Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (14)

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La parte 13 de esta nota, aquí.

La política en Nicaragua

La política de Cuba en Nicaragua también es reveladora de la orientación de clase del castrismo en el plano internacional. Tengamos presente que hacia los finales de la dictadura de Somoza, Cuba ayudó al Frente Sandinista de Liberación Nacional con equipos militares y asesoramiento. Sin embargo, una vez que el FSLN tomó el poder, ejerció su influencia para impedir que la revolución popular y democrática anti-dictadura evolucionara hacia el anticapitalismo. Con este fin, personal militar y de seguridad cubano, junto a pares de Alemania Oriental y la URSS, colaboró en el armado y fortalecimiento de un aparato estatal que reprimió a elementos “díscolos” –principalmente maoístas y trotskistas- y bloqueó cualquier posibilidad de organización independiente del movimiento sindical. Como aseguró Fidel Castro, Nicaragua no sería una nueva Cuba (Juventud Rebelde, 29/07/79).

Por eso, y al calor del empuje y el entusiasmo provocado por el triunfo de la revolución contra Somoza, el FSLN promovió campañas masivas de alfabetización y cuidado de la salud, y promovió los Comités de Defensa Sandinista y la incorporación al Ejército Popular Revolucionario. Sin embargo, todas estas medidas se mantuvieron en los marcos de un sistema capitalista. De la misma manera, en las empresas estatizadas (mayoritariamente pertenecientes al somocismo y sus colaboradores) hubo alguna participación de los colectivos de trabajadores, pero nada que cuestionara a la burocracia del capitalismo de Estado, y menos aún al capital privado. El objetivo del FSLN era mantener una posición internacional independiente y consolidar una combinación entre el capitalismo de Estado y el privado. En este marco, y con el fin de no cortar relaciones con el capital financiero, el gobierno sandinista reconoció la deuda externa dejada por Somoza, de 1200 millones de dólares. En 1981 Tomás Borge precisaba: “Los propietarios y los empresarios honestos y patriotas tendrán, no solo el derecho a integrarse en las tareas productivas, sino también a recibir el apoyo de la Revolución” (19/07/81). Los dirigentes sandinistas hablaban del socialismo -y todavía hoy dicen que lo están construyendo-, aunque nunca aclaraban qué querían significar con ese término.

Lo anterior explica por qué la agresión de EEUU –vía los Contras- a Nicaragua se produjo, no porque los sandinistas avanzaran en transformaciones socialistas, sino por su postura independiente en el plano internacional, y por el temor de Washington de que eso alentara a otros países de la región a seguir su ejemplo. Por esta razón Reagan buscó el desgaste del FSLN, por medio del acoso militar, y su reemplazo por un gobierno abiertamente alineado con EEUU. La guerra –que provocó más de 11.000 muertos y pérdidas económicas de unos 17.000 millones de dólares- debilitó al FSLN, y agravó al extremo los sufrimientos de la población.

Sin embargo, el gobierno sandinista mantuvo su política de no radicalizar la revolución. Es en este contexto que los gobiernos de la región, la socialdemocracia internacional, la Comunidad Europea y el Vaticano buscaron una salida negociada. Con ese objetivo, México, Colombia, Panamá y Venezuela formaron, en 1983, el llamado grupo Contadora, y poco después los gobiernos centroamericanos promovieron las negociaciones de Esquipulas. Esta política fue apoyada por Cuba, con el argumento que Contadora – Esquipulas se oponía a la orientación militarista de Reagan. Lo cual era cierto, pero también implicaba que Nicaragua, y el resto de los países centroamericanos, debían avanzar hacia una estabilización propia de un capitalismo dependiente y atrasado.

A partir de Contadora – Esquipulas, el proceso en Nicaragua fue relativamente rápido. En 1987 se firmó el Esquipulas II, por el cual los gobiernos de Centroamérica se comprometieron a promover el cese de hostilidades y la reconciliación nacional, no solo en Nicaragua, sino también en El Salvador y Guatemala. Al año siguiente en Nicaragua estalló una crisis económica de proporciones (el gobierno admitió que había hambre en varias zonas del país). Para ese entonces se había debilitado el apoyo del Congreso estadounidense a la política de Reagan en Centroamérica; y la URSS ya no era considerada un peligro para los intereses de Washington en la región. Por eso el establishment de EEUU se inclinaba a un arreglo negociado. Finalmente, en 1990 los sandinistas perdieron las elecciones. A partir de ese momento Nicaragua se encaminó definidamente hacia la normalización capitalista.

