Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

“Ultra-sraffianos” y la teoría de Marx (primera parte)

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El objetivo de esta nota es discutir la afirmación de los autores sraffianos (más precisamente, “ultra- sraffianos”, siguiendo a Roncaglia 1980), de que la teoría del valor desarrollada por Marx es innecesaria, y que el funcionamiento del sistema capitalista puede ser explicado adecuadamente a partir de los enfoques de Bortkiewicz y Sraffa. En este sentido amplía cuestiones que discutí en la anterior nota. Dada la cantidad de los temas que deberían ser discutidos, focalizo la atención en la problemática de los precios y valores; solo accesoriamente menciono derivaciones referidas a la concepción del dinero y los activos financieros, y no analizo otras cuestiones importantes, tales como la noción sraffiana de producto neto y su relación con el salario. De todas formas, el meollo de las diferencias entre la concepción ultra-sraffiana y la marxista reside en la cuestión de los precios y el valor. También, y con el objetivo de adaptarla al blog, he dividido la nota en tres partes.

A fin de desarrollar los argumentos, tomo como punto de referencia Gary Mongiovi (2008), y lo complemento con otras referencias. Si bien el escrito de Mongiovi constituye una crítica a una corriente particular del marxismo, los temporalistas (también conocida como el marxismo del sistema temporal simple), presenta las principales ideas de los ultra-sraffianos de una manera muy clara y precisa. Además, hace algunas consideraciones de método, y de enfoque general, que son importantes; y el escrito ha circulado ampliamente en Argentina. En lo que sigue me referiré a los aspectos del escrito de Mongiovi que atañen a la teoría de Marx. Esto significa que no asumo la defensa del enfoque temporalista. Si bien los trabajos de los temporalistas me ayudaron a entender problemas que encierran los esquemas de Bortkiewicz y Sraffa, no por ello coincido de conjunto con esta corriente. Por ejemplo, no acuerdo con la confusión en que incurren los temporalistas entre precios y valores; tampoco con su refutación del teorema Okishio. Comienzo resumiendo la posición de Mongiovi.

El planteo de Mongiovi

Mongiovi procura demostrar que lo que tiene de específico el análisis de Marx, su teoría del valor, no es indispensable para entender el sistema capitalista, pero que este hecho no afecta su marco teórico fundamental. La pregunta central que formula, y establece el eje de su argumentación, es “¿en qué medida el análisis marxista del valor es, en sus especificidades, indispensable para la explicación de cómo funciona el capitalismo?” (subrayado en el original). La respuesta de Mongiovi no solo es que se puede prescindir de la teoría del valor, y reemplazarla por el análisis en términos de matrices de insumo-producto, sino que esto no afecta en absoluto el “marco teórico” de Marx. ¿Cuál es ese marco teórico de Marx? Mongiovi lo precisa: concebir los precios como centros de gravitación de largo plazo regulados, junto con la tasa de beneficio del capital, por las condiciones técnicas de producción. Dentro de esta concepción, continúa Mongiovi, Marx desarrolló la teoría del valor, que cumpliría la función “técnica” (sic) de determinar la tasa de ganancia. Sin embargo, explica Mongiovi, la teoría del valor se puede -y se debe- eliminar ya que no permite resolver el problema de cómo se concilia la idea de que los valores estén determinados por los tiempos de trabajo invertidos, con el hecho, real, de que las tasas de ganancia se igualen entre las diversas ramas de la producción. Ricardo trató se superar la dificultad, sigue Mongiovi, suponiendo que las mercancías se intercambian aproximadamente por sus valores. Pero esto es equivocado porque de esta manera no se pueden igualar las tasas de rentabilidad entre las ramas. Marx trató de resolver el problema aclarando primero la categoría del valor y el plusvalor, pero al llegar a la determinación de los precios, se encontró con dificultades irremontables, dada su carencia de instrumentos matemáticos adecuados que le permitieran transformar en precios de producción no solo a los productos, sino también a los insumos. En otras palabras, el problema que enfrentaba el marco teórico de Marx (el definido por Mongiovi) era resolver la dificultad de asignar el excedente y determinar precios. Pero Marx no podía hacerlo por carecer de los instrumentos matemáticos adecuados. Es que el beneficio, o excedente, debe ser distribuido en proporción a los medios de producción, o capital, avanzados en cada industria, pero esa proporción no puede ser determinada antes de conocerse los precios de los bienes. Por otra parte, no se puede diferir la asignación del excedente hasta que conozcamos los precios, ya que los precios no pueden determinarse sin conocer la tasa de beneficio. En conclusión, hay que resolver la distribución del excedente a través del mismo mecanismo y al mismo tiempo que se determinan los precios de las mercancías. Éste es entonces el meollo de la cuestión -he ampliado un poco la formulación, en base a Sraffa (1966)- que, según Mongiovi, no pudo resolver Marx, y resuelve satisfactoriamente el esquema Bortkiewicz – Sraffa. Lo hace sin referencia al valor, ya que a partir de las matrices de insumos físicos de bienes y trabajo (con una tecnología determinada) y establecido el salario, es posible determinar los precios de los insumos y productos, y la tasa de ganancia, a partir del sistema de ecuaciones. La teoría del valor no es necesaria, y esto no afecta en nada el esquema general.

