Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Acerca de la crítica marxista del capitalismo

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLa nota anterior, “Capitalismo, manifestaciones, programa”, dio lugar a dos tipos críticas opuestas. Desde la derecha, se sostuvo que Marx y los marxistas estamos equivocados al realizar una crítica al sistema capitalista, ya que éste habría sido el modo de producción más dinámico de la historia. Y desde la izquierda, se planteó que las actuales luchas ocurren porque no hubo desarrollo capitalista, y que mi enfoque no es consistente con una crítica marxista del capitalismo. De manera que ambas parecen coincidir en sostener que la crítica del marxismo al capitalismo se sostiene en la creencia de una suerte de estancamiento, o postración crónica, de este sistema. En lo que sigue argumento que estas objeciones pasan por alto una temática que es constitutiva del enfoque marxista, y de su crítica al capitalismo.

Diversos socialismos

Empecemos aclarando que el socialismo “a lo Marx” es sólo una de las varias especies de socialismo que han existido a lo largo de la historia. Por eso, en El Manifiesto Comunista, Marx y Engels delimitaron su “socialismo científico” del “Socialismo reaccionario” -dentro del cual distinguieron asimismo al “Socialismo feudal”, al “Socialismo pequeño burgués”, y al “Socialismo germano, o verdadero socialismo”-, del “Socialismo conservador o burgués” y del “utópico”. Explicaron entonces que los socialismos feudal y pequeño burgués constituían expresiones de clases sociales afectadas por el avance del sistema capitalista; y que el socialismo burgués reflejaba las aspiraciones de fracciones de la inteligentsia burguesa, y similares, de remediar males propios del sistema capitalista, sin acabar con el capitalismo. En cuanto a los socialistas utópicos, eran la expresión de la lucha entre la burguesía y el proletariado, pero en el período de desarrollo incipiente del capitalismo. En escritos posteriores también se refirieron a los socialistas “estatistas”, quienes pensaban que las nacionalizaciones del ferrocarril en Prusia, o los emprendimientos ferroviarios del Estado belga, eran medidas socialistas.

Pues bien, con las adaptaciones necesarias, se podría decir que buena parte de lo planteado por Marx y Engels se aplica a muchas corrientes que actualmente reivindican alguna forma de socialismo. Por ejemplo, es muy común encontrar variantes del socialismo pequeño burgués, que centran su crítica “en los grupos concentrados”, “en los monopolios” o “en el capital financiero”. Formulaciones similares encontramos en el socialismo burgués (por caso, ministros burgueses que posan de “marxistas” y despotrican contra “los grupos concentrados”). Y también subsisten formas de socialismo precapitalista, como se ha visto en regímenes teocráticos tercermundistas. Además, están los socialismos estatistas, tanto en las variantes del capitalismo de Estado -fuertemente sesgados al nacionalismo-, como en los regímenes de corte stalinista, que hemos tratado en diversas notas de este blog.

Socialismo utópico o socialismo científico, ayer y hoy

Las críticas que ha despertado la nota anterior no se relacionan, sin embargo, de manera directa con el socialismo pequeño burgués, o burgués estatista, sino con las concepciones del socialismo utópico. En este respecto, es interesante volver a la crítica de Marx y Engels a Saint Simon, Fourier y Owen, y desde esta base, reexaminar las objeciones que se han dirigido a mi enfoque.

Tengamos en cuenta que los socialistas utópicos partían del supuesto de que la sociedad capitalista “no encerraba más que males”, como explicó Engels en su folleto, “Del socialismo utópico al socialismo científico”. Por esta razón, los utópicos no encontraban en lo existente ningún punto de apoyo para el cambio social. De ahí que la solución a los males sociales pasara por descubrir algún sistema nuevo y más perfecto de orden social, para implantarlo, al decir de Engels, desde fuera, con la propaganda y con el ejemplo. Engels agregaba que estos sistemas “nacían condenados a moverse en el reino de la utopía”, y tendían a “degenerar en puras fantasías”. La del socialismo utópico era entonces una crítica “externa”, ya que oponía al modo de producción capitalista un modo acabado, para que las masas trabajadoras, la intelectualidad y los políticos ilustrados, se convencieran de su superioridad. Por eso, los utópicos “repudiaban, lisa y llanamente” (Engels), al sistema capitalista.

En oposición, la idea central de Marx y Engels es que al interior del sistema capitalista se generan las condiciones y las fuerzas que permitirán su superación. Básicamente, los fundadores del socialismo científico conciben al capitalismo como un modo de producción que tiende a revolucionar y expandir las fuerzas productivas -la productividad y la tecnología, el trabajo asociado y el mercado mundial-, y que por eso mismo desarrolla contradicciones, que se manifiestan en las crisis, y lo determinan como un régimen social históricamente transitorio.

Pues bien, mis diferencias con muchos de los grupos y militantes de izquierda tienen que ver con estos puntos de vista opuestos. Es que de hecho, muchos grupos y militantes adoptan un diagnóstico sobre el capitalismo muy similar al de los socialistas utópicos. En su visión, en el modo de producción actual todo es “descomposición y degradación”. Hace ya algunos años, un dirigente de un partido de izquierda sintetizaba esta concepción repitiendo a quien quisiera oírlo, que “el mundo es inmundo”. Por lo tanto, en su enfoque, las luchas revolucionarias se generarían porque todo es idénticamente “negro”. Una idea que, bajo diversas formulaciones, está muy arraigada en muchos círculos de la izquierda radical.

