Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Debate sobre la inflación en Argentina (1)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn las ediciones del 10, 17 y 24 de marzo de Página 12 se desarrolló un interesante debate sobre las causas de la inflación en Argentina entre Pablo Manzanelli y Martín Schorr, investigadores de FlACSO, por un lado, y Eduardo Crespo y Alejandro Fiorito, y docentes de la UFRJ y la Universidad de Luján, respectivamente. Los primeros ponen el acento en la estructura oligopólica de la industria argentina, y los segundos en la puja por la distribución del ingreso. Debido a la actualidad del tema, y también respondiendo a algunas consultas que me hicieron amigos y conocidos, en esta nota examino los argumentos presentados. Dada su extensión, he dividido la nota, y la publicaré en secciones. En esta primera parte presento los ejes de la discusión y comienzo el examen de la primera postura, que atribuye un rol preponderante a la formación oligopólica de precios en el proceso inflacionario.

Los ejes de la discusión

La nota de MyS del 10 de marzo (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6669-2013-03-10.html) comienza señalando que “las subas de precios de los últimos años no son un fenómeno exclusivo de la economía argentina, sino que se enmarcan en un contexto mundial significativo de aumento de los commodities (alimentos, petróleo)”. Luego señalan que la industria estaba más concentrada en 2010 que en 2001 (y en 2001 estaba más concentrada que en 1993), y plantean que los precios mayoristas de las industrias oligopólicas se incrementaron un 8% por encima del promedio industrial, mientras que las ramas fabriles con mayores niveles de competencia aumentaron sus precios el 10% por debajo de la media. “De esta manera se corroboró que el importante proceso de elevación de precios industriales en el período 2001-2010 fue conducido por ramas altamente concentradas”, concluyen. Aunque MyS admiten que “el grado de concentración no induce necesariamente a un ascenso de precios”, y que la “inflación oligopólica no es “el factor causal excluyente de la elevación de los precios fabriles”, consideran sin embargo que la misma “desempeñó un papel de suma relevancia”. Señalemos que la nota de MyS tiene como respaldo el trabajo académico de Schorr, Manzanelli y Basualdo (2012, FLACSO), en el que se relacionan las mayores subas de los precios relativos de la industria con el mayor grado de concentración. MyS afirman también que las grandes empresas obtienen ganancias extraordinarias, gracias a las barreras de entrada que existen en las ramas que dominan, pero han sido reticentes a invertir sus abultadas ganancias, y son las que presionan por una devaluación.

CyF, en su artículo del 17 de marzo, (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6677-2013-03-22.html) critican a MyS, en primer lugar porque no analizan los costos, y solo teniéndolos en cuenta, se podrían corroborar las prácticas oligopólicas. En segundo término, señalan que el índice industrial elaborado por FLACSO, con oligopolios incluidos, presenta una suba de precios inferior al promedio de la economía. Y un incremento del 8% por encima del promedio de un índice que creció menos que el resto de los índices sectoriales, no puede ser una causa importante de un aumento total de precios de cerca del 300% en el período 2001-2010.

Por otra parte, admiten que casi todas las actividades productivas en las economías modernas presentan barreras de entrada, y por esta razón obtienen ganancias extraordinarias. Si embargo, de esto no se desprende que los precios fijados por las grandes empresas deban ser necesariamente mayores que los establecidos por las empresas de menor tamaño. Es que las primeras gozan de economías de escala y bajan costos; en consecuencia las unidades de menor tamaño tienden a ser desplazadas de los mercados por las continuas reducciones de precios. Si fuera cierto que las empresas pequeñas colocan sus productos a precios inferiores, las grandes serían desplazadas. Luego de señalar que la tendencia a la concentración es inherente a la economía capitalista competitiva, CyF afirman que la causa fundamental de la inflación en Argentina es la puja distributiva entre el capital y el trabajo. También sostienen que no es cierto que las grandes empresas no hayan invertido una parte significativa de sus ganancias. Dado que en Argentina el PBI creció de manera importante en los últimos años, CyF concluyen que la inversión tuvo que haber crecido, tal como dice que debe suceder el principio de aceleración (la inversión aumenta cuando aumenta el ingreso).

En su respuesta del 24 de marzo, MyS sostienen que la crítica de los primeros se basa en una “receta”, que no atiende a la realidad. Afirman que las bajas de precios para desplazar a las empresas medias o pequeñas son circunstanciales, ya que una vez logrado su objetivo, las grandes vuelven a subir los precios; que las empresas grandes erigen barreras de entrada poderosas y que existen formas de competencia distintas del precio, como innovación de productos, marcas registradas, etc. También afirman que en los últimos años la contribución de las ramas altamente concentradas a la variación de los precios industriales fue del 64,8%, en tanto la de las ramas de menor concentración fue de solo el 22,2%, Admiten que no tienen estudios de costos, pero sin embargo los márgenes de ganancias de los oligopolios fabriles durante la posconvertibilidad fueron sumamente elevados, del 33,1%. En apoyo de su enfoque, citan a Kalecki, cuando afirma que el grado de monopolio afecta no solo la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo, sino también la distribución del ingreso desde las empresas pequeñas a las grandes. Por último, y acerca de la inversión, sostienen que en tanto las utilidades de las grande corporaciones manufactureras fue en promedio del 33% en el período 2002-10, la inversión bruta sobre valor agregado fue de apenas el 11%.

