Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Sobre salario, desempleo e inflación (2)

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Acerca del título de la nota: En un principio esta nota llevaba por título “López Murphy sobre salario, desempleo e inflación”, ya que el disparador de la misma fue la reivindicación que hizo este economista de la derecha de las políticas de control de inflación de los bancos centrales de los países desarrollados (políticas que tienen como centro la llamada tasa natural de desempleo). Sin embargo, a medida que fui desarrollando el tema, el escrito adquirió un carácter más general: además de la postura estrictamente monetarista, presento en las siguientes partes de la nota los enfoques de los nuevos keynesianos, de los poskeynesianos, y finalmente una síntesis de la postura de los marxistas. De ahí que haya optado por el título más general “Sobre salario, desempleo e inflación (2)”

En la primera parte de esta nota (ver aquí) hicimos una crítica específica a la posición del economista López Murphy sobre el rol del desempleo en el control de los salarios, y la inflación. Debido a la forma en que se está establecida esta idea, y su conexión con algunas de las tesis centrales del marxismo, y de los poskeynesianos, desarrollamos ahora la cuestión en un marco que excede en mucho el argumento específico de LM. Particularmente nos interesa destacar el contenido político de las formulaciones actuales del mainstream nuevo keynesiano, y las alternativas desde el poskeynesianismo y el marxismo. Lo que presento en esta parte de la nota es material estándar de los cursos habituales de la macroeconomía universitaria, y también lo que sustenta las políticas de los bancos centrales de la mayoría de los países adelantados.

Expectativas racionales y dinero neutral

El planteo del Friedman y Phelps delos años 1960 y 1970 sostenía que si bien en el corto plazo las políticas de estímulo monetario pueden aumentar el nivel de empleo en el corto plazo, en el largo plazo la tasa de desempleo vuelve a su nivel “natural”, quedando como saldo solo un mayor nivel de inflación. En otros términos, en el largo plazo la curva Phillips es vertical, aunque en el corto plazo los monetaristas admitían que podía reducirse el desempleo por debajo de la tasa natural. Según Friedman, ante el estímulo monetario de la demanda y el aumento de los salarios nominales, los trabajadores incrementan su oferta de trabajo (pensando que aumentan los salarios reales). Sin embargo, cuando se dan cuenta de que sus salarios reales no aumentan (dada la suba de los precios), se vuelve al nivel de desempleo “natural”. De esta manera quedaba todavía un resquicio para argumentar a favor de políticas estatales de estímulo con vistas al corto plazo. Pero entonces los teóricos de las expectativas racionales (Lucas, Sargent; para una crítica, aquí), corrigieron el planteo de Friedman: dado que los agentes forman sus expectativas utilizando toda la información disponible, cuando el gobierno quiere aumentar el empleo inyectando dinero, los individuos (aquí no hay clases sociales) inmediatamente sacan la conclusión de que el estímulo solo generará aumento de precios. Por lo tanto, aumentan los salarios (la expectativa racional de inflación forma parte de la ecuación que determina los salarios), y por consiguiente aumenta también el nivel de inflación, sin que se afecten el ingreso real y el empleo siquiera en el corto plazo. El dinero, en este enfoque, es completamente neutral, tanto en el corto como en el largo plazo.

La NAIRU y los nuevos keynesianos

Si bien buena parte del planteo monetarista y de expectativas racionales fue incorporado por el mainstream, en este hoy prevalece la idea de que existen imperfecciones en los mercados, y que el dinero no es neutro en el corto plazo. Es el consenso nuevo keynesiano. Las políticas monetarias de la “gente seria”, que reivindica LM, tienen anclaje en este pensamiento.

A partir de la tasa natural de desempleo, de Friedman, los nuevos keynesianos (Blanchard, Mankiw, Ball, Romer, Stiglitz, Taylor, entre otros) desarrollaron la tesis de la NAIRU (Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment). La NAIRU comúnmente se toma como sinónimo de la tasa natural de desempleo, pero su fundamento es algo distinto, como subrayan algunos poskeynesianos. Es que el marco conceptual de Friedman es un mercado walrasiano, en el cual la tasa natural es aquella hacia la cual gravita espontáneamente el desempleo.

