Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Reflexiones desde el marxismo sobre el libro de Piketty (2)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesPresento la segunda parte de la nota iniciada aquí; se complementa con una tercera nota, a publicarse.

Distinguir modos de producción

Para avanzar en el examen de la dinámica de la desigualdad en el sistema capitalista es necesario enfatizar la importancia de distinguir entre modos de producción. Entre otras razones porque es la forma de responder la objeción que se ha hecho a los resultados de Piketty, que dice que hoy hay menos desigualdad a nivel mundial porque en los países en desarrollo se redujo la pobreza (para presentar solo un dato significativo: a comienzos de los años 1950 la esperanza de vida en el Tercer Mundo era de 42 años; en 2010 era de 68 años). The Great Escape: Health, Wealth and the Origins of Inequality, de Angus Deaton es citado con frecuencia para desmentir la idea de la desigualdad creciente. Por eso también, algunos hablan de la contraposición Piketty – Deaton. La reducción de la desigualdad a nivel de la población mundial asimismo es presentada como prueba de que la teoría de Marx, sobre la polarización creciente en el capitalismo, es equivocada (como han hecho algunos en los “comentarios” de este blog).

El problema aquí es que se ponen en la misma bolsa sistemas económicos distintos. Los datos presentados por Piketty son relevantes en lo que respecta a la dinámica del sistema capitalista, y en este respecto concuerdan con la tesis de Marx. Pero el marxismo también afirma que el modo de producción capitalista desarrolla de las fuerzas productivas muy por encima de los modos precapitalistas, lo cual da lugar al aumento del ingreso promedio mundial, y por lo tanto puede producirse el achicamiento de las diferencias de ingresos cuando se toman en conjunto países capitalistas y países que están transitando al capitalismo. Que es lo que registran los datos de Deaton. Por ejemplo, si en China millones de campesinos ser dirigen a las ciudades, donde reciben salarios que superan sus muy bajos ingresos de las aldeas –un fenómeno típico de cualquier proceso de industrialización capitalista- el ingreso promedio aumentará, lo cual no impide que aumente la desigualdad de riqueza y de ingresos en el sistema capitalista.

Lo explicamos con un ejemplo sencillo. Supongamos una economía mundial en la que existe una región capitalista en la que hay un capitalista que obtiene un beneficio de $100 y 9 trabajadores que reciben un salario de $10 cada uno. La diferencia de ingresos es entonces de 1:10. Por otra parte existe una vasta región con una economía familiar campesina, tecnológicamente atrasada, en la que hay 90 productores, cada uno de los cuales recibe $0,5. En este caso, el 90% de la población de este pequeño “sistema mundial” (región capitalista más región precapitalista) recibe el 19,1% del ingreso, y el 10% restante el 80,9%. Supongamos ahora que el modo de producción capitalista se extiende a todo el mundo, y que la diferencia de ingresos entre trabajadores y capitalistas se eleva a 15 veces; supongamos que en la nueva situación hay 10 capitalistas (9 provienen del antiguo modo de producción campesino) que reciben ingresos por $150, y 90 trabajadores asalariados (81 eran campesinos) que reciben $10. La diferencia de ingresos a nivel mundial se ha reducido, ya que ahora el 90% recibe el 37,5% del total. Pero esto no niega que aumentó la diferencia de ingresos al interior del modo de producción capitalista. El propio Deaton reconoce que las diferencias de ingresos y riquezas están en China y otras economías atrasadas, en las que se está desarrollando el capitalismo. Por eso sus datos no desmienten la tesis de que en el sistema capitalista existe una tendencia a la polarización social creciente.

Observemos también que en nuestro pequeño ejemplo de economía mundial, si una parte (supongamos el 5%) de la población del país atrasado permanece en la situación precapitalista, la distancia entre el 10% más rico y el 5% más pobre se habrá acrecentado. Pero esto se debe a que crece la distancia entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas y las del modo de producción no capitalista, y no por diferencia creciente al interior del capitalismo. Al no distinguir estas cuestiones, se cae en discusiones irresolubles. Por eso tampoco tiene sentido explicar las causas de la desigualdad aplicando, como hace Piketty, las mismas leyes económicas a formaciones económico-sociales diferentes. También es necesario subrayar que Marx jamás sostuvo que el desarrollo del capitalismo generaba, tendencialmente, miseria absoluta (y menos creciente) de los trabajadores. Tal idea sería incluso incompatible con su concepción del valor de la fuerza de trabajo, ya que la canasta salarial se modifica con la evolución de la sociedad y el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas. Lo que sí plantea Marx es que en el capitalismo opera una tendencia a la polarización de la riqueza y los ingresos. La cuestión es explicar por qué.

