Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

URSS: Respuesta a una crítica trotskista

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En la nota “¿Qué fue la URSS? (2)” critiqué la tesis trotskista que sostiene que la URSS fue un Estado obrero. Esteban Mercatante, del Partido de los Trabajadores por el Socialismo, publicó una crítica a mi posición, que lleva por título “Qué fue la URSS. Polémica con Rolando Astarita”. Aquí respondo a su crítica, y aprovecho para profundizar en la caracterización de la URSS.

La médula de la crítica

El punto de partida de mi rechazo de la tesis “la URSS fue un Estado proletario” es que el Estado obrero se caracteriza por la lucha en pos de la abolición de la sociedad de clases, y se identifica con la transición al socialismo (utilizo los términos Estado obrero y dictadura del proletariado como sinónimos). Dado que el Estado soviético, por lo menos a partir de los años 30, se opuso activamente a la transición al socialismo, sostengo que no puede ser considerado un Estado obrero. Esta afirmación se ve reforzada, según mi argumento, por dos circunstancias. En primer lugar, por el hecho de que la burocracia había establecido una relación de explotación sobre la clase obrera; y en segundo término porque la propia clase obrera no se identificaba con ese Estado. La crítica que me realiza Esteban Mercatante (en adelante EM) se sostiene en la idea de que la dictadura del proletariado no se caracteriza por la transición al socialismo, sino por la estatización de los medios de producción. Si los medios de producción están estatizados, afirma EM, estamos en presencia de un Estado obrero, al margen de que esté, o no, en transición al socialismo. EM escribe: “El Estado obrero es una forma transitoria, que expresa el inicio de la superación del capitalismo, sin que se pueda afirmar que se ha llegado al socialismo. Es una supervivencia de la sociedad capitalista; expresa que siguen existiendo clases sociales, y por lo tanto relaciones de opresión. Esta caracterización del Estado como obrero porque se apoya en la propiedad nacionalizada, no dice nada sobre la marcha de la transición” (énfasis mío). La idea es que la dinámica de esta sociedad no tiene importancia a los efectos de definir el carácter de clase del Estado.

¿Categorías objetivas o subjetivas?

Según están planteadas las cosas, pareciera que estamos ante dos aseveraciones que serían igualmente válidas. Yo afirmo que la dictadura del proletariado es la transición al socialismo, y EM afirma que no es la transición al socialismo. ¿Cómo se sale de esto? Mi respuesta: no hay manera de salir del embrollo si ambas aseveraciones son por igual subjetivas.

Sin embargo, categorías tales como “socialismo”, “capitalismo”, “dictadura del proletariado” y similares no son construcciones subjetivas, sino socialmente objetivas. Esto se debe a que responden a tradiciones teóricas y políticas que son asumidas, de alguna manera, por millones de personas. Más específicamente, cuando discutimos dentro del movimiento de la izquierda socialista, o del marxismo, qué es socialismo o qué es dictadura del proletariado, partimos de elaboraciones que son tributarias de décadas de combates políticos, ideológicos y “prácticos”, en la que participaron millones de personas que, de alguna manera, se identificaron con el comunismo. Esto es lo que ha posibilitado, por ejemplo, que Trotsky criticara la afirmación de Stalin de que la URSS había llegado (en los 30) al socialismo. Trotsky partía de la noción de socialismo tal como la había concebido el movimiento marxista, y tal como los propios partidarios de Stalin podían entenderlo, esto es, como una sociedad sin clases. Por supuesto, la discusión podía estancarse si alguien dijera “yo defino el socialismo de manera tal que la URSS es socialista”. En última instancia, es lo que hicieron los defensores del “socialismo real”, y lo que hacen hoy los inventores del “socialismo siglo XXI”. Pero como he explicado en una nota anterior (Razón y socialismo siglo XXI), esto no solo implica abdicar de la crítica, sino también nos introduce en el reino de la arbitrariedad.

Con esto en vista, he sostenido, y lo reafirmo aquí, que la concepción de Estado obrero, o dictadura del proletariado, se identifica con la transición al socialismo. Esto es, el Estado obrero no es un simple “reflejo” pasivo de lo existente, sino una herramienta de lucha por la transformación social. Por eso en la primera nota sobre qué fue la URSS partí de esta noción, que ya estaba en Marx y Engels: “En una carta de marzo de 1852, Marx decía que entre sus principales aportes figuraba haber descubierto que la dictadura del proletariado “constituye la transición de la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases” (Marx y Engels, 1973, p. 55). En la Crítica del Programa de Gotha Marx y Engels sostienen que “entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista se sitúa un período de transformación de la una a la otra, en el cual la clase obrera ejerce el poder para ir eliminando gradualmente las clases sociales, y con ello la necesidad misma del Estado”.

También Lenin adopta esta noción en su famoso folleto El Estado y la revolución. Y el propio Trotsky tuvo este criterio. Trotsky consideraba que la URSS era un Estado proletario porque era transitorio o preparatorio del socialismo: “Es pues más exacto llamar al régimen actual soviético, con todas sus contradicciones, no socialista, sino transitorio entre el capitalismo y el socialismo, o preparatorio del socialismo” (Trotsky, 1973, p. 76; énfasis mío). Más adelante: “La dictadura del proletariado es un puente entre la sociedad burguesa y la sociedad comunista. Su misma esencia, pues, le confiere un carácter temporal. El Estado que realiza la dictadura tiene como tarea derivada, pero de todo punto primordial, preparar su propia abolición” (ídem p. 80). Y algunos años más tarde sostuvo que si la clase obrera soviética se demostraba incapaz “de tomar en sus manos la dirección de la sociedad”, podría desarrollarse “una nueva clase explotadora a partir de la burocracia fascista bonapartista” (Trotsky, 1971, p. 10). En ese caso, afirmaba, “habría que considerar en retrospectiva que la URSS no habría sido un régimen transicional al socialismo” (ídem; énfasis agregado). De manera que consideraba que la URSS era un régimen en transición al socialismo, y que la dictadura del proletariado, o Estado obrero, se caracterizaba por ser preparatorio del socialismo. Contra lo que afirma EM, la dinámica es esencial a la caracterización.

Aquí enfatizo lo siguiente: no estoy apelando al principio de autoridad (tengo razón porque lo dijeron Marx o Trotsky), sino estoy mostrando el origen de una categoría que tomó entidad en millones de conciencias que adhirieron al comunismo. Cuando discutimos que la URSS no era un Estado obrero, debemos partir de esa realidad. Si en la conciencia de las masas, si en la tradición del marxismo, si en el propio Trotsky, está asumido que el Estado obrero es sinónimo de transición al socialismo, la tesis de que el Estado de la URSS no era obrero equivale a afirmar que la URSS no estaba en transición al socialismo. Esta es la importancia política que tiene la crítica de la tesis “la URSS era un Estado obrero (= la dictadura del proletariado)”. No se trata de establecer arbitrariamente las categorías, a fin de ganar discusiones o defender “la verdad de partido”, sino de partir de lo existente. Es la primera condición para no caer en discursos sectarios.

Régimen y Estado, ¿cómo discutimos?

Además de generar una “definición” particular del Estado, EM sostiene que he confundido “de manera ostentosa” (sic) las “categorías elementales” (sic) de régimen político y Estado; esto porque en algunos pasajes de mi nota sobre la URSS utilicé como sinónimos los términos “régimen” y “Estado”.

Aunque EM hace todo un “mundo” de esto, se trata de un tema menor, de tipo semántico. Es que al escribir mi anterior nota tomé las categorías que utilizaba Trotsky, que fueron aceptadas y usuales en el movimiento trotskista. Fue Trotsky quien utilizó como sinónimos “régimen” y “Estado”. Por ejemplo: “… el régimen que guarda la propiedad nacionalizada y expropiada de los imperialistas es, independientemente de sus formas políticas, la dictadura del proletariado” (Trotsky, 1970, p. 91; énfasis agregado). No puede haber lugar a dudas; se refería a régimen como sinónimo de Estado obrero o dictadura del proletariado. Lo mismo podemos decir de la cita que hemos presentado antes, tomada de La revolución traicionada, donde habla del “régimen soviético” como “preparatorio” del socialismo; claramente aquí “régimen” está empleado como sinónimo de Estado. ¿Por qué entonces EM hace tanto barullo porque utilicé, en una crítica a Trotsky, las categorías en el mismo sentido que las empleaba Trotsky? ¿Por qué no tengo derecho a utilizar los términos a los que están habituados los lectores de Trotsky, si deseo que mi crítica sea leída y comprendida por ellos? Por otra parte, si tanto le disgusta a EM que se utilicen como sinónimos “régimen” y “Estado”, ¿por qué no empezó por criticar a Trotsky en este punto? Además, ¿por qué no le informa a sus lectores que Trotsky había utilizado los términos como sinónimos? ¿Por qué se polemiza de esta manera? Pareciera que se está “embarrando la cancha”, para que la gente se despiste por las ramas de los verdaderos asuntos a discutir.

Forma política y contenido social

Vayamos ahora al tema de fondo, la relación entre las formas políticas y el contenido social de un Estado. La idea que defiende EM, siguiendo a Trotsky, es que el Estado obrero se puede definir de manera independiente del régimen político existente, siempre que se mantenga la estatización de los medios de producción. Para fundamentar esta afirmación, Trotsky partía del caso del capitalismo. Un Estado es capitalista, argumentaba, aunque varíen sus formas políticas (o regímenes políticos). Así, puede ser dictatorial, democrático burgués, fascista, etc., pero si la relación social dominante es la relación capital trabajo, ese Estado es capitalista. De la misma manera, sigue el razonamiento de Trotsky (y EM), el Estado obrero puede ser burocrático o democrático, pero si los medios de producción son propiedad estatal, el Estado es obrero, con independencia de sus formas políticas. En otros términos, habría una esencia proletaria, que no se alteraría por las formas políticas, y determinaría la naturaleza proletaria del Estado.

Pues bien, sostengo que este razonamiento está equivocado, ya que, en primer lugar, pasa por alto que los contenidos, o esencias, pueden ser afectados en su naturaleza por las formas. Y en segundo término, porque parece desconocer que las relaciones entre las formas políticas y el contenido social (más en general, entre forma y contenido) son cambiantes, no son inmutables. Dado que esto es importante para comprender a Marx, me extiendo un momento en el asunto. Como explica Hegel, hay “formas y formas”, esto es, hay formas que no afectan al contenido (o no lo hacen de manera sustancial), pero hay formas que sí afectan al contenido, y lo modifican, al punto de cambiar su naturaleza. Para explicarlo con un ejemplo sencillo (de Hegel), si un libro tiene tapas duras o blandas, esto no afecta a su contenido; pero si el libro está muy mal escrito, su contenido puede ser deformado al punto de que no quede nada de él (las mismas cuestiones pueden ejemplificarse con la relación entre forma y contenido del valor; o entre contenido material y forma social, etc., en Marx).

Apliquemos esto a las formas políticas. En el modo de producción capitalista es indudable que pueden existir formas políticas diversas, que no cambian la naturaleza del contenido, esto es, la relación de explotación del trabajo por el capital. Esto tiene que ver con el hecho de que la explotación ocurre por medios puramente económicos, de manera que se genera una mayor autonomía de las formas políticas con respecto al contenido social que en otros modos de producción. Aunque también es preciso señalar que no toda forma política es compatible con la explotación y acumulación regulares del capital; algunas formas políticas pueden ser muy inestables e inadecuadas (por ejemplo, un régimen basado en milicias populares, funcionarios elegibles y revocables, con salarios iguales a los de un trabajador, etc.). Pero lo importante es que bajo el capitalismo lo político tiene una cierta autonomía. Sin embargo, esto no es trasladable mecánicamente a otras formaciones sociales distintas del capitalismo. Por caso, en los modos de producción en las cuales la extracción del excedente se realiza por medios extraeconómicos, la forma política “hace” al contenido social. Por ejemplo, en la sociedad asiática (donde no hay clases sociales en el sentido propio del término, pero existe explotación) la forma política, caracterizada por el dominio de la burocracia, es esencial a la existencia de un Estado que se convierte en vehículo de la extracción del excedente.

