Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Keynes sobre inversión y ahorro

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En la nota anterior (aquí) planteé que es un error desconocer el rol que tiene la inversión en el principio keynesiano de la demanda efectiva. Sostuve también que, desde la teoría de Keynes, no basta con que aumenten los ingresos (y los ahorros) de los empresarios para que aumente la inversión. Por eso, en la nota señalé que, según Keynes, el ahorro no siempre va automáticamente a la inversión, en oposición a la ortodoxia defensora de la ley de Say. Dada la importancia de este punto, en esta nota amplío esta última cuestión.

Marshall y Keynes sobre ingreso, ahorro e inversión

La idea de que basta con aumentar los ingresos de los empresarios para que aumente la inversión es criticada por Keynes en el capítulo 2 de la Teoría General. En el apartado VI de ese capítulo observa que “[d]esde los tiempos de Say y Ricardo los economistas clásicos han enseñado que la oferta crea su propia demanda”, queriendo decir con esto que “los costos de producción deben necesariamente gastarse por completo, directa o indirectamente, en comprar los productos” (p. 28). Explica luego que se hace una falsa analogía entre la economía monetaria y de mercado “con alguna de trueque, como la de Robinson Crusoe”. Con esto Keynes se está refiriendo al razonamiento del tipo “el trigo que Robinson no consume, lo ahorra e invierte como semilla de la próxima siembra”, con que todavía se inicia a los alumnos en algunos cursos de macroeconomía.

A partir de aquí, Keynes realiza una distinción crucial entre dos afirmaciones. Una de ellas sostiene que “el ingreso global percibido por todos los elementos de la comunidad relacionados con una actividad productiva necesariamente tiene un valor igual al valor de la producción” (p. 30). Keynes dice que esta afirmación es “indudable”. Es lo que llama “el axioma de las paralelas de la teoría clásica”, a saber, “el supuesto de la igualdad entre el precio de demanda y de oferta de la producción total”. Pero esta afirmación a menudo se confunde con la que dice que “los costos de producción se cubren siempre globalmente con los productos de las ventas derivadas de la demanda”. Dado que la primera es “indudable”, se piensa que la segunda también es cierta. Sin embargo, no lo es, ya que no siempre se cumple que los “costos de la producción” se cubren con las ventas; o sea, si el empresario pagó salarios y adelantó distribución de beneficios, no siempre ese “costo” se cubrirá con la venta. Para explicarlo con un ejemplo sencillo: si decimos que en un producto A el valor agregado se compone de salario + beneficio, y que el pago de estos se adelanta, podemos afirmar que el ingreso percibido por trabajadores, empresario y accionistas (“elementos de la comunidad relacionados con la actividad productiva”) necesariamente tiene que ser igual “al valor de la producción” (dejamos de lado el consumo de medios de producción). Es lo que dice la primera afirmación; sin embargo, no necesariamente se cumplirá que en la venta el  empresario recupere lo que ha pagado en salarios, o adelantado en beneficios. Esto es, la segunda afirmación no siempre es cierta.

Observemos que en términos de la teoría marxista, diríamos que al valor generado en la producción le debe corresponder un ingreso equivalente por parte de obreros y capitalistas. Pero esto es así si en la venta se realiza el valor generado en la producción; para lo cual es necesario que los capitalistas gasten la plusvalía (se supone que los trabajadores gastan su ingreso en bienes de consumo), a fin de que se pueda realizar el producto. Si por alguna razón los capitalistas no gastan la plusvalía, habrá un déficit de demanda. Por lo tanto, a un poder de compra puede no corresponderle una compra efectiva equivalente. Posibilidad a la que también alude Keynes en una nota al pie de página. En ella observa que Hobson señaló que en una de sus primeras obras Marshall había sostenido que “aunque los hombres tienen poder de compra, pueden decidir no usarlo”. Hobson dice que Marshall parecía no haber captado “la importancia crítica de ese hecho”, y Keynes escribe que este comentario “es acertado a la luz de los trabajos posteriores de Marshall” (p. 29, nota 11).

