Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Imperialismo en Lenin, análisis crítico

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En muchas discusiones acerca de la relación entre los países capitalistas más poderosos y los países atrasados, subyace el tema del imperialismo. Buena parte de la izquierda radical continúa basando sus análisis en las tesis leninistas del imperialismo. Desde hace años sostengo que estas tesis no permiten entender el modo de producción capitalista de hoy, y que la perspectiva de El Capital (esto es, asentada en la teoría del valor trabajo y la plusvalía) permite una aproximación más justa. Tres cuestiones, por lo menos, me impulsaron a realizar esta revisión crítica. En primer lugar, el comprobar que la tesis del monopolio (los monopolios manejan más o menos a voluntad los precios) no tiene validez empírica en el capitalismo contemporáneo (lo cual implica que rige la ley del valor “a lo Marx”). En segundo término, comprobar que no se verificaba la tesis del estancamiento permanente del Tercer Mundo, una idea que dominaba en prácticamente todos los escritos sobre imperialismo y dependencia desde los años 50. En tercer término, el hecho de que desde hace más de siete décadas no han vuelto a producirse guerras interimperialistas. En este último respecto recuerdo que en una mesa redonda, convocada a raíz de la agresión a Irak (segunda invasión), uno de los panelistas, dirigente de un partido de izquierda, sostenía que la intervención era el primer paso de un conflicto armado a gran escala de EEUU y Gran Bretaña contra Alemania, Francia y Japón. Cuando le manifesté que no veía nada de eso en el horizonte, me respondió con el “está en la naturaleza del imperialismo, como Lenin dijo” y pronosticó la ruptura de la OTAN y la ONU. Algunos años antes, también en una mesa redonda, un militante de otro partido me acusó de “embellecer al capitalismo” porque se me ocurrió afirmar que no había en puertas una nueva guerra entre las potencias. Como siempre, el argumento principal de mi crítico era “Lenin dijo…”. En esta nota presento las dificultades que, a mi entender, encierran las tesis sobre el imperialismo. Para esto, reproduzco una parte del capítulo 1 de mi libro Monopolio, imperialismo e intercambio desigual (Madrid, Maia, 2009).

“La cuestión del imperialismo continúa estando en el centro de los análisis de las fuerzas de la izquierda y nacionalistas radicalizadas de los países subdesarrollados. Para los marxistas la referencia obligada es el famoso folleto de Lenin, El imperialismo fase superior del imperialismo; complementado con Hilferding (1963), Hobson (1902) y Bujarin (1971). Si bien en los años que siguieron a la muerte de Lenin hubo muchos trabajos sobre el imperialismo, su idea de que el imperialismo se caracteriza por el predominio del monopolio y la explotación de las colonias, las semicolonias y los países dependientes por los países industrializados, pocas veces fue cuestionada en el marxismo. El objetivo de este capítulo es discutir los problemas que plantea esa visión tradicional”.

La visión clásica del imperialismo

La concepción de los marxistas de principios de siglo XX sobre el imperialismo gira en torno a algunas pocas ideas claves, y vinculadas. En primer lugar se identifica el imperialismo con una nueva etapa del capitalismo que habría surgido con la irrupción del monopolio, hacia fines del siglo XIX. Lenin plantea explícitamente que la principal característica del imperialismo es el monopolio, que consiste en “la dominación de las asociaciones monopolistas de grandes patronos” (Lenin, 1973, p. 451). Considera que el capitalismo monopolista ha reemplazado al capitalismo de la libre competencia. La competencia se ha transformado en monopolio, que es la base de la vida económica. Esto implica que prevalece la violencia en la manipulación de precios; la ley mercantil pierde relevancia, y las ganancias son más el producto de “maquinaciones financieras y estafas”, y del robo, que de la ley económica.

En segundo término la visión clásica del imperialismo sostiene que la monopolización opera en el plano nacional. Bujarin, en particular, destaca la “tendencia a la nacionalización de los intereses capitalistas (1971, p. 80) y “la cartelización nacional de la industria” (ibid., p. 80) en asociación con los Estados nacionales. La competencia se desplaza del mercado interno al mercado mundial, y se desarrolla a través de conflictos armados entre las potencias.

En tercer lugar prevalece la idea de que el capitalismo monopolista se caracteriza por el estancamiento de las fuerzas productivas. Por un lado porque la eliminación de la competencia hace desaparecer el impulso al cambio tecnológico por parte del capital. Por otra parte porque se piensa que el capitalismo llegó a un estadio en que la sobreproducción es estructural, debido a que las masas trabajadoras y campesinas están empobrecidas, y no tienen poder de consumo. Es la visión subconsumista de Hobson, aceptada por Lenin y otros marxistas de la época. De manera que los países adelantados ofrecen cada vez menos oportunidades de inversión. De ahí las repetidas referencias de Lenin a la “putrefacción” y “descomposición” del sistema capitalista. La tendencia al estancamiento en el centro explica a su vez la exportación de capitales hacia la periferia, que pasa a ser un fenómeno característico de la época. Las inversiones irán desde los países adelantados hacia las colonias y zonas de influencia; no se contempla que las inversiones entre países adelantados sean importantes, dada la falta de oportunidades rentables.

En cuarto lugar se sostiene que el desarrollo del capitalismo ha llevado a la fusión del capital bancario con el capital industrial, y al dominio del primero sobre el segundo. Se trata del capital financiero. El capital financiero es parasitario; el parasitismo del capital financiero es otro factor que explica el estancamiento del capitalismo maduro.

En quinto lugar, se piensa que frente al estancamiento la respuesta de los capitalismos adelantados es la conquista de la periferia y la empresa colonial. Ésta garantiza mercados, territorios para la exportación de capitales y fuentes de aprovisionamiento. El impulso al colonialismo es inevitable y creciente, los grandes países industriales explotan a las regiones atrasadas. Se prevé que la entrada del capital extranjero en la periferia desarrollará el capitalismo, pero al mismo tiempo los países dominados estarán sometidos al saqueo, el pillaje y la devastación.

Por último, se plantea que las guerras entre las potencias son inherentes al capitalismo monopolista. El razonamiento que lleva a esta afirmación es que el mundo ya está repartido entre las potencias y sus monopolios. A su vez, los Estados se identifican con sus monopolios, y la empresa colonial es decisiva para la supervivencia del capitalismo en el centro. Por lo tanto, los países desarrollados que tengan menos posesiones coloniales (o con menos riquezas) estarán obligados a luchar por nuevos repartos del mundo. Así las guerras ínter-imperialistas son inevitables, y características de la nueva era del capitalismo.

En conclusión, el marxismo de principios de siglo XX –por lo menos el que estuvo bajo influencia de Lenin– pensó que el sistema capitalista había entrado en una nueva era en la que habría una combinación de guerras: guerras mundiales entre las potencias; guerras de los pueblos oprimidos contra el imperialismo y por su liberación nacional; y guerras civiles de los trabajadores contra el capital en los países industriales avanzados. Era la época de “la agonía del capitalismo”. Obsérvese que en esta visión el espacio económico mundial se construye desde la competencia de los Estados-nación, unidos a los monopolios nacionales. Ese espacio se articula a partir del dominio político y militar de los países adelantados sobre los atra­sados (colonias, semicolonias y zonas de influencia).

Dicotomía teórica

La teoría leninista del imperialismo, que hemos descrito en sus grandes rasgos, tuvo el mérito de dar cuenta de la expansión colonialista del capitalismo de fines de siglo XIX; de la intensificación de la centralización del capital y la exportación de capitales a las periferias; y del aumento de las tensiones entre las potencias, que terminarían en las dos grandes guerras. Desde este punto de vista se compara muy ventajosamente con cualquier producción del pensamiento burgués de su época. Sin embargo, y a pesar de la variedad y riqueza de los fenómenos contemplados, nunca quedaron debidamente precisados el contenido y los límites del concepto del imperialismo. En particular, y como lo explicaron Sutcliffe y Owen, porque el término “imperialismo” parece aludir por una parte a todo el sistema –con un funcionamiento económico distinto al del capitalismo de libre competencia–, pero por otro lado se refiere a una “superestructura” conformada por las relaciones entre los países opresores y oprimidos, caracterizada por la tendencia a la guerra y el aparato político militar implicado. En otras palabras, la categoría admite más de una lectura, ya que se puede interpretar como designando al sistema capitalista o como refiriéndose a las relaciones entre los Estados. Sutcliffe y Owen, como también Arrighi, se refirieron por eso a la “ambigüedad” de la noción de imperialismo.Surcliffe planteaba que

“A partir de Lenin los marxistas han fluctuado, de hecho, en su empleo del término imperialismo. Muy frecuentemente se usa para describir todo el sistema capitalista; con igual frecuencia se refiere a las relaciones entre países avanzados y atrasados dentro del sistema. A veces se usa en ambos sentidos simultáneamente, bien sea con, o más a menudo, sin tener conciencia de la ambigüedad implicada” (citado por Arrighi, 1978, p. 10).

Pero cuando hablamos de “ambigüedad” estamos aludiendo a una situación equívoca, esto es, a aquello que admite más de una interpretación y carece de precisión. Sin embargo, pensamos que en la base del problema existe otra cuestión, que es de dualidad teórica, y se vincula al hecho de que el enfoque del imperialismo introduce una matriz de pensamiento cualitativamente distinta a la desarrollada por Marx, que se basa en la teoría del valor trabajo. En otras palabras, existen en el fondo dos teorías. Una, de Hilferding y Lenin, que dice que los precios se establecen por el poder de mercado de las corporaciones. La otra, de Marx, sostiene que los precios se determinan de manera objetiva en los mercados, a través de la competencia. Y si bien cada una de estas tesis da lugar a desarrollos y perspectivas globales distintas, en las tesis clásicas del imperialismo ambas coexisten, sin hacerse nunca explícito que había un problema que podríamos llamar “de unificación teórica”.

Apuntemos que fue Lenin quien parece haber tenido más conciencia de esta cuestión entre los teóricos sobre el imperialismo. En 1919, cuando se discutió el cambio del programa en el partido Comunista ruso, Bujarin planteó que si el imperialismo era el capitalismo monopolista –esto es, si existía una relación de identidad– había que volver a escribir la parte del viejo programa que hablaba de la producción mercantil, la ley del valor y la dinámica del capitalismo. En última instancia se debía unificar la explicación a partir de reconocer que el monopolio dominaba las leyes del desarrollo capitalista. Pero significativamente Lenin se opuso a la propuesta de Bujarin, argumentando que el capitalismo monopolista coexistía con la libre competencia, y por lo tanto el imperialismo no había reemplazado completamente a la vieja estructura. El imperialismo, precisó, es una “superestructura” del capitalismo, en el sentido que en una serie de ramas “el antiguo capitalismo… ha crecido hasta imperialismo”, pero por debajo de esta superestructura sigue existiendo “el enorme subsuelo del antiguo capitalismo” (Lenin, 1973a, p. 408).

La discusión tenía consecuencias para la política soviética, ya que la experiencia de los primeros años de la revolución demostraba que no bastaba con tomar las “palancas fundamentales”, y expropiar a los grandes bancos y grupos monopolistas para avanzar en la construcción de una economía socialista. Pero además tenía implicancias para el análisis de los países dominados. Es que por un lado la tesis sobre el imperialismo sostenía que los países atrasados se convertían en objeto de saqueo y pillaje, lo que implicaba la imposibilidad de desarrollo capitalista y de reformas democrático burguesas. Sin embargo, y por otro lado, los marxistas seguían pensando que el capitalismo “de libre competencia” se desarrollaba en los países atrasados, dando lugar a regímenes democrático burgueses. Así, en la discusión del octavo Congreso del PC Lenin se inclina por este segundo escenario:

“… lo característico de todos los países es que el capitalismo sigue todavía desarrollándose en muchos lugares. Esto es así para toda Asia, para todos los países que marchan hacia la democracia burguesa, como lo es para toda una serie de regiones de Rusia” (Lenin, 1973a, p. 429).

Lo que equivalía a afirmar que el fenómeno imperialista no afectaba las leyes de la acumulación en los países atrasados. Sin embargo, si prevalecían el pillaje y el robo colonial como método de extracción del excedente, el desarrollo capitalista estaría bloqueado y no habría posibilidad de evolución hacia la democracia burguesa. En el plano nacional, en los países atrasados, parecía predominar, a pesar de la influencia creciente del monopolio, la ley del valor y de la acumulación en un sentido “marxiano”. Pero en el terreno internacional se daba peso a las relaciones de fuerza y a la extracción del excedente por medios no económicos, lo que afectaría también las economías internas. Esta cuestión va a estar en el centro de los problemas de las teorías sobre la dependencia y el imperialismo a lo largo del siglo XX.

La dicotomía teórica se expresa también en el sentido que Lenin da a la palabra “superestructura” cuando se refiere al imperialismo. Lenin explica que utiliza el término de la misma manera que Marx lo había empleado para describir la relación entre la manufactura y la producción doméstica rural o artesanal. Según Marx, la manufactura no había podido apoderarse ni revolucionar en profundidad la producción social, debido a su estrecha base técnica; la pequeña producción había continuado más o menos inalterada, en tanto la manufactura coronaba esa base a la manera de una “obra económica de artificio”. (Marx, 1999, t. 1, p. 448). De esta manera Marx hace referencia a leyes cualitativamente distintas, las que rigen la pequeña producción artesanal y doméstica, por un lado; y las que gobiernan la producción capitalista desarrollada. Parece justificado entonces concluir que el significado que da Lenin a la noción de imperialismo es el de una forma económica distinta –por lo menos en aspectos esenciales– a la del capitalismo. Esto explicaría también que hable de “la transformación del capitalismo en imperialismo” (Lenin, 1973b, p. 100, énfasis nuestro) y que considere que esta forma económica afectaba “sólo” algunas ramas o aspectos del sistema. En síntesis, según Lenin coexistían dos dinámicas, dando lugar a una formación económico-social heterogénea: en la “base”, la producción capitalista, determinada por la ley del valor, que seguía operando en el plano nacional. En la “superestructura”, el monopolio, con el pillaje, la manipulación de precios y la disminución en importancia de la ley del valor y de la plusvalía. Esta superestructura económica a su vez determinaría otra “superestructura”, conformada por la política colonial y anexionista, el armamentismo, la diplomacia de la fuerza y la guerra, dando forma al espacio del mercado mundial y las relaciones entre los países.