Reproducción ampliada y desigualdad

a) Sin capital constante

Partiendo ahora de la teoría marxista del capital y la plusvalía, se puede demostrar que el crecimiento de la desigualdad deriva de la mecánica misma de la reproducción ampliada del capital. Esto es, de la reinversión de plusvalía para generar capital, que a su vez genera más plusvalía que genera más capital. Lo cual ocurre al margen de si la tasa de plusvalía (o la relación B/Y, para utilizar la notación de Piketty) aumenta o permanece constante. Marx lo señala en el capítulo 22 del tomo 1 de El Capital, dedicado a la acumulación ampliada. Sin apoyarse en ningún supuesto particular sobre la evolución de la tasa de plusvalía (ni de la rentabilidad), explica que gracias a la reinversión constante de plusvalía para ampliar la producción “la riqueza social deviene, en medida cada vez mayor, la propiedad de aquellos que están en condiciones de volver siempre a apropiarse del trabajo impago de otros” (p. 725; énfasis añadido).

De nuevo lo ilustramos con un pequeño ejemplo teórico. Supongamos una economía en la que hay 2 capitalistas, cada uno de los cuales emplea 5 obreros; el salario es $2 y la tasa de plusvalía del 100%. De manera que la masa salarial, W, es $20; la masa de plusvalía, (o beneficio B, a fin de mantener la coherencia con el texto de Piketty) es $20 y B/Y = 50%. Por lo tanto, los 2 capitalistas, que representan el 16,7% de la población, se apropian del 50% del ingreso, en tanto los 10 obreros, el 83,3% de la población, reciben el otro 50%. Supongamos ahora que luego de varias rotaciones de capital, los capitalistas tienen el dinero para contratar, cada uno, 4 nuevos obreros. A fin de que la evolución de la distribución corresponda a una economía capitalista “pura”, suponemos que los nuevos obreros provienen de un modo de producción precapitalista (por ejemplo, economía campesina familiar); el salario y la tasa de plusvalía no varían. De manera que ahora W = $36, B = $36, B/Y = 50%. Se observa que el 10% de la población, los 2 capitalistas, recibe el 50% del ingreso. Esto es, hubo concentración por el solo hecho de que hay reproducción ampliada del capital. La razón es que en la sociedad capitalista se reproducen de forma ampliada no solo los medios materiales necesarios para sostener la sociedad (medios de producción y de consumo), sino también la relación social capitalista: se reproduce en escala creciente la fuerza de trabajo, desprovista de medios de producción, y la propiedad privada de los medios de producción, que permite explotar a esa fuerza de trabajo. Los obreros salen del proceso de producción de la misma manera que entraron, como propietarios de su fuerza de trabajo, en tanto los capitalistas salen acrecentando su capital, sinónimo de poder para contratar mano de obra. Nunca debe olvidarse que el capital es, en esencia, “la posibilidad de disponer de trabajo impago” (Marx). La reproducción ampliada significa entonces la ampliación de esta posibilidad.

Piketty -como también antes Kuznets- roza la cuestión cuando afirma que la propiedad de “K” permite a su propietario poseer en cantidad creciente ingresos y riqueza. Pero esto sucede al margen de supuestos sobre el crecimiento del ingreso (en nuestro ejemplo anterior hemos visto que el ingreso aumentó el 80%) y de la tasa de rentabilidad, ya que es la relación de explotación la que habilita esta concentración. Se trata de una cuestión social, no técnica.

b) Con capital constante y tasa de beneficio

Veamos ahora qué sucede si introducimos capital constante y tasa de beneficio. En el primer estadio los 2 capitalistas emplean 5 obreros cada uno, con un salario de $2 y tasa de plusvalía del 100%; y el capital constante fijo por obrero es $24. La relación K/Y (de nuevo conservamos la variable de Piketty, esto es, K = capital fijo) es 240/40 = 6. B/Y es 50%, como antes. La tasa de ganancia, r = B/K (también la calculamos “a lo Piketty”) es 8,3%.