Vale aclarar que no todos los sraffianos comparten esta postura. Por ejemplo, Roncaglia (me refiero al escrito citado en referencias) reivindica la obra de Sraffa, ya que superaría problemas fundamentales enfrentados por Marx, como la transformación; pero sostiene que no por ello dejan de ser particulares. Además, según Roncaglia, la teoría del valor de Marx sigue siendo indispensable para comprender la explotación., Y califica de ultra-sraffianos a los que sostienen que la teoría del valor trabajo es inútil, “en cuanto que todo lo que se puede demostrar con ella, puede ser demostrado más rigurosamente con un sistema sraffiano de precios de producción” (Roncaglia, 1980, p. 160).  Que es lo que afirma Mongiovi.  Mongiovi sostiene que lo que tiene de general la teoría de Marx está contenido en Sraffa (o Bortkiewicz), y lo que Marx tiene de específico, su teoría del valor, es innecesario, y erróneo. Por otra parte, Mongiovi explica que “hoy sabemos” que los precios relativos no son proporcionales a los valores trabajo; lo cual estaría en franca contradicción lógica con lo que afirma la teoría del valor.

Mongiovi además responde críticas que hacen los temporalistas a los sraffianos con argumentos que tienen interés en cuanto atañen al  enfoque general neorricardiano. Los temporalistas sostienen que el esquema de Bortkiewicz y Sraffa es igual al walrasiano del equilibrio general, donde no existen desequilibrios y desaparece el tiempo económico. Mongiovi responde que en el capitalismo existen tendencias a la coordinación; que el sistema no es siempre anárquico; que el objetivo de la teoría es exponer las regularidades que subyacen a la realidad observable; y que siempre hay que hacer abstracción de las incontables casualidades. La teoría sólida, según Mongiovi, es aquella a la cual le importan los promedios, y por ello es válido, por ejemplo, hacer supuestos como la tasa media de ganancia, a fin de analizar las tendencias de largo plazo de capitalismo. Además, sostiene que la utilización de las ecuaciones no implica negar el transcurso del tiempo. Afirma que “un enfoque basado en ecuaciones simultáneas no implica que todo ocurre al mismo tiempo, más bien refleja el hecho de que ciertas variables no pueden ser explicadas individualmente, cada una con independencia de otras”. Estas son las ideas principales de Mongiovi en relación a la teoría de Marx. Algunas cuestiones más específicas de su planteo las trato más adelante.

El marco teórico de Marx, ¿igual a Ricardo?

El primer problema a tratar es el marco teórico que Mongiovi adjudica a Marx. Si nos dejáramos guiar por lo que dice Mongiovi, llegaríamos a la conclusión de que las únicas diferencias entre Marx y Ricardo, en torno a la teoría del valor, residen en la manera en que Marx resolvió el problema de la igualación de la tasa de ganancia y la formación de los precios de producción. En materia de teoría del valor, no habría mayores diferencias de las apuntadas.

