Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (2)

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La primera parte de la nota, aquí 

Salario según productividad y la irrealista solución walrasiana

A fin de profundizar en la crítica de la función de demanda laboral de los neoclásicos, admitamos por un momento que es posible determinar la productividad marginal del trabajo y que esta es decreciente. Aceptando este supuesto, diremos, junto a la teoría mainstream establecida, que los empresarios emplearán trabajo hasta que su rendimiento marginal, en términos reales, se iguale a su precio de mercado, esto es, al salario vigente. Si estas condiciones se cumplen también para los otros “factores productivos”, el precio de los productos se igualará al costo de esos “servicios” (respetamos la terminología neoclásica usual). Es lo que se escribe habitualmente en los manuales. Sin embargo, es más fácil decirlo, o escribirlo, que hacerlo. Veamos por qué.

Empecemos diciendo que el salario se debe fijar antes de comenzar la producción. Y debe establecerse, de acuerdo a la tesis neoclásica, en términos reales. Esto último es clave por dos razones: primero, para que el trabajador pueda decidir a cuánto ocio está dispuesto a renunciar a cambio de la utilidad del salario. En segundo lugar, porque el empresario debe conocer cuánto va a producir para establecer cuánto trabajo va a contratar. Si no sabe cuánto va a producir, no puede saber qué cantidad de trabajo va a contratar, y por lo tanto no puede igualar el salario a la productividad marginal. Asimismo, no podrá establecer cuánto capital (cuya productividad marginal, en equilibrio, es igual a la tasa de interés) va a combinar con el trabajo. Sobre este punto subrayemos que la teoría neoclásica supone la posibilidad de sustitución entre los factores, ya que los salarios y beneficios (y la renta) no se determinan aisladamente, sino a través de la competencia. El empresario combina capital y trabajo (y/o la tierra) de manera que lo que paga a esos factores es menos de lo que pagaría por cualquier otra combinación; si no es el mínimo, dispone otra combinación. Por esta vía se garantiza que cada cual “gana lo que se merece”.

Son estas exigencias las que impulsan entonces a razonar en términos de ecuaciones simultáneas. Mark Blaug lo señala al introducir el equilibrio general walrasiano. Escribe: “Aunque empezáramos con ofertas dadas de los factores y coeficientes fijos de los insumos productivos, los precios de los factores no se determinarían antes de que las empresas hubiesen decidido producir ciertos niveles; pero esta decisión implica el conocimiento de los precios de los productos, los que solo se determinan cuando las unidades familiares hayan recibido ingresos de la venta de servicios de factores a ciertos precios. Evidentemente, los precios de productos y factores se determinan simultáneamente” (Blaug, 1985, p. 709). De ahí los sistemas de ecuaciones, en las cuales la resolución simultánea de precios y cantidades de insumos y productos hace desaparecer por completo la dimensión temporal.

En este respecto, Walras era consciente de los supuestos sobre los que hacía descansar su sistema. Así, por caso, en el capítulo 20 de Elementos…, y luego de señalar que en la fabricación de un producto pueden emplearse los servicios productivos en diferentes proporciones, escribe: “Las cantidades respectivas de cada uno de los servicios que entran en la fabricación de una unidad de cada uno de los productos se determinan al mismo tiempo que los precios de los servicios productivos, con la condición de que el coste de producción de los productos sea mínimo” (p. 403). Por eso, al vocearse los precios de determinados servicios productivos –salarios para el trabajo-, y fabricarse determinadas cantidades de productos, si esos precios no son de equilibrio, será necesario no solo vocear otros precios (como ocurre en el mercado de bienes), sino también fabricar distintas cantidades de productos.

Para explicar cómo puede ocurrir esto y arribarse al equilibrio, Walras supone que los empresarios representan con bonos las cantidades de productos que van a fabricar, y luego van aumentando o disminuyendo esas cantidades según el precio de venta exceda, o no, el coste de producción (determinado por el pago de los servicios). Y los terratenientes, trabajadores y capitalistas presentan en vales las cantidades de servicios que están dispuestos a ofrecer a los precios voceados. En esta construcción, además, se supone que una vez establecido el equilibrio el intercambio puede hacerse inmediatamente; esto es, se suprime el tiempo (véase p. 406). Agreguemos incluso que Walras excluyó de su teoría de equilibrio general la consideración de la productividad marginal decreciente, “por temor a que resulte demasiado compleja de asimilar en su conjunto” (p. 626). Se trata, además, de una economía totalmente centralizada (algún autor la ha calificado de stalinista), donde las transacciones por fuera del equilibrio no tienen lugar, y donde el dinero solo se puede introducir como numerario, y de forma artificiosa. ¿Qué tiene que ver esto con la realidad de las economías capitalistas? La respuesta es que poco o nada que ver. Sin embargo, es el precio a pagar por continuar con el relato de “los salarios se igualan a la productividad marginal”; y para que algunos pedantes sigan descalificando por “ignorante” a todo aquel que descrea de esta elevada “teoría”.

