Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

China capitalista

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En algunos comentarios al blog se ha suscitado la pregunta de si podemos considerar a China un país capitalista en la actualidad. Mi respuesta es que sí, que estamos frente a un sistema capitalista. Si bien se trata de una economía en transición, y existen muchas formas intermedias, la clave es que de conjunto la economía está sometida a la ley del valor, y que la propiedad capitalista se desarrolla cada vez más libremente. Empiezo repasando brevemente el recorrido de las reformas implementadas desde fines de la década de 1970, para presentar luego algunos datos que apuntalan la idea de que la sociedad china hoy es capitalista.

Un inicio “bujarinista”

Las reformas económicas implementadas por el Partido Comunista empezaron en diciembre de 1978 (Mao había muerto en 1976), y se fueron extendiendo y prolongando, siempre en dirección al capitalismo. Al comienzo solo afectaron al campo, y consistieron en permitir a los campesinos vender la producción de sus lotes privados en los mercados. Luego se pasó al llamado “sistema de responsabilidad”, por el cual se entregaba a cada unidad familiar una cierta porción de la tierra colectiva destinada al cultivo de trigo, arroz y productos similares. Los campesinos podían vender, al Estado o en el mercado libre, todo lo que produjeran por encima de ciertos mínimos. De manera que el proceso chino de reforma comenzó como una reedición de la política que se había aplicado en la Rusia soviética a mediados de la década del 20, bajo inspiración de Nicolás Bujarin (cuya obra fue traducida y estudiada en China en los 80). La meta de Bujarin no era volver al capitalismo, sino dar lugar a estímulos de mercado, a fin de aumentar el interés de los campesinos y elevar la productividad. Es que la Revolución de 1917 había entregado la tierra a los campesinos (aunque la propiedad formalmente era del Estado), Rusia se había convertido en un país incluso más “pequeño burgués” que antes de la subida al poder de los bolcheviques, y los campesinos se resistían a avanzar hacia formas colectivas de producción. Por eso Bujarin pensaba que la única forma de aumentar la productividad agrícola -indispensable para abaratar los costos de los insumos para la débil industria soviética- era permitiendo que los campesinos obtuvieran beneficios de sus explotaciones (véase por ejemplo Cohen, 1973). En algún punto, incluso, se atribuyó a Bujarin el haber lanzado el slogan “campesinos enriqueceos”. Por esta vía se estaba dando lugar a las condiciones para una acumulación capitalista. De hecho, en vísperas de la colectivización (realizada a fines de la década), había comenzado a aparecer el trabajo asalariado y una creciente diferenciación social en el agro ruso.

Pues bien, lo que en Rusia fue interrumpido por la colectivización, en China fue continuado y extendido con medidas cada vez más abiertamente favorables al mercado y al capitalismo. Es posible que la crisis económica de fines de los 70 haya creado las bases para que las reformas fueran aceptadas casi sin resistencia. El régimen maoísta había fracasado en su intento de forzar la marcha hacia una economía socialista (el llamado “Gran Salto Adelante”, de los 50) y luego el país había sufrido grandes convulsiones en los 60, cuando la Revolución Cultural. Muchos estudiosos sostienen que el régimen había entrado en un impasse; lo cierto es que las fuerzas de izquierda a fines de la década de 1970 estaban en retroceso y debilitadas, y la reforma se impuso. Además de continuar y profundizar las reformas en el campo, en los 80 la dirección china dispuso que todas empresas debían ser responsables por sus beneficios y pérdidas, y que debían cerrar las que no fueran rentables. También, y más significativo, se establecieron las zonas económicas especiales para que se instalaran empresas extranjeras. En esas zonas las empresas gozaban de fuertes beneficios fiscales, facilidades para enviar beneficios al exterior, y podían explotar mano de obra barata. Y por esos años se comenzó a desarmar la seguridad social. Hasta ese momento las comunas campesinas o las empresas estatales asumían la responsabilidad por los gastos sociales de los trabajadores. No solo aseguraban el trabajo, sino también mantenían guarderías escolares y escuelas, centros para la atención de la salud, garantizaban las pensiones para la jubilación (aunque no en el campo), pagaban los seguros por desempleo, se hacían cargo de los entierros y ayudaban a las viudas o huérfanos. Este sistema comenzó a desmantelarse, y en 1986 se abolió la práctica de garantizar el trabajo de por vida. Sin embargo, es en los 90, luego de la represión del levantamiento de Tienanmen, que se desarrolló la abierta y rápida privatización de empresas del Estado. Desde 1995 hasta 2005 el número de empresas estatales bajó de 118.000 a 50.000. El número de trabajadores empleados por el Estado pasó de 145 millones  (el 80% del empleo urbano) a 75 millones (el 30% del empleo urbano). Entre el 80 y 90% de los despedidos del sector estatal entraron al sector privado, o se establecieron por su cuenta.

Una estructura capitalista

Naturalmente, dada la magnitud de los cambios operados, todavía existen en China muchas formas de propiedad que están a medio camino entre la propiedad estatal y la propiedad capitalista plena. Siguiendo a The Economist (véase bibliografía), al día de hoy se pueden distinguir algunos tipos básicos de empresas. Por empezar, están los sectores considerados claves, como banca, energía y teléfonos, en los que el Estado ha retenido la propiedad de las empresas; aunque en algunos casos ha vendido parte de los paquetes accionarios a inversores privados. Son ejemplos las empresas China Construction Bank; China Mobile y China Unicom (telefónicas) y China National Petroleum Corp. Un segundo grupo está conformado por los emprendimientos en común entre capitalistas privados, mayormente extranjeros, y entidades respaldadas por el Estado. Son usuales en ramas importantes, como fabricación de automóviles, logística y agricultura. Las empresas extranjeras aportan tecnología y la parte estatal garantiza el acceso al mercado chino. Ejemplos: Shanghai Volkswagen; Xian-Janssen (biomédica); Denghai (agricultura); DHL-Sinotrans (logística); Ameco (manufactura). En tercer lugar, están las empresas de propiedad privada, aunque con fuertes controles estatales y muy relacionadas con el aparato gubernamental. Ejemplos: BYD; Geely; Chery (automóviles); Goldwind (energía); Huawei (telefónica). Asimismo, está el grupo de empresas que son alimentadas por las inversiones de gobiernos locales; a veces también por capitales que pertenecen a los municipios, y a veces por fondos privados. En este sentido existe una amplia variedad de grados de incidencia e involucramiento estatal, y los límites no siempre están bien definidos. Muchas de estas empresas están dedicadas a la construcción pública. Ejemplos: Shangai Environment Group; Nanhai Development (protección ambiental); Digital China (servicios en tecnología informática); China WLCSP (tecnología en chip).