Dualidad en las contradicciones fundamentales

La problemática anterior se puede plantear también desde el punto de vista de las contradicciones fundamentales del sistema que analizaron Marx, y los marxistas. Es que en la visión de El Capital las crisis son el resultado del desarrollo contradictorio de las fuerzas productivas; los capitales invierten azuzados por la guerra competitiva, lo cual debilita tendencialmente la tasa de ganancia, y esto está en el origen de las crisis. Las crisis son de sobreacumulación de capital. Sin embargo la idea de que el capitalismo había llegado a un punto en que el monopolio dominaba sobre la competencia planteaba una dinámica muy distinta, marcada por el estancamiento. Por eso no es de extrañar que en ese clima teórico de primacía del monopolio y de las formas no económicas de extracción del excedente, la ley (de Marx) de la caída tendencial de la tasa de ganancia apenas se discutiera entre los marxistas de principios de siglo XX. Tampoco debería asombrar que Lenin apelara a teorías subconsumistas para explicar la crisis. Estos sesgos son reveladores de que la tesis del monopolio afectaba la idea de un desarrollo capitalista según lo planteado en El Capital. Esto explica también por qué los marxistas pensaban que los antagonismos centrales –con una importancia por lo menos igual al antagonismo entre el capital y el trabajo– se ubicaban a nivel de los Estados. La idea de “el eslabón más débil de la cadena imperialista” (Lenin) y la situación revolucionaria que derivaba de ello, se inscribe en esta lógica. La contradicción fundamental se daba entre “el crecimiento de las fuerzas productivas de producción de la economía mundial y las fronteras que separan naciones y Estados” (citado por Trotski, 1974, p. 124). Esta formulación, que pertenece ya a la Tercera Internacional en época de Stalin –Programa para el Sexto Congreso–, era ampliamente compartida por la izquierda. Es sintomático que Trotski, crítico de las tesis del Sexto Congreso, cite el anterior pasaje afirmando que “debería ser la piedra angular de un programa internacional” (1974, p. 124). La suma de contradicciones haría imposible un desarrollo medianamente “normal” del sistema imperialista-mo­no­po­lis­ta, y su derrumbe tendría como base la contradicción entre los Estados-nación y las fuerzas productivas internacionalizadas. La dicotomía teórica que hemos apuntado de hecho se reabsorbía en una visión monista de la tendencia a la catástrofe del sistema, a partir del peso que adquirían los antagonismos entre los Estados.

Ley del valor y tesis del capital monopolista-imperialista

Lo anterior explica un hecho que planteó hace unos años David Harvey con agudeza: la dificultad de poner los estudios sobre el imperialismo en consonancia con la teoría del valor y del capital de Marx. Harvey planteaba que los estudios sobre el imperialismo se ven en apuros para basar sus descubrimientos en la propia estructura teórica de Marx” (1999, p. 441). Para que la cuestión se vea con mayor claridad, podemos sintetizar los rasgos principales que se desprenden de la ley del valor y la plusvalía (LVP), por un lado, y de la tesis del capital monopolista-imperialista (TCMI) por el otro, de la siguiente manera:

La LVP plantea que el capital domina los precios; éstos constituyen un fenómeno objetivo, son las formas fetichizadas en las que se expresan los tiempos de trabajo socialmente necesarios y como tales no pueden ser controladas conscientemente. La TCMI plantea que los monopolios dominan los precios; que la economía hasta cierto punto está controlada conscientemente por estos monopolios.

La LVP plantea que los mecanismos de extracción del excedente son económicos; el trabajador, no propietario de los medios de producción, está obligado a vender su fuerza de trabajo al capitalista; la coerción político-militar actúa como garante o “marco” de la explotación. La TCMI plantea como central la coerción extraeconómica para la extracción del excedente; la subordinación política y militar (régimen colonial o semicolonial) es esencial; por eso habla de robo o pillaje.

La LVP plantea que la explotación se da principalmente entre clases sociales. La explotación de clases adquiere cada vez mayor centralidad y la polarización social se acen­túa en el interior de la formación capitalista. La TCMI pone la explotación de poblaciones y países por otras poblaciones y países en un plano de importancia por lo menos similar a la explotación de clases. La primera crece en importancia en la medida en que las fuerzas productivas se estancan en los países maduros y capas de la clase obrera de estos países son sobornadas con los frutos de la explotación de los países más débiles.

La LVP plantea que el colonialismo se asocia al capitalismo temprano, pero luego da lugar al desarrollo del mercado mundial capitalista; en las periferias se desarrollan modos de producción capitalistas y clases capitalistas autóctonas, dependientes del mercado mundial. La TCMI plantea que existe un impulso al bloqueo del desarrollo capitalista en la periferia –debido la extracción del excedente por medio del colonialismo, pillaje, robo– y en consecuencia considera imposible (o por lo menos muy improbable) que surja una clase burguesa con raíces propias en esos países.

La LVP plantea que la expansión mundial del capital está fundada en la dinámica de la acumulación; los esquemas de reproducción ampliada (de Marx) demuestran que la barrera al desarrollo de las fuerzas productivas no es la falta de consumo de las masas trabajadoras; las crisis son periódicas, pero nada demuestra que se haya llegado a un estadio último a partir del cual sea imposible, en términos económicos, un desarrollo ulterior de las fuerzas productivas; lo cual plantea la necesidad de la acción revolucionaria de la clase obrera para acabar con el capitalismo. La TCMI plantea que la exportación de capitales y el impulso al colonialismo y la anexión derivan de la imposibilidad de realización de los productos en las metrópolis, o de inversiones rentables. Esto es, del agotamiento tendencial del sistema.

La LVP plantea que el capital financiero –al que identifica con el capital dinerario– participa de la plusvalía, en cuanto encarna la propiedad privada de los medios de producción y es una forma de existencia del capital; el capital bancario entra en la igualación de la tasa de ganancia como otra fracción del capital; el capital dinerario cumple una función imprescindible para el ciclo del capital, ya que no existe capitalismo sin crédito. La TCMI plantea que el capital financiero cumple el rol de parásito, y ha pasado a dominar definitivamente al capital productivo. La idea de “parásito” alude a un organismo que vive a costa de otro –el capital productivo– y no cumple función alguna en la sociedad.

La LVP plantea que la contradicción fundamental se ubica al nivel de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, y se manifiesta en la guerra de clases entre el capital y el trabajo. La TCMI señala como contradicción esencial, y que llevaría a la destrucción del sistema, la que existe entre las fronteras nacionales y las fuerzas productivas internacionalizadas. Esta contradicción estalla en las guerras mundiales y se articula, por lo menos en un mismo nivel de importancia, con la contradicción fuerzas productivas-relaciones de producción, y los antagonismos de clase correspondientes”.

La idea que estoy planteando, a partir de estas cuestiones, es que en el capitalismo mundializado de hoy la ley del valor trabajo opera a todos los niveles -en el plano del mercado mundial y las grandes corporaciones transnacionales, y también al interior de los países- y por lo tanto no existen dos estructuras, con leyes distintas, sino una, la del modo de producción capitalista. En particular, sostengo que el capital en la periferia se reproduce según la lógica de la acumulación estudiada por Marx, y al hacerlo, reproduce en escala ampliada la relación de explotación, tal como sucede, en sus líneas esenciales, en los países del centro. Lo cual implica que la contradicción entre el capital y el trabajo pasó a ser dominante también en el tercer mundo, en la misma medida en que las formas de coerción extraeconómica (colonialismo en particular) para la extracción del excedente perdieron relevancia.

Bibliografía:

Arrighi, G. (1978): La geometría del imperialismo, México, Siglo XXI.

Bujarin, N. (1971): El imperialismo y la economía mundial, Córdoba, Pasado y Presente.

Harvey, D. (1990): Los límites del capitalismo y la teoría marxista, México, FCE.

Hilferding, R. (1963): El capital financiero, Madrid, Tecnos.

Hobson, J. A. (1902): Imperialism, A Study, Londres, Allen and Unwin.

Lenin, N. (1973): El imperialismo fase superior del capitalismo, Buenos Aires, Cartago, Obras Escogidas, t. 3.

Lenin, N. (1973a): “Octavo Congreso del PC(b) R”, ídem, t. 5.

Lenin, N. (1973b): “Séptimo Congreso extraordinario del PC(b) R”, ídem, t. 5.

Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.

Trotsky, L. (1974): Stalin, el gran organizador de derrotas, Buenos Aires, Yunque.


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Imperialismo en Lenin, análisis crítico

Written by rolandoastarita

23/03/2011 a 10:14

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81 comentarios

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  1. Excelente artículo Rolando. Es bueno poner de manifiesto las implicancias que tiene la teoría del capital monopolista, y más cuando forma parte del sentido común de la izquierda.

    Saludos.

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    Juan

    23/03/2011 at 13:48

    • Interesante, pero con matices. De acuerdo con R. Astarita en que existen estas dos lógicas en el discurso marxista, pero no comparto, como propone, de manera adialéctica, que las mismas sean incompatibles, en la realidad, ya no solo en el discurso. Lo único que hay que establecer es su jerarquía. La lógica del capitalismo de la plusvalía relativa y la tendencia a la caída de la tasa de beneficio es lo dominante, pero precisamente son las crisis que ello provoca lo que lleva, de forma compensatoria, a políticas imperialistas, de pillaje y neocolonialismo, por un lado, y al aumento de las tensiones entre los Estados poderosos, por otro. Es, ni más ni menos, lo que está ocurriendo hoy en día. Es la crisis capitalista, en definitiva, o el periodo de auge, lo que determina un mayor o menor nivel de “imperialismo” y de “belicismo”, de modo que, ciertamente, a mi juicio, el “imperialismo” no es una nueva fase del capitalismo _esta es la tesis más desacertada de Lenin_, sino momentos y tendencias puntuales del capitalismo, según el contexto concreto.

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      Venancio Andreu Baldó

      04/09/2015 at 14:35

    • Pero los países de América Latina, para poner el caso más cercano, no son colonias ni semicolonias. Ver aquí , aquí y aquí para una discusión.

      Por otra parte, nunca sostuve que no hubiera tensiones entre las potencias (es una diferencia que tengo con los autores que he llamado “globalistas extremos”, que de hecho niegan la existencia de Estados nacionales). Lo que trato de explicar es por qué hace siete décadas que no hay GUERRAS INTERIMPERIALISTAS. Existe una diferencia apreciable entre “tensiones” y una guerra abierta entre las potencias, que actualmente implicaría el uso del arsenal nuclear a escala masiva. Y la discusión no es abstracta para el discurso de la izquierda. Para dar un ejemplo, en los 1980s Ernest Mandel sostenía -lo puso por escrito- que el capitalismo solo podría recuperarse de la “larga fase B del Kondratiev iniciado en 1974-5” a costa de una nueva guerra mundial que esta vez se cobraría centenares de millones de muertos. La idea de que “debe” estallar una nueva guerra interimperialista (“porque Lenin dijo que así debe suceder”, como me argumentó hace algunos años un “marxista-leninista”) sigue presente en muchos círculos.

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      rolandoastarita

      04/09/2015 at 14:47

    • Rolando. No he dicho que América Latina, ni el Norte de África, por ejemplo, sean colonias ni neocolonias; ninguna izquierda revolucionaria seria defiende eso _sí creo que algunos países del África negra, pese a ser independientes políticamente, pueden ser consideradas neocolonias, por la gran dependencia económica y política directas que tienen de algunos países avanzados_ . La descolonización tras la II Guerra fue un proceso real, y el menor desarrollo de los países desarrollados se explica por la propia lógica del capitalismo, sin necesidad de acudir a la tesis del neoimperialismo o del expolio. Pero eso no quita para que, cuando la crisis estalla, haya una vuelta a la agresión imperialista, económica de forma más inmediata -políticas económicas impuestas por FMI, BM, y los Estados poderosos a los países de la periferia, desde los 80_ y político-militares: Afganistán, Irak, el África negra, la ex-Yugoslavia, y un largo etcétera, tendencia que comienza también en los 80. Es una evidencia. Y por lo que respecta al otro “aspecto” del imperialismo, desde luego no hay una amenaza inminente de conflicto entre las grandes potencias, entre otros motivos porque tienen intereses comunes, ciertamente, y por el temor a la destrucción mutua, pero también es evidente que la crisis económica ha aumentado las tensiones, especialmente entre USA y Europa por un lado, y China y Rusia por otro, en las últimas décadas, e incluso entre USA y Europa; tensiones que hasta ahora solo son económicas. Determinismo, ninguno, pero hay tendencias claras y concretas en este momento histórico del capitalismo.

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      Venancio Andreu Baldó

      04/09/2015 at 15:28

    • Tratemos de clarificar las cuestiones: a) la mayoría de la izquierda defiende la caracterización de “semicolonias” para los países de América Latina (y se extiende a África y Asia). De ahí la idea de que está planteada la liberación nacional como tarea histórica. Esto es lo que discuto. No que no haya agresiones a países atrasados.
      Segundo, tensiones, incluso belicistas (Rusia vs Europa y EEUU) no son guerras interimperialistas. ¿Es tan difícil entender esto?

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      rolandoastarita

      04/09/2015 at 15:38

  2. Rolando, estoy bastante de acuerdo con tu nota.
    Es posible que antes de la Iª GM todo parecía apuntar hacia la tesis del TCMI. Aún así, yo no veo en aquella época una fase de estancamiento de la economía, sino al contrario, pero digamos que, políticamente, sí se llevó a cabo una política imperialista, causa, entre otras, de la GM.
    Todos somos conscientes de que la crisis de 1929 fue causa, directa o indirecta y en buena medida, de la IIª GM.
    El sistema económico nacido de Breton Woods, la economía europea arruinada, la intervención del estado, la existencia de URSS,… pudo provocar un cambio en el devenir de los acontecimientos como consecuencia de la interacción dialéctica de otros condicionantes. El propio movimiento de independencia de las colonias, inspirado en buena medida en la Revolución Rusa, es otra de las variables histórico-políticas a tener en cuenta. Todo este clima, aparte del diseño de una Europa transfronteriza a nivel económico, pudo influir decisivamente en que las tesis imperialistas no vieran su realización y terminara por volverse a la tesis del desarrollo capitalista, ahora, después del derrumbe de URSS, como globalización capitalista. ¿Cómo influyó todo esto, en su caso?
    Muchas gracias, Rolo, y disculpa mi tono en los últimos días.
    Nota.- Soy consciente que en la interacción de causas, la economía ejerce un papel preponderante, pero, no único y exclusivo, sino como un elemento más dentro del conjunto de concausas, decisivo las más de las veces, pero no siempre e, incluso, a veces, no decisivo.

