Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Dialéctica y dinero en Marx (2)

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El dinero en sus funciones

I Medida de valor, momento de la identidad

Tenemos entonces el primer escalón en el concepto del dinero: es el valor que ha alcanzado una existencia autónoma, es encarnación del valor. Es un resultado, o sea, tiene la mediación en su pasado, pero en este punto se convierte en un nuevo inmediato. Y este inmediato volverá a desplegarse a partir de este punto alcanzado, que es el primer momento, la primera función del dinero, medida de valores. Es una función que enlaza directamente con su concepto, que se explica por él, y debe estar en primer lugar porque es la condición sine qua non para la existencia de la mercancía. Por este motivo esta función ya está presentada en la explicación de la forma del valor. La explicación del capítulo 3 de El Capital de la función del dinero como medida de valor es una profundización de ésta: “La primera función del oro consiste en proporcionar al mundo de las mercancías el material para la expresión de su valor, o bien en representar los valores mercantiles como magnitudes de igual denominación, cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables. (…) En cuanto medida de valor, el dinero es la forma de manifestación necesaria de la medida del valor inmanente de las mercancías: el tiempo de trabajo” (Marx, 1999, p. 115).

No se trata de un simple numerario, sino de una mercancía particular que se ha constituido en la expresión general del valor, y lo ha fijado, cristalizado. Ha pasado a encarnar valor, y las mercancías “…sin que intervengan en el proceso, encuentran ya pronta su propia figura de valor como cuerpo de una mercancía existente al margen de ellas y al lado de ellas” (Marx, 1999, p. 113).

Hemos explicado en otro trabajo cómo en la actualidad esta encarnación del valor a través del billete mantiene una relación simbólica compleja con el oro (relación que ya se encontraba en época en que Marx escribía), pero lo importante ahora es enfatizar que es ésta función del dinero –precisamente la que la economía neoclásica relega a segundo plano- la que fundamenta el resto de las funciones. Sólo si el dinero es encarnación de valor, y por lo tanto expresión de valor, puede cumplir las otras funciones. “El precio es el valor de cambio de las mercancías expresado en un único equivalente. Por lo tanto en este primer momento  el dinero “sirve como dinero puramente figurado o ideal” (Marx, 1999, p. 117). No hace falta que el poseedor de la mercancía posea efectivamente el dinero para ponerle el precio. “Su determinación [de las mercancías] de precio es su transformación sólo ideal en el equivalente general, una equiparación con el oro que aun queda por realizar” (Marx, 1980. p. 53).

Se trata de una instancia preparatoria para la verdadera circulación, ya que en sus precios las mercancías sólo se han transformado idealmente en dinero, o se han transformado en dinero puramente imaginario (ídem). Por eso la transformación debe aún efectivizarse; en este primer momento todavía es “en sí”; debe desplegarse, salir de sí misma, y esto sucederá en la circulación. “En sí” alude a lo que está implícito, latente, y a su vez encierra posibilidades; significa que está latente el impulso al cambio, por un lado, y a su vez la posibilidad o no de que éste se concrete, de que en el mercado se valide el tiempo de trabajo privado contenido en la mercancía. Por eso dice Marx que en la existencia del valor de cambio como precio “está latentemente implícita la necesidad de la enajenación de la mercancía a cambio de oro contante y sonante, la posibilidad de su no enajenación, en suma, toda la contradicción que surge del hecho que el producto es mercancía…” (Marx, 1980, p. 55).

De esta manera este momento del valor de cambio encierra en sí mismo el pasaje al siguiente momento, al reino de la circulación, a la función del dinero como medio de cambio. De nuevo vemos un pasaje que no es forzado, no es agregado externamente. Por el contrario, somos llevados a él por la misma dialéctica del proceso, porque ese momento superior está contenido en el primero. La secuencia de los momentos lógicos no tiene nada de arbitrario; es un hecho real y elemental (aunque desconocido para la literatura económica ortodoxa) que a las mercancías, antes de concurrir al mercado, hay que ponerles un precio. Los momentos dialécticos por esto mismo están expresando estructuras lógicas de la realidad. En otros términos, la teoría de Marx establece el valor del dinero a partir de una relación social definida, de manera que la función de circulación se estudiará bajo el supuesto de que el valor-del dinero y de las mercancías- está conceptualmente definido. En ese sentido la circulación será el ámbito de la validación, pero no de “generación” del precio (= valor en la teoría neoclásica y keynesiana) y menos aún de generación del “valor del dinero”(como sostiene la teoría cuantitativa). El dinero tiene valor y las mercancías llegan al mercado con un precio tentativo. De manera que no se sostiene la idea, absurda pero ampliamente extendida, de que el precio de las mercancías surge de la confrontación entre la masa de dinero en circulación y la masa de mercancías.

Como ya hemos señalado, desde el punto de vista del desarrollo dialéctico estamos entonces en el momento de la identidad, de la unidad, ya que en sus precios las mercancías expresan sus valores a través de una forma unitaria y universal. Es la determinación del dinero como unidad. “La determinación principal del precio [es]… la unidad” (Marx, 1989, p. 142). “El valor de cambio de las mercancías, así expresado como equivalencia general… en una única equiparación de las mercancías con una mercancía específica, es el precio” (Marx, 1980, p. 51). Y aunque el dinero en esta función sólo es necesario como unidad imaginaria, por otra parte su existencia material es esencial porque proporciona la base para esa unificación en la expresión de los valores de cambio, en tanto existe como un cierto cuanto de dinero.

Naturalmente, este aspecto de la unidad no se pierde cuando los billetes de curso forzoso pasan a fungir como signos de valor, exista o no convertibilidad legal al oro. La referencia unitaria al dinero en su existencia real se mantiene; esto es, los billetes no tienen valor como “reflejo” del valor de las mercancías (como piensa la escuela moderna de la regulación); por el contrario, constituyen signos de valor por su referencia al oro. O, en sentido más moderno, a las monedas que actúan como dinero mundial; que a su vez nunca rompen totalmente su referencia última al oro. Un hecho que no depende, insistimos en ello, de las disposiciones legales, sino de la ley económica que constituye al dinero: “Si el papel recibe su denominación del oro y de la plata, la convertibilidad del billete, es decir, la posibilidad de cambiarlo por oro o plata sigue siendo la ley económica, diga lo que diga la ley jurídica. Así, un tálero prusiano de papel, a pesar de ser legalmente inconvertible, sería depreciado de inmediato si en el tráfico habitual valiese menos que un tálero de plata, es decir, si no fuese prácticamente convertible” (Marx, 1980, p. 69).

Observemos también que en este momento el dinero pretende ser autónomo, es lo simple indiferenciado. En cuanto encarnación de valor –sea en el oro o en el billete que es signo de valor- aparece como un inmediato que pasa al segundo momento, el de la diferencia, la pérdida de identidad.