Mutatis mutandi, si defino que en la URSS la burocracia explotaba a la clase obrera a través de la coerción estatal, la forma política se identifica con el carácter del Estado, ya que no puede existir explotación de la clase obrera con “democracia obrera”; sería una contradicción en los términos. Por eso también es un sinsentido exigirme que distinga entre “Estado burocrático” (no proletario) y “régimen burocrático”, entendido como forma política. A su vez, esta forma política (organización burocrática) afectaba de manera esencial a la relación de propiedad estatal. Como veremos más abajo, la propiedad estatal no es una relación de propiedad “proletaria”, por fuera y al margen de la forma concreta que adopta el Estado. Por este motivo no puede existir una “esencia” proletaria por fuera de las formas políticas. Precisamente Lenin criticaba a los anarquistas por haberse “desentendido del problema de las formas políticas en general” (Lenin, 1975, p. 58). Las formas políticas son vitales para el dominio de clase, y avanzar en la transición al socialismo. “Las clases explotadas necesitan el dominio político para suprimir completamente la explotación” (Lenin, 1975, p. 23). Por eso es que el marxismo ha prestado tanta atención a la experiencia de la Comuna, y a las formas políticas que creó la clase obrera en su transcurso. “La Comuna es la forma descubierta por fin por la revolución proletaria bajo la cual puede lograrse la emancipación económica del trabajo” (idem, p. 59). No es a través de cualquier forma política que puede emanciparse el trabajo. La Comuna por esto mismo fue considerada un gigantesco paso adelante para descubrir esa forma apropiada. Y polemizando con Kautsky, Lenin enfatizaba que “todo el quid del asunto” reside precisamente en las “formas”; por ejemplo, en que los delegados obreros a los soviets fueran amovibles, que recibieran un salario igual al de cualquier trabajador, etc. ¿Cómo puede decirse que toda esta problemática puede ser barrida debajo de la alfombra con el argumento “lo que importa son las estatizaciones”, y esto, además, al margen de la dirección que esté tomando la sociedad?

La estatización “en sí” como relación de producción proletaria

Hemos dicho que en Trotsky, la naturaleza proletaria del Estado deriva de la naturaleza proletaria de la relación de propiedad (Trotsky, 1970, considera que la estatización implica “una forma proletaria de propiedad”). Pero… ¿por qué debe considerarse “proletaria” a la relación de propiedad estatal? Responder a esta pregunta es vital, porque todo el peso del argumento trotskista se ha puesto en esto. Recordemos además que Trotsky consideraba que el régimen de la URSS era “preparatorio” del socialismo. De manera que, desde este punto de vista, se debería demostrar que existía algún impulso, inherente a la relación estatizada, que preparaba el socialismo, o impulsaba a la URSS en esa dirección, a pesar de la burocracia. Pues bien, a pesar de la importancia del asunto, no encuentro explicación alguna de Trotsky al respecto, al menos hasta donde alcanza mi conocimiento. En varios pasajes sostiene que la economía estatizada genera un fuerte impulso al desarrollo de las fuerzas productivas, y que esto prepara las condiciones para el socialismo. Pero el propio Trotsky admitió también que si las fuerzas productivas dejaban de desarrollarse en la URSS, no por ello el Estado dejaría de ser proletario, en tanto subsistiera la industria estatizada. De manera que al margen de que se desarrollaran las fuerzas productivas, habría que considerar a la relación estatal “proletaria”. Pero, ¿por qué? ¿Por qué la relación estatal debería generar algún impulso al socialismo? Después de todo hemos conocido muchos regímenes de propiedad estatizada, en los cuales no se genera ningún impulso al socialismo. En Corea del Norte la propiedad está estatizada, y lo está desde hace muchas décadas, y no creo que se pueda afirmar que ese país está en preparación del socialismo.

Otro argumento sería sostener que la estatización es una relación de propiedad proletaria porque es el primer paso en la transición al socialismo; de manera que el Estado que preservase ese primer paso, seguiría siendo “proletario”, al margen de cualquier otra circunstancia (el argumento es de EM, y tal vez se puede encontrar en algunos pasajes de Trotsky). Pero este razonamiento nos parece equivocado, porque si bien todo avance al socialismo exige la estatización, no necesariamente toda estatización implica que se ha tomado el camino del socialismo. Presentemos un ejemplo al respecto, la colectivización forzosa de la tierra en la URSS, de finales de los años 20 y principios de los 30. Esa colectivización alejó definitivamente a los campesinos del régimen, de manera que quebró, de manera también definitiva, la posibilidad de asentar el gobierno de la URSS en la alianza obrera y campesina (que los bolcheviques habían considerado siempre el pilar de la dictadura del proletariado). Por eso la colectivización de la tierra fue un paso que alejó a la URSS de la transición al socialismo. No solo quebró la confianza del campesino en el régimen, sino también afianzó el poder de la burocracia por sobre la clase obrera y la sociedad en su conjunto.

El ejemplo demuestra entonces que la pregunta sobre si la estatización constituye un primer paso hacia el socialismo, o hacia otra cosa, solo puede responderse si se toman en cuenta las relaciones en que se encuentra, las medidas que la acompañan, y las formas políticas con que se impulsa y establece. En términos dialécticos, no existe el “en sí”, al margen de las relaciones que establece con los elementos circundantes. La estatización “en sí” no tiene una naturaleza “proletaria”, o de cualquier otro tipo. La estatización será una relación proletaria si, articulada con otras medidas, refuerza el poder político de la clase obrera. Pero bajo otras relaciones, la estatización puede no fortalecer a la clase obrera, sino debilitarla, y por eso no puede considerarse nunca, “en sí misma”, como una relación “proletaria”. Cuando Lenin escribía, al final de su vida, que en la URSS tomaría décadas organizar a los campesinos en cooperativas (auténticas), ofrecía una alternativa más “socialista y transformadora”, si se permite la expresión, que la colectivización stalinista de fines de los 20. Posiblemente una eventual revolución obrera antiburocrática en los 30 hubiera tenido que desandar mucho de lo “avanzado” por el stalinismo en materia de colectivización, precisamente para avanzar en la reconstitución de las condiciones políticas para el avance del socialismo.

Por último, despejemos una crítica menor de EM. EM sostiene que con mi criterio para establecer un Estado obrero (si lucha o no por el socialismo) habría que esperar hasta la llegada del socialismo para decidir si está en marcha hacia el socialismo. Lo cual es absurdo. Cualquiera podía caracterizar a la Revolución de Octubre de 1917 como “socialista”, a pesar de que se estaba muy lejos de llegar al socialismo. La dirección de un determinado proceso se pude determinar aunque no se sepa si se llegará a tal estadio, u objetivo. De todas maneras, lo importante es observar que la objeción de EM encierra un criterio acrítico frente a la burocracia, ya que la misma respuesta que me da EM podía brindarla la burocracia a sus críticos. Por ejemplo, ¿qué decir del burócrata que ante las críticas por el rumbo que estaba tomando la economía soviética en los 30, hubiera argumentado “no tienen derecho a criticar hasta que no hayamos llegado a destino”?

¿Explotación o privilegios?

Una de las grandes dificultades de la tesis “la URSS fue un Estado obrero” es que no puede reconocer el hecho de que la burocracia explotaba a la clase obrera. He planteado que Trotsky, hacia el final de su vida, sostuvo que la burocracia explotaba (“de manera no orgánica”) a la clase obrera. Pero Trotsky también reconocía que si la clase obrera era explotada, la URSS no podía ser un Estado obrero; de ahí que nunca llegó a admitir abiertamente que la clase obrera fuera explotada (habló de “explotación no orgánica”), y mantuvo que la URSS continuaba siendo la dictadura del proletariado. Consciente de este problema, en mi texto expliqué que hay una diferencia entre “privilegio” y “explotación por apropiación del excedente”, y sostuve que la burocracia soviética explotaba a la clase obrera.

A pesar de que el punto es clave, EM no refuta mi razonamiento, y se limita a decir que en tanto no llegue el comunismo “subsisten relaciones de distribución burguesa”. Es el argumento de Trotsky: en la URSS existían relaciones de propiedad socialistas, pero las relaciones de distribución eran burguesas, circunstancia que había sido prevista teóricamente por Marx. De esta manera el trotskismo se empeña en negar la existencia de la explotación de los obreros en la URSS. Pero lo hace a costa de introducir una confusión de proporciones. Para clarificar el asunto, empecemos explicando que la famosa referencia a la “norma de distribución burguesa” la hizo Marx (y luego Lenin) para destacar que todavía bajo el socialismo a cada cual se le pagará según su trabajo. Esto es, habrá un rasero igual (norma burguesa de distribución), para personas que no son iguales. Es claro que esta norma “burguesa” no se asienta en explotación alguna. Por eso el marxismo jamás sostuvo que por tal “norma de distribución burguesa” debieran entenderse ingresos desiguales derivados de las posiciones jerárquicas ocupadas en las empresas y el Estado obrero. Es por este motivo también que Lenin, siguiendo el ejemplo de la Comuna, planteaba que era vital que los que ocuparan cargos de funcionarios debían recibir salarios iguales a los de un obrero. Es que Lenin tenía conciencia de que bajo la forma del “salario diferenciado” puede esconderse explotación. Y cuando, una vez tomado el poder, admitió que el Estado proletario debía ceder terreno, y convocar a ex capitalistas a dirigir empresas, no anduvo con eufemismos. Planteó que se trataba de “ganancias”, esto es, de plusvalía; no eran privilegios, sino “ganancias” (véase, por ejemplo, “El impuesto en especie” de mayo de 1921).

Para explicarlo de manera más clara: el ejecutivo de una empresa que recibe un ingreso varias veces superior al de un trabajador, no tiene un “privilegio”, sino participa de la explotación del trabajo, y recibe una parte de la plusvalía, bajo la forma de salario. El ejecutivo de una empresa estatal, que recibe un ingreso varias veces superior al de un trabajador, también está recibiendo plusvalía, aunque no sea propietario de los medios de producción, y aunque reciba esa plusvalía bajo la forma de salario. De nuevo, no se trata de privilegio, sino de explotación. Por último, el burócrata dirigente de la URSS, que recibía un “salario” varias veces superior al de un trabajador, estaba participando de la explotación, porque ese ingreso no provenía de la norma (burguesa) “a igual trabajo, igual ingreso”, sino de la norma (burguesa) “recibo más porque participo de los frutos de la explotación debido a mi puesto en el Estado”.

Explotación, excedente y transición al socialismo

Carente de argumentos relacionados con la extracción y apropiación del excedente, EM apela a su utilización para “demostrar” que no había explotación. Pregunta “¿Cómo diferenciar entre la apropiación del excedente por parte de un “Estado burocrático” y el inevitable proceso de apropiación estatal del excedente que caracteriza siempre el comienzo de la transición?”. Pero la misma pregunta podríamos hacer con respecto a cualquier apropiación de excedente por parte de un Estado. El Estado asiático explotaba, apropiándose del excedente. Y todos sabemos que un futuro Estado obrero, en el camino de la transición al socialismo, deberá apropiarse de excedente. Dado que este último se apropiará de excedente, a igual que sucedía en el modo asiático, ¿ponemos un signo igual entre ambos en el tema “explotación”? En absoluto, porque tenemos que preguntarnos qué hacen los Estados con ese excedente. Lo vemos con dos casos hipotéticos.

Si en un futuro régimen postrevolucionario los funcionarios cobran igual que un obrero, y cumplen funciones productivas de administración y control; y si el excedente se utiliza en ampliar las capacidades de producción, o en mejorar las condiciones generales de vida, etc., no hay explotación. Solo existe una apropiación del excedente por el Estado, para luego redistribuirlo. En cambio, si los funcionarios reciben ingresos muchas veces superiores a los de un salario; si además, a fin de defender estos ingresos, parte del excedente lo destinan a mantener un gigantesco aparato represivo contra la clase obrera, podemos decir que hay explotación, y que el excedente se dedica, en buena parte, a sostenerla y reproducirla. Hay apropiación del excedente por el Estado, y explotación. Esto es lo que ocurría en la URSS; es lo que no ocurriría en un Estado obrero en transición al socialismo.