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    josé

    23/03/2011 at 15:40

  3. Me parece que no puede entenderse el mundo capitalista como totalidad concreta sin partir de que esta se estructura a partir de dos dinámicas que pueden entran en tensión: la competencia económica de los capitales y la “competencia geopolítica” de los estados. Esto lo dice Harvey en el texto que vos citás, lo planta también Callinicos en un trabajo reciente. Yo planteo algo similar aquí: http://www.ips.org.ar/article.php3?id_article=502
    Vos Rolando muchas veces haces referencia a la idea de totalidad concreta para caracterizar al capitalismo global, pero tu visión termina siendo abstracta al no considerar esta segunda dimensión. Por eso, aunque creo que se pueden hacer numerosas críticas a las teorías del imperialismo, y es particularmente débil el tratamiento de los trusts y cartels, tributario de Hilferding y Hobson, sin esta noción no se puede entender la articulación entre geopolitca y economía. El desarrollo desigual no tiene otra explicación que las asimetrías económicas entre los países de mayor productividad media y los de menor productividad, pero el imperialismo es la fuerza que garantiza la permanencia de las burguesías de los países más débiles en estas relaciones asimétricas que los llevan a ser jugadores de segundo orden, aceptando al FMI, el BM, la OMC, y etc etc, aceptando la ilusión de que los capitales de todos los países compiten en igualdad de condiciones cuando las diferencias productivas y financieras plantean que de ninguna manera es así. Y sobre todo, el imperialismo es la fuerza que está detrás de las burguesías débiles, para intervenir en defensa de dichos regímenes (más inestables) cuando se levantan las masas. Esto lo hemos visto una y otra vez en las últimas décadas. Son dos dimensiones profundamente entrelazadas, y sin la categoría de imperialismo es imposible comprenderlas.

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    EM

    23/03/2011 at 17:44

    • EM, volvés a errar en la crítica. En mi explicacion del imperialismo siempre he planteado que a la par que opera la unidad de los capitales “en general”, se desarrollan tensiones geopolíticas por avanzar los intereses particulares. Pero esas tensiones no derivan en conflictos armados entre las potencias (el techo es la unidad del capital, en su entrelazamiento transnacional). Este aspecto de la cuestión es el que no logran entender los que siguen defendiendo la tesis leninista del imperialismo.
      Segundo, la dicotomía teórica que planteo en las tesis leninista no está entre “competencia económica entre capitales” y “competencia geopolítica”.
      Tercero, la permanencia de las burguesías más débiles en esa situación no se perpetúa a través de la violencia neocolonial (esto es, mediante extracción por medios extraeconómicos del excedente). Esto no es cierto. Brasil, Argentina, etc., tienen atraso tecnológico pero no porque estén somedias al “pillaje” o al “robo”.
      Además, ¿por qué no se puede entender la relación entre geopolítica y economía sin las nociones de trusts y carteles? ¿De dónde sale esto? ¿Por qué no se puede entender desde la lógica de los capitales nacionales? (En Valor... hago un intento en este sentido). Además, si no existe la manipulación de la economía por los monopolios, que postuló el trotskismo, ¿por qué hay que buscar aquí la relación entre lo económico y lo geopolítico?. Además, no se trata de un tratamiento “débil” de los trusts en el marxismo de principio de siglo, sino de un tratamiento equivocado. Tan equivocado que llevó a que en el Programa de Transición Trotsky llegara a decir que los monopolios bancarios “organizan la vida cara, la desocupación y la crisis”. Después de semejante afirmación, ¿no es hora de pensar dónde están las raíces teóricas de semejantes dislates? ¿No es hora de cuestionarse seriamente si con un punto de vista de este tipo (concepción conspirativa de la historia) es posible entender la geopolítica desde bases materialistas?
      Por úlimo, sinceramente, es un poco molesto ver cómo se escamotean balances. ¿Quiénes pronosticaban, al inicio de la segunda intervención a Irak, que era el primer paso de un conflicto a escala mundial entre las potencias; que se rompían la ONU y la OTAN, y que íbamos a una guerra mundial? ¿Quiénes decían que esto era así porque “lo dicen las tesis de Lenin”? ¿Por qué no se hace un balance a fondo de estos desastres de pronósticos? Son partidos políticos de izquierda, con cientos de militantes, con equipos de dirección y equipos de escritores, los que hicieron estos pronósticos (después de todo yo trabajo solo, con pocos recursos). ¿Por qué no se exploran las raíces teóricas de semejantes “pifiadas”?

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      rolandoastarita

      24/03/2011 at 01:31

    • Rolando, no creo errar en la crítica. Es cierto que vos siempre hablás en algún momento sobre las “tensiones geopolíticas”, pero por ejemplo en tu último libro sobre la dependencia lo hacés en las últimas 3 o 4 páginas; si mal no recuerdo, en Valor… le dedicás un breve capítulo final. Es algo completamente externo al análisis (casi diríamos una “cobertura” por si alguien te hace esta crítica) no algo que este problematizado e integrado en los distintos niveles de análisis.
      No tengo acuerdo con tu planteo de que las “tensiones no derivan en conflictos armados entre las potencias (el techo es la unidad del capital, en su entrelazamiento transnacional)”. Me parece una definición completamente ahistórica. El debilitamiento de EEUU y la posibilidad de que sea reemplazada como potencia hegemónica, tanto como articulador geopolítico como a nivel de gravitación del conjunto de la economía mundial, con las implicancias que esto tiene, por ejemplo en el sistema monetario, plantea la perspectiva de agudización de las tensiones interestatales, y eventualmente la guerra. Justamente acá se ve los efectos de no tratar la tensión entre las tendencias del capital y las de las relaciones interestatales. Las primeras se absolutizan en tu lectura y desplazan a las segundas.
      Si lees atentamente, en ningún momento hablo de robo, ni pillaje, ni violencia neocolonial, así que no se por qué me discutís eso.
      Tampoco reivindico las nociones de trusts y cartels, me parecen que buscaban correctamente dar cuenta de un fenómeno histórico -al momento de escribir las teorías clásicas eran formas que se estaban dando y había que dar cuenta de ellas y de sus implicancias para la teoría- pero no creo que la respuesta dada haya sido correcta, es algo que puse en mi comentario así que no se por qué insistís en eso.
      Por último, tenemos que volver siempre a lo mismo. Es muy molesto ver a quien se queja de los “métodos de discusión” que le achaca a la izquierda, atribuir sin ton ni son posiciones que no se sabe de donde saler. ¿Quien habló de que que la intervención en Irak era el primer paso de un conflicto mundial? Ciertamente, no la FT-CI. Nosotros dijimos que se mostraba una agudización de las tensiones geopoliticas -que efectivamente se estaba dando y que después se descomprimió cuando EEUU completó la invasión y renegoció con Francia y Alemania- y que era un punto de inflexión en la hegemonía norteamericana. Podemos discutir si este último pronóstico fue correcto o no -yo creo que sí- pero no se puede seguir discutiendo cualquier cosa, sin discutir claramente lo que cada uno dijo.
      El problema no es reivindicar la teoría de Lenin, el problema es si todavía hay que dar cuenta de relaciones imperialistas, constitutivas al mundo capitalista, y tratarlas como tales, como un problema teórico y político de primera magnitud, y no algo a mencionar el las últimas páginas de los libros de manera eminentemente descriptiva.

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      EM

      24/03/2011 at 11:30

    • Primero: que la guerra de Irak era el primer paso a una nueva guerra mundial me lo planteó en una mesa redonda, realizada en Quilmes, un dirigente del PTS, delante de muchos militantes. También que las guerras interimperialistas eran inevitables, y que habría nuevas guerras mundiales, me lo plantearon militantes del PO en 1997, en otra mesa redonda. Pero además, hay que agarrar el toro por las astas. Nadie, en el trotskismo, ha puesto en cuestionamiento la afirmación de Lenin “nuevas guerras interimperialistas son inevitables”.
      Y el tema es explicar la realidad, porque hace siete décadas que no hay nuevas guerras interimperialistas, y no existe ninguna tendencia en estos momentos que muestre que se esté preparando alguna guerra entre las potencias (la tendencia a la guerra era muy visible, por ejemplo, desde 1900 en adelante, o desde inicios de los 30 en adelante). Sostener que por el hecho de que el dólar se esté debilitando, EEUU vaya a emprender una guerra mundial contra Europa (para desplazar al euro), o cosa por el estilo, no tiene asidero en lo que está sucediendo. Se trata de ese tipo de afirmaciones que son habituales en el trotskismo, se disparan y después nadie se hace cargo de las mismas. Son del tipo de las que hacía Trotsky, por ejemplo cuando diagnosticó, en los 20, que una guerra entre EEUU y Gran Bretaña era “inevitable”. Se lanzan y después las cosas pasan, y todos miran para otro lado.
      Pero además, aun sin ser mi especialidad, en “Valor…” planteé que hay muchos conflictos y tensiones geopolíticas entre las potencias. Sostuve: 1) que en la unificación europea en torno a Alemania y Francia subsistían conflictos geopolíticos con EEUU y otras potencias; 2) que existían tensiones por aranceles; 3) que había tensiones EEUU vs Europa por la cuestión de cielos abiertos; 4) que había tensiones EEUU vs Europa por Airbus / Boeing; 5) que Washington (ayudado por China) había presionado y maniobrado contra Japón para que este país no generara una alternativa asiática al FMI; 6) que había una lucha por la influencia en la zona caucásica y Asia Central, en la que estaba en juego la salida a los mares abiertos del petróleo del Caspio, entre EEUU y Rusia; 7) que en el desmembramiento de la ex Yugoslavia habían jugado los intereses geopolíticos, de Alemania cuando alentó la separación de Eslovenia y Croacia, y de Washington, al impulsar un Estado bosnio; 8) que en el conflicto del Kosovo chocaron intereses geopolíticos, en especial de Washington interesado en sacar a Rusia de la zona; 9) que hubo conflictos geopolíticos en torno a las vías de integración de los Estados del centro y este de Europa en el dispositivo militar de la Europa capitalista; 10) que hubo tensiones Europa/Rusia por la incorporación de 10 países (mayo 2004) del viejo bloque soviético a la Unión Europea; 11) tensiones por la entrada de Rusia a la OMC; 12) tensiones por la aparición de la UE como socio con el Mercosur, lo que generó propuestas de Washington de libre comercio con otros países; 13) tensiones EEUU / Francia por zonas de influencia en Africa negra; 14) tensiones potencias occidentales/ China por la influencia en Asia Central y Medio Oriente, y el mar de China.
      ¿Qué te autoriza a decir que no presté atención al tema? Tu razonamiento es casi brutal. “El que no está de acuerdo en que en el horizonte hay una nueva guerra interimperialista, no le da importancia a las tensiones geopolíticas”. ¿Realmente estás convencido de que este es un argumento?
      Sobre los métodos de discusión: cuando critico, cito los pasajes que critico y a los autores. Es Lenin quien afirma que las guerras mundiales entre potencias son inevitables. Buena parte de la izquierda (incluyendo tu partido) sigue diciendo que esta idea de Lenin es correcta. ¿Cómo decís que “no se sabe de dónde sale esta idea”? ¡Si está en las tesis de Lenin, que ustedes jamás criticaron, y defienden!
      Más en general, tengo que polemizar a cada paso con gente que me atribuye cualquier cantidad de disparates. Ya he visto este método en discusiones orales. Doy un ejemplo, que me sucedió cuando estaba en un partido. Voy a una asamblea de militantes (serían unos 150), a defender una postura A. Hablo 20 minutos explicando mi postura, critica de la dirección de ese partido. Luego se anotaron 25 o 30 que repetían insistentemente que yo había afirmado X, o Y, o Z; cualquier cosa menos lo que había afirmado. A la hora la confusión era mayúscula, y a la hora siguiente toda la asamblea estaba convencida de que yo había afirmado X, Y o Z. Después de eso, me dieron 5 minutos para “redondear tu posición”. Bien, ante esto mi defensa es pedirle a la gente que lea y saque sus conclusiones. Por supuesto, esto se aplica a la cuestión de si doy o no importancia a las tensiones geopolíticas.

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      rolandoastarita

      24/03/2011 at 13:27

  4. Respeto mucho a los compañeros de la organización de EM, a pesar de discrepar casi siempre. Considero que la revisión de los puntos señalados por vos Rolando son casi imposibles dentro de determinadas organizaciones en donde no existen tendencias y de caracter monoliticas. Además creo que tiene que ver con las bases programaticas y con algo que podríamos llamar “instinto de sobrevivencia” como organización a corto plazo,y digo a corto plazo porque el desatino reiterado ante situaciones concretas(caracterización 2001, guerra de Irak etc)no se pueden ocultar diciendo o dando a entender “somos la vanguardia”. Saludos

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    daniel

    24/03/2011 at 10:04

    • Al respecto, existe un término que ha generado muchos problemas. Es el calificativo de “revisionista”, que se aplicó en su momento a Bernstein, en la Segunda Internacional, y a partir de allí pasó a ser una especie de insulto en el campo marxista. Cualquiera que quisiera “revisar” era inmediatamente descalificado. A partir de esto, no hay forma de leer críticamente textos, ni avanzar en la ciencia. El estudio se transforma en un busca de citas para hacer valer el “principio de autoridad”, y tratar de “ganar discusiones”. De ahí también que en algunos grupos se exhibiera con orgullo el ser “ortodoxo”. “Somos trotskistas ortodoxos”, se decía en un grupo en el que milité hace años. Voy a escribir algo sobre este asunto en el blog.