II Medio de circulación, momento de la diferencia

La segunda función del dinero es ser medio de circulación; ahora es puro medio: “En esta determinación de puro medio de circulación, la determinación del propio dinero consiste sólo en esta circulación que él efectiviza en tanto su cantidad está predeterminada” (Marx, 1989, t. 1, p. 144). El dinero, que en esta función debe existir realmente, se despliega. Estamos en el momento de la diferencia en primer lugar porque vuelve a aparecer la diferencia entre el valor de uso y el valor, pero esta vez en la forma de la oposición entre mercancía y dinero. Efectivamente, la circulación “… suscita un desdoblamiento de la mercancía en mercancía y dinero, una antítesis externa en la que aquélla representa su antítesis inmanente de valor de uso y valor. En esa antítesis las mercancías se contraponen como valores de uso al dinero como valor de cambio” (Marx, 1999, p. 128).

El momento de la diferencia también se manifiesta en que el “organismo social de producción”, que implica “un sistema de dependencia multilateral”, se estructura como un sistema de productores privados independientes, de miembros dispersos, de manera que el proceso de producción y las relaciones entre los productores se convierten en independientes de ellos mismos (Marx, 1999, p. 131). A su vez, lo que en el intercambio directo de productos era un acto único se desdobla ahora en compra y venta; el productor también se diferencia porque se enfrenta como vendedor a un comprador, y como comprador a un vendedor. Y es a partir de esta diferenciación que se desarrolla “… toda una serie de vinculaciones sociales de índole natural, no sujetas al control de las personas actuantes” (Marx, 1999, p. 137). Por eso Marx sostiene que la circulación “… escinde, en la antítesis de venta y compra, la identidad directa existente aquí entre enajenar el producto del trabajo propio y adquirir el producto del trabajo ajeno” (ídem, p. 138; énfasis añadido):

Pero esta autonomización nunca es completa, porque el momento de la identidad no se pierde; si la autonomización de la venta y compra se prolonga más allá de cierto punto, esto es, si a las ventas no le siguen compras, “la unidad interna se abre paso violentamente, se impone por medio de una crisis” (ídem). Sin embargo en esta etapa del análisis prevalece la diferencia, la escisión, que adquiere toda su expresión en el hecho que en la venta se produce el “salto mortal de la mercancía”. Es el que encierra la posibilidad de la crisis –o sea, de la prolongación de la ruptura- y también del desarrollo de las formas aparenciales. La diferencia también se evidencia en que se produce un “constante alejamiento del dinero de su punto de partida”, ya que en el curso de la circulación el dinero siempre se está escapando de las manos de su poseedor originario. En este sentido es currency o, como se diría en términos modernos, es flujo. Es este movimiento el que genera la ilusión de que es el dinero el que mueve las mercancías; lo que se manifiesta, incluso modernamente, en las más extravagantes explicaciones sobre las crisis. Pero en realidad es el movimiento de las mercancías el que está en el origen del movimiento del dinero. “… aunque el movimiento del dinero no sea más que una expresión de la circulación de mercancías, ésta se presenta, a la inversa, como mero resultado del movimiento dinerario” (Marx, 1999, p. 141).

Esta dialéctica de unidad-diferencia se manifiesta también en la determinación de la cantidad de dinero que circula, ya que son los cambios en el valor del dinero, o sea, los cambios que se relacionan con su función de medida de valor (con el momento de la identidad) los que determinan variaciones en la masa de medios de circulación. Aunque para el pensamiento vulgar la relación está invertida, ya que la masa de medios de circulación se le aparece como la determinante del valor. Y esta dialéctica se expresa, por supuesto, en la velocidad del dinero. Es que en la velocidad del dinero se manifiesta “la unidad fluida” de la compra y la venta, así como también en su reducción “… se pone de manifiesto el hecho de que esos procesos se disocian, se vuelven autónomos y antagónicos, el hecho del estancamiento del cambio de formas y, por consiguiente, del metabolismo” (Marx, 1999, p. 147; énfasis añadido).

La diferenciación afecta al dinero mismo, transformándolo en currency, en mera presencia evanescente, al punto que puede ser reemplazado por signos. En este respecto el primer paso ocurre cuando el contenido áureo no coincide con la apariencia áurea. Paulatinamente la diferencia profundiza de manera que la moneda se convierte en un símbolo de su contenido oficial (Marx, 1999, p. 153). Y surge así la posibilidad de sustituir el dinero metálico por símbolos, por representantes: “El hecho que el propio curso del dinero disocie del contenido real de la moneda su contenido nominal, de su existencia metálica su existencia funcional, implica la posibilidad latente de sustituir el dinero metálico, en su función monetaria, por tarjas de otro material, o símbolos” (Marx, 1999, p. 153; énfasis añadido).

De nuevo aparece la escisión. “La existencia monetaria del oro se escinde totalmente de su sustancia de valor” (ídem, p. 154; énfasis añadido). Ahora tenemos signos monetarios, billetes de papel de curso forzoso que se relacionan al oro. Los billetes a su vez tendrán sus correspondientes “uniformes nacionales”. Estos billetes de papel son entonces formas particulares que adquiere el dinero, referenciados a Estados particulares. El dinero adquiere “una existencia funcional” que “absorbe su existencia material” (ídem, p. 157); funciona como “signo de sí mismo y por lo tanto también puede ser sustituido por signos” (ídem, 157-8). La identidad se ha perdido, y será necesaria la vuelta a la unidad. Por eso también el verdadero fundamento del medio de circulación estará en esta “vuelta” hacia la identidad, que constituirá el tercer momento del proceso. Es que no existe posibilidad de que el dinero permanezca de manera completamente autónoma en este segundo momento de la diferencia, como presencia evanescente, como mero flujo (ver infra). Entre otras razones porque la función del dinero como medio de circulación dará lugar a la función (propia del tercer momento) del dinero como medio de pago. De esta manera la teoría de Marx pondrá al desnudo la unilateralidad de los poskeynesianos que consideran al dinero sólo como flujo. El estado de flujo expresa un momento; pero no puede permanecer en él en tanto la encarnación del valor exige “reposo”, aquietamiento del devenir.

La función del dinero como medio de pago a su vez dará lugar a la creación de nuevos medios de circulación, los créditos que se monetizan. En este punto se presenta un problema, porque la lógica de la exposición exige que los créditos monetizados sean explicados en el punto en que se trata la función del dinero como medio de pago. Precisamente ésta constituye una diferencia fundamental con la teoría cuantitativa que no diferencia las lógicas distintas que rigen la circulación del billete de curso forzoso y la circulación de los instrumentos crediticios. Pero por otra parte estos instrumentos de crédito que se monetizan suman a la masa de medios de circulación, y por lo tanto deben ser tenidos en cuenta como otra determinación de la circulación.

