Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Drogas y relativismo cognitivo “progre”

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Por gentileza de dos madres que militan en la Red de Madres y Familiares de Víctimas de Drogas, llegó a mis manos Prevención del consumo problemático de drogas, un libro escrito por la licenciada Graciela Touzé (en adelante GT), que está destinado a docentes y al trabajo en las aulas. El texto está prologado por Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Nación y por María Brawer, subsecretaria de Equidad y Calidad. Goza, además, del “aval-respaldo” de la presidente de la Nación, Cristina Kirchner.

El libro tiene como uno de sus ejes la crítica de las políticas preventivas que hacen eje en el castigo al consumidor, y estigmatizan socialmente a los adictos, asociándolos con el delito. En este sentido, acompaña al “nuevo enfoque”, centrado en la despenalización del consumo, que están promoviendo gobiernos latinoamericanos, así como corrientes que van desde la derecha liberal (a nivel mundial la vanguardia sea tal vez el semanario The Economist), a la izquierda, y otros sectores. Muchos proponen incluso despenalizar la comercialización de las droga. Pero es en este marco, que Prevención… relativiza el peligro que representan sustancias como la cocaína y heroína. Más concretamente, sugiere que probar una dosis de cocaína es tan problemático como probar un vaso de vino, un cigarrillo o un café. Lo “problemático” solo aparecería cuando existen intoxicaciones agudas, usos regulares crónicos y dependencia (p. 34). Por eso, aconseja GT, hay que hacer uso, sin caer en el abuso o en la dependencia. En otras palabras, no existiría ninguna conexión particular entre el uso esporádico de cocaína, y el deslizamiento hacia la dependencia. Destaco que este texto se envía a los colegios en medio de una pronunciada caída, ocurrida en los últimos tiempos, de la percepción del riesgo implicado en el uso de drogas. Según me informan las militantes de la Red de Madres, la baja detectada es del 20%; existen, además, razones para pensar que en la juventud la caída es mayor.

En esta nota quiero tratar solo el enfoque global desde el que se argumentan estas posiciones en GT. Es un enfoque que se ubica en el marco del llamado relativismo epistemológico. El tema me parece importante porque existe toda una corriente de opinión, dentro de la izquierda y el progresismo, que considera a los enfoques relativistas casi “revolucionarios”. Opino que esto no tiene nada de progresivo, y menos aún de “revolucionario”. Más bien introduce un enfoque reaccionario y contrario al conocimiento científico.

Relativismo e historia en Prevenciones

Para sustentar su posición GT apela al relativismo epistemológico, y a una historia “sui generis” (que se apoya en el relativismo). En esencia, GT plantea que lo que pensamos sobre, o sentimos ante, las drogas, tiene que ver con construcciones sociales y culturales. El actual temor a la droga que tienen algunos es producto de una construcción social, y no tiene base en una realidad externa conectada con las propiedades de la droga “en sí”. Según GT, la historia lo demostraría: afirma que las drogas se han consumido desde hace miles de años, y “sus virtudes fueron explotadas a fondo por las grandes culturas”. Agrega que han sido “facilitadoras del vínculo social”; que todo grupo humano hizo uso de ellas; y que su uso es “un fenómeno plural”. Esta experiencia histórica demostraría que el problema no es la sustancia, sino en qué entorno histórico y social se consume. El “problema” de la droga es una construcción de la modernidad. ¿Y por qué habría pasado a ser un “problema” con la modernidad? Porque, siempre según GT, con la modernidad se rompieron los vínculos sociales tradicionales y el Estado pasó a intervenir en los consumos de las personas. GT no nos dice en qué época sucedió esto (la “modernidad” es bastante difusa), ni precisa qué entiende por “modernidad”. Sin mayores precisiones, explica que quien estuvo en contra de la droga fue el capitalismo norteamericano, porque quería controlar a los “grupos peligrosos” como los mexicanos, negros, irlandeses, chinos. De esta manera, GT asimila el uso de la droga con la resistencia de los grupos “peligrosos” al capitalismo estadounidense. Estar en contra de la droga se identifica así con la defensa del sistema capitalista (estadounidense), y el “problema de la droga” es una construcción de este último. Entre otras conclusiones, sostiene (cuando critica el modelo de prevención médico sanitario) que no hay que infundir temor a probar drogas y que no hay que subrayar los efectos perniciosos que pueden tener las sustancias. Anotemos que este discurso es el que rodea al debate acerca de la despenalización.

No hay realidad objetiva

Siguiendo a Sokal (2008), entiendo por relativismo epistemológico una filosofía que proclama que la verdad o falsedad de una afirmación que se refiere a un hecho o fenómeno, es relativa a un individuo o grupo social. Prevención... se ubica claramente dentro de este marco. Lo que está afirmando es que no hay una realidad objetiva, como que ciertas sustancias afectan las neuronas y generan dependencia. Es que, según GT, la percepción de un fenómeno -dependencia de la droga, por caso- dependería exclusivamente de las creencias, concepciones e ideas sociales dominantes, y no habría forma de saber si hay una realidad, o cuál es la realidad, por fuera de esas creencias, concepciones e ideas sociales dominantes. Por eso, si hoy existe una percepción social dominante de que la droga es perniciosa, esto solo puede obedecer a una lógica de dominación del capitalismo (estadounidense). Éste es el mensaje fundamental de Prevención.… Es cierto que en algún pasaje (p. 22) admite una realidad llamada sustancia-droga. Sin embargo, lo hace para pasarla a segundo plano: “el ‘problema droga’ remite hoy más que a datos objetivos sobre la realidad del fenómeno, a una determinada percepción asentada en concepciones”. Para “bajar a tierra” este mensaje, digamos que si una madre ve que su hijo está descompuesto y desesperado por más droga, que no razona, etc., lo importante no es esa “realidad”, sino la “concepción” de la madre que está determinando su “percepción” de algo que, tal vez, no exista. En esencia, nadie puede saber si el chico está drogado, debido a que nuestras concepciones están infestadas de ideología dominante, que genera pseudos problemas. Por eso, y siempre según este enfoque, lo más probable es que “chico que está drogado” sea uno de esos tantos “pseudo problemas”, creados por el capitalismo estadounidense.

El problema con esta concepción es que a partir de un hecho cierto, a saber, que las percepciones sociales están fuertemente condicionadas por las instituciones, y sus respuestas, deriva la falsa idea de que no existe verdad científica (sometida a pruebas, verificación, etc.) acerca de la peligrosidad de la droga. Dado que, además, GT ha “demostrado” que la droga recién fue elevada al rango de “problema” por el capitalismo de EEUU (con el advenimiento de la “modernidad”), lo más probable es que donde los padres de un chico adicto estén viendo un “problema”, en realidad se trate de un derivado de sus mentes colonizadas. Es gente que se ha generado un problema meramente conceptual, a partir de percepciones condicionadas por conceptos equivocados.

Externalismo del contenido mental

Pues bien, frente a esta concepción, defiendo un enfoque materialista; o también, la tesis que Westphal llama el “externalismo del contenido mental”. Esta tesis dice que al menos algunos de los contenidos de algunos de nuestros estados mentales pueden ser plenamente especificados solo en relación a objetos o eventos de nuestro entorno que son externos a nuestras mentes o cuerpos (Westphal, p. 65, nota). Esto significa que si varias personas están advirtiendo que alguna o algunas personas están viendo perjudicadas sus capacidades mentales (aprendizaje, capacidad de relacionarse socialmente, etc.), esto no es una mera “construcción mental” generada por la ideología (imperialista o de cualquier otro tipo), sino responde a un fenómeno externo (al pasar, nótese que esta concepción entraña un enfoque social del conocimiento). La posición de GT es, naturalmente, la opuesta. No hay manera de saber si existe una realidad externa, o en todo caso, no hay manera de obtener conocimiento alguno de ella, ya que, según esta tesis, nuestras percepciones solo son expresiones de nuestros caracteres individuales, sociales e históricos y, como tales, son arbitrarias.

Es esta concepción la que le permite a GT, por otra parte, pasar por alto cualquier evidencia empírica y científica que haga referencia al carácter peligroso de ciertas sustancias. Si todo es construcción social e histórica, si además siempre están generadas por los poderes dominantes, no hay manera de saber si la Tierra es cuadrada o redonda; si gira alrededor del Sol, o si éste gira alrededor de la Tierra; o de saber si la cocaína es más adictiva que el té de tilo, o si éste lo es más que la cocaína, o si ninguno es adictivo, etc. A esta “ciencia” se reduce este abordajes “libre de prejuicios” de GT. De manera que puede pasar por alto, y cómodamente, evidencias científicas.

Por ejemplo, en el caso de la cocaína, investigadores y médicos plantean que su uso altera la producción de dopamina en el cuerpo humano de una manera cualitativamente distinta de lo que lo hacen otras sustancias, y que esta circunstancia genera un alto riesgo de adicción. El dato es importante, aunque siempre será necesario mantener un escepticismo moderado. Las diferentes teorías gozan de diferentes grados de crédito, dependiendo de la cantidad y calidad de datos que las apoyan (la tesis de que la Tierra es redonda está mejor respaldada que la que relaciona la cocaína con la dopamina). Pero lo que no tiene sentido (y es profundamente reaccionario) es sostener que el dato obtenido en los análisis químicos y en los laboratorios carece de relevancia porque “todo es construcción social”. Solo los charlatanes (y en las “ciencias sociales” parecen abundar) pueden desconocer que los seres humanos tenemos, además de una constitución social, una constitución biológica (prueben a vivir sin ingerir alimentos ni agua). Además, afirmar, como hace GT, que por el hecho de tener en cuenta esta base biológica deban desconocerse los condicionamientos sociales -que inducen a alguien a ingerir alcohol o cocaína, etc.- es, por supuesto, otro error, y de nuevo, mayúsculo. Las asociaciones “libres” del tipo “si usted habla de fenómenos químicos y biológicos en el cerebro, no tiene en cuenta lo social”, o “está a favor de la penalización del consumidor”, son solo eso, asociaciones “libres”, tan libres, que carecen de cualquier rigor.

Como se ha dicho muchas veces, el relativismo cognitivo es víctima de la auto-refutación. Es que si todo es construcción social, si la “realidad de los fenómenos” están en un segundo plano, ¿cómo sabemos que todo lo que dice GT no responde también a una concepción dominante, perversa y colonialista? Por ejemplo, ¿por qué afirma que existió “persecución del Estado norteamericano a ciertos grupos”, si su propia percepción de este fenómeno está determinada por conceptos social e históricamente construidos? Y lo mismo se aplicaría a cada una de las afirmaciones de Prevención… . Pero si esto es así, ¿por qué se presenta este libro como el material privilegiado en la cuestión drogas, y para colmo respaldado por la autoridad del Gobierno? La propia concepción relativista obligaría a abrir la posibilidad a las expresiones no relativistas.

El derecho a la información

En todo esto no estoy discutiendo cuál es el camino más eficaz para prevenir adicciones como al tabaco, el alcohol o la cocaína, sino cuestionando el enfoque y la información que se está brindando a los docentes y a la juventud sobre el tema. Solo quien se cree el dueño de “la” verdad, piensa que puede “administrar” la información como se le dé la gana. El criterio que defiendo es el opuesto. La gente (y en este caso, los docentes, los padres y los alumnos) tienen el derecho a conocer toda la información. Por ejemplo, existen investigadores que sostienen que cuando el consumo de cocaína es esporádico, una vez al mes o cada más tiempo, las conexiones de neurotransmisores se reajustan en muchos casos, sin secuelas notables (aunque depende del estado de la persona, y de otros factores). Sin embargo, también se explica que debido a la sensación placentera, puede haber fuertes tentaciones de repetir. Por este motivo, muchos sostienen que probar la cocaína conlleva riesgos elevados. Además, precisan que parte del proceso de devenir adicto encierra también la negación de la adicción. Y que la persona que consume va generando una creciente tolerancia a la droga. En consecuencia, afirman que no es el mismo el grado de adicción que puede generar el consumo ocasional de un vaso de vino, o de café, que el de una dosis de cocaína o heroína. Por supuesto, alguien puede decir que esto no es así. Pero hay que demostrar que no es así, y explicar por qué. En este respecto, no vale de mucho afirmar que el que midió tal grado de dopamina en el cerebro del consumidor de cocaína registró esa medición porque su cerebro de investigador está “colonizado” por el imperialismo americano. En cualquier caso, si en los laboratorios se ha registrado que existe una sustancia que, por fuera de nuestra mente, genera una reacción química que tiene tales efectos, lo que cabe es decirlo. Nadie tiene derecho de ocultar esta información (y este asunto es un poco más serio que manipular el INDEC), y menos con el argumento de “todo el problema es producto de una construcción mental”.

En defensa de la tradición científica y racionalista

Uno de los temas que mejor plantea Sokal, y con el  que no puedo manifestar mayor acuerdo, es su defensa de las tradiciones científicas, en oposición al oscurantismo reaccionario que se refugia en los “relatos”. Como subraya Sokal una y otra vez, es un grave error pensar que el conjunto del discurso científico es una mera construcción social. Este es un argumento que ha encajado muy bien en los nazis (“el Holocausto es un cuento de los judíos”) o en otras fuerzas retrógradas (“la teoría de la evolución es un relato con la misma, o menor, validez, que la Biblia”) o capitalistas (las tabacaleras dirían que el peligro de la nicotina es “construcción social”). Frente a esto, Sokal señala que mientras los científicos intentan obtener una visión objetiva del mundo, o de ciertos aspectos de éste, lo mejor que pueden, los relativistas les dicen que están perdiendo el tiempo, y que semejante empresa es una ilusión (véras Sokal, p. 230). Es lo que vendría a decir también GT a quienes quieran investigar las propiedades y los efectos objetivos de cualquier droga sobre el cerebro. “Pierden el tiempo, porque el problema es una construcción social del imperialismo”. Y que, de todas maneras, cualquiera sean las conclusiones que saquen esos investigadores, no es necesario ni conveniente transmitirlas a la docencia o a la juventud. Todo esto disfrazado de ropaje progre-izquierdista. Desgraciadamente, muchos sectores de izquierda hoy parecen plegarse a este discurso o, al menos, lo consienten.

En este punto no puedo resistir la tentación de citar a Sokal, cuando comenta el curioso giro histórico que se ha producido en las últimas décadas. Dice: “Durante la mayor parte de los últimos doscientos años, la izquierda se ha identificado con la ciencia y en contra del oscurantismo; hemos creído que el pensamiento racional y el análisis valiente de la realidad objetiva (natural y social) son armas eficaces para combatir las mistificaciones fomentadas por los poderosos, además de ser fines humanos deseables por sí mismos. Y, sin embargo, a lo largo de los últimos veinte años, gran número de estudiosos de las humanidades y científicos sociales ‘progresistas’ e ‘izquierdistas’ (pero, prácticamente, ningún científico natural, sean cuales sean sus opiniones políticas) se han distanciado del legado de la Ilustración y… han abrazado una u otra versión de relativismo epistemológico” (p. 158).

Luchas sociales progresistas

Como no podía ser de otra manera, y a pesar de su disfraz “progre”, el planteo de GT es, globalmente, reaccionario. Para explicarlo con un ejemplo: las grandes compañías tabacaleras durante mucho tiempo ocultaron información sobre las consecuencias de la nicotina en el cerebro. Y aumentaron las dosis de nicotina para crear adicción en los consumidores. Por esta causa, hubo una lucha, librada por cientos de activistas, para obligar a las empresas a revelar estas cuestiones, y para advertir a los fumadores de los riesgos implicados en el consumo de tabaco. ¿Qué decir del “progre-izquierdista” que saliera a explicar que todo es “construcción histórico-social”, que el peligro del tabaco y la nicotina es un “pseudo problema”, y que las pruebas de laboratorio sobre los efectos de la nicotina no deben difundirse para “no generar miedo”? Bonito servicio a la humanidad. La realidad es que la campaña de denuncia contra las tabacaleras fue progresista. Naturalmente, también puede haber influenciado en la derrota de estas grandes compañías el hecho de que el tabaquismo represente un costo importante para el capital de conjunto (en términos de mantenimiento o deterioro de la fuerza de trabajo), además de constituirse en un peligro para la salud en general. Pero nada de esto desmiente la realidad objetiva, que la nicotina genera adicción, que las tabacaleras manipularon la sustancia para incrementar sus ventas, y que el aumento de la percepción del riesgo encerrado en el tabaco provocó una fuerte disminución del consumo, al menos en los países capitalistas más desarrollados.

Una historia sin sustento

Los efectos del relativismo epistemológico también se hacen sentir en la historia que cuenta Prevención… . Es que si todo es “construcción social”, cualquier relato parece posible. Según GT, la droga fue construida como “problema” para desarticular la resistencia de minorías potencialmente subversivas en EEUU. Entre otras razones, porque la droga ayudaría a la socialización. Pero entonces, ¿cómo se explica, por ejemplo, que Gran Bretaña le haya impuesto a China, en el siglo XIX, la aceptación del comercio del opio? ¿Eran los colonialistas ingleses “progres”, interesados en promover las vinculaciones sociales de los chinos? ¿Qué lógica tiene esto? Más en general, ¿qué decir de la larga lucha de los movimientos socialistas, anarquistas y otros, contra el alcoholismo y otras adicciones? Engels, por ejemplo, denunciaba los estragos que provocaba el alcohol en la clase obrera inglesa, sin por ello dejar de poner énfasis en la raíz social del problema (véase La situación de la clase obrera en Inglaterra). Según el compañero de Marx, el alcoholismo era la consecuencia de la explotación, de la falta de perspectivas, de la pobreza, el hambre y la desocupación. Pero al mismo tiempo constataba que hacía estragos en el ánimo y el cuerpo de sus víctimas. Esta posición fue mantenida históricamente por el socialismo. En otras ocasiones, se ha denunciado que la droga fue utilizada para dominar y debilitar a los resistentes. Cuando los japoneses ocuparon Manchuria, produjeron grandes cantidades de opio y heroína; buscaban generar muchos adictos, para romper la voluntad de resistencia del pueblo chino a la ocupación. En EEUU, activistas de los Panteras Negras denunciaron que en la década de 1960 los barrios pobres con población negra se inundaron de píldoras, marihuana y heroína de gran pureza, y que esto era promovido por el Departamento de Estado, apuntando a la destrucción de la militancia.

Seguramente todo esto necesite de más estudios y pruebas empíricas, pero no puede ser pasado por alto con el pretexto de “todo es construcción social del imperialismo de EEUU”. Incluso en lo que hace a la evolución de la cocaína, las cosas no parecen encajar en el relato de GT. Si la cocaína era un elemento de resistencia de las comunidades, no puede explicarse por qué tuvo amplia aceptación en el siglo XIX. La Coca Cola tenía dosis de cocaína, la industria del cine la promovía, millones de personas la consumían, y hasta el joven Freud la recomendaba para curar depresiones. El consumo masivo de estupefacientes es un fenómeno típico del capitalismo (la producción en masa de sustancias como la cocaína era desconocida en sociedades precapitalistas). Solo cuando empezaron a verse los efectos perniciosos del consumo, a fines del siglo XIX, se levantó el clamor público por restringir su uso. Recién en 1903 la Coca Cola fue obligada a quitar la cocaína de la fabricación de la bebida. ¿Era esta empresa entonces una víctima del capitalismo norteamericano, empeñado en crear un falso problema? El relato posmoderno de Prevención... parece encajar bastante mal con los datos históricos.

En conclusión, el relativismo epistemológico termina en una historia plagada de incoherencias, pero que es funcional a la idea que preside el texto, a saber, que “el problema” de la droga es mera construcción social, y no tiene bases en realidad objetiva alguna. A la vista de trabajos como Prevención..., no es de extrañar que continúe disminuyendo la percepción del riesgo implicado en el consumo de drogas. Este texto, además, es enviado para la instrucción de los jóvenes en un momento en que se extiende el consumo y el tráfico de drogas; en que se profundiza la aceptación social del alcoholismo -la “previa”, etc.-; en que también se extiende el uso del alcohol combinado con psicotrópicos. Y continúan avanzando las redes de traficantes, en combinación con los poderes del Estado, y los circuitos financieros internacionales.

Textos citados:
Sokal, A. (2008): Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura, Barcelona, Paidós.
Westphal, K. R. (2003): Hegel’s Epistemology, Indianapolis, Hackett Publishing.

