Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Crisis, gasto público y déficit

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Esta nota integra una serie de entradas en las que respondo a las críticas que me formuló el economista Fabián Amico en el grupo Economistas de Izquierda. En “Emisión monetaria 1” y “2” expliqué las diferencias entre la teoría cuantitativa del dinero y la teoría de Marx, y por qué los déficit fiscales no pueden cubrirse mediante emisión monetaria, sin desvalorización de la moneda. En “Salidas de la crisis…” respondí la afirmación de Amico de que el capitalismo podía salir de las recesiones aumentando los salarios. En “Marx, Kalecki…” argumenté por qué la teoría de Marx se ajusta mucho mejor a lo que sucede en el capitalismo contemporáneo, que la teoría del ciclo de Kalecki, defendida por mi crítico. En “Tasa de interés…” expliqué por qué, contra lo que afirma Amico, la tasa de interés en Marx no puede considerarse una variable exógena a las fuerzas económicas. En esta nota explico por qué el gasto público no es la clave para salir de las recesiones, por qué el déficit fiscal no puede aumentar indefinidamente, y qué implica, desde el punto de vista social e histórico, el endeudamiento estatal.

A fin de que se comprenda lo que sigue, repaso brevemente el argumento de Amico. Es importante este razonamiento, porque desnuda un reformismo que, si bien primitivo y tosco, constituye la materia prima de muchas ilusiones y planes “salvadores” del capitalismo. Centralmente Amico afirma: a) que las crisis capitalistas no son inevitables; b) que si el sistema sufre una recesión o depresión, se debe a la decisión de los capitalistas; c) que en caso de que esto ocurra el Estado podría salir de la recesión o depresión mediante el gasto público; d) que si no lo hace es porque no quiere; f) que el déficit se puede financiar con emisión monetaria, sin que ello desvalorice la moneda; h) o que puede financiarse con deuda, sin que por ello se afectada la tasa de interés, (ni al parecer ninguna otra variable), porque la tasa de interés solo aumenta cuando sube el déficit de cuenta corriente. Por esta razón Amico me critica cuando afirmo que el déficit estatal debe financiarse con impuestos o con emisión monetaria; y por eso mismo sostiene que si los gobiernos se lo propusieran, no habría obstáculos para salir de las recesiones.

“…en USA (el caso contemplado por Galbraith) … donde la política fiscal fue mucho más laxa y el déficit fiscal es enorme, las tasas son muy bajas. No hacen más política fiscal por motivos políticos, no porque no puedan. En suma, la evidencia de RA (Rolando Astarita) no demuestra ‘que las contradicciones de la economía, que están en la base de la crisis, no se solucionan ni con mayor gasto fiscal, ni aplicando el ajuste generalizado’. Lo que la evidencia demuestra es que no hacen más política fiscal porque temen la expansión económica, la reducción del desempleo y el retorno de los trabajadores a la escena, con sus demandas y pujas distributivas. Dice RA: ‘A corto plazo el déficit fiscal crea demanda, pero a medio y largo plazo ese déficit tiene que ser cubierto con ingresos fiscales (impuestos) que, caigan sobre las ganancias o los salarios, a su vez reducirán la demanda. Tras decenios de aplicar la fórmula keynesiana y aumentar la deuda pública, los gobiernos se encuentran ahora con que «inventar» demanda mediante el aumento del déficit crea inestabilidades macroeconómicas importantes y exige «apretarse el cinturón». Pero esto, ¡mala suerte!, reduce la demanda’. Esto que sostiene RA es absolutamente erróneo. La tesis de que “a corto plazo el déficit fiscal crea demanda, pero a largo plazo tiene que ser cubierto con ingresos fiscales (impuestos) que reducirán la demanda” es la tesis conocida como “equivalencia ricardiana” y fue formulada por Robert Barro en 1974. La argumentación es la siguiente: el gobierno puede financiar su gasto mediante los impuestos cobrados a los contribuyentes actuales o mediante la emisión de deuda pública. No obstante, si elige endeudarse tendrá que pagar la deuda subiendo los impuestos por encima de lo que estos se ubicarían en el futuro. La elección, por ende, es entre pagar impuestos hoy o pagar impuestos mañana”.

 Enterrar y desenterrar botellas

La primera cuestión que debemos precisar es cuál es la naturaleza de la demanda generada por el gasto estatal, ya que de aquí parten la mayoría de las confusiones y errores de mi crítico. La tesis de que el capitalismo puede salir de sus crisis estimulando el gasto fiscal tiene como principal referente a Keynes (aunque veremos en seguida que la tesis tiene una larga tradición). Una de sus ideas fundamentales dice que las dificultades del capitalismo se originan en deficiencias de la demanda, ya que la propensión al consumo baja a medida que aumenta el ingreso; y la inversión también descendería en tanto baja la eficiencia marginal del capital (el rendimiento esperado por los capitalistas de sus inversiones). Por lo tanto Keynes sostenía que era necesario estimular la demanda por todos los medios, y que a este efecto cualquier tipo de gasto estatal podía ser útil; incluso si se pagara a trabajadores para enterrar y desenterrar botellas, este gasto ayudaría a reactivar la demanda durante una depresión. La propuesta se combinaba con el efecto del multiplicador. Una inyección inicial de gasto no solo estimulaba la demanda, sino además generaba un efecto en cadena, o multiplicador, porque al vender su producción las empresas pagaban salarios a los trabajadores y dividendos a los accionistas, y a su vez estos receptores de ingresos compraban medios de consumo (según su propensión a consumir), dando lugar entonces a nuevas rondas de producción, demanda y gastos. A mayor propensión al consumo, mayor el multiplicador, y mayores los efectos del shock inicial de gasto. Todo esto constituye material estándard de los cursos habituales de macroeconomía.

Pues bien, analicemos ahora la tesis desde el punto de vista de la teoría de Marx. El primer y principal problema que hay que preguntarse es de dónde sale el flujo de dinero (esto es, de valor) que inyecta el Estado para pagar a los trabajadores que van a realizar el trabajo de enterrar y desenterrar botellas. Observemos que el trabajo de enterrar y desenterrar bolellas es, desde el punto de vista de la teoría del valor trabajo, claramente improductivo, ya que estos trabajadores no producen mercancías, y por lo tanto no generan valor ni plusvalía (para una aproximación a qué es trabajo productivo e improductivo en Marx, véase “Publicidad…”). En definitiva, pagarles para que realicen este trabajo equivale a darles dinero para que compren los bienes que necesitan. Algo similar puede decirse si se trata de obras públicas habituales. Aun en el caso de que puedan ser útiles y necesarias (y mejoren las condiciones de reproducción del capital), en sí mismas no generan valor, y los trabajadores que las realizan son improductivos. Consumen improductivamente plusvalía. De manera que todos estos gastos del Estado deberán pagarse con valor generado en el trabajo productivo. Esto es, los trabajadores empleados por el capital, que producen mercancías, generan valor y por lo tanto plusvalía, y una parte de esta plusvalía va al Estado, bajo la forma del impuestos. Cuando el Estado paga el consumo improductivo, solo está consumiendo plusvalía, no la está generando.

En este punto puede ser conveniente recordar que ya hace muchos años Marx había criticado la idea de que el consumo de trabajadores improductivos pudiera ser una solución a los problemas de la falta de demanda. Al respecto, citaba a los escritores que decían que el consumo improductivo era un acicate necesario de la producción. Esos escritores, sostenía Marx, creían que el consumo improductivo estimulaba la demanda, y la producción, y por ende pensaban que los trabajadores que se empleaban en ese consumo eran tan productivos como los que generaban valores de uso y valor. Marx señalaba que esta tesis constituía una apologética “desde el punto de vista burgués” de los trabajadores improductivos y “de los gobiernos fuertes”, que tienen gastos intensos y aumentan las deudas del Estado (Marx, 1975, t.1, pp. 237-8). De hecho, continuaba Marx, lo que el capitalista entrega al Estado bajo la forma de impuestos (ingresos que van a los acreedores del Estado, a la Iglesia y a otros sectores que solo consumen renta), constituye una disminución de la riqueza, en tanto disminuye la plusvalía disponible para la acumulación. Esta situación no varía cuando los ingresos del Estado se consumen en trabajadores que hacen tareas burocráticas (aunque sean necesarias para el aparato de dominación del capital), o cuando realizan obras que pueden ser necesarias para la reproducción de las condiciones más generales de la acumulación del capital. En tanto no se produzcan mercancías, no hay generación de valor, y estos gastos deben pagarse entonces con trabajo productivo. La falta de distinción entre trabajo productivo e improductivo (en última instancia, la ausencia de una teoría del valor), lleva a no entender estas cuestiones elementales. Esta es la razón de fondo de por qué no es posible salir de las crisis, ni sostener la demanda de forma permanente, mediante el gasto fiscal. El argumento está anclado en la teoría del valor trabajo. El argumento reformista, en cambio, no tiene anclaje en teoría del valor alguna, y de allí sus fantasías en torno a las propiedades mágicas del gasto fiscal.

