Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Renta petrolera y capitalismo de estado (1)

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn una nota anterior comparé brevemente la utilización de la renta en Venezuela con la experiencia de los países petroleros del Tercer Mundo en los años 1970, cuando se intentó la industrialización en base al manejo estatal de la renta. Arabia Saudita, Irán, Libia, Irak, Argelia y la misma Venezuela, fueron casos destacados. Sin embargo, ninguno superó la dependencia y el atraso. Peor aún, varios países terminaron  en agudas crisis y aplicando políticas pro mercado y antipopulares.
¿Por qué la lluvia de renta no pudo impulsar un desarrollo de las fuerzas productivas con bases sólidas? Posiblemente no haya una única respuesta, pero ante las dificultades que enfrenta hoy el proyecto chavista, vale la pena echar una mirada a los problemas y contradicciones de la experiencia de industrialización, sostenida en la renta petrolera, de los años 60 y 70. Es lo que tratamos en esta nota, con especial atención a la experiencia de Venezuela. Debido a su extensión, la presento en tres partes.

Ingreso rentístico sin desarrollo

Tal vez el caso histórico paradigmático de un país que recibe una enorme renta que no se emplea productivamente, sea España. Luego de recibir una enorme cantidad de oro y plata, proveniente de América, a lo largo del siglo XVI, la gente tomaba conciencia de que el oro llegado de América “no se quedó en España, sino que fue sustituido por una montaña de créditos, de compromisos, de títulos de renta y de mala moneda circulante” (Vilar, 1982, p. 229). Se observaba por entonces que no había actividad, las gentes vivían sin producir y “los impuestos son enormes porque el Estado está endeudado” (pp. 229-30). La entrada del oro había fomentado actividades improductivas, había “parasitismo colonial”, y los observadores pedían fomentar la industria, la agricultura e incrementar población (ídem, p. 231). Se constataba así que no era suficiente con inyectar renta España para que hubiera desarrollo; hacían falta transformaciones sociales para abrir un cauce a la acumulación.

Mutatis mutandi, puede decirse algo semejante acerca de las experiencias de los países petroleros del Tercer Mundo en el siglo XX y los inicios del XXI. Recibieron una enorme renta, pero al día de hoy continúan siendo tecnológicamente atrasados, y sus economías altamente desestructuradas y vulnerables. Varios autores han llamado la atención sobre este fenómeno. Así, y refiriéndose a Venezuela, Héctor Malavé Mata escribe: “La explotación petrolera.. le ha conferido una tipología particular a la economía del país, generando en ésta la asimetría estructural, la dependencia externa y la vulnerabilidad que la caracterizan indefectiblemente” (p. 28). Aunque durante mucho tiempo se habló de “convertir la renta petrolera en factor de desarrollo sostenido” (p. 29), en 1976 (año de la nacionalización de la industria de los hidrocarburos) persistían los síndromes del “país petrolero”, tales como una estructura asimétrica de la economía, la dependencia fiscal del petróleo y la expatriación de plusvalías territoriales (p. 44). Los problemas continuaron después de 1976: “A mediados de la década de los ochenta persistía el raquitismo estructural del crecimiento de la economía” (p. 45). En un plano más general, Asdrúbal Baptista, considera que existe una secuencia general, derivada de la inseparabilidad del origen de la renta de su uso y destino: “el desarrollo capitalista de una economía originalmente muy atrasada, basado en el aprovechamiento de una renta internacional de la tierra, sigue un curso previsible. A un período de intenso y generalizado crecimiento y maduración le sigue un aprovechamiento cada vez menor de la renta captada y empleada a los fines de crecer, hasta alcanzarse una situación en la que con la madurez aparecen necesidades institucionales y estructurales cuya satisfacción se enfrenta a la presencia misma de la renta. En esta condición históricamente final, los circuitos de la acumulación se entraban, impidiendo un desarrollo autosostenido y prolongado” (p. xxxiv). Más adelante apunta que el destino del ingreso rentístico “puede moverse desde la simple dilapidación… hasta su más rigurosa acumulación capitalista” (p. 21).

¿Limitación por demanda o problemas de estructura social?

