Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Prohibición de despidos, Venezuela y un ejemplo instructivo

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En una nota anterior planteé que es utópico pretender acabar, o reducir significativamente, la desocupación con una ley que prohíba los despidos (aquí). En esta nota amplío el argumento a partir del ejemplo de Venezuela. En este país rige desde mayo de 2002 una medida de inamovilidad laboral y doble indemnización. Según esta disposición, los trabajadores no pueden ser despedidos, desmejorados ni trasladados sin causa justa, calificada previamente por el inspector del Ministerio de Trabajo. El amparo se extiende a los trabajadores a tiempo indeterminado después del primer mes al servicio de un patrono; a los contratados por tiempo determinado mientras no haya vencido el término establecido en el contrato o, en el caso de que el contrato sea para una labor u obra determinada, mientras no haya concluido la totalidad o la parte de la misma que constituya su obligación.

En diciembre de 2015 la medida se prorrogó hasta diciembre de 2018. En esa ocasión Maduro dijo que el decreto “es el complemento de una serie de medidas para impulsar el trabajo y la producción nacional”. Los trabajadores temporarios u ocasionales no están beneficiados por la disposición (el 41% de los ocupados tiene empleos informales o precarizados). Además, los inspectores de Trabajo no están facultados para ordenar, como medida preventiva, la reincorporación del despedido durante el tiempo que dure el procedimiento. Aunque se establece que deberán proceder “con la mayor eficiencia y eficacia en salvaguarda y protección de los derechos laborales”.

Pues bien, dejando de lado el hecho de que la ley parece haber contribuido poco para “impulsar el trabajo y la producción nacional” (pobreza en el 73%, 17% de caída del PBI entre 2014 y 2017, retroceso de la industria y reprimarización de la economía, entre otros datos), tampoco ha permitido frenar los despidos. Las inspectorías (adscritas al Ministerio de Poder Popular) encargadas de aplicar los procedimientos por inamovilidad  son acusadas de permanecer en silencio cuando hay  denuncias de despido injustificado, o son inoperantes cuando las patronales no cumplen las órdenes de reenganche.

Los datos que tomamos del sitio de Provea, referidos a 2014, son elocuentes. Ese año, en el sector educativo se denunció el despido de más de 3000 docentes en ocho municipios del estado de Lara “por falta de matrícula y presupuesto”. En Valencia hubo protestas por la misma causa, con 800 trabajadores a los que no se les renovó el contrato; incluso el Sindicato Único Municipal de Empleados Públicos denunció que había trabajadores con más de tres contratos continuos, que ya debían haber sido incorporados a la nómina fija. En el Consejo Municipal de Zamora también hubo despidos.  En el Ministerio de Servicios Penitenciarios en dos años hubo más de mil cesanteados, violando la inamovilidad laboral e incumpliendo, posteriormente, las órdenes de reenganche. En el sector privado también hubo cesanteados. Por ejemplo, 250 obreros de la empresa Wrangler. En Pepsi hubo protestas por despidos. En la empresa Daka se despidió obreros en represalia por haber denunciado irregularidades ante la Inspectoría del Trabajo; después muchos fueron obligados a renunciar. Además, en muchas ocasiones las empresas se niegan a reenganchar a los trabajadores, y el Estado no hace cumplir las disposiciones. Por ejemplo, sucedió en la Hotelera Guaparo, en el municipio de Naguanagua; en la Alcaldía Metropolitana de Caracas ex trabajadores reclamaron el reenganche de 1.158 despedidos; en la empresa privada Mikro 760. Trabajadores despedidos de la empresa Carbones del Zulia tras 11 años de servicio como contratados señalaron que cumplieron todos los pasos pertinentes, incluida la consignación de la denuncia ante la Inspectoría del Trabajo, y no recibieron respuesta. A trabajadores de Puerto Cabello, estado Carabobo, que intentaban denunciar ante la Inspectoría del Trabajo las irregularidades en las empresas portuarias, no sólo se les impidió la entrada al ente sino que se les informó que la Inspectoría no contaba con suficiente personal para atender sus denuncias por el despido de 75 trabajadores de la Almacenadora de Contenedores (Almaco).

