Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Lenin, vanguardismo y los setenta

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En una nota titulada “Las ideas también pueden matar” (publicada en La Nación del 31/08/11), Ceferino Reato critica las políticas vanguardistas y foquistas de parte de la izquierda de los sesenta y setenta, y escribe: “Los aportes de la izquierda clásica, marxista, incluían a Lenin, que sostuvo que era posible tomar el poder con una vanguardia de revolucionarios siempre que portaran la ideología correcta… No había que esperar, como decía Marx, que el capitalismo se desarrollara hasta desembocar casi naturalmente en el comunismo; una vanguardia podía acelerar ese proceso”. Es significativo que Reato no aporte referencias para justificar lo que dice. Demuestra que prácticamente está “establecido” que Lenin propugnaba una táctica vanguardista, sintetizada en la toma del poder por una pequeña minoría, iluminada y decidida. En otras palabras, el dirigente de la Revolución Rusa habría sido un continuador de Auguste Blanqui, el revolucionario francés del siglo XIX, que confiaba en el papel creador de la violencia, y alentaba la toma del poder mediante una organización armada, centralizada y secreta. Según Reato, Lenin era blanquista, y la izquierda radicalizada argentina asimiló su vanguardismo acríticamente, lo que la llevó al desastre.

En esta nota explico por qué lo que afirma Reato (y comparten muchos otros intelectuales) es equivocado. A fin de evitar falsas polémicas, aclaro que esta nota no pretende defender la política global de Lenin, sino simplemente criticar la tesis su “blanquismo”; y realizar algunas precisiones, tal vez imprescindibles. sobre los balances de la militancia de los setenta.

¿Vanguardismo o política de masas?

La realidad es que lo que afirma Reato no tiene fundamento. La tesis de Lenin sobre la organización de la vanguardia no tiene relación con el blanquismo, como piensa Reato, sino con la necesidad del trabajo político en el seno del pueblo. Marcel Liebman, en Le Léninisme sous Lénine, (París, Seuil, 1973) aporta muchos elementos al respecto; que por otra parte se pueden corroborar leyendo los escritos más importantes de Lenin de los años prerrevolucionarios. La idea leninista es que los trabajadores más activos e interesados por la política, y los intelectuales que rompen con la burguesía, deben organizarse para trabajar política e ideológicamente en el movimiento de masas, no para sustituirlo. Esto se ve muy claramente en el folleto ¿Qué hacer?, escrito por Lenin en 1902. Allí se plantea la necesidad de construir una fuerte organización con vistas a dotar a la acción espontánea de las masas de la mayor eficacia. Por eso también Lenin sostenía que los motivos de lucha y las formas de organización no se inventan en los gabinetes de los revolucionarios, sino surgen del seno de la clase obrera y del pueblo. Este planteo era opuesto por el vértice a la política que defendían por aquellos años los socialistas revolucionarios, de “estimular” las luchas mediante el terrorismo, y realizar acciones “ejemplares” para “desatar la revolución”. La política defendida por Lenin subrayaba que el trabajo revolucionario debía hacerse “en las masas, por las masas y con las masas”, y que la vanguardia no podía acelerar artificialmente la lucha de clases.

El mismo criterio rigió la actividad de Lenin en los años que siguieron a la organización del partido. Durante la revolución de 1905 abogaba por organizar la insurrección a partir de la actividad de las masas. Incluso pidió hacer conocer a las masas populares “el estudio de las cuestiones militares”, para introducirlas en las cuestiones prácticas de la insurrección. Luego, en los años del retroceso del movimiento y triunfo de la reacción, insistía en que los socialistas debían vincularse con las masas trabajadoras. La participación de los bolcheviques en el Parlamento zarista (la Duma) se explica por esta misma orientación: había que aprovechar los resquicios legales para difundir consignas e ideas. Que es lo opuesto a una política blanquista. Cuando triunfa la revolución de febrero de 1917, Lenin no cambia esta orientación. En las Tesis de Abril plantea que los Soviets debían proponerse la toma del poder, pero subraya que era necesario convencer de ello a las masas obreras y campesinas. Explicaba por entonces que cuando las masas son libres, toda tentativa de emprender lo que sea en nombre de una minoría, sin un trabajo de explicación entre las masas, sería “blanquismo absurdo”, y constituiría una aventura. “Explicar pacientemente”, era la tarea de la hora. En julio de ese año, cuando gigantescas manifestaciones en Petrogrado reclamaban la caída del gobierno de los mencheviques y social-revolucionarios, la postura de Lenin (también del partido) fue contener el movimiento, porque las condiciones en el resto del país no estaban maduras. En agosto de 1917, cuando el movimiento de masas entra en un momentáneo reflujo, propone que el partido continuara su tarea de esclarecimiento y organización. Todavía a comienzos de septiembre afirmaba que la tarea principal era “explicar a las masas que la situación es extremadamente crítica”, y que una sublevación prematura podría ocasionar el mayor de los males. Solo cuando la marea comenzó a inclinarse de nuevo del lado de los revolucionarios, Lenin se orienta a la preparación práctica de la insurrección. Y había datos objetivos que indicaban que la situación se revertía: los bolcheviques ganaban la mayoría en los Soviets de las grandes ciudades, y las masas campesinas se sublevaban. En palabras de Victor Serge, “a principios de octubre surgía la revolución por todas partes, espontáneamente; los disturbios agrarios extendíanse por todo el país… Los campesinos… están decepcionados, se rebelan, se apoderan de las cosechas de los propietarios rurales, incendian las residencias de éstos. (…) Los Soviets se transforman. Ciudadelas hasta entonces de los mencheviques y socialistas revolucionarios, se bolchevizan” (Víctor Serge, El año I de la Revolución Rusa).

