Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Trabajo concreto y trabajo abstracto (3)

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La parte 2 de la nota, aquí

Sociedades precapitalistas y trabajo directamente social

La discusión acerca del contenido del trabajo abstracto conecta con la cuestión de si se trata de un fenómeno específico del sistema capitalista, o si existe el trabajo abstracto en sociedades no capitalistas. Según Rubin, el trabajo abstracto solo existe en el capitalismo.

Nuestro enfoque sobre este tema vuelve a ser un poco distinto del que defiende Rubin. Es que en la medida en que el trabajo abstracto siempre implicó gasto humano de energía, y este es su contenido, la pregunta sobre si el trabajo abstracto existió en sociedades precapitalistas la respondemos diciendo que “en cierto sentido existió, y en cierto sentido no existió”. Este abordaje es el sugerido por Marx en la “Introducción a la crítica de la Economía Política”, cuando plantea que el trabajo, considerado como universalidad abstracta, es una categoría que expresa la relación “más simple y antigua en que entran los hombres cualquiera sea la forma de sociedad” (1981, p. 305, énfasis agregado). Pero a continuación precisa que eso es cierto “en un sentido. Pero no en otro” (ibid.). Es que por un lado el trabajo siempre implicó gasto humano de energía, y por lo tanto en ese sentido, tiene una existencia antediluviana. Sin embargo, en las sociedades precapitalistas el trabajo abstracto no existía escindido del trabajo útil, ni se subordinaba la producción de valores de uso a la generación del valor. Esa escisión y esa subordinación solo se producen en la sociedad capitalista, y representan una diferencia fundamental con las sociedades precapitalistas.

Es que en las sociedades precapitalistas el gasto humano de energía se adhiere al trabajo concreto, y los trabajos son comparados a través de esas particularidades. De manera que la producción de valores de uso no está subordinada a la generación de valor. La razón fundamental es que el trabajo, en su forma natural, esto es, como trabajo concreto, en esas sociedades es directamente social. Por eso Marx, refiriéndose a la familia patriarcal rural, dice que “los diversos trabajos en que son generados [los] productos… en su forma social son funciones sociales” (Marx, 1999, t. 1, p. 95). Y el trabajo, considerado como “gasto humano de energía” es una determinación del trabajo:

“… aquí el gasto de fuerzas individuales de trabajo, medido por su duración, se pone de manifiesto desde un primer momento como determinación social de los trabajos mismos, puesto que las fuerzas individuales de trabajo solo actúan, desde su origen, como órganos de fuerza de trabajo colectiva de la familia” (ibid.).

En la sociedad capitalista, en cambio, el gasto humano de energía no está presupuesto en la particularidad del trabajo. De ahí que el trabajo abstracto y el trabajo concreto se escinden, y el trabajo concreto solo es útil en tanto productor de valor. Lo cual remite al fetichismo de la mercancía, y a la relación cosificada entre los seres humanos, como veremos en seguida.

Trabajo abstracto, una relación social que se autonomiza

Recordemos una vez más la cuestión central: en la sociedad basada en la propiedad privada de los medios de producción, el trabajo privado debe validarse en tanto trabajo social a través de la venta de la mercancía. “Sobre la base de los valores de cambio, el trabajo es puesto como trabajo general solo mediante el cambio” (Marx, 1989, t. 1, p. 100). O también:

“…los trabajos individuales que se presentan en estos valores de uso particulares [x cantidad de café, y cantidad de té, z cantidad de pan, etcétera] solo se convierten en trabajo general, y en esta forma en trabajo social, al intercambiarse realmente entre sí en proporción a la duración del tiempo de trabajo contenido en ellas. El tiempo de trabajo social solo existe, por decirlo así, en forma latente en estas mercancías y solo se revela durante su proceso de intercambio” (Marx, 1981, p. 29).

