Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Militancia y Jorge Lanata

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En una nota que lleva por título “Sobre la militancia”, publicada en Clarín el 7 de febrero pasado (http://www.clarin.com/politica/militancia_0_1517848505.html), Jorge Lanata ataca a la militancia (o al militante). Su punto de partida es una definición tomada del diccionario (no dice cuál) que reza: “El militante es el que adhiere a una ideología. Su modo de obrar y pensar son militantes”. Armado de esta “definición”, JL afirma que el militante niega la realidad, tiene un comportamiento fanático y adhiere religiosamente al manual político. Para demostrarlo, habla de La Cámpora, Ricardo Foster y Cristina K, el PC y la Coca Cola, cita el Diccionario Militante y un documento del ERP de los 1970 sobre moral y proletarización y termina con Bertrand Russell. Todo esto a fin de sostener, como tesis fundamental, que el “periodista duda, el militante sostiene su fe”. En lo que sigue presento algunas reflexiones críticas.

Definiciones de diccionario de militante

Empecemos diciendo que la definición de militante que usa Lanata carece de sentido. En primer lugar porque de cualquier modo que se defina a la ideología, la adhesión a ideologías es infinitamente más amplia que el universo delimitado por lo que comúnmente se conoce como “militante”, defínase este de la manera que se quiera. Así, tomando cualquiera de las dos concepciones de ideología de Mannheim, (la “particular”, según la cual la ideología se refiere a ocultamientos más o menos conscientes de la naturaleza de la situación, o la “total”, que se refiere a la “visión del mundo” (Weltanschauung) de una clase, país, grupo, etcétera), se puede entender que poseer “ideología” no es patrimonio exclusivo del “militante”. El mismo ejercicio podemos hacer con otras nociones de ideología, y el resultado será el mismo. En segundo término, es una tautología afirmar que “militante es el que tiene un obrar y un pensar militante”. Recuerdo que tautología lógica es aquella que resulta siempre verdadera porque se limita a decir “p es p” (o “si p entonces p”).

Naturalmente, existen otras definiciones “de diccionario” que son más apropiadas y congruentes con la noción normal que tenemos de “militante”. Por ejemplo, María Moliner en su diccionario remite la entrada “militante” a la acción de “militar”, y esta, entre otras acepciones, significa “figurar activamente en un partido o agrupación formada para la defensa de algo”. Como ejemplo, “milita en las filas del partido Socialista”. Siguiendo esta definición, son también militantes los que figuran activamente, por ejemplo, en un sindicato, una ONG, una agrupación religiosa, o en cualquier otra forma de organización con vistas a un fin. Y a partir de aquí podríamos entonces desarrollar una noción más abarcadora (por ejemplo, cómo considerar a aquel que milita por una causa en soledad). Pero con lo dicho basta para entender por qué si JL hubiera partido de la definición de militante que es casi de sentido común, todo su argumento habría colapsado. Y se vería claramente que su enumeración de La Cámpora, Foster, el PRT de los 70, Coca Cola y el PC, carece de sentido desde el momento en que no se refiere al carácter general de la militancia, que es el objeto de su nota. En otras palabras, no hay manera de aplicar ese berenjenal particular (y en el cual hay, además, arbitrariedades) a la noción abarcadora de que militante es todo aquel que trabaja activamente en una agrupación o partido formado en defensa de algo. Esto es elemental, pero a JL todo le sirve para embarrar un terreno que debería despejarse para el intercambio de argumentos razonados.

“El periodista duda, el militante sostiene su fe”

Esta afirmación de JL, central en su nota, encierra otra evidente incoherencia lógica. Es que JL, periodista, parece no dudar de que el periodista JL duda y el militante sostiene su fe. Pero si el método del periodista es la duda, y JL se precia de ser periodista y no militante, JL debiera haber afirmado que tiene la duda de que el periodista dude, y de que el militante sostenga la fe. Al no dudar de lo que afirma, da lugar a que se le formule la misma crítica que hace a la militancia en general, a saber, “negar la realidad” (una realidad es que los periodistas, incluido JL, hacen afirmaciones que no ponen en duda) y “tener un comportamiento fanático” (es de fanático realizar generalizaciones abusivas e insultantes). Pero por fuera de la incoherencia señalada, JL tampoco dice la verdad cuando sostiene que “el periodista tiene preguntas y el militante tiene respuestas”. Los periodistas, como cualquier otro ser humano, tienen respuestas a problemas, cotidianos o generales. Por ejemplo, el mismo JL ha afirmado innumerables veces que el origen de los problemas en Argentina es la corrupción. O sea, ha dado una respuesta (en mi opinión equivocada) a nada menos que las cuestiones centrales de este país. Nunca lo he visto dudar de su diagnóstico (jamás le escuché decir “dudo de que el problema de Argentina sea la corrupción”). Y no solo ha dado esta respuesta a los problemas de Argentina, sino también orientó su labor periodística en base a ella.

