Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Acerca del “marxismo nacional” de Ramos

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acerca del marxismo de abelardo ramosEn la entrada anterior planteé que, según Abelardo Ramos, la contradicción entre el capital y el trabajo, que Marx había considerado fundamental en los países adelantados, no tenía casi vigencia en América Latina, ya que la contradicción fundamental estaba establecida entre los países imperialistas, por un lado, y los coloniales y semicoloniales, por el otro. Luego de publicada la nota, un lector objetó, en la sección “Comentarios”, que ésa no era la posición de Ramos. En lo que sigue presento de manera más extensa la posición de Ramos, y explico por qué este “marxismo nacional” es funcional al discurso K-izquierdista (aunque, por supuesto, el tema atañe al argumento nacional de izquierda en general) .

El planteo

Básicamente, Ramos pensaba que la cuestión nacional no había sido resuelta en América Latina, y que esto se debía, en lo fundamental, al proceso de balcanización que había sufrido el subcontinente. Según Ramos, las raíces históricas de esa balcanización había que buscarlas, primero en el legado colonial español; y luego, en la acción del Imperio Británico, que sostuvo a las oligarquías agrarias, financieras y comerciales, que actuaban como disociadoras. La penetración imperialista se había alcanzado entonces con la perpetuación del atraso agrario; y la unilateralidad de las economías exportadoras se había expresado política y jurídicamente en la formación de más de veinte Estados inviables y hasta “ridículos”. Éstos mantenían relaciones económicas más estrechas con Europa y EEUU que entre sí; sus economías giraban en torno a uno o dos productos exportables; y las oligarquías comerciales, agrarias o mineras, asociadas al capital extranjero, se oponían a la industrialización. Lo cual determinaba una debilidad “estructural” de la clase obrera.

En Historia de la Nación Latinoamericana Ramos escribía: “Precisamente a causa del atraso de nuestros Estados, del estrangulamiento de su desarrollo industrial por obra de la oligarquía agraria y del imperialismo extranjero, el peso específico de la clase obrera latinoamericana es mucho menor que el de las clases no proletarias en el interior de cada Estado. … En este cuadro la clase obrera no puede resolver por sí misma el triunfo de la revolución, a menos que establezca una alianza con las restantes clases oprimidas. Sólo en esta perspectiva la clase obrera puede encabezar a las grandes mayorías nacionales en la lucha contra el imperialismo” (p. 341). En el mismo sentido, en “Marxismo para Latinoamericanos”, (Izquierda Nacional, enero de 1971), sostenía que los marxistas “debían comprender que el antagonismo de clase puro, típico en los países avanzados, tendía a disminuir en los países atrasados, precisamente porque el imperialismo había impedido su pleno desenvolvimiento y la aparición de clases perfectamente diferenciadas y opuestas, según el modelo ofrecido por Marx en El Capital”. También en “De Mariátegui a Haya de la Torre” (septiembre de 1973) y luego de destacar que Perú y América Latina habían sufrido por escasez de desarrollo capitalista, afirmaba que, “puesto que las masas no proletarias de un país pobre y atrasado no pueden percibir el significado del socialismo, que es la doctrina de la clase obrera industrial”, el reducido proletariado industrial debía tomar en sus manos las reivindicaciones democráticas y nacionales (nacionalización de las grandes propiedades imperialistas, democracia política, liquidación del gamonal, incorporación del indio a la civilización, alfabetización, apoyo a los pequeños comerciantes e industriales).

Una importante consecuencia de estos argumentos era que la lucha de las masas latinoamericanas no tenía, ni debía tener, un carácter anticapitalista. La clase obrera no debía asumir reivindicaciones anticapitalistas, porque podía debilitarse la lucha nacional. “En los países históricamente rezagados, … la lucha antiimperialista consiste justamente en que no se trata de una lucha anticapitalista. Pues la acción antiimperialista supone la confluencia de varias clases sociales. Este tipo de lucha adquiere forzosamente un contenido nacional, ya que el imperialismo es extranjero, además de expoliador. La lucha anticapitalista, en cambio, puede suponer un ataque contra capitalistas nativos. Esa circunstancia disminuye peligrosamente el poder de la lucha nacional, que también se integra con capitalistas de las más diversas categorías” (“De Mariátegui…”).

