Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Subsidios, valor y mercado

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La eliminación de los subsidios a los servicios públicos ha sido interpretada por algunos como una profundización “del modelo K” en dirección de una mejor distribución del ingreso y, tal vez, hacia un desarrollo más armónico. Desde la izquierda se ha respondido que se trata, en lo esencial, de un “ajuste” contra los trabajadores y las masas populares. Los K-partidarios responden preguntando qué tiene de progresivo subsidiar a los sectores de altos ingresos, o a los casinos, bancos e hipódromos, y aseguran que no se van a tocar los salarios. La izquierda más radicalizada retruca diciendo que ingresos de los asalariados van a bajar inevitablemente; que el Gobierno procura asegurar las ganancias de los grupos económicos y el pago de la deuda; y propone, para defender el salario, el control obrero de la economía.

El objetivo de esta nota es analizar algunos de estos argumentos, pero en un marco distinto del que se ha propuesto. Su idea básica es que la supresión de los subsidios y los aumentos de precios de muchos bienes esenciales, que han sido autorizados por estos días, representan el fracaso del propósito de “dominar” al mercado desde el Estado. Un tema que ha sido clave en el discurso K, por lo menos desde el conflicto con el campo. Es que con insistencia, desde el K-izquierdismo (integrado incluso por algunos ex marxistas) se ha afirmado que el Estado “popular” debe imponerse a las fuerzas del mercado. En otras palabras, que la política debe tener las riendas, por sobre la economía. Y es una idea que goza de simpatías en amplios sectores de la población, sean o no peronistas. También periodistas, sociólogos, economistas y políticos progresistas, aunque críticos del Gobierno, aceptan como algo natural que los precios pueden decidirse desde el Estado. E incluso la izquierda más radical, cuando propone que los trabajadores controlen costos, ganancias y precios, de alguna manera está diciendo que el objetivo se puede cumplir, aunque no con los métodos “reformistas” del gobierno K.

Pues bien, ya en 2008, cuando ocurrió el conflicto con el campo, planteé que era imposible determinar los precios desde el Estado, y que esa política iba a fracasar. Mis argumentos se basan en la teoría del valor trabajo de Marx, y más en general, en la concepción materialista, que dice que la política del Estado capitalista está determinada por las relaciones sociales capitalistas, y no al revés. Algunos de esos escritos de 2008 fueron reunidos en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo. En esta nota vuelvo a exponer la cuestión, tal como la presenté entonces, para sacar luego algunas conclusiones referidas a la política de los socialistas. Empiezo resumiendo la tesis K-progresista sobre la relación Estado y mercado, y su relevancia para el “modelo K”.

Gobierno capitalista y mercado

Cuando estalló el conflicto con el campo, los defensores del Gobierno (en especial los más izquierdistas) sostuvieron que la suba de las retenciones, junto a los precios máximos de muchos productos, los cupos a las exportaciones de alimentos y los subsidios a sectores de la producción, conformaban una ofensiva de conjunto cuyo objetivo último era imponerse a la lógica de los mercados. Pensaban, además, que a través de las transferencias entre ramas de la economía, -posibilitadas por el manejo de los precios-, se consolidaba el desarrollo basado en el tipo de cambio alto. La meta era desviar una parte de las rentas (y parcialmente de las ganancias) agrarias a empresas productoras de alimentos, a las energéticas, el transporte y otras ramas de servicios, para frenar la suba de esos precios, y evitar la erosión de la competitividad cambiaria. Para este fin, también se habían establecido los subsidios a las tarifas de servicios públicos (electricidad, agua, transporte, etc.), aunque con grandes desigualdades regionales. De conjunto, con estas medidas, además de frenar la suba de precios de insumos para las empresas productoras de bienes transables, se buscaba abaratar el costo de la mano de obra para el capital en general. En una lógica de “todo es ganancia”, también se pensaba que el esquema favorecería el alto consumo de los sectores altos y medios (muchos de los cuales tenían las tarifas subsidiadas) y de importantes franjas de los asalariados. El crecimiento sería tirado por la demanda; y ésta por el consumo. La inversión vendría como consecuencia. En el extremo, algunos teorizaron que bastaba con esto para que hubiera inversión, dado el principio de aceleración (ver aquí para una crítica). Naturalmente, el alto precio de los granos era un pilar para que el esquema se sostuviera. Con este respaldo, se creía que con una suficiente dosis de aranceles, subsidios, tipos de cambio diferenciados, precios máximos y similares, (más manipulación del INDEC para bajar el índice de la inflación) se podría desarrollar un vigoroso capitalismo nacional. Para esto, el ministerio de Economía debería determinar el nivel de retenciones que no desalentara la producción agrícola; aunque lo suficientemente alto como para que el Estado recaudara y pudiera otorgar subsidios, a fin de que no aumentaran los precios, y se mantuviera el nivel de cambio “competitivo”. A lo que se sumarían, en el escenario óptimo, políticas discriminadas para favorecer a las pequeñas y medianas producciones (nunca debe olvidarse a este componente imprescindible del proyecto nacional). Y así habría de seguir el asunto con cada producto o rama relevante de la economía. Si el Estado podía “dominar”, la batalla estaba ganada, ya que la determinación de los precios era una cuestión política, y se decidiría por relaciones de fuerzas.