Interludio 1: keynesianos y trabajo improductivo

Dada la importancia de la distinción entre trabajo productivo e improductivo para el análisis del carácter del gasto fiscal, vale detenerse un momento para analizar cómo plantea la cuestión uno de los keynesianos más importantes, Alvin Hansen, en su libro clásico Política fiscal y ciclo económico. En este trabajo Hansen vuelve a la distinción de Adam Smith entre trabajo productivo e improductivo, pero sostiene que según Adam Smith el único trabajo productivo es el que genera bienes materiales. Por eso Hansen dice que esto manifiestamente es un error, ya que el trabajo de un médico, de un artista, etc., también puede ser productivo. Pero, ¿por qué es productivo? La respuesta de Hansen, es que es productivo porque es útil y/o porque aumenta la eficacia productiva. En consecuencia todo trabajo que es útil es productivo; y por lo tanto, siempre según Hansen, serían productivas todas las inversiones públicas en parques, carreteras u hospitales (Hansen, 1945, p. 168). Pero de esta manera también se puede considerar productivo -ya que es “útil”- todo otro gasto del Estado, como por ejemplo entregar subsidios a la gente, ya que generan utilidad para quienes los reciben. Sin embargo el propio Hansen reconoce que no se puede considerar productivo este gasto. Tampoco considera productivos los gastos de guerra, ya que “de ninguna forma aumentan la capacidad productiva de la comunidad” (p. 163). Aunque alguien podría decir que también genera utilidad para mucha gente. En definitiva, estamos metidos en un buen lío teórico. ¿Para qué sirve entonces la distinción entre trabajo productivo e improductivo?

Para despejar el problema, es conveniente en primer lugar aclarar el concepto de trabajo productivo e improductivo en Smith. Como destacó Marx, Smith mantuvo dos conceptos de trabajo productivo. Por un lado, definió como trabajo productivo al trabajo que produce bienes materiales, de manera que el trabajo de un músico o de un médico no sería productivo. La segunda noción de trabajo productivo de Smith dice que es productivo aquel trabajo que genera más valor del que cuesta, esto es, identifica al trabajo productivo con el trabajo que genera plusvalor. Esta segunda definición es la que reivindica Marx, ya que pone el acento en la relación social bajo la cual se ejecuta el trabajo. Así, un médico que trabaja para una empresa capitalista genera una mercancía (salud) que contiene plusvalía, y su trabajo por lo tanto es productivo. El hecho de que se genere plusvalía no depende de que produzca un bien material “palpable” o “transportable”. Por esto mismo, un trabajador que está empleado por una empresa que produce carreteras, y vende estas carreteras como mercancías (por ejemplo, por el sistema de peajes), es productivo. Pero este trabajador, en cambio, si es empleado por el Estado para hacer la carretera que se dispone como un bien libre, no es productivo, ya que no genera plusvalía (en términos de Hansen, “no genera un ingreso monetario por sí mismo”, véase más abajo). Esto no niega que la carretera pueda aumentar la eficacia de la economía de conjunto; o que no sea útil para la sociedad. Pero desde el punto de vista del valor, su construcción debe ser financiada con plusvalía generada en los sectores productivos, esto es, en aquellos sectores en los que se producen mercancías. Hansen reconoce en parte esto cuando afirma que hay un tipo de deuda, que él llama “deuda lastre”, que se origina en gastos de guerra, y similares, que no dan ingresos monetarios ni generan una futura fuente de utilidades. Y también admite que otro tipo de gastos, que generan lo que él llama “deuda pública pasiva”, aunque proporcionan utilidad y disfrute a la comunidad, (por ejemplo, construcción de paseos y parques, edificios públicos). Estos gastos “no producen por sí mismos ningún ingreso monetario ni aumentan la eficacia y productividad del trabajo y el capital” (p. 163). Desde el punto de vista de la teoría de Marx, todos estos gastos no son productivos porque “no generan por sí mismos ningún ingreso monetario”. Aunque, subrayamos, algunos de ellos pueden aumentar la eficacia y productividad del trabajo y del capital (por ejemplo, mejores caminos abaratan los costos del transporte de la fuerza de trabajo y de las mercancías, etc.). Para terminar este punto, destaco que en los manuales habituales de economía de la corriente principal, neoclásica, estas viejas distinciones de Hansen, se han perdido casi por completo.

¿Puede estimular la economía?

Hemos explicado por qué el gasto improductivo no puede generar valor, y solo es pagado con trabajo productivo. En la medida en que este último no se recupere, o aumente, no hay manera de sostener indefinidamente la demanda a costa de inyecciones de gasto improductivo realizadas por el Estado. Sin embargo, es lícito preguntarse si un estímulo de gasto fiscal puede poner en marcha una acumulación capitalista que está estancada o en depresión. Para discutir el problema, pensemos en una pequeña economía en la cual el producto bruto de $100, que se compone de $10 que constituyen la amortización del capital; $45 el capital variable, y $45 la plusvalía. Supongamos que por alguna razón algunos capitalistas, luego de realizada la producción, gastan solo $40, y atesoran $5, de manera que la demanda baja de $100 a $95. Naturalmente, quedan $5 en forma de mercancías sin vender, porque algunos capitalistas han dejado de ejercer el total de su poder de compra (= 50). Supongamos entonces que el Estado inyecta $5 en la economía (por ejemplo, entregando subsidios a consumidores mediante baja de impuestos) y con esta inyección las empresas logran vender las existencias. ¿Se estimula con esto la producción? La respuesta es que depende de qué hacen los capitalistas en la siguiente ronda con los $45 de su plusvalía. Una posibilidad es que si por alguna razón (por ejemplo, porque no ven buenas condiciones de rentabilidad) deciden continuar atesorando, la acumulación no retoma al nivel anterior. Los capitalistas contratan menos obreros, bajando entonces la producción, el ingreso y las ganancias. El estímulo del Estado no reactivó la economía, simplemente permitió bajar las existencias sin vender. En la segunda ronda, además, hay menos plusvalía (porque hay menos trabajo productivo) para poder financiar nuevas inyecciones de gasto.

Es de destacar que este caso fue contemplado hace años por Alvin Hansen, al analizar en qué medida las inyecciones de gasto podían poner en marcha un proceso multiplicador en la economía. Hansen contempló la posibilidad de que las empresas no utilicen los ingresos provenientes de los estímulos fiscales para nuevos gastos. Por ejemplo, el dinero del Estado que reciben los contratistas de obras públicas puede ser utilizado en parte para pagar deudas a los bancos, para liquidar otras deudas, y en parte puede mantenerse como fondos inactivos. De la misma manera el dinero entregado en forma de subsidios a los consumidores puede ser utilizado por los capitalistas que venden las mercancías también para pagar deudas, o hacerse de liquidez. En cualquiera de los casos, el principio del multiplicador no funcionaría (véase Hansen, 1945, p. 104). Por esta razón el multiplicador no posee el automatismo con que se presenta en los manuales, ya que el centro de las cuestiones pasa por la decisión de gasto del capitalista. La experiencia confirma esta vieja prevención de Hansen. Por ejemplo, el gobierno de Japón inyectó enormes masas de gasto fiscal en la economía para tratar de sacarla del semiestancamiento en la década de 1990 y hasta el presente, sin éxito, precisamente porque las empresas no ponían en marcha el ciclo de la acumulación en escala ampliada. Algo similar puede decirse del estímulo fiscal que dispuso el gobierno de EEUU en febrero de 2008 para frenar la recesión; el efecto duró muy poco, ya que por todos lados prevalecía un fuerte impulso a hacerse de liquidez. Estas experiencias no niegan que las inyecciones fiscales puedan, en determinada fase de la depresión, contribuir al recuperación de la economía. Pero esto sucederá si coincide con el reinicio del gasto por parte de los capitalistas. Por este motivo es absurdo decir que el capitalismo puede mantener el empleo a base de gasto público, o evitar indefinidamente las crisis (esto es, las desvalorizaciones masivas de capital) en base al gasto. Más bien lo que consigue muchas veces es prolongar la vida de las fracciones más improductivas del capital, que de todas maneras serán liquidadas por la competencia y la crisis. Es lo que ha sucedido en Japón, por ejemplo, con las llamadas empresas “zombies”.

Interludio 2: Homenaje a Paul Mattick

Un lector que acostumbra enviar comentarios al blog (firma AP) hace poco me llamó la atención sobre el trabajo de Paul Mattick, un autor al que había leído hace años e influyó en mi formación. Aquí quiero reivindicar su vieja crítica a las políticas keynesianas, que están planteadas en la misma línea de la argumentación anterior, esto es, a partir de la teoría del valor trabajo de Marx. Transcribo algunos pasajes de su libro Marx y Keynes. Dice Mattick, refiriéndose a los gastos gubernamentales con los que el keynesianismo pretende eliminar las depresiones capitalistas:

“La nueva inversión inducida por el gobieno no cae del cielo, sino que representa valores-mercancías en forma de dinero que se cambian por otras mercancías. Si un gobierno gasta mil millones de dólares, esta suma ha sido o bien recaudada de los impuestos, o tomada en préstamo en el mercado de capitales. En cualquiera de estos dos casos, esta suma representa el equivalente de valores-mercancías producidos anteriormente, En el supuesto poco realista de que estos mil millones fueran gastados en el consumo, estos bienes ya deben existir o deben ser producidos para hace posible la transacción. (…) No hay multiplicación del ingreso mediante el gasto inicial por sí mismo, aunque puede haber producción de nuevo ingreso; y es solamente en tanto que el gasto original lleva a un aumento en la producción que aquél puede aumentar el ingreso” (Mattick, 1985, pp. 159-60).

