Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Reflexiones sobre el peronismo de izquierda

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Por estos días he terminado de leer el primer tomo de El peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina (Buenos Aires, Planeta, 2010), de José Pablo Feinmann. Es un texto interesante, que puede ser disparador de varios debates. También el segundo volumen contiene material importante, aunque se repiten algunas temáticas y argumentos ya planteados en el primer tomo. En esta nota realizo algunas reflexiones sobre el peronismo de izquierda revolucionario, a partir de la presentación que hace Feinmann de las posiciones de esta corriente en las décadas de los 50 a los 70. En lo que sigue también utilizo Nacionalismo burgués y nacionalismo revolucionario (Buenos Aires, Contrapunto, 1986), del artista plástico y militante del peronismo de izquierda, Ricardo Carpani.

El “viejo” peronismo revolucionario

En opinión de Feinmann, el mejor representante del peronismo revolucionario ha sido John William Cooke. Efectivamente, Cooke es clave para entender a la militancia peronista que buscó trabajar desde el seno del movimiento de masas, en un sentido socialista. Dado que mucha gente joven no lo conoce, en el Apéndice reseño brevemente su vida.

Una de las primeras cuestiones que destaca Feinmann es que Cooke pensaba que la lucha revolucionaria debía ser protagonizada por las masas, y no por vanguardias iluminadas. Por eso, y a pesar de su respeto y amistad con el Che, Cooke nunca fue foquista. “La concepción de Cooke no es la de Guevara… Para Cooke la cosa no es primero el foco, después el pueblo. No es primero una minoría y después las masas. (…) El verdadero revolucionario es aquel que trabaja con y desde las masas” (Feinmann, p. 382). A partir de aquí, y siendo Cooke socialista, el problema que se plantea es cómo lograr que la clase obrera argentina asuma un programa y una estrategia socialistas. La respuesta a este interrogante se articula en base a dos supuestos centrales: que el peronismo no puede ser asimilado por el régimen burgués; y que desde el peronismo se podía radicalizar el enfrentamiento de las masas peronistas con la clase capitalista, superando al propio peronismo.

La idea de que el peronismo no es asimilable está sintetizada en la famosa frase de Cooke, “el peronismo es el hecho maldito del país burgués”. ¿Por qué? Pues porque Perón era el líder del enemigo de la burguesía, y el peronismo había soliviantado a esas masas trabajadoras (por ejemplo, otorgando grandes derechos sindicales). De ahí que el movimiento nacional no podría ser integrado en el régimen democrático burgués: “El régimen no puede institucionalizarse como democracia burguesa porque el peronismo obtendría el gobierno”, escribía Cooke en “La revolución y el peronismo”, (citado por Feinmann, p. 388). Y dado que las masas eran peronistas, había que ingresar al peronismo para dar la batalla desde allí. En palabras de Feinmann: “Cooke… es el ideólogo del peronismo revolucionario porque es el ideólogo del entrismo en las masas. Somos peronistas porque las masas lo son y debemos llevarlas hacia la lucha por la liberación nacional” (p. 375). Aquí está el origen conceptual de la izquierda peronista. Aunque se refiere en particular a la izquierda peronista que no cayó en el vanguardismo, al estilo de los Montoneros. Feinmann agrega: “hay que estar en el peronismo porque ahí están las masas y sin las masas no hay revolución posible, sino que se genera el vanguardismo sin pueblo que termina girando en el vacío” (p. 378). Y en un diálogo imaginario con René Salamanca (dirigente de los obreros mecánicos de Córdoba, militante del PCR), le hace decir a Cooke: “la identidad política de los obreros argentinos es el peronismo. No estar ahí, es estar fuera”. En otro pasaje, Feinmann anota: “La sustancia de la revolución son las masas. De aquí que el peronismo se presentara tentador. Con un empujoncito más hacemos de este pueblo un pueblo revolucionario y el líder (Perón) no tendrá más que aceptarlo. No se trabajaba sólo para obedecer a Perón y aceptar su conducción literalmente. (…) Se trabajaba para que el pueblo peronista diera hacia adelante el paso que aún lo alejaba de las consignas de lucha socialistas. Una vez producido esto, Perón no tendría más remedio que aceptarlo. El que entiende esto entiende todo el fenómeno complejo de la izquierda peronista” (p. 384). Esto resume lo central del pensamiento de la izquierda peronista (aclaremos, la izquierda peronista que se proponía avanzar al socialismo; bastante distinto de lo que hoy se presenta como “izquierda” peronista).

La liberación nacional conduce al socialismo

Además de la imposibilidad de integración al régimen burgués, el otro elemento fundamental es que se asumía al peronismo como un movimiento de liberación y afirmación nacional; y por aquellos años 60 y 70 toda la izquierda pensaba que la liberación nacional sólo podría imponerse enfrentando con métodos revolucionarios al imperialismo. Pero esto llevaría al socialismo. Por lo cual, el peronismo (como le sucedería a todo movimiento del liberación nacional) sería superado-conservado (el aufhebung hegeliano) por el socialismo (la formulación es de Feinmann). En otras palabras, el capitalismo sería derrotado porque la lucha contra el colonialismo sería imparable, y el imperialismo no podría absorberla.

Enfaticemos que en el peronismo de izquierda existía claridad en cuanto al carácter burgués del peronismo, y por eso “no se trabajaba solo para obedecer a Perón y aceptar su conducción literalmente”. Había conciencia de que Perón era, en última instancia, “un representante de la burguesía, del capitalismo” (Feinmann, p. 232), y el peronismo, a lo sumo, un “movimiento capitalista humanitario y distribucionista” (ídem, p. 220). Pero a partir de sus contradicciones con el imperialismo y sus “agentes locales” (la oligarquía, el capital financiero, el gran capital local), se visualizaba la posibilidad de que iniciara el tránsito al socialismo, ya que el imperialismo no podía absorber la lucha por la liberación. Con esta perspectiva en mente, Cooke invita, en los años 1960, a Perón a sumarse a un “frente revolucionario extendido en todo el planeta” (carta de Cooke a Perón, citada por Feinmann en p. 397). En ese frente participaban Ben Bella (Argelia), Sekú Torué (líder de la independencia y presidente de Guinea), Nkrumah (líder de la lucha por la independencia de Ghana), Nasser (Egipto), Tito (Yugoslavia) y Castro.

Aunque Perón no siguió el consejo de Cooke, lo importante es que la militancia peronista de izquierda creía que la historia empujaría al movimiento nacional a superar sus propios límites; incluso en contra de los deseos de su conductor. En este respecto, la diferencia con la izquierda radicalizada y no peronista no pasaba tanto por el pronóstico histórico general (“el triunfo de la liberación nacional llevará al socialismo”), sino sobre que ese proceso pudiera ocurrir desde el peronismo. La izquierda radicalizada (guevarista, trotskista, maoista) pensaba que el peronismo tenía limites de clase precisos. La izquierda peronista, en cambio, veía el desenlace socialista como muy probable. Al margen de lo que quisiera Perón, las masas empujarían en dirección al socialismo, superando las limitaciones de la propia dirección. La Resistencia había galvanizado el proyecto. Esta perspectiva llevaba, en los mejores exponentes del peronismo revolucionario, a cuestionar abiertamente el carácter burgués del movimiento. Esto se aprecia claramente en el siguiente texto de Carpani, que es de 1972: “Finalmente, (el peronismo revolucionario) delimita y profundiza su conciencia y sus objetivos a partir de la caída de Perón en 1955, durante la Resistencia Peronista y las luchas posteriores, que desembocan en la conformación de un pensamiento peronista revolucionario, plenamente consciente de sus objetivos de clase y tajantemente diferenciado del peronismo burgués y burocrático” (p. 70). Carpani llega a decir que para avanzar no hay siquiera que conformarse con un programa de estatizaciones, como habían planteado los programas de La Falda, Huerta Grande o de la CGT de los Argentinos. Explícitamente criticaba “la creencia de que, sobre la base de un programa de nacionalización de los recursos fundamentales, pero manteniendo en lo esencial el régimen de la propiedad privada, existía la posibilidad para esa burguesía (se refiere a la burguesía industrial argentina) de un destino independiente del imperialismo” (p. 73). Una afirmación de este tipo podía suscribirla tranquilamente cualquier trotskista de aquellos años. Aquella militancia “del movimiento nacional” advertía que existía una división profunda entre el peronismo burgués (burocrático, acomodaticio, institucional) y el peronismo revolucionario que reivindicaba, y al que identificaba con la clase obrera, con los explotados.

Ni punto de contacto con lo de hoy

Cualquiera que siga medianamente la política actual podrá apreciar la distancia que media entre aquella vieja izquierda peronista, que se asumía como revolucionaria, y lo que hoy puede llamarse peronismo de izquierda. Cooke, o los militantes que llegaban al peronismo desde Marx (muchos hicieron este derrotero) tenían como meta el socialismo, y en este empeño llegaban a disputar no solo con las conducciones intermedias, sino con el mismo Perón. Lo mismo sucedió con muchos (no todos) jóvenes que se iniciaron en los movimientos cristianos y nacionalistas de derecha, y terminaron en las alas de izquierda del peronismo (por ejemplo, parte de la dirección de Montoneros). Cooke criticó el Congreso de la Productividad porque intentaba aumentar la productividad a costa del esfuerzo de los trabajadores (sintomáticamente, la patronal se quejaba por entonces de la falta de disciplina obrera en las empresas); y también las negociaciones de Perón con la Standard Oil. Después del golpe de 1955, luchó en la Resistencia. Y si bien fue artífice principal del pacto con Frondizi, a partir del triunfo de la revolución cubana radicalizó su postura, y trabajó por un acercamiento del justicialismo con el castrismo. Finalmente, murió pobre y aislado. Nada que ver con una militancia “izquierdista” que hoy defiende a tránsfugas del CEMA y la Ucedé, aplaude a funcionarios que se enriquecen de la noche a la mañana participando de fabulosos negociados, y saluda como aliados a burócratas-sindicales-empresarios, para seguir a la caza de puestos, y más puestos. No quedan ni rastros de la vieja llama crítica, cuestionadora, anti-sistema.

Volviendo al ideario peronista revolucionario, no quiero disimular las diferencias que nos separaban. En aquellos años 70 yo militaba en el trotskismo, y los trotskistas pensábamos (como en general muchos otros marxistas) que el peronismo no podía evolucionar hacia el socialismo. Discutíamos muy fuerte sobre esto. También criticábamos el vanguardismo armado, elitista, de los Montoneros (y del ERP). Pero por encima de esas diferencias, había un sentido de pertenencia a la izquierda revolucionaria. Lo he visto y vivido (y lo mismo le ha pasado a otros compañeros) en las muchas experiencias de lucha, de organización y combates dados desde el seno del movimiento de masas. La militancia de izquierda peronista, al menos en su gran mayoría, estaba comprometida con un ideal de revolución. No sé hasta qué punto lo estaría la dirección de Montoneros (o una parte importante de ella), pero sí lo estaban cientos o miles de militantes de base, e intermedios, que se jugaban todos los días en la pelea contra burócratas o patronales. Ese peronismo de izquierda de los 70 fue girando, primero hacia la no aceptación de la conducción estratégica de Perón, luego hacia la oposición abierta, como señala Feinmann (p. 109). Como es conocido, el enfrentamiento no comenzó cuando asumió Isabel. En junio de 1974 Carpani llamaba a construir “la organización independiente de los trabajadores, que garantice la hegemonía directiva de la clase obrera en la lucha por la liberación nacional y social” (reproducido en op. cit. p. 88). Por la misma época, caracterizaba la política de Perón, de 1973-4, como “una política nacionalista burguesa, fundada en un pacto social entre los trabajadores y la burguesía, tendiente en una primera etapa a renegociar la dependencia del país en términos más favorables para el sector de la burguesía industrial monopolista de capital prevalecientemente nacional”. Y agregaba: “Dicho proceso pasa por alto, tanto el grado de conciencia logrado por los sectores más combativos de la clase obrera y el nivel de sus reivindicaciones, como el carácter orgánico de la dependencia de las burguesías semicoloniales respecto al imperialismo, dependencia que se halla implícita en las mismas condiciones de supervivencia del sistema capitalista” (p. 96). Gelbard, por entonces ministro de Economía, que hoy es considerado casi un revolucionario, era definido por Carpani como un “representante conspicuo de la burguesía industrial monopolista pretendidamente nacional”. Precisemos que la política económica de Gelbard, si bien burguesa, era mucho más estatista y nacional que cualquier cosa que pueda verse hoy. ¿A quién se le podía ocurrir, en el peronismo “a lo Carpani”, que la “liberación nacional y social” iría de la mano de los Boudou y De Vido, de los Eskenazi y Cirigliano, de los Alperovich e Insfrán, de la Exxon y la Barrick Gold de entonces?

