Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Trabajo concreto y trabajo abstracto (4)

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  La parte 3 de la nota, aquí

Trabajo abstracto, trabajo enajenado

La indiferencia con respecto al carácter particular del trabajo, su transformación en actividad puramente mecánica e indiferente, remite naturalmente a la crítica del trabajo enajenado realizada por Marx en 1844.  En los Manuscritos económico-filosóficos plantea que el obrero se encuentra enajenado con respecto al objeto que produce. Es que lejos de ver objetivadas sus potencias creativas, el objeto que produce se le enfrenta “como algo ajeno, como una potencia independiente”. Asimismo el productor se siente enajenado con respecto a su actividad, la cual se convierte en actividad enajenante:

“… el trabajo es algo exterior al trabajador, es decir, algo que no forma parte de su esencia; en que el trabajador, por lo tanto, no se afirma en su trabajo, sino que se niega en él, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar sus libres energías físicas y espirituales, sino que, por el contrario, mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. El trabajador, por tanto, solo se siente él mismo fuera del trabajo, y en este se encuentra fuera de sí. Cuando trabaja no es él mismo y solo cuando no trabaja recobra su personalidad. Esto quiere decir que su trabajo no es voluntario, libre, sino obligado, trabajo forzoso. No constituye, por tanto, la satisfacción de una necesidad, sino simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él” (Marx, 1987, p. 598).

Esto es, el trabajo es experimentado por el obrero como trabajo forzado, como una actividad que le es impuesta, no como un medio para la autorealización. En consecuencia, hay también una alienación con respecto a lo que es más propio del género humano – el “homo faber”, la realización a través de la actividad productiva, central en el proceso de hominización – y con respecto a los otros seres humanos, a los que solo considera como medios. La superación de la escisión entre trabajo abstracto y concreto es así la condición para acabar con el carácter enajenante del trabajo.

El elemento liberador en el trabajo abstracto

 Hemos visto que en la “Introducción a la crítica de la Economía Política” Marx sostiene que el trabajo considerado en su universalidad abstracta, es la expresión de la relación más simple y antigua en que entran los seres humanos. Por eso señala que Adam Smith había realizado un enorme progreso cuando redujo el trabajo manufacturero, el trabajo comercial, el agrícola, etcétera, simplemente a trabajo, sin otras determinaciones. Pero no se trata solo de un resultado intelectual, ya que la abstracción corresponde a un determinado grado de desarrollo, ya que solo en una sociedad en la que se generaliza la indiferencia frente a los diversos tipos de trabajo, el trabajo abstracto adquiere una realidad práctica. Escribe Marx:

“La indiferencia frente a un género determinado de trabajo supone una totalidad muy desarrollada de géneros reales de trabajos, ninguno de los cuales predomina sobre los demás. Así, las abstracciones más generales surgen únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde un elemento aparece como común a todos los elementos. Entonces deja de poder ser pensado solamente como una forma particular. (…) La indiferencia hacia un trabajo particular corresponde a una forma de sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido entonces, no solo en tanto categoría, sino también en la realidad, en el medio para crear la riqueza en general y, como determinación, ha dejado de adherirse al individuo como particularidad. (…) De este modo, la abstracción más simple de la categoría ‘trabajo’, el ‘trabajo en general’, el trabajo sans phrase, que es el punto de partida de la economía moderna, resulta por primera vez prácticamente cierta” (Marx, 1981, p. 305).

Sin embargo, esa indiferencia con respecto a los diversos tipos de trabajo no es meramente negativa. También significa un progreso con respecto a la relación de los productores con los medios de producción y el trabajo en las sociedades capitalistas. Es que el artesano o el campesino tradicional mantenían un estado de unidad indiferenciada con respecto a su trabajo y sus medios de producción, conformando una red en la que estaban atrapados. Esos productores estaban atados secularmente a la tierra, a la herramienta y a sus trabajos particulares. Esas relaciones aparecían como naturalmente dadas, y por lo tanto no pasibles de crítica y superación. El proletariado moderno, en cambio, no se preocupa por el trabajo que hace; o se preocupa mucho menos, y por esta razón esa indiferencia contiene un elemento liberador. Es en este respecto que el trabajo abstracto encierra la posibilidad de la ruptura revolucionaria con toda forma de esclavitud en el trabajo. En una entrada anterior, en la que presentamos la explicación de Gerald Cohen sobre este problema, escribimos:

“El trabajo se experimenta cada vez más -al menos en amplias franjas- como gasto puro de energía. De ahí, plantea Cohen, que el proletariado aspire a desarrollar sus habilidades en general. Una aspiración que no tenía el artesano, porque desarrollaba algunas pocas habilidades que se habían fusionado con sus condiciones de trabajo y de vida, y no podía concebir trascenderlas. De nuevo tenemos las contradicciones a ser superadas: para Marx, el trabajo medieval es concreto, pero no es universal. El trabajo moderno, en cambio, es universal, pero abstracto; el trabajador no está confinado, pero su actividad ha perdido forma y sentido. La actividad bajo el comunismo debe ser a la vez universal y concreta” (véase aquí para una explicación más amplia).

