Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Burocracia sindical, ¿qué carácter de clase? (2)

with 23 comments

La primera parte de la nota aquí.

Posición contradictoria

 En la primera parte de la nota hemos planteado que, si bien la burocracia sindical participa de la explotación de la clase obrera, en tanto no es propietaria de los medios de producción, no pertenece a la clase capitalista. Ahora hay que ampliar esta determinación diciendo que los burócratas sindicales tampoco forman parte de la clase capitalista de la manera en que lo hacen los directores de las empresas. Estos últimos, si bien pueden no ser propietarios del medio de producción, son los encargados de dirigir el proceso de explotación; por eso corporizan, frente al trabajo, al capital en funciones, al capital en el acto de explotar. En consecuencia, el director de empresa es acreedor pleno y legal, en tanto organizador y director del proceso de explotación, a una parte de la plusvalía. De ahí que Marx lo considerase parte de la clase capitalista.

No es el caso de la burocracia sindical. Su función no es dirigir el proceso de valorización del capital, sino la de mediar entre el capital y el trabajo; para eso se ocupa de controlar, canalizar conflictos y bloquear corrientes revolucionarias o contestatarias al interior de las filas obreras. En tanto cumple ese rol, el capital y el Estado consienten en que se apropie de una parte de la plusvalía. Sin embargo, esa apropiación no deriva directamente de la relación de producción capitalista. De ahí que los ingresos del burócrata sindical no tengan la estabilidad de la que goza la ganancia empresaria o el dividendo del accionista. Por lo que se concluye que existe una posición contradictoria: el burócrata no encarna la propiedad privada del capital, ni al capital en funciones, frente al trabajo. Sin embargo, participa de la explotación del trabajo.

Por eso también, desde el punto de vista de la reproducción de conjunto del capital, la apropiación de plusvalía por parte de la burocracia sindical representa un gasto improductivo de plusvalía (o sea, un gasto que va en desmedro de la compra de trabajo productivo, que genera más plusvalía). Sin embargo, para el capital es un gasto necesario, que tiene su fundamento en el carácter antagónico de la relación de producción. Atañe a la necesidad de reproducción del sistema. Pero esa necesidad existe en la medida en que la clase obrera pueda representar un peligro, aunque sea latente, para la continuidad más o menos normal de la explotación. Es que una fuerza laboral completamente sujeta y controlada, desmoralizada y sin capacidad de lucha, no representaría peligro alguno; y por eso mismo, haría prescindible a la burocracia, a los ojos del capital. De manera que el rol mediador y controlador de la burocracia sindical depende de que el poder de la clase obrera se mantenga dentro de ciertos límites: por “arriba”, no debe poner en peligro la acumulación de capital; por “abajo”, no deben anularse los espacios para la negociación. Por esa razón la burocracia está obligada, hasta cierto punto, a defender demandas y reivindicaciones de la clase obrera. Es que si no hay cierto poder de la parte del trabajo, no hay negociación posible frente al capital, pero entonces tampoco participación en la explotación de la clase obrera.

La cuestión se puede ver también desde el punto de vista de los mecanismos concretos por los cuales la dirigencia burocrática recibe sus ingresos: en su mayor parte los percibe bajo la forma de descuentos de los salarios y, más específicamente, por “desvíos” de lo que debería integrar el salario indirecto (por ejemplo, apropiación de fondos destinados a beneficios sociales). A semejanza de lo que ocurre con los impuestos que pagan los trabajadores, esos fondos que se apropia la burocracia sindical son plusvalía. Pero ese mecanismo de apropiación es una causa inmediata para que la burocracia ponga límites, en determinadas coyunturas, a la acción del capital.

Las cuestiones de legitimación frente a las bases obreras, y las vinculadas a la producción y reproducción de discursos ideológicamente funcionales a la dominación capitalista –típicamente, la conciliación de clases y la exaltación nacionalista- se vinculan estructuralmente con esta situación contradictoria que hemos descrito.