Dado que los trabajos se ejecutan de forma autónoma – la sanción social ocurre ex post, en la venta – cada productor produce, independientemente de sus necesidades, un valor de uso para otros, no para sí. Por eso las mercancías, para devenir valores de uso, deben primero realizarse como valores; pero inversamente, para realizarse como valores, deben tener un valor de uso para sus compradores. De aquí resulta un principio de interdependencia general entre compradores y vendedores, en el cual se impone un principio regulador. Los trabajos en la sociedad productora de mercancías se ejercen independientemente unos de otros, pero están sujetos a “una interdependencia multilateral en cuanto ramas de la división social del trabajo que se originan naturalmente” (Marx, 1999, t. 1, p. 100).

Enfatizamos que esa interdependencia tiene su fundamento en el “organismo social de producción”, que se estructura cuantitativamente en el sistema de división del trabajo entre sus miembros. Por eso, para comprender este principio regulador, no hay que partir del individuo, sino del todo social (anotemos que en este respecto, la diferencia entre el enfoque marxista y el individualismo metodológico de la economía neoclásica no puede ser mayor). Esto explica por qué Marx, en El Capital, toma el caso de Robinson Crusoe distribuyendo su tiempo de trabajo entre sus diferentes actividades en la isla. No se trata de una recaída en el individualismo burgués, sino poner de relieve el trabajo como un todo, encarado por el organismo social.

Por lo tanto, es la división del trabajo – sobre la base de la propiedad privada de los medios de producción – la que convierte en mercancía al producto del trabajo. Y esta circunstancia hace que los productores no dominen las relaciones que han establecido entre ellos. Por eso, en el capítulo 3 de El Capital, luego de referirse al caso en que se ha producido demasiada tela para lo que el estómago del mercado puede absorber – se ha empleado más del tiempo de trabajo socialmente necesario, considerado como un todo social – Marx escribe:

“Nuestros poseedores de mercancías descubren, pues, que la misma división del trabajo que los convierte en productores privados independientes, hace que el proceso de producción y las relaciones suyas dentro de ese proceso sean independientes de ellos mismos, y que la independencia recíproca entre las personas se complemente con un sistema de dependencia multilateral y propio de cosas” (Marx, 1999, t. 1, p. 131).

Como es conocido, este sistema de dependencia multilateral se impone a los productores a través del movimiento de los precios:

“… el carácter de valor que presentan los productos del trabajo, no se consolida sino por hacerse efectivos en la práctica como magnitudes de valor. Estas magnitudes cambian de manera constante, independientemente de la voluntad, las previsiones y los actos de los sujetos del intercambio. Su propio movimiento social posee para ellos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control se encuentran, en lugar de controlarlas” (ibid., p. 91; énfasis agregados).

Y este principio regulador que se impone es el tiempo de trabajo socialmente necesario:

“… el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de los mismos [de los productos] se impone de forma irresistible como ley natural reguladora, tal como por ejemplo se impone la ley de la gravedad cuando a uno se le cae la casa encima” (ibid., p. 92).

Por eso la escisión entre trabajo concreto y trabajo abstracto, y la subordinación del primero al segundo, se manifiestan en el carácter cosificado de la relación entre los productores. El tiempo de trabajo abstracto, bajo la forma de valor, se autonomiza y se impone como el principio regulador de los trabajos privados, a través de un movimiento que los productores no dominan. Así, a través del movimiento de “las cosas que valen”, el trabajo concreto está subordinado al trabajo abstracto, y la producción de valores de uso a la generación de valor.