Un argumento de Keynes

Lo explicado en el apartado anterior también puede abordarse desde la crítica de Keynes a Pigou, contenida en el Apéndice al capítulo 19 de la Teoría general…. Es que si bien el foco de Keynes es la curva neoclásica de oferta de trabajo, su crítica ilustra los problemas para establecer el salario en términos reales (y por lo tanto, para hacerlo coincidir con una supuesta productividad marginal).

Keynes señala que Pigou admite que, “dentro de ciertos límites”, los obreros con frecuencia estipulan sus salarios en términos nominales, no reales. Pero si eso es así, sigue Keynes, la función de oferta de trabajo depende no solo del nivel de ocupación en la industria de artículos para asalariados (el supuesto de Pigou), sino también de los precios de esos artículos. Y esos precios, a su vez, dependerán del volumen total de ocupación. Escribe Keynes: “Por tanto, hasta que sepamos los precios monetarios de los bienes para asalariados no podemos decir cuál será la ocupación total; y no podemos conocer tales precios hasta que tengamos conocimiento del volumen total de ocupación” (Keynes, 1986, p. 244). Y unas páginas antes, también en polémica con Pigou, señala que incluso es imposible decir que los salarios reales son más estables que los monetarios. Es que si se quisiera estabilizar los salarios reales “fijando los salarios en términos de artículos para asalariados, el efecto solamente podría ser ocasionar una violenta oscilación de los precios monetarios; porque cada pequeña fluctuación en la propensión a consumir y el incentivo a invertir haría que los precios monetarios oscilaran violentamente entre cero y el infinito” (ibid. 212). De nuevo, la solución neoclásica al problema es un sistema del tipo Walras. Esto es, una construcción teórica irrealista.

Dejemos señalado que, naturalmente, en la Economía Política de los clásicos (notoriamente, en los fisiócratas y Ricardo), o en Marx, toda esta problemática desaparece, ya que los salarios están dados antes del proceso productivo, y son establecidos, en términos monetarios, por el valor de la fuerza de trabajo (en Marx) o “del trabajo” (en Ricardo). La ganancia, o plusvalía, no se determina en simultáneo con el salario, sino surge a posteriori, una vez terminada la producción y realizada la venta. Por eso, una alteración de los precios posterior al establecimiento de los salarios modificará, por supuesto, la participación de los asalariados y de los capitalistas en el valor agregado, sin consecuencia alguna en perjuicio de la teoría. La secuencia temporal, además, es clara; en este enfoque es imposible hacer desaparecer el tiempo.

El ciclo capitalista y la teoría neoclásica de los salarios

Existe todavía otro terreno en el cual fracasa la función neoclásica de demanda laboral por parte de los empresarios: el ciclo económico. Es que, como señala Sherman (1991), la teoría supone que, manteniéndose constantes las otras variables, un aumento del producto y del empleo se traducirá en una productividad marginal decreciente y en salarios decrecientes. Lo inverso sucedería en la fase contractiva del ciclo. En consecuencia, el salario real y el costo marginal real deberían moverse en sentido contracíclico. Sin embargo, la evidencia va en contra de la tesis neoclásica: no solo los salarios reales se mueven de manera procíclica, sino también la productividad es fuertemente procíclica (véase Sherman, 1991, pp. 162-163).