Formas en transición

La circunstancia que hemos analizado, la del dirigente sindical que se apropia de plusvalía sin ser propietario ni director de empresa, parece ser la más general. Sin embargo, como lo muestra el caso de la UOM con que iniciamos la nota, existe un impulso objetivo a que, en la medida en que se mantiene la apropiación de plusvalía, sectores de la burocracia se transforman en capitalistas “hechos y derechos”. La acumulación de dinero, que excede en mucho las necesidades del consumo de lujo –al que se han habituado muchos burócratas- explica el impulso a convertir ese dinero en “valor en proceso de valorización”, esto es, en capital. El dirigente que se apropia de fondos sindicales, por un lado, y por otra parte incrementa su patrimonio en tanto capitalista, es cada vez más frecuente. Su ideología y práctica se identifican con el capitalismo. Lo cual no anula que su participación en la apropiación de los fondos sindicales siga estando condicionada a que pueda exhibir un cierto poder de negociación frente al capital particular al que se vincula su sindicato, o frente al Estado.

Existen, por otra parte, varias formas híbridas y disimuladas de capitalismo sindical. Por ejemplo, cuando un sindicato es propietario de una empresa capitalista. Desde el punto de vista formal, se diría que una parte de la clase obrera (la organizada en el sindicato) explota a otra parte de la clase obrera (la que trabaja en la empresa propiedad del sindicato). Sin embargo, el contenido real no es ese, ya que el sindicato, en los hechos, está manejado por una casta que se apropia de los frutos del trabajo que explota. Esta situación tiene cierta similitud con lo que ocurre en las empresas estatales, que formalmente “son de todos”, pero en realidad están al servicio del enriquecimiento de la burocracia estatal capitalista. Otro caso es cuando la burocracia sindical se enriquece manejando obras sociales que incluyen la explotación directa de trabajadores, por ejemplo, de la salud.

Algunas conclusiones políticas

Desde el punto de vista de la política, entender el rol contradictorio de la burocracia sindical puede ayudar a superar caracterizaciones demasiado lineales en que incurren algunos sectores de la izquierda. En particular, la idea de que en toda ocasión que se le presente la burocracia traiciona a los trabajadores y se alinea con la patronal. Este tipo de enfoque está sintetizado en la película “Los traidores” –un clásico del cine de denuncia y de izquierda- de Raimundo Gleyzer, de 1973. Es la historia de un sindicalista (al que es fácil identificar con José Rucci) que pasa de ser un delegado que se preocupaba por sus trabajadores, a un burócrata defensor, en todo momento, de la patronal.

Si bien se puede acordar en que la evolución de muchos dirigentes gremiales es la que describe Gleyzer, el accionar del burócrata, sin embargo, es más complejo que lo que pinta la película. Es que el dirigente sindical necesita defender posiciones frente a la patronal, al menos hasta cierto punto, porque de lo contrario no podría cumplir con su función. Por eso no puede ser un mero títere de la patronal. Para explicarlo con un ejemplo actual: si fuera una correa de transmisión directa y mecánica de los intereses de la patronal, no se podría entender por qué un dirigente como Hugo Moyano, de Camioneros, recibe, en las elecciones del gremio, el apoyo del 75% de los afiliados. Esto no se puede explicar por simple “engaño” de las bases, o por la falta de democracia sindical (que efectivamente, no existe); tampoco se puede entender si partimos del supuesto de que la burocracia de Camioneros está siempre linealmente alineada con la patronal. La burocracia es fundamental para el sostenimiento del modo de producción capitalista, pero puede cumplir ese rol porque también sostiene posiciones elementales del trabajo frente al capital, o el Estado. De ahí que la actuación de Moyano oscila entre enfrentamientos parciales con la patronal y el Gobierno, componendas de todo tipo, apoyo al sistema capitalista, y control de las bases (y represión de la izquierda, si es necesario).