Según este enfoque, los trabajadores eligen la combinación entre el ocio (valorado positivamente) y la renta que deriva del trabajo (un mal) que les proporcione la mayor satisfacción. Por lo tanto, para los monetaristas, el desempleo es un resultado de las decisiones de los trabajadores, aun cuando la teoría admite que existen algunas imperfecciones en los mercados, variaciones estocásticas de la oferta y la demanda, o que hay costos por reunir información sobre vacantes de puestos laborales. La NAIRU con la que operan los nuevos keynesianos, en cambio, tiene su fundamento en las instituciones del mercado laboral, así como en los procedimientos mediante los cuales las empresas fijan los precios. Se sostiene que entre los trabajadores y los empresarios existe una negociación conflictiva para el establecimiento de los salarios, y que los salarios no son plenamente flexibles, ya sea por la duración de los contratos, o porque las demandas salariales dependen de la tasa a la que aumentaron los salarios en el pasado reciente, o por algún otro factor. Por otra parte, se supone que las empresas poseen un poder de mercado que depende de la elasticidad de la demanda, y que fijan los precios recargando sobre los costos salariales un mark up que está determinado por ese poder de mercado.

La idea entonces es que cuando el desempleo está por debajo de la NAIRU, las demandas por salarios reales de los trabajadores son superiores a lo que las empresas están dispuestas a otorgar a los precios y expectativas prevalecientes. Esta incompatibilidad entre las aspiraciones salariales y los planes de precios de las empresas se resuelve entonces en una espiral inflacionaria en la que ni los trabajadores ni las empresas obtienen lo que quieren. En consecuencia la inflación será superior a la esperada; lo que dará lugar a una inflación esperada mayor para el futuro, lo que generará nuevos aumentos de la tasa de inflación. Por lo tanto, una inflación estable -esto es, en un nivel igual al de la expectativa de inflación- solo se alcanza cuando el desempleo se eleva hasta la NAIRU (veáse, por ejemplo, Stiglitz, 1997).

Por otra parte, los nuevos keynesianos sostienen que puede haber diferentes rigideces, por ejemplo, debido a los costos de las empresas para ajustar los precios. Por lo tanto, los nuevos keynesianos admiten que en el corto plazo el dinero puede no ser neutral y la demanda puede afectar el nivel de empleo. Sin embargo, a fin de que no se produzca una aceleración de la inflación, en el largo plazo el promedio de la tasa de inflación esperada debe ser igual al promedio de la inflación real (por expectativas racionales); y el promedio del desempleo real debe ser igual a la tasa natural de desempleo, o a la NAIRU. Puede verse entonces que este consenso keynesiano es más bien monetarista en su enfoque del largo plazo.

Una NAIRU variable

En un principio, el nuevo keynesianismo sostuvo que la NAIRU era estable. Sin embargo, los modelos de los años 1980 o inicios de los 1990 no podían explicar las relaciones entre las tasas de inflación y el desempleo en Europa y EEUU. Por ejemplo, entre 1980 y 1987 hubo un significativo aumento del desempleo en Gran Bretaña, Francia y Alemania que no fue seguido por un período de caída de las tasas de inflación, como hubiera predicho una única NAIRU. De ahí que los nuevos keynesianos incorporaron otros efectos, entre ellos, la llamada histéresis (véase Blanchard y Summers, 1986), para describir la dependencia de la NAIRU de su trayectoria a lo largo del tiempo, y dar cuenta del caso europeo. En un caso típico de histéresis los trabajadores que tienen empleo y negocian sus salarios están preocupados por conservar su trabajo, pero no se preocupan de los desempleados. De manera que se puede mantener un nivel de desempleo porque los salarios no bajan. Además, si se produce un shock adverso (tales como un aumento de los precios del petróleo, caída de la productividad, aumento de impuestos) y con salarios rígidos, aumenta el desempleo. La razón de nuevo es que los salarios se mantienen rígidos porque los trabajadores empleados negocian sus remuneraciones sin tener en cuenta a los que perdieron el empleo. En esa coyuntura, no hay ninguna fuerza que impulse a la situación previa al shock negativo. Blanchard y Summers planteaban que por el fenómeno de histéresis también podían explicarse altas tasas de desempleo en otros períodos históricos.

Por otra parte, en EEUU la NAIRU estaba bajando desde mediados de los años 1980. Como señaló Gordon (1999), a mediados de los 1990 la tasa de desempleo estaba por debajo del 6%, en tanto la inflación se había desacelerado notablemente entre 1994 y 1998. Esa situación contrastaba fuertemente con la aceleración de la inflación que se había producido a fines de la década de 1980, la última vez en que la desocupación había bajado del 6%. De manera que en los 1990, y luego más todavía en 1998, la FED pudo bajar la tasa de interés en paralelo a una baja inflación. Según Gordon, la NAIRU había bajado del 6,2% en 1990 al 5,6% en 1996.

