Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Crítica de K-economistas y respuesta

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En el número 35 Documentos de Trabajo de CEFIDAR se publicó un escrito de Fabián Amico, Alejandro Fiorito y Guillermo Hang, en el cual estos autores critican (entre textos de otros autores), un texto que escribí en 2003, donde decía que el desarrollo argentino carecía de consistencia y solidez. Amico, Fiorito y Hang (en adelante AFH) sostienen que mi postura de entonces formó parte de la visión “pesimista” de muchos economistas sobre el proceso abierto en Argentina en 2003, pesimismo que el crecimiento económico desde entonces habría desmentido. “La etapa 2002-2010 resultó, en términos de crecimiento, la más exitosa de la historia económica nacional. Las tasas de crecimiento del PIB en el período son incluso superiores a las vigentes en el modelo agroexportador y a las registradas entre 1964-1974”. escriben. En lo que sigue respondo a mis críticos. La cuestión tiene interés en tanto permite poner en evidencia algunas características del tipo de crecimiento en curso en Argentina.

Diagnóstico de 2003

AFH citan el siguiente pasaje que escribí en 2003: “Para que el actual ciclo adquiera consistencia y solidez debería darse una fuerte expansión de la inversión de largo alcance, que se caracteriza por la construcción de plantas, la renovación masiva de equipos, la expansión de infraestructura y producción de tecnología. Sin embargo, hasta el momento, se está muy lejos de esto. La inversión bruta fija ni siquiera llega a la media de los años noventa en términos del PBI (…) Téngase en cuenta que los países asiáticos que experimentaron fuertes desarrollos tuvieron tasas de inversión superiores a 25% del PBI durante años”. De aquí concluyen que en 2003 mi visión era “pesimista”, lo cual es realmente extraño. Es que, en primer lugar, durante la crisis de 2001-2 polemicé con buena parte de la izquierda que se empeñaba en sostener que la crisis era “sin salida” (no conozco qué decían AFH por entonces, pero la polémica fue intensa). En segundo término, en 2003 planteaba que la economía argentina había entrado en una fase alcista, y que era importante reconocerlo, en polémica con los que sostenían que seguía la crisis. El pasaje citado por AFH es parte de aquellos escritos. En tercer lugar, y en un sentido más general, he realizado una crítica bastante amplia a las tesis del “estancamiento permanente del tercer mundo”, no sólo en mi último libro, sino también en textos de los años 90 y principios de los 2000. Incluso la referencia a los países asiáticos -hablo de “fuertes desarrollos”- del pasaje citado evidencia que no tengo una posición “en principio” estancacionista con respecto al tercer mundo. En cuarto lugar, lo que afirmaba en 2003 es que, hasta ese momento, la inversión se mantenía relativamente débil -en términos de PBI estaba por debajo de los promedios de los 90- y que a fin de que el crecimiento tuviera consistencia, era necesaria una expansión de inversiones de largo alcance, incluida la infraestructura. Por lo tanto, simplemente constataba que al momento de escribir aquellas líneas, eso no sucedía. Por último, y éste era y es lo central del planteo, sostengo que no es posible superar el carácter dependiente y atrasado de la economía argentina si no se produce un avance cualitativamente distinto de las fuerzas productivas. Por cualitativamente distinto entiendo un crecimiento sustentado en la incorporación de tecnología; el fomento de la investigación y el desarrollo; y la incorporación de creciente valor agregado. Por supuesto, en 2003 podía decirse que la industria trabajaba con mucha capacidad ociosa, y que no eran de esperar inversiones “ampliadoras” de capacidad. Sin embargo, ya por aquellos años no se advertía que desde el gobierno hubiera algún programa que apuntara a fomentar, en el largo plazo, un desarrollo cualitativamente distinto de las fuerzas productivas.

Una K-teoría del desarrollo

Vemos ahora el nudo del planteo teórico de AFH. Su idea es que para que haya desarrollo basta con estimular la demanda, ya que “es el producto efectivo el que determina el sendero de la capacidad productiva potencial de la economía”. De acuerdo a este esquema, la expansión de la demanda conduce a un creciente gasto de inversión; lo que tendrá efecto directo sobre la capacidad productiva; y dado que al incorporarse nuevo equipo se incorpora tecnología, también aumenta la productividad. En síntesis, al aumentar la demanda y el producto, aumentan la inversión, lo cual impulsa más el aumento del producto; y aumenta la inversión, etc. Para esto AFH han eliminado de su función de inversión cualquier referencia a la tasa de rentabilidad; en su esquema, la inversión solo responde a los estímulos de la demanda, por el principio del acelerador. En este respecto van más allá de los keynesianos clásicos, al estilo de Kaldor (a quien citan). Es que Kaldor entendía que debía existir una disposición del empresario a invertir; y que esa disposición también estaba influenciada por la rentabilidad esperada de las inversiones. AFH, en cambio, no tienen en cuenta la tasa de rentabilidad en su función de inversión, y no presentan algún dato empírico para justificar semejante “desaparición”. Por eso es legítimo preguntar: ¿De dónde sacan AFH que los empresarios no toman en cuenta la rentabilidad a la hora de tomar sus decisiones de inversión? No se puede disimular la importancia de la pregunta. La idea (compartida por keynesianos, schumpeterianos, marxistas, regulacionistas, kaleckianos y otros), de que la inversión es influenciada por la tasa de rentabilidad (para algunos, la esperada, para otros la rentabilidad en curso), tiene su punto en el hecho de que los empresarios efectivamente, en su práctica, la toman en cuenta. Aclaro que con esto no estoy diciendo que haya coincidencia en qué determina la tasa de rentabilidad, realizada o esperada. Simplemente afirmo que los empresarios toman en cuenta la rentabilidad, y esto es lo que ha registrado la literatura. A fin de evitar falsas polémicas, también aclaro que con esto no estoy diciendo que la única variable que guía la inversión sea la rentabilidad. Como veremos más abajo, la rentabilidad del capital en Argentina en los 2000 fue más alta que en la década de 1990, y sin embargo la inversión no fue cualitativamente distinta (en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo presento una función de inversión que intenta registrar esta circunstancia).

Naturalmente, AFH tampoco tienen en cuenta las ideas de los schumpeterianos, quienes en base al estudio de muchos casos históricos (incluidos los países más industrializados) han puesto en evidencia la importancia de los sistemas nacionales de innovación para una acumulación del capital que progrese hacia la frontera del avance tecnológico. Para decirlo de manera sencilla con un ejemplo, el INVAP (la “joya” tecnológica del capitalismo argentino) no es un mero resultado del “principio de aceleración”. INVAP no se puede explicar si no es en relación a un cierto rol del Estado y el sistema educativo. De ahí la relevancia que tienen algunas de las cuestiones planteadas por los schumpeterianos, y otras corrientes. Hablar de “hechos estilizados” sin tomar en cuenta las experiencias históricas y los datos es una abstracción, que termina siendo funcional a la apologética de lo existente. Para ver por qué, en lo que sigue examino la tesis de AFH a la luz de los datos y la experiencia histórica de Argentina (en una próxima nota discutiré las teorías del desarrollo kaldorianas, que por cierto son bastante más complejas e interesantes).

La prueba de los hechos

Empiezo diciendo que si AFH están en lo correcto, deberíamos encontrar algún cambio significativo de la estructura productiva en relación a los años 90. Tomemos entonces la inversión, variable clave en el esquema de AFH. La pregunta es: ¿ha experimentado algún cambio significativo la tasa de acumulación del capital en los 2000 con respecto a los 90? La respuesta es negativa. En 2010 la inversión representó el 20,1% del PBI; en el primer semestre de 2011 el 21,9% del PBI; en 1998 era del 21,1%. Notemos también que la inversión se desaceleró con respecto al nivel relativo que alcanzó en 2007, del 22,7% del PBI. ¿Por qué debería ocurrir, si la economía está creciendo de nuevo a altas tasas desde hace casi dos años? Tampoco la composición de la inversión evidencia cambios significativos. Actualmente el 11,3% de la inversión se destina a la construcción, y 10,6% a equipos durables, de los cuales el 7,2% en equipos durables importados y 3,4% en equipos durables nacionales. En 1998 la inversión en equipo durable representaba el 8,9% del PBI, siendo el 4% en equipos nacionales y 4,8% en equipos importados.

Veamos ahora el peso de la industria en el conjunto de la economía, dado que este gobierno se precia de ser “industrialista”. En 2010 la industria manufacturera representaba el 16% del PBI; en 1998 el 17,2%. Globalmente, el sector productor de bienes actualmente representa el 28,9% del PBI, mientras que en 1988 representaba el 32,2% (véase también “Mitos…).

Las cosas tampoco mejoran para la tesis de AFH cuando examinamos el sector externo. La composición de las exportaciones debería reflejar los avances cualitativos en la estructura productiva del país. Si bien se triplicaron desde 2002 (llegarían a los 80.000 millones de dólares en 2011), y hubo dinamismo de algunas exportaciones industriales -maquinarias especiales y generales, maquinarias eléctricas, equipos de transporte y calzado- no se modificó sustancialmente la estructura de las exportaciones con respecto a los 90. Por empezar, en 2010 las exportaciones de origen industrial representaban el 35% del total de las exportaciones; en 1998 el 33%. Las exportaciones industriales de origen agropecuario en 2010 constituyeron el 33% del total de las exportaciones; es la misma proporción que en 1998. Más importante, el contenido tecnológico sigue siendo escaso, y está aproximadamente en los niveles de los 90. Según Bernat (2011), en 2008 las exportaciones industriales de intensidad tecnológica mediana y alta representaban el 31,2% del total; en 1998 el 31,1%. Las de intensidad tecnológica media el 25,9%; en 1998 eran el 26,3%. Las de intensidad tecnológica baja el 42,7%; en 1998 el 42,3% (todas medidas a precios de 2003). La industria metalúrgica, una de las ramas “estrella” del modelo K tenía un déficit comercial, en 2010, de 8500 millones de dólares. Algo similar parece estar pasando con la industria textil. Recientemente la empresa TN& Plátex, que es la principal hilandería del país, paró sus dos plantas, diciendo que no puede competir con la importación, a pesar de estar protegida por el régimen de licencias no automáticas. Otras empresas están informando que trabajan ahora con más capacidad ociosa, y que parte de la demanda está siendo satisfecha por importaciones. Algunos -entre ellos el presidente de Pro Tejer, Bergaglio- dicen que el problema es que hay baja inversión. En cualquier caso, si es suficiente con que haya demanda para que haya inversión -y si la inversión trae aparejada la alta tecnología-, ¿por qué deberían existir estos problemas en el ramo textil, tan vinculado a la evolución del consumo?

Señalemos también que la participación de Argentina en las exportaciones mundiales es igual que en 1998, el 0,5%. Lo cual no habla de una inserción precisamente exitosa en la división internacional del trabajo. ¿Cómo explica el “modelo” AFH esta cuestión? Si el crecimiento de la economía argentina fue superior al promedio mundial, y si la inversión está determinada automáticamente por ese crecimiento, ¿por qué no aumentó en términos relativos la capacidad exportadora global del capitalismo argentino?

Tomemos ahora el caso de la producción de energía. El gas supera el 50% de la matriz energética del país. Según datos de la Secretaría de Energía, cuando asumió Kirchner en 2003 las reservas probadas de gas eran de 612.495 millones, con un horizonte de 10 a 12 años. A finales de 2009 las reservas probadas de gas eran de 441.974 millones, un 34% menos que en 2003, y con un horizonte de 7 a 8 años. Según la consultora Ecométrica, la producción de gas disminuyó 10% entre 2004 y 2010. ¿Y qué hay de la producción de petróleo? ¿Cómo respondió aquí el principio del acelerador? Según el Instituto Argentino de Petróleo y Gas, todavía en 2005 la producción global de petróleo era de 38,6 millones de metros cúbicos; en 2010 fue 35,2 millones; pero en 1998 era 49,1 millones. De conjunto, en 2004 el saldo energético explicaba el 40% del superávit del comercio exterior; en 2011 ese superávit desapareció. ¿Cómo se explica esto con el esquema de AFH, si la demanda de energía se mantuvo alta a lo largo de estos años, y la inversión depende solo de la demanda?

Examinemos ahora la infraestructura de transporte dedicada al transporte de cargas, y de granos en particular, que es una de las principales fuentes de divisas. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, el 83% del transporte de granos se realiza por camión, el 15% por ferrocarril y el 2% por barcazas. El transporte por camión es manifiestamente más caro que por ferrocarril; en la campaña 2007-8 se calculó que el costo de transportar el grano era de unos 2000 millones de dólares (dato presentado en el Seminario del Transporte Ferroviario del BID). En 2009 el representante de la UIA ante el Consejo de Cargadores, Rey Iraola, consideraba que el costo logístico del transporte de granos era del 29%, contra el 9,5% en EEUU (La Nación, 14/7/09). En cuanto al ferrocarril, para una red de casi 13.000 kilómetros que conectan con la producción granaria, solo están en servicio 334 locomotoras. El Belgrano Cargas apenas tiene en funcionamiento 26 locomotoras y solo el 40% de los 6000 vagones que posee. ¿Qué sucede con los capitalistas del Belgrano Cargas, que no invierten al compás del aumento de la demanda? Más en general, en la década de 2000 las toneladas-kilómetro despachadas por ferrocarril se mantuvieron sistemáticamente por debajo de los promedios de los años 1960 o 1970. ¿Por qué no hubo inversiones en la infraestructura de transporte, especialmente ferroviario? ¿No bastaba con la demanda? Por otra parte, según la Secretaría de Transporte, la antigüedad promedio del parque de camiones dedicado al transporte de granos es de 19 a 20 años; esto, a pesar de la fuerte demanda de transporte.