¿”Desencuentro trágico”?

La ruptura-enfrentamiento de los 70 entre la conducción del peronismo y la izquierda peronista no fue un proceso lineal, y tuvo muchos aspectos cuestionables. La postura que tomó Montoneros al día siguiente de Ezeiza siempre me pareció muy criticable (¿por qué callaron la aquiescencia, por decir lo menos, de Perón con la matanza?). También los silencios ensordecedores ante los primeros asesinatos de la Triple A (¿por qué se disimulaba que los asesinos tenían el respaldo del propio Perón?). Sin embargo, estas “agachadas” (así las interpretábamos desde la izquierda no peronista) no impidieron que el conflicto se profundizara. Muchos militantes de base y cuadros intermedios tenían dudas, pero ante la encrucijada de elegir entre los burócratas-burgueses, y los trabajadores, se decidieron por los trabajadores. Y el enfrentamiento fue brutal, porque los matones y asesinos tenían el apoyo del Estado (¿o acaso también hay que creer que el terrorismo de Estado comenzó el 24 de marzo de 1976?) y la vía libre de la impunidad.

Seamos claros: fue un enfrentamiento que afectó la médula del sistema, porque cuestionó a la burocracia sindical. En muchas empresas, en especial en metalúrgicos y mecánicos, fueron desplazadas direcciones burocráticas. Este cuestionamiento por la base al poder sindical fue, por supuesto, más peligroso para la burguesía (y para la derecha) que la Universidad “nacional y popular” (barrida por los fascistas Ivanisevich y compañía), y potencialmente más subversivo, en el largo plazo, que el accionar de los  grupos armados. El enfrentamiento era el hijo del Cordobazo, pero en una etapa superior de lucha, porque a partir del 73 el gobierno era peronista. En la izquierda se alineaban montos, peronistas de base, trotskistas, maoístas, militantes de superficie del ERP, y no pocos obreros del PC (aunque su dirección pactaba con Gelbard y Perón). Lo recuerdo bien, estábamos unidos, nos protegíamos las espaldas, porque nos enfrentábamos a la Triple A, a los burócratas que colaboraban con ella, y a las patronales que se ponían del lado de los verdugos.

Por supuesto, esto se trata de borrar de la memoria. Es lo que intenta Cristina K cuando dice que en los 70 hubo un “desencuentro trágico” entre la juventud peronista y la burocracia sindical. “Desencuentro trágico”. ¿Es cinismo, o simple odio de clase? ¿Se puede encontrar algo más reaccionario, en todo el sentido de la palabra? Pero es lógico, porque CK, y los obsecuentes que la aplauden, buscan borrar la memoria de una experiencia de lucha que debería grabarse a fuego en la conciencia de la clase. No olvidemos: en los 70 la juventud militante y de izquierda, con el apoyo (pasivo, en muchos casos, pero apoyo, porque la gente votaba en las empresas) empezó a desplazar direcciones traidoras y burocráticas en grandes empresas. La derecha entonces respondió asesinando, golpeando, persiguiendo por todos lados (escribo esto y me vienen a la memoria los rostros de compañeros secuestrados, asesinados, golpeados brutalmente, por el simple “pecado” de integrar una lista opositora a la burocracia, o ser delegados honestos). Mariano Grondona, a todo esto, aportaba lo suyo, comentando que López Rega hacía “el trabajo sucio, pero necesario” (Marianito, siempre tan medido). A esta experiencia extraordinaria de la clase, CK la descalifica como “desencuentro trágico”. Y los jóvenes de La Cámpora aplauden a rabiar, haciendo coro a los viejos burócratas, que asienten satisfechos.

La realidad es que aquella vieja izquierda se jugó la vida por acabar con los burócratas fachos y alcahuetes (¡si alcahueteaban a las patronales para que echaran “zurdos”!). Con queridos compañeros, fueran montos o del peronismo de base, he compartido reuniones de agrupaciones de empresa donde discutíamos (y a veces muy duramente), pero también organizábamos, y salían cosas medianamente buenas (un boletín de fábrica, una colecta para una huelga, o ir a visitar otros trabajadores que estaban haciendo una olla popular). Naturalmente, también compartimos la cárcel o la tortura; y el compañerismo o la amistad con tantos militantes desaparecidos. Repito, estábamos en el mismo “bando”. Entre nosotros había diferencias, pero no había “desencuentro trágico”, sino un “encuentro” consciente, porque subyacía una unidad de fondo. Hoy, en cambio, no hay encuentro posible con esa izquierda peronista que aplaude discursos que llaman “privilegiados” a los docentes, “extorsivas” a las huelgas, y acusan por “golpistas” a luchas obreras que reclaman aumentos salariales. ¿Qué tiene que ver esto con el “desarrollo de la conciencia social” del proletariado, que pedían Carpani y otros exponentes del peronismo revolucionario? En los 70 a nadie, que no fuera un amigo de López Rega, se le ocurría pensar que una huelga era “funcional a la derecha”; nadie miraba para otro lado y tapaba responsabilidades en tragedias como la de Once. Por aquellos años, a nadie de la izquierda se le cruzaba por la mente justificar el enriquecimiento sin límites del lumpen burgués-estatista, mientras agita banderas “nacionales” y condena al activismo que se levanta contra la megaminería.

La experiencia del “entrismo” en las masas peronistas

La historia del peronismo revolucionario “a lo Cooke” también encierra una enseñanza muy importante para la militancia de hoy: la imposibilidad de transformar “desde adentro” y desde la militancia, a un movimiento nacional burgués en un movimiento revolucionario y socialista. No fue posible en los tiempos de mayor enfrentamiento entre el peronismo proscrito y la alta burguesía argentina. En los 60, y por lo menos hasta mediados de los 70 (en 1975 EEUU sale derrotado de Vietnam), hubo un marco internacional que parecía extremadamente favorable. Asistíamos al auge del tercermundismo, la revolución cubana entusiasmaba, y se contaba con el “respaldo” de la URSS y China a los movimientos de liberación nacional. El apoyo de los soviéticos a la dictadura de Videla, y antes de China a Pinochet, socavaría esta confianza, pero en los años 60 y comienzos de los 70, pocos la cuestionaban. Sin embargo, y aun con todo este contexto, la experiencia demostró que no bastaba con el “empujoncito” para que las masas “superaran” a Perón, y el programa del peronismo. Es que nunca se terminaba de romper con el sistema capitalista y el proyecto nacional-estatal-burgués. Muchas veces se habló “del giro a la izquierda de las masas peronistas” (expresión que lanzó Codovilla, en 1946); pero el giro siempre terminó en el reformismo burgués. Hubo grupos trotskistas que plantearon la táctica de la “exigencia” (“que la CGT imponga su programa con la huelga general”, etc.), pero esta agitación no tuvo mayores repercusiones. El pretendido “empujoncito” no pudo darlo Cooke, a pesar de ser el delegado personal de Perón en Argentina durante el período más duro de la resistencia. Tampoco pudieron darlo los grupos trotskistas que buscaron hacer entrismo en el peronismo. Por ejemplo, a partir de 1953-4 los grupos dirigidos por Nahuel Moreno y Esteban Rey se dirigieron a las masas peronistas desde el Partido Socialista de la Revolución Nacional (que bajo la dirección de Dickmann se había acercado al gobierno), pidiendo medidas efectivas para frenar el golpe que se avecinaba. Además, no sólo Milcíades Peña (como pretende Feinmann) exigió armas a la CGT para enfrentar a la Libertadora; hubo otros militantes de izquierda. Luego, durante la Resistencia, algunos se asumieron como parte del movimiento peronista. Fue el caso del grupo de Nahuel Moreno, cuando publicaba Palabra Obrera, órgano del Movimiento de Agrupaciones Obreras, que militaba en las 62 Organizaciones, a fines de la década de los 50. Pudo haber habido influencia sindical, pero no hubo superación alguna del peronismo. En la década del 60. y hasta 1972, algunos grupos trotskistas también lucharon por la vuelta de Perón, no sólo porque era una reivindicación democrática elemental, sino porque pensaban que la demanda no era asimilable por el régimen burgués. Pero las masas peronistas no viraron hacia ellos (y Perón volvió sin revolución socialista).

Asimismo, muchos militantes provenientes del marxismo intentaron llevar a cabo el sueño de Cooke, esto es, constituir desde el interior del peronismo a la clase obrera en sujeto revolucionario. Los resultados fueron, de nuevo, muy escasos. Incluso los compañeros que tenían fuerte inserción de masas, no podían radicalizar el movimiento más allá de los límites establecidos por Perón o por las “20 verdades” del justicialismo (un recetario de consejos pro-capitalistas, estatistas y cristianos, empapados de conciliacionismo de clase). Lo he visto y vivido. Cuando militantes de montos o del peronismo de base (subrayo, con inserción, no estoy hablando de los que caían en paracaídas) intentaban, en charlas con los trabajadores comunes, cuestionar o traspasar los límites, empezaban a sentir el silencio y el vacío a su alrededor. La gente acompañaba en la lucha contra la burocracia (y hasta cierto punto), pero el paso político hacia el socialismo no se daba. En otras palabras, el peronismo no era “superado” en ningún sentido socialista. No bastaba con el bendito “empujoncito”. La izquierda revolucionaria podía estar “dentro” del peronismo indefinidamente, pero no podía dar el tono general del movimiento nacional. Esto fue así cuando estuvo Perón, y continuó luego de su muerte. Agreguemos otra cuestión: para estar en la lucha tampoco era necesario tomar la bandera del peronismo, como muchas veces se insinuó. Tosco, Paez, Salamanca, Flores, fueron grandes dirigentes del Cordobazo y de otras gestas obreras, y no eran peronistas, sino marxistas. Tenían un enorme ascendiente sobre las masas trabajadoras; aunque éstas permanecieron en el peronismo, sin traspasar sus límites.

Pronósticos fallidos

Por razones de extensión, no lo voy a desarrollar aquí, pero dejo señalada una cuestión que me parece capital: el error en el análisis que prevaleció en la izquierda de los 60 y 70. Consistió en creer que los movimientos de liberación nacional no eran asimilables por el modo de producción capitalista. La corriente de la dependencia, y la mayoría de los grandes economistas marxistas (Mandel, Samin, Sweezy y Baran) alimentaron esta creencia, que fue asumida por prácticamente todas las tendencias de la izquierda radicalizada, incluido el peronismo revolucionario. He analizado esta cuestión en otros trabajos, en especial en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo. Aquí solo quiero señalar que casi todos los movimientos nacionales burgueses o pequeño burgueses han sido asimilados al capitalismo; incluso los que en su radicalización llegaron al estatismo generalizado. Fue un fenómeno mundial. El espectáculo de los viejos montoneros, y del partido Justicialista, aplaudiendo y defendiendo las privatizaciones menemistas, es solo una parte de la escena global (¿acaso la heroica dirección vietnamita, la que condujo la lucha por la liberación, no se transformó, después de 1975, en alumna destacada del FMI?). En segundo lugar, y más específicamente, se demostró que el peronismo era asimilable al régimen burgués. Mejor dicho, lo demostró, sin dejar lugar a dudas, el propio Perón, cuando volvió al país acompañado de Isabel, López Rega y todo un séquito de asesinos y fascistas, que asumieron con entusiasmo la tarea de “limpiar” el país de izquierdistas. Algún día habrá que explorar hasta el fondo las raíces teóricas de estos errores. Estoy convencido de que es parte del rearme político que necesita el marxismo.