Las explicaciones de esta caída de la NAIRU fueron de diverso tipo. Así, se sostuvo que con las crisis asiáticas EEUU se había convertido en refugio de capitales, por lo cual se había apreciado el dólar y bajado los precios de los productos importados, así como las tasas de interés. También se apuntó a la debilidad de los sindicatos, la disminución del salario mínimo, la mayor inseguridad en el trabajo, el aumento de los trabajadores temporarios y cambios demográficos. Otra explicación fue por cambios de la productividad y la no adecuación de los salarios a esos cambios. Así, se sostiene que en los 1970 los salarios crecieron a pesar del estancamiento de la productividad; y en los 1990 habría sucedido lo contrario: el aumento estuvo por debajo del crecimiento de la productividad. Lo cual equivale a un desplazamiento descendente de la curva de oferta de trabajo, provocando la caída de la NAIRU (para un resumen de estas posturas, véase Ball y Mankiw, 2002). Otra tesis fue que en EEUU también hubo histéresis, aunque en sentido inverso a lo que sucedía en Europa en los 1980, dando como resultado una caída de la NAIRU.

Como resultado de estas discusiones, además de reconocerse que no había una única NAIRU, tuvo que admitirse que al introducirse más factores en la determinación de la NAIRU surgían muchos problemas para su medición. Así, Staiger, Stok y Watson (1997), analizando datos para EEUU entre 1955 y 1994, encontraron que si bien había una relación negativa entre tasa de desempleo y tasa de inflación, surgía una “considerable ambigüedad acerca del valor preciso de la NAIRU” (p. 193). Por ejemplo, a lo largo de esas cuatro décadas un desempleo en el rango del 5 al 6 por ciento podía haber estado asociado tanto a un subsecuente aumento de la inflación, como a su disminución. Más en general, señalaban que la medición de la NAIRU era imprecisa tanto si se la medía como una constante, como un paseo aleatorio no observado, o como una función cambiando lentamente con el tiempo. También Ball y Mankiw reconocieron que “la NAIRU es difícil de medir, en gran medida porque varía con el tiempo. La economía experimenta muchos tipos de shocks que influencian la inflación y el desempleo. A la luz de este hecho, sería notable que fuera fácil de medir el nivel de desempleo consistente con una inflación estable” (p. 134).

En cuanto a las políticas económicas, la NAIRU subyace a las políticas de “objetivo de inflación” que implementan los bancos centrales, que consisten, en lo básico, en controlar la inflación a partir del manejo de la tasa de interés. Si la inflación real se ubica por encima de la llamada inflación objetivo (2% según la regla Taylor), el Banco Central aumenta la tasa de interés, a fin de moderar la demanda (reducir la brecha entre el producto efectivo y el potencial), y por ese lado disminuir el empleo y en consecuencia las presiones sobre los precios. En otros términos, el Banco Central controla la demanda a través de la tasa de interés, a fin de que el desempleo coincida con la NAIRU. Esto en el corto plazo, porque para el mediano o largo plazo la NAIRU está determinada por factores que tienen que ver con las condiciones del mercado laboral. De ahí que las recomendaciones de los nuevos keynesianos de política práctica sean, en los hechos, coincidentes con las de los monetaristas. Los fundamentos teóricos del asunto pueden ser frágiles, pero las conclusiones políticas se presentan como ineludibles: medidas tales como flexibilizar el trabajo y debilitar el poder sindical, siguen considerándose esenciales para el largo plazo. Por eso se puede afirmar que los nuevos keynesianos mantienen el contenido esencial de las políticas monetaristas originarias.

El grano de verdad en la NAIRU

A pesar de las imprecisiones en su medición, y las dificultades para definirla, se puede decir que en la noción de la NAIRU que defiende el mainstream existe un “grano de verdad”, que es la admisión de que el desempleo actúa como un factor de control y represión de los salarios. En palabras de Blanchard y Summers, “es el miedo a perder el empleo por parte de los trabajadores corrientes… lo que restringe las demandas salariales” (p. 58). Veremos luego que, si bien desde un marco conceptual opuesto, el marxismo conecta con esta idea. Y también el enfoque de los poskeynesianos (lo tratamos en la próxima parte de la nota) tiene un punto de contacto con la NAIRU de los nuevos keynesianos. Lo cual pondrá en evidencia, una vez más, que la NAIRU no tiene nada de “neutral”, en lo que respecta a la política y el conflicto de clases.