El Salvador y Guatemala

Como adelantamos en el punto anterior, Contadora – Esquipulas también sentó las bases para la asimilación al sistema democrático capitalista de las organizaciones armadas de El Salvador y Guatemala. Y de nuevo Cuba jugó un rol clave en estos procesos. Así, en El Salvador presionó para que el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional entrara en el proceso de negociaciones. El resultado fue que a comienzos de los 1990 el FMLN se incorporó a la vida política salvadoreña como una fuerza de centroizquierda. En 2009 su candidato, Mauricio Funes, ganó las elecciones presidenciales; en 2014 el FMLN volvió a imponer su candidato. Se trata de gobiernos capitalistas más o menos “normales”, como los que puede existir en cualquier país del Tercer Mundo.

En lo que atañe a Guatemala, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, que agrupaba a los cuatro principales grupos guerrilleros, firmó acuerdos de paz con el Gobierno y el Ejército en 1996. Los mismos fueron respaldados por los países de Esquipulas y Contadora, por Cuba y la socialdemocracia, y también fueron aceptados por Washington. Poco después la URNG se convirtió en un partido legal, integrado al sistema de capitalista.

La internacionalización del “no hay alternativa”

Como hemos venido señalando, la orientación más general de la política exterior del castrismo tiene como rasgo principal la negativa a desestabilizar, en cualquier sentido anti-capitalista, o anti-burocrático, las estructuras sociales y las instituciones políticas establecidas. En otros términos, el consejo para los trabajadores y las organizaciones de izquierda es que acepten el “no hay alternativa” al capitalismo (ver aquí). Fue la orientación que prevaleció en Nicaragua, incluso antes de que cayera el bloque soviético, o se derrumbaran los “socialismos africanos”; y la que también dominó en otros lugares del mundo, hasta el presente. Para agregar algunos otros casos ejemplares a los ya mencionados:

Fidel Castro apoyó la política del presidente español Adolfo Suárez durante la transición del franquismo; consideró al rey Juan Carlos un “defensor de la democracia” y poseedor “de una alta autoridad moral”; otorgó la Orden José Martí a Felipe González; respaldó políticamente a Indira Gandhi (discurso del 7/03/83); expresó su admiración por los gobiernos de François Mitterrand, de Francia y Olof Palme de Suecia; calificó al primer ministro canadiense Pierre Trudeau de “gran amigo y personalidad extraordinaria”; afirmó que tenía “una buena opinión” del Carter, ya que “fue lo más honrado que se puede ser en el cargo de presidente de EEUU” (reportaje de Ramonet); y caracterizó a Juan Pablo II como “un dolor de cabeza para el imperialismo” (16/01/98). En los 2000 apoyó a los Kirchner, de Argentina; a Lula y Rousseff, de Brasil; a Correa, de Ecuador; a Evo Morales, de Bolivia; y a Chávez y Maduro, de Venezuela. Es imposible sostener una alternativa anticapitalista y socialista a nivel internacional con estas posiciones; y por lo tanto, tampoco es posible afirmarla al interior de Cuba.

Instituciones burguesas internacionales y discurso ideológico

El castrismo también respaldó a instituciones burguesas o burocráticas tercermundistas, como el Movimiento de los No Alineados y el Consejo Mundial de la Paz. En el mismo sentido, impulsó la lucha por el Nuevo Orden Económico Internacional, que se centraba en la mejora de los términos de intercambio, durante los años 1970 y 1980; convocó a los gobiernos capitalistas al no pago de la deuda externa (aunque se cuidó de criticar a los sandinistas que pagaban la deuda); y promovió las Conferencias de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, que se llevan a cabo en La Habana, y en las cuales participan incluso economistas del Banco Mundial o del FMI. Más recientemente, se  comprometió en la ayuda al ALBA, otra asociación de Estados capitalistas. Cuba también integró la conducción de la Organización Mundial de la Salud.

El rol de La Habana en estos organismos fue respaldado con las “misiones internacionalistas” de ayuda médica y humanitaria: a mediados de los 1990 la isla tenía tres veces más médicos prestando servicios en el exterior que la OMS, y en muchos casos no recibía nada a cambio. También asiste a más de 15.000 niños víctimas del desastre nuclear de Chernobyl; mantiene una Escuela de Medicina en Eritrea; envió ayuda a Centroamérica luego del huracán Mitch, de 1998; mantiene una Escuela Latinoamericana de Medicina, destinada a formar médicos para los países subdesarrollados. Naturalmente, estas misiones fortalecieron la posición de Cuba en la OMS, y en otros organismos internacionales, pero esto no tiene prácticamente consecuencias en lo que atañe a la reconstrucción de un proyecto socialista. La crítica del marxismo al sistema capitalista no pasa por participar en la OMS o enviar médicos a combatir el ébola en África. La gente de Liberia o Sierra Leona puede estar muy agradecida a Cuba, pero no por ello va a cuestionar el sistema de explotación al que está sometida en sus países.