Apéndice, John William Cooke

Cooke (1919-1968) tuvo su origen en el radicalismo, pero adhirió tempranamente al peronismo, y fue diputado por este partido, entre 1946 y 1951. En 1954 se opuso a los contratos petroleros que negociaba el gobierno de Perón, y al Congreso de la productividad. En 1955 la Libertadora lo pone preso, junto a muchos otros dirigentes y militantes peronistas. En noviembre de 1956, y aun estando detenido, Cooke es designado por Perón para que asuma su representación política (“su decisión será mi decisión y palabra mía”, escribe Perón). En 1957 trabaja para el acuerdo entre Perón y Frondizi, y en el 59 interviene en la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre. Después de este hecho, Perón lo desplaza. Ese mismo año, viaja a Cuba junto a su compañera, Alicia Eguren. Adhiere a la revolución -combate en Bahía de los Cochinos- y permanece en la isla hasta 1963. Por entonces intentaba convencer a Perón de que viajara a Cuba, y que el movimiento peronista asumiera posiciones revolucionarias. En 1963 regresó a Argentina, y organizó Acción Peronista Revolucionaria, donde participaron, entre otros, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito, que luego serían dirigentes de Montoneros. Pero Cooke está aislado; muere de cáncer en 1968. En 1973 Alicia publica su correspondencia con Perón, que habría de influir largamente en la izquierda peronista (así como sus otros escritos). Alicia Eguren fue secuestrada y asesinada por los militares en 1977.


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Reflexiones sobre el peronismo de izquierda

Written by rolandoastarita

28/07/2012 a 12:28

49 comentarios

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  1. Tema político fundamental y muy bien expuesto.
    Te paso dos correcciones: “…en el largo plazo, [QUE] el accionar de los propios grupos armados. El enfrentamiento era el hijo del Cordobazo, pero en una etapa superior de lucha, porque a partir del 73 el gobierno era peronista. En la izquierda se alienaban [ALINEABAN] montos, el peronistas de base…”
    Saludos.

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    Eduardo

    28/07/2012 at 14:42

  2. Rolo, muy buen artículo, de tu mejor producción.

    Cuando hablás de bancarse ante las burocracias asesinas y demás fascistas, me viene a la mente cómo hoy a días del juicio a Mariano Ferreyra, los boluditos de La Cámpora y organizaciones afines, se la pasan tapando los afiches sobre el tema, además de pintadas. Toda una definición de por quiénes luchan.

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    HERNAN

    28/07/2012 at 14:57

  3. ¡Excelente!

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    Gerardo Daniel

    28/07/2012 at 15:34

  4. Rolando
    Muy bueno el artículo. Refleja en forma fiel lo que vivió la militancia de izquierda argentina a partir, fundamentalmente, del 29 de mayo de 1969, con el Cordobazo.
    No me lo contaron, lo viví personalmente.
    Que yo recuerde el libro fundamental de Cooke que circulaba dentro del peronismo de izquierda en esa época era el “Informe a las bases”. Lo leí en esa época. Influyó mucho en la formación política de los militantes del peronismo de izquierda. Circulaba en forma clandestina.
    En cuanto a que Cooke no tenía una línea foquista, Feinman se equivoca totalmente. En una carta dirigida por Cooke al compañero Alhaja, comandante Uturunco, le dice lo siguiente: “para todos los heroicos compañeros que hoy sufren cárcel y persecución por plantear por primera vez una forma definitivamente revolucionaria de lucha en el país, nuestro más entrañable afecto y nuestro constante recuerdo”. Ver: http://www.elortiba.org/cooke.html#Carta_al_compañero_Alhaja,_comandanbte_Uturunco_.
    Hay que recordar que la guerrilla de los Uturuncos fue la primera formación militar guerrillera formada por la izquierda peronista (1959-1960). Ver: http://www.elortiba.org/uturuncos.html#UTURUNCOS_LOS_ORIGENES_DE_LA_GUERRILLA_PERONISTA_(1959-1960)_
    Saludos

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    ladudametodica

    28/07/2012 at 15:56

  5. Buenas
    Me sumo a la genialidad del articulo, (muy claras las diferentes posiciones)
    No tiene nada que ver con el articulo, pero quiero saber tu opinion, te pregunto:
    Puede ser que por un monton de factores (tipo de cambio real, inflacion, tasa de interes, etc), este en terminos generales, puede ser que sobre todo las grandes empresas nacionales, y/o filiales de transnacionales les conviene actualmente endeudarse en el exterior mas que en el mercado domestico?
    Si esto no es asi, hubo alguna epoca en que esta situacion era conveniente?
    Gracias
    Abrazo

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    Leandro

    28/07/2012 at 17:30

    • No veo por qué en la actualidad a las grandes empresas les puede convenir más endeudarse en el exterior. Al contrario, hoy hay mucha incertidumbre acerca de cómo evolucionará el tipo de cambio. Si una empresa se endeuda en dólares hoy, y mañana se produce una devaluación, estará en problemas (como le sucedió a muchas empresas que habían emitido obligaciones negociables en los 90, y se vieron en líos con la devaluación cuando se quebró la convertibilidad). Por otra parte,hoy las tasas de interés en general son negativas en términos reales (la tasa de inflación es mayor que la tasa de interés) para muchas empresas. En este punto se está produciendo un “saqueo” del pequeño ahorrista (muchos son trabajadores), ya que los bancos pagan una tasa de interés por los depósitos muy menor a la inflación.
      Hubo épocas en que las grandes empresas se endeudaron en el mercado mundial; en los 90, por caso. La convertibilidad les daba seguridad cambiaria (hasta que quebró,por supuesto), y las tasas de interés internacionales eran bajas.

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      rolandoastarita

      28/07/2012 at 17:54

  6. Impecable y muy buena memoria histórica, creo que hasta un viejo peronista de izquierda agradecería el tratamiento que les diste. Te hago algunos comentarios parciales. A propósito del “desencuentro trágico”, en las escuelas circula un relato sobre los jóvenes de los setenta (armado por mucha gente “progre” y vendido a través de libros y cursos) donde en líneas generales se los reivindica al mismo tiempo que se recorta el pasado revolucionario. Incluso, muchas organizaciones de izquierda son “desaparecidas” de la historia. Se exalta la militancia, los valores y el compromiso, pero a la vez se cuestiona la “falta de prácticas democráticas”, como si aquellos jóvenes no la hubiesen conocido ni practicado. Más importante aún, se califica como irracional la conclusión política de la toma del poder y la transformación revolucionaria de la sociedad (aquí obviamente coincide todo el espectro de la derecha y de la mayoría de la izquierda actual). También me pareció muy buena tu observación sobre la importancia al cuestionamiento de la burocracia sindical. El mismo Perón era muy conciente de esta cuestión, él decía: “Las fuerzas que de afuera trabajan contra la organización son peligrosas aunque no tanto. Es mucho más peligroso ese microbio dentro de la organización que los que actúan desde afuera.” (14/5/74). Por eso recomendaba a los dirigentes de la CGT a “mantener la homogeneidad de su organización” y “despachar por las colaterales” a estos “caballos de Troya”. No hay dudas de que por su boca salía el odio de clase.

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    Omar

    28/07/2012 at 21:41

  7. El problema que plantea la nota es fundamental y de todas las proposiciones dedicadas a abordarlo que he revisado, la que más me gustó por desarrollarlo en toda su complejidad, es la de José Osvaldo Villaflor, en una entrevista de 1992 que se consigue en la red. Si lo entendí bien, y simplificando, en los sesenta y setenta no fallaron los postulados teóricos sino que la estrategia revolucionaria padeció de graves deficiencias de construcción política, sobretodo en su articulación clasista y por eso de una efervescencia creciente se terminó en un reflujo de masas hacia 1975, indicador de una dura y determinante derrota.

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    mario

    28/07/2012 at 23:01

  8. Compañero Rolando. Su nota cumple muy bien el cometido de poner de relieve la profunda ruptura de clase entre la generación que honestamente creyó en la posibilidad de un giro revolucionario del peronismo y el cúmulo de tránsfugas que desde el 2003 apelaron al revival del setentismo para mejor encubrir su rol de sirvientes incondicionales del capital y gestores de la normalización política post 2001. Kirchner que ascendió al gobierno como delfín de Duhalde, tuvo el mérito de advertir la existencia de una amplia franja política que podía empalmar con el maquillaje populista que se requería para cerrar el paso a potenciales fermentos que surgieron al calor de la crisis y preservar la continuidad de las líneas económicas básicas en el quiebre, adaptadas al nuevo escenario de tipo de cambio alto. El socialismo, ni siquiera verbalmente, estuvo en la agenda. Pese a ello, todavía hay gentes que creen (tal vez con algún incentivo generoso) que el kirchnerismo evoluciona en sentido socialista con su ingente concurso. En los setenta fue una tragedia, hoy no llega a farsa, es payasada o cinismo recalcitrante.
    Gracias.

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    AP

    28/07/2012 at 23:04

  9. Muy buena nota.

    Nunca entendí, seguramente por desconocimiento sobre el tema, por qué cuando lo voltean a Perón en el 55, la dirigencia no convoca un paro general, por qué no les para el país, ya que si bien la burocracia no se ve perjudicada por el golpe en la medida en que se la tuvieron que tragar los trabajadores, también es cierto que con el General tenían más legitimidad, Esa cuestión me queda siempre flotando.

