Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Lógica del capital y crítica marxista (4)

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Las partes anteriores de esta nota aquí, aquí y aquí.

El discurso posmoderno post caída del Muro

Los críticos de la tesis de la lógica del capital sostienen que no existe centralidad del trabajo asalariado, ni leyes objetivas de la dinámica capitalista. Ya hemos discutido teóricamente estas cuestiones. Sin embargo, las diferencias no deben ser dilucidadas solo a nivel teórico, sino también en relación a datos y hechos. La pregunta entonces es acerca de la capacidad que ha tenido la tesis “no hay leyes ni lógica del capital” para explicar, o prever, las tendencias del desarrollo económico y social de las últimas décadas.

En este punto tengamos presente que el posmodernismo tomó vuelo con sus pronósticos sobre lo que venía luego del derrumbe de la URSS, la desarticulación de los llamados Estados de bienestar, en Occidente, y el arranque de la globalización. Por aquellos años los posmodernos plantearon que con la caída de los regímenes stalinistas, y el fin del fordismo -producción y consumo de masas, trabajo alienante en las líneas de montaje, cultura conformista, control sindical y estatal- se abría una era de expansión de la diferencia, de construcción libre de las identidades, de exaltación de la particularidad y desarrollo de las personalidades. Según esta visión, la posmodernidad consumista llevaría a ofrecer a cada uno la mercancía adecuada, en tanto que en los lugares de trabajo se impondrían los horarios flexibles, los equipos de trabajo participativos y creativos, y la especialización no alienante. Las relaciones de producción capitalista serían flexibilizadas en sentido libertario y democrático, y la sociedad sería abierta y plural, dando lugar a un individuo “liberado del corsé autoritario” y focalizado en el placer y el cuidado del cuerpo y la mente.

Por supuesto, en esta operación interpretativa de “lo nuevo” los posmodernos no registraron la permanencia, profundización y extensión de la matriz que subyacía al Estado de bienestar occidental: la relación capitalista de explotación.

Por eso la idea misma de la lógica del capital era imposible de encajar en ese discurso de la “nueva diversidad”. Y como no podía ser de otra manera, esta operación ideológica y política fue acompañada del rechazo de la teoría de la explotación y de la lucha de clases, y de cualquier proyecto emancipador colectivo. Dada, además, la identificación de los regímenes soviético y maoísta con el marxismo, la tarea fue relativamente sencilla. Por supuesto, para eso hubo que ignorar a los marxistas revolucionarios que habían sido críticos del stalinismo y de la utopía de construir el socialismo en un solo país. Pero esto poco importaba a gente que estaba y está convencida de que “no hay hechos, sino solo interpretaciones”. En consonancia con el discurso de la clase dominante (Tatcher, Reagan, en versión criolla Menen), ya no había alternativas sociales a lo existente. Naturalmente, la retórica de “se acabaron las utopías” contribuía al desánimo y la desorientación de los explotados y oprimidos. A estos se les decía que había que renunciar a la posibilidad de la transformación revolucionaria, ya que las revoluciones del pasado simplemente habían creado regímenes tan monstruosos como inevitables. Nutriéndose de esta historia trágica, de ahora en más los trabajadores debían conformarse con cambiar lo posible, en el marco de un capitalismo imposible de cuestionar en sus raíces. La globalización, con sus infinitas posibilidades de desplegar las diferencias, era el horizonte posible; todo lo demás pertenecía al reino de las mega narrativas, al servicio de fanáticos y de los totalitarismos, y de los dogmáticos defensores de la tesis de la lógica del capital y la lucha de clases.

La realidad de la globalización

Pues bien, pasado ya un cuarto de siglo desde aquellos pronósticos posmodernos, cabe preguntarse qué se ha verificado de los mismos. Somos conscientes de que entramos en un terreno altamente problemático y resbaladizo para el posmoderno y el posmarxista, quienes han decretado que no hay hechos, sino solo interpretaciones. Pero aun a riesgo de ser acusados de “positivistas”, es imprescindible hacer el balance. En algún punto hay que poner límites a la palabrería que se alimenta de palabrería (y oscuridad discursiva). Y la realidad es que el mundo de hoy se parece muy poco a lo que pronosticaron los teóricos del “no hay leyes objetivas del capital”; la realidad es que estamos inmersos en un mundo cada vez más uniformemente sujeto al dominio del capital mundializado.