A pesar de estas muchas formas intermedias, lo central es que hoy domina la relación de explotación capitalista. Incluso las empresas estatales se someten cada vez más a la lógica del mercado y la ganancia (aunque hay matices importantes en sectores), y rigen las leyes de la competencia capitalista. Significativamente, más de las dos terceras partes de los trabajadores son asalariados en el sector privado. En 2004, el empleo en el sector privado representaba las dos terceras partes del empleo urbano total, aunque solo un tercio del empleo formal.

También en el agro se está socavando la propiedad colectiva de la tierra. Es importante tener presente que en China prevalece la pequeña explotación campesina; hay unos 800 millones de campesinos, y el promedio de tierra cultivada por hogar sería de 0,33 hectáreas (Hu Jing, 2008). Muchos de estos campesinos ven amenazadas sus tenencias. Según denuncias de organismos de ayuda internacional, en los últimos años unos 40 millones de campesinos perdieron sus lotes por tomas compulsivas del gobierno, destinadas a satisfacer las demandas de desarrollo urbano. Esto es favorecido porque existe mucha ambigüedad en la definición de los derechos de la propiedad de la tierra en las ciudades, como así también de la propiedad colectiva de la tierra rural. En muchos casos, los burócratas se aprovechan de estos vacíos para apropiarse de terrenos pagando poco, y desarrollar proyectos urbanos de alto valor inmobiliario, o explotaciones agrícolas. Las estadísticas oficiales dicen que entre 1995 y 2002 hubo cerca de un millón de casos de ocupación ilegal de tierras y transacciones, que comprendían 189.000 hectáreas (Lin y Ho, 2005). Lo cual se ha convertido en una de las principales fuentes de corrupción y descontento social. “El Estado ha introducido constantemente cambios institucionales, incluidas repetidas enmiendas a la Constitución, para acomodarse a los intereses del capital privado” (ídem). “Las tendencias emergentes de polarización espacial, y particularmente de clases, fueron el resultado de la mercantilización del trabajo, la tierra y el capital, enraizada y permitida por una alianza emergente entre el capital doméstico e internacional, y la elite burocrática local” (Kwan Lee y Selden, 2007).

La naturaleza capitalista de China también se pone en evidencia en su relación con el capital internacional. Al finalizar el primer trimestre de 2010 China tenía inversiones directas en el exterior por 317.400 millones de dólares e inversiones en carteras por 263.500 millones. La inversión extranjera directa en China era de 1,526 billones de dólares, y la inversión en carteras de 223.100 millones (State Admnistration of Foreign Exchange, SAFE.gov. cn). En 2010 las empresas chinas cerraron 4251 tratados de fusiones y adquisiciones, tanto en el exterior como en el interior, lo que representó un 16% de aumento con respecto a 2009. El total de las transacciones representó un valor de unos 200.000 millones de dólares, un 29% más que en 2009. En términos de las inversiones externas, en 2010 las empresas chinas cerraron 188 tratos de adquisiciones y fusiones, lo que representa un 30% de aumento con respecto al año anterior, y constituye un récord histórico. El total de las transacciones totalizaron 39.000 millones de dólares, contra 30.000 millones en 2009. La Unión Europea, Australia, África y Asia son los principales destinos del capital chino. Pero también EEUU. En 2010 se concretaron 32 acuerdos de fusiones y adquisiciones; en 2009 fueron 21 (Market Watch, The Wall Street Journal, 18/01/11). Se estima que la actividad de fusiones y adquisiciones continuó fuerte en 2011.

Consecuencias sociales

A la vista de lo anterior, no es de extrañar que en China hayan aparecido los males típicos de todo modo de producción capitalista, empezando por la desocupación. El desempleo emergió en la década de 1980, pero pasó a primer plano en la siguiente, cuando fueron despedidos millones de trabajadores de las empresas estatales que cerraban. La tasa oficial de desocupación subió del 2,9% en 1995 a 4,2% en 2005; y a 6,1% en 2010. Sin embargo, la cifra real sería mayor. Por empezar, porque muchos de los trabajadores que fueron despedidos de las empresas estatales no son reconocidos como desempleados. Las estadísticas tampoco cuentan a los trabajadores que figuran como empleados en granjas, pero han migrado a las ciudades y están buscando trabajo en éstas; ni a graduados de secundaria o universidades que hayan dejado el colegio hace menos de seis meses. Por eso, si se emplearan estándares internacionales para medir el desempleo, el mismo habría sido, en 2002, del 7,3%; el desempleo en áreas urbanas entre residentes permanentes ese año se habría elevado al 11,1% (Vodopivec y Hahn Tong, 2008). Si bien en 1999 se estableció un sistema de seguro universal urbano por desempleo, el mismo no se cumple en buena medida para los trabajadores del sector privado (Rutte, 2010).