La actitud de la clase obrera ante la restauración

Dada la importancia de las formas políticas, y de la política para que exista la transición al socialismo, la actitud de la clase obrera ante la restauración constituye un elemento esencial para la caracterización del Estado obrero. De ahí que personalmente acuerde con el criterio que expuso Trotsky, hacia el final de su vida, de que si la clase trabajadora no retomaba la iniciativa, si no defendía la propiedad estatal frente a la restauración capitalista, habría que reconsiderar en retrospectiva si la URSS había sido un Estado obrero. EM guarda prudente silencio sobre este aspecto del tema. Tratándose de un trotskista, es llamativo. Sin embargo, lo más llamativo es que pase por alto un hecho histórico que he mencionado, de proporciones indisimulables. Se trata de que muchas poblaciones soviéticas recibieron a los ejércitos hitlerianos, cuando se produjo la invasión, saludándolos como libertadores. ¿Cómo es posible que sucediera semejante cosa en un “Estado obrero”? ¿No hay nada que revisar en las caracterizaciones? ¿Por qué en la izquierda no se pueden enfrentar los hechos? Pareciera que hay que negar todo lo que no encaja en lo preestablecido por algún dogma.

Los pronósticos de fines de los 80

Algo similar ocurre con el tema de los pronósticos realizados por las organizaciones trotskistas entre fines de los 80 y principios de los 90. EM escribe: “Astarita señala que “ante los acontecimientos de fines de los 80 y principios de los 90 los pronósticos y categorías que manejaban los trotskistas estallaron por los aires. Lo que “olvida”, sin embargo, son los procesos de revolución política contra la burocracia que se dieron en todo el bloque soviético desde fecha tan temprana como 1953 tanto en la RDA, como en Hungría, Polonia y Checoslovaquia”.

Sinceramente, no puedo encontrar relación lógica entre que no haya mencionado los acontecimientos de 1953, 1956 o 1968 en Europa del Este, y los errores de los trotskistas. Hacia fines de los años 80 y comienzos de los 90 los trotskistas seguían caracterizando a la URSS como un “Estado obrero”, esto es, en transición al socialismo; aseguraban que la clase obrera defendería a “su” Estado, y que incluso hechos como la unificación de Alemania solo podría producirse por medio de una “guerra contra los Estados obreros desatada por el imperialismo”. Recuerdo que cuando, entre 1990 y 1991, afirmé que en el Este de Europa y en la ex URSS ya había Estados capitalistas (Estados que defendían y procuraban extender las relaciones de explotación capitalista), recibí un rechazo prácticamente unánime. Comprendo, por supuesto, que les cueste hablar de todo esto, y por eso el intento de desviar el tema hacia 1953, 1956 o 1968 (pero no hasta la época de la invasión nazi a la URSS). Pero en realidad, no se trata de salvar el prestigio, sino de avanzar en el conocimiento. En estas cuestiones están en juego balances que, en última instancia, afectarán, de alguna manera, a la reconstitución política de las fuerzas socialistas.

Bibliografía:

Lenin, N. (1975): El Estado y la revolución, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.

Trotsky, L. (1971): In Defence of Marxism, London, New Park Publications.

Trotsky, L. (1970): “Not a Workers and Not a Bourgeois State?”, Writings 1937-1938, New York, Pathfinder Press.

Trotsky, L. (1973): La revolución traicionada, Buenos Aires, Yunque.


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URSS: Respuesta a una crítica trotskista

Written by rolandoastarita

14/04/2011 a 18:00

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40 comentarios

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  1. Saludos Rolando,

    En lo personal siempre he pensado que la noción de “estado obrero degenerado” no hace sentido por el mero hecho del supuesto de que hubo un estado obrero. También encuentro problemático que se confunda estado y gobierno aun cuando las células del nuevo estado, ese estado obrero, fueron esos soviets que nacieron en el 1905. Menciono esto porque creo que es importante reconocer la cuestión de las fuentes. Por ejemplo, incluyo esta sección de una reseña que hizo Paresh Chattopadhyay (figura central en los debates sobre los modos de producción en India)sobre el libro dedicado a la Unión Soviética de mis profesores. Chattopadhyay dice:
    “First, whenever the authors speak of the Russian revolution of 1917, they, following the dominant soviet historiography, seem basically to mean what occurred in October of that year. This, we submit, amounts to a rather (over) simplification of the revolutionary reality of 1917. In fact there were two qualitatively distinct `moments’ of the revolutionary process that emerged in Russia in 1917 – in February and October. The revolutionary mass upsurge in February sallied forth spontaneously without any organized direction from `above.’ Initiated by women (to their greater credit) on the women’s day, the movement was entirely dominated by the toilers of the land and had all the basic characteristics of the great popular revolutions of the past, such as those of 1789-93 and 1871 in France (see Anweiler 1958 and Ferro 1967). Targeting mainly the pre-bourgeois social order, this revolutionary upsurge started out as an immense mass movement in an open-ended, plural revolutionary process and had, it appears, the potential to go over – at a later date, given appropriate material conditions – to an authentic socialist revolution (in the sense of Marx) if the involved toiling masses had been allowed unfettered freedom – through their (own) self-administering organs – to continue their march forward. The Bolsheviks put a brake on the process, destroyed the democratic part of the revolution – derogatively called by Lenin “notorious democratism” – and accelerated the bourgeois part.”

    La reseña completa esta aquí: http://libcom.org/library/class-history-theory-capitalism-communism-ussr-paresh-chattopadhyay

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    Ian J. Seda-Irizarry

    14/04/2011 at 18:14

  2. No puedo estar de acuerdo con una frase: “The Bolsheviks put a brake on the process, destroyed the democratic part of the revolution…”
    Eso es cambiar historiografía soviética por historiografía burguesa, por no decir simple publicidad capitalista.
    Y por lo menos podría citar al libro y no a la reseña.

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    Gerardo

    14/04/2011 at 19:34

    • Estoy deacuerdo en que hace falta que se citen las fuentes para sostener esta perspectiva. Por otro lado creo que simplemente está enfatizando que el grito de “todo el poder para los soviets” que fue apropiado por Lenin fue una movida táctica en el momento que luego se hechó a un lado una vez tomado el poder. Hay que ser anarquista o burgués para tener esa perspeciva?

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      Ian J. Seda-Irizarry

      19/04/2011 at 11:35

    • Decir que Lenin tomo esa consigna de forma oportunista es simplemente desconocer los hechos.
      La “toma del poder” fue un fenomeno multidimensional extremadamente complejo que no puede reducirse a un par de formulas.
      La evolución de la revolución en los primeros dos, tres años no encaja de ninguna forma en la idea de “los bolcheviques abolieron la democracia…”
      Sin ponerme a discutir el hecho bastante evidente de que sin la dirección Bolchevique jamas hubiera existido octubre.
      Por más respeto que sienta por algunas corrientes del anarquismo debo decir que durante la revolución estaban más perdidos que otra cosa.
      Estoy lejos de negar los errores que los bolcheviques cometieron, pero con analisis simplistas o simplemente vacios de contenido, en el mejor de los casos, no vamos a aprender de la historia.

      Saludos.

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      Gerardo

      19/04/2011 at 17:29

    • Quisiera hacer un agregado. En julio de 1936, luego de haber derrotado a la insurrección fascista en Barcelona, la CNT tuvo de hecho el poder en sus manos. La izquierda anarquista (García Oliver y secciones de barrios obreros de Barcelona) planteaban la necesidad de tomar el poder. La derecha (por ejemplo Federica Montseny) planteaba que, según los principios anarquistas, no debía tomarse el poder. Con ese argumento la derecha convenció y el anarquismo no tomó el poder. GO, que cuenta esto en sus memorias, dice que ese día empezaron a perder la revolución. Paradójicamente, además, el anarquismo luego terminó entrando en el gobierno del Frente Popular. En coyunturas críticas se ponen a prueba programas y estrategias.

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      rolandoastarita

      19/04/2011 at 21:27

    • Un libro muy recomendable al respecto sobre el tema de la democracia soviética se titula “los bolcheviques y el control obrero” de Maurice Brinton (comunista consejista si mal no recuerdo). Personalmente creo que la discusión es más compleja que si los bolcheviques mataron o no la revolución, y extremadamente más compleja que el análisis del trotskismo argentino, que suele hasta falsear datos acerca de cuando Lenin caracteriza la burocratización del régimen soviético con tal de no mostrar que Trotsky fue parte integral del proceso (esto lo he visto muchas veces en notas del PTS). Llendo a la discusión creo que el partido bolchevique fue inteligente a la hora de plantear consignas centrales con las cuales hegemonizar un proceso de masas (oportunistas o no, pero inteligentes a los fines de conducir un proceso revolucionario), pero a la par su programa tenía muchos restos de la teoría de la socialdemocracia (en cuanto a la transición al socialismo) y esto llevó a la errada concepción de que la tarea era desarrollar el capitalismo a cualquier costo (haciendo valer el taylorismo como algo neutro y hasta positivo para la clase obrera). Y ni hablar de que el centralismo profesado y puesto en práctica por el leninismo efectivamente fue un pilar central de la destrucción de la democracia soviética. Hay que recordar que fueron los bolcheviques quienes disolvieron los comités de fábrica y no el estalinismo, por ejemplo. Desde ya que esto va acompañado de un proceso de burocratización del movimiento de masas, pero que sin lugar a dudas el partido (como dirección efectiva) estimuló de forma directa. Sobre lo que plantea Rolando sobre el anarquismo, efectivamente la dirección de la CNT/FAI cometió un error enorme en términos programáticos, pero yo no veo que el programa expresado por este grupo sea el programa histórico del anarquismo. Para nada era ese el programa de Bakunin y otros como Makhnó, quienes no tenían dudas acerca del poder obrero y el rol del partido. Desde ya que esa es otra discusión pero necesitaba plantearlo.

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      Claudio

      08/12/2011 at 03:55

    • “No puedo estar de acuerdo con una frase: “The Bolsheviks put a brake on the process, destroyed the democratic part of the revolution…” ”

      Es que es la verdad.

      Recomiendo el libro “Los bolcheviques y el control obrero”

      https://bataillesocialiste.files.wordpress.com/2010/06/brinton_bolcheviques_1_.pdf

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      Danilo Castelli

      09/09/2015 at 03:21

  3. La nota me parece muy interesante por lo que profundiza en tema del “Problema Soviético”.
    Como respuesta al Partido de los Trabajadores por el Socialismo es innecesaria, yo comencé a leer lo que escribió Mercante pero no pude terminar, realmente es extraordinariamente pobre. Como todo lo que produce esa secta mesiánica.