Efectivamente, a partir del colapso de los regímenes burocrático stalinistas, y del retroceso de los modelos keynesianos “nacional centrados”, las relaciones mercantiles y capitalistas se extendieron y profundizaron a nivel planetario, generando una mayor interrelación de los espacios nacionales de valor, y dando un carácter incluso más homogéneo a las formas de producir, de intercambiar y consumir. A la par que hubo diferenciación y particularización -por ejemplo, con el surgimiento de nuevos estados nacionales en los territorios de la ex URSS y Yugoslavia- hubo un fuerte impulso a la interdependencia y a la uniformidad. Hoy, y como nunca antes había ocurrido en la historia del capitalismo, lo que le ocurre a la clase obrera de un país, o a su economía, afecta a la clase obrera de otros países, o a sus economías. Las políticas destinadas a aumentar la productividad del trabajo y a contener salarios, tienden a parecerse a lo largo de países y continentes. Las cadenas internacionales de producción imponen ritmos de trabajo y métodos más o menos similares. Incluso algunos geógrafos económicos hablan hoy de cadenas globales de mercancías que las definen como conjuntos de redes inter-organizacionales, agrupadas en torno a un producto, que ligan hogares, empresas y Estados dentro de la economía mundial. Por eso, no se puede comprender el capitalismo actual si se hace abstracción de esta tendencia, y si no se exploran sus razones últimas, que están lejos de ser meramente culturales. Contra lo que sostienen los críticos de la lógica del capital, esta evolución hacia una mayor interdependencia e internacionalización de las fuerzas de la producción es imposible de explicar al margen de las leyes del valor y la acumulación. Desmintiendo la idea de la diferenciación y diversidad infinitas, y en el contexto de la internacionalización del capital, los métodos de explotación de los empresarios chinos, o mexicanos, no son muy distintos de los que aplican los capitalistas estadounidenses o franceses. Las tendencias a la polarización de los ingresos entre el capital y el trabajo, se repiten en más y más países. Los métodos de trabajo toyotistas, que en principio se pensaban que emponderarían al trabajo y generarían formas laborales superadoras del viejo fordismo y taylorismo, se revelan tan alienantes y embrutecedores, por lo menos, como los que decían superar (y en los hechos, hoy lo que predomina en los lugares de trabajo es una mezcla heterogénea de métodos). El propio Lipovetsky, y otros posmodernos, tuvieron que admitir, a poco de andar “la nueva era” post Muro de Berlín, que continuaban la polarización social, el desempleo, la miseria, el trabajo sin perspectivas, la inseguridad, la infelicidad y la violencia.

Por otra parte, las formas del capital financiero en Estados Unidos y China, para tomar dos casos paradigmáticos de capitalismo, que muchos visualizan como opuestos, se asemejan. Lo mismo ocurre con las variedades del capital mercantil. Incluso las empresas de capitalismo de Estado de los más diversos países se someten a la disciplina de la valorización a igual que las empresas privadas, y los fondos de inversión gubernamentales se rigen por la misma lógica de rentabilidad que prevalece entre los fondos privados.

La realidad entonces es que la “liberación de diversidades” para miles de millones implicó una mayor subordinación a las leyes del mercado laboral, y una mayor inseguridad y angustia frente a la pérdida de trabajos (sin redes de seguros sociales), y a la marginación. Como lo constata el posmoderno Zugmunt Bauman en Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre: habla de los “tiempos líquidos” para caracterizar una sociedad dominada por el miedo y la incertidumbre, la falta de “bienestar existencial” y de perspectivas vitales, la inestabilidad de los empleos y empresas, la desaparición de la esperanza en el progreso, los temores existenciales y el miedo a “perder el tren”, la sensación de desorden “que nuestras propias acciones provocan”, la mercantilización de la seguridad, los millones de desocupados, desplazados y refugiados, la competencia acrecentada por el desmantelamiento del Estado de seguridad y los sistemas de seguridad colectiva, la exigencia permanente de “mayor flexibilidad”, y atribuye la causa última de estos fenómenos a “la nueva plenitud del planeta -el alcance de los mercados (financiero, laboral y de bienes de consumo), de la modernización gestionada por el capital…” (p. 46). Fenómeno que está detrás de “la propagación global de la forma de vida moderna, que ha alcanzado a estas alturas los límites remotos del planeta”, al punto de haber anulado “la división entre centro y periferia o, para ser más exactos, entre formas de vida modernas (o desarrolladas) y premodernas (o subdesarrolladas o retrasadas).

