Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Lógica del capital y crítica marxista (2)

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Segunda parte de la nota iniciada aquí.

Más sobre leyes objetivas y determinación

Al tratar la lógica del capital, y la existencia de leyes sociales objetivas, aparece de manera repetida la cuestión de la “determinación”. Los críticos de la tesis de la lógica del capital hacen todo un mundo de la crítica al “determinismo”, y en particular, al “determinismo económico”. A este fin, construyen un muñeco de paja: reducen todo determinismo al determinismo unidireccional y mecánico, para concluir que la determinación es propia de un marxismo “dogmático y cerrado”.

La realidad sin embargo es que la determinación juega un rol central en las ciencias sociales. Por supuesto, es fácil acordar en que las determinaciones que son propias de la mecánica clásica (del tipo que dice “si en un instante dado se conocen las posiciones y velocidades de un sistema dado finito, a partir de sus funciones se pueden determinar las velocidades y posiciones futuras”), tienen una aplicación muy limitada, o nula, en el análisis social. Dado que las actividades humanas se desarrollan en entornos siempre cambiantes, y que cambian precisamente a causa de las acciones de los seres humanos sobre esos entornos -y sus reacciones a esos cambios-, el futuro no está determinado de ninguna manera mecánica o lineal.

Sin embargo, los tipos de determinación no se reducen a la determinación propia de la mecánica clásica, esto es, a la determinación lineal. Por caso, los enunciados legales estadísticos, a los que nos referimos en la primera parte de esta nota, ponen en evidencia que existen determinaciones estadísticas; cuando decimos que, en promedio, los no propietarios de los medios de producción están obligados a vender la fuerza de trabajo, estamos poniendo el acento en que esta determinación no opera de manera lineal y mecánica. Lo mismo puede decirse de muchas otras relaciones vinculadas con la lógica del capital y el mercado. Por ejemplo, en la teoría del valor trabajo cuando abordamos los precios de producción -atractores- y la tasa media de ganancia, las determinaciones también son estadísticas. En estos campos no se puede fijar de manera determinística el movimiento real de los precios individuales, o de las ganancias, por lo cual encontramos otra clase de regularidad, la de los promedios. Desconocemos una importante proporción de los datos dinámicos que permitirían determinar con exactitud la evolución de cada precio (o del sistema en todos sus detalles), pero podemos reemplazar esa ignorancia por distribuciones de probabilidades, susceptibles de ser explicadas teóricamente.

Por otra parte, también hay que admitir que muchas veces aplicamos algunas formas de determinaciones lineales, conociendo por supuesto sus limitaciones. Por ejemplo, cuando decimos que, dados el producto neto y la masa salarial de trabajadores productivos, se determina el excedente de una economía, estamos estableciendo una relación determinista que orienta de manera importante el análisis -es punto de partida de la Economía Política clásica, en oposición a las explicaciones de la distribución de la economía vulgar, donde precios, cantidades y variables distributivas se determinan simultáneamente- aunque no lo agota. Por lo tanto tenemos, por lo menos, determinaciones mecánicas, de escasa aplicación, aunque juegan un rol en determinado nivel del análisis; y determinaciones estadísticas, cuyo ámbito de acción es más amplio, ya que engloban la mayoría de los fenómenos tendenciales asociados al valor y el capital.

Determinación asociada a la lucha de opuestos

Pero además de las determinaciones mecánicas y estadísticas existe la determinación dialéctica, también señalada por Bunge (1959), que se asocia a la lucha de opuestos, y que por lo tanto da lugar a resultados abiertos, en un sentido más fundamental que el que encontramos en las determinaciones estadísticas, o de grandes números. Es el caso de la lucha de clases. Por ejemplo, la lucha de clases puede determinar cambios al interior del modo de producción capitalista; o cambios que impliquen la modificación misma de esa estructura, dependiendo de su intensidad, programas y acciones de las clases involucradas, y otros factores. En ambos casos se introduce un factor de indeterminación que no puede ser superado ex ante.