(…) “Puesto que no depende de la rentabilidad, la producción inducida por el gobierno puede aumentar la producción social total; pero no puede aumentar el capital total. Parece posible, sin embargo, que el simple aumento o mantenimiento de un nivel dado de producción independientemente de la rentabilidad pueda detener un descenso de la actividad económica, y pueda incluso actuar como instrumento para invertir la tendencia. Aunque el financiamiento por déficit de la producción no lucrativa aumenta solamente la actividad económica del capital total, afecta la rentabilidad de aquellos capitales individuales que comparten la producción inducida por el gobierno, y permite la acumulación de títulos portadores de interés respaldados por el gobierno. Esto puede crear un clima económico favorable para que se reanude la inversión de capitales privados. (…) Así como el gasto deficitario reduce el desempleo y aumenta la producción, puede, en condiciones especiales, inducir una aceleración de las inversiones privadas. En este caso el ingreso total aumentaría más de lo que produjo el gasto deficitario, pero esta “multiplicación” se debería directamente a las inversiones rentables adicionales, y no al gasto inicial” (p. 160).

(…) Cualquiera sea la tasa de ganancia, cuanto mayor sea la parte del capital social total ocupado en la producción no lucrativa, menor será la tasa de ganancia total del capital total. Aunque sus ganancias no serían mayores de no existir el gasto gubernamental no lucrativo, no pueden ser aumentadas mediante tal gasto” (p. 160).

(…) El cambio en el volumen de empleo causado por la producción que induce el gobierno disminuye la rentabilidad del capital total en relación a la magnitud de la producción social total. Esta rentabilidad decreciente es la que aparece en la deuda pública creciente, y esta última es la que indica la declinación en la formación de capital privado, a pesar y a causa del aumento en la producción. En la teoría burguesa, el producto nacional bruto, o demanda agregada, es igual a la suma de consumo, inversiones y gasto del gobierno. Sin embargo, el gasto deficitario del gobierno no forma parte de la demanda agregada real, sino una política deliberada de producir más allá de ella” (ídem).

(…) “Cuando son tomados para propósitos gubernamentales, los impuestos tomados del capital regresan a los capitalistas en la forma de contratos del gobierno. La producción resultante de estos contratos es pagada por los capitalistas mediante impuestos. Al recobrar su dinero gracias a los contratos del gobierno, los capitalistas proveen al gobierno de una cantidad equivalente de productos. Esta cantidad de productos es la que el gobierno “expropia” al capital. (…) Este tipo de producción no solamente no es lucrativo, sino que resulta posible solo mediante aquella parte de la producción social total que es todavía lo suficientemente lucrativa para producir impuestos bastante altos para extender la producción del gobierno mediante impuestos” (p. 162).

(..) “Debe haber un límite a la expansión de la parte no lucrativa de la economía. Cuando se alcance ese límite, el financiamiento por déficit y la producción inducida por el gobierno como políticas para contrarrestar las consecuencias sociales de una tasa decreciente de acumulación, debe terminar. La solución keynesiana se revelará entonces como una seudosolución, capaz de posponer, pero no impedir el curso contradictorio de la acumulación del capital, tal como lo predijo Marx” (p. 164).

¿También asimilará mi crítico esta posición de Mattick a la “derecha conservadora” y a los “defensores de la equivalencia ricardiana”? Hasta ahora no leí jamás que alguien dijera semejante cosa sobre la obra de Mattick, pero…

Gasto, déficit fiscal y equivalencia ricardiana

En el mundo de las soluciones mágicas que imaginan algunos, se considera que el Estado podría estimular sin límites el gasto, sin importar el déficit fiscal. En este mundo mágico, se piensa que ésta es la quintaesencia del “activismo keynesiano”. Comencemos aclarando entonces que ni Keynes, ni los keynesianos más serios, han afirmado semejante disparate. Solo gente que no ha entendido el ABC del razonamiento de Keynes, puede afirmar que el gasto público pueda financiarse con déficit infinitos. Lo que planteaba Keynes es que una inyección de gasto podía reanimar la economía, de manera que aumentara el ingreso, y este aumento del ingreso permitiría entonces generar el ahorro para financiar el aumento del gasto fiscal. Aquí el aumento del gasto público ejerce su efecto a través de la reanimación de la inversión. Es en este sentido que Keynes, y los keynesianos, afirmaron que no había que preocuparse por un aumento del déficit. Jamás sostuvieron que el sistema capitalista pudiera sostener la demanda a fuerza del crecimiento sin límites del déficit. El déficit siempre hay que pagarlo con valor generado en el trabajo productivo, sea en el presente, o en el futuro. No hay forma de eludir esta exigencia.

Pues bien, esta cuestión parece exasperar a Amico, quien me critica porque sostengo que a mediano y largo plazo el déficit debe ser cubierto por impuestos. Extrañamente, Amico asimila mi afirmación a la “equivalencia ricardiana”. Pero el hecho de que el déficit debe cubrirse con impuestos, o con emisión monetaria, es una verdad de perogrullo, conocida mucho antes de que alguien hablara de la “equivalencia ricardiana”. No solo la derecha o el “centro” lo dice, sino también está en la tradición de muchos pensadores de la izquierda. Marx, por caso, afirmaba que el presupuesto estatal se cubría con la parte de la plusvalía que se canalizaba a través de los impuestos. No conozco a nadie que por esto haya acusado a Marx de tener ideas de derecha. James O’Connor, en su clásico libro sobre el Estado y la crisis fiscal, afirmaba en los 70 que los gastos estatales cuando no son financiados con inflación, se financian con las tasas impositivas, y que esto explicaba el porqué estas últimas se elevaron de forma constante a partir de la última década del siglo XIX, a medida que aumentaron las erogaciones estatales. El libro de O’Connor fue publicado en 1973, fue leído por cientos o miles de economistas de izquierda y marxistas -fue pionero en los estudios marxistas sobre el tema- y a nadie hasta ahora se le ocurrió decir que esta afirmación fuera de “derecha” (menos aún que tuviera algo que ver con la “equivalencia ricardiana”). Y lo mismo sostiene, por supuesto, Mattick; por ejemplo: “… la posibilidad de pagar la deuda del gobierno depende de las futuras ganancias del capital privado. Si estas ganancias no se materializan realmente, la deuda no puede ser pagada y el ingreso nacional de hoy se convierte en pérdida de mañana” (Mattick, 1985, p. 163).

Vayamos ahora a la “equivalencia ricardiana”. La tesis de la equivalencia ricardiana fue puesta en circulación por Barro (1974), a partir de una vieja sugerencia de Ricardo. En lo esencial ataca la idea de que el aumento del gasto mediante endeudamiento estatal pueda provocar un cambio en la demanda, y en las tasas de interés, que es la visión estándard de la macroeconomía. Es que según este enfoque convencional, al aumentar el gasto público aumenta la tasa de interés y se produce un desplazamiento de la inversión privada, que compensa, por lo menos parcialmente, el aumento del ingreso provocado por la inyección del gasto. La equivalencia ricardiana, en cambio, sostiene que si el Estado aumenta el gasto, los agentes económicos, que tienen expectativas racionales, esperan que en el futuro el Estado aumente los impuestos, y por lo tanto elevan su ahorro, de manera que el aumento del gasto y del déficit no tienen incidencia sobre la demanda agregada, ni sobre las tasas de interés. En cierto modo, es el complemento lógico de las hipótesis neoclásicas sobre el ciclo de vida (de Modigliani), o el ingreso permanente (de Friedman). Según estas hipótesis, los agentes económicos procuran mantener un nivel de consumo estable a lo largo de la vida, a pesar de las variaciones en el nivel de renta que puedan experimentar, o prevén que puedan ocurrir. La equivalencia ricardiana dice entonces que cuando el gobierno baja los impuestos y emite bonos para financiar el déficit, el individuo piensa que en el futuro va a tener que pagar más impuestos, y como no desea modificar su consumo planeado de por vida, decide comprar los bonos gubernamentales con el dinero extra que le ingresa por la baja de impuestos, de manera que va a disponer del dinero para hacer frente a los futuros impuestos más altos. En otras palabras, los individuos ahorran más cuando los impuestos son bajos, y ahorran menos cuando son altos. ¿Qué tiene que ver esto entonces con lo que dice Amico? Respuesta: nada. La equivalencia ricardiana se empeña en decir exactamente lo opuesto de lo que Amico le atribuye. Según Amico, la equivalencia ricardiana dice que el déficit fiscal a corto plazo crea demanda, La realidad es que la equivalencia ricardiana procura demostrar que el déficit fiscal a corto plazo no crea demanda. ¿Por qué dice Amico algo que es tan manifiestamente falso? ¿Es ignorancia, o simple mala fe polémica? Agreguemos también que el principio de la equivalencia ricardiana ha sido invocado por muchos economistas de los gobiernos republicanos (Reagan, Bush padre e hijo) para defender el aumento sin límite del déficit público, con el argumento de que el mismo no afecta a las tasas de interés. La idea es que si al aumentar el déficit público aumenta el ahorro privado, la oferta de ahorros privados compensa exactamente la caída del ahorro público, de manera que no existe ningún efecto sobre la tasa de interés. Por otra parte, existen muchísimos trabajos neoclásicos que demuestran que la equivalencia ricardiana no se verifica empíricamente (para mencionar solo uno, relativamente reciente, véase Gale y Orszag, 2004).