En definitiva, Bauman (un autor insospechado de “economicismo”), sostiene que hay una realidad (conocible), que padecen miles de millones de seres humanos, la cual es movida, en su tendencia básica, no por el “poder del signo”, ni por la generalización del “discurso fragmentado y diverso”, sino por la dinámica de un capital siempre ávido de más y más valor para generar más y más valor, sin importar los costos en vidas humanas. ¿Qué queda de la diversidad que permitiría el pleno desarrollo de las personalidades?

Producción en masa y commoditization

Tal vez uno de los terrenos en los que más se evidencia el fracaso del pronóstico posmoderno, y su incapacidad de explicar, es en lo que atañe a la producción de mercancías. Si bien actualmente hay una enorme variedad de mercancías -se calcula que se producen en el mundo unos 10.000 millones de bienes diferentes cada año- esa variedad va de la mano de la producción en masa y de poderosas tendencias a la uniformidad, cuestiones que solo se explican a partir de la competencia entre los capitales y el hambre de ganancia. Las discusiones en torno a la commoditization son hoy un lugar común en las publicaciones sobre negocios, y expresan una preocupación real de los capitalistas. Por commoditization se entiende el proceso por el cual muchos bienes pasan a distinguirse por los precios, y no por la marca o calidad. Es que cuando una empresa innova de manera exitosa, la competencia imita y compite mediante guerras de precios. En consecuencia, una amplia variedad de bienes se estandariza. El outsourcing, al cual recurren cada vez más las grandes compañías, también impulsa a la estandarización. E incluso los diseños se unifican. Un caso típico es la industria automotriz: debido a que la producción está en manos de unos pocos grupos, los fabricantes unifican y normalizan diseños, reduciendo tiempos de desarrollo y costos.

Otros ejemplos de estandarización los encontramos en alimentos, industria informática, servicios y en la construcción. Por ejemplo, actualmente más del 90% de las calorías de origen vegetal que obtienen los seres humanos provienen de no más de 30 vegetales, aunque existen más de 7000 variedades. En la industria informática, los chips de memoria, los discos duros, los monitores, los teclados, etcétera, se producen de manera cada vez más estandarizada, y las empresas compiten por precios. En servicios, los proveedores de internet, los servicios de cable, de telefonía, de limpieza, de cuidados personales, de salud y diagnóstico, de transportes (taxis, autobuses, aviación), tienden a parecerse y también se compite por precio. En la industria farmacéutica, cuando se acaban las protecciones de las patentes, se compite por precio a través de los genéricos. Asimismo hay homogenización en la fabricación de partes del automóvil, o en materiales para la construcción (pinturas, cemento, ladrillos, cerámicos, etcétera). Pero tal vez el caso más significativo sea la arquitectura, que inspiró decisivamente, desde fines de los 1970, la tesis posmoderna acerca de la diversidad de estilos y el eclecticismo, por sobre el formalismo unificador del estilo modernista. ¿Qué sucedió en los últimas décadas? Pues que en lugar de diversidad, en los polos urbanos desarrollados en estos últimos años proliferan las torres vidriadas,  similares en todo el mundo e imposibles de identificar en términos de arquitectura nacional. Rem Koolhaas, reconocido arquitecto y urbanista holandés, observa que por todos lados hay una “disneylandización” de las ciudades históricas y una “singapurización” del urbanismo contemporáneo, y que en ambos casos no hay lugar para los claroscuros, porque “se impone la eficacia autoritaria y la perfección angustiante”. Y señala que estas construcciones son hijas de la tecnología y del marketing “en una globalización emponderada por las finanzas transnacionales” (véase la nota de Fabio Grementieri, “Arte. Nostalgia e incertidumbre”, ADN Cultura, La Nación, 19/07/14). En lugar del pastiche, la diferencia, el eclecticismo, tenemos la uniformidad creciente, gobernada por “las finanzas transnacionales”.