La situación contradictoria de la burocracia también ayuda a entender por qué es posible que las organizaciones de izquierda coincidan con la dirigencia gremial en unidades de acción en defensa de reivindicaciones puntuales, tales como aumentos salariales, mejoras en condiciones laborales, y similares. Pero tales acciones no deberían considerarse expresiones de la “unidad de clase”. Se trata de una unidad puntual con un estrato social que tiene una relación de explotación con la misma clase a la que dice defender. En este sentido, los términos definen el punto de vista más general desde el cual se implementa una táctica política. La unidad de acción no es con dirigentes obreros que tienen “privilegios y prebendas”, sino con un estrato social definidamente antagónico con la clase a la que dice pertenecer. La táctica unitaria puede ser útil y hasta necesaria en determinadas circunstancias de la lucha de clases, pero nunca debería perderse de vista con quién se la está implementando.

La caracterización de la burocracia sindical como un estrato social antagónico a la clase obrera también adquiere relevancia cuando apoya a gobiernos burgueses, o defiende programas favorables al capitalismo de Estado. O cuando reprime a la izquierda, en conjunto con el Estado y las patronales. Son los casos de dirigentes sindicales combinados con empresas para despedir trabajadores opositores; de burócratas actuando de común acuerdo con bandas fascistas, como sucedió con la Triple A, en los 1970; o con grupos de tareas de la dictadura argentina, como hizo Gerardo Martínez, actual secretario general de la Unión Obrera de la Construcción. No son “excesos”, sino actos que enraízan en las fuentes de acumulación de la burocracia.

Por último, tampoco debería abrigarse esperanza alguna en que esta dirigencia de burócratas evolucione hacia posiciones anticapitalistas o socialistas, por más presión que pueda haber de las bases. Ni que pueda surgir alguna forma de “partido obrero”, independiente de la clase capitalista, a partir de las actuales estructuras sindicales manejadas por la burocracia. Por ejemplo, el Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo, lanzado por Moyano, por su orientación programática, estratégica y táctica, es un partido burgués. La independencia de clase pasa, irremediablemente, por la crítica y ruptura de raíz con la dirigencia sindical burocrática.

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Burocracia sindical: ¿qué carácter de clase? (2)

Written by rolandoastarita

24/09/2015 a 10:58

23 comentarios

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  1. La burocracia sindical es un cáncer inevitable a la hora que se pongan en juego los intereses de los poderosos.La clase trabajadora será taicionada por el gremialismo subalterno al sistema del patrón capialista-burgués, al igual que la burocracia sindical enquistada en el régimen de la dictadura del proletariado, donde el papel patronal estará representado por el Estado y sus repodridas jerarquías. El modelo de máscaras en las patronales de uno u otro lado no cambia la relación entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos. En ambos modelos existen jerarquías, privilegios y abejas reinas. Que el control de la producción esté en manos de la dictadura del proletariado, no evita su semejanza al método de explotación capitalista, ni deja de ser un claro capitalismo de Estado. Tanto el capitalismo como el marxismo exponen un acentuado autoriarismo que debe ser sostenido por burócratas y represores.

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    pablo soler jover

    24/09/2015 at 13:32

    • Detalle no menor. Muchos de los militantes de “la burocracia” son trabajadores. No es casual que entre los desaparecidos del proceso figuren varios militantes a nivel planta de la verde del SMATA, por ejemplo. O no?

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      Alan

      24/09/2015 at 16:31

  2. Me parece un error poner el acento de la nota en el sindicalismo “burócrata”. El sindicalismo es parte del sistema de explotación capitalista sean sus dirigentes corruptos perdidos u honestos intachables. Me parece que fue John Kenneth Galbraith quién dijo que había sido la válvula de escape que había salvado al capitalismo de sí mismo. La revolución socialista encontrará siempre al sindicalismo cerrando filas con sus enemigos. Después de todo no es mas que la vieja disputa Marx-Lasalle que continúa hasta nuestros días.

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    José Mercado

    24/09/2015 at 16:05

  3. Es una nota que esclarece temas necesarios, pero si solo nos quedamos en la crítica a la burocracia sindical pareciera que la crítica no puede llegar al sindicalismo mismo.

    El sindicalismo en sí es una negociación entre trabajo y capital. Más inclinado para un lado o para el otro, más burocrático o más democrático, pero proceso de negociación al fin que toma como permanente la existencia del capital y del trabajo como elemento subordinado al capital. El horizonte del sindicalismo está totalmente dentro del capitalismo.