De ahí que la táctica aconsejada fuera la del Frente Único Antiimperialista; en Inglaterra el FUA sería reaccionario, pero no en los países atrasados, coloniales y semicoloniales (ídem). Dado que la tarea histórica era la unidad latinoamericana, único camino hacia la industrialización, la lucha anticapitalista carecía de sentido y hasta era perjudicial. Por eso también, en la polémica entre Haya de la Torre y Antonio Mella, Ramos se ponía de parte del primero. Mella sostenía que la liberación nacional absoluta solo la obtendría el proletariado, y sería por medio de la revolución obrera. Ramos lo critica porque pasaba por alto la tarea de la unidad de América Latina, principal factor de liberación del imperialismo, y porque resumía la estrategia revolucionaria en la fórmula “revolución obrera” (véase Historia…). En el mismo sentido, cuando se refiere a sus orígenes, Ramos explicaba que se había distanciado, en los años 1940, del grupo Nuevo Curso, que dirigía Antonio Gallo, porque éste sostenía que “Argentina era ya un país capitalista, razón por la cual la contradicción fundamental era la burguesía y el proletariado” (“Una conversación inconclusa…”). Siempre el conflicto central está planteado en términos ajenos a la oposición capital – trabajo. Por ejemplo, en Revolución y contrarrevolución en Argentina, de 1957, los polos enfrentados son, por un lado, el nacionalismo transformador, el desarrollo industrial y de la clase obrera, y por el otro, el afán conservador y el cipayismo.

Su rechazo a alentar el conflicto entre el capital y el trabajo, y su énfasis en que el programa que debía levantar la clase obrera era exclusivamente nacional y democrático, iba de la mano de la idea de que en los países latinoamericanos surgían fuerzas sociales y políticas que, al menos parcialmente, avanzaban en esos objetivos. Estos procesos ocurrían cuando había crisis importantes en los centros imperiales: “Gracias al resorte propulsor e involuntario de las grandes crisis mundiales (1914, 1939, el crack de 1929) aparecen en los países coloniales o semicoloniales formas embrionarias de capitalismo industrial. Grupos de burguesías locales se vinculan al mercado interno. Por su parte, el gran capital imperialista, estrechamente vinculado a las oligarquías agrarias, mineras o financieras, se opone al desenvolvimiento de estas nuevas burguesías, empleando todos los medios, sean políticos, económicos o militares. Esta lucha de clases se da con frecuencia, pero no se trata de la lucha de clases habitualmente conocida como el duelo entre la burguesía y el proletariado, según el modelo europeo, sino de una lucha menos mencionada en los libros y más vista en la realidad, que es la lucha entre la clase oligárquica y la nueva burguesía” (Historia... p. 460). Podemos observar, una vez más, cómo el conflicto entre el capital y el trabajo es desplazado por el que existiría “entre la clase oligárquica y la nueva burguesía”.

Ramos pensaba también que ante la ausencia de las “nuevas burguesías”, otros grupos sociales podían ocupar su lugar en el enfrentamiento. Es en este punto que otorgaba gran importancia al Ejército. Por caso, refiriéndose a Argentina, sostenía que la burguesía nacional industrial, que se había fortalecido en los 30, carecía sin embargo, de un “comportamiento nacional”. Por eso, el Frente Nacional se había conformado a partir del liderazgo de Perón, surgido del Ejército. En ese frente habían confluido “los restos del yrigoyenismo agrario, algunos débiles sectores empresarios, raros socialistas que rompían con su partido, sindicalistas tradicionales y nuevos sindicalistas, importantes sectores de la Iglesia católica, grandes grupos de la clase media de provincias vinculadas al mercado interno, y detrás, el conjunto del Ejército”. Ese partido de Perón había sido así el “factor subrogante de una burguesía demasiado débil y confusa para percibir su verdadero papel” (p. 378); el Ejército era “la única fuerza no vinculada al imperialismo extranjero y que por su profesión está orgánicamente marginada de los intereses agropecuarios” (p. 379). Tanto la clase obrera como la burguesía eran demasiado débiles para asumir su liderazgo, y la institución militar asumía la representación de las fuerzas nacionales impotentes. Por esta vía, el peronismo habría avanzado en tareas democráticas, aunque también había evidenciado su limitación. Es que no continuó la industrialización cuando cayeron los precios de las exportaciones agrarias, recurriendo a la expropiación de la oligarquía financiera, ganadera y comercial intacta.

