Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Teorías del valor: austriacos vs marxistas (1)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn esta nota presento la primera parte de un escrito que preparé para la intervención de apertura en el debate sobre teoría del valor con Juan Carlos Cachanosky (ver aquí), quien adscribe a la corriente de economistas conocida como “austriaca”, esto es, ubicada en la tradición de Menger, Böhm Bawerk, Wieser, von Mises y Hayek.

Debido a las limitaciones de tiempo, en mi intervención sólo utilicé una parte del texto que había preparado. Aquí lo presento de forma completa, pero además agregué pasajes en respuesta a objeciones y críticas que realizó JCC en el debate, así como también respondo (en la segunda parte de esta nota) a una crítica por escrito que puede consultarse en

http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/03/10/cambio-de-preferencias-sin-cambios-en-los-precios-relativos/.

La relevancia del debate justifica que le dediquemos tiempo y espacio (de ahí que voy a publicar el escrito en varias partes, para que la gente tenga tiempo de evaluar a fondo los argumentos). Como es conocido, la teoría del valor trabajo de Marx es la base de su explicación del origen del plusvalor. De manera que sustenta la crítica del modo de producción capitalista. La teoría del valor utilidad, por el contrario, niega que el capitalismo sea un modo de producción basado en la explotación, y se presenta como una alternativa radical a la teoría de Marx. Dado además que las dos teorías postulan una fuente del valor autónoma –trabajo o utilidad- ambas evitan incurrir en un razonamiento circular; lo cual nos lleva de manera directa a las cuestiones teóricas fundamentales. Aclaro que hay razonamiento circular cuando se afirma, por ejemplo, que el valor del bien X está dado por el valor del trabajo empleado en producir X, ya que aquí la explicación sólo remite del valor de X al valor del trabajo empleado en X.

A fin de introducir las cuestiones en discusión, comienzo destacando los muy diferentes enfoques y explicaciones del movimiento tendencial de los precios que se desprenden de ambas teorías.

La teoría austriaca del valor utilidad

Una ventaja que tiene el polemizar con los economistas austriacos es que éstos, a diferencia de los neoclásicos modernos, sostienen que es necesaria una teoría del valor, y que además, las cuestiones fundamentales no se resuelven apelando a formulismos matemáticos, como se estila en los manuales de microeconomía usuales. Por eso, la polémica gira en torno a los principios conceptuales, a los fundamentos.

La idea primordial de los austriacos es que el valor deriva de la utilidad que el consumidor asigna al bien que compra. Por eso, el énfasis está puesto en la relación del individuo con sus necesidades y el bien. “El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos”, escribe Menger (p. 108). En consecuencia, el valor “es la significación que unos bienes concretos o cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades” (pp. 102-3). La valuación que realiza el consumidor consiste en preferir un incremento particular de una cosa sobre incrementos de cosas alternativas (una forma de evitar la objeción conocida como “la paradoja del diamante y el agua”, ver más abajo). El individuo establece una escala o ranking de preferencias, y los precios constituyen el reflejo de esa escala.

Por lo tanto, y siempre según los austriacos, el valor no se produce ni puede producirse. De ahí que rechacen la tesis de que el capital genere valor y que el interés se explique por la productividad marginal del capital; o que el salario sea igual a la productividad marginal del trabajo. Como explica Böhm Bawerk, la producción sólo genera bienes que tienen valor a partir de la valorización que hacen de ellos los consumidores. De aquí también que el valor de los medios de producción se establezca por imputación “hacia arriba”, a partir del valor de los bienes finales, o de consumo. Por ejemplo, el precio de una herramienta que se utiliza para producir bauxita deriva de la utilidad del consumo del aluminio; utilidad que determina la utilidad de la alúmina y por lo tanto su precio; del que a su vez se deriva la utilidad y el precio de la bauxita; de la que a su vez se deriva la utilidad y el precio de la máquina que permite extraer la bauxita. Los austriacos sostienen que esto no tiene nada de artificioso, y que cualquiera puede deducir muy fácilmente la forma en que se determinan los precios. El valor, según esta óptica, siempre deriva de la significación que los consumidores finales dan a los bienes.

La teoría marxista del valor y dos tipos de precios

La teoría de Marx sostiene que el valor es generado por el trabajo humano; por eso tienen valor las mercancías que son reproducibles con trabajo humano. En el capítulo 1 de El Capital Marx define al valor como tiempo de trabajo socialmente necesario, objetivado, en la mercancía (ampliamos más adelante). Esta idea general, sin embargo, es presentada en dos instancias que se corresponden tanto a la concatenación lógica de los argumentos, como al desarrollo histórico. La primera, contenida en los primeros capítulos de El Capital, supone una sociedad de productores simples de mercancías, y la libre competencia. Esto significa que todavía no hay capital, trabajo asalariado ni plusvalía. Dado que la tesis central es que el trabajo es la única fuente de valor, se desprende muy fácilmente (una demostración rigurosa más adelante) que en una sociedad de productores simples de mercancías (esto es, con tasa de ganancia cero) los precios son, aproximadamente, directamente proporcionales a los tiempos de trabajo requeridos para su producción, dada una tecnología e intensidad promedio.

Naturalmente, la idea de que la única fuente del valor es el trabajo humano social es el basamento de todo el desarrollo teórico posterior de Marx. Es que admitida la tesis, deberá admitirse luego que la plusvalía es tiempo de trabajo no pagado. Por eso los economistas austriacos están obligados a criticar la teoría de Marx en este nivel. De manera que nos focalizaremos en este análisis de Marx, que a su vez contiene una crítica a cualquier intento de explicar el valor por la utilidad.

La segunda instancia de la presentación de Marx ocurre cuando tenemos en cuenta que en el modo de producción capitalista las mercancías no se intercambian como productos de productores simples, sino como productos de capitales que exigen participación en la masa global de plusvalía en proporción a su magnitud, aunque sus composiciones de valor (esto es, de capital constante y capital variable) sean distintas. Por lo tanto, las mercancías, en tanto productos del capital, se intercambian a precios que oscilan en torno a los precios de producción. Es que a través de los mecanismos competitivos surge una tasa media de ganancia que determina el recargo que el capitalista hace sobre los costos de producción (lo invertido en salarios y medios de producción). Es lo que en los libros de texto de economía aparece como el mark-up, del que nadie parece dar cuenta teórica. En la teoría de Marx ese mark-up está determinado por la ley del valor trabajo.

Vemos entonces que Marx sostiene que los precios en la sociedad capitalista no pueden ser proporcionales a los valores. Por eso distingue dos escenarios, uno que corresponde a una sociedad de productores simples de mercancías, otro configurado por la producción capitalista de mercancías. De manera explícita sostiene que los precios directamente proporcionales a los valores corresponden a “un estadio muy inferior al intercambio a precios de producción, para el cual es necesario determinado nivel de desarrollo capitalista” (p. 224, t. 3). Los precios de producción, en cambio, corresponden a un modo de producción capitalista. Entonces que el caso de la producción simple de las mercancías puede considerarse una variante del caso particular (composiciones orgánicas iguales en todas las ramas) de la explicación más compleja, referida a los precios de producción.

Críticas sin sustento

Si bien el nudo de las diferencias entre los marxistas y austriacos está en los argumentos en torno al capítulo 1 de El Capital, los austriacos insisten en que la teoría de Marx fracasó a causa de la distinción entre precios directamente proporcionales a los valores (correspondientes a una sociedad sin capital) y precios de producción (correspondientes a una sociedad capitalista). La crítica se desarrolla en base a tres argumentos: el primero atribuye a Marx ideas que no dijo; el segundo afirma que hay contradicción lógica entre los dos tipos de precios; el tercero sostiene que el planteo es incorrecto porque es complicado, y esa complicación deriva de postulados ad hoc.

En relación al primer argumento, el falseamiento de lo planteado por Marx se advierte claramente en la Historia del pensamiento económico de Murray Rothbard, en el capítulo dedicado a la teoría económica de Marx, en el volumen 2. Para aquellos que no lo conozcan, digamos que Rothbard, fallecido en 1995, continúa siendo uno de los principales referentes de la corriente austriaca. Sus obras se han traducido a varios idiomas, se utilizan como libros de texto, y dentro de la escuela se lo cita aprobatoriamente con frecuencia.

Pues bien, Rothbard afirma que, según Marx, en la sociedad capitalista los precios son proporcionales a los tiempos de trabajo empleados en la producción. Sin embargo, Marx dice explícitamente que no son proporcionales. Rothbard también sostiene que Marx no solucionó la cuestión planteada por el hecho de que, según la teoría del valor, el trabajo es la fuente de la plusvalía, las composiciones orgánicas entre ramas difieren, y las tasas de ganancia tienden a igualarse. Falso de nuevo, Marx dejó una solución al problema. A Rothbard puede no gustarle, pero no puede negar que está presentada la solución a un problema en el que se había trabado Ricardo. En otras notas, además, he demostrado que el llamado problema de la transformación no presenta ninguna dificultad particular (aquí y aquí). Rothbard también afirma que a causa de las contradicciones que enfrentaba en su teoría, Marx “muy pronto dejó de trabajar en El Capital” (447). Pero éste es otro disparate: Marx trabajó en esa obra hasta poco antes de morir; de hecho, le dedicó 38 años de su vida.

En este punto entonces es necesario hacer una observación de método: toda crítica exige como premisa el rigor, y éste debe empezar por reconocer el principio de “realismo epistemológico” en referencia a los textos. Como dice Umberto Eco, las interpretaciones de texto son abiertas, pero esto no puede tomarse como sinónimo de arbitrariedad, ni para hacerles “decir” lo que nos conviene. Por caso, no se puede atribuir a Marx la idea de que el trabajo tiene valor; o que la tierra es capital; y similares afirmaciones, como hacen libremente los economistas austriacos. Este proceder, además, nos obliga a estar siempre despejando falsedades y confusiones, con el resultado que se oscurecen los argumentos principales. Curiosamente, por otro lado, Rothbard afirma que los marxistas “no actúan como científicos honestos” (p. 449, t. 2).

Voy ahora al segundo cargo austriaco, que dice que Marx incurrió en contradicción lógica al afirmar la existencia de los dos tipos de precios. Para sostener esta acusación, y teniendo en cuenta el principio aristotélico de no contradicción, habría que demostrar que Marx afirma que un mismo sujeto (en este caso, el modo de producción capitalista) tiene, bajo el mismo respecto y contemporáneamente, dos determinaciones opuestas (precios directamente proporcionales a los tiempos de trabajo y precios determinados por la igualación de la tasa de ganancia). Por supuesto, los economistas austriacos no tienen manera de demostrarlo, porque Marx dice precisamente lo opuesto. Sin embargo, insisten con la cantinela de la “contradicción”.

Por último, tenemos la crítica que dice que la distinción entre los dos tipos de precios de Marx es un agregado ad hoc, para “salvar” afirmaciones anteriores, y por eso conforma una teoría demasiado complicada. Un argumento que ha repetido Juan Carlos Cachanosky en el debate, y no sólo en lo referido a los precios de producción. Así, aplicó esta crítica a las distinciones entre valores y precios, entre valor de la fuerza de trabajo y trabajo, y entre tierra y capital. Se trataría de soluciones propuestas por Marx a problemas específicos, no generalizables, y concebidas para salvar el núcleo central de su teoría de supuestas anomalías (es lo que se entiende en filosofía por explicaciones ad hoc).

