Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Fuga de capitales, dólar y modelo K

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Esta nota es continuación y actualización de la que escribí hace un año, en la que discutía cuestiones vinculadas al crecimiento basado en el tipo de cambio alto (“Profundizar…” ). Decía entonces que el tipo de cambio alto había sido clave para la estrategia de desarrollo “industrialista”, desde mediados de 2002. Básicamente porque la devaluación posterior a la ruptura de la Convertibilidad había significado una fuerte caída de los salarios -en términos de dólar y poder adquisitivo-, con la consiguiente mejora de las condiciones competitivas del capitalismo argentino. Sostenía también que a la redistribución regresiva del ingreso se habían sumado equipos industriales renovados durante los 90; una elevada capacidad ociosa; y el congelamiento de tarifas de servicios. Todo esto se conjugó para elevar la tasa de rentabilidad, en particular de las empresas productoras de bienes transables. Además, el ciclo alcista de los precios de los alimentos, y en particular la soja, dieron un poderoso oxígeno extra al crecimiento, habilitaron ganancias extraordinarias al agro (suba de la renta de la tierra), y una constante inyección de recursos al Estado. Sin embargo, señalaba en aquella nota, no había habido un desarrollo sustentado en la inversión de equipos y la tecnología. Esto es, no estábamos ante un aumento de la competitividad con bases sólidas. Por eso, en 2010 ya se evidenciaba el desgaste del “modelo”: el superávit comercial se achicaba; la inflación erosionaba la competitividad del tipo de cambio; y el gobierno se enfrentaba a la disyuntiva de devaluar, o de retrasar el tipo de cambio a fin de frenar la inflación. Pero en este último caso, caería aún más la competitividad. Escribíamos: “Si el gobierno promueve una depreciación de la moneda, acelera la inflación, con poca ganancia en competitividad. Si por el contrario, retrasa el tipo de cambio, agrava los problemas de competitividad, acercándose a un escenario parecido al de los noventa. De hecho, hoy algunos sectores industriales empiezan a quejarse de que con este tipo de cambio no pueden competir. Es posible que de prolongarse esta situación, hacia fin de 2011 el tipo de cambio real vuelva a estar al nivel de la Convertibilidad. Aunque la situación internacional es distinta de la existente en los noventa, principalmente por la suba de la demanda mundial de materias primas”.

A pesar de las señales que estaba dando la economía, muchos defensores del modelo K de crecimiento siguieron afirmando que “el modelo tiene bases sólidas”, y que solo los ciegos “catastrofistas de izquierda”, o la derecha golpista, podían encontrar algún problema serio. La idea dominante en este sector es que, en tanto haya estímulos de demanda, la inversión crecerá más o menos automáticamente. Una tesis que se ha mantenido contra viento y marea.

Fuga de capitales

También en una nota anterior, de septiembre de 2010 (ver aquí), decíamos que en Argentina se mantenía una de las características típicas del atraso, que una parte muy importante de la plusvalía se volcaba al consumo suntuario, la inversión inmobiliaria, o iba al exterior. Con respecto a esto último, señalábamos que las inversiones de argentinos en el exterior obedecían a una lógica de valorización financiera, y que los rendimientos de esas inversiones se reinvertían en el exterior, de manera que representaban una importante sangría en términos netos del excedente. La contrapartida de esta salida era que la inversión en plantas, equipos e infraestructura productiva, si bien había mejorado en algún punto del PBI con respecto a los 90, continuaba siendo relativamente débil. Por eso concluíamos que “hay un fuerte crecimiento (del PBI), y cierto aumento de la participación de la inversión con respecto a los niveles promedio de los noventa, pero sin que pueda hablarse de algún cambio estructural. Una parte fundamental del excedente sigue saliendo del país; aunque a diferencia de la década de los noventa, ahora esa salida está financiada por el superávit de cuenta corriente. … La salida de capitales sigue poniendo en evidencia la estrecha vinculación de la clase capitalista argentina con el capital mundializado, particularmente con el capital financiero”.

Naturalmente, los defensores del “modelo productivo” siguieron mirando para otro lado. Pero los hechos son testarudos, y las cosas siguieron complicándose, hasta llegar a la actual coyuntura. En los últimos tres meses el Banco Central ha vendido más de 4100 millones de dólares. Según la consultora Ecolatina, la formación de activos externos del sector privado se incrementó de un ritmo promedio mensual de 300 millones de dólares en el período enero 2003 a marzo 2008 a 1.500 millones por mes entre abril 2008 y junio 2010. El marco de esta fuga de capitales es una macroeconomía en la que las señales del desgaste del “modelo” son inocultables. El superávit comercial pasó de más del 4% del PBI en 2007 a aproximadamente el 2%. Las reservas del Banco Central bajaron desde más de 52.500 millones de dólares a fines de 2010, a 47.580 millones hoy; esto a pesar de que tomó préstamos de bancos europeos. Las reservas de libre disponibilidad (las que exceden la base monetaria, y con las que el Gobierno paga deuda externa), se evaporaron. El crecimiento de los depósitos bancarios se ha frenado, y las tasas de interés han subido al 15% para los minoristas (estaban al 10%) y hasta el 20% para los grandes depositantes. ¿Esto también formará parte del “modelo productivo”? En cualquier caso, y ante este panorama, es evidente que la disyuntiva de 2010 que comentábamos, se ha hecho más aguda. Destaquemos que si bien la crisis internacional ha jugado un rol en la fuga de capitales -debido a la devaluación del real, y la desaceleración de la demanda internacional- no alcanza a explicarla. Después de todo, otros países latinoamericanos han estado recibiendo capitales a causa de la crisis internacional, por lo que su problema es el opuesto del argentino: procuran evitar la apreciación de sus monedas. En Argentina, en cambio, la apuesta de muchos grandes inversores, y también de ahorristas pequeños y medianos, es que el precio del dólar finalmente va subir.

Desarrollo desigual y dependiente, y tipo de cambio

Tal vez una de las cuestiones más importantes es entender que la disyuntiva descrita -devaluar o retrasar más el tipo de cambio- se inscribe en un movimiento de largo plazo de la economía argentina, en la que se alternaron los períodos de tipo de cambio alto y bajo, pautados por crisis que marcaron la transición de un período al otro. Por eso, más allá del análisis de la coyuntura inmediata, nos interesa mostrar cómo existe una cierta lógica en estos movimientos, que está vinculada al desarrollo de las fuerzas productivas -en particular, al nivel de productividad- y a las variaciones de la rentabilidad e inversión de los sectores vinculados a la producción de bienes transables (sustitución de importaciones y exportables) y de bienes no transables (en lo que sigue resumo algunas de las ideas que presento en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo).

Si se toma como punto de partida 1974 -inicio de la crisis final de la estrategia de sustitución de importaciones-, se advierte que  desde 1977 y hasta comienzos de 1981 rigió un tipo de cambio real bajo (moneda apreciada); que en la década de 1980 y hasta comienzos de 1991, el tipo de cambio fue alto (moneda depreciada); durante la Convertibilidad la moneda se apreció; y a partir de 2002 se vuelve a un tipo de cambio alto, aunque con tendencia paulatina a la apreciación desde 2003, hasta llegar al actual escenario. Aclaramos que cuando hablamos de moneda apreciada nos referimos a un tipo de cambio cercano al nivel de paridad de poder de compra con los países adelantados (en particular, con EEUU). Esto significa que, en promedio, y a igual que sucede con la mayoría de las economías atrasadas, la moneda argentina tiende a ubicarse en un nivel por debajo de la paridad de poder de compra. Esta depreciación de la moneda en términos reales obedece, desde el punto de vista de la ley del valor trabajo, a problemas estructurales, que tienen que ver, principalmente, con la baja productividad de la industria argentina.