Estos medios de circulación cuya génesis se encuentra en la función del dinero como medio de pago, contribuyen a acentuar el carácter de “variedad”, a poner de relieve la cantidad de formas particulares que el dinero, el equivalente universal, puede adquirir en la circulación, en el momento del “estar en lo otro”, de la diferencia. En este momento de la diferencia todo parece dinero: billetes de curso forzoso, cheques, letras de cambio, pagarés, sobregiro bancario, tarjetas de débito y crédito. Pero esta ilusión no podrá mantenerse.

III La función del dinero como dinero, momento de la unidad concreta

En la segunda función parece que la identidad del dinero se ha perdido. El dinero es muchos particulares que circulan. El pensamiento común proclama entonces que “todo” (dinero plástico, billetes, cheques) es dinero. Pero el momento de lo particular a su vez es superado; el dinero “vuelve a sí mismo”, se convierte en una unidad que es la unidad de la unidad y la diferencia. Esto sucede en la última función del dinero que, extrañamente para un capítulo dedicado al dinero y sus funciones, Marx titula “dinero”, y se divide en tres determinaciones funcionales: medio de atesoramiento, medio de pago y dinero mundial. Sin embargo el título de esta función –“dinero”-  no parecerá extraño si lo concebimos señalando el momento en que el dinero se ha recobrado a sí mismo, ha vuelto a la identidad. Se trata del dinero efectivo porque es dinero real el que tiene que estar presente para cumplir la función de medio de atesoramiento, de medio de pago o dinero mundial. En lenguaje de Hegel, estamos en el singular, en la unidad absolutamente autodeterminada, que subsume como momentos superados el universal y el particular. En su función de medida de valores este dinero “contante y sonante” ya estaba contenido, “en forma latente en la medida imaginaria de los valores” (Marx, 1980, p. 137). Como vimos, en su función de medio de circulación su existencia es evanescente, y la función absorbe su existencia real. Ahora, en este tercer momento, es necesaria su presencia “líquida” porque se trata de la encarnación de la riqueza general, pero “en cuanto individuo” (Marx, 1980, p. 113). Es el singular, la unidad absolutamente autodeterminada que es la base, la sustentación que contiene al universal y al particular, al género y la diferencia (Hegel, 1999, § 164). Es el mediador del intercambio que ha sido mediado por los movimientos anteriores. “En su forma de mediador de la circulación sufrió toda suerte de iniquidades, fue recortado y hasta rebajado al nivel de colgajo de papel meramente simbólico. En su condición de dinero se le restituye su esplendor dorado. Se convierte de esclavo en señor” (Marx, 1980, pp. 113-4).

En este punto es preciso aclarar que Marx se refiere al oro como la encarnación plena del valor en su forma corpórea. Lo cual no impide que las funciones de “dinero” sean cumplidas también por signos valor que, de todas maneras, tienen su referencia última en el oro. Tal es el caso del dólar o el euro en el mercado mundial, o en tanto son medios de atesoramiento; el “precio” del oro no es otra cosa que el valor de estos signos de valor, valor que se establece en los hechos en la cotización diaria del oro. Cotización que, no es casualidad, ocurre cotidianamente, todavía hoy, en los mercados monetarios mundiales. Este sentido del oro en cuanto “existencia material de la riqueza abstracta” se refleja en la idea que domina el atesoramiento áureo de los principales bancos centrales: “en última instancia el oro es el único activo que no es pasivo de ningún gobierno”. Es en esta identidad, en “su carácter metálico puro” que el oro “contiene, oculta, toda la riqueza material desplegada en el mundo de las mercancías” (Marx, 1980, p. 113).

Esta vuelta a la identidad, a su vez, también se produce sin agregar nada desde afuera, sino simplemente por la misma dialéctica del proceso. Recordemos que el momento de “lo otro” no había suprimido la identidad que nos daba el universal, la representación autónoma del valor que constituye el equivalente general. La identidad estaba implícita y presupuesta siempre, como hemos señalado. Sin embargo en la función del dinero como medio de circulación el universal desaparecía “comido” por los particulares, al punto de ser flujo en constante desaparición. Aunque esta evanescencia está determinada por la identidad, por el hecho que el dinero es encarnación de valor, tiene existencia autónoma e independiente frente a las mercancías. Se trata de una contradicción entre la unidad y la diferencia, entre el carácter de encarnación de valor y el carácter evanescente del dinero. En el estado de circulación esa encarnación de valor se había perdido, al punto que cualquier cosa parecía poder suplantar al dinero (plásticos, promesas de pago, pasivos que se aceptan como circulantes). Pero la contradicción entre el carácter moviente (circulación) y la encarnación del valor representada en el dinero da la posibilidad de que el dinero se atesore, se petrifique, se inmovilice, pase de flujo a stock, aunque ya no como mera encarnación ideal del valor, sino encarnación material, “crisálida áurea” (Marx, 1999, p.159). Y sólo una forma singular –o sus representantes indubitables- pueden ser esta encarnación material. Por eso para el atesoramiento las formas particulares de dinero que parecían ser buenas para la circulación, ya no sirven (¿quién atesora tarjetas de crédito, cheques post-datados, tarjetas de débito?). A su vez esto está indicando que en esta determinación el dinero deja de ser medio y pasa a ser fin.

En lo que respecta al dinero en su función de medio de pago, a la hora del settlement es necesario de nuevo que exista dinero “cantante y sonante”, líquido. Es que en tanto los pagos se compensen, el dinero parece funcionar simplemente como medida de valor, y “cualquier cosa” sirve como medio de circulación. De ahí la inflación de la masa monetaria, que el teórico cuantitativo toma como dinero “pleno”. Pero al momento de cancelar no hay posibilidad de sustitutos porque es necesario el aquietamiento, la fijación del valor, volver a la encarnación y a la identidad: “… la función del dinero como medio de pago implica la contradicción de que, por una parte, en la medida en que se compensan los pagos, sólo obra idealmente como medida, mientras que por la otra, en tanto el pago deba efectuarse realmente, entra en la circulación no como medio de circulación evanescente, sino como existenciaen reposo del equivalente general, como la mercancía absoluta, en una palabra, como dinero. Por eso, cuando se han desarrollado la cadena de pagos y un sistema artificial de compensación de los mismos, en caso de conmociones que interrumpen violentamente el flujo de los pagos y perturban el mecanismo de su compensación, el dinero se transforma súbitamente de su imagen nebulosa y quimérica como medida de valores, en dinero contante o sonante, o medio de  pago” (Marx, 1980, p. 136; énfasis agregado). La contradicción entre la identidad y la diferencia se manifiesta aquí en todo en toda su fuerza. Se pasa de golpe del dinero como medida ideal al dinero efectivo. “… el dinero reaparece súbitamente, no como mediador de la circulación, sino como única riqueza, exactamente del mismo modo como la concibe el atesorador” (ídem).

