Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Sobre los orígenes de la crisis financiera

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesUna de las explicaciones más extendidas de la crisis que estalló en 2007 dice que se debió a la sobreespeculación en el mercado del crédito inmobiliario. El argumento se basa en un fenómeno real: la crisis estuvo precedida por un boom hipotecario que colapsó y arrastró al resto de la economía a la recesión. Por esto, muchos sostienen que la crisis se debió a la codicia de los banqueros y a la falta de regulaciones estatales. Es la interpretación que encontramos en Krugman, Stiglitz, en el New York Times, y en una gama amplia de autores del progresismo keynesiano, o la izquierda. Pero si bien es indudable que el crédito y la especulación inmobiliaria fueron factores que llevaron a la crisis, es necesario conectarlos con dificultades y contradicciones que anidan en la acumulación capitalista. El objetivo de esta nota, por lo tanto, es pasar revista a las características centrales del boom, precisar las condiciones, arraigadas en la acumulación del capital, que lo posibilitaron, y el significado del crecimiento del capital ficticio vinculado a la especulación inmobiliaria. A los efectos de hacer accesible la lectura a la gente no especializada, a lo largo del texto introduzco breves explicaciones de algunos de los instrumentos financieros más utilizados.

La mecánica del boom crediticio inmobiliario

Para explicar cómo operó el boom crediticio inmobiliario es necesario empezar por lo que significó la llamada titularización. Básicamente, consiste en una innovación financiera que contribuyó a cambiar el rol de intermediarios de los bancos. Tradicionalmente, el banco recibe fondos en forma de depósitos, por los que paga interés; y otorga préstamos, por los que cobra un interés más alto que el pagado por el depósito. Con la titularización, en cambio, el banco se descarga de su cartera de activos, creando una sociedad especial (Special purpose vehicles, SPV son las más comunes). Por ejemplo, un banco origina una cartera de créditos hipotecarios, pero en lugar de quedarse con ella, la vende al SPV. Así, supongamos que el banco arma un pool con 100.000 créditos hipotecarios, que son comprados por el SPV. Este, a su vez, emite títulos para financiar la compra. Tratándose de hipotecas, estos títulos son conocidos como MBS, Mortgage-backed securities; cuando se trata de otro tipo de préstamos (tarjetas de crédito, para la compra de automóviles, etc.) el banco también puede armar paquetes, y el SPV emite títulos que se los conoce como ABS, Asset-backed securities. Tanto los MBS como los ABS rinden mayores intereses que los títulos gubernamentales, o de empresas.

Los MBS, o los ABS, en principio se emitían para ser comprados por inversores en los mercados de capitales. En ese caso el banco ganaba dinero por el armado de la operatoria, y las comisiones correspondientes. Además, al descargarse de los préstamos, los bancos eludían las regulaciones de Basilea, que los obligan a mantener una determinada relación entre el capital propio y los activos; de esta forma ampliaban su radio de actividad. Sin embargo, los bancos también acostumbraban retener cantidades de MBS, o ABS, hasta tanto pudieran ser vendidos. Lo cual les brindó la oportunidad de utilizarlos como colaterales para conseguir fondos en los mercados monetarios (esto es, de corto plazo; más abajo ampliamos sobre esta operatoria).  De esta manera, los bancos se apalancaban, y obtenían liquidez, además de ganar con la diferencia entre la tasa que pagaba el MBS, y la tasa que debían pagar por los préstamos a corto plazo. Pero esto los obligaba a pagar y pedir prestado de nuevo, en períodos muy cortos. Por eso, cuando estalló la crisis, y se secaron los mercados monetarios, se encontraron en serios problemas. En los siete años previos al estallido de la crisis el mercado de titularización de EEUU creció desde una emisión de menos de 500.000 millones de dólares, a más de 2 billones en 2006; en 2007 el stock de MBS tenía un valor de unos 5,8 billones de dólares.

Alas a la especulación

Hubo también otros instrumentos que dieron alas a la especulación. Uno de los más importantes fueron los Credit-default swaps, o CDS, que consisten, en esencia, en contratos que otorgan seguros contra default. Para explicarlo, supongamos que A sea una empresa de seguros que vende protección contra default a B, que es emisor de títulos hipotecarios. Se establece entonces un contrato CDS entre A y B, por el cual A recibe una parte del flujo de interés que rinde el título (esa parte del rendimiento se supone que representa el riesgo), a cambio del compromiso de responder por el valor del título, y los intereses adeudados, en caso de que el deudor hipotecario incurra en default. Muchas empresas se embarcaron en este negocio de vender protección. A mediados de 2008 AIG, la compañía de seguros más grande del mundo, poseía CDS vinculados al mercado hipotecario por $450.000 millones de dólares. Cuando los deudores hipotecarios dejaron de pagar, AIG no tuvo forma de cubrir estos quebrantos; lo mismo sucedió con otras financieras y empresas de seguros. Pero en los tiempos del boom del crédito los CDS permitieron dar la impresión de que los MBS asegurados estaban libres de riesgo. Lo cual habilitaba a entrar a grandes inversores institucionales (fondos de pensión, fondos de universidades, etc.) que por ley tienen prohibido invertir en carteras riesgosas.

Por su parte, las calificadoras de riesgo también hicieron lo suyo para impulsar el boom de crédito. Las calificadoras cobran por informar a los inversionistas cuánto riesgo están asumiendo al adquirir un título. Y a más títulos que califican, más ganan. Por lo cual, estas empresas de “expertos” tenían mucho interés en poner buenas notas a los títulos. Aquí se daba una confluencia de intereses: los que vendían los títulos tenían interés en que las calificadoras sentenciaran que no había riesgo. Las calificadoras, a su vez, estaban muy dispuestas a hacer la vista gorda, porque más ganaban cuanto más volumen de papeles calificaban. Y los inversores institucionales también estaban interesados en que las calificaciones fueran buenas, porque deseaban entrar en el negocio que parecía ser una rueda de la fortuna sin fin. Los volúmenes fueron gigantescos. Por ejemplo, entre 2002 y 2006, Moody’s obtuvo más de 3000 millones de dólares por calificar títulos basados en préstamos hipotecarios.

A lo anterior se sumó la creación de nuevos títulos, las Collateralized debt obligations, CDO, esto es, obligaciones de deuda colateralizadas. Éstas se emitían teniendo como respaldo los títulos hipotecarios MBS, u otros tipos de títulos. En otras palabras, eran paquetes que se hacían con paquetes de títulos. ¿Cuál era el sentido? Se decía que con esto se diversificaba más el riesgo. Es que la característica de los CDO es que segmentan el crédito, según diferentes grados de riesgo. Así, se establece que aquellos inversores que compran el tramo llamado equity, soportan las primeras pérdidas, en caso de que los deudores dejen de cumplir, hasta que alcanzan el 3% del total de la cartera de títulos subyacentes. El siguiente tramo, conocido como mezzanine (entresuelo), absorbe hasta el 10% de las pérdidas; y los tramos senior, que se consideraban de muy poco riesgo, las siguientes pérdidas. Los que asumen más riesgo, reciben más interés.

Pues bien, atraídos por el olor a ganancias fáciles, muchos bancos de inversión, bancos comerciales, y otras entidades financieras, se metieron en el negocio. De nuevo, se creaba una entidad especial, que emitía los CDO, y con lo recibido compraba los MBS (o los ABS). Los emisores de CDO ganaban por las comisiones y el manejo de los títulos. De ahí su interés en colocar enormes volúmenes. Aunque nadie sabía a ciencia cierta cuánto riesgo encerraban estos instrumentos. Y todavía se hacían CDO al cuadrado, esto es, se emitían nuevos CDO, respaldados por CDO. Eran paquetes de paquetes de paquetes de títulos. Y a estas emisiones los “expertos” las seguían calificando con las mejores notas. Además, muchos bancos adquirían los tramos mezzanine, o senior. De ser casi despreciable a principios de los 2000, la emisión de CDO alcanzaba en 2006 los 386.000 millones de dólares.