A pesar de sus limitaciones, Ramos sostenía que la burguesía y la pequeño burguesía de los países  semicoloniales, en combinación con el Ejército y otros sectores, podían avanzar en políticas antiimperialistas. Por eso criticaba a los autores de la dependencia (Gunder Frank, Dos Santos, etcétera), o a los trotskistas, que sostenían que las burguesías latinoamericanas eran socias menores del imperialismo, y coincidían con éste, y con las oligarquías, en mantener y profundizar la explotación del trabajo y de las masas empobrecidas.

Funcional a la explotación y a la burocracia

Un marxismo que sostiene que no hay que azuzar la lucha entre el capital y el trabajo,  no puede no ser funcional al dominio del capital, y el control estatal y burocrático de las fuerzas del trabajo. En este respecto, hay que destacar que Ramos jamás cuestionó el control de los sindicatos por la burocracia sindical. Criticaba a la burocracia sindical por haber debilitado la resistencia del gobierno de Perón frente al golpe de 1955, pero no por su rol en sostener la disciplina del trabajo. Incluso cuando la izquierda puso en peligro, entre 1973 y 1976, el dominio de la burocracia en muchos grandes centros de trabajo, Ramos y su partido estuvieron del lado de la burocracia (Izquierda Nacional Nº 28, 1974, criticaba a la juventud peronista por cuestionar a los líderes sindicales). Y en 1990 Ramos defendía la estructura de la Unión Obrera Metalúrgica de Lorenzo Miguel (véase “Intervención…”, 13 de octubre). Más en general, nunca buscó importunar siquiera a la conducción verticalista del Justicialismo. En los 1970, decía: “La propia naturaleza del movimiento nacional peronista, donde la verticalidad fue y es un principio, indica que se trata de un movimiento nacional burgués conducido por un jefe militar. Nosotros lo respaldamos por ese motivo, no porque lo confundiéramos con un movimiento socialista. Es más, está claro que quien tratara de desarrollar una estrategia propia, de carácter socialista, dentro del movimiento de Perón, estaría apuntando contra su jefatura y estructura. Es decir, estaría trabajando de hecho para destruirla” (“Una conversación inconclusa…”).

Dentro de este encuadre global, se comprende que Ramos haya apoyado al menemismo sin tener la menor consideración acerca de sus medidas anti-obreras (pérdida de derechos sindicales, precarización del trabajo, carta blanca al capital para que aumentara la tasa de explotación). Tampoco la participación de burócratas sindicales en los beneficios de las privatizaciones, y en la administración de empresas privatizadas, parecieron importunar al “marxista-menemista”. Lo “progresista” del gobierno de Menem, en su visión, eran la profundización del Mercosur (en camino hacia la Patria Grande), o la estabilización de la moneda (ver “Me voy con Menem…”). Estamos en la estación final de un enfoque que procuró, con argumentos nacionalistas, barrer debajo de la alfombra, la explotación del trabajo.

A la vista de todo esto, es natural que el “marxismo nacional” de Ramos sea muy conveniente para quienes apoyan, con argumentos de izquierda, la política K. No se trata sólo de su posición frente al menemismo (que podría “justificar” por izquierda la participación de los K y de funcionarios K en el gobierno en los 90), sino de un enfoque más general y consistente. ¿Cómo no oponer este “marxismo con ojos nuestros”, de Jorge Abelardo Ramos, a las “abstracciones del marxismo dogmático”, que habla de plusvalía o de independencia de clase? Esto explica también la vigencia del “marxismo a lo Ramos” en las páginas web de la izquierda nacional en general. Obedece, en última instancia, a una lógica de clase profunda.