Así por ejemplo en el movimiento de cheques se aceptan las transferencias de depósitos, que son en última instancia pasivos de los bancos. Pero se aceptan en tanto existe confianza en que en cualquier momento ese pasivo se puede convertir en dinero efectivo, en cash. Por eso cuando cunde la desconfianza en que el banco pueda devolver los depósitos lo único que cuenta para el depositante es el dinero singularizado en billetes tangibles, reales, con existencia real. Es el singular que es el universal. En lenguaje de Hegel, es la individualidad que es “universalidad determinada” (Hegel, 1968, p. 546), porque ha sido mediada por la negación, por el momento de su particularización. Por eso mismo no es la universalidad vacía, sino plena de contenido. El dinero, eluniversal, que salda una deuda sólo puede existir como un singular –es este monto determinado- a través de algún particular –dólar, euro, oro- existiendo como encarnación del valor, siendo por lo tanto equivalente general. Se ve entonces la importancia de distinguir la función de medio de circulación y medio de pago.

Dejamos señalado que lo mismo sucede en lo que respecta al dinero mundial. Los equivalentes nacionales sólo adquieren su legitimidad plena en tanto se relacionan a billetes que encarnan valor mundial, como dólar o euro. Y éstos encuentran una referencia última en el oro. En síntesis, en esta función del dinero como dinero hace falta una figura única del valor.

Conclusión: el dinero como totalidad concreta

A partir de lo expuesto se puede entender el dinero como una totalidad, una estructura, con formas particulares y con jerarquías. El desarrollo de la contradicción mercantil lleva al surgimiento del dinero, y éste no puede permanecer como un mero objeto indiferenciado, sino tiene auto-movimiento y desarrollo. Nada es agregado desde afuera para derivar su génesis y su naturaleza. Entender qué es dinero es entender este proceso de conjunto, esta totalidad, y la manera cómo, en un estadio superior del análisis aparece a su vez subsumida en la totalidad del movimiento del capital. Y entender cómo cada una de las funciones del dinero, que por lo general se toman de manera unilateral para intentar “definir” qué es dinero, media sobre las otras, a la vez que es mediada por ellas.

Así el dinero en su carácter más universal es encarnación de valor; pero esto a su vez presupone el intercambio, más precisamente que la mercancía y el oro sean “equiparados recíprocamente como valores de cambio mediante el trueque directo” (Marx, 1980, p. 51). La función de circulación a su vez presupone la función de medida de valor, ya que las mercancías no pueden llegar al mercado sin precio. “Para manifestarse en la circulación en calidad de precios, se presupone a las mercancías de la circulación como valores de cambio” (ídem). Por otra parte la función de dinero en cuanto dinero presupone las otras dos, y media activamente a éstas. El atesoramiento media la cantidad de medios de circulación, ya que oficia como regulador de los canales de circulación. Pero el atesoramiento a su vez es un derivado de la circulación. Por otra parte la circulación de medios crediticios tiene su origen en el dinero como medio de pago; pero los medios de circulación de conjunto sólo son posibles en tanto el dinero funcione como medio de pago. Y a su vez las formas particulares que asume el dinero en la circulación existen en su referencia al dinero mundial. Ninguna de éstas funciones, a su vez, puede concretarse si el dinero no es medida de valor. Esta mediación mutua de los momentos nos define entonces lo que constituye una totalidad compleja.

De manera que sólo desde la perspectiva de esta totalidad concreta, auto-moviente es posible entender los modernos sistemas monetarios. En este respecto se produce entonces una curiosa paradoja. En tanto la teoría keynesiana y neoclásica tiene cada vez más problemas para definir qué es dinero –en la medida en que distintos agregados monetarios cumplen las funciones de medios de transacción parciales-, el mundo académico menosprecia la teoría monetaria de Marx por considerarla “anticuada”, “pasada de moda”. Pero es la teoría monetaria de Marx, sustentada en el método dialéctico la única que puede dar cuenta de las articulaciones cada vez más complejas de esa totalidad que constituyen los sistemas monetarios nacionales; y de su articulación con el dinero mundial. Sólo de esta forma pueden superarse las contradicciones en que incurre el entendimiento cuando busca precisar qué es un fenómeno en base a aplicarle categorías “desde afuera”. Así, formas sociales particulares que pueden asumir la función de medios de circulación, deben ubicarse en el marco de esta totalidad. El entendimiento responde por un “sí” o “no”, o “un casi”, sin dar razón teórica de por qué ésta o aquélla respuesta. El pensamiento dialéctico dice que estas formas sólo cumplen una función del dinero, y como tales no son dinero en la medida en que no son encarnación última del valor, medida de valores, medios de atesoramiento, de pago o dinero mundial. La aporía en que cae el entendimiento entonces se disuelve porque cada una de las determinaciones del dinero enlaza orgánicamente con las otras, y de conjunto constituyen un todo articulado. Los poskeynesianos y keynesianos discuten interminablemente si el dinero es endógeno (pura creación bancaria, flujo) o exógeno (activo suministrado por el Banco Central), y si es flujo o stock. La concepción dialéctica responde que éstas son falsas dicotomías, porque el dinero es creación bancaria, en tanto funciona como medio de circulación, y es  activo con presencia física y singular, dado que sólo de esta forma puede ser medio último de atesoramiento, de pago o medida de valor. Por eso no puede existir dinero completamente virtual, como piensan algunas corrientes neoclásicas modernas, a partir de las tecnologías informáticas y computacionales. Es que las diversas funciones del dinero sólo pueden ser cumplidas, en su totalidad, por la base monetaria, y por lo tanto sólo ésta es dinero propiamente; y esta base, a su vez, siempre remite a respaldos signos de valor, y estos signos, en última instancia, no pueden cortar definitivamente su lazo con el dinero mercancía. Pero por otra parte el dinero en sentido propio no puede existir sin desdoblarse, sin “perderse” en muchos particulares que constantemente se generan y regeneran en el proceso de circulación, y lo hacen en escala creciente en la medida en que crece el intercambio mercantil y se extiende la ley del valor. Sólo desde esta dialéctica de la unidad y la diferencia se podrá entonces captar este proceso como un todo. A su vez es a partir de esta unidad concreta, de esta síntesis lograda, que se abordará el siguiente despliegue en la dialéctica del capital, del valor que se valoriza. Un despliegue que ya está implícito en la última función alcanzada por el dinero, donde ha pasado a ser fin del proceso, no mediador. Este nuevo despliegue tendrá ahora como punto de partida el dinero (un nuevo inmediato), encarnación del valor, que se desplegará en sus opuestos –medios de producción, fuerza de trabajo- para volver a sí mismo como unidad mediada, valorizada, recobrada. Entonces la valorización del dinero arrojado a la circulación será el motor de la nueva estructura. Lo cual dará lugar al dinero en tanto “mercancía” que funciona como capital, y a su “precio”, la tasa de interés. Sólo a través de este movimiento incesante de las formas se podrá llegar al concepto pleno de qué es dinero.