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Drogas y relativismo cognitivo “progre”

Written by rolandoastarita

15/04/2012 a 16:25

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96 comentarios

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  1. Rolo, el texto al que haces referencia es evidentemente un desastre. Y la cuestión del relativismo epistemológico es algo a lo que yo no adhiero. Sin embargo, creo que de ahí vos derivás una serie de cuestiones con las cuales no acuerdo para nada, y que creo que hay una gran cantidad de bibliografía al respecto que no estás considerando. Primera cuestión: creo que es necesario decir que probar algunas drogas una vez no es algo que va a cagarte la vida necesariamente. No digo que esto sea verdad con todas las drogas, ya que hay algunas que son demasiado pesadas y una sola vez puede arruinarte. Sin embargo, no creo que ese sea el caso de la cocaina. Hay INFINIDAD de personas que han probado la cocaina alguna vez y no solo no cayeron en la adicción sino que no les interesó para nada. Y esto es FUNDAMENTAL decirlo, por una razón muy obvia. Si vos querés hacer prevención de droga, no podés negar la realidad. Si vos vas a decirle a los pibes que probar una sóla vez te hace drogadicto, esa misma aseveración hace que todo lo que digas de ahí en más se transforme en información ilegítima. Hoy en día los pibes tienen mucha calle con el tema drogas. Conocen a MUCHA gente que probó alguna vez y no tuvo ningun drama. Entonces si vos negas esa realidad, lo que los pibes escuchan es un discurso moralista. Piensan que todo lo que decis es moralina, no te escuchan, y asi muchos SI caen en la droga. Es por eso que es necesario un discurso mucho más complejo cuando de prevención se trata, porque la juventud si está preocupada por los casos de adicción que ve a su alrededor, y si puede escuchar un discurso racional de prevención, pero no mentiras que asocian cualquier experimentación con la adicción. Es contraproducente salir a decir que probar y experimentar alguna vez te va a convertir en drogadicto. Por otro lado, también es contraproducente salir a decir que las drogas de por si son malas. Por la sencilla razon de que hay una masa enorme de pibes que conviven con esas drogas día a día y sólo algunos de ellos terminan arruinados y la mayoría pasa a llevar una vida bastante común sin problemas de adicción. Ojo que no digo que hay que salir a decir que está todo bien con probar cocaína. Creo que hay formas de desestimular el consumo. Por ejemplo, explicar que si bien probar alguna que otra vez no necesariamente te convierte en adicto, igual hay riesgos. Es decir, que explicar de qué modo se producen fenómenos como la presión entre pares dentro de grupos de adolescentes, dentro de los cuales el que no consume no es “buena onda”, y otras cuestiones por el estilo. Explicar que si bien la experimentación y la diversión no es mala en sí misma, a veces eso se confunde con otras cosas, y que antes de experimentar algunas cosas conviene adquirir cierta madurez. No se, la verdad es que no soy un especialista en el tema como para explicar cual es el mejor argumento para prevenir. Sin embargo, de una cosa si estoy seguro: salir a decir que la más mínima probada es negativa ha sido la metodología histórica más usada en prevención, y los resultados están a la vista. No funciona, y sobre eso ya ha corrido bastante tinta como para salir con ese viejo argumento.
    En relación a tu argumento de que la sustancia química tiene un efecto que no es meramente social, no me cabe la menor duda de que tenés razón. Sin embargo, creo que ignorás hasta qué punto el contexto social es fundamental. Por ejemplo, el mejor estudio histórico que conozco sobre este tema es el libro de Paul Gootenberg, Andean Cocaine: The Making of a Global Drug. Gootenberg explica que la cocaina fue descubierta en en la decada de 1860, y que en principio fue promovida como droga con aplicaciones médicas. Dado que en aquella época no había ciertos productos que la ciencia luego descubrió, la cocaina se usaba para dopar a la gente que tenía que ser operada, y también para otras aplicaciones médicas. Por ejemplo, Freud le recetaba cocaina a mucha gente, y era una droga de venta libre, incluso en Argentina. Mucha gente tomaba cocaina como si fueran aspirinas. Y la verdad es que la absoluta mayoría de la gente no era adicta, aunque sí existían casos de adicción. De hecho, la droga fue considerada practicamente inocua durante décadas y no fue sino hacia los años treinta que los riesgos de la cocaina comenzaron a ser comprendidos. Hoy el uso médico de la cocaina no tiene mucho sentido porque hay productos que son mucho mejores, y la verdad es que la cocaina tiene muchos efectos secundarios negativos como para considerarla una alternativa válida. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que durante décadas hasta la Coca Cola tenía una dosis pequeña de cocaina, y eso no perjudicaba a absolutamente nadie. Esta cuestión es fundamental, porque SI HAY una relación muy fuerte entre el cultivo de la planta de coca y las intervenciones estadounidenses en Latinoamerica. Para comenzar, USA ejerció una presión enorme para ilegalizar no sólo la cocaina sino mascar hoja de coca. Mascar hoja de coca no tiene ningún efecto negativo, es equivalente a tomar café, y se trata de una costumbre andina muy arraigada contra la cual existió y existe hasta hoy mismo un prejuicio racista enorme. USA ha gastado miles de millones de dolares en aviones que intentan erradicar la planta de coca, y que arruinan a campesinos, política que además es contraproducente en relación a controlar el tráfico porque sabemos perfectamente que cuando se destruyen más plantas se afecta la relación oferta/demanda, sube el precio de la coca y el cultivo se multiplica. Y sin embargo, USA no ha abandonado esa política. Yo no te voy a decir que acuerdo con el antimperialismo barato de la izquierda que la verdad es que ya me tiene super harto. Pero que USA tiene una política super opresiva respecto de este tema en Latinoamerica, no cabe la menor duda. Y además, siendo que vivo en la frontera a 15km de Mexico, te puedo decir con toda seguridad que aquí el tema drogas es fundamentalmente manipulado para denigrar a la migración mexicana que son pobres laburantes super explotados.
    En síntesis, acuerdo con tu desprecio por el relativismo epistemológico. Acuerdo con tu idea de que las drogas tienen efectos que son químicos y no meramente dependen de la cultura. Pero creo que realmente hay mucha bibliografía que ignorás en este artículo, y trabajos realmente muy serios. Te recomiendo el libro que puse arriba, que es la mejor historia de la cocaina a escala internacional. El tipo se mató durante una década en los archivos de USA, de Perú y de otras partes del mundo. Y entre otras cosas es evidente que no es un relativista epistemológico. Y discute varias visiones alternativas. Respecto de la actitud de USA con este tema, es criticada incluso por diarios como el New York Times:

    http://www.nytimes.com/2010/06/14/world/americas/14peru.html

    Creo que deberías reflexionar un poco sobre algunas de las cosas que planteas. En tu afán de criticar el relativismo epistemológico presentás una mirada positivista en la que se deslizan ciertos contenidos moralistas bastante problemáticos, y creo que contraproducentes en términos de prevención.

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    Pablo de Quilmes

    15/04/2012 at 17:06

    • “Mirada positivista”, “contenidos moralistas”, además de atribuir a la nota otras afirmaciones que la nota no contiene. No sé qué responder a todo esto. De todas maneras, te pediría que trates de resumir un poco los comentarios.

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      rolandoastarita

      16/04/2012 at 08:21

    • Estimado Rolando
      Comparto totalmente su punto de vista. Como tesis de mi libro “S.O.S. Al rescate de nuestro cuerpo” (destinado al público en general) sobre la problemática del consumismo adictivo inducido por el capitalismo, sostengo:

      Hay consenso en señalar al capitalismo como un sistema global en constante expansión geográfica, productiva y temporal, guiado por el principio rector de generar necesidades que le permitan transformar objetos tangibles, sensibles, simbólicos e imaginarios en valores de cambio, mercancías. Y a través de ellas reproducirse, mimetizarse en la cultura, totalizarse en las actividades del hombre, subordinar el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la información al capital para generar acumulación incesante. Precisa para ello apropiarse de los cuerpos, las mentes, los talentos y la fuerza de trabajo de los humanos para metabolizarlos en la maquinaria productiva. También se apropia de la naturaleza para convertirla (igual que a las personas) en medios de producción. Para sus fines utiliza la seducción, la coerción, la violencia y la guerra. Precisa homogeneizar las culturas, mediante el sometimiento predatorio, para subsumir todas las dimensiones humanas a la lógica suprema del mercado. Omnipresente, esta expansión capitalista no se detiene ante nada, corrompe el suelo, el agua, el aire, la energía y las conciencias. Penetra y se apropia de la substancia de los cuerpos humanos.

      Se accede al libro completo en el siguiente enlace: http://www.aacademica.org/jorge.antonio.navarro/3

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      JORGE NAVARRO

      29/04/2016 at 10:42

  2. Una visión ¿trotskysta? del tema aquí… http://www.perfil.com/contenidos/2008/09/28/noticia_0028.html

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    mtx

    15/04/2012 at 17:40

  3. Perdón si repetí parte de la información que vos presentás, si lo hice es porque siento que no llevaste algunas cosas hasta sus últimas consecuencias. Es decir, si la cocaina era tan ampliamente consumida, y sabemos que la mayoría de la gente que la consumía no eran adictos (aunque si había obviamente también adictos), cómo podemos afirmar que la cocaina siempre es perjudicial?
    Por otro lado, la verdad es que no creo que hayan suficientes pruebas para sostener que haya un patrón histórico de planes maquiavélicos para promover las drogas y bajar la resistencia de la población. Creo que si bien eso ha existido, no es lo más común históricamente.
    No cabe duda de que los efectos químicos de muchas drogas y del alcohol pueden ser perniciosos en ciertas circunstancias. Sin embargo, creo que el eje debe ser puesto en el hecho de que son las condiciones de alienación y explotación las que hacen que masas de jóvenes caigan en la droga. Algo que está ocurriendo ahora es que luego de muchas décadas de prohibicionismo se está poniendo en evidencia que eso no detiene el problema masivo de adicción. Y el tema ha llegado a un punto en el cual atrae la atención incluso de las elites porque genera un caos social muy grande, especialmente en países como México. La legalización de la droga no es una solución, pero la verdad es que mejoraría muchísimo las cosas. Por ejemplo, en USA hay cerca de tres millones de personas en prisión. La absoluta mayoría de esa gente está en cana porque la agarraron con drogas. La carcel no sólo no soluciona el problema de las drogas, sino que los convierte en criminales de por vida, y hace mucho más dificl la prevención. El resultado ha sido un espiral en el cual cada vez cae más gente presa. Y es precisamente eso lo que ha llevado a que cerca del uno por ciento de la población estadounidense esté en prisión, un número jamás alcanzado por ninguna otra sociedad en la historia de la humanidad.
    Paul Gootenberg, por ejemplo, da evidencia muy clara de la problemática de la prohibición. Por ejemplo, en uno de sus artículos explica cómo Miami en los ochenta era el eje de comercialización de la droga que venia de Latinoamerica para USA. La política represiva para frenar este comercio fue SUPER efectiva, al punto de que hoy prácticamente ya no hay comercialización via Miami. El resultado fue que la nueva ruta es México, y esto está generando un escándalo de proporción inmanejable en Mexico ahora.
    Lo que hay que denunciar de la perspectiva de las elites internacionales sobre este tema es que no tienen la más mínima intención de resolver el problema de raíz: La alienación y explotación. Pero no podemos negar que el prohibicionismo empeora la cuestión. Y por otro lado, que el prohibicionismo tiende a aumentar el consumo, y a generar criminalización, y a dificultar los programas de prevención. Creo que negar eso es tapar el sol con un dedo.

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    Pablo de Quilmes

    15/04/2012 at 17:42

  4. Pablo, un par de opiniones de alguien que no entiende tal vez tanto como vos.

    Coincido con vos en lo que planteas de lo malo que es sembrar miedo para que no se meta el pibe en el problema, aunque la mayoría de los “vacíos” que encontras al texto de Astarita están respondidos en el mismo. Ejemplo de ello es cuando llama a que “todos tenemos derecho a acceder a la información sobre el tema” o algo así, o sea, a grandes rasgos plantea lo mismo que vos decís: hay que brindar información fehaciente, lo más cercana posible a la realidad, mostrar el problema en toda su dimensión. No leo en el texoto de Rolo que esté diciendo “una probada y sos adicto”.

    Por otro lado, creo que sí, todos desconocemos mucha de la bibliografía sobre el tema, y Rolando no es especialista en el mismo, pero sin embargo brinda una visión que llama a estudiarlo mejor incluso de parte de quienes se dicen especialistas como la autora del trabajo que critica, porque se cae a pedazos con mirarlo fijo nomás.

    En la página de Rolando hay un trabajo muy piola, claro, a mi entender acertado,acerca del problema de la comercialización de estas sustancias.

    Como bien decís los chicos y jóvenes estamos bastante enterados de la cuestión, lo cual no nos hace menos vulnerables, es lamentable ver cómo, un pibe que está hasta las manos peleándola para “rescatarse” te dice que lo hace porque simplemente quiere dejar, que no es que lo esté matando. O sea, no lo puede admitir, teme la condena del entorno , sobretodo si fracasa en dejar su adicción, al punto que no se deja ayudar. Y uno va viendo con los años cómo se deteriora su calidad de vida. No es así en todos los casos, pero en un porcentaje importante lo es, hay de todo, a no todos les pega igual, etc, pero ciertamente hay una serie de efectos que cada sustancia causa de manera regular en determinados tipos de personas, o sea, no a todos el LSD por ejemplo les pega igual, pero podés distinguir básicamente tres tipos de efectos que se manifiestan más fuertes en unos que en otro, lo cual no niega el contexto social y todo eso (que además está muy claro en el texto..). Y así con todas estas sustancias, que en Argentina circulan más de 500 según tengo entendido, y es totalmente posible conocer qué efecto causan, lo mismo que los medicamentos, no a todos nos hacen el mismo efecto, lo cual no niega que medianamente cumplen determinada función con determinado grado de efectividad.

    Última y me voy, no veo “positivista” el texto, que sea materialista e invite a un estudio serio,reflexivo, que establezca ciertas conclusiones científicamente fundamentadas (desde la ciencia médica, química y social) no quiere decir que esté en la senda positivista, y si eso es positivismo, bienvenido sea compañero.

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    Ilichito

    15/04/2012 at 19:48

  5. El problema no está bien planteado. ¿Es la drogadicción un tema de salud publica, o un problema criminal? El Estado debe tener una política, y la actitud represiva solo ha servido para poblar las cárceles.
    Por otro lado su enfoque ideologico no se ajusta a la experiencia del consumidor. Usted solo lo interpreta como a un adicto, Esa mirada es completamente anacrónica. Mejor dicho es irreal. Las caracterizaciones ideológicas que usted utiliza no son correctas. El consumo no es interpretable desde la esfera ideológica, sino que es parte de una cultura, y es también un habito y una conducta socialmente instituida, que implican también una comprensión de la realidad. Me refiero especialmente al consumo de Cannabis, Le sugiero se acerque al kiosco y consiga la revista THC. Le digo esto con respeto y espero sepa interpretar mi punto de vista. No volveré a comentar sobre este tema. Saludos a usted.

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    Diego

    15/04/2012 at 22:19

    • “El problema no está bien planteado. ¿Es la drogadicción un tema de salud publica, o un problema criminal?”. Usted decide qué problema es el que tengo que plantear, y a partir de allí, por supuesto, el problema que plantea la nota está mal planteado.

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      rolandoastarita

      16/04/2012 at 08:23

    • Dejame decirtelo sin anestesia… ¿CULTURA le llamás a FUMARTE UN FASO? Los de la THC son unos ladrones y unos vivarachos. No veo diferencia con los “cursos orientales”, “aprenda a respirar”, “energías del alma” y basuras milenaristas similares. Un abrazo.

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      indiocolifax86

      16/04/2012 at 13:08

  6. Quizá me pasé de mambo con la caracterización de “positivismo”. Lo que quise plantear es que hay que tomar con mucho cuidado algunos de los estudios “científicos” escritos en defensa de la política prohibicionista.

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    Pablo de Quilmes

    16/04/2012 at 02:27

  7. A mi me preocupa mucho cómo desde la ciencia, por ejemplo, se justifica el uso sistematico de todo tipo de chalecos químicos para contener problemas sociales. Cuando trabajaba como docente en capital a fines de los noventa en varios colegios secundarios, llegué a notar que un porcentaje MUY alto de estudiantes eran dopados con receta psiquiátrica con pastillas como el Ritalin para que no molesten en clase. Se trataba de pibes con cuadros familiares y sociales muy complicados, pero en vez de intentar resolver esos problemas, se los medicalizaba. Esta medicalización conectaba a asistentes sociales en los colegios con padres de clase media apáticos, psiquiátras y laboratorios médicos. Los laboratorios proveen instructivos supuestamente “neutros” para identificar supuestas “enfermedades” como el sindrome de atención deficitaria. Caen bajo ese síndrome pibes que no miran al cruzar la calle, que no logran sostener la atención en clase por más de 15 minutos y otras actitudes cotidianas de cualquier pibe promedio. El profesor habla con el asistente social, quien llama a los padres. Cuando estos concurren a la escuela les recomiendan un psiquiatra que les enchufa una píldora producida por el mismo laboratorio que brinda informativos colgados de las salas de profesores. Así yo terminé teniendo una clase con 10 pibes que vivían con chaleco químico. Todo en nombre de la ciencia que reducía problemas psicológicos y sociales a supuestos imbalances químicos en el cerebro que sólo se podían solucionar con pastillitas. Esa misma es la ciencia que bajo motivos políticos a veces sale a caracterizar ciertas drogas ilegales como perniciosas en cualquier circunstancia cuando otros estudios y la experiencia cotidiana de millones de personas cuestiona eso. Es decir, no se trata de que no exista un efecto químico independiente de lo social, sino de que el conocimiento de tal efecto está fuertemente afectado por debates políticos.

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    Pablo de Quilmes

    16/04/2012 at 02:35

  8. Me resultan bastante impresionante varios comentarios. Más allá de que en algunos puntos son bastante interesantes, tienen poco que ver con lo que comenta la nota. ¿qué están leyendo?

    Una nota importante. Para un tema que creo que hay que tomar sin ningún prejuicio del tipo que fuera.

    Saludos.

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    Gerardo Daniel

    16/04/2012 at 07:46

  9. Compañero Rolo. Comparto su crítica al libro en cuestión, esencialmente en lo que respecta a la banalización de los efectos perniciosos del consumo de drogas. Solamente quien ha vivido de cerca el problema puede juzgar el efecto destructivo que sobre el individuo y su entorno ejercen esos inmundos venenos puestos en circulación con fines de lucro y embotamiento de la rebeldía. La actitud ‘oficial’
    respecto de la despenalización no responde a fines libertarios, puesto que no ataca las raíces sociales del problema, ni está interesada en hacerlo. La política y las drogas están estrechamente vinculadas, al punto que hoy se llega a hablar de ‘narcodemocracias’. La corporación política, judicial, el aparato represivo, se nutren del negocio, cuando no son sus gestores directos, brindan la protección necesaria a cambio de un precio puntualmente recaudado y que asciende hasta el ministerio del interior. Cualquiera que viva en un Municipio del Conurbano puede comprobarlo directamente. O nadie sabe que el aparato punteril cobra mitad en efectivo y mitad en ravioles. Por supuesto, negamos al estado capitalista el derecho de juzgar y castigar al consumidor, que es la víctima propiciatoria del negocio. Pero eso no significa ignorar y mucho menos banalizar con ‘realismos epistemológicos’ y evaluaciones ‘científicas’ más que dudosas el perjuicio que ocasionan las drogas. Es obvio que no todo es lo mismo y existen grados, no es lo mismo consumir pasta base (paco) que fumar hierba seleccionada eventualmente para ‘estimular’ la creatividad, pero en los marcos de una situación social en que la juventud es empujada por la frustración y la ignorancia al escapismo y al consumismo sensualista inmediatista, cuando no víctima de un verdadero genocidio con miras a destruir un sobrante poblacional, predicar la inocuidad de las drogas es contribuir a la destrucción y la muerte de segmentos potencialmente rebeldes. Solamente en una sociedad verdaderamente libre, es decir, libre de explotación y por tanto humana, sería posible una ‘experimentación’ controlada. Pero bajo el capitalismo, el consumidor es convertido en una pieza descartable del sistema, cuya tendencia a la transgresión será explotada con fines de lucro para esterilizarla y finalmente conducirla a la ablación. El criterio científico que usted respalda en contra de los bien llamados ‘charlatanes’ del sistema, está bien fundado y no tiene nada de puritano. Se ha hablado aquí de la heroína. Alguien se preguntó a que se debe su nombre? A fines del siglo XIX (si mal no recuerdo) se desató en Europa una epidemia de tos convulsa entre los niños. Esta enfermedad, también conocida como ‘tos ferina’ (por que el acceso final de la tos genera una sibilancia por broncoespasmo, que semeja el sonido de los gatos) es producida por un gérmen llamado Bordetella pertussis que, antes que las defensas orgánicas se sobrepongan, hace toser hasta morir por asfixia o ruptura alveolar. El afamado laboratorio Bayer (Sí, el mismo que emplearía trabajo esclavo bajo el nazismo) descubre una droga de eficaces efectos antitusivos y la rápidamente la lanza masivamente al mercado. Miles de niños se salvan. No obstante, con el paso del tiempo, comienzan a verificarse los efectos colaterales destructivos. La comunidad médica da a publicidad sus protocolos. El laboratorio, que ve amenazados sus negocios paga por notas en los principales periódicos. Una de ellas dice ‘Como vamos a atentar contra una droga milagrosa que salva a los niños de una muerte espantosa, una droga Heróica….’ que, de ahí en más, será conocida como Heroína. La heroína genera una brutal adicción de causas fisiológicas, al punto que se ha elaborado un bloqueante de receptores neuronales específicos que cura en una sola dosis al 90% de los casos, el Clorhidrato de Ibogaina. Pero numerosos estados no habilitan legalmente su uso, en primer lugar los EEUU y un médico puede perder su licencia por administrarla aunque sus efectos sean inofensivos. Y nos vienen con el cuento de que la adicción a la heroína es un ‘constructio de la mente’. Alguien vió alguna vez a como termina un heroinómano? Saben lo que es la consunción por caquexia terminal? La cocaína. Es uno de los grandes negocios capitalistas del momento. Todo el arco médico reconoce los efectos perniciosos sobre el cerebro y corazón y lo que se discute es el mecanismo específico por el que actúa sobre el sistema nervioso. Se supone que actúa a través del equilibrio de endorfinas, sustancias que regulan la sensación bienestar y el umbral al dolor físico y moral. Se buscan incesantemente fármacos para inhibir la adicción. La adicción que genera es brutal, una de las más adictivas que existen, al punto que se la caratula como una ‘enfermedad crónica’ y por el momento incurable. Su efecto no dura más de 10 o 12 minutos y en estos, solamente los primeros 20 segundos representan la ‘llamarada’ de placer que el enfermo busca incesantemente una y otra vez, por lo que se ve forzado a repetir. Bajo el efecto, el corazón acelera exageradamente su ritmo y la inotropía. La presión arterial sube por la vasoconstricción, con riesgo de infarto o ictus. El consumo crónico da paso a una rápida abstinencia o ‘inedia’ cuyos síntomas son paranoia, culpa masiva y en muchos casos tendencia suicida, la que se acentúa con la porquería mal refinada que le venden a los pobres. No quiero seguir más. Como es posible que a los jóvenes, padres, obreros no se les ponga en guardia contra estas lacras?
    Discúlpenme la extensión.

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    AP

    16/04/2012 at 08:00

  10. Tu artículo sobre la banalización del consumo de drogas “ilegales” me parece excelente. Recuerdo que en los años 80, a Luisito Zamora se le ocurrió sostener una postura “progre” similar , y muchos padres y madres, en particular a través de nuestros hijos jóvenes militantes de partidos de izquierda, entre los cuales se aprobaba lo que decía Luis, le hicimos llegar una fuerte crítica, por lo cual en poco tiempo dejó de sostenerla. Como vos decís, la ignorancia sobre los efectos concretos, reales, que producen las drogas como la cocaína y la heroína es en buena parte el fundamento de burdas posturas ideologizadas que favorecen el tráfico. Es notable que no haya “campañas” explicativas sobre este tema, del mismo modo que las hay sobre el uso del cinturón de seguridad, sobre los asientos para niños en los autos, o sobre los efectos del alcohol en quien conduce. Es cierto que una o dos dosis no te transforman en adicto, pero causan placer, como vos decís, y de allí a la reiteración el camino es fácil, sobre todo con ayuda policial para los dealers. Creo que tenemos que difundir nuestra crítica al libro de GT, supuestamente de “prevención”.

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    Inés Izaguirre

    16/04/2012 at 13:05

  11. Rolo, van algunas consideraciones:

    1) Droga deriva del término griego phármakon, que se utilizaba para nombrar a las drogas que “curaban” y “remediaban”. Pero entre sus significados también estaba el de “veneno”. De ahí que todo se reduce a la dosis: cualquier medicamento de curso legal que utiliza el principio activo del “antiinflamatorio” Ibuprofeno, droga que se usa para paliar “resfríos” o “estados gripales”, donde en su prospecto se indica claramente: “adultos: como orientación general se recomienda un comprimido cada 8 horas (…) niños: dos gotas por cada kilogramo de peso (…)”. Y el medicamente agrega, debajo del prospecto: “En caso de intoxicación…” y allí se indican las primeras medidas y algunas direcciones de nosocomios. Es decir, en el “prospecto” está dicho que es un “remedio” pero también un “veneno” si se mal utiliza: todo depende de la “medida”. Así, lo mismo ocurre con un vaso de vino tinto por día, que según algunos cardiólogos hace bien al corazón, mientras que dos litros de vino tinto tomados en una sola noche “envenena” (el cuerpo se intoxica). Entonces, primero, hay que entender que la dosis es la que determina si una droga es tóxica o tiene efectos beneficiosos: no es la sustancia en sí la que “porta el mal”. Esto es importante, especialmente entre marxistas: no hay que fetichizar la sustancia…

    2) Como parte de las libertades individuales, hay que defender el derecho a hacer con mi cuerpo lo que se me plazca siempre y cuando no ponga en riesgo a un tercero. ¿Qué significa esto? Que si me quiero emborrachar o drogar, lo hago: corre por mi cuenta lo que hago. ¿Y cómo no pongo en riesgo al cuerpo de un tercero? Fácil: por ejemplo, si estoy en un lugar público y tengo que desplazarme a mi hogar, le pido a un tercero que me lleve (a un taxista, a un amigo que no haya consumido drogas, a un conductor de ómnibus, etc.). Si quisiera drogarme hasta matarme, lo hago. Hay que despreciar la “tutela” del Estado burgúes, que se impone siempre “en última instancia” sobre el individuo (el Estado penaliza el intento de suicidio, no permite la eutanasia, etc.: tengámoslo presente).