De manera que Keynes es consciente de que no siempre al valor de la producción le corresponde un valor equivalente por el lado de la demanda. Por eso también critica la idea de Marshall de que “un acto de ahorro individual conduce inevitablemente, a otro paralelo, de inversión” (p. 30). Es que un acto de ahorro (abstención del consumo) en el presente, dice Keynes, no implica un acto de consumo futuro; por eso puede deprimir la demanda –y las expectativas de ganancia de los empresarios- y la inversión. En el capítulo 16 vuelve sobre el tema: “Un acto de ahorro individual significa –por decirlo así- el propósito de no comer hoy; pero no supone la necesidad de tomar una decisión de… consumir cualquier cosa concreta en fecha alguna determinada. De este modo deprime los negocios de la preparación de la comida de hoy sin estimular los que preparan algún acto futuro de consumo” (p.188). Por eso puede deprimir la eficiencia marginal del capital (o sea, las expectativas de ganancias) y la inversión (ídem).

El planteo tiene un trasfondo emparentado con el enfoque subconsumista (que dice que las economías capitalistas tienen un problema crónico de demanda derivado de la debilidad del consumo; en el caso de Keynes, asociado a la propensión marginal del consumo). Pero vuelve a poner el acento en que no necesariamente el aumento del ahorro tiene como contrapartida un aumento de la inversión. Dejemos señalado que esta crítica de Keynes a la tesis neoclásica se completa con su análisis de la eficiencia marginal del capital y la tasa de interés. Por ahora digamos que, en términos generales, Keynes consideraba que el ahorro podía ser atesorado en la medida en que existiera incertidumbre (incluía aquí el clima de negocios, entorno político, etcétera) o temor a sufrir pérdidas en los mercados financieros. Para hacerlo “actual” en la Argentina del presente, el ahorro puede ir al atesoramiento en dólares; esto es, puede no tener su correlato en la inversión. Esta es la cuestión clave, que parecen no captar algunos economistas keynesianos, defensores del “modelo productivo con inclusión 2003-2015”. Por otra parte, vuelve a evidenciarse con esto la complejidad de la inversión en el enfoque de Keynes.

Ahorro e inversión, prioridad y residuo

Lo afirmado en el final del punto anterior se refuerza con una de las ideas centrales de la Teoría General, a saber, que la inversión tiene primacía por sobre el ahorro. Lo cual constituye un giro con respecto a la ortodoxia neoclásica. Según esta, el ingreso está dado (ley de Say, pleno uso de los recursos, no hay desocupación involuntaria); del ingreso se derivan el consumo y el ahorro; y el ahorro siempre fluye hacia la inversión. De manera que la inversión es residuo, y el ahorro es el elemento activo (en los modelos neoclásicos más ortodoxos, el ahorro depende de la tasa de interés; en los manuales de macro usuales, solo del ingreso, a igual que sucede en la TG).

En Keynes, en cambio, se supone que el ingreso no está necesariamente al nivel del pleno uso de los recursos; y que la inversión es el elemento activo, y el ahorro residuo. La secuencia entonces es: la eficiencia marginal del capital y la tasa de interés determinan la inversión; la inversión, por efecto multiplicador, genera un determinado ingreso; y este ingreso da lugar a un ahorro con el cual se financiará la inversión. Escribe: “El análisis tradicional ha advertido que el ahorro depende del ingreso, pero ha descuidado el hecho de que este depende de la inversión, en tal forma que, cuando esta cambia, el ingreso debe cambiar necesariamente en el grado precisamente necesario para hacer que la variación en el ahorro sea igual a la de la inversión” (p.165). También: “El ahorro, de hecho, no es más que simple residuo. Las decisiones de consumir y las decisiones de invertir determinan conjuntamente los ingresos” (p. 65; énfasis agregado). El esquema se completará cuando agregue, luego de publicada la TG, el financiamiento para iniciar la inversión (véase Keynes 1937a y 1937b; también Davidson, 1965).

