación de la inversión en equipos y software en EEUU entre 1988 y 2009. Puede observarse que prácticamente todos los años entre 1992 y 2000 creció a una tasa de entre el 10% y 15%, dando fuerte impulso al ciclo. Todavía en la primera mitad de 2000 esta inversión crecía a una tasa anual de casi el 17%; en la segunda mitad baja a apenas 1,2%. La rápida y brusca contracción de la inversión en 200 explicaría en buena medida la recesión de 2001. Obsérvese también que luego de la recuperación de 2002 la inversión en equipos no retoma el ritmo de los noventa.

Fte: NIPA tabla 1.1.1 fila 11

En el siguiente gráfico presentamos las variaciones de la inversión residencial entre 1988 y 2009.

NIPA Tabla 1.1.1 fila 12

Puede observarse que la inversión residencial crece a tasas relativamente altas durante los noventa (a excepción de 1995, en que se estanca). Más importante, durante la recesión de 2000 no baja de manera significativa. La variación es negativa en 2000, esto es, antes de la recesión, por 1,5% y es positiva durante 2001, en 1,6%. La resistencia a la baja de la inversión residencial, junto al consumo, contribuyó a que la recesión de 2001 fuera suave y de corta duración.

Por otra parte puede verse la importancia de esta forma de inversión en la recuperación posterior a la recesión de 2001. En 2003 la variación positiva alcanza un pico del 11,7% y todavía en 2005 creció 5,4%. A partir de ese año comienza el derrumbe, arrastrando al resto de la economía.

El tercer ítem importante de la inversión privada es la destinada a plantas industriales, o estructuras. Presentamos su variación en el siguiente gráfico.

Fte NIPA Tabla 1.1.1 fila 10

La inversión en plantas industriales y similares también fluctúa fuertemente con el ciclo. En 2000 creció a una tasa del 10,8% y en 2007 al 17,6%. Se observa también que la inversión en plantas creció a tasas importantes a partir de 1994 y hasta 1998, experimentó una caída en 1999 (variación negativa del 0,5%) para repuntar en 2000 y caer fuertemente entre 2001 y 2002. De hecho en 2002 experimenta una variación negativa del 15,6%. De todas maneras no parece haber tenido una incidencia preponderante en el origen de la recesión de 2001, ni en la de 2007-09.

Beneficios e inversión

La importancia de la inversión se conecta con la importancia de la evolución de la tasa de ganancia. Los empresarios deciden sus inversiones tomando en cuenta la tasa de ganancia (alternativamente el margen de ganancia).

Como se puede observar en los gráficos sobre la evolución de la tasa de ganancia (Nota del blog “Tasa de ganancia y crisis en EEUU (1)”), la tasa general de ganancia de las corporaciones financieras y no financieras (también de la industria manufacturera) alcanzó un pico en 1997, en el ciclo que va desde 1991 a 2001. También la masa de ganancia parece alcanzar un pico en esa época. En el siguiente ciclo la tasa de ganancia alcanza el pico entre 2005 y 2006, y la masa de ganancia en 2006. En ambos ciclos a partir de las fechas mencionadas, está declinando. La caída de la tasa de ganancia y de la masa de ganancia debilita las decisiones de invertir de los capitalistas. De todas maneras en las últimas fases de la expansión (1998 a 2001para el primer ciclo y 2005 a fines de 2007 para el segundo ciclo) la tasa de ganancia se está debilitando de manera suave; se hunde una vez desatada la crisis.

Por lo tanto es esencial examinar qué factores son los que inciden sobre la tasa de ganancia. Existen varias teorías y explicaciones. Una de las más populares es la visión subconsumista, que sostiene que las crisis se producen porque el consumo es débil. Particularmente se hace hincapié en el consumo de los asalariados. Por ejemplo, se sostiene que las reformas neoliberales concentraron, al disminuir la participación de los trabajadores en el ingreso, generaron un problema crónico de demanda débil. Lo cual a su vez estuvo en el origen de la caída de los beneficios de las empresas. El problema con esta explicación es que no logra dar cuenta de lo que sucedió. Es que si bien la participación de los salarios en el ingreso en EEUU se mantuvo débil en los últimos 20 años, la participación del consumo en el ingreso aumentó (véase nota en el blog “La explicación subconsumista de la crisis”). También en los gráficos anteriores que hemos presentado puede verse que el consumo no registró variaciones negativas importantes antes de la crisis que estuvieran mostrando algún problema de realización previo al estallido de las crisis y recesiones. Lógicamente, una vez estallada la crisis el consumo baja, profundizando la recesión. Pero esto es a causa de la recesión; no es la razón de su estallido.