Bibliografía
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Fabozzi, F. J.; F. Modigliani y M. G. Ferri (1996): Mercados e instituciones financieras, México, Prentice Hall.
Friedman, M. (1974): “A theoretical framework for monetary analysis”, en Milton Friedman’s Monetary Framework. A Debate with his criticis, R. J. Gordon (ed.), pp. 1-62, University of Chicago Press.
Hicks, J. R. (1967): Critical Essays in Monetary Theory, Oxford University Press.
Hegel, G. W. F. (1968): Ciencia de la Lógica, Buenos Aires Solar-Hachette.
Hegel, G. W. F. (1999): Enciclopedia de las ciencias filosóficas, Madrid, Alianza.
Marx, K. (1980): Contribución a la crítica de la economía política, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, t. 1 México, Siglo XXI.
Marx, K. (1999): El Capital Madrid, Siglo XXI.
Smith, T. (1990): The Logic of Marx’s Capital. Replies to Hegelian Criticisms, Nueva York, State University of New York .
Wicksell, K. (1962): Lectures on Political Economy, vol. II Londres Routledge & Kegan Paul.


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Dialéctica y dinero en Marx (2)

21 comentarios

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  1. Pienso que el dinero puramente virtual es perfectamente posible y de hecho ya existe para un gran porcentaje de las transacciones y atesoramientos, sólo es necesaria seguridad legal y electrónica para el propietario, siendo su principal obstáculo que podría dificultar mucho las transacciones ilegales, que son una parte importante de la economía capitalista real.

    La razón es que el dinero no es algo material sino esencialmente virtual: una conceptualización del valor, del valor de cambio para ser preciso. Marx después de todo escribió en la época del patrón oro y por muy genial que sea, fue un ser humano como tú o yo, no un profeta de inspiración divina y palabra inequívoca y eterna.

    El gran descubrimiento de Marx (o uno de ellos) no es la materialidad del dinero sino del valor de uso. Sin embargo, al no ser cuantificable, Marx se ve obligado a usar valor de cambio (aproximado en dinero) en sus ecuaciones. Pero esto es una limitación, no un logro.

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    Maju

    28/01/2012 at 07:10

    • Dos cuestiones: a) Según la teoría de Marx el dinero no es virtual; las razones de por qué es así están en la nota, y de manera más extensa en los tres primeros capítulos de El Capital. Tampoco se puede decir que el principal descubrimiento de Marx haya sido el valor de uso (el propio Marx no lo veía así; como tampoco conozco a algún marxista que haya afirmado semejante cosa).
      b) Es un hecho que el dinero en la actualidad no es completamente virtual. Esto lo saben los funcionarios de los bancos centrales, por supuesto. Mecanismos de settlement entre bancos centrales como el “continued linked settlement” para las transacciones cambiarias no se pueden explicar de otra manera.

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      rolandoastarita

      28/01/2012 at 11:10

    • Me vas a acabar por convencer de que Marx era un idealista en vez de un materialista, sobre todo si efectivamente pretende transformar algo meramente convencional como es el dinero, en real. Y al final voy a tener que renunciar a Marx.

      Pero yo creo que tú mismo citas las referencias de la virtualidad del dinero:

      “funciona como “signo de sí mismo y por lo tanto también puede ser sustituido por signos” (ídem, 157-8)”

      En realidad nunca fue otra cosa que signo, camuflado de mercancía (oro) por razones pedagógicas: la gente pre-Capitalista no estaba a menudo preparada para aceptar el dinero puro (excepto parece ser en China, que sería un caso interesante a estudiar). Otra excepción eran los mercaderes medievales, que están en la raíz del capitalismo y que fueron despojando al dinero de su innecesaria apariencia material y convirtiéndolo en deuda pura (letra de cambio, origen paralelo del papel moneda: antiguamente los billetes leían “el banco de nosedonde pagará al portador…”).

      Es de cajón (para nosotros al menos que hemos nacido en un tiempo en el que el patrón oro mismo fue abolido y que hemos vivido la informatización de la sociedad, comprendiendo seguramente mejor hasta que punto lo virtual puede parecer real, incluso ser hasta cierto punto real, cf. economía de Second Life y cosas así) que el dinero no es más que una convención y por tanto una idea, que se use un soporte material, hoy día papel moneda o anotaciones contables (electrónicas o clásicas) es por la misma razón que un proceso virtual necesita de ‘hardware’ como soporte, ya sea informático o pensamiento humano (no hay pensamiento sin cuerpo ni cerebro pero eso no hace a las ideas objetos).

      Yo creo que te lías en este párrafo:

      “La referencia unitaria al dinero en su existencia real se mantiene; esto es, los billetes no tienen valor como “reflejo” del valor de las mercancías (como piensa la escuela moderna de la regulación); por el contrario, constituyen signos de valor por su referencia al oro”.

      Pero acaso el oro no tiene un valor virtual por razón de su valor (convencional) de cambio? Tradicionalmente al menos el oro no tenía valor de uso (otro que el de lujo y exhibición) y su valor de cambio era desproporcionado no sólo a su valor de uso no monetario sino a sus costes de producción también. El 99% del valor del oro es derivado de la creencia generalizada de que podrá ser cambiado por mercancías valiosas, valiosas por su valor de uso (o a veces también de cambio pero no en última instancia).

      Por tanto, en qué se diferencia esta mercancía oro, cuyo valor es sólo derivado de su expectativa de valor mercantil y no intrínseco, del papel moneda o de la tarjeta de débito? La respuesta es: en nada. Sólo que inicialmente, en ausencia de un estado fuerte, capaz de forzar la aceptación de una moneda puramente virtual como el papel moneda (y aquí entendemos la excepción china, dónde el estado consolidado sí fue capaz de emitir papel moneda en condiciones pre-capitalistas), el oro y otros materiales de similares características (raros, durables, discutiblemente bellos) resultaban más fáciles de monetizar.

      “Este sentido del oro en cuanto “existencia material de la riqueza abstracta” se refleja en la idea que domina el atesoramiento áureo de los principales bancos centrales: “en última instancia el oro es el único activo que no es pasivo de ningún gobierno””.