Pues bien, esta lectura de la relación entre Ricardo y Marx ha sido bastante común en muchos economistas, incluso marxistas, en los años 1950 y 1960. Por ejemplo, Maurice Dobb sostenía que Marx había tomado de la economía política clásica la ley del valor, y solo la habría desarrollado en algunos “aspectos importantes”, pero sin aportar nada cualitativamente distinto. La diferencia entre Ricardo y Marx, según Dobb, radicaba en la teoría de la plusvalía (Dobb, 1973). En teoría del valor, el esfuerzo de Marx, a igual que Ricardo, habría estado abocado a demostrar que los precios se rigen por los tiempos de trabajo socialmente necesarios para su producción. Era una interpretación “estándar” hace, por lo menos, 30 o 40 años. Sin embargo, desde entonces muchos marxistas se han encargado de demostrar que esta descripción distorsiona la teoría del valor de Marx. Presentemos la cuestión de una manera muy sencilla. Marx consideraba que la verdadera “prueba” de una teoría del valor era la teoría monetaria. También pensaba que la teoría monetaria de Ricardo era equivocada (defendía la teoría cuantitativa), y que era un producto directo de su teoría del valor. Pero Mongiovi sostiene que la teoría del valor de Marx es, en esencia, igual a la de Ricardo. Con lo cual nos quedamos en ascuas acerca de por qué Marx pensaba que su teoría del valor estaba orgánicamente vinculada a una concepción del dinero que era casi opuesta a la de Ricardo, que a su vez Marx consideraba un producto directo de su teoría del valor. ¿Cómo es posible entender estas cuestiones, si todo el propósito de Marx con su teoría del valor era resolver el problema “técnico” de determinar la tasa de ganancia? Es imposible; pero esto es producto de no haber profundizado en las diferencias esenciales entre las teorías del valor de Ricardo y Marx. Lo cual tiene consecuencias para la comprensión de las diferencias entre Marx y los sraffianos.

Errónea lectura de la ley del valor

Para avanzar en la cuestión, es necesario despejar un malentendido usual, que atribuye a la ley del valor la idea de que los precios son proporcionales al trabajo. “La teoría del valor trabajo afirma que los precios son proporcionales a los requerimientos de trabajo incorporado” (Kurz y Salvadori, 1987, p. 872). Dado que los precios solo podrían ser proporcionales al trabajo incorporado en el caso irreal de una tasa de ganancia cero, según esta interpretación, la ley del valor trabajo solo habría regido en sociedades mercantiles precapitalistas; es la idea de Adam Smith. La cuestión habría sido más ambigua en Ricardo, ya que pensaba que los precios en la sociedad capitalista divergían en “un 6 o 7 por ciento” con respecto a los precios proporcionales a los trabajos, pero totalmente incoherente en Marx. Es que Marx era perfectamente consciente de que los precios no podían ser proporcionales a los trabajos invertidos, dada la igualación de las tasas de ganancia. Sin embargo, pensaba que regía la ley del valor trabajo. Por lo cual es evidente que la noción de qué es la ley de Kurz y Salvadori no puede aplicarse a Marx. Sin embargo, y a pesar de la incoherencia, es la concepción que parece deslizarse en Mongiovi cuando afirma que “hoy sabemos” que los precios relativos no son proporcionales a los tiempos de trabajo, como si esto constituyera alguna objeción a la ley del valor analizada por Marx. De hecho, lo que sostiene Marx es que el valor se genera en el trabajo humano. Marx no afirma que los precios relativos en el capitalismo sean proporcionales al trabajo humano. La hipótesis de precios proporcionales a los tiempos de trabajo es levantada por Marx en el tomo 3 de El Capital; y desde el capítulo 9 del primer tomo anuncia que se trata de una hipótesis a los fines del análisis, que no se verifica en la realidad del capitalismo.