Es necesario comprender las tendencias básicas

Lo que estamos planteando, a partir de lo anterior, es la necesidad de explicar algunas tendencias básicas, a partir de leyes -objetivas en tanto subsista el sistema capitalista- que permitan entender algunos rasgos igualmente básicos, tales como el impulso a la internacionalización del capital, la homogeninización de métodos de producción, la generalización de una lógica financiera crecientemente articulada con la generación y distribución de plusvalía a nivel mundial, o la uniformidad de productos. Por supuesto, esto está lejos de agotar los múltiples problemas. Por caso, aquí no se pretende reducir a la lógica del capital, por ejemplo, la actual guerra entre sunnitas y chiitas, o entre jihadistas sunnitas y yazidis o kurdos. De la misma manera, sería absurdo explicar las formas del arte contemporáneo por la dinámica del capital (aunque se pueden explicar las tendencias a la mercantilización del arte). Sí estamos afirmando la necesidad de ubicar en el centro del análisis de las tendencias económico sociales actuantes hoy las leyes de la generación, realización y acumulación de la plusvalía. En otras palabras, la lógica del capital. No se trata de negar los cambios, de no leer las novedades, sino de entender que cambio y continuidad se implican, y que de manera fundamental permanece la centralidad de la relación capital – trabajo. Pero es esta continuidad la que niegan los críticos de la lógica del capital. El resultado en el plano del análisis y la explicación está a la vista: han sido incapaces de explicar lo elemental.

Por el contrario, los marxistas que dijeron que continuaba vigente la relación de explotación, pudieron prever, en sus trazos gruesos, la evolución tendencial, de manera más acertada. Frente a los que se apresuraron a proclamar el advenimiento de una nueva era libre de las constricciones del capital, los marxistas dijimos que, salvo algunas experiencias parciales y más bien episódicas, las leyes de la competencia terminarían imponiéndose sobre las ensoñaciones idealistas y románticas. Las guerras de precios, los ritmos de producción crecientes, las devaluaciones y bajas de salarios para sostenerse en los mercados, no son simples “interpretaciones” ni “construcciones semánticas”. Son hechos, experiencias reales que afectan a millones de seres humanos, que sufren en sus prácticas diarias, de las que parecen estar alejados tantos académicos, encerrados en sus cajas de cristales de infinitas elucubraciones, carentes de raíz en la vida humana, real y concreta.

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“Lógica del capital y crítica marxista (4)”

Written by rolandoastarita

11/09/2014 a 10:32

15 comentarios

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  1. Que buena nota¡ Muy clara y contundente respecto de tanto desvarío que prolifera por todas partes. Otro golpe a la tráquea del pensamiento débil.

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    AP

    11/09/2014 at 12:27

  2. exelente nota,muy didactica y muy bien explicada

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    Leandro

    11/09/2014 at 17:51

  3. Hay algo que lleva a rechazar visceralmente los planteamientos centrales de Marx -la lógica del capital-,sobretodo después del colapso de la Unión Soviética, y es que los mismos fueran utilizados desde el poder para construir una doctrina justificadora del totalitarismo estatal con la aceptación de mucha gente, gente de la izquierda. Por ejemplo: En plena vía pacífica al socialismo, Salvador Allende llegó a llamar a la Unión Soviética “Nuestro Hermano Mayor”.¡Imagínese!. Creo que ésta es una especie de Pecado Original que hace desconfiar de todo aquel que asome politicamente a Marx. Y hacerlo es inevitable porque sino ¿qué sentido tiene su crítica?.