    3) Mencionás “La situación de la clase obrera en Inglaterra”. Y lo que mencionás es real, está escrito. Pero también tendrías que tener en cuenta lo que cuenta, por ejemplo, Benjamin Coriat en su libro sobre la implantación del fordismo en la historia de los procesos de trabajo en el capitalismo, en cuanto a la disciplina “fabril” extra-fabril que aplicó Ford: contrató a sociólogos que a través de la observación participante, informantes claves y encuestas (es decir, métodos “cuali” y “cuantitativos” de análisis de la realidad social) vigiló a los obreros de su fábrica (y a su entorno, es decir, a la población proletaria) para “disciplinar sus cuerpos”. Y es que Ford había prometido un “plus” (un “bono” lo llamarían los ejecutivos de la actualidad) a los obreros que no bebieran, que no frecuentaran tabernas, que fueran a misa, etc. Una vez más, no hay que “fetichizar” los fenómenos: ¿acaso la taberna no era un ámbito para que un comunista pudiera esclarecer a un proletario?; ¿en una taberna no puedo beber mi vaso diario de vino que me recomendó el cardiólogo?, ¿no es un espacio de camaradería entre proletarios? Con esto quiero poner sobre la mesa otros aspectos. Yo, como ex militante, puedo decir con la práctica que esto fue así: en un bar no sólo he ganado adeptos para la secta en la que militaba (después de trabajar: ¿qué mejor que aprovechar las “ofertas” del “happy hour” que ofrece el “after office” del bar que estaba a media cuadra de la empresa donde trabajaba como oficinista? Y además, ese vasito de vino me desinhibía y podía conquistar sexualmente a alguna chica (quizá futura “camarada de ideas”)…
    Es verdad que en las relaciones sociales capitalistas, el capital, como relación social, se beneficia de los “excesos”: todo que que no está en el proceso de producción de mercancías, puede drogarse tranquilamente: lúmpenes, hijos de burgueses, rentistas, etc.; y también usa el “exceso”, a veces, como insumo productivo: de los ejecutivos de las empresas (que son asalariados, no lo olvidemos) toman cocaína para ser más “productivos” (la novela “american psycho” de ellis lo grafica muy bien), de un diseñador gráfico fuma marihuana antes de “hacer volar la imaginación” de la publicidad que ayudará a “realizar” la plusvalía del burgués para el que trabaja (el diseñador puede ser “obrero”, es decir, asalariado, o “freelance”, es decir, “pequeño-burgués”: lo mismo da: no es “propietario de medios de producción”), de una “ama de casa” (que no trabaja en el sistema productivo de empresas capitalistas sino en el doméstico, es decir, el circuito que ayuda a “reproducir las condiciones de reproducción de las relaciones capitalistas de producción” a través del cuidado de los hijos, “servir” al marido, etc.) que toma ansiolíticos para sobrellevar su monótona vida, el de un joven repositor de supermercado que va a trabajar sin dormir un domingo (en los supermercados no hay “feriados” para los trabajadores) y lo hace porque además de una vida “laboral” hay una vida “etárea”, es decir, socialmente los jóvenes de 20 años “salen” los sábados a la noche entre pares… etc, etc, etc… Pero además de todo esto, no hay que olvidar lo siguiente: en condiciones “normales” de producción, el burgués se desentiende del asalariado cuando éste, individualmente, no es productivo: si “socialmente” se acepta el consumo excedido de drogas, como burgués “individual” no va a aceptar que su empleado falte sin justificativos (ya sea porque se drogó en exceso y al otro día no puede levantarse o porque tuvo un percance “justificado”, como estar enfermo, haber hecho un trámite que no estaba “legalmente previsto” en los alcances del contrato laboral, etc.).

    En síntesis, como programa mínimo, me reclamo a favor de la legalización de todas las drogas. En este sentido, acuerdo y hago “unidad de acción” con los partidos burgueses (como el “Liberal Libertario” de Argentina) que piden la legalización de las drogas en tanto “libertad de empresa” y en tanto “libertad individual”. Sí, es un programa burgués. Pero es mejor drogarse sabiendo que lo que estás consumiendo es realmente “droga” y no drogarse con algo que no se sabe qué es, que se comercializa clandestinamente y que en sí genera problemas de inseguridad no sólo para el consumidor sino para el entorno social.

    Saludos comunistas,
    Fernando.

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    Fernando

    16/04/2012 at 13:30

    • 1) Fernando, en cantidades suficientes el agua te puede matar. Y eso no dice nada sobre el articulo en cuestion.

      2) La legalización o no de la droga no tiene nada que ver con la revolución. Legal o ilegal en el capitalismo los que va a llevar la parte jodida del asunto son los laburantes.

      3) No anula lo que decís sobre él, pero Coriat escribió un libro donde prácticamente tiene un orgasmo alabando el modelo de capitalismo toyotista! Linda fuente te buscaste!

      4) A partir de “Es verdad que en las relaciones sociales capitalistas,”, es un delirio lo que escribís.
      ¿Porqué no volves a leer la nota y escribis algo que tenga que ver con ella?

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      16/04/2012 at 20:15

  12. quedan invitados a leer sobre la sociedad capitalista actual
    http://cienciacriticaenargentina.blogspot.com.ar/

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    yusef

    16/04/2012 at 15:44

  13. Es un tema dificilísimo.

    Yo simpatizo con la posición de Astarita en un plano general, filosófico digamos, pero con este tema me pasa como con la prostitución, eres prohibicionista de entrada , pero cuando lo empiezas a considerar con más calma y profundidad…

    Les dejo aquí esta píldora sobre las “drogas” que un médico amigo dejó caer en una discusión sobre la ley española que prohibe fumar en espacios públicos.

    “Si hoy alguien quisiese comercializar el tabaco no conseguiría la autorización sanitaria para hacerlo.Le han dado portazo a cosas menos nocivas en dosis bajas.”

    Se refería a bebidas energéticas y cosas así.

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    Karl Mill

    16/04/2012 at 17:58

  14. Rolo, seré más explícito con las cosas que me parecen problemáticas: 1) El relativismo epistemológico no está detrás de todas las propuestas despenalizadoras, tu artículo sugiere esto al asociar en el “nuevo enfoque” a todo tipo de corrientes diversas. Por ejemplo, la perspectiva de The Economist no es la del relativismo epistemológico en relación al tema drogas; 2) por las razones que argumenté, no me parece que esté del todo mal relativizar el supuesto peligro del consumo de drogas, cosa que vos criticás duramente; 3) desde mi punto de vista el efecto a largo plazo de las drogas depende fundamentalmente del contexto social (es decir, el problema de la adicción a la cocaina es fundamentalmente social y no de dependencia química, ya que por décadas hubo consumo generalizado de esta droga con muy baja adicción, en oposición a lo que ocurre hoy. Para que haya un deslizamiento del consumo a la adicción tienen que darse fenómenos de marginalidad y de presión de pares y otras cuestiones. No se trata de que los efectos químicos no existan, sino de que operan de modos diferentes según el contexto); 4) si bien yo creo que es posible llegar a una verdad respecto de los efectos que la cocaina como sustancia tiene para el organismo humano, hay un debate muy grande respecto de este tema y creo que las conclusiones no son lo suficientemente claras como para que se pueda hablar de brindar información adecuada en el sentido que planteas. Vos hablás como si hubiera un debate saldado, cuando la cosa es mucho más compleja, y la verdad es que el prohibicionismo mismo hace que no pueda haber información adecuada, tema que no tocás. En un sistema donde hay prohibición, es muy dificil publicar que la droga no daña, podés cagarte la carrera y eso mismo sesga la investigación disponible. En este contexto, me parece problemático salir a hablar de “derecho a la información” cuando en realidad la producción misma de esa información esta afectada por las políticas prohibicionistas. No estamos hablando de un tema con el aborto para el cual si existe una información científica por demás confiable. Estamos hablando de un tema con un grado de politización tan alta que la información es dudosa. 5) Finalmente, en un contexto en el cual por primera vez en décadas se cuestiona el prohibicionismo, a mi me parece muy problemático salir a hacer eje en una crítica al relativismo epistemológico de un manual, de una manera que perfectamente puede ser leida como un ataque al prohibicionismo. NO digo que sea tu intención tal ataque, pero vos planteas como ejemplo que la distribución de droga en muchos casos sirvió como instrumento de dominación cuando el caso predominante hoy en el planeta es que el prohibicionismo es un instrumento de dominación. Estos son los puntos que quize expresar, quizá lo hice de manera muy confusa.

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    Pablo de Quilmes

    17/04/2012 at 03:04

    • No entiendo esta manera de polemizar. Primero, dijiste que adoptaba una postura moralista. ¿Dónde encaro la crítica al libro de GT desde una perspectiva moral? No lo señalás, pero lo afirmaste igual. Y no lo retirás. Segundo, dijiste que lo mi posición es “positivista”. ¿Dónde me baso en el positivismo? ¿Acaso la única crítica al relativismo epistemológico es el positivismo? Sin ningún argumento, sin embargo, me atribuís la idea, y no la retirás. Ahora me atribuís la estúpìda idea de sostener que todo el que defiende “el nuevo enfoque”, incluido The Economist, es relativista. La verdad, hay que leer de manera muy “atravesada” para semejante interpretación. Cuando presento el objetivo de la nota digo con claridad que se limita a criticar el enfoque general, epistemológico, del libro de GT. Leo The Economist desde hace años, conozco sus posiciones, ¿cómo no voy a saber que no tiene nada que ver con el relativismo epistemológico?
      Tercero, lo que sostengo es que nadie tiene el derecho a ocultar información. Hay gente que opina que encierra el mismo peligro de adicción probar un café, un vaso de vino o una dosis de cocaína, pero hay gente que opina que no es así. Lo que sostengo es que hay que presentar la información disponible a todo el mundo, y que no hay que descalificar posiciones con el argumento “todo es construcción social”. Brindar información adecuada es informar de lo que se dispone hasta el momento. En cuanto a lo problemático, a mí me parece muy problemático que cuando está aumentando el consumo a pasos agigantados entre la juventud, cuando está bajando la percepción del riesgo, se publiquen materiales como éste. A vos no te parece problemático, a mí sí. Discrepamos. Pues bien, así está la cosa. De todas maneras, ayer me enteré que a un chico de 12 años, muy cercano, le ofrecieron droga en el colegio. La rechazó. ¿Por qué? Porque tuvo prevenciones para probarla, porque tiene conciencia de que no es lo mismo que probar café. Muchos quisieran que no tuviera esa prevención, y probara con gusto. Son opiniones. Solo digo que ese chico tuvo la oportunidad de escuchar otra opinión, y por eso no probó.
      En definitiva, lo que sostengo es que hay que presentar todas las campanas a la gente, máxime si son estudiantes. Algunos irán con sus planteos relativistas, diciendo que “el problema de la droga es un invento del imperialismo”, y otros irán con otras posiciones. Lo que no admito es que en nombre del relativismo epistemológico, y de la “amplitud”, se presente una sola campana.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 08:56

    • Pablo, muy interesante todo lo que escribís pero la cuestión es que no podes probar lo del sesgo de información. Sobre temas extremadamente controvertidos hay debate en la comunidad científica, sobre los daños fisiológicos que producen las drogas duras no.
      A parte de que si la droga se legaliza totalmente, se va a legalizar en esta sociedad, como vos escribís:

      “Para que haya un deslizamiento del consumo a la adicción tienen que darse fenómenos de marginalidad y de presión de pares y otras cuestiones. ”

      Es decir el contexto exacto en el que se legalizaría la droga. Es en una sociedad capitalista, y por lo tanto consumista y alienada en la que estas planteando legalizar la droga, en este contexto concreto hasta vos acabas aceptando los resultados de las investigaciones científicas.
      La critica al relativismo entonces me sigue pareciendo central.

      La cuestión me sigue pareciendo que en el caso de legalizarse todas las drogas los que van a estar en peor situación van a ser las clases bajas. Pues van a tener peor acceso a cualquier tipo de información, o servicio sanitario, van a ser los más influenciables a las propagandas de los lobbies de las multinacionales capitalistas que se dediquen a lucrar con la droga, imagínate lo que puede ser una empresa del tamaño de Philip Morris intentando que la mayor cantidad de gente posible consuma cocaína y/o heroína. En la mayor cantidad posible.

      Saludos

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      Gerardo Daniel

      17/04/2012 at 09:09

  15. Estoy de acuerdo con el artículo en la medida en la que critica una posición relativista e irracional con respecto a una cuestión de primer orden como es la salud de los jóvenes. Poca libertad tendrá un adulto para decidir si drogarse o no, cuando su adolescencia está marcada por la droga como elemento social normalizado e incluso promovido por sus educadores.
    También habrá que discutir qué es la libertad, si nuestro cuerpo es de nuestra propiedad -tal como plantea Fernando-, y si decir que cada uno hace lo que le dicta su propia conciencia no es de alguna manera ingenuo, idealista y hasta reaccionario.
    Por otro lado no creo que haya dos posturas y dos posiciones políticas correspondientes entre racionalismo y relativismo -no es lo que dice Astarita, pero es un error muy corriente pensar de esa manera-. Ni tampoco es cierto, como puede sugerir Sokal, que el oscurantismo no hace demasiada mella en la comunidad científica. Cito a Max Planck:

    “Pero los científicos viven en el mundo lo mismo que las demás gentes. Algunos asisten a reuniones políticas y al teatro, y la mayor parte de los que conozco, al menos en Alemania, son lectores de literatura corriente. No pueden escapar de la influencia del medio en el que viven. Y ese medio en la época presente se caracteriza por un esfuerzo por librarse de la cadena causal en la que el mundo está enredado” (M, Planck, ¿A dónde va la Ciencia?, 1947)

    Esto era con respecto a los científicos de la república de Weimar. Imaginemos qué pasa con los que sufren el estigma de la bomba atómica.
    Hoy hay ingenieros o químicos o historiadores defendiendo la homeopatía, y en el escaparate de la izquierda ves llorar al libro rojo de Mao contra el libro naranja de Osho.

    Todos estamos sujetos al medio social en el que vivimos. Y uno de las asociaciones más comunes, al menos en Buenos Aires, donde crecí, es la que se daba entre los adolescentes curiosos, rebeldes, y las drogas. Sin duda, la moda contracultural norteamericana tuvo mucho que ver. ¿Esta también esto relacionado con el profuso consumo de cocaína entre la izquierda porteña actual?

    Otra cuestión ¿es suficiente para erradicar el consumo de droga el conocimiento de que ésta es perjudicial? ¿no lo saben, acaso, muchos consumidores, y por eso mismo consumen?

    Bueno, gracias por este espacio que para mí -y me imagino que para muchos otros-, es un lugar donde aprendo nociones de economía, de política, y donde hayo el impulso para sumergirme en diversas lecturas marxistas.

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    Pedro

    17/04/2012 at 06:53

  16. profesor astarita:
    Me parece muy acertada su crítica a esta moda de abandonar el método científico (y acusar de positivista a todo el que se resista)
    espero que no lo considere un abuso, pero aunque esto no sea un aula me gustaría preguntarle: ¿en su opinión esto del “relativismo epistemológico” coincidiría con el eclecticismo o el posmodernismo o habría diferencias relevantes?
    Hace poco en otro blog incluso leí una expresión nueva (para mí): “pensamiento líquido” ¿Sería lo mismo o algo parecido?

    gracias

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    escaiguolquer

    17/04/2012 at 08:27

    • Sí, claro, coincide con el eclecticismo y el posmodernismo. Y da lugar a todo tipo de charlatanería, al menos en las ciencias sociales.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 08:59

  17. Rolo, no te lo tomés a mal. Si te sigo cada uno de los postings es porque hay poca gente con la que aprenda tanto como lo hago con vos. Por cada cosa que te critico, hay miles que admiro. Debo admitir que si en algún momento salgo a darte con un caño, a veces no es otra cosa que una especie de rebelión edípica. Lo de positivista y moralista fue un exabrupto que no pensé y de lo cual me retracto, pero explicaré por qué lo dije para que se comprenda mi crítica.
    No me cabe duda que conocés que la postura de The Economist no puede englobarse con el relativismo epistemológico. Lo que yo digo no es que pensás esto sino que leyendo el artículo da la sensación de que casi lo estás sugiriendo. Y cito en concreto:

    “En este sentido, acompaña al “nuevo enfoque”, centrado en la despenalización del consumo, que están promoviendo gobiernos latinoamericanos, así como corrientes que van desde la derecha liberal (a nivel mundial la vanguardia sea tal vez el semanario The Economist), a la izquierda, y otros sectores. Muchos proponen incluso despenalizar la comercialización de las droga. Pero es en este marco, que Prevención… relativiza el peligro que representan sustancias como la cocaína y heroína.”

    La secuencia que aquí presentas pareciera sugerir que es en el marco del amplio espectro político que defiende la despenalización que emerge una relativización de los peligros de la droga que sería parte del relativismo epistemológico a tu entender. Admito que quizá leo demasiado en una secuencia, por eso hablé de que es algo que “sugerís”.
    Qué es lo que me parece moralista? Paso a explicar: Creo que hay dos problemas fundamentales en relación al tema que debatís. Por un lado está el problema de la creciente adicción, por el otro está el problema de la creciente criminalización. A mi criterio, el problema de la criminalización es más grave que el de la adicción, y verlo de otro modo implica una mirada moralista. En parte esto se relaciona con que vivo en un país donde más de un millón de personas está en prisión por haber consumido drogas. La cantidad de gente cuyas vidas han sido arruinadas por la prisión es mayor que la de aquellos/as cuyas vidas ha sido arruinada por la adicción.
    Por otro lado, yo creo que la adicción no surge de lo que pueda o no decir un manual de prevención, por muy malo que sea el manual. Yo creo que los pibes prestan bastante poca atención a lo que le digan en la escuela con el tema droga, porque estan acostumbrados a darse cuenta que sus docentes saben menos del tema que ellos. Y creo que si los pibes caen en la adicción no es por falta de información, ni por desconocimiento de sus riesgos. Manejan MUCHA información. Creo que caen porque llevan vidas desesperadas y la droga a veces se presenta como una oportunidad de romper con una cotidianeidad que no pueden soportar. Por ejemplo, muchas veces se pasa de la mera experimentación al consumo sostenido porque comienzan a vender por razones económicas. Caen porque a veces vender droga es mejor que laburar en una fábrica donde te super explotan. Y además, si vender drogas es rentable a ese punto es porque el prohibicionismo genera mafias. No se trata de meramente de mi visión personal. Hay una cantidad de trabajos en antropología que siguen a los pibes en Latinoamerica y les preguntan por qué se meten a consumir y comercializar. Me refiero por ejemplo a la etnografía de Dona Goldstein en las favelas de Rio, “Laughter Out of Place”. O a la etnografía de los chicos de la calle que Patricia Márquez realizó en Caracas (The Street is my Home). Parte de lo que hace la cotidianeidad opresiva y por tanto conduce a la adicción es el prohibicionismo y su persecución policial. El prohibicionismo, además, hace que la recuperación sea muy complicada, porque no hay que salir de la adicción solamente, sino que además hay que salir de un marco ilegal. Yo no creo que tu intención sea moralizar a nadie, y está mal que te haya dicho que sos moralista porque en realidad quizá se trata de que tenemos una diferencia política en cuanto a este tema.
    En cuanto a lo de “positivismo”: creo que el artículo que aquí escribís pone más enfasis en la información científica disponible que en el problema social. Es cierto que no negás el problema social, pero parecieras sugerir que si hay información adecuada no habría adicción. El pibe de 12 años que rechazó la droga, dudo que lo haya hecho porque dispone de información a la que otros no accederían. Ese pibe probablemente tiene una red de contención social y emocional que hace que para él no tenga sentido tomar una sustancia que lo haga salirse de este mundo por un momento. El problema que yo veo es que si bien yo no acuerdo con el relativismo epistemológico, si acuerdo con la noción de que el problema de la adicción es una construcción social. Y creo que esta cuestión de la construcción social vos la caricaturizás. Claro que lo hacés denunciando lo que dice el manual, pero a mi me parece problemático que para discutir una mirada se tome como contrincante a su peor expresión. Hay miradas e investigaciones mucho más interesantes que no dicen las caricaturas que vos presentás. Entiendo que tu eje es criticar la política de prevención del gobierno, y como dije, acuerdo en ese punto. Pero creo que como mínimo, y dado que tanto insistís en informar en relación a este tema, debieras plantearle a tu audiencia que existe una cantidad de bibliografía enorme desde la perspectiva de la construcción social que tiene planteos mucho más interesantes que lo que vos planteás. Y que además la noción de construcción social de la droga y la adicción no debe confundirse con el relativismo epistemológico, ya que muchas miradas constructivistas sobre el tema NO son relativistas, ni creen que la ciencia esté al pedo, ni creen que las sustancias químicas sean inocuas. Por ejemplo, el libro de Gootenberg que cité antes, tiene una perspectiva constructivista, y sin embargo el tipo no ha dejado de leer y considerar lo que plantean las investigaciones médicas. Y jamás dice la caricatura que vos planteas. Es cierto que tu artículo no es un review de la bibliografía existente, pero es un poco contradictorio sostener que hay que iluminar todo con información y no mencionar algo así siquiera en una oración. De todos modos, la caracterización de “positivista” fue un exabrupto, como dije. Lo retiro, porque entiendo que podemos tener también una diferencia política en torno a esto que no necesariamente se reduce a que tu mirada defiende un enfoque prístino de la ciencia.

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    Pablo de Quilmes

    17/04/2012 at 10:34

  18. Una pregunta, el manual que aquí criticás es este que pongo en el link de abajo?
    http://www.entrerios.gov.ar/CGE/2010/planeamiento/files/2012/03/cuadernillo.pdf

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    Pablo de Quilmes

    17/04/2012 at 11:09

    • No es este material. El que cité en la nota es “Prevención del consumo problemático de drogas, Un enfoque educativo”. Graciela Touzé, Ministerio de Educación, 2010.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 13:49

  19. Rolando, te quería consultar, que opinión te merece que en varios partidos de izquierda presenten en sus programas la despenalización del consumo “en si” como una consigna progresiva.
    Por otro lado, recuerdo haber leído tu escrito sobre la droga desde una perspectiva económica, ahí ponías bastante énfasis en que la producción de droga estaba sujeta a las leyes de la producción capitalista pero haciendo la salvedad en que ese tipo de producción se encarecía como consecuencia de las trabas legales. Si interpreto bien ese escrito económico sobre la droga, los productores y sobre todo los comercializadores (grandes) se benefician de las trabas legales.
    Saludos

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    Dani

    17/04/2012 at 11:27

    • Jamás estuve de acuerdo con la penalización del consumo. Sí, he escrito sobre aspectos económicos de la droga. Efectivamente, pienso que la existencia de canales ilegales permite la apropiación de plusvalía, en combinación con porciones importantes del aparato estatal, y de instituciones financieras internacionales.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 13:52

  20. que opinion tiene de la idea de transformar a ciertas drogas marihuana cocaina en drogas legales en toda la cadena como si fuese una mercancia mas como el cigarillo, no cree que eliminariamos todos los problemas del narcotrafico?