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      rolandoastarita

      24/03/2011 at 10:40

  5. Esto viene a reforzar el predominio de que la TVP predomina sobre la TCMI:
    http://www.vnavarro.org/?p=5475
    Crece la productividad, se mantienen los salarios, crece la plusvalía

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    josé

    24/03/2011 at 21:15

  6. EM, ¿qué opinás de que en el Programa de Transición Trotsky escribió que los monopolios bancarios “organizan la vida cara, la desocupación y la crisis”?

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    Eduardo

    24/03/2011 at 22:06

    • Agarremos, entonces, como decís, el toro por las astas: no poner en cuestión que nuevas guerras imperialistas sean inevitables, no significa estar aguardando guerras a la vuelta de la esquina. Durante las últimas siete décadas hubo hegemonía norteamericana, que, si mal no recuerdo, se termino de establecer mediante una “inevitable” guerra imperialista. Hoy estamos frente a una fuerte crisis de dicha hegemonía, pero no hay estados que tengan hoy capacidad de rivalizarla. La cuestión es: ¿la integración de capitales hace improbable una nueva guerra imperialista? Este planteo tuyo no me parece probado. No hay una burguesía transnacional con intereses transnacionales. La burguesía no ha dejado de estar nacional centrada; no hay burguesías genuinamente transnacionales, salvo algunas excepciones; la mayoría de las empresas multinacionales tienen una clara base nacional (ver por ejemplo este artículo de Husson que plantea una posición similar a la que sostengo hussonet.free.fr/imperiae.pdf).
      Pero más allá de esto, a pesar de la creciente integración mundial de la producción, no hay una identidad entre los intereses y necesidades de los Estados y sus instituciones para mantener el dominio interno y la posición internacional de los mismos, y las necesidades del capital en su creciente integración mundial. La agudización de la lucha de clases es una enorme fuerzar que pueda agudizar los enfretamientos interestales, y que justamente en estas décadas hemos visto actuar poco. Si no hay revoluciones, a pesar de que haya crisis, sin duda habrá contención de las relaciones internacionales, pero ¿que pasa si ocurre lo contrario?
      Ya la crisis de 2008 mostró la reaparición de respuestas nacionales y hubo amague de medidas que amenazaban hacer retroceder la integración mundial. Los nuevos desequilibrios que irán apareciendo con las consecuencias de la crisis –que yo creo que vamos a seguir viendo por varios años aunque se haya salido de la recesión- y el golpe severo al rol que jugaba la economía norteamericana en la economía mundial, que nadie puede reemplazar en lo inmediato, plantea un escenario de “barajar y dar de nuevo”, de rearmar en conjunto de las relaciones económicas. Esto es algo que no hay evidencia para sostener que se vaya a metabolizar pacíficamente. Las conjunciones que hubo entre crisis de los estados hegemónicos y alteración de las relaciones económicas internacionales, en el siglo XX dieron lugar a agudos enfrentamientos.

      Si querés “evidencia” para demostrar lo que estoy diciendo, no tengo más para ofrecer que recurrir a las hipótesis de guerra del Estado mayor norteamericano frente a la emergencia china (citadas ampliamente en el último libro de Giovanni Arrigí) o a los debates en Foering affairs y otras publicaciones similares sobre cómo administrar la declinación de la hegemonía norteamericana. Pero lo que vos planteás se apoya en proyectar a futuro lo que pasó en las últimas décadas, haciendo caso omiso a los elementos nuevos que cuestionan la posibilidad de que el mismo escenario se mantenga.
      Vos decís que no es cierto que hayas planteado que a partir de la mundialización del capital se acababan las tensiones geopolíticas entre las potencias. Yo te reconocí que es cierto, pero lo tratás como algo externo a tu análisis de las relaciones constitutivas del capitalismo global. Yo no te critico que lo trates al final de tus libros, pero digo que no es casual sino que hay una lógica interna, gracias a la cual la “totalidad concreta” de la economía mundial capitalista te queda analizada en un plano bastante abstracto. Eso se ve en que en vez de tratar la relación contradictoria entre competencia económica y geopolítca, relegás la segunda a la primera al descatar que por la interrelación entre los capitales las tensiones no pueden nunca llegar a guerras entre las potencias. Nadie dice que vaya a haber guerra inter imperialista en lo inmediato, pero desde el punto de vista de las relaciones de clase a escala mundial tampoco hay elementos para decir que las hemos dejado en el pasado.

      Sobre los métodos de discusión, yo te critico que vos digas que todo el trotskismo señaló que con Irak se venía una guerra interimperialista. ¿quién lo dijo? ¿Todos, no creo? Alguno puede ser, pero habría que decir bien quiénes. La FT-CI, que te aclaro es la tendencia internacional a la que pertenece el PTS, no sostuvo eso en ninguna publicación, y vos me mencionás lo que dijo o vos interpretaste que dijo un dirigente del PTS en una charla. Tal vez alguien expresó eso, pero no es la posición pública de la corriente, puesta en todos los materiales en los que analizamos Irak. Ya te plantee en el comentario previo lo que expresamos sobre la guerra, las tensiones geopolíticas y las consecuencias para la hegemonía norteamericana. Ese análisis, a grandes rasgos creo yo, se probó correcto.

      Sobre lo que plantea Eduardo del programa de transición, no voy a pronunciarme sobre una frase suelta. Discutamos primero la lógica general del mismo y sus fundamentos (que siguen siendo la base más acabada para la estrategia revolucionaria hoy), y después sobre esa base podemos discutir si tal o cual frase merecería una expresión más precisa.

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      EM

      25/03/2011 at 15:51

    • Me doy cuenta de que es imposible avanzar en clarificar diferencias, porque tu razonamiento es autoconsistente por definición. Yo trato de interpretar un hecho: no hubo guerras interimperialistas desde hace siete décadas, (y no veo tendencia alguna a que haya alguna). Y trato de dar una explicación materialista a ese hecho, partiendo de que hoy no está presente la condición que guiaba el razonamiento de Lenin. Pero a vos (y a tu partido) el que no haya habido guerras entre las potencias desde hace tanto tiempo, los tiene sin cuidado. Seguirán afirmando que “Lenin tuvo razón” y que hay tendencias a la guerra. ¿Cómo es eso? Pues porque no está probado que en el futuro no pueda haber una nueva guerra interimperialista (claro que alguien podría retrucarte diciendo que tampoco está probado que vaya a haberlas, por lo que no estaría probada la afirmación de Lenin).
      Lo importante es que constato que no hay manera de avanzar en ninguna clarificación con los trotskistas. Si cito el Programa de Transición, y no pueden defender lo que dice, responden que “es un pasaje circunstancial”.
      Si un dirigente dice en una mesa redonda que se viene una guerra mundial y esa guerra no ocurre, no tiene importancia porque “no hay constancia escrita” (aunque en la mesa redonda uno haya debido aguantar el asunto).
      Si me hacen el cargo de sostener que no hay tensiones entre las potencias, y demuestro que sí hablé extensamente de esas tensiones, tampoco importa, el cargo sigue igual porque “las tratás como algo externo”.
      Si cito a Trotsky diciendo que el capitalismo está estancado desde 1914, en realidad no dijo lo que dice el pasaje que cito, porque hay que leer otra cosa. Si cito el Programa de Transición en donde dice que los monopolios organizan las crisis, la inflación y la desocupación, tampoco tiene importancia porque en realidad Trotsky dice otra cosa; o en todo caso, tampoco tiene importancia, aunque se trata del Programa de Transición.
      Bien, me rindo. Sigan pensando así. Lo único que queda es que la gente lea y compare lo que escribe cada uno.

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      rolandoastarita

      25/03/2011 at 16:41

  7. Rolando, es incomprensible que planteés que “a vos (y a tu partido) el que no haya habido guerras entre las potencias desde hace tanto tiempo, los tiene sin cuidado”. En todo caso, discutí por qué te parece irrelevante para discutir eso el concepto de hegemonía, pero lo estás pasando por alto para argumentar que sostenemos una posición dogmática de que “Lenin tuvo razón” cuando no es así. Pero desvirtuar los argumentos planteados achacando un “razonmiento autoconsistente” cuando en realidad hay una interpretación que es distinta a la tuya, y que deberías discutir como tal en vez de descalificar, me parece que se condice muy poco con la declarada intención de “avanzar en clarificar diferencias”.

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    EM

    25/03/2011 at 19:39

    • Ya te lo dije, ganaste la discusión. No te descalifico, los felicito, saben ganar muy bien discusiones.

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      rolandoastarita

      25/03/2011 at 19:45

  8. Es sinceramente extraña la forma de discutir de EM, máxime cuando dice: “…Si leés atentamente, en ningún momento hablo de robo, ni pillaje, ni violencia neocolonial, así que no se por qué me discutís eso”, cuando en su nota de polémica con Kicillof dice exactamente lo contrario:
    “…pasa por imponer un programa que corte con el saqueo imperialista, nacionalice la banca, imponga el monopolio estatal del comercio exterior y avance en expropiar a los expropiadores capitalistas…” http://puntoddesequilibrio.blogspot.com/2010/12/los-economistas-k-explicando-la.html. Saludos.

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    Armando

    25/03/2011 at 23:01

    • Armando, saqueo imperialista ahí se refiere a la deuda pública, aparte de el uso descontrolado de los recursos naturales por parte del capital extranjero. Mi comentario de que “en ningún momento hablo de robo, ni pillaje, ni violencia neocolonial” tiene que ver con que opino que el punto de partida del desarrollo desigual no está en estos mecanismos -aunque sin duda la refuerzan, entre otras cosas porque impone usar para pagar la deuda recursos que en los países menos desarrollados serían doblemente necesarios para impulsar la acumulación- sino en las relaciones asimétricas que se dan entre los países más productivos y los menos productivos, y en ese punto sí tengo acuerdo con Rolando que acá la clave son las diferencias en la creación de valor de los distintos espacios nacionales. La relación entre estos distintos niveles la desarrollo un poco más en la nota que linkee al principio http://www.ips.org.ar/article.php3?id_article=502

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      EM

      25/03/2011 at 23:25

    • A ver EM, “los monopolios bancarios organizan la vida cara, la desocupación y la crisis” para vos es una frase suelta, ok, lo acepto, ¿qué opinás del Programa de Transición?

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      Eduardo

      26/03/2011 at 01:07

    • Eduardo y Armando, no creo que puedan avanzar en ninguna clarificación, porque no hay interés en la verdad científica, sino en defender las “verdades de partido”. Observemos lo siguiente: se emplea el término “saqueo” referido a la deuda pública. Pero “saqueo” es sinónimo de pillaje, de apropiación mediante utilización de fuerza militar; por eso el término se utiliza para los casos de colonialismo. Y con la deuda pública argentina sucede que
      a) es colocada voluntariamente por el gobierno en los mercados;
      b) los precios de los bonos se fijan por cruces de ofertas y demandas, en los que participan cantidad de inversores de todo el mundo (esto es, la tasa de interés se fija como decía Marx, y no por precio de monopolio bancario);
      c) la mayor parte de la deuda pública está en manos de tenedores argentinos. ¿Qué tiene que ver todo esto con “saqueo imperialista”? Nada, pero los tiene sin cuidado.
      Observemos también lo siguiente: parece que para algunos el “uso descontrolado de los recursos naturales” es un cargo que solo se le hace “al capital extranjero”. ¿Por qué solo al capital “extranjero”? ¿Por qué no decimos que es todo el capital el que hace un uso “descontrolado” de los recursos naturales? Siempre asoma el plumero del sentimiento nacionalista. Sin embargo, ya dirán que se trata de una mala interpretación, que la cita importante está en otro texto, etc. etc.

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      rolandoastarita

      26/03/2011 at 09:02

  9. Hola Rolando,
    Ante todo resalto que me parece altamente valorable en estos tiempos emprender una revisión crítica -lo cual no refiere para nada a la famosa libertad de crítica contra la que arremetió Lenin en el ¿Qué hacer?-de los grandes exponentes del marxismo.
    Mi pregunta, más bien duda, apunta a que no entendí si tu postura es que hay una coexistencia combinada de una capacidad de los monopolios para, en ciertas circunstancias, influir sobre los precios, y la ley del valor que establece que los precios se fijan según el mercado y no hay capitalista capaz de influir voluntariamente en ello. O, si sostenés que sólo tiene vigencia el segundo caso, el de la ley del valor.

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    Ignacio

    20/04/2011 at 12:29

    • Sostengo que actualmente rige la ley del valor trabajo; actualmente hay por lo menos tanta competencia como en el siglo XIX. Por supuesto, en el siglo XIX y en la actualidad, se encuentran “nichos”, o casos en los que puede haber monopolio durante algún tiempo. Por ejemplo, en Argentina las telefónicas o las concesionarias de peajes de rutas tuvieron posiciones monopólicas (mejor dicho, oligopólicas). Pero cuando la tasa de rentabilidad es muy alta, inevitablemente empiezan a erosionar esas posiciones oligopólicas otros capitales. Traté esto de manera bastante extensa en mi libro “Valor…”. Dado que está agotado, tengo la intensión de reproducir el capítulo donde trato este tema en el blog.

