Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (1)

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En una nota que lleva por título “Las brillantes ideas de Nicolás nos mandarán al caño”, publicada en El Cronista el 17/05, el economista Javier Milei critica la propuesta de Del Caño, candidato a presidente por el PTS, de reducir la jornada de trabajo para acabar con la desocupación. Entre otros argumentos, Milei acusa a Del Caño de tener “un desconocimiento total y absoluto de la forma en que se determina la remuneración de un factor (en este caso el trabajo)”. Y agrega: “Si uno revisa un libro básico de teoría de los precios (Microeconomía), al momento de analizar la demanda de factores de producción, encuentra que la misma está determinada por aquel punto donde el valor del producto marginal (el cual surge de multiplicar el precio del bien que ofrece la firma en el mercado por el producto marginal del factor) se iguala al costo del factor, en este caso sería el trabajo”. Según Milei, Del Caño es un ignorante porque no dice lo que dicen los manuales, y los cursos habituales de Economics. Para información de los lectores del exterior, Javier Milei es un economista que ha ganado cierta notoriedad en los últimos tiempos, despotricando a los gritos en los medios contra todo lo que huela a izquierda, o incluso a keynesianismo.

Pues bien, el problema con el argumento de Milei es que desde hace ya muchos años la tesis que afirma que el salario se iguala, en equilibrio, a la productividad marginal del trabajo, ha sido objeto de críticas que ni los manuales, ni los cursos académicos, han podido responder. Más aún, ni siquiera las mencionan, con el resultado de que mucha gente que cursa las carreras de Economía termina convencida de que, “naturalmente”, los salarios se igualan a la productividad marginal del trabajo. Se trata de una teoría apologética del sistema existente (los trabajadores “reciben lo que merecen”), y autista con respecto a lo que cotidianamente viven –o padecen- los millones de hombres y mujeres que trabajan bajo las órdenes del capital, o buscan trabajo. Decimos autista porque, como veremos en seguida, no tiene el menor contacto con lo que ocurre en la realidad del mundo capitalista.

En lo que sigue presento entonces algunas de las principales críticas que se han dirigido a la tesis neoclásica que despierta tanta admiración al crítico de Del Caño. La nota está pensada fundamentalmente para alumnos de las carreras de Economía que hayan cursado Micro o Macro; dada su extensión la he dividido en tres partes.

Rendimientos decrecientes para todos y para todas

Empecemos recordando que la tesis de los rendimientos decrecientes de todos los factores productivos fue elaborada en la década de 1880, cuando los economistas neoclásicos transformaron la teoría de la renta de la tierra de West, Ricardo, Malthus y otros clásicos en un caso especial de una teoría más general.

Según Ricardo, a medida que se agregan unidades homogéneas de trabajo y capital a una parcela de tierra (se empieza por la mejor tierra), se obtiene un rendimiento decreciente. Lo cual lleva, en determinado punto, a cultivar una tierra de peor calidad, dando lugar al surgimiento de la renta. Esto es, la renta se genera por la diferencia de productividad entre tierras a las que se les aplican las mismas dosis de capital y trabajo. Por eso, según Ricardo, la renta tiene una base natural. En este sentido, en los Principios… escribe que si la buena tierra existiera en cantidad abundante, o si el capital “pudiera emplearse indefinidamente sin un ingreso decreciente de la tierra vieja”, no podría haber la renta. O sea, hay renta porque “la tierra no es ilimitada ni uniforme en calidad” (p. 53). La tierra de mejor calidad da mayor rendimiento, y dado que el precio del grano (o de otro producto agrícola) está determinado por la tierra de peor calidad, la renta retribuye al propietario de la mejor tierra. Por eso es de destacar que la renta no remunera la productividad de la tierra marginal, sino de las tierras intramarginales (esto es, las tierras más productivas que la tierra de peor calidad).

Señalemos también que en la teoría de Ricardo las diferencias de productividad de la tierra explican solo una variable distributiva, la renta. No hay cabida a razonamiento marginal alguno para explicar el salario o el beneficio, ya que tanto el trabajo como el capital (medios de  producción) se consideran homogéneos, y no se hace ningún supuesto especial sobre rendimientos cuando se trata del trabajo industrial; incluso se pueden admitir, sin inconvenientes para la teoría, los rendimientos crecientes a escala (en los que pone el acento Adam Smith).