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    Ilichito

    29/07/2012 at 06:33

    • El tema da para mucho. Aquí solo apunto que Perón fue consciente de que armar a los trabajadores para enfrentar el golpe hubiera implicado desatar una revolución social. Y no estaba dispuesto a eso. Tampoco la dirección de la CGT. Hubo algunas amenazas y bravuconadas de Perón antes del 16 de septiembre, pero no hizo nada efectivo para movilizar a los trabajadores. El resultado fue que enardecía y envalentonaba a la reacción gorila, y dejaba desarmado al movimiento obrero. Por ejemplo, en un discurso del 13 de junio, Perón dice a los trabajadores que “como conducta general” deben mantener el principio “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Esto era esencial en el peronismo. Las mejoras “se otorgan”, no las conquistaba la clase obrera con su movilización y lucha. Los trabajadores debían mantenerse desmovilizados, la idea que se difunde es que el Estado y el gobierno proveen y velan por ellos (esto se mantiene hoy, por supuesto; es central en la propaganda del kirchnerismo).
      Esa orientación se puede ver también al día siguiente del discurso que cité. El 14 de junio la CGT llama a un paro general. Perón habla y le dice a la CGT “le pido a los trabajadores que en los asuntos que se están suscitando estos días, me dejen a mí que juegue el partido“. Subrayo, esto es clave en el mensaje ideológico y político del peronismo. El peronismo había dado poder al movimiento sindical (las comisiones internas y los cuerpos de delegados fueron el “verdadero hecho maldito” del país burgués), pero necesitaba regimentar y controlar, o anular, esa potencialidad movilizadora. Si la clase obrera se movilizaba contra el golpe y la reacción en 1955, había muchas probabilidades de que se hubiera terminado en una revolución.
      Perón aquí puso límites (y también la conducción del movimiento, y de la CGT). El 16 de junio, luego del intento de golpe (con aviones de la Marina masacrando a la gente en Plaza de Mayo), Perón se vuelve a dirigir al pueblo para elogiar al Ejército: “Todos los generales de la República, los jefes, oficiales, suboficiales y soldados han sabido cumplir brillantemente con su deber”, dice. Era un llamado a los trabajadores a seguir confiando en las instituciones, y a no movilizarse. Ese mismo día el Ejército y la policía controlaban el orden; al día siguiente la Iglesia y la reacción volvían a ganar las calles. La CGT seguía convocando a la calma. Así se llega al 16 de septiembre.
      Cuando estalla el golpe, una de las primeras medidas del gobierno fue instaurar el toque de queda. ¿Cómo se podía movilizar así la clase trabajadora? El 19 de septiembre Perón se dirige en un discurso al país para decir que “el Ejército puede hacerse cargo de la situación, el orden y el gobierno, para construir la pacificación de los argentinos…”. Los militantes de izquierda del peronismo, y algunos grupos trotskistas (Feinmann en su libro cita repetidamente a Milcíades Peña) pedían armas a la CGT. Pero las armas nunca llegaron. La CGT, el 22 de septiembre reitera su llamado a la calma. El golpe triunfa.
      Para que no queden dudas, el 5 de octubre Perón da un reportaje a “El Día”, de Montevideo, en el que admite: “Las probabilidades de éxito (frente al golpe) eran absolutas, pero para eso hubiera sido necesario prolongar la lucha, matar mucha gente, destruir todo lo que tanto nos costó crear. Bastaría pensar en lo que habría ocurrido si hubiera entregado armas de los arsenales a los obreros decididos a empuñarlas”. Pienso que habría ocurrido una revolución obrera (no digo con esto que estaba garantizado su éxito, solo digo que hubiera habido una revolución obrera). En cuanto a lo que vino después, está claro: más golpes militares, proscripción, ataque a las conquistas obreras, Triple A, más dictadura, 30.000 desaparecidos, otros miles de encarcelados y torturados, y un largo etcétera.

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      rolandoastarita

      29/07/2012 at 10:40

  10. ¿Sabe si Feinmann sigue cercano al kirchernismo o ya se desilusionó completamente? En algunos artículos que leí de él en Página 12 parece dar la impresión de que tiene o tenía en cierta estima al “modelo nacional y popular” por ciertos avances, pero siempre conservando su tono crítico (no por nada detesta que le llamen “el filósofo K” jaja). Parece también, o al menos eso entendí yo, que le gusta la forma “pragmática” que tenía Kirchner de hacer política: el hecho de “meterse en la maquinaría del partido peronista para alcanzar el poder” (parece que fueran peronistas que nadan en contra del peronismo), “Las manos sucias” de Sartre y todo eso.

    Pero volviendo al tema del artículo, ¿se llega a la conclusión (bueno, una de ellas) de que la historia demuestra que mediante el entrismo no se puede llegar a la revolución social, ya sea en Argentina o en Vietnam? Pero que pasaría si decimos: “la historia demuestra que mediante el marxismo no se puede llegar a la revolución social porque todo termina en una terrible dictadura burocrática y opresora”. ¿No es, acaso, la misma línea de pensamiento planteada en los dos argumentos? Y aclaro (por si las moscas) que no cuestiono al marxismo, sino a la estructura del argumento que planteas acá. Me gustaría, si es que podes, que te explayaras un poquito mas en este punto. Un saludo Rolo.

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    Bruno

    29/07/2012 at 16:13

    • Para dar una respuesta fundada debería conocer mucho mejor lo que plantea Feinmann, a quien no sigo con frecuencia (tampoco a Página 12).
      Con respecto a lo que “demuestra” la historia del entrismo es que la experiencia se hizo en Argentina y los resultados no fueron los esperados. Me parecía importante recordarlo porque alguna gente joven parece ignorar estas experiencias. También por aquellos que reprochan a los marxistas no haber estado en el peronismo para constituir desde allí “al sujeto revolucionario”. Lo cierto es que la experiencia se hizo, y de muchas formas.
      También hay que decir que hubo otras experiencias, en otros países y circunstancias. Por ejemplo, hubo grupos marxistas que hicieron “entrismo” en el laborismo inglés y en partidos socialdemócratas europeos, como el francés. En algún caso reclutaron algunos cientos de militantes, pero no pasó de allí. Yo no tengo la respuesta a los problemas, pero hay que aprender de estas experiencias. Lo mismo hay que hacer con otras experiencias. Por ejemplo, estudiar los “socialismos estatistas” y aprender de lo que sucedió. También hay que estudiar por qué fracasaron diagnósticos y pronósticos. Por ejemplo, la cuestión de por qué el capitalismo pudo absorber los movimientos de liberación nacional (anticoloniales). Hay razones teóricas, que en los 60 y 70 no entendimos (no es casual que en el enfoque tercermundista y dependentista El Capital no tuviera mucha cabida).

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      rolandoastarita

      29/07/2012 at 17:14

    • En el programa de radio de literatura y afines que tiene Feinmann en Continental, a menudo suele dedicar algo de tiempo a temas políticos actuales, y en efecto su defensa del kirchnerismo parece inconmovible.
      Según él, el socialismo ya existió y ya fracasó, y por lo tanto ahora hay que conformarse con defender aquello que nos haga menos daño, y esto significa defender a este gobierno frente a las “oligarquías” agropecuaria, mediática y financiera, si no olvido alguna. Todo esto entra en la visión de la izquierda nacional antiimperialista antimonopolista, etc.

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      Ezequiel

      30/07/2012 at 19:28

  11. Compañero Rolando. Muchos de los aspectos que usted comenta merecen un profundo balance histórico. También es importante reexaminar la intervención de las organizaciones trotskistas, en particular de la corriente morenista, por aquel entonces agrupada como PRSN. El citado Milcíades Peña, era portavoz de la política de esta corriente, que, en buena medida se nutrió de sus análisis teóricos. No se si los tiene presentes, pero sería importante su opinión sobre documentos de esta corriente, como ‘1954 Año Clave del peronismo’ y ¿Quienes supieron luchar contra la Libertadora antes del 16 de septiembre de 1955?. Motivado por sus apreciaciones me puse a repasarlos. Como usted bien ha señalado, resalta como telón de fondo, el problema de la lucha contra el enemigo principal, el imperialismo yankee y sus planes de colonización en Latinoamérica, aspecto que estructura la línea general y la táctica de alianzas. Aunque los documentos apelan con frecuencia a la necesidad de no abandonar el posicionamiento de clase, dado que la posibilidad de revolución obrera es remitida a un futuro indefinido (no tanto por ‘etapismo’ puro, sino, por la imposibilidad de quebrar la hegemonía peronista en corto plazo) lo predominante es el planteo de FUA (Frente único antimperialista) principalmente con el movimiento peronista y la confianza en la posibilidad de presionar a la dirección ‘desde dentro’, sobre todo, a nivel de la CGT que, ante la defensa ejercida por las masas sobre sus conquistas sociales, es hecha aparecer como un instrumento permeable y apto para la revolución socialista, apreciación que solo aparecerá cuestionada en un par de renglones amargos luego de consumado el golpe y destruidas las fatales ilusiones. Es un planteo ‘prima facie’ bastante emparentado con la orientación de ‘entrismo sui géneris’ o ‘profundo’ (permanecer como ‘ala izquierda’ dentro de los movimientos reformistas o nacionalistas de masas, por décadas a la espera de que la presión objetiva de la ‘revolución’ los radicalice) recomendada por la Cuarta Internacional Pablistizada desde 1951, que derivó en rol de ‘Consejeros de izquierda’ de las direcciones burguesas, algo que, para los lectores más jóvenes lo entiendan, es lo que hace la corriente ‘Militant’ respecto de Chávez en Venezuela. Volviendo al tema de la intervención respecto del golpe, es interesante ver como se combina el planteo correcto de pararlo a través de la movilización y el armamento popular, con las apelaciones a la mediación de los sindicatos subordinados al estado, con resultados extraños y contradictorios. Al mismo tiempo, se insiste en la formación de un ‘partido obrero’ (de izquierda-centrista-legal) con base en los sindicatos peronistas estatizados, en el cual, los ‘bolcheviques’ sean solo una tendencia. Una especie de resurrección extempórea del ‘laborismo’ o un ‘peronismo obrero’ sin Perón. Es impresionante ver como se combina la apelación a la intervención revolucionaria del proletariado contra el golpe que se incubaba y como, una y otra vez, se la somete a la CGT que parece ser vista como una especie de ‘soviet conciliador’ y no como lo que era, la herramienta sindical de subordinación de los obreros. Ante el amague de Perón y Teiseire con la ‘renuncia patriótica’ se apela a que asuma un ‘senador de la CGT’ , al parecer, remedando la táctica de ‘Gobierno Obrero’ desestabilizador, pero generando confusión en una situación en que, como los mismo autores lo asumen, no existen ni atisbos de partido obrero revolucionario en condiciones de capitalizar. La línea general es ‘correr por izquierda’ a la dirección real, con mucha más contundencia y compromiso práctico que las ínfulas retóricas de un Abelardo Ramos (que aparece duramente criticado) pero compartiendo las premisas básicas. Solo cuando la dirección burguesa del peronismo evidencia su cobardía, coherente con su naturaleza de clase, se termina apelando a la acción independiente de los obreros. Parece el postrero ‘Argentinos a las armas’ de Santucho. Después de la derrota, surge una velada autocrítica. Se debió haber apelado a la formación de comités obreros independientes, piquetes, etc. El partido era necesario y más etcéteras. Pese a ello el ‘entrismo en el peronismo’ no será nunca cuestionado a pesar de que la propia corriente reconocerá los escasos frutos políticos y organizativos y la absoluta incapacidad de torcer el rumbo del movimiento.
    Personalmente, no tengo mucha propensión a los ejercicios contrafácticos. Es bastante probable que si los obreros hubieran sido armados en el 55 habrían combatido en defensa de sus conquistas y por su propio líder. Pero, el problema es que ninguna formación política estaba dispuesto a hacerlo. El propio FRSN apelaba a profundizar el llamado teatral de la CGT a las ‘milicias obreras’ ofreciendo al ejército las ‘reservas’. Si los militantes de esta u otras corrientes, pensaban que los obreros ardían por armarse, debían haber asumido el rol de vanguardia y asaltado las armerías y arsenales, pero era dificil que adoptaran ese rol después de haber estado años nadando en el seno del reformismo meramente reivindicativo y la confianza en que se podía llegar al ‘gobierno obrero’ llevando a la CGT al poder.
    En fin. Es un tema complicado y urticante. Entiendo que era muy duro, en ese momento, substraerse al influjo del peronismo y más aún, construirse en oposición directa al mismo. La mayoría de los detractores del entrismo, como ‘Política Obrera’ no pudieron ofrecer nada mejor, ni superador.
    Gracias y disculpe la extensión.