Dada su baja productividad relativa, una manera que tiene la industria de ganar competitividad en el mercado mundial es a través del tipo de cambio real alto, que implica bajos salarios en términos de la moneda mundial (dólar o euro). Sin embargo, debido a los impulsos inflacionarios que derivan de este régimen cambiario, a mediano plazo casi inevitablemente se generan las condiciones para la reversión hacia el tipo de cambio bajo. Y son estas variaciones bruscas del tipo de cambio, las que generan cambios también bruscos y profundos en las tasas de rentabilidad de los sectores productores de bienes transables y los productores de bienes no transables; y con ellos, de sus tasas de crecimiento e inversión. Con tipo de cambio alto, los sectores productores de transables aumentan su rentabilidad, lo que lleva aparejado el aumento de inversiones en el sector; pero baja la rentabilidad y la inversión en los sectores de no transables. A su vez, con la moneda apreciada, los sectores transables ven disminuidas sus ganancias, y los de no transables las incrementan, y con ella la inversión y el crecimiento. El resultado es que se asiste a un desarrollo desigual, profundamente desestructurado. Los cambios bruscos de la rentabilidad de los sectores debilitan las inversiones de largo plazo, fundamentales para superar el subdesarrollo. Los diferenciales de productividad se acentúan, porque ora un sector, ora el otro, sufre períodos más o menos prolongados de baja rentabilidad y por lo tanto de baja inversión y renovación tecnológica. En los 90, por ejemplo, en tanto en teléfonos, o producción y transporte de electricidad, se realizaban inversiones y se expandían, muchas industrias productoras de transables, en especial intensivas en mano de obra -textiles, calzado, etc.-, languidecían. De la misma manera, el parque industrial se renovaba parcialmente, pero el sector productor de máquinas herramientas trabajaba con un 50% de capacidad ociosa, promedio. En los 2000, por el contrario, sectores de productores de bienes exportables, o sustitutos de importaciones, prosperaron; pero amplios sectores productores de servicios, o energético, se retrasaron. Significativamente, la balanza energética pasó a ser deficitaria, luego de haber tenido superávit en los 90 y buena parte de los 2000.

Este crecimiento desestructurado se refleja entonces en la situación cambiante del sector externo, y las dinámicas de precios. Los períodos de tipo de cambio alto, posteriores a una devaluación, dan lugar a mejoras rápidas y sustanciales de la balanza comercial (o en la balanza de cuenta corriente). Los productores de transables con ventajas competitivas naturales -ejemplo, el sector productor de granos- obtienen plusvalías extraordinarias, bajo la forma de ganancias extraordinarias, o alta renta agraria. Eventualmente, en una coyuntura de altos precios internacionales de las materias primas, una parte de la renta puede captarse con impuestos y destinarse a subvencionar industrias proveedoras de insumos y servicios, a los efectos de sostener el tipo de cambio real alto. En estos períodos el crecimiento industrial se caracteriza por ser principalmente extensivo -esto es, empleador de mano de obra- y la renovación tecnológica relativamente débil. La competitividad del sector transable es alta, pero porque está asentada en una alta explotación del trabajo (salarios bajos, precarización del empleo, etc.), y en la contención de los precios de insumos y servicios esenciales.

Erosión del tipo de cambio “competitivo”

No es de extrañar entonces que a mediano plazo la ventaja competitiva se erosione, en la medida en que los precios de los bienes no transables y los salarios, especialmente de los sectores sindicalizados, buscan recuperar el terreno que han perdido con la devaluación. Por eso, a mediano o largo plazo, las falencias y contradicciones estructurales no pueden superarse con meros remedios monetarios. No se trata de conspiraciones de los golpistas, como he escuchado de boca de algún intelectual K de Carta Abierta, sino de las leyes de la acumulación (y la explotación) capitalista. La cuestión de fondo es que la debilidad de la inversión -y del despliegue de la investigación y desarrollo- no permite superar el atraso y ganar competitividad genuina a la industria. Hoy, en Argentina, la balanza comercial industrial es fuertemente deficitaria (en las manufacturas de origen industrial, por unos 20.000 millones de dólares), luego de casi una década de crecimiento “industrialista” K. El problema puede agudizarse bruscamente si algunos de los socios comerciales deprecia su moneda; como acaba de suceder con Brasil.

En consecuencia, las presiones inflacionarias, que tienen origen cambiario, no dejan de acentuarse. Los sectores productores de no transables no invierten si no mejoran los precios relativos, y en el mediano o largo plazo, los precios de servicios y otros insumos comienzan a subir. Si además, el gobierno ha mantenido tarifas congeladas, a costa de crecientes subsidios, es probable que aparezcan déficit fiscales crecientes. La monetización del déficit (esto es, cubrirlo con emisión), da lugar a mayores presiones inflacionarias, acrecentando la desconfianza hacia la moneda nacional. En definitiva, las presiones inflacionarias terminan erosionando la competitividad cambiaria. Al crecer la desconfianza, se potencia el flujo de fondos hacia el dólar o el euro. El ahorro (más precisamente, atesoramiento) ocurre en moneda extranjera. Al caer los depósitos en moneda nacional, los bancos elevan las tasas de interés, para detener la sangría. Lo cual no es precisamente un estímulo para la inversión productiva. Todos estos factores no dejan de empujar hacia la devaluación.