Fuentes citadas:
“Marxismo para latinoamericanos”, Izquierda Nacional, enero 1971 (versión on line).
“De Mariátegui a Haya de la Torre”, 1973, en http://www.izquierdanacional.org/documentos/articulos/de_mariategui_a_haya_de_la_torre/
Revolución y contrarrevolución en Argentina, Buenos Aires, 1965, Plus Ultra, Buenos Aires.
Historia de la Nación Latinoamericana, Buenos Aires, 2011, Continente (existe versión on line)
“Una conversación inconclusa con Jorge Abelardo Ramos”, grabadas por Jorge Raventos en los años 1970, en http://www.abelardoramos.com.ar/una-conversacion-inconclusa-con-jorge-abelardo-ramos/
“Intervención efectuada por Jorge Abelardo Ramos en la Convención Nacional del Movimiento Patriótico de Liberación”, 13 de octubre de 1990, en http://www.abelardoramos.com.ar/intervencion-efectuada-por-jorge-abelardo-ramos-en-la-convencion-nacional-del-movimiento-patriotico-de-liberacion/
“Me voy con Menem para que puedan gobernar los criollos”, en
http://www.abelardoramos.com.ar/me-voy-con-menem-para-que-puedan-gobernar-los-criollos/

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Acerca del “marxismo nacional” de Ramos

Written by rolandoastarita

06/12/2013 a 13:05

9 comentarios

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  1. Aporto un par de textos de la IC, rescatados por Michel Lowy, de 1923 y 1924, sobre América Latina. Porque este marxismo nacional tiene una nueva versión en la de los marxistas “nuestroamericanos” que hablan de “Nuestra América” y, aparentemente, renuncian a la organización revolucionaria de la clase obrera yanqui.

    “A los obreros y campesinos de América del Sur

    Este documento, publicado a inicios de 1923, es una resolución del IV Congreso de la Internacional Comunista (noviembre de 1922). Se trata probablemente del primer texto de la KOMINTERN específicamente dirigido a los trabajadores de América Latina.

    La declaración insiste sobre todo en los lazos estrechos entre las clases dominantes de América del Sur y el imperialismo norteamericano. De ahí deduce la unidad estratégica entre la lucha contra la burguesía latinoamericana y la lucha antiimperialista. A semejanza del texto de 1921, únicamente la clase obrera y el campesinado se consideran como clases revolucionarias.

    Camaradas,

    El IV Congreso de la Internacional Comunista, reunido en Moscú para el quinto aniversario de la Revolución Rusa, llama a todos los obreros y campesinos de América del Sur para que se preparen a la lucha de clases y secunden la acción revolucionaria del proletariado mundial.

    El papel de los Estados Unidos de América del Norte.

    La guerra europea anunció el inicio de la crisis final del capitalismo. Los antagonismos de la burguesía internacional desembocaron en la matanza más terrible de la historia para decidir cuál de los dos grupos imperialistas impondría su hegemonía. Los proletarios fueron sacrificados por millones en los campos de batalla en beneficio del imperialismo capitalista, el cual busca una solución a la crisis aguda que lo lleva fatalmente a la bancarrota.

    La guerra no pudo resolver esta crisis. Las crisis internas del capitalismo europeo aumentaron y al mismo tiempo la lucha de clases se intensificó. El tratado de Versalles es fuente de nuevos conflictos. Las masas proletarias admiten cada vez más que solo la Revolución puede abolir los antagonismos capitalistas. Las represiones increíbles a las cuales asistimos hoy día y la implacable ofensiva de la burguesía indican la situación crítica de los Estados capitalistas.

