Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Gasto social % PBI OCDE

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En una entrada anterior  presentamos gráficos que muestran que el gasto fiscal, en relación al producto, tendió a aumentar en EEUU y en la mayoría de los países capitalistas (aquí). Lectores del blog preguntaron si lo mismo había ocurrido con el gasto social. Aquí presento dos gráficos elaborados en base a datos de la OCDE para el período 1980-2015, el primero referido a EEUU y el segundo al promedio de gasto social de los países de la OCDE. Y un tercer gráfico de la OCDE que muestra el comportamiento del gasto social en relación al PBI para el promedio de las economías de la OCDE, la Unión Europea, Japón, EEUU, Francia y Australia. Precisemos que según la definición de la OCDE, el gasto social comprende beneficios en dinero (por ejemplo pensiones, subsidios a la maternidad, pagos por asistencia social), servicios sociales (por ejemplo cuidado de niños, ancianos o enfermos) o tratamiento impositivo favorable en los pagos por planes privados de salud (“Social Expenditure, 1980-2003: Interpretative Guide of SOCX”, OCDE, November 2007).

 

 

 

                                            Gasto social % PBI 1960-2012

Puede verse entonces que no existe un cambio cualitativo a partir del ascenso del neoliberalismo, en la década de 1980. Tengamos presente, sin embargo, que desde mediados de los 1970 hubo una ofensiva a nivel global del capital sobre el trabajo, que dio como resultado un aumento de la relación beneficios / salarios en la mayoría de los países capitalistas (ver aquí). Una posible explicación de este aumento del gasto social es que haya servido como amortiguador de la protesta social. Después de todo, organismos internacionales como el Banco Mundial, o voceros del establishment económico como The Economist recomendaron y apoyaron la instrumentación de asistencia social en diversos países de América Latina (ejemplo, los planes dispuestos por el gobierno de Lula) para prevenir o canalizar las protestas y luchas sociales. Estas cuestiones me parecen imprescindibles a la hora de analizar políticas como las que implementa el gobierno de Macri, (con el consenso del peronismo), que están destinadas a mejorar las condiciones de explotación del trabajo.

En este punto puede ayudarnos a pensar esta dinámica del gasto social el análisis de Poulantzas en Estado, poder y socialismo. Transcribo algunos pasajes (tomados de la edición en español de Siglo XXI):

“El Estado no puede consagrar y reproducir la dominación política exclusivamente por medio de la represión, de la fuerza, de la violencia ‘desnuda’. Ha de recurrir a la ideología, que legitima la violencia y contribuye a organizar un consenso de ciertas clases y fracciones dominadas respecto al poder político. La ideología no es algo neutro en la sociedad: solo hay ideología de clase. La ideología dominante, en particular, consiste en un poder esencial de la clase dominante” (p. 27).

“… a través del binomio represión-ideología es imposible delimitar las bases mismas del poder en las masas dominadas y oprimidas sin caer en una concepción al mismo tiempo policíaca e idealista del poder. (…) Creer que el Estado actúa solo de esta manera es simplemente falso: la relación de las masas con el poder y el Estado en lo designado particularmente como consenso, posee siempre un sustrato material. Entre otras razones porque el Estado, procurando siempre la hegemonía de clase, actúa en el campo de un equilibrio inestable de compromiso entre las clases dominantes y las clases dominadas. El Estado asume así, permanentemente, una serie de medidas materiales positivas para las clases populares. Incluso si estas medidas constituyen otras tantas concesiones impuestas por la lucha de las clases dominadas. Se trata de un hecho esencial, y no podría darse razón de la materialidad de la relación entre el Estado y las masas populares si se redujera al binomio represión-ideología” (pp. 30-31). (…)

“… incluso el fascismo se ha visto obligado a emprender una serie de medidas positivas respecto a las masas (reabsorción del paro, mantenimiento  y a veces mejora del poder adquisitivo real de ciertas categorías populares, legislación llamada social) lo que no excluye, muy al contrario, el acrecentamiento de su explotación (mediante la plusvalía relativa). Por tanto, que el aspecto ideológico de engaño esté siempre presente en este aspecto, no impide que el Estado actúe también a través de la producción del sustrato material del consenso de las masas con respecto al poder” (p. 31; énfasis agregado).