Devaluaciones, inflaciones y reversiones cambiarias

Pero la devaluación de la moneda no es una solución sencilla, ya que puede dar lugar a nuevas devaluaciones, que eventualmente desembocan en altas inflaciones (o hiperinflaciones). Lo cual es insostenible, como lo demuestra la experiencia argentina de los 80 y principios de los 90. Es que con alta inflación los salarios bajan en términos reales -es inevitable que pierdan la carrera con los precios- pero también con una moneda en constante pérdida de valor se embotan los mecanismos del mercado. Entonces es imposible comparar los tiempos de trabajo. Por eso, en el extremo, la economía se dolariza. El dólar pasa a ser moneda no sólo de atesoramiento, sino también medida de valor y medio de pago (los contratos se fijan en dólares, etc.). Se generan así las condiciones para la reversión hacia la moneda “fuerte”. El anclaje del tipo de cambio está en la lógica del proceso, ya que se busca fijar la variable que ha estado en el origen del impulso inflacionario, y restablecer la disciplina del mercado, tanto sobre los capitales menos productivos, como -y principalmente- sobre los trabajadores. Es por esta razón que las razones que lleva a los períodos de apreciación de la moneda se incuban en las fases de crecimiento que se sostienen en el tipo de cambio alto. Algo de esto se ve en el panorama actual; la apreciación del peso de los últimos años está en la mecánica del crecimiento de los 2000. Sin embargo, hoy la economía argentina no está ante un escenario de crisis aguda, al estilo de lo ocurrido en 2001. Pero dicho esto, también hay que decir que el panorama se ha agravado. Desde hace muchos meses el gobierno ha venido retrasando el tipo de cambio para frenar la inflación, esto es, ha aplicado una receta típica de la década de 1990. Pero por esto en los últimos tiempos se ha apreciado la moneda; con lo cual se debilitó uno de los pilares del “modelo”, el tipo de cambio alto. Por eso también, en los hechos, ha comenzado a establecerse otra paridad entre el peso y el dólar, a través del mercado no oficial (o negro). Esta dicotomía -atraso del tipo de cambio oficial, depreciación de la moneda en el paralelo- es otra expresión de las disyuntivas que enfrenta el “modelo K”. Paralelamente, los subsidios a industrias productoras de servicios y similares (eléctricas, transporte, pero también forestal y agroalimentaria), no han dejado de aumentar. En 2010 el Estado transfirió unos 48.000 millones de pesos a las empresas, un 45% más que en 2009. Y sólo en los primeros seis meses de 2011, alcanzaron 32.366 millones de pesos, un 73% más que en igual período de 2010. El “ajuste” significaría un aumento de las tarifas, esto es, un caída del poder adquisitivo de los salarios, en primer lugar. Pero también agregaría presión a los impulsos devaluatorios. Subrayamos: en estas condiciones, una devaluación se descargaría sobre los trabajadores, bajando los salarios. Aunque puede dar lugar a una agudización de las luchas salariales. Por eso la propia clase dominante es reacia a aplicar este remedio. Pero por otra parte, el actual esquema ha comenzado ha hacer agua.

En conclusión, lo que está sucediendo hoy en Argentina -fuga de capitales, depreciación de hecho de la moneda- refleja que el crecimiento de los 2000 no ha permitido superar las estructuras del atraso y la dependencia. Negar esta realidad hablando sobre el “modelo de matriz diversificada y acumulación con inclusión social”, equivale a marearse con palabrerío vacío.

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Fuga de capitales, dólar y modelo K

Written by rolandoastarita

31/10/2011 a 10:47

34 comentarios

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  1. Rolando,
    Muy interesante.
    Cuál sería tu propuesta, no desde tu perspectiva económica de claustro sino desde un punto de vista pragmático, para salir de esta “disyuntiva”?
    Saludos!

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    luis

    31/10/2011 at 15:34

    • JUA JUA JUA JUA JUA… salir de esta “disyuntiva” JUA JUA JUA… ¿y usted piensa que los “pragmaticos” van a llevar a cabo una salida? ¿O les interesa si quiera? y eso presuponiendo que exista…

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      31/10/2011 at 23:21

  2. Excelente análisis sobre las limitaciones del modelo k. Puede llamar la atención que mi análisis realizado en junio pasado, coincide con las tendencias observadas aquí (http://www.elcato.org/entendiendo-la-economia-argentina), aun cuando los enfoques son opuestos.
    En lo que posiblemente no estemos de acuerdo es en la salida de esta situación, pero para ello es necesario otro post. Resumiendo: el modelo k elevó el nivel de gasto público consolidado del 30 al 45 % del PIB. Yo pienso que debemos retornar al 30 % si queremos evitar en el futuro la aceleración de la inflación. Y que es necesario comenzar los ajustes cuanto antes. El presupuesto 2012 es la primera oportunidad.

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    Adrian Ravier

    01/11/2011 at 00:04

    • reducción del gasto público? seguramente lo pagaran los trabajadores… expansión del gasto público? seguramente lo pagarán los trabajadores.
      parafraseando a Carlitos: «dolar alto en beneficio de la clase obrera!!! dolar bajo en beneficio de de la clase obrera!!! …. he ahí el último grito del “socialismo burgués”»

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      Roberto

      01/11/2011 at 20:56

    • Puedo entender la propuesta de bajar el gasto público, pero si los problemas del modelo actual están dados por la baja competitividad industrial, y la inflación es de origen cambiario fundamentalmente, la disminución del gasto no parecería ser una salida de fondo.

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      Gus

      02/11/2011 at 04:00

  3. Adhiero a la pregunta de Rolando. Porque está bueno plantear el problema, pero mejor aún es proponer una solución.

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    Pregunto

    01/11/2011 at 01:14

    • (Perdón, quise decir a la pregunta de Luis)

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      Pregunto

      01/11/2011 at 01:15

  4. Me sumo a la moción de Luis, si bien le quitaría eso de “perspectiva económica de claustro”, porque creo que no es de claustro sino que tiene un fuerte parangón con la realidad. Me sumo en preguntar qué alternativas de mediano plazo se pueden aplicar para superar la coyuntura, teniendo en cuenta que de prolongarse la actual situación entraríamos en un período de estanflación.O no? Lógicamente, las posibles alternativas serían más bien teóricas y poco probables puesto que tal vez erosionarían la propia construcción de poder que ha armado el kirchnerismo, pero sería bueno que se suscite el debate en torno a alternativas posibles aunque no sean probables. Y gente, no nos burlemos de aquellos que no somos tan doctos, al menos yo leo este bog con intención de aprender, no de burlarme de alguien, ya sería distinto si esa persona se pone en el papel del soberbio chicanero, ahí sí se le entra con todo, pero no me parece apropiado burlarse de alguien que desde un escaso conocimiento hace las preguntas que le interesan. Tal vez Luis haya formulado mal su pregunta y hasta pareció sarcástica la forma, pero no deja de ser una interesante, al menos para mí. Bueno, espero respuesta para ver si existe esa salida. Saludos.

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    ilichito

    01/11/2011 at 01:38

    • Si probablemente mi respuesta es medasiado acida, pido disculpas, igualmente no pretendia acallar las preguntas de nadie. En mi descargo debo decir que ese “de claustro” estorba bastante en la formulación de la pregunta, precisamente porque es la principal frase de los K: “ellos son la unica salida realista, cualquier critica por izquierda es un divague carente de sentido”. Igualmente sere más cuidadoso en futuras intervenciones.
      Acuerdo completamente con el comentario del Prof. Astarita.

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      01/11/2011 at 09:51

  5. Gran artículo Rolo. En cuanto a la pregunta de Luis… no creo q la cuestión sea preguntarse por “lo que hay que hacer?” Hay autores que leí, como Schorr, por ejemplo, que plantean cosas para hacer y ni se les da pelota. Creo q la pregunta más adecuada sería ¿Q se puede hacer? ¿Q capacidades tienen el Estado para alterar está dinámica de ciclos de tipo de cambio? ¿Pensas, Rolo, que se puede incentivar desde el Estado el desarrollo de tecnología, ya sea con aportes directos de capital o con desgravaciones (u otro tipo de bonificación) a la inversión en investigación y desarrollo? Evidentemente, en repetir los remedios monetarios no está la salida. Saludos.