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      rolandoastarita

      20/04/2011 at 13:00

  10. Compañero Rolo. He leído su nota sobre el imperialismo de Lenin con anterioridad. Solo me he permitido hacer una referencia indirecta a los contenidos en el marco de otros debate a disposición de todos los compañeros que comparten este blog. Ante todo, la nota me parece bien fundamentada y también valiente. No cualquiera se le anima a una teoría de semejante envergadura y que, por otra parte, armó a generaciones enteras de revolucionarios. En este caso, la crítica asume dimensiones no solo teóricas, sino, de alto voltaje emocional. Este hecho, puede explicar en parte la animosidad que se palpa en algunas intervenciones, más aún cuando este aspecto de la teoría leninista es presupuesto fundante de organizaciones que se proclaman trotskistas y consideran al tema como un verdadero tabú. En razón de ello quisiera vertir algunas observaciones provisionales, si me es posible, desprovistas de pasión y de prejuicio.
    Mucho se ha repetido que Marx al no poder asistir al advenimiento generalizado de los monopolios no tuvo más que una caracterización rudimentaria de su rol y alcance. Según podemos leer en muchos manuales, Lenin tomo estas apreciaciones y les aplicó la tan temida ‘revisión'(no se dice de esta manera sino ‘desarrolló’) en razón de la nueva realidad. Yo, por el contrario creo que Marx , en un texto temprano como ‘Miseria de la Filosofía’ planteó una visión insuperada de la relación entre el monopolio y la libre competencia. Allí, si mal no recuerdo, nos dice que en la vida económica existen tanto el monopolio como la competencia, en una síntesis, que no es una fórmula, sino, un movimiento. De la competencia surge el monopolio, pero si este la restringe, se incrementa la tensión al interior de los estados, de tal manera que los monopolistas se lanzan a una ronda furiosa de competencia. Si esta no puede dirimirse pacíficamente, los competidores van a la guerra. En conclusión, el monopolio no puede existir, más que pasando continuamente por la competencia.
    En mi opinión este concepto refleja la dinámica real, tanto en la época de Lenin, como en la nuestra, con independencia de que la competencia ‘semipacífica’ se haya instalado por un período muy prolongado.
    La existencia del monopolio (en realidad oligopolio) traslada la competencia a un nivel superior y encarnizado. Ello implica distorsiones a la ley del valor, pero no la anula su imperio. Tampoco prescribe un curso histórico predeterminado, en el cual, la competencia se suspende definitivamente por el triunfo definitivo del monopolio. A Lenin le tocó analizar un momento determinado de la dinámica capitalista. Variados ‘especialistas’ en historia económica han cuestionado sus conclusiones, por ejemplo, que eran válidas solo para países como Alemania, retomando el argumento Kautskiano que al capitalismo le resultaba más conveniente la competencia pacífica que el imperialismo y que el porvenir deparaba una hegemonía superimperialista no necesariamente menos explotadora para las masas. En cuanto a la tendencia concreta es evidente que Lenin tuvo razón. En cuanto a la dinámica de largo plazo, es posible que no. Ciertamente Lenin consideró que el imperialismo por el analizado (que según sus propias palabras no sería siempre igual) implicaba un impulso bélico intrínseco irrefrenable que daría lugar a la guerra entre potencias. Pero entre estas guerras habría intervalos ‘semipacíficos-semiviolentos’ que codificó en 15 o 20 años. Es natural que frente a un intervalo de 70 años, que, según especialistas militares no presenta hipótesis de conflicto mundial por otros 50, lapso que llevaría la consolidación de una potencia alternativa a los EEUU, nos preguntemos que ha cambiado y para ello miremos la realidad y revisemos la teoría. Se han esbozado muchas hipótesis. Una de ellas es el fenómeno de la descolonización en la postguerra, como consecuencia del debilitamiento de los poderes centrales y la emergencia de una potencia nuclear alternativa (La URSS) que desvió ele eje del militarismo imperialista. Otra es el temor del ‘overkill’ ante las consecuencias de un nuevo conflicto mundial. Otra es la interprenetración de los capitales más allá de las cabeceras nacionales. Este último aspecto se presenta como determinante en su análisis y como factor irreversible en la dinámica futura.
    En lo personal, no creo en los inevitables. Marx planteó que la lucha de clases llevaba inevitablemente a la dictadura del proletariado. Lenin habló de la inevitabilidad de las guerras mundiales, pero también de la revolución socialista y ni la una ni la otra están en el horizonte inmediato o de mediano plazo. Pero usted va más allá y deroga indefinidamente la posibilidad de Guerras Mundiales, en razón de que los fenómenos que les dieron origen no fueron más que una aberración transitoria en el curso expansivo del capitalismo que Lenin y sus seguidores, absolutizaron. Por el momento, estoy acuerdo en que no hay ninguna evidencia concreta que apunte hacia una guerra mundial, ni siquiera como consecuencia de una recaída de la crisis, pero no estoy convencido que la unidad transnacional del capital sea tan estable como para abolir su posibilidad futura. Por último. De haber asistido a la ‘mesa redonda’ donde usted dice, y no tengo por que dudar, se formuló el pronóstico de la inminente tercera guerra mundial, no habría podido más que sonreir. De ahora en más lleve un grabador o hágase acompañar por un notario público.
    Pese a ello, creo que es aceptable el argumento del compañero EM, en tanto que, en las publicaciones de la corriente a la que pertenece no aparece formulado semejante pronóstico. Pudo haber sido un exabrupto polémico. Pudo haber sido una exageración ilustrativa. Pudo haber sido un desliz ‘esotérico’. Pudo haber sido una afirmación ‘visionaria’ de la cual, el compañero interviniente es enteramente responsable. Calculo que ello determinará alguna discusión al interior de la organización a la que pertenece y una aclaración posterior. Pero no me parece que se pueda poner un signo igual entre el ejemplo de Trotski de 1920 y este entredicho. Aquí me parece que el problema de las ‘estaturas’ se perdió por el camino de los caldeados ánimos. En todo caso, bastante se le mofaron a Trotski en su debido momento. Según recuerdo explicó que solo era una posibilidad.
    Gracias por la atención.

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    AP

    21/04/2011 at 03:57

    • Vuelvo a solicitarle que escriba contribuciones más cortas. Insisto, se trata de comentarios, no de artículos. El problema es que si todos escriben así, se desnaturaliza este espacio. Habría varias cuestiones a comentar de lo que escribe, pero ahora solo quiero aclarar un punto. Yo no “derogo indefinidamente ninguna posibilidad”. Lo que sostengo es que hoy no existe una tendencia o impulso a la guerra entre las potencias. En 1905 o en 1910 el impulso a la guerra era palpable (como lo fue también en la década de 1930). No puedo extenderme en esta explicación, pero mi postura conecta con lo que Hegel llama “posibilidad real”, en oposición a la “posibilidad abstracta”. Metodológicamente es lo que diferenció a Lenin de Trotsky en la discusión sobre la paz de Brest. En segundo término, sostengo que las razones por las que Lenin sostuvo que las guerras interimperialistas eran inevitables, hoy no son válidas. El que sostenga que las guerras interimperialistas hoy son inevitables debería buscar otra razón. El argumento de Lenin es: 1) los mercados internos en los países capitalistas ya no pueden expandirse (en esencia por la pobreza de las masas); 2) por lo tanto el capital de los países centrales necesita asegurarse mercados mediante el dominio colonial para sobrevivir; 3) pero el mundo ya está repartido entre las potencias; 4) por lo tanto las guerras por nuevos repartos son inevitables. Sostengo que esta cadena de razonamiento está equivocada. Equivocada teóricamente (la tesis subconsumista no se sostiene). Y empíricamente no se verificó; el crecimiento de los mercados internos de las potencias a partir de 1945 es imposible de encajar en esa visión Lenin-Hobosn. Como el hecho de que el grueso de inversiones directas externas se diera entre países desarrollados, y no desde los desarrollados a los atrasados.

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      rolandoastarita

      21/04/2011 at 09:16

  11. Compañero Rolo. De ahora en más, si le parece, me pongo un tope de 25 renglones. Vale su aclaración acerca de que no deroga ninguna posibilidad. Pese a ello, me parece que el análisis que usted propone sobre la dinámica del capital ha llegado para quedarse. Coincido en que las razones que indujeron a Lenin a sostener la inevitabilidad de la guerra no están presentes a partir del 45 y se abre un nuevo escenario. Pero no me queda claro, a partir de la impugnación de la tesis subconsumistas, si la concatenación planteada por Lenin estaba equivocada, con lo cual, ya en 1914 su análisis de las tendencias concretas era teóricamente erróneo y por consiguiente solo acertó a detectar una tendencia ‘palpable’ por mera intuición. Coincido en la crítica a las tesis subconsumistas sobre la crisis. Ello no impide verificar una situación de subconsumo ni constatar un mundo repartido, herméticamente cerrado a la competencia. Habría que explicar por que se dio esta situación y por que no puede volver a recrearse. Coincido en que Lenin consideraba imposible el acrecentamiento del consumo de masas bajo el imperialismo. Pese a ello, criticó las tesis subconsumistas. Su teoría de la crisis está centrada en la anarquía de la producción capitalista.

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    AP

    21/04/2011 at 14:01

    • El proiblema con el enfoque de Lenin sobre las crisis es que si bien critica la tesis subconsumista, acepta la explicación de Hobson. Antes, en sus escritos tempranos de crítica a los populistas también criticaba el subconsumismo, aunque en ciertos pasajes plantea que la razón última de la crisis es la falta de consumo de las masas. Es interesante que en la Segunda Internacional la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia pasara casi desapercibida. Habría que esperar a Grossmann, en 1929, para que fuera reivindicada y conectada con las crisis, E incluso entonces la mayoría de los marxistas no le prestan atención. Por ejemplo en 1940 Trotsky atribuye la tendencia al estancamiento al monopolio.

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      rolandoastarita

      21/04/2011 at 15:01

  12. ¿Según tu punto de vista no hubo, sobre todo durante la crisis del 2008, una tendencia a la militarización de Sudamérica? Me refiero a la reactivación de la IV Flota y las bases militares en Colombia. Porque a mi me había cerrado bastante la idea de que, en un contexto de crisis, EEUU tendiera a asegurarse las regiones que representan un gran reservorio de recursos naturales.

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    Ignacio

    28/04/2011 at 21:50

    • Mi afirmación de que el colonialismo, la ocupación militar y el saqueo de los países no constituyen los medios de extracción del excedente, no implica afirmar que desaparece el aparato mllitar, desplegado a nivel mundial. El capital siempre lo va a necesitar. Pongamos el caso de las bases militares de Colombia. Las mismas son el resultado de la colaboración de EEUU con el gobierno colombiano en la represión. No han sido impuestas al gobierno colombiano por EEUU (a la manera que sucedía e una relación colonial). Su instalación responde a los intereses del capital, colombiano e internacional. Colombia no es una colonia, es un país dependiente (en el sentido de Lenin). Colombia, como Argentina, y otros países dependientes “normales”, no son explotados por las potencias. La explotación es de clase.

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      rolandoastarita

      29/04/2011 at 09:38

  13. compañero si bien es cierto yo creo que su critica a las tesis imperialistas de lenin es acertada me gustaria polemizar un tanto usted en el articulo menciona si no me equivoco la imposibilidad de guerras interimperialistas a gran escala; yo sin embargo veo que podria existir guerras entre los bloques chino ruso y euuu europa ¿cual es su opinion al respecto don rolando?

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    manuelmusica

    11/01/2012 at 20:20

    • De hecho no planteé “la imposibilidad” de guerras interimperialistas en gran escala. Lo que he tratado de explicar es por qué desde hace más de seis décadas no hubo nuevas guerras interimperialistas (cuando Lenin había sentenciado que eran inevitables), Y esto tomando como referencia a los países industrializados más desarrollados. Lo que me interesa de esto es rescatar un método que haga eje de las causas materiales, en los intereses económicos del capital, para explicar por qué no ha sucedido. Y por qué, en un futuro más o menos mediato (digo, en la próxima década) no se avisora en el horizonte una nueva guerra entre las potencias. Pero no tengo la “lamparita” y no puedo decir qué va a pasar en un futuro distante. El análisis materialista exige que trabajemos con las tendencias actuantes. Por ejemplo, ya desde principios del siglo XX todo el mundo sabía que se iba a una guerra entre las potencias. La tendencia no era una abstracción, estaba desarrollándose realmente. Hoy no se advierte esta tendencia, hay tensiones, pero estamos por ahora lejos de una carrera hacia una guerra entre las potencias.

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      rolandoastarita

      12/01/2012 at 19:38

    • vale rolando si me permites voy ha hacer preguntas en tu blog a lo mejor de lo mas obvias; pues mi afán mas bien es aprender y saldar preguntas de formación mínima gracias

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      manuelmusica

      28/01/2012 at 01:34

    • Sí, de acuerdo, entre todos tratamos de aclararnos las cosas.