 

 

 

 

Written by rolandoastarita

15/01/2017 at 10:39

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Neoliberalismo y crítica marxista

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Los gráficos sobre aumento relativo del gasto estatal en las economías capitalistas, que he presentado en la nota anterior (aquí), han movido a algunas personas a preguntarse si estoy negando la existencia del neoliberalismo. En realidad, en ningún momento negué el neoliberalismo. Simplemente defiendo una caracterización de ese fenómeno distinta de la que sostiene la mayoría de la izquierda. En particular, sostengo que lo distintivo del neoliberalismo no fue la mayor o menor participación del Estado en la economía; y que es equivocado interpretarlo en términos de ascenso del capital financiero sobre otras formas del capital.

Traté este asunto en varios lugares. Por ejemplo, en El capitalismo roto, donde critiqué la tesis de la financiarización; o en la nota reciente sobre keynesianismo (aquí). También incorporaré el tema en la segunda edición (corregida y aumentada) de Keynes, poskeynesianos y keynesianos neoclásicos, que espero se publicará en 2017. Allí escribo:

“El ascenso desde mediados de la década de 1970 del neoliberalismo -englobando con este término al conjunto de doctrinas que desembocan en el nuevo consenso neoclásico keynesiano- ha sido interpretado por buena parte del pensamiento progresista y de izquierda como un asalto del sector financiero a los puestos de mando del capital.

Nuestra interpretación es diferente. Consideramos que el neoliberalismo expresa una política de todo el capital, no solo de una de sus fracciones. Esto es, el apoyo que tuvieron, y tienen, las políticas recomendadas por monetaristas, nuevos clásicos, nuevos keynesianos y similares excede en mucho al capital financiero. Los ataques a los derechos sindicales; los ajustes que implican caídas del salario; las legislaciones para flexibilizar las relaciones laborales; la reducción o supresión de subvenciones a los desempleados; el empobrecimiento de pensionistas y jubilados; las ofensivas contra los inmigrantes, fueron medidas que apuntaron a restablecer la rentabilidad del capital de conjunto. Por esta razón fueron apoyadas a nivel global no solo por los bancos y financistas, sino también por las cámaras empresarias de la industria, el comercio, el agro, la minería, el transporte, más amplios sectores de las clases medias y de las patronales pequeñas y medianas.

Por otra parte, las privatizaciones, las aperturas comerciales y las libertades para el movimiento transnacional de los capitales tuvieron como efecto someter de manera más abierta y plena a todas las economías a la ley de la ganancia. Y esta orientación fue alentada por capitales industriales, comerciales, agrarios, junto al capital financiero. Incluso las fracciones más débiles de los capitales nacionales buscaron insertarse en esta mundialización del capital.

La reacción neoliberal, a su vez, fue acompañada por una movilización reaccionaria en la política, la cultura y la ideología. En muchos ámbitos se impuso la consigna “que gane el mejor y el más fuerte”, que por lo general son los más ricos. Se rechazaron los movimientos críticos y las culturas contestatarias; resurgieron movimientos racistas y xenófobos; y se exaltaron valores conservadores burgueses. Todo ello contribuyó a que el trabajo fuera subsumido de forma más completa al capital de conjunto, sin distinciones. Por eso pensamos que el neoliberalismo expresa el programa de la clase capitalista global frente a la crisis de rentabilidad que estalló en los 1970, y la posterior profundización de la mundialización del capital.”

Lo esencial: aumento de la tasa de explotación

En esta descripción el tema de si el gasto del Estado tuvo más o menos intervención en la economía no tiene mayor relevancia para la caracterización de las políticas que se aplicaron en los países capitalistas en las últimas décadas. Lo esencial es que el programa del capital pasó por aumentar la tasa de explotación del trabajo. Lo cual explica también por qué el neoliberalismo tuvo la adhesión de prácticamente todas las facciones del capital; naturalmente, el aumento de la tasa de explotación del trabajo es la raíz de la hermandad del capital.