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    Gerardo

    14/04/2011 at 19:41

  4. Compañero Rolo. Ante todo, me parece consistente su respuesta a E. Mercatante. No he tenido la ocasión de leer la nota del citado compañero, pero no dudo que esté en consonancia con la defensa acrítica que la mayoría de las organizaciones de autoproclamación trotskista (no todas) hacen de la categoría de ‘Estado obrero burocratizado o deformado’. Esta categoría fue introducida por Trotski para caracterizar el estado transitorio de la URSS, como una vía de doble sentido, por la que se podía avanzar al socialismo o retroceder al capitalismo, aclarando que bajo el dominio de la burocracia la restauración sería inevitable, lo que, finalmente ocurrió. En la determinación de esta categoría, Trotski tomó en cuenta tanto factores objetivos, como la estatización de los medios de producción, como subjetivos, la vigencia del la convicción revolucionaria de las masas y apego a las conquistas materiales legadas por la revolución. En su prognosis, la cuestión de la carácter de clase de la URSS se vería definido en la guerra que se avecinaba, pero, su aproximación teórica al problema adolecía de un error específico: Asimilar el modo de dominación de la burguesía al de la clase obrera. En efecto, en ‘Estado Obrero Termidor y Bonapartismo, Trotski efectúa una analogía abusiva. La burguesía domina a través de un mecanismo doble, su estado político y la propiedad privada de los medios de producción. Lo mismo ocurriría con la clase obrera. En este caso de ‘doble comando’ la pérdida del poder político se vería substancialmente compensada por la propiedad colectiva de los medios de producción. Esto es a todas luces equivocado. La clase obrera es revolucionaria y bajo su dominio, las formas de propiedad son un medio instrumental de la dinámica hacia una sociedad sin clases, sin la cual no hay estado obrero posible. Cuando Trotski formuló la categoría no estaba pensando en un estado completamente degenerado (con lo cual se habría transformado en otra cosa) sino, en un estado en proceso aún inconcluso de degeneración, cuyo ritmo sería enteramente dependiente de la evolución de la lucha de clase a nivel mundial. Habló de un fenómeno transitorio necesariamente acotado en el tiempo,pero, en su analogía formal errónea se incubaba una fuente de peligrosas desviaciones. En sus últimos textos, especialmente en la polémica con los antidefensistas, la pluralidad de determinaciones tiende a perderse y las formas de propiedad se tornan predominantes a la hora de definir la vigencia del ‘estado obrero’. No creo que fuera un exceso polémico solamente, pero, sin duda fue un recurso para enfrentar a los que se negaban a asumir la tarea de la defensa de la URSS en guerra. En una carta privada a Cannon Trotski reconoció que la caracterización de la URSS como estado obrero podía ser falsa, pero que de ello no se derivaba la actitud a asumir frente al pacto germano soviético y la esclavización de Polonia. Trotski se negó a romper con compañeros que diferían en la caracterización de la URSS (Ciliga -Brune) pero que asumían las tareas políticas. A lo sumo, los desafió elegantemente a aportar algo nuevo al planteo político de la Cuarta Internacional.
    Como ocurrió con muchos otros aspectos del legado, la caracterización retrospectiva de la URSS no fue revisada a la luz de la teoría marxista y la incidencia de los acontecimientos. Su defensa dogmática, luego de más de setenta años, por muchas organizaciones, entre ellas, el partido al que pertenece el compañero Mercatante no son más que un barniz con que se quiere mostrar la continuidad de una autoridad infalible en tal o cual organización. Peor aún, aún, cuando la abrumadora mayoría del trotskismo asumió una postura democratizante y antidefensista (de las formas de producción no capitalistas) frente al canto del cisne del estalinismo. No solo, el Partido Socialista de los Trabajadores, sino, la casi totalidad del las organizaciones trotskistas, aún hoy no quieren debatir con franqueza lo que dijeron e hicieron en aquellos años. Se juega en ello todo el prestigio de infalibilidad que construyen ante sus seguidores, sin el cual la justificación de su existencia como aparato independiente se perdería. Su cemento, no es la conciencia, sino, la confianza ciega y mística. Hace poco tuve ocasión de discutir con algunos compañeros de un grupo de reciente formación, cuyo dirigente hacía denodados esfuerzos por separar la categoría de ‘Estado obrero’ de la ‘Dictadura del proletariado’ (como si uno pudiera existir sin el otro) inventando que Trotski ya en ‘La Revolución Traicionada’ había abandonado esta identidad, haciendo del estado obrero un mero apelativo aplicable a una formación social de transición. Le señalé todos los pasajes donde afirma lo contrario, hasta pocos meses antes de su muerte. Pero no hubo forma de convencerlo. No podía haber error. No se podía demostrar que Trotski se hubiera equivocado por que el universo se venía abajo. Algo parecido ocurre con E. Mercatante. Lo último. Me interesaría discutir sobre la vigencia del programa de la revolución política y la defensa de la URSS en guerra y sobremanera respecto del programa que los revolucionarios levantamos, u hoy, en retrospectiva, debíamos haber levantado para los acontecimientos 87 (China) y 89-90 Europa del este y la URSS, es decir, de la discusión que otros evitan. Conozco sus posiciones de aquellos años, pero, quisiera saber que opina hoy usted en este respecto.
    Muchas gracias.

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    AP

    15/04/2011 at 01:49

    • Estoy de acuerdo en que en el planteo de Trotsky hay muchas cuestiones que no cierran, entre ellas la comparación del stalinismo con el Termidor. El Termidor en la revolución francesa significó el afianzamiento del dominio burgués. El “Termidor” de la URSS significó el desplazamiento del poder obrero por la burocracia. Lo peor es que los discípulos lo repiten dogmáticamente. Acerca de los acontecimientos de fines de los 80 y principios de los 90, básicamente sigo pensando como en aquella época. Mejor dicho, como terminé de “redondear” mi visión en 1990, cuando hice un viaje a Budapest, invitado por una organización trotskista. En 1988 todavía pensaba que la URSS era un Estado obrero, y que la clase obrera defendería “su” Estado frente a un intento de restauración capitalista. En 1990 llegaba a la conclusión de que los Estados que estaban surgiendo a partir de la caída del régimen stalinista eran Estados capitalistas (se proponían la vuelta al capitalismo y la impulsaban) y también veía que la clase obrera no ponía resistencia. Es a partir de constatar esto que empiezo a revisar la categoría trotskista de “URSS = dictadura del proletariado”. En mi viaje de 1990 me impresionó mucho el haber hablado con activistas húngaros de izquierda, que aspiraban a una sociedad de “capitalismo moderado”, tipo Suecia. No se advertía el menor impulso a la formación de organizaciones obreras políticas independientes. Recuerdo que estaba acompañado por un trotskista ex dirigente del levantamiento de 1956 (al momento del levantamiento era militante del PC) quien me decía que en 1956 el movimiento antiburocrático rápidamente se había escindido entre quienes apuntaban a volver al capitalismo, y quienes querían dar un giro socialista antiburocrático (formando consejos obreros). Lo cierto es que este viejo militante, cuando veía y hablaba con sus viejos contactos y gente conocida, literalmente “se derrumbaba”. Aunque seguía repitiendo mecánicamente “está en marcha una revolución política”.
      Sobre qué hacer (esto es, en táctica política) en esas circunstancias, no creo que se pueda decidir sin tener una evaluación mucho más directa, y sin participar en los acontecimientos. Pero el punto de partida en cualquier caso debería haber sido un análisis correcto de la naturaleza de clase del Estado, de la naturaleza de clase del movimiento que derribaba a la burocracia, y de los Estados que estaban surgiendo. En este respecto el trotskismo cometió errores gigantescos, de los cuales pienso que es muy difícil recuperarse. Hay que tener en cuenta que el trotskismo caracterizó como un triunfo de la revolución socialista mundial el proceso de restauración capitalista. No podían determinar siquiera el carácter y dirección que estaban tomando los acontecimientos. Esto provocó desmoralización de la militancia en los años que siguieron, y desconcierto en muchos dirigentes (para otros, todo siguió igual; ni siquiera reflexionaron sobre el asunto). Recuerdo que a fines de los 80 se decía en el movimiento que “llegó la hora del trotskismo”; en realidad había sonado la hora de una profunda crisis teórica y política. Hay que explicar las raíces de fondo de la misma.