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      rolandoastarita

      28/01/2012 at 11:11

  14. En la base de todo mercado capitalista esta la ley del valor trabajo. Ella es el fundamento de toda oferta y demanda y de toda competencia. De la competencia deriva el monopolio. Competencia y monopolio coexisten en el capítalismo. Siempre lo han hecho. No sólo coexisten, sino que se complementan. No hay competencia pura ni monopolio puro. Incluso he visto formas muy complejas de relación entre competrencia y monopólio. Conozco pequeños mercados, que funcionan una vez por semnana, en pueblos de provincias (soy de Perú) a donde concurren pequeños productores agropecuarios y consumidores de los cacerios cercanos, donde se puede observar una libre competencia casi perfecta y de manera muy regular en el tiempo. Tambien conozco el gran mercado mayorista de Lima, de productos agropecuarios, donde una sarta de mafiosos imponen el monopolio y oligopolio, creando escases artifical de productos, a vista y paciencia de todo tipo de autoridades civiles y policiales, que tambien reciben su “comisión”. Pero tampoco no es que estos mafiosos pongan el precio que se les ocurra. Ellos ponen la escasez y es el mercado el que pone el precio. Tampoco no es que el “juego” siempre les salga bien. A veces pierden, porque el mercado no les responde como ellos esperaban. A esto me refería cuando escribía sobre una relación compleja entre competencia y monopolio.
    En los tiempos de Marx, ciertamente existían competencia y monopolio. Sin ermbargo, los estudios históricos prueban que lo que predominaba era la competencia. He ahí el quid de la cuestión. En los tiempos de Lenin el escenario fue distinto: Los monopolios se apoderaron de los mercados. El monopolio devino dominante y sometió a la competencia a su servicio. Nadie esta diciendo que la competencia fue abolida y la ley del valor trabajo “derrogada”. En todo este proceso histórico hemos sido testigos de como los monopilios se han hecho cada vez más diominantes y han establecido relaciones increibles con la competencia, dando lugar a cosas como los derivados financieros, futuros, mercados forex, CDO, CDS, etc.
    Este capitalismo capitaneado por lo monopolios no solamente explota a su propio proletariado sino que, por razones de acrecentar la acumulación de capital y geopolitica de los Estados, somete bajo su domininio a paises, naciones y pueblos. En estas condiciones ya no sólo acumula por extraccion de plusvalía sino tambien por saqueo y pillaje (desposesión). Este es el capitalismo en su fase imperialista que teorizaba Lenin, que tiene intrinseco en su naturaleza ya no sólo las crisis, sino también las guerras interimperialistas. En los tiempos del carbon y el boom petrolero estas crisis y estas guerras tuvieron su propia logica, motivos y particularidaes. En tiempos de guerra fria, armas atomicas, y desarrollo tecnologico impresionante es atinado pensar que los acontecimientos discurrieran de un modo diferente a la etapa anterior, y transcurrió pacificamente; bueno, no tanto, tampoco tampoco, al menos nu hubieron guerras mundiales.
    Es que a la vida real no le podemos aplicar fórmulas. Si algo no funciona en la vida concreta son las formulas. “Ya no se han producido las guerras interimperialistas que predijo Lenin”, suena como una fórmula. La teoria no puede ser estatica, tiene que ser dinámica, desarrollarse “a diario”. Lenin no lo dijo todo respecto del imperilaismo. Teorizó al respecto lo que era necesario para la lucha revolucionaria del momento que le tocó vivir. Su importancia radica en que nos dejo lineaminentos que siguen siendo validos y que los marxistas revolucionarios tienen que seguir desarrollando. A pesar de los errores de muchas de sus apreciaciones considero a la teoria revolucionaria de Lenin como basicamente correcta. No puedo decir lo mismo de otros teoricos marxistas que han incurrido en errores garrafales. Por ejemplo, minimizar la importancia de los mopolios en el capiltalismo o negar su supremacia es un error garrafal, que solo puede llevar a la derrota a los movimientos revolucionarios.
    Creo que ya estamos en la epoca del cenit del petroleo, de la desaceleración de la producción alimentaria frente a la agudización de la “superpoblación” del planeta, de la disputa por los metales raros (metales tecnologicos), de la disputa por las fuentes de agua dulce, del renacer de las guerras e insurgencias revolucioanrias (India, Nepal, Kurdistan, Filipinas, Perú, Colombia, etc), el inevitable declive de la supremacia norteamericana como potencia mundial, etc ¿Cómo serán las crisis y las guerras interimperialistas en estas condiciones? Nadie tiene una bola de cristal para saberlo con exactitud. Pero si tenemos una teoria cientifica que nos alumbra y que nos dice que los hechos no ocurriran de la misma manera que antes y, sobre todo, que el capitalismno imperialista no sucumbirá por si sólo, sino que habrá que hacerlo caer con la movilizacion de las masas revolucioanarias.

    Desde Perú un abrazo a todos los revolucioarios argentinos
    Benito.

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    Benito

    25/02/2012 at 05:44

    • La teoría no puede ser un dogma, hay que tratar de explicar la realidad. La tesis del predominio del monopolio se sostiene en dos aseveraciones fundamentales: a) la guerra de precios es reemplazada por la competencia a través de la diferenciación de productos; b) existen sobre ganancias monopólicas sistemáticas, que se corresponden con los sectores más concentrados. Pues bien, ninguno de estos supuestos se verifica en la realidad del capitalismo contemporáneo. En particular, las guerras de precios (a la manera que lo describió Marx) son una constante. No hay manera de encajar este hecho en las tesis de imperialismo que ha defendido el marxismo (Lenin, Hilferding, Mandel, Sweezy, Baran, teóricos de la dependencia). Tampoco hay forma de encajar la idea “competencia por diferenciación del producto” en la ley del valor, tal como es presentada por Marx (y Ricardo, ya que ambos suponen competencia por precios para que opere la ley). Son demasiados problemas, que no se pueden barrer por debajo de la alfombra diciendo “la teoría no puede ser estática”. La teoría, ante todo, tiene que ser coherente y poder explicar lo que sucede de manera coherente.
      Por otra parte, nadie pide que Lenin, Hilferding, Mandel o quien sea, “diga todo” sobre lo que sucede, y menos sobre lo que sucederá. De todas formas, el problema no fue este con el análisis el monopolio e imperialismo. El problema reside que ni siquiera en la época en que escribieron Lenin o Hilferding el sistema funcionaba como pensaron estos autores que funcionaba. Lo cual, además, tuvo consecuencias en el análisis sobre las causas de las crisis; por ejemplo, la tesis de Lenin es más tributaria de Hobson que de Marx en este terreno. Lo cual no es extraño, dado el supuesto adoptado con respecto a la acción de la ley del valor.

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      rolandoastarita

      25/02/2012 at 10:48

  15. Releyendo un poco la nota veo un par de cositas que no son en si del tema tratado:

    En la cita que hace de su libro “Monopolio… etc” el trabajo de Lenin aparece como “El imparialismo,fase superior del IMPERIALISMO”

    Luego del subtitulo “Ley del valor y tesis ….” párrafo 2, al inicio dice “La LVP plantea que el capital domina los precios,….” creo que debe ir “…. que el capital NO domina los precios…” Si ese “no” no va, me perdi, al menos si interpretamos que como totalidad y de forma inconciente termine sucediendo de esa manera.

    Pregunto ademas, ¿va a reeditar su libro “Valor, Mercado…”? No lo consegui en la Feria del Libro el año pasado, espero hacerme de uno este año. Saludos.

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    Ilichito

    21/03/2012 at 06:25

  16. Rolando, en su libro “Valor…” usted menciona un estudio que se hizo en los 60, creo, en la economía estadounidense que en ese momento estaba muy concentrada, cosa que se usaba como soporte de las teorías del monopolio. Ese estudio demostraba que las subas de precios eran menores en las industrias más productivas, con lo que habría una correlación entre los precios y los valores que desmentirían la arbitrariedad de estos precios.
    Me pregunto si existe algún estudio similar sobre la economía argentina o en su defecto sobre alguna economía dependiente, como para contrastar a la tesis de que en los países atrasados sí domina el monopolio.
    Muchas gracias.

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    Ezequiel

    09/06/2012 at 05:58

  17. Usted dice respecto a “La concepción de los marxistas de principios de siglo XX sobre el imperialismo”:

    “En tercer lugar prevalece la idea de que el capitalismo monopolista se caracteriza por el estancamiento de las fuerzas productivas. Por un lado porque la eliminación de la competencia hace desaparecer el impulso al cambio tecnológico por parte del capital. Por otra parte porque se piensa que el capitalismo llegó a un estadio en que la sobreproducción es estructural, debido a que las masas trabajadoras y campesinas están empobrecidas, y no tienen poder de consumo. Es la visión subconsumista de Hobson, aceptada por Lenin y otros marxistas de la época. De manera que los países adelantados ofrecen cada vez menos oportunidades de inversión. De ahí las repetidas referencias de Lenin a la “putrefacción” y “descomposición” del sistema capitalista. ”

    Y uno se pregunta como es posible atribuir a Lenin dicha idea de que ” el capitalismo monopolista se caracteriza por el estancamiento de las fuerzas productivas” cuando en la definición que da Lenin de imperialismo no aparece en ningún momento dicha idea.

    Lenin dijo:
    “Pero, no obstante, como todo monopolio, engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y a la descomposición.”
    […]
    “Naturalmente, bajo el capitalismo, el monopolio no puede nunca eliminar del mercado mundial de un modo completo y por un período muy prolongado la competencia (en esto consiste, dicho sea de paso, una de las causas de lo absurdo de la teoría deí ultraimperialismo). Desde luego, la posibilidad de disminuir los gastos de producción y de aumentar los beneficios por medio de la introducción de mejoras técnicas obra en favor de las modificaciones. Pero la tendencia al estancamiento y a la descomposición inherente al monopolio, sigue obrando a su vez, y en ciertas ramas de la industria, en ciertos países, por períodos determinados llega a imponerse. ”

    “El imperialismo, fase superior del capitalismo, Madrid, Fundación Federico Engels”

    Y en el texto vemos como sdestaca en cursiva la palabra “tendencia”. Y no es lo mismo hablar de que se tienda a un hecho que de que se cumpla dicho hecho. Porque no es lo mismo decir que alguien se caracteriza porque tiende a engordar que decir que alguien se caracteriza por ser gordo. Por tanto considero una tergiversación atribuir a Lenin “la idea de que el capitalismo monopolista se caracteriza por el estancamiento de las fuerzas productivas”

    De hecho para dejar claro que él no apoya la tesis del estancamiento del capitalismo en dicha fase afirma:

    “Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo. No; ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de estas tendencias. En su conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital (Inglaterra). ”

    “El imperialismo, fase superior del capitalismo, Madrid, Fundación Federico Engels”

    Por último una pregunta:
    ¿Usted descarta una guerra mundial en el siglo XXI?
    Coincido en que no habrá una dentro de 10 años pero tampoco creo que sea en más de 50.

    Le recomiendo que vea los informes del SIPRI sobre gasto militar en el mundo, que vea le evolución de dicho gasto desde la 2ª G.M. .2011 fue por cierto el año con más gasto militar en la historia de la humanidad.

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    Sergio

    12/12/2012 at 02:32

    • Pienso que en Lenin existe una tensión, no resuelta, entre tendencia al estancamiento y desarrollo de las fuerzas productivas. Por eso, durante algunos años, yo argumentaba igual que lo hace usted ahora. Esto es, citaba los pasajes en los que Lenin habla del impulso al desarrollo de las fuerzas productivas, no solo en los países centrales, sino también en la periferia (más claramente en la periferia). Sin embargo, con el tiempo me convencí de que existe un planteo de fondo, que es que el sistema, de conjunto, entró en la era de la “putrefacción” y “descomposición”. Las continuas referencias al “parasitismo” van el mismo sentido. El problema de fondo, en su opinión, es el monopolio. Por eso es tan importante entender el rol que juega la competencia, y el giro que implica la tesis del monopolio para analizar la dinámica del modo de producción capitalista. No es casual que en los análisis sobre la dinámica del capitalismo monopolista desaparezca cualquier referencia a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (en la base de su mecánica está la competencia tecnológica) y haya constantes referencias a problemas de subconsumo (las tesis subconsumistas constituyen el soporte de las tesis estancacionistas). Sin embargo, como dije antes, en Lenin el pensamiento no es cerrado hacia el estancamiento. Podemos decir que la tesis del capital monopolista estableció el marco teórico y político para que luego el enfoque estancacionista fuera aceptado como natural. Uno de los hitos en este respecto son las resoluciones de los Congresos de la Internacional Comunista entre fines de los 20 y 1934.
      Con respecto a las guerras mundiales, no soy futurólogo; no sé qué va a pasar en el 2090, por ejemplo. Lo que sostengo es que en estos momentos no se advierten tendencias hacia una nueva guerra mundial entre las grandes potencias. Los análisis deben ser concretos. Por ejemplo, en 1905 la carrera armamentista claramente apuntaba a prepararse para la guerra (y se preparaba a la opinión pública para la guerra). Hoy esto no se ve. Recuerdo que cuando comenzaba la segunda invasión a Irak sectores de la izquierda planteaban que era el primer paso hacia un enfrentamiento mundial, porque EEUU y Gran Bretañá querían privar a Alemania, Francia y Japón del acceso a las fuentes energéticas (lo que hubiera implicado la guerra). Recuerdo un dirigente de un partido trotskista argentino que en una polémica me aseguró que en meses estallaban la OTAN y la ONU. Que era inevitable (con el también inevitable “Lenin dixit, nuevas guerras imperialistas son inevitables”).

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      rolandoastarita

      12/12/2012 at 10:47

  18. Rolando te quería consultar que opinión te merece la visión de Claudio Katz respecto del imperialismo. En su libro “Bajo el imperio del capital” él llama a realizar una lectura no dogmática del imperialismo actual. Dedica algunos capítulos a tratar la teoría del valor y sus diferencias con los esquemas más clásicos acerca de la teoría del imperialismo leninista. En esos capítulos Katz parece alejarse de las tesis clásicas apoyándose en la teoría del valor de Marx. No obstante, y a pesar de su reiteración en los pedidos de revisar las categorizaciones clásicas del imperialismo, tiende a conclusiones no muy diferentes a las clásicas, por ejemplo, las invasiones de EEUU tienen como móvil recursos energéticos, también pone el acento desmedido en el aspecto militar y llega a sostener que la debilidad económica de EEUU es compensada por dicho aspecto. Me llamó mucho la atención sus análisis porque pone el acento muy fuerte, según mi opinión, en las relaciones de fuerzas y poder militar a nivel mundial.

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    daniel

    30/12/2012 at 14:48

    • En estos textos sobre imperialismo presento una visión muy distinta de la que tiene Claudio Katz. Ideológica y políticamente estoy muy alejado del marxismo tercermundista. Para decirlo de la manera más clara posible: pienso que Argentina no es explotada por EEUU. Y me da exactamente lo mismo que los explotadores de los trabajadores sean Repsol, Bulgheroni, Chevron o YPF (que no es “de todos”).
      Por lo tanto, no adhiero a los programas llamados “de liberación nacional”. Las tesis de la liberación nacional están asociadas, hoy, a la idea de que países como Argentina son explotados por EEUU, Europa, etc. No tengo nada que ver con esas posiciones (que terminan llevando agua al molino de la propaganda K y nacionalista burguesa, al estilo Chávez).
      No sé si con esto queda clara la distancia ideológica que me separa de posturas como las de Claudio Katz, y similares.

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      rolandoastarita

      30/12/2012 at 15:20

  19. Me queda muy clara su posición y coincido. No sabía mucho de la trayectoria o de la tradición a la que adhería Katz. En mi opinión a pesar de que Katz dedique algunos capítulos a la teoría del valor de Marx y resalte su importancia para el análisis del capitalismo actual, en sus tesis principales debe necesariamente alejarse de Marx. Su exposición teórica referida a los clásicos intenta resaltar la importancia de los planteos de la teoría del valor (es más en algunas partes enaltece a Rosa Luxemburgo por haber intentado pensar el imperialismo a partir de los planteos de El Capital) pero luego los abandona o nunca los toma. Es importante resaltar, y usted lo ha hecho, el origen teórico de los planteos políticos. Por ello no entendía de que iba la cosa cuando leía en Katz una reivindicación de la teoría del valor y luego llamaba la atención de la importancia que juega lo extraeconómico ( pag 169 “Bajo el…) en el capitalismo mundial. Demás está decir que un análisis objetivo y económico se diluye en todo el libro.