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    Alicia

    17/04/2012 at 11:29

    • Es la posición de The Economist, y de otros. El razonamiento es que si se libera totalmente el tráfico de drogas, se eliminan las mafias que se enriquecen gracias a los mecanismos ilegales. Los que están en contra de esta posición sostienen que la legalización completa del comercio, al menos en las actuales circunstancias, daría más vuelo todavía a grandes capitales vinculados al negocio, y aumentaría el número de consumidores. No soy un experto, ni mucho menos, para decidir sobre estas posiciones. Hasta hace unos meses me inclinaba por la liberalización completa. Escuchando los argumentos de gente que se opone (aclaro, además, están muy lejos de la derecha) hoy tiendo a pensar que la liberalización del comercio puede llevar a peores resultados (por ejemplo, ¿se daría plena libertad para que se propagandice el consumo? ¿Para que se venda libremente en los kioskos escolares?).

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 13:57

  21. Hola Gerardo Daniel. Te hago unos comentarios sobre tus previos comentarios a mis comentarios; comentarios que van dirigidos también a Rolo y a los que leen el blog:

    “1) Fernando, en cantidades suficientes el agua te puede matar. Y eso no dice nada sobre el articulo en cuestion.”
    Es verdad. Pero como Rolo toma argumentos cuasi “higienistas” de principios del siglo XX (al que suscribían muchas corrientes “científico-sociales” positivistas, socialistas y anarquistas), quise ejemplificar con algunas derivaciones políticas concretas que pueden asumirse desde la “defensa de la tradición científica y racionalista” a la que adscribe Rolo. Porque se le puede “pegar” al “posmodernismo”, pero depende desde dónde se le pega, desde qué andamiaje teórico. Y considero que las herramientas conceptuales de Rolo (que apenas esbozó), tienen un tufillo moralizante. Pero no me explayé sobre esto porque tampoco Rolo se explayó sobre el asunto: sólo criticó superficialmente a los “posmodernos”, asumiendo entre líneas un pensamiento filopositivista. El “posmodernismo” tiene algunos ejes problemáticos interesantes, aplicados inclusive a las ciencias “duras”, como lo hizo Prigoyine, quien tomó la teoría del caos para relativizar la “exactitud” y “dureza” de la física… Pero bueno, esto no viene a cuento ahora, en este comentario, porque Rolo no lo desarrolló por demás: simplemente atacó “epistemológicamente” a una autora presuntamente “relativista”, y lo hizo “en defensa de la tradición científica y racionalista” tomando como base a Sokal, un reconocido positivista que desprecia ciertos enfoques de las ciencias sociales. Rolo parecería obviar que la ciencia (las “ciencias” agrego yo) siempre es ideología (“ideologías” agrego yo): ahora, en el pasado y siempre. Pero, repito, no da explayarse en esto: Rolo mezcló “relativismo epistemológico” con “presunciones morales” sobre el uso de las drogas y yo señalé algunos peligros “morales” que se derivan de ciertas posturas morales como las que exhala Astarita.

    “2) La legalización o no de la droga no tiene nada que ver con la revolución. Legal o ilegal en el capitalismo los que va a llevar la parte jodida del asunto son los laburantes.”
    La legalización o no de la droga “sí” y “no” tiene que ver con la revolución: depende. Pero supongamos que es como decís, que no tiene nada que ver, tampoco tendría nada que ver, si asumiera lo que decís, que el artículo de Rolo tenga algo que ver con la revolución y diríamos que es “una charca inconducente”… Desde ya, no creo que sea una charca porque no se habla de la revolución concretamente: creo que todo puede hablarte de todo y todo tiene que ver con todo. Hasta el sexo de los ángeles.

    “3) No anula lo que decís sobre él, pero Coriat escribió un libro donde prácticamente tiene un orgasmo alabando el modelo de capitalismo toyotista! Linda fuente te buscaste!”
    Yo no juzgo a Coriat como pensador ni a las posiciones políticas que adopta. Te recuerdo que Lenin alabó al método del ingeniero Taylor, que aplicó a los procesos de trabajo de la naciente URSS para reactivar el circuito productivo y hacer avanzar a las fuerzas productivas… ¡No deduzco de ese hecho que Lenin alabara el modelo de capitalismo taylorista!

    “4) A partir de “Es verdad que en las relaciones sociales capitalistas,”, es un delirio lo que escribís.
    ¿Porqué no volves a leer la nota y escribis algo que tenga que ver con ella?”
    Releí el artículo de Rolo y también mis comentarios. Rolo mezcla apreciaciones epistemológicas (ataque al “posmodernismo” -¡como si éste fuera un bloque homogéneo!- desde una tradición “cientificista y racionalista” -¿positivista entonces? porque Rolo no apela a la ciencia marxista, o al menos no la explicita y sí explicita la tradición “cientificista y racionalista”, que es la tradición en la que se basaba la criminología de prinicipios del siglo XX para disciplinar a la sociedad y perseguir a personas de extracción de clase y “racial” diferentes a la de las clases dominantes…-) y moralistas (tomar cocaína “genera un alto riesgo de adicción”… sí, tomar un vasito de vino por las noches como aconsejan los “cientificistas y racionalistas” médicos alopáticos también puede “generar un alto riesgo” de alcoholismo si uno le toma el gustito y se baja dos botellas de tres cuartos de litro cada una por noche…). Por otra parte, no considero que sea un delirio lo que escribo: la gran mayoría de los adictos a las drogas ilegales son sujetos que no están en el circuito productivo de mercancías: lúmpenes/indigentes (muchos, en Argentina al menos, son adictos a la pasta base con la que se fabrica cocaína -“paco”-, que en verdad es un residuo y no una “droga”, y al “poxi”, a la cocaína “cortada” con cualquier cosa, etc., entre otras drogas) e hijos de ricos (jóvenes plutócratas que van de fiesta en fiesta consumiendo éxtasis, cocaína, heroína, etc., siempre de buena calidad). Los que trabajan -es decir, los proletarios, los que nos sometemos voluntariamente a la explotación burguesa-, la mayoría no somos adictos, porque si lo fuéramos, nuestra conducta se “desordenaría” según los burgueses y terminaríamos echados de nuestros trabajos; pero aún así, hay trabajadores que son adictos: miles de oficinistas que toman ansiolíticos “legales” para soportar la explotación y la opresión cotidianas, ejecutivos (son asalariados, ¿verdad?) que toman cocaína para cumplir con los “objetivos” de las empresas y acercarse al sueño de ser burgueses “plenos”, redactores y creativos publicitarios que experimentan con lsd para “visualizar” nuevas ideas o que fuman marihuana para expandir la “sensibilidad”, etc., etc., etc.

    Saludos,
    Fernando.

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    Fernando

    17/04/2012 at 12:59

    • “Tufillo moralizante”, “positivista”, apego a la tradición racionalista que basada en la criminología busca “disciplinar la sociedad”. Pues bien, frente a estos “cargos”, sigo pensando que no hay que ser moralista, ni positivista para sostener que no tiene la misma evidencia científica, por ejemplo, el creacionismo, que la teoría de la evolución. O para afirmar que por fuera de los “relatos” existe una realidad en la que muchos fenómenos son independientes de lo que pensamos, imaginamos, o relatamos. Tampoco es necesario ser marxista para sostener esto (la ciencia no empezó con Marx). Ni tiene relación alguna con intentos de “disciplinar a la sociedad”.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 13:45

    • Decis:
      “La legalización o no de la droga “sí” y “no” tiene que ver con la revolución: depende. Pero supongamos que es como decís, que no tiene nada que ver, tampoco tendría nada que ver, si asumiera lo que decís, que el artículo de Rolo tenga algo que ver con la revolución y diríamos que es “una charca inconducente”… Desde ya, no creo que sea una charca porque no se habla de la revolución concretamente: creo que todo puede hablarte de todo y todo tiene que ver con todo. Hasta el sexo de los ángeles.”

      Bueno esta bien, si queres pensar eso esta bien, ni me pienso molestar en seguir discutiendo.

      El resto del escrito es un amontonamiento de ganzadas. Se feliz.

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      17/04/2012 at 13:52

  22. Bueno Rolo y Gerardo Daniel, no sé qué leen…
    Rolo: seguís apelando a una “evidencia científica” que no sé cuál es…
    Hubo “evidencias científicas” que dejaron de serlo cuando hubo otra “evidencia científica” que demostró tener mayor consenso científico entre los hacedores/administradores de las ciencias… Por ejemplo, el consenso científico entre los virólogos dice que el “sida” es contraído por los que sí o sí tienen el “vih”. Sin embargo, científicos de renombre como Kary Mullis (premio nobel de química en 1993) dicen que ese virus no genera el sida; y otros, como el biólogo alemán Lanka, directamente dicen que el virus no existe porque no se lo aisló y por lo tanto no se pudo reproducir en laboratorios bajo “iguales condiciones” (es el “abc” de la “ciencia” dura, ¿verdad?). Sin embargo, la “comunidad científica” dice que Gallo-Motagnier aislaron el virus y comprobaron que estar contaminado con vih es condición sine qua non para desarrollar la “enfermedad sida”… En la física, muchos cuestionan varios pilares en torno al “tiempo” y el “espacio”, afirmando algunos que el tiempo no existe… Y así, podría seguir enumerando “evidencias científicas” de otras disciplinas que, si no son endebles, sí son cuestionadas y no pueden derribarse tan fácilmente.
    Pero sólo tomando un solo ejemplo de los brevemente señalados: la ciencia de la virología estableció que el vih puede generar sida. Bien, entonces la medicina (¿podemos decir que es una “ciencia aplicada”?) actúa en consecuencia… y también actúan en consecuencia las empresas farmacéuticas y las ciencias sociales (sociólogos y los que aplican el disciplinamiento de los sociólogos -“trabajadores sociales”, los diplomados en “relaciones del trabajo”, etc.-) y así, desde la “ciencia”, se avala la discriminación (aún hoy un homosexual en muchas partes del mundo no puede donar sangre, o alguien que está tatuado) porque muchos colectivos sociales tienen “conductas de riesgo”; también se recomiendan conductas morales en cuanto a prácticas sexuales (no hay que ser “promiscuo”, hay que mantener relaciones sexuales con una “pareja estable” y si no lo es hacelo con preservativos… ¿la iglesia católica con investidura “científica”?, etc.). Sí, la “ciencia” es moral. Y las consecuencias que se derivan de avalar a determinadas “evidencias científicas”, también son morales… A Mullis lo rajaron de la universidad y a Lanka también, aislándolos de lo que saben hacer: ciencia. ¿Debe extrañar esto? No, ocurre todo el tiempo…
    Pero siguiendo con el tema “vih-sida”, muchos casos “positivos” se negativizaron gracias al psicoanálisis. “Cómo puede ser” se pregunta un Mario Bunge (positivista legendario si los hay). Sólo hay dos caminos: o se reconoce que el psicoanálisis es una ciencia (claro que para muchos la “evidencia científica” no será tal porque toman como modelo de “ciencia” el de las ciencias duras, que toma por “evidencia científica” lo que “se ve”…) o que el asunto del vih es un invento “científico”… En fin, hay tela para cortar durante largo rato.
    Por último: sí Rolo, hay un “tufillo moralizante” en tus reflexiones. Y otra cosa: si querés pegarle al posmodernismo, podrías hacerlo desde la ciencia marxista si quisieras, no apelando a Sokal…

    Saludos,
    Fernando.

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    Fernando

    17/04/2012 at 16:34

    • Si considerás que hay muchos más ejemplos de los que das, estaría bueno que los des, ya que los presentados me parecen endebles.
      1) Mullis nunca presentó evidencia sobre la no relación entre el SIDA y el virus HIV, solo se limitó a presentar su apoyo a esa visión. Hay que tener en cuenta que Mullis no es experto en el tema, nunca hizo investigación sobre el tema y que considera que el virus HIV sí existe
      2) Lanka es muy desacreditado por sus pares (podría responsabilizarse al establishment) y publicó muy poco de manera formal sobre el tema. La mayoría de sus publicaciones son informales o entrevistas. Encima, al considera la no existencia del virus, entra en conflicto con la posición de Mullis.
      3) Sobre el cuestionamiento del tiempo y el espacio en la física mucho no te explayaste y lo puedo entender porque mucho no hay para decir. Decir que el tiempo y el espacio no existen cuando se les descubren propiedades que modifican la forma en que la materia se comporta, no tienen mucho sentido. Por ejemplo, los relojes de los satélites GPS van mas lento que sus contrapartidas en la tierra, por lo cual, para mantener la precisión de los cálculos, deben calibrarse a diferentes frecuencias.
      4) Sobre como se usa la etiqueta de “ciencia” para oprimir a la población, el tema es mas difuso. Lo que si te puedo decir es que muchos casos que andan dando vuelta (no necesariamente los que vos planteas) son simplemente mentira, y justamente Sokal se encargó en sus publicaciones de demostrarlo.

      Saludos

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      zurdito

      17/04/2012 at 19:23

    • Mi posición sobre la moral la he explicitado en otra nota, donde discuto el tema de la ética en Marx. En mi razonamiento no tiene nada que ver la moral. Cuando planteo que no hay que esconder información, lo hago desde el punto de vista de la defensa del derecho democrático de la gente a conocer las distintas posiciones. En este caso específico, de aquellos que dicen que la cocaína es tan adictiva como el café, y la de aquellos que dicen que es mucho más adictiva. No hago ningún cargo moral a GT. Simplemente discrepo, y profundamente, con su enfoque.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 19:58

    • ¿De qué manera “droga” deriva del griego “pharmakon”? Y yo que creía que se trataba de una palabra de origen incierto… Pero ¿qué importancia puede tener eso, cuando uno leyó a Derrida y quiere dejarlo ver? Aunque, pensándolo un poco, no me lo imagino a Derrida pretendiendo que el psicoanálisis le iba a curar el cáncer de páncreas. Más bien me lo imagino tomando todo tipo de precauciones contra transiciones, conexiones, anexiones y/o identificaciones tan rápidas como las que hacés vos: de la profilaxis sexual a la moral cristiana sin escalas, de la medicina preventiva al sensorialismo positivista en un santiamén… ¿Ni se te pasó por la cabeza que la iglesia católica se opone al uso del preservativo y toda otra forma de anticoncepción, que las razones que encumbran a una figura científica pueden estar más vinculados con los negocios que con la ciencia misma, o que puedan hacerse recomendaciones higiénicas que no se limiten a vehiculizar un disciplinamiento policial o un moralismo puritano? Tu estrategia, demasiado manida ya, de jugar a fuego contra fuego usando rótulos o nombres asociados a la ciencia para relativizar a la propia ciencia (un veloz charter del falsacionismo a la teoría del caos, con la consabida escala en Prigogin) da sobre todo la impresión de que no tenés -ni querés tener- demasiada idea sobre los temas y nombres por vos mismo invocados. En fin, decís que el postmodernismo no es un bloque homogéneo y me parece que tenés razón, pero tu propia intervención contribuye muchísimo a dar la sensación contraria. Lo tuyo es tan unilateral y tan exagerado que parecés un fundamentalista moralizante pero al revés.

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      Vico

      17/04/2012 at 21:32

    • Uno comentario a los comentarios que se le han hecho a Fernando. Tengo un conjunto de datos concretos acerca de SIDA y psicoanálisis, y una reflexión respecto a las sustancias nocivas que pueden generar dependencia.

      Respecto a SIDA y el psicoanálisis: existe un campo dentro de la medicina que es la Psico Neuro Inmuno Endocrinología (PNIE), que estudia la relación entre fenómenos psíquicos, neurológicos, inmunológicos y endocrinológicos. En este campo, se estudian cómo los factores emocionales se relacionan con los bioquímicos, y se tiene bastante evidencia, por ejemplo, de que la depresión o la ansiedad cursan con una disminución del sistema inmune y un aumento de las alergias o ciertas enfermedades . La “negativización” del SIDA no significa que el virus sea eliminado totalmente, sino que el sistema inmune del sujeto -posiblemente fortalecido por una recuperación psicoanalítica, y su correlato bioquímico- está más fortalecido y puede lidiar mejor con esta enfermedad -hasta el momento- crónica, disminuyendo a niveles indetectables el número de virus. Dejo este link que encontré donde se habla un poco de la PNIE http://www.colebioqsf2.org.ar/psiconeuroinmuno.htm . Hay que aclarar que, como con todo, hay en la medicina quienes consideran a la PNIE como inválida.

      Respecto al alcohol, el cigarrillo o las drogas, creo que la adicción es más que perniciosa, básicamente es la esclavitud del sujeto a sus propios intintos o deseos “que se le anarquizan y lo dominan” -robándole la frase a Marx en referencia al pensamiento religioso. En lugar de organizar sus deseos y placeres de manera constructiva para sí mismo, se le disocian y se le hace muy difícil organizarlos en su beneficio, pasan a generarle perjuicio, algo para lo que “no están”, o uno desearía que no estén, o al menos reconoce que “no funcionan en beneficio, sino en perjuicio de uno mismo”.
      Similarmente a la adicción al juego, esclavizan al sujeto a través del placer, no del dolor (el dolor aparece con la conciencia de la dependencia). Es decir, sólo dan placer al sujeto en la medida en que lo privan de su autoconciencia, que es indispensable para su autodominio.
      Ahora, no creo (no lo sé concretamente) que necesariamente se caiga en la dependencia con todas estas sustancias -por otro lado no es lo que sostiene la nota.
      Entonces, la pregunta sería si una sustancia X puede generar dependencia bioquímica esclavizante en la mayoría de las personas, o si en realidad es la predisposición subjetiva personal la que ata a la persona al placer que le da la sustancia X; o si no son ambas cosas a la vez. Si fuera sólo una de estas posibilidades, entonces seríamos simplemente seres bioquímicos (con una subjetividad impotente de intervenir en nuestra experiencia) en el primer caso; o seríamos seres meramente abstractos (sin materialidad, algo absurdo también) en el segundo. Yo creo que ninguna de las dos resiste un contraste científico, sólo la posibilidad de que sea parte y parte se me presenta como respuesta.
      No tengo claro el asunto; quizá existan sustancias que generan tal “recompensa” bioquímica que se hace casi imposible salir de su consumo una vez iniciado, y quizá también ocurra que una subjetividad “que se quiera” a sí misma (y que por ende no tolere verse sometida por la dependencia) pueda probar sustancias con alto potencial adictivo (esclavizante) y no entregarse.
      De todas maneras, me da la impresión de que hay consenso en que la dependencia es, en todas sus formas, un perjuicio enorme para las personas.

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      Juan Pablo

      18/04/2012 at 01:00

    • Aunque soy un lego en Filosofía de la Ciencia me animo a resaltar que usted comete el error de considerar la existencia de una Ciencia Única, negando así que existan varias ciencias, a veces contradictorias entre sí, pero todas capaces de neutralizar operaciones y de elaborar teorías que, sorprendentemente, funcionan en el mundo.
      Lo del psicoanálisis se resuelve fácilmente con el falsacionismo, cosa que no tiene por que negar su utilidad, pero sí su categoría de ciencia.
      Que el posmodernismo haya llegado a negar el HIV es escandaloso, pero igualmente comprensible.
      ¿Qué puede resultar más moralista que evitar el examen o la utilización de argumentos de un autor, porque éste no coincide con nuestras opiniones políticas? -¿Habría que negar la estructura del ADN porque James Watson, su descubridor, en sus desvaríos considera que los negros son inferiores?- A Sokal lo citan también los anarquistas anticientíficos, a los que les dio una poderosa prueba contra los discursos académicos y científicos, que a veces la única criba que pasan es la de un lenguaje extremadamente hermético. En cualquier caso, parece ser que Sokal es relevante en estas cuestiones.

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      Pedro

      18/04/2012 at 06:06

  23. Hola,alguien tiene el libro en cuestion en version digital?.Si alguien puede pasarme un link para descargarlo se lo agradecere.

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    Andrés Alejandro

    17/04/2012 at 19:35

  24. “Pero siguiendo con el tema “vih-sida”, muchos casos “positivos” se negativizaron gracias al psicoanálisis.”, vamos …. no hay nada serio que respalde eso … pero bueno… volvamos a lo que se estaba discutiendo.

    Creo que el artículo señala que las drogas dañan la salud de las personas. Lamentablemente esto es así aunque queramos ser moralistas o antimoralistas, positivistas o antipositivistas.

    Que alguien salga a decir que eso es “relativo” a cada cultura es una barbaridad.

    Pongamos el caso de una droga legal: el tabaco. Es nocivo por donde se lo mire.

    Que venga Graciela Touzé a decir que los daños que produce es un producto de la modernidad es, realmente una reverenda ganzada. A ver, el consumo de tabaco es contraproducente para la salud.

    También es un desperdicio que tantos jóvenes estén tan atrapados en la redes del alcohol o ya no conozcan ni a la madre a la hora de tironear una cartera para vivir drogado.

    No es estigmatizar a nadie plantear que el alcoholismo u otras formas de dependencia está haciendo estragos en la juventud.

    Pienso que hay que pelear contra la adicción a las drogas, y no contra los adictos.

    En mi caso, soy un dependiente del tabaco, que de muy joven se hizo adicto pensando que se “revelaba” contra no se que cosa. Y si cualquier pibe hoy me pregunta, yo le digo que no fume, que es una cagada. No se si estaría mal que se prohíba el tabaco, porque es mentira que podes elegir… si sos adicto no elegís.

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    Roberto

    17/04/2012 at 19:45

    • La nota ni siquiera dice que la droga daña a la salud. Lo que dice es que hay muchos investigadores que sostienen que la droga daña a la salud, y que esta información no se puede desconocer con el argumento “todo es construcción social” o “discursiva”, etc.

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      rolandoastarita

      17/04/2012 at 19:54

  25. La verdad es que cuando acabé de leer el artículo, lo primero que pensé es que había poco para agregar, o más bien, que había poco que criticar y que si faltaba algo era por el lado de desarrollar el tema de las propuestas de despenalización. Después pensé que seguramente “alguna opinión discrepante” aparecería. Pero luego de ver el tenor de las discrepancias planteadas no dejo de sorprenderme. Me resultan hasta risueños algunos cuestionamientos; sorprendentes otros, algunos hasta increíbles (el psicoanálisis que cura el sida!!!).

    En mi opinión, hay algo que creo que hay que remarcar (si ya está dicho en el artículo pido disculpas, pero después de leer los comentarios debería leer el artículo de nuevo, solo que no me sobra el tiempo). Creo que hay que remarcar que, drogarse, en general, es agradable, al menos en una primera instancia. Esto, que creo que es tan elemental incorporar al discurso sobre este tema, muchas veces se omite o se esconde, con el resultado de que el resto del discurso contra el abuso de las drogas se desecha cuando se descubre esa omisión u ocultamiento. Insisto, esto hay que decirlo. El flagelo de la droga está vinculado al deseo de sentirse bien. Y sea porque la sociedad, la familia, las instituciones o la mala suerte nos empujen hacia la droga, el deso de sentirse feliz es un impulso vital irresistible.
    Legales o ilegales está visto que tenemos que aprender a convivir con las drogas. El tema es cómo hacerlo.

    En mi opinión hay que empezar por decir toda la verdad, lo cual incluye, desde que las drogas generan una sensación de bienestar hasta que son capaces de destruir la vida. Lo primero no se debe omitir y lo segundo debe ser explicado y grabado a fuego. Los artículos como el criticado por Rolando [*] son totalmente nocivos, irresponsables y cómplices -concientes o inconscientes- del flagelo de la droga.