El tema entonces es responder por qué la vía rentística-estatal-capitalista de industrialización de los países exportadores de petróleo del Tercer Mundo ha terminado en vía muerta. El propio Baptista presenta una explicación del fracaso. Sostiene que la dificultad reside en que, en los países rentísticos, las importaciones de medios de producción, que son financiadas con la renta, no tienen como contrapartida ingresos internos que sirvan para absorber el producto resultante del incremento de la capacidad productiva. En otras palabras, “no hay domésticamente ingresos para comprar los adicionales bienes producidos con el auxilio de estos instrumentos de producción importados” (pp. 208-9). Por lo cual, “el capitalismo rentístico, en líneas generales, no es viable en el largo plazo” (p. 209); existiría por ende una dificultad “estructural” para el desarrollo. Anotemos que esta explicación es una variante, centrada en la demanda, de la llamada “debilidad de la capacidad de absorción” de las inversiones (véase más adelante). La solución, según Baptista, pasaría por que la renta, a un mismo tiempo, pudiera dirigirse hacia la oferta y la demanda “con una razonable posibilidad de armonía entre ambas” (p. 211). Pero esta “armonía” es casi imposible. De ahí que concluya que, indefectiblemente, a la expansión de esa industrialización basada en la renta, deberá seguir el estrangulamiento del desarrollo.

El problema de esta tesis es que no parece haber una razón clara para que exista una limitación estructural de la absorción del producto que es incrementado con la inversión productiva de la renta. Para explicarlo con un ejemplo, supongamos una economía de farmers, que goza de una alta renta diferencial de la tierra, y cuya producción se exporta mayoritariamente; los farmers se apropian entonces de renta “internacional”, para utilizar la terminología de Baptista. Luego, esa renta, más la ganancia del capital, es reinvertida por estos granjeros, no solo para ampliar la producción agraria, sino también para iniciar (los más ricos) la producción industrial. ¿Por qué debería existir una insuficiencia estructural de demanda para esa producción incrementada? No se alcanza a visualizar la razón. Al contratar trabajadores productivos, se genera valor que conforma un poder de compra equivalente al valor agregado que es lanzado al mercado, bajo la forma de producto. Estamos en la reproducción ampliada “a lo Marx”. El hecho de que una parte del valor invertido en la industria sea renta, no cambia la naturaleza del asunto. Por eso, no habría razones para que exista una insuficiencia estructural de demanda si la renta se capitaliza productivamente.

Aclaremos también que es un error sostener, como hace Baptista, que la renta diferencial no es valor generado al interior de la nación, sino un ingreso que proviene de un “recargo” impuesto por “el ejercicio monopólico que entraña la propiedad territorial” (p. 33). La renta -sigo en esto la teoría de Marx- es valor generado por el trabajo que se aplica a los pozos relativamente más productivos. Ese trabajo funciona como trabajo potenciado.

Esta discusión preliminar sugiere entonces la necesidad de encarar los problemas de las economías rentísticas poniendo el acento en las estructuras de la oferta, más precisamente, en la estructura social de producción. Pareciera que ciertas estructuras sociales pueden ser decisivas en un proceso de desarrollo capitalista. Y en este punto, rescato un viejo artículo -es de 1983- de Abdelkader Sid Ahmed, referido a las economías petroleras (ver bibliografía). Dado que el escrito es poco conocido, y difícil de conseguir, en lo que sigue presento sus ideas principales con alguna extensión.

La explicación de Sid Ahmed

Sid Ahmed sostiene que después de la suba de los precios del petróleo en 1973-4, los países exportadores recibieron un fuerte impacto negativo con la caída del precio en 1982-3. Plantea que el crecimiento de los ingresos petroleros parecía haber llevado a la hinchazón de las importaciones, al desaliento de las exportaciones y de todo esfuerzo productivo. En particular, la devaluación del peso mexicano de comienzos de 1982, siendo una economía con recursos técnicos y humanos superiores a los de otros países, mostraba que “existe una lógica de la renta que puede oponerse a la lógica de la producción” (p. 63). En este nivel, sostiene Sid Ahmed, el desarrollo no debería medirse en términos del número de kilómetros de rutas o de líneas eléctricas tendidas, ya que supone más bien “la edificación de una economía volcada hacia la creatividad, el esfuerzo productivo y el ahorro interno” (ídem). Anotemos que la referencia a la “creatividad” empalma con la insistencia de los neoschumpeterianos en la importancia de la innovación tecnológica y la investigación y el desarrollo en los países atrasados. Desde el punto de vista del marxismo, hablaríamos de la necesidad de avanzar en el trabajo complejo y en la producción de mercancías con alto valor agregado.