Deuda pública, capital financiero y progresismo criollo

Carente de raíces teóricas medianamente sólidas, buena parte del pensamiento “popular-izquierdista” anda a los saltos entre interpretaciones opuestas acerca de las deudas y los déficit públicos. Por lo general, el discurso predominante tiende a decir que el capitalismo vive a costa del endeudamiento creciente, y que ésta sería la causa del estallido o colapso final. Esto es, la contradicción central del sistema muchas veces parece ubicarse a nivel de “deudores / acreedores”. Este discurso es muy conveniente cuanto se trata de atacar, por ejemplo, a los gobiernos conservadores de EEUU, al estilo Reagan o Bush. Frente a estas ideas, he tratado de demostrar (por ejemplo en crítica a la tesis de la financiarización) que el sistema capitalista no colapsa por el peso de sus deudas, y que sus contradicciones centrales no pasan por ese lado. Pero ahora me encuentro con el extremo opuesto, ya que cuando se trata de defender la idea de que es posible salir de las crisis mediante la simple inyección de gasto estatal, un sector “popular-izquierdista” termina diciendo que no importa el nivel de deuda ni de déficit estatal.

El tema es que además de la cuestión “técnica” -la deuda hay que pagarla con impuestos o inflación, o en todo caso se va al default- existe otro aspecto, que atañe a lo histórico, lo social y político, que es necesario poner de relieve. Se refiere al peso creciente que toman los capitalistas dinerarios en el manejo del Estado, a través de la deuda. Es que así como una parte de los “popular-izquierdistas” sostienen que el capitalista financiero es “el” enemigo, los que afirman (como Amico) que con deudas y déficit se pueden arreglar todos los problemas, han borrado completamente el significado histórico y social del asunto. Las preguntas a formular son ¿quiénes son los que prestan a los gobiernos? ¿Quiénes son esos tenedores de títulos, que los hace acreedores a recibir plusvalías por años? ¿Se trata de trabajadores, acaso? ¿O son capitalistas dinerarios? ¿Cómo es posible pasar por alto estas cuestiones, y afirmar que la deuda pública puede crecer indefinidamente, sin ninguna consecuencia en particular? ¿Qué clase de pensamiento “popular-izquierdista” es éste que ni siquiera se asoma al asunto?

En este punto, frente a tamaño ocultamiento y mistificación, rescato las viejas ideas de Marx, cuando explicaba cómo la “aristocracia de las finanzas”, o sea, los grandes empresarios de los empréstitos y los especuladores en papeles de deuda estatal, se enriquecen con estos negociados. “Todo el comercio pecuniario moderno, toda la industria de la banca, está íntimamente relacionada con el crédito público. Parte de su capital debe ser invertido en valores gubernamentales que pagan intereses y son rápidamente convertibles. (…) Todo el mercado monetario, junto con los sacerdotes de ese mercado, forma parte de esta ‘aristocracia de las finanzas’ y en cada época la estabilidad del gobierno es para ellos sinónimo de Moisés y los profetas” (Marx, Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, citado por O’Connor, 1974, p. 259). En El Capital (cap. 21 t. 1) Marx también afirma que la deuda pública fue una de las palancas más poderosas de la acumulación originaria, y O’Connor agrega que la deuda también desempeñó un papel importante en la acumulación de capital a principios del siglo XIX, “cuando los intereses de la deuda proporcionaban una fuente estable de ingresos para la clase capitalista, dejando así en libertad a otros fondos para ser destinados a empresas más riesgosas y especulativas” (O’Connor, 1974, p. 273, nota 34). Más en general, O’Connor señala que “el crecimiento de la deuda estatal le otorga más poder a la tesorería en la planificación monetaria y fiscal” y que “la institución de la deuda normalmente incrementa la dominación del capital sobre el Estado” (ídem, p. 258). Luego de señalar que “ni las erogaciones del capital social ni los gastos sociales aumentan la capacidad estatal de amortizar la deuda en forma directa” (agregado: esta afirmación es incomprensible para aquel que no entiende lo básico de qué es trabajo productivo), O’Connor sostiene que “la seguridad de los préstamos es su poder de gravar y su capacidad de incrementar la base impositiva expandiendo el PBN” (ídem). Por eso, citando a otro autor: “La formación de la deuda pública sirvió como trampolín para la movilización de una estructura de poder corporativo privado en sectores fundamentales de la economía (la banca, el imperio, los asuntos fiscales)”.  Agrega O’Connor que “la expansión de los préstamos privados y estatales se constituyó en factor primordial de la expansión y fortalecimiento de una clase rentista” (ídem). Y refiriéndose específicamente a EEUU, afirma que la función original de la deuda estatal “consistía en lograr el control del Estado por parte de los banqueros y las clases monetarias” (p. 259-60). En apoyo de esta afirmación cita a Ferguson, quien afirma que “la creación de la deuda fue la contrapartida económica de la Constitución”, y que “el control del tesoro nacional fue colocado e manos de los intereses comerciales y bancarios propietarios de la deuda” (p. 260). Precisa O’Connor que “la ‘aristocracia de las finanzas’ aún existe y es todavía muy poderosa”, y que “los aproximadamente doce bancos de inversión que monopolizan la puesta en circulación de los valores gubernamentales lucran enormemente con la deuda estatal” (ídem). Recuerda también que “la deuda federal surge principalmente como resultado de los déficits presupuestarios planeados destinados a incrementar la actividad económica general” (p. 261). Exactamente lo que proponen hoy algunos reformistas “keynesianos” (aunque no entienden ni jota de Keynes), que andan acusando a todo el mundo de “monetarista” (aunque no entienden ni jota de monetarismo) y de ser partidarios de “equivalencias ricardianas” (aunque no entienden ni jota de equivalencias ricardianas). Para esto, tienen por supuesto, que hacer abstracción del carácter social y político, y del contenido histórico, que tiene la deuda estatal. ¿Qué tiene todo este disparate de “progresista”? En una próxima nota trataré la cuestión del déficit y su influencia en las tasas de interés.

Bibliografía

Barro, R. (1974): “Are Governmet Bonds Net Wealth?”, Journal of Political Economy, vol. 82, pp. 1095-1117.

Gale, W. G y P. R. Orszag (2004): “Budget Deficits, National Savings and Interest Rates”, Brookings Papers on Economic Activity, vol. 2004, pp. 101 187

Hansen, A. (1945): Política fiscal y ciclo económico, México, FCE.

Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.

Mattick, P. (1985): Marx y Keynes. Los límites de la economía mixta, México, Era.

O’Connor, J. (1974): Estado y capitalismo en la sociedad norteamericana, Buenos Aires, Periferia.


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Crisis, gasto público y déficit

Written by rolandoastarita

19/05/2011 a 13:29

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33 comentarios

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  1. Rolo, ¿sabés donde puedo leer la crítica de Amico?

    saludos

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    Juan

    19/05/2011 at 15:23

    • No sé, a mí me la pasó, por gentileza, un integrante de Economistas de Izquierda. Yo no la había leído hasta ese momento. De todas maneras, con alguna cita que voy a poner en mi próxima nota, referida a tasa de interés y déficit fiscal, prácticamente la habrá citado por entero.

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      rolandoastarita

      19/05/2011 at 17:01

  2. Me ha gustado tu entrada. Me ha recordado a cuando estaba en la universidad y estudiaba macroeconomía.

    Y que conste que yo soy más pro Smith que pro Keynes.

    En fin, un saludo!

    Manuel Vera
    Foreign Trade 2.0 El comercio en la Nube
    Comercio Exterior, Autodespacho, Licencias de Exportación y Escandallos

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    Manuel Vera

    19/05/2011 at 16:00

  3. Va una pregunta que no sé si distrae mucho del tema pero creo que es central.

    Dices: “Algo similar puede decirse si se trata de obras públicas habituales. Aun en el caso de que puedan ser útiles y necesarias (y mejoren las condiciones de reproducción del capital), en sí mismas no generan valor, y los trabajadores que las realizan son improductivos”.

    Yo esta parte de la teoría del valor clásica nunca la he entendido ni acabado de aceptar: las infraestructuras (transporte, educación, comunicación, distribución, etc.) son medios de producción. No se puede pretender que la producción de un martillo (por ejemplo) termina cuando se encaja la cabeza en el mango y se pone el sello del productor. Ese martillo es tan inútil como una pirámide a no ser de que llegue al carpintero o bricolagista doméstico o cualquier otro tipo de consumidor. Para ello necesita de un sistema de distribución: la producción no ocurre en el vacío y si asi fuera sería absolutamente improductiva. Los bienes deben de llegar a su destino útil.