La respuesta a esta crítica es sencilla: no existen los planteos ad hoc cuando las distinciones conceptuales se corresponden con el desarrollo lógico. En otros términos, para decir que se trata de soluciones específicas agregadas a posteriori del planteo conceptual primero, hay que demostrar que no existe conexión interna entre las categorías tratadas y esas “soluciones”. Y esto es lo que no pueden hacer Cachanosky ni el resto de los críticos austriacos cuando abordan la teoría de Marx. Por ejemplo, ya en el mismo planteo de qué es valor está contenida la distinción entre valor y precio, así como la tesis de que el trabajo no tiene valor. No se puede entender la noción de valor, presentada por Marx en el capítulo 1 de El Capital, si se pasan por alto estas cuestiones, ya que son inherentes al concepto. Pero Cachanosky, o Rothbard, ni siquiera se detienen en ellas, y por eso no tienen manera de demostrar que, por ejemplo, la distinción entre valor y precio sea un postulado ad hoc. Pero si aquí no hay solución específica, mal se puede afirmar que hay contradicción entre valor y precio de producción; o que el último constituye una solución ad hoc para proteger la teoría del valor de eventuales refutaciones.

 Ante esto, sólo quedaría como recurso a los críticos afirmar que la teoría de Marx debe de estar equivocada porque los conceptos en sí son complicados (fue insinuado en el debate). Con lo cual tendríamos como bonita conclusión que la validez científica de una teoría estaría condicionada a la simpleza de sus afirmaciones. Algo así como “cuanto más simplota una teoría, tanto mejor”. Pero este criterio llevaría al desastre a cualquier ciencia. ¿Qué diríamos del físico que rechazara la teoría de la relatividad, o la mecánica cuántica, por ser “demasiado complicadas”? En particular, las relaciones sociales son complejas, y por eso no siempre se dejan captar con las nociones simples, que son las que generalmente expresan los fenómenos de “superficie” de la sociedad.

Bienes reproducibles, no reproducibles y la generalidad vacía

Señalemos también que la teoría del valor trabajo de Marx se aplica a los bienes que son reproducibles, de manera que supone que hay competencia por el lado de la oferta. Si alguien es propietario de una damajuana de agua en el desierto, y está frente a una persona que desfallece de sed, podrá vender el agua según la desesperación y recursos que tenga la persona sedienta (y según la codicia del vendedor). Casos como éste hacen las delicias de los austriacos. Pero aquí el marxismo sostiene que no hay ley que rija el precio; éste depende del capricho y de la intensidad del deseo de compra. El economista austriaco dice lo mismo, pero agrega que esa declaración constituye una “teoría del valor”. Un marxista dice, en cambio, que esa afirmación no encierra teoría alguna (porque es imposible establecer vinculaciones sistemáticas entre variables que determinen el precio). Y agrega que sólo hay teoría cuando hay ley económica, y que esta última opera sólo si hay competencia por el lado de la oferta. En términos modernos, si la curva de oferta es horizontal (competencia por el lado de la oferta y suponemos rendimientos constantes) la curva de demanda sólo determina la cantidad transaccionada, no el precio. Y en este caso, dice Marx, hace falta una teoría que dé cuenta de una ley económica.

En cuanto a los casos del tipo “desierto y soy el único que ofrece agua a caminantes sedientos”, si bien no están sometidos a ley económica alguna, no son importantes para entender el funcionamiento del capitalismo. Es que el modo de producción capitalista no se distingue por la escasez de la oferta, sino por la capacidad de reproducir, y en escala ampliada, la oferta (¿alguien oyó hablar de la producción en masa?). Por eso Marx (también Ricardo) distingue entre el escenario de monopolio y el escenario de la libre competencia: en el primero no hay ley económica que explique los precios. El economista austriaco volverá a decir que es más sencillo explicar que el precio depende de la significación que el consumidor da al objeto, sea bajo monopolio (desierto, sed, único poseedor de agua) o libre competencia (supermercado con muchas botellitas de agua de varias empresas y consumidores comparando precios). A esto le llamará una “teoría general del valor”. Desde el enfoque marxista, se trata de una generalidad vacía: cuando el universal pasa por alto la riqueza de lo particular, es abstracto y deja de explicar. Casos particulares esencialmente distintos no se pueden subsumir bajo el mismo universal sin deslizarse a la vaciedad.

La ley del valor trabajo gobierna los precios de producción

Una tesis clave de Marx, y relacionada con este debate, dice que al introducir los precios de producción como los centros de gravitación en torno a los cuales giran los precios del mercado, la ley del valor trabajo sigue rigiendo los precios. Esto sucede por dos razones. La primera, porque la ganancia es valor generado por el trabajo humano. Esto significa que la masa de ganancia que se apropia el capital de conjunto no es arbitraria, y por lo tanto, tampoco lo es la tasa media de ganancia.

La segunda forma en que se evidencia que la ley del valor gobierna los precios de producción es por los cambios en la productividad, y sus efectos en los precios. En palabras de Marx: “La ley del valor rige su movimiento (de los precios de producción) al hacer que la disminución o el aumento del tiempo de trabajo requerido por la producción haga aumentar o disminuir los precios de producción” (p. 227, t. 3). Esto significa que, según esta teoría, los precios de los productos de las ramas en que haya mayor aumento relativo de productividad (o sea, reducción de tiempo de trabajo por unidad de producto) caerán, en promedio; y lo inverso sucederá con los productos de las ramas con menores ganancias de productividad.

La necesidad de explicar lo que sucede

Salgamos ahora un momento del gabinete de discusión para echar un vistazo a algunas realidades. Tomemos los precios del petróleo en EEUU. Éstos se mantuvieron relativamente estables durante décadas; entre 1948 y 1973 oscilaron (a precios constantes) entre los 22 y los 25 dólares. En 1973 dieron un salto a 44 dólares, luego fluctuaron con un pico de 106 en 1980, mínimos de 17 en 1998, para comenzar a subir sostenidamente desde 2000, ubicándose en 91 en 2013 (datos del Bureau of Labor Statistics, EEUU). Según especialistas en petróleo y ejecutivos de la industria, el ascenso tendencial de los precios del petróleo y del gas, en particular desde principios de los 2000, se debe a que ya se están agotando las fuentes tradicionales de petróleo barato, y cada vez es necesario ir a pozos más profundo, y muchas veces más lejanos de los centros de consumo. Actualmente un pozo de 3000 metros de profundidad en el océano, y un gasoducto de 2000 o 3000 kilómetros pueden exigir inversiones de varias decenas de miles de millones de dólares. Dados estos aumentos de costos, los ejecutivos de la industria pìensan que los precios se van a mantener altos en los próximos años. Desde el punto de vista del marxismo, este movimiento tendencial de precios no resulta difícil de explicar: en promedio, hay que destinar más tiempo de trabajo social a la producción de petróleo y gas porque bajó la productividad al agotarse los recursos más accesibles. El economista austriaco, en cambio, explicará que los precios simplemente aumentaron porque la gente decidió darle esa significación a los bienes de consumo que contienen derivados del petróleo (recordar el ejemplo de la bauxita).

Tomemos ahora los productos agrícolas, más precisamente, del maíz, en EEUU. Entre 1950 y 2000 la cantidad de trabajo necesaria para producir 100 bushels de maíz bajó de 20 horas a 3 horas (el cálculo lo hizo la USDA), Entre 1950 y 2000 cada granjero de EEUU produjo en promedio 12 veces más de output agrícola por hora trabajada que un granjero en 1950. Entre 1948 y 2004 el empleo agrícola disminuyó 3,2% por año pero el producto por trabajador aumentó 4,9% por año, Los precios agrícolas bajaron en relación al índice general de precios: con base 100 en 1948, en 2004 estaban en alrededor de 200 mientras el índice general de precios rondaba 680. En 1950 el bushel de maíz ajustado a dólares de 2010 estaba a 12 dólares. En 1999 estaba a 3 dólares, o sea, había caído 75% entre 1950 y 2000. En los 2000 el maíz aumentó, debido al aumento de la demanda y la reducción de tierra arable. Pero aun así, en términos reales el precio del maíz, a fines de 2013, estaba más bajo que a comienzos de los años 1980 (Fuglie, McDonald, Ball, 2007). Los autores sostienen que estos aumentos de productividad están detrás de la caída tendencial de los precios. Es una explicación lógica desde el punto de vista de la teoría de Marx. Pero no para el austriaco, que nos volverá a decir que los precios son lo que son porque los consumidores le dieron esa significación a los granos y otros productos agrícolas.

Vayamos a otro ejemplo, ahora más general. Según datos del Bureau of Labor Statistics los sectores con ganancias más altas en productividad por hora de trabajo entre 2000 y 2010 fueron equipos de telecomunicaciones sin cable (16,5% anual); manufactura de computadoras y equipo periférico (9,5%), equipos electrónicos; otras industrias, como producción de vehículos (5,4%), también tuvieron aumentos significativos de productividad. Para el promedio de la economía no agrícola la productividad aumentó al 2,4% anual, y en extracción de gas y petróleo descendió el 2,5% anual.

Luego el BLS constata que en las industrias en las que cayeron los precios estuvieron asociadas generalmente con aumentos de productividad: equipos de telecomunicación sin cable, manufactura de computadoras y equipos periféricos, electrónica, manufactura de semiconductores y otros componentes, tuvieron fuertes aumentos de productividad y esos productos experimentaron sustanciales caídas de precios entre 2000 y 2010. En contraste, minería de carbón, acero, tapicería y reparación de muebles, mostraron caídas de productividad y aumentos de precios. De manera que la evidencia recogida por el BLS parece de nuevo explicarse bastante bien con la teoría del valor trabajo de Marx. Pero el economista austriaco volverá a protestar: los precios relativos de los bienes informáticos y telecomunicaciones bajaron y los de minería subieron porque así lo quisieron los consumidores.

Llegados a este punto, regresemos a la discusión teórica fundamental: la que gira en torno a las primeras páginas de El Capital. Mi argumento es que la teoría del valor trabajo explica muy bien los resultados anteriores, y que se puede demostrar por qué la teoría de la utilidad no puede hacerlo. Lo que equivale a afirmar que es empíricamente irrelevante.

Bibliografía:
Fuglie, K.; J. McDonald, E. Ball (2007): “Productivity Growth in U.S. Agriculture”, United States Department of Agriculture, Economic Research Service, September.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Menger, C. (1985): Principios de economía política, Madrid, Orbis.
Rothbard, (1995): Historia del pensamiento económico, Madrid, Unión Editorial.

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Teorías del valor: austriacos vs marxistas

Written by rolandoastarita

12/03/2014 a 15:32

59 comentarios

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  1. Muchas gracias profesor.

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    Ruben Figueroa

    12/03/2014 at 15:45

  2. En PdVE han agregado este nuevo post (por si le interesa para la 2da nota): http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/03/12/la-fuerza-empirica-de-la-teoria-del-valor-trabajo-shaikh/

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    Jorge Casanova

    12/03/2014 at 17:59

  3. Hola Rolo
    Muy buena explicación de diferencias entre los austriacos y Marx
    Ahora entendí la diferencia entre los austriacos y los neoclasicos.
    Por curiosidad dentro de los neoclasicos hay cientos de ramas de pensamientos alineadas dentro de la corriente pro-capital, no?
    Gracias
    Saludos

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    Leandro

    12/03/2014 at 20:49

    • La corriente neoclásica conforma la teoría ortodoxa oficial, diríamos; es la micro y macro que se da en los cursos habituales de las carreras de economía.

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      rolandoastarita

      12/03/2014 at 23:17

  4. Lo único que puede unir a las dos teorías es algo así como: “El valor de una mercancía es el trabajo útil que tiene incorporado”. Lo que deberían hallar los científicos en economía es la cantidad de horas de trabajo útil que tiene cada una de las mercancías que existen. Eso sería la verdad científica, y no habría más ninguna duda.