Investigación y desarrollo

Como han subrayado con acierto los schumpetarianos, la inversión en investigación y desarrollo es vital para que pueda hablarse de un crecimiento consistente. En términos marxistas, para hablar de desarrollo de las fuerzas productivas con características sólidas; lo que implicaría mayor generación de valor por unidad de trabajo, y también abaratamiento de costos. Cabe entonces preguntarse cómo está Argentina en el terreno de la I&D. La respuesta es que no hay nada demasiado brillante. En 2009, último año para el que hay datos disponibles, la inversión en I&D representaba el 0,6% del PBI. Una cifra mayor que el promedio de los 90, pero que está por debajo de lo que invierten no sólo las potencias, sino muchos países atrasados. Sin embargo, lo más importante para lo que estoy discutiendo, es que en Argentina las empresas aportan apenas el 21,4% del total de la inversión en I&D. En Brasil, España y Canadá el sector privado y el Estado invierten por partes iguales, y en EEUU las empresas invierten el 70% del total. ¿Cómo se explica esto con el esquema de AFH? Si el crecimiento es alto, ¿por qué las empresas invierten tan poco en I&D? El problema es importante, y está lejos de ser una preocupación exclusiva de la “derecha neoclásica”. “Bernardo Kosacoff, director del Centro de Empresa, Competitividad y Desarrollo del Instituto Tecnológico Buenos Aires (ITBA) y de la Universidad de San Andrés, dice que la Argentina invierte poco en I&D en relación a la riqueza que tiene. Si bien hubo una mejora en los últimos años, advierte que todavía está alejado de los países en desarrollo o de algunos vecinos de la región. En 2009, Brasil invirtió el equivalente al 1,19% de su PBI” (La Nación, 31/7/11). De nuevo, ¿cómo se explica esta cuestión con el principio del acelerador?

Acumulación y drenaje del excedente

Dos de las ideas más importantes de los economistas clásicos, que arrancan en los fisiócratas, son las del excedente (o producto neto) y la actividad económica como un proceso circular, esto es, producción de bienes que a su vez sirven para producir bienes. El excedente es el exceso de lo producido por encima de los bienes que es necesario volver a introducir en el proceso productivo (incluye lo que consumen los trabajadores) a fin de reponer lo consumido. Ambas ideas llevan a destacar la centralidad de la reinversión del excedente, a fin de ampliar las fuerzas productivas, que en la siguiente “ronda” generarán más excedente, dando lugar a la posibilidad de más excedente. En Marx, el excedente toma la forma de la plusvalía, y la reinversión de la plusvalía consiste en la acumulación de capital, la forma social bajo la cual se da el desarrollo de las fuerzas productivas. En otras palabras, la acumulación es el proceso de reproducción capitalista a escala ampliada; proceso que está a cargo de la clase capitalista. A diferencia de la vieja aristocracia, que consume “lo existente”, el evangelio del capitalista es la acumulación, expandir sin límites la masa de obreros explotados, para generar valor sin límites. “Acumulación por la acumulación, producción por la producción misma; la economía clásica expresa de esta forma la misión histórica del período burgués”, señala Marx en El Capital. En oposición a la visión neoclásica, que pone el acento en la asignación eficiente de recursos, en la visión clásica y de Marx, la utilización del excedente es el criterio fundamental para evaluar si una economía capitalista está desarrollando las fuerzas productivas. Es éste criterio el que nos lleva a decir que en Argentina el desarrollo tiene bases débiles, a pesar del crecimiento del producto.

Pero si la inversión productiva en Argentina no ha sido particularmente alta, ¿dónde va la plusvalía? Según la información disponible, una parte importante de la renta de la tierra parece colocarse en inversiones inmobiliarias urbanas. Otra parte, lógicamente, es destinada al consumo de las clases propietarias. Estos factores alimentan entonces la demanda. Sin embargo, en los 2000, y a igual de lo sucedido en períodos anteriores, otra parte fundamental del excedente ha estado saliendo al exterior, sea bajo la forma de remesas de utilidades, pagos de intereses y salidas de capitales que se colocaron en inversiones inmobiliarias y de cartera. La diferencia con los 90 es que esa salida de capitales, en lugar de financiarse con deuda, se financió con buena parte de los excedentes de la balanza comercial. En este sentido hubo lo que se llama una “transferencia real” hacia el exterior. Pero lo importante es que una parte significativa de la plusvalía salió al exterior. Las cifras son contundentes. En los 8 años que van de 2003 a 2010, el superávit comercial acumulado fue de 118.786 millones de dólares. En ese lapso las reservas externas del Banco Central pasaron de 14.119 millones en 2003 a 52190 millones en 2010. Las salidas netas por pagos de intereses, utilidades y dividendos en ese período fueron por 63.192 millones de dólares. Y los activos externos (incluyen inversiones inmobiliarias, depósitos en el exterior, tenencia de moneda extranjera y diversas inversiones de cartera) del sector privado pasaron de 118.008 millones de dólares en 2003 a 172.888 millones. Cabe entonces preguntarse ¿por qué estas masas de plusvalía no se reinvirtieron productivamente en el país, si la economía crecía a tasas altísimas, y en muchos sectores -infraestructura energética, transporte y logística, etc.- hay, carencias por el lado de la oferta? ¿Cómo explica el esquema AFH esta cuestión? Apunto que el drenaje de plusvalía desde el tercer mundo a los centros más desarrollados es clave en los procesos por los cuales se perpetúa el subdesarrollo.

¿Investigación “militante”?

A pesar de lo que afirman AFH, en el propio gobierno se admite que la inversión tiene flaquezas. “Necesitamos más inversión. Yo sé que la inversión requiere confiabilidad. Yo quiero darles la certeza de que estas políticas que hemos implementado desde 2003 no solo las vamos a mantener, sino también a profundizar”. Esto no lo dijo un “neoliberal destituyente”, sino Cristina Kirchner (1/08/11). Más preciso todavía, Horacio Rovelli, director nacional de Programación Económica del Ministerio de Economía, señalaba hace un tiempo que “todo modelo de acumulación se basa en la inversión productiva que se financia con la ganancia generada en la actividad”, pero en Argentina “más de la mitad de las ganancias declaradas por las empresas en lugar de invertirse en el país se fugan”, y apuntaba que en muchos sectores no se invertía para aumentar la infraestructura, máquinas y equipos (www.elgritoargentino.com.ar). En 2008 Rovelli destacaba que la inversión privada en 2007 había desacelerado su crecimiento, a pesar de que la economía estaba creciendo a altas tasas. “La tasa de inversión total aunque es una cifra importante, es insuficiente para mantener la tasa de crecimiento del PBI a lo largo del tiempo”, apuntaba. También señalaba que empresas con altas ganancias, sin embargo no invertían en ampliar capacidad instalada, a pesar de que estaban operando a niveles superiores al 90%. “Ese menor crecimiento de la Inversión con respecto a la capacidad de ahorro generado, se convierte en el principal problema Argentino. Ya no basta con ‘tirar’ de la Demanda Agregada, hace falta que la Oferta Global crezca y ello solo es posible con mayor inversión, sobre todo en equipos durables de producción”. Rovelli adelantaba la hipótesis de que los empresarios podían no estar invirtiendo porque temían una nueva crisis (dada la historia del país), y abogaba por mayor intervención del Estado para solucionar el problema. Lo importante es que desde el mismo gobierno se estaba diciendo, en 2008, que había debilidad de la inversión.

El tema entonces es preguntarse por el curioso criterio con que AFH eligen textos y autores como blancos de sus críticas. Los investigadores del CEFIDAR critican un texto mío de 2003, y a otros economistas, como Claudio Lozano y Tomas Raffo, quienes también sostenían, en 2007, que en Argentina había una baja tasa de reinversión del excedente por parte de la clase capitalista (“los ricos”, como escriben Lozano y Raffo). Pero pasan por alto nada menos que la opinión del director nacional de Programación Económica (por no hablar de la presidente). Ante esto, no puedo menos que sospechar que aquí impera un criterio “militante” (símil del periodismo militante 6,7,8), y no científico. La idea es que si sos amigo del gobierno, estás exento de críticas; si no sos partidario K, se usarán todos los recursos a mano para tratar de hacerte aparecer como un derechista neoliberal. No se persigue la verdad científica, sino la “verdad de partido”. Es todo lo que importa. En especial, cuando hay que hacer méritos, y demostrar que se es más papista que el Papa. El tema no es menor cuando se trata de investigadores de un organismo como el CEFIDAR, que al menos en parte está subvencionado con fondos públicos.

Falta de perspectiva histórica

Además de incapacidad para explicar lo que sucede, el “modelo” de AFH carece de perspectiva histórica. De hecho, estamos ante un enfoque con muchos puntos de contacto con los planteos neoclásicos, para quienes basta con que haya crecimiento del PBI para hablar de “desarrollo”. Precisamente, una de las críticas más importantes de los heterodoxos -estructuralistas, dependentistas, marxistas- a los neoclásicos es que cuando se analizan los países atrasados y dependientes, el crecimiento del PBI no es suficiente para hablar de desarrollo. Hay que preguntarse qué está pasando con las estructuras productivas. Podemos ilustrarlo con el ejemplo de Argentina. Entre 1880 y 1920 la economía creció a altas tasas, lo que lleva a los autores neoclásicos a hablar de algo así como de una edad “dorada” de desarrollo del país. En ese período el crecimiento fue excepcionalmente alto. Entre 1875 y1912 el PBI por habitante aumentó a una tasa anual del 3,9% (con una población que aumentaba al 3,5% anual). Los salarios eran relativamente elevados; la demanda de los productos de exportación creció al 5,1% anual entre 1870 y 1913; y la producción manufacturera, destinada principalmente al mercado interno, se incrementó a una tasa anual del 8% entre 1875 y 1913. Además, entre 1895 y 1914 el número de establecimientos industriales se incrementó un 120% (López, 2007). Sin embargo, Argentina terminó el período con una estructura productiva relativamente atrasada. En otras palabras, había “perdido la carrera”, en comparación con la evolución de otros países que también habían crecido a altas tasas, como Canadá y Australia. En Argentina, a lo largo de aquellas décadas, hubo alto crecimiento, pero el desarrollo fue desarticulado y con bases débiles. En particular, desde 1880 a 1920 el capitalismo argentino no desarrolló las industrias que hicieron “punta” en esa fase de expansión del capitalismo mundial, como acero, química, motor eléctrico y motor de combustión interna (automóvil). En consecuencia, al iniciarse la Primera Guerra mundial, Argentina era un país dependiente y atrasado. Por eso, solo una increíble falta de perspectiva histórica puede llevar a pensar que alto crecimiento del PBI es sinónimo de desarrollo sólido de las fuerzas productivas. Para explicarlo todavía con otro ejemplo, esta vez actual. A lo largo de los 1990 y 2000 en Argentina hubo una sostenida expansión de la producción de soja, y el proceso sigue su curso. En solo 15 años se triplicó la producción, y en los últimos 12 años el área sembrada creció casi el 120%, llegando a 18,5 millones de hectáreas. Naturalmente, si solo nos atenemos a los índices de producción, a los volúmenes exportados, a los ingresos de divisas y al superávit fiscal que generó, podríamos concluir que es la máxima expresión de un crecimiento “de bases sólidas”, como hacen AFH (al pasar, ¿será por influencia de esta doctrina que el kirchnerismo “se olvidó” de la lucha contra la “sojización”?). Pero si se mide en términos de erosión de suelos, pérdida de nutrientes y deforestación, es posible que el balance no sea tan brillante. Ya hace muchos años Furtado alertaba que un crecimiento asentado en el agotamiento de los recursos naturales, no era verdaderamente desarrollo. Su observación podría ser válida para lo que sucede hoy en Argentina. Un crecimiento de la producción agraria del tipo que se ha registrado en Argentina en las últimas dos décadas es claramente desarticulado, y tiene bases endebles, en el largo plazo. Destaco además que, de nuevo, en el terreno de la sojización, no se advierten diferencias sustanciales entre lo que sucedió bajo el menemismo, y lo que sucede bajo el gobierno K. Virtudes del desarrollo “tirado por la demanda”.