Por otra parte, no dudar acerca de determinadas asuntos es imprescindible para encarar combates en los que la gente se juega muchas cosas. No dudar, por ejemplo, de que hay que combatir el nazismo, la xenofobia, la discriminación de las minorías. ¿Qué tiene de malo no dudar (o sea, tener certezas) acerca de qué posición tomar frente a estas inmundicias? Respuesta: no solo no tiene nada de malo, sino es, repito, imprescindible. Incluso es imprescindible tener certeza de que son inmundicias (por ejemplo, que el racismo es una inmundicia). Por otra parte, los mandatos morales abstractos (del tipo “debes dudar siempre”, “nunca debes mentir”) desarman para el accionar cotidiano. A veces es necesario dudar (y todos dudamos), a veces es necesario tener certeza. Lo mismo sucede con la mentira (¿acaso no había que mentir a los represores de la dictadura para salvar compañeros?) Lo demás son abstracciones vacías.

No existe el militante en abstracto

La nota de JL ha provocado una respuesta de parte de Jorge Altamira, el dirigente del Partido Obrero, que tiene por título “Que vivan los militantes” (http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/politicas/que-vivan-los-militantes). Simpatizando en principio con la posición de Altamira, mi enfoque es, sin embargo, un poco distinto. Mi posición es que no cabe hablar del carácter progresivo del militante “en general” (ver aquí para una explicación más extensa). Lo que hay que discutir es a favor de qué, o en contra de qué, se milita. Lo decisivo es el contenido de la militancia, o sea, qué programa, ideario, o propuesta se defiende (de hecho, la nota de JA es una reivindicación del militante de izquierda, no de cualquier militante). Y los métodos de la militancia están orgánicamente vinculados a esas orientaciones generales que guían el accionar cotidiano. Por eso, descalificar a toda la militancia –esto es, a todo aquel que está organizado en pos de algún ideario o programa- es no solo una tontería, sino una posición reaccionaria. Significa, por ejemplo, poner en la misma bolsa de la descalificación al que milita en un partido nazi, y al que milita en una organización anti-nazi. Entramos así en la noche en la que todos los gatos son pardos. Es la bestialización del pensamiento. Además, si un militante defiende una idea, no sirve descalificarla por su procedencia. ¿Qué sentido tiene despreciar o desechar tal o cual cosa que dijeron Foster o Carrió porque estos son militantes y por lo tanto no dudan y solo tienen “credo político”?

Pero además, entre el militante nazi y el militante anti-nazi, no me da igual (y a la mayoría de la gente no le da igual, mal que le pese a JL). Como no me da igual (en tanto soy de izquierda) entre el militante de la burocracia sindical y el militante que lucha por la democracia sindical. Ni entre el militante de un partido burgués (PRO, UCR, La Cámpora) y el de un partido de izquierda. Pero esta distinción se basa en análisis políticos y también en “concepciones globales” que no hay manera de eludirlas, so pena de caer en los disparates lógicos “a lo Lanata”. Es que los análisis deben ser concretos si se busca explicar el mundo que nos rodea. Por eso, en la caracterización de la progresividad, o no, de determinada militancia, entran múltiples determinaciones sociales y políticas. La abstracción reductiva, en cambio, es intelectualmente empobrecedora, y lleva al dogmatismo.

Para terminar, subrayo: es propio del que actúa según “un credo político”, polarizar en base a absurdas definiciones de diccionario y amalgamas. Es allanar el camino para el oscurantismo y el fanatismo. Aunque provenga de periodistas que se consideran a sí mismos “ilustrados”.

Descargar el documento:
[varios formatos siguiendo el link, opción Archivo/Descargar Como]:
Militancia y Jorge Lanata

Written by rolandoastarita

17/02/2016 a 14:42

12 comentarios

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  1. Entre Lanata y 678… estamos fregados… la profundidad de una pelopincho. El pensamiento está de luto.