    El único problema es que no se puede hacer. Nunca se sabe cuánto de lo que se produce se va a vender. La teoría marxista lo simplifica con: “Si la mercancía fue intercambiada, entonces tiene valor de uso, y su valor es la cantidad de horas de trabajo para producirla. Y si la mercanía no es intercambiada, entonces no tiene valor porque no tiene valor de uso”. Eso lo dijo el profesor Astarita en el debate, y yo lo escuché. Pero el valor de uso no es binario, las cosas pueden servirle mucho a mucha gente, poco a mucha gente, mucho a poca gente, y poco a poca gente. Y decir que algo que está en una góndola de un supermercado no tiene valor porque no fue intercambiado, es una falla lógica en el pensamiento de Marx. Si la gente está dispuesta a pagar menos de lo que dice el precio de lista por una mercancía, dicha mercancía tiene valor económico.

    También escuché que los precios relativos de dos bienes X e Y tienden a los “verdaderos valores” cuando se igualan las tasas de ganancia, pero eso tampoco es cierto. Si la gente está dispuesta a pagar el doble por un auto azul que por un auto amarillo, producir menos autos amarillos y más autos azules no va a hacer que los autos amarillos terminen teniendo el mismo precio que los autos azules. Esa es una falla lógica de Marx. Si se construyen más departamentos en París y baja el precio de los departamentos en París, no van a llegar a valer lo mismo que los departamentos en Buenos Aires. Los de Buenos Aires también van a bajar y la relación de precios relativos se va a mantener porque nadie está dispuesto a pagar lo mismo por un departamento en Buenos Aires que por un departamento en París.

    Y para variar, volviendo a lo de los autos, la pintura azul va a ser más cara que la amarilla porque los empresarios demandarían hacer más autos azules que amarillos. ¿Cómo pueden tender los precios de los dos tipos de auto a lo mismo, si según Marx el costo mayor de la pintura azul impactará con más fuerza en el precio del auto azul? Otra contradicción lógica más que tiene la teoría marxista.

    Profesor, espero sus insultos de siempre…

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    Guido

    12/03/2014 at 22:24

    • Brillante como siempre lo suyo Guido.

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      12/03/2014 at 23:08

    • Y hay una cosa que no se respondió debido a un fallo de conexión. JCC preguntó ¿cual es la UNIDAD que usó Marx para medir? Me pareció que no pudo constestar porque no lo escuchó.

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      Carlos

      13/03/2014 at 07:38

    • Esa pregunta efectivamente no la escuché. De todas maneras, es muy sencilla y se considera en la segunda parte de la nota.

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      rolandoastarita

      13/03/2014 at 10:23

    • No es muy dificil de entender como Marx explica la tendencia de los precios. Si por alguna extraña razón, los autos azules se pueden vender al doble que los amarillos, los capitales van a migrar hacia la fabricación de autos azules y van a competir entre sí haciendo que el valor de los mismos baje hasta el de los precios de producción. Lo mismo para los fabricantes de pinturas. Estas serían las tendencias objetivas generales, que no se visibilizan de manera lineal ni instantánea, como lo son las fotos de la realidad a la que usted se refiere como contradicciones lógicas.
      Mientras operan estas tendencias, quiza usted conozca algún capitalista que tuvo suerte y pudo vender una partida de autos azules al doble y a otro al que le quedaron de clavo autos amarillos y los tiene que malvender a la mitad. Estos son casos particulares. Pero esos capitalistas ya estarán repensando cómo van a re-invertir.
      Otra solución es que salga campeón boca, y se empiecen a vender autos azules y amarillos.

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      Hugo

      13/03/2014 at 10:52

  5. Hola, Me pareció muy didáctica la explicación en continuidad del debatre con JCC. Sin embargo en la respuesta a la segunda crítica de la escuela austríaca me perdí un poco; agradecería mucho un pequeño desarrollo.
    Por otro lado creo que iba a salir lo que habías preparado, Rolando, como primera intervención para el debate en formato escrito. Si ya lo publicaste por favor podrías facilitarme el link y sino lo espero.
    Muchas gracias.
    Guido.

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    guido

    13/03/2014 at 00:00

    • No entiendo bien el pedido. Lo que había escrito para la intervención (y sólo utilicé una parte) es lo que ahora estoy publicando “por entregas”, con varios agregados que responden a críticas que se hicieron en el debate (y me permiten profundizar a la vez en la crítica a la teoría del valor utilidad).
      En lo que respecta a la que llamé segunda crítica de los austriacos, el asunto es sencillo. Ellos dicen que Marx sostuvo que en el capitalismo rigen precios directamente proporcionales a los tiempos de trabajo, y al mismo tiempo dijo que en el capitalismo rigen precios de producción que no son directamente proporcionales a los tiempos de trabajos. Si esto fuera así, conformaría una contradicción lógica. Recordar que según el principio de no contradicción de Aristóteles, no podemos decir que Sócrates al mismo tiempo, y con respecto a esta silla, está sentado y parado. Por supuesto, Marx estaba de acuerdo con este principio, y lo utiliza muchas veces en polémicas y refutaciones a otras teorías. En el texto demuestro que con respecto a los precios-valores y los precios de producción, no hay contradicción lógica, ya que los primeros son los que regirían en una sociedad de productores simples de mercancías, y los segundos rigen como centros de gravitación en una sociedad capitalista.

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      rolandoastarita

      13/03/2014 at 10:32

    • perfecto, muchas gracias!

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      guido

      13/03/2014 at 20:48

  6. Rolando, mientras espero la segunda entrega para las conclusiones en torno a los planteos austriacos, pregunto puntualmente:En el ejemplo que da de la industria del petróleo, si bien es cierto que el “tiempo socialmente necesario para producir X cantidad de petróleo aumenta en principio por el costo cada vez más alto de la inversión inicial para que el pozo empiece a producir (el tema de los pozos tan profundos, mayores costos de bombeo, transporte etc), ¿no es en realidad un ejemplo de aumento de la composición orgánica de capital simplemente? Porque en ese caso puntual, puede que la productividad por obrero se haya mantenido estable al menos en lo que es específicamente la producción del petróleo en sí. Es decir, al menos en términos teóricos, puede darse que se estuviera necesitando una mayor cantidad de capital constante para una misma cuota de producción de petróleo incluso con un aumento de la productividad por hora hombre o a tasa constante, aunque el costo faraónico de la inversión obligue a subir los precios, dejando de lado aquí la consideración de la renta o la finitud de la cantidad de pozos que serían otras determinaciones pero no hacen al eje de mis dudas.

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    Ilichito

    13/03/2014 at 04:00

    • Si en promedio hay que invertir más capital (sea constante o variable) por unidad de producto, esto significa que se está empleando más tiempo de trabajo, directo o indirecto, por unidad de producto.

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      rolandoastarita

      13/03/2014 at 10:22

  7. Profesor, creo que el debate va más allá de la teoría económica, creo que tiene que ver con marcos conceptuales, los adherentes a la teoría austríaca se basan en un binarismo individualista, productor-consumidor en relación uno a uno, mientras que la teoría marxista es holista.

    Corríjame si me equivoco, pero no sería posible entender el valor como un epifenómeno del trabajo socialmente necesario, así como la conciencia es un epifenómeno del “trabajo” cerebral? Y de ahí ladificultad de encontrar una unidad de medida, pero a su vez ser un hecho verificable? Si bien las analogías no son científicamente válidas a veces ayudan a alumbrar ciertos puntos.

    Les pregunto a los austríacos, por qué la Coca-Cola no surgió en el reino Khmer o en Francia, si la demanda es la que determina la existencia y el valor de los productos? Por qué los griegos no inventaron la máquina de vapor, si conocían los principios? Por qué la inventó Watt y no su padre?

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    Tao

    17/03/2014 at 16:06

  8. En los estereotipos o lugares comunes sobre “El Capital” entre sus no-lectores liberales, además de Rothbard, se suelen notar mucho los “aportes” de Schumpeter en “Capitalismo, socialismo y democracia”.

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    Fabián

    19/03/2014 at 17:46

  9. Interesante blog ¿Profesor los recursos naturales tienen valor? ¿Podrian no tener valor pero si tener utilidad? Gracias de antemano, tengo esa duda, pues segun la teoria del valor trabajo, sin trabajo no hay valor por ende los recursos otorgados por la naturaleza no tienen valor.

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    Alfonso Palomino

    24/03/2014 at 17:30

    • La tierra, o las minas, tienen utilidad y precio, pero no tienen valor. El precio de la tierra se deduce de la renta. El tema es tratado por Marx en la anteúltima sección del volumen 3 de El Capital (y en borradores). En mi libro “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo” también dedico varias páginas al análisis de la teoría de la renta de Marx (en relación al conflicto Gobierno argentino – productores sojeros de 2008).

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      rolandoastarita

      24/03/2014 at 18:03

  10. En relación a los precios del petróleo echo de menos una referencia a las maniobras monopólicas de los países productores justamente a partir de 1973, o de situaciones bélicas como las de Oriente medio, que no invalidan la teoría valor trabajo pero sí la matizan de manera insoslayable.

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    RJM

    30/03/2014 at 00:30

    • Las discusiones sobre teorías del valor no son sobre casos particulares, que después de todo han existido a lo largo de toda la historia del modo de producción capitalista. En cualquier caso, la ley del valor hoy tiene mayor vigencia que en cualquier otro período de la historia, dada la escala mundial de la competencia entre capitales.

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      rolandoastarita

      30/03/2014 at 11:16

  11. En el debate con JCC, este hizo mención del ejemplo muy usado por los austriacos en relación a si se utiliza la misma cantidad de tiempo de trabajo para elaborar un vino joven que la que se utiliza para la elaboración de una vino añejo, entonces de acuerdo a la teoría marxista del valor, ambos tipos de vino deberían tener el mismo valor y esto reflejarse en los precios, sin embargo esto no se corresponde con la realidad. En el debate usted responde brevemente a este argumento. ¿Pudiera extenderse un poco?. Un saludo. desde Venezuela

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    JCV

    01/04/2014 at 17:12

    • El caso del vino (que trata Ricardo en el capítulo 1 de los Principios…) es, en esencia, del mismo tipo que cuando tenemos distintas composiciones orgánicas de capital. Supongamos que en una rama A se emplea una unidad de trabajo por la que se paga un salario = 10 libras, trabaja X cantidad de tiempo y genera un valor agregado (el trabajo en Ricardo es la única fuente de valor) de 11 libras. La tasa de ganancia es 10%.

      Supongamos ahora una rama B, que produce vino, que también emplea una unidad de trabajo por la que se paga un salario = 10 libras, trabaja X cantidad de tiempo y también genera un valor agregado de 11 libras (podemos considerar el mismo tipo de trabajo simple). Pero en este caso el vino debe estar estacionado un tiempo X’ antes de salir a la venta. Dado que durante X’ no hay trabajo humano, no puede haber generación de valor. Ahora bien, si el vino se vende a su precio directamente proporcional al valor generado por el trabajo, esto es, a 11 libras, la tasa de ganancia de los productores de vino será menor que la tasa de ganancia de los productores A. Marx resuelve la cuestión en la discusión sobre los precios de producción, aunque no haciendo el supuesto de distintos tiempos de rotación de los capitales (que es el supuesto de Ricardo en el caso del vino) sino de distintas composiciones orgánicas (relación capital constante / variable). Por eso digo que la esencia del problema es la misma (como se admite generalmente).

      La solución de Marx al problema con que se enfrentó Ricardo (cómo puede regir la ley del valor trabajo e igualarse las tasas de ganancia entre ramas?) se conoce como el problema de la transformación de valores a precios (en realidad habría que decir “transformación de precios directamente proporcionales a los tiempos de trabajo, que rigen en una producción simple de mercancías, a precios de producción, que rigen en el capitalismo). Esa solución fue muy criticada. Discuto la cuestión aquí; y en las notas que siguen acerca de los sraffianos.

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      rolandoastarita

      01/04/2014 at 17:43

  12. Con los tres casos no se demuestra nada. Los consumidores son los que primeros eligen qué consumir y obviamente no hay muchos sustitutos a los productos mencionados, con lo cual la demanda no varía mucho. Por lo tanto todo se puede explicar a partir de los costes.