    Acerca de la despenalización, yo estoy resueltamente a favor de despenalizar a los consumidores. Respecto de la producción creo que debe implementarse su regulación, con prohibición absoluta de propagandizar comercialmente los productos, los cuales deberían limitarse a algunos pocos que cumplan con parámetros científicos. Por poner un ejemplo, teniendo en cuenta que las plantas de marihuana poseen actualmente una concentración del principio activo varias veces superior (entre 4 y 8 veces) al que contenían las plantas de veinte años atrás, y dado que fumar la hierba es altamente perjudicial, esta droga podría ofrecerse en tabletas o pastillas con una concentración regulada, como se hace con cualquier producto farmacéutico, de modo de que las dosis sean lo menos dañinas dentro de lo posible. Para la obtención del producto deberían exigirse recetas como con cualquier psicotrópico (entiéndase que drogas como LSD, cocaina, marihuana y otras pueden inducir la aparición de estados psicóticos). El precio debería ser también regulado. Etcétera.

    Sé que esta propuesta es criticable, pero creo que debería serlo en el sentido de perfeccionarla evitando caer en la posición de que nada puede hacerse al respecto. La realidad es que con regulación estatal o sin ella la droga va a seguir produciéndose, circulando y consumiéndose. La prohibición no es el camino. Hay que poner el máximo empeño en obtener el menor daño posible sabiendo que el daño cero, sino utópico, por lo menos no es fácil de alcanzar.

    [*] El artículo de GT es un clarísimo ejemplo de los disparates a que lleva el relativismo epistemológico. Cualquier crítica a la posición de Rolando -o a la propuesta que acá hago-, cualquier error u omisión en Rolando -o en quienes consideramos que textos como ese implican una cuasi apología encubierta de la droga-, no debería pretender sin más la reinvindicación de semejante charlatanerismo oscurantista antirracional y por ende, anticientífico pensamiento.

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    Eduardo

    18/04/2012 at 00:06

  26. Rolo, ninguna de las posiciones de despenalización contempla la posibilidad de propagandizar la droga y promoverla. Eso de que se podría vender droga en el kiosco de un colegio es una chicana. Que algo no esté prohibido por ley no significa que se lo pueda vender y consumir en todos lados. Los cigarrillos no son ilegales, al igual que el alcohol, y no por eso se venden en el kiosco de un colegio. Y esto si confirma una perspectiva moralista de tu parte. Este tipo de argumentos de “panico moral” frente a la posibilidad de la despenalización no tienen el menor respeto por la pila de bibliografia que hay discutiendo este tema. Los planteos despenalizadores pretenden impulsar programas de desaliento al consumo y programas de prevención. Confundir despenalización con promoción abierta es no entender nada. Eso de que la despenalización aumentaría el consumo es un argumento que no tiene ninguna prueba. Es una especulación completa basada meramente en pánico moral fundado en la supuesta idea de que la droga por si misma es algo así como una sustancia diabólica que tiende a expandirse, o que hay un complot desde la elite para pudrir a la juventud. Si vas a sostener algo así, por favor brindá alguna prueba al respecto, porque no has probado nada ni citado bibliografía. Lo único que hiciste fue apelar a asustar a quienes razonan desde el sentido comun más básico. De hecho, en general históricamente es la prohibición la que está asociada al aumento del consumo. Y sobre esto hay mucho escrito en relación a la ley seca y el alcohol en USA.
    Vos por un lado planteas que hay que brindar información y debatir abiertamente, pero todos tus argumentos muestran que vos no atacas a los contrincantes ideológicos más interesantes, sino que elegis los argumentos más endebles de los textos más imbéciles. Yo no he leido una sola perspectiva constructivista social que plantee que las sustancias psicoactivas no tienen efecto sobre la biología. Si no tuvieran ningún efecto sobre la biología, para qué cuernos se consumen? Estas invocando una verdad de perogrullo. Jamás lei un solo texto contra la prohibición que planteara la libre propaganda sobre el tema droga. Es un invento lo que estás diciendo, o una posición delirante. Discutí autores serios, no luches contra espantapájaros intelectuales. Las cosas mas interesantes que existen al respecto aparecen completamente caricaturizadas en tu análisis.

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    Pablo de Quilmes

    18/04/2012 at 02:46

    • “Vos por un lado planteas que hay que brindar información y debatir abiertamente, pero todos tus argumentos muestran que vos no atacas a los contrincantes ideológicos más interesantes, sino que elegis los argumentos más endebles de los textos más imbéciles”. Sí, efectivamente, solo quise criticar un texto que baja a los estudiantes y docentes, con el aval del Ministerio de Educación, con un enfoque que me parece muy equivocado. Me llama bastante la atención que te haya puesto bastante nervioso mi crítica. Te confieso que a mí me puso bastante nervioso leer ese texto; máxime pensando que tengo un hijo en edad escolar, quien seguramente puede ser destinatario de semejantes mensajes. Es este texto el que habilitaría a una propaganda del tipo “probar cocaína encierra tantos riesgos como probar café”, o “la droga en sí misma no encierra peligro, porque todo es construcción social”. Si estas ideas se envían en un texto a los colegios, ¿por qué este mensaje no puede ser difundido libremente? Además, he contextualizado este texto: se edita en un momento en que baja la percepción del riesgo implicado en la droga. Por lo que veo, vos estás muy contento con que baje la percepción del riesgo, y parece que lo alentás (no vaya a ser que caigamos en difundir “pánico moral”). Entiendo por eso que te moleste tanto mi critica a un texto, destinado a los colegios, que tiene como objetivo disminuir la percepción del riesgo.
      De todas maneras, deberías admitir (solo por una cuestión de criterios democráticos) que los que sostienen que el consumo ocasional de cocaína, por ejemplo, encierra mayores riesgos que el del café, pueden tener razones fundadas para sostener lo que sostienen, y para criticar a los que afirman que sus afirmaciones son meras “construcciones sociales” (derivadas del dominio del imperialismo).
      Acerca de cargos “morales”, bueno, ya no sé qué es moral entonces. Con tu argumento se puede acusar a los que sostuvieron, contra las tabacaleras, que la nicotina genera adicción, que hicieron sus acusaciones para sembrar “pánico moral”.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 09:48

  27. Vos decís “Los que están en contra de esta posición sostienen que la legalización completa del comercio, al menos en las actuales circunstancias, daría más vuelo todavía a grandes capitales vinculados al negocio, y aumentaría el número de consumidores.” Por favor decí quién sostiene esta posición y en base a qué evidencia.

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    Pablo de Quilmes

    18/04/2012 at 02:50

    • El Partido Obrero sostiene que la legalización daría vuelo a grandes capitales vinculados al negocio. Muchos militantes de asociaciones de padres y madres vinculados a la lucha contra la droga sostienen que, al menos en las actuales circunstancias, aumentaría el consumo. Tienen largos argumentos al respecto. Lo que sostengo es que toda esta gente debe ser escuchada, y no descalificada con el argumento “todo es construcción social”, y menos “son funcionales a la derecha”.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 09:31

    • Estoy algo extrañado, porque nunca ví publicada la posición que Astarita atribuye al PO, por más que no me parece desacertado suponer que la legalización podría contribuir a aumentar la circulación y el consumo de drogas (no me gusta usar esta palabra así, en general, pero es lo que hay).
      En cambio, es más conocida la postura del PO sobre que la prohibición es funcional principalmente al negocio del tráfico, ya que contribuye a mantener más altos los precios y más cautiva a la clientela (en esto hay una analogía con la prohibición de la prostitución callejera, que es funcional a los proxenetas dueños de “derpas” y “pirigundines”).
      El PO suele hacer hincapié en el necesario vínculo que debe existir entre el lavado del dinero del narcotráfico y la gran banca, entre otros mecanismos e instituciones intocables del capitalismo (es decir: legales). Asimismo, el PO ha insistido sobre los lazos que necesariamente deben existir entre el narcotráfico, la policía y los punteros.
      Por último: hasta donde sé el PO es contrario a la penalización de los consumidores, un recurso apto sobre todo para que la policía enganche en el delito (o directamente liquide) a jóvenes pertenecientes a la franja más sufrida de la clase obrera.
      El tema del consumo y sobre todo del narcotráfico (un jugoso negocio capitalista) debe ser siempre analizado desde una perspectiva de clase, y no al margen de ella. Desde una perspectiva obrera y socialista el foco debe recaer sobre los estragos de todo tipo (no sólo en términos de salud) que, por ejemplo, el paco produce entre los jóvenes y los no tan jóvenes pertenecientes al sector más hundido de la clase trabajadora, y no sobre la intangibilidad del deseo soberano de tal o cual “librepensador” y cosas por el estilo. Para ilustrar el punto, y aunque sé que no es una fuente científica sino sólo periodística, a quienes aún no lo hayan leído recomiendo la lectura de “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia” (sobre el asesinato del “Frente” Vidal y la vida cotidiana en San Francisco Solano).
      Hablar de la conciencia y la emancipación de la clase trabajadora no debe ser un mero formulismo, sino que debe dársele un sentido integral.

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      Vico

      18/04/2012 at 11:36

    • Es posible que no haya quedado claro por mi forma de expresarme en la anterior respuesta. PO sostiene (por lo que leí) que la legalización daría vuelo a los grandes capitales involucrados en el negocio de la droga. Son los padres y madres de víctimas de la droga quienes sostienen que la legalización de la venta aumentaría el número de consumidores. No conozco la posición de PO en este último respecto. Intuyo que podría coincidir, al menos parcialmente (si dice que aumentaría el volumen de negocios, es porque habría más consumidores), pero es solo eso, una intuición. En cualquier caso, y por una charla casual que tuve con un compañero de la dirección del PO sobre el asunto, me queda claro que esta organización no toma el asunto con un criterio “light”, semi posmoderno, como hace otra gran parte de la izquierda.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 12:28

  28. No hay NADIE que niegue que la mayor parte de las drogas dañan la salud. También daña la salud el chocolate, el café, comer muchas grasas, ser obeso. Yo soy adicto a la comida, y te aseguro que es un tema grave y terrible de manejar. Qué hacemos? Ilegalizamos la comida para los gordos? Mirá que hay una pandemia de obesidad a escala mundial. Discutir la cuestión drogas sólo en términos de si daña o no la salud es muy problemático. En primer lugar porque hay drogas ilegales como la marihuana que son menos dañinas a la salud que muchas sustancias legales. El problema es que vos presentás mucha información que nadie está discutiendo ni cuestionando, y por otro lado ignorás argumentos muy fuertes.
    Por ejemplo, la cuestión de las drogas es también necesario plantearla en términos de DERECHOS. Debemos ser dueños de nuestros propios cuerpos, y si bien hay que pelear por toda la información disponible y todas las perspectivas desde todos los ángulos, al final del día yo tengo derecho a meterme en mi cuerpo lo que se me cante. Y es MI responsabilidad. De otro modo, pareciera que mi cuerpo pertenece al estado. NO puede ser que el estado tenga derecho a encarcelarme porque a mi se me ocurre consumir algo, ya sea que ese algo sea dañino o no para mi. Otra cosas MUY diferente es que se me castigue si yo le vendo algo dañino a otras personas. Pero la despenalización del consumo se plantea frecuentemente junto con mayores castigos al comercio. Ni siquiera estableces una diferencia entre consumo y comercio, Rolo. Realmente estoy muy sorprendido que alguien con la altura intelectual que tenés vos debate de este modo. Al principio pensé que era todo un malentendido, ahora la verdad es que me da bronca.

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    Pablo de Quilmes

    18/04/2012 at 03:11

    • “El problema es que vos presentás mucha información que nadie está discutiendo ni cuestionando, y por otro lado ignorás argumentos muy fuertes”. Yo critico el enfoque general de un texto que desconoce información con el argumento “el problema de la droga es construcción social”, y por lo tanto cuestiona como irrelevante o falsa información que los lectores del texto tienen derecho a conocer. Acerca del derecho a la libertad, no lo he tratado en este texto, porque pienso que es pasible de un tratamiento especial. Pero no lo he tratado en esta nota. “Ni siquiera estableces una diferencia entre consumo y comercio, Rolo”. No es el tema de la nota; tampoco del libro que critico. No sé de dónde sacás que no entiendo la diferencia entre consumir y distribuir. Jamás sostuve que estoy de acuerdo con encarcelar gente por consumir. No lo dice la nota. Lamento mucho tu bronca. Lamento mucho que quieras leer en la nota lo que se te da la gana. A mí no me da bronca porque estoy acostumbrado a estas formas de debatir.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 09:28

  29. Yo tampoco dije que vos querés encarcelar gente por consumir, ni que lo diga la nota. Es evidente que tu posición es más compleja que eso, aunque la verdad es que tu posición no queda para nada clara. Y vos reivindicás escribir sobre el tema sin dar cuenta de cual es tu posición sobre el tema prohibicionismo y sin dar cuenta tampoco del tema del derecho individual. Crees que es posible desligar todos estos temas. Planteas las cosas como si fuera posible criticar un manual de prevención de manera formal y en terminos epistemológicos abstractos, sin explicitar desde qué perspectiva estás hablando. YO creo que eso es formalismo puro. Y cuando uno lee ciertas ideas implícitas que parecen problemáticas, salís a reclamar que sólo se considere lo que decís en el sentido más estricto, como si uno pudiera separar las cosas tan claramente. Yo me pregunto, en el marco de un debate enorme sobre este tema, cuál es el objeto de salir a criticar un manual que anda circulando por ahí sin dar cuenta del debate en un sentido más amplio? Vos querés forzarme a leer la nota como si uno no pudiera ver lo que está entre líneas. Además cuando eso que está entre líneas luego aflora en tus comentarios.
    Una de las cosas que más admiro de tus artículos es que, con la excepción de este, siempre vas a fondo con el tema, discutís eligiendo a los interlocutores más inteligentes, tomando en cuenta las opiniónes más complejas, y dando cuenta del modo en que el tema particular que presentás se conecta con otras cuestiones más generales. En este artículo rompés con todas esas reglas que hacen tu laburo tan sólido. Yo pregunto: realmente creés que este artículo tiene algún sentido sin tu presupuesto subyacente de que las drogas son siempre dañinas y la despenalización es problemática?
    Vos hablás de las ciencias duras como si no estuvieran sujetas a ninguna presión política y como si todo lo que producen fuera perfectamente neutro. No das cuenta que las posturas que vos catalogás como “información” se producen en contextos altamente politizados. Y cuando te señalan eso haciendo referencia a los estudios sobre control social, respondés planteando que todos esos estudios son posmodernismo barato. Disculpame pero no se puede eliminar un campo de investigación simplemente acusando a toda la gente que produce desde ahí de ser posmoderna. La historia de la ciencia y del control social ejercido por la psiquiatría, la farmacología y la medicina es un campo demasiado sólido, serio y extendido como para que lo ignores de ese modo. Peor aún es que identifiques a toda esa producción con el relativismo epistemológico, cuando una gran cantidad de estudios están mucho más ligados a la historia social radical y marxista, y explícitamente critican al relativismo. También es altamente problemático que en este artículo aparezcan el constructivismo y el relativismo epistemológico como si fueran equivalentes. Yo me considero constructivista, y no creo en el relativismo epistemológico.
    Te plantee una serie de críticas y no respondés ninguna. Lo único que planteas es que no dijiste eso, cuando es claro que está implícito a lo largo de tu narrativa. Si realmente malinterpreto todo tanto, por favor explicame mejor porque no entiendo.
    Finalmente: vos podés decir explícitamente que diferenciás consumo y comercialización, pero cuando afirmás que existe el riesgo de que vendan droga en el kiosco del colegio estás mezclando esas cosas, por mas que pretendas diferenciarlas en otro lugar. Ese comentario del kiosco revela una mirada profundamente moralista y fundada en el “pánico moral”, una mirada que no aparece tan explícita en el artículo, cuyo análisis vos pretendés desvincular de tu posición. Pretendés que es posible hablar de la política frente al tema drogas limitandose a la crítica a un manual. A mi eso no me parece muy serio.

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    Pablo de Quilmes

    18/04/2012 at 16:04

    • Yo no quiero forzarte a leer de ninguna manera que no te guste. Leé como quieras. Solo que no me siento aludido por lo que escribís. Así como no puedo forzarte a leer de otra manera, no podés obligarme a sentirme alcanzado por críticas que no sé a quién se las estás dirigiendo. Ahora decís que mi crítica a un manual (pareciera que es un folletito que escribió algún despistado de la sociedad de fomento de mi barrio) es “formalismo puro”. Bien, no puedo obligarte a interpretar qué es “formalismo puro” de otra manera. Ya dijiste que lo mío es “positivismo”; solo lo rectificaste cuando te lo señalé dos veces. También que era una crítica moral; lo rectificaste pero en realidad lo seguís afirmando. “Pánico moral”, como si tuviera que ver algo la moral en el temor que alguien pueda tener a las adicciones.
      “Vos hablás de las ciencias duras como si no estuvieran sujetas a ninguna presión política y como si todo lo que producen fuera perfectamente neutro”. De nuevo, no me siento aludido. Solo he dicho que si todo es construcción social, o política, etc., pues bien, no podemos saber si la afirmación “la tierra es redonda” es producto de alguna presión política oculta, o una verdad objetiva. De la misma manera que nunca podremos saber si la cocaína es más adictiva que el café, o menos, o igual, porque cualquier resultado que se nos presente siempre podremos considerarlo producto de alguna presión política. Pero si esto es así, ¿qué sentido tiene hablar de “políticas”? ¿Por qué habría que prohibir que un kiosko venda cocaína a los chicos del barrio? ¿En base a qué criterio se puede decidir semejante cosa, si todo es producto de condicionamientos políticos y sociales, y no podemos saber si hay algo por fuera de esto?
      Pero entonces, no sé siquiera por qué me respondés. Tal vez lo que escribo solo sea el producto de presiones políticas, y lo que vos escribís también, y lo que interpreta cada cual en este blog también, y cada interpretación es igualmente válida, y entonces podés atribuirme todo lo que se te siga dando la gana.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 16:31

  30. Rolo, los “malentendidos” y el intercambio de opiniones con, por ejemplo, “Pablo de Quilmes”, los introdujiste vos mismo en el artículo que posteaste. No te limitaste a darle “palo” a la postura “relativista” sino que deslizaste opiniones contrarias al consumo (a veces decís “adicción”) de drogas. Y te pusiste en una posición “antropo-capitalista-centrista”, es decir, desde una supuesta “universalidad” contemporánea con la que criticás el uso de drogas en todo tiempo y lugar: por ejemplo, decís que “El consumo masivo de estupefacientes es un fenómeno típico del capitalismo (la producción en masa de sustancias como la cocaína era desconocida en sociedades precapitalistas). Solo cuando empezaron a verse los efectos perniciosos del consumo, a fines del siglo XIX, se levantó el clamor público por restringir su uso (…) no es de extrañar que continúe disminuyendo la percepción del riesgo implicado en el consumo de drogas.” Y sí, la producción en masa de estupefacientes es un fenómeno del capitalismo, pero las drogas SIEMPRE se usaron, incluso de forma ritual y amparado su consumo estatalmente; y se las usó entre amplias franjas de la población (inclusive niños): en muchas sociedades pre-capitalistas se usaban drogas y no por eso se “prohibía” el uso de las mismas. Inclusivo hoy día, comunidades indígenas con tradiciones precapitalistas utilizan drogas con fines “terapéuticos” o como un camino de “autoconocimiento”, como las tomas de ayahuasca en la selva peruana de Iquitos. Si tu artículo hubiese quedado en una crítica “epistemológica” al enfoque de la autora criticada, perfecto, no hubieses generado comentarios como los de Pablo de Quilmes o los míos. Pero hiciste una ensalada: derivaste a problemas políticos concretos.

    Y ya que estamos en el berenjenal: ¿estás a favor o no de la legalización de las drogas?
    Por mi parte, estoy a favor de la “legalización” y no de la “despenalización”: despenalizar significa que la procedencia y calidad de la droga sigue sin pasar por controles. Legalizar significa que, como cualquier otra mercancía, uno sabe qué compra; es decir, supuestamente una adquiere algo que está en “buen estado, apto para el consumo”. Así como vamos al supermercado y compramos un paquete de productos que contienen las drogas “café” o “yerba mate” o “té” o una botella de bebida “cola” o un “energizante” (que tiene “un montón” de cafeína) o un vino, o vamos a la farmacia y pedimos un ansiolítico, tiene que estar la posibilidad de ir a un establecimineto comercial y pedir “tal cannabis, con tal porcentaje de thc” o un sobresito de “cocaína”, etc.
    En cuanto a la “adicción”, es un problema “social” e “individual”, que va más allá de la producción de la mercancía “droga”: yo defiendo el derecho individual a disponer sobre mi cuerpo; así como una mujer tiene que tener el derecho a decidir abortar o no libremente (sin condicionamientos del tipo “fue violada” o “le va a salir un hijo bobo”, sino simplemente porque no quiere tener un crío en ese momento de su vida) y un homosexual a casarse con otro homosexual (al menos, ahora, en Argentina), yo exijo el derecho a drogarme como y cuando se me plazca.
    Sí a la legalización de todas las drogas.

    Fernando.