También como resultado de la dinámica del capital se acrecentaron las desigualdades sociales. En los años 70 el Banco Mundial estimaba que el coeficiente Gini en China era 0,33 (más alto el coeficiente significa mayor desigualdad). En 2002 se ubicaba en 0,45 (Li y Luo, 2008). Según la Academia de Ciencias Sociales de China, en 2005 había alcanzado 0,496. Sin embargo la OCDE, utilizando otras estimaciones, sostuvo que en 2005 era 0,45 y que en 2007 había bajado a 0,408 (The Wall Street Journal, 3/02/10). En cualquier caso, estamos ante una diferencia de los ingresos mayor que la existente en los países capitalistas avanzados. Otros datos son reveladores, siempre en el mismo sentido. De acuerdo con Su Hainan, director del Instituto de Estudios del Trabajo y Salarios, del Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social de China, los ingresos de los residentes urbanos son 3,3 veces superiores a los ingresos de los residentes en el campo; los ingresos de los empleados en la industria con salarios más altos son 15 veces superiores a los que tienen ingresos más bajos; los ingresos de los principales directivos de las empresas estatales son 18 veces superiores a los de sus empleados; y en promedio los ingresos de los funcionarios más altos son 128 veces más altos que el salario promedio del país. Li Shi, director del Centro de Investigación sobre Distribución del Ingreso y Pobreza, de la Universidad Normal de Beijing, dice que la diferencia de ingreso entre el 10% más rico y el 10% más pobre era de 23 veces en 2007, contra 7,3 veces en 1988 (Global Times, 10/05/10). Según la lista Hurun, que registra los ricos, en 2011 hay 271 súper millonarios chinos; esto es, gente con más de mil millones de dólares en riqueza. Es el segundo país del mundo, sólo detrás de EEUU (que tiene 400). De acuerdo a Forbes, los súper millonarios chinos serían 115 (y 413 en EEUU). Por otra parte, y según algunos estudios recientes, el uno por ciento de la población controla el 70% de la riqueza; el 80% de la población se considera pobre o de ingresos medios y bajos; de este grupo, el 44% está en la pobreza (School of Social Welfare, University of California, Berkeley). Además, hay amplios sectores en situaciones desesperantes; en particular los ancianos de las zonas rurales sin hijos; y los niños huérfanos, discapacitados o abandonados de las ciudades, que se estiman en varios cientos de miles (Rutten, 2010).

En lo que respecta a las condiciones laborales, son las típicas de cualquier país capitalista en que la acumulación se asiente en una altísima explotación del trabajo. Los salarios son bajos; jornadas de trabajo muy extensas; y hay escasos derechos sociales y sindicales. El caso de Foxconn, la empresa de origen taiwanés que es la mayor empleadora privada de mano de obra en China, es paradigmático. En 2010 los trabajadores de sus plantas en China, recién ingresados, recibían el salario mínimo de 130 dólares, más alojamiento y comida. Aun siendo tan bajos los salarios, era más de lo que se pagaba en promedio en el resto de las empresas. Sin embargo, dado lo extenuante de las jornadas, y lo duro de las condiciones laborales, muchos no resisten, y la rotación de trabajadores es muy alta. Además, en los últimos años hubo una ola de suicidios. De manera regular, los trabajadores de Foxconn están obligados superar las 36 horas semanales de horas extras que son permitidas como máximo en China (The Economist, 27/05/10). Según una investigación realizada por Apple, un tercio de los trabajadores de la planta de Longhua excedía las 60 horas semanales. En el resto de las empresas las cosas funcionan de manera similar. En especial, padecen una alta tasa de explotación los millones de trabajadores que vienen del campo, carentes de papeles y de casi todos los derechos. En 2002 había unos 95 millones de empleados en trabajos urbanos irregulares, sobre un total de 244 millones de trabajadores urbanos. Debe tenerse en cuenta que el empleo informal -comprende autoempleados, microemprendimientos, trabajadores con contratos temporarios, trabajadores domiciliarios y jornaleros- está enteramente en el sector privado, esto es, capitalista. Se estima que el sector informal tiene aproximadamente la mitad de los trabajadores; el empleo informal aumentó desde 32 millones en 1995 a 125 millones en 2004, lo que representaba el 47% del empleo (datos del Banco Mundial).

Por otra parte, la insalubridad y las enfermedades laborales parecen estar extendidas. En 2000 el Ministerio de Salud reconocía que en muchas empresas los dueños “sacrifican la salud de sus trabajadores para hacer dinero” (declaración del vice ministro de Salud, Yin Dakui). La neumoconiosis (una enfermedad mortal, también conocida como el pulmón negro), afectaba a comienzos de los 2000 al menos a 420.000 trabajadores; se consideraba que había matado a 130.000, y se reportaban entre 15.000 y 20.000 casos nuevos por año (People’s Daily, 28/02/00).

El sistema de seguridad social también ha sufrido un cambio considerable. En 1978 la edad de jubilación de las mujeres era 50 años, de los hombres 60, y las jubilaciones cubrían el 78% de los asalariados urbanos. Dado que en campo los ancianos dependían de sus familias, solo el 19% de la fuerza laboral total estaba protegida por la jubilación estatal; pero de todas maneras se trataba de un logro importante para un país atrasado como China. Había habido mejoras en la atención de la salud, campañas masivas de prevención y cuidados, y mejoras en sanidad y agua. Hoy el panorama ha cambiado, y el sistema de seguridad social se asemeja al de cualquier otro país capitalista atrasado. Es que desde la implementación de las reformas, y con la profundización de las desigualdades, el Estado se retiró aún más de los servicios sociales en las zonas rurales, y también desatendió a los trabajadores precarizados, o que pasaron a estar por su cuenta (Rutten, 2010). En consecuencia, se calculaba que en 2002 el 50% de los ancianos de las áreas urbanas, y el 80% de las áreas rurales, no tenían ahorros y dependían de sus hijos o familias para sobrevivir (los hijos están obligados a mantener a los padres). Más del 57% del total de ancianos dependían de sus familiares; un 25% de sus propios ingresos, y solo el 2,2% podía vivir de la seguridad social (Global Action on Aging, Economic Information Daily, 26/06/02). En años más recientes, se calcula que un 40% de la población tiene pensiones, lo que representaría una mejora (Rutten, 2010). Pero aún así, es una cifra muy baja.