A fin de ilustrar lo que queremos decir, damos dos casos característicos. El primero, referido a la lucha salarial reivindicativa. En principio, sabemos que en las fases de expansión del capitalismo, mejoran (en promedio) las condiciones para obtener mejoras salariales (o de otro tipo); y que lo inverso sucede en períodos de crisis y recesión. Pero dicho esto, el resultado final en los diversos escenarios dependerá del nivel e intensidad de la lucha de clases, que a su vez estará condicionado por muchos factores: nivel de la desocupación, grado de organización y democracia sindical, ánimo y disposición para luchar, política de la clase dominante o el gobierno, etcétera. Se trata de un complejo de determinaciones e influencias recíprocas, cuyos resultados están abiertos en muchos sentidos. Aunque también reconocen límites; por ejemplo, las luchas salariales, dentro del modo de producción capitalista, tropiezan con los límites de la “huelga de inversiones” del capital (o el desplazamiento del capital hacia otras regiones o países) y de la introducción de la maquinara, entre otros. Precisamente estas limitaciones (pero que no pueden analizarse si se desconoce que existe una lógica del capital) están en el centro de la crítica del marxismo al sistema capitalista.

El segundo caso se refiere a la eventualidad de que la clase trabajadora emprenda una lucha revolucionaria y acabe con la propiedad privada del capital y el Estado capitalista. Se abre aquí otro tipo de escenario, completamente nuevo, cuya definición (¿cómo se organiza la producción o la distribución? ¿Qué articulación se establece entre producción y mercado?, etcétera) dependerá de muchos otros factores, tales como las relaciones entre las clases sociales, el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, la situación internacional, etcétera. Lo importante aquí es entender que al introducir la determinación derivada del conflicto y la lucha estamos enfatizando lo que ya habíamos visto más arriba, a saber, que las leyes del capitalismo son histórico-sociales, y por lo tanto, pueden ser abolidas por la acción de los seres humanos. Un conflicto salarial en determinada circunstancia puede generalizarse y dar lugar a una transformación revolucionaria, provocando los cambios en la estructura social que determinaba los límites de las luchas reivindicativas al interior del sistema capitalista. Lo cual significa la emergencia de relaciones sociales nuevas; por ejemplo, relaciones sociales basadas en la propiedad en común y la cooperación, en lugar de las sustentadas en la propiedad privada y la explotación. Pero este resultado no está predeterminado; depende de cómo se resuelvan los conflictos, cuestión que a su vez se vincula a múltiples factores sociales, ideológicos y políticos.

Por lo tanto, estamos muy lejos del determinismo fatalista o de la predestinación. El determinismo tipo “bala de cañón” -reglas de comportamiento perfectamente prescritas y condiciones iniciales perfectamente definidas- no tiene lugar en la determinación dialéctica. Pero además, la compleja relación entre lucha y condicionamientos derivados de las relaciones sociales existentes es imposible de captar si se niega, ab initio, la posibilidad misma de comprender la conexión interna entre los fenómenos. También pone en evidencia que constantemente estamos hablando de fenómenos sociales, que ocurren a través del accionar de seres conscientes, que imaginan, proyectan, elaboran esquemas para interpretar la realidad en que actúan, etcétera. Y desmiente la idea de que hablar de determinación implica negar la incertidumbre en el análisis social (tampoco la niega en las ciencias naturales). Es claro que en tanto alguno de los opuestos no se imponga al otro, el resultado puede mantenerse incierto. Por último, dejamos anotado aquí que es muy significativo que la crítica de la tesis de la lógica del capital, y el rechazo del determinismo, se acompañen del no al dualismo.

Determinación, interrelación y “reduccionismo”

Los que conciben la determinación solo como determinación lineal y unidireccional tienden a oponerle, como alternativa, la interacción entre todos los elementos e instancias. Según esta visión, la tesis de la determinación llevaría a establecer una jerarquía explicativa -por ejemplo, cuando decimos que las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas tienen prioridad con respecto a las representaciones políticas para explicar la evolución social en el largo plazo- y por lo tanto es sospechosa de “reduccionismo economicista” y “cerrazón dogmática” (puede verse esta posición en Omar Acha, http://www.avizora.com/publicaciones/ciencias_politicas/textos/0078_marxismo_de_derecha.htm).