Diversas investigaciones llegan a la misma conclusión. Por ejemplo Solon, Barsky y Parker (1994), y luego Swanson (2007), corrigiendo las distorsiones en las mediciones del salario que pueden ocurrir por cambios en la composición de la fuerza laboral empleada a lo largo del ciclo, encuentran que los movimientos de los salarios reales en EEUU han sido fuertemente procíclicos a partir de 1967 y hasta 1991, variando típicamente más de un 1% por cada 1% de cambio de la tasa de desempleo. Escribe Swanson: “Este resultado es muy sorprendente y está en desacuerdo con la visión de trabajadores y firmas moviéndose a lo largo de una curva estable de demanda agregada de trabajo a lo largo del ciclo de negocios” (p. 10). Neftci (1978); Geary y Kennan (1982); Kennan (1988) y Kandill (2005), para citar algunos trabajos renombrados, también encuentran que los salarios reales son procíclicos. Pero incluso las investigaciones que registran comportamientos contracíclicos de los salarios reales, establecen que los mismos están lejos de ser generales. Por caso, Messina, Strozzi y Turunen (2009), en un estudio de los países de la Unión Europea, encuentran que los salarios reales son contracíclicos, acíclicos o procíclicos, según los países. Nada indica que sean invariablemente contracíclicos, como dice la función de demanda de trabajo neoclásica que debería suceder. Es de destacar asimismo que si bien en la Teoría General Keynes admitió la validez de la curva de demanda laboral tradicional, años después reconoció que esa curva “no registra la complejidad de los hechos” (véase Keynes, 1939).

Es claro que el carácter pro-cíclico de los salarios y empleo destruye el argumento de “no puede haber demanda creciente de trabajo con salarios crecientes”

Sin embargo, los autores neoclásicos han intentado salvar la teoría con un supuesto ad hoc, referido a los cambios tecnológicos y sus efectos. Es lo que hace Barro en su manual Macroeconomía, teoría y política. Reconoce que el trabajo empleado, el crecimiento del producto y los salarios reales se mueven de forma procíclica, y trata de congeniar este hecho con la curva de demanda de trabajo de pendiente negativa. Para eso supone que durante la fase de expansión se producen shocks de productividad que desplazan la curva de demanda de trabajo, y por lo tanto aumentan el empleo y el salario real. En términos más generales, la mayoría de los manuales de Macroeconomía introducen la idea de que el cambio tecnológico lleva al aumento del empleo.

Pero la “solución” no encaja con los hechos. En primer lugar porque el cambio tecnológico en muchas ocasiones se introduce para ahorrar empleo. Cuestión que ya había señalado Ricardo, y enfatiza Marx: la máquina es un arma en manos del capital para contener los reclamos de los trabajadores. El segundo término, no siempre las expansiones, en especial en sus primeras fases, van acompañadas de cambios tecnológicos importantes en términos de productividad. Pero los salarios son procíclicos a lo largo de toda la fase expansiva. En tercer lugar, si el aumento de los salarios reales durante las expansiones se explica por shocks tecnológicos, ¿cómo se explica su caída durante las recesiones? ¿Habrá que postular algún tipo de shock tecnológico negativo? Parece muy dudoso que pueda encontrarse algo por el estilo en el estudio de las recesiones.

Textos citados:
Barro, R. J. (2004): Macroeconomía, teoría y política, México, McGraw-Hill/Interamericana.
Blaug, M. (1985): Teoría económica en retrospección, México, FCE.
Geary, P. T. y J. Kennan (1982): “The employment-real wage relationship: An international study”, Journal of Political Economy, vol. 90, pp. 854-871.
Kandil, M. (2005): “Countercyclical or procyclical real wages? A disaggregate explanation of aggregate asymmetry”, Empirical Economics, vol. 30, pp. 619-642.
Keynes, J. M. (1986): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, FCE.
Keynes, J. M. (1939): “Relative Movements of Real Wages and Output”, Economic Journal, vol. 49, pp. 34-51.
Neftci, S. N. (1978): “A time-series analysis of the real wages-employment relationship”, Journal of Political Economy, vol. 86, pp. 281-291.
Messina, J.; C. Strozzi y J. Turunen (2009): “Real Wages over the Business Cycle. OECD Evidence from the Time and Frecuency Domains”, European Central Bank, Working Paper Series, N° 1003, February.
Sherman, H. J. (1991): The Business Cycle: Growth and Crisis under Capitalism, Princeton University Press.
Solon, G.; R. Barsky, y J. Parker (1994): “Measuring the Cyclicality of Real Wages: How Important is Composition Bias?”, Quarterly Journal of Economics, vol. 109, pp. 3-35.
Swanson, E. T. (2007): “Real Wage Cyclicality in the PSID”, Federal Reserve of San Francisco, Working Paper Series, July.
Walras, L. (1987): Elementos de economía política pura, Madrid, Alianza.