Las explicaciones de caída de la ganancia por suba de salarios

Otra explicación de por qué puede producirse el debilitamiento de la tasa de beneficios una vez alcanzado el pico afirma que el problema central es aumento de los costos, en especial de los costos salariales. La idea es que a medida que avanza la expansión y la acumulación del capital, se reduce el ejército industrial de reserva y la clase trabajadora obtiene en consecuencia mayor poder de negociación. Por lo tanto se elevan los salarios, y se reducen los beneficios. Sería una explicación opuesta a la subconsumista, porque ahora el problema para el capital no serían los bajos salarios, sino los salarios demasiado altos. Es la tesis llamada profit-squeeze”. Sin embargo esta tesis no parece verificarse cuando se analizan los años previos a las crisis. En el siguiente gráfico presentamos la evolución de la participación de los salarios en el ingreso entre 1989 y 2009, con la línea de tendencia entre 1989 y 2008.

Fte: Elaborado sobre base NIPA tabla 1.12 filas 1 y 2.

Desde 1989 hay una tendencia decreciente de la participación de los salarios en el ingreso. Esto constituye una incidencia positiva sobre la tasa de rentabilidad. La participación de los salarios en el ingreso en las vísperas de la crisis de 2001 era menor que entre los años 1989-1993. La participación de los salarios en el ingreso en 2006-07 era todavía menor que en 2000. De todas maneras sí se puede advertir que entre 1996 y 2000 los salarios recuperan algo del terreno perdido. Lo mismo sucede entre 2005 y 2008. Esto puede considerarse como un factor que contribuyó en alguna medida a bloquear uno de los mecanismos que contrarrestan la caída de la tasa de ganancia. También es importante observar la caída de los salarios en la recuperación de 2002, y hasta el piso de 2005. Esto sucede paralelamente a que aumentaba el endeudamiento de los hogares, en particular por los créditos hipotecarios. Las mismas conclusiones pueden extraerse de la relación entre salarios y valor agregado.

FTe: elaborado en base a Industry Economic Accounts, BEA.

También en el sector de las manufacturas se advierte la tendencia general descendente, que es muy acentuada en el período posterior a la recesión de 2001. Se puede ver también que a fines de los 90 hay una suba de la participación de los salarios, que si bien no recupera el nivel de fines de los 80, puede haber contribuido a la caída de la rentabilidad.

FTe: elaborado en base a Industry Economic Accounts, BEA.

Elevación de costos de materias primas y productos energéticos

Otra explicación que se ha propuesto para dar cuenta de la caída de las ganancias sostiene que a partir de cierto momento de la fase expansiva se produce una fuerte elevación de los costos de las materias primas y materiales energéticos, dado que su oferta no responde de manera elástica al incremento de la demanda. Esta elevación de los precios por lo tanto actuaría como un factor negativo sobre la tasa de ganancia en las economías capitalistas que son importadoras netas de materias primas y productos energéticos. Los datos disponibles para EEUU no confirman esta explicación con respecto a la caída de la tasa de rentabilidad entre 1997 y 20001. Por otra parte el alza de los precios de las materias primas parece tener una incidencia negativa sobre la tasa de rentabilidad entre 2007 y 2008.

En el siguiente gráfico presentamos el costo de materias primas y energía relativo al producto para las industrias privadas entre 1997 (cuando comienza la serie) y 2009.


Fte: elaborado en base a Industry Economic Accounts, BEA

Sobreinversión y caída de la rentabilidad

Una de las hipótesis que se adelantaron para explicar la caída de la rentabilidad es por sobreinversión. La idea de sobreinversión la encontramos en Marx (por caso, cuando se refiere a la manía inversora en ferrocarriles e industria de productos de algodón en los años previos al crack de 1847 en Inglaterra). Luego en teóricos neoclásicos, como los austríacos Hayek y von Mises, aunque estos la explicaban por los movimientos de la tasa de interés y el crédito bancario. Y también en teóricos del ciclo, como Sherman, quien a su vez ha estado fuertemente influenciado por Mitchell.