En contraposición, la interacción con igual peso de todos los elementos del sistema social, sería propio del marxismo “abierto, crítico y de izquierda”. Según este enfoque, dado que todos los factores cuentan igual, la resultante está indeterminada. En otros términos, y con el argumento de evitar la “unidireccionalidad”, no habría posibilidad de establecer direccionalidad alguna. Por caso, estaría vedado afirmar que en el capitalismo hay una tendencia a la concentración de la riqueza, o a la internacionalización del capital; proposiciones de este tipo son sospechosas de “unidireccionalidad” y “determinismo”.

Frente a esto, empecemos aclarando que la interrelación en sí misma no es sinónimo de posiciones de izquierda, abiertas y críticas. Por ejemplo, y como mencionamos más arriba, en la economía neoclásica los precios, las cantidades y las variables distributivas se determinan simultáneamente, vía la oferta y la demanda, sin que esto convierta a este enfoque en “abierto”, y mucho menos “de izquierda y crítico”. Las teorías de Ricardo o Marx, por el contrario, establecen un orden jerárquico -por caso, los salarios y el producto se determinan antes que el excedente, que aparece como un resto; la oferta y la demanda juegan un rol secundario con respecto a los tiempos de trabajo necesarios, etcétera- y es esta jerarquización en la determinación la que permite superar el enfoque acríticamente superficial del “todo depende de todo por igual”. Por lo cual cabe preguntarse por qué tiene que ser superior, y además “no dogmático” y “crítico”, el enfoque “no hay jerarquías ni direccionalidad”, con respecto al que dice que sí hay jerarquías y direccionalidad, ya que la interacción no anula la determinación.

Más en general, digamos que la interrelación nunca puede agotar los problemas de la determinación, a menos que esté en juego una simetría extrema (Bunge). Pero en este caso habría que demostrar que la simetría efectivamente es extrema. Por ejemplo, podemos decir que la creencias religiosas, las tradiciones culturales y/o las representaciones ideológicas influyen en los modos y las disposiciones de los no propietarios de medios de producción a vender su fuerza de trabajo al capital. Pero de aquí a afirmar que esas creencias, tradiciones y representaciones tienen el mismo peso que la relación social de no propiedad al momento de explicar por qué venden su fuerza de trabajo, hay un salto que el crítico de la lógica del capital (y de la determinación en general) no justifica. La realidad es que en la sociedad capitalista el peso de la necesidad lleva al trabajador promedio al mercado laboral, a pesar de las resistencias que pueden estar enraizadas en creencias, tradiciones y representaciones. Lo cual no niega la autonomía relativa de muchas prácticas humanas, ni implica afirmar que la lógica del capital explique cualquier manifestación de la vida social. Simplemente estamos diciendo que existen determinadas relaciones sociales que son más fundamentales, y están asociadas a las formas en que los seres humanos producen y reproducen sus condiciones de existencia.

Es claro, por otra parte, y contra lo que dice el crítico ad usum de la lógica del capital, que el análisis y dilucidación de qué variables son independientes y cuáles dependientes -esto es, el debate sobre la direccionalidad de la determinación- está en el centro mismo de muchas investigaciones en ciencias sociales. El caso de las teorías de la distribución del ingreso es un ejemplo claro. Otro ejemplo lo encontramos en la famosa fórmula de la teoría cuantitativa del dinero, masa monetaria x velocidad del dinero = precios x transacciones. Desde el punto de vista formal, se puede sostener que hay interrelación entre las cuatro variables; pero esto no explica el asunto. Como sabe cualquiera que se haya asomado a las cuestiones de teoría monetaria, la discusión entre defensores del enfoque cuantitativo y sus críticos es sobre el orden de determinación (no es casual que en El Capital Marx presente una ecuación prácticamente igual a la de Fisher, en lo formal). ¿Qué solución frente a estas cuestiones es la del teórico que irrumpe con el “no hay determinación porque toda determinación es reduccionista”? Es un absurdo que no hay por dónde agarrarlo. En ese cuadro, no hay posibilidad de ciencia siquiera. Es un enfoque que solo lleva a “la patente degradación de las pautas de rigor intelectual” (Sokal, 2009) en el estudio de las ciencias sociales.