Una visión “circulacionista” del desarrollo

Veamos todavía la cuestión desde el punto de vista del debate con las tesis smithianas del crecimiento. Según las tesis de Adam Smith, bastaba que un país participara del comercio mundial, y garantizara la libertad de comercio, para que se desarrollara. En su esquema, la ampliación del comercio generaba el aumento de la división del trabajo, lo que aumentaba la productividad, y por ende elevaba el desarrollo económico. De ahí la importancia que daba Smith a las economías de escala (el famoso ejemplo de la fábrica de alfileres, que presenta en la Riqueza de las Naciones). Con esta visión, se podía decir que era suficiente, entre 1880 y 1920, que el capitalismo argentino respondiera al aumento de la demanda mundial de productos agrícolas para que entrara en la senda de un sostenido y coherente desarrollo de las fuerzas productivas. Pero ya vimos que no sucedió así. Y lo mismo se aplica a la actualidad. Al aumentar la demanda en el mercado mundial de soja y sus derivados, los capitalistas invirtieron en ampliar el área sembrada, elevar la productividad y en plantas fabriles para producir el aceite de soja. En resumen, la demanda generó la correspondiente inversión. Dado que actualmente están entrando al país unos 35.000 millones de dólares anuales por el complejo sojero, y dado que la demanda del mercado mundial se prevé en aumento, es de esperar que se profundice la sojización. Siguiendo el razonamiento de AFH, con esto basta para hablar de “desarrollo sustentable y coherente”. ¿Para qué preocuparse por otra cosa? El mercado -esto es, la circulación de mercancías- tiene las riendas, y el desarrollo de las fuerzas productivas (esto es, la acumulación de capital) responde pasivamente al mismo. Tiene razón el gobierno entonces, cuando termina aplaudiendo el avance de la sojización. Pero no hay argumento que pueda tapar la verdad: se trata de un crecimiento completamente desarticulado. Y es un error pensar que solo con “aumento de demanda y producto (mundial)” se va a corregir el problema.

Por otra parte, y desde un punto de vista teórico más general, ¿acaso la demanda mundial de productos alimenticios no está a su vez generada por un proceso de intensa acumulación de capital en China y otras regiones? Sí en la realidad, pero no en el esquema de AFH. Estos autores han decretado que cualquier idea de este tipo es “ortodoxia neoclásica”. La idea de que la producción “crea al consumidor” (Marx), y por lo tanto a la demanda, a sus ojos no es más que “ley de Say”. Con esto basta para escribir papers “científicos”; y atacar a los críticos del gobierno.

A modo de conclusión, de lo discutido se desprende que el desarrollo de las fuerzas productivas es un proceso más complejo del que nos pintan las tesis de tipo circulacionista. La clave del problema, en las sociedades capitalistas, pasa por la reinversión del excedente. Y todos los datos disponibles indican que el capitalismo argentino está muy lejos de dejar atrás su carácter dependiente y atrasado.

Textos citados:
Amico, F.; A. Fiorito y G. Hang (2011): “Producto potencial y demanda en el largo plazo: hechos estilizados y reflexiones sobre el caso argentino reciente”, CEFIDAR, Documento de Trabajo Nº 35, enero.
Bernat, G. (2011): “Crecimiento en la Argentina: del stop and go al go (slowly) non stop”, Instituto de Estrategia Internacional, CERA, agosto.
López, A. F. (2007): Desarrollo económico y sistema nacional de innovación en Argentina, Buenos Aires, Consejo Profesional de Ciencias Económicas.
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.


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Crítica de K-economistas y respuesta

Written by rolandoastarita

16/09/2011 a 11:43

41 comentarios

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  1. el post podria llamarse:”la decada k, supuestos teóricos y lugares fácticos”.slds

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    A

    16/09/2011 at 14:26

  2. Compañero. Cada vez estoy más asombrado con el desarrollo de esta polémica. Comparto el espíritu que anima su procedimiento de argumentar a ultranza, pero, a estas alturas, me parece que no se puede especular con que el debate pueda, por parte de su contradictor, estar animado por la buena fe. Con toda razón, Lenin solía decir que en política (en este caso, economía política) lo más dificil es encontrar un adversario honesto, Con más razón cuando estamos en presencia de defensores de un capitalismo ‘mejor’, lo que involucra un posicionamiento de clase. Si los teoremas de la geometría afectasen intereses de clase, de seguro habría gente interesada en refutarlos. Lo que más me extraña de este asunto (en realidad no debería extrañarme) es que F. D’ Amico parece tener visiones distintas a según de la ocasión. En un reportaje concedido en 2010 (https://americalatinaunida.wordpress.com/tag/economista-e-investigador-fabian-amico/) en el marco de la apología de la política ‘antineoliberal’ del modelo kirchnerista, reconoce que la estructura productiva no ha variado en lo substancial en los últimos 20 años y que, a lo sumo, el mérito del gobierno consistió en detener la primarización, algo que, aún si fuese cierto se lleva de patadas con el mito instalado de la pujante industrialización. Creo que uno no debe sorprenderse de estas actitudes camaleónicas que se producen, cuando se filtra un toque de sinceridad. Por supuesto que ello se da en el marco de una serie de despropósitos, como afirmar que ha crecido el salario real en Argentina, cuando recién en 2010 se alcanzaron para el sector en blanco los niveles de 1997, o el ultrabolazo del desendeudamiento. A propósito del tema, estuve estudiando el asunto y no alcanzo a entender como semejante fraude, vendido por el oficialismo como un hito histórico, no ha sido desenmascarado. En fin, ‘miente, miente, algo quedará’. Me gustaría su opinión sobre la cuestión de la deuda y su relación con el nivel real de reservas y los dibujos del presupuesto nacional, así como también sobre la conclusión de que el procedimiento inaugurado en 2003 no es más que una transición al reendeudamiento, que ya está planificado para los próximos años. Parece ser que este sería el único mecanismo pensado para apuntalar la inversión, sin la cual, la prosecución del crecimiento sostenido parece bastante inverosímil. Lo último. Usted hace alusión en la nota al encarecimiento del precio de los alimentos, como consecuencia del aumento en la demanda China. Si bien este es un factor importante, me parece que también coexiste con un fuerte comportamiento especulativo, que tarde o temprano puede saltar por los aires, acabando con el ‘viento de cola’ que infla las velas argentinas y las ínfulas de ciertos economistas adictos al régimen.
    Gracias.

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    AP

    16/09/2011 at 16:13

    • Tengo que estudiar mejor el tema de la deuda. Mi primera impresión es que el nivel de endeudamiento bajó, como sucedió en el resto de América Latina. Esto fue posibilitado por una mejora de los excedentes comerciales (que tuvo como base la mejora de los términos de intercambio y el aumento de la demanda mundial) y también por el default. De todas maneras hay gente de izquierda que me dice que no hubo tal baja, y por esta razón quiero estudiarlo mejor. Una cuestión que de todas maneras discutí varias veces es que el capitalismo no quiebra por deudas (como piensan algunos). Con respecto a la incidencia de la especulación de los mercados financieros en la suba de los precios de los alimentos de los 2000, soy más bien escéptico. Examino esta cuestión extensamente en mi último libro, le dediqué todo un apartado.

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      rolandoastarita

      16/09/2011 at 20:00

  3. Pegue Astarita, nada les duele más que los corran por izquierda, y si es con argumentos, peor…

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    Diego

    16/09/2011 at 16:13

  4. Hola profesor, ha estado leyendo el libro de Dieter Senghaas (“Aprender de Europa”), el cual también indica lo que usted señala sobre que Argentina se quedó tempranamente atrás con respecto a Canadá y Australia, estando en principio los tres muy nivelados; la respuesta que da a este problema expresa que a diferencia de esos países, Argentina tomó reiteradamente decisiones políticas, económicas, etc., cuyo resultado la mantuvieron en el subdesarrollo mientras que aquellos, mediando una secuencia distinta de decisiones, medidas y políticas, avanzaron al desarrollo. Un ejemplo es cómo Australia impidió la inmigración hasta que los salarios internos se hubieran elevado lo suficiente. En el fondo de una explicación como esta (de tipo histórico), está el hecho de que las decisiones de élites, gobiernos y en síntesis, del estado, respondieron tanto a una percepción más o menos clara del problema del desarrollo como a una aceptación de la conveniencia de embarcarse de lleno en dicho rumbo. Encuentra Ud. plausible esta explicación, porque a mi parecer explica poco, no dice porqué Argentina falló en el diagnóstico y en las respuestas, ni porqué sigue fallando.

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    mario

    16/09/2011 at 18:31

    • El tema de por qué Argentina se subdesarrolló entre fines de siglo XIX y principios de siglo XX está muy discutido. Una cuestión que es importante aclarar es que no sufrió deterioro de los términos de intercambio en ese período, como sugería la tesis de Prebish y Singer. Andrés López sostiene que un problema fundamental fue que Argentina no disponía de los recursos naturales que fueron vitales para la expansión industrial que ocurre desde 1880, basada en el acero y la industria química. Pienso que hubo algo de esto, pero también tuvo mucha incidencia la estructura agraria, latifundista y fuertemente concentrada. En EEUU el reparto de la tierra no solo generó un clase de farmers que iniciaron un fuerte proceso de acumulación y generaron un mercado interno para la industria, sino también posibilitó un aumento muy grande de la inmigración, lo que a su vez proveyó (a partir del fin de la Guerra de Secesión) un importante flujo de mano de obra para el capital en ascenso. Nada de esto sucedió en Argentina. Habría que evitar dos errores simétricos cuando se interpreta esa etapa. El primero, al que son afectos los neoliberales, pensar que se trató de un desarrollo que llevaba al país a ser de “primer mundo”. El otro error es pensar que no hubo en absoluto crecimiento, que fue todo “parasitismo agro exportador”. En este respecto el libro de López contiene datos y cuestiones interesante.

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      rolandoastarita

      16/09/2011 at 19:56

  5. Compañero Rolo. No puedo afirmar nada seguro, en relación al conjunto de Latinoamérica, pero no creo equivocarme en cuanto a que en porcentual del PBI la deuda argentina, pese a tener una baja inicial hoy se sitúa en los niveles del 2001 con miras a crecer en los próximos años. Hace poco leí el informe de H. Giuliano, de ‘La Olmos’ que, por fuera del enfoque general que pudiera tener el autor, presenta cifras muy contundentes. Entre otras cosas, muestra bien el proceso de empapelamiento interno y recambio de deuda vieja por deuda nueva y como el presupuesto ‘equilibrado’ es en realidad el encubrimiento de una punción sobre el nivel real de reservas y vaciamiento de los recursos del Anses, configurando una situación potencialmente explosiva, sobre todo, ante el impacto de la recesión a nivel internacional. Coincido con que los estados no quiebran por deudas. Pero también me parece que, por lo menos en economías periféricas, cuando la deuda consolidada supera el 50% del PBI se dispara la fuga de capitales, precipitando los factores más profundos que impulsan la crisis.
    Sobre la cuestión del componente especulativo en la suba de los alimentos, de seguro usted ha leído más que yo al respecto, pero me parece que cuando tantas voces señalan el punto y aportando numerosos datos, por lo menos hay que seguir estudiándolo. Voy a ver si consigo su libro y le acerco algunas opiniones por otro medio. El informe al que hago referencia lo puede encontrar usted y los compañeros que estén interesados en https://docs.google.com/leaf?id=1frBhigayKAcHGBheDGMcIMRnx70rhVjhG_Nxh5OtVIbXMZS3X
    Gracias por la atención.
    P.D: Parece que los bríos electorales han reavivado el interés por las polémicas. El compañero E. Mercatante le ha contestado sobre la cuestión Estados Obreros. Le hice una referencia en la nota correspondiente.

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    AP

    17/09/2011 at 01:18

    • Acerca de la incidencia de los mercados financieros en la suba de los precios de los alimentos, lo que hay que explicar es por qué mecanismo podría producirse. Para que la especulación tenga efectos durables (esto es, por un año o más), debe haber acumulación de stocks físicos. De lo contrario no se entiende cómo las operaciones en los mercados de futuros pueden ser la causa del aumento del precio de las mercancías. Éste es el tema que discuto en el libro, apoyándome en el informe de una investigación que realizó el Senado de EEUU, y algunos otros trabajos. Preciso una cuestión: el debate es importante por lo que afecta a la comprensión de los fundamentos del valor y los precios. Si los precios de los “commodities” están determinados por la especulación (es esto lo que se está diciendo cuando se sostiene que un alza sostenida de precios, a lo largo de media década se debe a la “timba” financiera), entonces no hay fundamentos en la ley del valor trabajo. Observemos que no se trata de desviaciones más o menos aleatorias, sino de una suba persistente de los precios de prácticamente todos los commodities en el mercado mundial, desde hace por lo menos 8 años. Si esto es provocado por la especulación financiera, pues bien, habría que concluir que la especulación financiera es la determinante de los precios, no los tiempos de trabajo. Comprendo que muchos “progresistas” e izquierdistas sean proclives a esta teoría (funcional a sostener que los problemas de las masas derivan del dominio de las finanzas, no de las contradicciones del capital). Personalmente, no sigo las modas, sino lo que pienso que es teórica y empíricamente demostrable.