Supongamos luego que en un segundo estadio aumenta la contratación de obreros, por reinversión de plusvalía acumulada. Cada capitalista contrata 2 nuevos obreros, el salario sigue en $2, y el capital constante por obrero en $24. De manera que ahora los 14 obreros producen un valor agregado de $56, y reciben un salario de $28. La relación K/Y, 336/56, sigue siendo 6; B/Y sigue en 50%; y r en 8,3%. Puede verse que el producto (o el ingreso total) creció un 40%; r, en cambio, permaneció constante, así como la partición del ingreso. En el esquema de Piketty debería disminuir la concentración del ingreso; sin embargo, aumentó la concentración. Antes de la contratación de los 4 obreros nuevos el 16,7% de la población (los 2 capitalistas), tenía el 50% del ingreso; luego de la contratación, el 12,5% (de nuevo, los 2 capitalistas) tiene el 50%. La propiedad del capital, por supuesto, sigue en manos de los capitalistas, y de forma cada vez más concentrada. Subrayo, esto ha sucedido a pesar de mantenerse constantes las variables claves de Piketty, r, α y ß, y haber crecido significativamente el ingreso. El resultado se explica por la centralidad que tiene la tasa de explotación, una variable más fundamental que la tasa de ganancia (ver más abajo). La cuestión se ve aun con más claridad si variamos la tasa de plusvalía.

c) Con aumento de la tasa de plusvalía

Supongamos ahora que los capitalistas del ejemplo anterior al momento de contratar los 4 nuevos trabajadores han logrado bajar el salario a $1,9. La baja puede deberse, por ejemplo, a la mayor oferta de mano de obra desocupada proveniente de la formación precapitalista; o a que un cambio tecnológico haya abaratado el costo de reproducción de la fuerza de trabajo (aumenta la plusvalía relativa, en términos de Marx). Debido a la baja del salario, la tasa de plusvalía es 110,5%; B/Y es ahora 52,5%; y la tasa de ganancia sube al 8,75%. Lógicamente, el proceso de concentración de los ingresos se acentuó con respecto al escenario anterior, cuando B/Y permanecía constante. Pero esto ocurrió, de nuevo, al margen de que haya crecido de manera importante el ingreso.

La conexión interna de las variables

A partir de lo anterior puede advertirse la relevancia que tiene establecer una correcta vinculación entre las variables, fundada en la naturaleza de la plusvalía, y el rol del trabajo humano. “La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués -para la comprensión de su coherencia interna y sus procesos vitales- es la determinación del valor por el tiempo de trabajo”, dice Marx en Teorías de la plusvalía (t. 2, p. 141). Inevitablemente por eso, dependiendo de la explicación fundamental –el origen de las plusvalías, o beneficios del capital- las secuencias causales se pueden alterar completamente. Por ejemplo, en la perspectiva de Piketty, la tasa de ganancia depende de la productividad marginal y la escasez del capital, pero en una explicación poskeynesiana “a lo Kaldor” -bajo la idea de que “los empresarios ganan lo que gastan”- la tasa de rentabilidad depende positivamente de la tasa de crecimiento del ingreso, y tiene poco que ver con la productividad marginal o la escasez relativa del capital. Estas cuestiones teóricas no se pueden eludir a la hora de explicar la distribución del ingreso y su dinámica. Por eso también tienen consecuencias en el análisis de las diferencias entre el enfoque de Marx y Piketty.

Por ejemplo, en la primera ecuación de Piketty, las variables independientes son r y β (recordamos que la ecuación es α = r ×β). Es que dado que Piketty hace depender la tasa de beneficio de la productividad marginal y la cantidad de capital, r es, en principio, independiente de la distribución del ingreso. Esta se resuelve en el problema técnico de las productividades de los factores y las elasticidades de sustitución, como hemos visto. Aunque Piketty también, por otra parte, hace intervenir factores culturales y políticos; pero los mismos no logran articularse con el análisis económico, de manera que terminan operando como “período de excepción” (véase más abajo).