Sid Ahmed plantea luego que en la relación entre renta y trabajo productivo de las economías petroleras reencontramos el rompecabezas de los economistas clásicos. Es que asimilar sencillamente la acumulación de capital a partir de una renta, a la acumulación del capital a partir del trabajo productivo, lleva a ignorar las características principales y estructurales del funcionamiento de las economías rentísticas. Lo cual es particularmente cierto para las rentas mineras (provenientes de diamantes, petróleo, oro, etc.), que juegan un rol de primer orden en el financiamiento de la economía nacional. Es que la valorización de los recursos naturales, o incluso la industrialización, no son una panacea, ya que sin una estrategia realista de desarrollo equilibrado, la valorización solo constituye una nueva forma de dependencia. Más precisamente, y en ausencia de un tejido industrial tecnológico y educacional serio, hay que hablar de un proceso acelerado de modernización técnica, pero no de desarrollo (Sid Ahmed utiliza el término “crecimiento”). Lo decisivo es que éste “supone la existencia de sistemas productivos relativamente integrados, con productividad en avance” (p. 64). Pero en las economías petroleras el sector productivo es limitado, y tienden a predominar los servicios. “En las economías petroleras, el Estado juega un rol principal pues redistribuye la renta. El bienestar -cuya amplitud depende del volumen de la renta-, que caracteriza a las economías petroleras y cuya característica es aislar totalmente el reparto de la producción, ha transformado un cierto número de estas economías en economías de asistidas, esto es, de pensionados” (ídem). Por este motivo, en ellas se pueden ver los signos del crecimiento -elevación del nivel de vida de la población, medicina gratuita, subvención de los productos de primera necesidad, etcétera- coexistiendo con una estructura productiva rudimentaria. Se refiere también a políticas voluntaristas, impotentes para movilizar la creatividad y las energías de los agentes, y destaca algunas características de estas economías:

a) La inexistencia de un vínculo entre la producción y la distribución. Los ingresos petroleros recibidos por los Estados no tienen su origen en sus sistemas productivos.
b) El valor agregado por la industria petrolera al PBI constituye un componente mayor de éste. Asimismo, los ingresos petroleros en relación a los ingresos totales del Estado y a los ingresos totales en divisas constituyen una proporción importante de estos últimos.
c) La existencia de una renta sustancial está en el origen de gastos públicos importantes sin que se ejerzan las constricciones tradicionales de orden fiscal, de balance de pagos y de inflación que padecen otros países en desarrollo.
d) El avance más rápido de los ingresos petroleros en relación al PBI se traduce en un desarrollo sin precedentes del sector público. Los conflictos de clases tienden a ordenarse en torno del reparto de la renta.

Sid Ahmed señala también que los desempeños en crecimiento de las economías exportadoras de hidrocarburos son en general mediocres, en vista del esfuerzo inversor realizado. Se revela una incapacidad para pasar de la fase de inversiones extensivas a las intensivas, y la inversión pública extensiva, aunque crea demanda, no genera sin embargo los cambios estructurales que harían posible el desarrollo socio-económico (p. 68), Además, la economía petrolera posee un “carácter explosivo potencial” debido a las oscilaciones bruscas de los precios y de la demanda mundial. Cuando sobrevienen los problemas “el poder de compra es amputado brutalmente, las subvenciones a los consumidores, muchas veces considerables, son reducidas o incluso suprimidas y las devaluaciones alcanzan una amplitud inimaginable en situaciones normales, como lo muestra la experiencia mexicana de los últimos años” (p. 71).