Ricardo y Marx

Si bien la teoría de Marx en torno al valor es distinta de la teoría de Ricardo, esto no niega la importancia de Ricardo para la teoría de Marx. A diferencia de los marxistas que sostienen que Marx representa una ruptura absoluta con Ricardo, la realidad es que Marx realiza una “superación” en el sentido hegeliano del término, esto es, de una operación de “conservar” y al mismo tiempo criticar. Marx levanta su obra sobre los hombros de la teoría del valor de los clásicos, y en especial de Ricardo. Al sostener la economía clásica que si dos castores se intercambian regularmente por un venado, esto se debe a que en la producción del venado se emplea el doble de tiempo de trabajo que en la producción del castor, la ciencia giraba la atención hacia la producción (entre otras razones porque la ganancia ya no podía explicarse por los intercambios) y el análisis se asentaba sobre bases nuevas. El mérito de Ricardo fue generalizar este principio a la sociedad capitalista, y no dejarlo circunscripto “al estado rudo y primitivo de la sociedad”, como hizo Smith. Se puede cuestionar que Ricardo no se haya preguntado en virtud de qué trabajos concretos distintos pueden compararse, pero el progreso fue indudable. Por eso en El Capital Marx sostiene que el descubrimiento de que los productos del trabajo, en la medida en que son valores, constituyen expresiones del trabajo humano empleado en su producción, “inaugura una época en la historia de la evolución humana” (p. 91, t. 1). Y en Teorías de la plusvalía escribe: “La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués… es la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Ricardo parte de ahí y obliga a la ciencia a salir de sus carriles, a explicar la medida en que las otras categorías -las relaciones de producción y comercio- desarrolladas y descritas por ella corresponden a dicha base, a ese punto de partida, o lo contradicen.. (…) Esta es, pues, la gran importancia histórica de Ricardo para la ciencia” (Marx, 1975, t. 2, p. 141).

Sin embargo esto no basta para dar cuenta de la noción del valor marxiana, porque al pasar al análisis de la forma del valor, el punto de arranque de la reflexión de Marx es el porqué y cómo de la objetividad del valor. ¿En qué consiste esa objetividad del valor, que a diferencia de las propiedades naturales no se sabe por dónde agarrarla? Con esto Marx ya no se pregunta por el qué se está comparando en el mercado, sino por qué los trabajos se igualan comparando mercancías que tienen una propiedad especial, la de “valer”. Por lo tanto, no tiene sentido afirmar que Marx no pudo resolver los problemas que se planteó en torno al valor porque carecía de los instrumentos matemáticos necesarios. De la misma manera, es un sinsentido decir que el eje de la crítica de Marx a Ricardo, en torno al valor, pasa por la transformación de valores a precios. Debido a que Ricardo consideró al valor una propiedad natural, Marx lo critica porque no prestó atención a la forma del valor, y por eso jamás se preguntó por qué los trabajos humanos debían compararse a través de las mercancías. Marx lo pone explícitamente: “… es indudable que la economía política ha analizado, aunque de manera incompleta, el valor y la magnitud del valor y descubierto el contenido oculto en esas formas. Solo que nunca llegó siquiera a plantear la pregunta de por qué ese contenido adopta dicha forma; de por qué, pues, el trabajo se presenta en el valor, de a qué se debe que la medida del trabajo conforme a su duración se presente en la magnitud del valor alcanzada por el producto del trabajo” (Marx, 1999, t. 1, pp. 97-8). Al plantear la cuestión de esta manera, Marx pone el acento en la contradicción fundamental de la sociedad mercantil, la que existe entre la forma privada de la producción (propietarios “independientes” de los medios de producción) y el carácter social del trabajo.

La “inutilidad” del análisis del valor (1)

Lo anterior nos introduce de lleno en la primera respuesta a la idea de los ultra-sraffianos de que el análisis del valor es inútil. El hecho es que el valor no es un producto de la imaginación de Marx, sino una categoría socialmente objetiva. Se trata de una realidad social, y como tal hay que encararlo. Por eso la discusión de Marx sobre la forma del valor gira en torno a la objetividad de las mercancías en cuanto valores. Al comienzo del punto 3 del capítulo 1 de El Capital, señala que esa objetividad de las mercancías, a diferencia de sus propiedades físicas, “no se sabe por dónde agarrarla”. ¿Por qué? Porque se trata de una objetividad social. Social porque surge de las relaciones entre seres humanos (es una propiedad relacional) y objetiva porque pertenece a las mercancías. Es en conexión a esta cuestión que la forma del valor pasa a ser clave (desarrollamos la cuestión más abajo).