En este respecto, en la nota en la que analizo el libro de Piketty (aquí) señalé que hay mucha evidencia empírica del aumento de la participación de los beneficios en el ingreso a nivel global; eso es, hubo una tendencia al aumento de la relación beneficios / salarios, que nos da un proxy a la tasa de plusvalía. Escribí:

“Según Kristal (2010), y para 16 países industrializados, la relación W/Y aumenta en promedio en la posguerra y hasta los 1970, pero baja desde el 73% en 1980 al 60% en 2005. Sostiene que en las dos últimas décadas los aumentos de productividad superaron a los aumentos salariales.

Por otra parte, de acuerdo a Karabarbounis y Neiman (2013) la participación de los salarios ha estado declinando a nivel global desde 1980: tomando su participación en el valor bruto añadido de las corporaciones, habría caído un 5% en los últimos 35 años, desde el 64% al 59%. De 59 países con al menos 15 años de datos entre 1975 y 2012, 42 muestran tendencias decrecientes en la participación del trabajo. La tendencia se verifica también en China, India y México. Blanchard y Giavazzi (2003) también encuentran la caída de la participación de los salarios en los países desarrollados en las últimas décadas. Otra manera de ver el aumento de la participación de los beneficios en el ingreso es a través de la distancia entre los ingresos de los CEO de las grandes corporaciones (plusvalía) y los salarios promedio. En EEUU, en 2013, la paga de los altos ejecutivos es 343 veces mayor que la de la media de los empleados y 774 veces mayor que la de aquellos que menos cobran. En 1983 la diferencia con la media era 46 veces (Executive Paywatch, de la AFL-CIO).

También el “Informe mundial sobre salarios 2012-2013” de la OIT muestra la esta dinámica. En 16 economías desarrolladas la proporción media del trabajo disminuyó del 75% del ingreso nacional a mediados de los 1970 a 65% en los años previos de la crisis de 2007. En Japón la participación del salario en el ingreso pasó del 68,4% en 1970 al 79,93% en 1977, para bajar al 54,5% en 2010. En EEUU pasó del 71,98% en 1970 al 63,27% en 2010; y en Alemania fue del 69,75% en 1970 al 63,66% en 2010. A su vez, en 16 economías en desarrollo y emergentes, disminuyó del 62% del PBI en los primeros años de los 1990 al 58% justo antes de la crisis.

Por otra parte, la evolución de la plusvalía relativa parece clara. Según la OIT, el índice de productividad del trabajo (producto por trabajador) en las economías desarrolladas, con base 100 en 1999, se había elevado a 114,6 en 2011; en tanto que el índice de los salarios, en el mismo período, había aumentado a 105,9. En EEUU la productividad real por hora en el sector empresarial no agrícola aumentó 85% desde 1980 a 2011, y la remuneración salarial lo hizo el 35%. En Alemania, en las dos últimas décadas, la productividad se incrementó cerca del 25%, pero los salarios reales permanecieron sin cambios. Esto está indicando que la tasa de plusvalía aumenta, aun cuando aumenta la canasta de bienes salariales. Incluso en China, a pesar de que los salarios se triplicaron en la última década, el PBI aumentó a una tasa superior, de manera que W/Y disminuyó” (W: salario; Y: ingreso).

Subrayamos entonces que la cuestión de si el Estado tuvo más o menos participación en las economías capitalistas es secundaria a la hora de definir en qué consiste el neoliberalismo. Más importante aún es que no tuvo un papel neutral en la ofensiva contra el trabajo. Contra lo que piensa el sentido común del izquierdismo progresista, el Estado no está por fuera de las relaciones de clase; no se lo puede pensar haciendo abstracción de su carácter de clase. De hecho, a lo largo de las últimas décadas el Estado contribuyó  (y sigue haciéndolo) al fortalecimiento de las posiciones del capital frente al trabajo. Así, por ejemplo, las empresas que se mantienen bajo control estatal se rigen cada vez más según la lógica de la rentabilidad: compiten con empresas privadas, cotizan en bolsa, establecen relaciones con el mundo financiero según las reglas del mercado, subcontratan trabajo y lo precarizan, y remuneran a sus ejecutivos como cualquier otra empresa capitalista. De la misma manera, cada vez más en reparticiones del Estado encontramos trabajo precarizado y trabajadores con derechos laborales mínimos. Todo apunta a la misma conclusión: el Estado no está por fuera de la unidad orgánica que conforma el modo de producción capitalista.