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      rolandoastarita

      15/04/2011 at 12:46

  5. Rolando, acuerdo con tu posición de que la URSS no fue un Estado Obrero ni un Estado Burgués; en este sentido, que machaques sobre el concepto de “modo de producción asiático” me parece capital para hacer entender que no todo se reduce al binarismo aristotélico de “si no es obrero, es burgués” y que la historia “es la historia de la lucha de clases” pero también la historia de la lucha de clanes y de castas…
    Respecto a la categoría “modo de producción asiático”, durante un largo tiempo pensé que, como los Grundrisse se publicaron por primera vez en idioma alemán en 1939, un año antes de la muerte de Trotsky, éste no conocía el concepto y que por eso, en parte, estimaba que si la URSS no era “burguesa” era “obrera”, ya que Trotsky solía insistir que “todo Estado tiene una naturaleza de clase”. Sin embargo, también dudaba sobre ese supuesto desconocimiento de Trotsky, ya que Marx discutió la categoría (y la viabilidad o no de pasar del modo de producción asiático al socialismo sin pasar por el capitalismo) con Vera Zazulich y esas cartas las conoció Plejanov, así que no veo por qué no las habría de conocer Trotsky; para Marx, a fines de la década de 1880, era claro que la formación económico-social rusa tenía elementos de los modos de producción feudal, capitalista y asiático (en esas cartas se discute específicamente si las “aldeas” -el mir- eran una de las formas asiáticas de producción).
    Ahora quiero llamar la atención sobre lo siguiente: tanto en tu texto como en el de Mercatante se hace referencia a las “relaciones de propiedad” y no a las “relaciones de producción”. No me parece ilógico que en ambos textos se use “de propiedad” en vez de “de producción”, ya que Trotsky, sobre todo en sus últimos escritos referidos a la URSS, habla de “relaciones de propiedad” (en las citas de Trotsky que reproducís utiliza esa expresión).
    En este punto es necesario establecer que son dos cosas diferentes. En el Prólogo a la Contribución a la Economía Política (1859), Marx dice: “Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí” (bastardillas agregadas por mí). Creo que no es un tema menor. Trotsky pareciera amalgamarlos en un único concepto, indistinto. Sin embargo, en el apartado “La cuestión de los territorios ocupados” del libro “En defensa del marxismo”, Trotsky parece ser consciente de que las relaciones de propiedad son la expresión jurídica de las relaciones de producción; cito: “Supongamos por un momento que, de acuerdo con el tratado firmado con Hitler, el Gobierno de Moscú deja intacto el derecho de propiedad en los territorios ocupados y se autolimita a ‘controlarlos’ según el modelo fascista” (bastardillas agregadas por mí).
    Este es el primer punto a distinguir metodológicamente, del que se desprenden consecuencias políticas. Así, para Trotsky “propiedad nacionalizada + economía planificada”, entendidas como “modificaciones de las relaciones de propiedad” (esto está en muchos textos del revolucionario ruso, pero sólo cito sólo dos libros que tengo sobre mi escritorio: “En defensa del marxismo” y “La revolución traicionada”) define a la URSS como Estado Proletario. Pero en otros textos sólo se refiere a la “estatización de los medios de producción” y a la “expropiación de los terratenientes”, sin mencionar la “economía planificada”. Lo que queda claro es que en muchos textos Trotsky ignora las “relaciones de producción” y se refiere a las de “propiedad”, que, repito, este concepto refiere a la cristalización “jurídica” de determinadas relaciones de producción; éstas engloban todo un universo -social, político, económico, ideológico-, mucho más amplio. Así, la propiedad nacionalizada, la estatización e inclusive la “economía planificada” pueden darse en un Estado Obrero y en un Estado Burgués; en el mismo sentido y a la inversa, la existencia de “mercado” y de “asalariados” puede darse en una formación económico-social feudal (claramente desarrollado por Marx en El Capital), en una “antigua” (imperio romano) o en una “dictadura del proletariado” (Lenin justificó la introducción de la NEP en el marco de la “dictadura del proletariado” y calificó al Estado de ese momento como “burgués sin burguesía”). Por eso, Rolando, cuando decís “las formas políticas son vitales para el dominio de clase” y “no es a través de cualquier forma política que puede emanciparse el trabajo”, estas expresiones se enmarcan en el concepto de “relaciones de producción”, mucho más rico y complejo que el de “propiedad”.
    Anteriormente dije “consecuencias políticas” y ahora me explayo. En el apartado “No cambiamos nuestro rumbo” de “En defensa del marxismo”, Trotsky, hablando de las ocupaciones de territorios orientales (Polonia) por parte del Ejército Rojo estalinista (en otros textos de ese libro también se refiere a Finlandia), dice: “Pero supongamos que Hitler dirige sus armas hacia el Este y ocupa los territorios en que se encuentra ahora el Ejército Rojo. En esas condiciones, los partidarios de la IV, sin cambiar para nada su actitud hacia la oligarquía del Kremlin, serán los primeros en el frente porque considerarán que la tarea más urgente del momento es la resistencia frente a Hitler. Los trabajadores dirán: ‘No podemos ceder a Hitler la destrucción de Stalin: esa es misión nuestra’. Durante la lucha armada contra Hitler, los trabajadores revolucionarios tratarán de establecer una camaradería lo más estrecha posible con los soldados del Ejército Rojo. Mientras luchan contra Hitler con las armas en la mano, los bolcheviques-leninistas deben hacer propaganda contra Stalin, preparando su derrota en la próxima, y quizá muy cercana batalla”. ¡Trotsky escribió esto cuando ya había sido derrotada la llamada “revolución española”, donde los trotskystas fueron fusilados, desaparecidos, encarcelados o se vieron forzados a huir del territorio español por la acción de los “fraternales” bolcheviques-estalinistas! Llama a aplicar la táctica del “mal menor” aplicada en España (estalinistas y trotskystas juntos en el bando burgués republicano contra el bando burgués fascista) en el caso de un hipotético ataque a la URSS por parte de Alemania, cuando ya había visto las consecuencias de “establecer una camaradería lo más estrecha posible con los soldados del Ejército Rojo”. Ojo, el mismo Trotsky, en muchísimos textos, habla de la importancia de las formas políticas (en el mismo “En defensa del marxismo”, donde hay de todo como en botica, una Biblia para el trotskysta que quiera justificar una política oportunista o sectaria, según lo requieran las circunstancias). Pero en los textos “fundantes” de su tradición (la “trotskysta”), las formas políticas son menoscabadas, por eso no sorprende la actitud del trotskysmo tras su muerte (mientras el pablismo le hacía seguidismo al estalinismo, posteriormente Moreno usó la metáfora del “tren” que se para en la estación “expropiación” para referirse a las “revoluciones objetivamente socialistas” no dirigidas por una “dirección revolucionaria” y Mandel entronizó al PRT-ERP y al sandinismo como “direcciones revolucionarias”, entre otros ejemplos y a grandes rasgos). Pese a los procesos de Moscú de 1936-39 y las colectivizaciones forzosas de fines de los años 120 y comienzos de 1930, pese a haber visto lo fraternales que son los “hermanos soviéticos”, Trotsky fetichiza la “estatización”, la “nacionalización” de los medios de producción. “Fetichiza” porque se queda con el aspecto jurídico del asunto, sin importar, en el fondo, si esas medidas tienen realmente un sentido “socialista” en conjunción con otro factores de carácter subjetivo (por ejemplo, si el “hilo rojo e histórico” de la revolución fue cortado con los “procesos de Moscú”, ¿quiénes serían portadores de las ideas revolucionarias que regenerarían a la URSS a través de la “revolución política”?; si “la crisis de la humanidad es la crisis de la dirección revolucionaria” y en la URSS ya no estaban esos dirigentes (o sus ideas transmitidas a otros), ¿cómo se haría la “revolución política”, que debía ser dirigida por la vanguardia consciente, es decir, “bolchevique-leninista”.
    Vemos de paso que Trotsky es un etapista, como planteó en la frase antes citada de “No cambiemos nuestro rumbo” (“En defensa del marxismo”): “los bolcheviques-leninistas deben hacer propaganda contra Stalin, preparando su derrota en la próxima, y quizá muy cercana batalla”. ¿Debe extrañar entonces que en la segunda guerra mundial, ya muerto Trotsky, los trotskystas europeos hayan estado codo a codo con los estalinistas y los nacionalistas burgueses en las “resistencias” contra la ocupación nazi? Si ya el mismo Trotsky había hecho etapismo (en España -defensa de la República contra el fascismo- y en Polonia -en vez de llamar a derrotar a la burguesía polaca, Trotsky llamaba a fraternizar con el estalinismo que había masacrado trotskystas y oposicionistas de izquierda en España un par de años antes-), ¿por qué el trotskysmo de posguerra no iba a seguir los pasos de su maestro?
    Vemos así que el último Trotsky terminaba apoyando el “mal menor” tanto en el mundo capitalista como en el soviético. En España la “lucha contra el fascismo” significó la “defensa de la democracia”; en julio de 1937 era “justo” defender a la “oprimida” China contra el “opresor imperialista” Japón, llamando a los obreros a luchar por la “liberación nacional China”. Siempre se eligió el “mal menor”, siempre en un campo ajeno al proletariado. Por eso, en la segunda guerra mundial, el trotskysmo de conjunto simpatizó -y muchas secciones nacionales llamaron a apoyar- con el campo militar “democrático” de los aliados contra el campo militar “fascista” del Eje y luego de derrotado el nazismo y el fascismo ayudaron a reconstruir directa o indirectamente los Estados burgueses nacionales; por eso algunos trotskystas llaman a “defender” al “Estado obrero deformado” de Cuba de los “ataques” del “imperialismo”; por eso se ubican “en el bando de la nación oprimida contra la ocupación, al mismo tiempo que levantamos una política obrera independiente del gobierno que facilite la disputa de los trabajadores por la conducción política y militar del conflicto” como el PTS defiende hoy, abril de 2011, la posición adoptada por el MAS en la guerra de Malvinas de 1982 (http://eldiablosellama.wordpress.com/2011/04/06/a-29-anos-de-la-guerra-de-malvinas/). Si lo hizo Trotsky, ¿por qué no lo iban a hacer sus epígonos?
    Esto nos lleva, una vez más, a revisar las concepciones teóricas de Trotsky, porque es verdad que la culpa la tienen los que le dan de comer al chancho, pero por algo al chancho se le da de comer…
    Lo que llamamos “trotskysmo” se funda en dos tesis fundamentales de Trotsky: la tesis de la Revolución Permanente y el Programa de Transición.
    La teoría de la revolución permanente de Trotsky se basa en la “revolución permanente” esbozada por Marx en 1848-1850 (Circular a la Liga de los Comunistas). Marx concibió ese esquema en una época en que la burguesía todavía era una clase históricamente revolucionaria y Trotsky la enuncia en Rusia en 1905-1906, a comienzos de la época “imperialista”, cuando Rusia era un país atrasado, superestructuralmente feudal (con elementos estructurales también feudales) y toda la socialdemocracia rusa apostaba por una revolución burguesa (el mismo Lenin hablaba de “dictadura revolucionaria democrática de los obreros y el campesinado”). El mérito de Trotsky, frente a los mencheviques y Lenin y los restantes bolcheviques, es enorme, ya que planteó que aún en esa formación social “atrasada” la revolución sería socialista (“dictadura del proletariado”, nada de “democrática” ni “obrero-campesina”) o no sería; el proletariado acaudillaría al resto de los explotados y oprimidos. En la formulación de la revolución permanente de Trotsky también está la idea (históricamente progresiva en su momento) de que la toma del poder por el proletariado es un acontecimiento fundamental luego de otros acontecimientos políticos menores e intermedios; que la revolución no borrará de un plumazo a la sociedad dividida en clases; que la edificación socialista vendrá sólo después de que el proletariado tome el poder. Sin embargo, aunque sea correcta su formulación, la aplicación de esta tesis en la llamada “época imperialista” lleva a la “defensa de la democracia”, a apoyar las guerras de “liberación nacional” y a impulsar el “derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos”. Por ejemplo, al luchar contra una dictadura, el peso estará en la lucha por la democracia; ese apoyo a un régimen burgués más “progresivo” que el otro, implicará una lucha junto con la burguesía; el trotskysmo intentará dotar de “contenido socialista” ese impulso democrático, pero la lucha ya está perdida de antemano porque los objetivos “hegemónicos” son “limitados” y para que se pueda “trasvasar los límites burgueses” debe generarse una situación “excepcional”, una “situación revolucionaria”, digamos. Además, el imperialismo no es un fenómeno nacional, abarca a toda la economía mundial. De ahí que Trotsky considere “imperialista” sólo a la burguesía de un país dominante o “central”. Así, para Trotsky y los trotskystas, el imperialismo no es una fase político-económica del capitalismo mundial (al menos esa es una de las interpretaciones que se desprenden de “El imperialismo, etapa superior del capitalismo” de Lenin) sino del capitalismo de algunos países. Esto está expresado en “El programa de transición”, bajo el título “La lucha contra el imperialismo y la guerra”: “Pero no todos los países del mundo son imperialistas. Al contrario, la mayoría de los países son víctimas del imperialismo. Algunos países coloniales o semicoloniales intentarán, sin duda, utilizar la guerra para sacudirse el yugo de la esclavitud. Por su parte, la guerra no será imperialista sino emancipatoria. El deber del proletariado internacional será ayudar a los países oprimidos en guerra contra los opresores”. Por eso el MAS de Argentina, como reivindica actualmente el PTS (formado en la misma tradición trotskysta, “morenista”), apoyó militarme al bando burgués de Argentina contra la “imperialista” Gran Bretaña en la guerra de Malvinas (eso sí, al mismo tiempo llamaban a no confiar en Galtieri y en los militares). Nuevamente: así hicieron Trotsky y los trotskystas en España (combatir con los republicanos en el frente militar planteando en la retaguardia la “independencia de clase”); así hicieron los trotskystas sin Trotsky durante la Segunda Guerra, formando parte de las “resistencias” contra la “ocupación extranjera” o peleando junto con los “antifascistas” contra los “fascistas”; así hacía Trotsky y siguieron haciendo los trotskystas en la URSS, defendiendo la URSS “militarmente” y combatiendo “políticamente” a la “burocracia bonapartista”: “nuestra concepción general del Kremlin y el Comintern no debe, sin embargo, modificar nuestra idea de que el hecho particular de la modificación de las relaciones de propiedad en los territorios ocupados es una medida progresiva. Debemos reconocerlo abiertamente. Cuando Hitler vuelva sus ejércitos hacia el Este para defender ‘la ley y el orden’ en la Polonia occidental, los trabajadores deberán defender contra Hitler las nuevas formas de propiedad impuestas por la burocracia bonapartista soviética” (“En defensa del marxismo”).
    El criterio marxista de “clase”, el de guerra de “clase contra clase” por el que se dividió el marxismo en 1914-1918, es así desterrado por Trotsky y los trotskystas. Contra Kautsky y los centristas, Lenin y Luxemburgo se basaron en la naturaleza de las clases burguesas en el poder para calificar a la guerra como “imperialista”, de ahí que llamaran al “derrotismo revolucionario”, a la guerra de “clase contra clase” en cada país implicado en la guerra (que abría posibilidades extraordinarias para el desarrollo de una revolución proletaria). Combatiendo junto a los “resistentes” de cada país imperialista para reconstruir sus respectivos aparatos productivos y Estados burgueses (en vez de impulsar la guerra contra el capital en esos países), llamando a los obreros y soldados alemanes a no luchar contra el Ejército soviético (en vez de aplicar el derrotismo revolucionario en Alemania y en la URSS), apoyando el bando militar de Galtieri contra el de Tatcher (en vez de repudiar la guerra como burguesa donde el proletariado saldría perdiendo como clase y haciendo participar como corderos de los militares argentinos a los jóvenes trabajadores)… ¡siempre eligiendo el “mal menor”!
    ¿Por qué Trotsky en 1925-27 combatió al “frente único nacional” junto con la burguesía china que promovían Bujarin y Stalin y en 1937 se unió a la posición de Stalin llamando a combatir a los “enemigos internos” de China? ¿Por qué en 1914-1918 llamaba al derrotismo revolucionario en Alemania y en 1939 no sólo no llama al derrotismo revolucionario sino que invita a los obreros y soldados a no disparar contra el Ejército Rojo? A mi modesto entender, para tratar de ver el hijo invisible que une esas prácticas, hay que estudiar las posiciones básicas de Trotsky en relación a las coyunturas. La preferencia en el uso de “relaciones de propiedad” en Trotsky, en este sentido, no es un descuido ni una casualidad.

    Saludos comunistas,
    Fernando.

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    Fernando

    15/04/2011 at 17:31

    • Te pido comentarios más cortos, a fin de que no se desvirtúe esta sección. Como planteé varias veces, son comentarios, no artículos. Con respecto al tema “relaciones de producción / relaciones de propiedad”, coincido en que es conveniente distinguirlas. La distinción puede dar lugar a profundizar el estudio sobre la naturaleza de la URSS, y de las estatizaciones en general. Coincido con Geraldo Cohen cuando afirma que “las relaciones de producción son relación de poder efectivas sobre las personas y las fuerzas productivas, no relaciones de propiedad legal” (La teoría de la historia de Karl Marx. Una defensa). Aunque Marx haya presentado muchas veces (Cohen dice que por comodidad) las relaciones de producción como relaciones de propiedad. Lo que sí parece ser cierto es que una forma legal de propiedad estabiliza y refuerza una relación de producción (esto es, de poder efectivo sobre fuerzas productivas) ya existente. A su vez (lo contempla Marx) una relaciòn legal puede ser una “propiedad aparente” (el caso lo menciona en la transición al capitalismo del artesanado). Ahora pienso que sería conveniente escribir algo, ampliando este aspecto, en relación también a la URSS y economías semejantes.
      Con relación a la defensa de la democracia burguesa frente a la dictadura, no coincido con tu posición. Sigo sosteniendo que los marxistas no podemos ser indiferentes entre la República española y Franco; entre Kerensky y Kornilov; entre la democracia burguesa que tenemos hoy en Argentina y el régimen de Videla. Sobre esto escribí varias notas en este blog. En cualquier caso, esta idea no es exclusiva ni original de Trotsky. La encontramos en Lenin, por ejemplo. Lenin era crítico de los que “embellecen” a la democracia burguesa, y ocultan que se trata siempre de la dictadura del proletariado. Pero esto no le impide afirmar: “Nosotros somos partidarios de la república democrática, como la mejor forma de estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino del pueblo, incluso bajo la república burguesa más civilizada” (El Estado y la revolución). Se puede mantener una postura socialista, sin por eso poner un signo igual entre todas las formas de dominio político del capital.

