Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

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Socialismo siglo XXI, crisis y poder militar

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La crisis del modelo chavista “socialismo siglo XXI” parece irreversible. La situación del país es desesperante. El propio gobierno de Maduro admitió que en los 12 meses a septiembre de 2015 la economía cayó 7,1%. Oficialmente la inflación en 2015 fue del 180%, y los salarios aumentaron un 97% (BCV). En lo que va de 2016 se establecieron aumentos salariales del 56%, y la inflación enero-abril es de 275%. El FMI pronostica que la inflación podría llegar al 700% en 2016 y el PBI caer un 8%. Según CEPAL, la caída sería del 6,9%. La Encuesta Condiciones de Vida (ENCOVI), realizada por tres universidades nacionales, dice que el 73% de los hogares cayeron por debajo de la línea de la pobreza (en 2013 era el 31%). Fuentes privadas y de las universidades sostienen que el venezolano medio ha disminuido considerablemente el consumo de calorías y proteínas. El Banco Central de Venezuela y el Instituto Nacional de Estadística han dejado de publicar datos sobre pobreza.

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15/05/2016 at 11:51

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Prohibición de despidos, Venezuela y un ejemplo instructivo

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En una nota anterior planteé que es utópico pretender acabar, o reducir significativamente, la desocupación con una ley que prohíba los despidos (aquí). En esta nota amplío el argumento a partir del ejemplo de Venezuela. En este país rige desde mayo de 2002 una medida de inamovilidad laboral y doble indemnización. Según esta disposición, los trabajadores no pueden ser despedidos, desmejorados ni trasladados sin causa justa, calificada previamente por el inspector del Ministerio de Trabajo. El amparo se extiende a los trabajadores a tiempo indeterminado después del primer mes al servicio de un patrono; a los contratados por tiempo determinado mientras no haya vencido el término establecido en el contrato o, en el caso de que el contrato sea para una labor u obra determinada, mientras no haya concluido la totalidad o la parte de la misma que constituya su obligación.

En diciembre de 2015 la medida se prorrogó hasta diciembre de 2018. En esa ocasión Maduro dijo que el decreto “es el complemento de una serie de medidas para impulsar el trabajo y la producción nacional”. Los trabajadores temporarios u ocasionales no están beneficiados por la disposición (el 41% de los ocupados tiene empleos informales o precarizados). Además, los inspectores de Trabajo no están facultados para ordenar, como medida preventiva, la reincorporación del despedido durante el tiempo que dure el procedimiento. Aunque se establece que deberán proceder “con la mayor eficiencia y eficacia en salvaguarda y protección de los derechos laborales”.

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01/05/2016 at 18:05

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Venezuela: mi solidaridad con el profesor Sutherland

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Por esta nota quiero manifestar mi solidaridad con el profesor Manuel Sutherland, que ha sido echado de la Universidad Bolivariana de Venezuela por sus posiciones políticas, críticas de la política económica del gobierno de Maduro.

Desde 2013 Manuel Sutherland era profesor con dedicación exclusiva en la escuela de Economía Política de la UBV. Al 15 de diciembre de 2015 todavía tenía asignada carga académica, que le fue ratificada en reunión colectiva de los profesores. Sin embargo, cuando fue a dar clases, se enteró de que lo habían echado. Como antecedente inmediato, tengamos presente que había manifestado su oposición a varias propuestas de política económica (congelar los precios de toda la economía por un año, terminar de graduar a 16.000 fiscales para perseguir a quienes quiebran los precios justos, insistencia en la “Guerra económica”) que pretendía hacer la UBV.

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19/02/2016 at 10:26

Venezuela y el chavismo argentino, ¿qué balance?

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La derrota de Maduro en las elecciones de ayer, 6 de diciembre, no fue una sorpresa. Era esperada en un contexto de caída del PBI por más del 7%, déficit fiscal superior al 20%, inflación rayando el 200% anual, desabastecimiento del 60%, alta tasa de homicidios, entre otros datos. Más ilustrativo: el 55% de la población estaría, a finales de 2015, en la pobreza (medida por ingresos). El dato surge de la Encuesta de las condiciones de Vida de la población venezolana 2014, ENCOVI, realizada por las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar. En 2014 el nivel de pobreza era del 48%, superior al de 1998, cuando había sido del 45%; y se agravó este año con el derrumbe de la economía (véase http://www.rectorado.usb.ve/vida/sites/default/files/pobreza.pdf). Por lo tanto, no hay secretos en la derrota del PSUV.