En Valencia, estado Carabobo, movimientos sindicales y consejos de trabajadores denuncian que las Inspectorías se parcializan hacia los patronos, apuntando que mientras se emiten cientos de calificaciones de despido, los pliegos conflictivos introducidos son “deliberadamente retrasados”. “Las demandas de los trabajadores son demoradas en detrimento del sector obrero, en una inaceptable parcialización hacia el patrono”, denunció el secretario de la Federación Unitaria Bolivariana de Trabajadores en Carabobo, Julio Polanco. (…) “Cada día se aprueban despidos en complicidad con las autoridades nacionales del Ministerio [del Trabajo] y sobre todo del viceministro Elio Colmenares, que es quien protege a estos funcionarios, cuando su deber es proteger a los trabajadores”, denunció en otra protesta por despidos –en diciembre– el diputado a la Asamblea Nacional (AN), Douglas Gómez. En octubre, los trabajadores entregaron al procurador del Trabajo, Ramón Huiza, un documento en el que exigieron la “depuración y transformación profunda” del Ministerio y sus entes adscritos. En el documento solicitaron respeto a la estabilidad en el trabajo, a la inamovilidad y a los fueros de Ley, así como el cese de la criminalización de la protesta. El director del Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo (MPPPST) en el estado Carabobo, Miguel Aponte, criticó que algunos funcionarios defiendan los intereses de los patronos en detrimento de la masa laboral y se hayan convertido en “instrumentos de persecución a la clase obrera” (http://www.derechos.org.ve/pw/wp-content/uploads/07laborales1.pdf).

Agreguemos que según la Federación de Trabajadores de Anzoátegui (Fetranzoátegui), en 2015 se tramitaron en la entidad cerca de 6.000 casos de ambos procedimientos, “de los cuales al menos 25% no se ejecutaron debido a la lentitud con que operan las dependencias del Ministerio del Trabajo”. Tito Barrero, presidente de la organización sindical, dice que “la mayoría de los reenganches en la administración pública no se procesan. El que más incumple la inamovilidad es el Gobierno. Ejemplos hay de sobra, comenzando por el despido masivo de 22 mil trabajadores de Petróleos de Venezuela en 2002, entre ellos dirigentes sindicales y mujeres embarazadas”. Ana Yanez, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores (Unete) pidió al nuevo ministro de Trabajo Oswaldo Vera ‘que le meta el pecho a los múltiples casos de despidos, pues tanto del sector público como privado hay ordenes de reenganche que no se ejecutan y en las inspectorías no las hacen cumplir’. Y agregó que el decreto de inamovilidad laboral “se ha irrespetado en los últimos años por patronos públicos y privados’ (http://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/laboral/unete-pide-al-nuevo-ministro-del-trabajo–meterle.aspx). En lo que va de 2016, el sindicato de Trabajadores de la Cantv (Teléfonos Venezuela) denunció que la directiva de la empresa estatal viene realizando despidos masivos de trabajadores en todas sus áreas, sin ninguna justificación. Trabajadores de la TV estatal también denuncian cesantías, Abastos Bicentenario despidió 660 trabajadores en un día, el diario El Carabobeño suspendió personal. La empresa Polar suspendió 6500 trabajadores, despidió 400 y amenaza con aumentar la cifra. Por supuesto, los trabajadores que están yendo a la calle porque hay empresas que cierran, ni siquiera tienen el recurso de apelar.

No estamos hablando de un gobierno “neoliberal y títere de los grandes grupos concentrados”, sino de la quintaesencia del “capitalismo de Estado nacional y popular” (y constructor del “socialismo siglo XXI”, para más datos). ¿Cómo es entonces que la ley de inamovilidad laboral no solo no ha generado empleo y producción en Venezuela (van a ser 14 años de vigencia), sino ni siquiera puede frenar los despidos que se producen, en la práctica, por todos los poros de la economía? Obsérvese, además, que las denuncias se refieren a grandes empresas privadas, y al Estado. ¿Qué decir sobre lo que está sucediendo con los millones de asalariados que están precarizados? Una vez más: acabar con el flagelo de la desocupación y las crisis no depende de leyes y parlamentos capitalistas, ni de los Estados, sean estos dirigidos por milicos y burócratas, o CEOs y políticos tradicionales. Para construir una perspectiva socialista es imprescindible romper ideológica y políticamente con todas las variantes burguesas. Hay que confiar solo en la fuerza de la clase trabajadora y su movilización, y no en “Inspectorías” de burócratas que defenderán siempre el orden establecido. No hay atajos oportunistas (aunque se disfracen de “alta táctica política”) para solucionar los problemas de fondo que afectan a los explotados.