Por otra parte, se perpetuó y consolidó la división entre la ciudad y el campo en las mismas ciudades (Rutten, 2010). Es que la amplia mayoría de los trabajadores rurales no están habilitados para tener residencia urbana, por lo cual no pueden reclamar los beneficios del sistema de seguridad social urbano. Muchos trabajadores migrantes retienen por ello los lotes en el campo para sustituir la falta de seguridad social. Además, el sistema de seguridad social chino subraya los derechos de los trabajadores estatales por sobre los derechos de los empleados en el sector privado. Si bien formalmente el seguro para el cuidado básico de la salud cubre a todos los trabajadores urbanos (menos los autoempleados), se considera que la cobertura real de la salud declinó entre 1998 y 2003. En las zonas rurales la situación es aún peor. Paralelamente, se asiste a una creciente privatización de la salud y la educación, tanto porque el Estado dejó de financiar los centros de salud y educativos, como por la aparición lisa y llana de empresas privadas en estos sectores. Por ejemplo, en una entrevista, realizada en 2007, el director de un hospital de Beijing señalaba que el financiamiento del gobierno solo cubría el 2-3% del gasto anual, y que en términos económicos, ya no era un hospital público (Beijing Review, 1/03/07). Muchos casos semejantes han sido denunciados. Como resultado de estas evoluciones, habrían resurgido enfermedades epidémicas, que habían sido desterradas luego de la Revolución (Rutten, 2010). También en educación se han hecho sentir las reformas pro-mercado. Si bien desde 1978 aumentaron significativamente la tasa de alfabetización, y de alumnos en los niveles primario y secundario, también se privatizó en buena medida la enseñanza. A igual de lo que sucede con la salud, el Estado dejó de financiar, y las direcciones de los colegios cobran tarifas cada vez más elevadas; con lo cual muchos también embolsan buenas ganancias. En 2004 se señalaba que la educación había sido la segunda actividad más rentable en China el año anterior (la primera era inmobiliaria), y también una de las más corruptas. “Los beneficios ilegales provienen de los más de 300 millones de niños que dependen de la educación pública primaria y de sus familias que tienen que pagar las tarifas” (The Epoch Times, 2/3/04). Ese año las estadísticas indicaban que China usaba el 1,4% del total de fondos públicos educativos mundiales para sostener el 22,9% de los estudiantes del mundo (China Daily, 15/01/04). El diario agregaba que el número de estudiantes de escuelas pobres estaba aumentando constantemente. En este marco, las escuelas privadas florecen. Según el informe del Banco Mundial de 2002, en 2001 había más de 56.000 escuelas privadas, con más de 9 millones de estudiantes. Por esa época ya estaban funcionando 436 institutos de enseñanza superior privados. En el otro extremo, muchos se quedan afuera. El “Informe sobre la educación y los recursos en capital humano” del Ministerio de Educación, de 2003, señalaba que solo el 18% de la población entre 25 y 64 años había recibido educación secundaria completa, y que el 42% había recibido menos de la educación primaria. Más del 30% de los estudiantes de zonas rurales que estaban habilitados para ir a colegios secundarios, no podían hacerlo.

En conclusión, todo indica que China hoy es un país capitalista. Las leyes del mercado se hacen sentir de forma creciente en todos los rincones. Crecen las contradicciones de clases, junto a la polarización social. Incluso desde el punto de vista ideológico, el PC Chino ha dejado de lado el discurso sobre el socialismo, para enfatizar el aspecto nacional. Su base social son los altos funcionarios que se benefician con los negocios capitalistas, o la administración de las empresas ligadas al Estado, y las nuevas clases medias. Por todo esto, los conflictos entre la inmensa masa explotada, por un lado, y los capitalistas y el gobierno, por el otro, responden cada vez más a la lógica de la lucha de clases, propia de todo modo de producción capitalista.

Textos citados:

Cohen, S. F. (1973): Bujarin y la revolución bolchevique, Madrid, Siglo XXI.

Hu Jing (2008): “A Critique of Chongquing’s ‘New Land Reform’”, China Left Review Nª 1, en www.chinaleftreview.org.

Kwan Lee, C. y M. Selden (2007): “China’s Durable Inequality: Legacies of Revolution and Pitfalls of Reform”, The Asian-Pacific Journal: Japan Focus”, en www.japanfocuos.org.

Li, S. y C. Luo (2008): “Growth Pattern, Employment and Income Inequality: What the Experience of Republic of Korea and Taipei, China Reveals to the People’s Republic of China”, Asian Development Review, vol. 25, pp. 100-118.

Rutten, K. (2010): “Social Welfare in China: The role of equity in the transition from egalitarism to capitalism”, Asia Research Centre, CBS, Copenhagen Discussion Papers 32, March.

The Economist: “Capitalism confined”, September 3rd 2011.

Vodopivec, M. y M. Hahn Tong (2008): “China: Improving Unemployment Insurance”, World Bank, Discussion Paper Nº 0820, July.

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China capitalista

Written by rolandoastarita

10/10/2011 a 12:54

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24 comentarios

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  1. Puede que la alta explotación del trabajo esté en la base del dinamismo de la economía de China, pero la polarización social que conlleva no necesariamente debe expresarse en una gran conflictividad social, y es que por factores culturales, ideológicos, la modernización capitalista es un proceso que afecta la totalidad social; si no fuera así ya habría aparecido algún brote visible de conflictividad. El progreso puede que tenga a unos pocos de protagonistas efectivos, pero de una o diversas maneras involucra a los más, ese es el problema y por eso me parece que la explotación puede seguir siendo el motor del crecimiento de China por muchos años más.