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    Gus

    01/11/2011 at 05:54

    • En primer lugar, adhiero a lo que dice “ilichito”, son válidas todas las preguntas. Acerca de la solución, el problema es que en una sociedad dividida en clases, en donde los propietarios del capital tienen el poder de “votar” todos los días (lo que se llama la huelga de inversiones), no existen soluciones neutras. En este respecto hay propuestas que se brindan desde la izquierda que son sencillamente absurdas. Por ejemplo, he escuchado por estos días la propuesta de establecer un control obrero sobre el mercado de cambios. En el sistema capitalista esto es un disparate. Jamás ha funcionado el capitalismo bajo control de los obreros. Un proyecto socialista no se puede implantar poniendo parches dentro del modo de producción capitalista. En el mejor de los casos, se termina en híbridos, que no conducen a ningún lado. Recuerdo al respecto que tanto Marx como Engels siempre estuvieron en contra de algunos de esos experimentos de “capitalismo de Estado” (en “Economía política de la dependencia” cito ampliamente a Engels en el tema; remito a su prólogo a la reedición del folleto de Marx sobre libre comercio). Hay que construir una fuerza socialista, que luche por un cambio de régimen social.

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      rolandoastarita

      01/11/2011 at 08:34

    • No pretendo discutir con Astarita, ni por casualidad me siento capacitado para hacerlo. Solo quiero señalar que en una situación de dominación “normal” (como Rolo mismo define a la situación de dominación burguesa actual) me parece difícil la posibilidad de construcción política con el objetivo de un cambio de régimen social. Tan difícil como la que busque el objetivo del control obrero. Creo que las estrategias políticas actuales no pueden salir del reformismo, al menos como “foco” en el corto plazo. Me llama la atención que los líderes políticos, así como sindicales, reformistas (y principalmente los que se identifican con una defensa del sistema capitalista) no se reformulen las estrategias planeadas hasta ahora para lograr aumentos de la competitividad industrial. Y por eso me pregunto si existe realmente capacidad por parte del Estado de modificar esta situación de baja competitividad con política económica. Más allá de la parcialidad de clase de esa política que podría provocar un aumento de plusvalía relativa y del ritmo de trabajo. Se ve que con la política de tipo de cambio alto para tener salarios en dólares bajos, las ganancias se recomponen, pero con un sesgo según sector de la producción y solo transitoriamente. El aumento de competitividad vía mejoras en la productividad, la eliminación de ciclos que alteran los procesos de acumulación en diferentes ramas, etc, se impone como necesidad del capital en su conjunto. Por eso me pregunto si el Estado, como representante del capital en su conjunto, puede hacer algo al respecto. Me interesa la opinión de Rolo porque ya me ha respondido otras veces que el ciclo económico (y me atrevo a agregar, las características del ciclo) dependen solo relativamente de la política de Estado. Saludos.

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      Gus

      02/11/2011 at 03:55

    • Gus, en primer lugar, tenemos que plantear los problemas y discutir sin sentirnos cohibidos por “autoridades”. Todos estamos capacitados para dar opiniones, la elaboración política debería ser colectiva. Voy al tema. Cuando hablo de una construcción política socialista, no me estoy refiriendo a que piense que ahora mismo la clase trabajadora puede tomar el poder político y cambiar este sistema de explotación. Lo hago en el sentido en que históricamente se construyó el movimiento socialista: luchar por mejoras para las clases trabajadoras y los oprimidos dentro del sistema capitalista, a la par que el trabajo de propaganda y organización genera una fuerza socialista que pueda modificar las cosas de raíz, en el futuro. Ésta es la idea de tener un programa mínimo, de demandas que en principio se pueden lograr bajo el sistema capitalista (por ejemplo, ampliación de libertades democráticas, mejores condiciones de venta de la fuerza de trabajo, etc.) y un programa máximo, que sería el programa a aplicar una vez que la clase explotada conquiste el poder político. Se trata de una idea elemental, pero que hoy suena casi desconocida. Hoy muchos grupos plantean un programa que es un híbrido, más bien disparatado, porque da a entender que el sistema capitalista podría funcionar bajo el control de los obreros. Decir, por ejemplo, que bajo el sistema capitalista se puede acabar con la desocupación prohibiendo los despidos, es un desatino, es desconocer la naturaleza de este sistema.
      Por otra parte, cuando planteo que es necesario luchar por un programa de reformas, no entiendo por ello que los socialistas deban tomar responsabilidad alguna por la marcha de los negocios capitalistas. Los pretendidos marxistas que entraron a formar parte del establishment dirigente del Estado (por ejemplo, asumiendo como gerentes de empresas) son colaboradores del capital. Hace muchos años Rosa Luxemburgo decía que los socialistas, o los dirigentes sindicales, no debían asumir responsabilidades de conducción del capital, porque de esa manera comprometían el programa y la estrategia del socialismo. Era por este motivo que se oponía a que participaran, por ejemplo, del control obrero, una forma de colaboración con el capital. Nunca se debería olvidar que el modo de producción actual está basado en la explotación del trabajo.

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      rolandoastarita

      02/11/2011 at 09:14

    • G, quise votar up, pero le erré…

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      A.

      04/11/2011 at 12:49

  6. Está claro que el modelo k ha acompañado la recuperación de la economía después de la crisis de 2001. También está claro que ha reducido el nivel de desempleo. Pero esta recuperación de la economía y este empleo generado, a mi juicio es artificial.
    El problema cambiario es sólo uno de los problemas. Mi preocupación es también sobre el tema “empleo público”. Los dos gráficos de este link son ilustrativos. (http://www.jorgeavilaopina.com/?p=349)
    El empleo generado depende de que el Estado pueda seguir haciendo caja. Ya se han consumido todo el dinero de la ANSES. En lo que concierne a las reservas del BCRA preocupa la fuga de capitales y la crisis de Brasil. La recaudación depende de los precios de los commodities, lo cual también depende de la demanda de China y la política de liquidez de EEUU. Y encima el presupuesto 2012 ya eleva el gasto más de un 35 %. Con esta aceleración del gasto público, no hay caja que aguante.

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    Adrian Ravier

    02/11/2011 at 08:49

  7. Rolando, siempre estuve de acuerdo en que los socialistas no deberían colaborar con la explotación, y también acuerdo con que los programas más difundidos desde la izquierda, son “disparatados” -aunque suena un tanto ofensivo, utilizo ese término, y supongo que también vos lo hacés así, en el sentido de “inconducentes”-, pero el que nos quedemos allí me deja un amargo sabor de impotencia.

    Pareciera que es lícito ejercer una crítica completa del sistema de acumulación/explotación capitalista pero solo nos es permitido luchar por reformas y propaganda, libertades democráticas y mejora de las condiciones de la venta de nuestra fuerza de trabajo, mejoras en las condiciones de vida en general, etcétera, pero parece que no fuera válido hacer especulaciones acerca de lo que quienes dirigen un estado capitalista subdesarrollado deberían hacer o podrían intentar hacer para mejorar la estructura económica bajo la cual todos vivimos, tanto explotadores como explotados. En todo caso, si así fuera, debería argumentarse esa supuesta imposibilidad (dadas las relaciones entre los estados o entre las clases o lo que fuera que haría imposible imaginar siquiera que fuera posible el planteo). Me parece -a lo mejor estoy equivocado- que en una actitud así queda todavía algo de eso que le criticamos a la izquierda que tanto conocemos (la disparatada), en el sentido de que tomamos al capitalismo como si fuera una fuerza totalmente indomable e inmanejable para el hombre cuyos males solo podrán ser superados con su derrocamiento y la instauración del socialismo; lo cual, con ser cierto en una determinada escala, es incorrecto en otra más corta (y más acorde con el tiempo de vida humana promedio); es decir, que el capitalismo tenga sus pecualiares formas internas de funcionamiento no quiere decir que nada de lo que el hombre haga tendrá incidencia alguna en el resultado. ¿Es ilícito para un socialista siquiera este planteo que hago? ¿No podemos ir más allá de la crítica e intentar señalar un camino que mejore las condiciones en que se desenvuelve el capitalismo en una nación atradasa como en la que nos toca vivir?