Trabajo abstracto y capital

La producción capitalista, sin embargo, no es solo producción de mercancías, sino producción de plusvalía. Por lo tanto, para el capitalista el valor de uso del trabajo consiste en la valorización del capital adelantado. Esto es posible porque la propiedad privada del capital supone una relación de poder del propietario sobre el no propietario. Por eso, frente al capital, el trabajo existe, en primer lugar, como abstracción, en tanto está despojado de la propiedad de los medios de producción y de cambio:

“La disociación entre la propiedad y el trabajo se presenta como la ley necesaria de este intercambio entre el capital y el trabajo. El trabajo, puesto como no-capital en cuanto tal, es: 1) Trabajo no-objetivado, concebido negativamente… En cuanto tal, es no-materia prima, no-instrumento de trabajo, no-producto en bruto: el trabajo disociado de todos los medios de trabajo y objetos de trabajo, de toda su objetividad; el trabajo vivo, existente como abstracción de estos aspectos de su realidad efectiva (igualmente no-valor); este despojamiento total, esta desnudez de toda objetividad, esta existencia puramente subjetiva del trabajo. El trabajo como miseria absoluta: la miseria, no como carencia, sino como exclusión plena de la riqueza objetiva” (Marx, 1989, t. 1, p. 236).

De ahí que la condición para que los desposeídos de los medios de producción puedan trabajar – y acceder a los medios de subsistencia – es que el trabajo, medio por excelencia de la realización del ser humano, aparezca no solo como masa indiferenciada de trabajo humano, sino como mayor masa de valor por sobre el valor arrojado a la circulación por el capitalista. Esto es, el trabajo concreto se subordina no solo a la producción de valor, sino a la valorización creciente del capital. En consecuencia, el trabajo que se contrapone al capital no es “tal o cual trabajo, sino el trabajo por antonomasia, el trabajo abstracto: absolutamente indiferente ante su carácter determinado particular, pero capaz de cualquier carácter determinado” (ibid., p. 236; énfasis agregado). Así como el capital, en tanto es valor que se valoriza, es indiferente a la particularidad de su contenido, “el trabajo contrapuesto a él posee subjetivamente la misma plenitud y abstracción en sí” (ibid.).

Esto significa que en el modo de producción capitalista el trabajo abstracto adquiere otra realidad práctica, a saber, la indiferencia del trabajador frente al carácter concreto, determinado, de su actividad. Es que solo en la sociedad capitalista el trabajo se ha convertido, para miles de millones de personas, en un “gasto humano de energía indiferenciado”, en cantidad de “trabajo simple”. Para el trabajador que hoy está en una línea de montaje, que hasta ayer era operario de máquina, y que mañana tal vez esté empleado en una empresa de limpieza, o en cualquier otra cosa, los diferentes trabajos concretos representan mero gasto de energía. Y a medida que, con el desarrollo del modo de producción capitalista, avanza la proletarización de sectores sociales, y la mecanización, el trabajo abstracto adquiere más y más entidad real. Por eso en el Manifiesto Comunista Marx y Engels señalaban:

“La introducción de las máquinas y la división del trabajo, despojando a la labor del obrero de todo carácter individual, le ha hecho perder todo atractivo. El productor resulta un simple apéndice de la máquina; no se exige de él sino la operación más simple, más monótona, más rápida” (Marx y Engels, 2000, p. 37).

En el mismo sentido, en los Grundrisse, y a continuación del pasaje que citamos más arriba, Marx agrega:

“…el trabajador mismo es absolutamente indiferente respecto al carácter determinado de su trabajo; para él, este carece en cuanto tal de interés, salvo únicamente por ser trabajo en general y, como tal, valor de uso para el capital. Ser titular del trabajo en cuanto tal – o sea, del trabajo como valor de uso para el capital – constituye, pues, la característica económica del obrero: es obrero en oposición al capitalista” (Marx, 1989, t. 1, p. 237).

Marx apunta también que, en oposición al trabajo del artesano, o al miembro de una corporación, esa relación económica característica del capitalismo – el capital opuesto al trabajo en su abstracción – se desarrolla con tanta más pureza cuanto más pierde el trabajo su carácter artesanal; cuando el trabajo se simplifica y se vuelve más y más “una actividad puramente abstracta, puramente mecánica, y por ende indiferente, indiferente ante su forma particular; actividad meramente formal o, lo que es lo mismo, meramente sustancial, actividad en general, indiferente respecto a la forma” (ibid.). La misma idea – división y simplificación del trabajo hasta convertirlo en actividad carente de cualquier contenido, de toda posibilidad de realización humana – la encontramos en los capítulos de El Capital dedicados a la manufactura y la gran industria.