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    daniel

    30/12/2012 at 16:24

  20. Rolando

    Hace poco discutimos entre un grupo de compañeros su teoria, a la que hace referencia este post.
    Surjen unas cuantas dudas que me gustaria compartir con usted a ver si nos ayuda a clarificarlas.
    En primer medida, sobre la condicion colonial o semicolonial de algunos paises, como podria ser Argentina para algunas corrientes troskistas .
    En primer lugar usted afirma que el monopolio en realidad no existe o no establece ninguna ley en particular que pueda distinguirse con el modo de produccion capitalista ,por lo que no deberia tener ninguna caracteristica especial a la hora de formar los precios.
    Como puede confirmar esa afirmacion cuando en nuestro pais, a modo de ejemplo,en ciertas ramas del comercio o servicios son solo algunos grandes grupos economicos quien fijan precios.Podria ejemplificar con el rubro supermercados o compañias telefonicas.
    Por otro lado sobre la condicion colonial o semicolonial,es posible sostener su tesis cuando en el congreso nacional se votan leyes como la Antiterrorista a pedido de USA o por ejemplo, no se cumplen tantas otras para que la Barrick y las megamineras vengan a saquear los recursos del pais ?
    Es lo primero que se me vino a la cabeza cuando leí su articulo, me parecen ejemplos validos para ser usados en esta polemica.

    Saludos

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    maloperobueno

    26/02/2013 at 16:36

    • Ya expliqué muchas veces que el grado de concentración no es sinónimo de falta de competencia; por ejemplo, aquí. Por otra parte, un país semicolonial o colonial es aquél que está sujeto a dominación poĺitico-militar. La clase dominante argentina, y el gobierno argentino, no están en absoluto bajo ese tipo de dominación. La política exterior, o económica del gobierno argentino (de los K y de otros) no se puede entender si se la piensa como producto de una dominación colonial. Que un gobierno favorezca a alguna empresa extranjera, no significa que sea por eso un gobierno colonial. Cantidad de gobiernos de países industrializados toman ese tipo de medidas, y esos países no son colonias. Escribí sobre el tema en “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo”. Remito a ello.

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      rolandoastarita

      26/02/2013 at 20:41

  21. Gracias por responder.
    Entiendo su argumento, la duda que me queda es el ejemplo de cuando el Congreso vota leyes a pedido de grupos economicos, politicos o directamente pedidas por el gobierno de USA,para usted eso no significaria ninguna injerencia externa o una forma indirecta de dominacion colonia, semicolonial y hasta una muestra de como los paises en vias de desarrollo como la Argentina siguen los dictados de las potencias?
    Los tratados de libre comercio en donde opera el imperialismo en “sociedad” con paises mas débiles,tampoco sería una muestra de que el diablo mete la cola?
    Recuerdo el gobierno de Menem, y me viene a la memoria la desarticulación del Proyecto Condor y la transferencia tecnologica a Estados Unidos.
    Como deberíamos llamarlo?

    Un abrazo

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    maloperobueno

    26/02/2013 at 20:50

    • Pero puede aceptar si coincide o no perturba sus propios intereses. Además, injerencia es una cosa, y otra es dominación colonial, o semicolonial. Argentina tiene injerencia en los asuntos políticos de Paraguay, por caso, y no por ello mantiene una dominación colonial. Lo mismo con los pactos de libre comercio. Canadá y México firmaron un acuerdo de libre comercio con EEUU porque de alguna manera su clase dominante consideró que le traía ventajas. En una relación colonial se reciben órdenes, bajo ocupación militar, etc. La mayoría de los países mantienen relaciones más o menos asimétricas, porque existen diversos grados de poderío económico, y por lo tanto, de influencia política. Por caso, la política de Alemania incide en Holanda, y no por ello Holanda es una colonia de Alemania. Le remito de nuevo a lo que expliqué en mi libro. Hay que partir de entender qué es una colonia, o una semicolonia; de lo contrario, tampoco se entiende qué es una lucha de liberación nacional. En 1853 Argentina no estaba en la misma situación que antes de 1810, por más influencia que tuviera Inglaterra en el país.

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      rolandoastarita

      26/02/2013 at 20:57

  22. Muchas gracias por su respuesta.

    Me imagino que los paises nucleados en el Mercosur pueden llegar a consensuar politicas en común,pero no se porque usted afirma que Argentina tienen injerencia en los asuntos politicos de Paraguay u otro pais.
    En tal caso, el ejemplo de el dictado de leyes a pedido de una potencia, me parece un punto claro y conciso, y no solamente en leyes que permiten perseguir y reprimir la protesta social,-como la Ley Antiterrorismo- si no otras tantas que no salen y que quedan en proyectos a pedido de los paises que el grueso de la izquierda caracteriza como imperialistas, entre las que me incluyo.
    En el caso de las megamineras el ejemplo es bastante mas ilustrativo y a mi juicio demuestra como el imperialismo, del que usted reniega,ejerce sus dictados, no solo regulando la actividad en los diversos paises, si no hasta imponiendo las pautas tributarias y las excenciones impositivas.
    Y hasta podria ilustrarle un ejemplo con un combo, el día despues de sancionada la ley Antiterrorista, un fiscal de Famatina uso la ley para acusar formalmente a los ambientalistas.
    Por lo que tranquilamente podría interpretar que los pedidos, injerencia,incumbencia externa o como queramos llamarlo, se cristaliza en la realidad.
    Si un país,en este caso Argentina, simplemente lleva adelante estos pedidos a sobre cerrado, como no poder afirmar la condicion de Estado semicolonial que responde a algunos dictados del imperialismo?

    Saludos

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    maloperobueno

    26/02/2013 at 21:15

    • No es una cuestión de “renegar” del imperialismo, sino si se aplica la categoría de semicolonia o colonia a un status como el de Argentina. Lenin consideraba que países como Argentina, Serbia, Noruega, Brasil, Portugal, y otros semejantes, a comienzos del siglo XX, no eran semicolonias o colonias, sino dependientes. Y que no estaba planteada la liberación nacional. ¿Va a decir que por este motivo “renegaba” del imperialismo”? Trate de entender qué se está discutiendo.
      Ya le dije que expliqué mi posición sobre este asunto extensamente en “Economía política de la dependencia”; si le interesa conocer mi argumento, puede consultarlo.
      De todas maneras, le aclaro que sí reniego de algo: del nacionalismo. No soy “nacional-marxista”. Por eso, intuyo, estamos en veredas opuestas.

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      rolandoastarita

      26/02/2013 at 22:22

  23. Profesor

    Le agradezco nuevamente su respuesta.
    Entiendo que Lenin se referia a la Argentina como na nacion dependiente y no colonial y semicolonial.Pero el folleto de Lenin es de 1916 si mal no recuerdo.
    Claro que Lenin no renegaba del imperialismo,pero aquí estamos discutiendo su teoría que justamente va en contra de la de Lenin.

    Sobre su intuición, creo que no le acertó,no me reconozco como nacionalista y seguramente estamos en la misma vereda.

    Saludos y gracias por su tiempo

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    Maloperobueno

    27/02/2013 at 08:55

    • Sí, claro, mi posición es que la teoría del imperialismo de Lenin hoy no permite entender el capitalismo mundial. Pero esto no significa: a) que no sirvan las categoría se Lenin de países coloniales y dependientes; b) que no pueda existir otra concepción de lo que es imperialismo.
      Por otra parte, hay un punto en que las discusiones no tienen mucha forma de seguir. Si usted piensa que el gobierno argentino, por orden de Washington, desconoce las resoluciones del Ciadi, se niega a que el FMI realice auditorías de las cuentas argentinas, impide la remesa de utilidades a las empresas extranjeras, y firma un acuerdo con Irán contrariando a Israel, pues bien, no tengo mucho más que decirle. Si además, usted piensa que semejantes afirmaciones confirman la teoría del imperialismo de Lenin, y que esto le permite orientarse en la política, me encojo de hombros y sigo con lo mío.

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      rolandoastarita

      27/02/2013 at 11:37

  24. Profesor Astarita

    Le agradezco nuevamente su respuesta, le pido que no se encoja de hombros, solo estoy intentando evacuar mis dudas sobre su articulo, no tengo ningún otro animo.
    Entiendo su punto de vista,usted nombra CIADI, Washington,FMI y remesas.
    No me consta que el gobierno no permita las remesas de utilidades de las empresas extranjeras,tengo entendido que desde el 2001 hasta la fecha, se viene haciendo en un promedio de 5000 millones de dolares al año. En 2012 se fueron del pais, 80.000 millones de dolares por canales alternativos.
    Si bien desconoce a la CIADI, vota a pedido de GAFI la Ley Antiterrorista. Si bien no permite auditorias del FMI, es un puntual pagador de los servicio de deuda.
    Y asi podria seguir con los ejemplos, una de cal y otra de arena ,es por eso mis preguntas.

    Mis afirmaciones no confirman ni contradicen la teoria de Lenin,solo entran en corto con la realidad, 100 años despues que Lenin escribiera y es lógico que tenga mis dudas cuando-como lector de su blog- veo este articulo que descoloca los conceptos harto conocidos sobre un documento clasico e hiper leído y discutido sobre Imperialismo.

    Mis saludos y agradecimiento por la atención dispensada

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    maloperobueno

    27/02/2013 at 17:02

  25. Saludos profesor… Leyendo este documento no me queda claro si para usted existe o no existe el imperialismo, si existe, como este opera? gracias.

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    Alfonso

    11/03/2013 at 16:27

    • Ante la misma pregunta, en otro comentario respondí, hace poco: En Valor, mercado mundial y globalización discuto la actualidad de la noción de imperialismo. Por lo que he explicado, no se puede seguir pensando al imperialismo como una forma de explotación basada en la extracción del excedente a partir de la coerción político-militar, como ha sido el colonialismo. Tampoco de explotación de países (Argentina no es explotada; lo es la clase obrera, no “el país”). En “Valor…” planteo que podemos definir al imperialismo “como la política -y el aparato militar e institucional que la acompaña- destinada a garantizar los derechos universales del capital. Las instituciones internacionales (FMI, Bco Mundial, BIS, OMC, Consejo de Seguridad de la ONU, etc.), las alianzas militares -en primer lugar la OTAN- y los Estados más poderosos conforman esta estructura que se corresponde con la del capital globalizado. A ella se pliegan las burguesías de los países subdesarrollados que logran insertarse, con mayor o menos éxito en la globalización. Este primer corte en la noción de imperialismo debe articularse con la determinación nacional y geopolítica” (esto último alude a las tensiones por zonas de influencia, hegemonía, etc, entre las potencias).
      La idea es que el capital más internacionalizado y concentrado necesita, mediante la violencia y el despliegue del aparato militar más sofisticado que haya conocido la historia, garantizar las condiciones para la explotación; que la competencia opere de la forma más abierta; que ningún gobierno ponga trabas a la libre movilidad de los capitales, o a la seguridad de la propiedad. Se necesita garantizar las condiciones políticas y jurídicas para que se despliegue la dialéctica de los capitales en proceso de valorización. Las presiones por liberalizar los intercambios, el Acuerdo General sobre comercio de servicios; los acuerdos bilaterales de protección de inversiones; los acuerdos bilaterales de tratamiento impositivo; la protección de patentes, y similares, son ejemplos de las políticas desplegadas.
      En este marco, se desarrollan conflictos -aunque no llegan a nuevas guerras mundiales- entre los capitales, amparados en sus Estados nacionales, por aumentar sus zonas de influencia y mejores condiciones para la explotación.

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      rolandoastarita

      11/03/2013 at 17:04

  26. Gracias profesor por su respuesta. Entiendo entonces que el imperialismo es una masa militar (de distintos países poderosos) que invade países con gobiernos que imponen, de alguna manera, restricciones al capital. Pero como analizar desde esa perspectiva la invasión de Iraq, EEUU sacrifica su economía en una guerra de la cual no obtiene beneficios directos ya que como lo ha dicho usted profesor sus empresas no han salido del todo beneficiadas? Es decir, EEUU sacrifica su economía en nombre de la libertad del capital?

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    Alfonso

    12/03/2013 at 02:21

    • Dos observaciones: a) EEUU no intervino solo en Irak, de hecho fue una coalición; b) precisamente por lo que usted señala, hubo una profunda división entre las potencias. Alemania y Francia, en particular, cuestionaron la conveniencia de la invasión, a pesar de que dijeron estar de acuerdo con el objetivo. Otros medios del establishment económico mundial, incluidos estadounidenses, también criticaron la política de Bush, a pesar de que coincidían con el objetivo.
      El curso de los acontecimientos posterior a la invasión -se empantanaron en una ocupación altamente costosa- llevó a revisar esa política. No es casual en este respecto el giro de Obama hacia lo que se llama el multilateralismo. Los que no entienden este proceso terminan embelleciendo a Obama. En realidad, se trata de una readecuación a las necesidades del capital internacionalizado.