    En momentos donde está planteada la abolición del trabajo asalariado el sindicalismo pasa a ser reaccionario. En momentos de desarrollo de la autonomía proletaria las formas de organización y acción gremiales son como mínimo un estorbo.

    Estamos lejos de esos momentos todavía, y por supuesto que es progresivo luchar por un sindicalismo democrático, de base y combativo e incluso son progresivos los frentes necesarios con la burocracia para demandas puntuales. Pero desde una perspectiva comunista no hay que perder nunca de vista la limitación del sindicalismo.

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    Danilo Castelli

    24/09/2015 at 20:31

    • Creo que están haciendo un planteo abstracto. El sindicalismo existe porque existe el capitalismo y así es como funciona la sociedad. Es como la política y los partidos políticos. Miren si los revolucionarios no vamos a participar o a hacer política porque los partidos son herramientas necesarias del sistema!
      Lo que sí es necesario es aprender a hacer las caracterizaciones correctas, desde una perspectiva de clase, para una táctica correcta. Ahí me parece que está el valor de estas notas.

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      hugo

      24/09/2015 at 23:07

    • Si leés bien mi comentario, hugo, verás que ya contemplo lo que decís.

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      Danilo Castelli

      25/09/2015 at 08:46

  4. Acuerdo enteramente con que la burocracia sindical no pertenece en ningún sentido a la clase obrera.
    Ya habíamos discutido esto en función de la crítica a la posición tradicional del trotskismo y la cuestión de la posición a adoptar frente a determinados paros generales.
    Me parece importante la precisión respecto de que una ‘unidad de acción’ con la burocracia en absoluto significa una ‘unidad clasista’, en entera coherencia con el anterior concepto. No podría ser de otra manera.
    Si bien una importante fracción de la burocracia se convierte inevitablemente en capitalista, mientras no hayan hecho del sindicato que lideran una empresa hecha y derecha y vivan de parasitarlo, no serían explotadores directos, del mismo modo que puede no serlo un político burgués un legislador, un juez o hasta un presidente.
    Me desconcierta un poco lo de ‘estrato social’ que puede ser interpretado como una ‘tercera posición’ ni obrero ni burguesa.
    Creo que por el hecho de estar al frente de sindicatos ‘estatizados’ de los cuales son agentes al interior del movimiento obrero, por el hecho de vivir de la plusvalía, por acceder al consumo de lujo y por que su conducta siempre estará moldeada por la defensa de la explotación de la cual cuestionarán solo un poco el grado, por ejemplo, elevando en algún punto la propuesta del la patronal y del estado, formulada de antemano con margen para negociar sin que nada se salga de la compatibilidad con la ganancia y la acumulación, por todo ello, en suma, pienso son el producto de un división funcional de tareas al interior de la clase capitalista.
    Indudablemente es un ‘estrato’ o como quisiéramos denominarlo, antagonista a la clase obrera, pero no de la clase capitalista, respecto de la cual solo exhibe contradicciones secundarias derivadas de la función defensiva del régimen de explotación perpetrado por toda la clase dominante.

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    AP

    24/09/2015 at 22:11

    • No entiendo por qué no pueden existir estratos sociales que no encajen en la clase obrera ni en la clase capitalista. Ya discutí esto con respecto a la naturaleza del estado soviético, y la burocracia soviética, y la tesis de Trotsky sobre que su naturaleza social “debía” ser obrera o capitalista, sin posibilidad de “tercera posición”. Doy otro ejemplo: el lumpen, entendido en la acepción que da Marx en el “Dieciocho Brumario”, ¿tiene que encajar necesariamente en algunas de las dos clases principales?

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      rolandoastarita

      25/09/2015 at 08:54

  5. Gracias por responder Rolando. Sí, acuerdo con que en un estado ‘no capitalista’ o ‘burocrático’ el estrato o estamento dominante representa algo que no encaja en las clases principales. Lo veo menos posible en un estado capitalista. En mi opinión, pese a que los sindicatos no sean ‘empresas’ de las cuales la burocracia ostente el título de propiedad, por el hecho de ser organizaciones estatizadas comandadas por gestores del sistema (que cumplen con la función legal de ‘negociar responsablemente’ como dicen ellos y emprender la ‘carrera sindical’ como gusta en llamarle G. Martínez) y por todo lo demás, vivir de la plusvalía, compartir el consumo suntuario, usos y costumbres, ser de hecho una policía complementaria sobre el movimiento obrero etc. forman parte orgánica de la clase burguesa como toda casta funcionarial.