    Hay un ejemplo que me gusta: El tabaco. ¿Qué valor tendrá el producto tabaco en el mercado si de pronto todos dejan de fumar? El valor será el equivalente a la demanda de sus usos alternativos y deseados. Todo proviene de la demanda. La oferta si es cierto que se mide con el valor-trabajo a la perfección, pero sin demanda, no es una teoría válida.

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  13. Señor Astarita

    Un economista austriaco dice que la teoría subjetiva del valor no niega que los costes influyan sobre los precios. Pero los costes son a su vez determinados por la utilidad marginal de aquellos fines más importantes a los que se renuncia (el esencial concepto de “coste de oportunidad”, también desarrollado por la Escuela Austriaca). La teoría subjetiva simplemente dirá: si los costes de producir un libro en formato físico (coste de oportunidad: bienes alternativos con utilidad que podrían haberse producido con esos factores y que no se producen) son superiores a su utilidad marginal, el libro no se producirá. Si no lo son, se producirá hasta el punto en el que su utilidad marginal se iguala con su coste de oportunidad marginal

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    Carlx

    28/04/2014 at 23:24

    • Siguen sin responder los argumentos. Aunque haya demostrado los absurdos de la teoría del valor utilidad, se limitan a repetir siempre la misma cantinela: la utilidad determina el precio y el valor. Se afirma la tesis, y punto. No pueden explicar las cosas más elementales (Menger y Rothbard sobre el intercambio, Bôhm Bawerk sobre capital), pero esto los tiene sin cuidado Por supuesto, hablar de los costos no agrega nada, ya que los costos, en este enfoque, están determinados por la utilidad. Y esta fuente última del valor y del precio no la pueden fundamentar, como he demostrado en estas notas (y otros autores, marxistas o ricardianos, en muchos escritos).

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      rolandoastarita

      28/04/2014 at 23:38

    • Los austriacos explican la formación de precios así;

      ” El subjetivismo simplemente establece que los individuos poseen preferencias, que actúan de acuerdo con esas preferencias y que los precios de mercado son el resultado de unas acciones, llamadas intercambios, que están motivadas por esas preferencias. A partir de aquí, deberíamos ser capaces de deslindar el subjetivismo de otros tres conceptos: las valoraciones arbitrarias, el relativismo o el atomismo.

      Valoraciones arbitrarias

      Un subjetivista no cree que los precios de mercado sean arbitrarios, es decir, que cualquier conjunto de precios de mercado, simplemente por ser de mercado, son correctos o válidos. El subjetivista reconoce que existe un elemento objetivo en torno al cual orbitan a largo plazo los precios de mercado: las preferencias finales (subjetivas) de los agentes económicos. Aquellos precios de mercado que no reflejen adecuadamente las utilidades finales de los bienes, serán precios insostenibles que terminarán corrigiéndose. Repito: no cualquier precio de mercado es válido, sino sólo aquellos que se hallen en armonía con las valoraciones subjetivas de los agentes económicos.
      Además, las escalas de preferencias de los agentes económicos pueden cambiar, en ocasiones con mucha virulencia. La aparición de nuevos productos o de nuevas necesidades modifica la importancia relativa que atribuimos al resto de bienes y servicios. Por no hablar de que el subjetivista no niega la posibilidad de que un individuo se equivoque en sus valoraciones, es decir, que se arrepienta de las decisiones pasadas que tomó. Si yo creo que una determinada novela es excelente, puedo estar dispuesto a pagar un alto precio por ella (es decir, puedo estar dispuesto a renunciar a la adquisición de otros bienes y servicios que valoraba relativamente menos que al novela) pero, tras leerla, puedo descubrir que era una birria y que, por tanto, me formé unas expectativas infundadas.
      Con estas dos aclaraciones, queda claro que el subjetivismo no tiene ningún problema para explicar la aparición de burbujas de precios en determinados activos. Primero, porque las burbujas las forman los especuladores. ¿Y qué es la especulación? Darle una valoración a un bien o activo en función del valor que espero vayan a darles otros agentes económicos. Es decir, yo valoro el bien no en función de cómo ese bien satisface mis necesidades, sino en función del valor que otros creo que le van a otorgar.

      En este sentido, los procesos especulativos pueden ser coordinadores, pero también muy descoordinadores. Si cada agente piensa que el resto de agentes valora altamente el bien (y el resto de agentes puede valorarlo altamente porque espera que, a su vez, los otros lo valoren altamente), el precio de mercado de ese activo se disparará, aun cuando su utilidad final no lo haya hecho: se generan burbujas especulativo, esto es, estimaciones de las preferencias ajenas por parte de los especuladores que están muy alejadas de las auténticas preferencias subjetivas. Así, aparecerá una brecha entre precio y utilidad que sólo se podrá mantener en el mercado en tanto en cuanto la demanda especulativa no pinche (es decir, en tanto en cuanto la gente siga comprando el bien con la expectativa de revenderlo a un tercero): pero cuando un bien carece de demanda final suficiente a su precio actual, es evidente que su precio tenderá a colapsar hasta que se alinee con las preferencias finales de los agentes económicos.
      Además, en el caso de las viviendas se une la circunstancia de que una vivienda recoge la utilidad de muchos servicios futuros esperados. La vivienda es un bien de consumo duradero, es decir, un bien que va proporcionando los servicios por los que es valiosa a lo largo del tiempo. El ser humano no es especialmente sofisticado a la hora de valorar hoy la importancia de las necesidades futuras: no es lo mismo pagar una entrada al cine (la quiero/no la quiero ahora al precio pedido por el oferente) que comprar una vivienda (quiero/no quiero los servicios de habitación de los próximos 30 años al precio pedido por el vendedor). Por tanto, la demanda intertemporal de servicios es un campo donde las preferencias del sujeto están sometidas a un proceso de revisión y corrección mucho más intenso que en otros campos con demanda más inmediata.

      Relativismo

      El subjetivismo ni niega ni afirma la existencia de verdades morales objetivas. Si las preferencias más elevadas de los agentes económicos incluyen el consumo intenso de drogas, el subjetivista se limita a afirmar que los precios de las drogas se determinarán de acuerdo con esas preferencias. Pero el subjetivista no afirma con ello que el consumo de drogas sea bueno. Sólo describe cómo se conformarán los precios de acuerdo con las preferencias de los agentes: no da (ni quita) su aprobación moral al asunto.
      Por tanto, el subjetivista no sólo puede afirmar que los precios de la burbuja necesariamente tenían que revertir hasta alinearse con las preferencias finales de los agentes, sino que también puede afirmar que los elevados precios alcanzados eran moralmente inaceptables. Incluso aceptando que los precios se forman de ese modo, un subjetivista podría proponer controles de precios (otra cuestión es que se equivoque por otros motivos, pero no por analizar el valor económico y los precios desde la perspectiva subjetivista). En ese sentido, no hay incompatibilidad.

      Atomismo

      El subjetivista no afirma que cada individuo conforme su propio precio de mercado, esto es, que haya tantos precios como valores subjetivos existan. Las preferencias son individuales (aunque también pueden ser grupales allí donde existen órganos de decisión colectivas), pero los precios se determinan para el conjunto de participantes en un mercado (cada cual con sus propias preferencias individuales). Podemos ilustrar este punto con el ejemplo que utiliza Böhm-Bawerk para ilustrar la formación de precios a partir de las utilidades subjetivas de los agentes económicos.

      Supongamos el siguiente mercado de caballos: tenemos 10 compradores (A1, A2, A3, A4…) y 8 vendedores (B1, B2, B3, B4…). Cada comprador está dispuesto a pagar hasta un determinado precio máximo (en función de sus preferencias) por comprar un caballo y cada vendedor exige un determinado precio mínimo (en función de sus preferencias) para vender su caballo. Imaginemos que son los siguientes:
      Comprador Precio máximo a pagar Vendedor Precio mínimo a cobrar

      A1 30 B1 10
      A2 28 B2 11
      A3 26 B3 15
      A4 24 B4 17
      A5 22 B5 20
      A6 21 B6 21,5
      A7 20 B7 25
      A8 18 B8 26
      A9 17
      A10 15

      El precio de mercado de los caballos por necesidad se ubicará entre 21 y 21,5 onzas de oro. Si el precio fuera de 20, habría siete personas deseosas de comprar y cinco personas deseosas de vender; eso significa que los siete compradores competirían por quedarse con los caballos y la competencia se traduciría en subidas de precios que excluyeran a los compradores que menos valoran relativamente los caballos. Si, por otro lado, el precio fuera de 25, tendríamos tres personas deseosas de comprar y siete deseosas de vender: en este caso, serían los vendedores los que competirían por colocar sus caballos a los tres compradores y lo harían bajando los precios hasta que los vendedores que más valoraran relativamente los caballos fueran excluidos. A un precio entre 21 y 21,5 onzas de oro, el número de compradores y de vendedores es de seis, es decir, el mercado se vacía: todo el mundo que desea comprar a ese precio puede comprar y todo el mundo que desea vender a ese precio puede vender.

      Nótese que el precio es único para todo el mercado de caballos (vistos como sustitutos perfectos) y que son el resultado no sólo de las preferencias subjetivas de los agentes económicos, sino de las preferencias marginales. Aquellos que determinan el precio de mercado son los compradores y vendedores marginales: esto es, aquellos compradores que primero dejan de comprar ante subidas de precios (o que pasan a comprar ante bajadas de precios) y aquellos vendedores que primero dejan de vender ante bajadas de precios (o que pasan a vender ante subidas de precios). No son ni los compradores que más valoran el bien ni los vendedores que menos lo valoran los que determinan los precios, sino los compradores y vendedores que se hallan en el margen.

      En suma, subjetivismo no es ni valoraciones arbitrarias, ni relativismo, ni atomismo.

      Un saludo

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      Carlx

      29/04/2014 at 08:31

    • Trate de escribir un poco más breve. Después de todo, está repitiendo argumentos ya dichos y refutados. Por más que hable del largo plazo, ustedes no pueden establecer relaciones teóricas entre utilidades y precios. Teóricamente, lo he demostrado en las notas (como antes lo habían hecho otros críticos). Tampoco pudieron responder los casos teóricos que he presentado sobre la incidencia de utilidades y tiempos de trabajo en los precios. Ahora se limitan a repetir el dogma. Por eso, y en tanto no haya alguna novedad en la argumentación, considero esta polémica terminada.

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      rolandoastarita

      29/04/2014 at 10:27

  14. En los debates que leo o participo por internet sobre las teorías del valor estos argumentos de Rallo que escribí son la última palabra desde el sector austriaco.

    Parece que al final todo se basa en una subasta para ellos

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    Carlx

    29/04/2014 at 09:07

    • En el fondo. La alegoría del ‘subastador Walrasiano’ es el summum que han podido alcanzar. Deben estar muy contentos con los programas de subastas que proliferan por TV. Todo el fundamento explicativo se remite a esta paparruchada.

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      AP

      29/04/2014 at 11:15

    • Señor Astarita

      Perdón por la extensión del texto, no son argumentos míos sino de un economista austriaco que critica al marxismo.

      Yo soy un mero aprendiz que estoy de acuerdo con la teoría del valor trabajo pero quiero profundizar más y estoy un poco decepcionado porqué creí que este debate suyo con austriacos iba a dar mas de si y parece que ellos han optado por agachar el rabo y escapar.

      Otra crítica que leo al marxismo es que para que las intensidades de la demanda (y por tanto en las cantidades demandadas) fueran irrelevantes a la hora de determinar el valor (de cambio) de los bienes, esto es, para que sólo contara el tiempo de trabajo que la sociedad decide destinar a cada producto, habría que asumir rendimientos constantes a escala en todas las mercancías y que esto es descabellado.