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    mario

    10/10/2011 at 16:54

  2. Rolando, me parece que este comentario tuyo tiene que ver con el tema de Fernández-Sobrero, no con China…¿puede ser..? Saludos.

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    Armando

    10/10/2011 at 19:35

    • Sí, me confundí, era una respuesta a tu anterior comentario. La reproduzco aquí. Los del PTS son aproximadamente los mismos argumentos que ya alguno presentó en estos comentarios. Si me hago de tiempo, en unos días tal vez escriba algo más. Lo interesante de todas maneras es analizar la cuestión desde un punto de vista más general. Es que el trotskismo combina ultraizquierdismo (por ejemplo, plantear que hoy una consigna clave e inmediata es el control obrero de la producción) con otras demandas que son, además de claramente reformistas, disparatadas. Tal vez el caso extremo haya sido cuando Trotsky planteó el control obrero sobre el ejército de EEUU. Una vez alcanzada esa cumbre, ¿qué es una comisión para investigar la SIDE en Argentina? ¡Minucias!!

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      rolandoastarita

      10/10/2011 at 20:07

  3. Interesante, pero gracias a Dios estan comiendo mejor, antes se morian de hambre. Por otro lado, me parece que decis que economicamente es un pais capitalista, porque hasta donde se el poder lo sigue teniendo el Partido. Saludos.

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    zorba

    10/10/2011 at 20:11

    • No se entiende a que apuntas, puede haber capitalismo en un sistema democratico-presidencialista, democratico-parlamentarista, autoritario-estalinista.
      Que el poder lo tenga un partido no implica nada sobre si hay o no capitalismo.

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      10/10/2011 at 23:24

  4. Me aclaró el artículo de Rolando, mis dudas sobre China. Entiendo que lo que impera en China no es la llamada NEP, implantada por Lenin en los años 20 en Rusia, sino una sociedad con claras carácteristicas capitalistas, donde la mayoría de los medios de producción esta en manos privadas, mientras la mayor parte de la masa laboral es empleada por empresas del sector privado de la economía. Habría que preguntarse: ¿ cómo fué posible la restauración capitalista en China? ¿esta el Partido Comunista de China dominado totalmente por elementos burgueses? ¿es irreversible, en las actuales circunstancias, el sistema capitalista en China?. En el caso de China, estariamos en presencia del restablecimiento del capitalismo bajo la dirección del Partido Comunista; una vía distinta al proceso vivido en la antigua URSS y Europa Oriental, donde los Partidos Comunistas sucumbieron o se transformaron en organizaciones socialdemocrátas de derecha. La experiencia histórica de China es interesante, para darse cuenta que el modelo estatista de “socialismo”, lleva, a mi modo de ver, los germenes para la formación de una nueva clase, que en un principio adquiere la forma de una burocracia que domina los resortes del poder estatal, pero luego, según parece, se transfoma en un sector de la población privilegiado, con conciencia de su poder, que deriva a clase social , manteniendo el poder autoritario y pleno de El Estado y el Partido: para luego dar el siguente paso: controlar o apropiarse directamente de los medios de producción, sin intermediarios; estamos en presencia de la formación de la nueva burguesía china. Gracias por el artículo, muy claro y profundo , como todos los que escribe Rolando Astarita.

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    abdel

    10/10/2011 at 21:19

  5. muy bueno este post, una clara respuesta a un viejo interrogante que tengo desde tiempo. seria bueno hacer algo parecido con la dinamica de brasil y rusia, ya que la informacion acerca de estos paises es mas que nada aduladora antes que descriptiva. un saludo.

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    ilichito

    10/10/2011 at 21:32

  6. Buenos días Rolando,
    He leído tu artículo sobre China, como casi todo lo que publicas, y he detectado varias debilidades en tus argumentos, o mejor dicho ausencias argumentativas. A saber, y la principal, que si China llevó a cabo las reformas de signo liberalizador primero y capitalista después, es sencillamente porque la economía estatalizada resultaba un atraso y no permitía el desarrollo económico.
    Solamente la disolución de las comunas entre 1979 y 1984 perimitiendo a las familias campesinas cultivar sus propios trozos de tierra y vender el producto en el mercado, supuso en tan solo 5 años la mayor reducción de pobreza en toda la historia de la Humanidad. Cientos de millones de personas salieron de la pobreza en un breve tiempo. Eso indica que la anterior organización de las cooperativas no era eficaz.
    Lo mismo pasa con las empresas estatales, la eliminación del mercado, etc.
    La eliminación del mercado para todo, algo a lo que Trotsky siempre se opuso, introduce tal cúmulo de ineficiencias en la economía que a largo plazo siempre es necesario echar marcha atrás.
    Los comunistas tenemos pendientes la tarea de constituir un sistema económico alternativo al capitalismo que intente cuadrar el círculo entre dinamismo y productividad capitalista e igualdad y e igualdad y calidad de vida que son objetivos propios del capitalismo.
    A pesar de toda la explotación, en 30 años China ha dado un verdadero salto adelante. El problema es que se han especializado en el emsamblaje de productos, la parte del proceso de producción que menos valor añadido genera y eso se nota en los sueldos. Los modelos de Taiwan o Corea del Sur han sido más exitosos.
    En su artículo parece como si las reformas promercado fuesen fruto de una conspiración o simplemente no se explican. Pero está muy claro, la economía estalizada no premite los incrmentos de productividad ni de eficacia que se consiguen mediante el mercado y las relaciones de producción capitalista, Por eso hoy el capitalismo es invatible, mal que nos pese.
    A pesar de todos los problemas, China está mejor ahora que hace 30 años. Su proceso de reformas ha sido mejor sin duda que el llevado a cabo por Rusia y más partiendo de un nivel de desarrollo más bajo y con un volumen de población gigantesco y escasez de materias primas.
    En realidad los límites del capitalismo van a venir por las crecientes limitaciones de materiales y de fuentes de energía que se encuentran en su cénit. Será la crisis medioambiental la que quizás ponga en cuestión la pertinencia de las formas de producción del capitalismo.
    En Cuba acabará pasando lo mismo, si el socialismo consiste en igualarnos por la base, igualando la pobreza de todos, entonces antes o después surgirán grupos que quieran algo más y el sistema se acabará rompiendo.
    Ahí está el problema, nos hemos pasado la vida criticando el capitalismo, que a pesar de sus defectos ya no es el descrito por Marx, ya no todos somos unos descamisados. La gente no asocia el capitalismo a la explotación sino a los productos de Apple. De ahí que muchos trabajadores en China digan “me pagan poco, trabajo muchas horas”, pero en el campo ganaría menos y las condiciones de trabajo tampoco serían mejores.
    Una última cuestión que se me ocurre para el caso chino es la siguiente: Trotsky señalaba que la burocracia no jugaba ningún papel económico, que era parasitaria de la economía. Esto sería así en el llamdado modelo de planificación centraliz lado, pero en China la burocracia del Partido ha sabido ponerse al frente de grandes empresas y gestionarlas muy bien. Así que el capitalismo no es imcopatible con el stalinismo como se ve todos los días en China, ni la burocracia es incompatible con el dinamismo económico siempre que se de en bajo relaciones de producción dinámicas.
    No me malinterprete sr Astarita, el modelo chino me repugna, pero hablar de sus desigualdades sociales y su explotación comparándolo con el periodo de Mao es lo peor que podemos hacer, sencillamente le estamos dando un regalo a la derecha que ellos aceptarán con mucho gusto.