Pues bien, los neoclásicos se inspiraron en los rendimientos decrecientes para formular una teoría completamente ajena a lo que sostuvo Ricardo. El viraje consistió en sostener que también el capital y el trabajo tienen rendimientos decrecientes, y que sus remuneraciones –ganancia y salario- se igualan con sus respectivas productividades marginales. Como se explica en los manuales, la productividad marginal de un factor (típicamente, trabajo o capital) se mide entonces por el efecto sobre el producto total de adicionar o retirar una unidad de ese factor, en tanto se mantienen constantes las cantidades de los otros factores (típicamente, capital o trabajo).

Por eso, y en relación al mercado de trabajo, la teoría neoclásica dice que a medida que aumenta el trabajo empleado, manteniéndose fijo el capital (entendido este como los equipos e instalaciones), disminuye su productividad. Por ejemplo, dado un stock de capital, un obrero produce 10 X por unidad de tiempo; un segundo obrero 8 X; un tercer obrero 6 X, etcétera. Así, el empresario sigue agregando trabajo hasta que la productividad del último obrero incorporado se iguale al salario prevaleciente en la economía. Enfatizamos que la ley de los rendimientos decrecientes de un factor variable, como el trabajo, requiere que los otros factores (tierra y capital) permanezcan fijos. Por eso, y dado que los trabajadores se suponen homogéneos, en tanto capacidad de trabajo, el rendimiento decreciente solo ocurre porque disminuye la proporción de capital por trabajador. Puede verse aquí la distancia con el razonamiento de Ricardo.

Señalemos también que la tesis de los rendimientos decrecientes juega un rol clave en el edificio neoclásico. Por un lado, porque los rendimientos decrecientes constituyen el fundamento de la función de demanda de trabajo de pendiente negativa (junto a la curva de oferta, que no vamos a tratar aquí, determina el salario; puede consultarse, sin embargo, la crítica de Keynes, 1986, caps. 1 y 2, a la curva de oferta laboral). Y por otra parte, los rendimientos decrecientes son el fundamento de la pendiente positiva de las curvas de costos marginales y medios de las empresas sometidas a competencia, de las cuales se deriva la curva de oferta de pendiente positiva. Dado que las pendientes de las curvas son decisivas para determinar simultáneamente precios y cantidades, si se cae la tesis general de los rendimientos decrecientes no hay forma de que las curvas de oferta y demanda determinen precios y cantidades.

Rendimientos decrecientes y las 9 palas que se transforman en 10

Los neoclásicos suponen entonces que el factor variable, en nuestro caso el trabajo, se puede aplicar en mayor o menor cantidad a una cantidad fija del factor fijo. Pero aquí aparece un problema irremontable para la teoría neoclásica. Lo presentamos con un famoso ejemplo teórico, adelantado por Dennis Robertson en 1931.

Robertson propuso la siguiente cuestión. Supongamos que hay 9 obreros cavando un pozo, provistos de 9 palas (capital). Se agrega un trabajador. ¿Cuál es su productividad? Para calcularla, Robertson propone dos soluciones. La primera es que ahora los 10 obreros tienen 10 palas más baratas, en lugar de las 9 originarias. Alternativamente, si no hay lugar para que cave, el décimo hombre será provisto con un cubo y enviado a servir cerveza para los otros 9. Observemos que la primera “solución” de Robertson supone que el capital es plástico, una especie de “masilla” o “gelatina” que puede adaptarse de manera flexible, de forma que 9 palas se transforman en 10, permaneciendo fijo el stock total de capital. Por lo cual también podría decirse que las 10 palas más baratas vuelven a transformarse en 9 más caras si disminuye luego un obrero; o en 11, de nuevo más baratas, si se agrega otro obrero, etcétera. Por supuesto, la “solución” funciona en el papel, pero tiene poco que ver con la práctica. Es que en la vida real los medios de producción no son “gelatina” o “masilla” (salidas “teóricas” propuestas oportunamente por los neoclásicos para responder a las críticas de los economistas de Cambridge Inglaterra).