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07/12/2015 at 18:27

Represión burguesa, Marx y el “Estado libre”

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl apoyo de amplios sectores de la izquierda latinoamericana a la represión que ha desatado el Gobierno chavista reactualiza el debate acerca de la actitud de los socialistas ante el Estado burgués y el aparato represivo. En la izquierda actualmente está muy establecida la idea de que es beneficioso para la clase trabajadora que exista un Estado “fuerte”, capaz de guiar a la economía hacia alguna forma de “socialismo de Estado bonapartista”, para usar la expresión de Lenin. Se piensa que el capitalismo “popular”, o guiado por el Estado, legitima y demanda un aparato represivo poderoso y consolidado. Por eso, y bajo el argumento de “combatir a la derecha”, se aplauden medidas represivas que van desde la restricción de libertades y derechos elementales, hasta las detenciones masivas, la tortura y el asesinato de manifestantes opositores. De ahí también el rol que tienden a jugar, en este tipo de regímenes, las fuerzas armadas y sus estructuras de mando.

Por supuesto, hay matices. Algunos están más curtidos en estas lides, otros andan “tragando sapos” (en Argentina, ley anti-terrorista, Milani, Proyecto X; en Venezuela, el menú no es para estómagos delicados). Para la militancia PC, por ejemplo, que supo aplaudir inmundicias como los campos stalinistas de exterminio, o los aplastamientos soviéticos sobre Berlín, Hungría o Checoslovaquia, lo que hacen hoy Al Assad en Siria, o Maduro en Venezuela, son apenas “detalles”. Otros, más prudentes, rechazan estos extremos. Pero todos están unidos por la convicción de que para avanzar hacia alguna forma de sociedad más justa, es necesario “poner rudamente en vereda” a los díscolos y rebeldes, así estos se cuenten por millones. Y para eso, nada mejor que un Estado poderoso.

A su vez, en la mayoría de la opinión pública está arraigada la idea de que la orientación estatal-represiva constituye la quintaesencia del “socialismo científico” de Marx y Engels. A ello han contribuido tanto la literatura teórica stalinista (pensemos en los tradicionales manuales que editaba la URSS), como el discurso de la derecha neoliberal, empeñado en atribuir a la obra de Marx y Engels la inspiración última del Muro de Berlín, de los campos de concentración de Corea del Norte o de la represión de cualquier régimen al estilo Al Assad o Chávez.

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Renta petrolera y capitalismo de estado (3)

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Esta es la tercera y última parte de la nota que ha sido publicada aquí y aquíRolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del jueves

 Argelia

La argelina fue posiblemente la experiencia más radicalizada de todos los intentos de industrialización de los países petroleros, en los años 70. El punto de partida fue, ciertamente, muy difícil.
Cuando el FLN tomó el poder, en 1962, la economía estaba devastada por ocho años de guerra contra los franceses, por el sabotaje contrarrevolucionario y la salida de personal capacitado y de capital (Frieden, 1981). De todas maneras, se pensó que a partir de la asignación productiva de la renta, y con la estatización de las palancas fundamentales de la economía -la industria pesada, los bancos y las compañías de seguros extranjeras, el comercio exterior- el país podría salir del atraso y emprender el camino del desarrollo. La estrategia aplicada se conoció como la de las “industrias industrializantes”, teorizada por el francés Gérard Gestanne de Bernis; consistía, básicamente, en impulsar un núcleo de grandes industrias, que deberían constituirse en los polos impulsores del resto de la economía. Con ese objetivo, a partir de 1967 se encararon grandes planes de inversión en industria pesada y producción de hidrocarburos, utilizando la renta petrolera y gasífera.

Se construyeron entonces complejos de la industria pesada. Se estima que hubo una inversión de unos 100.000 millones de dólares; la formación bruta de capital fijo absorbió, entre 1965 y 1980, una media del 40% del PBI (aunque la mitad de esa proporción la absorbió el sector de hidrocarburos). En los años 70 la participación de la inversión en la industria llegó a representar entre el 40% y el 50% del total de la inversión, un nivel similar al de la URSS (Marín, 1998). En el plan de 1967-69, el 52% de los gastos del gobierno fueron a la industria, de los cuales el 90% a la industria pesada; en los planes 1970-73 y 1974-77, se siguió con la misma tónica (Frieden). Como resultado, entre 1966 y 1978 la producción industrial se duplicó, y el crecimiento anual de la economía superó el 7% (Marín).