Inflación por oligopolio, cuestiones que no encajan

La explicación de MyS es posiblemente la más popular entre el progresismo izquierdista, al menos en Argentina. En esencia, se sostiene que la causa principal de la inflación reside en el poder que tienen los grandes grupos económicos para fijar precios por encima de los que corresponderían a sus “costos de producción” (en términos marxistas, por encima de los precios de producción, esto es, costos más una tasa media de ganancia establecida por competencia). Estos precios “manejados” serían entonces la causa principal de la inflación, así como la fuente de las ganancias extraordinarias sistemáticas de las grandes corporaciones. Precisemos asimismo que si bien MyS señalan que la inflación es un fenómeno complejo, y que sus causas no se reducen al componente oligopólico, de hecho es la única explicación que ofrecen. Incluso afirman que los oligopolios “condujeron” el proceso inflacionario en los 2000; y que la inflación es “estructural” y “tiene como una de sus causas principales al comportamiento de los sectores concentrados”. Vayamos ahora a algunas cuestiones casi evidentes en las que MyS se equivocan.

En primer lugar, MyS afirman que la alta inflación argentina no es un fenómeno exclusivo de este país. La realidad es que la tasa de inflación en Argentina es singular. De las 42 principales economías del mundo, de las que The Economist publica los principales datos macroeconómicos, Argentina tiene la inflación más alta: en 2012 fue del 23%, según las mediciones provinciales. Le sigue Venezuela, con el 20%, y luego, mucho más atrás, India, con 10,6%. La cuestión no es menor, ya que si se sostiene que la causa principal de la inflación en Argentina es la alta concentración de la economía (y en particular, de la industria), debería suponerse que el grado de concentración en el resto del mundo es mucho menor, y el de Argentina solo similar al de Venezuela (que, curiosamente, también tiene un gobierno empeñado en la lucha contra “el capital concentrado”). Sin embargo, nada indica que la concentración de la economía en Argentina sea distinta, en algún grado significativo, a la que existe, en promedio, en otros países con mucha menor inflación. Y si se estableciera con claridad esta singularidad de la inflación en Argentina, se estaría obligado a reconocer que el grado de concentración no puede ser la “diferencia específica” que explique, por sí misma, o de alguna manera determinante, esa singularidad.

En segundo lugar, MyS afirman que la inflación es “general” (esto es, afecta a todo el mundo) porque está determinada por el aumento de los precios de los commodities. Esto tampoco se ajusta a la realidad. En los dos últimos años no ha habido una particular presión por el lado de los commodities. Entre enero de 2011 y enero de 2012 el índice del Economist en dólares de los precios de los commodities bajó 17,6%; el de los alimentos bajó el 13,8%. Entre enero de 2012 y enero de 2013 el primero descendió 1% y el segundo aumentó 3,4%. Además, incluso cuando se produjo el fuerte ascenso de los precios de los commodities, entre 2002 y 2008, la tasa inflacionaria promedio de los países más importantes, desarrollados y del tercer mundo, estuvo muy por debajo de los dos dígitos. Por lo cual, no se puede sostener ni que el mundo tiene, “en general”, alta inflación; ni que se esté sintiendo una particular presión inflacionaria, en estos años, con origen en los commodities.

Faltan evidencias empíricas generales

Más importante que lo anterior, la tesis sobre la inflación oligopólica (y la formación oligopólica de precios) se basa en afirmaciones que se dan por “sabidas”, pero sobre las cuales no existe evidencia empírica que las avale, a nivel mundial, ni tampoco en Argentina. Así, por ejemplo, uno de los puntos centrales es la idea de que existen ganancias extraordinarias sistemáticas, derivadas del poder de mercado (que debe distinguirse de las economías de escala, o del diferencial tecnológico, como veremos en la segunda parte de la nota) de las grandes empresas.

La realidad es que no hay datos que demuestren que existe una tasa de ganancia superior, sistemáticamente, en los sectores más concentrados en las economías capitalistas más desarrolladas, o a nivel mundial. Incluso sectores altamente concentrados han padecido períodos más o menos extensos de caídas significativas de la tasa de rentabilidad, sin que el pretendido “poder de mercado” pudiera hacer algo para aliviar la situación. Para dar solo algunos casos significativos de las últimas décadas, y a nivel mundial, de ramas en las que hubo sobrecapacidad instalada y sobreproducción, con efectos negativos sobre la rentabilidad, mencionemos el sector siderúrgico y construcción naval en los 70; siderurgia y petroquímica en los 80; y aviación comercial en los 2000. Incluso, y en este respecto, los defensores de la tesis de la formación oligopólica de precios parecen olvidar que así como existen barreras de entrada, también hay fuertes barreras de salida. Por ejemplo, una distribuidora de electricidad que está sufriendo pérdidas en un país no puede levantar sus inversiones de un día para el otro, para ponerse a fabricar hamburguesas o soquetes de lana. De ahí que en muchas ramas altamente concentradas (con exigencias de mucho capital “hundido”), se asista a prolongados períodos de pérdidas; lo que da como resultado que las tasas de ganancia, en promedio, no sean necesariamente más elevadas en las ramas con gran concentración de capital, que en aquellas que baja concentración.

Precisemos también que es un absurdo lógico sostener que en las economías modernas todas las ramas más importantes están concentradas, y que las grandes corporaciones obtienen ganancias oligopólicas sistemáticas. Como veremos en la segunda parte, las ganancias extraordinarias por monopolio (u oligopolio) en una rama solo pueden provenir de plusvalía generada en otra rama. Pero si todas las ramas fundamentales están dominadas por estructuras oligopólicas, ninguna puede obtener ganancias extraordinarias. La afirmación de que en la mayoría de las ramas existen ganancias oligopólicas encierra una contradicción lógica; por esto también es que no se verifica en la realidad.