En todo caso, y como lo planteó Joan Robinson en referencia al ejemplo propuesto por Robertson, cuando se agrega el décimo trabajador, este podría aumentar el producto solo en la medida en que los otros nueve caven mejor si tienen algún descanso de tiempo en tiempo (la segunda solución de Robertson). Sin embargo, si en lugar de aumentar un obrero se sustrae el noveno trabajador, ahora el producto se reduciría por más o menos el promedio de productividad. En consecuencia, el salario deberá estar en algún punto entre el valor promedio del producto por obrero y cero. Pero esto significa que el producto marginal, o bien es mucho mayor, o es mucho menor que el salario, según que el equipo sea empleado por encima o por debajo de su capacidad (véase Robinson, 1972, pp. 234-235). Pero además, sigue Robinson, bajo condiciones de competencia imperfecta es normal la subutilización de capacidad de las plantas; en consecuencia, en el corto plazo los rendimientos marginales con frecuencia son constantes y los salarios no se pueden igualar a la productividad marginal. Incluso, siempre según Robinson, en promedio equivalían a la mitad del valor agregado.

Por otra parte, en el largo plazo los equipos de capital se ajustan a la cantidad de empleo. Para verlo con otro ejemplo, si un empresario emplea un trabajador que opera un torno, en un turno de 8 horas, y luego decide expandir la producción a un segundo turno de 8 horas, no hay razón para que este segundo trabajador sea menos productivo que el primero; lo mismo ocurrirá si emplea un tercer turno. Pero si pasa a ocupar un cuarto trabajador, su productividad bajará abruptamente. Si, en cambio, adquiere un segundo torno para el cuarto trabajador, la productividad de este último tenderá a alinearse con la de los otros tres trabajadores. Estos son hechos de la vida cotidiana en las empresas. Observemos, además, que si el empresario contrata los tres obreros que trabajen el torno en tres turnos, no tiene manera de calcular cuál es la productividad marginal de los trabajadores. ¿Cuánto de la productividad corresponde al obrero y cuánto al torno? Imposible decirlo. Es lo que se conoce como el problema del pastel: ¿cuánto del pastel que hemos cocinado corresponde a la harina, a los huevos, al horno o al trabajo? No hay manera de sacarlo (si se pretende que la contribución de cada “factor” está dada por su precio, la teoría falla porque supuestamente la productividad marginal, que es física, debía determinar el precio de cada factor).

Falta la evidencia empírica

Lo explicado en el apartado anterior ya sugiere que la idea de que los salarios se igualan a la productividad marginal, y que esta es siempre decreciente (al menos en el tramo de las curvas de costos económicamente significativas) carece de evidencia empírica.

De todas formas, los economistas neoclásicos sostienen, en los manuales y cursos académicos, que la ley de rendimientos decrecientes tiene un fundamento empírico. Aunque de hecho es imposible encontrarlo, como se ha señalado repetidas veces. Así, según la teoría estándar, los rendimientos primero crecientes y luego decrecientes de una empresa generan la curva del costo medio variable con forma de U, que se asocia a la curva de los costos marginales que atraviesa a la primera en su punto mínimo.

Sin embargo, “esta predicción no es respaldada por más de 60 años de estudios empíricos sobre las curvas de costo de corto plazo, estudios que casi invariablemente muestran que la curva del costo medio variable es horizontal, y es igual a la del costo marginal, a lo largo de un rango significativo de posibles tasas de producto” (Miller, 2000, p. 120). De hecho, las curvas son horizontales la mayor parte de las veces, y cuando se llega al total de utilización de capacidad, se hacen rápidamente verticales. Por eso Miller señala que es habitual que las líneas de producción en las empresas posean stocks fijos de capital, pero los tiempos de funcionamiento, o de servicio, sean totalmente flexibles. Y esta circunstancia podría explicar por qué las curvas de  costo promedio y de costo marginal son horizontales mientras existe capacidad ociosa, y pasan a ser rápidamente verticales cuando se llega a plena utilización de capacidad. Con carácter más general, Miller también cita un estudio de fines de los 1990, realizado sobre empresas estadounidenses, que demostró que solo el 11% del producto era generado bajo condiciones de costos marginales crecientes, el 48% producía con costos marginales constantes, y un significativo 40%, aproximadamente, producía con costos marginales decrecientes. Dejemos sentado también que con estos elementos tampoco hay manera de sostener la curva de oferta marshalliana (para una crítica de la curva de oferta, véase Sraffa, 1926).

Textos citados:
Keynes, J. M. (1986): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, FCE.
Miller, R. (2000): “Ten Cheaper Spades: Production Theory and Cost Curves in the Short Run”, Journal of Economic Education, vol. 31, pp. 119-130.
Ricardo, D. (1985): Principios de Economía Política y tributación, México, FCE.
Robinson, J. (1972): “Capital Theory Up to Date”, E. K. Hunt y J. G. Schwartz, A Critique of Economic Theory, Middlesex, Inglaterra, Penguin, pp. 233-244.
Sraffa, P. (1926): “The Laws of Returns under Competitive Conditions”, Economic Journal, vol. 36, pp. 535-550.