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    Fernando

    18/04/2012 at 17:31

    • El objetivo de la nota la he planteado, es la crítica a un enfoque que dice que el problema de la droga es un invento de capitalismo, y que toda noción que haya sobre la cuestión es una construcción social. Al margen de esto, está el tema de que yo estoy convencido de que hay sustancias que crean adicciones, y que la cocaína es una de ellas. Pero esta opinión mía en esto no es lo importante. Puede ser una cuestión personal (por ejemplo, no animaré a mi hijo a que consuma cocaína, pero esto no tiene por qué importarte). Lo que sostengo es que no hay que descalificar a los que sostienen que la droga genera adicción apelando a “todo es construcción social”. Y que la fundamentación que da este libro para sostener que tomar de vez en cuando cocaína encierra los mismos peligros que tomar de vez en cuando café me parece horrible. Entiendo que a muchos les moleste, pero es mi posición.
      Acerca de la legalización, sigo pensando los argumentos de un lado y del otro. Pero la gente que conoce del tema, y es especialista, parte sí de un punto que no es el tuyo. Sostiene que la cocaína, la heroína, y otras sustancias, tienen propiedades adictivas. Y que habría que intentar disminuir su consumo. Es con este entendimiento básico que discuten qué es más efectivo para reducir su consumo, y sostienen que la venta libre de todas las drogas haría las cosas peor.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 18:14

  31. En primer lugar, y para despejar cuestiones, no veo cual es el problema en que no quieras que tu hijo pruebe cocaina. Realmente me parece la postura mas razonable y es exactamente la misma postura que tomaria yo y que esperaría de todo buen padre. Si vos pensaste que yo estaba diciendo otra cosa, lo lamento porque no fue la intención. La verdad es que a nivel personal coincido con tus miedos. Eso no me parece PARA NADA moralista. La posibilidad de que un pibe termine mal por probar algo así es lo suficientemente alta como para que sea correcto que pienses de ese modo. Es más, me parece que ese debiera ser el mensaje que debieran recibir en los colegios. Tomar cocaina no es lo mismo que tomar café de vez en cuando. En parte lo que a mi me ocurre es que me resulta realmente sorprendente que el manual al que referís diga eso. Obviamente que confio plenamente en tu palabra y aunque no tengo acceso al manual te creo. Lo que me ocurre es que estoy acostumbrado a leer posturas mucho mas interesantes que esta, y lo que escucho del gobierno en relación a este tema en general me parece muchísimo más serio. Me sorprende mucho semejante nivel de banalidad. De hecho, el otro manual que encontré y cuyo link puse más arriba dice cosas muchísimo más interesantes y también es un manual oficial.
    Por otro lado, el problema que yo veo es que tu articulo sugiere que toda la gente que esta contra el prohibicionismo sostiene las mismas imbecilidades que ese manual. Quizá yo lea demasiado entre líneas. Me molesta profundamente la mera posibilidad de que mi posicion frente a este tema quede asociada con algo asi. Yo estoy totalmente a favor de desalentar el consumo de la cocaina, de la heroina y de otras sustancias parecidas. En relacion a la marihuana mi postura es diferente y creo que es bastante más inocua, y para esto no solo existen muchos estudios, sino que además esta la evidencia de que hay cientos de millones de consumidores/as a escala global que no son adictos/as. De todos modos tampoco me parece que haya que alentar su consumo. Creo que en relación a la marihuana habría que permitir que la gente plante en sus casas. Y debiera haber programas de prevención sobre este tema, de la misma manera que lo hay con el tema alcohol.
    En cuanto a “la gente que conoce del tema y es especialista” me parece un problema que no digas a quien te referís. Hay muchos especialistas que sostienen que para disminuir el consumo hay que despenalizar. Hay demasiado escrito probando como el prohibicionismo promovió el consumo antes que prevenirlo. El libro de Paul Gootenberg que cité arriba me parece la investigación más reciente y exhaustiva. El autor parte de un análisis de las políticas en la zona Andina, en USA y en algunas partes de Europa y correlaciona políticas con consumo y adicción. Y la evidencia del desastre que nos ha legado el prohibicionismo esta muy bien presentada. No se puede ignorar este y otros trabajos al momento de discutir este tema citando en general y de modo vago que “la gente que conoce del tema y es especialista”… dice otra cosa.
    En cuanto a algunas de las cosas que planteo, creo que malinterpretás mis palabras. Por ejemplo, yo no estoy tan seguro de que la cocaina sea adictiva en terminos quimicos, al igual que muchas otras sustancias. Y creo que no existe evidencia científica tan clara porque, repito, es una producción de conocimiento bajo demasiadas presiones. Ahora bien, que yo crea que el problema no esta tanto en la adicción química no significa que apoye el consumo de cocaína que parece ser lo que me estás diciendo. Menos aún que piense que es lo mismo que tomar café. Son dos cosas diferentes, evidentemente. Yo creo que no es bueno para un/a menor probar cocaina hoy en día. Y no me parece incompatible creer eso con no estar tan seguro de que la sustancia sea adictiva en términos químicos mismos. Es que yo creo que lo problemático pasa por otro lado. No se trata de que no vea los riesgos del consumo de cocaina, se trata de que creo que el riesgo no es químico. El tema pasa por el modo en que se consume y cómo está inserto en las redes sociales por las que circulan los/as pibes (que son quienes a mi criterio corren mayores riesgos). Yo creo que la presión de grupo es mucho más dañina que la sustancia química. Creo que la presión que ejercen las redes de comercialización informal/clandestina es mucho más dañina que la sustancia química. Significa por eso que soy un posmoderno y relativista que niega la realidad? Me parece que tal caracterización es una caricatura. Tampoco creo que porque no este convencido de que ciertas sustancias sean adictivas por sí mismas en términos químicos de ahí pueda leerse que me da igual que un/a menor pruebe cocaína. Son dos cosas absolútamente diferentes. Ser constructivista no significa que uno no vea los riesgos y problemas ligados a adicciones. Además, que algo sea una construcción social no significa que no tenga solidez o que pueda desarticularse fácilmente. Una pared es una construcción social, pero tratá de atravesarla ignorandola y te llevás puesto un chichón. La idea de que el constructivismo plantearía un contexto blando y maleable al gusto de cada individuo es una caricaturización.
    La razón por la cual me parece problemático pensar que la raíz del asunto está en la sustancia química es porque tal postura tiene corolarios terribles: en primer lugar estigmatiza. Yo estoy a favor de desestimular el consumo en un contexto de despenalización. Pero si insistís demasiado que probar una vez es tan grave, el riesgo de esto es no sólo que los pibes ven en su realidad cotidiana que es mentira y tu aseveración queda deslegitimada. Sino que además esa afirmación misma puede facilitar la adicción. Por ejemplo, yo te deseo de todo corazón que tengas éxito con que tu hijo no pruebe siendo menor. Ahora bien, perfectamente puede pasar que por algún motivo en particular un día pruebe. Y repito, te deseo que no ocurra. Sin embargo, si ocurré, que hacés? Vos pensá que si salís a decir de manera tan sólida que esa probadita caga todo después eso no tiene efecto una vez que el pibe probó? En realidad estas volviendo las cosas más complicadas. Uno de los factores que generan adicción es la idea de que las drogas son “un viaje de ida” del que no se vuelve. Entonces, perfectamente se puede llegar al razonamiento de que si ya caí porque probé una vez, estoy frito, y sigo porque total ya está. Vos crees que será fácil para un pibe hablar con un adulto en ese marco? Lo dudo. Dudo que después de que a ellos/as les queda claro que un adulto piensa que ya está todo mal puedan luego recurrir cuando tengan un problema en particular. Esto es lo que en sociología y antropología se llama la “profecía autocumplida”. Es decir, la teoría del pruebo y me cagué la vida, del “viaje de ida”, puede al final contribuir a que en efecto SI te cagues la vida. En ese marco me parece que es fundamental decirle a los/as menores que probar una vez no es el fin del mundo porque hay una sustancia química que ya te arruinó. Que el problema está en las relaciones cara-a-cara en las que experimentan presión para el consumo sostenido. No se trata de decirles esto para que prueben, sino para que si ocurre (lo cual es altamente probable a nivel estadístico) la cosa no sea aún peor. Es por esto que me parece MUCHO más útil explicar que son los contextos sociales que generan adicción y no las sustancias. Que de las sustancias se puede zafar. De lo que es más dificil zafar es de la presión de grupo y de cierta cultura superficial de consumo muy ligada a la alienación. No creo que pueda identificarse esto con una postura anti-científica y de relativismo epistemológico. Mis reflexiones no parten de ahí, parten de leer etnografías en las que se trabajan las redes y mecanismos informales de funcionamiento del consumo en sectores populares y el narcotráfico ligado a ese consumo. Eso es charlatanería? Realmente no entiendo. No entiendo por qué lo único que valdría para pensar este tema es cierta información científica que supuestamente establece si una sustancia es o no adictiva. Eso es lo que me parece positivista. Esa defensa a rajatabla de las ciencias naturales ignorando por completo la producción en ciencias sociales porque supuestamente es charlatanería posmoderna.

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    Pablo de Quilmes

    18/04/2012 at 20:16

    • “el problema que yo veo es que tu articulo sugiere que toda la gente que esta contra el prohibicionismo sostiene las mismas imbecilidades que ese manual. Quizá yo lea demasiado entre líneas”. Coincido, leés demasiado entrelíneas.

      “me parece problemático pensar que la raíz del asunto está en la sustancia química es porque tal postura tiene corolarios terribles: en primer lugar estigmatiza”. ¿Dónde sostuve que “la raíz” del problema sea la sustancia química? Y así podría seguir. No entiendo qué me querés decir con todo esto. sinceramente.

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      rolandoastarita

      18/04/2012 at 20:23

  32. Te cito “estoy convencido de que hay sustancias que crean adicciones”. La sustancia (sujeto de la oración) crea (verbo) adicciones (predicado). Es decir, no es el contexto social, es la sustancia. Y esto viene luego de darle con un palo al constructivismo. Y la corto acá porque creo que esta discusión ya no es productiva. Evidentemente ambos sentimos que no nos entendemos mutuamente. Yo siento que no procesas lo que leo, vos pensás lo mismo. Pasemos de página.

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    Pablo de Quilmes

    18/04/2012 at 20:37

    • Pablo, hace mucho que te conozco y sé que sos un tipo inteligente. Veamos: cuando Engels dice que consumir alcohol no es lo mismo que consumir limonada, y sostiene que el alcoholismo destruye la voluntad de las víctimas, no está diciendo con esto que el alcoholismo no sea un problema social. Es consciente de que es un problema social, pero también que existe una base material (no es lo mismo tomar dos litros de limonada por día, que dos litros de vino). Acusar a las tabacaleras por introducir nicotina en los cigarrillos a fin de crear adicción, no es sinónimo de desconocer la raíz social del problema, la búsqueda de ganancias con total desprecio por la salud de los seres humanos, por parte del capital, Cuando un científico presentaba pruebas de que la nicotina efectivamente crea adicción, podía muy bien estar consciente de la raíz social del problema. En todo esto hay una cuestión más de fondo, que a veces se pierde: en la concepción de Marx las formas sociales jamás existen sin contenidos materiales. Mucho de esto también se relaciona con la crítica al capital en general. Hace tiempo tengo a medio terminar un borrador, en el que critico la idea liberal burguesa, de origen en Hume, de libertad. Te lo presento con un argumento que te es cercano, pero que me había sido sugerido a partir de leer un artículo de un economista senior del FMI. Se refería a lo que hacen las compañías que fabrican alimentos: meten sustancias adictivas (por ejemplo, tienen estudiado que mayor cantidad de grasa genera impulsos a seguir comiendo determinadas galletitas, etc.) a fin de aumentar sus ventas. Por esta vía generan público cautivo. Pues bien, pienso que esto tira por tierra la tesis burguesa de “la soberanía del consumidor”, y estupideces por el estilo. Pero un defensor del capitalismo dirá que los consumidores son libres, porque tienen libertad de negarse a seguir consumiendo, etc. Todo esto profundiza la crítica social (la ganancia es lo único que importa al capital, el valor de uso es solo un medio para ese fin). Demostrar que las compañías utilizan una propiedad física (tal sustancia actúa de tal manera sobre el cerebro, etc.) para ampliar sus ganancias, a costa de la salud de la gente, ayuda a profundizar la crítica social. Esta perspectiva es la que está ausente en el libro que he criticado.
      Por último, puede ser que tengamos que pasar de página porque no nos entendemos. Pero sospecho que en este debate aparecen diferencias más de fondo, que tendremos que pensar con tiempo.

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      rolandoastarita

      19/04/2012 at 09:41

  33. Desde chico siempre pensé en las drogas como una forma de control social. Esta paranoia me mantuvo alegado y la verdad es que nunca tuve ganas de probar ningún tipo de drogas.
    Nunca estuve de acuerdo en esa postura de “drogas poco adictivas” ni que legalizar el consumo terminaría con el negocio del narcotráfico. Me parece que así como se dice que no está probado que todas las drogas sean adictivas o que podes consumir sin ser adicto, tampoco está probrado que la legalización acabe con el negocio de las drogras o que disminuya el consumo. De hecho el tabaco es legal, no está prohibido tener una planta de tabaco en patio de tu casa, pero a la hora de consumirlo todos van al kiosco a comprar paquetes con un diseño atractivo, con advertencias de que “fumar produce cancer”, y que son fabricadas por dos o tres grandes compañias que manejan disitntas marcas.
    Lamentablemente los argumentos como los de ese manual se va transformando en un “dogma” del progresismo.

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    JB

    18/04/2012 at 22:54

    • JB. Hay que reconocer que no existen “mafias del tabaco” como sí las hay de la droga. Eso -claro-, no es una prueba de que la legalización acabe con el negocio ni de que disminuiría el consumo pero muy probablemente acabaría en buiena medida con las mafias, que hoy integran capos, dealers, políticos y policías, y también excarcelaría a miles y/o millones de ciudadanos, con lo cual existiría la posibilidad de que se reinsertaran en la sociedad y se cortaría el proceso de ingreso al sistema carcelario (con todas sus consecuencias) de una parte significativa de la futura juventud.

      Los negocios en sí -cualquiera de ellos- son pasibles de crítica, con esto no decimos nada nuevo. Pero hay que reconocer que no es lo mismo un negocio cualquiera, legal, que un negocio cualquiera, ilegal. Los negocios que funcionan al margen de la ley o por fuera de ella tienen implícitos muchos problemas agregados a los que la crítica puede hacer al negocio legal.

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      Eduardo

      19/04/2012 at 18:52

    • Que sea un “negocio legal” no significa que no se manejen como mafias. Nadie puede ignorar el poder que tienen estas empresas para comprar voluntades políticas alrededor del mundo.Tampoco me sorprendería que incluyan los cigarrillos de marihuana en su oferta.
      Traigo como ejemplo otro negocio que incluye adicción y que también se manejan como mafias: “El juego”. En este negocio tenés casino ilegales y casinos legales. En algunas partes, donde están prohibidos los juegos de azar, proliferan los casinos ilegales con la complicidad de políticos y las fuerzas policiales. En cambio en otras partes el juego es un negocio legal. Sin embargo, tantos los casinos legales como ilegales mueven cantidades enormes de dinero y tienen el mismo poder para comprar todos políticos que sean necesarios. De hecho, la mafia del juego, de la que se comenzó a hablar con más fuerza en las últimas semanas, se refiere al manejo de influencias de los dueños de casinos y bingos legales.
      En resumen: Se legal o ilegal en un negocio como el de las drogas siempre vas a tener a un pequeño grupo que se enriquece a costa del sufrimiento de millones.

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      JB

      20/04/2012 at 16:55

  34. Rolo, yo no dejo de reconocer que las sustancias pueden tener efectos químicos y que algunas drogas tienen efectos adictivos. El tema es que estoy convencido de que eso tiene una relevancia mínima. Por ejemplo, los cigarrillos como vos bien mencionás, tienen una cantidad de nicotina para generar adicción. Sin embargo, yo en mis 41 años de vida he fumado en muchísimas ocasiones y jamás desarrollé una adicción al cigarrillo. Y no fumé un sólo cigarrillo. Ha habido días en los cuales me fumé 10 cigarrillos, y en alguna ocasión aislada consumí este número de cigarrillos repetidas veces durante varios días. No me volví adicto al cigarrillo, y sin embargo el alto contenido de nicotina que tienen debería haber generado una adicción si seguimos el argumento que vos planteas. Y no fue así.
    Te doy otro ejemplo, la cafeína también es adictiva. Claro que tomar café no es igualmente nocivo, de eso no cabe dudas. Pero te aseguro que si en vez de café te tomas varias pastillas de cafeína, la cosa es diferente, ahí si que el efecto puede ser muy nocivo. Sin embargo, las pastillas de cafeína son de venta libre, y a pesar de que tienden químicamente a generar adicción, yo nunca he escuchado de una adicción a esta sustancia. En USA es muy común que vendan estas pastillas en las universidades, especialmente para gente que no tiene ganas de tomar café y está en época de exámenes. Es una mierda la pastilla de cafeína, y sin embargo lo que ocurre sistemáticamente es que la gente toma una o dos de esas pastillas una vez cada muchos meses, y entonces no se convierte en un consumo problemático. Es decir, las pastillas de cafeína hoy ocupan el lugar que en su momento tuvo la cocaína, cuando no se temía que pudiera generar adicciones.
    El ejemplo que vos dás de las galletitas, es cierto que las comidas pueden tener sustancias que estimulan mayor ingesta, pero te aseguro que las galletitas esas se las das a un flaco que no come mucho y no tiene el mismo efecto que si me las das a mi. Evidentemente las sustancias químicas juegan un rol bastante menor. Hay cuestiones psicológicas y sociales que son MUCHO más fuertes. Incluso, además de la importancia de lo social, hay diversidad biológica, no todos los metabolismos son iguales, y la misma droga es metabolizada diferente por diferentes personas.
    Con las drogas ilegales ocurre exactamente lo mismo. La diferencia es que dada la existencia del prohibicionismo, no existe la posibilidad de citar ejemplos en un debate online. No se si te das cuenta de hasta que punto el prohibicionismo mismo sesga el debate. Ahora bien, pongamos un ejemplo hipotético. Supongamos que yo pudiera decirte que he sido testigo directo de innumerables situaciones de consumo de determinadas sustancias y he visto cómo no generaban adicción. Que se tratara de gente que pude observar a lo largo del tiempo y que nunca desarrollaron ningún tipo de adicción sino que por lo contrario es gente que tiene trabajos de alta calificación y manifiesta una conducta de excelente profesionalidad. Supongamos que te dijera eso en relación a la cocaina. Podrías entender por qué en una situacíón hipotética de ese tipo yo tendría elementos suficientes para descreer de los argumentos que hablan de como la sustancia genera adicción? Podrías entender por qué planteo que el problema no es la sustancia en si misma? Aun cuando acepto que hay un efecto bioquímico indudable.
    Claro que todo esto debe ser planteado de la manera más oscura y retorcida. Este es el nivel de debate que permite el prohibicionismo. Es la primera cuestión de la que hay que ser conciente. Alguien que está a favor del prohibicionismo puede citar información directa que hable de lo nocivo del consumo. Quien tenga otra posición encontrará la cosa muy dificil para citar evidencia.
    Ahora bien, saliendo de las posibles situaciones directas que una persona pueda atestiguar. La verdad es que a principios del siglo XX el uso de la cocaina estaba extendidísimo, no como droga, sino para otros usos. Para que te des una idea de lo que estoy hablando, cito algunas formas de consumo popular de la cocaína:

    Vin Mariani, un tipo de vino hecho en Francia desde la década del 1860 y cuyo consumo se sostuvo por décadas sin alarmar a nadie.

    La Coca Cola en USA

    La cocaína se aplicaba para cirugías médicas de todo tipo.

    Como analgésico

    Para los dolores de parto

    Para la “histeria”

    Para el dolor de muelas

    Para tratar el cólera

    Para tratar la depresión psicológica

    Para curar la adicción al opio. Es decir, que a tal punto se consideraba que la cocaína no generaba adicción que durante varios años fue el método preferido para sacar a la gente del opio.

    Para curar el asma.

    Varios de estos usos fueron descontinuados porque la medicina comenzó a observar que había ciertos peligros en el consumo de la cocaína. Sin embargo, el peligro que más se enfatizaba no era la adicción sino los efectos secundarios. Es decir, no estaban tan preocupados porque hubiera cocainómanos/as, sino porque la gente que tomaba (a veces de manera regular) y no era adicta, tenía problemas de salud asociados al consumo. Ojo que se trataba de gente que estaba en perfectas condiciones de abandonar el uso de la cocaína, osea, que podía abandonar el consumo si le decían que había efectos secundarios inconvenientes. De hecho, el consumo es abandonado de manera masiva porque deja de ser considerado un medicamente efectivo, no porque la gente se curara de alguna adicción.
    Para darnos una idea del volúmen de consumo del que estoy hablando, es necesario tomar en cuenta que para 1901 Perú exportaba legalmente 10.700 kilos de cocaína, lo cual representaba un aumento del 600% de la producción que había existido en 1890. Pensemos que la cocaína es una sustancia altamente concentrada, un gramo es un montón, y la cifra que yo estoy presentando son casi 11 toneladas. Esta cantidad de cocaína iba para los usos que listé arriba y se vendía sin restricciones. (ver Paul Gootenberg, p. 63 y 65) Y conste que este era solo el monto de cocaína exportada, porque además también se exportaba la hoja de coca misma para que luego fuera procesada en otras partes del mundo y convertida en cocaína fuera del Perú. Para 1892 Perú exportaba 128.548 kilos de hoja de coca, de los cuales dos tercios iban a Alemania, la mayor parte de lo cual era procesado por la farmaceutica Merk en su planta de Darmstadt, produciendo para el mercado libre. Merk vendió cocaina en escala hasta por lo menos 1918. USA continuó importando cocaina legal para usos cotidianos hasta 1931. Tengamos en cuenta que el consumo y exportación de cocaína comienza hacia la década de 1860. En todas estas décadas, el tema de la adicción a la cocaína no existía en la producción científica, a pesar de que las publicaciones sobre el tema eran por demás numerosas. NO había estadísticas oficiales sobre adicción a esta sustancia.
    Hace algunos aÑos yo estaba buscando fuentes primarias en la biblioteca de la facultad de medicina de la UBA. En un volúmen de una revista psiquiátrica encontré traspapelado un folleto de propaganda de una farmacia (alrededor de 1905). El folleto promocionaba la venta de cocaína junto con otras drogas de venta libre, pero la palabra cocaína estaba escrita mucho más grande, dejando en claro que era uno de los productos más vendidos. Sabemos que era masivo el consumo, Rolo. Para que te dés una idea, en la película “Modern Times” de Charles Chaplin, filmada en los años 30, Chaplín cae en cana y cuando está almorzando unos guardias se acercan porque pezcaron a un tipo que traficaba cocaina dentro de la carcel. El tipo esconde la cocaína en un frasco de queso de rayar, y Chaplín se la pone a su plato de pasta arriba de la salsa de tomate sin saber qué es cocaína. Como resultado, Chaplín queda totalmente flipado porque toma bastante, pero está todo planteado como algo cómico e inocuo. De hecho, en una película que denunciaba todo tipo de situaciones opresivas, el consumo de esta sustancia aparece representado casi de forma positiva. Chaplín no se transforma en consumidor ni nada, al contrario, por accidente y sin darse cuenta ayuda a los carceleros y como premio a la buena conducta lo liberan. En la década del 30 ya había prohibición pero era muy reciente y todavía era una creencia popular que no había una conexión intrínseca entre consumo y adicción de esta sustancia. De hecho, a fines del siglo XIX la cocaína era una droga tan respetable en su uso masivo, que era producida en escala por los mayores laboratorios de USA y Europa y fue promovida durante décadas por Perú como una forma de hacer progresar al país. Perú tenía una gran cantidad de científicos trabajando sobre posibles usos de la cocaína. Nadie decía nada sobre posibles riesgos de adicción. En Perú la cocaína se producía en escala y baratísima para exportar y para consumo local. No había un fenómeno de adicción que tuviera ninguna dimensión relevante. Te estoy resumiendo partes del libro de Paul Gootenber, Andean Cocaine, para que veas que no estoy hablando sin evidencia. Para más datos, te cito tres trabajos médicos que este autor refiere porque destacaban las propiedades positivas de la cocaína y no consideraban sus propiedades adictivas en un momento histórico en el cual el prohibicionismo todavía no había hecho estragos:

    Bües, Carlos, La coca: Apuntes sobre la planta, beneficio, enfermedades y aplicación, Lima: Ministerio de Fomento, 1911 (esta era una publicación oficial, luego de alrededor de 5 décadas de estar produciendo cocaína y sin estadísticas de adictos en Perú)

    Mariani, Angelo, La coca et la cocaine. Paris: Libraire Delahaye et Lecrosnier, 1885.

    y del mismo autor: Coca and Its Therapeutic Applications. New York: J. N. Jaros, 1890.