Además, es otro error sostener, como hacen MyS, que las bajas de precios son solo circunstanciales, porque solo ocurren por competencia de las grandes empresas con las pequeñas o medianas, y que una vez eliminadas estas últimas, los precios vuelven a su nivel inicial. ¿De dónde sacan semejante cosa? En el mundo capitalista, las guerras de precios no solo ocurren desde las grandes a las pequeñas, sino también se dan, y de manera creciente (en la medida en que avanzan el poder de fuego de las grandes corporaciones y la mundialización) entre las grandes corporaciones. Se trata de una guerra entre los capitales (que no tiene nada que ver con la competencia perfecta neoclásica) que opera a través de reducciones de costos (sea por escalas, por cambio tecnológico) y que subyace a las caídas de precios relativos de muchos productos (un caso típico es el de los productos informáticos, o las comunicaciones). En Valor, mercado mundial y globalización presento los resultados de un pequeño estudio que hice acerca de estos fenómenos, para el período 1990- 2002, en base a informes recogidos de Business Week, The Economist y The Wall Street Journal of Americas, con especial atención a informes de empresas y ramas. Según lo recogido, en el período estudiado hubo guerras de precios (en muchos casos con marcadas caídas de la rentabilidad, incluso con fuertes pérdidas para grandes jugadores) en EEUU o a nivel del mercado mundial, en las ramas de semiconductores, automóviles, telecomunicaciones, acero, transporte de cargas, química, bancos, computadoras personales, seguros, líneas aéreas, telefonía celular, cadenas hoteleras y petroquímica. En prácticamente todas estas ramas hubo fuertes presiones bajistas de precios, que no tuvieron nada de “circunstanciales”. Llegaron para quedarse, vinculadas a sobrecapacidad, sobreproducción y sobreinversión. No hay “poder de mercado” que pueda eliminar estas cuestiones; ni la caída de rentabilidad que les está asociada. En el fondo, la tesis de la inflación oligopólica revela un profundo desconocimiento de la manera en que funciona el capitalismo, a pesar de su manía por el estudio de “los grupos concentrados”.

Digamos también que algo similar se puede decir sobre las tasas de rentabilidad y precios relativos entre ramas en Argentina. Por caso, en los años 90 grandes empresas productoras de bienes transables (acero, textiles, por ejemplo) tuvieron rentabilidades entre mediocres y negativas, en tanto grupos concentrados en no transables (telefónicas, medicina privada, compañías de electricidad) obtenían altas rentabilidades. Y lo inverso sucedió en los 2000. Estos cambios entonces se explican fundamentalmente por los cambios en las variables macroeconómicas (el tipo de cambio, en primer lugar), y otras, (regulaciones estatales, por ejemplo), y no por el grado de concentración empresaria. En este sentido, también carece de sustento afirmar que en estos momentos los únicos que presionan por una devaluación (en términos reales) de la moneda en Argentina son los grupos concentrados. La realidad es que están presionando por ese objetivo todos los sectores del capital, grandes o pequeños, que están vinculados a la producción de bienes transables.

¿Cómo se explican los cambios en las tasas de inflación?

Uno de los problemas que tiene la tesis de la inflación por oligopolio es que, así como no puede dar una explicación satisfactoria de los precios y ganancias (lo veremos brevemente en la segunda parte), tampoco puede encadenar de forma coherente por qué la inflación. Esto es, hay un salto lógico entre decir que los precios se forman de manera oligopólica, a sostener que la inflación se debe a esa formación oligopólica. De ahí la incapacidad para explicar también la inflación. Puesta la cuestión en forma de pregunta, si la dinámica inflacionaria se debe a la estructura oligopólica, ¿a qué se deben los cambios de las tasas generales de inflación, a nivel mundial, entre las décadas de 1970 y 1980, o entre las de 1970 y 1990? ¿Acaso a los cambios en el grado de concentración? No hay manera de explicarlo. No hay forma de demostrar que estas grandes variaciones en la tasa de inflación promedio mundial haya estado relacionada, de alguna manera fundamental, con variaciones en los grados de monopolio.

Por supuesto, tampoco se puede aplicar esa tesis a Argentina. Tengamos presente que la década 1981-1991 fue de alta inflación; que el siguiente período 1991-2001 fue de baja inflación; y 2002-2010 (y hasta el presente), de nuevo de alta inflación, aunque menor que en los 80. Los investigadores de FLACSO sostienen que la concentración de la economía argentina ha ido aumentando de manera sostenida a lo largo de estas tres décadas (Schorr, Manzanelli Basualdo, 2012). Más en particular, en 1993 era mayor que en los 80, y en 1999 era mayor que en 1993. Pero la inflación en los 90 fue mucho menor que en los 80; y en 1999 era menor que a comienzos de la década. A su vez, en los 2000 fue menor que en los 1980, a pesar del grado bastante mayor de concentración. La tesis de la inflación por oligopolio hace agua ante estos datos.

Todavía, si se quiere, podemos tomar el caso de la suba mundial de los precios de los commodities, que se produjo entre 2002 y 2008. No puede explicarse con la tesis “inflación provocada por el accionar oligopólico”. Primero, porque nada demuestra que la producción de commodities esté concentrada en algún grado cualitativamente mayor como para disparar ese aumento de los precios. Segundo, porque la tesis no puede explicar por qué en los 1980 y 1990 los precios de los commodities se ubicaron a niveles históricamente bajos, y se elevaron a partir de 2002; entre ambos períodos tampoco se registra un cambio importante en el grado de concentración en la producción de commodities, que pudiera explicar ese alza de precios. Es muy difícil sostener, con estos datos a la vista, que la inflación está vinculada “estructuralmente” a la concentración de la economía (o de la industria); o que la concentración haya jugado algún rol decisivo, o haya “conducido” de alguna manera determinante, los procesos inflacionarios.