      Un saludo

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      Carlx

      01/05/2014 at 07:31

    • No hay ninguna necesidad de asumir rendimientos constantes a escala para sostener una teoría del valor trabajo. Esto se puede ver en la obra de Ricardo, Marx o Sraffa. Precisamente Marx pone el acento en los rendimientos crecientes a escala, un hecho que la economía ortodoxa no puede asimilar (ya que pone en cuestión la competencia perfecta). Los rendimientos crecientes a escala permiten disminuir el valor de la mercancía, debido a la disminución de los tiempos de trabajo invertidos en su producción. Para decirlo con un ejemplo sencillo de la misma nota: supongamos que aumenta la demanda del bien X, en el que se emplean 10 horas de trabajo, de manera que los productores de X aumentan la escala de producción y bajan media hora el tiempo de trabajo socialmente necesario. Una vez generada la nueva oferta, que coincide con la demanda, el valor de X pasó a 9 horas y media. Este valor (que se expresará en una cierta suma de dinero) está regido por el costo laboral. En otras palabras, la demanda ayuda a explicar el volumen de producción, y éste incide en los tiempos de trabajo invertidos, si suponemos que los rendimientos no son constantes. Por eso Sraffa, por ejemplo, dice en su libro que él supone rendimientos constantes, pero que se puede razonar suponiéndolos crecientes.

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      rolandoastarita

      01/05/2014 at 08:35

    • Hola AP

      Si, es cierto, parece que conciben la economía como una casa de subastas. Que crítica harías tu al subastador walrasiano?

      Un saludo

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      Carlx

      01/05/2014 at 07:33

    • Gracias por la respuesta señor Astarita.

      Yo me pregunto donde están los economistas austriacos argentinos que tenían tantas ganas de debatir con usted. Quizás ahora si estén leyendo a Marx y así poder dejar de hacer el ridículo intelectual en un posible debate futuro?

      Bueno, a ver si la gente de puntodevistaeconómico se animan, y siguen con el debate porque no quedaron muy bien parados. Si quieren captar clientes para su Escuela deben de reaccionar.

      Un saludo

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      Carlx

      01/05/2014 at 09:14

    • Desde luego tanto lógica como científica como bajando al mundo real que me rodea la escuela marxista explica mucho mejor precisamente eso, mi realidad a 2014 en la cuna del Capitalismo.

      Muchas gracias Señor Astarita, es usted el más importante divulgador del marxismo en castellano.

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      Carlx

      01/05/2014 at 09:18

    • Señor Astarita.

      Gracias por la aclaración sobre el tema de la subasta.

      Creo que estamos ante la clave de todo este debate, cerca de cerrarlo.

      Una crìtica a sus últimos argumentos es esta;

      “En efecto, Sraffa lo dice y se queda tan ancho. Es incapaz de ver las implicaciones que ello tiene sobre su sistema, como aparentemente tampoco las ve Astarita (o no del todo). Si no se asumen rendimientos constantes a escala, entonces el valor social del trabajo ya no es homogéneo: si se destina más tiempo de trabajo a un tipo de empresa, el coste de producción de ese tipo de empresa caerá (rendimientos crecientes a escala); si se destina menos tiempo de trabajo a otro tipo de empresa, el coste de producción de ese otro tipo de empresa subirá. ¿Y qué determina que se destine más o menos trabajo (y por tanto menos o más coste) a una empresa o a otra?

      Sí, la intensidad de la demanda (utilidad marginal decreciente), como el propio Astarita reconoce (repito: la DEMANDA). Por tanto, la intensidad de la demanda es la que sigue gobernando en última instancia el valor: ella es la que determina cuánto se ha de producir de cada uno de los bienes en función de la utilidad marginal decreciente.

      Explicar en este contexto el valor por el coste de producción, cuando el coste de producción ha sido conformado por la demanda, es absurdo. Ya lo dije aquí (http://juanramonrallo.com/2013/08/critica-a-la-teoria-neo-ricardiana-y-clasica-del-valor/):

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      Carlx

      02/05/2014 at 09:16

    • El comentario de Juan Rallo cae en el absurdo, a partir de la tergiversación. Es fatigoso tener que explicar una y otra vez las mismas cosas. Observe que cuando critico la teoría de Menger, Böhm Bawerk o Rothbard, parto de lo que estos autores escribieron. No invento lo que me conviene, para luego criticarlos. Lamentablemente, no encuentro este procedimiento en muchos austriacos. Rallo escribe: “Si no se asumen rendimientos constantes a escala, entonces el valor social del trabajo ya no es homogéneo”. Pero decenas de veces expliqué que para Marx el trabajo NO tiene valor.¿Qué sentido tiene entonces hablar del “valor homogéneo del trabajo”? Ninguno.

      Lo que tiene sentido es hablar de generación de valor por el trabajo, y de productividad (generación de valores de uso por unidad de tiempo) del trabajo. En este sentido, si el trabajo de una empresa no alcanza una productividad media, o promedio en la rama, no genera el valor que generan las empresas que tienen una productividad promedio. Esta última, a su vez, puede evolucionar a medida que aumenta la escala promedio de producción. Una empresa que produce 50 automóviles por año de un tipo X de calidad, no tiene la misma productividad que una que produce 5 millones de automóviles de la misma productividad. Y el tiempo de trabajo social está establecido por las empresas que superan cierto umbral mínimo. Todo esto lo sabe cualquiera que tiene un mínimo conocimiento de qué es una empresa.

      Ahora bien, toda la ciencia de Rallo se limita a decir: si no hay una demanda de automóviles de varios millones de unidades, no tiene sentido hablar de una escala de producción mínima que haga posible la intervención competitiva de la empresa. Lo cual es volver a la confusión entre condición y razón de un fenómeno. Si no hay demanda, no hay valor, porque sencillamente no hay venta del producto. Pero la demanda no explica el valor. Esto, tan sencillo, es la base para entender los ejemplos teóricos que puse en la nota, con los que tropiezan todos los razonamientos austriacos.

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      rolandoastarita

      02/05/2014 at 09:37

    • Creo que el problema está en la confusión entre la condición y razón de un fenómeno.

      Ellos dicen que si la demanda afecta al número de unidades producidas y esto afecta al precio de cada unidad es la demanda la que rige los precios entonces.
      Y como no distinguen entre mercancías reproducibles y monopolizables, o sea le dan la misma explicación a la formación de los precios en ambos tipos piensan que su teoría es mas explicativa.

      Yo estoy de acuerdo con Marx y con usted pero me parece que el debate todavía no está cerrado por incomparecencia de los austriacos.

      Un saludo

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      Carlx

      07/05/2014 at 06:27

    • Agregado: mi anterior respuesta parte del supuesto formulado por los austriacos, esto es, que hay una influencia unilateral de la demanda sobre la oferta, y por lo tanto, sobre las condiciones de producción. Como hemos visto, la teoría del valor trabajo explica la cuestión con toda sencillez. Pero también hay que pensar en la direccionalidad inversa, desde las condiciones de producción a la demanda (indigerible para la teoría de la utilidad).

      El asunto es así: supongamos que en un bien de consumo F se invierten 100 horas de trabajo; supongamos que por un cambio tecnológico se reducen a 10 horas de trabajo. Esto habilita a los productores a ofrecer F a un décimo de su valor. La demanda aumenta (puede suponerse incluso que muchos consumidores compran F por su baratura y para probar su utilidad). Se establece entonces un nuevo patrón de consumo, que determina una nueva necesidad social (F se incorpora a la canasta de consumo habitual de amplios sectores de la sociedad). Por lo tanto, se modifican escalas de preferencias, etc. Aquí es la producción la que determina la demanda, e incluso el patrón de consumo. Y este es un caso muy frecuente (diría que el más frecuente) en la sociedad capitalista. Pero no puede ser explicado por la teoría de la utilidad.

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      rolandoastarita

      02/05/2014 at 11:54

    • Astarita, le hago un par de comentarios:

      1) Me parece que cuando Rallo se refiere a que los marxistas suponen homogéneo el “valor social del trabajo” se refiere a la homogeneidad de la cantidad de trabajo en el tiempo (o sea: una generación homogénea de valor en el tiempo por parte del trabajo), con lo cual el razonamiento que esgrime sería siendo válido.

      2) Sobre aquello de que si no hay demanda no hay valor, no significa que sea una mera condición. Carlx se lo resumió diciéndole que los marginalistas plantean que “si la demanda afecta al número de unidades producidas y esto afecta al precio de cada unidad es la demanda la que rige los precios entonces.”
      El verdadero error sería que “no distinguen entre mercancías reproducibles y monopolizables, o sea le dan la misma explicación a la formación de los precios en ambos tipos piensan que su teoría es mas explicativa”. Pero esto tampoco es cierto: lo que pasa es que plantean que si los precios de los bienes monopolizables orbitan alrededor de un valor de acuerdo a la utilidad marginal, no hay razón para pensar que pasa algo diferente con los bienes reproducibles, y que por tanto lo que hay que hacer, a lo sumo, es explicar a la inversa la relación causal entre cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en un bien reproducible y el valor social de dicho bien reproducible (formado igualmente por la utilidad marginal).

      3) Sobre su ejemplo en el que demostraría que la teoría del valor utilidad no puede explicar alteraciones en los patrones de consumo dada una alteración de la oferta por una variación en la productividad, me parece que se equivoca. Y me asombra, porque es un típico ejemplo de cualquier manual de microeconomía. Realmente no entiendo su refutación, Rolando, porque así está reafirmando la teoría de la utilidad marginal. Si un bien F baja de precio las preferencias por un bien u otro en abstracto no varían: el consumidor sigue prefiriendo en la misma ratio 1 bien F a 1 bien G. Lo único que sucede es que ahora consume más bienes de F porque la desutilidad de F por su precio disminuye. Eso no significa que la “producción determine la demanda”.

      4) No me contestó el mensaje en el que le pregunté cómo pueden dos mercaderes comparar los tiempos de trabajo socialmente necesarios utilizados en los bienes que intercambian, ya que no pueden conocerlos. Y su supuesto es ese: que quienes intercambian comparan tres cosas: a) las utilidades ambos bienes; b) los precios de ambos bienes; c) los tiempos de trabajo socialmente necesario de ambos bienes. Además tampoco se explica cómo esas tres comparaciones se interrelacionan mutuamente.

      Me parece que si dejan de debatir lo único que tendrán es una victoria pírrica, y mientras tanto todo el mundo académico seguirá trabajando con una teoría económica que, más allá de algunos posibles errores en las premisas e incluso en las conclusiones, sólo para ustedes será inservible, desechable y olvidable.

      Saludos.

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      Maku

      10/05/2014 at 16:05

    • No vuelvo a dar argumentos ya presentados y que no fueron respondidos. Por caso, sobre su punta (1) no agrega nada nuevo a lo que ya fue discutido acerca de la relación entre trabajo complejo y abstracto.
      Sobre (2), la demanda afecta la escala de producción y ésta los tiempos de trabajo invertidos. Por eso el argumento refuerza el argumento favorable a la ley del valor trabajo.
      Sobre (3), es un hecho que el aumento de la productividad tiende a traducirse en caídas de precios que alteran la demanda, cambiando patrones de consumo. Esto lo sabe cualquiera que opera en los mercados.
      Sobre (4), los tiempos de trabajo se comparan debido a la movilidad de trabajo y capitales. Si el intercambio es ocasional, puede suceder que se intercambie el bien X que se produce en 5 horas de trabajo por el bien Y que se produce en 10 horas de trabajo en una proporción 1:1. Si los intercambios son repetidos y circulan los trabajos y capitales entre ramas, ese intercambio no se sostiene.
      Agrego: no han podido tampoco responder el resto de los argumentos.
      Agrego: no sé a qué le llama “victoria pírrica”, ni me interesa “ganar” discusiones. Por otra parte, si usted piensa que estoy equivocado porque estoy en minoría, no se tome el trabajo de presentar argumentos. Basta con decir “somos mayoría los que pensamos así, y por lo tanto no vale la pena discutir”. Personalmente tengo otro criterio: cambio de opinión cuando me convencen los argumentos y la evidencia empírica; no por lo que opine la mayoría.