En conclusión, no hay forma de minusvalorar, desde un encuadre teórico que se reivindica keynesiano, el rol de la inversión en la demanda efectiva; menos todavía, se puede afirmar que basta estimular los ingresos (y los ahorros) para que haya inversión.

Textos citados:

Davidson, P. (1965): “Keynes’s Finance Motive”, Oxford Economic Papers, vol. 17, pp. 47-65.
Keynes, J. M. (1937a): “Alternative Theories of the Rate of Interest”, Economic Journal, vol. 47, pp. 241-252.
Keynes, J. M. (1937b): “The ex ante Theory of the Rate of Interest”, Economic Journal, vol. 47, pp. 663-9.
Keynes, J. M. (1986): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, FCE.

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“Keynes sobre inversión y ahorro”

Written by rolandoastarita

01/12/2015 a 17:49

7 comentarios

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  1. El aumento del gasto público destinado a la inversión según Keynes (o al menos eso recuerdo de mis clases) se encontraba condicionado a la existencia de capacidad ociosa sin embargo otros economistas como Domar decían que precisamente ahí radicaba un problema fundamental que es del exceso de capacidad productiva (el cual se podía agravar en caso de mayor inversión). En tal situación ¿De qué manera se tendería a compensar está situación con un aumento del gasto público e hipotéticamente aumentar la demanda? ¿O solo es resoluble por la vía del ajuste en la oferta?

    Saludos

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    JHaydn

    02/12/2015 at 09:54

  2. Cuantos de los que se dicen seguidores de la teoria keynesiana o los que la defienden abran descubierto lo que dijo realmente Keynes con estos articulos.
    Pensar que cuando el sistema hacia agua en los 30 aparecio keynes para embellecerlo, y convencer a muchos trabajadores de que con algunos ajustes el capitalismo podia seguir adelante mamita mia.
    Saludos

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    Leandro

    02/12/2015 at 11:26

    • Con Keynes se da la circunstancia curiosa de que muchos economistas no lo han leído; a veces incluso economistas que se titulan a sí mismos keynesianos. De hecho, todavía en muchos cursos universitarios se sigue presentando el modelo IS-LM de Hicks como un resumen sencillo de lo esencial de Keynes.
      Por otra parte, y para aumentar la confusión, están los que han embellecido indebidamente a Keynes. Keynes siempre dijo que su objetivo era ayudar a salvar al capitalismo frente al peligro del comunismo. Claramente se declaraba perteneciente a la burguesía “ilustrada”; por caso, explicó que nunca había adherido al partido Laborista porque no era un partido de su clase social (y estamos hablando del ultramoderado laborismo inglés).

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      rolandoastarita

      02/12/2015 at 11:42

  3. Tuvo que venir un marxista a explicarles lo que decia Keynes a los “keynesianos”

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    Sergio

    02/12/2015 at 13:54

  4. Concuerdo en que Keynes no quería la revolución social, pero basándome en el posibilismo de estos tiempos y mas aun en la perdida de identidad obrera(si es que alguna vez se tuvo) creo que no es los mismo el capitalismo salvaje que el keynesianismo, o la calidad de vida para los trabajadores en Estados Unidos que en Noruega

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    Viejo

    02/12/2015 at 22:49

    • Eso me hace acordar a los chabones machistas que se ponen a elegir entre “Pampita” y “chechu Bonelli” como si realmente tuviesen alguna posibilidad con alguna de las dos.
      Perdón por lo prosaico del ejemplo pero me parece el más directo.

      Saludos

      Pd: El “posibilismo” de estos tiempos es peronismo maquillando ajuste…

      Me gusta

      Gerardo Daniel

      03/12/2015 at 00:01


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