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Prohibición de despidos, Venezuela y un ejemplo instructivo

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01/05/2016 at 18:05

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (10)

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La parte 9, aquí

Resistencia y red de rumores

Lanzada la colectivización, por todo el campo se extendió una densa red de rumores, una de las formas que tomó la resistencia campesina: “Los rumores son omnipresentes en las sociedades campesinas y tienden a prosperar en los climas especialmente propicios del temor y el levantamiento. Los rumores se convierten en una forma de noticias de subsuelo y de expresión social disidente en sociedades, comunidades y grupos que confrontan una prensa censurada y falsificada o tienen dificultades en acceder a las noticias. (…) Sin embargo, durante la colectivización los rumores funcionaron más que como simples noticias o verdad alternativa; fueron un arma en el arsenal de la resistencia campesina” (Viola, 1999; también para lo que sigue).

El rumor esparció el temor, asegurando la cohesión de la aldea frente al peligro “de afuera”, y garantizó el espacio necesario dentro del cual los campesinos construyeron una ideología que los unificó y movilizó contra el Estado. Se decía que este era el Anticristo, y que la granja colectiva su guarida; y que aquellos que firmaran la entrada a las granjas colectivas, serían sometidos a servidumbre, recibirían la marca del Anticristo o estarían obligados a compartir a sus esposas, dado el proyecto de los bolcheviques de “nacionalización de las mujeres”. También se hablaba de la inminente “socialización de los niños”, o de la venta de mujeres y niños a China. La granja colectiva era considerada incompatible con la religión: se decía que habría que trabajar los domingos, que las iglesias estarían cerradas, no se podría rezar y los muertos serían cremados. Pero había rumores más “materialistas”, como que los que entraran a las granjas perderían sus chozas y comerían ratas.

Todo apuntaba a deslegitimar al poder soviético. Los años de guerras y revolución, con sus sufrimientos y devastaciones, habían aumentado los temores y contribuido al aislamiento de las aldeas, y el período de la NEP era interpretado por los campesinos como un simple período de tregua. El sentimiento era de desesperación y desesperanza; por eso también la idea de la llegada del Anticristo se asociaba con el fin del mundo, no su regeneración. Aunque no puede determinarse hasta qué punto los campesinos realmente creían que se acercaba el fin de los tiempos, el rumor contribuía a superar particularismos regionales, y contrapesaba la agitación bolchevique que planteaba la divisoria en términos de clases sociales.

Paralelamente, los ataques bolcheviques a la Iglesia Ortodoxa también contribuyeron a la unificación campesina. En algunos casos el anti-bolchevismo campesino se mezclaba con el antisemitismo, que parece haber estado bastante extendido; por ejemplo, había sacerdotes que afirmaban que los comunistas servían a los intereses judíos. También las mayores libertades sexuales entre la juventud provocaban el rechazo de los campesinos adultos, y muchos interpretaban que detrás de ese cambio de las costumbres estaba la demoníaca triada Comunismo – Anticristo –perversión sexual. Lógicamente, los curas se convertían en usinas y transmisores de los rumores. De ahí también la reacción del gobierno de imponer penas fuertes a sus promotores.