En cambio, si se adopta el enfoque de Marx, surge que la partición entre tiempo de trabajo excedente y tiempo de trabajo necesario -esto es, la tasa de plusvalía- constituye una relación más esencial que la tasa de beneficio. No se puede entender la segunda sin la primera. Además, en la realidad del capitalismo, la tasa de beneficio depende de la tasa de plusvalía, y no al revés. Por eso, en procura de aumentar su tasa de beneficio, los capitalistas intentan aumentar la tasa de plusvalía (o B/Y), afectando por esta vía la distribución del ingreso. En consecuencia, la primera ecuación de Piketty, expresada -con licencias- “a lo Marx”, pasa a ser r = α/β. Por otra parte, también se ha demostrado (véase los casos analizados más arriba) que sin suponer evolución alguna de la tasa de beneficio, puede darse la creciente concentración del capital y de los ingresos, solo a partir de la relación capitalista de explotación. Puede verse, además, que en este enfoque el conflicto social -y por lo tanto, la economía política- es inherente a la naturaleza del beneficio, y de la participación relativa del capital y el trabajo en el ingreso, o en la riqueza. Esta es la base también para articular en el análisis la dimensión económico-social con el análisis político del conflicto; una cuestión que en Piketty queda desarticulada (véase más abajo).

Algo similar se puede decir de la segunda ecuación fundamental de Piketti, β = s/g. Se trata de una relación mecánica que explica muy poco; de hecho, en ese modelo no existe siquiera una función de inversión (el ahorro fluye de manera tranquila y constante a la inversión), los mercados funcionan de manera perfecta, y el conflicto social está desaparecido. Pero en la realidad, las variaciones de la acumulación inciden en las relaciones entre las clases sociales, y la forma en que se distribuye el ingreso.

La articulación de lo político con las leyes económicas

Uno de los problemas centrales del trabajo de Piketty es que en su análisis se superponen las leyes económicas de raigambre neoclásica, que en principio explicarían la creciente desigualdad partiendo de los principios de la productividad marginal, pago de factores y elasticidades sustitución, con los factores políticos o incluso culturales, que discurren por un canal completamente distinto de lo económico. Este último ámbito parece obedecer a una lógica mecánicamente determinista que, como vimos, carece en última instancia de fundamento científico; y a su lado, aparecen fuerzas políticas y sociales, que acuden como caídas del cielo para llenar los vacíos de la explicación. La cuestión se puede ver con meridiana claridad en la remuneración de los CEO de las grandes corporaciones. Piketty admite que no son pagados según su productividad marginal, sino por el poder de que disponen para establecer sus remuneraciones. Pero, ¿por qué y en dónde se fundamenta ese poder? ¿Cómo encaja, además, con la idea de que los altos ingresos de la minoría más rica proviene de la simple propiedad de K, que da un rendimiento B, a una tasa r? No parece haber respuestas a estas preguntas.

En la teoría de Marx, en cambio, las remuneraciones de los altos ejecutivos no tienen que ver con la productividad marginal, ni con el carácter productivo de su trabajo, sino con su rol social en tanto encarnan el capital en funciones, el capital en tanto relación de explotación. Por eso los CEO son acreedores a una parte de la plusvalía, de la misma manera que los accionistas o prestamistas, en tanto propietarios del capital, son acreedores a otra parte. Las diversas proporciones en que se dividen el botín de la explotación no alteran, por supuesto, la relación básica B/Y, que es objeto del estudio de Piketty. Más en general, la cuestión se entiende si se deja de lado la idea de que “K” rinde un beneficio por el simple hecho de que es “capital”. A pesar de los consejos de Vautrin a Rastignac, que cita Piketty de Père Gorriot -le dice que la riqueza heredada es más rentable que el trabajo-, el acrecentamiento del capital no puede ser obra mecánica de la riqueza heredada: hay que organizar la explotación, y este es el rol del capitalista empresario. Por esta razón el poder de los CEO tiene un fundamento social, que establece los marcos en que se desenvuelven los conflictos con los accionistas.

De la misma manera, Piketty considera que el mercado laboral es una construcción social con sus reglas y compromisos específicos; pero esto no se compagina con su hipótesis de que la elasticidad de sustitución de los factores explicaría lo esencial de la evolución de la distribución del ingreso. Por eso, y de nuevo, puede verse la distancia que separa ese análisis del marxismo. En el enfoque de El Capital la determinación, del salario (del valor de la fuerza de trabajo) incluye un componente histórico y social, ya que los que venden su fuerza de trabajo son seres humanos, esto es, seres socialmente condicionados. De ahí que, dentro de la tendencia hacia la creciente desigualdad y polarización social, haya sin embargo un margen relativamente grande para la modificación de la tasa de plusvalía y del valor de la fuerza de trabajo. En otros términos, el nivel salarial, o la relación B/Y, no es el mero resultado de fuerzas mecánicas, ya que el conflicto entre clases es inherente a la misma relación capitalista. Por eso los resultados en cuanto a la participación de los beneficios y salarios en el ingreso pueden ser variados, ya que son múltiples los factores que inciden en la determinación de la tasa de plusvalía .