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    Tavo

    17/02/2016 at 14:57

    • Creo que poner a Lanata al nivel de 678 es, cuando menos, una injusticia. Lanata es un periodista investigador cuyas formas pueden no gustarte, pero 678 era un panfleto partidario, pagado generosamente con dineros públicos, que desvirtuaba completamente al periodismo.

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      Max Jäger

      18/02/2016 at 12:16

    • Max Jäger, que el dinero que pague las vacaciones de Lanata o Jorge Dorio sea privado o público no hace a la cosa en sí. Fijate que curioso, que vos pensás que son “las formas” las que no “me gustan”.
      Lanata escribe para un auditorio que vuela muy bajito y compra eso: la idea de un tipo “que sabe” y, además de ser “honesto”, investiga corrupciones, cosa que en realidad, puede hacer cualquier salame que reciba un buen sueldo y que tenga llegada a los servicios correspondientes. Ese auditorio, el que compra la idea de políticos “honestos” y periodistas “honestos” también adscribe a la idea de que el problema ES la corrupción.
      Por eso lo ven y lo leen a Lanata, una suerte de policía moral que desnuda corrupciones. Y cuando leen esas cosas que este tipo escribe (que son mas cercanas a la cosa en sí: a lo que el tipo ES) no se dan cuenta que JL ES un manipulador. ¿Leiste el artículo al que hace referencia Rolando?? ¿Qué opinás de dicho artículo?
      Abrazos

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      Tavo

      18/02/2016 at 14:00

    • Cuando fue la última vez que investigó algo Lanata seriamente??? No solo no me gustan sus formas, sino que sus producciones bajaron muchísimo la calidad. Creo que su último intento mas o menos serio fue el diario Crítica, que ya sabemos cómo terminó. Igual, la nota esta buena, porque remite a una concepción que tienen no pocos periodistas o habladores considerados “serios”. Aún haciendo un programa serio, Lanata puede pensar esta gansada.

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      Hugo

      18/02/2016 at 14:05

  2. coincido y me enriquecen las reflexiones de Altamira y Astarita pero …Lanata es muy bruto (y muy olvidadizo, recordemos cuando recibió dinero de Gorriarán), muy bruto para gastar pólvora en chimangos.
    Lo de q no es lo mismo el militante nazi y el antinazi me recuerda a Erich Fromm cuando dice q ambos pueden ser ideales pero, q, como las manzanas, el ideal nazi es un ideal podrido

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    santiago

    17/02/2016 at 17:55

  3. sólo para hacerme el culto: 67Goebbels sería la Sociedad del 10 de Diciembre y Lanata haría las veces de Thiers.

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    santiago

    17/02/2016 at 18:05

  4. Una bocanada de aire fresco ver una postura crítica sobre el concepto de militancia.

    Respecto al concepto de ideología, a mi me gustaría agregar a la polémica lo siguiente: Sin desechar que la ideología (a decir de Sánchez Vázquez), es una concepción del mundo de una clase social dada, que permea en la praxis de aquella clase (llámese burguesía o proletariado), y que va acorde a sus intereses o ideales, me surge la duda… ¿no sería pertinente, para esta cuestión de la militancia, apegarse más a la concepción de ideología que hay en La Ideología Alemana? Es decir, partiendo de que la realidad está velada y el mundo está como puesto al revés, y de que aquello que se nos presenta no es sino un mundo ideologizado (a partir de los intereses de las clases dominantes), ¿se podría decir que buscamos implementar la ideología proletaria? ¿Cómo puede ser eso, si la ideología es en si misma una inversión de la realidad? Además, la cuestión no sería imponer una ideología proletaria, porque a lo que se aspira es a la abolición del proletariado.

    Es una duda sincera con tintes de reflexión. Es decir, que a gente como JL habría que decirle que ni siquiera es cuestión de ideologías (vaya, que no creo que esté al tanto de los debates en torno al concepto), sino de la urgencia que hay por, como bien desarrolla usted en este texto, no mantenerse neutral a situaciones que no soportan esa neutralidad (ni que soportan la supuesta “duda” del periodista”). No es abanderar ideologías, sino confrontar a la realidad con certezas.