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    AP

    29/07/2012 at 18:08

    • En la nota solo quise señalar que la política de trabajar desde dentro del peronismo ya había sido aplicada por grupos marxistas, sin resultado. Esto para aquellos que hoy creen “descubrir la pólvora” sobre este asunto. Con respecto a la política concreta que se aplicó, es claro que estuvo en los marcos de análisis, tácticas y estrategias que fueron comunes a todos los grupos, estuvieran dentro o fuera del peronismo. Pero lo que más conozco, por fuera del PC, es el trotskismo. En el trotskismo hubo una serie de posiciones bastante extendidas entre los grupos.
      Por empezar, la caracterización del país como semicolonia, y que por lo tanto estaba planteada una lucha por la liberación nacional. En este encuadre, la discusión siempre giró en torno a si el peronismo fue, entre 1946-55, un “frente antiimperialista de hecho”; o en qué grado lo fue.
      De la misma manera, muchos grupos trotskistas pensaron durante mucho tiempo que el peronismo no podía ser asimilado por el régimen burgués. Por ejemplo, el viejo Política Obrera, desde su fundación en 1964 hasta 1972, cuando se hizo evidente el avance del pacto Lanusse Perón.
      En otros grupos también estuvo presente la esperanza de que surgiera un partido obrero, independiente se la burguesía, desde las filas del sindicalismo peronista Por ejemplo, durante un período el grupo de Nahuel Moreno llamó a Vandor a formar un partido obrero, independiente de Perón; todavía en su programa de 1985 el MAS mantenía la consigna de partido laborista, con dirigentes sindicales del peronismo (no con los “gordos” de la CGT). El “posadismo” estuvo en lo mismo. Hace años he criticado esta táctica (me ayudó mucho a entender los problemas que encierra la crítica que le hizo Lenin en su momento). También algunos aplicaron la táctica del “gobierno obrero” (al estilo que la presenta el Programa de Transición); esto es, que asuma un gobierno “obrero”, formado por dirigentes sindicales peronistas. Por ejemplo, durante el Rodrigazo el PST agitó esta consigna (“que asuma un senador sindicalista”, o algo similar). También muchos grupos aplicaron la táctica de exigir que la CGT aplique sus programas estatistas (La Falda, Huerta Grande, 26 puntos de Ubaldini, etc.), llamando a la huelga general y al enfrentamiento. En definitiva, la táctica del entrismo, que instrumentaron grupos trotskistas, se tendió a aplicar desde estas líneas generales.

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      rolandoastarita

      30/07/2012 at 09:02

    • Una serie de aclaraciones para retratar la descomposición política del grupo morenista y su actitud frente al peronismo. Desde 1945 hasta 1953, Moreno orienta el POR, que se opone al peronismo caracterizándolo como un movimiento pro-británico y policial. En 1953, al formarse el PSRN, se une a Ramos y Rey dando un viraje de 180º y toma la política que el compañero resume. Sin embargo, la concepción del FUA no es una concepción pablista sino que viene de la III Internacional. Lo que Pablo (y en ese momento Moreno, que primero es opositor a Pablo, porque integra el Comité Internacional y luego se va con el SI) plantean es que los movimientos nacional-burgueses pueden hacer la revolución. Lenin y Trotsky, con el FUA, no planteaban eso, sino un apoyo (que podía ser entrismo o no) mediante una corriente diferenciada que plantee su superación cuando el nacionalismo capitule. Dentro del peronismo, Moreno llamará a su grupo Palabra Obrera. No confundir Palabra Obrera con Política Obrera, antecesora del PO, que nace en 1964, tal como Rolo sugiere. El grupo Palabra Obrera no practicó el FUA, de modo que por ejemplo, cuando Frondizi pacta con Perón y un millón de obreros peronistas llaman a votar en blanco (en contra de la orden de Perón), Palabra Obrera ataca por derecha a esos obreros. Praxis (donde militaban los futuros fundadores de PO), llamó a votar en blanco.

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      Lucas Malaspina

      07/01/2014 at 18:35

  12. Bueno, pienso mas o menos lo mismo. Mas que nada lo de la necesidad que tiene el marxismo actual de cuestionarse varios fenómenos modernos (si es que ibas por ese lado, que creo que sí). Esto del “socialismo estatista” que nombrábamos, por ejemplo. No sirve de mucho tirarle la pelota (y de paso lavarse las manos) al “estalinismo burócrata y traidor de la revolución” si no entendemos porqué se llegó a eso en tantos países.
    Quiero decir, y tocando el tema desde una perspectiva mas global, hay cosas que se están pasando por alto, muchos fenómenos que deben ser pensados. Y pareciera que muchos comunistas se limitaran a ignorarlos y seguir repitiendo los mismos tópicos, el mismo discurso, desde hace décadas sin profundizar o actualizar (según sea el caso) la doctrina. Pero güeno, todo esto es para otro tipo de artículo.

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    Bruno

    29/07/2012 at 18:15

  13. Compañero Rolando. Le agradezco el comentario. Aunque pueda parecer como algo periférico a la nota, analizar esas experiencias es algo muy importante, puesto que, es en la práctica política donde mejor se evidencian las grandes aproximaciones teóricas a los problemas que plantea la lucha de clases. Tenía conocimiento de la mayoría de las cosas que menciona (y otras no dejan de sorprenderme). La predicción de PO acerca de que el retorno de Perón era imposible sin una revolución, ya está en el salón de la fama de los despropósitos políticos. Como siempre, lo más importante es desentrañar las raíces teóricas que llevaron a esas expectativas, pronósticos y prescripciones políticas que hoy pueden parecernos disparatadas. Lo que no veo en esas corrientes, o sus herederos, es el más mínimo reconocimiento autocrítico. Es probable que al razonar con las mismas matrices de pensamiento, no justifiquen la necesidad de cambiar nada y no hagan más que criticarse entre sí por competencia de aparato. Por lo menos, desde las filas del trotskismo, hasta donde llega mi conocimiento, hoy nadie se plantea en ‘entrismo en el kirchnerismo’. Ello no absuelve de otros problemas, como el apoyo a medidas estatistas, el prenderse en el voto K como una colectora informal, o seguir fetichizando a las direcciones sindicales como objeto permeable a las exigencias declamativas, tipo ‘Que convoquen asambleas en los lugares de trabajo para votar planes de lucha’ etc. Por su parte, el problema de la Argentina ‘semicolonial’ sigue vivito y coleando y sin miras de resolverse. En algún momento habría que encarar una historia crítica del trotskismo argentino, que supere las visiones parciales, tendenciosas y autoapologéticas, como la de Coggiola. El gran problema es el acceso a materiales de archivo. Hay materiales que no se pueden conseguir, puesto que, están guardados bajo siete llaves. Ejemplo. ‘La revolución Latinoamericana’ de Moreno, donde este, bajo efecto impresionista pleno y por la necesidad de empalmar con la popularidad de la revolución cubana, plantea la combinación entre el programa correcto (De transición) y el método correcto (guerra de guerrillas). Hace años se lo pedí a los compañeros de PTS, que tienen todo archivado, pero, extrañamente, no lo tenían digitalizado. Otro tanto ocurre con la famosa carta al ministerio del interior, que E. González sostenía que no existió, pero de la cual afirmaba tener una copia. Ni que hablar de los archivos de Política Obrera. Alan Woods los ha desafiado repetidamente a publicar de modo completo, todo lo que sacaron durante el conflicto de Malvinas, no obteniendo por respuesta más que silencio. Hay algo que va más allá de los desaciertos u errores políticos.

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    AP

    30/07/2012 at 10:56

  14. Los niveles que alcanza la tergiversación entre los comentaristas de este blog, a veces son difíciles de creer. Por ejemplo, eso de que Política Obrera caracterizó que el regreso de Perón sería imposible sin una revolución, entendiendo dicha caracterización como un aval a la “tesis” de la “indigeribilidad” del peronismo para la burguesía argentina y para el régimen capitalista mismo. Se hace así aparecer al trotskismo como avalando una idea típica de la izquierda peronista: hacer la revolución para que volviera Perón. Se trata de una tergiversación descomunalmente descarada.
    El significado de la postura de PO era exactamente el opuesto al que se le atribuyó más arriba: Política Obrera estimaba que la burguesía sólo permitiría el regreso de Perón cuando no quedara otro recurso para contener la tendencia de la clase obrera hacia su independencia política y organizativa en general (al contrario de plantear la revolución para que Perón regrese, se planteaba que el regreso de Perón sólo podía producirse si asumía un contenido contrarrevolucionario, para lo cual la situación debía previamente decantar en un auge de masas, etc.). Hasta donde la historia deja ver, este pronóstico se cumplió: El regreso de Perón en los ’60 se encaró pero no se concretó, y sí lo hizo tras el proceso abierto por el Cordobazo y los “azos” sucesivos (y no como resultado de una mítica lucha obrera y popular por su regreso -tal como pretende la izquierda peronista-, aunque nadie puede ignorar que este deseo existía entre las mayorías populares).
    La “indigeribilidad” de Perón para la burguesía -jamás leí esa caracterización en ningún documento de PO- puede ser una expresión válida, pero sólo coloquialmente. Cualquiera que haya vivido aquellos tiempos (1945-1955) sabrá que del hecho de que Perón se propusiera sostener, defender y perpetuar las relaciones sociales capitalistas no se siguió jamás que los capitalistas hayan simpatizado con Perón. Más bien llegaron a considerarlo, en los 70, como un recurso extremo para contener las tendencias combativas de la clase obrera. Y aclaro que, cuando se habla de un recurso extremo (el bonapartismo populista, el frente popular), se lo hace por oposición a los recursos más orgánicos (el régimen constitucional republicano, digamos). Naturalmente, la burguesía prefiere abiertamente los recursos orgánicos y rehuye hasta donde le es posible el empleo de recursos extremos, cuyo control es más difícil. ¡Ello no equivale a atribuir algún contenido “revolucionario” al bonapartismo populista, sino lo contrario!

    Otro caso de tergiversación atroz que he leído aquí es la que concluye de la caracterización de los trotskistas (en aquél caso particular se referían al PTS) según la cual tiene vigencia una cuestión nacional (tesis que no me propongo discutir aquí y ahora), se desprendería una táctica sistemática de apoyo a los nacionalismos burgueses.
    Entiendo que concurren en este blog muchas personas que hicieron largas experiencias en el morenismo -Astarita en primer lugar- pero eso no debería limitar a tal extremo su capacidad de discriminación. En resumen: las tesis trotskistas (troskistas, no morenistas) postulan la existencia de países semicoloniales con cuestiones nacionales/democráticas irresueltas, pero de ningún modo hacen derivar de ello la conclusión de que la clase obrera debe alinearse con los nacionalismos burgueses, sino exactamente la estrategia contraria: Trotski sostuvo que los nacionalismos burgueses, incluso los más audaces o radicalizados, contienen limitaciones insalvables y que, en consecuencia, el cumplimiento de las cuestiones nacionales/democráticas irresueltas sólo puede ser alcanzado bajo la dirección política de la clase obrera y acompañando la realización de las primeras tareas socialistas.

    Es decepcionante que discursos tan pretendidamente eruditos como los que se despliegan en este blog, tiendan sistemáticamente a mostrar una inteligencia inferior y no superior a aquellos discursos que toman como objeto de crítica.

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    Vico

    30/07/2012 at 12:59

    • Política Obrera sostuvo, hasta 1972, que la lucha por la vuelta de Perón era una lucha revolucionaria porque el régimen burgués no podía digerirla. Esto se pensaba en los tiempos en que milité en esa organización. Por eso se pensaba que el Cordobazo había abierto un camino hacia la guerra civil revolucionaria, que era imparable.
      Esta caracterización llevó al error de entender muy tarde que el acuerdo Perón Lanusse estaba avanzando hacia la salida electoral. Este error -que fue reconocido en su momento por PO- lo desarmó frente a las elecciones de 1973. Todavía cuando se produjo el primer regreso de Perón al país, en 1972, la militancia de PO participó en esa movilización del pueblo peronista, con la orientación de “cambiar el contenido”. En la segunda y definitiva vuelta (cuando la masacre de Ezeiza), ya no participó. ¿Por qué el cambio? La respuesta es: porque la orientación de 1972 ante el regreso de Perón todavía estaba vinculada a la vieja caracterización. En 1973 ya se había cambiado la caracterización que, insisto, el partido admitió que había sido errónea.
      Por otra parte, jamás sostuve que de la caracterización de países como Argentina de semicolonias se desprendiera una táctica sistemática de apoyo a los nacionalismos burgueses por parte de los trotskistas. Solo señalé que la corriente de Nahuel Moreno caracterizó al peronismo como un movimiento nacional que se enfrentó al imperialismo yanqui. Puedo precisarlo más: se sostuvo que gracias a esto entre, 1943 y 1955 el país no fue semicolonia, sino dependiente. Se consideró al peronismo un movimiento “patronal nacionalista” que enfrentó al imperialismo, aunque no con métodos obreros y socialistas.
      Por último, nunca sostuve que Trotsky haya planteado que la clase obrera debiera alinearse con los movimientos nacionalistas. Sí defendió tácticas de unidad de acción anti-imperialista. Mi crítica a Trotsky por la cuestión nacional no pasa por aquí.
      De todas maneras, vale la pena aclarar que hubo grupos trotskistas que sí defendieron la táctica del “frente único antiimperialista”. Por ejemplo, la corriente internacional dirigida por Lambert. A esta corriente perteneció el grupo de Guillermo Lora, de Bolivia. Lora adoptó posturas abiertamente nacionalistas. Política Obrera durante unos años defendió la política del Frente Antiimperialista, pero luego rompió con ella y criticó fuertemente a Lora.
      Es curioso como algunos dogmáticos se ponen nerviosos cuando indagamos en la historia. La realidad es que todos hemos cometido muchos errores. Sería bueno bajarse del caballo y empezar a abrir los oídos.