Ni siquiera los datos de FLACSO encajan

Schorr, Manzanelli y Basualdo (2012) presentan la evolución de los precios relativos entre 2001 y 2010. Según el estudio, los vinculados a minas y canteras (hidrocarburos, minería metalífera) aumentaron 113,3% entre 2001 y 2010; los agropecuarios 143%; los de servicios disminuyeron 14%; y los de la industria crecieron el 12,5%. Pues bien, si la tesis de la inflación oligopólica es correcta, habría que relacionar de alguna manera estas evoluciones con los respectivos grados de concentración sectoriales. Pero no hay forma de establecer esa relación. Así, no hay manera de demostrar que la producción agropecuaria está más concentrada que la del automóvil, por ejemplo, o que la industria en general. Tampoco que la producción industrial esté más concentrada que la de servicios (por caso, medicina prepaga). Y así podríamos seguir.

Pero lo tesis tampoco parece tener éxito cuando se trata de explicar el comportamiento de los precios relativos en la manufactura, incluso con los datos que proporcionan los investigadores de FLACSO. Es que, según Schorr, Manzanelli y Basualdo (2012), las ramas que aumentaron los precios, entre 2001 y 2010, por encima del promedio de la manufactura, de mayor a menor, fueron: 1) máquinas y aparatos eléctricos (509,3%); 2) metales básicos; 3) productos metálicos (excluidas máquinas); 4) madera y productos de la madera (excluidos muebles); 5) papel y derivados; 6) máquinas y equipos; 7) caucho y plástico; 8) refinados de petróleo; 9) minerales no metálicos; 10) textiles; 11) sustancias y productos químicos; 12) sector automotor, carrocerías y repuestos (290,1%).

A su vez, el promedio de aumento en la manufactura fue 284,5%, y por debajo del promedio se encuentran, entre otros, muebles y otros productos industriales (276,5%); alimentos y bebidas; tabaco; impresiones y reproducción de grabaciones; otros medios de transporte; equipos y aparatos de radio y televisión (96,4%); y maquinaria para oficina (78%). A la vista de esto, es difícil encontrar una relación sistemática entre grado de concentración y aumentos de precios. Por ejemplo, máquinas y aparatos eléctricos y productos metálicos excluidas máquinas, figuran en el primero y tercer lugar, respectivamente, de los sectores con mayores alzas de precios. Pero no son ramas en las que exista una concentración especialmente alta; no hay manera de explicar que máquinas y aparatos eléctricos hayan aumentado 200 puntos porcentuales por encima de automóviles, o más de 400 puntos porcentuales por encima de “otros medios de transporte”, debido al grado de concentración. De la misma manera, los precios de textiles aumentaron más que los de automotores, tabaco, equipos para medicina e instrumentos de medición, sin que haya evidencia de que exista algún tipo de correlación en este ordenamiento con los grados de concentración de las ramas respectivas. Los propios autores parecen admitirlo, cuando afirman: “En algunas de ellas (de las ramas) parecería quedar de manifiesto cierta asociación entre la evolución de los precios mayoristas y la respectiva estructura de los mercados”, y mencionan los casos de textil, calzado y marroquinería, y maquinaria de oficina (énfasis agregado). Pero no hay manera de probar que textil sea más concentrado que producción de automóviles o tabaco. De ahí también la vaguedad de la formulación (“parecería”, existir “cierta asociación”); demasiado débil como para sostener una tesis general acerca de un factor “principal”, y “estructural” que “condujo” el proceso inflacionario.

Algo similar puede decirse de la evolución de los precios mayoristas de “alimentos y bebidas”, que tuvo un aumento promedio del 248,2% entre 2001 y 2010. Azúcar (391%) y aceites y grasas vegetales (390,8%) encabezan los aumentos entre esos años; en tanto que alimentos balanceados (243,2%), harinas (226%) y bebidas no alcohólicas (220,4%) están por debajo del promedio. No hay forma de demostrar alguna relación sistemática entre estas diferencias, y los grados de concentración respectivos; tampoco de establecer la relación con los aumentos de otros rubros. Por caso, en el mercado de gaseosas, Coca Cola y Pepsi dominan el 90% del mismo; de conjunto, Coca Cola posee el 61% del mercado de bebidas no alcohólicas (incluye aguas y aguas saborizadas), en el que intervienen también gigantes como Quilmes-Nestlé y Danone. Es imposible explicar que máquinas y equipos eléctricos hayan aumentado el doble que bebidas no alcohólicas, por la tesis del dominio oligopólico.

En la segunda parte de la nota, exploraremos las razones teóricas de estos problemas.

Texto citado:
Schorr, M.; P. Manzanelli y E. Basualdo (2012): “Elite empresaria y régimen económico en la Argentina. Las grandes firmas en la posconvertibilidad”, FLACSO, Área de Economía y Tecnología, Documento de Trabajo Nº 22.

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“Debate sobre la inflación en Argentina (1)”

Written by rolandoastarita

01/04/2013 a 12:36

22 comentarios

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  1. hola rolo
    Queria hacerle un pedido
    puede escribir un tercer o cuarto articulo sobre las casuas de la inflacion de este momento en la argentina segun su punto de vista y si puede criticar otros puntos de vista mucho mas difundidos como son el gasto publico y la emision monetaria?

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    Alicia

    01/04/2013 at 18:34

    • Tengo pensado presentar mi explicación (que en realidad, ya la adelanté en “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo”).

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      rolandoastarita

      01/04/2013 at 22:50

  2. Rolando, ¿leyó el documento que sacó Economistas de Izquierda-EDI (Claudio Katz, Eduardo Lucita, etc.) sobre “por qué rebrota la inflación en Argentina”? Creo que es de principios de enero de 2013. ¿Qué opina de esos planteos? Saludos.

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    Juan

    02/04/2013 at 02:49

    • No conozco ese documento.