Mi postura, en cambio, es que los conflictos se agudizan y las luchas estallan porque hubo desarrollo, y este desarrollo es contradictorio. Más en general, la diferencia arranca con un debate que se ha dado en este blog -y en otros lados- con los militantes trotskistas (pero sería extendible a otros), sobre si hubo o no desarrollo de las fuerzas productivas en las últimas décadas (o desde 1914, o 1945, etcétera). Sintéticamente, afirmo que aumentó, a nivel planetario, la productividad del trabajo; que se incrementó también, en términos absolutos y relativos, el ejército de asalariados subsumidos al capital (y con ellos los desocupados); que se profundizó la proletarización de pequeños productores privados; y se amplió el mercado mundial. En todo esto, el moderno socialista utópico (de contenido), no ve más que males; o intenta, vanamente, negar lo que sucede ante sus ojos (recita algún dogma, disimula los datos). En cambio, el marxista que considera válido el “anticuado” enfoque de Marx y Engels, advierte en estos desarrollos la posibilidad real de la negación del sistema capitalista por parte de la fuerza productiva -compuesta por millones de asalariados- que el sistema ha creado. Esto significa que la realidad es contradictoria, y por esto mismo hay conflicto y movimiento. Si en los últimos años las masas a lo largo del mundo sienten que se frenan las economías, que aumenta vertiginosamente la desocupación, que disminuyen los salarios y beneficios sociales, es porque no han estado sumidas en el estancamiento y la postración permanentes. Es el choque de opuestos, la contradicción, lo que las pone en movimiento y las lleva al conflicto.

Contradicción y dialéctica del desarrollo

En relación a lo afirmado al final del punto anterior, recordemos que la ventaja del punto de vista dialéctico es su capacidad para explicar por qué el mundo está en estado de movimiento. Otros enfoques ven la realidad de manera estática, o conciben al movimiento proviniendo de fuerzas externas. La dialéctica, en cambio, procura captar la totalidad del movimiento, al que concibe como un resultado de las contradicciones internas a esa totalidad. “La contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad”, decía Hegel. Por contradicción no se entiende aquí la contradicción lógica, sino el desarrollo y el choque de opuestos dentro de una totalidad que los contiene.

En particular, en la sociedad capitalista existe un conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que no es externo al sistema capitalista, sino interno, y constitutivo de su realidad. Las fuerzas productivas son fuerzas productivas capitalistas, que entran en contradicción con las relaciones de producción capitalistas, que son la forma social de existencia de las fuerzas productivas. Se trata de opuestos, pero cada polo implica al otro, y no existe sino en unidad con el otro. Lejos de la visión de la totalidad abstractamente negativa (“no hay más que males”), o de la totalidad abstractamente positiva (“solo hay desarrollo lineal e infinito”), la realidad es que el modo de producción capitalista contiene en su seno la identidad y la diferencia, el desarrollo y las crisis, como aspectos indisolublemente ligados. La contradicción es la impulsora del autodesarrollo, ya que cada polo está mediatizado por el otro -las fuerzas productivas por las relaciones de producción, y viceversa-, y ambos cambian en sus relaciones recíprocas, a partir de esa vinculación (identidad) y diferencia. Así, las relaciones de producción pasan de ser formas del desarrollo de las fuerzas productivas, a ser obstáculos a las mismas, dando lugar al antagonismo y al conflicto abierto, como resultado de ese mismo desarrollo. Por eso, se ha dicho, con razón, que la dialéctica materialista es capaz de captar tipos complejos de conexiones, y con ellas, el desarrollo y también el cambio que surge por las leyes de ese mismo desarrollo.

Las mismas ideas se pueden explicar diciendo que el capital es relación porque es valor -trabajo muerto- que se valoriza -se vivifica- a través de la explotación del trabajo vivo, y por lo tanto, contiene en sí la negación. Es una negación determinada, interna al sistema, que se desarrolla porque el capital se reproduce en escala ampliada, y tiende a sobrepasar todo límite. Por esta razón Engels decía que la gran industria desarrollaba, de una parte, los conflictos que hacen imperiosa la subversión del modo de producción, y “de otra parte, desarrolla también en estas gigantescas fuerzas productivas los medios para resolver estos conflictos”. Esto explica el rol civilizador del capitalismo (en relación a los regímenes precapitalistas), pero al mismo tiempo su carácter explotador e intrínsecamente antagónico (véase, por ejemplo, sobre los “trabajadores libres”). Para “bajarlo a tierra”, la extraordinaria acumulación de capital que ha habido en China en el último cuarto de siglo, es la incubadora de futuros y grandiosos conflictos de clase. Aquí no se trae nada desde fuera del sistema, los elementos de la crítica se descubren al interior de lo que se estudia. Esta es la base objetiva en que se apoya la crítica marxista. Se trata de una visión muy distinta de la negación abstracta, que realiza desde afuera el reformador social, indignado y agobiado por “el mundo inmundo” que lo rodea, y por la inmensidad de la tarea histórica que se ha propuesto.