Por último, en el plano ideológico, la dirección cubana apenas levanta el vuelo del reformismo burgués. La crítica castrista se centra hoy en las deudas externas, el neoliberalismo y la “globalización liberal”. En décadas anteriores se focalizaba en los términos de intercambio o en impulsar movimientos por frenar la carrera armamentista y promover la paz mundial. El cuestionamiento a las relaciones de producción capitalista y al Estado, brilla por su ausencia en el discurso castrista. El actual giro al mercado de Cuba se inscribe entonces en este contexto político estratégico de larga duración.

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“Cuba: crisis, globalización y giro al mercado (14)”

8 comentarios

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  1. Reblogueó esto en Gerardo Daniel Rossi.

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    Gerardo Daniel

    02/05/2015 at 11:58

  2. Entonces imagino que estarías de acuerdo con una posición de sólo relacionarse y apoyar países socialistas como hacía Enver Hoxha en Albania?

    En caso contrario: suponiendo que Cuba fuese en el año 2000 un país socialista no-burocrático, ¿con qué gobiernos hubiese tenido que entablar relaciones o “apoyar”?

    En los años 70 ¿si no era con la URSS con qué potencia militar se defendía Cuba de la agresión imperialista?

    Me parece que, con todo respeto, hay críticas que no tienen sentido.

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    Hernan

    02/05/2015 at 12:12

    • ¿Es tan difícil entender la diferencia entre “relacionarse” y “apoyar políticamente”? La Rusia soviética en los primeros años de la revolución se relacionó diplomática y económicamente con países capitalistas, o imperialistas, sin por eso dar apoyo político a sus gobiernos (ver aquí).

      De la misma manera, Cuba podía mantener relaciones económicas con la URSS, sin por eso aplaudir la invasión a Checoslovaquia, callar los crímenes de Videla, elogiar el régimen de los Kim, o apoyar a gobiernos como el de Idi Amin o Mengistu (partes anteriores de la nota). ¿Qué queda entonces de las concepciones internacionalistas y críticas? Respuesta: nada. ¿Qué ha ganado la construcción del socialismo en Cuba con estas políticas? Respuesta: nada, solo fortalecer el régimen burocrático.

      Con todo respeto, hay defensas de las políticas burocrático-burguesas que solo tienen sentido desde la negación de cualquier programa o ideario socialista.

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      rolandoastarita

      02/05/2015 at 13:53

  3. La política internacional de Reagan no buscaba vencer militarmente, a través de los “contras”, al FSLN (Chomsky explica perfectamente esto). Simplemente apuntaba a desgastar, aislar y desvastar política y economicamente al FSLN. Un ejemplo de esto son los bombardeos a las cooperativas agrarias, principal blanco de las operaciones aereas financiadas por EEUU. ¿Si no se estaba construyendo algo distinto al capitalismo entonces, por qué se bombardeaba aquí y no el palacio de gobierno o al aparato burocrático que ud menciona? Un saludo.

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    Juan José Cassanelli

    02/05/2015 at 15:17

    • Que no se estaba construyendo algo distinto al capitalismo es un hecho, confirmado por la misma dirección del sandinismo y también por Castro. Una economía mixta, esto es, capitalismo privado más capitalismo de Estado no es socialismo. O, por lo menos, no es socialismo en el sentido que lo entendió siempre el marxismo (como explicaron alguna vez Marx y Engels, hay socialismos burgueses, pequeño burgueses o incluso reaccionarios).

      Por otra parte, es claro que una estrategia de desgaste militar y daño económico sistemático puede producir la caída de un gobierno sin que haya victoria militar. Que es precisamente la capacidad que tuvo la Contra. La crisis económica de finales de los 1980 tuvo mucho que ver con esto.

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      rolandoastarita

      02/05/2015 at 15:51

    • Agregado: Volví a leer el pasaje sobre la política de Reagan y le doy la razón en que estaba mal formulado. Lo que buscó Washington fue el debilitamiento y reemplazo del FSLN por un gobierno adicto, vía desgaste militar (a lo que se agregó todo tipo de bloqueo). Objetivamente esto puso presión para obligar al sandinismo a la negociación.

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      rolandoastarita

      02/05/2015 at 16:22

  4. Me interesarái saber tu opinión sobre la experiencia de Salvador Allende en Chile. Siempre leo tu blog y me parece sumamente instructivo. Gracias por compartir tu obra.

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    Profesor Vortcha

    02/05/2015 at 16:58

    • Desde hace mucho que me debo un escrito sobre esa experiencia que tuvo tanto impacto en América Latina y el mundo. Por ahora estoy juntando archivos y elementos. Digamos que tengo mis tiempos.

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      rolandoastarita

      02/05/2015 at 18:09


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