La propia insurrección no hubiera sido posible sin este ascenso de la marea revolucionaria, que permitió superar las resistencias de sectores importantes de la dirección del partido bolchevique al asalto final del poder. Lenin no hubiera convencido al partido de que la insurrección era posible y necesaria si no hubieran existido estas condiciones objetivas. En aquellos días Lenin repetía que las masas estaban “infinitamente más a la izquierda que el Partido, y éste más a la izquierda que su Comité Central” (véase León Trotsky en Historia de la Revolución Rusa). Y aún en ese escenario, no dejaba de señalar las diferencias con el putchismo revolucionario, propio de las vanguardias elitistas. Escribía: “Para ser exitosa la insurrección debe apoyarse, no en un complot, ni en un partido, sino en la clase avanzada. Esto en primer término. La insurrección debe hacer pie en el ímpetu revolucionario del pueblo. Esto en segundo lugar. La insurrección debe hacer palanca en un recodo de la historia de la revolución creciente, en el momento en que la actividad de las masas populares alcanza su más alto nivel, y que coincide con el instante en que también alcanzan el suyo las vacilaciones de las filas enemigas… Y estas tres condiciones para plantear la cuestión de la insurrección diferencian al marxismo del blanquismo” (“Marxismo e insurrección”, 13-14 de septiembre de 1917). Por eso también Trotsky anotaba que “cuando fue indudable que la mayoría de obreros y soldados de Petrogrado ya apoyaba a los bolcheviques, la temperatura pareció haber alcanzado el punto de ebullición. Justamente entonces Lenin proclama la necesidad de un levantamiento inmediato” (Historia…). Y como si escuchase a los Reato de hoy, Trotsky desmiente la idea de que la insurrección pueda reducirse a un “complot” de la vanguardia organizada en partido. Es que en vísperas del derrocamiento del Gobierno provisorio la situación era tan favorable a los revolucionarios, que no hubo siquiera necesidad de convocar a la huelga general. Por eso dio la impresión de que se trató de un “complot”, cuando en realidad se estaba asistiendo a un movimiento revolucionario de mayoría abrumadora. “… si los bolcheviques a último momento consiguieron reducir a un ‘complot’ la lucha por el poder, no se debió a que fuesen una pequeña minoría, sino a que con ellos, en los barrios obreros y en los cuarteles, militaba una aplastante mayoría, férreamente nucleada, organizada y disciplinada” (Historia…).

Señalemos por último que la orientación hacia el trabajo de masas no se modificó durante la Tercera Internacional. Puede verse, por ejemplo, la crítica de Lenin a los ultraizquierdistas, en 1921, porque querían apurar a toda costa la ofensiva revolucionaria en Alemania y otras partes de Europa, en lugar de abocarse a la tarea de ganar la mayoría de la clase trabajadora.

Para el balance de los setenta

Lo que dicen Reato y otros intelectuales acerca del “blanquismo” de Lenin pone en evidencia no solo ligereza en el análisis, sino también la forma sesgada en que se interpretan debates que definieron cursos de acción, y que no se redujeron al de las organizaciones armadas en la izquierda radicalizada. Es que leyendo a Reato, y a otros que se dedicaron a investigar aquellos años, pareciera que hubo solo una izquierda revolucionaria, la que tomó las armas. Sería una izquierda “vanguardista”, que habría errado en su estrategia y política, luego de haberse nutrido de un Lenin igualmente “vanguardista”, y equivocado. Una moraleja de la historia es que, habiéndose tomado conciencia de la equivocación, hoy solo queda plegarse al estado de cosas y conformarse con apoyar a “la K-burguesía nacional”. O blanquismo insurreccionalista, o capitalismo; no hubo, ni hay otra posibilidad, parece decir este balance. Pero lo cierto es que hubo más que eso, ya que en los sesenta y setenta actuaron organizaciones y militantes que rechazaron tanto la salida vanguardista, ultra, como el camino de conciliación con la burguesía en que estaban embarcados algunos, como el Partido Comunista. Y lo hicieron, entre otras cosas, porque también se nutrieron de las tradiciones del marxismo, incluidas las lecturas del Qué hacer, y otros trabajos leninistas.