La “debilidad de la capacidad de la absorción”

En su artículo Sid Ahmed plantea que a partir de los planes de ayuda a los países subdesarrollados implementados por el Banco Mundial, en los años 1948-9 comenzó a prestarse atención a la llamada “capacidad de absorción”, una noción que se ha convertido en un lugar común en la literatura sobre desarrollo. El concepto alude a las dificultades que puede encontrar la inversión productiva por: a) la débil demanda y poca extensión de los mercados internos y externos; b) la carencia de infraestructura adecuada; c) los obstáculos de orden político, institucional o socio cultural. Estos factores podrían imposibilitar la acumulación sostenida (el planteo de Baptista sobre el estrangulamiento por insuficiencia de demanda es, en el fondo, una variante de esta línea de pensamiento). Pero Sid Ahmed sostiene que el concepto es limitado, ya que “la capacidad de absorción de un país podría ser cambiada en dinámica por la eliminación de uno u otro de los obstáculos antes mencionados” (p. 72). En particular, tanto las insuficiencias de la demanda, como de la infraestructura productiva, podrían ser remontadas. Todo depende de las transformaciones estructurales. En palabras de Sid Ahmed: “El concepto de absorción es demasiado limitado y estrecho para reflejar las transformaciones estructurales que exige la era del post-petróleo, y sobre todo este concepto pasa por alto los efectos perversos que ejerce la renta de hidrocarburos sobre la génesis del desarrollo autosostenido” (pp. 73-4). Una cierta estructura social como condición inicial puede llevar a que la renta petrolera retroalimente esa misma estructura, dando como resultado la persistencia en el tiempo de las características que definen a la estructura del país petrolero. La enseñanza que se desprendería de esto parece clara: una “revolución” no puede consistir en el mero reparto de la renta, desde alguna estructura de poder estatal. Un capitalismo de estado “rico”, debido a la disposición -por algún período de tiempo más o menos largo- de una abultada renta, no es condición suficiente para dar lugar a un proceso de desarrollo capitalista de las fuerzas productivas.

Textos citados:
Baptista, A. (2010): Teoría económica del capitalismo rentístico, Caracas, Banco Central de Venezuela.
Malavé Mata, H. (2006): La trama estéril del petróleo, Caracas, Rayuela Taller de Ediciones.
Sid Ahmed, A. (1983): “Développement sans croissance, l’expérience des economies pétrolières du tiers monde”, Critiques de l’economie politique, pp. 63-95.
Vilar, P. (1982): Oro y moneda en la historia (1450-1920), Barcelona, Ariel.

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Renta petrolera y capitalismo de estado (1)”

Written by rolandoastarita

19/05/2013 a 11:35

16 comentarios

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  1. Buenos días profesor. Muy interesante el articulo.
    Puede ser que esto este relacionado con la idea que plantea Hobsbawm en “La era de la revolución”, de que fue “una suerte” para los capitalistas britanicos que sus rentas y su desarrollo partiecen de la industria algodonera, porque esta obligo a movilizar muchas otras “partes” de la economia britanica (a parte de otras ventajas que tenía, estoy “citando” de memoria).
    Lo que tengo en mente es que la renta petrolera, a diferencia de la algodonera en inglaterra en su momento, no genera “la necesidad” social de desarrollar la economia. ¿estoy muy equivocado?
    Disculpas por el lenguaje familiar y poco tecnico.

    Saludos.

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    Gerardo Daniel

    19/05/2013 at 12:07

    • No conocía este planteo de Hosbawn, pero me parece que sí, sería una idea acorde con lo planteado.

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      rolandoastarita

      19/05/2013 at 12:54

  2. Y Noruega?

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    Luzin

    19/05/2013 at 15:45

  3. estimado profesor:
    Coincido con vd. en que de acuerdo con la teoría del valor de Marx es inexplicable esa “maldición de las naciones rentistas”, porque no tienen sentido esos enfoques de “debilidad de absorción” basados en la tipología de los orígenes del valor que se acumula.
    Más bien creo que podría buscarse una explicación dual particularizada para cada uno de los dos caminos que se han conocido hasta la fecha: el camino del mercado y el camino del estado (burgués):
    1. en el camino del mercado, no es que no se pueda realizar una “acumulación originaria”. Es que la ley del valor hace que sea más barata la producción extranjera por su mayor productividad (además y al margen de la violencia colonial ejercida para impedir el desarrollo endógeno, que también cuenta).
    Por este camino lo que el mercado mundial nos da, el mercado mundial nos lo quita.