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    AP

    25/09/2015 at 10:59

    • En la nota intento explicar por qué la burocracia sindical no se puede considerar parte de la clase capitalista. Es evidente que evidente que tenemos puntos de vista distintos, pero no puedo dar más argumentos.

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      rolandoastarita

      25/09/2015 at 11:40

  6. No hay problema Rolando. Igualmente volveré a leer las dos notas con atención y a pensar el tema.
    Saludos.

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    AP

    25/09/2015 at 13:21

  7. Rolando, considerás que la categoría de burocracia sindical debería sustituir a la tradicional de aristocracia obrera? En el sentido de que si lo que hoy prima es la explotación entre clases y no entre naciones el concepto de aristocracia obrera como partícipe de la rapiña imperialista se derrumba. Y al mismo tiempo sería la burocracia la que asume las funciones de cooptación/disciplinamiento de los trabajadores.
    Esto no quita que existan estratos obreros “aristocráticos”, con unas condiciones de vida sensiblemente mejores, particularmente en los países adelantados. Pero su mejor situación relativa se debería entonces a condiciones como la mayor productividad de su trabajo, etc. y no al efecto corruptor del imperialismo. De aquí se derivan conclusiones políticas que chocan de frente con los dogmas leninistas y tercermundistas, pero no quiero extenderme.

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    max

    25/09/2015 at 14:32

    • Sí, efectivamente. La tesis tradicional de la izquierda, formulada por Lenin, dice que los superbeneficios del colonialismo (o del neocolonialismo) permiten la participación de la burocracia y aristocracia obrera (esta última serían los sectores mejor pagados de la clase obrera) de los países imperialistas “en las migajas” de la explotación. Los dirigentes obreros y la capa superior de la aristocracia obrera, al decir de Lenin, serían “sobornados”.

      Las tesis de Emmanuel sobre el intercambio desigual dieron nuevo impulso a esta idea. Emmanuel dice por eso que hay naciones proletarias y burguesas. Esto provocó muchas protestas y críticas en la izquierda; en general, la respuesta a Emmanuel fue que eran los capitalistas de los países adelantados los que se beneficiaban de la superexplotación. Pero esto no respondía a Emmanuel; después de todo, este también afirmaba que los principales beneficiarios eran los capitalistas del primer mundo, pero distribuían una parte de la plusvalía apropiada por el intercambio desigual, a la aristocracia obrera.

      En definitiva, era la tesis de Lenin, solo que había cambiado el mecanismo de apropiación de la plusvalía. El resultado es que la idea quedó establecida. Por caso, hace algunos años escuchaba a la dirigente trotskista Vilma Ripoll explicar, por TV, que “los obreros españoles viven bien [era antes de la crisis] porque España explota a los obreros argentinos [a través de Repsol, Telefónica, Aerolíneas, etcétera]. Con un enfoque semejante, no quedarían bases materiales para defender el internacionalismo. Es de destacar, además, que esto lo decía una dirigente trotskista. ¿Qué podemos esperar entonces del usual tercermundista progre-chavista o progre-kirchnerista? Además, en la tesis está implícita la apología al estatismo burgués “a lo Chávez” o “a lo Kirchner”. En última instancia, si bien con medidas burguesas, estos habrían cortado un canal de superexplotación imperialista de los obreros argentinos (¿y habría que concluir que de esta manera habrían también favorecido el internacionalismo proletario?).

      Todo esto explica también el encarnizamiento con que se atacó la idea de Marx de trabajo potenciado y se defienden las tesis de intercambio desigual “a lo Shaikh o Carchedi”, o “a lo Emmanuel”. Es una postura que se acomoda muy bien al nacionalismo burgués o pequeñoburgués.