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    Eduardo

    02/11/2011 at 10:42

    • Pero yo no sostengo que no se puedan conseguir cosas. La lucha de clases arranca concesiones; aunque muchas veces sean parciales, o precarias, son importantes. Lo que no pueden hacer los socialistas es tomar responsabilidades por algo que no está en sus manos resolver. ¿Cuál es el problema de fondo? La propiedad del capital. El propietario de los medios de producción y de cambio tiene la posibilidad de dar o no trabajo, de invertir o no. Si las condiciones para la explotación del trabajo son más convenientes en otro país, invierte en ese país. Esto no lo pueden impedir los socialistas colaborando con los gobiernos o con el capital. Si pudiéramos impedirlo, estarían solucionados gran parte de los problemas. Pero no hay manera de hacerlo. Es precisamente frente a esta cuestión -el poder que da la propiedad privada del capital- contra la que se han estrellado todos los programas de administrar el capitalismo de manera “humana”. Por supuesto, en épocas de la fase alcista del ciclo, mejoran las condiciones para arrancar mejoras para los explotados. Pero esto no se debe a la habilidad reformista, sino a la fase del ciclo, en lo esencial. Es lo que explica que muchos de los que hoy están en el gobierno, empezando por la presidenta, en los 90 aplaudían las privatizaciones, o a Duhalde, etc., y hoy son “progres” reformistas.

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      rolandoastarita

      02/11/2011 at 10:54

    • Me parece que no se entendió lo que quise decir: Yo tampoco sostengo que no se puedan obtener cosas. Y también estoy de acuerdo en que el poder del capital está en el origen de las dificultades para administrar el capitalismo. El punto está allí. ¿Vemos al capitalismo como si fuera un planeta del que no podemos modificar en nada su deriva o lo vemos como un río que es ciertamente más manejable? Creo que la verdad está en algún punto en el medio.

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      Eduardo

      02/11/2011 at 11:24

    • Eduardo, cuando hablás en primera persona del plural deberías precisar a quién te referís. Estoy seguro que los pequeños grupos de marxistas no podemos modificar nada sustancial acerca del rumbo del capitalismo. La lucha de clases, en ciertas coyunturas, pueden modificar algunas dinámicas. De todas maneras, soy escéptico acerca de la posibilidad de cambiar tendencias de fondo (esto es, dinámicas que derivan de la misma naturaleza del capital). Pongo el ejemplo que discute Rosa Luxemburgo, y que está en el centro de muchos de los problemas que enfrenta el movimiento obrero. Sabemos que hay un impulso del capital a sustituir el trabajo humano por la máquina. La introducción de la máquina implica un desarrollo de las fuerzas productivas, pero al mismo tiempo en manos del capital sirve para doblegar al trabajo (por ejemplo, la introducción de la máquina se hace más factible y rentable a medida que aumentan los salarios). ¿Cuánto puede modificar la lucha de clases esta tendencia del capital? Además, y como constataba Rosa Luxemburgo, la actitud a tomar por parte del movimiento obrero no es sencilla: si se opone a la introducción de la máquina, a la larga pierde, porque no puede oponerse al desarrollo de las fuerzas productivas (en última instancia, sería caer en la posición de los luditas). Pero no puede avalar la introducción de la máquina, que genera desocupación. Esta disyuntiva, tal vez insoluble, deriva de una contradicción insalvable del sistema, la que existe entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de explotación; más precisamente, entre la máquina en cuanto fuerza productiva, y su uso en manos del capital. No hay lucha de clases que pueda salvar esta contradicción, en tanto subsistan las relaciones de propiedad subyacentes.

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      rolandoastarita

      02/11/2011 at 12:30

    • Compañero Eduardo. Creo que su inquietud responde a los estrechos márgenes que la actual lucha de clases brinda para la revolución socialista. La lucha por reformas tiene un margen acotado y entre esta y la revolución hay un abismo. Si bajo estas circunstancias, prescindimos del famoso ‘puente transicional’ , parece ser que nos quedamos con las manos vacías. Esto puede llevarnos a especular con el ‘apoyo crítico’ a tal o cual receta burguesa para el desarrollo que mejore las condiciones estructurales para el ejercicio de la lucha por reformas o una futura revolución socialista o siquiera, en algún sentido, preserve las condiciones de existencia de los explotados. Generalmente, estos planteos no han traído mayor beneficio. Por el contrario, siempre han llevado a los revolucionarios a formas de colaboración de clases, así fuesen meramente ideológicas, con resultados perniciosos. Hoy más que nunca, la política es ‘economía concentrada’ y no estamos en presencia de fracciones burguesas ‘progresistas’. Esto se extiende a los planes económicos que, en general, responden a los intereses conjuntos de las diferentes fracciones, cuyo ‘núcleo duro’ es la super explotación de los trabajadores, por todas las vías disponibles, especialmente la utilización de segmentos gigantescos del proletariado mundial como reservorio y fuente de mano de obra ‘fexibilizada’. Involucrarse en la defensa de tales o cuales recetas es muy peligroso. Sinceramente, yo no me animaría a asegurar que las condiciones establecidas por este plan económico sean cualitativamente superiores, por ejemplo, a las imperantes bajo el régimen de convertibilidad menemista, sobre todo, cuando todavía no hemos visto el final de la película. El análisis de las políticas de la izquierda, en este respecto, es muy elocuente. Se podrían citar miles de casos de capitulaciones de este tipo, que no puedo resumir aquí. Por ejemplo, me viene a la memoria (en vísperas de elecciones) la defensa por parte del compañero Altamira, del régimen de convertibilidad ‘por que la devaluación perjudica a los trabajadores’ (sic) sobre todo después de pronosticar durante años su inminente caída. Sabemos que una devaluación perjudica a los trabajadores, más aún que es un mecanismo privilegiado para valorizar el capital, devaluando la fuerza de trabajo. Pero nuestra respuesta no es la defensa del 1 a 1 (o en la actualidad el 4 a 1) medida que no podemos alterar, ni por la cual debemos tomar responsabilidad, sino preparar a las masas para defender su salario y su trabajo, mediante la lucha autorganizada desde abajo, por imponer salarios acordes a la inflación o garantizar el salario de los desocupados, mientras, al mismo tiempo, difundimos la necesidad de la revolución y organizamos en partidos e instancias de independencia de clase a los trabajadores. Nuestra actitud no es de gobierno (en sentido burgués) sino de oposición irreconciliable. Por eso rechazamos el ministerialismo o cualquier integración ejecutiva. Por eso no pedimos siquiera la ‘administración obrera’ ni propiciamos un ‘control obrero’ mediado por el estado capitalista, sino, cuando las condiciones objetivas son propicias, levantamos la consigna como expresión de poder proletario genuino en los marcos de una revolución. Eso no significa rechazar de plano toda reforma puntual que un gobierno burgués pueda efectuar. Por ejemplo, yo no estoy en contra de la AUH o la extensión de las pensiones, aunque denuncio sus limitaciones (socialización de la miseria) y su utilización clientelar. No puedo extenderme más por que no quiero desatar los retos justificados (o puteadas, espero que amistosas) del anfitrión de este blog.
      Gracias.