      Es cierto pero, si esto es todo, es un debate sobre como sobrevivir al “apocalipsis” por decirlo así: unos optan por acumular oro, otros prefieren montarse refugios nucleares con armamento pesado y otros prefieren ignorar un problema potencial que claramente supera toda previsión. Es posible que almacenar armas sea más eficaz, ya que son las armas las que pueden arrebatar o defender el oro o cualquier otro elemento de valor que se considere apropiado (tierras, agua…)

      Aún así las armas tienen que ser operadas por alguien, lo que requiere de algo más que armas o oro: requiere de una ideología capaz de movilizar esos soldados. Bien sea la ideología del oro… o cualquier otra, siempre y cuando cumpla la función de organizar a la gente. .

      No es impensable que el sistema de estados capitalistas quiebre pero eso colapsaría el Capitalismo mismo. No es pensable que el Capitalismo pueda existir sin sus estados de clase. Desde luego necesita de algo más que oro: necesita de fe en el oro. O fe en otra cosa cualquiera… como el papel moneda o la tarjeta de débito.

      Es esta fe, tan distinta de lo que nos motiva a querer un bocadillo o un alojamiento o incluso un capricho como puede ser un ron o un bombón, lo que define al dinero como algo virtual, necesitado, como en los juegos de ordenador o las buenas historias, de una suspensión del escepticismo (suspension of disbelief) – porque el dinero, ni el oro tampoco, no se come.

      Yo soy muy escéptico del valor del dinero (incluido el oro, que para mí no es diferente) y en general soy escéptico del valor de la propiedad: todo ello necesita de el apoyo y enforzamiento por parte del estado. Mao era el que decía que el poder estaba en el cañón de un fusil, no? Pues tenía toda la razón en eso: es la fuerza real la que puede hacer que todos esos títulos virtuales (dinero, propiedad no poseyente) cobren cierta materialidad. Por su parte estas ideas formales (dinero, leyes, títulos de propiedad, ideología de la propiedad y el mercado que llamamos Capitalismo) dan consistencia a la fuerza bruta de la que emanan y que les defiende, porque el poder desnudo (violencia pura) no es estable ni muy eficiente, luego hay que hacer que la gente se crea una historia, un mito justificador, y en nuestro caso, en el caso del Capitalismo, ese mito es el dinero y la propiedad.

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      Maju

      28/01/2012 at 13:18

    • Al margen de lo que yo piense, es una realidad que Marx criticó la tesis de que el dinero es mero signo; también la idea de que el valor del oro es “convencional”. Remito de nuevo a los 3 primeros capítulos de El Capital. Las razones por las cuales estoy de acuerdo con esta posición de Marx las he explicado en esta nota, y en otras en el blog (por ejemplo, acerca del rol actual del oro; en la crítica a la teoría cuantitativa, etc.).

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      rolandoastarita

      28/01/2012 at 19:48

    • Yo me pregunto: tengo que aceptar esa idea, con la que no estoy para nada de acuerdo, para “ser Marxista”? Porque igual resulta que, si tienes razón en atribuir a Marx este error conceptual tan evidente, no lo soy, aunque no por no ser revolucionario, radical ni comunista, sino porque, a mi entender, comprendo el dinero mejor que él.

      O se puede ser Marxista estando en desacuerdo con Marx? Yo creo que lo último es posible pero tampoco voy a hacer una película sobre el uso de una etiqueta.

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      Maju

      28/01/2012 at 20:15

    • No creo que debamos tener algún “maxistómetro” para decidir quién es marxista, o quién no. Tal vez lo mejor sea considerar que es marxista a todo aquél que se reivindique de las ideas que considere fundamentales de Marx. Tampoco creo que el asunto tenga tanta importancia. En cuanto a la teoría monetaria de Marx, está encadenada lógicamente con su teoría del valor (Marx decía que la “prueba de fuego” de una teoría del valor es la teoría monetaria). Lo que deberías pensar también es si tu teoría del dinero encaja en alguna teoría del valor distinta de la de Marx, o en la teoría del valor trabajo “a lo Marx”.

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      rolandoastarita

      29/01/2012 at 11:43

    • Rolando dijo: “Lo que deberías pensar también es si tu teoría del dinero encaja en alguna teoría del valor distinta de la de Marx, o en la teoría del valor trabajo “a lo Marx””.

      El valor-trabajo no es Marx sino Ricardo. Marx está muy atado intelectualmente (a su pesar, creo yo) por los conceptos ricardianos de la economía, Marx no es un big bang que surge de la nada (?) sino que surge de un contexto y en ese contexto pesan mucho ciertos pensadores conservadores como Hegel y Ricardo. Yo no me voy a meter con Hegel porque me supera un poco pero él Ricardismo sí que le limita a Marx me parece a mí.

      El valor de uso es lo que vale. Estamos con la paradoja de siempre: 200 trabajadores cavando un hoyo con cucharillas no generan más valor que 1 trabajador con una pala normal. Luego el valor-trabajo es relativo por lo pronto al capital (medios de producción) y eficacia productiva, pero también respecto a su utilidad social. El hoyo en cuestión puede ser útil… o puede no valer para nada. Cuál es el valor de las pirámides (turismo aparte)? Pues cero o casi cero. Ahora bien ahí hay un montón de trabajo invertido.

      Sin embargo el valor de la fruta que cojo del suelo de la selva (o de la rama del árbol) casi sin esfuerzo es considerable (comida real) y sin embargo el trabajo invertido es casi cero.

      Yo siempre he entendido a Marx como el descubridor del valor de uso, lo que me parece admirablemente brillante: las cosas sólo tienen valor en la medida en que son útiles. El problema, que Marx en última instancia no aborda, es que ese utilidad tiene un componente subjetivo y eso realmente lo empezarían a analizar los economistas burgueses alrededor de la fecha de la muerte de Marx – especialmente Marshall (1890).

      Yo pienso que Marx, pero sobre todo muchos marxistas un tanto confusos, enfatizan tanto la teoría del valor-trabajo (que insisto: no es realmente marxiana que yo sepa) porque se asocia a la demanda principal política del campo proletario o socialista: la emancipación de la clase trabajadora o toma del poder por la misma. Es cierto que el trabajo modifica o transforma (“produce”, no me gusta nada la palabra “producir” porque parece decir “crear” y nada se crea, sólo se transforma) y que esa modificación puede ser socialmente (o privadamente) valiosa. Cuando todo esto converge sí que se puede decir que el trabajo genera valor, pero es un factor entre varios, no el único.

      En última instancia el valor viene determinado por la utilidad. Y en eso Marx no yerra, aunque luego lo deja un tanto de lado (porque la utilidad no es fácil de cuantificar, al contrario del valor de cambio).