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      rolandoastarita

      10/05/2014 at 23:20

    • No le pedí argumentos ya presentados o respondidos, y si lo están, dígame dónde. En el intercambio que tuvimos usted no me contestó a lo que yo le preguntaba. Sin embargo ahora me está contestando a prácticamente el mismo mensaje, lo cual significa que no los había presentado ni respondido todavía. A esta su nueva respuesta le digo que tampoco contesta lo que le pregunto. Veamos:

      1) No sé si no agrega nada, pero la cuestión es que el error que señaló no es tan problemático si se lo lee como le dije.

      2) No entiendo cómo favorece a la TLV que la demanda afecte la escala de la producción y ésta a los tiempos de trabajo invertidos. A lo sumo ¿no debería ser al revés? Repito: si el precio de un bien monopolizable se adapta a una ley del valor como utilidad marginal, no hay razón para suponer que no suceda lo mismo en el caso de los bienes reproducibles y que las cantidades de trabajo se terminen adaptando a la misma, y no a la inversa.

      3) No sólo lo que repite lo conoce cualquiera que opera en los mercados, también cualquiera que estudia microeconomía neoclásica. El problema es que usted está confundiendo como un cambio en la curva de indiferencia (o de preferencias) lo que es meramente moverse a través de la misma por un cambio en la curva de restricción presupuestaria. El resultado de esto último es que la curva de demanda no cambió, sólo la ubicación en la que ésta se cruza con la oferta.

      4) Usted dijo antes que quienes intercambian comparan (y por ende conocen) las cantidades de trabajo socialmente necesario de las mercancías que compran y venden. Que la repetición de la circulación lleve a que como resultado se de una igualación de dichas cantidades (o sea, que los individuos no conozcan dichas cantidades y al estar comparando otra cosa lleven a dicha igualación por efecto de la competencia) no es lo mismo que decir que dicha repetición logra que los agentes económicos las conozcan. De hecho demostraría todo lo contrario. Insisto, y me veo obligado a repetirle lo que dije en el comentario que no me contestó: en un intercambio cualquiera se puede comparar ordinalmente la utilidad de bienes contrapuestos, y cardinalmente sus precios (aunque no entiendo para qué si se trataba de un trueque), pero no se pueden comparar tiempos de trabajo socialmente necesario en forma consciente. Si tal cosa fuera posible, se podría prescindir de los precios y la coordinación ex post del mercado sería innecesaria.

      Que no hayan podido Rallo y Cachanosky contestar al resto de los argumentos lo dice usted. Para ellos es usted el que no pudo contestar varios puntos. Por eso déjenos decidir a nosotros quién tiene razón “permitiendo” que el debate continúe. Todavía está pendiente la respuesta de Juan Carlos ¿no es así?

      Me alegra que no se someta al pensamiento de la mayoría, así que difícilmente pueda yo pensar que está equivocado porque esté en minoría. Lo que digo es que, si usted considera que otros están equivocados, mayoría o no, usted debería intentar convencerlos y no cerrar los debates apresuradamente dando por “refutados” a sus adversarios, actitud que creo promueve el encierro intelectual de ambas partes. Además, si cree que su teoría es mejor que la del mainstream, debería al menos intentar dar cuenta de lo que sucede en la teoría equivocada para poder explicar por qué tiene tanta utilidad práctica en todas partes y por lo cual es utilizada en la academia. Eso sería realmente superarla. Todavía le digo más: esta actitud que le digo que se debería adoptar frente al mainstream neoclásico (o cualquier otro), no sólo se la recomiendo a ustedes, marxistas, sino también a los austríacos, ambos grupos minorías intelectuales. Pero bueno, es un consejo muy personal.

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      Maku

      11/05/2014 at 02:21

    • Con respecto a (1): el argumento contra la la teoría del valor trabajo es que trabajos complejos no se pueden comparar con trabajos simples. He respondido esta cuestión que, por otra parte, es relativamente simple. No encuentro que hayan respondido a mi respuesta.
      (2) El trabajo cooperativo afecta a los tiempos de trabajo: por ejemplo, por especialización. Esto lo sabía ya Adam Smith (el capítulo de Marx sobre manufactura recoge buena parte de su argumento).
      (3) Sobre el costo: fue Cachanosky quien dijo que el costo “es historia” a la hora de la venta. Que la demanda influye en la cantidad producida es algo perfectamente admitido por la teoría del valor trabajo. Y es claro que si bajan los costos de producción, tenemos desplazamiento de la restricción presupuestaria, de manera que dada una curva de indiferencia (pero el supuesto de independencia de la curva con respecto al costo no está acreditado) aumenta la demanda. Pero no es esto lo que está en discusión, sino qué determina los “centros de gravitación” en torno a los cuales giran los precios de mercado. Y como demostré en la polémica, ustedes no pueden responder al argumento: hay un cambio en la preferencia, aumenta la demanda del bien X, la oferta responde aumentando la producción, el precio de X vuelve a estar determinado por los costos laborales de producción.
      (4) La teoría del valor trabajo explica los precios tendenciales; es una ley de magnitudes estadísticas. Por eso Marx dice que cuando el intercambio es ocasional la ley del valor es contingente. En la realidad del sistema capitalista, y como también lo presenté en la nota, las empresas siempre están comparando tiempos de trabajo.
      (5) Una polémica empieza a tener un límite cuando no se presentan argumentos nuevos. Hasta ahora no encuentro que hayan respondido. Ustedes piensan que sí, que respondieron. Pues bien, hay un punto en que están los argumentos presentados y los lectores tienen los elementos para sacar sus conclusiones. He dedicado a este debate una gran cantidad de tiempo y espacio. Primero dijeron que Marx no podía responder el problema de la transformación. Escribí varias notas sobre el asunto (en polémica con los sraffianos), que ustedes todavía no respondieron. Luego dijeron que los marxistas no podíamos criticar la teoría del capital de Böhm Bawerk. Respondí con una nota en que explico la crítica de Garegnani, y amplío con ejemplos. No la respondieron. A todo esto, escribí varias notas comparando la teoría del valor de los clásicos y neoclásicos, incluyendo la discusión sobre la micro de Varian. Si bien no responde directamente a los austriacos, abunda en el tema de teoría del valor trabajo. Estas notas tampoco fueron respondidas; aunque a usted no le impide decir que no critico al mainstream. Agrego: hay cantidad de notas de críticas al mainstream, no sólo por la micro, sino también en cuestiones de macro y desarrollo. Agrego: no son los marxistas los que se niegan a discutir con el mainstream neoclásico, sino este el que jamás responde a las críticas de los marxistas.
      En cuanto a los austriacos, además de cuestionar la transformación y pedir respuestas a la teoría del capital, me solicitaron un debate. Lo hice, y agregué cuatro largas notas con la argumentación. Y ahora usted dice que cierro el debate apresuradamente, como si no quisiera debatir y estuviera “cerrado”. Y sin que se presenten nuevos argumentos. De manera que, por el momento, no le dedicaré nuevas notas a este asunto.

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      rolandoastarita

      11/05/2014 at 10:18

    • 1) Tendría que revisarlo. Pero como sea, probó mi punto: se podía entender fácilmente que cuando decía “igual valor del tiempo de trabajo” estaba él pensando en “cantidad igual de valor por tiempo de trabajo”. A eso iba nada más.

      2) Está bien, pero no entiendo qué tiene que ver que el trabajo cooperativo afecte los tiempos de trabajo con lo que yo dije, y repito: si los precios de los bienes monopolizables orbitan alrededor de un valor de acuerdo a la utilidad marginal, no hay razón para pensar que pasa algo diferente con los bienes reproducibles, y que por tanto lo que hay que hacer, a lo sumo, es explicar a la inversa la relación causal entre cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en un bien reproducible y el valor social de dicho bien reproducible (formado igualmente por la utilidad marginal).