A pesar de su importancia, este análisis que opera con múltiples determinaciones orgánicamente conectadas, parece ausente en Piketty. Al no establecer un nexo interno entre la tesis de que el ingreso se determina según las leyes neoclásicas y la idea de que el mercado laboral es una construcción social con reglas y compromisos “específicos” (¿cuáles?), se desemboca en una explicación dicotómica. El problema aparece de forma diáfana cuando Piketty aborda la “Gran Compresión”, esto es, el achicamiento de las desigualdades a mediados del siglo XX y hasta los 1970. En este punto de la historia, lo político-cultural irrumpe en el texto sin conexión coherente con las “dos leyes fundamentales” del capitalismo. Es que en esos años de excepción habría operado, siempre según Piketty, una lógica política y cultural muy distinta de la mecánica económica “autónoma” que habría prevalecido durante los siglos XVIII y XIX, y hasta comienzos del siglo XX, y que volvería a regir ahora. Por eso, en este marco teórico, la instancia política y económica explica la “excepción”, pero nada más; en tanto que lo económico mecánico explica todo el resto de la historia, pero parece interrumpirse en la excepción. En otras palabras, la explicación está desarticulada. La dificultad surge porque el análisis económico de la distribución del ingreso se aborda desde un enfoque neoclásico que por definición es asocial y ahistórico. Por esta vía no hay forma de vincular orgánicamente el conflicto social ni la evolución histórica con las categorías económicas. Por eso, muchas de los valiosos datos y observaciones que presenta Piketty deberían leerse en un contexto distinto, capaz de integrar ambos aspectos, ya que lo económico es social, y por lo tanto inescindible del conflicto de clases.

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Reflexiones desde el marxismo sobre el libro de Piketty (2)

Written by rolandoastarita

25/05/2014 a 16:28

17 comentarios

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  1. Hola Rolo,

    Gracias por tu comentario. Sólo añadiría, siguiendo lo que dices, que cuando se pasa del campo a la ciudad y se generan salarios más altos, también hay que tomar en cuenta que la dependencia en el mercado y sus productos y servicios afecta el análisis. No es lo mismo analizar una situación donde la cantidad de dinero que se obtiene no es tan importante porque se tiene acceso a medios de producción y subsistencia que a una donde no se tiene nada más que el salario que se obtiene del salario. Esa separación de los medios de producción y subsistencia, tan crucial para el análisis del trabajo abstracto en Marx, es una que los datos y análisis burgueses no pueden ver.
    Un abrazo,

    Ian

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    Ian J. Seda-Irizarry

    25/05/2014 at 16:39

  2. ¿Podría decirse que ese componente económico y social que rodea la fijación de las tasas salariales y de la plusvalía en el capitalismo operó con éxito en términos de una mayor equidad en el periodo de la Gran Compresión, incidiendo de manera determinante en el avance de un proceso igualador en las economías centrales que también se vio en América Latina, y que por distintos motivos dejó de operar justo hacia los años setenta del siglo XX?. La autonomización del capitalismo actual es algo de lo cual lo sociólogos vienen hablando desde hace rato (Touraine, Bauman, etc): es el resultado, o mejor dicho, la característica más dramática de la Globalización ( “la sociedad posindustrial”, “modernidad líquida”,”el fin de la sociedad”, etc). En su visión se trataría de un declive de actores sociales (en sentido colectivo) clave del periodo de la Gran Compresión, cuando tenía mucho sentido hablar de lucha de clases. Hoy no tiene mayor sentido hablar de la lucha de clases, simplemente porque no hay actores que la asuman con la fuerza de antaño. Se dirá que la lucha de clases es un proceso objetivo, más allá de que haya actores que la asuman abiertamente o no. Bueno, creo que aquí está la clave para entender las cuestiones sociales.

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    mario

    26/05/2014 at 00:40

  3. Bueno, me parece que habria que analizar Piketty de nuevo. El Financial Times encontro que la data que uso esta manipulada para que le den los resultados. La derecha economica no para de sen~alar los errores metodologicos. http://blogs.ft.com/money-supply/2014/05/23/data-problems-with-capital-in-the-21st-century/ esta detras de un paywall pero se puede leer inscribiendose.