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      rolandoastarita

      12/03/2013 at 08:54

  27. Me sorprende agradablemente saber que alguien es capaz de ver la oposición entre la ley del valor de Marx-Ricardo con el imperialismo de Lenin. También Rosa Luxemburgo (RL) se opuso sustantivamente a la LVP con sus tesis sobre la “Acumulación del Capital” como le señalaron los críticos marxistas a Rosa.
    La pregunta es ¿en esta confrontación quien tiene la razón?
    Los seguidores del leninismo muy difícilmente reconocerán esta realidad, y también conozco seguidores de Luxemburgo que aceptan sus tesis como un producto que completa el marxismo. En ellos no está la respuesta.
    Es posible figurarse otra LVP que no sea la marxista y que genere un análisis del capitalismo que pueda entender los fenómenos Lenin-Luxemburgo. El fenómeno Lenin nos suministra una amplia información de como funcionan los monopolios y explotan a las colonias y semi colonias. Luxemburgo nos muestra el papel de las colonias y semicolonias en un juego de préstamos y endeudamiento que multiplica por mil la miseria en los países dependientes, mientras los países desarrollados mantiene la venta de sus mercancías.
    La respuesta que es en primer lugar reconstruir la historia de las colonias según lo planteado por RL y atreverse a criticar la ley del valor de Marx. Marx se basa en algunos prejuicios de Adam Smith y David Ricardo para sustentar la ley del valor. Por ejemplo Smith dice que un empresario se puede tratar así como un mayordomo de una hacienda y el trabajo del empresario no debe tener remuneración acorde con lo producido. Esto esta en la base de la ley del valor de Marx. Ricardo decía que se remuneraba el trabajador por el costo de los bienes necesarios para la manutención del trabajador. Esto nunca fue así. Y cuando lo aplicaron trajo atraso.
    Además de estos prejuicios está el hecho que el precio de la mercancía está mediado por la subjetividad de su dueño, es una objetividad mediada por la subjetividad de los actores. La definición de Ricardo-Marx corresponde a la ciencia de los siglos XVIII y XIX para la cual la objetividad no tiene discusión. Luego si una mercancía es evaluada de dos maneras diferentes por el comprador y el vendedor, aparece una plusvalía, que si la ponemos en términos de naciones y localidades crea el flujo comercial que ha movido al mundo hasta hoy.

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    robertoviera1

    27/05/2013 at 20:03

    • “el precio de la mercancía está mediado por la subjetividad de su dueño”

      ¿otra vez sopa?

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      Gerardo Daniel

      27/05/2013 at 22:02

    • Además, es un disparate sostener que Rosa Luxemburgo criticó la ley del valor trabajo de Marx. ¿De dónde sacan estas cosas? ¿No hay límites para inventar?

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      rolandoastarita

      28/05/2013 at 08:39

  28. Evidentemente, este es otro caso donde la izquierda (salvo algunos teóricos con curiosidad y pensamiento propios) se quedó con lo que escribieron los próceres.

    Creo que esta falta de actualización teórica sobre el imperialismo ha sido una de las bases teóricas para la renuncia al internacionalismo en nombre del “anti-imperialismo”, lo cual muchas veces se ha usado como justificación para hacer alianzas con sectores nacionalistas o para ir a la rastra de cualquier burgués o militar que confrontara con las potencias occidentales. En nuestro país tenemos el tristísimo honor de ver cómo el anti-imperialismo hizo que parte de la izquierda apoyara la guerra de Malvinas…

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    Danilo Atreides

    17/01/2014 at 04:04

    • rolandoastarita en uno de sus comentarios ud afirma que Lenin plantea a Argentina como un pais dependiente (no colonial o semicolonial). Eso es verdad.

      Pero porque dice que para Lenin “no estaba planteada la liberación nacional” tiene citas de ello?

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      ato

      21/03/2014 at 22:59

    • Sobre Lenin, dependencia, colonia y liberación nacional, aquí y notas que le siguen aquí y aquí.

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      rolandoastarita

      22/03/2014 at 00:04

  29. buenos dias profesor me gustaría saber porque fracaso la teoria de Lenin soy estudiante de una universidad en Honduras y aun no tengo claro porque es fallido

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    wendy aguilar

    05/04/2014 at 11:35

  30. Profesor Astarita tengo una cuestión en relación al imperialismo y al militarismo. Comparto su postura de que el imperialismo fue un fenómeno político concreto y que queda enmarcado en una determinada época (cuyo auge es el siglo XIX y principios del XX) y que no constituye una fase superior y distinta del modo de producir capitalista ahora bien si nos atenemos al esquema puramente marxiano (de Marx-Engels y no de Lenin, Hilderfing…) ¿Los fenómenos de expansión militar/de invasión responde de alguna manera causal a la propia dinámica del modo de producir capitalista? ¿Conflictos bélicos como la Primera Guerra Mundial o lo que recientemente ha estado sucediendo en Oriente Medio y Próximo son resultado de una necesidad de expansión del capital? ¿Hasta que punto la guerra supone en este sentido un medio de ajuste violento de la sobreinversión de capital y la pararela caída de la rentabilidad y la bajada del consumo (fruto de la devaluación salarial y pauperización de las clases trabajadoras)?

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    JHaydn

    12/07/2014 at 15:21

    • No tengo una respuesta acabada de todas estas preguntas. Sí tengo una respuesta provisional de por qué no se han repetido las grandes guerras entre las potencias. Es una hipótesis que tomo de Giovanni Arrighi y trata de explicar por qué no hubo nuevas guerras interimperialistas en las últimas 7 décadas. La idea básica es que la internacionalización del capital puso un techo a estos conflictos. A diferencia de lo que sucedía a principios de siglo XX, cuando los capitales estaban fuertemente “nacional centrados”, hoy encontramos una interrelación cualitativamente mayor. No desaparecen por completo las referencias nacional estatales (y los conflictos por zonas de influencia no desaparecen por completo), pero los intereses comunes de los capitales ponen límites al desarrollo de esos conflictos. Esto explicaría, por ejemplo, por qué el conflicto por Crimea, o el este de Ucrania, no desemboca en una guerra abierta entre las potencias (en el siglo XIX o principios del XX lo de Crimea hubiera sido un posible casus belli”).

      Con respecto a las empresas colonialistas, estas fueron características del período de expansión del capitalismo, y con particular intensidad en las últimas décadas del siglo XIX. Hoy no veo que el colonialismo sea la vía fundamental ni siquiera importante de extracción de excedente. Para decirlo con un ejemplo actual, considero que el objetivo de la invasión militar de EEUU, Gran Bretaña y aliados en Irak o Afganistán no fue hacer de estos países colonias. Discuto estas cuestiones en “Valor, mercado mundial y globalización”, y parcialmente en algunas notas del blog sobre la noción de imperialismo en Lenin.

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      rolandoastarita

      14/07/2014 at 08:37

    • Profesor, complementando su respuesta hay un factor que hace muy difícil una guerra entre potencias, esta es el arma nuclear. Podría existir una guerra entre potencias con el peligro que usen armas termonucleares y con ello producir un invierno nuclear?

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      Tomas

      14/07/2014 at 14:20

  31. Rolo Estoy haciendo un trabajo sobre el imperialismo para la facultad, cual es su opinión sobre “Bajo el imperio del capital ” de Claudio Katz? en que difiere de su trabajo?

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    Cecilia

    27/08/2014 at 15:13

    • No leí este libro de Claudio Katz. De todas maneras, mi posición ante el tema del imperialismo es muy distinta de la que tiene CK. Como expliqué en notas y libros, sostengo que países como Argentina, Chile, etcétera, no son explotados u oprimidos por EEUU, o el imperialismo. No hay una cuestión “nacional” planteada en estos países (como sí lo está planteada en Palestina). Las relaciones políticas entre estos países son las que corresponden a Estados capitalistas que expresan intereses y relaciones de poder económico desiguales. Para dar un ejemplo sencillo: las condiciones de endeudamiento del Estado argentino con los inversores extranjeros Y ARGENTINOS que rigen los pagos de los bonos en default son prácticamente idénticas a las condiciones de endeudamiento que establece ahora el gobierno K con China. Los capitalistas argentinos que han fugado más de 400.000 millones de dólares en las últimas cuatro décadas no son “oprimidos” por EEUU, etc. Y así podría seguir dando argumentos por los cuales sostengo que no está planteada cuestión “nacional” alguna. A ver si puedo ser más claro: No soy patriota. No tengo patria. No defiendo “a la patria oprimida” (me estoy refiriendo a mi actitud hacia Argentina, lógicamente).

      CK, por el contrario, (al menos en los textos que he leído de su autoría) tiene una postura afín a lo que llamo “marxismo nacional”, o “marxismo tercermundista”. Plantea que América Latina está oprimida por el imperialismo de EEUU; que está planteada una lucha contra “el capital estadounidense”, porque EEUU “busca dominar América Latina para quedarse con las materias primas y asegurar mercados privilegiados para su producción”. Por eso caracteriza a EEUU como “el gran opresor” de América Latina. En alguno de sus escritos sostiene que EEUU “succiona recursos” de América Latina. En un escrito reciente de CK, que fue firmado por muchos marxistas, se sostiene que el fallo del juez Griesa “se inscribe en la lógica de dominación imperial sobre los países periféricos”. El endeudamiento capitalista se asimila a una forma de “dominación imperial”. En este marco se comprende también el apoyo de CK a Chávez (aunque en este caso llega a sostener que “rehabilitó el proyecto socialista”).
      Por los motivos que he explicado, puede verse que estoy muy alejado de estas posiciones.

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      rolandoastarita

      27/08/2014 at 16:04

  32. Hay dos aspectos de tu planteamiento sobre el carácter y rol del imperialismo que me siguen llamando a reflexión. En tu trabajo defines al imperialismo como una superestructura ligada a la defensa de la competencia económica. Esto remite a un alto grado de trasnacionalización de los capitales, es decir, la existencia de grandes corporaciones internacionalizadas que compiten en el mercado mundial. Por otra parte, reconoces la existencia de ‘tensiones geopolíticas’ que derivan de intereses capitalistas nacionales. Si partimos de tu definición, es evidente la existencia de una contradicción, aunque habría que precisar de que tipo y con que alcances. Por ejemplo, si estudiamos el conflicto en curso en Ucrania, aparecen ambos fenómenos. La asociación de empresas alemanas o de la ENI con Gazprom en los ductos del Mar del Norte, así como la fuerte dependencia del gas siberiano, mediatizan la posición europea entre Rusia y la OTAN (expresión de integración) pero al mismo tiempo, el choque de intereses entre Rusia y EEUU por el aprovisionamiento energético de largo plazo, implican conflicto. Parecen ser tendencias coexistentes, donde incluso tallan otros ejes capitalistas, como China y por supuesto, fracciones de la burguesía ucraniana, con distinto grado de alineamiento. En todo caso, no parece haber una superestructura imperialista coaligada en defensa de la ‘libre empresa’, sino varias contrapuestas, con intereses afines corporaciones nacionales, bajo el convenio tácito de no tensar la cuerda al punto de que se desate un conflicto mundial. En lo personal, acuerdo en que el viejo esquema de mundo dividido entre potencias coloniales es irreal y no puede explicar nada, pero tampoco veo como tu aproximación al imperialismo de hoy explique adecuadamente este fenómeno. Sería interesante un análisis si en algún momento estudiás el tema. El segundo aspecto se refiere al predominio del monopolio en la época analizada por Lenin. Creo que era una tendencia real, por lo menos en Alemania y EEUU. No se si reconocés esto, con independencia que la absolutización de proceso de cartelización fue un error o un pronóstico prematuro. Lo planteo por que en una respuesta afirmaste que Lenin se había equivocado incluso en el momento concreto analizado.
    Saludos

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    AP

    30/08/2014 at 14:30

  33. Ante todo saludo revolucionario camarada Astarita. Cuando leo “Imperialismo en Lenin, análisis crítico” pienso en la doble naturaleza de la luz (corpuscular y ondulatoria) y en la ley de desarrollo desigual y combinado, por ejemplo, de la sociedad. En ese sentido, IVP (Marx) y TCMI (Lenin) pueden ser parte ambas de la naturaleza del modo de producción capitalista.

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    marialnrs36@gmail.com

    09/10/2014 at 07:55

    • El problema es que la ley del valor trabajo genera una explicación de determinación del precio que no veo de qué manera se puede articular con una formación de precio por monopolio (que en realidad, no está sometida a ley alguna). Profundizo en estas cuestiones en las notas sobre competencia y monopolio. Creo que no es casual que la competencia imperfecta haya sido perfectamente asimilable por el pensamiento burgués; y no la ley del valor trabajo. En resumen, parece imposible considerarlas como aspectos, o manifestaciones distintas, de un mismo fenómeno.

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      rolandoastarita

      09/10/2014 at 09:48

    • no sé qué significa: “Tu comentario está pendiente de moderación”…

      Me gusta

      marialnrs36@gmail.com

      09/10/2014 at 10:27

    • Los que administramos el blog aprobamos los comentarios. Borramos los comentarios que contienen insultos personales a otros participantes del blog (esto es, ataques “ad hominem”; no censuramos críticas a las ideas expuestas, así esas críticas incluyan calificativos). Tampoco aprobamos comentarios estilo trol. Esto ha permitido que en el blog se mantenga un clima de relativo respeto por las diferencias (que suelen ser muy grandes).

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      rolandoastarita

      09/10/2014 at 11:18

    • ¡Gracias!…es usted un caballero al explicar acerca de estos mecanismos o artefactos tan extraordinarios como las redes sociales.

      Me gusta

      marialnrs36@gmail.com

      09/10/2014 at 11:30

  34. Profesor, ¿de qué libro toma el argumento de Arrighi que explica la imposibilidad de las guerras interimperialistas?

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    Bax

    31/05/2015 at 12:52

  35. Hola Rolando. Aunque mi artículo es más intuitivo y se dirige a criticar la ideología y práctica del “anti-imperialismo” quería compartirlo acá para el debate sobre las implicancias políticas de esta revisión de la teoría del imperialismo.
    https://www.facebook.com/notes/danilo-castelli/el-car%C3%A1cter-cada-vez-m%C3%A1s-reaccionario-del-anti-imperialismo/515110631867681

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    Danilo Castelli

    18/08/2015 at 00:31

  36. ¿No le parece que guerras como la de Vietnam, Afganistán (1979), Ogaden, o las actuales de Oriente Medio y Ucrania son también expresiones de conflictos interimperialistas? Es cierto que no se han producido más guerras abiertas entre las superpotencias, nuclearizadas por cierto, pero con “nuevas formas” se ha mantenido esa competencia por áreas de expansión e influencia. Saludos revolucionarios.

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    Aman

    03/10/2015 at 04:50

    • Nunca sostuve que se hubieran acabado los conflictos entre las potencias. Lo que sostengo es que los conflictos y tensiones tienen un techo, que explica por qué desde hace 70 años no volvió a haber enfrentamientos de la envergadura de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Ese techo del que hablo tiene una base material, la internacionalización del capital. Una ilustración de este enfoque, referido a un conflicto que menciona en su Comentario, Afganistán, lo puede ver en esta nota.

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      rolandoastarita

      03/10/2015 at 09:06


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