Crítica reaccionaria o superación históricamente progresiva

A partir de lo anterior, se puede entender también por qué la crítica marxista del sistema capitalista se diferencia de las críticas anticapitalistas que de alguna manera quisieran volver a un pasado (idealizado o fantasmal), caracterizado por la pequeña producción, el trabajo artesanal y el nacionalismo autosuficiente (más intervención del Estado). Con matices, estos son los pilares ideológicos de los movimientos contra la globalización, ahora en baja, y de muchos grupos anti-sistema. Según estas visiones, los males de la sociedad se podrían remediar si las fuerzas productivas no excedieran los límites nacionales (“vivir con lo nuestro”; “no al capital foráneo”, etc); si el capital no fuera tan grande; o si se eliminaran las máquinas, porque la tecnología “es enemiga del ser humano”. Se trata de propuestas reaccionarias. Es cierto que la internacionalización de las fuerzas productivas y del capital pone presión sobre las economías nacionales, y sobre los trabajadores. Pero también amplia horizontes mentales, sienta las bases para la fraternidad entre los productores a lo largo del planeta, y genera posibilidades concretas -materiales y sociales- para que los movimientos de lucha articulen respuestas, se nutran mutuamente con sus experiencias, y avancen. A su vez, la desaparición de las pequeñas empresas, barridas por la competencia y la centralización del capital, agudiza la contradicción entre una producción cada vez más socializada, y la apropiación privada del excedente; y allana, en el largo plazo, el camino de la socialización de la propiedad. De la misma manera, los avances tecnológicos -la automatización, las tecnologías informáticas y de las comunicaciones, la nanotecnología, y otras maravillas de la ciencia- abren la posibilidad de que en una futura sociedad haya más tiempo libre para todos. Para eso, no hay que suprimir la tecnología, sino la relación capitalista en que se sostiene.

En conclusión, la perspectiva crítica del marxismo se sustenta en esta visión dialéctica. Por eso, la crítica del capitalismo puede hacerse en un sentido progresista, o regresivo. En este respecto, mi postura es que la crítica desde la perspectiva del viejo socialismo utópico, o del socialismo pequeño burgués (nacionalista o estatista), no permite una superación real de lo existente. Esto es lo que está en discusión, de fondo, en buena parte de los debates contemporáneos que se desarrollan en la izquierda. Y también es lo que se juega en las respuestas del marxismo a la derecha, y a los defensores del capitalismo.

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Acerca de la crítica marxista del capitalismo

19 comentarios

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  1. Excelente articulo, profesor Astarita. Lamentablemente estas posturas que reproducen los postulados del socialismo utópico están muy extendidas entre la militancia. Esto se nota en el rol excesivo que se asigna al campesinado, incluso en países como la Argentina, donde su peso social es mínimo. Aprovecho la ocasión para preguntarle sobre la crítica de la biotecnología y los avances tecnológicos de las últimas décadas en el agro.¿En qué medida le parece que se relacionan con este tipo de teorías y en qué medida se trata de críticas con un fundamento real (riesgos para la salud o el medio ambiente)

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    Pablo Matias

    07/07/2013 at 20:39

    • Compañero, visto que le preguntás a Astarita por una crítica de “los avances tecnológicos de las últimas décadas en el agro”, con fundamento real y apartados del primitivismo ramplon de cierta izquierda ecologísta, que repite muchos de los tópicos del socialismo pequeñoburgues etc. que ya criticara El Manifiesto y que critica Astarita en este escrito, te recomiendo un libro de un antropólogo uruguayo, marxista el, que intenta algo por estilo.

      Guillermo Foladori (2001), Controversias sobre Sustentabilidad La coevolución sociedad-naturaleza, Colección América Latina y el Nuevo Orden Mundial. México: Miguel Ángel Porrua, UAZ, COBAEZ, ISBN 970-701-129-7
      en la web:
      http://meme.phpwebhosting.com/~migracion/rimd/libros.php?libro=controversias_sobre_sustentabilidad

      Tiene otros escritos muy didácticos sobre otros temas,este que te dejo acá es especialmente accesible “La economía de la sociedad capitalista y sus crisis recurrentes”: Foladori Guillermo y Melazzi Gustavo: http://economarx21.files.wordpress.com/2012/03/economiasociedadcapitalista.pdf

      salud

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      tato

      11/07/2013 at 22:05

  2. Estimado Rolando, entiende que el centro de estos dos artículos se podría sistentizar en estas frases:
    * sistema capitalista ha sido el modo de producción más dinámico de la historia
    * la idea central de Marx y Engels es que al interior del sistema capitalista se generan las condiciones y las fuerzas que permitirán su superación
    *el capitalismo es un modo de producción que tiende a revolucionar y expandir las fuerzas productivas -la productividad y la tecnología, el trabajo asociado y el mercado mundial-, y que por eso mismo desarrolla contradicciones, que se manifiestan en las crisis, y lo determinan como un régimen social históricamente transitorio.
    * las relaciones de producción pasan de ser formas del desarrollo de las fuerzas productivas, a ser obstáculos a las mismas, dando lugar al antagonismo y al conflicto abierto
    Y como las conclusiones:
    * las relaciones de producción pasan de ser formas del desarrollo de las fuerzas productivas, a ser obstáculos a las mismas, dando lugar al antagonismo y al conflicto abierto
    * Una clase social sometida al más completo embrutecimiento y degradación, no podría constituir la base social de un cambio social progresivo, ni convertirse en un factor político consciente, capaz de encabezar un cambio radical.
    * El comunismo científico no inventa un mundo en las ideas para oponerlo al mundo real. Por el contrario, parte de lo existente, y ve en el propio desarrollo de la sociedad, la generación de las condiciones y de las premisas para su superación. * Es entonces esta contradicción sentida, “vivida”, la que genera conflicto social, la lucha de clases.
    * los avances tecnológicos -la automatización, las tecnologías informáticas y de las comunicaciones, la nanotecnología, y otras maravillas de la ciencia- abren la posibilidad de que en una futura sociedad haya más tiempo libre para todos. Para eso, no hay que suprimir la tecnología, sino la relación capitalista en que se sostiene.