    2. en el camino del estado (burgués) se constata ese “círculo del subdesarrollo” y se trata de romper “desde arriba” con las “políticas de sustitución de importaciones”. Se trata de nacionalizar y centralizar los ingresos de la renta petrolera (de las rentas económicas en general) y dirigirlas a la industrialización del país, al margen de los mecanismos de mercado, para ir consiguiendo las ganancias en productividad necesarias (por las dos vías en las que esto se hace: (a) división del trabajo y (b) mecanización, en un círculo virtuoso) para una inserción equilibrada en el capitalismo global.
    El problema es el adjetivo “burgués” de estos intentos. La magnitud de las rentas y la falta de empoderamiento popular hace imposible de contener el oportunismo, la corrupción, las mafias que hacen fracasar el proyecto.

    Y con ello, como muy bien apunta, tenemos de nuevo la misma lección para la Venezuela bolivariana que en lo político es tan evidente:
    solo avanzando en el empoderamiento del pueblo, en la profundización de la democracia política y económica, en el control ferreo, implacable, de las dirigencias políticas, económicas, podrá lograrse verdaderos avances.
    Es decir: “ni un paso atrás! Ni para tomar impulso!”

    salud

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    escaiguolquer

    20/05/2013 at 05:42

  4. Estimado profesor, le pregunto por Noruega ya que entiendo que si existe un “paraíso socialista”, lo más parecido en la tierra debería ser Noruega.

    Tal vez comparar Noruega y Venezuela pueda parecer absurdo, pero algunos datos que he recopilado (a no ser que sean falsos) me han dejado perplejo. Por lo visto, en 1954 Venezuela tenía un PIB per cápita superior al de Noruega (evidentemente Noruega salía de una guerra mundial con ocupación nazi) y sesenta años después la situación no tiene parangón:

    ¿Podemos hablar de socialismo en Noruega? ¿o simplemente se trata de capitalismo de estado? ¿Cuáles son los motivos que determinan una evolución y la otra?

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    Luzin

    20/05/2013 at 12:35

    • No conozco lo suficiente la economía de Noruega. En principio, se trata de todas maneras de una economía capitalista (esto es, regida en lo principal por la lógica del capital y la ganancia). La nota se ocupa de las llamadas economías petroleras, esto es, de aquellas economías que tienen a la producción de petróleo como eje casi exclusivo de su inserción en el mercado mundial. Por eso, por ejemplo, lo que se afirma no sería aplicable a una economía capitalista más compleja, como la de México, por ejemplo.

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      rolandoastarita

      20/05/2013 at 13:01

  5. La idea de “insuficiencia de demanda” es bastante confusa como la plantea ahmed. En primer lugar, si vos tenés una industria altamente productiva que genera “bienes en exceso” nunca podés decir que te falta mercado para absorber esos bienes. Yo lo plantearía al revés, diría que si tu industria es productiva y permite vender bienes a muy bajo precio, más mercado vas a tener para absorber esos bienes. Esto quiere decir que el tamaño del mercado va a depender de: 1) De qué tan costoso sea el bien a producir, ya que eso va a determinar quiénes lo van a comprar 2) Qué tan productivo seas para elaborar ese bien a un precio más bajo del “socialmente necesario”. Nunca si sos más productivo podés quedarte sin mercado, todo lo contrario. En mi opinión, ahmed debería considerar la vieja idea de que la oferta determina la demanda.

    Otra forma de verlo sería pensando en recursos asignados y tasas de sustitución. Cuantos más recursos uses para producir cierto bien, lo que es igual a decir, cuanto menos productivo seas, menos recursos te van a sobrar para producir otro tipo de bienes. Por lo tanto, el problema de una industria muy improductiva no es que no genera mercados, sino que te vas a perder de tener “otras ofertas” de otros bienes. Es decir, el mercado que se va a reducir es el de otros bienes!