Sin embargo, la productividad se mantuvo baja, crecieron los costos, y la economía permaneció extremadamente desarticulada. El crecimiento se producía gracias a las inyecciones de capital en la industria pesada, pero la participación de la industria manufacturera en el producto casi no aumentó de ninguna manera significativa (Marin). Tampoco se intentó generar tecnología propia. El gobierno trató de superar el atraso importando tecnología, para lo cual adquirió sistemas de fábricas a empresas internacionales (por ejemplo, una planta de electrónicos, refinería) y firmó contratos con expertos extranjeros. Esto implicó un gran gasto de capital (recordemos, además, que se habían pagado indemnizaciones por las nacionalizaciones de 1971 de las empresas petroleras), pero las repercusiones sobre el nivel tecnológico fueron escasas. Como explican hoy los schumpeterianos de los “sistemas nacionales de innovación”, el desarrollo tecnológico no se puede comprar; exige una red de inversión en educación, investigación y desarrollo, y acumulación capitalista “original”.

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03/06/2013 at 11:29

Renta petrolera y capitalismo de estado (2)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesLa primera parte de esta nota, aquí. En esta segunda parte examinamos las experiencias de industrialización “petrolera”; en la tercera, nos referiremos en particular los procesos de Venezuela y Argelia, de los años 1970.

Los programas industrialistas

Como es conocido, a comienzos de los 1970 se produjo una fuerte suba de los precios del petróleo; en promedio, entre 1972 y 1974 se multiplicaron por seis. Este aumento tenía por base el aumento de la demanda (entre 1965 y 1973 el consumo mundial de energía creció un 43%) y el ascenso nacionalista en el Tercer Mundo. También por aquellos años las grandes compañías internacionales perdieron el control de la cadena petrolera; la producción, el transporte, la distribución y el refinado pasaron en gran medida a manos de los países productores (CEPII, 1983). En consecuencia, éstos dispusieron de una renta incrementada; entre 1974 y 1980 los saldos en cuenta corriente de los exportadores de la OPEP se elevaron a 288.00 millones de dólares.

Fortalecidos por este auge, los gobiernos de la OPEP pusieron en marcha ambiciosos programas de industrialización y crecimiento. De acuerdo a Sid Ahmed, entre 1974 y 1982 anticiparon inversiones por casi 900.000 millones de dólares, de los cuales unos 600.000 millones correspondieron a Arabia Saudita, Irán, Libia, Iraq y Argelia. El objetivo era promover industrias intensivas en energía y capital, como la refinación, petroquímica, siderurgia, que permitieran también valorizar el petróleo y el gas. Con la ejecución de los proyectos de inversión en infraestructura y desarrollo industrial, en Libia, Argelia, Venezuela, y otros lugares, se elevó rápidamente la tasa de formación del capital fijo. Por aquellos años 70, se consideraba que había una oferta ilimitada de capital, y que gracias a las exportaciones, las economías petroleras podrían hacer frente a las necesidades de importación, y avanzar en la cadena del valor. Muchos estaban convencidos de que el desarrollo capitalista podía insertarse fácilmente en el Tercer Mundo, en base a la importación de tecnología, equipos y maquinaria; por ejemplo, en 1980 el sha de Irán pronosticaba que su país llegaría a ser la quinta potencia del mundo.

Dinámica rentística: crecimiento con poco desarrollo

Sin embargo, las cosas sucedieron de manera bastante distinta, ya que hubo crecimiento -el PBI aumentó a una alta tasa en muchos países-, pero con escaso desarrollo de la productividad, la tecnología y del entramado industrial y productivo. La realidad es que coexistieron una industria petrolera relativamente avanzada, con estructuras de producción atrasadas; la industria petrolera evidenció una lógica de enclave, ya que había pocas relaciones entre ella y el resto del sistema productivo (véase Ominami, 1983). Por eso, el gasto de renta por parte del estado no logró superar el “dualismo estructural” (idem). Además, en la medida en que muchos países se volcaron a las mismas ramas -típicamente, la petroquímica- apareció una tendencia a la sobreproducción en el mercado mundial, con consecuencias negativas sobre las ganancias de las industrias. También debe tenerse presente que las posibilidades de venta interna de la producción de hidrocarburos y derivados eran limitadas, dado el crecimiento desarticulado. De ahí también una tendencia a la sobrecapacidad; un caso ilustrativo fueron las grandes empresas estatales de Argelia, que operaban, en los años 70 y 80, con alta capacidad ociosa, y muy baja rentabilidad (véase más adelante).