    Ejemplo B: si una bodega en La Rioja Alavesa produce N botellas de vino… estas botellas son absolutamente inútiles a no ser que lleguen a los usuarios finales: los bebedores. Se pueden llevar los bebedores a la bodega pero normalmente lo que se hace es llevar las botellas a los vendedores por medio de una red de distribución que culmina en tiendas, restaurantes y bares.

    Ni el martillo ni la botella de vino tienen utilidad alguna y por tanto valor alguno si se pudren en un almacén. Que conste que no estoy hablando de valor de cambio sino de valor de uso.

    Me equivoco? Y si me equivoco, por qué?

    Y si no me equivoco (que yo creo que no) por qué un puerto o una carretera o el mismo acto material de transportar cinco toneladas de martillos de la fábrica a los comercios de la ciudad en un camión, un almacén de tránsito, unas furgonetas… no son producción de valor.

    Tal y como yo lo entiendo lo son: el martillo sólo no tiene valor, como no tiene ningún valor la lanza que se le olvidó al cazador primigenio en la cantera. Sólo la lanza que mata la jabalí a través del conocimiento (otra forma de valor) y trabajo (valor) del cazador es valiosa. Y sólo la carne del jabalí muerto que se come es valiosa así mismo, la que no puede transportarse por falta de cestas o espaldas… también se pierde como valor.

    El valor no es estático sino dinámico, dialéctico, interactivo. Eso entiendo yo. Y no creo que Marx se equivocara tanto como se equivocan los que le interpretan demasiado rígidamente.

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    Maju

    19/05/2011 at 17:21

    • En principio carreteras, puentes, etc. constituyen condiciones generales para la reproducción del capital. Pero no son mercancías, y por lo tanto no se realizan como valores. Para que un producto se realice como valor, debe ser mercancía. Para dar un ejemplo simple: Robinson Crusoe podía fabricar un martillo, que tenía valor de uso, pero no era mercancía, y por lo tanto no podía realizarlo como valor.

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      rolandoastarita

      19/05/2011 at 23:20

    • Maju, amplío un poco la respuesta, porque fui demasiado sintético, ya que pensé que con la anterior nota sobre trabajo productivo el asunto quedaba claro. Primera cuestión: para que haya valor (e la teoría de Marx) es necesario que haya valor de uso. Por este motivo el transporte de mercancías genera valores de uso, y cuando ese transporte se realiza bajo la forma social capitalista, genera valor (y plusvalor). Marx siempre caracterizó al trabajo del transporte, en la sociedad capitalista, como trabajo productivo.
      En segundo término, la venta en sí misma no genera valor; esto es, el cambio de forma social no agrega un gramo de valor de uso ni de valor. Por este motivo es que Marx plantea que la ganancia no puede surgir del acto de venta, entre otras cosas.
      En tercer lugar, puede haber valores de uso sin que haya valores. El valor supone que el trabajo socialmente necesario se ha objetivado como propiedad en una mercancía; y para que esto suceda la mercancía tiene que venderse. Por este motivo puede haber trabajo sin que haya generación de valor. Todo esto explica que existan trabajos que son necesarios para el capital, y sin embargo no generan valor; deben ser pagados con plusvalía.

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      rolandoastarita

      20/05/2011 at 12:29

  4. Estimado profesor. La “visión marxista” de la política fiscal implica que una política fiscal expansiva reduce la rentabilidad del capital, y una contractiva lo incrementa? Es correcto? Yo entiendo que de su texto se desprende eso; al menos de las citas de Mattick.
    Lo que no llego a advertir es porque la suma del “valor agregado” es una variable fija e independiente de lo que haga el gobierno. Utilizo un ejemplo como los que ud. plantea. Una economía que produce 100 pesos de producción genuina y tiene obreros desocupados o empleados en el sector informal. El gobierno gasta por 10 pesos (el Banco Central le acredita la suma en una cuenta, con la que se le paga a los proveedores), los que aplica a la compra de bienes producidos por el sector productivo. El desempleo baja y el nuevo producto es de 110. Supongamos que el sector privado es rehacio a invertir, por el motivo que sea, y atesora sus nuevos ingresos. Si la suma del capital es la misma que antes, pero hay 10 pesos más de producción, cómo puede ser la tasa de rentabilidad menor?
    Esto es muy parecido a la ley de Say, que supongo ud. no comparte. Entonces la producción crece en el corto plazo y luego cae? ¿Cómo la producción de piramides hace caer la rentabilidad? Le saca recursos a los sectores productivos; les sube el costo salarial?
    Pasa algo que yo no advierto? Los empresarios suben los precios; o sube la tasa de interés y cae la tasa de inversión?
    Note por favor que la rta a esta pregunta está conectada con todas las cuestiones de la nota: qué pasa con la producción y el empleo, la tasa de interés, si el nuevo dinero se desvaloriza, etc.
    slds.

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    Emiliano Libman

    19/05/2011 at 17:49

    • Hay una falla en tu razonamiento. Decis: “el gobierno gasta 10 pesos… los que aplica a la compra de bienes producidos por el sector productivo. El desempleo baja y el nuevo producto es de 110…”. Si la producción era de 100, y el gobierno compra 10 (supongamos que los 90 restantes se venden en el sector privado), lo que sucedió es que se vaciaron las existencias. Para que se produzcan 110 es necesario que las empresas incrementen la producción en la siguiente ronda. Por este motivo sostengo que todo depende de qué hacen los capitalistas con los ingresos recibidos. Ahora volvamos al caso en que la producción sea 100, pero las compras privadas realizan solo 90. Hay existencias sin vender por 10. El gobierno gasta 10 para vaciar el mercado. ¿De dónde saca esos 10? Respuesta: de los impuestos que paga el sector privado (Marx o Ricardo dirian de las ganancias). Supongamos ahora que en la segunda ronda los empresarios vuelven a producir 100, pero la venta vuelve a ser 90. El gobierno vuelve a intervenir, etc.
      Por otra parte, lo que dice la teoría marxista es que el gasto fiscal se financia con plusvalía. Un aumento de los impuestos por supuesto reduce la tasa de ganancia post-impuestos. Por este motivo los capitales en las crisis piden que bajen los impuestos; y los gobiernos recurren al déficit fiscal en la esperanza de reactivar la economía. En cuanto a los precios, en una recesión no aumentan (a no ser que estemos en un proceso inflacionario, pero en este caso hay que tratar aparte el régimen monetario). Lo importante es entender el problema desde la producción de valor. La cuestión de la tasa de interés la trataré en otra nota.

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      rolandoastarita

      19/05/2011 at 23:12

    • Perdón por qué está mal el ejemplo? Yo no habló necesariamente de una crisis.
      En general la política fiscal nunca es un suba de una vez y para siempre, si no que el aumento en general es sostenido. Si es así, si el gasto no fue compensando con mayores impuestos o emisión de deuda que paga interés, porque habrían de estar ganando menos los capitalistas?
      Caida de existencias o suba en la producción, de todas formas sube la rentabilidad en el período. Y no veo porque extraña razón los capitalistas se resistirían a invertir si las existencias continuan cayendo. Simplemente es necesario que el Estado siga gastando más de un período.
      Parece una contradicción. Si el Estado sigue gastando y los capitalistas agotan la existencia debería invertir para no perder el mercado en manos de la competencia. No se me ocurre qué puede impider una expansión de la demanda. Parece que ud. afirma que la decisión de inversión depende de la rentabilidad “absoluta” del capital. Algo bastante extraño, no recuerdo haber visto en ningún lugar alguna explicación o prueba que confirme que el valor del stock capital se relaciona de alguna forma previsible con la tasa de ganancia.

      Pero volviendo al punto específico de la suba del gasto. No me queda claro porque el Gasto no estaría volcandose a cosas que producen valor, ya que el Estado le compra a los propios empresarios; no es necesario que construya piramides. Al parecer su punto de vista depende de que los fondos con los que el gobierno compra recursos reales de alguna manera reduzcan la producción privada. Al parecer según su opinión el Estado no puede movilizar recursos sin tomar del sector privado.
      ¿Por qué el Estado habría de financiar todo el gasto con impuestos? Yo no niego que esta pueda ser “la visión de Marx”, pero ningún gobierno del mundo cobra los impuestos y luego usa la plata para gastar. Es a lo sumo una cuestión algebráica de sumas y restas de partidas a lo largo del año.
      Pero incluso uno podría suponer que el Estado se pone a producir oro.
      Me parece que su punto seria fuerte si puede explicar a toda la profesión, que evidentemente no entiende el problema, por qué todo lo que gasta el Estado es tomar con una mano y poner con la otra. Incluso el multiplicador presupuesto equilibrado genera efectos expansivos.
      Lo que ud. dice va contra prácticamente toda lo que el sentido común de nuestra profesión dice. No creo que haya muchos economistas que piensen que la política fiscal no genera efectos expansivos sobre el producto y efectos positivos sobre la rentabilidad al menos en el corto plazo.
      Obviamente esto no transforma su razonamiento en equivocado, pero por eso genera dudas.