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  4. Reblogueó esto en Humano Buenos Aires.

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    Leonardo Sai

    27/05/2014 at 15:57

  5. Entiendo que el libro de piketty es un best seller y por eso lo critica, pero es muy mal libro sin ninguna seriedad cientifica. Me gustaria que critique otro tipo de libros como la serie de Negri Hardt o los de laclau o de badiou ( donde se critica a el marxismo desde pensamientos profundos)

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    Tomas

    27/05/2014 at 18:40

    • En “Valor, mercado mundial y globalización” traté críticamente varios aspectos de “Imperio”, de Hardt y Negri. Algún día posiblemente escriba algo sobre el trabajo de Laclau acerca del populismo. De todas maneras, le adelanto que lo encuentro científicamente menos útil que el libro de Piketty. En general, el enfoque posmarxista me parece carente de rigor científico.

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      rolandoastarita

      27/05/2014 at 20:04

  6. Quién no podría concordar con Fernando Mires cuando dice que en Laclau hay cosas realmente brillantes, como eso del significante vacío que termina significando mucho. Pero también cuando le critica que su teoría se aplica más al auge del populismo que al declive del mismo pues, por ejemplo, tiene muy poco o nada que decir sobre la situación de Venezuela a la muerte de Chávez. Laclau se preocupó por construir teoría y esto es muy importante, es parte integral del rigor científico tal como éste debe entenderse en las Ciencias Sociales.

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    mario

    27/05/2014 at 20:35

    • Si a usted eso lo satisface, está en su derecho. Yo no le encuentro utilidad alguna. Menos todavía para explicar lo que registra Piketty (y otros muchos estudios) sobre la concentración del ingreso. En particular, la tesis de que las clases sociales son construcciones discursivas me parece un disparate mayúsculo; y con ese punto de partida, no hay manera de explicar lo que trata la nota. Como tampoco hay manera de explicarlo si se niega que existen fenómenos socialmente objetivos, tales como una lógica del capital, basada en la explotación del trabajo.

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      rolandoastarita

      27/05/2014 at 21:59

  7. Sí, la lógica del capital es socialmente objetiva y se erige sobre la explotación del trabajo, un proceso histórico; pero dar cuenta del mismo requiere más claridad con respecto a como opera el mecanismo que permite su reproducción, vez tras vez, en la conciencia y por lo tanto en el accionar de los sujetos que lo protagonizan, sus agentes: explotadores y explotados. La distinción entre falsa conciencia vs. ciencia no lo hace bien o es muy difícil de entender. Por lo menos para mí. Como es que la ciencia no llega a sobreponerse a la falsa conciencia en un sentido histórico: no se ve que eso haya pasado o esté sucediendo pero se postula que en algún momento podrá ocurrir. No estoy hablando de la violencia ni nada de eso sino que no se ve ninguna forma, proceso o mecanismo en la sociedad que vaya o pueda ir en ese sentido, con todo y el proceso de acentuación en la concentración del ingreso que el libro de Piketty verifica.

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    mario

    27/05/2014 at 23:40

    • El libro de Piketty trata sobre un hecho que está siendo discutido en muchos ámbitos: la caída de la participación del trabajo en el ingreso a nivel mundial. Este es un hecho ampliamente registrado; no es “falsa conciencia”, sino el registro de un fenómeno objetivo. Mi interés es encontrar una explicación científica de este fenómeno. La de Piketty no me convence por las razones que he dado. Pero al menos presenta una explicación. Lo de Laclau no veo que sirva siquiera para eso. Es una especulación que no entiendo qué aporta para explicar este fenómeno. Más bien oscurece las cosas.

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      rolandoastarita

      27/05/2014 at 23:51

  8. No discuto que el post marxismo sirva para explicar esto, lo que digo es que la verdadera critica no es piketty sino la critica por izqiuierda a las interpretaciones de marx y otros. Cuando usted mismo dice que lean bien a marx yo le pido que no reduzca a laclau o negri. Acaso no hay nada ni a lo cual discutir en Marx más allá de Marx: Nueve lecciones en torno a los Grundisse o en Hegemonía y estrategia socialista: hacía una radicalización de la democracia. Y en otros autores donde se intenta pensar mas alla de Marx todo el siglo XX y el siglo XXI es solo continuar a Marx?