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      rolandoastarita

      02/04/2013 at 09:08

    • El documento mencionado de EDI es de 2010 y se encuentra aquí http://www.argenpress.info/2010/05/argentina-por-que-rebrota-la-inflacion.html

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      ariel

      02/04/2013 at 22:16

    • No conocía este documento. Acabo de leerlo. No acuerdo. Sinceramente, me parece rematadamente malo. ¿Cómo se puede escribir algo así? Explican:
      “La causa real: preservación de las ganancias capitalistas…. la principal razón de la carestía es que los precios aumentan para mantener la rentabilidad de las grandes empresas. Los grupos capitalistas más concentrados se aseguran beneficios elevados por medio de la inflación. Nuestra conclusión surge de una simple constatación: sólo los capitalistas pueden implementar remarcaciones”.
      Con este criterio deberíamos concluir que en el resto de los países la inflación es baja porque los capitalistas no quieren “mantener la rentabilidad de sus empresas”. Y que la misma razón se aplica a la baja inflación en Argentina en los 90. Con esta tontería, critican al gobierno por no vigilar a los capitalistas.
      Todo esto condimentado con las típicas quejas pequeño burguesas sobre “los formadores de precios”. Me parece lamentable. ¿A esto le llaman “teoría crítica”?

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      rolandoastarita

      02/04/2013 at 22:46

  3. Muy clara la nota, se entiende bien. Me llamó la atención esto de las “barreras de entrada” ¿Cuáles serían? O sea, ¿qué barreras de entrada tiene un capitalista que decide producir por ejemplo baterías de litio?
    Otra cuestión. Usted dice que “es imposible medir la diferencia en los grados de concentración” (estoy escribiendo lo que entendí que dice, tal vez lo parafraseo mal). ¿Acaso no se mide con esos famosos cuadritos donde se muestra cuántas empresas de la rama tiene X porcentaje de la producción total? Por ejemplo cuando en la nota usted escribe el caso de Coca y Pepsi , entonces le contraponemos a eso el caso de automóviles y tenemos unas 10 empresas que encabezan la producción con el 70 por cien (no son datos precisos pero debe andar por ahí). ¿Eso no sería una forma de comparar el “grado de concentración”? Eso sí, sólo estaríamos en condiciones de decir que en el rubro de bebidas hay mayor concentración que en el de automóviles, aunque el grado es todo un tema, se entende.

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    Ilichito

    02/04/2013 at 08:39

    • Las barreras de entrada típicamente están determinadas por el monto de inversión necesario para entrar a competir en una rama. Por ejemplo, en construcción de automóviles la escala mínima es muy alta, de lo contrario es imposible producir competitivamente. Decimos entonces que hay una alta barrera de entrada.
      Por otra parte, el grado de concentración se mide, efectivamente, por el número de empresas que en una rama dominan un x% del mercado. Lo que sostengo en la nota es que es imposible derivar los diferenciales de tasa de aumento de precios de productos de los grados de concentración.

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      rolandoastarita

      02/04/2013 at 09:12

  4. Nadie analiza el único y auténtico motor de la inflación “El aumento del valor de la Tierra” Solo la economía clásica emergente del derecho enfitéutico y su sistema rentístico elimina la fuente de la inflación. Abogados y economistas formados en Derecho bárbaro de los romanos y su consecuente escuela neo clásica –neoliberalismo- nada pueden ver del tema ya que no solo no se trata, sino que se lo oculta deliberadamente para triunfo de la cultura depredadora de los cazadores de rentas.
    Esto transforma a nuestros abogados, economistas y políticos en un verdadero peligro para la humanidad y generador de todos los conflictos sociales.

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    Guillermo Andreau

    02/04/2013 at 10:59

  5. mando una contribución a la discusión sobre las raíces de la inflación en la Argentina para quien le interese http://www.ips.org.ar/?p=6612

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    EM

    02/04/2013 at 13:38

  6. Coincido que la inflación alta no es general, de hecho en las economías centrales en recesión hay estancamiento de precios o aún deflación y también hay oligopolios. Si bien la presencia de oligopolios y concentración de la economía no asegura inflación, la inflación se facilita en economías oligopólicas más que en libre competencia que quizás es lo que quiere decir Schorr. Sobre todo si esos oligopolios funcionan en bienes con demanda inelástica (alimentos, medicamentos, servicios, combustibles). Esto no quiere decir que haya una correlacion lineal entre grado de monopolio de un sector e inflación en ese sector. Además ¿existen sectores no oligopólicos sea a nivel de producción sea de comercialización en la Argentina? Quizas la pregunta sería si en competencia perfecta no hay inflación alta? El problema es encontrar sectores con competencia perfecta, generalmente en todas las ramas, por ejemplo textil hay grupos concentrados que de algún modo actúan como referencia de precio, sin contar el trabajo esclavo para maximizar beneficios.
    Usted parece diferenciar poder de mercado de innovación tecnológica pero la segunda dispara la primera, acaso mientras se lleva la delantera en innovación eso no crea un poder de mercado aunque sea temporal (suena a Schumpeter) que se podrá o no prolongar de acuerdo a la capacidad de mantener la delantera o formar carteles o tener importantes barreras de entrada o patentes o demás artilugios capitalistas. Y no creo que siempre los beneficios sean a expensas de otras ramas, sobre todo si hay diseño de nuevos productos, Bill Gates junto en unos 20 años sus 67mil millones de dolares porque la realización de sus productos fue excesivamente superior a los precios de producción lo que le permitio increíbles ganancias a expensas de los consumidores más que de otras ramas.
    Si bien como usted dice no hay una tasa de ganancia superior sistemática en los sectores concentrados y hasta puede haber pérdidas. Esto no se contradice con el hecho que las grandes ganancias se obtienen en sectores altamente concentrados, basta ver la lista de Forbes de los más ricos del mundo, no son pequeños comerciantes. Ser oligopólico no garantiza grandes ganancias pero para obtener grandes ganancias hay que ser oligopólico, de nuevo Schumpeter.
    Coincido con los comentarios sobre que el precio de la tierra es un importante componente inflacionario porque es esencialmente especulativo más que de base real, de allí las burbujas immobiliarias, ese precio no tiene ningún costo de referencia sino que se determina por oferta y demanda, no así el precio de la construcción que si tiene componentes reales( materiales, salario obreros)
    Lamento lo extenso.
    María del Carmen Vila