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      rolandoastarita

      30/07/2012 at 14:09

  15. No me había referido específicamente a usted (el artículo central no me parece malo) sino a los comentarios (y a comentarios anteriores). De todos modos, veo que usted asume algunas de las posturas que critiqué.

    Por mi parte, hasta que no vea escrito literalmente, en algún documento de Política Obrera, que la lucha por el retorno de Perón era revolucionaria -¡una afirmación que equivale a jugar con fuego!- no daré crédito a sus palabras. Usted dice haber militado en Política Obrera, pero conozco bastantes personas que militaron en PO y afirman exactamente lo contrario: que ya desde los primeros tiempos de su existencia (1964/1965) PO se delimitó de la campaña por el retorno de Perón, admitiendo la legitimidad de esa demanda popular pero sin atribuirle ningún contenido progresivo -y mucho menos revolucionario- en términos de clase. En todo caso, asumo fuertes reservas acerca de la claridad de un marxista que, en los 70, abandonó una organización que defendía la independencia de clase (PO) por otra que había practcado, practicaba y seguiría practicando todas las variantes posibles del oportunismo (el morenismo). En este sentido, creo que es usted quien tiene que bajarse del caballo y reconocer errores de grueso calibre, antes de exhortar a los demás a que lo hagan (entiendo que sin razón en este caso).

    Insisto también en que la “indigeribilidad” del peronismo para la burguesía era real, incluso para quien, por mandato del capital, hizo traer a Perón (me refiero a Lanusse que, según sus propias palabras, aceptó “tragarse el sapo”). Pero ello no tiene nada que ver con que la lucha por el retorno de Perón, desde luego legítima en tanto aspiración (e ilusión) democrática de las masas, pudiera tener contenido revolucionario.

    Como es frecuente, usted extrae consecuencias falsas de un elemento de verdad. La estimación de PO fue que el auge de masas haría posible superar -¡e incluso ignorar!- la maniobra contrarrevolucionaria de traerlo a Perón, y ello era equivocado. Pero esa estimación no fue equivocada porque la lucha por el regreso de Perón hubiera tenido contenido revolucionario sino exactamente por lo contrario: porque la maniobra contrarrevolucionaria de traer a Perón tuvo éxito en aplacar -temporariamente- el auge de masas, el ascenso obrero y sus tendencias a adoptar un rumbo clasista (que continuaría profundizándose en el 74 y el 75).
    La pretensión abstencionista de PO, de rechazar la convocatoria electoral -pretensión que, insisto, no fue producto de considerar revolucionaria la lucha por el regreso de Perón sino al revés- los condujo hacia posturas voluntaristas y abstractas, semejantes a las de las corrientes foquistas: “Ni golpe ni elección, revolución”.

    En fin, no tengo ninguna noticia de que Política Obrera o luego el Partido Obrero hayan descartado alguna vez el planteo táctico de los frentes antiimperialistas.
    Sí me consta la existencia de críticas muy fuertes a Lora y al POR boliviano, pero no tienen relación con esa fórmula (al menos, no como la entendía Trotski) sino con la insuficiente delimitación de los trotskistas bolivianos respecto del MNR durante la revolución, cuestión que además el propio relato histórico de Lora había mantenido oculta.
    Me da la impresión de que su apreciación depende, a su vez, de un supuesto adoptado tácitamente: que hacer frentes antiimperialistas es, en definitiva, lo mismo que hacer seguidismo de -o alinearse con- movimientos nacionalistas burgueses (lo que equivale a una comprensión muy pobre de la cuestión nacional, algo que no es extraño si se toma en cuenta que usted rechaza lisa y llanamente la existencia misma de esa cuestión).

    En mi opinión, usted está amalgamando cuestiones diferentes, supongo que como resultado de una mala comprensión arraigada en su pasado político menos reciente.

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    Vico

    30/07/2012 at 16:24

    • Bueno, si usted quiere creer que todo fue perfecto en la historia del PO, allá usted. Por mi parte, estoy seguro de lo que afirmo, porque fue una de las posiciones con las que estuve muy de acuerdo cuando la conocí, al poco tiempo de haber entrado a militar. También recuerdo muy bien la crisis que hubo entre 1972 y 1973, producto de las caracterizaciones equivocadas. Podrán negarlo ahora, pero las cosas fueron así. PO no se presentó a elecciones porque se dio cuenta tarde de que se iba a elecciones, y esto se debió a errores profundos en la caracterización de la situación política. De todas formas, sinceramente, no veo cuál puede ser el motivo de negar estas cosas. Nadie se va a desgarrar las vestiduras por errores que se cometieron hace más de 40 años, en una organización pequeña y joven. Es absurdo pretender que la gente es infalible.
      Lo mismo sucede con la táctica del Frente Único Antiimperialista. No se trató solo de la “insuficiente delimitación de MNR” durante la revolución, sino de una política que se seguía defendiendo a comienzos de los 70. Esta política la defendía la OCI de Francia, y el POR de Bolivia. PO estuvo de acuerdo con esa política durante varios años. Incluso cuando se adoptó, constituyó una novedad, y fue motivo de discusiones. Al escribir esto tengo a la vista un viejo documento de la OCI en el que se define que “el partido del proletariado debe luchar en un bloque unido con los partidos de la burguesía y de la pequeña burguesía” (en los países coloniales y semicoloniales). También se afirmaba que “existe una diferencia cualitativa entre la burguesía imperialista y la de los países coloniaes y semicoloniales”. También: “el eje de la lucha por el frente único en los países coloniales y semicoloniales pasa por la lucha por el frente único antiimperialista y la autoorganización de la clase obrera”. Subrayo: esto era defendido por la fracción trotskista de la Cuarta en la cual estaba el POR, y también PO. El grupo de Moreno decía que esto era frente populismo. PO respondía que era parte de la lucha por la independencia de clase. Años más tarde, PO rompió con la línea del POR de Lora. Pero es un hecho que a comienzos de los 70 estuvo muy influenciado por Lora. Repito: pueden negarlo ahora, pero los hechos fueron así.

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      rolandoastarita

      30/07/2012 at 17:09

  16. No creo en la infalibilidad de nadie, y nunca dije que en Política Obrera no se hayan cometido errores, incluso errores importantes ¡Es inocultable que se cometieron! Lo que dije es que esos errores no tenían los contenidos que Ud. y algunos comentaristas les atribuyeron. Es importante, cuando se critica una postura que no fue acertada, determinar claramente desde qué ángulo se la considera desacertada.
    Nadie en el PO niega que existieron lazos muy importantes con el POR y con la OCI, y yo tampoco lo hice (incluso, creo que algún resabio lambertista sigue vivo). En cuanto a las autocríticas que hubo en el PO sobre todos los puntos que Ud. mencionó (abstención electoral en el 73, Lora y el POR, el Lambertismo) -y hubo algunos más, como por ejemplo el voto por la UP)- hasta donde sé no giraron sobre los ejes que Ud. dice, sino sobre los que perfilé yo.
    Como no es cuestión de negar errores, tampoco es cuestión de rasgarse las vestiduras. Pero es importante determinar si un desacierto se ubica a nivel estratégico o si, por el contrario, sólo expresa valoraciones erróneas de una determinada situación, por ejemplo. En mi opinión, la caracterización de Perón y el peronismo tenía un peso estratégico en los ’60 y ’70, y es por eso que discutí y discuto el valor que Ud. y otros comentaristas han atribuido a la postura de Política Obrera, a propósito del regreso de Perón, la lucha por su regreso, etc.
    Su último comentario muestra que su propia postura sobre la (inexistencia de la) cuestión nacional, sesga demasiado fuertemente su interpretación de las discusiones entre el PO y el POR, al punto de malinterpretarlas (en el sentido que ya señalé en un comentario anterior). ¿Ud. conoce algún documento del PO donde éste rechazara explícitamente la táctica del frente antiimperialista? Como debería ser obvio, un giro semejante no podría dejar de ir acompañado de un ruidoso debate en el marco de un congreso, con documentos públicos o semi-públicos, formación de tendencias, etc. Hasta donde estoy enterado, nada de eso sucedió jamás (a diferencia de las autocríticas mencionadas más arriba, que sí se reflejan en documentos conocidos).
    Dicho sea de paso, es revelador un pasaje de su último comentario, donde Ud. dice que la “tesis” de que era revolucionario luchar por el retorno de Perón le parecieron correctas y lo llevaron a empezar su militancia. Probablemente a causa de la inmadurez política normal en la temprana juventud, usted interpretó la postura de Política Obrera en términos apologéticos y hasta seguidistas respecto de Perón y el peronismo, un modo de ver que evidencia matices propios de la corriente donde más tarde Ud. recalaría por un largo período.

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    Vico

    30/07/2012 at 18:43

    • ¿Me está cargando, o solo trata de confundir? Me pregunta: “¿Ud. conoce algún documento del PO donde éste rechazara explícitamente la táctica del frente antiimperialista?” Lo que le he dicho es que PO aceptó y defendió durante años la táctica del frente único antiimperialista, tal como la planteaba la OCI y el POR. Esta táctica se adoptó aproximadamente en 1970 o 1971, no puedo precisarlo. Sí recuerdo que hubo poca discusión. A partir de allí, insisto, PO defendió el FUA, por ejemplo frente a las críticas de Nahuel Moreno, quien sostenía que era una estrategia frente populista. Esto es un hecho. Yo era joven, con poca experiencia política, pero de esto me acuerdo bien.
      Segundo: yo entré al PO en 1969. Al poco tiempo de entrar un compañero me pasó el periódico donde se planteaba que Perón no era asimilable por el régimen burgués y que la lucha por su vuelta implicaba una lucha revolucionaria. Es cuestión de buscar en los Política Obrera de aquellos años (era un número anterior al momento en que entré; sospecho que de 1967 o 1968).
      Tercero: es claro que por todos los poros usted respira el típico método de los stalinistas. Ahora resulta que desde que nací ya incubaba el germen del oportunismo contrarrevolucionario revisionista. Con eso usted explicaría que haya leído lo que leí en aquel viejo periódico del PO. Más o menos como siempre hicieron los stalinos para destruir gente: inventar cualquier cosa sobre el pasado.
      Le doy un consejo: trate de controlar un poco el odio, a ver si puede pensar algo con un poco más de limpieza. Ya son demasiadas las veces que lo que escribe produce nauseas.

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      rolandoastarita

      30/07/2012 at 23:21

    • Vico, qué tipito chicanero eh! Si sos un militante tan grosso como te querés dibujar, supongo que conocerás que hay un montón de etapas en la maduración política de las personas, de las que no creo estés exento. Y por otro lado, sos muy inteligente para tergiversar y meter confusión, al menos bajá el dedito acusador, ¿qué necesidad de estar remarcando a cada momento que Astarita militó aquí o allá? Claro, si total vos, un tal “Vico” que se refugia en el anonimato, no tiene que hacerse cargo de lo que dice. Me parece una falta de respeto, porque todos podemos conocer el pasado de la persona que tanto acusas, en cambio a vos no. A lo mejor sos la encarnación del mismísimo Che ….