      Más en general, todos estos enfoques que hacen hincapié en la explotación de los países dependientes son perfectamente asimilables por los gobiernos burgueses. Un caso ejemplar: por estos días Theotonio dos Santos recibe un homenaje en el Primer Congreso de Pensamiento Económico Latinoamericano, que se realiza en Buenos Aires. En el encuentro hablarán dos ministros del Gobierno K (Tomada y Kicillof) y otros altos funcionarios, más una buena cantidad de economistas “heterodoxos”. Todos reunidos bajo la consigna “Amanecer y consolidación de los gobiernos populares en América Latina. Desafíos para profundizar la transformación estructural”. O sea, el caso de Shaikh elogiando gobiernos burgueses no es tan aislado. El “marxismo-nacional” no deja de depararnos sorpresas. Tu comentario me sugiere que sería conveniente escribir una nota sobre esto. Todas las diferencias que tengo con gran parte de la izquierda giran alrededor de estas cuestiones.

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      rolandoastarita

      25/09/2015 at 15:13

    • Para PJC: no publico su comentario porque contiene agresiones de tipo personal contra un lector que opina en Comentarios. Nos puede no gustar otra opinión, pero hay que refutar con argumentos.

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      rolandoastarita

      25/09/2015 at 21:48

    • Profesor Astarita, ojalá pudiera darse el tiempo de escribir esa nota a la que hace referencia. Además sería muy interesante dónde queda desde su perspectiva la Teoría de la Dependencia, utilizando la categoría de Trabajo potenciado comov ariable explicativa.

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      luisvaldesg

      26/09/2015 at 11:49

    • El planteo del señor Astarita es cómico: cómo va a fortalecer los lazos “internacionalistas” si ataca a la unión de gobiernos populares del mundo elegidos democráticamente que se oponen al imperialismo financiero? No sólo Stalin estaba en contra de este señor, sino Lenin, Marx, todos… es imposible hacerse llamar marxista y defender este punto de vista revisionista al extremo. Y después se atreven a hablar de la “ortodoxia” o el “dogma”… por favor!

      El discurso de Astarita es bien simple: intenta reducir a los gobiernos democráticos de América Latina a meros nacionalismos estatistas y retrógrados en lo económico. ¿Cuál es la función de esta estrategia? Negar, por sobre todo, que se tratan de fenómenos mundiales e internacionalistas. La patria grande Latinoamericana no es un simple nacionalismo o chauvinismo. Se trata de la unión de la clase obrera que está combatiendo a un enemigo muy poderoso a nivel mundial que es la burguesía financiera que financia a los ejércitos imperialistas. Es muy claro que el escenario político que se vive hoy es muy similar al que se vivía antes de la Segunda Guerra. Hobsbawn era claro cuando decía que había sólo dos cosas para elegir, la patria obrera (Stalin) o el fascismo (burguesía internacional). De qué lado está Astarita?

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      José Acero

      07/10/2015 at 16:27

    • Su planteo “no reduccionista” es que yo estoy del lado del fascismo, del capital financiero, de la burguesía internacional.
      En cambio los gobiernos tipo Kirchner están del lado de la unidad mundial de la clase obrera contra la burguesía. Y esto no es cómico; está dicho con toda seriedad.
      Indudablemente, después de semejante proeza del pensamiento “teórico-práctico”, las neuronas bien merecen un descanso.

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      rolandoastarita

      07/10/2015 at 16:45

  8. Reblogueó esto en Gerardo Daniel Rossi.

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    Gerardo Daniel

    25/09/2015 at 16:47

  9. Para mí la mejor figura con la que comparar a un sindicato es la de un abogado. Puede ser un abogado corrupto o leal. Pero incluso en el segundo caso, en el de un sindicato que defiende realmente los intereses de sus clientes/afiliados, el sindicato no es los trabajadores así como el abogado no es el cliente.

    Obviamente esto es válido cuando estamos hablando de una estructura más grande que una comisión interna o cuerpo de delegados, una estructura que ya tiene una autonomía relativa respecto a sus afiliados.