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      rolandoastarita

      17/09/2011 at 09:34

  6. buenas buenas madrugadas…. donde puedo conseguir el citado libro de lopez?? habra alguna version digitalizada?? porque en las 3 librerias que pregunte hoy a la tarde no solo no lo tenian sino que no encontraron la editorial que lo editó. muchas gracias desde ya..

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    ilichito

    17/09/2011 at 03:57

  7. Algunos historiadores económicos de Latinoamerica plantean que la imposibilidad del desarrollo industrial en la transición del siglo diecinueve al veinte está relacionada con la inexistencia de una economía de escala. Al haber un mercado local pequeño porque la población no era grande, era dificil incorporar tecnologías que implicaran reproducción masiva de mercancías. En ese sentido, Canadá habría tenido un destino diferente porque se benefició de la posibilidad de vender en escala al mercado estadounidense. A mi me parecía un argumento convincente, me gustaría saber que te parece…
    Por otro lado, hoy leía un artículo de Pagina 12 que plantea que puede desatarse una crisis económica en Argentina en el marco de un cambio de superhabit a deficit de la balanza comercial. Argentina durante gran parte del siglo veinte tuvo un problema de deficit, y la suba de precios de los productos agrícolas en los últimos años generó la rareza de varios años de superhabit, pero dada la estructura dependiente de Argentina, se podría volver al deficit. Me gustaría saber de qué modo se articula la cuestión de la inversión que planteás en este artículo con la cuestión de la balanza comercial.
    Me refiero a este artículo de Pagina:
    http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-176966-2011-09-17.html

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    Pablo de Quilmes

    17/09/2011 at 05:09

    • La explicación de que hubo falta de economías de escala en Argentina puede encajar en el hecho de que el tipo de distribución de la tierra impidió que se formara un mercado interno importante. Kaldor subrayó la importancia del sector agrícola como mercado para la industria durante las primeras etapas de un desarrollo capitalista.
      Acerca del artículo de Zaiat de Página 12, tiene razón en que se está deteriorando la situación en el sector externo. Pero hay varias cuestiones que no menciona. Por un lado, que la inflación sigue erosionando el tipo de cambio “competitivo”; en términos reales la suba de precios por encima de la tasa a la que se devalúa el peso provoca la apreciación en términos reales de la moneda. Aquí habría que decir que el gobierno está retrasando el tipo de cambio para tratar de contener las presiones inflacionarias (lo cual no deja de ser una receta tradicional). El problema es que si devalúa, aceleraría rápidamente la inflación; si retrasa el tipo de cambio, sigue apreciándose la moneda. Señalo que por ahora el problema no fue grave por la caída del dólar (al que está atado el peso) y la apreciación del real. Sin embargo, a mediano plazo, el problema continúa. La salida de capitales agrava el escenario. El problema de fondo, de todas maneras, es que el esquema “desarrollo sustentado en el tipo de cambio alto” no es salida para acabar con los problemas de una economía dependiente y subdesarrollada. Discuto esta cuestión en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo”. Es parte también de la discusión con los economistas K a quienes respondo en la nota. Es un error pensar que los problemas estructurales de la economía se solucionan poniendo el precio “correcto” a la moneda. Conseguir competitividad a través del tipo de cambio alto significa, en última instancia, que los capitales compiten en el mercado mundial a partir de una alta explotación del trabajo (diríamos, plusvalía absoluta), y no con inversión en tecnología. Por este motivo se trata de una típica “solución” del capitalismo del subdesarrollo.

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      rolandoastarita

      17/09/2011 at 09:52

  8. Profesor, llama la atención que la inversión no responda suficientemente a una situación tan favorable en cuanto a rentabilidad. El trabajo de Andrés López que ubiqué en la web (EMPRESARIOS, INSTITUCIONES Y DESARROLLO ECONÓMICO: EL CASO ARGENTINO), pone un marco para la posible respuesta: los empresarios aquí no son distintos a los de cualquier otra parte, sin embargo, constituyen un universo heterogéneo que no se ha podido articular en torno a un patrón de desarrollo ni temprano ni tardío por multiples causas, entre las cuales ni la búsqueda de rentas ni su inadecuación al tipo shumpeteriano de empresario serían las principales: El problema es más complicado.

    http://www.udesa.edu.ar/files/UAEconomia/Seminarios%20y%20Actividades/Seminarios%20Permanentes/2006/ALOPEZ.PDF

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    mario

    17/09/2011 at 11:54

  9. Compañero Rolo. Coincido con que el debate es importante por sus implicancias respecto de la ley del valor trabajo. Yo no sostengo que el precio de los alimentos sea determinado por la timba financiera, sino, que este componente incide en la formación de los precios. De lo que se trata es de estimar la magnitud de la distorsión ejercida. Usted parece considerarla irrelevante, o directamente nula, puesto que no se puede explicar a través de que mecanismo ejerce su influencia en ausencia de acumulación de ‘stock físico’. No alcanzo a comprender por que. Al año 2000 solamente 5.000 millones de dólares estaban involucrados en la especulación con el precio de los granos. En el 2008, la cifra oscilaba entre 150.000 y 270.000 millones. No me parece irrelevante, a menos que, como usted dice no haya manera de que esto pueda incidir en los precios. Por supuesto, esto no invalida la ley del valor. Si la demanda supera la oferta, esto muestra que (por fuera de otros factores -climáticos- biocombustibles- incidencia del aumento en el precio del petróleo etc.) la inversión en producción de alimentos resulta insuficiente como para que el aprovechamiento de la fuerza de trabajo involucrada en la producción resulte compatible con los tiempos de trabajo socialmente necesarios para lograr el punto de equilibrio. El producto contiene más valor y dado que el movimiento de los precios es la forma a través de la cual se despliega la ley del valor esto se expresa como oferta insuficiente respecto de la demanda. Lo que habría que precisar es si, en efecto el componente especulativo que acompaña el proceso principal es nulo, poco relevante o adquiere dimensiones de ‘burbuja especulativa’. Tomo en cuenta sus argumentos que apuntan a la primer interpretación. En cualquier caso, una baja en el precio de los alimentos no estaría prevista en el horizonte de corto plazo a menos que se de en el marco de una delación generalizada consecuente al enfriamiento de la actividad económica mundial.

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    AP

    17/09/2011 at 12:11

    • Al margen de la discusión concreta sobre cómo y por qué la especulación en derivados puede afectar a los precios, lo que pido siempre en este rubro es que se conozca el tema específico. A veces leo textos (muchos de gente de izquierda) en los que se habla sobre las finanzas, se manejan cifras colosales y términos complicados, y cuando me detengo a analizarlos termino preguntándome si realmente comprenden de qué están hablando. Al respecto es interesante que Marx había estudiado específicamente cómo funcionaban los mercados monetario y financiero en su tiempo, conocía sobre la técnica bancaria, etc. Rescato esto desde el punto de vista del método. Pongo un ejemplo: la cifra que menciona se refiere a los valores nocionales (150 a 270 mil millones de dólares); no son los valores realmente arriesgados en los mercados. Pero esto generalmente no se aclara. Otro ejemplo: cuando hablamos de los mercados de derivados hay que tener en cuenta que no todo es especulación; siempre está operando alguna parte que tiene como objetivo cubrirse (por ejemplo productores, industriales, etc.). Esto tampoco se dice, por lo general. Otro ejemplo: hay que tener presente que el precio de los ejercicios nunca se pueden separar por tiempo indefinido de los precios de contado. Varias de estas cuestiones son las que discuto en el libro.

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      rolandoastarita

      17/09/2011 at 12:26

  10. Compañero Rolo. Muy elegante su observación. En efecto, no soy experto en temas financieros. Marx lo había estudiado a fondo (aunque toda vez que intentó intervenir en la bolsa no pegó una -a diferencia de Ricardo y Sraffa-) y de seguro usted también. Ni por las tapas pretendo comparar mi conocimiento del tema con el suyo o el de otros especialistas en la materia. Solo quise poner el énfasis en el crecimiento de la especulación en materia de alimentos, creo que, con todas las salvedades que usted introduce, no menor. En absoluto me molesta que me manden a estudiar, al contrario, aprecio el consejo y siempre lo intento, aunque deba robarle horas al sueño. Ya que estamos, le formulo una pregunta que me desvela vinculada al tema de la financierización que usted ha tratado recientemente. Le aclaro que coincido con el eje de su crítica a quienes han absolutizado este fenómeno, pero, en su criterio experto, cual es la relación de magnitud entre el capital genuino y el capital ficticio, digamos, en términos de PBI. Como usted dice, se barajan cifras muy deslumbrantes, que ha veces uno puede citar imprudentemente, sobre todo cuando no se las entiende de modo debido. Me gustaría saber si usted maneja una cifra realista. Puesto en términos positivos. ¿Es real que el capital ficticio en circulación cuatriplica el PBI mundial? Le pregunto esto, por que yo lo he afirmado repetidamente en análisis políticos y tal vez esté equivocado. De todos modos, vale su llamado de atención.
    Gracias.

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    AP

    17/09/2011 at 14:56

    • No realicé un cálculo de este tipo, pero de todas maneras primero habría que definir qué es capital ficticio. En el texto sobre financiarización intenté avanzar en este punto; ahora que me lo pregunta, pienso que sería bueno poner una nota sobre esto. Según qué se defina como capital ficticio, los cálculos (que por supuesto, siempre serán aproximados) darán cifras muy distintas. Por ejemplo, yo no incluiría los valores nocionales involucrados en los derivados como capital ficticio; pero sí los activos financieros que representan deuda de los Estados, en manos de los acreedores.

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      rolandoastarita

      18/09/2011 at 09:36

  11. Estimados Rolando y comentaristas: quería hacer una consulta, y la hago en la sección de su blog de Economía porque no sé en qué otra podría hacerla. Muchos de los que visitan este blog están en tema, y Rolando obviamente vos también.
    Busco para mi hermano menor, que tiene ganas de estudiar Economía o Ciencias Políticas, pero que todavía no está definido, un libro acerca de la economía argentina contemporánea, digamos, en términos no muy técnicos pero tampoco errados.
    Me refiero a un libro que tenga una perspectiva económica “desde la calle”, por decirlo así, es decir, no un manual de economía con determinada orientación, sino un texto que tome explícitamente a la sociedad en sí como punto de partida de la actividad productiva, y como receptora de la misma.
    Para tratar de ser más concreto, un libro que se refiera a los términos económicos básicos, pero que los vincule con una perspectiva sociológica, es decir, con términos sociales y con la sociedad argentina contemporánea.
    Si se les viene a la cabeza algún libro, sea de Rolando u otros autores, que pueda ser similar a esto, y que sea de lectura amigable para alguien que no cursó estudios de economía, se los agradezco si me pasan el nombre.
    Muchas gracias!

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    Juan Pablo

    17/09/2011 at 18:25

    • No se me ocurre nada, me parece que hay un vacío en este punto, sería bueno que hubiera algún texto así.

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      rolandoastarita

      18/09/2011 at 09:32

    • los libros del Cenda son bastante fáciles de masticar y son escritos por economistas, sociólogos, es decir, tienen posturas mas interdisciplinarias. Hay uno mas o menos nuevo q da un panomara general sobre la posconvertibildad. Y, mas allá de algunas cuestiones con las q no coincidiría Astarita, los planteos tienen varios puntos en común. Saludos.

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      Gus

      18/09/2011 at 19:44

    • Muchas gracias a ambos por las respuestas. Voy a seguir buscando.
      Gracias de nuevo por el favor de responder!

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      Juan Pablo

      19/09/2011 at 00:25

  12. En primer lugar, algunos conceptos básicos:
    -El estimulo de la demanda agregada es condición necesaria pero no suficiente. Nunca AFH (2011), dijeron que era condición necesaria y suficiente.
    -La mejora en la tasa de rentabilidad no induce aumentos de la inversión si no hay demanda, nadie dice que si la tasa de rentabilidad es negativa y hay demanda, el empresario invierte igual.
    -El crecimiento económico no es condición suficiente para el desarrollo, pero si es condición necesaria. Nunca AFH (2011), dijeron que era condición necesaria y suficiente.
    -Todos los datos fueron tomados de las Tablas del Mecon, Información económica al día/Nivel de Actividad.