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Salarios, productividad marginal y la elevada ciencia de Javier Milei (1)

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20/05/2017 at 15:42

Reseña de “Rentabilidad, inversión y crisis”, de José Tapia

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Ediciones Maia acaba de publicar Rentabilidad, inversión y crisis. Teorías económicas y datos empíricos (Madrid, 2017), de José Tapia. Actualmente Tapia es profesor titular de la Universidad Drexel, en Filadelfia, donde dicta cursos sobre desarrollo social, Economía Política y cambio climático. Ha publicado en revistas académicas internacionales, y juntos escribimos La Gran Recesión y el capitalismo del siglo XXI (Catarata, 2011). También estuvo a cargo de la edición de Crisis económica y teorías de la crisis: un ensayo sobre Marx y la “ciencia económica”, de Paul Mattick.

Rentabilidad, inversión y crisis representa una muy importante contribución al estudio de la acumulación y crisis capitalistas. En particular porque examina la validez de diferentes teorías sobre el ciclo económico a la luz de la evidencia empírica. Con la esperanza de que Rentabilidad… pueda llegar a América Latina, en lo que sigue resumo sus ideas principales, y animo a los lectores del blog a estudiarlo. Leer el resto de esta entrada »

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16/05/2017 at 12:46

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Anton Pannekoek y el reformismo

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Una de las cuestiones que más polémicas y divisiones suscitan en la izquierda es la posición que debemos tomar los socialistas frente a las reformas y los gobiernos burgueses reformistas. En otras notas he afirmado que el criterio central con que debemos juzgar la progresividad de las reformas, en tanto subsista el sistema capitalista, es preguntándonos si las mismas fortalecen las posiciones de la clase trabajadora, o las debilitan. A la luz de este criterio se puede evaluar también la progresividad del estatismo (ver aquí), o de movimientos nacionalistas estatistas, como el chavismo (por ejemplo, aquí y aquí).

Pienso, por otra parte, que esta forma de abordar la cuestión ancla en las más profundas tradiciones del pensamiento socialista. Un ejemplo de esta tradición es el folleto “Las divergencias tácticas en el movimiento obrero”, de 1909, escrito por el socialista neerlandés Anton Pannekoek (tomado de http://grupgerminal.org/?q=system/files/materialismo.pdf). Reproduzco algunos pasajes significativos sobre el tema que nos ocupa (también es una forma de rescatar a este autor del relativo olvido en que ha caído en la izquierda). Leer el resto de esta entrada »

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12/05/2017 at 12:08

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Elecciones, tradición socialista y una pregunta-problema

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Dado que el país está entrando en la campaña electoral, me parece conveniente recordar el criterio que tradicionalmente guiaba a los partidos socialistas, o al menos, a sus alas marxistas revolucionarios, en elecciones legislativas. La cuestión me parece necesaria en tanto en algunos grupos marxistas parece primar el afán de conseguir votos y bancas por sobre cualquier otra consideración. En ciertos casos incluso se pone el acento en el “carisma” y la cara bonita de los candidatos, y se procura que estos luzcan como “estadistas” ante la opinión pública, con propuestas “viables y razonables”. La contrapartida es que no se señala con la suficiente firmeza, en los medios públicos -porque la prensa partidaria es otra cosa-, las limitaciones insalvables del parlamentarismo. Concretamente, no se dice con claridad que los problemas fundamentales de las masas trabajadores no se solucionan votando leyes (un caso concreto de cretinismo parlamentario, aquí).

En oposición a estos criterios, en lo que sigue presento dos pasajes que sintetizan la tradición socialista de participación en elecciones parlamentarias. En ambos el eje es la tarea de agitación y propaganda de las ideas del socialismo, y se refieren exclusivamente a las elecciones legislativas.