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    Danilo Castelli

    25/09/2015 at 18:13

  10. La idea de que la burocracia sindical es un estrato social diferente de la burguesía o del proletariado ubica a aquel estamento en su justo lugar; es decir, no son burgueses, no son pequeñoburgueses, no son campesinos, no son proletarios. Es una idea adecuada porque ayuda a la delimitación y a la caracterización particular de esa categoría social determinada. El mismo criterio se debe aplicar para las burocracias estatales y para los cuerpos armados.

    Una pregunta Rolando: ¿cuál es la diferencia entre clase, estrato o estamento?; podría agregar “casta” pero creo que ese concepto es más claramente diferenciable, en cambio los tres que mencioné al comienzo creo que no están tan bien definidos o delimitados.

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    Eduardo

    26/09/2015 at 01:00

    • No tengo en claro cuál pudiera ser una definición en general, esto es, aplicada a todo modo de producción, de estrato o estamento. Personalmente utilizo estas categorías de manera bastante elástica, y para referirme a cuestiones de la sociedad capitalista (no tengo conocimiento para hablar, por ejemplo, de los estamentos en el feudalismo y su relación con las clases sociales de esa sociedad). En consecuencia, en determinado momento puedo hablar de estrato al interior de una clase social, esto es, para definir a un grupo particular pero contenido en los límites que definen una clase; o, como en el caso de la nota, utilizo el término estrato para designar un grupo social que no se deja encasillar en alguna de las clases sociales propias de la sociedad capitalista.

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      rolandoastarita

      26/09/2015 at 11:34

  11. La nota resulta interesante. Sin embargo, es una lástima que no tengas en cuenta -al menos- a los principales autores que han investigado este tema. En Argentina y en el mundo, hay una extensa bibliografía sobre esta cuestión, además de los clásicos. La ciencia avanza criticando posiciones anteriores, para no empezar de cero, como en este caso.

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    Thomas

    03/10/2015 at 14:06

    • El objetivo de la nota es discutir el carácter de clase de la burocracia sindical. El disparador inmediato fue la noticia sobre el caso UOM, pero de hecho hace tiempo tenía escrito el borrador. La inquietud surge al ver la manera en que se persiste en caracterizar, en la izquierda, a la burocracia sindical como una parte, o estrato, integrante de la clase obrera. Una postura típica es la de partidos trotskistas; puede verse un ejemplo en el debate que organizó el PTS (http://www.pts.org.ar/Los-sindicatos-y-la-burocracia-sindical). Encuentro la misma caracterización en Mauricio Torme, 2013, “Reflexión teórico-política sobre la burocracia sindical” (http://www.aacademica.com/000-038/642.pdf), donde sostiene que la burocracia es “una fracción de la clase”.

      Como contrapartida, también está la tentación de caracterizar a la burocracia directamente como parte de la clase capitalista, a partir de que tienen empresas. Aunque a veces la cuestión queda ambigua. Por ejemplo, Jorge Altamira en un reportaje concedido en 2014 decía que la burocracia “ha desarrollado un fuerte carácter patronal con empresas propias” (ver http://revistaultimoround.com.ar/altamira-responde/). Mi planteo tiende a poner el asunto en un plano más general y definido. Aprovecho también para aclarar que, de acuerdo a la última nota que publiqué, puede verse, además, que es distinto de lo que decía Trotsky de la burocracia (aquí; entre “ser parte de la clase obrera” y ser agente directo y lineal del Estado y el capital, hay mediaciones).

      Por último, creo que la caracterización que presento de la burocracia sindical encajaría bastante bien en los fundamentos sociales del accionar de la burocracia sindical que describe Agustín Santella en “Datos, teoría y política. Respuesta a una crítica de Harari y Egan”, Razón y Revolución Nº 27 (http://revistaryr.org.ar/index.php/RyR/article/viewFile/519/544). En particular su afirmación de que “la burocracia no puede existir como externalidad puramente represiva sino que reproduce bases de apoyo entre los trabajadores”. Aunque no sé si Agustín coincide con el planteo que hago en torno al carácter de clase de la burocracia sindical (esto es, no sé si la considera una fracción de la clase obrera; no conozco lo suficiente su obra).

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      rolandoastarita

      03/10/2015 at 15:30


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