Naturalmente, se puede afirmar que esta explicación de Marx es incorrecta por tal o cual razón, y que tal otra explicación es más coherente, o abarcativa, etc., para explicar la existencia de valores. Pero no se puede desconocer que el valor tiene una existencia objetiva en la sociedad mercantil y capitalista, y que es necesario dar alguna explicación de su existencia; o por qué no existió en otras sociedades. Tomando un ejemplo clásico (utilizado por Marx y Joan Robinson), para Robinson Crusoe, en su isla, el peso y la longitud tenían el mismo significado que en Inglaterra, pero el poder adquisitivo (por ejemplo, el valor de su canoa) no tenía ningún significado; esto a pesar de que Robinson calculaba cuidadosamente los tiempos de trabajo insumidos por cada una de las cosas que fabricaba. Si bien en todas las sociedades los seres humanos calcularon tiempos de trabajo y compararon esos tiempos con sus efectos útiles, la propiedad de “valer” de las cosas tiene una existencia histórica muy limitada. El cálculo de tiempo de trabajo podía servir a Robinson Crusoe tanto en su isla como en Inglaterra; la categoría valor solo era aplicable en la Inglaterra de su época. La ciencia debe explicar esta diferencia, y es lo que intenta Marx. Hasta el momento no leí ninguna explicación, ni siquiera alternativa (ya no superadora) de los sraffianos. Esto no les impide atacar una y otra vez la explicación de Marx por “inútil”.

La “inutilidad” del análisis del valor (2)

La explicación sobre el porqué de la objetividad del valor conecta con otro tema importante, que es pasar el mundo de la apariencia, de las formas, para introducirnos en el análisis de las leyes internas. Para analizar el asunto, imaginemos un escenario en el que se ha impuesto el criterio de los ultra-sraffianos. Esto es, han pasado los años y los estudiosos se han convencido de que es innecesario tratar el tema del valor. En este mundo del futuro, la obra de Marx, y de los marxistas, es considerada una curiosidad histórica, tal vez un poco más útil para entender el sistema capitalista que el sistema de Ptolomeo para entender cómo funciona el sistema solar. Supongamos entonces que un docente introduce la visión heterodoxa a sus alumnos a partir de un ejemplo sencillo, al estilo de los que presenta Steedman (1977). Tenemos una economía compuesta de dos ramas, en una se produce hierro, utilizando como insumo hierro y trabajo; en la otra se produce oro, utilizando como insumo hierro y trabajo. Suponemos que los trabajadores consumen hierro, además de emplearlo como medio de producción, y que los capitalistas consumen oro. Acorde con la recomendación sraffiana (ultra), el docente se propone demostrar cómo, a partir de los datos técnicos de insumos de hierro y trabajo, y del salario dado (en términos físicos), es posible determinar precios y tasa de ganancia de equilibrio. Procede entonces con el ejemplo. Nuestra pequeña economía dice que con 4 unidades de hierro más 8 unidades de trabajo se producen 4 unidades de oro; y que con 28 unidades de hierro y 32 de trabajo se producen 40 unidades de hierro. El salario de los trabajadores (no hay necesidad de hablar de fuerza de trabajo) se fija en 8 unidades de hierro. Siendo entonces ph el precio del hierro, r la tasa de rentabilidad, w el salario monetario, y estableciendo que el oro es el numerario (o sea, po = 1), armamos un sencillo sistema de tres ecuaciones con tres incógnitas.