    Sobre estas investigaciónes, Paul Gootenberg sostiene:

    “Cocaine, as American historian Joseph Spillane argues in his revisionist study, was the world’s first ‘modern’ drug: although plant-based, its discovery, profile, and applications all derived from evolving laboratory science and would be treated as such by modernizing pharmaceutical firms. Contrary to recent charges that early cocaine research got out of hand, most of it was cutting-edge and responsible science.” (p. 23)

    En cuanto a la cuestión de la materialidad. Yo no creo que una perspectiva materialista tenga que entender la materialidad en el sentido más físico del término. Cuando Marx habla de determinación material, está apuntando a la lógica del capital, que no es otra cosa que un entramado de vínculos sociales imposible de ver en su materialidad. Esto lo deja muy en claro cuando habla del valor y explica que por mucho que uno rasque a un saco, jamás encontrará al valor como sustancia física. A mi criterio, desde una perspectiva materialista las relaciones sociales tienen un peso material mucho major que la materialidad física. No se trata de que todo lo social sea igualmente material. Mientras que la lógica del capital tiene un peso material muy fuerte, las ideas también son sociales y no tienen esa misma materialidad. Desde este punto de vista, sostener que una sustancia genera un problema social como la cuestión de la adicción me parece sumamente problemático, y positivista.
    Es que incluso el descubrimiento mismo de la cocaína como sustancia está ligado a la evolución del capitalismo moderno. La hoja de coca es milenaria y fue usada siempre en los Andes, pero a nadie se le ocurrió usarla para sacar el concentrado de cocaína hasta la década de 1860. En ese momento fue descubierta independientemente por diferentes científicos, y sobre esto Paul Gootenberg sostiene:

    “The European ‘discovery’ of alkaloidal cocain in 1860, definitively isolated from leaf coca by Albert Niemann, a doctoral student in chemistry at Göttingen University, was far from a historical accident. Instead, cocain was the result of a deliberate, historically driven search for the ‘active principle’ of coca, with multiple roots in advancing European sciences from 1800. The remarkable web of connections here explains why cocaine was a simultaneous discovery between 1855 and 1860. It is also true that urban Western culture of the mid-nineteenth century – a culture of quickening industrialization and the modernization of everyday life – offered a ready arena for the arrival of a new, miraculous energy-enhancing stimulant. Coffee, tea, sugar and tobacco were already domesticated and too tame. The 1860 isolation of cocaine ended most speculation about the vitality of coca leaf, opening a new phase in this dialectical relation between herbal coca and scientific cocaine.”

    Es decir, el surgimiento mismo de la cocaina como sustancia fue el producto de la transformación capitalista del mundo en el siglo XIX. Son las relaciones sociales las que crean a la sustancia, y no al reves. Sin capitalismo, la cocaína misma no existiría, ya que no se trata de una sustancia que exista por sí misma en la naturaleza. La cocaína es un producto cuya invención misma es resultado de un sistema industrial en búsqueda de estimulantes en el marco de una creciente productividad y demanda por la “eficiencia”. La cocaína se inventó en el marco de intentos para encontrar productos que te despierten y den energía rápidamente (como el café que también se popularizó en este momento, o el té).
    Analizar las sustancias desde esta perspectiva es parte de una corriente que explora otras sustancias en el mismo marco histórico. Por ejemplo, el trabajo de Sidney Mintz sobre la historia del azucar y su relación con la industrialización capitalista (“Sweetness and Power”) donde el autor explica el consumo masivo de azucar para elaborar comidas rápidas (pan con mermelada) y reemplazar los viejos guisos que llevaba horas cocinar. Mintz explica como esto se da en Inglaterra en el marco de la proletarización masiva que implicaba una separación del trabajo asalariado y la actividad de preparar comidas. El mismo autor insiste también en que el azucar te da una inyección de energía que promueve la productividad, al contrario de otras comidas que te dan sueÑito. Es por eso que el consumo de azucar se vuelve masivo, y es ese mismo impulso que lleva a la invención primero y luego a la producción y consumo masivo de la cocaína. Queda alguna duda de que la cocaina es una construcción social que surge con el capitalismo? Cómo puede sostenerse que tal afirmación es relativismo epistemológico? Como puede sostenerse que todo este proceso histórico debe ser ignorado porque una perspectiva materialista debe hacer eje en la sustancia química?
    Hay una parva de bibliografía muy seria haciendo estos planteos constructivistas. Creo que merecen una atención más seria y no una mera caricaturización. Te cito algunos libros que yo no he leido todavía pero que van en el mismo sentido y que tengo en mi lista de lectura para el futuro:

    David Courtwright, “The Rise and Fall of Cocaine in the United States” en el libro de Paul Lovejoy y Andrew Sherratt, Consumin Habits: Drugs in History and Anthropology, London, Routledge, 1995.

    del mismo autor: David Courtwright, Forces of Habit, Drugs and the Making of the Modern World. Cambridge, Mass: Harvard University Press, 2001.

    David Courtwright, Herman Joseph and Don de Jarlais (eds.), Addicts Who Survived: An Oral History of Narcotic Use in America, 1923-1965. Knoxville: University of Tenessee Press, 1989.

    Frank Dikötter, Lars Laarma and Zhou Xun, Narcotic Culture: A History of Drugs in China. Chicago: University of Chicago Press, 2004.

    Timothy Hickman, The Secret Leprosy of Modern Days: Narcotic Addiction and Cultural Crisis in the United States, 1870-1920. Amherst: University of Massahusetts Press, 2007.

    William Jankowiak and Daniel Bradburd, Drugs, Labor and Colonial Expansion. Tucson: University of Arizona Press, 2003.

    Te aclaro que no cito para impresionar. De estos libros no leí a ninguno. SImplemente estoy copiando unos pocos ejemplos (de decenas de páginas) de citas de libros que plantean una mirada constructivista según explica Paul Gootenberg. Parte de lo que el plantea lo saca de esta bibliografía bastante extensa. Yo digo, se puede borrar esto de un plumazo y acusar a toda esta gente de relativistas epistemológicos posmodernos que no saben de qué hablan? La verdad es que tanto el posmodernismo como el relativismo epistemológico en USA estan cayendo a pique. Hoy el posmodernismo no es siquiera una moda intelectual. Creo que hay que analizar las miradas constructivistas en torno a la cuestión drogas de manera más seria.

    En este marco me parece muy problemático el siguiente párrafo de tu artículo:

    “Según GT, la historia lo demostraría: afirma que las drogas se han consumido desde hace miles de años, y “sus virtudes fueron explotadas a fondo por las grandes culturas”. Agrega que han sido “facilitadoras del vínculo social”; que todo grupo humano hizo uso de ellas; y que su uso es “un fenómeno plural”. Esta experiencia histórica demostraría que el problema no es la sustancia, sino en qué entorno histórico y social se consume.”

    Por lo que vos explicás luego, la autora esto lo explica bastante mal y de manera superficial. Pero que en el manual esté presentado de manera muy torpe no significa que no haya que considerar el argumento más seriamente y debatiendo con quienes lo han planteado de mejor. A eso me refería con que discutís contra la peor expresión de una corriente de pensamiento. Espero que lo que estoy planteando haya quedado más claro, aunque ahora si que esto es larguísimo. Te pido disculpas pero no encontré otra manera de decirlo más brevemente.

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    Pablo de Quilmes

    20/04/2012 at 06:28

    • Pablo, te pido por favor comentarios más breves. Esta sección se desvirtúa si se envían comentarios que son de hecho notas.

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      rolandoastarita

      20/04/2012 at 08:48

  35. De hecho, sobre las modas intelectuales… la onda Sokal hoy vende mucho más, no el posmodernismo que casi unanimemente se considera demodé.
    Citándo a Sokal, vos decís:

    “entiendo por relativismo epistemológico una filosofía que proclama que la verdad o falsedad de una afirmación que se refiere a un hecho o fenómeno, es relativa a un individuo o grupo social.”

    Esta definición niega la posibilidad misma de entender los procesos históricos. La “verdad” sobre la cocaína es histórica y relativa al capitalismo, ya que en otras sociedades ni siquiera existía la droga que fue inventada en el marco de procesos sociales mismos vinculados al capitalismo. Eso no significa que los efectos de la cocaína no existan, y tampoco significa que yo creo que prevalecen las representaciones mentales. Creo que el planteo del constructivismo es mucho más complejo. Mi experiencia como académico es que es muy dificil argumentar en favor de un constructivismo radical. En los noventa, la existencia de una variante posmoderna hacía que la palabra “constructivismo” estuviera de moda, pero siempre y cuando no se planteara desde la historia social sino desde la historia de las ideas. Hoy en día el constructivismo mismo está visto como una corriente problemática, y el último grito de la moda es sostener que hay “influencias” sociales pero no construcción misma. Claro que yo no sostengo que TODO sea una construcción social. Si vamos a hablar del universo, por supuesto que estoy a favor de una teoría externalista, al igual que con muchos otros temas que son externos a los procesos históricos. La percepción de la luna puede estar influenciada ideológicamente por un proceso social, pero la luna existe más allá de ese proceso, y hay una verdad independiente de ese proceso. Ahí tiene sentido sostener eso. PEro en relación a la cocaína la cosa ya es MUY diferente porque su invención misma es el resultado de un proceso histórico particular, y sus usos y consumo son diferentes a lo largo del tiempo y las sociedades. En ese marco, sostener que la verdad sobre este tema no es relativa al contexto social es perderse toda la película.

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    Pablo de Quilmes

    20/04/2012 at 07:08

    • Pablo:

      Me parecen instructivas y muy interesantes tus intervenciones, pero me preocupa tu apreciación de que si no fuera válido que la verdad esté referida a un individuo o grupo social (el relativismo, según Astarita), quedaría negada la posibilidad de entender (científicamente) los procesos históricos y sociales.

      En mi opinión, esta apreciación tuya equivale a identificar el relativismo con las determinaciones histórico-sociales de las ciencias cuyo campo objetivo es, a su vez, producto de la actividad humana. Creo que semejante identificación es incorrecta. Dejando de lado la referencia a meros individuos (lo que más que relativismo sería subjetivismo o impresionismo), la comprensión de los hechos históricos no queda referida a cualquiera de los “grupos sociales” y ni siquiera de las clases sociales actuantes en los procesos históricos. ¡No es que cada grupo y ni siquiera cada clase social tenga su propia verdad histórica! Cada uno tiene su propia percepción o concepción del tema o del objeto, desde luego, pero no toda percepción merece ser considerada verdadera. Creer esto último sería, precisamente, relativismo (relativismo que, me parece, te estás apresurando demasiado a dar por muerto y enterrado).

      Aunque hay variantes, desde el marxismo se suele asumir que son las clases sociales en ascenso las que expresan, de manera más o menos acabada o directa, la verdad de un período histórico. Como la verdad histórica no puede ser algo absoluto -dicho esto no en el sentido relativista sino en el sentido de no es dada de una vez y para siempre- los sucesivos períodos históricos deben alcanzar una expresión más desarrollada de dicha verdad, al menos en la medida en reconozcamos allí algún progreso histórico. Sin embargo, este carácter histórico y posicional del conocimiento de los hechos históricos y sociales no tiene parentesco con el relativismo. La dialéctica es, si se quiere, relacionalista pero no relativista. La dialéctica es, si se quiere, antiabsolutista pero no relativista.

      Una idea típicamente postmodernista es que cada actor social, cada grupo con intereses, valoraciones o percepciones diferenciadas, tiene su propia verdad (lo que equivale sencillamente a liquidar el concepto de verdad). Esto es relativismo y no tiene nada que ver con la historicidad del conocimiento histórico o la posicionalidad del conocimiento social tales como los marxistas (o su mayor parte) las plantean, en base a criterios de clase y de progreso en términos de desarrollo de las capacidades productivas de la sociedad como un todo.

      Por otra parte, cabe considerar que el campo de la farmacología puede ser tanto objeto de las ciencias sociales como de las naturales, y que ninguno de estos aspectos debe aniquilar al otro (pienso que, en el fondo, todo conocimiento natural es también social -aunque lo sea en una medida desdeñable la mayor parte de las veces- y que todo conocimiento social es en alguna medida natural -aunque muchas veces lo sea en una medida desdeñable-).
      Creo que el concepto de materialidad que usó Marx -y al que vos aludiste- tiene algo que ver con esto. Vos mencionaste que el valor no es identificable con el aspecto físico de la mercancía, y así es. Pero precisamente por eso es que Marx decía que la mercancía es un objeto “sensible-suprasensible”, y hablaba de las determinaciones naturales (materiales) de la mercancía en oposición a sus determinaciones sociales. Lo que hace de la mercancía una entidad contradictoria es la existencia, precisamente, de un doble orden de determinaciones. Si bien este doble orden de determinaciones es coextensivo a la vida social en su conjunto, y aún cuando cada objeto material que se incorpora a la vida social se ve sujeto a estos dos órdenes de determinaciones, ello no significa que el entrelazamiento entre ambos órdenes de determinaciones tenga las mismas características (dialectizantes) que asume en la mercancía y que, por lo tanto, deba ser analizada en términos entera o exclusivamente sociales. Quiero decir que, a diferencia de objetos/conceptos como el de mercancía o el de signo, los términos de la contradicción a que está sujeto -por caso- un fármaco (el material y el social, digamos) son exteriores entre sí o al menos relativamente independientes.

      Estimo que tu insistencia en señalar toda una amplia zona gris, en señalar por ejemplo la existencia tanto de drogas inocuas como de productos legales nocivos, apunta a desenmascarar el carácter manipulatorio de cierto discurso “anti-droga”. Pero lo mismo podría decirse que ciertos discursos “desenmascaradores” o “deconstructivos” en la práctica pueden ser funcionales al negocio del narcotráfico. Cualquiera de estas variantes resulta de plantear la cuestión exclusivamente en el terreno del discurso, en lugar de delimitar cuál es el problema social que cada uno busca encarar. Esto último, a su vez, depende de qué intereses de clase orienten la mirada. Si lo que a uno le interesa es combatir los estragos del paco en los barrios obreros, el factor de descomposición social constituido por la alianza entre la policía y los dealers en esos barrios, etc., toda esta discusión no aporta nada. Seguramente aporta en otros contextos, cuyo contenido de clase -ya que estamos en plan de desenmascarar discursos- debería explicitarse.

      Entonces, a mí me parece que 1) efectivamente es relativismo liso y llano el argumento de que la adictividad de una droga depende de la persona, la circunstancia, etc. Lo que corresponde en todos los casos, tanto en el de las drogas ilegales como de los productos comerciales legales, es denunciar la presencia de elementos que probadamente causan dependencia o enfermedad, no importa si poco o mucho, a algunos más y a otros menos, etc. 2) Que hay drogas y productos químicos de mayor o menor adictividad/peligrosidad (o incluso nula) es una obviedad, cuando lo que interesa es prevenir los casos de adictividad o peligrosidad, no los otros. 3) Naturalmente, hacer estas denuncias no equivale a penalizar ningún consumo. 4) Cuánto pesan los factores individuales, psicológicos y culturales es otro asunto que sólo sirve para embarrar la cancha.

      Por último, tengo cierta intriga sobre a qué llamás “constructivismo radical”. Mi experiencia me dice que con la palabra “constructivismo” se puede aludir a cosas bastante diferentes (y hasta opuestas): desde la epistemología genética de Piaget hasta el intuicionismo matemático, pasando por -¡oh!- el relativismo facilongo según el cual “todo es construcción social” (una fórmula tan poco informativa como “todo es materia”, “todo es política” o, ya en tono de chanza, “todo tiene que ver con todo”). “Constructivismo” siempre me resultó una expresión confusa, ya que parece aludir más a lo general (¿qué ser social e incluso qué ser vivo no es “construido” en un sentido u otro?) que a lo específico, a lo que dota de signo propio a cada corriente epistemológica (cómo y a partir de qué se construye lo que se construye).

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      Vico

      20/04/2012 at 14:33

  36. En Venezuela el relativismo cognitivo “progre” sobre las drogas no existe, por lo menos en lo que se refiere al régimen chavista. El día 18/04/12 en una entrevista realizada al ex-presidente de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el ex-magistrado Eladio Aponte Aponte, destituido el 20 de marzo por sus vinculaciones con el narcotraficante Walid Makled, se demuestra que el problema de las drogas es un problema bien concreto en nuestro país. Valga la redundancia.
    Al sentirse traicionado, huyó del país, y prendió el ventilador. Actualmente está en EEUU declarando ante la DEA lo que sabe sobre el narcotráfico en Venezuela. Ya ha acusado a altos personeros del gobierno. Desde el ministro de defensa hasta al encargado de la lucha nacional contra las drogas. Un buitre cuidando carne. ¡Válgame Dios! ¡Fin de mundo!
    Pueden leer esta entrevista en las páginas web siguientes: http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=858570&sid=a0f207a70f950fcd104d1ca5fa0ce9b6 y http://runrun.es/runrunes/41457/41457.html.
    Aponte Aponte no solo se ocupaba de estos “asuntos”. Era el encargado máximo de “criminalizar” penalmente, Aponte Aponte dixit -no lo digo yo-, a cualquier opositor que le causara problemas al régimen. Cumplía órdenes presidenciales, como militar que es. ¡Una joya el tipo!
    Estas declaraciones demuestran hasta que grado de descomposición puede llegar un régimen bonapartista burgués, que se basa en el poder personal. Los tres pilares de este tipo de régimen son las FFAAA, la policía y el aparato burocrático del Estado. El ex-magistrado Aponte Aponte resumía en su persona estos pilares: fue militar, magistrado del TSJ, que con la ayuda de la policía criminalizaba y condenaba a la prisión a opositores del régimen, inventando causas penales.
    Todavía no puedo entender como el grueso de la izquierda nacional e internacional apoya al régimen chavista. Dan vergüenza ajena.
    Saludos

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    ladudametodica

    20/04/2012 at 11:07

  37. Quisiera dar una opinión, quizás desde la distancia respecto del debate, que no manejo, y al que tal vez nunca di demasiada trascendencia. Sin embargo creo que estaba equivocado, al menos en el alcance del problema. Debo decir que adhiero a la posición que expresa Rolando en su post, pero sobre todo más alla de eso, me sorprendo mucho del “alcance” que tiene sobre las opiniones cuasi “militantes” de algunos comentaristas del foro que, pasionalmente, atacaron sin buenos fundamentos la mesurada intervención del autor. Quizas discrepo sobre la “estrategia retorica” de Rolando de decir que el problema es simplemente que se desechen las opiniones que señalan los peligros del consumo de “drogas”. Disculpenme chicos, pero realmente creo que muchas opiniones vertidas aquí son claras expresiones de la charlatanería posmoderna, del simplismo de cierta “militancia social” que confunde los problemas históricos, políticos y sociales, con esa fraseologia de la “lucha por la identidad”, de los pseudodebates relacionados con la propiedad individual del cuerpo, etc etc. MIren muchachos, seguro les molestara mi posicion “sanitarista decimononica”, pero debo decir que discrepo profundamente con las posiciones deconstruccionistas, foucaultianas, “escohotianas” (se dira asi?) sobre el problema del consumo de estupefacientes. Mas directamente, les diria a quienes en un lapsus de liberalismo burgues decimononico mezclado con posmodernismo liberal pequeño burgues “de los ´80”, dicen “mi cuerpo es mio”… No chicos, este es un tema sanitario, social, encarna fuerzas mucho mas importantes que las decisiones que tomes con tu pequeña vida, que asi, aislada y despreocupada vale poco más que un proceso biologico cualquiera. SI, quizas soy una reliquia respecto de los debates que tal vez tienen todos los dias en la facultad (en esta facultad de estos ultimos 10 años, preocupada por lo inmediato, por la salidita, y por ver que sensacion nueva “prueba”. Realmente creo que tanta perspicacia y pasión deberian ser puestas en cuestiones menos relacionadas con la “inmediatez biologica” y más con las tareas históricas (si, la revolucion socialista, y no una peleita para que el capitalismo se “reforme” y acepte la comercialización de drogas). Creo que a veces hay que bajar a tierra, no todo es tan relativo. Sí, la merca te hace mal (bastante mal), la heroína te destruye, los psicofármacos peor, pero debo decir que lo que más destruye es esta “moda” tardía, actualizada por el discurso gubernamental, de buscar la sensacion inmediata, de decirle a los pibes que prueben de todo, de decirle a los jovenes adultos que piensen en el autito, la bequita del conicet, la casita y los hijitos, y que si quieren hacer politica, “consuman” canal oficial. No existe la militancia individual, no existe la reforma como militancia, no existe la “militancia” rentada por el Estado burgués. Las discusiones en defensa de las elecciones individuales, y su reificacion no sólo no tienen nada que ver con la revolución socialista, sino que parecen ser su antítesis. Al que le caiga el poncho, que se lo ponga…

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    martin

    23/04/2012 at 01:17

    • Martín:
      Acuerdo ampliamente con su posición respecto a la necesidad de superar en encorsetamiento de los debates en “problemas” que no son en realidad los problemas de fondo que hacen que un sujeto social (lo dijo así frente a esa cosa que nos han metido de que cada uno es lo que es en una lógica del self made man y que además nos aíslan de las condiciones de clase, etc). Más allá de su temor a quedar desfasado en su forma de ver la problemática, le cuento que con 22 años y siendo estudiante universitario, pienso en su misma línea, me parecen una absoluta pérdida de tiempo y buena sangre hacer de estas pequeñas reformas auténticas causas en las que personas de convicción terminan dedicando la vida entera cuando en la lógica que defiendo (y creo que ud también) le hubieran hecho mayor favor incluso a su “causa” si se dedicasen a pelear por superar un modo de producción que potencia estos temas.

      Por otra parte, comparto su visión de que no tenemos que creernos que nuestro cuerpo es nuestro y con él hacemos lo que queremos, porque si vamos a destruirnos físicamente porque total después la sociedad me tiene que ayudar, así es fácil la cosa. De otro orden será el que nace con alguna dificultad, pero sin dejar de lado las presiones, frustraciones etc que llevan a una persona a la adicción con tantas cosas(a veces legales) me parece que el argumento de que “mi cuerpo es mio y dispongo de él a voluntad, incluso a sabiendas de que me puedo destruir solito y ser una carga social autoprovocada y a mucha honra” no tiene validez. Me van a matar por esa frase, que oportunamente tendré que aclarar mejor en todo caso, pero no me quiero extender demasiado.
      Es en este punto donde me parece más importante el aporte de Rolando de que debemos saber exactamente a qué nos estamos ateniendo al decidir o ser inducidos a ingresar en el consumo de estas cosas, sean buenas o malas, o como se dijo por ahí más arriba, cuánto, en qué medida, sería aconsejable y un placer su consumo. Pero debemos tener acceso a información lo más certera posible respecto a los temas de relevancia social.

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      Ilichito

      27/04/2012 at 02:13

  38. Demasiada verborragia para defender el consumo de merca… basta ya… que no se convierta en un blog mas de idiotas utiles que se las dan de rebeldes…

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    nico

    23/04/2012 at 01:26

    • Creo que es un error tanta descarga de energia intelectual en un tema que no es mas que un episodio creado por sectores de la poblacion para escapar de la alienacion y que solo se resolveran cuando de algun modo se produzcan cambios cualitativos y de rango estructural, lo que presupone un cambio mas vital y pleno en las relaciones humanas.No me opongo a que se discuta problemas precisos en forma minuciosa ;es la unica manera de aproximarse a sacar una conclusion conreta mas o menos acertada.Conozco a personas que tuvieron acv y quedaron minusvalidos de por vida sus edades estan en un promedio de 30 años, una verdadera desgracia porque es un fenomeno a escala de miles y que puede prevenirse , sin embargo se induce culturalmente* a consumir alimentos con quimicos* grasas saturadas (que efectivamente son adictivas) Siendo una situacion conmuy pocas posibilidades de ser modificadas por politicas de denuncias . Sin embargo al plantearse en un contexto legal* algunas pudieron tener asidero(el caso de las tabacaleras) por eso me inclino por la despenalizacion de todas las drogas con la exigencia de brindar toda informacion sobre sus acciones y perjuicios constatables y con un seguimiento en sus derivaciones patologicas adictivas .La razon fundamental es que no hay posibilidad alguna de revertir una situacion que vive en el limbo de la clandestinidad donde el unico dominador y ganador intocable es el capitalismo.