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    mario

    12/09/2014 at 00:38

    • El problema es que una discusión científica no se resuelve con “rechazos viscerales”, sino con argumentación razonada e investigación empírica. ¿Qué tiene que ver la caída de la URSS (o el stalinismo) con la teoría de la plusvalía de Marx, o con su crítica de la alienación y la explotación del trabajo capitalista? Nada que ver, pero a usted esto no lo importa porque lo suyo es “visceral”. Por eso tampoco presta atención siquiera a las críticas que ha hecho el propio marxismo a los regímenes stalinistas. Como toda prueba “científica”, nos manda una cita de Salvador Allende en relación a la Unión Soviética ¿Qué tiene que ver esto con lo que planteó Marx? De nuevo, nada que ver. Pero a usted esto tampoco lo importuna porque, ya lo dijo, sus argumentos son “viscerales”. Todo condimentada con la referencia al “Pecado Original”.
      A pesar de la pobreza de sus argumentos, se saca algo en limpio: lo suyo es una muestra acabada del limitado horizonte intelectual de la crítica de la derecha a la teoría de Marx.

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      rolandoastarita

      12/09/2014 at 09:27

  4. Todas las cosas que pasaron en el contexto de la Guerra Fría y después tienen que ver con el planteo de Marx, o acaso no se trató de una lucha político-ideológica en la cual unos esgrimieron tales argumentos y otros los contrarios. Lo que quise decir es que, quiérase o no, el Marxismo tiene un envoltorio, un sello del cual no ha podido desembarazarse resultado de esa lucha, que lo hace poco atractivo para la discusión científica y político-ideológica actual. Coincido con el planteamiento de la lógica del capital de Marx que Ud ha explicado con tanta claridad pero no dejo de notar como esos planteamientos siguen sin poder ser articulados por la izquierda en un claro, atractivo y popular proyecto de cambio político que saque al marxismo de su marginación y lo ponga en el centro de la discusión, si eso es lo que merece.

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    Mario

    12/09/2014 at 12:22

    • En la nota no se sostiene que la izquierda, en su mayoría, haya analizado el sistema capitalista (o haya elaborado política) basándose en la teoría de “El Capital”. Más bien sucedió lo contrario (y algo tuvo que ver la tesis del dominio del monopolio, entre otras cosas). Que haya gente de izquierda que en nombre de la teoría de Marx apoye a regímenes como el chavista, o el de Corea del Norte, o antes a Pol Pot o Stalin, no es prueba de que la teoría de Marx sea la razón (teórica o política) de ser esos regímenes. Menos todavía se podría acusar a Marx por lo que hizo la socialdemocracia en la posguerra. ¿No le parece que es hora de que cada cual asuma su responsabilidad por lo que dice y hace? A mí no se me ocurre decir que lo que hizo la Inquisición estaba en germen en las enseñanzas de Jesús. Pasando a un plano más personal, soy responsable de lo que escribo; no puedo atribuirle mis errores a lo que escribió algún autor del siglo XIX, o cosa por el estilo.
      Por otra parte, es cierto que la teoría de la explotación no es agradable para la mayoría de la gente. Frente a esto, no tengo remedio.

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      rolandoastarita

      12/09/2014 at 13:04

  5. Bueno pues esa es mi inquietud, qué se pude hacer más allá del trabajo de militancia que sin desmerecerlo es muy lento, personal y casi inefectivo. Debería haber algo así como una elaboración más colectiva, horizontal, que involucre grupos y grupos comunicándose.Es que me causa inmensa molestia lo farsantes y demagógicos que han resultado proyectos como el chavismo, si sus voceros hacen referencia constante a la obra de Marx.

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    mario

    12/09/2014 at 14:09

    • Mario. Lenin escribió una vez que tan poderosa resultó la influencia revolucionaria del marxismo, que obligó a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. Está en nosotros arrancarles la máscara.