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    María del Carmen Vila

    02/04/2013 at 18:58

    • Usted pregunta. ” ¿existen sectores no oligopólicos sea a nivel de producción sea de comercialización en la Argentina?”. El hecho es que si todos los sectores están dominados por oligopolios, no pueden existir ganancias extraordinarias oligopólicas.
      Luego afirma: “El problema es encontrar sectores con competencia perfecta,…”. En otra nota de este blog expliqué por qué la competencia perfecta no existe, es una ficción; y además, implica la inexistencia de competencia (ver aquí).
      También afirma: “Usted parece diferenciar poder de mercado de innovación tecnológica pero la segunda dispara la primera…”. La diferencia entre una y otra es de orden conceptual (lo trato en la segunda parte de la nota). Ahora adelanto: la ganancia de monopolio deriva de un precio que se establece por encima del precio de producción (en términos de Marx); la ganancia por avance tecnológico deriva de caída del costo individual por debajo del costo promedio predominante en la rama.
      Luego afirma “las grandes ganancias se obtienen en sectores altamente concentrados”. Esta afirmación encierra problemas: primero, más que la ganancia cuenta la tasa de ganancia. Esta última no siempre coincide con el mayor volumen de producción. Segundo, una gran corporación puede tener ganancias extraordinarias por economías de escala, pero esto no es sinónimo de poder de monopolio, o de ganancia oligopólica, por lo que expliqué antes.
      Por último, me parece claro que nuestros puntos de vista tan distintos provienen de fundamentos teóricos opuestos. Usted se basa en la teoría neoclásica (en Schumpeter las ganancias extraordinarias se asocian a poder oligopólico, aunque sea transitorio). Mi enfoque parte de la teoría de Marx. Tal vez sea difícil entendernos con puntos de vista tan disímiles.

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      rolandoastarita

      02/04/2013 at 22:36

  7. Compañero Rolando. Coincido en rasgos generales con la crítica. No creo que el proceso inflacionario que experimentamos sea en sus causas fundamentales, diferente al que acompañó otras etapas de crecimiento con tipo de cambio alto. El factor fundamental estriba en que la búsqueda de competitividad por modificaciones del tipo de cambio, no puede suplir la necesidad de elevar los niveles de productividad como forma de intervenir favorablemente en un mercado mundial cada vez más internacionalizado y sujeto a la comparación de tiempos sociales de trabajo como elemento regulador del intercambio. De modo cíclico, estos modelos de exportación de bienes, mayormente primarios, culminan en estrangulamiento del ingreso de divisas y crisis en la balanza de pagos y en general, hiperinflación mediante, dan paso a una receta de estabilización harto conocida asentada en la licuación de los ingresos obreros y populares, que reclama su lugar durante todo un período histórico, hasta que las consecuencias recesivas gatillan nuevamente la crisis y reclaman otra dosis de la anterior medicina, configurando los típicos ciclos stop & go. En estos marcos, la causa fundamental de la inflación es contrapartida de la política cambiaria. Pese a ello, habría que evaluar la incidencia de grado que desempeñan los fenómenos de ‘concentración’ aunque más propiamente se debería hablar de colusión monopólica. Creo que que hubo fenómenos importantes de este tipo que incidieron en el nivel de precios a lo largo de las últimas décadas. Por tomar un caso: Cemento. Si mal no recuerdo, las cementeras fueron multadas en 330 millones de pesos por prácticas monopólicas comprobadas a lo largo de una década, aunque, paradójicamente, bajo este gobierno se les haya condonado. Otro caso que me llama la atención es el del acero. Por empezar, me extrañan las estadísticas del aumento de este insumo esencial desde el 2001 al actual. Manejo bien el asunto y por darle un ejemplo cotidiano: una barra de acero trafilado de 12 mm de diámetro que cotizaba de modo estable 6, 40 pesos bajo el uno a uno, en distribuidora mayorista, hoy vale 76 pesos¡ Otro que dólar blue. Es una suba como del 1200%. Algo parecido se aplica a trafilados e inoxidables. De hecho Acindar y Siderar monopolizan el mercado y tomado el precio por tonelada están más arriba que Brasil. Prima facie me parece que hay un componente de ‘precio interno’ aunque el alza a nivel internacional haya sido muy fuerte. Ahora me voy a abocar a estudiar el asunto. Hay también pilas de ejemplos contrarios, sobre como la competencia logra horadar el dominio de mercado que puede posibilitar prácticas monopólicas. Un caso típico es como los super chinos lograron hacer bajar el radio de las grandes cadenas del 60 al 40% del mercado.
    Saludos.

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    AP

    02/04/2013 at 22:40

    • En toda economía, y en todo tiempo, hubo en algunos sectores, o durante algún tiempo, colusión y carteles para manejar los precios, o garantizar que no entraran competidores. En Argentina, por caso, en el sector telefónicos y corredores viales, en los 90. En EEUU, Europa, hay múltiples casos; también los hubo en el siglo XIX, por supuesto (tal vez había menos competencia que ahora).
      Pero esto no puede explicar procesos inflacionarios. Tiene que haber alguna secuencia lógica entre formación de oligopolios em algún sector y un proceso inflacionario. Y esto es lo que no se puede establecer. ¿Es tan difícil de entender esto?