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      Maju

      29/01/2012 at 12:27

    • Respeto tu opinión, pero de todas maneras lo que planteas no tiene nada que ver con la teoría de Marx. La teoría del valor trabajo de Marx es distinta de la de Ricardo; de todas maneras tienen en común la idea de que el trabajo es la sustancia del valor. Jamás Marx planteó que el valor estuviera dado por la utilidad. Algunas de estas cuestiones las discuto en la nota de respuesta a las críticas de los partidarios de la teoría austriaca.

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      rolandoastarita

      29/01/2012 at 19:44

    • Me he puesto a releer (hacía años) el capítulo I de El Capital y tienes razón: Marx insiste en que el valor deriva del trabajo, no del trabajo de la naturaleza cuando hace crecer el trigo sino sólo del del agricultor por razón de ser humano.

      Esto es absurdo y por tanto tengo que abandonar la etiqueta “marxista”. Hay que pensar de nuevo.

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      Maju

      29/01/2012 at 20:24

    • A mí me sirvió mucho el capítulo 2 del libro de Astarita “Valor…” para entender varias cosas sobre la TLV y sobre el carácter social del valor, en oposición por ejemplo, a la visión fisiócrata: http://www.badongo.com/file/26166830

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      Ezequiel

      30/01/2012 at 03:00

  2. El texto me resulta bastante oscuro en algunas partes. Quizá sea más incompetencia mía. Pero tal y como yo lo veo toda mercancia es en sí mercancia y valor de cambio. Supongamos un señor que cría gallinas, corderos o lo que sea, y desea oro para hacerse un adorno, llegará y cambiará esa gallina por x gramos de oro. Otro tema sería explicar como se llega a esas equivalencias y que factores intervienen. Como este trueque generaba muchos problemas de mercado, se pasa a utilizar el oro por su escasez, prestigio, portabilidad, dificil extracción etc como medida y medio de cambio exclusivo, ya sea por convención social o imposición desde el poder. Posteriormente el oro va siendo sustituído por papel, promesas de pago, dinero, que sustentan su valor en una cantidad de oro, que a su vez está referenciada a todas las demás mercancias. Y de aquí vamos pasando a una virtualización cada vez mayor del dinero, donde se le desliga del patrón oro, donde las divisas empiezan a fluctuar unas sobre otras teniendo como referente al dolar, y luego tenemos las tarjetas de crédito y demás instrumentos que van relegando el papel moneda y donde bastan unos apuntes contables. Ahora bien hasta en este último punto de abstracción del dinero, este seguría teniendo una contrapartida material, el dinero no sería nunca una ficción ( acaso en burbujas especulativas y grandes apalancamientos) sino que estaría respaldado en última instancia, si no es por oro, ya que no opera ya el patrón oro, por todas las mercancias que se puedan adquirir con él . Y aquí nos podríamos preguntar porque unas divisas valen más que otras, lo que al cambio supone mercancias y mano de obra más barata de unos países respecto a otros , y qué implicaciones y dinámicas comporta esto.

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    Carlos

    29/01/2012 at 00:24

    • La génesis del dinero está presentada por Marx en los caps. 1 y 2 de El Capital. No voy a repetir el asunto aquí. En cuanto al rol del oro, pienso que lo más importante es entender la dialéctica entre la tendencia a la desmaterialización del dinero en cuanto funciona como medio de cambio (y de ahí la posibilidad de que sea reemplazado por todo tipo de créditos que se monetizan), y su función como medio de pago último y reserva de valor, que remite en última instancia a las monedas fuertes, y éstas al oro. Acerca del rol monetario del oro en la actualidad, he escrito varias notas en este blog. Lo interesante es que, según la literatura burguesa habitual sobre el dinero (a saber, que el dinero es creación estatal ex nihilo, mera convención, etc.) el oro no debería cumplir ningún rol monetario en la actualidad. La realidad es que lo sigue cumpliendo, como han terminado admitiéndolo, cada vez más, los que operan en los mercados financieros y los funcionarios de bancos centrales (sobre esto, de nuevo remito a las notas en el blog, y los textos citados).
      En cuanto a los tipos de cambio, extrañamente en el marxismo se trabajó poco el asunto. En la nota sobre la crisis del euro sintetizo mi explicación sobre el asunto. En “Valor, mercado mundial y globalización” traté más extensamente la cuestión, en el cap. 11; en especial traté de dar una explicación (a partir de la teoría del valor trabajo) de por qué las monedas de los países atrasados tienden a estar depreciadas, en términos reales, con respecto a las monedas de los países adelantados. En mi último libro sobre Dependencia y subdesarrollo amplío la cuestión; incluyo también una crítica al modelo de Shaikh sobre determinación del tipo de cambio. Desde hace años estoy planteando que ésta es una cuestión específica que debemos encarar en el campo del marxismo, y que ha sido muy descuidada. Incluso las viejas discusiones (de los 1960 y 1970) sobre intercambio desigual, pasaban por alto el tema del tipo de cambio.

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      rolandoastarita

      29/01/2012 at 11:54

    • Yo, respecto a lo que dice Carlos, creo que la teoría de la oferta y demanda, con las críticas o los matices que se le quiera hacer es válida (al contrario de lo que a veces se propone de que las mercancías tienen un valor intrínseco, yo digo que no: su valor está determinado principalmente por su utilidad percibida, cuya mejor aproximación es la curva de demanda). Las monedas igualmente, en cuanto funcionan como mercancía-reflejada o mercancía-potencial, también están sujetas a su valor de uso o demanda (sí, la oferta también cuenta pero no es un factor omnipotente, sino complementario) y por eso varían en su valor (aunque hay elementos anómalos como la posición hegemónica de USA o anteriormente de Gran Bretaña que requieren un análisis más complejo). Estas cosas, al menos en lo básico, se aprenden en 1º de económicas (es economía burguesa, cargada ideológicamente en última instancia, pero técnicamente es correcto y se corresponde bien con la noción marxista del valor de uso como auténtico valor).

      Esta mercancía-reflejo o concretización del valor de cambio que es el dinero no es sin embargo material, a mi entender, sino cultural, es decir subjetivo, socio-psicológico, virtual, incluso podríamos decir “religioso”, ya que el dinero, como Dios, depende de la fe de las personas en él.