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      Emiliano Libman

      20/05/2011 at 20:07

    • Estimado Emiliano, cuando leo tus comentarios encuentro una distancia tan grande con mis planteos que solo las puedo explicar por los puntos de partida en el análisis, en particular por si estamos de acuerdo, o no, en que la fuente del valor agregado es el trabajo humano. Mi punto de partida es éste. Comprendo que los keynesianos y otros partidarios de la economía burguesa rechacen este planteo, y de ahí que les sea indigerible el planteo de Marx (o Mattick, etc,) sobre gasto estatal, etc. Por eso pienso que en esta discusión no nos vamos a poner de acuerdo. De todas maneras respondo puntualmente tus planteos, aunque cambiando el orden.
      Afirmás. “¿Por qué el Estado habría de financiar todo el gasto con impuestos? Yo no niego que esta pueda ser “la visión de Marx”, pero ningún gobierno del mundo cobra los impuestos y luego usa la plata para gastar”. Yo no he dicho que financie todo el gasto solo con impuestos, pues puede financiarlo también con emisión monetaria. Ahora bien, sacadas esas dos fuentes, ¿qué otra fuente de financiación tiene? ¿De dónde saca el Estado el dinero para pagar a sus funcionarios, por ejemplo? Existe por supuesto un rubro que son las empresas estatales que producen mercancías, y por lo tanto generan valor y plusvalor. Sería el caso de la producción de oro por parte del Estado, que mencionas. Ya expliqué que se trata en este caso de trabajo productivo, y de capitalismo de Estado. Pero estas empresas, como puede ser Aerolíneas, (en el caso que dieran ganancias) pagarían impuestos como cualquier otra empresa privada. Aunque el hecho es que en general no generan mucho excedente, sino más bien lo contrario. Por lo tanto, insisto con la pregunta: ¿de dónde saca el Estado el dinero para sufragar sus gastos? No es solo Marx el que dice que tiene que salir de los impuestos (o del “impuesto inflacionario”). En términos de la teoría del valor, por lo tanto solo puede salir de trabajo no pagado.
      Segundo, afirmas: “si el gasto no fue compensando con mayores impuestos o emisión de deuda que paga interés, porque habrían de estar ganando menos los capitalistas?” Esta pregunta supone que el gasto fiscal se puede financiar sin impuestos, o sin emisión de deuda (que implica de todas maneras impuestos para devolver el principal y pagar intereses). Pero ya expliqué por qué el gasto estatal no tiene otras fuentes de financiamiento. Es por este motivo que el gasto estatal (en la concepción de Ricardo y Marx) se paga con plusvalía. Esto explica también por qué en el cálculo de la tasa de ganancia tengamos en cuenta si la ganancia es pre o postimpuestos. Explica asimismo por qué los capitalistas, durante las crisis, exigen que les bajen los impuestos. En este sentido el capitalismo de conjunto está atrapado en una contradicción, porque desea el gasto fiscal para estimular la demanda, pero al mismo tiempo los capitalistas piden bajas de impuestos para apuntalar sus ganancias.
      Tercero, sostenes: “Caida de existencias o suba en la producción, de todas formas sube la rentabilidad en el período. Y no veo porque extraña razón los capitalistas se resistirían a invertir si las existencias continuan cayendo”. Pues bien, es lo que suele suceder. En este punto cité a Hansen, y puse los ejemplos bastante recientes de Japón y EEUU. La razón tiene que ver con el ciclo económico. Sobre esto escribí bastante en el blog. A la anterior frase agregas: “Simplemente es necesario que el Estado siga gastando más de un período”. No se arregla con “simplemente” esto. Si los capitalistas no aumentan la producción en el siguiente período, el Estado vuelve a gastar, pero tiene que financiar con cada vez más déficit (si no puede aumentar los impuestos, cosa difícil de hacer en una recesión). Más en general, el Estado no puede mantener de manera permanente la demanda si no se mantiene la producción de valor, a partir de la cual obtiene los fondos para el gasto estatal.
      Cuarto, afirmás: “Parece una contradicción. Si el Estado sigue gastando y los capitalistas agotan la existencia debería invertir para no perder el mercado en manos de la competencia. No se me ocurre qué puede impider una expansión de la demanda. Parece que ud. afirma que la decisión de inversión depende de la rentabilidad “absoluta” del capital”. Durante la recesión el Estado gasta en estímulo fiscal, los capitalistas bajan las existencias sin vender, y no invierten. ¿Por qué? Porque en la recesión la lógica que domina es hacerse de liquidez y esperar. Si los mercados esán en caída, la competencia no es por “ganar” mercados. Esto explica en buena parte lo que sucedía durante la última depresión en EEUU, o también en Japón. El Estado inyectaba dinero en la economía, pero las empresas se hacían de liquidez, y no renovaban existencias, Es lo que registraron Marx y Keynes que sucede en las crisis. Precisamente la recuperación en EEUU comenzó cuando empieza a recomponerse el consumo, y la inversión en existencias (este último fue un factor importante en la recuperación). Esto sucedió con relativa independencia de la dinámica del gasto fiscal. Por otra parte no sé a qué le llamás “rentabilidad absoluta” del capital. En otros trabajos de este blog sostuve que la decisión de invertir del capital depende de la tasa de rentabilidad (no hablé de “absoluta”) y del margen sobre ventas, en primer lugar. A ello se suma la disponibilidade cash propio, la situación de la demanda (y las perspectivas que advierten los empresarios), la situación de la competencia y la tasa de interés (lo he tomado de encuestas de Journals on Business sobre comportamiento empresario en EEUU). La relación entre rentabilidad e inversión es compleja, no es mecánica. Ejemplo: la recuperación post recesión 2001 fue débil a pesar de la recuperación de las ganancias (y de la tasa de ganancia). Otro: la inversión entre 1997 y 2000 continuó muy alta, a pesar de la caída de la tasa de ganancia y del estancamiento de la masa de ganancia.
      Quinto, afirmás: “Lo que ud. dice va contra prácticamente toda lo que el sentido común de nuestra profesión dice”. Efectivamente, va en contra del sentido común de los economistas, no solo con el sentido común de los que se han formado con las micro y macro usuales, sino también contra el sentido común de la izquierda progresista nacional y popular, que ha hecho una buena mezcolanza entre Keynes, la macro del IS-LM, las teorías del monopolio, y algunas ideas de Marx (en especial, capítulo 24 de El Capital). De todas maneras mi intención no es “explicarle a toda la profesión” por qué la teoría del valor de Marx es científica. Simplemente presento un punto de vista alternativo, y que cada cual elija.

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      rolandoastarita

      21/05/2011 at 11:09

  5. ¿por que una ruta o puente no es una mercancia?? acaso el estado no se la esta comprando a una empresa que las hace??y por otro lado, el trabajo en contruir la ruta l veria como productivo, en tanto se cobran peajes que van a la empresa que cobra por el uso de la misma. no es mi intencion contradecirlo, sino que en base a mis preguntas me pueda despejar en que falla el razonamiento. bye bye

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    ilichito

    20/05/2011 at 02:18

    • Una ruta efectivamente se puede vender bajo la forma de peajes. En este caso es una mercancía. Si la ruta se pone a libre disponibilidad del público, no es una mercancía, no va al mercado. Esto es independiente del hecho de que el Estado pague por su construcción. Si yo cocino una pastel para mí, ese pastel no es una mercancía, a pesar de que he gastado dinero y empleado trabajo en producirlo. Si el pastel lo llevo al mercado para venderlo, es mercancía. Volviendo al tema del Estado, es por esta razón que Hansen se da cuenta de que los gastos del Estado no generan “ingresos por sí mismos”. Por supuesto, otra es la situación cuando se trata de empresas del Estado que producen mercancías. Por ejemplo, Aguas Argentinas produce una mercancía, el agua potable. En este caso tenemos empresas capitalistas-estatales. Pero no es éste el caso general.

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      rolandoastarita

      20/05/2011 at 09:10

  6. El gobierno puede estimar también que hay capacidad productiva ociosa que es posible activar a través del gasto público. Es lo que pasó el primer año del gobierno de Allende. El problema es que para los años siguientes, alcanzado el límite de aumento adicional de la capacidad productiva, no hubo inversiones nuevas del sector privado, contrario a lo que esperaba el gobierno. De la plenitud se pasó rápidamente a una profunda escasez que ni una nueva ronda de gasto público incrementado, con deuda y también con emisión, pudo revertir. Situación resultante en definitiva de una decisión del conjunto de los empresarios. Cualesquiera sean las razones, el hecho es que no invirtieron a pesar de un año previo exultante. Creo que esto conecta con lo que expresa la nota, es decir, que la inversión privada se atiene, sobretodo, a una dinámica que le es propia, muy patente en las crisis, independiente de la influencia del gobierno a través del gasto.

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    mario

    20/05/2011 at 02:56

    • Sí, efectivamente, es lo que trato de expresar en la nota. Una inyección de gasto puede estimular a una economía en recesión, pero todo depende de qué hace el capital. El problema central en el ciclo económico pasa por la decisión de gasto de los capitalistas.