Con esto no estoy diciendo que todo lo que hizo esta izquierda (en la que milité) haya sido correcto. Estoy muy lejos de ello; soy crítico de muchas de aquellas posiciones. Sin embargo, reivindico una política que buscó, con todos sus errores, abrirse un camino alternativo al de las organizaciones armadas, pero dentro de la izquierda crítica y radicalizada. Y es en este punto que la lectura e interpretación de los escritos de Lenin adquirieron, a fines de los sesenta, una relevancia difícil de exagerar. ¿Qué rol cumplía la agitación? ¿Cómo debía actuar la vanguardia? ¿Debía ser “catalizadora” de las luchas sociales? No existieron respuestas homogéneas, y mucho menos homogéneamente blanquistas. Hubo otras lecturas, con conclusiones distintas de las que sacaron los compañeros que conformaron las organizaciones armadas. La polémica sobre si había que apostar a la “huelga general insurreccional”, y para ello había que trabajar a largo plazo en el movimiento de masas; o si la lucha armada se iniciaba “como reacción defensiva de las masas y de su vanguardia”, y había que construir un ejército revolucionario, estuvo alimentada por las tradiciones teóricas y políticas del marxismo. En este respecto, llamo la atención sobre dos libros que tratan este proceso en referencia al surgimiento del PRT. Se trata de El PRT-ERP. Claves para una interpretación de su singularidad (Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, 2006), de Eduardo Weiz; y Los combatientes. Historia del PRT-ERP, de Vera Carnovale (Buenos Aires, Siglo XXI, 2011). Ambos brindan al lector una pintura más rica y matizada (más concreta), que la que se desprende de la concepción que estoy criticando en esta nota. Es necesario superar la visión lineal, predominante en muchos círculos, de la manera como se elaboraron proyectos y se asumieron posturas. Es imprescindible para que podamos hacer balances. Pienso que los socialistas tenemos mucho por aprender de estos balances.


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Lenin, vanguardismo y los setenta

Written by rolandoastarita

04/09/2011 a 10:56

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20 comentarios

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  1. Hola profesor, he estado leyendo antecedentes sobre la creación e historia del PRT y de su brazo armado, el ERP. Lo que llama la atención es cómo el segundo, en deteminado momento pasó a ser el eje determinante sobre el cual el bloque PRT-ERP definía su actuación. Muchas aproximaciones teóricas de la dirección y de Santucho en particular apuntaban hacia la flexibilidad que Ud. indica pero su práctica concreta parece haberse deslumbrado con el relativo éxito de algunas acciones militares hasta concebir esta dimensión de la lucha como decisiva. Y aquí está el problema puesto que, dada la asimetría existentes entre las fuerzas (aparatos) enfrentadas, una evaluación más objetiva nunca habría dado a lo militar semejante rol, independientemente de los éxitos puntuales alcanzados. El haber insistido en esta vía ocasionó el prematuro y definitivo colapso de esta organización. No supo o no pudo insertar lo militar en una estrategia política con la suficiente frialdad. Creo que esta es la unica lección que se puede sacar de esa experiencia. Un aparato o fuerza militar no puede entenderse sino como auxiliar y como tal debe estar bien constituido, aun siendo pequeño. Llama la atención, por ejemplo, cómo habiendo tenido éxito en tomar armas y equipos de un cuartel, después las perdían por no saber resguardarlas. De lo pequeño a lo grande era su consigna, pero para hacer bien lo grande hay que comenzar por hacer bien lo pequeño.

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    mario

    04/09/2011 at 13:19

    • Tiendo a pensar que hay una lógica en la acción militarista que lleva a que el eje de la actividad termine siendo el aparato militar. Esta cuestión la he discutido con algunos compañeros que participaron de estas experiencias. El brazo armado diríamos que “se come” al partido. La misma necesidad de sostener el aparato (es muy complicado mantener en la clandestinidad a decenas de militantes, sostener la logística, etc.) implica que cada vez hay que hacer más acciones militares (por ejemplo, para conseguir fondos); lo que a su vez termina demandando más acciones (por ejemplo, porque más gente tiene que pasar a la clandestinidad, producto de esas mismas acciones); por lo que hay que conseguir más fondos, etc. Además, progresivamente se hace más difícil sostener en la superficie legal a los militantes que activan en las masas. Dado que la organización se ha embarcado en una dinámica que el movimiento de masas no acompaña con apoyo activo, el problema se hace cada vez más agudo. Doy un ejemplo práctico, que he visto de cerca: una organización tenía un militante muy reconocido por sus compañeros de trabajo en una empresa X del Gran Buenos Aires, zona Oeste. La organización realiza un atentado contra uno de los gerentes de X, acción que es rechazada (o por lo menos, no es acompañada) por los trabajadores de X. Resultado, la organización armada debe sacar a su militante “de superficie” de X (y termina recomendando a militantes de otras organizaciones de izquierda que también renuncien a X, porque, textual, “peligran sus vidas”). El militante queda “flotando”, sin conectar con las bases; pero esto significa que es la organización la que no conecta.

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      rolandoastarita

      04/09/2011 at 15:08

    • Reforzando lo que plantea Rolo:

      Después de la manifestación del 19 de abril de 1917 (calendario ruso), en donde se planteaba la consigna ¡Abajo el gobierno provisional!, Lenín planteó lo siguiente:

      “La lección es clara, camaradas obreros. El tiempo no espera. Otras crisis seguirán a éstas. Dedicad todas vuestras fuerzas a orientar a los atrasados, a estrechar vuestras filas, a organizaros de arriba abajo y de abajo arriba… No os dejéis desconcertar por los conciliadores pequeñoburgueses ni por los partidarios de la defensa nacional ni por los energúmenos que quieren precipitar las cosas y gritar ¡Abajo el gobierno provisional! antes de que se haya formado una mayoría popular coherente y estable. La crisis no puede ser resuelta ni por la violencia ejercida por algunos individuos sobre otros, ni por las intervenciones esporádicas de pequeños grupos de gentes armadas, ni por las tentativas blanquistas de <>, del arresto del gobierno provisional, etcétera.” (Fuente: Lenin, Gerard Walter, Editorial de Ciencias Sociales, la Habana, 2009, pág. 328).