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      nestor

      30/04/2012 at 23:35

  39. Esta nota:

    http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-219803-2013-05-12.html

    Me hizo a algunas partes de este debate.

    Saludos.

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    Gerardo Daniel

    12/05/2013 at 09:46

    • Compañero Gerardo. La referencia es base para una denuncia. Impresionante estafa auspiciada por el gobierno porteño y encima financiada por el estado. Una muestra cabal del negocio colateral montado a la sombra del narcotráfico que riega generosamente las estructuras políticas y capitalistas conexas. No solo están aplicando un genocidio silencioso sobre una franja de la juventud ‘sobrante’ sino, exprimiéndola como un limón, primero como cliente de mortal mercancía y luego como paciente de una hartodudosa ‘recuperación’ a cargo de buitres privados, en este caso, médicos brujos que especulan con el dolor humano.

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      AP

      12/05/2013 at 13:10

  40. Hola Rolando, soy estudiante de la UNQ de la Licenciatura en comunicación social, prácticamente egresada de la carrera. Sigo tu blog desde hace unos años, me gustan mucho tus artículos.
    Te quiero agradecer por esta nota sobre el “relativismo epistemológico”, para mí es una bocanada de aire fresco, entre tanto sin sentido que se lee o escucha.
    Siempre digo “vivimos en una sociedad de fe” en la que se corrobora tan poco de lo que se cree que sucede. “Depende de como te lo tomes”, “Todo depende del punto de vista”, “Vos lo vez así porque sos negativo/a” son moneda corriente, incluso en gente que uno consideraría pensante o crítica. Cada vez más me da la impresión que para muchas personas la realidad no existe, es todo una mera impresión o interpretación. Desde ahí tejen una realidad, que no es otra cosa que la que a ellos les conviene, no lo que sucede realmente. Esto pasa en la Universidad, pero no es exclusivo para este ámbito, y de las ciencias sociales ni hablemos…

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    Anabel

    28/04/2014 at 23:59

    • Estimada Anabel, aunque tarde, agrego a tu comentario que se trata de un tema a ampliar y profundizar. El relativismo epistemológico está muy extendido en las ciencias sociales, al menos en Argentina, y se combina con la exaltación hasta las nubes de criterios idealistas. Es algo muy común en el progresismo nacionalista K, al estilo Laclau, y similares. El análisis y la crítica social, basada en datos objetivos, es reemplazada enteramente por la teoría del discurso, por la hermenéutica. Así, la unidad del análisis parece ser el discurso (tal vez, más específicamente, la retórica), concebida como la práctica que articula y constituye las relaciones sociales. El discurso constituye el objeto: “El discurso constituye el terreno primario de constitución de la objetividad como tal”, afirma Laclau (ideólogo principal del nac & pop K).

      De ahí también la importancia supina de la hermenéutica. Todo es interpretación de discursos e interpretación de la interpretación de discursos. Los movimientos sociales pasan a ser meras construcciones discursivas. Cuestiones como clases sociales, constituidas objetivamente por relaciones de producción, desaparecen del radar analítico. Cualquier insinuación en el sentido de ir a análisis sociales objetivos es tachado inmediatamente de “dogmatismo”, “economicismo”, “materialismo vulgar”, “esencialismo” y cosas por el estilo (por supuesto, con argumentos de este tipo, la medición de la pobreza, por ejemplo, o de la inflación, son meras “construcciones discursivas” o “interpretaciones teñidas de perspectivismo”; todo vale en este terreno de la impostura… ¿o simplemente cinismo?). El lenguaje pasa a ser el constituyente de las relaciones sociales, de las clases sociales. Es barrido debajo de la alfombra el trabajo humano como fundante de la hominización y de las relaciones sociales. De manera que la estrategia de la izquierda, que hace centro en la explotación del trabajo humano, y que pone como eje la liberación del trabajo mediante la posesión colectiva de los medios de producción, pierde significado. Ni siquiera hay un eje ordenador, porque la realidad es fragmentada, las subjetividades están dislocadas, y sólo tienen posibilidad de unidad mediante el discurso y en antagonismo, que no está fundado siquiera en realidades sociales objetivas. De ahí que en esta ciencia social sólo hay discursos, retórica, interpretaciones. En esta óptica, el realismo epistemológico es indigerible.

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      rolandoastarita

      30/04/2014 at 14:34

  41. Gracias por responder mi comentario. Yo tengo 28 años, así que no se como era el asunto hace veinte años atrás, pero creo que es algo que seguramente excede al kirchnerismo. Cabe aclarar que esta última década este “relativismo” se profundizó bastante, pero encontró un terreno fértil en donde desarrollarse. Es lo que yo puedo deducir.
    Creo también que decir “todo es interpretativo” es el modo más perfecto de fundir la realidad y señalar al individuo que dice algo inconveniente, afirmando que dice cosas apocalípticas o, como decís vos que es dogmático, etc.. Desde este marco es imposible hacer cualquier crítica. Y desde ahí, a la vez, se puede decir cualquier cosa porque “todo depende del punto de vista”…
    Además, algo que tiene en parte que ver con esto, es como las ciencia sociales de por sí no son consideradas “ciencia”, o al menos no como las ciencias exactas. Y ni hablar si seguiste una carrera como comunicación social, que ya de por sí es un poco de todo y tiene de por sí un conflicto de identidad interno. Ojo, no la critico ni tampoco a quienes la estudian. Lo que quería decir es que además de esta percepción de que las ciencias sociales no son ciencia, se suma la falta de seriedad con que la abordan quienes siguieron estas carreras. En pocas palabras diría “Los de sociales desprestigian las ciencias sociales”.
    Pero como decís vos, es un tema a ampliar, y que seguro, vale la pena seguir profundizando.

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    Anabel

    01/05/2014 at 02:32

    • Coincido en que el tema excede al kirchnerismo.Mencioné a los intelectuales K porque es uno de los puntos en que se manifiesta de manera más clara. Pero la cuestión es muy amplia. Todo parece reducirse a discursos e interpretación, incluso entre algunos marxistas. De ahí también la ausencia casi completa en algunos autores del rigor lógico en el razonamiento y el desprecio por la evidencia empírica.

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      rolandoastarita

      01/05/2014 at 08:39

  42. Imaginé que pensabas que es algo que excede al kirchnerismo. Quise destacarlo porque también algo que veo habitualmente es como se “analiza” (analiza es un decir) todo en bloques: kirchnerismo, dictadura, menemismo, etc.. Como si entre ellos no hubiese ninguna relación. Algo que también habrás observado. Ahora dicen, que “vuelve la pobreza” y que eso es sinónimo de “vuelven los 90”, increíble!. Eso lo vi en un noticiero, no recuerdo cual.
    Un saludo cordial, y continúo leyéndote.

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    anabelwagner

    06/05/2014 at 07:38

  43. Rolando, me parece excelente tu nota, donde pones al desnudo la orfandad teorica y el idealismos filosofico presente en posturas que intentan justificar la legalización de las drogas, Hace tiempo hemos definido al narcotrafico como un fabuloso negocio paraestatal, que no solo aporta una masa enorme de dinero a las corporaciones que producen, comercializan y distribuye drogas, sino que además es un poderoso dispositivo de control social, que afecta fundamentalmente a los pibes de los sectores mas empobrecidos y castigados por las politicas imperialistas y neocolonialistas de las superpotencias. Me interesa intercambiar trabajos mios sobre la tematica y vos diras a que correo debo enviarlos. Saludos de Horacio Tabares. horaciotabares@yahoo.com.ar

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    Horacio Tabares

    22/09/2015 at 17:13

    • Hablás en plural (“hemos definido…”); ¿te referís a alguna organización política o social, o es una forma de expresión? Me interesa conocer quiénes comparten la postura de la nota (que por cierto, encontró mucha resistencia).

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      rolandoastarita

      22/09/2015 at 17:40

  44. cuando utilizo esa expresión me estoy refiriendo a un sector de izquierda que en Santa Fe conformo el Frente Popular y donde el periodista Carlos del Frado logro una diputación. Precisamente él es un estudioso del tema narcotrafico en la politica provincial y en la nacional. Hemos conversado muchas veces con Carlos logrando importantes coincidencia sobre la temática, Por cierto que este articulo recien llega a mi conocimiento y por lo tanto es a mi personalmente que me resulta sumamente interesante, y tengo muchas coincidencias con el mismo. Yo estoy al frente de una institución que trabaja en la Prevención, la Clinica y el Tratamiento de personas con trastornos por consumos de sustancias y también en la Formación de Profesionales sobre el tema, Tengo formación marxista, en psicología social social y en neurociencias, y he comenzado a transitar en los debates sobre políticas publicas sobre drogas. Esta es la razon por la cual me interesa el dialogo contigo, y que puedas conocer alguno de mis trabajos, En epocas de postmodernismo y neoliberalismo no son muchos los que pueden sostener un posicionamiento marrxista sobre el tema, te diria más estamos inundados de falsos progre que terminan siendo funcionales a la potencias imperialistas y colonialistas. Saludos Horacio

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    Horacio Tabares

    22/09/2015 at 18:46

  45. El consumo siempre es problemático, y es inexorable el daño que ocasiona. Lo saben bien las Madres del Paco, del Dolor, toda la red de madres que trabaja por una familia mejor, que colabora con una sociedad más sana y ligada a la naturaleza.

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    Susana Cohen Arazi

    23/05/2016 at 09:35

    • El CONSUMO, y si es adictivo, mejor, satisface una necesidad de subsistencia del capitalismo. Utiliza drogas ilegales y substancias “legales”, incluso “legalizadas” y normalizadas desde la más tierna niñez y hasta nuestra muerte (esta última también es mercantilizada).
      Se ocupa de transformarnos desde el momento en que nacemos. Utiliza nuestro cuerpo como una cosa susceptible de consumir mercancía. Me ocupo del tema en el libro “S.O.S. Al rescate de nuestro cuerpo” donde abordo la siguiente tesis:

      Hay consenso en señalar al capitalismo como un sistema global en constante expansión geográfica, productiva y temporal, guiado por el principio rector de generar necesidades que le permitan transformar objetos tangibles, sensibles, simbólicos e imaginarios en valores de cambio, mercancías. Y a través de ellas reproducirse, mimetizarse en la cultura, totalizarse en las actividades del hombre, subordinar el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la información al capital para generar acumulación incesante. Precisa para ello apropiarse de los cuerpos, las mentes, los talentos y la fuerza de trabajo de los humanos para metabolizarlos en la maquinaria productiva. También se apropia de la naturaleza para convertirla (igual que a las personas) en medios de producción. Para sus fines utiliza la seducción, la coerción, la violencia y la guerra. Precisa homogeneizar las culturas, mediante el sometimiento predatorio, para subsumir todas las dimensiones humanas a la lógica suprema del mercado. Omnipresente, esta expansión capitalista no se detiene ante nada, corrompe el suelo, el agua, el aire, la energía y las conciencias. Penetra y se apropia de la substancia de los cuerpos humanos.

      Está disponible en forma gratuita en: http://www.aacademica.org/jorge.antonio.navarro/3

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      JORGE NAVARRO

      23/05/2016 at 10:59

    • Conozco países de la zona del mar Báltico, socialdemocracia con las limitaciones de sistema social creado por nosotros. Estuve en Cuba, y vi también lo que hace el populismo, que no es socialismo.Los pueblos van pergeñando su destino. Tenemos el libre albedrío y ampliar nuestra libertad es desafiar los condicionamientos que nos proponen los sistemas sociales, culturales y políticos. No creo en fundamentalismos

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      Susana Cohen Arazi

      23/05/2016 at 13:14

    • Un agregado: siento que es repugnante que partidos de izquierda hoy aconsejen a los jóvenes realizar “un consumo responsable de drogas”.

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      rolandoastarita

      23/05/2016 at 13:22

    • Totalmente de acuerdo. Porque además, en ese falso progresismo, además de promover daño, promueven lógicas de mercado. Creo que ya las categorías de izquierda y derecha no expresan la complejidad de las relaciones sociales, ni las realidades de este siglo. Practican Marcos teóricos, en vez de preguntarle a la realidad, que es la única desde la cual se puede conceptualiza, y validar teorías.

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      Susana Cohen Arazi

      23/05/2016 at 15:18

  46. Tal cual. Eso de que todo en su justa medida es bueno no aplica a todo. Parece que no hay forma de tener un consumo moderado o equilibrado si la sustancia altamente adictiva y dañina.

    Jorge Navarro cuidado porque me parece que el consumo de drogas puede inhibir el pensamiento crítico más allá de que esta sea o no mercantilizada.

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    juan t

    23/05/2016 at 20:30

    • Ya se trate de drogas “ilegales”, o de venta bajo receta archivada, o conseguidas con una receta de un médico amigo, o de diseño, EL CONSUMO ADICTIVO (que provoca daño psíquico, físico y social) excede al tema “drogas”. Nuestro país encabeza el consumo mundial de Coca-Cola (137 litros por habitante, relegando al 4to. lugar a EE.UU. (112 L/h). También somos líderes de las américas en el de consumo de snakcs (10 kg./h). En paralelo a ésto, la bebida que más creció en nuestro país el el fernet. Ya hay una enorme masa de personas, especialmente jóvenes, transitando del consumo “social” al consumo adictivo. Las gaseosas y toda la enorme masa de PUP (Productos Ultra Procesados), que colonizan las góndolas de los supermercados y que los comercializan (en un 100%) 10 multinacionales, se elaboran combinando substancias y aditivos que provocan adicción igual que las “drogas”.
      Nuevos contingentes se suman a diario a este tránsito al consumo adictivo. Aún en países periféricos, el poder de penetración de estos consumos han llevado a que países con prevalencia de enfermedades transmisibles (diarrea, sarampión, VIH Sida, etc.) ahora deben soportar el peso de las enfermedades crónicas no transmisibles. En medio de la prolongación de la expectativa de vida, las nuevas enfermedades crónicas, hace que más personas vivan enfermas cada vez más años
      Además de los problemas de salud (aumento de la diabetes, la obesidad, las enfermedades metabólicas, cardio y cerebro vasculares, cáncer, entre otras), tenemos una dependencia creciente de substancias para transitar “los malestares de la cultura”.
      Resumiendo: Estamos generando masas de zombies fácilmente controlables. No hay persona más dependiente que un enfermo. Entonces, no sólo se inhibe el pensamiento crítico, por este camino de estupidización en masa resulta un campo propicio para manipulaciones con globitos de colores (como las de Durand Barba) sobre un sector de la población.
      Entonces, el consumismo adictivo es esencial para el metabolismo capitalista en varios aspectos: el económico (no hay capitalismo sin consumo y si es adictivo mejor), el social (si va por el lado de las drogas, el alcohol), produce estúpidos controlables en masa. En el campo de la salud: la derivación de contingentes a enfermedades crónicas combina efectos beneficiosos para el negocio de la enfermedad (farmacéuticas, prestadoras médicas)y mejora las posibilidades de control social.
      (Más sobre esto en mi libro S.O.S. Al rescate de nuestro cuerpo, citado arriba).
      Creo que nadie de izquierda pueda alentar o ser indiferente al consumo adictivo.

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      JORGE NAVARRO

      24/05/2016 at 09:08

  47. Rolando, comparto completamente tu punto de vista. Creo que muchos de los comentarios no pueden hacer pie para polemizar, porque la nota toca, indirectamente, una fibra sensible: el liberalismo y el individualismo. Mas preocupados por que se desmoronen sus justificaciones “progres”, que por esclarecer sobre la cuestión, y mucho menos por sacar conclusiones desde una perspectiva revolucionaria, varios terminan haciendo causa común con el imperialismo. Saludos!!

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    Pablo JG

    06/06/2016 at 16:47

    • El título implica que hay un consumo que no es problemático, lo cual ya de por sí es una falacia. Siempre será problemático el consumo.

      Cómo pueden alentar siquiera algo del consumo, cuando no hay manera de disminuir los daños. El cerebro es un órgano muy sensible. Las sustancias psicoactivas lo intoxican. De esto pueden dar testimonio psiquiatras como Kalina, Yaria, etc.

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      Susana Cohen Arazi

      06/06/2016 at 23:02

  48. Desde el punto de vista de los intereses de las clases explotadas y de su perspectiva revolucionaria es muy importante que los comunistas y las organizaciones revolucionarias tengan un enfoque adecuado a fin de que, a partir de él, puedan lograrse avances en los niveles de conciencia y organización de las masas, sobre todo de la juventud.

    Los aspectos médicos, terapéuticos, bioquímicos, etc. de la drogadicción son importantes; sin embargo, desde la perspectiva de impulsar la lucha de las masas debe incidirse en el aspecto político del tema. Vale decir, en el papel que desempeña el narcotráfico y el consumo de drogas (incluyendo alcohol, tabaco, etc.) en el proceso de la lucha de clases.

    El negocio de la droga, que opera en las cloacas del capitalismo, es una pieza clave de este y una de sus “industrias” más importantes por el volumen de fondos que mueve. Si pudiéramos imaginar que una tendencia moralista se apoderara del mundo a tal punto que redujera al narcotráfico a su mínima expresión, lo que ocurriría sería un descalabro descomunal del capitalismo global.

    El narcotráfico como actividad económica juega un papel de primer orden en los procesos de acumulación de capital. En el mercado de la droga, su componente de demanda final lo constituyen principalmente los trabajadores y los hijos de estos en edad estudiantil. Como es lógico, los productores de droga se valdrán de innumerables mecanismos para sostener su creciente demanda.

    Entre estos mecanismos tenemos el constante “bombardeo” sobre la mente de los trabajadores (sobre todo de sus hijos menores y de los trabajadores más jóvenes) a través de los medios masivos de comunicación, el sistema educativo, la religión, etc. de una batería de valores ideológicos que predisponen a muchos de estos a convertirse en consumidores y quedar atrapados en las garras de la droga (“el consumo responsable”). Por otra parte, sobre todo en las drogas ilegales como la cocaína y heroína, su comercialización brinda la oportunidad de tener una fuente de ingresos (que en algunos casos puede ser bien alta) a miles de desocupados, sobre todo a aquellos que, condenados por el sistema a formas paupérrimas de vida, recuren a actividades delictivas para sobrevivir (lumpenproletariado)

    Debe quedar claro, entonces, que el narcotráfico es el rostro ilícito, aberrante y abiertamente perverso del capitalismo; es el excremento del capitalismo que embarra a muchos trabajadores, empezando por aquellos que provienen de familias, que abandonadas y olvidadas por el sistema, encontraron en la delincuencia una forma de sobrevivir; también, a aquellos más jóvenes por su inexperiencia ante la vida; y, finalmente, a aquellos más maduros que ante las injusticias, desigualdades, aberraciones, falta de apoyo y oportunidades, valores individualistas y egoístas, etc. del sistema, perdieron el optimismo y el entusiasmo de vivir.

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    Amauta

    09/06/2016 at 13:32

  49. Cae por su propio peso que la lucha contras el narcotráfico y la drogadicción esta íntimamente ligada a la lucha contra el capitalismo. Dentro del capitalismo es imposible encontrar soluciones trascendentales al narcotráfico y a la drogadicción, alcoholismo, prostitución, etc. Una solución definitiva solo será posible en una sociedad revolucionaria dirigida por un Gobierno Revolucionario de los Trabajadores y protegida por el Pueblo Armado.

    En la Sociedad Revolucionaria, una bien nutrida y bien planificada movilización de milicias populares será suficiente para suprimir los centros de producción y comercialización de droga ilegal. Esto no es posible con las fuerzas armadas y policiales burguesas ya que su tendencia a negociar y pactar con el narcotráfico es parte de su naturaleza.

    Especialmente a los jóvenes hay que hacerles recordar, mediante una perseverante agitación y propaganda que cuando consumen drogas, cualquiera que estas sean, están deteriorando sus cuerpos y aumentando las riquezas de lumpenburgueses y narcoburgueses.

    La lucha contra las drogas pasa por exigir al gobierno de turno centros de atención y mayor presupuesto para quienes estén atrapados por la droga y campañas en colegios para el no consumo de drogas, sobre todo las más nocivas

    Para todos aquellos jóvenes atrapados en la delincuencia, las pandillas, la drogadicción, alcoholismo, prostitución etc., las organizaciones revolucionarias deben atraerlos, utilizando medios de persuasión de lo más variados e ingeniosos, e integrarlos a la lucha democrática y revolucionaria de los trabajadores por una nueva sociedad sin explotados ni explotadores, que les va ha servir, también, como alternativa para lograr mayor soporte emocional lo que, a su vez, va a contribuir a su recuperación.

    ¡NO a la droga, SI a la lucha por el cambio social con democracia económica, democracia política y justicia social!

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    Amauta

    10/06/2016 at 04:53

  50. Coincido totalmente con la crítica al relativismo cognitivo progre. No coincido con lo que se propone como alternativa: la prédica del abstencionismo.

    Todo consumo de sustancia psico-activas tiene un precio en el cuerpo. Igual que comer productos animales. Un individuo hiper-racional (o hipócrita) dirá que entonces hay que erradicar ese consumo. Funcionará para él, pero a nivel social la veo como una postura sectaria.

    El consumo responsable puede resultarle repugnante a individuos que no consumen ninguna sustancia psico-activa (“drogas” no abarca al tabaco y al alcohol) y son sensibles a los daños personales y sociales de la adicción. Pero es la política que encaran las asociaciones y profesionales que se dedican a este tema, porque estamos en una situación donde la prioridad es el control de daños.

    No es que vivimos en una tribu donde viene el hombre blanco a darnos alcohol. Ahí el abstencionismo tendría todo el sentido. Vivimos en una civilización con una larga relación con las sustancias psico-activas. Ese consumo no va a desaparecer con campañas de abstencionismo, de la misma manera que la gente no dejará de tener sexo por placer por más que fanáticos religiosos prediquen el sexo solo para la reproducción.

    ¿Es posible que el malestar emocional de los individuos bajo una sociedad de clases genere la necesidad de consumir esas sustancias, y que esa demanda desaparezca en una sociedad libre? Es posible. Pero este es el mismo dilema que con el sindicalismo. ¿Negamos las luchas por aumento de salario ya que significan aceptar el sistema de trabajo asalariado? Ese planteo se hizo en la Primera Internacional y ya sabrán o imaginarán la respuesta de Marx al respecto. Seguiremos necesitando del sindicalismo en tanto no estemos en una situación revolucionaria donde sea posible reemplazar el trabajo asalariado por la asociación de productores libres e iguales. Seguiremos necesitando del control de daños y la promoción del consumo responsable mientras continúe la relación de la humanidad con las sustancias psico-activas.

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    Danilo Castelli

    19/06/2016 at 11:22

    • Tengo un problema con eso.
      Puedo acordar con el tema del control de daños. Pero en los discursos sobre consumo responsable no se esta diciendo lo que vos planteas, se esta homologando consumir cocaína con tomarse un café. Y eso a parte de estar en contra de la evidencia científica es una barbaridad.
      Una cosa es decirle a alguien que va a consumir de todas formas: “cuídate”, y tratar de generar las condiciones para que el daño sea el menor, y otra es decir que da igual tomarte un café que aspirarte una linea. La nota critica lo segundo.

      Saludos.

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      Gerardo Daniel

      19/06/2016 at 22:11


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