Bibliografía citada:
Marx, K. (1987): Escritos de juventud, México, FCE.
Marx, K. y F. Engels, (2000): El Manifiesto Comunista, Buenos Aires, El Aleph.
Marx, K. (1981): Contribución a la crítica de la Economía Política, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.

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Trabajo concreto y trabajo abstracto (3)

 

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25/09/2016 at 17:35

Trabajo concreto y trabajo abstracto (2)

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La primera parte de la nota,aquí

Rubin sobre el trabajo abstracto y la “demostración” de Marx de la teoría del valor

A fin de profundizar, nos referimos ahora a la interpretación de Isaac Rubin sobre el trabajo abstracto. Rubin fue un marxista ruso, que en los años 1920 demostró la centralidad de la teoría del fetichismo de la mercancía, y por lo tanto de la forma del valor, en la teoría marxista del valor. De esta manera, se opuso a las interpretaciones ricardianas de la teoría de Marx, que eran comunes en su época. Posteriormente, en los treinta, sufrió la represión stalinista (fue ejecutado en 1937), sus escritos fueron prohibidos y durante décadas permanecieron olvidados. Sin embargo, su obra fue revalorizada en los 1970, en el curso de los debates entre marxistas y sraffianos. Desde entonces, su obra ha ejercido una indudable influencia en los estudios marxistas. Leer el resto de esta entrada »

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18/09/2016 at 15:52

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Trabajo concreto y trabajo abstracto (1)

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Días atrás un lector del blog escribió –en la sección Comentarios- que el valor no es producto del trabajo abstracto o concreto, sino del trabajo “en acto”, ya que la distinción entre los dos aspectos del trabajo, que realiza Marx, sería solo analítica. Planteó también que no encuentra que en El Capital se afirme que el trabajo abstracto solo exista en el modo de producción capitalista; ni que Marx distinga empíricamente trabajo abstracto de trabajo concreto.

Aprovecho entonces ese comentario para analizar, en lo que sigue, algunas cuestiones referidas a la distinción trabajo abstracto / trabajo concreto. El tema tiene indudable importancia para la comprensión de la crítica a la economía burguesa. El propio Marx decía que uno de los dos “mejores puntos” de El Capital era haber puesto de relieve el doble carácter del trabajo, y que “toda la comprensión de los hechos depende de esto” (carta a Engels, 24 de agosto de 1867, énfasis agregado; el otro “mejor punto” era el tratamiento de la plusvalía independientemente de sus formas particulares, ganancia, interés, renta). Aunque no siempre queda claro, para quienes hacen una primera lectura de El Capital, el porqué de la importancia de distinguir entre trabajo abstracto y concreto. A fin de analizar la cuestión, comenzamos con las nociones básicas de trabajo concreto y abstracto. Dada la extensión de la nota, la he dividido en partes. Leer el resto de esta entrada »

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11/09/2016 at 17:33

Plusvalía relativa e inflación

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En relación a la nota sobre papel moneda, oro y teoría monetaria de Marx (segunda parte, aquí), un lector recordó –en la sección Comentarios- que el 1º de mayo de 1890 los anarquistas exigieron al gobierno de Juárez Celman el pago de los salarios en oro; y remarcó también la obsesiva defensa de la paridad oro papel moneda de los partidos Socialistas (Juan B. Justo en Argentina o Blum en Francia).