    Tenemos entonces que el capitalismo ha cumplido un rol revolucinario
    Qu eu su rol como sistema socio-econmómico es transitorio
    Quie en su devenir se generan las contradicciones que prefiguran su superación
    Que las relaciones de producción pasan de ser una forma de desarrollo a ser un obstáculo del mismo
    Que se necesita una clase social que se aleje del embrutecimiento y la degradación
    Que los avances tecnológicos abren la posibilidad para una sociedad más libre, rompiéndo la relación capitalista actual.

    El ejemplo más completo que señalás es:
    Para “bajarlo a tierra”, la extraordinaria acumulación de capital que ha habido en China en el último cuarto de siglo, es la incubadora de futuros y grandiosos conflictos de clase

    Voy a hacer una especulación basada en estos datos:

    Si recién en los últimos años sa están preconfigurando las condiciones para que en China -que contiene la quinta parte de la población muncdial- y si consideramos que al menos habría otros dos o tres quintos que ni siquiera han alcanzado el deasarrollo chino.
    Si consideramos que -más allá de las comntradiciones que se general- el capitalismo ha sido el sistema económico más recolucionario que ha existido en la faz de la tierra.
    si consideramos que el embrutecimiento y la degradación -¿Hoy mayoritarias?- son un impedimento objetivo para la revolución siocialista.

    Pregunta:

    ¿qué perspectivas -hablando de tiempo por delante- tiene el socialismo?
    ¿Qué otras posibilidades -aparate de las conocidas- tuvieron los fracasados intentos revolucionariaos?
    ¿No es lícito decir que -salvando las distancias- los intentos revolucionaios de los siglos 18 y 19 guardan un parecido importante con los intentos espartaquistas? Es decir, las contradicciones exacerbaron las luchas de clases, pero, ¿no estaban de algun modo condenados al fracaso todos esos intentos?

    Un abrazo.