Por eso, el punto de partida del análisis deben ser las relaciones entre las clases sociales fundamentales de la sociedad moderna. Y por eso también, y contra lo que imaginan los ideólogos del reformismo pequeño burgués, el aumento de la explotación del trabajo es perfectamente compatible con la no reducción o el aumento de la participación del gasto estatal en el producto. Más aún, la participación del gasto social en el producto ha tendido a aumentar, en el promedio de los países de la OCDE, entre 1980 y 2015. Las razones de por qué sucedió así deberán investigarse, pero de nuevo esto no impidió el aumento de la tasa de explotación (en Argentina esta cuestión tiene particular relevancia a la hora de caracterizar a la política del gobierno de Macri). En otras palabras, el aumento del gasto público no está en contradicción con la ofensiva del capital desde mediados de los 1970.

Textos citados
Blanchard, O. y F. Giavazzi, (2003): “Macroeconomic Effects of Regulation and Deregulation in Goods and Labor Markets”, Quarterly Journal of Economics, vol. 118, pp. 879-907.
Karabarbounis L., y B. Neiman (2003): “The Global Decline of the Labor Share”, NBER Working Paper Nº 19.136, junio.
Kristall, T. (2010): “Good Times, Bad Times: Postwar Labor’s Share of National Income in Capitalist Democracies”, American Sociological Review, vol. 75, pp.729-763.

Descargar el documento: [varios formatos siguiendo el link, opción Archivo/Descargar Como]:
Neoliberalismo y crítica marxista

Written by rolandoastarita

26/12/2016 at 12:53

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Complemento a “Somos todos keynesianos…. (3)”

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En la nota “Somos todos keynesianos”, ¿de nuevo? (3)” (aquí) dije que, contra lo que generalmente se afirma, la cuestión del mayor o menor gasto fiscal es una cuestión secundaria a la hora de diferenciar los gobiernos que típicamente se han considerado keynesianos, de los gobiernos llamados neoliberales. Escribí: “Gobiernos profundamente reaccionarios, como el de Ronald Reagan, o George Bush, aumentaron el gasto público para sostener a la economía en períodos de recesión, sin que ello encerrara algún carácter progresista o favorable a los trabajadores. De hecho, y al cabo de más de tres décadas de ‘neoliberalismo’, la participación del gasto público en el producto interno, en la mayoría de los países, es hoy más elevada que a mediados de los 1970”.

Pues bien, el gasto público total en relación al producto en Estados Unidos muestra una tendencia ascendente en los 70 años que van hasta 2015, con relativa independencia de que los gobiernos fueran demócratas o republicanos (una tendencia de largo plazo similar se advierte para los países de la OCDE; y también en la economía global).

Más importante, el gasto público con relación al producto estuvo por encima de la tendencia en la década de los 1980, dominada por las reaganomics. Luego disminuye, en términos relativos, en los 1990. Pero vuelve a subir fuertemente como respuesta a la crisis financiera. En cualquier caso, no puede advertirse un quiebre de la tendencia de largo plazo a partir del ascenso del neoliberalismo, a comienzos de los 1980. Los datos son del Bureau of Economic Analysis.

 

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Written by rolandoastarita

22/12/2016 at 11:55

“Somos todos keynesianos”, ¿de nuevo? (3)

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 El giro al neoliberalismo

La caracterización del keynesianismo de posguerra de Bresser Pereira, Kregel, Seccareccia, que hemos presentado en la parte anterior de la nota es muy distinta de la que presenta Davidson. Según este autor, entre 1945 y 1973 los gobiernos capitalistas “fueran liberales o conservadores, aplicaron activamente el tipo de políticas económicas que Keynes había defendido en los 1930 1940” (Davidson, 2007, p. 177). Davidson agrega que esas políticas permitieron aumentar el producto por habitante, la productividad y mantener bajo el desempleo. Pero a partir de mediados de los años 1970 se impuso la reacción neoliberal. Desde este enfoque, el rápido avance de la reacción anti-keynesiana parece no tener base alguna en las relaciones sociales existentes.