Medios de producción colectivos y superación del trabajo abstracto

La crítica del trabajo abstracto se vincula con la perspectiva de una organización colectiva, consciente y democrática, del trabajo. Así, en El Capital, después de referirse a la especificidad social del trabajo abstracto, Marx considera una eventual “asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo social” (Marx, 1999, t. 1, p. 96), donde el producto sería social ab initio. En consecuencia, el trabajo dejaría de contar como simple gasto humano de energía, para valer en su particularidad como parte integrante del todo social.

Por otra parte, Marx precisa que la forma de distribución de lo producido variaría según el tipo de organización de la producción y el nivel que históricamente hayan alcanzado los productores. Por ejemplo, si la participación de cada productor en los medios de consumo estuviera determinada por su tiempo de trabajo, habría una distribución planificada por la sociedad de la proporción entre las diversas funciones laborales y las necesidades sociales. En ese caso, el tiempo de trabajo serviría para medir la participación del productor en el trabajo común y la parte a consumir del producto común. De manera que en una sociedad de este tipo los seres humanos podrían controlar y distribuir los tiempos de trabajo; las relaciones con la producción y la distribución serían diáfanas (véase ibid.).

También en los Grundrisse considera una sociedad en la que “[e]l trabajo del individuo es puesto desde el inicio como trabajo social” (1989, t. 1, p. 100). En ese caso el individuo con su trabajo “no es un producto particular y determinado, sino una determinada porción de la producción colectiva”. Por lo tanto no tiene un producto particular que cambiar, y su producto “no es un valor de cambio” (ibid.). Aquí el carácter social de la producción es presupuesto “y la participación en el mundo de los productos, en el consumo, no es mediada por el cambio de productos de trabajo o de trabajos recíprocamente independientes” (ibid.). En consecuencia se posibilitaría otra forma de organización del trabajo:

“Una vez supuesta la producción colectiva, la determinación del tiempo, como es obvio, pasa a ser esencial. (…) Economía del tiempo: a esto se reduce finalmente toda economía. La sociedad debe repartir su tiempo de manera planificada para conseguir una producción adecuada a sus necesidades de conjunto… Economía del tiempo y repartición planificada del tiempo de trabajo entre las distintas ramas de la producción resultan siempre la primera ley económica sobre la base de la producción colectiva” (ibid., p. 101).

Esto significa que en una sociedad en la que  no domine la producción mercantil no se trabajará para producir valor, sino valor de uso. Por lo tanto, no se empleará el trabajo en el sentido abstracto, como mero gasto de energía.

La abolición del trabajo abstracto es un objetivo del socialismo

 La abolición del trabajo abstracto, sin embargo, no es una mera especulación teórica, sino un principio constitutivo del programa socialista. Por eso no es casual que Marx dedicara, en la Crítica del Programa de Gotha, un extenso párrafo a la perspectiva de la organización del trabajo sobre la base de la propiedad colectiva de los medios de producción. Esto es, considera que es una cuestión central a tratar en un documento en el que los socialistas presentan su programa a la sociedad.  Escribe:

“En el seno de la sociedad colectivista, basada en la propiedad común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como una cualidad material poseída por ellos, pues aquí, por oposición a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un rodeo, sino directamente” (Marx, 2000, p. 15).

A continuación señala que se trata de una sociedad comunista que “acaba de salir de la sociedad capitalista” y que por lo tanto todavía presenta muchas de las características de la vieja sociedad:

“Congruentemente con esto, en ella el productor individual obtiene de la sociedad – después de hechas las obligadas deducciones – exactamente lo que ha dado. Lo que el productor ha dado a la sociedad es su cuota individual de trabajo. Así por ejemplo, la jornada de trabajo se compone de la suma de las horas de trabajo individual; el tiempo individual de trabajo de cada productor por separado es la parte de la jornada social de trabajo que él aporta, su participación en ella. La sociedad le entrega un bono consignando que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que rindió. La misma cantidad de trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de esta bajo otra forma distinta” (ibid., p. 15-16).

Se trata por lo tanto de un intercambio de equivalentes, el mismo principio que regula el intercambio de mercancías:

“Ha variado la forma y el contenido, porque bajo las nuevas condiciones nadie puede dar sino su trabajo y porque, por otra parte, nada puede ahora pasar a ser propiedad del individuo, fuera de los medios individuales de consumo. Pero en lo que se refiere a la distribución de estos entre los  distintos productores, rige el mismo principio que en el intercambio de mercancías equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo, bajo una forma, por otra cantidad de igual trabajo, bajo otra forma distinta” (ibid., p. 16).