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      rolandoastarita

      20/05/2011 at 09:13

  7. ¿He interpretado mal o se está diciendo que el gasto público no puede incrementar el capital social?
    Creo que de ser así sería un error. Error derivado del planteo inicial de considerar trabajo productivo el del sector privado y no preoductivo el del sector público. El que sea productivo o no, depende de si crea riqueza, no del sector de si es privado o público.

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    Martín

    21/05/2011 at 07:55

    • Mi planteo se basa en la distinción de Marx entre trabajo productivo e improductivo. No sé si cuando decís que hay un error te referís a que he interpretado mal la teoría de Marx, o a que está equivocada la teoría de Marx. De todas maneras algunas aclaraciones: a) el gasto público puede incrementar lo que algunos autores marxistas (Bruno Theret y Michel Wieviorka en “Crítica de la teoría del capitalismo monopolista de Estado” ) han llamado “capital constante social”. Cuando Marx dice que los trabajadores estatales que construyen una carretera no generan valor, dice al mismo tiempo que están creando “condiciones generales, colectivas de la producción”. Por lo tanto aumentan la estructura productiva. Pero sostiene que estas construcciones, que no se realizan por el capital, “se cubren con una parte del rédito nacional, del erario público, y los obreros no se presentan como trabajadores productivos, aunque aumenten la fuerza productiva del capital” (Grundrisse, t. 2, p. 23). La afirmación de que el carácter productivo del trabajo depende de si crea riqueza o no, entre en otra lógica de razonamiento, que no está vinculada con la teoría del valor trabajo. Por último, los trabajadores de una empresa estatal que produce mercancías, son productivos, desde el punto de vista de Marx.

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      rolandoastarita

      21/05/2011 at 11:40

  8. Lo último que decís es fundamental: la empresa estatal es productiva porque produce mercancía. Con lo cual el gasto público puede generar valor. Plusvalor. Pero no por producir mercancía. Hay mercancías que son transferencias de valor. Es el caso de los servicios. Sean estos públicos o privados. El peaje entra en esta categoría. Con lo cual, creo, no es ingreso nuevo (es un caso de transferencia de ingreso). No implica crecimiento económico.
    Conclusión: lo público puede producir ingreso. Y lo privado puede no producirlo.

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    Martín

    21/05/2011 at 12:19

    • Veo que sigue la confusión. Yo estoy razonando desde el punto de vista de la teoría de Marx. Si una empresa produce valor, tiene que producir una mercancía. Por este motivo es incorrecto afirmar que se puede producir plusvalor, pero no producir mercancía. Ahora bien, la inmensa mayoría del gasto estatal no está destinado a pagar trabajo que produce mercancías. La burocracia estatal no produce mercancías; las fuerzas de seguridad estatales no producen mercancías; las calles, puentes, etc, que se ofrecen libremente tampoco son mercancías. Insisto en este tema: tenemos que ponernos de acuerdo desde qué teoría discutimos. Para los neoclásicos, por ejemplo, todo tipo de trabajo es “productivo”; lo que llevó a decir a Samuelson que los bombadeos sobre Vietnam, por ejemplo, era trabajo productivo. Si no nos ponemos de acuerdo cuál es la teoría del valor subyacente, es difícil avanzar en la clarificación.

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      rolandoastarita

      21/05/2011 at 13:38

  9. Comparto: clarifiquemos.
    Yo no hablé de producir plusvalor y no mercancia, sino al revés: producir mercancía y no plusvalor. Es el caso de los servicios. El peaje privado, aunque lo llamemos mercancía, porque es venta de un servicio, es transferencia de ingreso previamente generado. No es ingreso nuevo.
    Respecto a que ‘la inmensa mayoría del gasto estatal no está destinado a pagar trabajo que produce mercancías’, estoy de acuerdo; pero no es por imposibilidad, sino porque no interesa en una sociedad capitalista. Es importante tenerlo en cuenta.

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    Martín

    21/05/2011 at 13:51

    • Trato de explicar la sociedad y el Estado capitalista que existen, no un Estado hipotético. Keynes alguna vez escribió que el sistema funcionaría bien si se socializaran las inversiones. Pues bien, en ese caso habría que estudiar qué es eso. Hoy lo concreto es que el gasto estatal no se emplea en trabajo productivo; insisto, estoy hablando de su inmensa mayoría. Otra parte del gasto estatal se destina a subvencionar al capital privado, que emplea trabajo productivo. O a subvencionar empresas como Aerolíneas. Pero todo esto representa transferencia de plusvalía desde otros sectores de la economía, no es plusvalía generada en el sector estatal.

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      rolandoastarita

      21/05/2011 at 13:58

  10. Bien. Lo importante es ponernos de acuerdo en los conceptos que manejamos.
    Más arriba decís que el peaje privado es una mercancía. Y es verdad. Y la pregunta que yo te hago es si es productivo. Si genera plusvalía.

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    Martín

    21/05/2011 at 14:17

    • Lo que afirmo es que si la carretera se vende a través del peaje, es una mercancía; si lo construyó una empresa capitalista, en principio esa mercancía tiene plusvalía. Si la construyó el Estado y la vende contemplando una ganancia, ídem. Si el peaje se cobra solo para tares de conservación o mantenimiento, puede considerarse un ingreso accesorio, pero en ese caso la carretera no es una mercancía. La mayoría de las calles, puentes, etc. que construye el Estado están contemplados en el ejemplo de Marx que cité en otro comentario. Una observación: a medida que el capital cobra fuerza, toma a su cargo inversiones que, debido a su envergadura, antes estaban en manos del Estado (Marx también contempló esta evolución). Por ejemplo, tengo entendido que el túnel por debajo del Canal de la Mancha se hizo enteramente con capitales privados. El túnel es la mercancía, que se vende de a poco, con los peajes.

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      rolandoastarita

      21/05/2011 at 15:50

  11. Rolando
    se que esta pregunta no tiene que ver directamente con este articulo pero igual la hago
    por que desde fin de la segunda guerra hasta los 70s en el capitalismo las condiciones eran mejores pobreza desempleo etc
    entiendo que habia todo un campo ´´socialista´´ y que se salia de la 2 guerra pero no hay posibilidad de vuelta a eso si pensamos que lo que paso en los 80 fue el aumeneto de la tasa de explotacion no solo el agotamiento economico.

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    Nicolas

    21/05/2011 at 20:06

  12. Entonces: si se cobra peaje, sea público o privado, tiene plusvalía. Muy bien.
    ‘Si el peaje se cobra para tareas de conservación… no es una mercancía’
    No estoy de acuerdo: sí es una mercancía. Sólo que su valor (plusvalor incluído) ya ha sido realizado. Lo que se está cobrando ya no significan nuevos ingresos, sino transferencia de ingresos. Se está cobrando sólo el servicio.
    Entonces: en el caso de Aerolíneas, si no genera plusvalía, no es porque sea estatal, es porque el servicio de transporte aéreo, como todo servicio, no es generador de plusvalía, sea este público o privado. Con lo cual, aunque la empresa fuera privada, lo que estaría haciendo es lucrar con transferencia de ingresos. Salvo, como en el caso de las carreteras, que invierta en capital fijo, con lo que al cobrar el pasaje, realizará la plusvalía generada en dicha inversión. Una vez la plusvalía esté realizada, el pasaje cobrado significará simple transferencia de ingresos.

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    Martín

    22/05/2011 at 06:20

    • Es importante en estas discusiones tener precisión. Afirmás: “si se cobra peaje, sea público o privado, tiene plusvalía”. No afirmé esto. Afirmé que si la carretera se vende, bajo la forma de peaje, constituye una mercancía. Ejemplo: si un automóvil se entrega gratis, no es mercancía. Si luego se cobra una tarifa por su mantenimiento, eso no lo transforma en mercancía. Lo que se está vendiendo en este caso es el servicio de mantenimiento, que sí es una mercancía. Es lo que ocurre con el peaje cuando se destina al mantenimiento de la ruta. Tomemos el caso más común en Argentina al respecto. A una empresa privada se le entrega la concesión para el mantenimiento de una ruta. Esta empresa vende una mercancía, que es el mantenimiento de la ruta, de la cual obtiene plusvalía. Siempre hay que tener en cuenta bajo qué relación social se trabaja (esto lo planteo desde la teoría del valor de Marx). Vuelvo a dar el ejemplo de la construcción del túnel que une Inglaterra con Francia. Fue construido por capitales privados, y se vende como mercancía, a través del peaje. Los trabajadores que lo construyeron son productivos. En cambio, en el caso que da Marx en los Grundrisse, de los trabajadores estatales que construyen una ruta, que no se vende, no son productivos. Insisto, todo esto tiene sentido desde el punto de vista de la teoría del valor y el plusvalor de Marx.
      Voy al caso de Aerolíneas. Una empresa estatal de aviación vende una mercancía, que es el transporte de pasajeros o de cargas. Como tal, produce valor y plusvalor, en condiciones normales, a igual que si fuera una empresa privada. Es incorrecto plantear que AA no produce plusvalía porque es un servicio. Marx dedica páginas y páginas del tomo 1 de Teorías de la plusvalía a refutar esta idea. La idea de que los servicios no generan valor o plusvalor (si son brindados por empresas capitalistas) corresponde a la definición de trabajo productivo de Smith que Marx critica. Subrayo de todas maneras que en esta discusión no hay posibilidad de acuerdo si discrepamos en el asunto de la teoría del valor. Por ejemplo, para un partidario de la teoría de Keynes, o de la teoría neoclásica, todo esto no tiene sentido. No alcanzo a entender cuál es tu marco teórico en que estás analizando estas cuestiones.
      Ahora bien, una empresa capitalista puede tener pérdidas, y no generar plusvalor. Esto puede suceder, sea productora de acero o sea una aerolínea. Y puede suceder siendo privada o estatal.