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    Eduardo

    08/07/2013 at 00:56

    • Compañero Eduardo. Usted vuelve a presentar con ocasión de esta nota, un debate muy importante -la madurez de las condiciones para la revolución proletaria- que ha devanado las mentes de generaciones de marxistas y presenta múltiples ángulos de enfoque que es preciso contemplar para aproximar conclusiones. Conecta con el problema del socialismo utópico. En efecto, si las condiciones para la revolución están inmaduras (especulando con que esta ‘madurez’ puede ser irreversiblemente alcanzada algún día) toda perspectiva de contienda por el poder está de antemano, condenada al fracaso y todo intento de asaltar las cumbres amuralladas de la clase dominante, no sería más que vana utopía. De ello, no se debiera necesariamente derivar una censura moral contra tales intentos prematuros y mucho menos predicar una colaboración pacífica con el sistema que contribuya a su desarrollo histórico, pero, por lo menos, inferir que la conclusión científica prescribiría una conducta de conservación de fuerzas hasta que se presente la auténtica oportunidad definitiva, por fuera de lo que esto signifique en materia política y de organización, cuestión que debiera ser precisada en términos concretos. Llegado este punto se deberían hacer algunas aclaraciones. A como yo lo entiendo, la nota tiene por cometido presentar un punto de vista diferente al que domina tanto a la izquierda como a la derecha, tanto a detractores furiosos del sistema, como a defensores incondicionales, tomando distancia, tanto de aquellos que ven un capitalismo en perpetuo e indefinido ascenso, acosado por fuerzas reaccionarias (estatistas-dirigistas- socialistas) que interfieren su libre desarrollo y ocasionan las perturbaciones conocidas como crisis (negando que las crisis y males propios sean inherentes al sistema si se lo deja trabajar libre de trabas impuestas desde fuera ¿Capitalismo utópico?) como de quienes, al viejo estilo, lo ven como un sistema nefasto que pudiera ser reemplazado sin apoyarse en las palancas materiales de su expansión y eventual cíclico estallido, substrayéndose al sistema y no enfrentándolo directamente para reclamar su abolición revolucionaria al frente de las ingentes masas proletarias que procrea en el curso de su propio desarrollo. Digo, ‘a la vieja usanza’ o también, en versión decimonónica, por que el socialutopismo ulterior , más que la construcción de Icarias y Falansterios en los márgenes de la sociedad y negación de la revolución como medio de cambio social, establece un punto de quiebre histórico en la historia del capitalismo, a partir del cual este habría perdido toda función progresiva y entrado en un proceso automático de disolución, cuando el resultado del match entre burguesía y proletariado, envuelto en una suerte de carrera contra reloj, hace a la diferencia entre el destino socialista y la barbarie, es decir, la ruina definitiva de la sociedad, le llamemos holocausto bélico, guerra civil interminable o dictadura neoesclavista. Es la ya vieja teoría de la declinación o decadencia, para algunos ya franca descomposición. En resumidas cuentas: Crisis final. Volviendo a su inquietud, en mi opinión está perdiendo de vista algunas cuestiones importantes. Desde hace mucho tiempo, las relaciones capitalistas de producción y cambio se han impuesto como el modo de producción dominante a escala planetaria, subsumiendo y subordinando otros modos de producción, elemento mayor que, a partir de los noventa se hizo plenamente extensivo a aquellas áreas que, transitoriamente, habían escapado de su órbita bajo la forma de pseudosocialismo. Este hecho se ha traducido en un crecimiento mundial del proletariado sin precedentes, progresión que avanza a paso firme desde un siglo y medio y hoy hace que la clase asalariada represente más de un tercio de la población mundial. Naturalmente, si este avance continúa es posible un escenario futuro (aunque es solo una posibilidad teórica) caracterizado por una ultraminoría capitalista hiperconcetrada, rodeada de un océano proletario, pero ello no cambia el hecho que, estructuralmente hablando, la clase obrera ya es -y desde hace mucho- lo suficientemente poderosa para cambiar el orden social y gestionar uno nuevo, si su conciencia y organización mutasen (Discutir la ‘paradoja’ que contrasta el avance numérico con la involución en la conciencia es un tema que no puedo desarrollar más que descriptivamente en este comentario) Lo concreto del asunto es que no creo que las masas proletarias debiesen negarse a la lucha o a proponerse el objetivo de la conquista del poder a la espera de ser el 99% de la sociedad. La ‘masa crítica’ existe desde hace mucho y con todo, siendo condición necesaria no es aún suficiente para la revolución. Se requiere de la maduración subjetiva y esta, tampoco progresa lineal ni mecánicamente al compás del desarrollo capitalista y el aumento numérico del proletariado. Para ello, se requiere de una escuela, dada al calor de la lucha y aprendiendo incluso de la propia creatividad de las masas, acompañada de una fuerte pelea en el plano de la ideología y por el avance de la cultura general de los trabajadores, en especial, en lo tocante a la propia historia de sus combates; para que cada lucha que se emprende no deba forzosamente comenzar de cero. Sobre sus preguntas específicas y por fuera de lo que pueda opinar el compañero Rolando si es que considera oportuno expedirse, creo que sí, efectivamente, hubo luchas prematuras aunque no menos dignas de apoyo ferviente cuando se han desatado (Vaya el caso de la Comuna analizado por Marx) y otras que, en cambio, implicaban la posibilidad de victoria a condición de que las ideas revolucionarias hubieran penetrado más firme en la carne del proletariado y el proceso histórico hubiera decantado en el corazón capitalista de Europa una dirección revolucionaria lo suficientemente desarrollada y apta. Es dificil someter estos acontecimientos a un examen probabilista, en especial cuando se lo efectúa en retrospectiva y con la ventaja de la historia ulterior conocida. En todo caso: ¿Cual habría sido la ventaja de que estas luchas no se hubieran dado? Habríamos ahorrado décadas de degeneración estalinista en aras de iguales lapsos de conformismo socialdemócrata y pasividad que no dejarían ningún punto de referencia lleno de grandes ideales por los cuales pelear y morir, de heroísmo y abnegación, de intento moral y racional de triunfo para las generaciones futuras, quedando en medio un gran hueco de adaptación y servilismo a la espera de que las condiciones se pongan maduras por obra y gracia del capitalismo. Si mal no lo entiendo, lo que Rolando intenta en su nota, es romper con esa visión estática de un capitalismo en retroceso y descomposición permanente, establecida antaño como precondición del socialismo. Le opone una visión dinámica en que cada crisis de gravedad plantea la oportunidad de la revolución, en un marco de potenciación de las contradicciones que hacen a su razón de ser y funcionameinto y con un proletariado transitoriamente fortalecido en sus condiciones de existencia, derivando de ello, la revolución como un proceso de largo alcance histórico, tapizado de triunfos parciales y brutales derrotas, que, sin embargo, no logran quebrar la dinámica que apunta a la confrontación y la potencial revolución, que no extingue la lucha de clases antagónica, sino, la exacerba proyectándola en un futuro colapso, tan cierto e inevitable como el desarrollo mismo. Auges y crisis, en una sucesión ineluctable del péndulo capitalista, con oscilaciones cada vez mayores y violentas, que plantean a los mortales la tarea de ponerle fin, preparándose para ello en los intervalos de paz social, mediante una serie de luchas parciales y poniendo en práctica lo adquirido cuando todo estalla y actualiza el enfrentamiento estratégico. Lo último. Sobre las perspectivas futuras del socialismo. Podemos asegurar que la clase obrera no involucionará ni desparecerá. Que la lucha de clases continuará, aunque se mueva dentro del corsé ideológico impuesto por la clase dominante y el instinto del proletariado. No avisoro perspectivas de revolución socialista triunfante ni en corto o medio plazo. La correlación de fuerzas sufre el peso de una gran derrota de proporciones épicas impuesta a principios del siglo veinte, tan grande y profunda como el desafío que se planteó a la clase dominante. Esta correlación de fuerzas permanece e incluso parece haberse agravado como consecuencia de ulteriores derrotas acumuladas y batallas no dadas. Nada certifica que esta situación permanezca eterna. Crecer y acumular fuerzas participando de cada combate con el objetivo de formar corrientes marxistas en el movimiento obrero, sin capitular a la espontaneidad ni sacrificar la independencia de clase en aras de ganancias del momento, es la única garantía de llegar a compulsar por el poder cuando la maduración de las condiciones lo ponga al orden del día, es decir, cada vez que la máquina capitalista entre en punto muerto y reclame para sobrevivir su cuota de sangre y plusvalor.
      Saludos

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      AP

      08/07/2013 at 23:05

    • AP, por favor, trate de ser un poco más breve en los comentarios.