Matanza de animales y liquidación de bienes

Junto al rumor, hubo otras formas de resistencia. Una de ellas fue la matanza de los animales, realizada tanto por los campesinos que no se habían incorporado a las granjas colectivas, como por aquellos que lo habían hecho. Los campesinos interpretaban que se acababa la vida y la cultura campesina tradicionales, y liquidaban el ganado, y a veces también los implementos de trabajo. Para los kulaks, era una forma de “auto-dekulakizarse”; algunos lo hacían antes de abandonar el campo para ir a las ciudades. La “auto-dekulakización” ahorró a cientos de miles de campesinos la expropiación, la deportación o algo peor. Pero los campesinos pobres y medios también protestaban contra una “socialización” que consideraban un saqueo, vendiendo o matando sus animales y otras propiedades, tratando de conservar cash, almacenar comida ante el temor de tiempos duros, o simplemente para negarle al poder soviético los frutos de su labor. También hubo destrucción de maquinaria, y otras formas de resistencia. Deutscher se refirió a esto como una rebelión de tipo luddista. Se trató, observa Viola, de un acto de sabotaje masivo al nuevo sistema de granjas colectivas. La matanza de los animales alcanzó grandes proporciones, afectó fuertemente a la economía, y tuvo consecuencias duraderas en el posterior funcionamiento de los koljoses y sovjoses.

Frente a la resistencia campesina y la liquidación de animales, las autoridades respondieron acelerando, entre fines de 1929 y comienzos de 1930, la colectivización, la dekulakización (que cada vez abarcaba más campesinos medios o incluso pobres) y la socialización de los animales; los funcionarios locales incluso apretaron más el acelerador que el Gobierno central. Lo que agravó la liquidación de animales y equipos por parte de los campesinos; y en respuesta, hubo más represión.

Terror campesino

Junto a las formas de resistencia antes descrita, también hubo un extendido terror, dirigido tanto a los campesinos que rompían con la comunidad, o tenían intención de hacerlo, como contra los funcionarios (véase Viola, 1999). El Gobierno habló de terror kulak, pero el fenómeno fue general: incluso, según las estadísticas oficiales, había una proporción relativamente alta de terroristas no kulaks. Hubo incendios provocados, circulación de amenazas, linchamientos y asesinatos de funcionarios locales y activistas campesinos. La gravedad de la situación era tal que en algunas localidades los miembros del Partido eran advertidos de mantenerse alejados de las ventanas cuando estaban trabajando en las instituciones soviéticas y de no caminar por las calles de la aldea después del anochecer. “La amenaza de violencia, de un ataque súbito o de ‘una bala disparada desde cualquier lugar’, era omnipresente en el campo durante la colectivización” (Viola).

Según las estadísticas nacionales, los incidentes terroristas (incendios, asesinatos, asaltos, etcétera) pasaron de 1027 en 1928 a 9903 en 1929 y a 13.794 en 1930. De acuerdo a la GPU, mientras que en 1929 casi el 44% de los incidentes habían estado relacionados con las requisas de grano, en 1930 el 57% se vinculaban con la dekulakización y la colectivización. En 1930 hubo más de 1000 muertes de funcionarios soviéticos (datos de la GPU que deben ser tomadas con cuidado; véase Viola). La mayoría eran funcionarios locales de bajo rango, y activistas; muchos eran campesinos que apoyaban la colectivización. En ocasiones las ejecuciones y linchamientos se asentaban en formas anteriores de justicia campesina, vinculadas a las prácticas tradicionales comunitarias destinadas a mantener el orden y hacer justicia. También hubo oleadas de levantamientos y manifestaciones en masa, a medida que se intensificó la colectivización, que causaron profunda alarma en la dirección soviética en la primavera de 1930 (véase más adelante). Según las estadísticas oficiales, ese año los disturbios de masas fueron 13.754. Por otra parte, millones de campesinos emigraron a las ciudades, o a las estepas desoladas, donde las familias buscaban refugio y los jóvenes se unían a los “bandidos kulaks”.

El drama de las deportaciones

Además de la hambruna, que trataremos luego, las deportaciones parecen haber sido una de las mayores fuentes de sufrimientos. “El número de los deportados en 1930 es considerable. Trenes enteros, llamados por los campesinos ‘trenes de la muerte’, llevan a los deportados hacia el norte, las estepas y los bosques. Muchos mueren en el trayecto de frío, hambre o epidemias” (Bettelheim, 1978, citando un testigo). “Los preparativos para la deportación –transporte, alojamiento, comida, ropa, medicinas- parecen haberse hecho en simultáneo con las deportaciones. Los resultados fueron catastróficos. Se desataron epidemias en los “asentamientos especiales”, golpeando a los muy jóvenes y a los ancianos. De acuerdo a un informe de julio de 1931, para mayo de ese año más de 20.000 personas habían muerto solo en la región norte” (Viola, 1999).