Nuestro planteo sigue las ideas de Marx, y también en buena medida de Sherman. Las teorías que atribuyen la sobreinversión a la tasa de interés y los bancos, dejan de lado características esenciales del sistema capitalista (en otras notas hemos explicado por qué el crédito y en general el sistema financiero profundiza las tendencias a la sobreacumulación y crisis, pero no las crea).

Empecemos señalando que es un error sostener (como acostumbra hacer la macroeconomía ortodoxa) que la inversión está regida únicamente por las variaciones del ingreso, y de la tasa de interés. Por un lado, toda la evidencia empírica demuestra que la tasa de interés tiene un rol bastante limitado en las decisiones de invertir (a menos que la tasa de interés sea superior a la tasa media de ganancia; pero esta es una situación de crisis). Garegnani y otros autores hace años han señalado esta cuestión. Pero por otra parte, tampoco las variaciones del ingreso (o sea, de la demanda) constituyen el motivo principal que muchas veces está gobernando la inversión. Esta es la teoría del acelerador, presentada en su forma más tradicional y acabada por Samuelson, según la cual el nivel de inversión es función de la demanda de consumo (en sus líneas esenciales, es lo que se dice en los manuales de macro usuales). La visión opuesta a esta sostiene que existe un impulso a la inversión que deriva de la propia lógica del ciclo capitalista, esto es, del dinero (encarnación del valor) en proceso de valorizarse, de extender el ámbito del dominio del capital y asegurarse su continuación. Este aspecto crucial, que es dejado de lado por la mayoría de los economistas convencionales, era señalado por Marx:

Al desarrollarse la producción capitalista, la escala de la producción se determina en grado cada vez menor por la demanda directa del producto, y en grado cada vez mayor por el volumen del capital del que dispone el capitalista individual, por la tendencia de su capital a valorizarse y la necesidad de que su proceso de producción sea continuo y se extienda” (Marx, 1999, t. 1, pp. 171-2).

En particular esto puede adquirir gran relevancia en períodos de intenso cambio tecnológico y competencia. Sherman destaca este aspecto de la cuestión cuando explica que “en cualquier economía capitalista, la inversión no se realiza solo para tomar ventaja de una nueva situación que encierra las perspectivas de beneficio, sino también en respuesta a movimientos reales o percibidos de la competencia. Cuando IBM decide sacar al mercado una nueva computadora, todos los otros productores de computadoras deben considerar si responderán o no. En la medida en que hay competencia real en una industria, no solo están motivados, sino también forzados a hacerlo. Esta presión competitiva a invertir no está separada del motivo del beneficio, pero es básica para sobrevivir a fin de lograr beneficios” (Sherman, 1991, p. 113).

Agreguemos que no solo cuando se produce una nueva computadora, sino también cuando una empresa innova en procesos y desata una guerra de precios, el resto de la industria está forzada a innovar. Pero esto implica ampliar la capacidad productiva con independencia de la evolución de la demanda. De manera que a medida que se agudiza el cambio tecnológico, y las guerras competitivas, puede haber una tendencia a invertir más y más en equipos, por encima de las necesidades del mercado. Nótese que esto no tiene que ver con una teoría del subconsumo, sino con la naturaleza más profunda del capital, esto es, del valor en proceso de valorización, en lucha con todos los otros capitales. De esta manera se avanza en el aumento de la inversión de capital constante por obrero; en la medida en que se incrementa la lucha competitiva, los precios tienden a bajar, poniendo un techo a la masa de ganancia; y la tasa de ganancia empieza a caer. Es típico que esto suceda en el medio de la prosperidad. Es muy importante destacar que la presión competitiva puede obligar a los capitalistas a seguir invirtiendo, aun cuando comiencen a advertir que la tasa de ganancia se está debilitando. Es que no hacerlo significa perder definitivamente la batalla frente a los otros capitales. Esto explicaría por qué, a partir de 1997, la tasa y la masa de ganancia se están debilitando, a la par que continúa creciendo muy fuertemente la inversión en equipos y software, y aumenta la productividad. Paulatinamente también se van generando sobrecapacidades. Pero llegado un punto la inversión se interrumpe bruscamente, como sucede a mediados de 2000, dando lugar a la recesión de 2001. Lógicamente, en este proceso el crédito y el sistema financiero pueden jugar un rol importante en la medida en que impulsan la sobre expansión. Pero no son la causa del movimiento, sino su acelerador.