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      rolandoastarita

      09/07/2013 at 08:31

    • AP, no creo estar perdiendo de vista la expansión del capitalismo a nivel planetario. Es más, en cuanto al grado de proletarización yo lo ubicaba en un porcentaje aún mayor al 33%. Pero no importa. Hay una frase que me resuena desde hace mucho y es aquella que decía que ningún sistema perece antes de haber dado todo de sí. Se pueden traer a colación las enormes penurias que ha debido soportar y aún soporta buena parte de la población mundial. Se podría llegar a la conclusión de que el capitalismo en ciertos momentos opera como un freno al desarrollo de las fuerzas productivas. Pero cada día se afianza más en mí la idea de que para que se produzca un cambio paradigmático -social, económico- hace falta algo más que “masa crítica” proletaria. Con mucho menos, con muchísimo menos, existió la Comuna de París. Y sin embargo, ese hecho, monumental en un aspecto, es, de otro punto de vista de una insignificancia casi absoluta. Pervive más como un hecho anecdótico para los iniciados que como el primer escalón de algo que estuviera en marcha. Es como esos recuerdos de los abuelos, “cuando yo era chico una vez vi nevar”. Probablemente dentro de algún tiempo ese recuerdo crecerá y se lo ensalzará hasta dimensiones descomunales. Pero hoy… la Comuna de París suena más como una novela de ficción que como un hecho histórico.

      Yo no sé que consecuencias tiene esta asunción. Sé que no apunta a arrodillarse ante el capitalismo, y mucho menos ante los capitalistas y sus perros guardianes de todo color y pelaje. Lo que sí creo es que hay que dejar de jugar a los héroes y ver y mostrar la realidad tal cual es, nos guste o no nos guste lo que vemos.

      Gracias por tu respuesta y yo también desearía ver el tema desarrollado por Rolando.
      Un gran abrazo.

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      Eduardo

      09/07/2013 at 16:10

  3. Hola Rolando. . ¿Cual sería la contradicción principal en el sistema capitalista para Marx? La que se da entre fuerzas productivas y relaciones de producción o entre proletarios y capitalistas. Te consulto porque en partes del manifiesto se pone el acento en la lucha de clases como motor de la historia y en otros escritos en el desarrollo de las fuerzas productivas.

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    daniel

    08/07/2013 at 17:26

    • Muchas veces pensé sobre esta cuestión, y no la tengo del todo resuelta, ni conozco textos que la traten. En principio (pero lo que respondo aquí está “con alfileres”), diría que Marx habla de contradicción cuando se refiere a fuerzas productivas y relaciones de producción (a veces también a la contradicción capital/trabajo), pero de “oposición” (también antagonismo, lucha, etc.) entre capitalistas y proletarios.

      Si no entiendo mal, la diferencia entre oposición y contradicción está en la Lógica de Hegel (en la sección sobre la esencia). Es posible que Marx se haya inspirado en ella al utilizar estas categorías. La contradicción parece ser un nivel más profundo. más “esencial”, de oposición. “La contradicción es la oposición en su realización esencial”, dice Hegel. Según interpreto, en el nivel de la oposición los polos se implican mutuamente, están estrechamente relacionados, pero aún tienen cierta exterioridad. En el caso de la clase obrera, se relaciona estrechamente con la clase capitalista (no existe una sin la otra), pero todavía cada una queda por fuera de la otra.

      En la contradicción, en cambio, cada uno de los polos incluye dentro de sí al otro, no lo tiene “por fuera”, sino en él mismo. Esto es, en la oposición subsiste cierta exterioridad, ya que un polo está implicado por el otro, pero más a la manera de un límite. En la contradicción, los dos polos tienen un nivel de relación más estrecha, porque cada uno de ellos contiene en sí el otro, hasta cierto punto. Por ejemplo, las relaciones de producción contienen en sí las fuerzas productivas, de la misma manera que las fuerzas productivas son, hasta cierto punto, relaciones de producción (la máquina “es” capital frente al obrero). Es una relación del forma y contenido (la forma, hasta cierto punto, “hace” al contenido, y viceversa, a pesar de ser distintos). Cada polo está mediatizado por el otro, y contiene en sí mismo al otro. A partir de aquí, se entiende también que la contradicción tiene “movimiento”, ya que los polos cambian en sus relaciones recíprocas. Por ejemplo, las relaciones de producción pasan de ser formas del desarrollo de las fuerzas productivas, a ser trabas de su desarrollo, etc. Este tipo de dialéctica no la encontramos en la oposición (pensemos en la oposición positivo/negativo; norte/sur, etc, con que se ilustra generalmente esta categoría.

      La contradicción fuerzas productivas / relaciones de producción se manifestaría entonces en la oposición (antagonismo, lucha) entre la clase capitalista y la clase obrera.

      Hasta aquí algunas reflexiones (subrayo que todo esto es bastante provisorio por mi parte) sobre una cuestión que merece más estudio.