Un registro del drama se encuentra en el diario de Alejandra Kollontai, embajadora de la URSS en Noruega cuando la colectivización. Antigua oposicionista de izquierda, en 1927 Kollontai se había alineado con Stalin contra Trotsky y Zinoviev. Un huésped, a quien no identifica en su diario, camarada del Partido que acababa de participar en el XVI Congreso, le describe las consecuencias de la orden de Stalin, de enero, de colectivizar rápidamente. El huésped había acompañado trenes cargados de kulaks deportados en el invierno de 1930. Kollontai, desesperada por las historias de desdichados campesinos, “niños, padres, los ancianos y los enfermos, todos arreados en carros como ovejas… Tomaron gente de aldeas prósperas, kulaks, por supuesto, pero de todas maneras personas, no ganado”. La helada era tal que “los niños morían en los brazos de sus madres y eran arrojados de los carros en montones de nieve, mientras sus madres lloraban… No pude dormir después que se fue: madres y niños hambrientos aparecían ante mí… nadie tiene el derecho de matar de hambre a la gente o aumentar innecesariamente sus sufrimientos. ¿Cuántos niños murieron y por qué? Torpe, estúpido, una falta de verdadera humanidad comunista” (citado por Farnsworth, 2010).

Un párrafo aparte merece lo sucedido en la República Soviética de Kazajistán, ya que aquí no se trató de terminar con unidades campesinas sedentarias, sino con el nomadismo. A fines de la década de 1920 el 70% de los kazajos eran pastores nómades que recorrían vastas estepas semiáridas (Ohayon, 2013, también para lo que sigue). Las actividades de granja sedentarias, a cargo de otras nacionalidades, se concentraban en las áreas arables del norte, más ricas. Con la colectivización, el Gobierno soviético buscó convertir en sedentarios a los nómades, ubicándolos en koljoses en zonas que rodeaban a las estepas, y que no eran aptas para la agricultura. Para ello, lanzó una fuerte represión destinada a disciplinar a la población nómade y para aumentar el control sobre el Gobierno de la República, al que no se consideraba suficientemente sovietizado. Entre 1929 y 1932 se redujeron las tenencias de ganado de los nómades con vistas a proveer a las ciudades, y se elevaron las requisas de grano en toda la República. Esto generó resistencias, intentos de insurrección, disturbios y hasta guerrillas. El movimiento involucró a varias miles de personas, pero finalmente cedió cuando comenzó a extenderse el hambre. Muchos pastores huyeron de las estepas para salvar su ganado, lo que representó otra forma de resistencia. Según la GPU, 1,7 millones de kazajos emigraron de sus regiones nativas hacia Afganistán, China, Irán y Mongolia o hacia otras regiones de la URSS.

Agreguemos que a partir de 1928-9 comenzaron también las deportaciones por limpiezas étnicas, que adquirirían enormes proporciones en las décadas siguientes (ver aquí para una referencia).

Bibliografía:

Betttelheim, C. (1978): La lucha de clases en la URSS. Segundo período (1923-1930), México, Siglo XXI.
Farnsworth, B. (2010): “Conversing with Stalin, Surviving the Terror: The Diares of Aleksandra Kollontai and the Internal Life of Politics”, Slavic Review, vol. 69, pp. 944-970.
Ohayon, I. (2013): “The Kazakh Famine: The Beginnings of Sedentarization”, Onlyne Encyclopedia of Mass Violence, http://www.massviolence.org/IMG/article_PDF/The-Kazakh-Famine-The-Beginnings.pdf.
Viola, L. (1999): Peasant Rebels under Stalin, Collectivization and the Culture of Peasant Resistance, Oxford University Press.

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Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (10)

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27/04/2016 at 17:14

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Contra la desocupación, ¿cretinismo parlamentario?