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      AP

      12/09/2014 at 18:54

  6. Es bastante más sencillo, Rolando. Si no existiera una lógica interna del capital entonces fenómenos fácilmente demostrables a nivel empírico como la concentración y centralización internacionales de capital (corporaciones multinacionales), la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y las crisis periódicas de super acumulación relativa, la persistencia del ejército de reserva aún en condiciones de acumulación creciente y crecimiento acelerado, la masa marginal creciente (pauperización absoluta) que acompaña la “socialización transnacional marginadora” del trabajo, etc., etc., todos estos fenómenos se nos antojaría como la obra de unos tipos muy malos que se empeñan en dominar el mundo, es decir caer de plano en la teoría conspirativa de la historia. La única crítica que me permito hacerte es que este análisis me parece totalmente innecesario casi como una crítica rezagada, solo útil para quién se mueve en ámbitos puramente académicos. Hace tiempo que el enfoque posmoderno fue derrotado por un “capitalismo realmente existente” que se mueve adelante (y en ocasiones hacia atraz) a partir del desarrollo de sus contradicciones internas puestas al desnudo por Carlitos hace 150 años. Ni siquiera sirve como acervo teórico de la tendencia apologética en el mundo académico. Por otra parte siempre es necesario recordar que el solo hecho de que exista efectivamente una lógica del capital, es decir que estemos hablando de un modo de producción que funciona mediante “leyes inherentes”, “objetivas”, que operan “independientemente de la voluntad de los hombres”, constituye en realidad una de las más poderosas críticas marxistas a la sociedad capitalista: cómo precisamente en el período histórico en que la humanidad logra el mayor control sobre la naturaleza pierde al propio tiempo control sobre su propio mecanismo social de adaptación de la producción a las necesidades sociales, cuando la asignación de recursos se hace a través de la ley del valor y la reproducción ampliada adopta la forma de la acumulación del capital. De todos modos siendo enteramente justos, las modas teóricas muchas veces ejercen una influencia perniciosa que enturbian el análisis…recuerdo por ejemplo en Valor, Mercado Mundial…haces una defensa bastante “a la moda” de la teoría del imperialismo de R. Luxemburgo para quién no existe posibilidad de acumulación a escala mundial si el capitalismo no se combina con la existencia de formaciones pre o proto capitalistas, creo que usaba la metáfora de las “terceras personas” para graficar que sin ellas los esquemas del libro 2 no cierran. Y aquí la corto porque no quiero quedar off topic. De todos modos muy bueno el artículo. Saludos.-

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    Luis Cantero

    13/09/2014 at 14:22

    • Dos observaciones: a) lamentablemente, la idea de que no hay leyes objetivas del capitalismo es compartida por un amplio sector de la izquierda.
      b) Me sorprende un poco que se interprete que en Valor, mercado mundial y globalización defiendo la tesis de R. Luxemburgo sobre el imperialismo. Precisamente afirmo que su demostración de la crisis (o de la imposibilidad del capitalismo de desarrollarse por sus propias fuerzas) es fallida. Incluso explico que le impuso condiciones a los esquemas de reproducción imposibles de cumplir, con lo cual “demostró” que el capitalismo no podía funcionar sin recurrir a zonas no capitalistas.
      Lo que sí reivindico es que fue un intento de explicar la dinámica del mercado mundial a partir de las leyes del valor y la reproducción del capital (frente al enfoque a-teórico de explicar todo por el monopolio).

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      rolandoastarita

      13/09/2014 at 14:45

  7. Leí Valor…allá por el 2006..tenía 22 años y estoy apelando a mi memoria. Volveré a leer los pasajes relevantes sobre Rosa, a lo mejor efectivamente estoy mal interpretando. Ahora lo que sí puedo observar es una contradicción que tal vez sea aparente: ¿cómo es posible que Rosa que niega una lógica autorreproductora al capital, que en tus palabras habla de la imposibilidad del capitalismo de desarrollarse por sus propias fuerzas, haya generado una tentativa seria para explicar el imperialismo a partir de una lógica que precisamente esta negando? Aparte si bien es cierto que el imperialismo es una tendencia ínsita en el modo de producción capitalista, esta misma tendencia es un potencial que se transforma en real en una fase específica del desarrollo del capitalismo. Aquí Lenin acierta al afirmar que es necesario un determinado nivel de acumulación y concentración del capital para explicar el imperialismo capitalista. en Argentina por ejemplo fue necesaria la importación de capital británico para generar las condiciones generales de producción al “modelo agroexportador” con el cual se inserta en condiciones subordinadas a las necesidades de valorización del capital imperialista británico en la división internacional del trabajo, en la época de la “periferia próspera” (Arceo, 2003). No me malinterpretes, no soy un fanboy de Lenin, entiendo que en su definición de monopolio hay cierta ambiguedad (no se sabe si se refiere en realidad a monopolio, oligopolios u otro tipo de capital concentrado), entiendo que posiblemente por las condiciones exepcionalmente adversas en que escribió (guerra mundial, revolución rusa, etc.). También soy consciente que me estoy refiriendo a gigantes como Rosa y Lenin cuando yo no soy más que un pigmeo al lado de ellos. De nuevo perdón si esto es too much off topic. Pero ya que me diste pie…Saludos.-