    Saludos cordiales.

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    elpollito

    21/05/2013 at 02:15

  6. Reblogged this on Humano Buenos Aires.

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    Leonardo Sai

    22/05/2013 at 18:26

  7. A mediados de los años setenta se veían en los supermercados de Caracas todo tipo de productos, muchos producidos nacionalmente bajo las condiciones más modernas en cuanto a equipos y tecnología. En cuanto al papel higiénico, lo había desde el de más baja calidad hasta el de lujo, con un diferencial de precio no tan alto entre uno y otro. En los noventa un grupito de iluminados economistas dijeron que la industria manufacturera venezolana era extremadamente ineficiente y que lo mejor era que desapareciera; cuando llegó Chávez, dijo que el empresariado venezolano era parasitario y que lo mejor era que el estado se ocupara totalmente de la inversión productiva de la renta. Lo hizo y así vemos lo que hoy sucede. La renta se la ha apropiado el grupo que controla al estado, que no es una élite, pues si así fuera representaría algo o a alguien, sino una especie de hidra con mil cabezas, todas embarcadas en la corrupción más brutal. No es una cuestión de clases sociales sino de una sociedad deshecha. Hoy la gente va de supermercado en supermercado buscando un papel higiénico estandarizado. Cuando se consigue, la compra está limitada. Qué no va a pasar en una economía en la cual el dólar paralelo está a 28 bolívares y el dólar controlado a seis y pico.

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    mario

    22/05/2013 at 19:34

    • Ninguna élite “representa algo o a alguien”, salvo a sí misma.
      Cuidadín con estos desvaríos fascistas, y llamemos al pan pan, y al vino, vino.
      Tu quieres que distingamos (porque tú lo distingues así seguramente) entre camarillas corruptas de buena familia, a las que llamas “élites”, y camarillas corruptas de nuevos ricos que proceden de estratos socioeconómicos, culturales o incluso raciales (en general coincidentes) que no te agradan tanto.
      Pues bien, para manejar categorías con precisión, es mejor identificar homogéneamente tanto a las “hidras con mil cabezas” como a las “élites”.atendiendo a la función que desempeñan, que es idéntica: son “mafias”.

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      escaiguolquer

      23/05/2013 at 05:34

  8. Hola Rolando.
    Queria saber si la charla de inflacion que vas a hacer el viernes en la UNQ se podria grabar, ya que no voy a poder asistir.
    Me imagino que la charla debe estar muy relacionada con los topicos del blog y con las mismas notas que subis
    Gracias
    Saludos

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    Leandro

    23/05/2013 at 02:29

  9. Compañero Rolando. Acuerdo en los aspectos generales de su apreciación. Especialmente en que, por ningún concepto, se puede asimilar ‘capitalismo de estado’ a socialismo o una fase introductoria del mismo. Los que el estalinismo o el nacionalismo tercermundista, llamaba ‘países de orientación socialista’ terminaron en un estrepitoso fracaso y por supuesto, no dieron lugar a ningún socialismo. No es cuestión de como se distribuya la renta desde el estado, del mismo modo que socialismo no equivale a ‘distribución de la riqueza’ en general. La distribución igualitaria del excedente social requiere de la abolición de la propiedad privada capitalista y su estado, esta última, solo podría coexistir parcialmente en una transición socialista y ser factor de desarrollo, en la medida que, en palabras de Lenin: ‘el poder siga estando en manos de obreros y campesinos’ y sea más que un contralor decorativo y formal. Pese a ello, abrigo algunas dudas. Descartado el criterio de ‘capacidad de absorción’ y siempre y cuando no introduzcamos la variable de desarrollo tecnológico de ritmo diferencial que implica una disparidad o ‘ventaja’ históricamente consolidada, el criterio que se desprende de la nota parece remitir a las decisiones prioritarias de la burocracia estatal. Un tanto superestructural. Siendo que el modelo de capitalismo de estado pudo ser vía exitosa al desarrollo en el pasado, parecería que, excluyendo otros factores, como la opresión imperialista sobre la periferia, el problema central pasaría por la insuficiente formación en las economías rentistas de una burguesía dispuesta a emprender una pujante industrialización competitiva a partir de la renta, siendo ocupado su lugar por una burocracia estatal inepta, codiciosa y apoltronada que deforma la estructura productiva y adormece el aguijón de la competencia. En este caso, la renta y especialmente la petrolera, se manifiesta como un elixir del momento y una maldición en el largo plazo. ¿Es este el círculo vicioso? ¿Un burguesía raquítica y servil, substituida por una burocracia de estado administradora de una fuente de la que brota ganancia excedentaria que contribuye a remachar la molicie de la clase potencialmente desarrollista? ¿Es este el principal factor del atraso de los países ordenados tras la renta petrolera?