      3) Lo que estaba en discusión entre nosotros (usted y yo) era precisamente esto que ahora dice que no lo era: la cuestión de que un cambio en el precio cambiaba las preferencias, y como bien vio no es así. A menos que, como aclaró en un paréntesis, presuponga que la curva de indiferencia (o sea, de preferencias) es interdependiente con la curva de restricción presupuestaria en una forma relevante, y que por tanto hay tantos sets de preferencias como restricciones presupuestarias.
      Pero veo que ahora se sale de esta su digresión y vuelve hacia uno de sus puntos fuertes, a uno de los temas de su discusión con los austríacos (que no era lo que estaba discutiendo conmigo, insisto). Seré cortés, pues, y veré su punto aunque no fuera lo que yo discutía, pero no sin antes aclararle que cuando se dirija a mí no hable de “ustedes”, lo cual no sólo es irrespetuoso (note que cuando discuto con Rolando Astarita utilizo la palabra “usted”, no “ustedes”) sino falso: creo que le repetí ya varias veces que no me incluya entre sus interlocutores austríacos porque no lo soy, y que aun dicho “conjunto” no es un todo homogéneo ni organizado.
      Usted dice que si hay un cambio en la preferencia (véase cómo éste es otro debate) y aumenta la demanda del bien X (con lo cual el precio de X sube) la oferta responde aumentando la producción de X y el precio vuelve a su mismo nivel (presuponiendo que no ha variado la cantidad de trabajo socialmente necesario para dicho bien). ¿Es a esto a lo que no le contestaron? ¿Seguro no le contestaron nada? Bueno, le digo lo que yo le contestaría, así a vuelo de pájaro, no siendo economista salvo por lo poco que recuerdo, y no haciéndolo en nombre de ellos, ni de la Escuela Austríaca. Espero no extenderme demasiado: estoy haciendo un esfuerzo bastante grande para recordar al Varian. Para empezar usted agrega en la oración la palabra “laborales” a los costos de producción, como si éste fuera el carácter último de los mismos, pero su ejemplo sólo demostraría el papel de los costos en la formación de precios, cosa que nadie niega (lo que sucede es que para los austríacos los costes también deben entenderse en términos de utilidad subjetiva, aunque en el caso de la producción la subjetividad se subordina a la objetividad de los medios físicos para crear los bienes). Leve digresión aparte, paso a su ejemplo que parece presumir una curva de oferta plana horizontal en el largo plazo, y no sé si estoy de acuerdo con esa idea, ya que considero que el fenómeno de los rendimientos decrecientes se puede aplicar a la sociedad por entero respecto a un determinado bien. Pero para el caso esto que digo da igual: suponiendo una oferta perfectamente elástica, si la curva de demanda se mueve y no varía de forma, entonces el que el aumento de la demanda no haya subido el precio del bien no demuestra que no sea el valor utilidad el que lo determine. No hay que confundir demanda con utilidad marginal del bien demandado. Lo único que habrían hecho los costos es delimitar la cantidad de demandantes, logrando así mantener la utilidad marginal del bien demandado en el mismo lugar y aumentando el excedente del consumidor para todos los demás demandantes agregados. Ahora bien, pasando a un segundo ejemplo, si la curva de demanda se mueve hacia la derecha pero se recorta porque la cantidad de demandantes no varía, entonces el precio subirá. En tal caso, como la utilidad marginal del último demandante determinará el precio para todos los demás, y como la cantidad de demandantes no habrá aumentado como en el primer ejemplo (o sea, la demanda no habrá incluido a los que ahora desearán comprar el bien al precio anterior), entonces allí podrá notarse que el aumento de la demanda fue el determinante del precio. Pero puesto que su ejemplo es el primero y mantiene la curva de oferta en completa horizontalidad ad infinitum, es natural que parezca que la demanda no ha determinado nada, porque ha variado en cantidad pero no ha variado el valor utilidad del bien. Los mismos ejemplos se pueden aplicar al revés: si la demanda se reduce y con ésta la cantidad de demandantes (porque la curva de demanda llega a cero en la derecha), el precio disminuirá y la cantidad de bienes producidos también, con lo cual la reducción de la producción volverá a subir. Pero si la curva de demanda está rápidamente recortada al final antes de llegar a un precio cero, entonces la reducción de la demanda casi no implicará la reducción de la cantidad demandada, con lo cual la reducción de la demanda implicará un descenso constante en el precio, reflejando la baja de la utilidad marginal del bien agregada. A menos, claro está, que dicho precio supere los costos a dicha cantidad justo debajo del precio previo.
      Yendo al lado de los costos, de la producción, y centrándonos sólo en el trabajo, habría otra cuestión que agregar me parece: en su ejemplo la cantidad de trabajadores necesarios en la rama de la producción del bien X ha aumentado, lo cual hace que los capitalistas de X compitan más por una mano de obra escasa, con lo cual el salario tiende al alza (véase que siempre el comportamiento del precio se da en términos marginalistas de valor utilidad, incluso si a través de él se expresa en el largo plazo el valor trabajo). No hay forma de quitar mano de obra a las otras ramas de la producción sin un aumento del precio de la misma. Puede entonces usted presuponer que la caída del consumo de los bienes Y y Z han llevado a una disminución proporcionalmente igual de la mano de obra en la producción de los mismos, y que entonces el precio de la fuerza de trabajo se mantiene (no viene al caso ahora discutir cómo se forma, ya que incluso presuponiendo la teoría de la explotación podríamos hablar respecto a que el valor de la fuerza de trabajo no se basa en el tiempo de trabajo invertido para reproducirla sino en la utilidad marginal de los bienes que consume, incluso haciendo de toda su subjetividad una expresión de sus necesidades como obrero). La cuestión sería: ¿qué sucede si la demanda del bien X aumenta sin una disminución de todos las demás demandas? Otra vez algo parecido a lo que expliqué antes, pero por el lado de la oferta: necesariamente los recursos laborales escasos llevarán a un aumento permanente del salario, que representarán para el asalariado, si se quiere, un consumo mayor (sea del excedente como plusvalor, o bien porque tal situación requiere un consumo mayor para mantener la misma fuerza de trabajo). Como sea, el aumento de la demanda, incluso sin un aumento de la cantidad de demandantes, habrá llevado a un aumento permanente del precio, dado que la curva de oferta no es perfectamente horizontal en el largo plazo, o sea, que del lado de la producción la reproducción del bien en mayor cantidad exige costos más altos constantes porque demanda una mayor cantidad de mano de obra. Por supuesto se podría agregar una hipótesis malthusiana, como hace Marx cuando dice que “de hecho, no sólo la masa de los nacimientos y defunciones, sino también la magnitud numérica de las familias se halla en razón inversa a la cuantía del salario, es decir, de la masa de medios de vida de que disponen las diversas categorías de obreros. Esta ley de la sociedad capitalista sonaría a disparatada entre salvajes, e incluso entre los habitantes civilizados de las colonias. Es una ley que recuerda la reproducción en masa de especies animales individualmente débiles y perseguidas”; y así salir del paso afirmando que el salario volverá a bajar apenas los obreros consuman excedente porque generarán obreros sobrantes haciendo descender su utilidad marginal. Pero dadas así las cosas sin supuestos ad hoc, y con una igual escasez de bienes de producción y de mano de obra, los precios del bien X no podrán si no subir, mostrando que su valor relativo (entendiendo valor como utilidad) con respecto a los demás bienes y con respecto al valor ahorrado (el dinero en el bolsillo) ha aumentado. Insisto: ésta es mi respuesta, así al aire, y la acabo de pensar ahora. Contestarle me obliga a disponer de una erudición de la que no dispongo. Probablemente se me esté escapando algo elemental que tire al tacho toda esta explicación, y casi seguro así es. Pero incluso si no fuera así, el tema me parece más abstruso de lo que parece, e intuyo que hay elementos cruciales que no se están teniendo en cuenta. Lo que hice fue simplemente partir de los supuestos manejados. Por eso aun en caso de que esta respuesta tentativa no sea buena, creo que no debería usted ver en esto la corroboración de tener razón en este punto (como yo no la tengo con la mía, a menos que usted sea omnisciente y yo no). Realmente, me asombraría que un argumento tan sencillo como el que usted presenta no se haya intentado antes como respuesta a los austríacos en el debate de Hilferding contra Bohm-Bawerk, y aun antes contra Menger (y esto por no hablar de la respuesta a los neoclásicos). Pero hay algo más que quisiera hacer notar, aunque no pretendo usarlo como argumento en el debate: aun si acaso el valor utilidad no fuera el centro de gravedad de los precios (no lo descarto; es más, ni siquiera descarto la teoría de la explotación), pareciera que el valor utilidad fuera una suerte de fuerza detrás de la cual el valor trabajo está siempre corriendo detrás para compensarla, con lo cual sería la primera la que organiza la producción, y no la segunda, que lo único que haría es asegurarse de que la sangre de la producción, la cuantía de trabajo, se distribuya proporcionalmente de acuerdo a las valoraciones de utilidad marginal relativas de los bienes consumidos. Acá hay algo que me parece se les está escapando a marginalistas y marxistas, pero no puedo explicar qué es. Y no pretendo licenciarme en economía para intentar averiguarlo.

      4) Acaba de evadir lo que le planteo. Me está contestando a una crítica con una repetición de la misma afirmación criticada, sin reiterar la fundamentación que usó en su mismo artículo y a la cual usted mismo me derivó. Repito lo que puse antes: las empresas a la hora de producir podrán comparar (aunque no me consta y realmente lo dudo mucho) tiempos de trabajo homogéneos (de forma que las unidades de tiempo equivalgan a cantidades idénticas de trabajo) para comprar la fuerza de trabajo. Pero eso no es lo que usted utilizó como demostración. Usted dijo (lo repito una vez más) que en la circulación los intercambios de los sujetos A y B, productores de los bienes X e Y respectivamente, comparan tres cosas: comparan (i) las utilidades de los bienes X e Y, (ii) los precios de X e Y, y (iii) las cantidades de trabajo socialmente necesario de X e Y en la forma de tiempo. Y esto último, repito, es absolutamente imposible y empíricamente falso. Y todavía más, no se entiende cómo se interrelacionan mutuamente estas tres diferentes comparaciones.

      5) Yo no dije en ningún momento que usted no haya criticado el mainstream y que en cambio el mainstream sí lo haya hecho. Al contrario: si algo suele ser usual de parte del mainstream neoclásico es no dar la menor importancia a las minorías intelectuales que lo desafían, o dedicarles breves y revulsivos papers de desprecio o falsa deferencia. Lo que yo dije, en cambio, es algo muy distinto, y se lo explico de otra manera a ver si así lo entiende: la cuestión no es (o no debe reducirse a) encontrar errores graves en las premisas, razonamientos o conclusiones del mainstream (o de cualquier otro paradigma aunque no sea hegemónico). La cuestión es superarlos dando cuenta del por qué de estos errores y explicar el por qué de que, a pesar de los mismos, el funcionamiento del sistema de ideas (el neoclásico en este caso) perdure y siga siendo vigente y práctico, lo que requiere si acaso se los quiere “superar”, que tal sistema sea explicado en un sistema mayor. Y no veo que nadie intente o haya intentado eso (¿salvo tal vez Oskar Lange?). Ejemplo: después de Marx y Spencer existieron Weber, Durkheim y Pareto. Si fuera usted un sociólogo marxista, aun no aceptando el sistema weberiano ¿desecharía la aportación de su sociología sólo porque considerara que las premisas, procedimientos y conclusiones estén equivocados? Pues eso es precisamente lo que me parece que usted hace, pero como economista marxista, cuando me contesta, desechando de un plumazo todo la economía moderna: “Pienso que [el marginalismo] no aporta nada importante a la comprensión de la economía capitalista”. Eso es lo que le quería decir, pues. No que usted no deba criticar al mainstream, sino que debería apreciarlo aun en la crítica.
      Lo mismo se aplica a quienes pretenden dar por superado al marxismo refutando algunas de sus premisas básicas o razonamientos clave y burlándose de su hegelianismo abstruso o de la obsolescencia de sus fuentes históricas. Demostrar que una doctrina está equivocada no implica que haya sido superada.
      Yendo a los austríacos, y para finalizar: si es lo que dice acá, usted no da por cerrado el debate, sino que lo mantiene abierto pero que no le dedicará artículos hasta que no se presenten argumentos nuevos. Me alegra saberlo. Supongo que si es así, y los austríacos no piensan lo mismo que usted, entonces ya recibirá su respuesta. ¿Por qué tanto apresuramiento? Ahora bien, voy a tomarme el tiempo que pueda para volver a revisar a costa de mis migrañas si los argumentos utilizados por los austríacos han sido realmente contestados por usted o no, o si ha sido así sólo en apariencia.

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      Maku

      12/05/2014 at 03:40

    • Por favor, trate de ser un poco más breve. Para colmo si no agrega nada nuevo a lo que ya se dijo y respondí.

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      rolandoastarita

      12/05/2014 at 08:43

    • Fe de erratas sobre un off topic: la cita de Marx que hice parece afirmar lo contrario a lo que yo interpreté de una primer lectura rápida. Al decir que la relación es inversa no entiendo bien de qué habla. Porque, en otro lugar, sin embargo, Marx dice esto, que parece contradecir lo que yo cité: “Por tanto, al producir la acumulación del capital, la población obrera produce también, en proporciones cada vez mayores, los medios para su propio exceso relativo. Es ésta una ley de población peculiar del régimen de producción capitalista, pues en realidad todo régimen histórico concreto de producción tiene sus leyes de población propias, leyes que rigen de un modo históricamente concreto.”. Y agrega: “Ahora bien, si la existencia de una superpoblación obrera es producto necesario de la acumulación o del incremento de la riqueza dentro del régimen capitalista, esta superpoblación se convierte a su vez en palanca de la acumulación del capital, más aún, en una de las condiciones de vida del régimen capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva, un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se criase y mantuviese a sus expensas.”
      De cualquier forma no tiene importancia para lo que veníamos discutiendo. Simplemente quería aclararlo.

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      Maku

      12/05/2014 at 04:37

    • Si dice que no agrego nada nuevo es porque lo leyó, así que fácilmente podría haberme contestado. Igual no hay mucho que agregar salvo el punto 3, porque en el resto me obliga a insistir con lo mismo porque no me contesta. ¿Quiere que haga un resumen?

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      Maku

      12/05/2014 at 23:50

    • Puede hacer lo que quiera. Mi criterio es responder los argumentos que considero interesantes y novedosos. Lo suyo repite argumentos (como la cuestión del costo en términos subjetivos, que ya he criticado y discutido en notas), mete cosas que no tienen que ver (como los salarios) y falsea argumentos (por caso, la teoría del valor trabajo no depende de ningún supuesto especial sobre rendimientos). Cualquiera puede ver todo lo que se ha escrito en este blog sobre el problema, no solo notas, sino extensas polémicas en “Comentarios”, y por lo tanto, hacerse su composición de lugar. Mi tiempo es escaso, y ahora estoy trabajando en otras cosas que me parecen más útiles e interesantes que volver a escribir cosas que ya escribí. Si no le gusta, lo siento. Después de todo, tiene la posibilidad de abrir su propio blog y escribir sus teorías acerca del valor. Seguramente tendrá muchos lectores.