En los gráficos que siguen puede verse cómo hubo un aumento importante de la sobrecapacidad de la industria (se manifiesta en la caída de la capacidad instalada), que se acentúa desde fines de 1999 y principios de 2000. Recordemos que precisamente a mediados de 2000 el aumento de la inversión en equipos y software, que había sido vital en la expansión de los noventa, se estanca. El primer gráfico muestra la utilización de capacidad en el conjunto de la industria de manufacturas, minería, empresas de gas y electricidad.


Fte: Federal Reserve Statistical Release, diciembre 2010

A partir de 1997 la utilización de la capacidad estuvo disminuyendo. En 1997 alcanza 84,2%, el nivel más alto en la década, y a partir de allí baja; en 2000, esto es, antes de la crisis, se ubicaba en 81,5%. Indudablemente esto tiene que ejercer un rol bajista sobre la ganancia, y en algún momento incide en las decisiones de inversión. Llegado a un punto los capitalistas advierten que la sobrecapacidad es importante, y frenan la inversión

Por otra parte, se puede advertir cómo hay baja utilización de capacidad durante la recuperación posterior a la recesión de 2001. El punto más alto se alcanza en 2007, con el 81,3%, esto es, menor a 2000. Y desde allí vuelve a caer. También se advierte en la utilización de la capacidad de la industria manufacturera. La capacidad ociosa es acentuada en la recuperación posterior a 2002.


Fte: Federal Reserve Statistical Release, diciembre 2010

Recuperación débil y plétora de capital en los 2000

La sobrecapacidad también puede haber sido una causa principal de la debilidad de la inversión en la recuperación de la crisis y recesión de 2001. Recordemos que la tasa de beneficios se recupera fuertemente, pero la inversión no residencial lo hace de manera muy débil. La tasa de interés a la salida de la recesión de 2001 era baja, las empresas tenían un bajo nivel de endeudamiento, y disponían de abundantes flujos de caja. Sin embargo, subrayamos esto, la inversión no se recuperó con fuerza. Esto fue considerado un puzle por los economistas del establishment. La explicación entonces puede residir en que se advertía que la capacidad instalada era excesiva. Esto explicaría también que la relación capital fijo por trabajador haya aumentado de manera casi constante durante esos años, a pesar de la debilidad de la inversión (cuestión que hemos señalado en la nota sobre composición orgánica del capital). La inversión por lo tanto no se recuperaba, lo cual a su vez incide negativamente en la demanda. Paralelamente la demanda de empleo se mantuvo débil, y la participación de los salarios en el ingreso, o en el valor agregado, bajó (véase más arriba). Esto puede haber incidido en el aumento de la tasa de rentabilidad.

Se produjo por lo tanto en los inicios de los 2000 una situación que la ortodoxia calificó de “exceso global de ahorros”, y que nosotros, siguiendo una idea de Marx, hemos calificado de “plétora del capital”. Marx consideraba que una situación de plétora del capital tendía a producirse inmediatamente después de superada una crisis, cuando el capital de préstamo se halla inactivo en grandes cantidades, los precios de las mercancías se encuentran en su punto más bajo (a comienzos de 2000 las presiones deflacionarias en China, Japón, EEUU y Alemania generaron preocupación generalizada) y la actividad industrial todavía no se ha recuperado. También puede haber una situación de plétora del capital en los primeros períodos de la recuperación económica. Lo importante, como destacaba Marx, es que se asiste a un crecimiento del capital dinerario que no expresa un crecimiento del capital productivo (véase Marx, 1999, t. 3 p. 628). Esto explica que haya baja tasa de interés. En otras palabras, la plétora del capital es una expresión, y un resultado, de la sobreacumulación del capital. La recesión de 2001 fue relativamente suave, en buena medida porque la afluencia de capital dinero a EEUU desde Asia y otros países superavitarios, y las políticas monetarias laxas de la Reserva Federal, contribuyeron a mantener la demanda. Hemos señalado más arriba que en particular la inversión no residencial se mantuvo relativamente sólida. Pero esto significa que la crisis no depuró al capital excedentario.

Especulación y sobreinversión hipotecaria

Se dieron así las condiciones para que comenzara a crecer la burbuja financiera, vinculada a los préstamos hipotecarios. No vamos a describir aquí este proceso. Simplemente queremos señalar que el crédito alimentó la inversión residencial, que creció a tasas muy altas entre 2002y 2005. Desde 2000 a 2005 la participación de la construcción de viviendas en el PBI aumentó del 4,6% al 6,2%. Entre 2000 y 2006 el crédito inmobiliario se incrementó a una tasa anual del 11%. La deuda hipotecaria subió de us$ 4,8 billones en 2000 a us$ 9,5 billones en 2006. En términos reales (o sea, ajustados por inflación) los precios de las viviendas aumentaron en promedio al 6,4% anual entre 2000 y 2005.