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    AP

    05/06/2013 at 22:46

    • ese círculo vicioso, que las notas del profesor Astarita demuestran con precisión, es la alternancia de lo que en un comentario más arriba llamo “mafias”: castas dominadoras que se dedican a vivir del pueblo trabajador, en tres modalidades:
      (a) la casta del capitalismo salvaje o “mercados” (=capital financiero internacional, que con diversas mezclas, en los paises centrales tiene un mayor componente de burguesías locales, mientras que en la periferia la parte del león es extranjera)
      (b.1) la casta de las “élites” (en palabras de mario, más arriba) dominadoras desde gobiernos de lo que vd llama “nacionalismo tercermundista”
      (b.2) la casta de las “hidras de mil cabezas” (en palabras de mario, más arriba) dominadoras desde gobiernos con banderas rojas pero sin participación ni control popular.
      Como casi siempre, la solución pasa por Lenin, como vd. propone: que “el poder siga estando en manos de obreros y campesinos”.
      Pero discrepo con vd. en un matiz que al final es la clave: “la propiedad capitalista y su estado” efectivamente “podría coexistir parcialmente en una transición socialista” y de hecho lo hará (o lo hace en venezuela), pero NO ES “factor de desarrollo” en absoluto, sino una carga del pasado que sólo se nos impone por la dinámica de la herencia que debe ser corregida. Al margen de la superioridad de la planificación democrática sobre la anarquía capitalista, el acaparamiento y el sabotaje en Venezuela hoy, o en Chile en el 73, o en la Unión Soviética justo antes del “comunismo de guerra” y de la pulverización de la NEP por Stalin, provienen exactamente de ahí, por poner algún ejemplo.
      Con mano firme y sin aventurerismos, debemos tener claro que esas estructuras burguesas son el problema y nunca la solución, ni siquiera parcial.
      salud

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      escaiguolquer

      07/06/2013 at 04:50

  10. Este planteamiento podría trasladarse a los países donde el turismo y el sector servicios dominan la economía. Por ejemplo, en las insulares pareció darse ese paso de la renta de la tierra (caña de azúcar, la vid, el plátano, el tomate, la papa, la cochinilla de los nopales, etc. -en el caso de las Islas Canarias-) a la renta del turismo y de los servicios indirectos, donde la importanción juega un rol acaparador como en los países de renta petrolera. La importación de alimentos se da hasta un 90% de lo que se consume en territorios donde anteriormente la agricultura de subsistencia alimentaba a la población. El cambio de lógica es brutal, la agricultura no deja de ser un sector productivo, pero el turismo y los servicios… En el plano de las mentalidades es un golpe durísimo a la cultura productiva. Un saludo, Baltasar.

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    sheshonq10

    09/12/2015 at 07:32

  11. Olvidé mencionar el caso español que hace referencia el artículo. Giovanni Arrighi en su “El largo siglo XX” da algunas claves de cuáles fueron las bases de la expansión del Imperio español. La corona sufrió desde los comienzos una fuerte dependencia de capitales europeos (alemanes y genoveses, principalmente). Fuente de influencia de muchas decisiones políticas como la predominancia comercial del puerto de Amberes (actual Bélgica flamenca) en la España del Quinientos.

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    sheshonq10

    09/12/2015 at 07:39


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