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      AP

      02/11/2011 at 13:07

  8. La cohexistencia armoniosa de dos programas dentro de un mismo movimiento socialista, como el reformista y el revolucionario, exige una coherencia del liderazgo y una capacidad de sobrellevar la lucha en el día a día del colectivo, sin plazos a la vista, enormes. Para eso la misma base debe ser consciente en todo momento de su telos colectivo de largo plazo de modo de no permitir al liderazgo distanciarse en ningún momento. Pero es difícil en la realidad la construcción de un movimiento de esas características, tarde o temprano éste deviene en un partido que busca acomodarse en tanto tal a las circunstancias que lo rodean: la militancia por distintos motivos pierde fuelle y cede su nivel de compromiso mientras la dirección se va separando de la base con el resultado de que se diluye el objetivo estratégico. Esto es lo que le ha pasado a los partidos laboralistas, ya en un país adelantado como Inglaterra ya en un país atrasado como Brasil. Creo que el laborismo inglés nunca se planteó la revolución social pese a ser muy representativo, en la época de su estreno en el poder, de la clase trabajadora británica. En Chile, la Unidad Popular llegó a tener de su lado a la Central Unica de Trabajadores, pero aún así nunca alcanzó a ser representativa del conjunto de la clase trabajadora chilena. Por una u otra razón, la clase obrera como tal se ha mostrado incapaz e llevar hasta las últimas consecuencias la lucha clasista a pesar de contar, en principio, con aparatos idóneos o medianamente aptos para hacerlo.

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    mario

    02/11/2011 at 12:42

    • A mi parecer, ambas posturas presentes satisfacen necesidades también diferentes, que se dan simultáneamente, es decir, por un lado las dinámicas sociales en las que estamos inmersos y de la que formamos parte, y por el otro la dinámica individual que cada uno vive, que es lo que entendí a lo que se refería Eduardo cuando hablaba del “tiempo de vida promedio”.
      Creo que se puede actuar y tener un efecto determinado, positivo desde el punto de vista de la vida de una/s persona/s, sin por eso cambiar el fundamento de la propiedad capitalista, es decir, a sabiendas de que siempre será algo parcial desde la perspectiva socialista -que representaría, según entiendo, la perspectiva de la emancipación del conjunto de la sociedad.
      Pienso que mientras se tenga en claro que una mejora parcial de las condiciones de vida dentro del sistema capitalista no significa legitimar o resignarse a éste -como parece ser la postura de la socialdemocracia, que ya no lucha por abolirlo sino por gestionarlo dentro de su propio movimiento- no hay inconveniente o incoherencia o contradicción. Si es posible ésto, no lo sé, no veo ahora porqué no lo sería.
      No podemos dejar de querer intervenir de alguna manera en el movimiento del sistema porque no deja de pertenecernos ni lo dejará de hacer, es un modo en que vivimos, y por eso parece muy necesaria la voluntad de intervención; como también parece muy necesaria la voluntad de no caer en ilusiones de creer que con la voluntad de algunos se resuelven dinámicas de todos ni se modifica un sistema social que es independiente de la voluntad de los individuos.
      Me resultan dos perspectivas realistas y aplicables, yo diría que “sinérgicas” si se tienen en cuenta los tiempos individuales y los sociales.
      Saludos.

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      Juan Pablo

      02/11/2011 at 18:58

  9. Pregunta: un capitalista quiebra, deja en la calle a todos los trabajadores, estos toman la planta, que politica tienen los revolucionarios?

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    Germo

    03/11/2011 at 08:48

    • Me parece complicado que puedan darse respuestas generales. Todo depende de la situación política, de cómo está la empresa, y otros factores. Los análisis siempre deberían ser concretos. De todas formas, existe desde hace mucho tiempo una salida que es la puesta en funcionamiento de la empresa bajo administración de los trabajadores. Esto se ha hecho a lo largo de la historia del capitalismo, aunque siempre para casos puntuales. Marx habla sobre estas experiencias. Es interesante destacar que ponen en evidencia que los trabajadores pueden prescindir de los patrones. Hace tiempo escribí una nota sobre algunas de estas cuestiones, “La ilusión del poder dual” (entrada 28 en el Índice del blog). La nota polemiza con la pretensión de armar un “doble poder revolucionario” a partir de estas experiencias, pero también trata de mostrar que puede ser un parche a los problemas inmediatos. De todas maneras, cuando hay una crisis generalizada y quiebras masivas de empresas, en tanto subsista el sistema capitalista, la desocupación va a aumentar inevitablemente.

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      rolandoastarita

      03/11/2011 at 09:50

  10. Profesor, le hago una pregunta que no esta directamente relacionada con la temática que aborda la nota. ¿Que lectura hace de las elecciones de Octubre, y en particular del resultado del FIT? ¿Considera que para la izquierda revolucionaria argentina se habré un terreno fértil de desarrollo a partir de la actual crisis mundial, y del cuadro ajuste contra los trabajadores en nuestro país?