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      rolandoastarita

      09/07/2013 at 08:58

    • En el último capítulo del tomo I de El capital, Marx da pistas sobre el concepto de relaciones de producción:
      http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/25.htm

      Infortunado señor Peel, que todo lo había previsto, menos la exportación de las relaciones de producción inglesas al río Swan!

      La propiedad de dinero, de medios de subsistencia, máquinas y otros medios de producción no confieren a un hombre la condición de capitalista si le falta el complemento: el asalariado, el otro hombre forzado a venderse voluntariamente a sí mismo.

      Yo diría que otra condición sería la existencia suficiante de demanda, es decir, consumidores dispuesto a pagar el precio del producto que el capitalista fija en un número suficiente que el mercado fija. Ingresos por debajo de los cuales sus expectativas de ganancia no se cumplirían. Los medios de producción más el trabajo asalariado por sí solos tampoco confieren la condición de capitalista si no existe demanda suficiente en un mercado cuyos costes de acceso no menoscaben la ganancia.

      El desarrollo de las fuerzas productivas solventó por ejemplo mediante instrumentos financieros la contradicción que existía entre la necesidad de aumento de la ganancia y la acotación de la propiedad privada de los medios de producción a un número decreciente de personas. De esta manera, los grandes capitalistas productivos pudieron aumentar sus ganancias transformando parte de su actividad en financiera. Al mismo tiempo, la financiación daba acceso a los medios de producción para su explotación a personas que sin este instrumento jamás habrían tenido acceso a los mismos.

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      GE

      04/08/2013 at 09:21

  4. Muy bueno el artículo. Lo que no me queda del todo claro es en que momento un proletario deja o puede dejar de ser proletario para pasar a ser capitalista y a la inversa. Un ejemplo personal. Yo laburé instalando alarmas domiciliarias y me mandaban para todos lados, me recontracagaba de frío en invierno, me moría de calor en verano. Sin embargo ahorré unos manguitos y con dos amigos medio que desculamos como se hacían las alarmas y cuando vino la importación nos pusimos a hacerlas y nos montamos una empresita. La cosa prosperó y no nos fue nada mal. Alquilábamos un local en La Plata -Protelec era la marca de la alarma- y teníamos 5 empleados. Durante unos años progresamos, los tres compramos buenos autos, teníamos una cartera de clientes y avanzamos. Después uno se caso, pidió su parte y se fue a vivir a Brasil. Hoy trabaja en la dependencia pública de allí. Yo ahora tengo tres locales de venta de pizzas y empanadas y no me va mal, tengo 20 empleados a los cuales les pago bastante bien siempre del 1 al 5. Están contentos con lo que les pago y no siento que los exploto, al menos no los veo explotados más de lo que yo me exploto a mí mismo. Laburo de 8 de la mañana hasta las 12 de la noche parando un par de horas al mediodía. Pero me doy mis gustos y mantengo a mi familia bastante bien. ¿Sería yo un proletario, un capitalista, alguien en el limbo? ¿O fui proletario y pude ser capitalista?

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    Alejandro Barbeito

    08/07/2013 at 20:29

    • Alejandro, desde que formaste tu empresa y contrataste la fuerza de trabajo de esos empleados pasaste a ser un pequeño burgués. La explotación está dada en tanto y en cuanto la retribución del trabajo es por una parte del trabajo. El que vos te puedas dar “unos gustos” seguramente más “gustosos” que los que se pueden dar tus empleados se explica porque vos te quedás con una parte de lo producido por tus empleados.
      Saludos.

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      Eduardo

      08/07/2013 at 23:11

    • Añado. Obviamente que esa explotación se da en forma totalmente independiente a que vos la sientas o a que tus empleados la sientan. Se trata de un concepto técnico, no de una sensación subjetiva. Saludos.

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      Eduardo

      08/07/2013 at 23:13

  5. Compañero Rolando. Disculpe la longitud del último comentario. Lo escribí a vuelo de pluma y sin controlar nada. Efectivamente es enorme. Es que la inquietud del compañero Eduardo (Las perspectivas históricas del socialismo) me pareció central. Es un tema sobre el que, en algún momento, si tiene tiempo y ganas, sería importante una nota suya, no importa si las conclusiones sean provisorias -no he leído hasta ahora a nadie que la tenga completamente clara- pero, por lo menos, se expongan los principales argumentos, que, no dudo expresará con su habitual claridad y rigor teórico.
    Saludos.

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    AP

    09/07/2013 at 10:44

  6. A colación de la nota de Rolando (con la cual estoy de acuerdo en sus líneas principales) y de las aclaraciones de AP:

    -¿Ha leído los trabajos de algunos marxistas occidentales y sui generis como Thompson?

    -¿En tal caso que opina acerca de la tesis de Thompson de que el capitalismo no habría una etapa progresiva necesaria sino que es fruto de confrontaciones desde el seno de la era feudal (siglo XII-XIII en Europa Occidental)?

    -¿Y qué esta vía tumbó otras posibles alternativas como expone Thompson (y otros historiadores) como la llamada Economía Política Popular (tal y como se conocía al programa de los jacobinos durante la Revolución Francesa)?

    Saludos.

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    JHaydn

    09/07/2013 at 12:20

    • No conozco esa tesis de Thompson, y sobre el pasaje del feudalismo al capitalismo solo he leído algún texto, diríamos “clásico”, como el de Dobb.