Aquí se eliminó el valor y el mercado, pero se mantiene el intercambio sobre la base de una medida igual, el trabajo. Este principio de “a cada cual según su trabajo” regiría entonces la sociedad socialista. Se trata del derecho igual, ya que se mide a todos por el mismo rasero, el trabajo. Así, el derecho de los productores es proporcional al trabajo que han entregado. Es un derecho igual que se aplica a individuos que, sin embargo, son desiguales, ya que ni sus capacidades de trabajo, ni sus necesidades son iguales. Por eso, en el comunismo evolucionado el principio rector sería “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

Textos citados:
Marx, K. (1981): Contribución a la crítica de la Economía Política, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1987): Escritos de juventud, México, FCE.
Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Marx, K. (2000): Crítica del Programa de Gotha, Buenos Aires, elaleph.com.

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Trabajo concreto y trabajo abstracto (4)

Written by rolandoastarita

02/10/2016 a 12:25

4 comentarios

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  1. Rolando, es bien por fuera del tema que vienen discutiendo. Pero me interesa saber tu posición respecto del plebiscito de Colombia por el acuerdo de Paz. Vi que algunos partidos analizan el resultado como un voto castigo a Santos por sus políticas de ajuste, pero a mi me parece que el voto por el NO fue profundamente reaccionario.

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    Hugo Soul

    04/10/2016 at 18:39

    • No conozco lo suficiente la situación en Colombia, de manera que solo puedo dar una opinión muy provisoria. No creo que el voto por el No sea un voto castigo a Santos por sus políticas de ajuste. Pareciera más bien ser una expresión de fuerte rechazo a las FARC, ya que lo más cuestionado serían los 10 puestos asegurados en el Parlamento, las subvenciones (en especial a la dirección de las FARC) y los tribunales especiales.

      No veo tampoco que el triunfo del No signifique un profundo giro a la derecha, ya que el Sí tampoco expresaba una política “de izquierda”; no es casual que fuera apoyado por EEUU, la UE, el Vaticano, los Macri y Temer latinoamericanos, etcétera, todo con la bendición del chavismo y el castrismo. Todo indica que las negociaciones se van a reanudar, y se iría a un acuerdo del tipo del que hubo en su momento en El Salvador o en Guatemala con las guerrillas. El caso del Farabundo Martí es ilustrativo: terminó accediendo al gobierno sin que cambiara en nada sustancial la situación social en El Salvador.

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      rolandoastarita

      05/10/2016 at 10:21

  2. “La sociedad le entrega un bono consignando que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que rindió. La misma cantidad de trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de esta bajo otra forma distinta”

    Surge una duda: ¿Significa que el trabajo individual debe valorarse usando una medida? ¿Cual sería la medida? ¿La fracción de tiempo utilizado dentro del trabajo social? ¿Una unidad monetaria que la represente?

    Saludos.

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    JCV

    05/10/2016 at 11:26

  3. Compañero profesor Rolando Astarita.
    No se si ha visto una entrevista reciente (7 septiembre 2016) a Anselm Jappe sitio web https://andoenpando.wordpress.com/2016/09/07/anselm-jappe-el-fin-del-capitalismo-no-sera-un-fin-pacifico/ tanto usted como él son dos de los grandes referentes que tocan el tema del valor en el capitalismo.
    Desde mi punto de vista la teoría del valor por su carácter abstracto es uno de los aspectos más complejos de entender del capitalismo contemporáneo, sin embargo esta en su centro, en el núcleo mismo del sistema, de su producción depende la suerte del mismo, aunque no sirva mucho para hacer política de ella porque no te entendería nadie de la gente de a pie, que es la que finalmente decide la suerte y el curso de la historia. Pero es imperdonable que los que dicen proponerse transformar el capitalismo en otro sistema más justo no la conozcan. a usted las gracias por enseñarla con la didáctica de un maestro de la misma.
    Estaré en Cuba de visita a finales de octubre, voy de mochilero, esperaba tener algo sobre la “Zafra de los 10 millones” que nos prometió, pero ya será más adelante, ya le contaré que he visto.
    Un abrazo y saludo afectuoso.
    Y al margen Catalunya Sí que es Pot se abstiene en el parlamento catalán que aprueba un referéndum “vinculante” de independencia para septiembre de 2017. ¡O aprende querido profesor esta izquierda nacionalista española o la historia la barre!. Con el pueblo o sin el pueblo, pero nunca contra el pueblo, y aquello que no aprenden de la historia están condenados a repetirla como dijo Santillana.
    Rodolfo Crespo

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    Rodolfo Crespo

    08/10/2016 at 14:09


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