Lo cierto es que en las ciencias sociales hay muchas proposiciones de interdependencia compleja, sin simetría completa, pero tampoco sin determinación lineal, o carentes de causalidad simple. Desde este punto, podríamos aún avanzar más a fondo a otros tipos de articulación también compleja, como los que trata Marx (inspirado en Hegel), propios de totalidades “orgánicas”. Por ejemplo, las relaciones entre la producción, el cambio, la distribución y el consumo en la sociedad capitalista (así, no hay unidireccionalidad de la producción al consumo, pero tampoco es una interrelación simétrica; véase Marx, 1980). Pero con lo que desarrollamos hasta aquí es suficiente. Es sencillamente infantil negar estas complejidades con el sonsonete de “no caigamos en el reduccionismo determinista”.

Determinismo y movimientos caóticos

Los críticos de la lógica del capital identifican todo determinismo con el determinismo mecánico y lineal, y a partir de aquí rechazan toda determinación. Y con esto hacen todo un punto de ataque al “marxismo dogmático y determinista”. Pero la realidad es que la mayoría de los marxistas es consciente de que el determinismo lineal tiene aplicación muy limitada en las ciencias sociales. Los procesos sociales jamás son lineales; están sometidos a múltiples influencias y sus resultados la mayoría de las veces son inciertos, o meramente probabilísticos. De hecho, el determinismo lineal también es de aplicación limitada en las ciencias naturales, ya que en la naturaleza los procesos tampoco son lineales. “La ciencia de hoy demuestra que la naturaleza es inexorablemente no lineal”, anota Ian Stewart. Sin embargo, todo esto no impide que los científicos hagan aproximaciones lineales a los procesos que no son lineales; es legítimo en las ciencias sociales y en las naturales, siempre que se tenga presente que se trata de aproximaciones. Por ejemplo, la ecuación de Marx de la tasa media de ganancia es una aproximación, muy simplificada, a la tasa de ganancia efectiva, que de todas maneras nos permite entender algunos rasgos, de trazo grueso pero centrales, de la dinámica de la acumulación del capital. Lo cual, por otra parte, no significa que estemos buscando reducir la dinámica económica y social a algunas fórmulas matemáticas (una pretensión propia de la economía mainstream). Incluso en la naturaleza existen muchísimos fenómenos que ni siquiera se pueden traducir a ecuaciones diferenciales; también muchos otros que se pueden expresar en ecuaciones, pero estas no se pueden resolver. Si esto sucede en la naturaleza, con más razón, podríamos decir, ocurre en la sociedad.

Pero vinculado a esto existe otra cuestión, y es que las ecuaciones deterministas ni siquiera conducen siempre a comportamientos regulares. “Los sistemas simples no poseen necesariamente propiedades dinámicas simples” (Stewart, 2007). Por ejemplo, el resultado de iterar una sencilla ecuación determinista como 2x– 1 genera un resultado sin pauta. Pequeñas variaciones en el valor inicial dan lugar a que se pierda completamente la pista de adónde va la serie. De manera que el caos y el orden pueden ser manifestaciones distintas de un determinado subyacente. Una idea que puede echar luz en el análisis de fenómenos sociales tales como las crisis económicas. Por ejemplo, una acumulación gradual de capital fijo, acompañada de incrementos de productividad y presiones bajistas de los precios, y crecimiento del crédito, puede aproximarse con algunas ecuaciones lineales. Sin embargo, en determinado punto esta evolución puede dar lugar a la emergencia (un “salto” cualitativo) de un comportamiento caótico, cuya dinámica (profundidad de la crisis, formas de evolución, etcétera) es impredecible. Máxime si a estas variables se le agregan las respuestas políticas de clases y grupos sociales. Así, relaciones deterministas relativamente simples pueden generar movimientos tan complejos y tan sensibles a las medidas, que se los considera caóticos. Por lo tanto es de una simpleza asombrosa sostener que, por el hecho de que alguien plantee una relación determinista (por ejemplo, la ecuación de la tasa media de ganancia) esté negando lo impredecible.

Las cuestiones referidas a la determinación y la lógica social (la lógica del capital) admiten múltiples abordajes, y soluciones o aproximaciones parciales, que permiten echar luz sobre algunos aspectos de la realidad. ¿Con qué derecho el crítico de la lógica del capital desecha todo este esfuerzo, so pretexto de “no hay determinismo”? Es inexplicable. Pero sin asomarse siquiera a estas cuestiones, rechaza in limine la posibilidad misma de hacer una discusión argumentada del asunto.