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La oposición burguesa en el Congreso y la dirigencia sindical están promoviendo una ley de emergencia laboral por la que se establecería la doble indemnización y se prohibirían los despidos por un lapso de tiempo determinado. El dictamen del Senado la extendería por 180 días a partir de su promulgación, en tanto que el dictamen de la comisión de Legislación del Trabajo de Diputados la establece retroactiva al 1º de marzo de 2016 y la extiende hasta el 31 de diciembre de 2017.

Como no podía ser de otra manera, mucha gente está ilusionada con que el drama de la desocupación creciente –la recesión se está profundizando- puede frenarse, o revertirse, si se aprueba esta ley. Frente a esto, hay que decir las cosas con toda crudeza: los parlamentarios están engañando al pueblo con espejitos de colores. Es que la desocupación es inherente a la crisis capitalista. Más precisamente, el despido es el recurso del capital para achicar costos, racionalizar y aumentar la explotación de los que conservan el empleo. En un plano más general, la desocupación comprime el campo de acción de la ley de la oferta y demanda de trabajo “dentro de los límites que convienen de manera absoluta al ansia de explotación y afán de poder del capital” (Marx). En momentos en que la inflación está barriendo con los salarios, esta última cuestión pasa a primer plano. En otros términos, el aumento del desempleo es absolutamente funcional a la presión de las patronales y el Gobierno para que los trabajadores limiten sus demandas de recomposición salarial.

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23/04/2016 at 20:52

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (9)

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La parte ocho de la nota, aquí

Colectivización acelerada y por la fuerza 

Si bien Stalin afirmaba que el campesino medio se estaba incorporando voluntariamente a las granjas colectivas, eran principalmente campesinos pobres los que lo estaban haciendo (Viola, 1999). Según Bettelheim (1978), muchos de ellos aceptaron la colectivización por la ayuda que les prestaba el Estado; en vísperas de la siembra, estaban faltos de caballos y otros implementos, y la incorporación al koljós era su mejor alternativa. Sin embargo, la mayoría de los campesinos no estaba impresionada por el desempeño de los koljoses y pensaba que había mejores oportunidades trabajando fuera de la granja y llevando los productos al mercado (Davies y Wheatcroft 2009). Otros consideraban que la incorporación a las granjas colectivas significaba perder los lotes que habían obtenido con la Revolución y se resistían. Por eso, si bien hubo algo de entusiasmo “desde abajo”, las campañas regionales ya habían empezado a recurrir a la coerción para lograr altos porcentajes de colectivización. “Incluso en este [primer] estadio la colectivización fue impuesta en gran medida ‘desde arriba’. Orquestada y dirigida por las organizaciones regionales del Partido, con la sanción implícita o explícita de Moscú, los funcionarios distritales y los comunistas y obreros urbanos llevaron la colectivización al campo. Las brigadas para la requisa del grano, que ya estaban obsesionadas con obtener altos porcentajes, fueron transferidas en masa a la colectivización” (Viola, 1999).

Se trataba, a todas luces, de una política aventurera. Trotsky (1973) anota: “Los empíricos, trastornados, llegaban a creer que todo les era posible. El oportunismo se había transformado, como sucediera a veces en la historia, en su contrario, el espíritu de aventura”. Ni siquiera se tuvo en cuenta la debilidad del Partido en el agro: había células en 23.458 aldeas sobre un total de 70.849; y en muchos casos la célula partidaria constaba solo de un secretario y una persona dedicada a la propaganda (Liu, 2006).

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20/04/2016 at 18:18

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Tortura en Argentina, cinismo y silencio

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Días atrás tuve una discusión con un colega profesor, kirchnerista y sociólogo, quien me argumentaba que a partir de la asunción de Macri a la presidencia de la Nación se ha producido un cambio cualitativo en lo que hace al tratamiento de los presos. “Se aplican torturas y malos tratos como nunca se había conocido desde los tiempos de la dictadura. Esto demuestra que estamos ante un gobierno de corte semi-fascista”. Mucha gente comparte esta idea.