(4ph + 8w) (1 + r) = 4
(28ph + 32w) (1 + r) = 40ph
40w = 8ph

Resolviendo, encontramos que ph = 0,6142; r = 16,3%; w = 0,1228. Nuestro docente contempla satisfecho. A partir de coeficientes técnicos, ha calculado tasa de ganancia y precios. Dejemos de lado por ahora los problemas que puede plantear la determinación simultánea de los precios del insumo y producto, para hacer la pregunta maldita. ¿De dónde surge ese “plus” que “recarga” los costos de los insumos? Después de todo, está presente en modelos convencionales de los neoclásicos. ¿Cuál es la ventaja de nuestro curso heterodoxo sraffiano con respecto a esa explicación, usual en cualquier curso de macroeconomía? Puede mencionarse que ahora r está determinada por las condiciones de producción; esto es, no aparece como una imposición de poder de mercado. Pero aquí termina la indagación, ya que la ganancia media puede ser un fruto tanto del hierro, como del trabajo; su origen último es misterioso. Supongamos que un alumno, instruido por un abuelito memorioso de viejos tiempos, dice que ese “plus” es producto del trabajo humano; y que otro responde que es un resultado de lo aportado por el hierro. ¿Qué puede decir el ultra-sraffiano? Respuesta: nada, no hay forma de decidir. El modelo muestra la forma en que se puede calcular una tasa media de ganancia de equilibrio, y precios de equilibrio, en una economía capitalista, si se dispone de los coeficientes técnicos y del salario físico. Haríamos entonces una evaluación cuantitativa. Por ejemplo, podríamos tener un método para saber cuánto se apartan los precios de mercado de los precios de producción. Pero la naturaleza del fenómeno no se comprende. ¿Explotación? Alguno puede decir que hay explotación porque los capitalistas se apropian de un excedente sin haber participado en la producción. Pero por ningún lado aparece clara la idea de que el trabajo es el explotado. Para ver por qué, partamos de los coeficientes técnicos de nuestra pequeña economía:

4h + 8l 4o
28h + 32l 40h

Ahora hacemos un cálculo en términos de hierro del “valor” del trabajo y del oro. El contenido en hierro del trabajo es 0,375 unidades de hierro, de manera que 4 unidades de hierro más 3 unidades de hierro (contenidas en el trabajo) nos dan 4 unidades de oro que tienen un valor de 7 unidades de hierro; esto significa que el valor en hierro de la unidad de oro es 1,75 hierro. A partir de aquí podríamos hablar de un valor “fuerza hierro”, de manera que el excedente aparece como producto del hierro, y considerar que éste es explotado. Lo que estoy planteando no es una chicana polémica. Roemer (1989), por caso, se refiere al “acero explotado” y a la “fuerza acero” (en alusión a la fuerza de trabajo), ya que analíticamente no hay manera de distinguir esa explotación de la explotación de la fuerza de trabajo (véase también Vegara, 1979). Es imposible rebatir este argumento en sus propios términos. Lo que se necesita es un análisis social.

Veamos ahora el asunto desde el punto de vista de la teoría del valor trabajo. Aquí la idea es que la valorización del producto surge del trabajo humano. Es la idea de Ricardo, Marx y de sraffianos como Roncaglia. Se trata de una toma de posición previa, teórica, a la resolución de cualquier ecuación. En Marx, en particular, se desprende de su concepción social, del hecho de que los seres humanos siempre tuvieron que comparar sus tiempos de trabajo, y que solo se modifica la manera en que lo hacen. Es por esta razón que tiene sentido calcular los valores en términos de trabajo incorporado. Aunque esto no signifique que el valor se reduzca a trabajo incorporado, permite comprender por qué hay un agregado de valor; éste no surge del hierro, sino de la actividad humana. Es a partir de este análisis que calculamos los valores-trabajo y en nuestro ejemplo encontramos que el valor de la unidad de hierro es 2,667 unidades de trabajo, y que el valor de la unidad de oro es 4,667 unidades de trabajo. Si establecemos luego que los trabajadores son remunerados con 8 unidades de hierro, se puede calcular el excedente que producen en cada industria. El valor agregado es distinto del valor que encierra la fuerza de trabajo. Haciendo los cálculos en unidades de trabajo, tenemos ahora los valores del capital constante, variable y plusvalía (aproximamos por dos decimales):

Industria oro 10,67c + 4,27v + 3,73s = 18,67
Industria hierro 74,68c + 17,1v + 14,93s = 106,71