    Por último, me atrevería a decir que ser militante SÍ es cuestión de fe. No podría desarrollarlo a detalle, pero desligando a la fe de su contenido dogmático o fanático, o de la ceguera a la que puede conducir, creo que es necesaria una dosis de ésta para el militante que asume como proyecto de vida la transformación radical de un mundo tan maltrecho. Igual creo que es necesaria para otros ámbitos de la vida y para otros tipos de militancia en general.

    Saludos desde México.

    P.D. Acá hasta los periodistas “autónomos” o de medios libres se dicen “neutrales”… que mal que es éste!

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    Sandra Vanina

    18/02/2016 at 14:39

    • Estoy bastante de acuerdo, hasta el punto de la fe. Cuando la militancia se convierte en una cuestión de fe pierde potencia, se adocena necesariamente. Pienso que eso esta relacionado con la frase que el prof. Astarita gusta tanto citar: “Hay que aprender a luchar sin ilusiones”. La necesidad de la fe esta profundamente enraizada en la necesidad de ilusiones. Creo que cuando Marx escribía eso estaba pensando en Spinoza, que escribió que las dos fuerza de opresión más grandes son el miedo y la esperanza (estoy citando de memoria así que la escritura podría ser otra).

      Saludos.

      Le gusta a 1 persona

      Gerardo Daniel

      18/02/2016 at 15:00

    • si la militancia es una fe, renunciás a la crítica y a la autocrítica y tan sólo te queda seguir al Líder Supremo Infalible Inquisidor de Herejes Depositario de la Verdad Creer Obedecer Combatir, Stalin o Mussolini.

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      santiago

      18/02/2016 at 19:05

  5. Fui como Pablo y Juan a quienes admiro y aliento. Habló en pretérito pque hoy pasados los años si bien acompaño las luchas populares, ya no estoy organicamente en ninguna agrupación. De todas maneras en lo que a mí concierne siempre me permití el beneficio de la duda, ergo cuando creía que la línea táctica o estratégica que planteaba el partido era errónea, (aclaro no la idea sino la implementación de la misma no coincidía con lo que yo pensaba) me permitía hacerlo a mi manera y no me iba mal, los resultados así lo acreditaban. La militancia para mí no fue una cuestión de fé, sino la conciencia y esperanza de que en algún momento, de algún día, que tal vez yo no vea, la historia cambiará.

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    Maria

    18/02/2016 at 16:33

  6. Ojo con la crítica de Zizek respecto a la concepción de ideología “total” de Mannheim que señala Rolando: “The ideological function of the ‘sociology of knowledge’ is in fact to defuse the whole Marxist conception of ideology, replacing it with the less embattled, contentious conception of a ‘world-view’. Mannheim, to be sure, does not believe that such wold-views can ever be non-evaluatively analysed; but the drift of his work is to downplay concepts of mystification, rationalization and the power-function of ideas in the name of some synoptic survey of the evolution of forms of historical consciousness. In a sense, then, this post-Marxist approach to ideology returns to a pre-Marxist view of it, as a simply ‘socially determined thought’. And since this applies to any thought whatsoever, there is a danger of the concept of ideology cancelling all the way through…” (Zizek, Mapping Ideology).

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    ignacioindignado

    18/02/2016 at 20:01

  7. Sobre el concepto de militancia, una alternativa al filósofo Jorge Lanata es esta: Atqui vivere, mi Luicili, militare est.

    ‘Mira como recibes este deseo que yo tengo para ti: yo lo formulo con grandeza de ánimo, no simplemente con buen ánimo. Ni los dioses ni las diosas harán que la fortuna te lleve en palmitas. Pregúntate a ti mismo, si un dios te diera el poder de vivir en el mercado o en el campamento militar. Y, querido Lucilio, la vida es milicia.
    Los que andan activos de un sitio para otro, y van arriba y abajo por lo trabajoso y por lo arduo, y hacen frente a las misiones más peligrosas, esos son los varones esforzados, los héroes del campamento. Y esos otros a quienes una vergonzosa inacción les hace vivir blandamente son unas gallinas mojadas cuya seguridad es una deshonra.
    Lucius Annaeus Seneca. Epistulae morales ad Lucilium (Liber XVI, epistula XCVI)

    En otras palabras: Vivir es luchar. Vivir es militar. Postura rebelde y valiente frente a los embates de la vida.

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    AP

    25/02/2016 at 21:16


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