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    Tomas

    27/05/2014 at 23:59

    • No entiendo a qué quiere llegar. Mi objetivo es entender el capitalismo contemporáneo y sus tendencias. Por ejemplo, por qué en los últimos 40 años aumentó la participación de los beneficios sobre los ingresos; o por qué la gran crisis de 2007, o la crisis del euro, o el fracaso de los estatismos burgueses tercermundistas (al estilo chavismo). En base a estos objetivos, aplico los enfoques teóricos que considero que mejor dan cuenta de estos fenómenos. Es en este respecto que considero que el enfoque de Marx es el que brinda una mejor interpretación. Lo cual no significa aceptar todo lo que dijo Marx, o negar la necesidad de desarrollar cuestiones que no han sido desarrolladas por Marx. Por ejemplo, en lo personal, he trabajado tipo de cambio, mercado mundial, intercambio desigual, deterioro de los términos de intercambio, revisé la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, y estoy trabajando cuestiones referidas a dependencia desde una perspectiva bastante opuesta a la que predominó tradicionalmente en la ortodoxia leninista; o problemas planteados en teoría del valor por los sraffianos; o cuestiones referidas a teoría monetaria moderna, enriquecida por los enfoques de dinero endógeno.

      Se trata entonces de discusiones concretas. No entiendo a qué viene eso de “acá no hay nada que discutir en Marx más allá de Marx”. En su observación parece deslizarse la crítica superficial de muchos posmarxistas: sin penetrar siquiera en lo que se está analizando, descalifican insinuando que se trata de “marxismo dogmático” que no va más allá de lo que dijo Marx, para repetirlo como si fueran las sagradas escrituras. A esto le contraponen un posmarxismo “a lo Laclau” al que no le encuentro utilidad alguna para entender las evoluciones del capitalismo contemporáneo. Y el problema es de punto de partida: su afirmación de que el discurso es constitutivo de toda realidad social. Esto es idealismo puro, es la negación del realismo epistemológico.

      Para “bajarlo a tierra”: si hay una realidad social, que es que la participación W/Y tendió a bajar en los últimos 40 años en todo el mundo, y viene alguien a decirme que esa “realidad social” está constituida por el discurso, apenas lo puedo tomar como una distracción a lo que realmente me importa: explicar ese hecho social objetivo (vayan a explicarle a los millones de trabajadores precarizados o marginados que lo suyo es producto de las “construcciones discursivas” y de la política entendida como “retórica”).

      Por eso no se trata de dogmatismos; simplemente de partir y desarrollar las teorías que nos parecen que mejor explican las cosas. Y esta cuestión no se resuelve descalificando de antemano por “dogmático”, o “cerrado” tal o cual enfoque. Se resuelven teniendo en cuenta su poder explicativo. Por otra parte, las explicaciones no son infinitas. En el caso que nos ocupa, están las neoclásicas “puras”; las neoclásicas “con imperfecciones de mercados” (a lo Blanchard); las poskeynesianas (monopolios, relaciones de fuerza) que tienen puntos de contacto con las leninistas; y las más orientadas al marxismo. En todo esto, Laclau no veo qué puede aportar para clarificar los asuntos.

      Dicho esto, tal vez pueda encontrar una cierta utilidad en la lectura de Laclau: entender por qué tantos intelectuales “progres K” escriben lo que escriben. Aunque por supuesto, sus escritos no me ayudan un milímetro a entender por qué, por ejemplo, el gobierno K está aplicando un plan de ajuste ortodoxo. Como tampoco me ayuda a entenderlo la lectura de Laclau.

      En definitiva, las discusiones son concretas. No se trata de juzgar teorías sociales por sus construcciones verbales (más o menos elegantes), sino por su poder explicativo. Y, en última instancia, siempre hay que optar por alguna línea explicativa. Con un agregado: muchas veces lo que se presenta como “nuevo” y “renovador” no es más que vieja ideología en odres apenas nuevos.

      Un ejemplo elemental: supongamos que un investigador constata dos fenómenos: a) hay crisis económica; b) aumenta el consumo de ansiolíticos y la consulta a los psicólogos. Se presentan 4 explicaciones alternativas. 1) dice que (a) es la causa de (b) (Prioridad explicativa de lo económico sobre lo psicológico); 2) dice que (b) es la causa de (a) (la inestabilidad psicológica y el consumo de ansiolíticos explican la crisis); 3) dice que (a) y (b) son independientes, no tienen vinculación, o en todo caso interactúan al mismo nivel; 4) dice que ni siquiera se puede conocer si (a) y (b) existen, porque todo se trata de discurso e interpretación.