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    Luis Cantero

    13/09/2014 at 15:50

    • El problema con el libro de RL es que le impone a sus esquemas una dinámica imposible de cumplir: el sector I (productor de medios de producción) debe crecer a una tasa superior a lo que lo hace el sector II (productor de medios de consumo), a fin de que se elevara la composición del capital. Y paralelamente no podía haber transferencia de plusvalía entre los sectores. De manera que en seguida el sector I no tiene forma de conseguir los medios de producción para crecer a tasa creciente, y el sector II no tiene forma de colocar el total de su producción en el mercado.
      Poco después Bauer demostró que en tanto exista transferencia entre los sectores, desaparecía el falso problema de RL. La respuesta de RL a la solución de Bauer es casi violenta, por el tono, pero no lo refuta.

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      rolandoastarita

      13/09/2014 at 16:32

  8. Miren, esta es una cita de Stiglitz sancando conclusiones con respecto a las implicaciones del trabajo de Piketty: “Por lo tanto, el pronóstico de Piketty sobre niveles aún más altos de desigualdad no refleja las inexorables leyes de la economía. Simples cambios – incluyendo la aplicación de niveles más altos de impuestos a las ganancias de capital y las herencias, un mayor gasto para ampliar el acceso a la educación, la aplicación rigurosa de las leyes antimonopolio, reformas a la gobernanza corporativa que contengan los salarios de los ejecutivos, y regulaciones financieras que frenen la capacidad de los bancos para explotar al resto de la sociedad – reducirían la desigualdad y aumentarían la igualdad de oportunidades de manera muy notable.Si logramos tener las reglas del juego correctas, podríamos incluso ser capaces de restaurar el crecimiento económico rápido y compartido que caracterizaba a las sociedades de clase media de la mitad del siglo XX. La principal interrogante a la que nos enfrentamos hoy en día realmente no es un cuestionamiento sobre el capital en el siglo XXI. Es una pregunta sobre la democracia en el siglo XXI”. (http://www.lapatilla.com/site/2014/09/05/joseph-e-stiglitz-la-democracia-en-el-siglo-xxi/).
    Lo que quisiera destacar aquí no es la efectividad del set de soluciones que Stiglitz plantea sino la propuesta misma, puesto que ella queda como objeto de discusión, es simplemente una propuesta. La exposición sobre la lógica del capital de Marx, tan acertada como se presenta, no ofrece este tipo de salidas “fáciles” porque en realidad cuestiona toda la arquitectura del sistema capitalista; O sea que hay que cambiar al capitalismo, de raíz. El problema es que un cambio tan drástico sí que necesita de un planteamiento alternativo auténtico, claro, bien estructurado pero, precisamente, la ausencia histórica de este proyecto es lo que disminuye el valor del planteamiento, independientemente de su sólida fundamentación empírica. Podrían gastarse horas y horas de discusión sobre el valor empírico de la “lógica del capital” de Marx pero ese no es el problema central a estas alturas, ya mucho demagogo y farsante ha podido sacarle provecho.

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    Mario

    13/09/2014 at 18:06

    • No veo ninguna ausencia histórica de proyecto. Es la revolución proletaria mundial. Que esta no esté a la orden del día, no significa que no sea la única alternativa frente a las ficciones demagógicas del reformismo. Este puede operar solo bajo los condicionamientos impuestos por las tendencias objetivas del capital. Lo de Stiglitz es un beato deseo de curanderos del capitalismo. La democracia, no es un poder en abstracto, es democracia capitalista y como tal se arrodilla frente a los poderes fácticos reales.

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      AP

      14/09/2014 at 10:14

  9. La nota me parece muy útil en general. Una observación: me parece una exageración tildar a Bauman de “posmoderno”, sin más. Sin ser marxista ni nada parecido, su punto de vista me parece, por el contrario, muy crítico de los mecanismos culturales y económicos que reproducen la ideología y práctica posmodernas.

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    Marcelo Y.

    12/07/2016 at 21:30


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