Los valores generados son distintos en ambas industrias, pero esto surge porque se ha introducido el concepto de valor trabajo. El trabajo aparece como generador del valor, y por lo tanto del plus, la ganancia. Supongamos ahora que aceptamos el método de transformación sraffiano (o de Bortkiewicz), para calcular cuáles son los precios de producción y la tasa media de ganancia. Resolvemos el sistema de ecuaciones, con el oro como numerario, y tenemos el resultado de la tabla 1. ¿Estamos como al principio? No, porque ahora sabemos que lo que aparece en la superficie, el “plus”, o tasa de ganancia, es producto del trabajo humano. Subrayo, esto no surge de algún cálculo con ecuaciones, sino de la discusión sobre la naturaleza de la valorización. Es el trabajo humano (no el hierro, ni alguna propiedad de la naturaleza, etc.) el que genera la ganancia. Por eso tiene razón Roncaglia cuando, en crítica a los ultra-sraffianos, afirma que la teoría del valor es necesaria para poner en evidencia la explotación capitalista. En las cuentas nacionales aparece el valor agregado. La pregunta a responder es, ¿quién lo generó? ¿El trabajo humano, los medios de producción, o ambos en conjunto? Según el marxismo, el trabajo es el explotado, no los medios de producción. Pero esto surge de una teoría que ha establecido que el trabajo es la fuente del nuevo valor, y que ha distinguido el excedente en valor del excedente en valor de uso, y el trabajo abstracto del trabajo concreto. Solo si se tiene en cuenta este aspecto del problema puede encararse la cuestión de la transformación (tratamos la crítica de Mongiovi a la transformación en la tercera parte de esta crítica).

Regularidades, apariencia y esencia

La discusión del punto anterior conecta con el contenido crítico, subversivo del orden capitalista, de la teoría de Marx. Vivimos en un mundo escindido, donde las relaciones fundamentales aparecen bajo formas mistificadas, y como tales se expresan en las categorías económicas. Es la propia relación social la que genera el carácter fetichista del mundo de las mercancías; asimismo, en la superficie de la sociedad, la plusvalía aparece como ganancia, el valor de la fuerza de trabajo como valor del trabajo, el dinero como productor de dinero, etc. La tarea crítica del científico es penetrar por detrás de las apariencias, y poner en evidencia la sustancia. La economía vulgar, por el contrario, se queda en las apariencias; en principio porque puede pensar que detrás de éstas no hay nada, o porque crea que las formas reflejan directamente los contenidos, de manera que no hay por qué indagar más allá.

Pues bien, en Mongiovi (y en general en los ultra-sraffianos) este contenido crítico desaparece. Destaquemos que Mongiovi sostiene que el rol de la teoría es “exponer las regularidades que subyacen a la realidad observable”. Naturalmente, no se puede negar que un objetivo del estudio es encontrar regularidades, pero el rol de la crítica de Marx no consiste solo, ni principalmente, en encontrar “regularidades”, sino desnudar las contradicciones que subyacen al mercado, ese mundo de las armonías universales, y aparentes. Sin embargo, según Mongiovi, esto no sería necesario, ya que, después de todo, la explotación es “evidente”. Escribe: “La explotación tiene lugar cuando los capitalistas se apropian de la parte del producto neto que producen los trabajadores. Que éste es un rasgo del capitalismo es evidente y no hay necesidad de un recurso analítico especial para establecer la presencia de tal fenómeno” (énfasis añadido). La realidad es que no hay nada “evidente” en la explotación del capital. La cuestión no es menor, porque no solo los capitalistas están convencidos de que la ganancia proviene del “capital” (= medio de producción), y de sus habilidades personales, sino también la mayoría de la población trabajadora comparte ese criterio. Es común que en los cursos de economía, estudiantes que son trabajadores asalariados, explotados por el capital, cuestionen por qué hablamos de explotación si a ellos se les paga “por su trabajo”. ¿Por qué, además, decimos que el producto neto es un resultado del trabajo? Después de todo ya hemos visto, en el ejemplo de la pequeña economía de dos sectores, que el hierro podría ser el explotado. Más en general, si se elige como numerario la fuerza de trabajo, se puede demostrar que la explotación de la fuerza de trabajo es condición necesaria y suficiente para que exista una tasa positiva de ganancia (Morishima, 1977, ha llamado a éste el “teorema marxiano fundamental”). Pero esto no surge principalmente de las herramientas matemáticas aplicadas. Es que el teorema solo se cumple si la fuerza de trabajo se toma como numerario. En cambio, si cualquier elemento del capital constante se toma como numerario (el hierro en nuestro ejemplo), se puede demostrar que ahora esa mercancía es la que tiene la propiedad de ser explotada (Bowles y Gintis, 1981). La única forma de salir de esta encerrona es recurriendo a una teoría social, que parta de clarificar, por encima de las formas, el contenido del valor. Pero esto es imposible si el rol de la teoría se limita a encontrar “regularidades”, y si se parte de la convicción de que la explotación capitalista es evidente. Es curioso que autores que sostienen que basta con establecer la tasa media de ganancia y los precios de equilibrio de un sistema, planteen que lo suyo es “ciencia” y que el marxismo es “economía vulgar” porque se quedaría en la superficie de los fenómenos.