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      Ilichito

      31/07/2012 at 09:25

  17. Estimado Vico
    Una de las cuestiones que me hizo alejar del trotskismo es la incapacidad reiterada y permanente de los partidos u organizaciones trotskistas de realizar autocríticas serias de sus errores teóricos y políticos.
    Es algo increíble, pero cierto. Lo he comprobado hasta la saciedad. Las direcciones de estos partidos son como Zapata, si no la ganan, la empatan. ¡Nunca pierden! ¡Son más infalibles que el Papa!.
    La conclusión que he sacado de esto es que el “prestigio” de las direcciones es más importante que la realidad.
    Le doy un ejemplo concreto. En Venezuela, la corriente de Orlando Chirino, gran dirigente político y sindical, apoyó con todo al régimen bonapartista burgués de Chávez durante más de siete años (1999-2007). La justificación del apoyo es que en ese período las masas lograron grandes conquistas. (Para más información ver: http://laclase.info/teoria/sobre-el-regimen-politico-en-venezuela).
    Desde el año 2007 dejaron de apoyar al régimen y ahora están en la oposición. Para las elecciones de octubre, Orlando Chirino se presenta como candidato presidencial del Partido Socialismo y Libertad (PSL). El PSL venezolano forma parte de la corriente de Izquierda Socialista en Argentina, la cual forma parte, a su vez, del FIT argentino, junto con el PO y el PTS.
    La explicación de porqué dejaron de apoyar al régimen chavista es que en el año 2007 este giró hacia la derecha, transformándose en un régimen antiobrero. ¡Asombroso! No existe otra explicación para ellos. ¡No fue un error teórico y político! ¡No fue una metida de pata de grandes dimensiones!
    ¡Cosas veredes, Sancho!
    Saludos

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    La duda metódica

    31/07/2012 at 19:29

  18. Rolo: Tus “Reflexiones…” me hicieron revivir los más de 60 años que incluís en ellas, y que comparto plenamente.
    Quizás soy menos jacobina para juzgar a CK, porque creo que la sociedad argentina a partir de la derrota y genocidio de la izquierda en los 70, se ha fascistizado de modo notable. Por lo que puedo percibir en el interior de nuestro país a partir de mis tareas en la APDH, tenemos que plantearnos seriamente no sólo una reflexión acerca de los errores de la izquierda en los 60 y los 70 sino cómo hacer para cambiar esa mentalidad que aparece reforzada cada vez que hay un juicio de “lesa humanidad”, y que es parte de la derechización general del mundo neoliberal del capitalismo de hoy, donde el 10% de la población mundial se ha apropiado del 80 % de la riqueza.
    Gracias por tu tarea intelectual valiosa y perseverante. Inés.

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    Inés Izaguirre

    31/07/2012 at 19:39

    • Hola Inés, me llama la atención tu comentario de que la sociedad argentina “se ha fascitizado de modo notable”. No tengo dudas que existe una derechización muy fuerte o “notable”, que se refleja en pedidos de pena de muerte o incluso en los resultados electorales. Pero de ahí a hablar de “fascitización” me genera dudas. Van casi 30 años de democracia burguesa, este me parece el dato más elocuente a tener en cuenta para ver cómo nos replanteamos nuestras estrategias políticas. Por otra parte, he visto a muchos compañeros de izquierda a utilizar con ligereza este término (“son todos fachos”) para después ir en alianza con los “progres” (de la burguesía) que levantan las banderas de los derechos humanos. Evidentemente, creo que también debe abrirse una discusión sobre los “derechos humanos”, a la cual muchos compañeros le dan un contenido revolucionario que no tiene. Concretamente, hay que ver como el capitalismo ha sido capaz de absorver la política de los derechos humanos, al punto que hoy organizaciones y referentes de este movimiento son parte del sostén político del gobierno. Bueno es un comentario, no relacionado directamente a la nota del blog, por eso mis disculpas si cambio de tema y mis respetos a la compañera, que no la conozco personalmente pero si a través de artículos que fueron importantes para mi. Saludos

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      Omar

      01/08/2012 at 15:33

  19. el peronismo no es de izquierda ni derecha, es peronismo y ya. Indaga es su base social y lo veras.

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    tripero22

    31/07/2012 at 20:17

    • Interesante, por supuesto. ¿y que sería “peronismo”? Como lo definirías? Que hace que no sea de izquierda ni de derecha? Saludos.

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      hernan

      01/08/2012 at 00:04

    • No sé qué querrá decir Tripero con “base social”, pero que la mayoría de los afiliados o votantes de un partido sean trabajadores no significa que el partido en cuestión sea un partido de trabajadores. De hecho, no podría ser de otra manera porque dentro de los regímenes democrático-burgueses ningún partido capitalista podría gobernar sin el voto y la anuencia de los explotados. Sin embargo, como bien sabemos todos, el mundo entero está gobernado por partidos burgueses.
      En tanto gobierno que defiendió incondicionalmente las relaciones de producción capitalista, el de Perón fue un gobierno netamente burgués, capitalista. Pero, como Perón no fue una expresión tradicional u orgánica de la dominación capitalista, no puede decirse que directamente la burguesía haya consituido su base social (al contrario, como bien se dijo por aquí, “no lo podía tragar”).
      Por otra parte, tampoco puede decirse que hayan sido los trabajadores o el movimiento obrero la base social del peronismo, por más que en muchas instancias de su lucha faccional Perón haya debido apoyarse en ellos (algo que, por supuesto, Perón hizo procurando siempre mantenerse dentro de estrictos límites capitalistas). Naturalmente, para mantener ese apoyo, Perón concedió grandes beneficios a la clase obrera, pero es claro que fueron beneficios de contenido capitalista (mejoras salariales, vacaciones obligatorias pagas, jubilación, seguridad social, etc.). No se trató de conquistas de contenido socialista o que garantizaran siquiera una mínima independencia de clase (de hecho, la constitución peronista del ’49 ¡no reconocía el derecho de huelga!, como nos recordó hace no mucho tiempo nuestra presidenta).
      Esta aparente paradoja (la de no haber sido la expresión directa u orgánica de los intereses de una u otra clase fundamental) se comprende mejor mediante el concepto de bonapartismo: Es tal un gobierno, generalmente de camarilla y fuerte personalismo, que no responde de modo directo a una u otra clase social, sino que se constituye como árbitro relativamente independiente de las clases fundamentales de la sociedad, pero este abitraje lo ejerce siempre en función de los intereses más generales de una de esas clases (por norma general, los de la clase capitalista, norma que se cumple visiblemente en el caso de Perón).
      En cuanto a que “el peronismo no es de izquierda ni derecha”… la razón para estimarlo así es que en el peronismo siempre hubo fuertes alas derecha e izquierda. Si el centro del peronismo fue siempre raquítico, ello es debido a que ese espacio central lo ocupaba privilegiadamente la figura de Perón. El punto es que ello no debería llevar a concluir que “el peronismo no es de derecha ni de izquierda”, sino que “es de derecha Y de izquierda”. Aún aceptando esto, se debe señalar que la izquierda peronista chocó con un límite decisivo para llegar a ser la izquierda socialista que alguna vez pretendió ser, precisamente por su incapacidad para superar los límites del peronismo (su presente, en ese sentido, es el corolario lógico de su pasado). Para decirlo de un modo definitivo: el peronismo tiene izquierda y tiene derecha, pero lo decisivo es que la izquierda peronista, a veces conciente y a veces inconcientemente (depende cuál fracción, y en qué momento histórico) ha sido y es funcional a la derecha peronista o, en todo caso, es funcional al contenido de clase capitalista que hace del peronismo un partido burgués, frecuentemente votado por muchos obreros.

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      Vico

      01/08/2012 at 17:24

  20. hola rolando. una pregunta, hace un tiempo en debate marxista publicaron una articulo que se llama “superar los viejos metodos en la militancia y la organizacion” en el se analiza la situacion de la izquierda sobre los metodos de debate y discucion , la pregunta mia es si en tu militancia llevada acabo en casi todas las organizaciones troskistas (incluida politica obrera) se dieron estos tipos de meTOdos? creo que es muy util para las nuevas generaciones que republiques ese articulo, tan actual por cierto.
    saludos.

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    rodrigo

    31/07/2012 at 21:57

  21. Muy buena nota Rolo. Es muy importante que los compañeros que vivieron esa época transmitan a los compañeros sus experiencias y es parte de lo que haces en la nota. Creo que un problema fundamental, de aquel momento de gran efervescencia militante de izquierda, es que las ideas socialistas de una importante camada de luchadores, no ‘rebalso’ a sectores realmente significativos de la clase obrera. Y quizás por ahí tenemos parte de la explicación de porque no terminaron de romper con el ‘general’. Me viene a la mente una vez cuando Pianelli – ferviente Kirchnerista hoy – le decía a los trotskystas que le pedían mas ‘espíritu de lucha’ que los compañeros lo votaron no porque él fuera marxista, sino porque defendía a los compañeros y no los vendía. Quizás un poco pasaba eso entre los compañeros en la fabrica y sus delegados o dirigentes.
    En un libro que leí que se llama ‘Las izquierdas en la argentina’, donde creo que hay un reportaje a vos también, Osvaldo Bayer – otro que hoy aplaude discurso presidenciales y siguen las paradojas – reflexiona de manera interesante:
    “En una conversación con Rodolfo Walsh, del cual fui muy amigo, le dije: “No puedo entender Rodolfo, Rodolfo, que te hayas hecho peronista.” Y el me respondió: “No soy peronista, soy marxista.” Y me hizo una pregunta fundamental. Me dijo “Sí, soy marxista, pero ¿Dónde está el pueblo?.” El ya estaba en Montoneros. Yo le contestesté “Sí, sin ninguna duda el pueblo es peronista. Pero no se equivoquen: es peronista, pero no es revolucionario. Y no los va a acompañar. Y van a caer ustedes que son los mejores de todos”. La búsqueda de la solución ya la marco ese gran dirigente que fue Agustín Tosco, que salio a la calle siempre con la gete, y no aislarse e pequeñas agrupaciones y buscar la salida por las armas. La represión era muy grande y el pueblo no era revolucionario. Tampoco Peron era revolucionario. Los hechos me dieron la razón sin que con esto quiera decir “Tuve razón”, sino que los hechos me dieron la razón porque murieron los mejores… “
    Abrazo compañeros.

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    aristides

    02/08/2012 at 12:30

  22. Wikipedia dice que Cooke nació en 1919, no fn el 20…

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    Airdish Number

    02/08/2012 at 22:52

    • Ante la duda, busqué el dato y en alguna reseñas se dice que nació el 14 de noviembre de 1919, y en otras el 14 de noviembre de 1920. ¿Alguien sabe con certeza qué año fue?

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      rolandoastarita

      03/08/2012 at 08:30

  23. La mayoría de los sitios que reivindican la figura de Cooke citan al 14 de noviembre de 1920 en La Plata.

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    AP

    03/08/2012 at 10:20

    • 14/11/1919 según Horacio Tarcus en el Diccionario Biográfico de la Izquierda Argentina, donde hay además una muy buena síntesis biográfica de Cooke y sus aportes al movimiento revolucionario. Excelente el artículo! Abrazo.

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      Rocio B

      04/08/2012 at 23:01

    • Gracias Rocío por el dato, ya lo corregí en la nota.