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    juanma

    04/11/2011 at 03:08

    • Sería bastante largo de responder. Acerca del resultado de la izquierda, mi idea más general está expresada en la nota “Elecciones, hegemonía y lucha ideológica”. El hecho de que el FIT no haya llegado siquiera al 5% del padrón electoral demuestra, en mi opinión, que su política y programa no han sido adoptados por la mayoría de los trabajadores. En varias notas y escritos he planteado que la agitación de demandas transicionales en las actuales condiciones políticas, es un error. Es imposible convencer a alguien de que el capitalismo puede funcionar bajo control de los trabajadores, o que se puede terminar con la desocupación prohibiendo los despidos. Es imposible hacerlo porque se trata de algo incoherente (en la nota “Engels y el arte de hacer política”, o en la polémica sobre el pedido de renuncia de A. Fernández, explico por qué el marxismo ya hace muchos años había rechazado esto). Por otra parte, si se dice que son medidas para la aplicación inmediata articuladas en un programa global de transición al socialismo, se está diciendo que en lo inmediato la clase obrera puede tomar el poder. Lo cual es otro desatino. En una situación política en la que la fuerza que supuestamente va a encabezar la revolución, no tiene más del 3% de los votos, ¿cómo se puede sostener que puede aplicar ya un programa de transición al socialismo? ¿O acaso se piensa que el Estado capitalista va a aplicar medidas de transición al socialismo? Incluso me parece absurdo proponer al Congreso que vote el control obrero, o cosas por el estilo.
      Todo esto lo he planteado en escritos, pero los defensores de la política del FIT responden que lo mío es “propagandismo abstracto”, y que lo de ellos es buena política. Sin embargo, no veo que se haga un balance serio de qué resultados ha tenido esta política, que se viene instrumentando desde hace más de medio siglo. Ni siquiera se hace un estudio más o menos serio de qué piensan los trabajadores de estas consignas y programas. Cuando un candidato del FIT dice que terminar con la desocupación es muy sencillo, y propone una ley que prohíba los despidos, hay que preguntarse por qué la gente no toma algo que parece tan simple y elemental. En mi opinión, habría que reflexionar sobre estas cosas (en lo personal, he sido trotskista durante muchos años, y mi ruptura con esta corriente comenzó en buena medida a partir de un balance sobre su táctica).
      También en el mismo sentido que el anterior, los partidos que integran el FIT deberían tener un poco de prudencia en la evaluación de lo que consiguieron. He leído un balance que sostiene que 600.000 personas apoyaron el programa del FIT. Yo voté al FIT, pero sin estar de acuerdo con su programa. No tengo estadísticas, pero conozco bastante gente (aunque el dato es sesgado, porque son amigos o conocidos, incluso familiares) que adoptó esta postura. Esa gente votó al FIT porque quería votar una alternativa de izquierda; pero no coincide con el programa, ni con los métodos y tácticas de los partidos que lo integran. Ahora bien, esto es importante desde el punto de vista metodológico. Si ni siquiera se hace un balance objetivo de lo que se tiene más a mano (la gente que votó al FIT), ¿cómo se puede hacer un análisis objetivo de cómo cae la política en la población?
      No puedo extender más estas consideraciones. Hay otros problemas implicados. Por ejemplo, creo que hubo una mala interpretación de la situación económica argentina (en mi opinión, el crecimiento de la economía argentina en 2010 y 2011 explica buena parte del voto que tuvo el gobierno; pero el FIT hizo eje en que el país ya estaba en crisis económica, etc.). Tampoco he coincidido con el análisis post 14 de agosto, que decía que “la derecha había sido derrotada”. ¿Por qué Binner o Alfonsín son “la derecha”, frente a CK? Me pareció una concesión innecesaria el kirchnerismo. Tampoco estuve de acuerdo cuando se sostuvo que si salían electos algunos diputados del FIT cambiaba el panorama político de país. Para que suceda esto, tiene que haber un cambio en la correlación de fuerzas entre las grandes clases sociales.
      Por último, pienso que las crisis económicas no provocan necesariamente vuelcos a la izquierda. Hay mucha experiencia histórica que nos lo indica.

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      rolandoastarita

      04/11/2011 at 08:57

  11. Astarita: concluyo entonces, siguiendo el desarrollo de sus argumentaciones, que usted solo consideraría viable una estrategia política que conciliase conquistas específicas al interior del capitalismo pero con la mira puesta en el fin de la propiedad privada sobre los medios de producción, ¿en qué casos históricos podríamos hablar de una articulación semejante? ¿es posible avanzar sobre luchas obreras específicas al interior de las democracias burguesas blandiendo, a su vez, el objetivo de abolirlas, sin esperar recibir como contragolpe la violencia tecno-industrial del Capital ? ¿no es la lucha armada y el uso de la violencia, por lo tanto, la única posibilidad real de la socialización de los medios de producción?
    Pienso que el peronismo es un caso muy interesante para pensar esta dificultad política que se le presenta una y otra vez al socialismo: Arrancó como un programa de mínima destinado a favorecer a la clase obrera y a potenciar las fuerzas productivas del país pero sin salirse de los límites de la propiedad privada del Capital y la explotación de la fuerza de trabajo. Sin embargo, en los setentas, las organizaciones revolucionarias interpretan que ya es hora de pasar al programa de máxima, con lo cual se topan con las resistencias de las estructuras más fuertes y mejor organizadas del peronismo, conformadas con seguir aferradas al programa de mínima (pacto social). La llaga que dejó el desenlace de esta pugna fue tan profunda que el programa de máxima fue encajonado hasta nuevo aviso, aquí, allá y en todas partes.
    Es muy interesante el último discurse de Cristina en el G-20 cuando defiende el regreso a un capitalismo “en serio” y se dice en voz alta pero a sí misma: “si me viese cuando era estudiante haciendo la apología del Capital frente a los grandes líderes del mundo…”
    En fin, no quiero desviar tanto la pregunta hacia el peronismo, que nos resulta fascinante precisamente porque las contradicciones que lo atraviesan son muchas veces las de la propia estrategia socialista. Me interesa ahondar un poco más en la manera en que usted piensa la posibilidad de esta estrategia en su verdadera capacidad de despliegue, ya sea en un país subdesarrollado como el nuestro, o bien al interior de los desarrollados, atravesados hoy por la crisis financiera y por un creciente malestar social que no acaba siquiera de volverse el nuevo fantasma que recorre Europa.
    ¿Usted considera entonces que se trata de establecer un programa de mínima “viable” y realista (al contrario del FIT) a la vez que la difusión masiva de la crítica socialista y la apertura social al programa de máxima? ¿cuáles sería los núcleos decisivos de ese programa de mínima?

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    Gabriel Muro

    06/11/2011 at 02:57

    • Sólo opino desde el punto de vista de una estrategia socialista. El peronismo es un movimiento que, en última instancia, está interesado en la defensa del sistema capitalista. Lo que dijo CK no es más que poner en blanco lo que en el fondo siempre ha sido este movimiento.
      En cuanto a la estrategia que defiendo en el socialismo, la he planteado en varios escritos (en especial en la vieja revista Debate Marxista, que se publicó entre 1993 y principios de los 2000). Los partidos que integran el FIT plantean un único programa, el de transición. Se llama programa de transición porque es un programa para iniciar la transición al socialismo. Este tipo de programa fue planteado por Marx y Engels para ser aplicado por la clase trabajadora una vez en el poder. Trotsky cambió esto, y sostuvo que debía agitarse para desencadenar la revolución. Es la táctica que aplica el FIT.
      Pues bien, volviendo a la táctica tradicional del marxismo, para la actividad política bajo gobiernos capitalistas (digamos, en situaciones normales de dominio del capital), se planteaban dos programas, el mínimo y el máximo. El programa mínimo está conformado por las medidas que, en principio, pueden obtenerse dentro del sistema capitalista. Por ejemplo, mejorar el valor de la fuerza de trabajo (ya que tiene un componente histórico-social); ampliar libertades democráticas; avanzar en derechos de organización sindical; etc. Es el programa que recoge la mayor parte de las reivindicaciones cotidianas del movimiento obrero. El marxismo no dejaba de lado este tipo de luchas. Es importante aclarar esto, porque los planteos ultimatistas y ultraizquierdistas muchas veces desprecian estas luchas, y piensan que solo hay que agitar consignas “revolucionarias”; y que la lucha por reformas solo es para “los reformistas que se adaptan al sistema”. La realidad es que el movimiento socialista creció luchando por las reivindicaciones elementales. Alguna vez Lenin dijo que la lucha por reformas es demasiado seria como para dejarla en manos de los reformistas.
      Ahora bien, el tema es que, a diferencia de los reformistas adaptados al sistema, los marxistas plantean que las reformas tienen límites, que siempre serán de alguna manera precarias (las crisis periódicamente barren mucho de lo conseguido en las fases de ascenso económico), y que el objetivo debe ser la lucha por otra sociedad. En esencia, esta posición está explicada por Marx en Salario, precio y ganancia, un texto que recomiendo fervientemente (de paso, puede verse la gran diferencia con la forma en que mucha gente de izquierda encara las luchas reivindicativas en la actualidad). Es por esta razón que el viejo socialismo, insisto en esto, tenía dos programas, el programa mínimo, y el máximo. El propio Lenin, en vísperas de la toma del poder en Rusia, rechazó una propuesta de abandonar esta división de programas, explicando que en tanto existiera capitalismo, no podía dejar de tenerse dos programas. Esta tradición se ha olvidado, pero pienso que ha sido mucho más beneficiosa para el movimiento socialista que todo lo que se intentó luego.
      Algunas cuestiones accesorias: a) Siempre que se lucha por reformas existe el peligro de entrar en la senda del posibilismo y terminar integrado al sistema. Subrayo que esta evolución la hemos visto, y la vemos a diario. Grandes “revolucionarios” (en especial cuando eran estudiantes), que terminan siendo altos funcionarios del capital y su Estado. b) Tener un lenguaje ultra no es garantía de mantenerse en posiciones socialistas. c) Los programas mínimo y máximo deberían estar articulados con una estrategia socialista, ya que de por sí tampoco solucionan algo. Por ejemplo, el partido Comunista Argentino levantaba como programa “mínimo” un programa de colaboración con el capitalismo argentino (su actual posición pro K está en línea con una larga tradición).
      El tema da para más, pero no quiero convertir esto en un artículo.