Crecimiento inmobiliario, capital ficticio y burbuja

Apoyado en la titularización, los CDS, y los complicados instrumentos en circulación, entre 2000 y 2006 el crédito inmobiliario creció a una tasa del 11% anual. Los precios también se dispararon: el índice S&P/Shiller del precio de las viviendas, ajustado por inflación, aumentó a una tasa anual del 7,1% entre el último trimestre de 1996 y el cuarto de 2005, cuando alcanza el pico. Pero este aumento no se explica por un alza en el valor de la construcción (en términos marxistas, de los tiempos de trabajo social empleados en la construcción de viviendas), sino por el alza del precio de la tierra.

Para entender esta cuestión es esencial tener presente lo que hemos discutido en una nota anterior sobre el capital ficticio (ver aquí). Es que, como explica Harvey (1990), el propietario de un inmueble puede percibir una renta anual que se considera el interés que rinde un capital ficticio. Para el propietario, esta renta no difiere, en principio, de la renta que dan los activos financieros (por ejemplo, los bonos). El precio de la tierra se calcula entonces a partir de la capitalización de esa renta con una tasa de interés. Por ejemplo, y de manera similar a lo que ocurre con un bono a perpetuidad, si la renta es de $500, y la tasa de interés media es del 4%, se puede considerar que el precio de la tierra es $ 12.500; si la tasa de interés baja al 2%, el precio habrá aumentado a $25.000 (debido a que la tierra se considera una inversión más segura que la financiera, las tasas de capitalización generalmente tienen alguna diferencia con las financieras). Esto explica por qué la tierra se convierte en una forma de capital ficticio. En palabras de Harvey, la tierra “llega a ser una forma de capital ficticio y el mercado de tierras funciona simplemente como una rama particular -aunque con características especiales- de la circulación del capital a interés. Bajo esas condiciones se trata a la tierra como un puro bien financiero que se compra y se vende según la renta que produce. Como todas las demás formas de capital ficticio, lo que se compra y se vende es un derecho a un ingreso futuro…” (Harvey, 1990, p. 350). A medida que se desarrolla el sistema de crédito, la tierra y las propiedades inmuebles se tratan más y más como bienes financieros. Y cuanto más capital excedente haya, “más probable será que la tierra sea absorbida al interior de la estructura de circulación del capital en general” (ídem, p. 351). Harvey recuerda también la observación de Marx: cuando la construcción de viviendas en ciudades que crece rápidamente, las principales ganancias salen de la suba de las rentas, y por lo tanto “la renta de la tierra, y no la casa, es el objetivo real de los especuladores de la construcción” (ídem, p. 370).

Lo anterior se aplica a lo sucedido en EEUU (y en otros países en que hubo boom crediticio hipotecario). La burbuja no fue del precio de la construcción, sino del precio de la tierra. Pero la tierra no es capital, y la suba de su precio no genera, por lo tanto, nuevo valor. Esto significa que tampoco agrega poder de compra nuevo. Sin embargo, el aumento del precio de la tierra -como en general de los activos financieros- favorece la expansión del crédito. Es que a medida que suben los precios de las viviendas, aumenta la tentación de tomar créditos para comprar, ya que para el deudor, aumenta la relación capital propio/deuda; y en todo caso, siempre se puede vender una propiedad con precio en alza, en caso de tener dificultades para cubrir la hipoteca.

En definitiva, a comienzos de los 2000 se daban todos los ingredientes para que se desatara el boom crediticio inmobiliario. La Reserva Federal había bajado la tasa de interés para estimular la economía frente a la recesión de 2001, y a la débil recuperación posterior. Pero también, y más importante, existían enormes sumas de líquido, que presionaban a la baja la tasa de interés, y proveían el insumo necesario para el boom crediticio. Los mecanismos de titularización, con la proliferación de complejos instrumentos que pretendían diversificar y disminuir el riesgo, potenciaron el asunto. El aumento de los precios reforzaba entonces el crédito y la especulación, y ésta el aumento de los precios, lo que daba más impulso al crédito. A todo esto se agregó la ampliación del mercado al sector subprime, conformado por los deudores que tienen poca calificación para los créditos. Las agencias hipotecarias semi estatales Freddie Mac y Fannie Mae invirtieron fuertemente en títulos subprime; en los años 2003 y 2004 tenían el 40% de los nuevos títulos subprime emitidos y retenidos en las carteras inversoras. La participación de las hipotecas subprime en el total de las hipotecas nuevas originadas pasó del 6% en 2002, al 20% en 2006. En este último año, el valor de los préstamos subprime en EEUU se estimaba en 1,5 billones de dólares; representaba el 15% del mercado hipotecario residencial, que tenía un valor de 15 billones. A principios de 2007 el 26% del mercado inmobiliario era “non prime”, esto es, tenía calificaciones menores a las normalmente exigidas. En ese año prácticamente todas las hipotecas subprime estaban titularizadas.

Pero no se trató solo de una inflación de precios y “papeles”, sino también de sobreproducción de viviendas. Entre 2001 y 2006 la inversión residencial se incrementó en un 77%; y la construcción de casas pasó de representar el 4,6% del PBI al 6,2%. Una cuarta parte de los empleos creados desde 2002 a fines de 2005 fue en la construcción, en el sector inmobiliario y el financiamiento hipotecario.

Crack

Las inyecciones de crédito no podían sostener indefinidamente la burbuja. Es un error pensar que el crédito puede prolongar la acumulación indefinidamente, o incluso durante décadas. Si un trabajador saca un crédito inmobiliario, deberá pagar las cuotas pactadas, o afrontará multas y el riesgo de perder su vivienda. Para cumplir, tendrá que generar valor (corporizado en su salario). Si por alguna razón esto no sucede, entrará en default. Si el acreedor ejecuta la hipoteca, la realización del valor de la vivienda dependerá de las condiciones del mercado. En el caso de que muchos deudores hipotecarios entren en cesación de pagos, el colapso de precios y valores será inevitable. Entonces no hay inyección de crédito que salve al sistema capitalista de los quebrantos; nuevos flujos de crédito pueden posponer el estallido, pero no lo impiden, ya que el crédito, por sí mismo, en el largo o mediano plazo, no tiene la capacidad de generar nuevo poder de compra. Y si los capitalistas dinerarios advierten que hay dificultades generalizadas en las ventas, restringen el crédito o aumentan las tasas de interés (el neoclásico dirá que “se eleva la aversión al riesgo”, como si esto fuera un fenómeno puramente psicológico). Para que el circuito “cierre”, esto es, para que el dinero refluya al capitalista dinerario, siempre será necesario que en algún lugar se esté creando y realizando el valor. De manera que el incremento del capital ficticio, encarnado en la suba de los precios de la tierra, sin la contrapartida de la generación de valor, debía terminar en el derrumbe. Y de alguna manera había conciencia de esto. Como apuntó alguna vez Marx, los capitalistas están convencidos de que cinco minutos antes de que se desate el incendio podrán salir del mercado. Greenspan (2010) señala al respecto que las compañías financieras pensaban que podrían anticiparse al inicio de la crisis y vender sus carteras sin pérdidas. Pero no hay manera de que enormes sumas de valores ficticios pasen de golpe a la forma dinero; es una imposibilidad objetiva.