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Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (2)

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24/05/2017 at 09:48

Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (1)

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En una nota que lleva por título “Las brillantes ideas de Nicolás nos mandarán al caño”, publicada en El Cronista el 17/05, el economista Javier Milei critica la propuesta de Del Caño, candidato a presidente por el PTS, de reducir la jornada de trabajo para acabar con la desocupación. Entre otros argumentos, Milei acusa a Del Caño de tener “un desconocimiento total y absoluto de la forma en que se determina la remuneración de un factor (en este caso el trabajo)”. Y agrega: “Si uno revisa un libro básico de teoría de los precios (Microeconomía), al momento de analizar la demanda de factores de producción, encuentra que la misma está determinada por aquel punto donde el valor del producto marginal (el cual surge de multiplicar el precio del bien que ofrece la firma en el mercado por el producto marginal del factor) se iguala al costo del factor, en este caso sería el trabajo”. Según Milei, Del Caño es un ignorante porque no dice lo que dicen los manuales, y los cursos habituales de Economics. Para información de los lectores del exterior, Javier Milei es un economista que ha ganado cierta notoriedad en los últimos tiempos, despotricando a los gritos en los medios contra todo lo que huela a izquierda, o incluso a keynesianismo.

Pues bien, el problema con el argumento de Milei es que desde hace ya muchos años la tesis que afirma que el salario se iguala, en equilibrio, a la productividad marginal del trabajo, ha sido objeto de críticas que ni los manuales, ni los cursos académicos, han podido responder. Más aún, ni siquiera las mencionan, con el resultado de que mucha gente que cursa las carreras de Economía termina convencida de que, “naturalmente”, los salarios se igualan a la productividad marginal del trabajo. Se trata de una teoría apologética del sistema existente (los trabajadores “reciben lo que merecen”), y autista con respecto a lo que cotidianamente viven –o padecen- los millones de hombres y mujeres que trabajan bajo las órdenes del capital, o buscan trabajo. Decimos autista porque, como veremos en seguida, no tiene el menor contacto con lo que ocurre en la realidad del mundo capitalista. Leer el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

20/05/2017 at 15:42

Reseña de “Rentabilidad, inversión y crisis”, de José Tapia

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Ediciones Maia acaba de publicar Rentabilidad, inversión y crisis. Teorías económicas y datos empíricos (Madrid, 2017), de José Tapia. Actualmente Tapia es profesor titular de la Universidad Drexel, en Filadelfia, donde dicta cursos sobre desarrollo social, Economía Política y cambio climático. Ha publicado en revistas académicas internacionales, y juntos escribimos La Gran Recesión y el capitalismo del siglo XXI (Catarata, 2011). También estuvo a cargo de la edición de Crisis económica y teorías de la crisis: un ensayo sobre Marx y la “ciencia económica”, de Paul Mattick.

Rentabilidad, inversión y crisis representa una muy importante contribución al estudio de la acumulación y crisis capitalistas. En particular porque examina la validez de diferentes teorías sobre el ciclo económico a la luz de la evidencia empírica. Con la esperanza de que Rentabilidad… pueda llegar a América Latina, en lo que sigue resumo sus ideas principales, y animo a los lectores del blog a estudiarlo. Leer el resto de esta entrada »

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16/05/2017 at 12:46

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Anton Pannekoek y el reformismo

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Una de las cuestiones que más polémicas y divisiones suscitan en la izquierda es la posición que debemos tomar los socialistas frente a las reformas y los gobiernos burgueses reformistas. En otras notas he afirmado que el criterio central con que debemos juzgar la progresividad de las reformas, en tanto subsista el sistema capitalista, es preguntándonos si las mismas fortalecen las posiciones de la clase trabajadora, o las debilitan. A la luz de este criterio se puede evaluar también la progresividad del estatismo (ver aquí), o de movimientos nacionalistas estatistas, como el chavismo (por ejemplo, aquí y aquí).