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      rolandoastarita

      22/05/2011 at 10:20

  13. ‘Lo que afirmo es que si la carretera se vende a través del peaje, es una mercancía; si lo construyó una empresa capitalista, en principio esa mercancía tiene plusvalía. Si la construyó el Estado y la vende contemplando una ganancia, ídem.’

    ‘Es importante en estas discusiones tener precisión. Afirmás: “si se cobra peaje, sea público o privado, tiene plusvalía”. No afirmé esto.’

    Los dos textos son tuyos.
    ¿A quién le falta precisión?

    Luego decís:
    ‘A una empresa privada se le entrega la concesión para el mantenimiento de una ruta. Esta empresa vende una mercancía, que es el mantenimiento de la ruta, de la cual obtiene plusvalía. Siempre hay que tener en cuenta bajo qué relación social se trabaja’

    Pero antes habías dicho:
    ‘Si el peaje se cobra solo para tares de conservación o mantenimiento, puede considerarse un ingreso accesorio, pero en ese caso la carretera no es una mercancía.’

    ¿No hay contradicción?

    Luego:
    ‘Es incorrecto plantear que AA no produce plusvalía porque es un servicio. Marx dedica páginas y páginas del tomo 1 de Teorías de la plusvalía a refutar esta idea. La idea de que los servicios no generan valor o plusvalor (si son brindados por empresas capitalistas) corresponde a la definición de trabajo productivo de Smith que Marx critica’

    Me gustaría saber en que parte de Teorías de la plusvalía Marx dice eso acerca de los servicios; y qué es -con precisión- lo que dice.

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    Martín

    22/05/2011 at 11:36

    • Estimado Martín, realmente estás confundiendo cosas elementales, como ya te lo han señalado. Cuando escribí que si se cobra peaje por tareas de conservación o mantenimiento, esto no convierte a la carretera en mercancía, estoy manteniendo la misma línea de pensamiento que cuando sostengo que la carretera no es mercancía en tanto no se venda. Por eso en la primera formulación escribí que ese ingreso era “accesorio”, en el sentido que no es un ingreso proveniente de una venta de la carretera considerada como mercancía. Es por esto mismo que afirmo que TU afirmación de que si se cobra peaje, sea público o privado, significa que la carretera tiene plusvalía, es equivocada. Por otra parte, explico brevemente qué es trabajo productivo e improductivo en la nota de este blog acerca de la industria del armamento y la propaganda. También en el capítulo 4 de Valor, mercado mundial y globalización. Pero es en Marx donde está ampliamente expilcado. En Teorías de la plusvalía, todo el capítulo IV del tomo 1 está dedicado al tema. El título del capítulo es “Teorías sobre el trabajo productivo e improductivo”. En la edición de Cartago va de la página 128 a la 256. Allí discute el caso de los servicios. Luego vuelve al tema en “Agregados”, desde la página 327 a la 349. También trata el asunto en el Capítulo IV Inédito de El Capital, en un punto que lleva por título “Trabajo productivo y trabajo improductivo”, que en la edición de Siglo XXI va desde la página 77 a la 89. Además, hay pasajes alusivos al tema en El Capital.

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      rolandoastarita

      22/05/2011 at 17:53

  14. Martìn, con todo respeto, no entendés nada, parece que tuvieras ánimo de polemizar y nada más, detenete a leer. Confundís la plusvaía que se puede extraer de la venta de la carretera a través del peaje con la que se obtiene del peaje como servicio de mantenimiento de una carretera que no se pone a la venta ella misma. Una cosa es que la mercancía sea la carretera y otra que lo sea el servicio de peaje destinado a su mantenimiento.

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    anibal

    22/05/2011 at 12:26

  15. Como esta profesor:

    Primero quiero agradecerle por este pequeño “foco” de conocimiento que nos permite tener a aquellos que no estudiamos economia, pero que nos encanta entender el “por qué”, “cómo”, etc de todo lo que nos rodea.

    Segundo: quiero acerle una pregunta precisa que tiene que ver con Marx, pero no puntualmente con el tema; es algo que me escribieron hace un tiempo e investigando muy poco (consultando wikipedia) lei un extracto que me gustaria saber si puede aclararmelo:

    “La Escuela Austríaca se ha caracterizado por su fuerte crítica hacia programas de investigación como el Marxismo, el Socialismo, el Nazismo, el Fascismo, el Keynesianismo y el Monetarismo.

    Se debe a Eugen von Böhm-Bawerk la conocida monografía La conclusión del sistema marxiano en que refuta, tanto desde la teoría “objetiva” como la “subjetiva” del valor, la teoría marxista del valor-trabajo y el concepto de plusvalía, ante una evidente contradicción que se producía en su aplicación cuando la llamada tasa de ganancia no cumplía la predicción de Karl Marx en su tendencia decreciente, sino que por el contrario, se incrementaba. Dicha contradicción fue reconocida por Marx en el tercer volumen de su compleja obra El Capital, respondiendo en consecuencia que si bien dicha aparente contradicción se registra en casos puntuales, en la economía general luego se superan manteniendo vigente su sistema1 , lo que lo llevó a introducir una modificación notable en este2 : la ley del valor (que afirma ‘las mercancías se intercambian por su valor’) ya no ha de cumplirse en cada caso individual, sino a escala general considerando el sistema económico en su conjunto. Böhm-Bawerk constató que estos “casos puntuales” eran en realidad prácticamente todos, y que la explicación de los precios en función de la medida media del valor del trabajo “socialmente necesario” se remitía nuevamente a los precios mismos volviendo al método marxista una petición de principio. La obra ha hecho famoso a Böhm-Bawerk, y mostrado los rasgos deliberadamente críticos de la Escuela Austríaca. ”

    fuente: “http://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_austr%C3%ADaca”

    Muchas gracias profesor.

    Saludos.

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    incordionauta

    24/05/2011 at 12:24

    • La objeción es muy vieja, pero ha sido respondida. No puedo explicar aquí todo el asunto, pero hay una muy amplia bibliografía. En lo personal, di una explicación en el cap. 3 de mi libro Valor, mercado mundial y globalización. Aquí solo unas breves anotaciones. El problema surge en que si las mercancías se venden a precios proporcionales a sus tiempos de trabajo (valores), las tasas de ganancia entre las ramas serían muy distintas. Por ejemplo, en una rama en la que gran parte de la inversión fuera en maquinaria y equipos tendría una ganancia por unidad de capital invertido menor que una rama en que sucediera lo opuesto. Ricardo ya había tropezado con este problema. No es cierto que Marx recién diga en el tomo 3 de El Capital que existe el problema; en el cap. 9 del tomo 1 dice que va a presentar la solución, pero en otra parte de su obra. Como Marx solo publicó en vida el primer tomo, Böhm Bawerk dijo que no podía terminar su obra por este problema, que no había podido resolver Ricardo. Lo cierto es que la solución de Marx apareció cuando Engels publica el 3er tomo de El Capital. La solución no es una petición de principio, como pretende BB (pienso que de hecho se vio obligado a decir algo, porque había anunciado que el problema no se podía resolver). Marx sostiene que se establece una tasa media de ganancia, por la competencia, que está regida por la ley del valor. Esta tasa media de ganancia determina los precios de produccción (costos + un recargo que es igual a la tasa media). La suma de los beneficios por lo tanto es = a la plusvalía total producida. El “recargo” no es arbitrario (como sucede en la economía burguesa), sino está determinado por la ley del valor y de la plusvalía.

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      rolandoastarita

      24/05/2011 at 13:06

  16. Profesor, usted dice que segun Marx el trabajo productivo es aquel que general un ingreso monetario, entonces, el músico, el pintor, el escultor… son trabajos productivos porque alguien paga por ellos, es decir, generan un ingreso monetario. Es correcto esto profesor?

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    Alfonso

    14/03/2013 at 19:21

    • Son trabajos productivos si son contratados por un capitalista (supongamos, el artista contratado por el empresario de teatro) para generar plusvalor. Si alguien contrata un artista para que alegre una fiesta, ese trabajo no genera plusvalor; desde el punto de vista de Marx, es improductivo (y también de Smith, en su segunda acepción de trabajo productivo).

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      rolandoastarita

      14/03/2013 at 20:37

  17. Gracias profesor por responder a mi comentario, pero todavía tengo algunos cuestionamientos. Esto es algo asi como: productividad= plusvalor , sino hay plusvalor no hay productividad? la productividad por ende es un concepto solo en el capitalismo?

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    Alfonso

    14/03/2013 at 23:00


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