A partir de junio de 2004, con la economía recuperándose de la recesión de 2001, la Reserva Federal aumenta la tasa de interés. Esto sucede en un escenario de salarios contenidos, y plusvalía en alza (ganancias de empresas, rentas e ingresos de las clases medias acomodadas). Los precios de las viviendas habían aumentado muy por encima de los ingresos salariales.  La razón precios de las viviendas /ingresos medios de las familias en 2004 era un 19% más alta que el promedio 1975-2000. Según Fortune (online 5/5/06) en las zonas en que la burbuja había sido más fuerte, la relación entre los precios de las viviendas y los ingresos de los hogares era un 40% más alta que los promedios históricos. En consecuencia, se elevó el nivel de endeudamiento. En 2004 la deuda hipotecaria había aumentado aún más que los valores de las viviendas, dejando el activo de los propietarios de viviendas en solo el 55% del valor de las viviendas, muy por debajo del 72% de 1986 (datos de la Reserva Federal). En el nuevo escenario de intereses en alza, e ingresos de los asalariados estancados, no es de extrañar que la iniciación de créditos subprime comenzara a frenarse. El peso de las hipotecas se había hecho demasiado alto en comparación incluso con los alquileres y el costo relativo de la construcción. Muchos inversores seguramente comenzaron a sentir mal olor al asunto. Desde 2004 había advertencias sobre que los precios estaban inflados. En este contexto, la venta de viviendas alcanzó el pico en julio de 2005 y luego se debilitó. Los precios comenzaron a caer un poco más tarde, desde inicios de 2006. Los que estaban endeudados se encontraron en dificultades crecientes, no solo por el alza de los intereses (muchas hipotecas eran a tasa variable), sino también por el descenso de los precios. Si una vivienda está valuada en 300.000 dólares, y la hipoteca es de 270.000 dólares, una caída del precio de la casa del 10% deja al propietario sin activo. Si los precios siguen cayendo, el peso de la hipoteca es mayor que el valor de la vivienda, y aumenta la tentación del default.

A mediados de 2007 estalló la crisis financiera. Pero no podía afectar solamente al sector inmobiliario, ya que el crédito interconecta a todas las ramas de la economía, y al caer, arrastra al conjunto: “En un sistema en el cual toda la conexión del sistema de reproducción se basa en el crédito, si el crédito cesa súbitamente y solo vale ya el pago en efectivo, debe producirse evidentemente una crisis, una violenta corrida en procura de medios de pago. Por ello, a primera vista toda la crisis sólo se presenta como una crisis de crédito y de dinero. Y de hecho, sólo se trata de la conversión de las letras en dinero. Pero estas letras representan, en su mayor parte, compras y ventas reales, cuya amplitud, que supera en mucho las necesidades sociales, concluye por constituir el fundamento de toda la crisis” (Marx, 1999, p. 630, t. 3). En EEUU no se trataba de letras de cambio, sino de montañas de MBS cuyos valores se derrumbaban al compás de las moras en los pagos y las ejecuciones hipotecarias. Ahora solo contaba el dinero en efectivo, el dinero en su función de medio de pago. Por eso mismo la corrida a la liquidez. “Como el ciervo clama por el agua clara, el alma del burgués clama por dinero, la única riqueza. En la crisis, la antítesis entre la mercancía y su figura de valor, o sea el dinero, se exacerba convirtiéndose en contradicción absoluta” (Marx, 1999, p. 169, t. 1). Es “la hambruna de dinero”. Los bancos, y sus “vehículos especiales” se encontraban llenos de activos “tóxicos”; los flujos en el mercado monetario se secaron; los spreads de los CDS, y las tasas de interés (al margen de la tasa de referencia fijada por la FED), se fueron a las nubes; millones de títulos “asegurados” entraron en default, y muchas aseguradoras, imposibilitadas de cumplir los compromisos, fueron a la quiebra; grandes bancos, que se consideraban imbatibles, se derrumbaron en semanas. La inversión y el consumo se contrajeron, y aumentó la desocupación, llevando a nuevas y mayores caídas. En lo que respecta al sector inmobiliario, en diciembre de 2008 la venta de viviendas era un 38% menor que a mediados de 2005; y los precios, 30% más bajos que en el pico. Era la “revolución de los valores”, la desvalorización masiva del capital, el producto genuino de la crisis capitalista.

El “exceso mundial de ahorro”…

A partir de la explicación que hemos presentado, la cuestión a responder es de dónde salieron los fondos que alimentaron el boom. ¿Por qué y cómo es posible que inmensas masas de dinero se hayan volcado al mercado crediticio? La respuesta básica es que a comienzos de los años 2000 hubo enormes fondos líquidos, provenientes de empresas y fondos estatales, que no se dirigieron a la producción, sino a la especulación. El responsable de la Reserva Federal, Ben Bernanke, acuñó, a comienzos de 2005, la expresión “global saving glut” para describir el fenómeno. Bernanke lo vinculaba al hecho de que luego de grandes crisis financieras -México 1994, Asia 1997-8, Rusia 1998, Brasil 1999, Argentina 2001- estos países, y también China, habían acumulado grandes reservas. En los asiáticos, el fomento de la exportación y el aumento del ahorro interno también se combinaban con la caída de la inversión (aunque no en China). Por lo tanto, grandes fondos provenientes de estos países se volcaban a EEUU, financiando el déficit de cuenta corriente. Además, luego de la caída del mercado bursátil en 2000, la inversión de nuevo capital había menguado también en EEUU y Europa, y con ella la demanda de inversión.

A mediados de ese año, The Economist, en un artículo que llevaba por título “The corporate savings glut”, ponía el acento en las decisiones de las empresas: “En los últimos tres años, en tanto los beneficios se han incrementado a lo largo del globo, el gasto de capital ha permanecido relativamente débil. Como resultado, las empresas en agregado se han convertido en ahorristas netas en una escala gigantesca. Su ahorro puede explicar por qué los rendimientos de los bonos ahora son tan bajos” (7/07/05). Los beneficios se mantenían líquidos. “El incremento total del ahorro neto de las empresas en los últimos cuatro años ha sido de más de 1 billón de dólares, el 3% del PBI global, y cinco veces el aumento del ahorro neto de las economías emergentes en el mismo período”. A pesar del comportamiento dispar de las economías de EEUU y Gran Bretaña, con respecto a las de la zona del euro y Japón -las dos primeras crecían, las otras dos se estancaban- en estos países las grandes empresas utilizaban sus excedentes financieros para pagar deudas, recomprar acciones o acumular liquidez. La nota constataba que, a diferencia del comportamiento tradicional, en que las empresas son tomadoras netas de crédito, ahora tenían fuertes excedentes financieros. Las compañías japonesas estaban en esa situación desde 1994, y ahora se unían las de EEUU y Europa. Otros analistas y medios especializados también se hicieron eco del fenómeno, al que se llamó el “rompecabezas (puzzle) de la inversión”. ¿Por qué si los beneficios en EEUU se habían recuperado desde 2002, y la economía estaba creciendo, la inversión se mantenía débil?

En 2010 Alan Greenspan, ex responsable de la Reserva Federal, volvió a referirse, en un documento que tuvo mucha difusión, al exceso de ahorro. En ese paper Greenspan trata de responder a los que afirman que la burbuja se debió exclusivamente a la política monetaria de la Reserva Federal, de baja tasa de interés. Plantea que desde la caída del Muro de Berlín se incorporaron unos 500 millones de trabajadores a las industrias exportadoras a nivel mundial; y que otros cientos de millones, empleados en industrias domésticas, se sometieron a las fuerzas competitivas del mercado, principalmente en la ex URSS. Poseían calificaciones y los costos laborales para las empresas eran bajos. Como consecuencia, entre 2000 y 2007 el crecimiento real del PBI del mundo en desarrollo fue más del doble que el del mundo desarrollado. Sin embargo, el consumo no aumentó en los países en desarrollo al mismo ritmo en que lo hicieron sus economías. Esto habría provocado que la tasa de ahorro de los países atrasados creciera desde el 24% del PBI nominal en 1999, al 34% en 2007, superando por mucho a la inversión. A la vez, había una declinación de la inversión en el mundo desarrollado. En consecuencia, sigue el argumento, cayeron las tasas de interés nominales y reales de largo plazo. Es la prueba, siempre según Greenspan, de que la caída de las tasas de largo plazo ocurrió a nivel mundial, y con independencia de la política de la Reserva Federal. De ahí también que el boom del crédito inmobiliario se hubiera producido en países desarrollados con tasas de referencia de los bancos centrales relativamente altas.

… o la “plétora de capital”

Ese “exceso global de ahorro” se puede asimilar a lo que Marx llamaba una “plétora de capital”, que ocurre cuando se verifica una constante acumulación de capital dinero que busca colocarse en alguna clase de inversión que reporte interés, sin ir acompañada de una expansión paralela de la actividad productiva. No se trata, por lo tanto, de ahorro de los hogares -como suele suceder en los manuales de macro ad usum, o como parece desprenderse de la historia de Greenspan- sino de plusvalías que la clase capitalista no reinvierte para expandir la producción.