      Recordando otro aspecto. En el IV congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) realizado en el año 1968, se produjo la división debida a la tesis foquista –de lucha armada- de la fracción dirigida por Roberto “Robi” Santucho y la fracción dirigida por Nahuel Moreno que planteaba una línea de masas. De allí surgieron el PRT-El Combatiente (Santucho) y el PRT-La Verdad (Moreno).

      Desde el Cordobazo, en mayo de 1969, y en el cual participé como estudiante universitario, hasta después del golpe del 24 de marzo de 1976 existió esta polémica dentro de la izquierda cordobesa y, también, a nivel nacional.

      Es importante destacar que el Cordobazo me dejó muchas enseñanzas. Viví muy de cerca la fuerza inmensa de la lucha de masas. Comprobé a fondo la fuerza inmensa de la clase obrera cuando se lanza a la lucha con sus propios métodos, la huelga y la movilización en las calles.

      La polémica fue muy fuerte y la viví, por ejemplo, en la Unidad Penitenciaria de General Roca, Neuquén, en donde encarcelaron después del Viborazo a varios dirigentes sindicales de la dirección clasista de Sitrac-Sitram. Allí conocí a Gregorio “Tito” Flores. Que yo recuerde, el grueso de los dirigentes de Sitrac-Sitram rechazaba la lucha armada. Consideraban que las acciones armadas desorganizaban las luchas obreras, para decirlo con palabras suaves. Estos dirigentes influyeron mucho en mi pensamiento.

      Cuando nos trasladaron a Rawson, tuve la oportunidad de conocer a Marcos Osatinsky, a Roberto Quieto, a Mariano Pujadas, dirigentes importantes de FAR y Montoneros, y a varios mártires de Trelew. Allí pude leer las Obras Escogidas de Lenín de la editorial Cartago (los tomos 2 al 6). La lectura de Lenin me terminó de convencer que la lucha armada, tal como estaba planteada en Argentina en ese momento, no tenía sentido. Era una propuesta “foquista”, vanguardista, que inevitablemente llevaría a la derrota. Aún me recuerdo que las polémicas con estos compañeros fueron bastante “intensas”. Mi consigna en esa época era, “Con la clase obrera todo, sin la clase obrera, nada”.

      Creo que no estaría contando estas anécdotas si el Cordobazo, el intercambio de ideas con los dirigentes de Sitrac-Sitram y la lectura de Lenin no hubieran influenciado en mi formación política. Para un militante estudiantil, el imán de las organizaciones armadas era muy poderoso en ese momento. Varios de mis compañeros de militancia y amigos que se incorporaron a la lucha armada murieron o los desaparecieron en esa época. Y, ojo, hay que aclarar lo siguiente y que a veces se olvida: también murieron compañeros y amigos que nunca estuvieron de acuerdo con la lucha armada. Es importante destacar que las dictaduras y las 3A actuaban criminalmente contra cualquier tipo de opositor.

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      ladudametodica

      10/09/2011 at 17:50

  2. Me es dificil abordar la problermática de la lucha armada desde el marxismo. Tiendo a coincidir con vos Rolo, pero también me surgen preguntas como ¿Un partido marxista no propiciaría en un periodo revolucionario la lucha armada?¿Cómo contrarestar la tarea de grupos paramilitares desde la clase trabajadora? ¿lo que los cláscicos definian como un periodo de guerra civil no supone la toma de las armas por parte de la clase trabajadora? Son todas preguntas que me surgen y que quizás vayan un poco más allá de lo sucedido en la argentina. Me gustaría saber si recomendas algun material que pueda aportar luz sobre esto. También sobre lo sucedido en la argentina se ha hecho de lectura obligatoria en muchos circulos materiales como “los Hechos armados” de Juan Carlos Marín y los trabajos del CICSO ¿Tenes alguna opinión al respecto? Te consulto porque en ello parecería haber una lectura de Lenin un tanto diferente a la tuya.
    Saludos y gracias por el tiempo dedicado a este espacio.

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    dani

    04/09/2011 at 16:38

    • Hace años comencé a leer algo de Beba Balvé, pero no me resultó interesante, recuerdo que lo dejé. No puedo dar ahora una opinión, debería estudiar esta producción.

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      rolandoastarita

      05/09/2011 at 09:07

  3. Otra cuestión que está pendiente de ser abordada sin ambages y también sin exageraciones es la de la actuación de infiltrados en las organizaciones armadas de izquierda y también el aventurerismo casi “suicida” de algunos dirigentes ( “suicida” va entre comillas porque en realidad debería decir criminal, ya que a los que se enviaba al muere era a compañeros de “la orga” mientras los dirigentes quedaban al margen de esas acciones que se sabía de antemano que eran conocidas por las fuerzas represivas).