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      rolandoastarita

      16/04/2011 at 09:42

    • Gracias Rolando por tu respuesta y ahora sere brevisimo (perdon por los errores de ortografia, pero no me funciona la tecla de los acentos…).
      Respecto al debate ‘democracia/dictadura’, mi critica va dirigida a la logica trotskysta (logica fundada sobre las guias programaticas de ‘La revolucion permanente’ y ‘El programa de Transicion’) en la ‘epoca del imperialismo’. En primer lugar, critico la interpretacion que le da Trotsky a la categoria ‘imperialismo’ en El programa de transicion (no ve que sea una fase politico-economica del capital internacionalizado, tal como puede interpretarse tras leer ‘El imperialismo…’ de Lenin). De ahi que hable de ‘paises victimas del imperialismo’ y establezca que haya paises ‘coloniales’ y ‘semicoloniales’ que quieren liberarse del yugo imperialista. Si bien en la epoca de Trotsky aun habia colonias, sostener que actualmente existen colonias como norma es un disparate (hay muy pocas colonias: no es la norma, es la excepcion), de ahi que me cause hilaridad la defensa que hace el PTS de la posicion del MAS (que era tambien un disparate en 1982), hablando de ‘pais oprimido’. No se puede hablar ACTUALMENTE de paises ‘oprimidos’ por el imperialismo, en la actual fase del capitalismo ‘globalizado’. Trotsky (y de esto vos hablaste en un articulo sobre Lenin y el imperialismo) absolutiza el elemento ‘politico’ de la categoria ‘imperialismo’ y anula su aspecto ‘economico’.
      En segundo lugar, planteo que la logica de la revolucion permanente lleva al etapismo o reformismo en la epoca del ‘imperialismo’ y ACTUALMENTE tambien. De ahi que el trotskysmo, aplicando las consignas del programa transicional ‘dentro de los limites del capitalismo’, impulse medidas ‘dentro de los limites del capitalismo’ que intentan ‘trasvasar’ esos ‘limites’ en un sentido ‘transicional’ al socialismo.
      Que Trotsky y el trotskysmo post-Trotsky hayan tenido la politica que enuncie en mi comentario anterior se deriva de la aplicacion de esa logica ‘fundante’ del trotskysmo como tradicion politica.

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      Fernando

      16/04/2011 at 13:13

    • Con relación al tema “liberación nacioanal”, coincido en que hoy no está planteada prácticamente en ningún lado. Los países dependientes (como Argentina) no son “explotados” por los países adelantados. Discuto mucho esta cuestión en “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo”. Pero tampoco desde el punto de vista de las categorías de Lenin, tenía sentido hablar de “liberación nacional” en los países dependientes (como lo era Argentina a principios de siglo). En cuanto a la teoría de la revolución permanente, está equivocada por donde se la mire. Pero no estoy seguro de que lleve siempre a estrategias etapistas. Sí estoy convencido de que esa teoría desorienta, porque no hay manera de encajar la realidad en ella.
      Para colmo Trotsky combinó esa teoría con la idea de la táctica política “transicional”. Es curioso que en el marxismo no se haya prestado atención al hecho de que ya Marx y Engels habían criticado la táctica transicional, tal como la aplicó Trotsky. Esa táctica da lugar a un verdadero disparate, como es exigir a gobiernos capitalistas que adopten medidas “transicionales”. La crítica de Engels a esta táctica tiene plena vigencia.

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      rolandoastarita

      16/04/2011 at 19:06

    • No quiero generar ruido ni nada pero me desaparecio el segundo comentario de Fernando, al que Rolando responde. Lo menciono no porque este pensando en nada negativo sino para ver si es un problema de mi navegador o un accidente del blog.

      Como siempre muy enriquecedor el debate.

      Saludos.

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      Gerardo

      16/04/2011 at 20:12

  6. Compañero Rolo. Creo que estamos de acuerdo en que, desde bastante tiempo antes de su derrumbe, los llamados estados obreros no tenían nada de tales. Pese a ello, restan varios interrogantes. Primero: ¿Cuando dejaron de serlo? Segundo: ¿A que específica formación estadual dieron lugar? Tercero: ¿Esta formación era progresiva o reaccionaria respecto del capitalismo? Cuarto: ¿Estos estados eran asimilables a países imperialistas? Quinto: Dado que la clase obrera era no solo oprimida sino explotada ¿Era necesaria una revolución política o una social?
    Sexto: ¿Cual debía ser la caracterización de los levantamientos antiburocráticos y en que medida esta condicionaba la orientación política general que debían adoptar los revolucionarios?
    En este último respecto, decir que el movimiento trotskista dio una respuesta básicamente equivocada es indudablemente cierto y que la magnitud de la desviación habría de pagarla caro, también. Todo ello lo planteamos en su debido momento, pero hoy, con la ventaja del paso del tiempo y la profundización en el análisis teórico y el estudio de los hechos, creo que debiera haber más que un ‘redondeo’ de las viejas posiciones. Usted vuelve a decirme que es imposible discutir de tácticas sin el conocimiento acabado del terreno y sin presencia en el lugar de los hechos. En el plano de las tácticas específicas y los llamamientos directos a determinadas acciones es verdad. Ya Lenin había dichos que es imposible llamar a la acción, más que en el lugar mismo de la acción y sin dar el ejemplo, uno mismo y en el acto. Pero ello no se aplica a los grandes lineamientos estratégicos en que sí es posible fijar postura en función de una apreciación correcta de las fuerzas sociales en lucha. Ejemplo: Si abogamos por el derecho de los sublevados libios a armarse para defenderse de la represión del viejo régimen, estamos proponiendo una medida práctica coherente con la caracterización que tenemos de los campos en pugna. Lo mismo es aplicable a otras circunstancias históricas, donde, si bien no estuvimos en el teatro de operaciones y tampoco tuvimos o tenemos el conocimiento absoluto de los hechos, fijamos posición y una orientación político práctica, desde el conocimiento parcial y el arsenal teórico que poseemos.
    Respecto de los ‘estados obreros’ yo creo lo siguiente. La URSS dejó de ser un estado obrero en un periodo de transición que va desde el aplastamiento de los últimos vestigios del partido bolchevique y la vanguardia obrera revolucionaria a la consolidación definitiva del poder burocrático en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, donde se completó la conversión de la conciencia de las masas, desde el internacionalismo proletario de Octubre al nacionalismo pseudocomunista erigido con la victoria en la gran guerra patria. Los estados en que el capitalismo fue expropiado con posterioridad, tanto bajo la influencia directa del Ejército rojo, como por intermedio de revoluciones genuinas subordinadas a formaciones estalinistas autóctonas, no fueron nunca estados obreros. Los estados que fueron puestos en pié no eran capitalismo de estado y tampoco equiparables a estados capitalistas imperialistas. Esta fue la conclusión a la que arribaron tempranamente N. Trotsky, Grandizio Munis, Peret y otros dirigentes de la Cuarta, que luego rompieron. Esta concepción fue retomada por corrientes comunistas de izquierda en la postguerra e incluso dio lugar a sesudos tratamientos teóricos que hasta hoy revindica la miríada de partículas en que estallaron estas corrientes, empeñadas, al igual que el trotskismo en una guerra templaria entre sí.
    Estos estados, lejos de ser un ‘colectivismo burocrático’ destinado a suplantar históricamente al capitalismo y comunismo, eran formaciones transitorias, intrínsecamente burocráticas, pero efímeras. Sin la fuerza conservadora del capitalismo y el impulso revolucionario del comunismo estaban condenados a entrar en reversa y luego colapsar rápidamente, lo que efectivamente ocurrió. Pese a ello, su carácter no capitalista, ni imperialista, hacía de estos estados el envoltorio de conquistas materiales, producto inacabado de revoluciones estranguladas y por consiguiente, defendibles, tanto de la restauración capitalista, como de los ataques imperialistas. Esto se hizo patente en la Segunda Guerra Mundial, donde la defensa de la URRS debía combinarse con una estrategia de derrotismo revolucionario y transformación de la guerra interburguesa en guerra civil de la clase obrera internacional contra todos los bandos en pugna.
    El carácter de la revolución necesaria para derribar a la burocracia, no era político, sino, social, por que requería del paso del poder a la clase obrera, con la consiguiente abolición de las relaciones de producción explotadoras ejercidas por la burocracia. Por último, los levantamientos antiburocráticos hasta entrados los años setenta (Berlín Este-Poznan- Vorkuta -Hungría en 1956- Novocherrask en 1962-Checoslovaquia- y Polonia antes de la consolidación del liderato restauracionista de Walessa) tenían un carácter proletario. Con posterioridad, salvo el caso de China en 1987 (Donde hubo un principio de revolución proletaria, combinado con un levantamiento democrático del estudiantado, de conjunto aplastado)todos los demás levantamientos tenían un carácter burgués restauracionista y reaccionario, incluso cuando levantaban la perspectiva de la democracia capitalista. En estos casos, los revolucionarios debíamos posicionarnos por una revolución proletaria contraria a la restauración y dado que todas las fracciones en pugna eran partidarias del retorno al capitalismo, por enfrentarlas a todas desde la independencia de clase. Esta cuestión no es meramente táctica. Lo que concretamente quiero preguntarle, es si usted actualmente reivindica esta posición o si, por el contrario, asume que estos estados se habían vuelto reaccionarios respecto de la tendencia progresista de la internacionalización del capital y en tanto portadores de formas de opresión y explotación más bárbaras que las del capitalismo era necesario apoyar las tendencias restauradoras portadoras de la democracia capitalista. Le hago esta pregunta despojado de animadversión, simplemente, por que me da la impresión que determinadas aperturas teóricas por usted formuladas pueden apuntar lógicamente en ese sentido. En los años que se desarrollaba la crisis terminal del estalinismo me opuse con toda fuerza a las corrientes que abogaban por la restauración bajo la máscara de la democracia, travestida bajo el eufemismo de ‘revolución política’. Siempre reivindiqué hacerlo desde la independencia de clase y solo ‘verdades de partido’ con las que he roto metodológicamente desde hace mucho me impulsaron a hacerlo desde el etapismo conservador. Sus posiciones de aquellos años, me brindaron más elementos y remacharon mi convicción. Quisiera saber si esta ya no es la suya, y no veo motivo alguno de censura en ello, solo, si así fuera, un nuevo motivo para la confrontación de las ideas que puede ser útil para la vanguardia revolucionaria.
    Gracias por la atención.

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    AP

    17/04/2011 at 02:05

    • Muchas de estas ideas las comparto. Por ejemplo, la idea de transición bloqueada, y que estos Estados no dieron lugar a una formación que pudiera suplantar históricamente al capitalismo. También he planteado en su momento, y lo sigo sosteniendo, que desde el punto de vista programático debía reivindicarse un programa socialista, no de vuelta al capitalismo. Pero las tácticas a instrumentar solo podían ser discutidas sobre la base de estar en el lugar. Al respecto aclaro una cuestión sobre Libia: lo único que he planteado es que el hecho de que los sublevados pidan armas o ayuda a la OTAN no los convierte en reaccionarios. No juzgo sobre si era o no necesario; hay que estar en el lugar de los hechos para dar opinión sobre esto.
      Volviendo a los Estados stalinistas, no considero que la vuelta al capitalismo haya sido “históricamente progresiva”; pero tal vez haya que reconocer que era inevitable, dado el estancamiento de las fuerzas productivas y dado que las fuerzas que pugnaban por una salida socialista (vuelta al programa soviético original) eran ultra débiles. De todas maneras, hay algunas cuestiones que no tengo claro. Por ejemplo, cuando llegamos a un régimen como el de los Khmers rojos de Camboya, una especie de colectivismo campesino atrasado, y terriblemente represivo, tiendo a pensar que frente a cosas así, el capitalismo es progresivo.
      Accesoriamente: vuelvo a pedirle comentarios más cortos, Insisto, de lo contrario se desvirtúa esta sección.

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      rolandoastarita

      17/04/2011 at 13:19

    • Rolando, me interesaría que aclares esta frase: “aclaro una cuestión sobre Libia: lo único que he planteado es que el hecho de que los sublevados pidan armas o ayuda a la OTAN no los convierte en reaccionarios. No juzgo sobre si era o no necesario; hay que estar en el lugar de los hechos para dar opinión sobre esto.”

      No juzgo sobre si era o no necesario… ¿qué?