Bibliografía citada:
Ball, L. y G. Mankiw, “The NAIRU in Theory and Practice”, Journal of Economic Perspectives, vol. 16, pp. 115-136, 2002
Blanchard, O. y L. Summers (1986): “Hysteresis and the European Unemployment Problem”, The NBER Macroeconomics Annual 1986, vol. 1, pp. 15-90.
Gordon, R.(1999): “Foundations of the Goldilocks Economy: Supply Shocks and the Time Varying NAIRU”, Northwerstern University – NBER, http://economics.weinberg.northwestern.edu/robert-gordon/337.pdf.
Staiger, D.; J. Stock y M. Watson (1997): “How Precise Are Estimates of the Natural Rate of Unemployment?”, C. Romer y D. Romer (eds.) Reducing Inflation: Motivation and Strategy, pp. 195-246.
Stiglitz, J. (1997): “Reflections on the Natural Rate Hypothesis”, Journal of Economic Perspectives, vol. 11, pp. 3-10.


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“Sobre salarios, desempleo e inflación (2)”

Written by rolandoastarita

18/09/2014 a 11:52

12 comentarios

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  1. Sorprendente afirmación la de Blachard y Summer. Dicen que a confesión de parte relevo de pruebas. No entiendo como pueden conciliar esto con el dogma del ‘desempleo voluntario’ y toda la cháchara sobre la desutilidad del ocio o el trabajo. El desempleo, junto con la substitución del hombre por la máquina, son herramientas formidables en manos del capital para forzar al trabajo a aceptar salarios y condiciones de labor compatibles con la tasa de ganancia exigida. Es la consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción y cambio. Hacer del mercado laboral una especie de cuento de hadas, donde no hay imposición objetiva y compulsiva de condiciones, ni lucha por el reparto del producto excedente, es algo que no resiste la menor confrontación con la realidad.

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    AP

    18/09/2014 at 15:04

  2. Rolando, al final de la nota decís: “Veremos luego que, si bien desde un marco conceptual opuesto, el marxismo conecta con esta idea” Con este comentario te referís al ejército industrial de reserva?

    Saludos

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    Gonzalo

    18/09/2014 at 17:03

  3. Estimado, se han hecho intentos de calculo de la tasa de desempleo que deberia tener argentina para evitar la infla? Saludos

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    Antonio

    19/09/2014 at 16:12

  4. Muy interesante lo que describe el profesor Astarita sobre el desempleo y la relación con los salarios y las condiciones laborales.En España estamos viendo de primera mano como la “flexibilización” (bonito eufemismo para pauperización) del trabajo y las fuertes rebajas salariales al contrario de lo que se ha venido pregonando no solo no han servido para combatir el desempleo (este por contra ha aumentado) y de facto solo ha valido para que el poco empleo que se conserva/crea (aunque en menor proporción del que se destruye) sea precario y con salarios de miseria y en eso en los casos más “afortunados” dentro de la clase trabajadora ya que otra parte importante está condenada al desempleo estructural. Un importante ejército de reserva industrial que junto con factores como la inmigración (aunque ahora con menor peso que hace unos años) han servido para la disciplinación salarial y laboral y crear toda una masa de trabajadores y parados dispuestos a aceptar las más abyectas (o el exilio como alternativa) como reses que se dirigen al matadero.

    Debe ser el sueño hecho realidad (o casi) de la recuperación que tanto pregona nuestro derechista gobierno.

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    JHaydn

    19/09/2014 at 19:32

  5. Rolando. Según recuerdo, el propio Keynes reconocía que existe un componente de desempleo ‘involuntario’¿Es así?

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    AP

    21/09/2014 at 10:07

    • En realidad Keynes habla de 3 tipos de desempleo. En el cap. 2 de la Teoría General se refiere al modelo “clásico” (de hecho, neoclásico) del mercado de trabajo, conformado por las curvas de oferta y demanda de trabajo (la utilidad del salario es igual a la desutilidad marginal de trabajo, y esto determina la curva de oferta de trabajo; el salario es igual a la productividad marginal del trabajo, lo que determina la curva de demanda). Entonces dice que este modelo es compatible con un desempleo friccional, que sería el asociado con el tiempo en que el desempleado busca trabajo (es el antecedente del desempleo “a la tasa natural” de Friedman); y también con un desempleo voluntario, que corresponde a los que no quieren trabajar por el salario vigente en el mercado. Pero entonces Keynes critica esta teoría del mercado laboral porque sostiene que la curva de oferta laboral no hay manera de que se ponga en práctica (los trabajadores no tienen manera de efectivizarla, entre otras razones porque los salarios se fijan en términos monetarios, principalmente).