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    Jose M.

    11/10/2011 at 07:05

    • No discrepo con muchas de las cosas que plantea, solo que el objetivo de la nota simplemente es destacar que China hoy es un país capitalista. Aun así, señalo que la economía china estaba sumida en una fuerte crisis a fines de los 70, y que en ella había tenido mucho que ver los desastres del Gran Salto Adelante, y luego la Revolución Cultural. En otras notas he criticado la idea de que el capitalismo solo genera estancamiento o devastación de las fuerzas productivas; por ejemplo, en las notas dedicadas a la globalización. De ahí el carácter contradictorio que advertía Marx en el desarrollo del capitalismo. Por ejemplo, el concepto de plusvalía relativa nos puede explicar por qué, al mismo tiempo puede haber aumento de la canasta de bienes salariales, y aumento de la explotación y la polarización social. En notas destinadas a mostrar cómo el capitalismo había desarrollado las fuerzas productivas, muchas veces puse el énfasis en el primer aspecto, incluso tomando el ejemplo de China (por caso, la nota sobre Trotsky y las fuerzas productivas). En esta nota solo quería mostrar cómo avanzó el capitalismo, destruyendo los elementos de igualitarismo que existían en el sistema maoísta. En cuanto al mercado, coincido en que no se puede eliminar por decreto. Analicé críticamente esta idea en las notas sobre la URSS.

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      rolandoastarita

      11/10/2011 at 08:32

  7. China en su transición al capitalismo es ,indudablemente, más exitosa que la antigua URSS y demás paises de la Europa del Este. Nadie discute eso, lo que esta en el tapete es la total restauración del capitalismo en los países del llamado “socialismo real”. Algunos pensabamos que en China imperaba un módelo típo NEP de la Rusia Soviética de los años 20, pero los datos confirman -no sólo el artículo de Astarita, sino fuentes diversas- que en China domina un capitalismo duro y salvaje, donde hasta se privatizo la salud y la educación. Esta involución la aprovecha la derecha internacional, para arremeter ideólogicamente contra la izquierda más comprometida, hablamos aquí de la izquierda que pide servicios básicos públicos. Si medimos por resultados, entonces las socialdemocracias de Noruega o Suecia, han resultado más exitosas que los países que fueron o son gobernados por Partidos Comunistas; pues en los países nordicos, al menos, hay un alto desarrollo humano conbinado con desarrollo económico. China , por tanto, no nos deja nada a los que buscamos una alternatiba o un nuevo paradigma frente al capitalismo puro y duro imperante. Añadale a China, el carácter autoritario de su gobierno; autoritarismo que no se ejerce, como en el pasado, contra los supuestos agentes pequeñoburgueses y contrarevolucionarios, sino contra la clase obrera. Nos resulta China un paradigma ideal de explotación capitalista, donde se combina captalismo y dictadura.

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    abdel

    11/10/2011 at 18:26

  8. Muy interesante el post y los comentarios.

    Es curioso que en algunas corrientes de la izquierda se considere a China un país socialista en razón de la “predominancia de las formas de propiedad estatales y coperativas”, -http://www.lernesto.it/index.aspx?m=77&f=2&IDArticolo=21496- , podría parecer una anécdota pero es algo más. A mi me parece que tiene algo de desesperación intelectual.

    Por muy aguda y precisa que sea nuestra crítica del capitalismo queda por demostrar que una sociedad postcapitalista pueda ser socialista en el sentido que Marx – y no sólo él – imaginaron: una sociedad relativamente igualitaria donde el trabajo asociado haya sustituido al asalariado y donde las fluctuaciones económicas hayan dejado de tener los devastadores efectos que soportan los trabajadores.

    En Europa, donde estamos entrando en una “década perdida”, se ven los efectos de esto.De la falta de una alternativa creíble, quiero decir. La gente protesta cuando le tocan, pero en el fondo todo el mundo esta aguantando y esperando a que vuelva a empezar “la gran comilona”.