En este sentido, Marx anotaba que hasta 1816 el dinero sobrante había ido, en Inglaterra, a la deuda pública, y que en las décadas posteriores había alimentado frecuentes fiebres especulativas en acciones y bienes inmuebles. Esta situación explica por qué, durante períodos más o menos largos, pueden aumentar los precios de acciones, bonos, de la tierra, sin que exista una correspondiente ampliación del proceso de reproducción (Marx, 1999, t. 3, p. 624). Marx consideraba que una plétora del capital tendía a producirse inmediatamente después de superada una crisis, cuando el capital de préstamo se halla inactivo en grandes cantidades, los precios de las mercancías están en su punto más bajo, y la actividad industrial no se ha recuperado. También podía darse en los primeros períodos de la recuperación económica, o como resultado de la mejora súbita de los mecanismos de crédito. Naturalmente, mientras la escala de la producción sea la misma, esta expansión solo provoca abundancia de capital dinerario prestable en relación al capital productivo. De ahí, el bajo tipo de interés (ídem, p. 628). Pero no se trata de un fenómeno exclusivamente “financiero”, como suele pensar alguna gente, que parece creer que las finanzas se desarrollan en las nubes. La plétora del capital se genera con plusvalía y es la manifestación de dificultades en la inversión productiva: “… si esta nueva acumulación tropieza con dificultades en su aplicación, si choca con la falta de esferas de inversión, es decir, si se opera una saturación de los ramos de producción y una sobreoferta de capital en préstamo, esta plétora de capital dinerario prestable no demuestra otra cosa que las limitaciones de la producción capitalista” (ídem, p. 654).

A comienzos de los 2000, y en especial con la recuperación posterior a la recesión en EEUU de 2001, la inversión se mantuvo baja, y esto explica por qué hubo “exceso de ahorro”. En otros términos, la causa del problema no fue la decisión de ahorro de los hogares en general (menos aún, de los asalariados), sino la decisión de las empresas de mantener líquida la plusvalía y otros fondos que deberían ir a la inversión. En otras notas hemos adelantado la hipótesis de que las dificultades que encontraba la acumulación, en los primeros años de la década del 2000, se relacionaban con la sobreacumulación de capital, en particular bajo la forma de sobrecapacidades (ver aquí y aquí). Un fenómeno que se vinculaba, a su vez, con la fuerte acumulación de los años 1990, y el debilitamiento de la tasa de rentabilidad del capital, desde 1997 a 2000 (que explicaría la recesión de 2001). Ya en 2000 la inversión en equipos y tecnología, que había impulsado a la economía en los 90, se estancó bruscamente; y no se recuperó con posterioridad a la crisis (ver aquí). Pero el fenómeno fue global. Así, luego de la crisis asiática de 1997-8 (en cuya base también hay una crisis de sobreproducción, esta vez en el mercado mundial de semiconductores), la inversión en esos países también disminuyó. Y asimismo en Europa muchas empresas se enfrentaban al fenómeno de la sobrecapacidad mundial. Por eso el exceso de ahorro se visualiza como un fenómeno global. Los fondos que alimentaron la burbuja habrían sido el producto de cuestiones que arraigaban en la acumulación del capital.

Los pools institucionales

Fueron entonces esas gigantescas masas de cash las que proveyeron el combustible para que se desarrollara el boom crediticio. Los títulos (ABS, MBS) fueron comprados por los llamados pools institucionales de cash (seguimos a Poszar, 2011). Se trata de fondos manejados de manera centralizada, que reúnen balances líquidos de corto plazo de corporaciones globales no financieras, e inversores institucionales tales como administradores de activos, prestamistas de títulos y fondos de pensión. Estos pools institucionales de cash habían estado cobrando importancia desde los años 90. Según Poszar, contribuyó a ello la globalización y el ascenso de las grandes corporaciones globales. Es que a medida que se extienden los mercados, y aumenta la concentración del capital, se incrementan los fondos líquidos de las empresas. Se trata de capital dinero potencial, conformado por los fondos de amortización, por plusvalías que esperan a ser reinvertidas, o por el giro del capital circulante, que las empresas buscan rentabilizar, colocándolo en los circuitos financieros (Marx hace hincapié en este fenómeno). Los pools, administrados de manera centralizada, hoy manejan el cash de estas grandes corporaciones. También reúnen dinero proveniente de todo tipo de fondos: fondos mutuos de inversión, las llamadas “cuentas separadas” (separate accounts, similares a los fondos mutuos) y fondos de cobertura, que son altamente especulativos. Las fracciones más acomodadas de las clases medias, y la alta burguesía, delegan la administración de sus dinerillos en estas financieras. Asimismo, los pools administran fondos de corredores y diversos inversores que operan en los mercados de derivados, o en el negocio de alquilar títulos (por ejemplo, a especuladores de los mercados). Se caracterizan por ser muy grandes: administran sumas de por lo menos 1000 millones de dólares, y en algunos casos superan los 100.000 millones. En un cálculo conservador, centrado principalmente en los fondos corporativos, Poszar sostiene que el volumen de los pools institucionales aumentó desde 100.000 millones de dólares en 1990 a más de 2,2 billones en su pico en 2007; en el cuarto trimestre de 2010 se ubicaba en 1,9 billones. Sin embargo, incorporando todo tipo de pools, habrían manejado un volumen de 3,8 billones de dólares en 2007, y 3,4 billones a finales de 2010.

Estos inmensos fondos debían encontrar colocaciones confiables, y los depósitos bancarios, en EEUU, sólo están asegurados hasta los 100.000 dólares. Por otra parte, señala Poszar, el stock disponible de Títulos del Tesoro no era suficiente para absorber semejante masa de liquidez. Todo conducía entonces al mercado inmobiliario, que en principio se concebía asegurado por las hipotecas. Los pools alimentaron este mercado por dos vías. En primer lugar, proveyeron fondos de corto plazo a los bancos, a través de los préstamos “repo” (por repurchase, o recompra). El mercado repo adquirió grandes dimensiones en vísperas de la crisis. El FMI considera que en EEUU, entre 2002 y 2007, representó entre el 20% y 30% del PBI. En Europa fue todavía mayor. Los bancos utilizaban los MBS como colaterales, y los pools consideraban que estos títulos eran confiables; máxime porque en su mayoría estaban asegurados por contratos CDS. Precisemos que en la operación repo el inversor, o prestamista, pone el dinero en el banco por un corto plazo, y el banco paga un interés. A fin de asegurar el depósito, el banco provee títulos como colaterales al prestamista. Se trata, de hecho, de un depósito colateralizado. Por lo general, se pide un “corte de pelo” (haircut, se lo conoce) para más seguridades. Por ejemplo, si el depósito es de $1000 y el valor del título es $1000, no hay “corte de pelo”; si el depósito es de $950 y el título de $1000, tenemos haircut.

En segundo término, los pools institucionales invirtieron en fondos monetarias, que a su vez prestaban a los bancos a corto plazo, tomando como colaterales papeles de corto plazo (conocidos como papeles comerciales). Dada la magnitud que adquirieron estas operaciones de corto plazo, puede entenderse entonces por qué, con el estallido de la crisis, muchos bancos (o sus instituciones “especiales”) se encontraron con gravísimos problemas de fondeo, ya que no podían renovar los préstamos. Además, los acreedores exigían la reposición de las garantías (dado que caían los precios de los títulos que funcionaban como colaterales), o los liquidaban para recuperar su dinero. Lo cual acentuaba la caída. Así como el apalancamiento (o sea, la búsqueda de ganancia con dinero prestado) potencia el boom y el alza, cuando la torta se da vuelta, el movimiento pasa a ser en espiral, y hacia abajo.