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      Eduardo

      17/04/2011 at 19:34

    • Tiene que ver con lo que afirman quienes sostienen que están a favor de la sublevación, pero también dicen que los sublevados se convirtieron en reaccionarios agentes del imperialismo a partir de que pidieron armas o protección aerea a las potencias. Cuando les planteo que es contradictorio querer que triunfen, pero al mismo tiempo sostener que no deben recibir apoyo externo, responden que los sublevados no necesitan ese apoyo, que podían triunfar con tal o cual táctica, etc. Frente a esto, sostengo que solo los que están en la lucha pueden decir qué les es necesario en términos de armas, poder de fuego, etc. Por este motivo no entro en esa discusión. Me parece improcedente que quienes no están “poniendo el cuerpo”, se pongan a opinar sobre cuestiones que no manejan. Por este motivo lo que he afirmado una y otra vez es que los sublevados tienen derecho a recibir ayuda, que esto no los transforma en enemigos ni en agentes del colonialismo. Como lo afirmé en otras notas, la República española pedía la intervención de Inglaterra y Francia, y nadie la acusó por ello. Tampoco nadie de fuera del conflicto se ponía a opinar si podía o no prescindir de esa ayuda. El propio Trotsky decía que era completamente lícito facilitar esa ayuda si Francia e Inglaterra se decidían a darla. Pero hoy los stalinistas, trotskistas, y tantos otros, le niegan ese derecho a los sublevados en Libia, con el argumento “pueden prescindir de la ayuda, haganlo solos, y si no, son unos cipayos, etc.”.

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      rolandoastarita

      17/04/2011 at 19:49

    • Hola AP.
      La viuda de Trotsky, Munis y Peret (estos dos últimos formaron el grupo Fomento Obrero Revolucionario en España) llegaron a caracterizar a la URSS y a los Estados de Europa Oriental reconstruidos luego de la segunda guerra mundila (llamados “Estados Obreros Deformados” por los trotskystas) como “Estados capitalistas de Estado”.
      Saludos,
      Fernando.

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      Fernando

      21/04/2011 at 14:32

    • Hola Fernando,

      te agradezco mucho el dato, ya que yo vengo utilizando esa categoría desde hace años y por fin encuentro que hay autores que hablaron al respecto, voy a poder leer como para tener más asidero cuando digo lo que digo (reconozco que tengo muy poca lectura en mi haber…). Podría pedirte si me indicás en qué textos hablan al respecto? Así los busco. Muchas gracias!

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      María de la Paz

      29/04/2011 at 01:18

    • Hola María de la Paz.
      Tras el segundo congreso mundial de la cuarta internacional (1948), Munis, que había presentado y/o apoyado dos documentos que quedaron en minoría en dicho congreso, elaboró un documento colectivo de su “Grupo Comunista Internacionalista” (constituido tras abandonar la Cuarta tras ese congreso) titulado “Explicación y llamamiento a los militantes, grupos y secciones de la IV Internacional” publicado como folleto en Francia en septiembre de 1949. En ese texto -reproducido en el libro “Documentación histórica del troskismo español 1936-1948)” de Agustín Guillamón- se puede leer la caracterización de la URSS y de los países del Este como “capitalistas de Estado”.
      Por otra parte, el primer tomo de las Obras Completas de Grandizo Munis compila sus artículos sobre la naturaleza de clase de la URSS.
      Saludos comunistas,
      Fernando.

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      Fernando

      29/04/2011 at 17:34

  7. Rolando, te pregunto: más allá de acordar con la lógica de toda tu argumentación en torno al tema Libia, y de que una parte de la izquierda se alineó con Kadafi argumentando que la rebelión era una pura manipulación; ¿no es posible que en algún momento exista un cambio en la situación que haga que la postura de apoyar a los rebeldes deje de ser progresiva? En ese supuesto, ¿cuál tendría que sea esa situación?

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    Eduardo

    17/04/2011 at 20:23

  8. Compañero Rolo. Observo que su negativa a discutir ‘tacticas’ es sistemática y respeto su derecho. Es más lo insto a seguir usándolo. Pero no estoy hablando de tácticas específicas, sino de un posicionamiento estratégico. Estar contra todas las fracciones restauracionistas. Ello implica una conducta y una orientación práctica en la lucha, se la llame o no táctica, que puede ser precisada en sus rasgos fundamentales a partir de las ‘débiles’ fuerzas con las que se puede contar. Ejemplo: No es lo mismo estar propagandizando el socialismo en las barricadas de Yeltsin, que contra ellas. Pero lo que me resulta sorprendente es que asuma una actitud abstencionista respecto del armamento de los rebeldes libios. Usted, al igual que yo por el momento, se ha ubicado en el campo de la rebelión. Considera que su triunfo es progresivo. Afirmó repetidas veces a contramano de buena parte de la izquierda mundial, que está de lado de los rebeldes y ello, hipotéticamente lo habría llevado a enfrentarse a tiros con izquierdistas partidarios de Gadaffi. Como sabemos, este campo burgués esta en guerra y en la guerra, las armas son un factor importante, cuando no decisivo. Pero usted no quiere tomar responsabilidad por ello. Si se arman o no, es cuestión ajena, si es conveniente solicitar armas o apoyo, incluso a la Otan, también. Solo dice que hacerlo no los convierte en reaccionarios. Entonces, defendemos su derecho soberano de armarse, pero también el de no hacerlo. No solo no plantea ‘táctica’. No tiene consejo, ni recomendación, ni planteo político que no sea el triunfo a como mejor les parezca y venga en gana. Yo si tengo posición y no creo que sea un pecado o una imprudencia. Pienso que el proletariado libio y la juventud democrática debe armarse. Deben hacerlo en forma independiente de toda formación regular subordinada al ejército disciplinado que el gobierno burgués con sede en Bengazi quiere crear para sus propios fines. No deben entregar las armas cuando retorna de las incursiones, como está visto que se les impone. Deben solicitar armas a otras naciones que apoyen la causa popular y sobremanera a las juventudes rebeldes del mundo árabe que hoy se han levantado, explicando que las guerras no se ganan con mensajes de texto. No deben solicitar la intervención imperialista, sino que se les entreguen armas, y según tengo entendido ya han enviado la lista, que, hasta ahora permanece sin respuesta. Si el ‘apoyo’ se produce, deben aprovechar tácticamente mientras denuncian su doble juego y estar preparados para cuando se vuelvan en su contra. Deben organizarse defensivamente contra muchos de sus supuestos aliados.
    Con lo dicho, no lo estoy acusando de actitud contemplativa. Es posible que yo esté delirando un poco. Es posible que las condiciones concretas no den para tanto. Es posible que Libia se parta en un territorio paria con el tirano a la cabeza y una Libia democrática amiga de occidente, con la Otan oficiando de árbitro. Es posible que el Gobierno de transición finalmente convenza a todo el mundo de que todos los gérmenes de la insurrección popular han sido apagados o que los enemigos de EEUU neutralizados, dando pábulo a que las potencias invadan y les regalen la democracia. Muchas cosas son posibles. Pero lo que no creo posible es defender una ‘revolución democrática’ sin aconsejar que se arme para triunfar. Abogar por un derecho ajeno sin incitar a su uso.
    De todos modos, no es para rasgarse las vestiduras. Hay que seguir analizando el curso de los hechos y debatiendo.
    Gracias.

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    AP

    17/04/2011 at 21:49

  9. Compañero Fernando. Me parece válida su aclaración. Es exactamente lo que quiero decir en el escrito, aunque una mala formulación del párrafo da la impresión contraria. La conclusión a la que llegaron estos compañeros fue que la URSS y los estados del Glacis eran capitalismo de estado e imperialistas, concepción luego retomada por la izquierda comunista europea. También hay organizaciones dentro del autoproclamado trotskismo, que defienden esta posición, como el grupo inglés de Tony Cliff, una escisión de W. Power y el COFI de Estados Unidos dirigido por el recientemente fallecido Sy Landy.
    Gracias por la lectura atenta.

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    AP

    21/04/2011 at 22:23

  10. Muy acertada la respuesta. Del mismo modo, me parece que se pueden aplicar algunas categorías y caraterizaciones a Cuba y a su Estado, salvando -obviamente- sus especificidades y particularidades propias, además de su génesis completamente distinta y por lo tanto su complejidad. Esto, no hay dudas, requiere un estudio a fondo. Pero se pueden ir vislumbrando perspectivas. Digo esto, a propósito del reciente congreso del PC cubano y sus resoluciones. Rolando, ¿en estos días pudiste ver algo de esa reunión y tenés opinión formada al respecto? Saludos.

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    Armando

    22/04/2011 at 21:30

    • No conozco lo suficiente sobre Cuba como para opinar. Gente amiga, que conoce bastante bien la situación, me dice que la productividad del trabajo es muy baja. El fomento de la actividad privada puede ser una respuesta del gobierno cubano a este problema. A fines de los años 70 la dirección del PC chino adoptó esta vía para superar la baja productividad del campesino chino. Fue el puntapié inicial del proceso de restauración del capital. En Cuba, además del fomento de la iniciativa privada, deberíamos agregar el impulso procapitalista que inevitablemente deben generar los capitales extranjeros que operan en el sector turismo. Un tema que debería considerarse y analizarse es por qué en estos regímenes que se consideran socialistas, la productividad del trabajo es tan baja. Y por qué la salida a este problema por parte de los dirigentes consiste en introducir estímulos de tipo mercantil, o capitalista.

      los capitales extranjeros invertidos en Cuba seguramente generan presiones procapitalistas.

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      rolandoastarita

      23/04/2011 at 12:40

    • Aquí Rolando es donde me embreto siempre. Porque desde mi punto de vista, el desarrollo de las fuerzas productivas es esencial. No se trata de caer en un “economicismo” sino de entender que la productividad es el sustrato material de la construcción socialista (y además apuntar la importancia de un desarrollo económico intensivo y no extensivo a lo URSS).

      Pero no termino de entender o vislumbrar cuáles serían medidas que desarrollen la productividad sin estímulos capitalistas (no veo viable la posición del Che de los estímulos morales, o por lo menos no en términos históricos, pueden servir para una coyuntura crítica)

      Incluso en cierto punto este problema lo tuvo Lenin y la URSS, y su respuesta fue la política de la NEP, que también, a grandes rasgos, consistió en estímulos mercantiles para levantar la producción luego de la devastación de la guerra civil. De modo que no termino de vislumbrar una alternativa, espero haberme expresado bien.

      saludos y seguí adelante con el blog Rolo, que es sumamente gratificante poder tener un espacio de debate científico y marxista fraternal.

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      Juan

      06/05/2011 at 18:05

    • También estoy convencido de que el tema de la productividad es central. Aumento de la productividad significa más posibilidad de tiempo libre para el desarrollo humano, y más riqueza material. La cuestión está también en el centro de las medidas que acaba de adoptar el VI Congreso del PC cubano. Oficialmente se reconoce que hay desinterés por el trabajo, falta de disciplina, baja productividad, etc. Esto ha sido históricamente una forma de resistencia de la clase obrera a la burocracia en los regímenes de tipo stalinista. A lo que se suma que no hay inversión en medios de producción, También la productividad en el agro es bajísima. Ya en los años 90 se comenzaron a fomentar cooperativas en el agro, porque las empresas estatales eran altamente improductivas. Y en estos regímenes, cuando se llega a un impasse económico (como el que parece enfrentar ahora Cuba, en los 80 la URSS) se busca aumentar la productividad con estímulos de mercado y capitalistas. El problema, como bien planteas, es cómo lograr aumento de productividad en un regímen que busque avanzar al socialismo, bajo dirección de la clase trabajadora. Parecería claro que se necesita del involucramiento de los productores en la administración y gobierno de sus propios asuntos. El tema es cómo lograrlo. La cuestión abarca lo político. Por ejemplo, es esencial mantener la participación política después de pasada el pico del entusiasmo revolucionario. En la URSS, meses después del triunfo de la revolución, la participación de las masas en los soviets había bajado mucho. En parte se puede expicar por las penalidades y luego por la guerra, pero no es el único factor, posiblemente. El hecho es que a comienzos de los 20 en los soviets campesinos, por ejemplo, la participación de los campesinos pobres y medios era mínima. En las ciudades también se registraba una fuerte baja de la participación. En estas condiciones es fácil que empiece a entronizarse la burocracia. Si esto se extiende a los lugares de trabajo, afectará la participación y posiblidades de administración de los trabajadores. Por lo menos estas cuestiones hay que plantearlas, hacerlas conscientes, saber que es uno de los problemas más graves que puede enfrentar un proceso revolucionario.