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    Eduardo

    05/09/2011 at 00:24

  4. Compañero Rolo. La crítica acerca del ‘blanquismo’ de Lenin no tiene nada de nuevo y es un lugar común entre todos aquellos que impugnan el carácter de la Revolución de Octubre, asimilada a un golpe de estado que llevó al poder a una elite de burócratas ilustrados que substituyeron, tanto a la burguesía inconsecuente como al proletariado autoorganizado. El uso para la ocasión que le da el periodista Ceferino Reato, se encuentra entre los más reaccionarios, puesto que, subordinado a la idea central que defiende: La esterilidad de toda confrontación armada entre compatriotas. El periodista en cuestión podría haber sido perfectamente un cura (en otros tiempos fue asesor de nuncio apostólico Caselli) o un militar ‘democrático’ que defiende la conciliación y el diálogo entre los argentinos. El autor cita a Perón condenando el delito, aunque por extraña paradoja etimológica, en la verba latina un ‘reato’ es un delito. En todo caso, niega de plano la necesidad de la guerra civil y la revolución, el supremo crimen de los explotados. Sus argumentos son netamente de derecha. En los múltiples y correctos ejemplos que usted ha presentado acerca de que Lenin no era un ‘vanguardista’ (asimilado a un aventurero que no tomaba en cuenta a las masas) no creo que deba olvidar el artículo ‘La guerra de guerrillas’ de 1906 en que se encuentra una de las exposiciones más sistemáticas acerca del problema. En el mismo se codifica la actitud del partido hacia este particular método de lucha, puesto en un contexto rico en determinaciones, que rechaza, tanto las acciones individuales y contraproducentes, como la negación abstracta del método de lucha esgrimida por filisteos burgueses que niegan la lucha de clases y la revolución, entre ellos, el periodista en cuestión. Balances como los de Reato no son infrecuentes y a lo largo de los años han aparecido muchos, no solo de ‘historiadores’ sino de militantes reciclados como ‘intelectuales’ arrepentidos de los que, en retrospectiva consideran errores. El denominador común es echarle la culpa al leninismo que inspiró a determinadas organizaciones guerrilleras. En este caso en particular, parece ser que varias de las obras del autor no han caído en gracia a los escribas y funcionarios del actual gobierno. El propio A. Fernández lo ha replicado con una catarata de insultos sin sentido y chicanas groseras (Ej. Que se dedique a escribir ‘Operación la chota’) y lo ha denunciado como plumífero pago de grupos económicos competidores, acusa que fue negada por el periodista y acompañada del relato de los antecedentes del ministro afecto a las actitudes pendencieras, formado en el seno de la derecha Duahldista y ‘progre’ de última hora. En lo personal, no creo que en Lenin haya rastros de Blanquismo, pero tampoco el rechazo visceral a la guerrilla que caracterizó a ciertas corrientes de los 70. Creo que, en cierto sentido, el legado de Lenin fue falsamente invocado tanto por ultraizquierdistas como socialdemocratizantes, pero no es una caja de pandora en que se encierran todos los males. En los últimos años tuve ocasión de discutir esto con algunos sobrevivientes no encolumnados en tradiciones partidarias autoproclamativas, en especial con el recientemente fallecido Sergio Doméq (Oscar Prada) con el que cultivamos una fuerte amistad y colaboración en el trabajo político. En conclusión le puedo decir que pienso al partido revolucionario como una organización esencialmente política que, bajo ciertas circunstancias puede dotarse de un dispositivo de autodefensa, el cual, en determinado punto puede ponerse a la vanguardia de las acciones ofensivas de las masas, tratando de orientarlas en sentido estratégico y ennoblecerlas con los principios del socialismo, del mismo modo que también puede dotarse de un dispositivo parlamentario. En todos los casos, ni el ‘núcleo de acero’ ni el aparato legal parlamentario, pueden dominar o susbtituir al partido como herramienta que exprese la vanguardia política de la clase. Fácil es decirlo, dificil es hacerlo. Obvio.
    Discúlpeme si se deslizó alguna palabra soez, es que me causa mucha gracia como polemizan ciertos burgueses aunque, en el fondo, persigan los mismos intereses, de conjunto, son mercenarios que usufructúan la sangre de los luchadores obreros y populares para escribir artículos bien cotizados o para defender la poltrona desde la que hacen demagogia o digitan la represión estatal.
    Gracias por su atención y la de los lectores de su blog.

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    AP

    05/09/2011 at 01:22

    • Las políticas hay que plantearlas para situaciones concretas, esto es, con un análisis que parta de la correlación de fuerzas existentes. En 1974-5 era imposible que una organización de izquierda pudiera organizar la “autodefensa” ni dirigir proceso alguno de “autodefensa” de los trabajadores frente al accionar de la Triple A. La Triple A estaba promovida desde el Estado; tenía el apoyo de una parte importante de la burocracia sindical (que dominaba en la mayoría de las empresas); estaba en convivencia con muchas patronales (algunas, directamente, le entregaban compañeros a la Triple A); tenía el apoyo de una parte del partido Justicialista; era “tolerada”, por decir lo menos, por la mayor parte del establishment (por ejemplo, Mariano Grondona escribía por entonces que López Rega hacía un trabajo “sucio pero necesario). En las empresas los trabajadores tenían temor, y más bien el consejo que daban a los activistas y delegados amenazados por la Triple A era que se mandaran a guardar.
      Sé de algunos grupos de izquierda que intentaron organizar la defensa de sus locales. Pues bien, cuando no eran atacados con armas largas, e incluso pesadas (en un caso, que me consta, con un arma anti-tanque), eran allanados “legalmente” por la policía, y se iniciaban procesos a los militantes por haber encarado la “autodefensa”.
      Finalmente hubo que cerrar los locales, no se sostenían. Pero la defensa de los militantes de izquierda que actuaban en empresas era casi imposible. La entrada y salida de las empresas era una lotería para aquél que estaba amenazado. En definitiva, grupos de militantes (que podían abarcar a lo sumo unos pocos miles de compañeros) no podían enfrentar al conjunto del aparato del Estado, que se había lanzado a una caza de personas.