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    Karl Mill

    12/10/2011 at 17:53

  9. Hola Rolo muy interesante el articulo, el año pasado acá en la facultad de ciencias política y relaciones internacinales de la unr, en las cátedras de teoría política se presento en reiteradas ocasiones la falta de análisis sobre china y su situación mundial, es decir sus altas tasas de crecimiento sostenido y su inserción en la económia mundial, teniendo en cuenta su regimen político.(comunista). Esencialmente noto un vacio académico. Ahora rolo la pregunta que me surge es para china, analizando su historia, este camino que esta llevando adelante es progresivo ?

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    Fabián

    13/10/2011 at 22:19

    • Pienso que en China se están generando las condiciones para que pueda renacer la actividad del marxismo, apoyado en la extensión de la contradicción entre el capital y el trabajo. Es muy probable también que asistamos a una crisis grande, de sobreacumulación. Existen muchos síntomas de que la economía china se está dirigiendo hacia ese punto. Sería muy importante por su efecto sobre la economía mundial, que está extremadamente debilitada.

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      rolandoastarita

      14/10/2011 at 09:43

  10. El articulo presenta datos y referencias que nos permiten cuantificar las repercusiones internas del proceso chino. Pero se queda corto en lo que respecta a la trascendencia global del proceso chino y su impacto en el sistema mundial capitalista. Tampoco se analiza el papel del Estado chino en este proceso; y en los comentarios que le siguen, éste, o tiene un papel secundario e irrelevante, o simplemente se le acuña como de tipo estalinista, sin detenerse por un momento a considerar la relación que deba existir entre la base, estructura y superestructura de este proceso.

    Producir a bajos costos (c+v) es, de todos conocido, lo que hace sumamente atractiva la inversión en China. El productor y trabajador chino también es consciente de lo mismo. Hace pocos años se especulaba que se asistía a una nueva distribución internacional del trabajo donde las metrópolis capitalistas seguirían desarrollando alta tecnología mientras los chino, hindúes, etc., proveerían mano de obra barata. En menos de cinco años estas ilusiones de algunos han devenido en grandes pesadillas, pues en la actualidad, china provee tanto mano de obra como alta tecnología barata. Hay que destacar también que esa mano de obra, aunque barata, es altamente calificada y abundante. A China no solo van plantas de manufactura y producción, sino también la investigación y el desarrollo.

    De por sí, esto es algo nuevo y/o diferente, y a mi modo de ver, nunca antes visto. Por primera vez en su historia, EEUU tiene que competir con un país del tamaño de China capaz de suministrar tanto mano de obra como alta tecnología a precios significativamente mucho más barato que lo que puede ofrecer EEUU. Hoy en día no se tiene una idea clara de cómo EEUU podría competir con China, o, si esto es algo siquiera económicamente práctico o posible. Recientemente el senador por el estado de la Florida, Cliff Stearns, declaró públicamente que EEUU no puede competir con China en materia de paneles solares y turbinas de molinos de viento, cuya producción y desarrollo esta substancialmente subsidiado por el Estado chino, y quien criticó el programa de la administración de Obama de $500 millones de dólares destinado a fomentar el desarrollo de la industria de energía alternativa en EEUU.

    En la primera mitad de la década 2000-2010, se argumentaba que la automatización sería la solución para competir con el mercado laboral chino. Algunas empresas se aventuraron en esta dirección y simplemente fracasaron (ver Solyndra, Obato, etc.) al no poder competir con precios por lo general por debajo de su precio de costo. No se trata ya de que si v’ p/(c+v). Aun empresas con una gran presencia en China, cuya producción toma ventaja sobre esa mano de obra barata y altamente calificada, parecen incapaces de competir con firmas chinas. Huawei por ejemplo parece imparable en su avance por el mercado latinoamericano de telecomunicaciones, y pese a la incertidumbre y desconfianza que genera en materia de seguridad, con precios 30% más baratos, su competencia (Alcatel, Ciena, etc.) parece perder cada vez más terreno que la Amazona. La penetración de Huawei en otras regiones se ha visto frenada por consideraciones políticas fundamentalmente.

    Considerando el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en el presente, y en particular el de los medios de comunicaciones existentes, se puede deducir que reproducir las condiciones que permiten el nivel de explotación que el capitalismo mundial ejerce sobre la clase trabajadora china requiere de un Estado chino capaz de garantizar un ejército industrial de todo tipo de calificación técnica y profesional, así como de un régimen capaz de enfrentarse y frenar las reivindicaciones sociales de esa clase trabajadora a tono con los tiempos actuales. Hoy se publican cifras que dicen que China e India producen alrededor de 12 veces el numero de ingenieros egresados en EEUU. Pero a diferencia de la India, el número de científicos e ingenieros con títulos de post-grado (PhD) egresados anualmente en China, y preparados para la investigación, constituye un factor determinante en el apogeo de su industria de alta tecnología, y lo cual resulta también altamente atractivo para la investigación y desarrollo del capital extranjero.

    Pero, la pregunta siguiente queda: Tomando en consideración de que si bien el capital global participa de esa mano de obra barata en china, ¿cómo es posible que China pueda ofrecer precios de producción 30% más baratos que el resto? Es necesario preguntarse que si v’<v es accesible a todo aquel que produce en China, ¿qué le permite a China fijar precios de producción en el orden de 0.3(p/(c+v’)? ¿Cómo se produce una tasa media de ganancia en este capitalismo global? ¿Y cuáles, sus repercusiones?