El primero es de Wilheim Liebknecth, líder de la socialdemocracia alemana: Leer el resto de esta entrada »

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10/05/2017 at 12:08

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Medición del producto y los esquemas de reproducción de Marx

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En la edición de La Nación del 12 de abril pasado los profesores de Economía Martín Krause, Adrián Ravier y Nicolás Cachanosky publicaron un artículo titulado “El mito del consumo como llave del progreso económico”, en la que destacan la importancia del cálculo del producto bruto (gross output), que ha comenzado a publicar el Bureau of Economic Analysis de Estados Unidos. Es que el producto bruto, señalan los autores de la nota, incluye todas las transacciones de la economía, y no solo las de la etapa final del consumo, como sucede con el PBI. En consecuencia, enfatizan, la nueva medición relativiza la importancia del consumo en la demanda agregada, para destacar la centralidad de la inversión.

Pues bien, desde una perspectiva marxista podemos decir que la medición del producto efectivamente pone de relieve la centralidad de la acumulación del capital en el funcionamiento de las economías capitalistas. Un tema que es clave en la teoría de Marx. Más precisamente, la nueva medición del BEA encaja en los esquemas de reproducción contenidos en el segundo volumen de El Capital. El objetivo de esta nota es entonces explicar la importancia de este enfoque de Marx para el análisis y crítica de la economía capitalista. Para eso, en primer lugar, explicamos la distinción entre PBI y producto bruto para aquellos lectores que no son economistas. En segundo término, resumimos la divergencia entre keynesianos y “ofertistas”. En tercer lugar, presentamos lo básico de los esquemas de Marx y sacamos algunas conclusiones. Leer el resto de esta entrada »

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08/05/2017 at 11:31

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Sobre el chavismo y la tradición crítica del marxismo

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En varias ocasiones defensores del chavismo me han acusado de que en este blog se dedican extensas notas a los gobiernos de Chávez y Maduro, pero no a otros gobiernos capitalistas. ¿Por qué tantas críticas a Chávez, y no a Temer, Obama, Rajoy, Hollande o Trump?, preguntan algunos. Si el mundo está lleno de gobiernos capitalistas, ¿por qué focalizarse en Chávez, o Maduro?

Pues bien, la respuesta a estas preguntas es sencilla: gobiernos como el de Temer, Macri, Obama, Rajoy, Hollande, Obama o Trump, se definen abierta y explícitamente como capitalistas. Por lo tanto, la crítica marxista a estos gobiernos está subsumida en la crítica más general al modo de producción capitalista y su Estado. Por eso, cuando por ejemplo Marx criticaba al sistema capitalista, poniendo la atención en Gran Bretaña, no hacía mayores distinciones sobre si el primer ministro era Gladstone o Disraeli; o si estaban al frente del Gobierno los conservadores o los liberales. La crítica central era al sistema capitalista y su Estado, y en ese marco, a los gobiernos que defendían el sistema de explotación (al pasar, digamos también que a Marx no se le ocurrió jamás exigir la renuncia del primer ministro inglés para, por ejemplo, solucionar una crisis capitalista). Leer el resto de esta entrada »

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03/05/2017 at 16:48

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Argentina, argumentos monetaristas, especulación y crisis

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En  una nota anterior acerca del carry trade y la bicicleta financiera en Argentina (aquí), calificamos a la política del Banco Central argentino de “monetarista” y dijimos que consistía, en lo esencial, en anclar el dólar para frenar la inflación. Sin embargo, el BCRA dice que su política es del tipo “objetivo inflación” (inflation targeting, como se la conoce en el mundo); y es un hecho que esta orientación es presentada en el establishment académico y económico como una superación de la vieja receta monetarista, consistente en el control de la masa monetaria como  medio de control de la inflación. A su vez, el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, ha dicho en repetidas oportunidades que su política es bajar la masa monetaria para disminuir la inflación; que no es lo que dice la ortodoxia del “objetivo inflación”.

A fin de clarificar las ideas, en esta nota analizamos las diferencias entre la política llamada de inflation targeting –en su formulación más estricta- y la política monetarista, para sacar luego algunas conclusiones acerca de la orientación del Banco Central y, por extensión, del gobierno de Cambiemos. Empezamos con las características centrales de la política objetivo inflación, en el marco de la economía argentina. Leer el resto de esta entrada »

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30/04/2017 at 13:21

Chavismo, o el fracaso productivo del estatismo burocrático-burgués

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Una de las cuestiones que subyacen en las discusiones sobre la naturaleza del chavismo tiene que ver con la falta de desarrollo de las fuerzas productivas. Contra la creencia del nacional-populismo (y variantes usuales del tipo marxismo-estatista o marxismo-nacional), sostengo que es imposible avanzar en una transformación social, máxime en un país atrasado, si no se desarrollan las fuerzas productivas. En una economía estancada o en retroceso, los discursos sobre “construcciones socialistas” son simplemente eso, discursos.