Bibliografía
Bowles, S. y H. Gintis (1981): “Structure and Practice in the Labor Theory of Value”, Review of Radical Political Economy, vol. 12.
Dobb, M. (1973): Economía política y capitalismo, México, FCE.
Kurz, H. D. y N.Salvadori (1987): “Burmeister on Sraffa and the Labor Theory of Value: A Comment”, Journal of Political Economy, vol. 95, pp. 870-881.
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.
Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
Mongiovi, G. (2009): “Economía vulgar en ropaje marxista: una crítica del marxismo del sistema temporal simple”, Circus Nº4, año 2; también existe una versión digital, en la que me basé.
Morishima, M. (1977): La teoría económica de Marx. Una teoría dual del valor y el crecimiento, Madrid, Tecnos.
Roemer, J. (1989): Valor, explotación y clase, México, FCE.
Roncaglia, A. (1980): Sraffa y la Teoría de los Precios, Madrid, Pirámide.
Sraffa, P. (1966): Producción de mercancías por medio de mercancías, Barcelona, Oikos.
Steedman, I. (1977): Marx After Sraffa, London, Verso.
Vegara, J. M. (1979): Economía política y modelos multisectoriales, Madrid, Tecnos.


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“Ultra-sraffianos” y la teoría de Marx (primera parte)

Written by rolandoastarita

19/07/2011 a 13:12

Publicado en Economía

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4 comentarios

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  1. Estimado Rolando Astarita: siempre leo sus textos y me parecen muy buenos. Quería saber como conseguir los libros que usted hace referencia( los tuyo ya los tengo), por ejemplo los de vergara,sraffa, roeme, mongiovi ya que no los puedo conseguir en las librerías ni en Internet.

    Saludos cordiales

    Ignacio

    Me gusta

    ignacio

    20/07/2011 at 01:39

    • El texto de Mongiovi te lo envié por correo, pero los otros posiblemente sea problemático, porque se trata de ediciones viejas, agotadas seguramente. Una posibilidad es consultar qué tiene la biblioteca del Banco Central, que es la más completa en economía. Un comentario al respecto: el estado en que se encuentran las bibliotecas en nuestro país, en lo que atañe a libros de economía, es patético.Este gobierno se jacta de invertir en investigación, y muchos economistas “heterodoxos” aplauden, al compás de las suculentas becas y subsidios que reciben. Pero nadie dice palabra sobre la falta de bibliografía, sobre el estado de las bibliotecas en nuestras universidades; y máxime si se trata de literatura no ortodoxa.

      Me gusta

      rolandoastarita

      20/07/2011 at 09:47

  2. Rolando me pareció muy interesante la nota y esclarecedora en cuanto al modo de tratar temas tan complejos. Esto último me parece muy importante sobre todo para un iniciado como es mi caso; escritos así nos dan aliento para no abandonar,en el intento,una comprensión cientifica de la realidad social.
    Hasta un aficionado como yo tiene dificultad para dar con bibliografia básica en materia de economia. El texto Mongiovi intente buscarlo digitalizado pero no lo encontré. Si usted lo ha encontrado en internet le pediría el favor de pasarme el link.
    Saludos y gracias por compartir su trabajo.
    Dani.

    Me gusta

    dani

    20/07/2011 at 20:32

  3. Estimado Rolando Astarita:

    Gracias por responderme!! fue muy amable de su parte. Ahí le dejo el email mio para que me envié el texto. Desde ya muchísimas gracias y disculpe la molestias. Y tiene razón la deplorable situación de las bibliotecas publicas.

    Saludos cordiales

    Ignacio

    Me gusta

    ignacio

    21/07/2011 at 11:28


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