Algunas conclusiones

Existe cierta lógica, que deriva de las mismas relaciones sociales, en los acontecimientos que llevaron a la crisis. Por supuesto, hubo estafas y especulación de todo tipo, pero no es lo que explica el derrumbe. Las crisis tienen un origen sistémico. En un modo de producción regido por la ganancia -por el afán de valorizar el capital- y por el mercado, no hay forma de evitar la sobreacumulación y la sobreproducción. Las finanzas se desarrollan dentro de esta lógica. El crédito, que es palanca de la acumulación del capital, potencia la sobreproducción y la especulación, agravando las contradicciones; pero no existe valorización financiera al margen de la producción y realización del valor (y la plusvalía). El análisis debe articular todos estos aspectos, para llegar a una explicación concreta.

Textos citados:

Bernanke, B. (2005): “The Global Saving Glut and the U.S. Current Account Deficit”, The Federal Reserve Board, March 10, 2005.
Harvey, D. (1990): Los límites del capitalismo y la teoría marxista, México, FCE.
Greenspan, A. (2010): “The Crisis”, Brookings Institute Paper, March 9.
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.
Poszar, Z. (2011): “Institutional Cash Pools and the Triffin Dilemma of the US Banking System”, IMF, Working Paper, August.


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Sobre los orígenes de la crisis financiera

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  1. Compañero. Excelente explicación sobre la génesis de la crisis. Muy accesible la descripción de la gama de mecanismos financieros y de las raíces boom inmobiliario. En lo que respecta a la conexión con las dificultades de valorización en la esfera real, me queda más clara la relación de la ‘plétora’ de capital líquido con el agotamiento del ciclo de auge de los noventa. Según deduzco, hay un punto de quiebre con la crisis de 2001, a partir del cual el vuelco a los recursos financieros se hace predominante. ¿Es viable pensar, entonces, que la recuperación posterior de la TG, por lo menos en las economías centrales haya sido bastante disfrazada por las ‘ganancias financieras’? Le pregunto esto por que en otra ocasión habíamos polemizado sobre la duración del ciclo ascendente. De ser así, estaríamos en presencia de un ciclo decenal, cuyos últimos tres o cuatro años representan la fase preparatoria de la crisis del 2001 y la etapa de recuperación posterior solo un subproducto endeble y un tanto engañoso. El punto no altera las conclusiones generales. Es decir, la crisis surge de un auge previo genuino y no se remonta a un pasado remoto, pero acota bastante los alcances del mismo ( una década) dentro del cual, se percibe una tendencia decreciente en la TG de unos 3 o 4 años, tiempo bastante corto para explicar por una ‘ley’ de tendencia decreciente de la ganancia, en sentido clásico, pero no si se explica por otro u otros factores combinados. Sobre el impacto de la crisis, coincido en que el arrastre del desplome financiero puede generar un agujero negro. No puede afirmarse todavía que lo peor haya pasado, sobre todo por que el desplome ha sido morigerado por medios artificiales, cuyo correlato plusvalía real todavía está por obtenerse. La dimensión de la lucha de clases puede tornarse decisiva en los ritmos de la detonación controlada de ingentes masas de capital ficticio. Van a intentar que la crisis no asuma las proporciones del 30, pero en un concierto de fuerzas contrapuestas en que nadie estará graciosamente dispuesto a pagar la factura. Las recidivas e incluso un gran crack son enteramente posibles. Por supuesto, en condiciones de control ideológico de los explotados y la consiguiente horfandad de dirección revolucionaria, el hilo se corta por lo más delgado.

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    AP

    30/05/2012 at 20:20

    • Posiblemente hubo algo de ganancias ficticias, pero de todas formas la recuperación de las ganancias fue general, esto es, abarcó también al sector no financiero. Mi interpretación es que se debió a la combinación de aumento de productividad y salarios aplanados. En cuanto a la perspectiva más general, efectivamente soy crítico de la visión de una caída paulatina, a lo largo de décadas, de la tasa de ganancia. Durante mucho tiempo tuve esta idea (muy influenciado por Shaikh, y las interpretaciones más usuales de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia); pero el estudio de la última crisis, y también el revisar lo que llevó a la crisis del 30 en EEUU, me indujo a cambiar esa interpretación. En ambos casos hubo períodos de intensa acumulación (en los 1920 en EEUU, en los 1990 en EEUU, pero también hasta 1997 en muchos países asiáticos, hasta el presente en China, etc.) previos a las crisis. Estos períodos terminan en sobreacumulación y sobreproducción; el crédito empeora todavía más las cosas, etc.

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      rolandoastarita

      31/05/2012 at 09:26

  2. Compañero. Básicamente me refería a la segunda fase del auge iniciado en los noventa, con la crisis del 2001 en medio, que me parece más frágil. De seguro la TG subió también en los sectores no financieros, pero me quedé pensando en la observación de Eduardo sobre como se computan las ganancias y también en su explicación sobre los pools institucionales que inflan la rentabilidad de los sectores no financieros. De todos modos, es cierto que la periferia capitalista tuvo crecimiento genuino durante los noventa y una fuerte recuperación después del ‘efecto arroz’ , la crisis del yuan etc. por lo que podría hablarse de dos ciclos de auge, el segundo más débil y no necesariamente ficticio. En relación a las crisis del siglo XX, ¿Sigue pensando que la crisis de principios de los setenta puede ser explicada por una caída paulatina de la TG? De ser así, ¿Podría afirmarse que las crisis tienen un origen policausal y no dependen de una matriz básica de caída de TG por lenta erosión debida al aumento de la composición orgánica en valor? ¿O de lo que estamos hablando es de distintos ritmos en el aumento de la CO por un mismo factor causal? Aclaro, sobre todo para los compañeros que no están empapados en esta discusión, que usted (y muchos otros marxistas) cuestiona el supuesto de Márx que el cambio tecnológico en general es el responsable de este ascenso en la CO, pero, según entiendo no pone en entredicho el crecimiento de la misma en una fase corta previa a la crisis imputandolo a, según yo lo entiendo, una renovación tecnológica ‘irracional’ promovida por la competencia encarnizada por franjas de mercado, en lo que interviene la producción de ‘bienes complejos’ que involucran altas cuotas de inversión, no necesariamente rentables, para imponerse a los competidores. ¿Es una teoría de sobreproducción derivada de la anarquía de la producción, enfrentándose a un mercado ciego y limitado? Discúlpeme las repetidas preguntas, pero es que estoy tratando de sistematizar las teorías de la crisis y confrontar los argumentos (hasta donde me lo permite el estado actual de mis conocimientos-que tengo que profundizar- ) para discriminar lo que me resulte más plausible y explicativo del comportamiento real del capitalismo. Hay quienes pensarán que esto no resulta muy importante desde el punto de vista programático o político, total, con repetir el sonsonete de la LTDG alcanza y sobra. Por el contrario, a mí me parece un factor de primer orden.
    Gracias.

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    AP

    31/05/2012 at 14:58

    • Muchas de estas cuestiones las sigo pensando y estudiando, no tengo respuestas para todas las preguntas. Alguna aclaración, de todas formas. La primera es que yo pienso que el cambio tecnológico lleva, en el largo o mediano plazo, a un aumento tendencial de la composición orgánica. Lo que sostengo es que este aumento no se explica con el supuesto que presenta Marx al explicar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esto es, Marx piensa en un cambio tecnológico que disminuye el valor del mismo medio de producción. En este caso se cumple lo que dice el teorema Okishio; la composición orgánica (inversión de capital constante por obrero) no puede aumentar, y si el salario real permanece constante, la tasa de ganancia nunca podría disminuir.
      En segundo lugar, al analizar la evolución de la composición orgánica y la tasa de ganancia, no siempre se advierten movimientos más o menos constantes en alguna dirección. Esto estaría indicando que las causas contrarrestantes pueden actuar durante mucho tiempo impidiendo que caiga la tasa de ganancia. En este punto el teorema Okishio permite explicar por qué de manera bastante clara.
      En tercer lugar, pienso que hay que dar mucha más importancia a la tendencia a la sobreacumulación (sobrecapacidad). Este fenómeno aparece en muchos pasajes de Marx, pero no ha sido sistematizado. Es una forma en que se manifiesta el aumento de la composición orgánica del capital, pero más relacionada con la competencia.
      En cuarto lugar, pienso que no hay manera de explicar todas las crisis por las mismas causas. Cada crisis exige un estudio particular. Las leyes sobre la acumulación se particularizan de múltiples formas. Marx incluso no pretendió explicar la crisis inglesa de 1847, por ejemplo, por la ley de la tendencia decreciente.