    El imperialismo norteamericano fue el único que fortaleció su poder durante la guerra. Estados Unidos es actualmente la potencia imperialista más fuerte. Pero después de la guerra europea surgieron nuevas causas de luchas imperialistas. Los antagonismos entre América del Norte, Inglaterra y Japón amenazan de nuevo la paz del mundo. El imperialismo yanqui se desarrolla y crea las bases de futuros conflictos que exigirán de las masas proletarias nuevos sacrificios sangrientos. América del Norte se convierte en el centro de la reacción internacional de la burguesía contra el proletariado.

    La extensión del imperialismo yanqui.

    El imperialismo yanqui trata de extender su influencia a todas las regiones del mundo. Tanto en Asia como en África y en las orillas del Pacífico, busca nuevas esferas de actividad para su explotación. Es sobre todo en América Latina donde, sea bajo una forma supuestamente económica, sea mediante una dominación política abierta, el imperialismo de Estados Unidos asegura su dominación. Busca en América del Sur la seguridad de salida a sus productos, que el capitalismo europeo ya no puede asegurarle debido al desquiciamiento de su base social.

    La doctrina Monroe permite a los imperialistas norteamericanos asegurar su conquista económica de América Latina. Los empréstitos, las nuevas inversiones de capitales norteamericanos en explotaciones industriales, comerciales y bancarias, las concesiones de ferrocarriles y de empresas marítimas, la adquisición de yacimientos de petróleo, estas múltiples formas de expansión de la penetración económica yanqui muestran cómo el capitalismo norteamericano desea convertir a América del Sur en la base de su potencia industrial.

    Esta precaución económica incita también a las diversas burguesías nacionales a intervenir en las luchas imperialistas de América Central, de Panamá, de Colombia, de Venezuela, del Perú. La burguesía de todas las Américas prepara la reacción contra el proletariado convocando a congresos policíacos, y cuando los obreros de América del Sur se oponen a los intentos criminales del capitalismo yanqui, como durante el proceso de Sacco y Vanzetti, las clases gobernantes reprimen estas demostraciones proletarias para demostrar su sumisión interesada y consciente al imperialismo del Norte. La unión panamericana de la burguesía es un hecho evidente, así como su objetivo de mantener los privilegios de clase y el régimen de opresión.

    El deber del proletariado de América del Sur.

    ¡Obreros y campesinos de América del Sur! El imperialismo capitalista introduce los antagonismos mundiales que provocaron entre los pueblos de Europa la guerra más sangrienta y la mayor reacción.

    Ya es hora de unir las fuerzas revolucionarias del proletariado, puesto que los capitalistas de toda América se unen contra la clase obrera.

    Camaradas, los obreros y los campesinos de América del Sur aun no tienen organizaciones de lucha de clase disciplinadas y la unión de acción necesaria. Vuestra clase gobernante se apoya en la potencia formidable de Estados Unidos para aplastar vuestros esfuerzos, reprimir vuestras acciones liberadoras e impedir cualquier intento revolucionario de vuestras masas oprimidas.

    ¡Obreros y campesinos! La Internacional Comunista os llama. NO olviden que en Estados Unidos hay comunistas dispuestos a ayudarlos en la lucha revolucionaria. La lucha común de los proletarios de todos los Estados de América contra todos los capitalistas americanos solidarios es una necesidad vital para la clase explotada. Se impone como la única vía de vuestra salvación. El ejemplo heroico de la revolución rusa que llevó a cabo una lucha encarnizada contra el capitalismo internacional les hará comprender el destino que les espera si permanecen indiferentes mientras que la clase poseedora agrava la explotación capitalista. En vuestros países, los antagonismos entre la alta finanza y la industria aumentan y los conflictos imperialistas mundiales amenazan arrastrarlos, a vosotros también, a matanzas.

    Camaradas, a la ofensiva burguesa, oponed la unidad proletaria. Organizaos, unid vuestra acción revolucionaria a la acción de la clase obrera y campesina de toda América y de todos los países del globo. Luchad contra vuestra propia burguesía y lucharéis contra el imperialismo yanqui que encarna en sumo grado la reacción capitalista. Uníos en torno a la bandera de la revolución rusa que creó las bases de la revolución proletaria mundial.