    En segundo lugar, Astarita compara el año 1998 (el mejor año de la convertibilidad, ya que los posteriores tres años son de caída de todas las variables) contra el año 2010, considerando el coletazo de la crisis internacional que redujo el crecimiento del PIB y la Inversión. Si invertimos la comparación, es decir comparar 2001 (para incluir el año de la crisis de la convertibilidad) contra el 2008 para no incluir el impacto de la crisis en el modelo K (y seguir el formato de comparación de Astarita), los resultados durante la primera década del siglo XXI son significativamente superiores a los de la última del XX.
    Por eso lo más adecuado es comparar periodos netos de crecimiento. Por eso si comparamos 1998 versus 2008, el ratio IBIF/PIB es de 21.1% y de 23.1 % respectivamente. Para Astarita en 5 años haber recuperado los mejores niveles de inversión de la convertibilidad, luego de la peor crisis de la historia argentina, además de superar el ratio anterior por dos puntos porcentuales, no refleja un cambio significativo. La pregunta a Astarita entonces es: ¿Es posible en 5 años reformar la estructura productiva que se desmantelo durante los últimos 26 (1976-2002)? O si se quiere abarca el período que incluye Astarita en sus comparaciones: ¿Es posible en 8 años reformar la estructura productiva que se desmantelo durante los últimos 26 (1976-2002)? Y para incluir el contexto histórico que tanto les preocupa a los marxistas, ¿es posible hacerlo en menos de una década, en una democracia, con todas las trabas políticas y sociales que se van presentando?
    En el caso del PBI manufacturero entre 2003-2010 (incluimos los años de la crisis como Astarita, para mostrar que la diferencia es significativa incluso de este modo) se observa una expansión del 61 % de punta a punta, que supera ampliamente a la del 31 % lograda durante los mejores años de la convertibilidad (1991-1998). La diferencia es abismal si también incluimos los años de crisis de la convertibilidad.

    En tercer lugar, para responder a una de las preguntas de Astarita: “¿por qué estas masas de plusvalía no se reinvirtieron productivamente en el país, si la economía crecía a tasas altísimas, y en muchos sectores -infraestructura energética, transporte y logística, etc.- hay, carencias por el lado de la oferta? ¿Cómo explica el esquema AFH esta cuestión?“
    Si con una pequeña parte de la plusvalía (para utilizar conceptos marxistas) alcanza para aumentar la capacidad productiva y responder a la tasa de crecimiento esperado de la demanda, por qué deberían invertirla todo(?). Para los marxistas, la respuesta es: porque la tasa de ganancia es alta. Es decir, los capitalistas invierten por amor a invertir y acumular capital y de este modo stockear mercancías.

    Debe ser claro que este fantástico crecimiento observado durante los últimos ocho años, NO SON SUFICIENTES para contrarrestar el proceso de desindustrialización que se inició con la dictadura militar en 1976 y finaliza con la ola de privatizaciones y liberalización comercial y financiera de los años noventa, que redujo la participación promedio del PBI manufacturero de un 33 % a mediados de los 70 a casi un 17% en la actualidad. Es decir, la participación del sector manufacturero se reduce a la mitad en las últimas décadas del siglo XX.
    Las políticas de estímulo de la demanda agregada y sustitución de importaciones, tendientes a fortalecer y ampliar la estructura productiva, deben mantenerse y fortalecerse si lo que se quiere es recuperar la participación en el PBI de este sector y aumentar los niveles de empleo. La Argentina ha decidido iniciar un proceso de recuperación industrial que no puede realizarse tan solo en ocho años, es necesario tiempo y esfuerzo orientados en la misma dirección para lograr una industria dinámicamente competitiva a nivel global, que absorba el desempleo y empleo precario existentes.
    Pedir que solamente después de ocho años, la industria se desempeñe como lo hizo en sus mejores épocas pasadas, luego de tantos años de “maltratos”, es ridículo. Sería como pedirle a un paciente que sufrió dos infartos recientemente, que salga a correr una maratón.

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    GEO

    18/09/2011 at 10:45

    • A fin de no hacer demasiado larga esta respuesta, voy a concentrarme en solo una cuestión, que de todas maneras es la básica, si AFH dicen o no lo que yo digo que dicen en su artículo sobre la demanda. Empiezo por algo básico, como hace usted. Si decimos que A determina B, estamos diciendo que A de algún modo motiva, ocasiona, origina o produce B. Esto es, cualquier persona que lea “A determina B” entiende que es condición suficiente para la existencia de B la acción de A. Pues bien, lo que dicen a lo largo de su escrito AFH es que la demanda determina el crecimiento, poniendo además el acento en los componentes de la demanda distintos de la inversión. De manera que en su visión, la demanda determina la inversión. Usted afirma que no dicen esto, de manera que paso a citar:
      “… si la expansión de la demanda conduce a un creciente gasto de inversión, esto tendrá un efecto directo sobre la capacidad productiva y… también sobre la productividad. Además, forzosamente, cualquier expansión hoy de la demanda y el producto influirán en los planes de inversión de las firmas y en su capacidad para ejecutar esos planes” (p. 11, énfasis añadido).
      “Como la expansión de la demanda y del producto incrementa la actividad productiva, esto también aumentará el learning by doing, y por lo tanto el nivel de la productividad, asociado a la actividad productiva. Finalmente, el crecimiento liderado por la demanda puede afectar la cantidad y productividad de los recursos productivos…” (p. 12, énfasis agregado).
      “… sostendremos que es la demanda en el corto y largo plazo, la que con su persistencia explica el proceso macroeconómico del crecimiento de la actividad productiva” (p. 35).
      “Un punto fundamental para el crecimiento dirigido por la demanda es el comportamiento estacionario de la utilización de la capacidad…” (p. 36; énfasis agregado).
      “… la producción de capacidad productiva, y por ende la tasa de crecimiento de la capacidad productiva debe ser considerada como determinada por la tendencia de la demanda” (p. 44, énfasis agregado).
      “El principio del acelerador, por el cual la inversión reacciona ante la demanda efectiva, es de hecho el canal lógico más robusto para explicar el funcionamiento de las economías de mercado, en las cuales… el acicate de la inversión se encuentra en los mercados determinados por una demanda creciente: se invierte donde se espera vender mayores cantidades” (p. 45; énfasis agregado).
      “… el nivel de inversión de largo plazo dependerá del crecimiento esperado de la demanda efectiva y de la relación capital producto” (p. 61).
      “… la tasa de crecimiento de la demanda efectiva determina la tendencia de crecimiento de la capacidad productiva…” (p. 63; énfasis agregado).
      “En las fases de crecimiento de la demanda, no solo esta aumenta por acción del multiplicador, sino que además induce el crecimiento de la inversión, dado que eleva la propensión a invertir. De la persistencia esperada de los shocks de demanda, los capitalistas invierten o desinvierten, configurando así a la inversión como una demanda inducida” (p. 64, énfasis agregado).
      “… la propia demanda autónoma es la que dispara -con un rezago mayor o menor- el crecimiento de la inversión por medio del acelerador” (p. 67).
      “… ante aumentos persistentes de la demanda, la inversión también ajusta (aunque más lentamente), convalidando el ciclo expansivo” (p. 74).
      “En verdad, el desafío no reside en cómo aumentar la inversión productiva, dado que ésta es una variable inducida. En otros términos, ya no puede ser vista como un prerrequisito del crecimiento, sino más bien como un resultado del crecimiento mismo” (p. 75).
      Todo esto en el marco de haber borrado las consideraciones sobre la tasa de ganancia; y de elevar por las nubes el principio del acelerador (¿quién les dijo que la inversión se ajusta siempre a las variaciones del producto?) y la ley de Verdoorn. Por supuesto, después de todo esto, dejar asentado que “obviamente” la demanda “no soluciona todos los problemas”, suena a un canto a la bandera. AFH dijeron que el crecimiento del producto determina la inversión. Que es lo que afirmo en la nota.

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      rolandoastarita

      18/09/2011 at 13:06

    • O sea qué uds. está de acuerdo con que toda vez que se cubra la tasa de ganancia que rigue en la economía, un aumento de la demanda de un sector da lugar a un aumento de la inversión? Todas las teorías económias saben que la rentabilidad es importante, porque gasta su tiempo en criticar posiciones que no existen? Es muy fácil construir un muñeco de paja. Así los lectores nos confudimos y pensamos que existe alguien tan idiota como para afirmar que los empresarios invierten perdiendo plata…

      slds.

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      Juan

      18/09/2011 at 15:54

    • Por otra parte, si aumenta la demanda, porqué razón la rentabilidad debería ser menor o no cubrir la rentabilidad “mínima” o “normal”? Esto lo presumen todas las escuelas. Habría que explicar, en todo caso, bajo que condiciones aumenta la demanda y la inversión no reacciona. ¿Y en ese caso qué es lo que ocurre? ¿Aumentan los precios? ¿Y si aumentan los precios entonces se llega a cubrir la rentabilidad “normal” o “requerida”? Es muy raro, parecería que en alguno momentos los empresarios son testarudos y no quieren invertir porque no les da ganas. ¿Y el proceso de competencia qué tan magistralmente desarrolló Marx? No es que las firmas capitalistas se matan por vender? No gastan fortunas en publicidad, marketing, distribución, promociones, etc.?

      slds.

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      Juan

      18/09/2011 at 16:19

    • Qué te fumaste Juan?!?
      (con todo respeto, te falló la comprensión de texto… )

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      Aikido

      18/09/2011 at 23:42

  13. Señor Astarita, tengo algunas discrepancias con usted en lo que refiere a este post.

    Usted dice:
    “Otras empresas están informando que trabajan ahora con más capacidad ociosa, y que parte de la demanda está siendo satisfecha por importaciones. Algunos -entre ellos el presidente de Pro Tejer, Bergaglio- dicen que el problema es que hay baja inversión. En cualquier caso, si es suficiente con que haya demanda para que haya inversión -y si la inversión trae aparejada la alta tecnología-, ¿por qué deberían existir estos problemas en el ramo textil, tan vinculado a la evolución del consumo?”
    Porque pueden aparecer esos problemas (?), porque en ningún lado AFH señalan que la oferta que sigue a la demanda debe provenir exclusivamente del mercado interno. Es la oferta de importaciones la que esta siguiendo a la demanda interna dado que somos una economía abierta. Si efectivamente, en un caso hipotético, cerráramos las importaciones esa demanda seria satisfecha gracias y exclusivamente a inversiones internas.

    Dice:
    “Señalemos también que la participación de Argentina en las exportaciones mundiales es igual que en 1998, el 0,5%. Lo cual no habla de una inserción precisamente exitosa en la división internacional del trabajo. ¿Cómo explica el “modelo” AFH esta cuestión? Si el crecimiento de la economía argentina fue superior al promedio mundial, y si la inversión está determinada automáticamente por ese crecimiento, ¿por qué no aumentó en términos relativos la capacidad exportadora global del capitalismo argentino?”
    Aquí usted comete un error ya que olvida que las exportaciones son demanda del resto del mundo. Con lo cual, el estado Argentino no puede hacer mucho para estimular su crecimiento ya que depende de factores que escapan a su control (Crecimiento de USA, China, Crisis mundial, etc). Ende, su pregunta se vuelve inconsistente desde el momento que la demanda mundial esta dada para la Argentina y no puede influir sobre ella, a diferencia del gasto público que permite estimular la demanda interna. En rigor, hubo una mejora en los términos de intercambio, pero fue más importante aun la política de gasto público a nivel interno lo que permitió estimular la demanda, induciendo así la inversión.
    En otras palabras, las exportaciones son un resultado de la industrialización, que se consigue con una política sustantiva del estado de sustitución de importaciones.

    Dice:
    “Tomemos ahora el caso de la producción de energía. El gas supera el 50% de la matriz energética del país. Según datos de la Secretaría de Energía, cuando asumió Kirchner en 2003 las reservas probadas de gas eran de 612.495 millones, con un horizonte de 10 a 12 años. A finales de 2009 las reservas probadas de gas eran de 441.974 millones, un 34% menos que en 2003, y con un horizonte de 7 a 8 años. Según la consultora Ecométrica, la producción de gas disminuyó 10% entre 2004 y 2010. ¿Y qué hay de la producción de petróleo? ¿Cómo respondió aquí el principio del acelerador? Según el Instituto Argentino de Petróleo y Gas, todavía en 2005 la producción global de petróleo era de 38,6 millones de metros cúbicos; en 2010 fue 35,2 millones; pero en 1998 era 49,1 millones. De conjunto, en 2004 el saldo energético explicaba el 40% del superávit del comercio exterior; en 2011 ese superávit desapareció. ¿Cómo se explica esto con el esquema de AFH, si la demanda de energía se mantuvo alta a lo largo de estos años, y la inversión depende solo de la demanda?”
    En primer lugar, algo que usted omite o pasa por alto, es que los actuales déficits energéticos son la consecuencia del elevado crecimiento. Es decir, si no hubiésemos crecido como lo hicimos, la energía no sería un problema.
    En segundo lugar de la página http://www.minplan.gov.ar/contenidos/energia-obras.html obtuve:
    “En el año 2004, nacía el Plan de Terminación Yacyretá (PTY), con el objetivo de finalizar el Proyecto elevando la cota del embalse a la definitiva de 83 msnm. Este objetivo se lograría el 25 de febrero de 2011. El plan fue el instrumento de gestión que desde una visión integral a escala local y territorial, definió y priorizó las obras y acciones socio-ambientales necesarias para permitir la elevación del embalse.”