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Renta petrolera y capitalismo de estado (1)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn una nota anterior comparé brevemente la utilización de la renta en Venezuela con la experiencia de los países petroleros del Tercer Mundo en los años 1970, cuando se intentó la industrialización en base al manejo estatal de la renta. Arabia Saudita, Irán, Libia, Irak, Argelia y la misma Venezuela, fueron casos destacados. Sin embargo, ninguno superó la dependencia y el atraso. Peor aún, varios países terminaron  en agudas crisis y aplicando políticas pro mercado y antipopulares.
¿Por qué la lluvia de renta no pudo impulsar un desarrollo de las fuerzas productivas con bases sólidas? Posiblemente no haya una única respuesta, pero ante las dificultades que enfrenta hoy el proyecto chavista, vale la pena echar una mirada a los problemas y contradicciones de la experiencia de industrialización, sostenida en la renta petrolera, de los años 60 y 70. Es lo que tratamos en esta nota, con especial atención a la experiencia de Venezuela. Debido a su extensión, la presento en tres partes.

Ingreso rentístico sin desarrollo

Tal vez el caso histórico paradigmático de un país que recibe una enorme renta que no se emplea productivamente, sea España. Luego de recibir una enorme cantidad de oro y plata, proveniente de América, a lo largo del siglo XVI, la gente tomaba conciencia de que el oro llegado de América “no se quedó en España, sino que fue sustituido por una montaña de créditos, de compromisos, de títulos de renta y de mala moneda circulante” (Vilar, 1982, p. 229). Se observaba por entonces que no había actividad, las gentes vivían sin producir y “los impuestos son enormes porque el Estado está endeudado” (pp. 229-30). La entrada del oro había fomentado actividades improductivas, había “parasitismo colonial”, y los observadores pedían fomentar la industria, la agricultura e incrementar población (ídem, p. 231). Se constataba así que no era suficiente con inyectar renta España para que hubiera desarrollo; hacían falta transformaciones sociales para abrir un cauce a la acumulación.

Mutatis mutandi, puede decirse algo semejante acerca de las experiencias de los países petroleros del Tercer Mundo en el siglo XX y los inicios del XXI. Recibieron una enorme renta, pero al día de hoy continúan siendo tecnológicamente atrasados, y sus economías altamente desestructuradas y vulnerables. Varios autores han llamado la atención sobre este fenómeno. Así, y refiriéndose a Venezuela, Héctor Malavé Mata escribe: “La explotación petrolera.. le ha conferido una tipología particular a la economía del país, generando en ésta la asimetría estructural, la dependencia externa y la vulnerabilidad que la caracterizan indefectiblemente” (p. 28). Aunque durante mucho tiempo se habló de “convertir la renta petrolera en factor de desarrollo sostenido” (p. 29), en 1976 (año de la nacionalización de la industria de los hidrocarburos) persistían los síndromes del “país petrolero”, tales como una estructura asimétrica de la economía, la dependencia fiscal del petróleo y la expatriación de plusvalías territoriales (p. 44). Los problemas continuaron después de 1976: “A mediados de la década de los ochenta persistía el raquitismo estructural del crecimiento de la economía” (p. 45). En un plano más general, Asdrúbal Baptista, considera que existe una secuencia general, derivada de la inseparabilidad del origen de la renta de su uso y destino: “el desarrollo capitalista de una economía originalmente muy atrasada, basado en el aprovechamiento de una renta internacional de la tierra, sigue un curso previsible. A un período de intenso y generalizado crecimiento y maduración le sigue un aprovechamiento cada vez menor de la renta captada y empleada a los fines de crecer, hasta alcanzarse una situación en la que con la madurez aparecen necesidades institucionales y estructurales cuya satisfacción se enfrenta a la presencia misma de la renta. En esta condición históricamente final, los circuitos de la acumulación se entraban, impidiendo un desarrollo autosostenido y prolongado” (p. xxxiv). Más adelante apunta que el destino del ingreso rentístico “puede moverse desde la simple dilapidación… hasta su más rigurosa acumulación capitalista” (p. 21).