Textos citados:
Bunge, M. (1959): Causalidad. El principio de causalidad en la ciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba.
Marx, K. (1980): “Introducción a la Crítica de la Economía Política”, en Contribución a la Crítica de la Economía Política, México, Siglo XXI.
Sokal, A. (2009): Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura, Barcelona, Paidós.
Stewart, I. (2007): ¿Dios juega a los dados?, Barcelona, Paidós.

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“Lógica del capital y crítica marxista (2)”

 

Written by rolandoastarita

25/08/2014 a 09:59

3 comentarios

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  1. Estoy muy de acuerdo con tu explicación. Incluso Marx y Engels,respondiendo a ciertos detractores, en su momento previnieron acerca de que la concepción por ellos propugnada, sobre la vida y desarrollo de las sociedades, no fuera tomada como un mero determinismo económico.Pese a todo, personalmente pienso que en la aplicación práctica del método no fueron siempre del todo consecuentes. En el apartado sobre el determinismo dialéctico, decís que el accionar de los hombres puede abolir ‘leyes histórico sociales’. Ejemplo: Cuando a partir de la generalización de conflictos salariales, se termina cuestionando radicalmente todo el sistema y superándolo mediante una revolución. Entiendo que es solo un ejemplo teórico para ilustrar. Una ‘posibilidad’ por fuera de que, en mi entender, es improbable que las cosas alguna vez ocurran de ese modo. En todo caso, es un ejemplo muy lineal. Pero no es esto a lo que quiero referirme principalmente. La pregunta que se me presenta es cual habría sido en este caso la ‘ley histórico social’ que resulta abolida. ¿Es la ‘ley’ de que el sistema capitalista solo puede generar lucha tradeunionista? Personalmente, no veo que una revolución proletaria elimine o rompa con ninguna ley histórico social. Por lo menos si la entendemos como una regularidad, tendencial que dimana de la contradicción y se expresa en un antagonismo de clases con pronóstico dual: Revolución proletaria mundial o perennidad del sistema explotador.

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    AP

    25/08/2014 at 16:27

  2. Es que cualquier jeraquización de la determinación puede ser o mejor dicho es, en último término, arbitaria, ¿qué la hace correcta o perfectamente ajustada a la realidad?; en Ciencias Sociales decir que el todo depende del todo creo que es una frase que debería indicar la arbitrariedad que termina imponiéndose a cualquier ordenamiento jerárquico, a cualquiera linea o secuencia causal que se proponga.

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    mario

    25/08/2014 at 19:31

  3. Rolando,
    El artículo me sorprende gratamente sobre todo los últimos dos apartados de esta sección, ya que siempre pensé que era más “determinista”. Aunque me sorprende que utilice a Sokal y no otros autores más afin a lo que plantea (Le recomiendo la lectura de Prigogine).
    DeterminismoVs.Indeterminismo en realidad, en la teoría marxista, son dos monedas de un mismo proceso. Marx y Engels lo plantearon como nucleo mismo de su teoría (“lo concreto es concreto porque es síntesis de multiples determinaciones” o algo así dice Marx en los Grundisse). Ahora bien, que la realidad social esté condicionada por “múltiples determinaciones” no significa que no se puedan establecer momentos en los que “determina” la economía, o la política, o la cultura… o en la que haya un proceso de indeterminación (triunfará lo “político” o lo “económico”?).
    Tal vez parte del error es considerar al Capital como una teoría acabada sobre lo social y por ende primen análisis del tipo determinista. O, en el otro extremo, considerar que todos los procesos sociales y durante todo su desenvolvimiento se encuentran indeterminados por un sin fin de procesos que lo influencian de igual manera.
    Y, obviamente, existen casos en que ambos momentos se solapan. Conocer las leyes del azar no implican conocer la trayectoria de un elemento particular que se encuentra influenciado por diversos elementos pero, que invariablemente, tendrá una trayectoria posible ya conocida.
    En fin, felicito por este artículo porque son cuestiones poco tratadas en los análisis marxistas.

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    bla

    26/08/2014 at 14:10


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