Sin embargo, la realidad es que a mediados de la década de 1970 se asistía a una crisis estructural de acumulación del capital -caída de la tasa de rentabilidad y debilidad de la inversión-, largamente estudiada por los marxistas (véase, por ejemplo, Mandel, 1979 y Shaikh. 1991), los regulacionistas (véase, por ejemplo, Aglietta, 1979, y Lipietz, 1979) y otras corrientes. En América Latina esa crisis se manifestó bajo la forma de crisis de la industrialización por sustitución de importaciones. Pero el keynesianismo reformista del IS-LM no tuvo respuesta frente a una crisis global que no podía superarse con dosis de política monetaria o fiscal. Los partidos Comunistas y Socialistas tampoco representaban alternativas superadoras, y las economías “del socialismo real” evidenciaban crecientes problemas. El capital de conjunto exigía una reacción en toda la línea contra el trabajo; y el keynesianismo del mainstream se adaptó a la nueva coyuntura histórica. Leer el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

12/12/2016 at 12:42

Theotonio: de la Dependencia al giro a la derecha

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En una nota anterior (aquí) he planteado que bajo el paraguas de la llamada heterodoxia, se agrupa un extenso abanico de economistas, antes más o menos radicales, que se han convertido en defensores de gobiernos capitalistas. Decía también que este fenómeno se inscribe en un giro de muchos intelectuales que en las últimas décadas abandonaron cualquier compromiso con una política de clase; y presentaba el ejemplo del marxista Anwar Shaikh, de la New School de Nueva York.

Pues bien, otro caso representativo es Theotonio Dos Santos, quien por estos días ha sido homenajeado por el primer Congreso de Pensamiento Económico Latinoamericano. El evento se convocó bajo un lema que encierra toda una definición política e ideológica: “Amanecer y consolidación de los gobiernos populares en América Latina. Desafíos para profundizar la transformación estructural”. Fue organizado por la Asociación del Pensamiento Económico Latinoamericano, y patrocinado por Presidencia de la Nación y otros organismos estatales. Entre los oradores estuvieron Carlos Tomada y Axel Kicillof, ministros del gobierno de Cristina Kirchner; Silvina Batakis, ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires; y Marcelo Zabalaga Estrada, presidente del Banco Central de Bolivia.

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Written by rolandoastarita

27/09/2015 at 13:21

Izquierda y “voto útil contra el neoliberalismo”

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Por estos días desde varios sectores del llamado progresismo izquierdista se ha criticado la postura del FIT y Zamora de haber recomendado el voto en blanco en el balotaje entre Rodríguez Larreta (o sea, Macri) y Lousteau. Se afirma que de esa forma la izquierda fue “funcional a Macri” (expresión utilizada por el periodista Maxi Montenegro, criticando a Jorge Altamira). Es la línea tradicional de los liberales burgueses, los socialistas burgueses y pequeño burgueses de todos los matices, y también, por supuesto, del partido Comunista. Por eso Aníbal Ibarra, que se formó políticamente en el stalinismo criollo, por estos días se dedicó a “dar cátedra” de cómo y por qué había que distinguir, aunque fuera muy sutilmente, entre Macri y Lousteu. “No son lo mismo”, repetía incansablemente, para recomendar el “voto táctico útil” por el segundo, en pos de la derrota del “proyecto neoliberal de los 90” del primero.

Dada la frecuencia con que se repite este argumento, en esta nota presento una respuesta a esta crítica a la izquierda, desde una perspectiva marxista. La respuesta reconoce dos niveles: el primero, el más fundamental, dice que aun en el caso de que haya diferencias, los marxistas deben mantener su posición independiente y no ceder al voto útil. En un segundo nivel, la respuesta dice que, en el caso concreto que nos ocupa, ni siquiera hay diferencias de alguna significación entre Macri y Lousteau (como tampoco las hay entre Lousteau y Recalde, o entre Macri, Scioli y Massa). Empecemos, sin embargo, con el primer aspecto de la cuestión.

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Written by rolandoastarita

21/07/2015 at 19:27

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