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      rolandoastarita

      01/06/2012 at 09:46

  3. Realmente gracias por tomarte el tiempo de describir la crisis profundizando sobre que es cada elemento en un lenguaje que aquellos que apenas empezamos a estudiar en la FCE podemos manejar perfectamente.

    Muchas Gracias!

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    Diego

    31/05/2012 at 16:22

  4. Hola Rolo,

    Una preguntita rápida. ¿Podrías hablar un poco más sobre tu uso del concepto “autonomización”. Es uno que se está utilizando mucho en trabajos hechos por brasileños y en el Vol 2 Marx lo menciona pero no me queda claro si él está hablando de una apariencia o una realidad. Creo que es importante en estos tiempos dado que muchos de los análisis de la crisis se concentran en los países del centro y no ven la dispersión global de la producción. En ese sentido, el capital financiero sin enclave en el llamado sector real se vuelve un fetichismo común.

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    Ian J. Seda-Irizarry

    01/06/2012 at 10:32

    • Según interpreto, Marx utiliza el término autonomización en diversos sentidos. A veces para referirse a una forma fetichizada. Por ejemplo, cuando sostiene que el capital aparece como la fuente autónoma de la plusvalía; o que la tierra aparece como otra fuente autónoma de la plusvalía. Otras veces utiliza el término para significar que algo adquiere una cierta independencia. Por ejemplo, cuando dice que el proceso M’-D’ se autonomiza, dando lugar a las operaciones del capital mercantil.
      Yo no utilizo el término de forma unívoca. Con respecto al sector financiero, a veces he criticado a los que sostienen que las finanzas constituyen una fuente autónoma de valor (la idea de que la valorización financiera se genera por la acción de comprar y vender papeles en el corto plazo). Otras veces he hablado de una autonomización relativa. Por ejemplo, los precios bursátiles pueden evolucionar de una forma relativamente autónoma, esto es, independizarse de su “fundamento” (la generación de ganancias). Pero esta autonomización siempre es relativa, no puede prolongarse indefinidamente. Si las ganancias no convalidan los precios bursátiles, éstos terminan derrumbándose (como sucedió en 2000 con los precios de las tecnológicas).

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      rolandoastarita

      01/06/2012 at 11:58

  5. Compañero. Le agradezco mucho el haberme respondido y la sinceridad con que lo hace. La verdad es que, por lo general, cada vez que se efectúa una apertura teórica, la mayoría de las gentes tienden a proclamarla como una nueva verdad absoluta y no como un proceso de aproximación a una verdad más definitiva que requiere seguir estudiando y evaluando argumentos en pro y en contra. Yo también quisiera ser sincero en este respecto y le confieso que a veces me parece arribar a conclusiones firmes y otras me encuentro perdido como tuco en la neblina, sobre todo por la enorme masa de información que hay que procesar e integrar y el momentáneo impedimento de comprender a fondo el tratamiento matemático y la escasa familiaridad con una notación que a veces se me hace demasiado compleja y heterogénea. De todos modos, cada vez me parece comprender mejor algunas de sus conclusiones firmes o provisorias. Una de las cosas en que me ha ayudado la discusión es a romper con el concepto de crisis larga desde principios de los setenta. Hoy creo que del hecho que la TG no se haya recuperado a niveles de la postguerra no se puede deducir un continuo de crisis o estancamiento con crecimiento débil que llega hasta hoy. Coincido en que el cambio tecnológico enfocado de modo general promueve la elevación de la composición orgánica. Dado que según entiendo, coincidimos en que la CO, a los efectos de la incidencia en la evolución de la TG, refleja la composición en valor, deberíamos concluir en que existe una tendencia de largo plazo a la erosión de la TG y en esto Márx habría tenido razón, aunque, no se podría derivar mecánicamente una tendencia al aletargamiento secular, puesto que, la influencia de las causas contrarrestantes pueden aminorar o retardar indefinidamente el proceso. En un anterior comentario, le había mencionado que había leído estudios que nos hablan de una caída histórica leve, amortiguada, en razón de la compensación ejercida por el aumento de la tasa de plusvalía, no catastrófica y asimilable por el sistema. Me parece una hipótesis a considerar. Es lo que resume Katz en sus habituales exposiciones descriptivas, con su definición de la LTDTG como ‘débil, fluctuante y de largo plazo’. Volviendo a leer los apartados correspondientes de ‘El Capital’ me da la impresión que el genio de Tréveris, está reflejando (e intentando explicar) una tendencia que se perfilaba como más fuerte en su época. El rol que le otorga a la productividad como factor contrarrestante (llegando incluso a hacer subir la TG por desvalorización del componente fijo y variable) es remitido a casos aislados y excepcionales. La nota discordante la da en hecho de explicar tanto la tendencia como la contratendencia por la misma causa, como dos movimientos distintos en grado, cuando las resultantes son lógicamente inversas. Me parece que es el nudo de la impugnación del supuesto de Márx y a menos que se me esté escapando algo grueso, no le encuentro réplica plausible. Márx sostiene que la puja competitiva promueve una disminución de valor y precio de cada mercancía individual producida por el capitalista innovador, acompañada de una expansión del plusvalor, al generar ‘en pequeño’ un efecto análogo al de la plusvalía relativa, por abaratamiento relativo del costo laboral reproducido en cada mercancía. Pero, acto seguido, afirma que esta plusvalía ‘extraordinaria’ se neutraliza cuando los competidores incorporan la nueva tecnología, con lo cual, el efecto alcista sobre la TG media parece ser una perturbación momentánea irrelevante para la baja tendencial ocasionada por el aumento de la CO que conlleva el cambio tecnológico. La revoluciones tecnológicas no son concebidas como grandes cambios ahorradores de trabajo, sino al precio de dispendio de capital promovido por la competencia y el enfrentamiento con la clase explotada. Es decir, la procura (y logro) del aumento en la ganancia particular, no altera la baja general, por que la causa ‘contrarrestante’ refleja una plusganancia efímera. Pero la resultante lógica de un proceso en que, cuando los costos fijos y variables se mantienen inalterados, debería ser que la TG se eleva en la rama y no la baja por que, el mejor aprovechamiento del tiempo de trabajo estableció un nuevo estandar de tiempo de trabajo socialmente necesario. De ocurrir un cambio tecnológico ahorrador de trabajo que abarque al conjunto del sistema (una revolución en la escala del valor) la TG debería subir. La única solución posible para este entuerto, es justificar una baja tendencial en la ganancia imputable a un cambio tecnológico ‘no ahorrador de trabajo’, que, me parece, es el plano en que usted está trabajando, o el límite 0 para la reducción del trabajo necesario (Solución lógica, pero utópica que creo había propuesto Rosdolsky). Resta para pensar el problema de si existe algún límite intermedio en la compresión del trabajo necesario, indicado por la necesidad de comprometer intensidades masivas de capital (no desvalorizado, sino ex post) puesto que como decía Harman ‘no se construye la casa de hoy con los ladrillos de mañana’ que desaliente la inversión tecnológica o si la deflación de los valores y precios consecuente a intensos cambios tecnológicos no dificultaría la acumulación en mediano o largo plazo, puesto que el aumento en la TG se haría cada vez más plano. De todos modos, coincido con usted en que la LTDTG tal como fuera formulada por Márx no permite explicar períodos de fuerte aumento de la TG registrados empíricamente. Según nuestro maestro, el aumento generalizado de la TGM sería un hecho prácticamente excepcional y tales períodos han sido mucho más que casos aislados y excepcionales en la historia del capitalismo.
    Discúlpeme la extensión y la obsesión por el tema.