Pienso, por otra parte, que esta forma de abordar la cuestión ancla en las más profundas tradiciones del pensamiento socialista. Un ejemplo de esta tradición es el folleto “Las divergencias tácticas en el movimiento obrero”, de 1909, escrito por el socialista neerlandés Anton Pannekoek (tomado de http://grupgerminal.org/?q=system/files/materialismo.pdf). Reproduzco algunos pasajes significativos sobre el tema que nos ocupa (también es una forma de rescatar a este autor del relativo olvido en que ha caído en la izquierda). Leer el resto de esta entrada »

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12/05/2017 at 12:08

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Elecciones, tradición socialista y una pregunta-problema

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Dado que el país está entrando en la campaña electoral, me parece conveniente recordar el criterio que tradicionalmente guiaba a los partidos socialistas, o al menos, a sus alas marxistas revolucionarios, en elecciones legislativas. La cuestión me parece necesaria en tanto en algunos grupos marxistas parece primar el afán de conseguir votos y bancas por sobre cualquier otra consideración. En ciertos casos incluso se pone el acento en el “carisma” y la cara bonita de los candidatos, y se procura que estos luzcan como “estadistas” ante la opinión pública, con propuestas “viables y razonables”. La contrapartida es que no se señala con la suficiente firmeza, en los medios públicos -porque la prensa partidaria es otra cosa-, las limitaciones insalvables del parlamentarismo. Concretamente, no se dice con claridad que los problemas fundamentales de las masas trabajadores no se solucionan votando leyes (un caso concreto de cretinismo parlamentario, aquí).

En oposición a estos criterios, en lo que sigue presento dos pasajes que sintetizan la tradición socialista de participación en elecciones parlamentarias. En ambos el eje es la tarea de agitación y propaganda de las ideas del socialismo, y se refieren exclusivamente a las elecciones legislativas.

El primero es de Wilheim Liebknecth, líder de la socialdemocracia alemana: Leer el resto de esta entrada »

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10/05/2017 at 12:08

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Medición del producto y los esquemas de reproducción de Marx

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En la edición de La Nación del 12 de abril pasado los profesores de Economía Martín Krause, Adrián Ravier y Nicolás Cachanosky publicaron un artículo titulado “El mito del consumo como llave del progreso económico”, en la que destacan la importancia del cálculo del producto bruto (gross output), que ha comenzado a publicar el Bureau of Economic Analysis de Estados Unidos. Es que el producto bruto, señalan los autores de la nota, incluye todas las transacciones de la economía, y no solo las de la etapa final del consumo, como sucede con el PBI. En consecuencia, enfatizan, la nueva medición relativiza la importancia del consumo en la demanda agregada, para destacar la centralidad de la inversión.

Pues bien, desde una perspectiva marxista podemos decir que la medición del producto efectivamente pone de relieve la centralidad de la acumulación del capital en el funcionamiento de las economías capitalistas. Un tema que es clave en la teoría de Marx. Más precisamente, la nueva medición del BEA encaja en los esquemas de reproducción contenidos en el segundo volumen de El Capital. El objetivo de esta nota es entonces explicar la importancia de este enfoque de Marx para el análisis y crítica de la economía capitalista. Para eso, en primer lugar, explicamos la distinción entre PBI y producto bruto para aquellos lectores que no son economistas. En segundo término, resumimos la divergencia entre keynesianos y “ofertistas”. En tercer lugar, presentamos lo básico de los esquemas de Marx y sacamos algunas conclusiones. Leer el resto de esta entrada »

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08/05/2017 at 11:31

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Sobre el chavismo y la tradición crítica del marxismo

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En varias ocasiones defensores del chavismo me han acusado de que en este blog se dedican extensas notas a los gobiernos de Chávez y Maduro, pero no a otros gobiernos capitalistas. ¿Por qué tantas críticas a Chávez, y no a Temer, Obama, Rajoy, Hollande o Trump?, preguntan algunos. Si el mundo está lleno de gobiernos capitalistas, ¿por qué focalizarse en Chávez, o Maduro?

Pues bien, la respuesta a estas preguntas es sencilla: gobiernos como el de Temer, Macri, Obama, Rajoy, Hollande, Obama o Trump, se definen abierta y explícitamente como capitalistas. Por lo tanto, la crítica marxista a estos gobiernos está subsumida en la crítica más general al modo de producción capitalista y su Estado. Por eso, cuando por ejemplo Marx criticaba al sistema capitalista, poniendo la atención en Gran Bretaña, no hacía mayores distinciones sobre si el primer ministro era Gladstone o Disraeli; o si estaban al frente del Gobierno los conservadores o los liberales. La crítica central era al sistema capitalista y su Estado, y en ese marco, a los gobiernos que defendían el sistema de explotación (al pasar, digamos también que a Marx no se le ocurrió jamás exigir la renuncia del primer ministro inglés para, por ejemplo, solucionar una crisis capitalista). Leer el resto de esta entrada »