    Como en la revolución rusa, os prepararéis para transformar cualquier intento de guerra en lucha abierta de la clase obrera contra la burguesía. Como ella, llevaréis a cabo la acción contra el imperialismo preparando la dictadura proletaria que destruirá en toda América la dictadura burguesa. Si seguís divididos y desorganizados, la burguesía americana os degollará, aplastará vuestras acciones y aumentará la explotación capitalista arrancándoos vuestras conquistas. La lucha contra vuestra propia burguesía será cada vez más la lucha contra el imperialismo mundial y se convertirá en una batalla de todos los explotados contra todos los explotadores.

    ¡Camaradas! ¡Organizaos! Fortaleced vuestros partidos comunistas y creadlos allí donde aún no existen. Unid vuestra acción a la acción de todos los comunistas de América. Organizad al proletariado revolucionario que lucha con la Internacional Sindical Roja y trabajad para que existan en toda América secciones de la Internacional Comunista y de la Internacional Sindical Roja.

    ¡Viva la Internacional Sindical Roja! ¡Viva la Internacional Comunista! ¡Viva la Rusia de los Soviets! ¡Viva el proletariado revolucionario de América y viva la Revolución mundial!”

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    Lucas

    06/12/2013 at 13:28

  2. Me doy cuenta que resultan textos muy largos. El otro se llama “América del Sur, base colonial del imperialismo norteamericano.”, se consigue en la web. Otro texto que también se puede considerar como “anti-marxismo nacional” es “Punto de vista antiimperialista” de Mariátegui que, precisamente dice “somos antiimperialistas porque somos socialistas”
    Saludos

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    Lucas

    06/12/2013 at 13:32

  3. Rolando,
    Me parecen muy bueno éste y tu anterior artículo. Una dimensión que me parece por demás interesante a y no abordas directamente es la relacionada sobre la naturaleza en la que dichos militantes/intelectuales/etc. colaboran con un gobierno burgués. Básicamente es la falta de un programa político que sepa mantener la distinción entre un proyecto político emancipador y una alianza “necesaria” (fuera por las razones que fuera) con la burguesía. Que delimite en que, hasta cuando y como se va a tejer esa alianza y bajo que condiciones.
    Obviamente por programa político no me refiero a una intención de intereses más o menos vaga sino a un programa de realización del mismo que justifique la alianza que se esta haciendo. Sin esa orientación programática es por demás esperable que sea el proyecto de la burguesía el que triunfe independientemente de las intenciones iniciales de los individuos que participan. Creo que un mal diagnóstico, tomemos por caso el de Abelardo Ramos, puede estar presente en cualquier grupo de militantes sinceros y es justamente la puesta en práctica con un programa donde debe ponerse a prueba. Caso contrario se produciendo un corrimiento contra esa “izquierda abstracta” que no se atreve a mojarse, estar con el pueblo y demás justificaciones.
    saludos!

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    bla

    06/12/2013 at 13:44

    • Más allá de Ramos y sus desaciertos la clase obrera en los países del “1er. mundo” cuenta, en términos generales, con algo más que lo mínimo necesario para subsistir y procrear como decía David Ricardo. En tanto cuanti y cualitativamente las condiciones de vida para la clase trabajadora en los países dependientes son objetivamente inferiores que la de sus hermanos de países “centrales”, llegando al extremo de niveles inferiores a los necesarios para la subsistencia. Datos indirectos: diferencia en los indicadores de salud (las tasas de mortalidad infantil, bajo peso y desnutrición infantil, expectativa de vida, enfermedades prevalentes, etc). Entonces los trabajadores de los países dependientes viven menos y peor que los de los países desarrollados, por ende no es desacertado concluir que la clase obrera en esos países colonizadores en alguna medida se beneficia de la explotación de sus congéneres de clase en los países postergados. Si bien esta no constituye una contradicción principal, hay un conflicto de intereses que no puede soslayarse. Los explotadores son los mismos y no tienen contradicciones entre sí realmente significativas (mito de las burguesías nacionales)