Los capitales líquidos buscaron valorizarse, respondiendo a la exigencia de todo capital. No se trata entonces de la codicia de los banqueros, como acostumbra decir la explicación oficial, sino de la mecánica que deriva de todo capital en proceso. Los precios de las viviendas y de los terrenos aumentaron por motivos especulativos. Grandes capitales (véase el ejemplo más abajo), pero también inversores medianos (familias acomodadas, por caso) se lanzaron al frenesí inversor. En la medida en que los precios siguieran subiendo, parecía un buen negocio apostar a las viviendas, en la esperanza de que los alquileres cada vez más altos cubrieran los pagos de las hipotecas. Los grandes desarrolladores y las compañías también invertían en la esperanza de que las propiedades inmobiliarias se valorizaran, con una lógica financiera. Harvey, el geógrafo y economista que posiblemente mejor trató esta cuestión, recuerda que Marx señalaba este aspecto:

En el caso de la construcción de casas en las ciudades que crecen rápidamente, la ganancia que se obtiene por construir es sumamente pequeña, sus principales ganancias salen de la suba de las rentas, de tal manera que la renta de la tierra, y no la casa, es el objetivo real de los especuladores de la construcción” (Harvey, 1999, p. 370).

Como contrapartida, millones de trabajadores se vieron atraídos por las ofertas subprime, en una situación en que los alquileres eran insostenibles (todo esto merece un tratamiento especial, que aquí no cabe; por ejemplo, el carácter marcadamente racial de las hipotecas subprime). En este contexto, la participación de la construcción en el PBI de EEUU aumentó casi un 50% en pocos años.

Un caso ilustrativo del frenesí inversor es el de Tishman Speyer Properties y la firma de inversiones Black Rock, que compraron dos complejos en Manhattan, Stuyvesant Town y Peter Cooper Village, a MetLife Insurance, por us$ 5.400 millones en 2006. Los complejos, construidos hace más de 60 años con subvenciones estatales, comprende 110 edificios con más de 11.000 departamentos, para clase media. Tishman Speyer tenía ya un emporio internacional de propiedades raíces; el edificio Chrysler en Manhattan, el edificio City Point en Londres, la torre de oficinas Lumiere en Paris, y desarrollos comerciales en Brasil. Es interesante ver cómo describía The New York Times la transacción el 31 de diciembre de 2006. Señalaba que el acuerdo “también ilumina el paso gigante de fe financiera que los compradores están dando de manera creciente. En un tiempo los compradores establecían el precio de las propiedades basándose en el flujo real de ingresos que generan. Ejecutivos del sector inmobiliario dicen que el cálculo hubiera generado un precio de us$ 3500 millones por los dos complejos de Manhattan que compró Tishman Speyer. Pero los compradores están ahora mirando al futuro, construyendo modelos de flujos de cash anticipados para determinar cuánto ofrecer. El negocio Stuyvesant Town, con su precio de us$ 5400 millones, refleja la nueva matemática, y los analistas y los rivales que pujaron por la compra dicen que el pesado precio significa que el negocio no mostrará beneficios por lo menos en los próximos seis años”. Señalemos que en 2010 el complejo está valuado en us$ 1800 millones.

El artículo también comentaba que muchos inversores se interesaron por el negocio, atraídos por la continua demanda de viviendas y el “potencial aparentemente sin fin de las rentas en ascenso”. “También ayuda la gran cantidad de cash disponible. Las compañías de seguro y los fondos de pensión ahora tienen miles de millones para poner en negocios inmobiliarios, y el capital extranjero inundó el mercado de Nueva York debido al dólar débil y los costos inmobiliarios relativamente bajos con respecto a los de Hong Kong y Londres” (énfasis agregado). Otros dos grupos habían ofrecido por encima de los us$ 5000 millones. En esos momentos las posibilidades de valorización de estos capitales parecían no tener límites.