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    Andres

    15/10/2011 at 21:06

  11. Hola, es la primera vez que leo un artículo tuyo y me pareció muy interesante e informativo. Sin embargo, estoy en desacuerdo con la premisa básica: China se convirtió en un país capitalista, debido a las reformas de Deng Xioping, desde el 78′, y con mayor intensidad, después de las sangrientas reformas de los 90′. Creo que el error de esta premisa se encuentra en el hecho de que China jamás dejó de ser un país capitalista. La única diferencia es que, durante el reinado de Mao, el capitalismo chino era un capitalismo de estado y tenía las características que presenta este tipo de capitalismo (pleno empleo, menor desigualdad en el ingreso,etc). Los dirigentes chinos solo se dieron cuenta que ese tipo de capitalismo ya había cumplido su ciclo y decidieron no solo permitir la iniciativa privada, sino permitir a los grandes empresarios privados chinos participar de las grandes decisiones y beneficios del país

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    Camilo Rovira

    16/10/2011 at 11:51

    • En trabajos anteriores discutí la caracterización de los regímenes del tipo de economía soviética como capitalismos de Estado. Lo hice en la nota “¿Qué fue la URSS? (1)” y en una que escribí a continuación, “Desocupación y resistencia obrera en la URSS”. De todas maneras, se trata de un debate bastante complejo, y es natural que mucha gente no esté de acuerdo con mis argumentos.

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      rolandoastarita

      16/10/2011 at 12:23

  12. La idea de que toda sociedad industrializada que no sea socialista -en el sentido de Marx : relativa igualdad, trabajo asociado, ausencia de grandes fluctuaciones económicas en el ciclo – tiene que ser una sociedad “capitalista” es una forma de banalizar el analisis del capitalismo; digamos de la crítica de la economía política hacía una sociología muy genérica. Creo que aquí Astarita tiene razón.

    Pero lo grave es que de forma indirecta también se banaliza el problema de la superación del capitalismo.

    Y aquí estamos todos más callados.

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    Karl Mill

    16/10/2011 at 18:16

  13. hola muy buena la info, me despeje algunas dudas y me informe sobre cosas que desconocía, para mi china es un capitalismo cada vez mas marcado. creo que se hace difícil sostener, una economía inserta en un mundo capitalista, intentando no caer en él, y eso le pasa a china. una potencia que se da cuenta que ha estado aislada y que si se mete en el mundo puede tomar mayores decisiones.

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    emma

    30/11/2012 at 21:03

  14. Realmente me parece súper interesante este tema ya que me ayuda en un trabajo que en estos momentos realizo, pero a la vez logra confundirme porque en varias investigaciones realizadas no me aclaran del sistema que china tiene, tengo entendido que china se considera como un país y dos sistemas, en lo político comunista y en lo económico capitalista, es por lo tanto que surgen tantas dudas acerca del modelo económico que está implantado en ese país. teniendo en cuenta los conceptos de estos dos sistemas, no se hasta que punto se inclina mas al capitalismo. Mucho agradecería tu opinión.

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    Nancy

    04/02/2013 at 17:49

    • Personalmente discrepo con la idea de que políticamente China es “comunista”. En todo caso, habría que definir qué se entiende por “comunista”. Si alguien quiere significar con ese término que estamos ante alguna forma de control o poder de los trabajadores, estaría equivocado. No puede haber un gobierno “comunista” (esto es, de contenido obrero y socialista) defendiendo y alentando una economía capitalista (que por definición es explotadora). Me inclino a pensar que el régimen político chino está dominado por una burocracia estatal capitalista (concentrada en el partido Comunista chino); un régimen dictatorial que garantiza la continuidad de la explotación del capital privado y del capitalismo de Estado. Es posible que con el paso del tiempo esto evolucione (por vía de reformas, o por una explosión) hacia un régimen burgués con rasgos democráticos.

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      rolandoastarita

      04/02/2013 at 18:46

  15. Lamentable el caso de China, pues prácticamente le sucedió lo mismo que a la URSS. Pero profesor, como podría entonces desarrollarse un modelo socialista? hemos visto como todos los países antes llamados comunistas hoy día tienden hacia el nacionalismo capitalista. Esto es como si solo el socialismo fuera una quimera.

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    Alfonso

    19/02/2013 at 21:29

  16. hola rolo

    que piensas sobre el acuerdo con china ?
    pensas parecido a lozano (http://www.ipypp.org.ar/descargas/Los%20acuerdos%20con%20China.pdf)

    gracias

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    Ignacio

    02/03/2015 at 17:59

    • Es algo similar a lo que ocurrió con los acuerdos con Chevron. Dada la debilidad de la economía argentina (por caso, reservas internacionales) China aprovecha para imponer condiciones que son típicas entre países dependientes y atrasados (y en problemas) y países adelantados (y con grandes excedentes para invertir). Esto explica que se establezcan cláusulas de compra de materiales por adjudicación directa, permisos para traer mano de obra china (que tendrá menos derechos laborales que la local), y cláusulas secretas. En la notas sobre Cuba también me referí a las inversiones chinas en el extranjero (aquí).

      De todas maneras, a diferencia de Claudio Lozano, no pongo el acento en “lo nacional” (el discurso del tipo “estamos siendo colonizados por China”, alternativamente “por EEUU”), sino en las relaciones de explotación que establecen los capitales chinos, que se equiparan, por lo menos, a los de cualquier capital, sea de la nacionalidad que sea.

      Una cuestión agregada: los ambientalistas han denunciado también que muchas inversiones chinas se realizan sin la menor consideración de los daños ambientales. También se afirma que no se han realizado los suficientes estudios del impacto ambiental que tendrán las represas proyectadas en el sur. En este sentido, el capitalismo chino tampoco parece ser muy distinto de lo que hacen, por ejemplo, las mineras en Argentina, desde los 90 (con el aplauso nac & pop K en la actualidad).

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      rolandoastarita

      03/03/2015 at 08:04

  17. Algunas organizaciones de izquierda en Argentina están viendo a la ‘colonización’ China como una tragedia. Parece ser que con europeos y yankees se está mejor.

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    AP

    03/03/2015 at 09:45


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