Sin embargo, los informes sobre torturas y malos tratos en las cárceles y comisarías no parecen respaldar la idea de mi colega. Concretamente, todo indica que, en lo que atañe a torturas y malos tratos, hay más continuidad que cambio entre el kirchnerismo y Cambiemos. Es que en las comisarías y cárceles se tortura habitual y sistemáticamente, desde antes del 10 de diciembre de 2015, con el silencio cómplice de jueces, legisladores, ministros y también presidentes. Y así sigue en lo que va de 2016. “Hay que ocuparse de los derechos humanos del siglo XXI, de lo que está pasando hoy”, declaró Macri en la campaña electoral. Pero “lo que está pasando hoy” en materia de derechos humanos son torturas y vejaciones sistemáticas de detenidos, sobre las cuales el ingeniero no dice palabra. Y los Kirchner tampoco mencionaron el tema en los 12 años en que estuvieron en el poder. Así, sean “nacionales y populares”, o “neoliberales ajustadores”, todos confluyen en ocultar la tortura. Aunque con un tranquilo cinismo, también todos se dicen defensores de los derechos humanos. Sin embargo, los hechos son de una gravedad inocultable. 

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15/04/2016 at 18:46

A propósito de negociados y corrupción, un texto de Marx

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La corrupción está de nuevo, en Argentina, en los primeros planos del debate. En una nota anterior (aquí y aquí), la hemos tratado a partir de su relación con la acumulación de riqueza y el Estado. Escribíamos: “Los mecanismos de la corrupción posibilitan que fracciones del capital mejoren sus posiciones frente a sus competidores, y también que personajes carentes de recursos se conviertan, casi de la noche a la mañana, en grandes capitalistas. Es una historia repetida, que reconoce tres pasos característicos: el saqueo originario, el blanqueo del dinero…  y la puesta en marcha del negocio legalizado”.

Dado que los fraudes desde el Estado –la obra pública es una vía tan tradicional como privilegiada- representan desvíos de flujos de plusvalía, alimentan constantemente la deuda pública. Esta, a su vez, da lugar a nuevos negociados y enriquecimientos; lo que a su vez incrementa la deuda, en una espiral creciente. Por eso, periódicamente estos estropicios pueden llevar, en países atrasados, a defaults, con los que se liquidan valores insostenibles y se descarga la crisis en el pueblo… para volver a empezar con la ronda de fraudes, negociados y más deuda pública. Aunque no se trata solo de negociados con la obra pública; también está el Estado haciendo la vista gorda en el tráfico de drogas, de personas, de armas y otros “bienes y servicios”. Y la evasión o elusión de impuestos, vía paraísos fiscales (ver aquí) u otras maniobras. A lo que hay que sumar los negociados financieros y cambiarios. En este último respecto, el caso reciente más brutal fue la venta de dólares a futuro, en los últimos meses del gobierno K, por el Banco Central, a un precio mucho más bajo que el que regía en el mercado. Una operación que da lugar a que más de 70.000 millones de pesos (equivalentes a casi 5000 millones de dólares) estén siendo transferidos desde el sector público a los bolsillos de inversores privados “avisados”.

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14/04/2016 at 17:18

Trotsky, el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS (8)

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La parte 7 de la nota, aquí

El Gran Giro

El 7 de noviembre Stalin publicó un artículo, “El año del Gran Giro”, en el que sostenía que los campesinos medios se estaban incorporando a las cooperativas. Aseguraba que “si el desarrollo de los koljoses y sovjoses se lleva a cabo a un ritmo acelerado, no hay lugar a dudas de que en tres años, más o menos, nuestro país se convertirá en un gran productor de grano, si no en el mayor del mundo”. Se refería también al crecimiento de la iniciativa creativa y al entusiasmo laboral de las masas, animadas por la emulación socialista y por la introducción de la jornada laboral ininterrumpida. Terminaba afirmando que se dejaba el viejo camino del desarrollo capitalista para iniciar el del socialismo (Stalin, 1929a). Ahora la consigna era colectivización total e inmediata. Los campesinos debían incorporarse a los koljoses, o a los sovjoses.

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09/04/2016 at 19:20

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Panamá Papers y los argumentos de Macri

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La filtración de los archivos de Mossak Fonseca, publicada por el diario Süddeutsche Zeitung y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), ha sacudido a la opinión pública. Con referencia a Argentina, se supo que  el presidente Macri integró el directorio de Fleg Trading, empresa offshore registrada en Bahamas entre 1998 y 2008. Luego se conoció que también integró el directorio de Kagemusha, otra offshore, formada en Panamá en 1981. También son propietarios de empresas offshore Néstor Grindetti, intendente de Lanús y ex ministro de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires; Jorge Macri, intendente de Vicente López; Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos de la Nación; y Daniel Angelici, considerado operador en la Justicia, todos de Cambiemos (datos de Perfil).