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      rolandoastarita

      05/09/2011 at 11:54

  5. Compañero Rolo. Usted introduce una cuestión específica dentro del necesario e inconcluso balance del ciclo de luchas que va desde la resistencia al golpe de Onganía al golpe del 76. ¿Era factible o recomendable la autodefensa frente a los ataques de la triple A en el lapso 74-75? No tengo una respuesta precisa. En base a un análisis retrospectivo de la relación de fuerzas y el desarrollo real de los partidos que buscaban la revolución socialista, me inclino a pensar que no. En aquel entonces yo era un joven que egresaba del secundario y simpatizaba con la guerrilla, en particular con el PRT ERP y mi concepción de la situación era bastante distinta a la que tuve luego o tengo actualmente. En mi opinión, ello no invalida nada de lo que he planteado en el anterior comentario. Una cosa es criticar el ‘vanguardismo’ de tantos compañeros que sacrificaron sus vidas en pos de ideales y otra bien distinta es postular que un partido de izquierda nunca debe tomarlas. Eso es lo que dice Reato. Por el contrario, un partido revolucionario puede y debe construir un dispositivo militar, que puede plantearse diferentes tareas a según de la situación. Es obvio que no estoy hablando de un pequeño núcleo sin inserción en las masas.
    La concepción de Lenin acerca de los métodos de lucha considera viable la utilización de todos los medios, en tanto estén vinculados con el auge revolucionario de las masas y contribuyan a su organización en partido, incluso las que ‘asumen la forma de terrorismo’. Un partido revolucionario desarrollado sometido a condiciones de clandestinidad, puede formar dispositivo para ciertas tareas especiales. Tales fueron los ‘escuadrones de lucha’ del Partido Bolchevique. No creo que en los 70 las masas mostraran una tendencia consistente al autoarmamento, ni tampoco a la organización en partido revolucionario. Los trabajadores, en su mayoría seguían siendo peronistas. En retrospectiva, creo que nunca llegó a constituirse una situación pre revolucionaria. He tenido ocasión de discutir esto con varias corrientes, en general con poca o nula respuesta. Ello no significa que la ‘autodefensa’ no pueda o deba organizarse bajo ciertas circunstancias específicas. Ejemplo: Frente a la patota del PJ en 2001, a nivel local, organizamos autodefensa. La autodefensa de las movilizaciones se aplicó contra los ‘soldados de Perón’ que Duhalde sacó a la calle. Tal vez se le deba llamar de otra manera, para no confundir o sacar conclusiones militaristas. Santucho, por ejemplo, celebraba la consigna de autodefensa consagrada en el Programa de Transición de Trotski y no puede olvidarse que esta era línea de la Cuarta Internacional de Mandel y el ‘Che’ Maitán. Respecto de las corrientes que resistieron al ‘militarismo’, coincido con que, también hubo grandes errores. No por ello se las debe ningunear, pero tampoco considerarlas exponentes de ‘leninismo’ genuino. Me repugna el criterio frecuentemente agitado por vindicadores ‘acríticos’ y ‘críticos’ de la lucha armada, que hasta hoy sostienen fue por cobardes. A quienes se atrevieron a esgrimirlo en mi presencia, les he mandado a la mierda. Ello no nos exime de la necesidad de tomar distancia crítica de corrientes, como el morenismo, que primero teorizó sobre la necesidad de incorporar el método correcto (la lucha de guerrillas) al programa de Transición (corroborable en textos puestos al index por la corriente) y luego virar en redondo frente a lo que significaba ponerlo en práctica y deslizarse hacia el socialdemocratismo. Discúlpeme la extensión, pero me parece que su observación forzó una puerta abierta. El balance todavía está por hacerse y será una tarea colectiva ligada a la formación del partido que los trabajadores necesitamos.
    Gracias.

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    AP

    05/09/2011 at 16:40

  6. Ultimamente, por razones de apuro, no corrijo la redacción. Con la venia de los lectores, introduzco dos correcciones para facilitar el entendimiento. En los renglones 12 y 13 debe decir: ” y otra bien distinta es postular que un partido de izquierda nunca debe tomar las armas” En el renglón 40 debe decir” que hasta hoy sostienen que quienes no tomaron las armas, no lo hicieron por cobardes”
    Gracias.