El comentario da la ocasión para recordar que la teoría económica establecida  afirma que el objetivo de la política económica debe ser una inflación baja, pero positiva. Por ejemplo, la conocida como regla Taylor (que se plantea en los modelos macroeconómicos de la “nueva síntesis”) sostiene que la tasa de inflación deseable es el 2% anual. ¿Cuál es la razón de esto? ¿Por qué no se plantea el objetivo de estabilidad absoluta de los precios, esto es, de inflación cero? Leer el resto de esta entrada »

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04/09/2016 at 18:21

Papel moneda, oro y la teoría monetaria de Marx (4)

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Este artículo fue publicado en En defensa del marxismo, Nº 43, febrero de 2015. La tercera parte de la nota, aquí.

Billete y oro, relación simbólica compleja

Por encima de estos desarrollos teóricos, el problema central entonces sigue siendo determinar la raíz última del valor del dinero, sin caer en las tesis neoclásicas del “valor del dinero por mera confianza”. Después de todo, cuando se dice que el billete inconvertible es un pasivo del Banco Central, habría que agregar que es un pasivo muy particular, ya que el Banco Central no debe nada por su emisión. En este respecto, es significativo que Foley (2005) parece tomar distancia de la determinación directa del valor del dinero a partir del trabajo social. Admite que la división entre valor añadido y tiempo de trabajo total no provee una explicación teórica de cómo se determina el valor del dinero; simplemente da una estimación empírica. Con lo cual queda pendiente cuál es el reservorio último del valor; en particular, del dólar americano. Admite que no es cierto que un billete de banco central sea un papel sin valor inconvertible en algo de valor. Y por eso adelanta la hipótesis de que en contrapartida de ese pasivo el Banco Central posee activos, constituidos por propiedad inmobiliaria o capital ficticio. Sin embargo las propiedades inmobiliarias de hecho nunca pudieron convertirse en activos de respaldo monetario (al respecto es ilustrativo el fracaso de la experiencia de los asignados franceses); y los títulos estatales de capital ficticio no pueden ser verdaderos garantes últimos del valor (el activo del Banco Central de Argentina hoy está lleno de estos títulos, en los que nadie confía). Leer el resto de esta entrada »

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28/08/2016 at 19:48

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Papel moneda, oro y la teoría monetaria de Marx (3)

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Este artículo fue publicado en En defensa del marxismo, Nº 43, febrero de 2015. La segunda parte de la nota, aquí.

Volviendo a Kautsky y Hilferding

A partir de lo visto, volvamos ahora a la polémica entre Hilferding y Kautsky. Como hemos adelantado (me baso en El capital financiero, capítulo 2), Hilferding considera que “en una moneda papel pura con circulación forzosa el valor del dinero de papel está determinado, con velocidad invariable de circulación, por la suma de los precios de las mercancías que deben entrar en la circulación. El dinero papel se independiza aquí completamente del valor del oro y refleja directamente el valor de las mercancías según la ley que su suma total representa el mismo valor que la relación: suma de precios de las mercancías/ cantidad en circulación de unidades monetarias” (p. 30; énfasis añadido). De manera que el dinero ya no entra en la circulación con valor, como sucede en la teoría de Marx, sino simplemente refleja el valor de las mercancías, de la misma manera que la luna refleja la luz solar (p. 31). Por lo tanto, la verdadera medida del valor ya no es el dinero, ya que su valor está determinado por “el valor de circulación socialmente necesario”. Por lo tanto, “en régimen de moneda sin libre acuñación es válida la teoría cuantitativa” (p. 47).

En cuanto a Kautsky, su crítica a Hilferding parte de la teoría de Marx que hemos esbozado: las mercancías llegan al mercado provistas de un precio, y por lo tanto han medido su valor en oro antes de entrar en la circulación. Kautsky aquí tiene un punto muy fuerte: si el valor del dinero está determinado por la suma de los precios de las mercancías, entonces “¿cómo será determinada la suma de los precios de las mercancías? Aparentemente por el valor del dinero”. Con lo que demuestra que Hilferding está cayendo en un círculo vicioso, ya que es imposible decir que una mercancía vale 10 marcos antes de saber qué valor representan esos 10 marcos (véase p. 45). Leer el resto de esta entrada »

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22/08/2016 at 09:23

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Papel moneda, oro y la teoría monetaria de Marx (2)

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Este artículo fue publicado en En defensa del marxismo, Nº 43, febrero de 2015. La primera parte de la nota, aquí.