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    AP

    01/06/2012 at 14:12

    • Algunas observaciones. En primer lugar, los escritos de Marx sobre la LTDTG son borradores, y hay que tomarlos como tales. Teniendo esto en cuenta, se puede entender que sean en algunos puntos bastante ambiguos. Pienso que esto es lo que sucede con el problema sobre si habría una caída más o menos constante, de largo plazo, de la tasa de ganancia. Por ejemplo, una interpretación sería que la t. de g. cae, se genera una crisis, ésta permite recomponer la t. de g., pero no vuelve al nivel de la fase alcista del ciclo anterior. De manera que en el largo plazo la t. de g. caería a través de las oscilaciones cíclicas. Si esto fuera así, cabría esperar un punto en el que el capitalismo ya no podría funcionar, debido a que habría una t. de g. cercana a cero. Esta perspectiva era, en última instancia, la de Keynes, cuando hablaba de la “eutanasia del rentista”; esto es, de una situación en la que la rentabilidad sería tan baja, que prácticamente los empresarios llegarían a ser funcionarios sociales. Pienso que Marx, de todas formas, no tiene presente una caída de la t. de g. de este tipo (tampoco piensa en que va a haber un fin del capitalismo por causas puramente económicas). La idea de una caída de la t. de g. que llevara al fin del capitalismo, por causas puramente económicas, dice que pertenece a Ricardo, que él no la suscribe (cap. 15 t. 3). Por esto también que señala que durante las crisis se activan fuerzas que tienden a recuperar la t. de g.
      Con respecto a la formulación de la ley de la tendencia decreciente de la t. de g., el problema que hay es que Marx no demuestra que la t. de g. deba caer a causa del cambio tecnológico que ahorra mano de obra. Recuerdo los supuestos que presenta Marx: a) el salario real permanece constante (esto es, la t. de g. cae pero no porque aumenta el salario); b) la máquina se introduce cuando reduce el trabajo pagado; c) el capitalista que introduce el cambio tecnológico obtiene plusvalías extraordinarias durante un tiempo; d) cuando el cambio tecnológico se generaliza en la rama, y la mercancía se abarata, la t. de g. debe caer por el aumento de la composición orgánica del capital. Esto sucederá a pesar de que el mismo cambio tecnológico ha permitido aumentar la tasa de plusvalía (plusvalía relativa, por abaratamiento de los medios de consumo) y ha abaratado el capital constante.
      Pues bien, se puede demostrar que si la composición orgánica aumenta (esto es, la relación capital constante/trabajo vivo), el aumento de la tasa de plusvalía no puede constrarrestar la caída de la t. de g. Matemáticamente se demuestra de manera muy sencilla tomando límites; pero intuitivamente Marx adelanta el argumento cuando dice que si 24 obreros que producían 2 horas de plusvalía cada uno, son reemplazados por 2 obreros, estos no podrían producir tanta plusvalía como los 24, aunque vivieran del aire. El problema con la ley que formula Marx proviene del abaratamiento del capital constante. Es que si el producto que se abarató es capital constante, una vez que se introduce como insumo, la t. de g. no cae. Es lo que demuestra el teorema Okishio (además, si el salario real permanece constante, aumenta la t. de plusvalía, y por lo tanto la t. de g. sube). Marx pensaba que la t. de g. debía caer de todas maneras, aunque se abaratara el capital constante. Pero esto es lo que no puede suceder, como lo demuestra el teorema Okishio. Si definimos la composición orgánica como C/trabajo vivo, se puede ver que tampoco aumenta, a medida que aumenta la productividad (siempre que estemos tratando del mismo medio de producción).

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      rolandoastarita

      01/06/2012 at 16:37

  6. Rolo, algunas cosas (a ver si entendí algo).

    1. ¿Se podría decir que la ley tendencia a la baja de la tasa de ganancia tiene un funcionamiento acotado a empresas, ramas o sectores productivos, pero que a nivel global la tendencia se compensa con nuevos emprendimientos dentro de las mismas ramas o más aún por creación de nuevas ramas -como por ejemplo la informática?

    2. Quisiera preguntarte acerca de la incidencia que pudiera tener en la TG la variación del costo de las materias primas.

    3. Respecto del aumento de la C.O., te pregunto si el aumento no es hasta cierto punto, aparente, en tanto y en cuanto el CC encierra a su vez CC y CV (del sector capitalista que fabrica CC, y que además podría tratarse de un sector de reciente creación, con lo cual tendriamos un sector “A” que aumenta su C.O. y un sector o sub-sector “B”, de desarrollo menos intensivo que puede estar absorviendo CV -incluso de “A”- o disponible de otro lado).

    4. Tengo la impresión de que el crecimiento de las finanzas es consecuencia de la economía -quiero decir: de la producción- pero que a la vez influye sobre la producción, ora incentivándola pero más a menudo frenándola; como incentivo cuando actúa como apalancamiento de proyectos de producción, como freno en todos los demás casos -en los que opera, me parece, como mecanismo de intercambio de plusvalías realizadas que no se invierten en lo inmediato de nuevo en la producción.

    5. Que el crecimiento del sector financiero -en relación al productivo- no es el “culpable” de las crisis, sino una manifestación de ellas; es decir, si el camino de la producción se cierra, se abre el de las finanzas; si el capital no puede valorizarse en la producción se desvía por los vericuetos financieros.

    Saludos.

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    Eduardo

    01/06/2012 at 19:18

    • En mi opinión (y todo esto sigo estudiándolo) la caída de la t. de g. se acota por los aumentos de productividad, que por un lado abaratan el capital constante, y por el otro permiten aumentos de la tasa de plusvalía (plusvalía relativa). Es en esta cuestión que el teorema Okishio nos permite entender por qué la t. de g. durante períodos bastante largos puede no caer, o no tener una tendencia definida.
      En cuanto a la variación del costo de las materias primas, es interesante que Marx haya planteado varias veces que tenía incidencia en la caída de la rentabilidad, en la fase alcista del ciclo. Muchos años más tarde Mitchel, en EEUU, puso el acento en este factor, el aumento de los costos ocasionado en buena parte por el aumento de los precios de las materias primas (Mitchel pensaba que el otro factor era el costo salarial). La idea (creo que también de Kalecki) es que la oferta de las materias primas tarda en reaccionar (se necesitan inversiones muy grandes en minería, petróleo, también para poner en funcionamiento nuevas tierras) y que por lo tanto cuando aumenta la demanda, en la fase alcista del ciclo, llega un punto en que los costos de las materias primas se elevan, y perjudican la t. de g. El tema es que yo pensaba que esto pudo haber tenido influencia en EEUU en los 2000; sin embargo, no encontré evidencia empírica (lo señalo en la nota en que discuto la t. de g. en EEUU).
      El punto 3 no alcanzo a comprender tu planteo. Tengo una nota en que discuto qué deberíamos entender por CO. No es un concepto sencillo, incluso en Marx parece haber algunas ambigüedades. En mi opinión, la mejor medida es capital constante invertido por obrero. La relación capital fijo por obrero nos da un proxi, ya que no podemos calcular el capital constante circulante invertido por obrero (o al menos, yo no tengo idea de cómo se podría calcular).
      Sobre el punto 4, estoy de acuerdo. El sistema de crédito se tiene que desarrollar con el desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo. A medida que se desarrolla el capitalismo, aumenta el volumen de capital constante y fijo; aumentan los volúmenes destinados a la amortización; se extienden los mercados, etc. Todo esto hace imprescindible que el crédito también crezca. Por eso Marx dice que el crédito es una palanca de la acumulación. Y al mismo tiempo, da impulsa a la sobreproducción y a la especulación. Tengo medio preparada una nota con algún otro ejemplo histórico de cómo el crédito da alas a sobreproducción. También estoy de acuerdo con lo que afirmás en el punto 5. El sector financiero no es un factor autónomo de la crisis; o por lo menos, no lo es cuando ocurren grandes crisis (como la del 30, la de los 70s, la actual). A veces sí pueden ocurrir crisis financieras sin estar vinculadas directamente con problemas de la acumulación. Un ejemplo es la caída de la bolsa en octubre de 1987. Marx decía que eran crisis que reventaban burbujas, pero no afectaban a la economía en profundidad. Pienso que algo de eso sucedió en 1987; muchos pronosticamos que se venía una gran crisis (recuerdo que Mandel fue particularmente enfático en ello), pero lo cierto es que para diciembre la economía de EEUU estaba de nuevo creciendo, y fuerte. La recesión llegó recién en 1990, y fue débil.