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    AP

    05/09/2011 at 19:29

  7. Compañero Rolo. Si algo tienen de bueno sus opiniones, es que obligan al estudio y el ejercicio de la memoria colectiva. Muchas veces nos dejan pensando y eso es una gran virtud. Su apelación a la prescripción política ‘concreta’ me ha obligado a repasar un montón de cuestiones, entre ellas, las políticas ‘concretas’ de las organizaciones no armadas de los 70. Coincido en que siempre existe la posibilidad de una alternativa ‘crítica y radicalizada’ frente a todo lo que efectivamente hay. El problema reside en precisar si esta realmente existió en la Argentina de los 70 y si efectivamente estuvo representada por el PST o Política Obrera, descartando otras experiencias, que me parece son las opciones prioritarias que se barajan. Como sabemos, los balances que se han escrito hasta ahora son excesivamente ‘partidistas’ tendiendo a ensalzar lo correcto y disimular, o directamente negar lo incorrecto. Tengo el mayor de los respetos por todos los honestos compañeros que arriesgaron sus vidas por sus ideas en aquellos años, pero ello no me permite concluir que la izquierda ‘no armada’ o por lo menos algunos de sus sectores, representaran una alternativa cualitativamente superior. Rechazo el militarismo vanguardista que propició sacrificios heroicos, pero estériles, del mismo modo que rechazo el oportunismo democratizante que también tuvo funestas consecuencias. Con todo el respeto del caso, me pareció muy tonante su apelación a la política ‘concreta’. En realidad, no creo que sea posible prescribir con tanta certeza, para circunstancias que fueron producto de una época. Usted recordará de seguro el discurso de Nahuel Moreno tras la masacre de Pacheco en 1974. Dado que deduzco que muchos de los lectores del blog no están familiarizados con la política de aquellos años, reproduzco el llamamiento final:
    ”Este es el momento también de hacer un llamado en nombre del comité ejecutivo de nuestro partido. Es evidente que hay una escalada fascista en el país… ¡Hasta ahora no se ha descubierto un solo atentado contra militantes de izquierda, ni la muerte de un obrero comunista, ni las torturas, ni la muerte de montoneros ni de militantes de la JP, ni de nuestros muertos! ¡Jamás!… Esto tiene como significado para nosotros que desde el mismo gobierno se predica el fascismo: el propio gobierno alimenta esos sectores fascistas que preparan un golpe blanco. Hay un silencio cómplice del gobierno en todo esto.

    Frente a este peligro, frente a esta escalada… hoy estamos acá gritando por la unidad de acción. A nuestro partido le preocupa profundamente si esta unidad de acción es para acompañar los cortejos al cementerio o va a ser la unidad de acción en la calle para derrotar y aplastar a la bestia fascista. No queremos la unidad de acción para acompañar nuestro cortejo. ¡La queremos para aplastar al fascismo y para hacer el desfile de la victoria! Nosotros consideramos indispensable esa unidad de acción frente a los enemigos fascistas. Pero no la queremos para dentro de diez o veinte años… Las bandas fascistas han actuado hasta el momento y van a seguir actuando. No han hecho distingos entre la JP, el PC o el PST. Su objetivo es tratar de quebrar a todas las organizaciones. Ha llegado el momento de que saquemos una conclusión muy importante que nos viene de Chile, que nos viene de la experiencia mundial. ¡Al fascismo no se lo derrota por la vía de las elecciones! ¡Al fascismo no se lo derrota por la vía de los frentes! Ahí está la experiencia de Allende en Chile, ese gran frente de tipo electoral que cayó como si fuera agua entre las manos al primer impacto del fascismo. Al fascismo tampoco se lo discute. No es una tendencia política o intelectual. ¡Al fascismo, compañeros, se lo destruye en la calle, con los mismos métodos que ellos utilizan!

    Si queremos honrar a los muertos del PC, si queremos honrar a los muertos de la JP y a nuestros muertos, tenemos también nosotros que sacar nuestra reflexión. Aprendamos del fascismo en Chile, ¡aprendamos que antes de que nos maten ellos tenemos que pararlos nosotros! Por eso la dirección de nuestro partido… invita a todas las tendencias para el próximo miércoles a las 19, en nuestro local; empecemos a constituir las brigadas o piquetes antifascistas, obreros y populares, que serán la herramienta con la cual abatamos definitivamente a las bandas fascistas en nuestro país.”

    Como sabemos, Moreno era afecto a los virajes rápidos, venía de firmar el Pacto de lo 8 con Perón, en defensa de la ‘institucionalización’ y condenando la violencia de todo signo, tanto de derecha como de izquierda, ratificado luego con Isabel, y también era afecto al ‘verbalismo revolucionario’ luego traducido en una conducta práctica opuesta. También acostumbraba tirar la piedra y esconder la mano, cuando a alguien se le ocurría llevar los dichos a la práctica, pero aquí hay una apelación directa a la autodefensa obrera, emanada por un comité central y de cara a miles de compañeros reunidos,
    ¿Piensa usted que fue un llamado estéril y poco concreto? Yo no estaría tan seguro. Hay circunstancias en política donde la lógica de lo concreto no parece todopoderosa. En todo caso ¿Que impacto causó en las bases militantes? ¿Que lógica puede explicar la convivencia de estas apelaciones, no dudo que sincero producto de la herida abierta por el enemigo, con una política sindicalista y democratizante?

    Gracias por la atención, respecto de un espinoso tema.

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    AP

    07/09/2011 at 12:42

    • En primer lugar, ya he planteado en la nota que las organizaciones de izquierda radical cometieron errores en aquellos años. Entre ellos, hoy pienso que había una evaluacion equivocada de la situación política. Sobre el tema de la pretendida “auto-defensa”, pues bien, lo que planteaba Moreno en ese discurso no había forma de llevarlo a la práctica en las bases, en los lugares de trabajo. La unidad de los militantes, aun si se hubieran incluido a los militantes de la JP enfrentados a la derecha y a la burocracia sindical, y a toda la militancia de la izquierda, no podía frenar el accionar de las bandas parapoliciales. Un ejemplo: en una empresa con unos 1500 trabajadores, toda la militancia anti burocrática cabía alrededor de una mesa. ¿Quién puede pensar que con eso íbamos a parar a las fuerzas parapoliciales, respaldadas por todo el aparato del Estado y por la burocracia sindical? A partir de 1974 se empieza a instalar un clima de terror en los lugares de trabajo. Los asesinatos de opositories, de militantes estudiantiles y obreros, se hacen cotidianos y las bases no responden. Y no se trató solo de falta de llamamientos, o de que no hubiera deseos de establecer unidad entre los militantes que sufrían esa situación en las empresas o barrios. Concretamente, donde yo trabajaba, una gran empresa, hicimos entre todos (incluidos muy buenos compañeros de JTP) algunos intentos, y fracasaron. Hay que decirlo con todas las letras: nos quedamos solos. Había una conciencia de que enfrentar a la Triple A no era enfrentar a 3 loquitos fascistas, sino al Estado. Y no había fuerzas para eso. Yo no tengo la solución al problema, simplemente digo que esto es lo que sucedía. Algún día habrá que hacer un balance objetivo de esto.