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      rolandoastarita

      07/05/2011 at 13:26

  11. […] Astarita ha publicado una respuesta a la crítica que le realizamos a su artículo sobre la URSS. En ella, busca […]

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  12. Nuevamente , bien Rolo, comparto tu análisis

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    Miguel González

    08/08/2011 at 13:41

  13. No caben dudas de que la abolición de la burguesía como clase dominante y la propiedad privada sobre los medios de producción son condiciones necesarias en el proceso socialista; en particular, estos son objetivos fundamentales del periodo de transición que, bajo el régimen de dictadura del proletariado, procura desarrollar las condiciones materiales, políticas y sociales que requiere el socialismo. Pero la práctica del siglo XX nos demuestra que, por sí solas, estas condiciones no fueron (y por tanto se deduce: no son en general) suficientes en la construcción final de una sociedad y una democracia socialista propiamente definidas.

    El Estado soviético abolió la burguesía y erradicó la propiedad privada sobre los medios de producción; y en este sentido se puede afirmar que el proceso soviético fue de tipo socialista. Pero más allá del periodo donde se erradica a la burguesía y se establecen nuevas relaciones sociales, económicas y políticas, el Estado soviético se enfrenta al capitalismo mundial, y, se enfrasca en la estructuración de un sistema capaz de salvaguardar el proceso socialista iniciado en la URSS. Ciertamente el factor geopolítico debe ser considerado un parámetro fundamental en este análisis. Se dan condiciones históricas externas que en la práctica determinan una nueva fase (que aparece) intermedia entre el periodo de transición y (que resulta tangencial a) la construcción final del socialismo, la cual no había sido prevista anteriormente.

    Con la desaparición de la burguesía local, la lucha de clase particular a la sociedad soviética culmina relativamente. En este punto, por un lado, el régimen de dictadura del proletariado pierde, en lo particular, cierto sentido y/o vigencia histórica (y desde este punto de vista –teórico-deductivo- debería dar paso a la democracia socialista); no obstante, por otro se reafirma frente al capitalismo y la burguesía externa. Existen condiciones históricas concretas (externas) que hacen de la continuidad de un régimen dictatorial, en nombre de la clase obrera, algo oportuno.

    En consecuencia, la democracia socialista no se establece según avanza el periodo de transito en el proceso soviético. El Estado soviético se enfrasca así en la militarización de la sociedad en general y de su economía en particular. En la misma medida que se implementa un plan económico destinado a salvaguardar el proceso socialista soviético por medio del desarrollo de su industria y capacidad bélica, se induce un desarrollo desproporcional de la industria en general que socava programática y sistemáticamente la base técnico-material de la sociedad socialista así como el mejoramiento de clase del proletariado resultante. El proceso de acumulación soviética que permite el desarrollo de ese sistema depende de la explotación del trabajo excedente (según lo cuantifiquen los órganos de planificación del estado) y producido por la clase trabajadora resultante, a la cual aún somete en base a su condición de ser obrera (de producir trabajo excedente). Aquí el Estado soviético y su régimen dictatorial, aunque en nombre de la clase obrera, no están inmediatamente en función de ella. Las reivindicaciones sociales y los recursos que puedan contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de esa clase están contrapuestos al fortalecimiento del sistema soviético en franca confrontación con el mundo capitalista; de la dictadura del proletariado se pasa a otra forma de régimen dictatorial (casi militar y altamente policial) de la dirigencia soviética sobre la masa trabajadora. El Estado soviético ha dejado de ser un Estado al servicio del obrero soviético; salvaguardar el proceso socialista soviético implica sacrificar las reivindicaciones de clase inmediatas al proletariado soviético, y (aunque discutible), desviar un proceso que tenga como objetico fundamental la construcción de la sociedad y democracia socialista propiamente definida.

    Poco a poco la clase trabajadora deja de ver en ese proceso “socialista a la soviética” la vía a mejorar su condición de clase. La continuidad del estado soviético entra así en contradicción con la clase trabajadora y con toda posible construcción final del socialismo propiamente dicho. Se ha erigido esa superestructura dictatorial que se perpetúa en la medida que, en la ausencia de una crítica democrática, es capaz de destinar recursos a la hipertrofia de ese sistema que, al margen de toda reivindicaciones y mejoras sociales, persiste en la deformación económica, la industrialización desproporcional, y todo lo que termina por socavar sostenidamente la base técnico-material de la sociedad socialista a la cual se aspira. En consecuencia, aumenta la frustración y la apatía de la clase obrera en el proceso y la capa dirigente (cuya planificación a veces falla en asegurar la producción y distribución de artículos de necesidad básica, cuya demanda fomenta las bases de economías paralelas que redistribuyen, con arreglo a las leyes del mercado negro, el producto estatal hurtado).

    La solución a tales problemas parece en primera instancia requerir alternativas políticas. Aquí estarían dadas las condiciones materiales y humanas (objetivas y subjetivas) que advierten ya de la necesidad histórica de democratizar de hecho el proyecto socialista a todos los niveles (económico y político). Es como que el Estado soviético perdiese control sobre el advenimiento de la sociedad y la democracia socialistas. La democracia socialista comienza a brotar desde la base y como necesidad histórica, no por decreto; que anuncia ya el desfase histórico de ese régimen dictatorial que se le opone y frena a como dé lugar.

    De esa forma el Estado soviético se constituye, primero, en pionero y vanguardia de la clase obrera, luego, en su verdugo, y el obstáculo final al advenimiento del socialismo propiamente dicho en el siglo XX. En fin, la realidad histórica demuestra que la metodología soviética no conduce a la edificación del la sociedad socialista. ¿Existen otras alternativas o soluciones objetivas y viables que, dadas las condiciones encaradas por el proceso soviético, puedan reivindicar la clase obrera de hecho y no de palabras solamente? Eso es un problema teórico-práctico aún por resolver. Y en ese intento se debe también tener en cuenta que en otros procesos socialistas que no siguieron el modelo soviético, el socialismo apenas avanzo más allá de lo que se denomina socialismo de mercado, ni olvidar el consecuente viraje de los mismos.

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    Andres

    22/08/2011 at 14:19

    • Creo que coincido en general. Tal vez algunas cuestiones a señalar. Primero, que más que desarrollo desproporcional de la industria de conjunto, hubo un desarrollo desproporcionado del sector I (producción de medios de producción) por sobre el sector II (producción de medios de consumo). Este último se mantuvo muy atrasado. Lo cual contribuyó a la penuria de bienes de consumo (Ernest Mandel criticó esto hace muchos años). Por otra parte, la idea de que para salvaguardar el proceso soviético había que sacrificar las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera, llevaba en última instancia a socavar el propio proceso soviético. No hay manera de mantener la moral de la fuerza laboral apelando siempre al sacrificio “en aras de la construcción socialista”. Eso funciona algún tiempo, y tal vez en no todos los sectores. Máxime en la URSS, donde se acumulaban años de sufrimientos inenarrables; Primera Guerra, luego la Guerra civil, luego la colectivización forzosa, luego las grandes purgas, después la Segunda Guerra (50 millones de muertos). Por otra parte, no se trataba solo de la clase obrera, también estaba el campesinado. Por último, tal vez la diferencia más grande que tenga con tu comentario es que desaparece el rol de la burocracia. Esta capa social tiene un rol activo, defiende sus posiciones, y responde a una lógica propia. aquí también hay una fuente de conflictos y tensiones.

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      rolandoastarita

      24/08/2011 at 15:48

    • Ciertamente el papel de la burocracia está ausente en el comentario, pues borré ese contenido para no extenderme más de la cuartilla que tengo impuesta como cuota máxima en mis comentarios (ese comentario es de aproximadamente 1 1/3 páginas). Pero definitivamente se entiende que el proceso que reproduce de manera ampliada ese sistema que termina siendo tangencial al proceso soviético original, depende de, y reproduce también, esa burocracia que instrumente y cuantifique la explotación planificada de la clase trabajadora en general (obreros y campesinos) referida. De cómo esa burocracia se transforma en la nueva burguesía de esas repúblicas a partir de sus virajes a una economía de mercado también hablaba, y, lo cual borré –nuevamente- para evitar abusar del espacio que vuestro blog nos permite generosamente.

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      Andres

      24/08/2011 at 17:14

    • “En fin, la realidad histórica demuestra que la metodología soviética no conduce a la edificación del la sociedad socialista. ¿Existen otras alternativas o soluciones objetivas y viables que, dadas las condiciones encaradas por el proceso soviético, puedan reivindicar la clase obrera de hecho y no de palabras solamente?”

      Yo creo que es vital darle importancia a las críticas que hubo del bolchevismo, tanto contemporáneas como posteriores. Me refiero a las que hizo Rosa Luxemburgo, pero también las de la izquierda comunista germano-holandesa y el posterior comunismo de consejos. Son críticas al bolchevismo dentro del marxismo, y si bien hoy son insuficientes para una estrategia actual de revolución proletaria, sí profundizaron en la relación entre la autonomía proletaria y las formas políticas en el movimiento obrero.

      En el texto Rolo tiene un apartado dedicado a la relación entre las formas políticas y los contenidos sociales aplicado al régimen de la URSS. Pues bien, el comunismo de consejos llevó a la teoría marxista el hecho observado durante las revoluciones de principios del siglo XX: las formas políticas que el movimiento obrero se había dado para su fase reformista (sindicatos, partidos políticos) se volvían un freno y un factor reaccionario para la nueva actividad revolucionaria. La forma política adecuada a la nueva actividad revolucionaria (cuyo contenido era la autonomía proletaria) eran los consejos obreros, los comités de fábrica, los soviets: los organismos creados en las mismas jornadas revolucionarias.

      De manera que creo que una estrategia revolucionaria actual tiene que contemplar esta conciencia entre contenido de la actividad proletaria y su forma política/organizativa, conciencia que no predomina en la izquierda que parece pensar que los sindicatos y partidos pueden albergar cualquier contenido.

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      Danilo Castelli

      09/09/2015 at 03:51

  14. Compañero Rolo. Parece ser que el compañero E. Mercatante ha respondido a su respuesta sobre la cuestión de los Estados Obreros. No he realizado una lectura profunda, pero, prima facie veo mucha reiteración de argumentos sobre el problema de la categoría y un poco más de pólvora (en sentido metafórico, por supuesto) sobre la cuestión del programa. Además introduce le problema de Cuba. Introduce también el problema del balance de los acontecimientos 89-90-91 explicando que desde lo de Polonia, la izquierda trotskista estaba desarmada por su concepción ‘etapista’. Daría a entender que la organización a la que pertenece el compañero entró en las generales de la ley. Como recordamos los que no tenemos amnesia, el PTS, alabó como un ‘ gran triunfo revolucionario’ la caída de Alemania del este (Un estado obrero¡) para luego inventar la categoría de las ‘revoluciones rápidamente canceladas’. Sería muy interesante exhumar los materiales de archivo de la época.
    Un saludo.

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    AP

    17/09/2011 at 00:46

  15. “Recuerdo que a fines de los 80 se decía en el movimiento que “llegó la hora del trotskismo”; en realidad había sonado la hora de una profunda crisis teórica y política. Hay que explicar las raíces de fondo de la misma.” Jaja, astarita, estoy recién leyendo alguna cosa de tu blog, que me resulta muuuuy interesante (y honesto) pero tu comentario no dejó de recordarme que en el ´89, miembro de la célula docente del mas en córdoba, me pasé medio año pidiendo discusión internacional sin conseguirlo. En aquél momento, dije a mis cumpas: “cuando mis nietos se enteren de esto, me van a preguntar: abuelo, y vos no te dabas cuenta de que eso no podía ser un partido revolucionario?” estoy a un par de años de que me lo pregunten…

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    oscar lorca

    19/07/2013 at 16:15

    • Bueno, a mí de hecho “me expulsaron” del movimiento trotskista cuando dije, en 1990, que en el Este volvía el capitalismo, y que había que acabar con el cuento de las fuerzas productivas estancadas desde 1914. Lo menos que me dijeron fue “revisionista”.

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      rolandoastarita

      19/07/2013 at 17:06

  16. Hola Rolando
    Tenés idea de cual es el texto de Lenin donde considera la creación de cooperativas campesinas a lo largo de varias décadas?

    Gracias

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    Andres

    10/06/2015 at 09:13


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