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      rolandoastarita

      01/06/2012 at 19:49

  7. Se entiende que el exceso de ahorro volcado a la especulación tiene su correlato en las sobrecapacidades acumuladas desde los años noventa y que aún sin crisis financiera, una caída de la tasa de ganancia igual hubiera actuado como detonante de una crisis capitalista más o menos general luego de superada la corta crisis de 2001. Lo que no termino de comprender es cómo luego de cuatro años de crisis capitalista la incertidumbre sigue siendo tan fuerte en Estados Unidos y sobretodo en Europa, mientras en otras partes se hacen desde ya proyecciones muy optimistas de crecimiento para los próximos cinco a diez años (Brasil, Chile, por ejemplo). ¿El manto de incertidumbre que rodea a la economía mundial es tan digno de atención o la crisis se ha enquistado en el mundo desarrollado?. ¿No es acaso la economía mundial un solo ente?

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    mario

    01/06/2012 at 19:56

    • La economía mundial es una totalidad, pero con especificidades, no es una unidad indiferenciada. La gran recesión de 2007-9 afectó de forma muy desigual al mundo, los países atrasados la sufrieron mucho menos. La recuperación desde mediados de 2009 también fue muy desigual. Los países atrasados tuvieron en 2010 un crecimiento fuerte (el comportamiento de la economía argentina no se entendería por fuera de este contexto). Por otra parte, la crisis en EEUU y en Europa tiene diferencias bastante marcadas. La crisis de España, Grecia, Irlanda, tiene particularidades que están vinculadas con el tema del euro, como traté de mostrar en otras notas. De todas formas, en estos momentos la agudización de la crisis en la zona del euro (de hecho, está en recesión), parece arrastrar a la recesión de nuevo al resto del mundo. En China y en EEUU hay signos cada vez más claros de debilitamiento; Brasil está prácticamente estancado. El año pasado escribí una nota en la que decía que se estaba al borde de una nueva recesión, incluso con posibilidades de que se transformara en una depresión de magnitud. En ese momento pensaba que era inminente, pero el plazo se hizo más largo. Ahora parecería que efectivamente se está yendo a una nueva recesión mundial; e insisto en que esto puede terminar en una gran depresión. Todo dependerá de si la salida de Grecia del euro (me parece muy difícil que pueda evitar este desenlace) desata una corrida mayúscula sobre los bancos españoles (o sobre Portugal o Irlanda, y de aquí a España).

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      rolandoastarita

      01/06/2012 at 21:52

  8. Compañero. Aunque mi capacidad para estudiar estos asuntos de seguro no se compara con la suya, yo también sigo analizando estos problemas y tomo muy en cuenta sus observaciones. Una última pregunta. ¿Podemos considerar como realmente existente, una ley (LTDTG) cuyos efectos resultan neutralizados por una ‘contratendencia’, no en casos aislados y excepcionales (como lo concibió Márx) sino por largos períodos? Dado que Márx no alcanza a explicar estrictamente por que el aumento en la tasa de plusvalía (por productividad) siempre debe ir a la zaga del aumento en la CO (en valor) incluyendo los medios de producción que constituyen el capital constante ¿No se debería mejor hablar de una tendencia y una contratendencia, de cuyo juego depende una resultante de curso indefinido?
    No es para que me conteste por si o por no, sino, para seguir reflexionando sobre la cuestión.
    Gracias.

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    AP

    01/06/2012 at 22:45

  9. Una corrida semejante sí que dejaría muy mal a toda Europa por eso me parece que Alemania y el BCE no lo permitirían, deben tener los instrumentos para contrarrestarla, defendiendo al Euro primero y también apoyando a los bancos en problemas.

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    mario

    02/06/2012 at 13:21

  10. Buenas…
    Rolando, ¿cómo se manifiesta en el caso de un país aisladamente esta ley de la tasa de interés y el valor de la tierra? Al hacer esta pregunta, me refiero a que en los últimos meses hay una tendencia en el mercado inmobiliario argentino al estancamiento y la baja del precio de los bienes inmuebles en algunas ciudades importantes; y al mismo tiempo, tengo entendido que hoy por hoy a las entidades nacionales se les presta dinero a tasas cada vez más altas. ¿Están relacionados estos dos factores o los supuestos son erróneos?¿O las causas de la caída en el valor de las propiedades obedecen a otras razones?
    Saludos.

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    Ilichito

    04/06/2012 at 02:36

  11. Buenas
    Rolando te hago una pregunta que me esta quemando la cabeza
    Por una nota del tipo de cambio real de Argentina (que salio en el diario de la nacion de economia), puede ser a ojo de buen cubero que aporximadamente el peso en terminos reales (por el tema del atraso cambiario) segun un estudio economico, se este apreciando en terminos reales unos centavos por encima del dolar, respecto de la relacion pesos/dolares como promedio de la decada de los 90.
    Gracias
    Saludos

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    Leandro

    04/06/2012 at 21:07

    • Sí, la mayoría de los economistas que siguen el tipo de cambio coinciden en que en relación al dólar prácticamente el peso está al nivel de los últimos meses de la Convertibilidad. De todas maneras seguiría devaluado en relación al euro y el real; aunque el real se depreció fuertemente en los últimos meses.

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      rolandoastarita

      05/06/2012 at 08:45

  12. El BCE acaba de bajar los tipos al 0,25%, personalmente creo que como intento desesperado de frenar la deflación en la que ya están sumados España y Grecia. La banca española, tremendamente endeudada pese a los rescates, utiliza las tasas del BCE para comprar deuda al Estado al 6/7%. Mientras tanto, el dinero sigue sin llegar a la economía real. En USA, salvando las distancias, pasa algo similar con el dinero espuma de la FED que lo único que crea son más desigualdades y el aumento del precio de los activos financieros. ¿Ve esto de forma similar?
    Además, muchos economistas-de distintas índoles- hablan de una gran burbuja de activos financieros y un estallido cercano en el tiempo, lo que, como dice usted en la nota, nos llevará a otra gran recesión. ¿Cree qué estallará la burbuja?¿Habrá caída en 2014?

    Gracias por sus respuestas, son de gran ayuda para aclarar dudas.

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    Juan

    13/11/2013 at 11:47

  13. Profesor astarita conoce este debate este articulo o alguno de los papers ahi presentas (http://www.iade.org.ar/uploads/c87bbfe5-1643-6e8c.pdf) que piensa?

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    benjamin

    12/06/2015 at 16:43

    • No lo leí. Voy a tomarme un tiempo para hacerlo, en estos momentos estoy con mucho trabajo en la Universidad, y temas pendientes en el blog.

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      rolandoastarita

      12/06/2015 at 20:09

    • Quiero aclarar algo. Ese gráfico que se me adjudica no es del todo exacto. Lo elaboró Michael Roberts a partir de mis datos pero nunca los presenté de esa manera. La cuestión es que al usar media simple e incorporándose Argentina en 1910 a dicha media, el gran diferencial de la tasa de ganancia en Argentina eleva en forma, a mi gusto desmesurada, la tasa que se desprende en dicho gráfico para dichos años.
      Yo nunca hablé de una tasa de ganancia mundial más que para el período de postguerra, desde 1955. Para el siglo XIX consideré la tasa promedio exclusivamente en países centrales.
      No es que el gráfico de Roberts tergiverse completamente la cuestión pero introduce esa “anomalía” en 1910.

      Saludos.

      PD: En particular, me gustaron mucho los textos de Moseley.

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      Esteban Maito

      13/06/2015 at 19:24


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