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      rolandoastarita

      04/08/2012 at 23:58

  24. En estos años de proscripción y declinación general del nivel de vida de la clase obrera nació la izquierda peronista, es decir, aquellos peronistas cuyas metas eran el socialismo y la soberanía popular. Esta se dio no por acercamiento de la izquierda tradicional, que seguía siendo hostil al peronismo, sino a través de la radicalización de los activistas peronistas y la peronización de jóvenes que se habían orientado primero hacia la derecha y el nacionalismo católico.

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    Sugel

    06/08/2012 at 09:34

    • Lo que decís no es cierto. Buena parte de los individuos que se hicieron peronistas de izquierda durante la resistencia, procedían de la izquierda tradicional e, incluso, de expresiones antiperonistas tradicionales que no eran de izquierda (el ejemplo más conocido de esto último sería Walsh, y lo primero podría ejemplificarlo Blajakis). De hecho, unos cuantos dirigentes del peronismo previo al ’55 venían de la izquierda tradicional (Domenech, Borlenghi, Hernández).
      Volviendo al período de la resistencia, si por “izquierda tradicional” te referís a las organizaciones o los partidos, tampoco es correcta tu afirmación. Un ejemplo en contrario fue la formación de PSRN, y otro la “peronización” del PC codovillista.
      Intervenciones como la tuya confirman que las creencias de los peronistas son poco más que un patchwork de mitos y leyendas.

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      Vico

      06/08/2012 at 13:34

    • Un breve análisis que puede sumar al tema:
      Inmersos en la ambigüedad del peronismo, a ese extraño “equilibrio de las derechas e izquierdas”, existieron grupos surgidos de la Alianza Libertadora Nacionalista y Trichera Anticomunista, después Tacuara y Guardia Restauradora Nacionalista, que liderados por algunos traidores dirigidos por Massera y cía. fueron utilizados para entremezclarse con las demás organizaciones populares. Fueron ellos los que vendieron a Santucho, hasta entonces protegido por una estructura celular que había permanecido invulnerable.
      Fueron ellos los que, desde las sombras, constituyeron la punta de lanza de la acción represora del “Proceso”.

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      Raúl Doudtchitzky

      02/10/2012 at 08:52

  25. Rolando:
    Leo con frecuencia tus notas, tanto porque me llegan por correo como porque las busco en tu blog, con el objeto de leer también los comentarios que hacen tus lectores. Nunca, hasta ahora, los he dejado yo. Siempre he encontrado en ellas rigor teórico, sólidas fundamentaciones y una visión coherente. Tal vez no en todas coincido totalmente, pero encuentro abundante material para la reflexión y mucho compromiso político y teórico: son un verdadero aporte para la comprensión de nuestra realidad.
    Sin embargo, esta vez me veo tentado a hacerlo, porque en tu nota “Reflexiones sobre el peronismo revolucionario…” se dan por sentadas caracterizaciones y asertos que, a mi entender, no por extensivamente aceptados dejan de ser discutibles
    El más importante de ellos es que el Peronismo Revolucionario (PR) es ése que se expresó a través de la Juventud Peronista de las Regionales, Montoneros y sus distintas expresiones estructurales (JUP, JTP, UES, etc) y distintos grupos que orbitaban dentro de su influencia, directa o indirecta.
    Sin embargo, hubo otro colectivo de militantes que merecen con más propiedad la calificación de Peronismo Revolucionario, cuyo origen se remonta a 1955 y aún un poco antes. (Cuando ya eran perceptibles las señales de que el proceso desencadenado no era revertible, y que Perón no tenía la voluntad política de romper con el Ejército y apoyarse en los trabajadores). En ese grupo estaba el Bebe Cooke, claro, pero también otros militantes, hoy casi olvidados. Me refiero a César Marcos, a Jorge Di Pascuale, a Gustavo Rearte, Eduardo Lombardi, Jorge Rulli, Envar el Kadri, el grupo Avellaneda, con el Negro Raimundo Villaflor y El Griego Blajakis, Armando Jaime, y otros.
    La polémica entre Marcos y Cooke, por ejemplo, no tiene despedicio. Estaba centrada en la participación del peronismo en las elecciones del ’58, y Cooke argumentaba que los dos millones de votos en blanco -peronistas- en las constituyentes del año anterior iban a menguar si no se hacía una propuesta de inclusión que no diese lugar a las agrupaciones peronistas provinciales a establecer su propias alianzas. Marcos, por su parte, se opone tajantemente. Prevé que la jugada electoral, más que “mantener la llamita” -una de sus frases predilectas- diluirá términos de unidad políticos que resultan indispensables para construir una fuerza política transformadora. Porque para él, se trataba de eso.
    Hoy, con el diario del día siguiente sobre la mesa, resulta obvio que tenía razón. La entente entre el peronismo y el desarrollismo produjo efectos nefastos, que aún hoy -y especialmente hoy- padecemos. Produjo, por ejemplo, la consolidación de un sindicalismo asociado al desarrollo empresarial, para nada cuestionador de las bases mismas del sistema. Los peronismos provinciales también fueron sensibles a esta intrusión -que ya tenían ¡como que no! como marca de origen, si bien matizada por otras miradas más radicales-.
    No es este el Peronismo Revolucionario al que se refiere Feinmann, sino al que irrumpe en la vida política argentina en el segundo lustro de la década del ’60.
    Una buena parte de esta militancia, sino la mayor parte, no tiene antecedentes en la militancia obrera -peronista y no peronista- ni de los distintos grupos en que la militancia peronista intentó construir una expresión propia, independiente de las contradicciones en el seno del Movimiento. Provienen en su mayoría de sectores de clase media que, o bien son neutros en relación al peronismo, o recorren una escala que va desde cierto tibio antiperonismo hasta expresiones francamente gorilas. Algunos de ellos comienzan su militancia dentro del cristianismo o del nacionalismo en su vertiente popular, o bien conviven un tiempo con el nacionalismo elitista, pero rápidamente rompen, como en Tacuara. Algunos de ellos registran un pasaje por el Partido Comunista o la Federación Juvenil Comunista.
    Estamos pensando en clases sociales y sectores de clase. Estas de las que hablamos son el producto de la maduración de las condiciones de vida que produjo el primer peronismo: acceso a la vivienda, a la educación, a la salud, la dignificación del trabajo y del trabajador. El campesino santiagueño o el changarín urbano accede a un oficio en la fábrica, tiene un sueldo que mas o menos le alcanza, se hace la casa, manda a los hijos a escuelas técnicas o a la universidad. Son ellos los que van a confrontar para lograr una representación social que no tienen, que nunca han tenido, pero que merecen por el lugar que ocupan, o pueden ocupar, en la sociedad y en la producción.
    Están buscando un lugar bajo el sol. Por eso van a buscar aliarse con los trabajadores, que están huérfanos de representación desde que el sindicalismo vandorista hegemonizó la conducción. (favorecidos por la Ley de Asociaciones Profesionales de Frondizi). Pero es una alianza, no una integración “nosotros conducimos, ustedes nos siguen”. La vieja receta: nosotros ponemos la política, la ideología, y ustedes ponen el número, la masa. Por eso son tan vagas y desprovistas las consignas socialistas. La patria socialista no termina de definirse, hay que tomar el poder para construir el socialismo nacional, o bien la forma nacional del socialismo, o ¿por qué no? el nacional-socialismo. Me lo han dicho.
    No por nada en la década siguiente fueron prolijos menemistas, y una década despues, andan con un farolillo buscando al ‘capitalismo serio’.
    Es muy justo el reconocimiento a los aportes y militancia de Cooke. Lo que no es justo -y seguramente a él también incomodaría- es el unicato en el que se lo coloca. Junto a él batalló y buscó las mejores definiciones toda una generación de luchadores.
    ¿Qué pasó con esta militancia, que tuvo escaso peso en los primeros años de la década del ’70?
    Sin pretender agotar el tema, muchos y variados condicionamiento determinaron su agotamiento: se agotó en la confrontación interna contra la burocracia sindical y política del movimiento; no alcanzó a consolidar un proyecto propio; los sucesivos intentos de consolidación, 1964 con el Movimiento Revolucionario Peronista y 1968 con la CGT de los Argentinos y el liderazgo del Mayor Alberte se vieron frustrados; también el crecimiento de los sectores recientemente peronizados de las capas medias les quitó peso específico.
    La lista es, seguramente mucho más larga, porque fue un proceso rico y contradictorio. No en vano Cooke pregonaba, saliendo al paso de algunas confusiones: “puede haber un movimiento policlasista, lo que no puede haber es una ideología policlasista” (cito de memoria).
    Así, los sectores combativos del peronismo pasaron de un seguidismo a ultranza al rol de Perón a un enfrentameinto cada vez más empinado. Todo en menos de dos años. (1972-1974. También allí tallaba aquello de “la fe de los conversos”)
    Cuando esa -copar al movimiento para transformarlo desde adentro- era una experiencia ya transitada por el activismo al que aludo como peronismo revolucionario: una y otra vez habián enfrentado a los sectores burocráticos del movimiento, y una y otra vez una movida superestructural los había hecho retroceder al punto de partida. “En definitiva, los traidores somos nosotros” decía Raimundo Villaflor “nos enfrentamos a la burocracia, y cuando estamos ganando, nos sacan de un plumazo” (nuevamente, cito de memoria).
    Para sintetizar:
    – Hay un peronismo revolucionario, que por distintas causas no pudo consolidar una propuesta para la coyuntura electoral del 72/73 y que se disgrega en expresiones afines, pero separadas.
    – Hay un peronismo combativo, producto en gran parte del proceso de peronización de capas medias, a las que pudo sumar referentes históricos del peronismo, pero que no pudo hegemonizar el movimeinto y perdió en la confrontación. Convocó a algunas de la mentes más brillantes de la generación, pero el componente de clase fue escaso y no hegemónico al interior del mismo.

    Creo que hay tela para cortar un rato largo.

    Fraternalmente

    Eduardo

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    Eduardo

    14/08/2012 at 18:30

    • Algunas observaciones: es cierto que en el peronismo hubo mucha resistencia a votar a Frondizi. La prueba es que, a pesar de la orden de Perón, hubo una gran cantidad de votos en blanco (no tengo ahora la cifra precisa). Al respecto, no conocía la polémica entre Cooke y Marcos, pero todos los datos respaldan tu idea de que el peronismo de izquierda fue más amplio y rico que lo que generalmente se piensa. La nota, de todas formas, trata de rescatar una experiencia de luchas en común y posicionamiento político (frente a la burocracia, la derecha, etc.) y contraponerla con lo que hoy se quiere pasa por izquierda “nacional y popular, heredera de los 70”. En aquellas luchas confluimos militantes de diversas orientaciones; entre ellos, militantes de la JTP y del Peronismo de Base. Pienso que habría que no deberíamos identificar de manera directa a esa militancia de base, o intermedia, de la JTP, con la conducción de Montoneros. Hubo un sector, más o menos amplio, de activistas obreros (esto es, no se trató solo de una base que provenía de la clase media) que militaron en la JTP, y muchos de ellos mantuvieron un espíritu crítico. En términos más llanos, “no comían vidrio”. Recuerdo que uno de estos compañeros me decía que en la consigna “Perón, Evita, la patria socialista”, “evita” se refería al verbo “evitar”. Esto para no hablar de los militantes del Peronismo de Base.

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      rolandoastarita

      15/08/2012 at 10:00

  26. el peronismo es, en todas sus variantes nacionalismo burgues puro y duro, profundamente asociado al atrazo y subdesarrollo del capitalismo argentino…querer ver algun “iluminado” dentro de este movimiento corporativista es un “nuevo entrismo a la moreno”.

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    yuyo

    16/08/2012 at 07:42

  27. Rolo: Excelente. Hacia mucho que no entraba a tu blog. La verdad me conmovió no se puede escribir mejor lo que uno siente al escuchar a estos miserables hacerse los izquierdistas. Un abrazo

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    luis chao

    21/11/2012 at 14:34

  28. interesante

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