      Pues bien, dadas estas opciones, viene el “post” (el hombre que ha superado todo dogmatismo) y decreta que (1) es economicismo mecanicista dogmático, propio del marxismo. Y que (2), (3) y (4) representan “lo nuevo”, lo “renovador”, lo “revolucionario”, por oposición “al dogmático seguidor de Marx, que piensa que no hay nada que discutir en El Capital”. Con esto creen haber liquidado el tema. Sobre esta tontería, se construye buena parte del pensamiento “crítico” en las ciencias sociales modernas. Mientras tanto, no pueden articular dos palabras seguidas frente a fenómenos como el que registra Piketty. Tal vez esto ayude a explicar el descrédito en que ha caído buena parte de esta sanata.

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      rolandoastarita

      28/05/2014 at 10:01

  9. Laclau aporta muy poco o nada a la explicación del fenómeno a que hace referencia la nota, el populismo es otro tópico. Pero como Ud. inserta el fenómeno dentro de la lógica del capital, entonces, el problema es responder a la pregunta de hacia donde conduciría la progresión del fenómeno, visto desde la lógica del capital: ¿es algo ya visto en la historia del capitalismo?, ¿en qué se diferencia y en qué se parece a lo ya visto?, ¿cómo vincular lo inédito del fenómeno a la reproducción de la lógica del capital en este momento y en el largo plazo, conforme a la teoría?, ¿alcanza la teoría a incorporar la singularidad del fenómeno o su incorporación a la misma amerita modificarla?

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    mario

    28/05/2014 at 01:16

  10. El fenómeno es “la concentración del ingreso”

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    mario

    28/05/2014 at 09:34

  11. Desde la crisis de los setenta y principios de los ochenta los salarios reales en gran parte del mundo han permanecido estancados, y en América Latina se ubicaron a nivel general por debajo de aquellos registros. La gran excepción parece haber sido el SE asiático. Creo que el análisis debe enfocarse indudablemente en términos internacionales.
    En realidad no se entiende mucho del capitalismo de las últimas décadas si no consideramos el SE asiático y terminamos en explicaciones “provincianas” como muchos economistas argentinos hacen.
    No sólo en términos de salarios sino que prácticamente en cualquier “variable” hay una evolución diferente en el SE asiático. Se habla de “desindustrialización” en Argentina, por ejemplo, pero ocurrió en buena parte del mundo salvo en esa región (sí los países centrales también se “desindustrializaron”). El cuadro de ningún modo implica un capitalismo “posindustrial” ni esa clase de pavadas porque a nivel general el auge del SE asiático resulta en un incremento de la fuerza de trabajo industrial mundial. Industrias enteras en el centro o en gran parte de la periferia se han visto desplazadas por competidores del SE asiático o en otros casos la relevancia en la provisión de materias primas importadas ha modificado las condiciones de producción de industrias que sobreviven pero con modalidades de funcionamiento que nada tienen ya que ver con los años de posguerra (en nuestro caso la automotriz es elocuente).
    Todos esos cambios también involucraron ataques a las condiciones de trabajo tanto para expandir la tasa de plusvalía como para garantizar en mayor medida estos cambios en las condiciones de funcionamiento, previamente mucho más homogéneas en términos nacionales. La población obrera sobrante se ha incrementado en forma sostenida en el resto del mundo.
    Obviamente cuando los ingresos de gran parte de la población obrera apenas se despegan de niveles de subsistencia no existen mayores posibilidades de ahorrar y adquirir “riqueza” o “activos” como por ejemplo una vivienda. Y ese es el necesario correlato en la concentración de la riqueza de la concentración del ingreso.

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    Esteban Maito

    29/05/2014 at 12:42

  12. Reblogueó esto en mitimaesy comentado:
    El economista argentino Rolando Astarita es docente en la Universidad Nacional de Quilmes, Carrera de Comercio Internacional, y también en las de ciencias Sociales y Ciencias Económicas de la UB y autor de numerosos artículos y publicaciones.
    Con el título que preside este artículo, ha entrado en el debate amplio e importante que se está desarrollando en todo el mundo a propósito del libro de Thomas Piketty. Lo hace con un artículo estructurado, por ahora, en dos partes de denso contenido…..

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    mitimaes

    30/05/2014 at 16:55


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