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      rolandoastarita

      13/05/2014 at 08:35

    • No es cierto nada de lo que me achaca (ver lo que escribí).
      ¿No será que a usted le repiten tan seguido los argumentos porque, o bien no los contesta, o contesta otra cosa? O sea: porque jamás los refuta verdaderamente.
      Respecto al punto 3, en el que me extendí porque usted dijo que nadie le podía contestar a su punto, he descubierto algo interesante: sí se le ha contestado: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/04/21/el-problema-de-cambio-de-preferencias-sin-cambios-en-los-precios-relativos-ii/

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      Maku

      18/05/2014 at 21:14

    • Los lectores tienen los elementos para juzgar la fuerza de los argumentos, y cada cual se puede hacer su composición de lugar. En particular, no considero que la respuesta contenida en el enlace responda mi argumento. Pero de todas maneras, hay un punto en el que ya se agotan las razones.

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      rolandoastarita

      18/05/2014 at 22:53

    • el drama de estos “expertos en economía” es que olvidan que en cualquier subasta real (no en una teórica, donde se pueden hacer malabares conceptuales) o también en cualquier intercambio entre dos bienes entre dos amigos, si uno comienza a calcular (se supone que los amigos se “donan” no? parece que los austriacos no ven estas situaciones cotidianas) hay un límite superior e inferior más allá de los cuales sencillamente uno “pasa” y deja de intercambiar… y por qué se produce eso? porque en términos de apreciación subjetiva (ojo, los austriacos no saben diferenciar entre subjetivación y subjetividad) hay toda una subjetivación histórica de quienes intercambian a unos precios determinados de los bienes, los cuales poseen características físicas que (ufff) están determinadas a su vez por una cierta forma que les imprimió el trabajo humano… por eso es que si un amigo A va a intercambiar un televisor por el lápiz del amigo B, en términos de cálculo económico, no van a llegar a un trato y no eso no es por una libertad abstracta de quienes intercambian sino por determinaciones históricas, espaciales y fabricativas sobre las cuales puede operar ese cálculo… a menos que se presten esos bienes o se los regalen entre sí, cosa que el racionalismo económico de los expertos no parece indicar como posible

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      Nachochan

      27/11/2016 at 18:47

  15. Carlx. Yo no soy experto en economía. El punto ya lo hemos discutido en este blog, en una de las tantas polémicas con austríacos, cuando alguien introdujo el famoso ejemplo de la subasta de caballos de B. Bawerk. En esencia, los precios son el factor a definir, pero ya están supuestos en el proceso de ‘tanteo’. Dado que esto no tiene cabida en la realidad, se presupone una ‘conciencia infinita’ encarnada en una divinidad paranormal, que guía el proceso. Esta cosa, se emparenta con la ‘mano invisible’ de Smith y a su vez, en el caso de Walras, es una extensión de la ley de Say, que busca justificar el estado de equilibrio de los mercados. Hay cosas increíbles en economía, cuando se busca refutar la LVT por razones ideológicas, caso las ‘manchas solares’ como factor explicativo de las crisis (Jevons) o las personalidades metafísicas dotadas de facultades sobrehumanas. El ‘subastador walrasiano’ es una de ellas, comparable al Demonio de Laplace, el Oráculo de Delfos o el relojero ciego. Si busca en P.de Vista Económico, la nota ‘Buscando entender la lógica marxista’ y sus correspondientes comentarios, podrá darse cuenta de que hay una toma de distancia por parte de los economistas austríacos, respecto de este despropósito. De seguro apelan a sofistizaciones de lo mismo que por fuerza concurren en el punto de equilibrio entre ‘oferta y demanda’. Se suprime la figura mitológica, pero en esencia, es más de lo mismo.

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    AP

    01/05/2014 at 12:03

    • AP y Carlx, acerca de la subasta, es el ejemplo preferido de los partidarios de la teoría de la utilidad porque supone un mercado en el que no hay bienes reproducibles, de manera que impera la voluntad del comprador. Los bienes están dados, son escasos, y el precio se establece por puja de la demanda. Es el caso típico de las subastas de obras de arte, antigüedades, etcétera.

      En cuanto al subastador walrasiano, en realidad cumple otro rol. El subastador walrasiano busca garantizar un supuesto de la economía mainstream, que aparece como una inocente frase al inicio de cualquier manual de microeconomía “ad usum”: se dice que los precios “están dados”.

      Pero en la realidad, ¿dónde están “dados” los precios? Evidentemente, no están en el aire. Si quiero comprar un automóvil, tendré que ir a consultar precios a concesionarias, que tienen a su vez listas de precios provistas por los fabricantes. Pero si esto es así, hay una jerarquía objetiva en el mercado en lo que hace a la determinación del precio. Ya no puedo decir que los precios están simplemente “dados”, como si fueran el resultado del cruce de ofertas y demandas de miles de átomos, cada uno de los cuales no puede modificar por sí mismo el precio (son los supuestos de la llamada competencia perfecta, por más increíbles que parezcan).

      De aquí que Walras introduce el subastador, que vocea un precio cualquiera para el producto X, por ejemplo. Se supone entonces que los agentes, que han concurrido al mercado con sus bienes, que buscan intercambiar por otros, indican la cantidad de X que quieren vender o comprar, dado ese precio. Si la demanda supera a la oferta, el subastador vocea un nuevo precio más alto, y los agentes vuelven a hacer sus cálculos (ojo: empezando de cero, esto es, como si no hubiera habido ronda anterior; si se introduce la especulación, el modelo no cierra). Y así, con cada mercado, hasta llegar al equilibrio final.

      De esta manera, mediante el proceso de tâtonement (sondeo) se supone que el mercado deberá llegar al punto en el que “todo el que quiso comprar, compró, y todo el que quiso vender, vendió” (o sea, no hay desocupación ni ningún recurso no empleado involuntariamente). Aquí entonces el subastador encarna al “mercado”, que por definición se supone impersonal.

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      rolandoastarita

      01/05/2014 at 12:27

  16. Estimado Rolando, quisiera saber si estoy entendiendo bien los siguientes puntos:

    1) Para Marx resulta crucial la idea de que la facilidad de reproducción de las mercancías permite establecer “curvas” de oferta horizontales (no aumenta ni disminuye su precio por más que aumente la cantidad ofertada). Ello ilustraría que la relación oferta/demanda no tiene influenca sobre el precio y por tanto debe haber otro factor que lo determine. Creo que Nicolás Cachanosky en el blog “Punto de vita económico” da una segunda réplica en este último enlace:

    http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/04/21/el-problema-de-cambio-de-preferencias-sin-cambios-en-los-precios-relativos-ii/

    2) La demanda “habilita” el valor en los bienes y servicios (si no se venden no tienen valor) pero no “cuantifica” su valor de cambio (que es el “precio” en sociedades que intercambian con dinero). En cambio “el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario”, TTSN, cuantifica el valor pero no lo habilita Creo que este punto es el que establece el enlace entre el Tomo 1 y el 3 del Capital ¿no es así?.
    Si no lo entiendo mal el TTNS habilita el valor de modo indirecto a traves de la demanda, que “valida” el trabajo empleado al realizar intercambios entre trabajo-coagulado (dinero) y trabajo-mercancía (el aplicado en su producción). Lo que veo mas difícil de aplicar al caso es que algo que habilita no influya directa o indirectamente en la cuantificación (ni siquiera en fenómenos físicos esta dicotomía es fácil de observar de forma estricta).
    ¿Podría facilitarme algún link u otra fuente en la que esto esté explicado?

    3) El trabajo no tiene valor. Esto es menos sorprendente de lo que parece pues es una cuestión de definición. Si según Marx lo que determina el valor es el trabajo abstracto objetivado y su medida depende del tiempo de trabajo socialmente necesario, dificilmente podríamos decir que el trabajo tiene “tiempo de trabajo socialmente necesario”. Sería como confundir “agua goteando” (trabajo) y “estalactita” (valor): si la estalactita (valor) es “tiempo de agua goteando solidificada”, entonces ¿el agua goteando tiene “estalactita”?. No, el agua goteando genera estalactitas (sin tenerlas) del mismo modo que el trabajo abstracto genera valor (sin tenerlo). A lo mejor el símil está traido un poco por los pelos pero me pregunto si sirve para ilustrar la idea.

    Gracias de antemano.

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    Solrac

    04/05/2014 at 10:10

    • a) Como explico en la nota, es equivocado atribuir a la teoría del valor de Marx la idea de que “la relación oferta y demanda no tiene influencia en el precio”. Vuelva a leer los ejemplos teóricos en los que explico, por ejemplo, cómo influye en el precio un cambio de la demanda hasta que se readecua la oferta. También se puede incluir el supuesto de aumento de la demanda que implica aumento de la oferta que implica rendimientos crecientes a escala que implican caídas de los tiempos promedio de trabajo. Esto responde también (2).
      b) La metáfora puede servir como una aproximación muy gruesa, porque de lo que se trata en el caso del valor es de una propiedad social, no física. La única manera en que una propiedad social (trabajo humano) se objetive en una mercancía (un bien) es a través de la relación en el mercado con otra mercancía.

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      rolandoastarita

      04/05/2014 at 11:07

  17. descubri hace poco este blog, y la verdad es que en una gran ayuda, este es mi primer comentario y simplemente me gustia saber cual es la explicacion que da marx para que distintas industrias con una composicion organica de capatal distinta tengan unha tasa de ganacia que tienda a igualarse, ya que lo mencionas en el texto y no encuentro por ninguna parte la respuesta

    gracias de antemano

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    K.M.

    16/02/2015 at 22:59

    • La tasa media de ganancia se genera por la movilidad de capitales (tienden a invertirse en las ramas de tasa de rentabilidad más alta) y por competencia de precios (el mecanismo supone que no hay monopolios). Marx trata el tema en la sección segunda del tomo 3 de El Capital. La tendencia a la nivelación de la tasa de ganancia da lugar a la formación de precios de producción (también explicada en esa sección). Esta solución de Marx a un viejo problema con el que había tropezado la teoría del valor de Ricardo (¿cómo se cumple la ley del valor trabajo y se igualan las tasas de ganancia entre ramas de diferente composición promedio de capital, o diferente tiempo de rotación?) fue objeto de muchos debates y críticas, tanto de economistas de derecha (Böhm Bawerk y los austriacos) como de “heterodoxos de izquierda”, como los sraffianos. Discuto una respuesta a estos últimos aquí, aquí y siguientes.

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      rolandoastarita

      17/02/2015 at 11:53

    • Hola, Rolo. Sabés que justo estoy ampliando un poco el trabajo aquel sobre el valor con el proceso de igualación de tasas de ganancia.
      Utilizo tres ramas, pero integro también digamos la conformación del valor al interior de cada una de ellas de acuerdo a las distintas productividades, etc. del modo en el que elaboré los cuadros en la primera parte. Surgen entonces unas tablas bastante grandes donde quedan volcados los datos.
      Los interesante es que el proceso de igualación inter-rama no implica tasas de ganancia individuales uniformes sino que por el contrario existen diferenciales enteramente establecidos por la ley del valor, cuyos montos absolutos, pero no sus diferenciales, sí se ven obviamente influenciados por la igualación inter-ramal. Justamente las tasas individuales en cada rama son uniformes, y son la propia tasa general de ganancia, SOLO en el caso en el que las producciones se realicen en exactamente las mismas condiciones (supuesta siempre igual TP).
      De modo tal que, me parece, sería un argumento de mucho mayor peso contra la redundancia de la ley del valor y al mismo tiempo esta última nos brindaría una explicación, junto con el proceso de igualación inter-ramal, de las tasas de ganancia individuales, algo que yo al menos no veo siquiera planteado en la literatura (siempre se maneja en el plano inter-ramal agregado), o a lo sumo derivado a cuestiones de mercado.

      Saludos

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      Esteban Maito

      17/02/2015 at 23:32

    • muchas gracias, lo leere en cuanto pueda

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      K.M.

      18/02/2015 at 01:18

  18. Y yo que estoy convencido de que la mayoría de los críticos de los fundamentos que sostienen el concepto de valor de Marx no han leído y meditado en profundidad el primer tomo de El Capital (que ni siquiera es necesario leérselo enterito).

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    angelalonso

    20/10/2015 at 13:50


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