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      ricardin

      06/12/2013 at 21:22

    • Del hecho cierto que los trabajadores de los países avanzados tienen un mejor nivel de vida (un salario real más elevado) que los trabajadores de los países atrasados, no se deriva necesariamente que exista explotación de los países atrasados por los países adelantados. Para ponerlo de manera más clara: no entiendo por qué ni cómo Argentina, como país (que para colmo recibe una jugosa renta agraria) es “explotada” por otros países. La burguesía argentina es explotadora, no es explotada; de la misma manera que lo son las burguesías de los países adelantados. La explotación es de clase. Un obrero de EEUU puede ser tan explotado, o más, que un trabajador argentino.

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      rolandoastarita

      06/12/2013 at 21:42

    • ¿Cual sería esa ‘alianza necesaria’? Si es la alianza con la burguesía nacional ‘antimperialista’ es puro fraude. El único ‘programa’ que podría justificarla es el de la ‘revolución por etapas’, es decir, un anacronismo estalinista convertido en arma contra la auténtica y única revolución proletaria posible: la lucha a muerte contra la burguesía y su estado. El esquema es así: Hoy servir a la burguesía como pasto de explotación y carne de cañón. Socialismo, el día del arquero. Lo de Ramos no es ‘mal diagnóstico’ (se equivocó con Menem) sino, prostitución política bajo cualquier variable pro capitalista. Ese ‘programa’ ya se puso a prueba infinidad de veces y su única consecuencia fueron derrotas obreras, pagadas con sangre y plusvalor. El problema no es la ‘izquierda abstracta’ que no quiere estar con el pueblo, lo que es mil veces falso, sino, la ‘izquierda’ cortesana en busca de que ‘el pueblo’ o sea, la fictio iuris en que se envuelve la burguesía explotadora, privilegiada, opulenta y racista, le tire un hueso para que engañen a los trabajadores y los convenzan de vender la primogenitura por un plato de lentejas.

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      AP

      06/12/2013 at 22:18

  4. Las conclusiones politicas de JAR son las curiosidades del proceso historico, aún no explicadas por el marxismo. Como es posible que un individuo con su nivel cultural llegará de hecho a formular la seudo-teoria de la “revolucion por etapas” del estalinismo, mejor explicada que este?? Para los que hemos comprendido, que el proceso histórico engloba a los paises capitalisas avanzados y los atrasados y que la ley de desarrollo desigual y combinado explica el atraso de estos ultimos y como solo la clase obrera gobernando puede solucionar tal atraso, la lectura hoy de “Historia de la Nacion Latino-americana” nos parece estar leyendo un cuento de fabulas para niños. En lo que si sirven las conclusiones de Ramos es para explicar la caracterizacion y surguimiento del chavizmo, no es otra cosa mas que el peronismo vestido de “rojo”.
    Por otro lado por sus concepciones sobre la “revolucion permanente”, por eso el estaliniso mandó matar a Mella.

    Saludos, Rolando, muy buena nota

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    ariel quiroga

    07/12/2013 at 11:41

  5. No se si alguna vez leyo “Industria, burguesía industrial y liberación nacional” de Milciades Peña, ahi el historiador troskista dedica unas 30 paginas o mas destruyendo las bases de esa abominacion llamada marxismo nacional de Ramos

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    Sergio

    17/04/2015 at 17:14

    • Sí, leí a Milcíades Peña, cuando era joven era una lectura casi obligada en la izquierda no stalinista o no nacionalista. Peña de todas maneras acepta el supuesto que en los años 1960 a 1970 compartía casi toda la izquierda, a saber, que estaba planteada la tarea histórica de lograr la liberación nacional. Solo algún grupo muy pequeño en la izquierda cuestionó por aquel entonces esa premisa. De todas formas la crítica de Peña a Ramos fue tan contundente que Ramos nunca la pudo responder.

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      rolandoastarita

      17/04/2015 at 17:46


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