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      rolandoastarita

      02/04/2013 at 22:53

  8. Compañero. Acuerdo en que no se puede explicar la inflación por la formación de oligopolios. Pero una cosa es echarle la culpa de la inflación a los monopolios, como hace el gobierno, y otra es negar toda incidencia de precios administrados discrecionalmente (situación que, por supuesto, no puede ser eterna) en el índice de elevación de los precios y por ende, en un proceso inflacionario. La secuencia lógica o causal está dada por el dominio transitorio que pocas empresas ejercen sobre el mercado local. La existencia de sobreprecios derivados de esta situación no solo es lógica, sino, factible. No veo por que no se pueda establecer la conexión. Otra cosa es pretender que la inflación en Argentina surja de este comportamiento inveterado y generalizado, lo que es absurdo. Vuelvo a mi ejemplo anterior. Como consecuencia de la desaceleración de la demanda china y la estasis de la economía europea, hoy hay superproducción de acero a nivel mundial. Tan solo China tiene una superproducción de 200 millones de toneladas, es decir unas cuatro veces la producción conjunta de Latinoamérica. El 2012 se verificó una caída de alrededor del 14% en el precio internacional (a lo que se suma que, por descubrimiento de nuevos yacimientos de pirita bajó el precio del hierro) situación que continuaría, por lo menos a lo largo del 2013. Sería esperable que esta baja se reflejara en el precio nacional? Por supuesto. Sería una lógica consecuencia. Pero no es así. No solo el precio es refractario, sino, que continúa (desde un piso altísimo) en moderada alza. Siendo que los aumentos salariales, en el mejor de los casos compensan la inflación y la inversión es moderada ¿Por que no baja el precio? Ya se, por la inflación que afecta los costos. ¿Que costos? ¿Energía, transporte, impuestos?

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    AP

    03/04/2013 at 21:40

    • Aquí la cuestión arranca de la posición teórica. Es imposible explicar la inflación si no se parte de cierta teoría del valor (yo parto de la teoría del valor trabajo) y del dinero (que está orgánicamente vinculada a la teoría del valor trabajo). Remarco: sin una correcta teoría monetaria, no hay posibilidad de explicar la inflación. ¿Qué teoría del valor (y de los precios) tiene la teoría del monopolio? Respuesta: ninguna. ¿Qué teoría del dinero tienen los defensores de la tesis de que la inflación es acelerada, provocada, regida, conducida, etc. por los oligopolios? Respuesta: ninguna. Entonces no me extraña que terminen contando anécdotas. ¿Por qué? Pues porque la tesis de los precios de monopolio (u oligopolio) termina siendo una historia de “casos particulares” (como el propio Paul Sweezy reconoció hace años). De ahí que esas anécdotas no expliquen nada. Usted puede encontrar innumerables casos de precios de monopolio en períodos de muy baja inflación, y en períodos de alta inflación. No explican ni la baja ni la alta inflación.
      Insisto: aquí el problema es teórico. Y existe, por supuesto, una postura político programática de fondo: la tesis de que el problema es el capital “concentrado” es muy difícil de desterrar porque refleja un sentir muy hondo. Se trata de la ilusión del pequeño burgués (por supuesto, no me estoy refiriendo a su caso, sino en general) que piensa que el problema no es el capital, sino el tamaño “excesivo” del capital. El capitalismo sería genial si todos los capitalistas fueran “gente como uno”, razona el pequeño propietario nac & pop. Ésta es la esencia del problema.

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      rolandoastarita

      03/04/2013 at 23:27

    • Acuerdo con que no puede atribuírsele a la concentración económica las relativamente altas tasas de inflación. Esto, me parece, es muy evidente, por muchas de las razones que dice el autor del post.

      Dicho esto, una actitud epistemológicamente sana nos indica que no es suficiente, como criterio de admisibilidad de una teoría, el hecho de que no haya una o más de una teoría alternativa. La validación de una teoría no puede residir en eso. Desde el punto de vista de las creencias, es preferible tener una teoría que ninguna, más esto nada nos dice de la verdad o validez de la misma, porque la ciencia no es lo que uno cree sino lo que uno cree o creyó (las hipótesis) y pudo corroborarlas (a las hipótesis) con predicciones, observaciones o experimentaciones.

      Asimismo, los casos particulares o “anécdotas” no necesitan explicar nada, sino que lo que necesita explicar son las hipótesis teóricas. Una actitud epistemológicamente sana tomaría a aquellos como “base empírica pre teórica”, los que deberán ser explicados por una teoría futura.

      Para finalizar, una cosa de sentido común metodológico: si son pocos los países con tasas de inflación altas como en argentina, en A. L. son Argentina y Venezuela solamente, podría verse qué hay en común (fundamentalmente en lo relativo a la modalidad de intervención del Estado en la economía) en estos 2 casos y que los demás casos no tienen; y qué relación puede llegar a tener eso con los fenómenos que aquí se discuten.

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      oti

      04/04/2013 at 16:06

  9. Como leí alguna vez en un blog, un monopolio puede explicar por qué un precio es alto, pero no puede explicar el aumento constante de precios. En una economía estática donde todos los proveedores fueran monopólicos los precios serían todo lo altos que la maximización de ganancias permitiese, pero una vez llegado a ese punto, los precios no aumentarían. Explicar la inflación no es explicar por qué los precios son altos, sino explicar por qué aumentan constantemente.