    -Atucha II:
    “desde 1994 su construcción estuvo paralizada, hasta que más de una década después, en el 2006, se reinició la obra civil bajo el gobierno del ex Presidente Néstor Kirchner. La terminación de la Central se enmarca dentro de las políticas encausadas bajo la mencionada administración y la actual gestión de Gobierno, para favorecer la diversificación de la matriz energética e impulsar el Programa Nuclear Argentino, promoviendo el desarrollo científico-tecnológico nacional.”

    -Centrales de generación eléctrica distribuida:
    “El Programa de Generación de Energía Distribuida es una de las acciones creadas para fomentar el normal desenvolvimiento del Sistema Energético Nacional, mediante obras de montaje y puesta en marcha de centrales de generación eléctrica de fuerte impacto regional. Ambas etapas abarcan la instalación de 40 centrales en 16 provincias argentinas.”

    -Aprovechamiento hidroeléctrico de los caracoles:
    “Esta obra fue prometida hace décadas y se finalizó gracias a la decisión política del actual Gobierno Nacional. La misma beneficia en forma directa a 115.000 habitantes a través del control de inundaciones y el aumento de generación eléctrica.”

    -Reactivación de la planta de INVAP para la producción de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu.

    Dice:
    “¿Qué sucede con los capitalistas del Belgrano Cargas, que no invierten al compás del aumento de la demanda? Más en general, en la década de 2000 las toneladas-kilómetro despachadas por ferrocarril se mantuvieron sistemáticamente por debajo de los promedios de los años 1960 o 1970. ¿Por qué no hubo inversiones en la infraestructura de transporte, especialmente ferroviario? ¿No bastaba con la demanda? Por otra parte, según la Secretaría de Transporte, la antigüedad promedio del parque de camiones dedicado al transporte de granos es de 19 a 20 años; esto, a pesar de la fuerte demanda de transporte.”
    El punto es que usted coloca una y otra vez ejemplos microeconómicos para fundamentar que a nivel agregado el principio del acelerador no funciona. Pero veamos una vez mas, como no es así a nivel micro:

    “La presidenta Cristina Fernández anunció ayer un plan de recuperación del ferrocarril Belgrano Cargas. El proyecto integral, que fue adelantado ayer por Página/12, contempla la construcción de 3200 kilómetros de vías, en reemplazo de parte de la traza existente, que no estaba en condiciones de ser utilizada. El Gobierno destacó que se trata de la mayor inversión ferroviaria en treinta años: tendrá un costo de 5800 millones de dólares, que serán financiados por el Tesoro Nacional, la Corporación Andina de Fomento, el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo de China. Con el total de las obras terminadas se podrá transportar diez millones de toneladas de granos, hidrocarburos, minerales y otras cargas, que en la actualidad son movidas por camiones.” (http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-168388-2011-05-18.html)

    Dice:
    “Cabe entonces preguntarse cómo está Argentina en el terreno de la I&D. La respuesta es que no hay nada demasiado brillante. En 2009, último año para el que hay datos disponibles, la inversión en I&D representaba el 0,6% del PBI. Una cifra mayor que el promedio de los 90, pero que está por debajo de lo que invierten no sólo las potencias, sino muchos países atrasados. Sin embargo, lo más importante para lo que estoy discutiendo, es que en Argentina las empresas aportan apenas el 21,4% del total de la inversión en I&D. En Brasil, España y Canadá el sector privado y el Estado invierten por partes iguales, y en EEUU las empresas invierten el 70% del total. ¿Cómo se explica esto con el esquema de AFH? Si el crecimiento es alto, ¿por qué las empresas invierten tan poco en I&D?”

    Aquí usted deja entrever que efectivamente no entiende el trabajo de AFH o simplemente no cree en el, es decir, quizás es una cuestión de fe que no discutiré aquí.
    Pero veamos primero una cita de Young:

    ‘It would be wasteful to make a hammer to drive a single nail; it would be better to use whatever awkward implement lies conveniently at hand. It would be wasteful to furnish a factory with an elaborate equipment of specially constructed jigs, gauges, lathes, drills, presses, and conveyors to build a hundred automobiles; it would be better to rely mostly upon tools and machines of standard types, so as to make a relatively larger use of directly applied and a relatively smaller use of indirectly applied labour. Mr Ford’s methods would be absurdly uneconomical if his output were very small, and would be unprofitable even if his output were what many other manufacturers of automobiles would call large.’ (Young, 1928).

    Es decir, es la insuficiencia de demanda efectiva en el mercado interno (cuestiones de escala) la causa de la falta de IyD. Porque un empresario invertiría en mejoras de equipos si no hay una demanda que lo justifique (?). Quizas usted esté pensando en capitalistas que por el amor a la acumulación invierten una y otra vez, pero esto no es científico.

    Veámoslo de otra manera. Se puede mostrar fácilmente como queda excluida la posibilidad de la existencia de una inversión autónoma como “plus” a la inversión inducida. La primera, podría definirse como determinada por el espíritu innovador de los empresarios schumpeterianos, o empujada por el progreso técnico, que se produce independientemente de las expansiones de demanda que estimulan la segunda.
    La función de la inversión del modelo del supermultiplicador sraffiano (Serrano 1995) es:

    I = v*ge*Y
    Donde v es la relacion capital producto; ge es la tasa de crecimiento esperada de la demanda; I es la inversion; Y el producto.

    Incorporando la inversión autónoma (Ia) como “plus”:

    I = Ia + v*ge*Y

    Reemplazando en nuestra ecuación de ingreso y despejando:

    Y = (Z + Ia) / 1-c-v* ge
    Donde Z son los gastos autónomos (gasto público+construcción+Exportaciones+consumo capitalista); c es la propensión marginal a consumir agregada.

    A priori podría pensarse que el producto se ve afectado positivamente por la inversión autónoma ya que aumenta la demanda efectiva y por ende el crecimiento a largo plazo. Pero si se tiene en cuenta el posible efecto de un aumento de la inversión autónoma sobre la inversión inducida el resultado es diferente.
    Siguiendo el ejemplo de Serrano, si la inversión autónoma es aquella que se realiza con las técnicas más modernas y la inducida con una tecnología relativamente vetusta, ergo, las maquinas formadas por la primera realizarán un producto final más moderno que el producido por las maquinas que componen la técnica vieja, por lo tanto, podría esperarse que la técnica “nueva” desplace a la “vieja”. En el largo plazo, los inversores “vetustos” o “inducidos” verán que no están cubriendo todo el mercado y disminuirán su inversión para adecuar su capital a la demanda efectiva del mercado.
    Matemáticamente sería:
    I = Ia + (1-ß) v*ge*Y (13)

    El segundo término del lado derecho es la inversión inducida por la expansión de la demanda. Y (1-ß) es la porción de mercado que abarca la inversión inducida.
    Mientras que la porción de mercado cubierta por la inversión autónoma sería:

    ß = Ia / I Ia = ß * I
    Reemplazando en la nueva función de inversión (13):

    I = ß * I + (1-ß) v*ge*Y
    I * (1- ß) = (1-ß) v*ge*Y
    I = v*ge*Y

    Muestra cómo la parte autónoma de la inversión desplaza a la inducida. O lo que es lo mismo, la primera solo puede aumentar si la segunda disminuye.
    Puede verse su impacto en el producto, en la cual el aumento de una es compensado por la baja de la otra:

    Y = (Z+ Ia) / (1 – c – (1-ß) * v * ge)

    Si aumenta ß, porque esta aumentando la inversión autónoma, ((1-ß) *v*ge) disminuye, con lo cual todo el denominador se hace más grande y la fracción entera disminuye.
    No se descarta la posibilidad de existencias de “shocks” tecnológicos, solo se esta diciendo que la inversión autónoma no puede conducir a un sendero de crecimiento sostenible por si sola, ya que un aumento de esta, lleva a una disminución de la inducida y el rol de los gastos autónomos (Z) es conducir el crecimiento de la forma explicada previamente.

    Para finalizar, usted olvida que en EE.UU el complejo militar-tecnológico-industrial es inducido por el presupuesto militar más grande del planeta que demanda un estado de guerra permanente (no por gustos o preferencias por las armas o innovaciónes en el campo militar), financiado por el estado americano y que al mismo tiempo garantiza la demanda de material bélico que induce un desarrollo tecnológico que luego se traslada al campo civil para su posterior uso a gran escala. Pero que sin una demanda estatal y un financiamiento por parte del mismo sería imposible. O acaso cree usted que los empresarios que producen F-22 raptor, Predator, etc lo hacen por amor a las armas?
    Solo un ejemplo del poderoso efecto del gasto publico en defensa en los EE.UU y su posterior traslado al uso civil:
    http://militarytimes.com/news/2011/09/ap-black-hawks-boost-sikorsky-in-post-9-11-wars-090411/

    Dice:
    “Tiene razón el gobierno entonces, cuando termina aplaudiendo el avance de la sojización. Pero no hay argumento que pueda tapar la verdad: se trata de un crecimiento completamente desarticulado. Y es un error pensar que solo con “aumento de demanda y producto (mundial)” se va a corregir el problema.”
    Otra vez usted atribuye erróneamente a AFH que el crecimiento de la demanda es una condición suficiente, cuando eso nunca se dijo.

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    Neo

    18/09/2011 at 10:57

    • Acerca del rol de los gastos estatales en las economías capitalistas, he discutido la cuestión en otras notas. Simplemente ahora señalo que no sirve tergiversar mis posiciones para “ganar” una polémica. No desconozco la existencia de estos gastos, lo que sostengo es que en sí mismos no pueden sostener un proceso de acumulación. El caso de Japón en los 90 y 2000 es ilustrativo, entre otros. Solo si la inyección de gasto fiscal reactiva el gasto de plusvalía, tiene efectos positivos sobre la acumulación.
      Segundo, usted trata de demostrar que la tesis de AFH es correcta, y afirma que es la insuficiencia de la demanda la que explica la baja inversión en I&D de las empresas. Pero si la demanda estuvo creciendo a un 8% anual durante casi una década, ¿por qué las empresas en este país invierten menos en I&D que las empresas de otros países, cuyas economías crecen a tasas mucho menores? Por otra parte, tampoco se entiende su explicación sobre lo que sucede en el sector energético. Usted dice que el déficit energético es un resultado del alto crecimiento. Sin embargo, la tesis que usted y AFH defienden es que el alto crecimiento determina el crecimiento de la inversión. ¿Por qué entonces no aumentó la producción de gas y petróleo durante todos estos años? Todo esto “no cierra” por ningún lado. Esto sin mencionar el tema de la falta de perspectiva histórica de todo el planteo.
      Tercero, voy a lo que plantea sobre la inversión. Usted dice que la inversión autónoma podría definirse como determinada por el espíritu innovador de los empresarios schumpeterianos, o empujada por el progreso técnico, que se produce independientemente de las expansiones de demanda. Pues bien, no son las únicas motivaciones. En varios trabajos he planteado que existe un motivo de inversión que tiene que ver con las presiones competitivas. Esto explica mucho de los procesos que llevan a la sobreinversión y sobreacumulación de capital, que desembocan en las crisis. Es interesante que Marx había registrado este hecho en los años que preceden a la crisis de 1847-8, cuando se produce una fuerte sobreinversión en ferrocarriles. También se advierte en la década de 1920 en EEUU; algunos keynesianos destacan este aspecto. Asimismo hay muchos datos que muestran que hubo sobreinversión (por ejemplo en telecomunicaciones, fibra óptica y tecnologías informáticas) en los 1990, en EEUU y en varios países (ejemplo, microprocesadores antes de 1996-7). El tema es importante porque demuestra que en el sistema capitalista la inversión no siempre se adapta plásticamente a la evolución del producto, como piensan algunos. También es clave para entender por qué se pueden producir en determinado punto del ciclo fuertes caídas de la tasa de rentabilidad, a pesar de los aumentos de productividad, y reversiones bruscas en las tasas a las que crece la inversión. Todo esto está demostrando que el comportamiento de la inversión no se puede explicar con el solo principio del acelerador, y la relación K/Y deseada por los empresarios. Lo importante es que esto explica por qué puede haber inversión sin que la demanda lo justifique. A fines de los 1920, por caso, se advierte que en muchas ramas continuaba una “manía inversora”, cuando se sabía que el mercado no daba para todos. Le doy otro ejemplo actual: la capacidad productiva de la industria automovilística mundial es de 90 millones de unidades anuales, pero las ventas “normales” (períodos sin crisis) están en unas 60 millones de unidades (datos para 2010). Sin embargo, esto no impedía que las empresas siguieran invirtiendo en plantas (por ejemplo en China). Las motivaba el afán de no perder mercados a manos de la competencia; y esto a pesar de una tasa de rentabilidad debilitada. Son ejemplos de cómo hay que dejar de lado estas relaciones lineales, si se quiere interpretar lo que sucede.
      Por supuesto, también en varias notas expliqué que la salida de una recesión no se produce porque los empresarios amplíen capacidad productiva; atribuirme esta idea es solo mala fe polémica. Por último, es incomprensible que en estos trabajos que estoy criticando hayan borrado la cuestión de la tasa de rentabilidad y su influencia en la inversión. En Kaldor, por ejemplo, la inversión depende del crecimiento de la demanda, pero esto sucede a partir de haber definido qué determina la tasa de rentabilidad (lo cual conectaba con una teoría, en el fondo, del valor). Se puede estar o no de acuerdo (personalmente no lo estoy), pero tiene coherencia. Sin embargo, decir que la inversión depende solo del acelerador, y no explicar de qué depende la tasa de rentabilidad, es andar por las nubes.