Sin embargo, y como no podía ser de otra manera, la manía inversora terminó en catástrofe. Entre fines de 2005 y 2006 empezó el desinfle de la burbuja. Las ventas se comenzaron a frenar. Muchos inversores ya no estaban seguros de seguir pagando lo que se les pedía. Además, la debilidad del empleo y la baja de salarios indudablemente afectaban a los deudores subprime, que comenzaron a no poder afrontar sus deudas. Aumentaron los retrasos de pagos y los juicios hipotecarios. Los precios de las viviendas comenzaron a bajar, y muchos deudores se encontraron en la situación de que el valor de sus viviendas era menor que el de las deudas. Al caer la demanda de viviendas y los precios, estalló la crisis financiera, con caída de los bancos que estaban comprometidos en el negocio. Así como la construcción había tenido efectos multiplicadores sobre los ingresos y la demanda en el resto de la economía, ahora arrastró a la baja a la demanda, con el consiguiente desplome de las ganancias, la inversión, y finalmente la caída del consumo. La contracción fue potenciada por la gigantesca implosión financiera. Puede verse entonces que en esta crisis el factor que arrastra a la economía al desastre es la sobre expansión del sector de la construcción e inmobiliario. Pero esta sobre expansión había tenido como base (algo que se tiende a olvidar) la sobreacumulación de capital de los noventa, que había dado lugar a la plétora del capital. Hemos visto ya que no hubo fenómeno “profit squeeze” alguno en esta crisis; y que la suba de los precios de las materias primas y de productos energéticos parece haber tenido un rol más bien marginal en la caída de la rentabilidad, y por ende la inversión.

Textos citados:

Harvey, D. (1999): Los límites del capitalismo, México, FCE.

Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.

Sherman, H. J. (1991): The Business Cycle. Growth and Crisis under Capitalism, Princeton University Press.


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Ganancia y crisis en EEUU

Written by rolandoastarita

23/12/2010 a 12:35

Publicado en Economía

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3 comentarios

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  1. Generamente uno asume las conexiones en economía como automáticas: del consumo se pasa a la inversión y viceversa, y así las explicaciones tienden a ser circulares, por eso queda la impresión de que la economía con todas sus fórmulas, cuadros y gráficos no conduce a ninguna parte. Entiendo de esta nota que la búsqueda obligada y ciega de valorización es algo así como la variable independiente de todo el proceso económico capitalista. Me parece bien, porque las discusiones sobre la tasa de ganancia también dejan un sabor a cosa inacabada.

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    mario santibáñez

    24/12/2010 at 21:53

  2. Ahora que releo la teoría del acelerador de Samuelson, veo que el planteo de usted no es muy distinto. Samuelson también, en cierta medida, hace depender la inversión de los niveles de producción y, en consecuencia, de la utilización de la capacidad instalada.

    En Samuelson, cuando cae el uso de capacidad, cae la inversión, como usted plantea. La única diferencia entre Samuelson y su planteo “a lo marx”, según lo que entiendo de usted, es que Samuelson no contempla la situación en la cual la demanda no está por encima de la oferta (no presiona) y sin embargo aún así las empresas siguen invirtiendo, como si hubiera “otra cosa” que las motiva a invertir. Y efectivamente, coincido en que hay una “inercia de inversión” por el tema de competitividad, etc.

    Como los neoclásicos plantean las cosas, la idea de Marx sería fácil de absorber, en la medida que la curva de demanda de inversión tuviera un parámetro más que haga referencia a la “competencia capitalista”. Quedaría la función inversión: I ( i , Y , e , c) Siendo e las “expectativas” o animal spirits. C sería el nuevo parámetro que fuerza a mover la curva de demanda de inversión arriba hacia la derecha.

    Con respecto a la “plétora del capital” que usted plantea, me hace acordar mucho al modelo de crecimiento de Solow donde todo se estanca cuando el capital se acumula en exceso y las inversiones dejan de ser rentables. En esa situación el capital per cápita es tan abundante que los salarios se encarecen relativamente. Y como salida se planea o aumentar la productividad (reemplazar el capital abundante por menos capital pero más potente, de forma tal que sobren trabajadores y disminuyan sus salarios) o el aumento poblacional. De hecho, muchas de las recomendaciones a la Eurozona por su actual crisis pasan por esos puntos, es decir, les piden que aumenten la creación de “tecnología” (patentes) o solucionen el problema de envejecimiento poblacional.

    Saludos Cordiales.

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    elpollito

    23/05/2013 at 05:15

    • Pero la teoría del capital de los neoclásicos no tiene punto que ver con la de Marx. No entiendo cómo se pueden establecer puentes.

      Me gusta

      rolandoastarita

      23/05/2013 at 09:11


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