La defensa de Macri, fue decir que no fue accionista ni cobró dividendos de esas firmas, que habrían sido formadas por el padre con el objeto de participar en otras sociedades como inversoras en Brasil. “Está todo perfecto”, dijo. En lo que sigue presento algunos elementos para que el lector pueda evaluar hasta qué punto no está todo perfecto.

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05/04/2016 at 20:08

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Represión stalinista en la URSS en los 1930

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En una nota anterior polemicé con la idea de que la política de Stalin, de fines de los años 1920 y de los 1930, significó una profundización de la revolución de Octubre de 1917. Contra los defensores de las políticas de Stalin, sostengo que en la década de 1930 el stalinismo acabó con cualquier posibilidad de gobierno de los obreros y campesinos en Rusia. La razón fundamental: es imposible avanzar al socialismo –esto es, al control y administración de los medios de producción por los productores- en una sociedad en la que imperan la sospecha generalizada, la delación, la regimentación policial del trabajo, las muertes de hambre por millones, las limpiezas étnicas de millones, los fusilamientos de cientos de miles y los campos de trabajo forzado para millones. No hay crecimiento de la industria, o de granjas colectivas, que pueda “compensar” en términos de “avance socialista” esas atrocidades. Por eso, es imposible desconocer las consecuencias duraderas del miedo, a escala social, sobre lo político e ideológico; o de la exacerbación de la xenofobia y el racismo.

En lo que sigue me focalizo en aspectos de la represión interna; o sea, no trato episodios como la actuación de la GPU durante la guerra civil en España, o en otros países. Con esta nota no tengo, por otra parte, ninguna pretensión de originalidad; simplemente sintetizo y transcribo pasajes de algunos estudios que se han beneficiado de la apertura de los archivos del ex ministerio del Interior soviético; y complemento con algunos datos. En todo sentido, debe entenderse como complemento de la nota anterior, y de la que estoy publicando, por partes, sobre el giro de 1928-9 y la naturaleza social de la URSS, en la que se pone el acento en las raíces sociales y políticas de la consolidación del régimen stalinista.

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Written by rolandoastarita

02/04/2016 at 15:24

“Una falta de verdadera humanidad comunista”

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A partir de una crítica que realicé a la censura “socialista” (aquí, aquí y aquí), se me ha calificado de “tonto pacifista” por haber cuestionado la brutalidad de la colectivización forzosa en la URSS. Recuerdo que la colectivización habría costado entre seis y siete millones de muertes. El tema no es menor. En una nota que consta de varias partes, que estoy publicando de a poco en el blog, intento explicar por qué la colectivización y la industrialización acelerada significaron el quiebre definitivo de cualquier posibilidad de poder real de los obreros y campesinos en la Rusia soviética.

Pero no es esto lo que quiero tratar en esta nota, sino una cuestión mucho más elemental. Sostengo que es una aberración, una contradicción en los términos, pretender construir una sociedad libre de toda explotación y opresión sobre la base de millones de cadáveres. Por supuesto, una revolución tiene todo el derecho y el deber de defenderse de sus enemigos. Pero esto es una cosa, y otra muy distinta es imponer el socialismo a sangre y fuego a millones de campesinos, artesanos, pequeños propietarios u obreros “atrasados y ganados por la ideología pequeño-burguesa”. Y la colectivización en la URSS fue precisamente eso, un gigantesco intento de imponer el socialismo a fuerza de represión, generando un drama humano de proporciones inimaginables. Millones de vidas humanas se perdieron por la hambruna; otros muchos millones sufrieron la represión, de una u otra forma, y cientos de miles murieron. Durante la colectivización, el escenario de las deportaciones fue sencillamente horroroso. Tomo algunos pasajes de lo que publicaré en próximas entradas:

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Written by rolandoastarita

30/03/2016 at 18:43

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