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      rolandoastarita

      18/09/2011 at 13:47

    • Genio, te voy a responder sólo en la cuestión que conozco bastante bien, tratando de ser lo mas concreto posible: respecto a la producción de energía, el Estado gastó mínimamente en los últimos 10 años un valor de unos 50.000 millones de dólares en subsidios al sector, plantas para quemar gas importado, compra de gas y gas oil pesado para plantas térmicas y otros usos. Para no entrar mucho en detalles (si te interesa te paso de donde podes sacar información fehaciente, empezando por la pagina de la secretaria de energía) te comento que con esa plata que se ha utilizado en ampliar o mantener en funcionamiento una matriz energética de alto impacto ambiental, con tecnología extranjera, dependiente de la quema de recursos en su mayoría agotables,etc etc, con esa plata, se podrían haber instalado en el país una planta para la fabricación de turbinas eólicas, y montar más de 5000 aerogeneradores de 1,5 mw, o sea, algo así como 6800 mw (el coeficiente de generación es de 0,8 en el sur de Bs. As., lo cual abastecería unos 6.800.000 hogares ) gratis, sin quemar nada, generando trabajo genuino, sin necesidad de comprarle plantas a Siemens ni gas a Bolivia, subsidiarle la energía a empresas extranjeras mientras que en casa falta … en fin, seguir hablando de instalar centrales atómicas, ciclo combinado, diques para generación de energía exclusivamente o principalmente (otros usos son más loables,como por ejemplo irrigación o acumular energía sobrante de las mismas turbinas, aunque habría que discutirlo), exploración gasífera o petrolera financiada por el Estado, y soluciones energéticas por el estilo, es a mi entender una visión cortoplacista que soluciona la demanda urgente pero sigue ignorando que el país es el segundo parque eólico en el mundo, que podríamos ser líderes en el sector, auto abastecernos de energía completamente sin gastar más dinero tirando plata para descubrir yacimientos de energía que están bajo tierra y que hay que pagarla si la encontramos…. un millón de cosas podrían decirse sobre el tema, pero lo cierto es que aún estamos a tiempo de producir nuestra propia energía, a bajo costo incluso (esto del mayor costo de la energía eólica que se argumenta en muchos lugares es sobretodo una cuestión relativa al precio de los hidrocarburos sin tener en cuenta otros costos ambientales y desconsiderando que una escala suficiente logra menores costos que las energías tradicionales), exportando energía al Cono Sur y que así entren divisas. En fin, no es cuestión de ir contra el aprovechamiento al máximo de la capacidad petrolífera, gasífera o hidroeléctrica e incluso atómica que tenga el país, pero creo que la mira tiene que estar puesta principalmente en la energía eólica, muchas cosas se pueden decir en contra de esto, pero hasta donde alcanza mi conocimiento son pura palabrería absurda. Realmente es una pregunta que siempre tengo, el por qué no se avanza firmemente en la materia, como cuestión de Estado, a largo plazo, y sólo me vienen dos respuestas: como el aire no es transable y no se lo podemos comprar a nadie, nadie hace gran negocio con éste… y la clásica respuesta bien argentina, siempre prima el aquí y ahora frente al largo plazo.

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      ilichito

      19/09/2011 at 06:16

    • la respuesta era para NEO por las dudas, porque sin querer la puse debajo de la respuesta de Rolando. Saludos.

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      ilichito

      19/09/2011 at 06:20

  14. Compañero. Discúlpeme que lo distraiga de la polémica con los defensores del modelo explotador K.
    Su advertencia acerca del problema de la complejidad del mercado de derivados y la necesidad de estar capacitado para el tema era correcta. Estuve buceando en el asunto y me da la impresión que el desarrollo adquirido por la ‘ingeniería financiera’ es asombroso y desconcertante para el profano en los aspectos específicos. En efecto, parece haber una distancia muy grande entre ‘valores nocionales’ y ‘valores brutos de sustitución’ , lo que puede generar un notable sobredimensionamiento del factor especulativo, dicho esto sin minusvalorar la hipertrofia que se ha desarrollado en las últimas décadas. Por lo que he podido leer, hasta el 2002 , la distancia podía ser de 10 a 1 o más, pero el trecho parece haberse acortado en los últimos años. La cuestión de que es capital ficticio y cual es su magnitud aproximada merece ser estudiada en todas sus implicancias. Los títulos del estado son la forma más pura y por todos reconocida. Pero según creo, en la concepción original de Marx, hasta las acciones eran vistas como una forma de capital ficticio, o sea, representativo de una plusvalía aún no concretada. No creo que, dado el respaldo patrimonial directo se las deba incluir, pero sí los derivados financieros estimados por valores de sustitución. De verdad, no se si eso se puede calcular ni cual sería el resultado. No conozco los fundamentos metodológicos ni los mecanismos de cálculo que se han venido aplicando, en general con resultados estratosféricos. Siempre tuve la intuitiva impresión que con un núcleo tan pequeño de plusvalía no se podía alimentar las gigantescas desproporciones que se barajan.
    Gracias.

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    AP

    18/09/2011 at 21:16

  15. Realmente no comprendo algo de su texto; más hallá de las cosas que ud. argumenta para defenderse de las críticas. ¿Por qué comparar los niveles de la inversión durante los noventa con los niveles hoy iría en contra del acelerador? En verdad lo correcto es observar la evolución del producto y la inversión. Con varias salvedades por supuesto: a) parte de la demanda se filtra a importaciones; b) para de la oferta no depende del sector privado (por caso, la infraestructura); c) parte de la inversión es no inducida (aquí entran todo lo que argumentan los schumpeterianos.

    Si uno observa las series del INDEC 1994-2010 (a valores constantes, que por cierto, arrojan una tasa del orden del 24%, no del 22%) y compara la tasa de crecimiento del producto (con o sin la inversión) con la tasa de crecemiento de la inversión la correlación es sorprendentemente alta; tengo los gráficos y los números hechos en un excel, si acepta se los paso para que lo suba al blog y los discutamos. Honestamente a mí los números me sorprenden y hasta sospecho haber cometido un error.

    La cuestión de fondo es qué determina la inversión, si la rentabilidad “normal” (es decir contemplando un cierto nivel standard de uso de capacidad) o la demanda (que obviamente afecta a la rentabilidad efectiva). Si fuera lo primero lo correcto sería afirmar que si la demanda permanece constante y la rentabilidad sube (por ejemplo, porque caen los salarios) la inversión aumentan; si fuera lo segundo, sería posible que aún cuando cae la rentabilidad normal, si aumenta la demanda la inversión aumente tbm. Por su puesto, no hablamos de un boom inversor ni de cambio estructural; simplemente es la lógica de la competencia: los empresarios invierten para no perder la cuota del mercado. Una conducta que tiene bastante a olor a Marx: nadie invierte porque quiere, si que la competencia obliga. Entonces no me parece feliz su expresión que alude a la “predispoción empresarial a invertir”. Los empresarios invierten porque tienen que invertir, sea por el nivel de la “rentabilidad” (opción I) o por “seguir a la demanda” (opción II); pero seguro que no hay cuestiones subjetivas de por medio.

    Pongamos un ejemplo: si la tasa de rentabilidad de la economía es 4% y por un aumento salarial baja al 2% la tasa de inversión no debería debilitarse segunda la opción dos (a menos que la competencia internacional desplace producción local). En cambio si la tasa de rentabilidad pasa del 4% al 50%, sin cambios en la demanda, por qué habría mayor inversión? Ud. mismo no para de repetir el fenómeno de la crisis reciente en USA, donde sube y sube la rentabilidad y nadie invierte. Como ud. dijo correctamente, es porque no hay demanda. Pero el fenómeno es de larga data: la rentabilidad en USA viene creciendo tendencialmente durante los ultimos 40 años y sin embargo los empresarios yankis invierten un misero 19% del PBI (aproximadamente). Sin embargo los muy Schumpeterianos (con todos los inventos informáticos de los últimos 20 años) se niegan a reinvertir el grueso de sus meganacias. No digo que no hay inversión en USA, pero no se observa tampoco grandes cambios; más bien el ratio capital producto parece ser bastante estable, cosa que es consistente con el sencillo acelerador que en su opinión fue exaltado al extremo (la cointegración entre el producto y la inversión es un hecho archiconocido, y la mostró por ejemplo Anwar Shaik.

    http://www.levyinstitute.org/pubs/wp415.pdf

    Si esto no es evidencia empírica, bueno, no se que es. En todo caso, me parecería interesante que ud. intente explicar la dinámica del largo plazo como lo hace Shaik, explícitando cómo y por qué la acumulación y el producto dependen de la rentabilidad.
    Ud. cita a Kaldor como modelo de defensor de la idea de que la inversión depende de la rentabilidad, hacia el final de su vida (Kaldor cambió como 8 veces de opinión!) empleó modelos donde la inversión responde a la demanda; la rentabilidad entra como condición necesaria y básica, porque es obvio que todos quieren ganar dinero y nadie invierte por amor al projimo (necesito citar a Smith aquí?). PERO DE AQUÍ A DECIR QUE EL COMPORTAMIENTO DE LA INVERSIÓN QUE CREA CAPACIDAD DEPENDE DE LA RENTABILIDAD hay no sólo un largo paso, si no también un error común: mezclar la rentabilidad nocional o efectiva, que obviamente depende de la demanda (si tengo un cierta capacidad productiva y me demandan más, la tasa de ganancia aumenta) con la rentabilidad considerando el nivel normal de la capacidad. Por cierto en la Argentina el dato de utilización de la capacidad crece desde 2002 y luego se estabiliza a partir de 2005-2007; no se observa que la industria esté experimentando cuellos de botella (salvo petroleo, que es sector extractivo y que siempre opera al mango), si no más bien una cierta estabilidad.

    Finalmente ud. menciona la posibilidad de “burbujas” en el sector real, lo cual es un hecho bastante llamativo; salvo las punto.com y el fenómeno de los ferrocarriles durante el siglo XVII y XVIII es muy raro que existan burbujas en activos REPRODUCIBLES, y los únicos casos que se conocen son sectores nuevos donde no es posible predecir la demanda, y que por cierto no suele ser el caso de países atrasados como Argentina donde los cuellos de botella externos suelen aparecen mucho antes.

    Le reitero mi propuesta, le paso el excel con los datos para ver si hice bien los números y si los estoy interpretando corretactamente.

    slds.