Recordemos, por otra parte, que el eje del desarrollo económico pasa por cómo se utiliza el excedente. Como ya lo había señalado la economía clásica, comenzando por los fisiócratas, la clave es que el excedente se reinvierta en trabajo productivo (ver aquí). Si esto no sucede, y si el consumo improductivo supera a la producción, no hay forma de sostener la economía (el lector que quiera ampliar, puede consultar El Capital de Marx, volumen 2, tercera sección). Naturalmente, tampoco hay desarrollo si el excedente se transfiere al exterior. Y lo que ha sucedido en Venezuela es que la inversión productiva fue débil, o casi inexistente. En particular, no hubo reinversión productiva de la gigantesca renta que recibió el Estado venezolano como resultado de la suba de los precios del petróleo en los 2000. De hecho, el país se desindustrializó, y hoy aproximadamente el 95% de los ingresos por exportaciones se deben al petróleo. Leer el resto de esta entrada »

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26/04/2017 at 12:12

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200 años de los “Principios…” de David Ricardo

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El 19 de abril de 1817 se publicaba en Londres Principios de Economía Política y Tributación, de David Ricardo (1772-1823). Por estos días se cumple entonces el bicentenario de la aparición de una obra fundamental en la historia de la ciencia. Es que a pesar de que la mayoría de los capítulos del libro están dedicados a cuestiones prácticas, principalmente a la tributación, “los pocos capítulos teóricos le garantizaron a Ricardo una fama permanente como uno de los grandes economistas” (Rubin). En particular, porque en los Principios… Ricardo basó su teoría en la determinación del valor de las mercancías por el tiempo de trabajo. Al respecto, escribió Marx:

“La base, el punto de partida para la fisiología del sistema burgués –para la comprensión de su coherencia orgánica interna y sus procesos vitales- es la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Ricardo parte de ahí y obliga a la ciencia a salir de sus carriles, a explicar la medida en que las otras categorías –las relaciones de producción y comercio- desarrolladas y descritas por ella corresponden a dicha base, a ese punto de partida, o lo contradicen… Esta es, pues, la gran importancia histórica de Ricardo para la ciencia. (…) El hecho de que Ricardo exponga y describa la contradicción económica entre las clases –como lo muestran las relaciones intrínsecas- y que por consiguiente la economía política persiga, descubra la raíz de la lucha histórica y el desarrollo, se encuentran estrechamente unidos a ese mérito científico” (Teorías de la plusvalía, t.2, p. 141). Leer el resto de esta entrada »

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22/04/2017 at 18:26

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Chavismo y negociados financieros (o respuesta a mis críticos)

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En notas anteriores he planteado que en Venezuela la burocracia estatal, los mandos del Ejército y la llamada boli- burguesía se enriquecieron a manos llenas en los 2000. Esto me ha valido ser acusado de “pro-imperialista” y “pro-derecha” por defensores del chavismo. En respuesta a los insultos, en esta nota presento con algún detalle uno de los mecanismos empleados para saquear las arcas públicas, con algunas conclusiones.

El negociado con los bonos

El negociado con los bonos estructurados comenzó en 2003, cuando se estableció un tipo de cambio oficial controlado por el gobierno, a la par que siguió funcionando un mercado paralelo libre. En esos tiempos estaba al frente del ministerio de Finanzas Tobías Nóbrega. La estafa con los bonos comprendía tres pasos.

En primer lugar, se compraban bonos de Argentina, Ecuador, Venezuela, o Brasil. En muchos casos estos bonos se adquirían con fondos públicos; por ejemplo, del FONDEN. La compra de bonos se presentaba a la población como una contribución a la integración latinoamericana (al pasar, recordemos que Venezuela llegó a prestar a Argentina a una tasa del 15%).

En segundo término, el ministerio de Finanzas de Venezuela contrataba, sin licitación, a bancos internacionales para diseñar las llamadas “notas estructuradas”. Estas son notas que tienen como respaldo un pool de activos; en este caso, el respaldo eran los bonos comprados a Argentina, Ecuador, etcétera. En esta operación intervenían intermediarios que cobraban comisiones a los bancos para facilitarles los contactos con el gobierno. Los bonos estaban nominados en dólares, pero podían ser adquiridos con bolívares. Leer el resto de esta entrada »

Written by rolandoastarita

19/04/2017 at 11:55

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