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19/05/2013 at 11:35

Venezuela, devaluación y capitalismo rentístico

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEl viernes 8 de febrero el gobierno de Venezuela devaluó la moneda un 46,5%, llevando el bolívar venezolano a BsF 6,3/US$ (BsF: bolívares fuertes); en el mercado paralelo, o negro, el dólar cotizaba a casi BsF 19. Cuando Chávez tomó el poder, el tipo de cambio estaba en BsF 0,56/US$, de manera que en términos nominales la devaluación fue superior al 1000%. Sin embargo, en términos reales, el bolívar se apreció, ya que la inflación acumulada entre diciembre de 1998 y diciembre de 2012 fue de casi el 1500%. Según Cepal, a fines de 2012 la moneda venezolana estaba apreciada un 44,5% con respecto al promedio 1999-2009. Sólo en 2012 la inflación fue del 21%, en tanto el tipo de cambio oficial se mantuvo estable en bs 4,3/US$.

Recordemos que desde febrero de 2003 en Venezuela rige el control de cambios, que se estableció principalmente para frenar la fuga de capitales. Lo cual no impidió que continuara el drenaje, a través de la compra de títulos públicos nominados en dólares, y la sobrefacturación de importaciones. Esta última representaría, de acuerdo a Ecoanalítica, el 20% del total de importaciones. Aclaremos también que no se trata solo del comportamiento de la burguesía opositora al chavismo. En las transacciones con los bonos, y en la sobrefacturación de importaciones, se han denunciado negociados de funcionarios y amigos del gobierno (burguesía chavista). Por ejemplo, la empresa estatal Alcasa (transformadora de alúmina en aluminio) estuvo comprando el metal a dólar controlado, para revenderlo a un precio determinado por el dólar libre (Prat, 2012). En el terreno de los bonos, un caso ejemplar es el de Víctor Vargas, dueño del Banco Occidental de Descuento (el quinto más grande del país), quien ha hecho una fortuna operando con bonos argentinos que había adquirido el gobierno venezolano. Esta cuestión conecta con el carácter rentístico de la economía venezolana, y su relación con las formas de acumulación propias de la burguesía estatal, que tratamos más abajo. En cualquier caso, la fuga de capitales, habría sido de US$ 144.900 millones, desde febrero de 2003 a fines de 2012 (Ecoanalítica en base a datos del Banco Central de Venezuela). Esto explica que Venezuela, que ha recibido y recibe una fuerte renta petrolera, y goza de superávit en la balanza de cuenta corriente, padece sin embargo una persistente presión hacia la depreciación de su moneda.

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Written by rolandoastarita

12/02/2013 at 12:16

Socialismo chavista (II)

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En esta nota seguimos examinando la afirmación de que, bajo la conducción del presidente Hugo Chávez, Venezuela está en la senda del socialismo.

Una primera cuestión a clarificar es  qué parámetros debemos tomar en cuenta para sostener que un régimen es socialista, o va en camino de serlo. Mucha gente piensa que un régimen es socialista, o que su Estado es “proletario”, si ha estatizado la mayor parte de los medios de producción. Estas personas asimilan la estatización con el socialismo; o con una sociedad en vías de convertirse en socialista. Otros planteamos que no basta con estatizar para que haya socialismo. Esto porque pensamos que el socialismo implica el control efectivo por parte de los trabajadores de los medios de producción, y que pueden existir regímenes en los que una burocracia dominante explote a los trabajadores, a través del Estado. Por otra parte, sostenemos que hay países en los que se estatizaron muchos medios de producción (Inglaterra, Francia o Austria después de la guerra; Egipto de los años 1950 y 1960, etc.), sin que dieran como resultado el socialismo.

Sin embargo, y a pesar de las diferencias, ambos enfoques pueden coincidir en un punto: si en un país domina la propiedad privada de los medios de producción, su economía es capitalista. En otras palabras, el criterio fundamental pasa por las relaciones de producción existentes, y por la dirección y dinámica con que puedan estar modificándose. Veamos entonces qué sucede con las relaciones sociales en Venezuela.

Relación social capitalista

Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela, (INE), en 2008 el 81,9% de la fuerza laboral pertenecía al sector privado, y el 18,1% al estatal. Esto es, después de 11 años de “avance del proceso revolucionario”, casi el 82% de la fuerza laboral está empleada por el sector privado. Es un porcentaje “típico” de cualquier otro país capitalista.

Por supuesto, también se puede discutir si los trabajadores de las empresas estatales son o no explotados por el “capitalismo de Estado” (personalmente pienso que es así), pero lo importante es que el 82% de los trabajadores de Venezuela son explotados en el sector privado. ¿Qué tiene esto de “socialismo”?

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Written by rolandoastarita

13/09/2010 at 15:40

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