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    Emiliano Libman

    20/09/2011 at 01:29

    • Trataré de ser lo más breve posible. Primero, la comparación entre los niveles de inversión/PBI de los 90 no va en contra del principio del acelerador, ya que es un argumento contra la idea de que en los 2000 se ha dado en Argentina un desarrollo de las fuerzas productivas con bases sólidas. Le recuerdo que el punto de partida de la nota es responder a la crítica que hicieron AFH a una afirmación que había hecho en 2003. Si la relación I/PBI en los 2000 es aproximadamente igual a los 90s, y decimos que en los 2000 el crecimiento es sólido, deberíamos concluir entonces que el crecimiento en los 90 ya era sólido. ¿Es ésta la conclusión a la que quiere llegar? Yo tengo una idea un poco distinta. Pienso que la relación I/PBI nos da una idea aproximada de la solidez del crecimiento, y que -dado que estamos en un país atrasado- las cifras de Argentina en la materia no son nada deslumbrantes (otra cuestión es para un país desarrollado, con alto nivel tecnológico).
      Segundo, tratemos de respetar lo que el interlocutor está afirmando. Jamás dije que no se aplicara el principio de aceleración. Es natural encontrar que existe una correlación positiva entre el aumento de la demanda y la inversión. El problema es que esta correlación no alcanza a explicar el porqué algunos países apuntan a un sólido desarrollo de las fuerzas productivas, y otros países tienen crecimientos con bases débiles; que es lo que sostuve que está sucediendo con Argentina (y es lo que niegan AFH). Esta relación positiva no alcanza a explicar por qué en los países asiáticos (no solo China) durante décadas las tasad de crecimiento del PBI eran acompañadas por niveles de inversión del 30% del PBI, o más, y por qué esto no ocurre en Argentina. Y así con otros hechos que menciono en la nota, y que no es necesario repetir aquí.
      Vayamos entonces a la cuestión central, si la inversión depende o no de la rentabilidad. Usted dice que es un error sostener que la inversión en maquinaria, equipos, etc., depende de la rentabilidad. Pero al mismo tiempo admite que si no hay rentabilidad, no hay inversión. Evidentemente, ambas afirmaciones no se pueden sostener al mismo tiempo. Si sostengo que en ausencia de rentabilidad, no hay inversión, entonces estoy diciendo que de alguna manera la inversión depende de la rentabilidad. Podemos discutir cuánto depende, o cómo depende, pero no se puede afirmar que es un error sostener que la inversión depende de la rentabilidad. Ahora bien, aclarado esto, se plantea la siguiente pregunta: ¿basta con que haya demanda para que haya inversión? Usted dice que sí. Sin embargo, las crisis capitalistas se desatan justamente cuando la demanda está muy alta, y generalmente (en los países adelantado), por el hecho de que la inversión se detiene (como sucedió en EEUU en 2000). ¿Por qué se frena la inversión si ésta siempre responde al crecimiento del producto, y en el auge el producto está creciendo, y según su razonamiento con esto basta para que haya rentabilidad e inversión? Además, la inversión se frenó pero la rentabilidad (en el promedio de las manufacturas) no era negativa; solo se había debilitado.
      El problema es que al haber absolutizado el principio del acelerador (esto es, la inversión siempre es inducida por la demanda, y se adapta más o menos plásticamente a ésta), no hay manera de entender los estallidos violentos de las crisis, la sobreproducción y sobreacumulación de capital. No solo no la entienden, sino que ni siquiera ustedes pueden ver lo que tienen delante de los ojos. Hacen modelos abstractos, y dejan de lado lo que no les entra en ese mundo de relaciones estables. Esto explica que usted llegue a afirmar que “es muy raro que existan burbujas de activos reproducibles”. ¿Cómo califica entonces a la sobreproducción de viviendas en EEUU y otros países europeos en los 2000? Cientos de miles de casas que se construyeron muy por encima de la demanda. ¿Qué es esto, sino sobreacumulación de capital? Pero no es el único caso. En una respuesta anterior puse el caso de la industria del automóvil, donde a pesar de la sobrecapacidad, se seguía invirtiendo fuertemente en 2010. Doy otro caso, en la industria petroquímica hay sobrecapacidad desde hace años. ¿De dónde saca usted que se trata de fenómenos extraños, propios del siglo XIX, o que solo afecta a industrias nuevas?
      Además, aun en el caso de que solo afectara a industrias nuevas en expansión, si estas industrias están teniendo un rol esencial en la demanda y el crecimiento, ¿con qué derecho no se contempla este fenómeno a la hora de estudiar la inversión? ¿Qué podemos decir de un “modelo” que no puede registrar la sobreinversión en ramas claves como motores eléctricos, aparatos de radio y automóvil en los años 20, en EEUU, con el argumento “se trata de industrias nuevas”? Por supuesto, todo esto no se puede comprender si nos encerramos en la idea “o bien los empresarios invierten porque la tasa de ganancia es alta, o bien invierten porque la demanda es alta; una de dos, y no hay otra respuesta”. Tengo que decirle que sí, hay otras respuestas, porque la realidad es más rica que su esquema. Y de lo que se trata es de entender la realidad.
      A fin de no hacer excesivamente larga esta respuesta, voy brevemente a la relación tasa de ganancia e inversión en un país atrasado como Argentina. Vuelvo a decir que jamás sostuve que la utilización de capacidad no tenga incidencia en la rentabilidad. Lo que sostengo es que con eso solo no basta. En “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo” he planteado que la inversión depende positivamente de la tasa de ganancia, y la tasa de ganancia a su vez depende positivamente de la participación de los beneficios en el producto (B/Y); del producto por trabajador (Y/L); y negativamente de la relación capital/trabajo (K/L). Alternativamente, también expresé esta función estableciendo que la tasa de ganancia depende positivamente de B/Y; negativamente de la relación capacidad/capital (Q/K), y de la relación Y/Q, que registra la utilización de capacidad. A esto agregué que en las economías subdesarrolladas las tasas de ganancia entre sectores están fuertemente influenciadas por el tipo de cambio real. En este punto distinguí entre productores de transables y no transables; el tema es importante para comprender por qué la inversión en estos sectores ha variado fuertemente a lo largo de los últimos 20 años, por lo menos, siguiendo las variaciones en el tipo de cambio real. Pero estas variaciones no son cuestiones menores. Tanto los regulacionistas como los teóricos del “marco social de acumulación” (en EEUU) han planteado correctamente la importancia del horizonte temporal -previsibilidad de que se sostenga en el tiempo un cierto marco social de acumulación- de la rentabilidad sobre las decisiones de invertir en el largo plazo. Las variaciones bruscas de tasas de rentabilidad entre sectores afecta ese horizonte temporal, y agudiza los crecimientos distorsionados. Por supuesto, todo eso es importante a la hora de discutir si estamos en presencia de desarrollo sostenido de las fuerzas productivas (tema de la cita de 2003 que fue criticada por AFH) y, naturalmente, relativiza mucho el efecto del acelerador. En este punto es que planteo que el esquema de AFH no puede explicar por qué la inversión en sectores que están en manos privadas no acompañó al crecimiento de la demanda. O por qué no se amplía la capacidad energética, o la inversión en I&D por parte de las empresas. Acerca de que en 2008 había empresas trabajando con utilización de capacidad superior al 90%, no fui yo quien lo dijo, sino el INDEC y fue recogido por el propio ministerio de Economía. Lo que digo es que este hecho tampoco puede ser explicado con el esquema AFH.
      Algunas cuestiones que solo apunto, porque no quiero hacer más larga esta respuesta. Con respecto a Shaikh, en varios trabajos he planteado críticas a su explicación del largo plazo de la evolución de la tasa de ganancia. Puede verlas en el blog; en la discusión sobre el teorema Okishio; y en las notas sobre la crisis de EEUU de 2007. Con respecto a Kaldor, en sus modelos (que por cierto variaron) encontramos una discusión sobre el beneficio y la tasa de beneficio. Lo que afirmo es que, desde el punto de vista metodológico, esto es correcto e ineludible si se quieren analizar los determinantes de la inversión. Kaldor hace depender la inversión de la demanda, pero plantea que la rentabilidad es condición necesaria de la inversión, y que si la rentabilidad es demasiado baja, los empresarios no invierten. Es por este motivo que discute de qué depende la rentabilidad. En mi opinión, equivocadamente la hace depender solo de la tasa de crecimiento y de la propensión al consumo de los capitalistas. Pero lo que rescato es que hace explícito su planteo (que remite, por otra parte, a una concepción del valor específica). ¿Qué discusión hacen AFH de los determinantes de la rentabilidad? Ninguna, ni siquiera está clara la naturaleza del beneficio (¿es trabajo explotado? ¿es un “recargo” hecho posible por el principio de “demanda efectiva”?). Pero con estas bases, por supuesto, es imposible entender la dinámica del capital.

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      rolandoastarita

      20/09/2011 at 10:20

  16. Si no hubiera algo de subjetividad en la decisión de los empresarios de invertir, entonces no habría problemas, los desajustes entre demanda e inversión sólo se deberían a errores de cálculo, corregibles en el tiempo.

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    mario

    20/09/2011 at 16:22

    • El problema es que la disposición subjetiva a invertir de los empresarios está atada a la rentabilidad. Dejar de lado este aspecto del asunto, como están haciendo algunos, es desconocer la naturaleza del capitalismo. Es desconocer que en este sistema, basado en la propiedad privada, la posibilidad de producir bienes de uso está subordinada a la obtención de rentabilidad. Lo que es sinónimo de explotación del trabajo. No es casual que los defensores de un gobierno capitalista traten de meter este asunto debajo de la alfombra. En particular, es un absurdo pensar que basta con que no haya rentabilidad negativa para que haya inversión. Si la tasa esperada de rentabilidad sobre capital invertido es de, digamos, el 0,5%, lo más probable es que no haya inversión, y el capital se translade a otra parte. La época de la eutanasia del rentista, de Keynes, esto es, en la cual la rentabilidad sería tan baja (debido a la abundancia de capital) que el empresario trabajaría en beneficio de la comunidad, a cambio de una remuneración, no asoma por ningún lado. Los aciertos y errores de cálculo de los capitalistas a la hora de decidir inversiones incluyen invariablemente la tasa de ganancia.

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      rolandoastarita

      20/09/2011 at 16:41

  17. Simplemente quería felicitar por la riqueza de las discusiones y el buen trato entre los participantes del blog. Enseña bastante la lectura. Ojalá este nivel y método de discusiones se dieran en ámbitos mas importantes q el blog. Saludos.

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    Gus

    21/09/2011 at 02:18

  18. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-177257-2011-09-21.html

    Una inversión millonaria para energía:
    Cristina Kirchner junto con el ministro de Planificación, Julio De Vido, recibió a los CEO de ExxonMobil y AES, quienes anunciaron que invertirán 800 millones de dólares en Argentina.

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    GEO

    21/09/2011 at 10:37

    • Iinteresante anuncio … será antes o despues de las “milanesas para todos”?

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      gaudio

      21/09/2011 at 15:48

    • Mas allá de los anuncios, la noticia es importante. Sin embargo en el sector petrolero y gasífero hay que ver bien a que va la inversión. Mucho es sobreexplotación de pozos ya descubiertos de zonas licitadas. Diego Mansilla trabaja bien ese tema en un librito de Centro Cult. de la Coop que se llama “Hidrocarburos en Argentina” o algo así. Algunas compañías hacen pasar por inversión en perforación, lo que en realidad es perforación de áreas en las que ya se sabe que hay gas o petroleo (ya se sabe gracias a las perforaciones de la YPF estatal). Con lo que en realidad es una sobreexplotación del área. Lo que se necesita son inversiones en exploración en áreas nuevas (q por otra parte, no nos olvidemos que lo que se haga en inversión, lo declaran las compañías, sin auditoría de lo que es en verdad propiedad del Estado). Esto lleva a una segunda,cuestión y mas importante. No es solo la inversión lo que es necesario seguir, sino también las características de esta. En especial, el tema de a q sectores se dirige la inversión. Como bien menciona Astarita, por varias cuestiones se generan desarrollos muy desiguales de los distintos sectores de la economía. En 5 o 6 sectores de la economía nacional hay una inversión importante (por ejemplo, aceites) que transforma a las empresas mas importantes de esos sectores en líderes regionales capaces de competir en el mercado mundial. Estos sectores son productores de manufacturas muy poco elaboradas, que agregan poco valor a lo q producen. El problema son los demás sectores, que no pueden competir en el mercado mundial ni regional. Por eso, pierden posiciones como proveedores de “las líderes” frente a las manufacturas importadas. Esto repercute negativamente en la balanza comercial industrial. Además, no se generan encadenamientos productivos entre los 5/6 sectores líderes y el resto de la economía nacional, lo que afecta a la generación de trabajo, lo que, a su vez y entre otros factores, presiona a la baja los salarios.

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      Gus

      22/09/2011 at 02:26

    • De todas formas, hay algo que no me queda claro. ¿Se presenta esta noticia como “prueba” de que mi argumento está equivocado? Pediría que se intente discutir mis argumentos. En la nota sostuve que no basta con que haya crecimiento de la demanda para que haya inversiones. Jamás descarté la posibilidad de que haya inversiones, provisto que el capital sienta el olor de buenas ganancias. Esto parece ser lo que está detrás del anuncio de ExxonMobil. El 30/8/11 la agencia Reuters y Financial Times informaban que American Petrogras había comunicado que ExxonMobil invertiría 76,3 millones de dólares para explorar y explotar sus yacimientos de esquistos en Argentina, a través de un acuerdo alcanzado entre ambas empresas. Se informaba también que Exxon recibirá un interés del 45% en retorno por fondos por 53,9 millones de dólares para exploración en Los Toldos y por 22,4 millones si el proyecto va a ser explotado. Las acciones de Petrogrado subieron el 32% el martes 30 de agosto en el Toronto Venture Exchange, al conocerse la noticia. El gobierno argentino dio el visto bueno a la operación. Todo indica que se está buscando mejorar la rentabilidad para las grandes empresas, a fin de que inviertan en el sector energético. Quedará para el discurso lo del “desarrollo nacional y popular”. Y para escribir papers K-adictos la tontería de que en las decisiones de inversión no cuenta la rentabilidad.

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      rolandoastarita

      22/09/2011 at 09:24

  19. Recientemente se difundió que los salarios registrados desde el 2001 al dia de hoy se incrementaron segun INDEC un 362,38% en promedio. 2,8264 es el CER Base 1 al día 1.2.02 Suponiendo que la inflación de 2007 2008 2009 y 2010 haya sido 25% en lugar de 10% el número supuesto al 31.1.11 sería 4,94 es decir, una inflación del 394% 1) Los salarios de los ocupados están rezagados respecto de 2001. Sólo algunos gremios de actividades protegidas y con gran palanca pueden decir que sus sueldos son mayores. (La única diferencia con los ’90 es que el nivel de empleo ahora es mayor, pero también hay otros problemas estructurales derivados de la devaluación, como presiones inflacionarias y aumento de ciertos precios-clave, como la vivienda, que son muy negativos). 2) La devaluación fue autro-frustrante, porque si se devaluó 4 a 1, ya los precios han subido más o menos a la misma velocidad.

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    Castorp (@Castorp_H)

    19/10/2011 at 23:17


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