      A partir de aquí Keynes desarrolla su teoría del empleo: depende de la demanda que prevén los empresarios, y de los costos que prevén para satisfacer la demanda. De aquí que sostiene que la demanda laboral puede ser menor que el nivel de pleno empleo, y los empresarios pueden no ver razones para alterar esa situación si la demanda planeada finalmente coincide con la demanda que hubo realmente. Por eso sostiene que puede haber desempleo con equilibrio (no hay fuerzas económicas que saquen a la economía de esa situación). De ahí que sostiene que este es un desempleo involuntario, y que es el tipo de desempleo más relevante. Se puede ver también que este desempleo no tiene que ver con el hecho de que los salarios sean rígidos a la baja, como acostumbran presentar el asunto algunos manuales de macroeconomía. Muchos poskeynesianos explicaron que es un error importante atribuirle a Keynes la idea de que el desempleo se debe a la rigidez de los salarios a la baja.

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      rolandoastarita

      21/09/2014 at 13:08

  6. Rolando, muy útil su artículo para la comprensión y la reflexión. Le agradezco su amabilidad por socializar sus conocimientos.
    Aprovecho para hacerle una consulta. ¿Tiene usted algún artículo explicativo acerca de la teoría de la tragedia de los comunes y su reverso, la tragedia de los anticomunes?
    Muchas gracias.
    Desde Uruguay
    Sergio

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    Sergio

    21/09/2014 at 21:07

    • No escribí nada sobre el asunto, nunca lo estudié, pero debería hacerlo. La tesis de Hardin, que dice que si los recursos naturales no son propiedad de alguno, son utilizados sin consideración por parte de los agentes (racionales y egoístas, como asumen con toda naturalidad los neoclásicos) encierra el mensaje de que una comunidad no puede llegar a acuerdos argumentados democráticamente y racionales para manejar el suelo, el agua, etcétera. Elinor Ostrom (fue premio Nobel) demostró que históricamente esa tesis no tiene sustento alguno.

      Acerca de la “tragedia de los anti-comunes” (esto es, excesos de derechos que terminan en la subutilización de los recursos, o en la privación a la comunidad de avances tecnológicos y científicos) también es interesante para abordarla desde la crítica socialista. De hecho, el propio establishment (o un parte importante del mismo) de EEUU está cuestionando la forma en que se utilizan las patentes en guerras comerciales, o como factores de especulación (hasta por fondos de inversión especulativos). Pero debería hacerme de tiempo para meterme en este tema.

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      rolandoastarita

      22/09/2014 at 12:01

  7. Rolando, cada vez que leo tus notas llego a la conclusión que la clave está en el origen y la naturaleza de los conceptos. Por ejemplo, cada vez que comentás sobre el “mark up” de macro, aseverás que es un término que naturaliza la ganancia y no da cuenta de ella. Seguro que no es la nota indicada para andar preguntando estas cosas, pero me suele rebotar la pregunta en la cabeza de si existe algún “corte” en esto. Es decir, ¿hasta que categorías hay que realizar este análisis? Dar cuenta de todo me parece que llevaría a una regresión ad-infinitum, ya que de la justificación de un concepto se desprenden otros y así, pareciendo medio arbitraria la zona de corte. No digo que haya que no haya que rascar la historia ni dejar de hacer estos análisis profundos, todo lo contrario. Lo que sucede es que de mi parte no le encuentro una solución coherente.
    Espero haberme explicado,

    Saludos

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    Gonzalo

    22/09/2014 at 16:02

    • Pienso que el problema de fondo siempre remite a las teorías del valor. Schumpeter escribió alguna vez que la cuestión más difícil para la teoría económica es explicar por qué un “bien de capital” da una renta permanente. Y esto no se puede responder al margen o por fuera de una teoría del valor. Traté la cuestión en varias notas; por ejemplo, aquí, reseñando a Maurice Dobb.

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      rolandoastarita

      23/09/2014 at 08:34


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