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03/05/2017 at 16:48

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Argentina, argumentos monetaristas, especulación y crisis

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En  una nota anterior acerca del carry trade y la bicicleta financiera en Argentina (aquí), calificamos a la política del Banco Central argentino de “monetarista” y dijimos que consistía, en lo esencial, en anclar el dólar para frenar la inflación. Sin embargo, el BCRA dice que su política es del tipo “objetivo inflación” (inflation targeting, como se la conoce en el mundo); y es un hecho que esta orientación es presentada en el establishment académico y económico como una superación de la vieja receta monetarista, consistente en el control de la masa monetaria como  medio de control de la inflación. A su vez, el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, ha dicho en repetidas oportunidades que su política es bajar la masa monetaria para disminuir la inflación; que no es lo que dice la ortodoxia del “objetivo inflación”.

A fin de clarificar las ideas, en esta nota analizamos las diferencias entre la política llamada de inflation targeting –en su formulación más estricta- y la política monetarista, para sacar luego algunas conclusiones acerca de la orientación del Banco Central y, por extensión, del gobierno de Cambiemos. Empezamos con las características centrales de la política objetivo inflación, en el marco de la economía argentina. Leer el resto de esta entrada »

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30/04/2017 at 13:21

Chavismo, o el fracaso productivo del estatismo burocrático-burgués

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Una de las cuestiones que subyacen en las discusiones sobre la naturaleza del chavismo tiene que ver con la falta de desarrollo de las fuerzas productivas. Contra la creencia del nacional-populismo (y variantes usuales del tipo marxismo-estatista o marxismo-nacional), sostengo que es imposible avanzar en una transformación social, máxime en un país atrasado, si no se desarrollan las fuerzas productivas. En una economía estancada o en retroceso, los discursos sobre “construcciones socialistas” son simplemente eso, discursos.

Recordemos, por otra parte, que el eje del desarrollo económico pasa por cómo se utiliza el excedente. Como ya lo había señalado la economía clásica, comenzando por los fisiócratas, la clave es que el excedente se reinvierta en trabajo productivo (ver aquí). Si esto no sucede, y si el consumo improductivo supera a la producción, no hay forma de sostener la economía (el lector que quiera ampliar, puede consultar El Capital de Marx, volumen 2, tercera sección). Naturalmente, tampoco hay desarrollo si el excedente se transfiere al exterior. Y lo que ha sucedido en Venezuela es que la inversión productiva fue débil, o casi inexistente. En particular, no hubo reinversión productiva de la gigantesca renta que recibió el Estado venezolano como resultado de la suba de los precios del petróleo en los 2000. De hecho, el país se desindustrializó, y hoy aproximadamente el 95% de los ingresos por exportaciones se deben al petróleo. Leer el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

26/04/2017 at 12:12

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200 años de los “Principios…” de David Ricardo

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El 19 de abril de 1817 se publicaba en Londres Principios de Economía Política y Tributación, de David Ricardo (1772-1823). Por estos días se cumple entonces el bicentenario de la aparición de una obra fundamental en la historia de la ciencia. Es que a pesar de que la mayoría de los capítulos del libro están dedicados a cuestiones prácticas, principalmente a la tributación, “los pocos capítulos teóricos le garantizaron a Ricardo una fama permanente como uno de los grandes economistas” (Rubin). En particular, porque en los Principios… Ricardo basó su teoría en la determinación del valor de las mercancías por el tiempo de trabajo. Al respecto, escribió Marx:

“La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués –para la comprensión de su coherencia orgánica interna y sus procesos vitales- es la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Ricardo parte de ahí y obliga a la ciencia a salir de sus carriles, a explicar la medida en que las otras categorías –las relaciones de producción y comercio- desarrolladas y descritas por ella corresponden a dicha base, a ese punto de partida, o lo contradicen… Esta es, pues, la gran importancia histórica de Ricardo para la ciencia. (…) El hecho de que Ricardo exponga y describa la contradicción económica entre las clases –como lo muestran las relaciones intrínsecas- y que por consiguiente la economía política persiga, descubra la raíz de la lucha histórica y el desarrollo, se encuentran estrechamente unidos a ese mérito científico” (Teorías de la plusvalía, t.2, p. 141). Leer el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

22/04/2017 at 18:26

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