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      rolandoastarita

      06/11/2011 at 10:17

  12. Solo para decir que comparto los planteamientos y preguntas de Eduardo. La perspectiva de un cambio de regimen capitalista por uno socialista está por demas lejana, eso sin contar con el hecho de que el marxismo no tiene saldado teoricamente sus deudas con el regimen que se desarrolló en el “socialismo realmente existente”. En ese marco historico que nos toca vivir a nosotros, a nuestros seres queridos y conciudadanos, etc ¿da lo mismo cual es el personal y el grupo político que ocupa posiciones en el Estado? ¿El lo mismo para la salud, la educación y la economía de los trabajadores que este uno u otro? Opino que no. Hoy con el 54% de CFK parece lejano aquel momento del 2008 en el cual Cobos se eregía en apuesta de un sector importante de la sociedad. Si me das a elegir entre que el Estado Capitalista este dirigido por gente preparada y con visiones “izquierdistas” o que este dirigido por inutiles derechistas no lo dudo. Alguien puede decir que lo mejor es que el “Estado Mayor” del enemigo capitalista este dirigido por alguien incapaz, asi la clase obrera podrá “ganar” mas facilmente. Pero ¿donde esta POLITICAMENTE esa clase obrera que podría ganarle facilmente la pulseada a un Estado conducido por incompetentes? ¿Donde estuvo frente al incapaz de los incapaces de De La Rua? Creo que la actual conducción del Estado garantiza mejores condiciones de vida que cualquiera de los que se postulaba para remplazarla (incluido el FIT). Y “mejores condiciones de vida” es cualquier cosa menos algo abstracto sin importancia. El socialismo por ahora está solo como alternativa en los deseos de algunos. Perdon la extensión, para terminar agradesco el artículo y la existencia de este espacio de debate.

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    Santiago Repetto

    07/11/2011 at 22:52

    • Si bien entiendo lo que planteás, las mejores condiciones de vida de los trabajadores dependen, en lo fundamental, del carácter ascendente del ciclo económico. Y ese ciclo hubiera sido ascendente luego de la devaluación de 2002, aun si gobernara otro partido. Aunque quizás hubiera sido mayor la resistencia a ciertas demandas de los trabajadores, esa resistencia también hubiera encontrado un límite por el carácter ascendente del ciclo. Sin despreciar los aciertos de gestión del FPV, es importante entender que lo que pasó, por ejemplo, con el gobierno de De la Rua, no fue producto de la “incompetencia” del equipo gobernante, sino de cuestiones estructurales de la economía argentina que escapan relativamente al control de estos equipos. Claro que en el término “relativo” reside gran parte del debate.

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      Gus

      08/11/2011 at 00:52

    • Ok Gus. El primer elemento de analísis es el “estructural económico” por llamarlo de algún modo caracterizado actualmente por el capitalismo trasnacionalizado. Lo que digo es que ese capitalismo trasnacionalizado hoy no está en discución, al menos no FACTICAMENTE y no se vislumbran alternativas (¿cuales serían? ¿el Partido Comunista Griego? ¿¿El Fit??). En ese marco creo que no nos puede resultar indiferente cual es el personal que oficia como “junta que administra los negocios comunes del capital” sencillamente por que los negocios comunes del capital son los del regimen social en el que vivimos. Si una medida ayuda a evitar o postergar la crisis es elogiable por que la crisis es peor para los trabjadores. Mas allá de los discursos morales del FIT sobre el robo a los jubilados por uso de la plata del ANSES ¿Hubiera sido el mismo desarrollo capitalista en Argentina si no se hubiera terminado con el negociado ruinoso para el Estado de las AFJP por dar un ejemplo? El expediente de decir que todo es en beneficio de la clase explotadora oculta el hecho de que los trabajadores no viven igual con uno u otro programa capitalista. No es lo mismo para mi si la presidenta busca el asesoramiento de un Axel kicillof que si lo busca de un Prat Gay… Saludos.

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      Santiago Repetto

      10/11/2011 at 00:06

  13. si cobos traicionó su mandato, si quemaron a lousteau, si néstor era menemista, scioli de la dictadura, etc., el poder ejecutivo cumplió a rajatabla y todos los días trata de consolidar la confianza del “pueblo” y, por ahora, va ganando. Cada “argentino” vota de acuerdo a “su”interés: el alumno porque tiene la netbook, la viuda porque a la pensión miserable se le suma el subsidio de ama de casa, al empleado en blanco porque puede andar en 0Km., el pibe del barrio porque puede acceder al blackberry, el profesional porque tiene un amigo progre que lo hizo entrar en el estado, etc., etc., todo lo demás son elucubraciones de nuestras mentes enfermas de “ideología”, cuando la ideología tendría que ser la enfermedad de la clase dominante contra la cual deberíamos vacunarnos. La mejor vacuna, a no desesperar!!! Tener espíritu crítico, ser solidarios, ser felices por todo lo que nos queda por hacer y luchar y por lo que vamos a ver ¡y la que se va a armar!!! un abrazo

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    Federico Carlos Rangnau

    10/11/2011 at 11:40

  14. hacia fin de 2011 el tipo de cambio real vuelva a estar al nivel de la Convertibilidad. Aunque la situación internacional es distinta de la existente en los noventa, principalmente por la suba de la demanda mundial de materias primas”…

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    Dogui

    28/05/2012 at 16:14

  15. Cantaron victoria antes de tiempo , todavia no se pudrio todo , sigan participando, el Tio Sam y el gran capital se los van a agradecer y seguramente les darian asilo politico en Miami .Si Uds. son el Marxismo ? MARX se haria Anarquista ! Ahora no esta Stalin para echarle la culpa !

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    fer

    22/09/2012 at 05:32


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