La emisión de dinero de curso forzoso

Vayamos ahora al dinero de curso forzoso, emitido por el Estado. El cuestionamiento de Hilferding, y de muchos marxistas en la actualidad, a la vigencia de la teoría monetaria de Marx tiene por base la presencia del dinero de curso forzoso que no es convertible en oro. Empecemos de todas maneras con el billete emitido por el Estado, pero convertible en oro, el caso más analizado por Marx (el banco de Inglaterra emitía billetes con respaldo oro). Aquí el signo circula como representante del oro. Por eso, en  principio, el asunto no ofrece dificultades: el planteo central de Marx es que la cantidad de papel moneda que ha de circular representando simbólicamente al oro habría de limitarse a la cantidad de oro o plata que circularía si no estuviera el billete. Pero si la cantidad de papel supera esa medida, esto es, a la cantidad de monedas de oro o plata que dice representar, inevitablemente terminará por representar simbólicamente una menor cantidad de oro o plata. La cuestión es de lógica elemental. Supongamos que el respaldo está compuesto por 1 kilogramo de oro, y hay 100 billetes de un peso. Cada billete por lo tanto representa 0,01 kilogramo de oro. Supongamos ahora que el Estado duplica la cantidad de billetes (por ejemplo, para pagar sus deudas) y ahora son 200 los billetes en circulación. Cada billete pasa a representar 0,005 kilogramos de oro. De manera que si antes el precio de una mercancía era, supongamos, $10 (=0,1 kilogramo de oro), ahora será de $20 (=0,1 kilogramo de oro). Esto se debe a que ahora hay que representar la misma cantidad de oro con más billetes. Leer el resto de esta entrada »

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15/08/2016 at 09:29

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Papel moneda, oro y la teoría monetaria de Marx (1)

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Este  artículo fue publicado en  En defensa del marxismo, Nº 43, febrero de 2015. Aquí va la primera parte.

Introducción

En el número 42 de En defensa del marxismo se reproducen dos trabajos, uno de Kautsky, de 1913, y otro de Hilferding, de 1912 (publicados originariamente en Die Neue Zeit), dedicados a discutir el papel dinero y su relación con los precios.  El artículo de Hilferding es una reafirmación de su tesis presentada en El capital financiero. En ese trabajo Hilferding afirmó que cuando no existe libertad de acuñación es válida la teoría cuantitativa del dinero (criticada por Marx en El Capital). Según Hilferding, el valor del papel moneda está determinado por el valor de las mercancías en circulación, y no tiene relación con el oro. Kautsky, por su parte, critica esta concepción de Hilferding. En lo esencial, afirma que el oro es la base de medición del valor de las mercancías, y no puede ser desplazado de ese rol. Aunque, como veremos más abajo, también parece acordar con Hilferding en que el papel moneda deriva su valor de su relación cuantitativa con las mercancías.

A pesar de que los artículos tienen más de un siglo de publicados, el tema sigue estando en el centro de los debates sobre la naturaleza del dinero y la vigencia de la teoría monetaria de Marx. El objetivo de este escrito es examinar las posiciones en disputa,  su relación con la teoría de Marx y, lo que es más importante, su relevancia para la comprensión de los fenómenos monetarios actuales. Leer el resto de esta entrada »

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09/08/2016 at 09:08

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Solidaridad con los ferroviarios del Sarmiento

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La empresa Trenes Argentinos, operadora estatal del ferrocarril Sarmiento, inició un proceso de desafuero sindical del Pollo Sobrero y otros dirigentes de la seccional Oeste, por haber impulsado un paro de 24 horas el pasado 28 de julio. La medida de fuerza se realizó en defensa de 64 trabajadores del sector limpieza, que habían sido sancionados por negarse a trabajar, dadas las malas condiciones laborales. Asimismo, fue en protesta por graves fallas en los sistemas de barreras, señalización y frenado automático, que ponen en riesgo la vida de usuarios y trabajadores ferroviarios. El paro del 28 de julio fue decidido en asamblea, pero rechazado por la dirección nacional de la Unión Ferroviaria.