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    ignacio

    04/04/2013 at 00:52

  10. Esta duda que deja planteada AP me parece interesante, no por el hecho de que se vaya a inferir que de esa desconexión del precio local del acero con el internacional se pueda entender la inflación, pero sí por el lado de saber si en ese caso se puede hablar, en esa rama en esta coyuntura, se pueda estar manifestando cierto precio de monopolio. Y no lo veo muy lejano de la teoría del valor trabajo, dado que si asumimos que la productividad de la industria del acero nacional es más baja que la media, y que por motivos políticos se puede decidir protegerla en vez de abrir la entrada de mayor competencia, parecería acertado pensar que en esa rama se está tratando de “saltar” la ley del mercado a través de barreras proteccionistas. ¿O esto no tiene nada que ver ni con monopolio ni con la TVT?

    Lo que quiero decir es lo siguiente, dada la menor productividad, la industria necesita ser protegida de alguna manera, y en el caso de una empresa grande (para nuestra escala) mantenerla a flote es un factor político también. ¿Es posible que eso derive en un monopolio nacional con el objeto de que esa empresa se asegure cierta escala?¿Es el caso de nuestra siderurgia?

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    Ilichito

    04/04/2013 at 06:16

  11. Compañero. El pequeñoburgués es una tripa vacía llena de miedo y de esperanza en que dios se apiade de ella. Está lleno de infelices ilusiones en el pequeño capital y de odio por los voraces tiburones del mercado, así como por el ‘estado benefactor’ porque lo atacan a cada paso y amenazan reducirlo a la aberrante condición de proletario, sangrando sus ingresos ‘bienhabidos’ hacia arriba y dilapidándolos hacia abajo con fines clientelares. No es casual que la fatua idea de un capital ‘democrático’ e igualitario, con ‘rostro humano’ (para con los pequeñoburgueses) lo seduzca y las polarizaciones vacías, tipo ‘Monopolios vs Pueblo’ encajen con el vulgar sentido común tan afecto a nuestra progresía pequebú. Ya señalé que no creo la inflación surja por las manipulaciones de los ‘formadores de precios’ y que la utilización de esta maniobra explicativa responde a fines enteramente propagandísticos que apuntan a desviar las responsabilidades, del sistema y sus defensores políticos a las ‘corpos’ y ‘opos’ , inventos mediáticos equivalentes a los ‘SOB’ (Son of bitch) de los que ya hablaba Kennedy en su cruzada con la Big Steel. Mi diferencia, si es que se la puede llamar así, responde a que los fenómenos monopólicos, a lo largo de la historia del capitalismo, no me parecen tan raros ni excepcionales, ni su influencia distorsiva sobre los precios, tan despreciable, sobre todo, en determinados períodos de repliegue de la competencia. No significa que la ley del valor haya sido substituida por una anarquía de casos aislados de monopolio o decisiones ‘políticas’. Incluso sobre esta incidencia, puedo estar perfectamente equivocado o estar magnificando. No hay que olvidar que dentro de ese ‘sentir muy hondo’ también fondea nuestro pasado político y militante y buena parte de nuestras lecturas y análisis de juventud. Es obvio que cuando un Rocca habla del retraso del dólar y reclama una devaluación, no está más que pidiendo a gritos una manipulación cambiaria que desvalorice la fuerza de trabajo para sostener las menguantes ganancias y por esta vía se convalide mayor inflación y no lo hace en su carácter de monopolista, sino, de capitalista exportador de bienes transables. Si además, el precio interno está ‘inflado’ mejor. Si lo necesitan, que lo paguen y si no, lo vendemos afuera, total, que pueden hacer. De ello, así como de otros casos parecidos, no se puede ni debe deducir una ‘ley del sobreprecio inflacionario’ medida con un densímetro de capital. Pero, en mi opinión, una correcta evaluación de la causa principal de la inflación en Argentina, o si se quiere, concierto de causas, debiera dar cuenta de la incidencia de los fenómenos circunstanciales de monopolio, a menos que no se los considere de magnitud directamente despreciable o incompetente para incidir en el índice de precios. Seguiré sus ulteriores notas con toda atención y desde ya, acuerdo con el diagnóstico que ha venido efectuando sobre la inflación en Argentina. Es la gran virtud que tiene el enfoque marxista. Lamentablemente, no podemos ofrecer correctivos que estén dentro de las reglas del sistema.
    Saludos.

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    AP

    05/04/2013 at 00:23

  12. Compañero Rolando: ante todo, quisiera disculparme por anticipado, dado que me alejaré un tanto de la cuestión que en esta entrada nos ocupa. En segundo lugar, quisiera pedir su consejo. Un compañero me planteó dudas sobre la existencia o no de la clase media y yo, bastante ignorante en cuanto al marxismo, no supe qué contestar. Por eso, quisiera solicitarle me orientara en la lectura de algún texto que me permita desasnarme, tal como lo vengo haciendo con cada una de sus intervenciones. Desde ya, muchísimas gracias.

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    Lucas

    07/04/2013 at 00:56

    • El tema del supuesto crecimiento de la “clase media” lo traté hace mucho en la revista Debate Marxista, y antes todavía en una revista que editaba el MAS (donde militaba), en los años 80. Brevemente, en mi opinión, muchos sectores que se consideran de clase media son en realidad parte de la clase obrera, o están en proceso de proletarización (esto es, se transforman en asalariados explotados por el capital). Lo que sucede es que muchas veces las clasificaciones sociales se realizan por niveles de ingreso, y de esta forma se desdibuja la relación de clase. Para decirlo con un ejemplo sencillo, un empleado bancario o administrativo puede quedar así clasificado como “clase media”, aunque desde el punto de vista social objetivo (en el análisis marxista) pertenezca a la clase obrera. Tendencialmente, ha habido un crecimiento de la clase obrera a lo largo de las últimas décadas, a nivel mundial.

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      rolandoastarita

      07/04/2013 at 09:14


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