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      rolandoastarita

      09/07/2013 at 16:20

    • Compañero Haydn. De Thompson leí ‘Economía moral de la multitud’ cuando mi esposa estudiaba la carrera en la Universidad. No tengo presente ahora si es allí o en otro texto, donde plantea la posibilidad de una alternativa distinta a la que finalmente adoptó la economía feudal en disolución. Si es tan amable, podría facilitar la referencia para analizarla. Siempre lo consideré un autor muy interesante.
      Saludos revolucionarios

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      AP

      09/07/2013 at 21:01

    • Al compañero AP:

      -Efectivamente, una de als obras donde profundiza esa tesis es en “Economía Moral de la multitud” para el caso concreto de Inglaterra (creo recordar que también hay algunos esbozos de esto en The making of the English working class).También existen otros historiadores que siguen una línea similar a la de Thompson, como es el caso de Florence Gauthier centrándose más en la Francia revolucionaria.

      He de decir que si bien tengo mis reticencias a ante algunas de estas propuestas (algunas veces parece tender a “idealizar” los modelos precapitalistas o “alter-capitalistas” y a negar la acción progresiva del capitalismo) lo cierto es que estos estudios o visiones más “sui generis” contribuyen a 2 cuestiones que considero fundamentales y que han sido soterradas por buena parte de la escolástica marxista (la brida ideológica soviético, el marxismo barato “mayo del 68”,el estructuralismo más exarcebado…):

      1-Dar cuenta de como los procesos de cambio en los modos de producción (así como en las relaciones y medios de producción) no son meros ajustes lineales y mecánicos sino que responden a dinámicas más complejas alejándose de esa visión tan sumamente simplista de estrcutura+supraestructura.

      2-Evidenciar la vital influencia del republicanismo en el pensamiento de Marx.

      Saludos.

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      JHaydn

      11/07/2013 at 12:08

  7. Sobre la pregunta de Daniel y la respuesta del profesor, acerca de la diferencia o no de dos conceptos en la Teoría del Capital en Marx: “fuerzas de producción” y “relación de producción”. La primera en plural y la segunda en singular.

    Desde mi modesto punto de vista hay una diferencia clara: las “fuerzas de producción” se piensan en el tiempo histórico de los modos de producción que en su desarrollo generan la Historia de esas fuerzas de producción. Es un pensar la producción en el Cronos. Una cronología de la produción humana que se desarrolla en distintos modelos productivos hasta alcanzar el Final de la Historia. Y alcanzar el modo de producción marxista.

    En cambio, para entender las “relaciones de producción” que es solo una, en el espacio del modo de producción capitalista (industrial), es obvio pensar en un espacio y no en un tiempo. El espacio de la producción, es el taller o la fábrica industrial, donde la relación entre dos sujetos se representa mediada por una relación-fetiche: la relación del producto fabricado como expresión de dos términos no humanos: el salario y la plusvalía. Que fetichizan la relación humana entre los dos agentes económicos (capitalista y obrero) o mejor en este blog decir entre dos seres humanos: el (in)humano capitalista y el (infra)humano-obrero. Hay una relación de dominio o de explotación por eso uno es (in) y el otro (infra). Esta relación describe el espacio de oposición (en el sentido Hegeliano) porque como ha explicado perfectamente el profesor, se trata de una implicación de dos contrarios en el mismo espacio lógico. Yo diría, con el permiso del profesor que en realidad es un espacio estructural (tal como definió luego el Estructuralismo).

    Se trata pues de un espacio-estructural de la oposición entre dos sujetos mediados por un objeto-producido, que describe las “relaciones-de-producción”. Es la parte o enfoque no-hegeliano de Marx.

    Como complementario, está el enfoque temporal de la Teoría marxista, que consiste en pensarla en función de un Cronos: la Historia de las “fuerzas de producción”. Es el enfoque de raíz hegeliana de Marx. Donde los distintos modos-de-producción dan cuenta de distintos modelos de relación entre las “fuerzas de producción” y su desarrollo es cronológico, desde un modelo primitivo de acumulación/producción hasta el capitalismo contemporáneo de Marx, para finalizar en un momento de Síntesis final donde ambos opuestos (modo primitivo y modo final) se armonicen y se superen en un estado final absoluto: el modo de producción marxista donde desaparecerá la propiedad de esos medios de producción. Estariamos pues en el plano epistemológico de la contradicción, que implica una oposición más potente, y como muy bien dice el Profesor,en el que “cada uno de los polos incluye dentro de sí al otro, no lo tiene “por fuera”, sino en él mismo. Esto es, en la oposición subsiste cierta exterioridad, ya que un polo está implicado por el otro, pero más a la manera de un límite”. Esa cierta exterioridad es precisamente la Conciencia materialista de la historia : la Propia Teoría del Capital marxista.

    Si no es así, me gustaría que el profesor comentara al respecto.

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    ERS

    09/07/2013 at 17:40

  8. Compañero Eduardo. Nada de gracias. El intercambio de ideas, en su caso, como en el de otros tantos compañeros que intervienen en este blog, es un honor y un deber. Si lo desea y si el compañero Rolando esta de acuerdo, puede solicitarle mi mail para establecer un diálogo y conocimiento directo.
    Saludos Revolucionarios

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    AP

    09/07/2013 at 20:13


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