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      rolandoastarita

      08/09/2011 at 09:14

    • Lenín, en su libro La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, en el capítulo IV ¿En lucha contra que enemigos en el seno del movimiento obrero ha podido crecer, fortalecerse y templarse? responde lo siguiente: “En primer lugar, y sobre todo, en lucha contra el oportunismo”. En segundo lugar, “En el extranjero se sabe todavía en forma muy insuficiente que el bolchevismo ha crecido, se ha formado y se ha templado en largos años de lucha, contra el revolucionarismo pequeñoburgués, parecido al anarquismo o que ha tomado algo de él y que se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una consecuente lucha de clase del proletariado.“(pág. 360 del Tercer Tomo de las Obras Escogidas de Lenín, Editorial Progreso, Moscú).

      En la página 361, plantea lo siguiente “Al surgir en 1903, el bolchevismo heredó la tradición de lucha implacable contra el revolucionarismo pequeñoburgués, semianarquista”… “El bolchevismo hizo suya y continuó la lucha contra el partido que más fielmente expresaba las tendencias del revolucionarismo pequeñoburgués (es decir, el partido de los ‘socialistas revolucionarios’), en tres puntos principales. En primer lugar, este partido, que rechazaba el marxismo, no quería comprender obstinadamente (tal vez fuera más justo decir que no podía comprender) la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas antes de emprender cualquier acción política. En segundo lugar, este partido veía un signo particular de su ‘revolucionarismo’ o de su ‘izquierdismo’ en el reconocimiento del terror individual, de los atentados, que nosotros los marxistas rechazábamos categóricamente. Claro es que nosotros rechazábamos el terror individual sólo por motivos de conveniencia; pero las gentes capaces de condenar ‘por principio’ el terror de la gran revolución francesa o, en general, el terror de un partido revolucionario victorioso, asediado por la burguesía de todo el mundo, esas gentes fueron ya ridiculizadas y puestas en la picota por Plejánov en 1900-1903”, cuando éste era marxista y revolucionario. En tercer lugar, ser ’izquierdista’ consistía para los ‘socialistas’ revolucionarios en reírse de los pecados oportunistas, relativamente leves, de la socialdemocracia alemana, al mismo tiempo que imitaban a los ultraoportunistas de ese mismo partido en cuestiones como la agraria o la dictadura del proletariado. (pág. 361).

      En Argentina desde los años 1974 a 1976, según mi parecer, la hegemonía política de la izquierda estaba determinada por el accionar armado de Montoneros y el ERP. Accionar profundamente equivocado, que no tenía en cuenta en absoluto y con “estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas antes de emprender cualquier acción política”. Este accionar produjo una represión feroz, criminal, por parte de los organismos represivos del Estado y de sus “organismos “paraestatales”, tales como las 3A, y los Comandos libertadores. Es el caso del Departamento de Informaciones de Córdoba, el famoso D2. Esta represión logró desorganizar, liquidar, la mayoría de las luchas obreras y populares de esa época, secuestrando, torturando, asesinando y desapareciendo a sus principales dirigentes. Allí están como ejemplo las muertes de Atilio López y René Salamanca.

      Esta caracterización es política, y en nada desmerece la entrega y el heroísmo individual de los que militaron en los Montos, el ERP y otras organizaciones armadas. Lo digo, además, porque conocí y milité en Córdoba con muchos amigos y compañeros que se incorporaron a la lucha armada.

      Creo que este es el balance fundamental que hay que hacer, para evitar en el presente y en el futuro que estos errores se vuelvan a cometer.

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      ladudametodica

      11/09/2011 at 15:49

  8. Hola

    Concuerdo con el contenido del artículo, y con el eje de defender a Lenin de las acusaciones de blanquismo. Sólo que el señor Reato ese se equivoca también en el complemento dialéctico de su crítica. Cuando dice …

    > No había que esperar, como decía Marx, que el capitalismo se desarrollara
    > hasta desembocar casi naturalmente en el comunismo;

    Idea que empezó a desarrollar Bernstein, luego retomó Kautsky, y que Lenin demolió genialmente en “la revolución proletaria y el renegado Kautsky”, y si no recuerdo mal en “el estado y la revolución”. Hay muchísima gente que cree que ser “marxista” es suficientemente seguro y socialmente aceptable. No hay mejor antídoto que Lenin.

    Saludos.
    P.

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    Pescau Lineafina

    08/09/2011 at 19:40

  9. hola rolando , muy buen articulo, queria saber donde puedo conseguir el libr0o de marcel liebman , desde ya muchas gracias.

    saludos revolucionarios

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    rodrigo

    12/09/2011 at 18:44

  10. Rolando, conoces el libro de Horowicz “Los cuatro peronismos”?

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    Rodas

    17/11/2016 at 06:15


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