Los trabajadores del Sarmiento están impulsando un petitorio en defensa de sus dirigentes. Transcribo el texto:

Nuevamente los ferroviarios combativos del Sarmiento somos criminalizados por luchar y perseguidos judicialmente. Tras el exitoso paro de 24 horas del jueves 28 de julio, en reclamo contra las suspensiones arbitrarias y por urgente medidas de seguridad en el ferrocarril, la empresa estatal Trenes Argentinos intenta declarar ilegal dicha medida de fuerza e iniciar el proceso de desafuero del Secretario General de la Seccional Oeste de la Unión Ferroviaria, Rubén “Pollo” Sobrero, junto a otros dirigentes del cuerpo de delegados del Sarmiento.

Para adherir:

http://www.soyferroviario.com.ar/index.php/es/prensa/comunicados-de-prensa/1622-firma-el-petitorio-en-solidaridad-con-los-ferroviarios-del-sarmiento-y-el-pollo-sobrero

Agregamos que la empresa, el ministerio de Trabajo y la burocracia ferroviaria se amparan en el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, que establece que sólo los sindicatos están legitimados a activar una huelga. Las medidas de fuerza promovidas por grupos informales, delegados o comisiones internas, según la Corte, no son legítimas.

Indudablemente, con esta resolución se busca fortalecer el control del aparato burocrático, y debilitar a las corrientes de izquierda, así como toda manifestación de organización democrática y autónoma de los obreros. No es de extrañar que la resolución haya sido recibida con beneplácito por el Gobierno y los grandes partidos de la clase dominante. La defensa de los dirigentes del Sarmiento, en este marco, adquiere una importancia difícil de disimular.

 

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01/08/2016 at 10:23

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Crisis, Cambiemos y programas capitalistas

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Los números de la crisis

De acuerdo al INDEC, la actividad industrial cayó en junio un 6,4% con relación a junio de 2015; en el semestre retrocedió el 3,3% con respecto a igual período del año pasado. Las mayores caídas en el interanual de junio son automotriz, 13,7%, e industrias metálicas básicas, 12,4%. También en junio, la construcción bajó 19,6% con relación a junio de 2015, y la caída del primer semestre fue del 12,4%, con relación a igual período del año pasado (INDEC). Estas cifras negativas no son compensadas por el crecimiento de la actividad agropecuaria (aumento de un millón de hectáreas sembradas de trigo, otro millón en maíz, repunte de la venta de maquinaria agrícola, las exportaciones primarias crecieron 65% en el primer trimestre de 2016). El consumo en junio fue 9,8% menor que en junio del año pasado; la caída en el semestre fue del 6,4% (CAME). Según la CEPAL y el FMI, en 2016 el PBI argentino caerá 1,5%. Analistas privados pronostican una caída todavía mayor. El déficit de cuenta corriente en el primer trimestre de 2016 fue de 4.013 millones de dólares, con un déficit comercial de 1403 millones. En 2015 el déficit de cuenta corriente fue de 15.934 millones. El déficit fiscal se mantiene a niveles elevados; la meta que se propuso el gobierno, 4,8% del PBI, parece difícil de alcanzar. Por otra parte, en el primer trimestre la deuda externa del sector público aumentó en 11.590 millones de dólares, y la del sector privado no financiero en 4306 millones. Leer el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

28/07/2016 at 12:15

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