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      Maju

      29/01/2012 at 12:41

    • Para mi que confundes valor con precio. El ejemplo que pones de las cucharillas es irreal, no es más que un supuesto imaginario. Ahora bien, creo que coincidirás que a mayor trabajo incluído en la mercancia, mayores serán los costes y por lo tanto para mantener el plusvalor, mayor será el precio, luego independientemente de la demanda que tenga esa mercancia, que hará o bien rebajar los costes laborales ( que nunca podrán estar por debajo de un nivel de subsistencia del propio trabajador) o bien rebajar el plusvalor ( a lo cual no suelen estar muy dispuestos los empresarios), y si aún así la mercancia no se vende, pues no quedará más remedio que cerrar la empresa. Los precios pueden tener un componente subjetivo en cuanto a la demanda ( aunque en mercados cautivos, y monopolios de bienes y servicios básicos la demanda apenas influye, y de estos mercados cautivos , cárteles, monopolios y oligopolios tenemos bastantes a nivel mundial) pero digo, que aunque tengan un componente subjetivo, nunca estarán por debajo de los costes, Las empresas primero suelen hacer un estudio de mercado, tienen en cuenta los costes y fijan un precio por encima de estos, que luego podrá variar en función de la demanda y la oferta, pero no es la demanda la que fija el precio en un inicio.

      Bueno, el dinero será cuestión de fe en cuanto puede dejar de ser aceptado para conseguir bienes y servicios, pero igual que cualquier intercambio, incluso en el trueque si yo te entrego una gallina estoy a expensas de que tú me des mi contraparte. Toda relación de intercambio implica fe en que el otro cumplirá su parte. Pero de ahí a decir que el dinero es una pura ficción no estoy de acuerdo, en grandes apalancamientos, inversiones a largo plazo y mercados de futuro, aumenta el riesgo a que no recibas tu contraparte, pero otra cosa es decir que el dinero en sí es puro psicologismo y religiosidad.

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      Carlos

      30/01/2012 at 03:03

    • Estoy confuso pero si no te gusta lo de los hoyos toma las pirámides: el tema es tener a la gente trabajando para nada. Y se hace, por razones socio-políticas, porque se considera que el ocio es “malo”. Lo hacen los reaccionarios y lo han hecho los bolcheviques, todos atrapados en una noción trabajista de la economía y la sociedad que más bien parece sacada del Génesis: “ganarás el pan con el sudor de tu frente” que de ninguna lógica consistente.

      Yo soy casi más discípulo de Lafargue (el yerno de Marx, fundador del PSOE, antes de la escisión de la 2ª Internacional, primer parlamentario socialista en Francia) que muy bien defiende en su obra “El Derecho a la Pereza” que el trabajo debe ser reducido y dividido porque, a partir de cierto nivel, es improductivo, trivial e incluso dañino. Marx también atina a ver esto cuando aprecia que, por la eficacia creciente la fábrica de alfileres, que no puede bajar los precios efectivamente ya, debe despedir trabajadores, creando paro y miseria en vez de repartir la riqueza también creciente (lo que requeriría una aproximación Lafarquista: repartir el trabajo, trabajar menos). Pero Marx no parece llevar este descubrimiento a sus últimas consecuencias, al contrario que Lafargue.

      Trabajar por trabajar no vale más que para satisfacer el látigo de la moral judeo-cristiana-burguesa-estajanovista. El trabajo debe de ser para conseguir objetivos concretos (ahí entra la planificación) y puede ser destructivo (de hecho casi siempre lo es, aunque puede ser sostenible en algunos casos al menos) de los recursos naturales (algo que Marx no parece plantearse, lo mismo que no se plantea el trabajo, la producción hecha por la Naturaleza).

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      Maju

      30/01/2012 at 06:36

    • Una observación: la utilidad nos puede explicar el porqué de la demanda, pero no el valor del producto (por supuesto, estoy hablando de bienes reproducibles mediante trabajo humano). Para explicarlo con las curvas de oferta y demanda, tan utilizadas en la economía burguesa: si se supone que los costos son constantes (un supuesto realista), la curva de oferta es horizontal. De manera que la curva de demanda sólo nos indicará la cantidad vendida; no nos dice nada acerca del precio (el razonamiento es de Sraffa).

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      rolandoastarita

      30/01/2012 at 10:07

  3. Hola Rolando, me llegó este link y pensé en compartirlo por si no conocían este trabajo de Antonio Escohotado: http://www.losenemigosdelcomercio.com/, sería interesante conocer tu opinión cuando sea posible, saludos entrerrianos, mauroliver

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    mauroliver

    31/01/2012 at 22:33

  4. Antonio Escohotado un liberal a ultranza, tiene un libro monumental sobre la historia de las drogas, muy interesante, y está a favor de su liberalización. Aunque las últimas veces que lo he visto por televisión en España está en un estado lamentable, con claros indicios de estar drogado en sus aparaciones.

    Luego lo miro, pero vamos no creo que me sorprenda ninguno de sus argumentos, que irán en la línea del minarquismo, las teorías hayekianas y la reaccionaria Rebelión de Atlas.

    Sobre el ejemplo que pusieron antes de las pirámides, tampoco le veo ningún argumento plausible. Las pirámides, construidas en mayor o menor medida con mano de obra esclava, no entran dentro del comercio, no estaban destinadas a la venta, así que esto no desmiente la teoría del valor marxista. Si las pirámides se hubieran puesto a la venta en su tiempo, tendrían que tener incluído en el precio los costes laborales y tendrían un plusvalor.

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    Carlos

    01/02/2012 at 23:04

  5. Rolo: En el primer punto del capítulo sobre el Dinero, Marx distingue entre función medida del valor y patrón de precios. ¿Es incorrecto decir que “la distinción entre ambas funciones nos permite distinguir: la posibilidad de una incongruencia cuantitativa (entre precio y magnitud de valor) y la posibilidad de una contradicción cualitativa (alguna cosa puede tener precio y no tener valor)”? Marx habla de esto último, pero la cuestión es si estamos siguiendo o interpretando correctamente su razonamiento.

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    Omar

    22/06/2013 at 11:51

    • En mi opinión, no veo por qué la distinción entre ambas funciones nos permite distinguir la posibilidad de incongruencias cualitativas o cuantitativas entre valor y precio. O, en todo caso, no entiendo bien por qué surge esta pregunta.
      La distinción entre valor y precio remite a las nociones de contenido y forma del valor, y por lo tanto nos permite entender por qué la primera función del dinero tiene que ser la de medida del valor. De aquí surgen también las posibilidades de discrepancias cuantitativas o cualitativas entre precio y valor. En cuanto al patrón de precios, se trata de una cuestión de un orden diferente. Los valores de las mercancías se expresan en ciertas cantidades de oro “figurado y de diferente magnitud”, por ejemplo. Pero entonces hay que comparar esas cantidades entre sí, y por lo tanto, desde el punto de vista técnico, surge la necesidad de vincularlas a través de alguna unidad de medida que, desarrollada, llega a ser un patrón de medida (o sea, una unidad de medida estándar).

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      rolandoastarita

      22/06/2013 at 15:00

    • Gracias por el comentario

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      Omar

      22/06/2013 at 19:04


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