Enfoques alternativos

Enfrentada a la tesis anterior encontramos dos variantes, una de la izquierda y otra del mainstream de la teoría económica, que en términos generales podemos englobar en los llamados nuevos keynesianos. La crítica de izquierda, a la que ya nos referimos, sostiene que los trabajadores deben controlar los costos de producción y obligar a las empresas a fijar los precios correspondientes. La crítica del mainstream económico, en cambio, plantea que el mercado debe operar con la menor cantidad de regulaciones posible. Aunque admite que durante las crisis, o en los períodos de debilidad de la acumulación del capital, la injerencia del Estado debe incrementarse, sostiene que tiene que aflojar en las fases de ascenso económico. En otras palabras, debería haber alguna combinación precisa de intervencionismo y competencia para cada coyuntura. Desde este punto de vista, era aceptable y necesario que durante la crisis de 2001-2 hubiera más intervención, pero ya no a partir de 2006, por ejemplo. Naturalmente, el apoyo que tiene esta tesis en la clase dominante se matiza y precisa según la manera en que se afecten, o beneficien, los intereses de una u otra fracción. Sin embargo, en términos de los intereses del capital “en general”, se admite la necesidad de eliminar regulaciones -la competencia debe decidir quien prospera y quién cae- y de ahí el consenso con que han sido recibidas las medidas dispuestas por la presidenta CK. Si el mercado funciona, se afirma, se llega al mejor de los mundos.

Por último, frente a las anteriores posiciones, la postura del marxismo es crítica del mercado, pero también afirma que, en tanto existan relaciones sociales capitalistas, será imposible reemplazarlo por el Estado. Es en este punto donde se traza entonces una marcada división entre los marxistas y los defensores del socialismo estatista, o del nacionalismo burgués estatista.

Precisiones

Antes de abordar la crítica del marxismo a la concepción burgués-reformista sobre el mercado, es necesario despejar algunas cuestiones. La primera se refiere a la creencia de que la intervención económica del Estado es sinónimo de una política progresista y de izquierda. El hecho es que ha habido regímenes muy reaccionarios e intervencionistas. Por ejemplo, bajo la dictadura de Franco, en la España de los 1940 y 1950, el Estado imponía precios máximos y otras regulaciones, y sin embargo el régimen era de derechas y ferozmente enemigo del socialismo. Otro ejemplo lo tenemos en Argentina, en los 30, cuando se estaba iniciando la industrialización por sustitución de importaciones. La presidencia de Agustín Justo fue altamente intervencionista: creó el Banco Central, la Junta Nacional de Granos, la de Carnes, la Junta Reguladora de Vinos; además, se sancionaron leyes que regulaban la actividad bancaria y las inversiones; y se crearon Fabricaciones Militares y Altos Hornos Zapla. Todo lo cual no impedía al Gobierno firmar el pacto Roca Runciman y mantener una política general de derecha. En definitiva, el estatismo económico, en sí mismo, no garantiza ningún contenido social progresista. Muchas veces está al servicio de políticas muy favorables para las empresas (o para algunas de ellas), y en nada mejora la posición del trabajo frente al capital. Para ponerlo con un K-ejemplo reciente, subvencionar al hipódromo, los bingos y los casinos, no aporta al desarrollo de las fuerzas productivas, ni a la mejora de la distribución del ingreso. Los análisis siempre deben ser concretos (para una crítica al estatismo burgués, ver aquí).
En segundo lugar, si bien el marxismo es crítico a la pretensión de determinar los precios desde el Estado, sostenemos que un cierto nivel de intervención estatal en la economía puede contribuir a la formación de una clase capitalista. La experiencia histórica es clara al respecto. Por caso, Inglaterra, antes de la Revolución Industrial, fue proteccionista; como lo fueron Alemania y EEUU en el siglo XIX; y muchos otros países europeos que lograron industrializarse. Por esta razón, Marx y Engels plantearon que el proteccionismo podía ser útil en la fase de surgimiento de una burguesía industrial. También está la experiencias de los países del Sudeste asiático, que experimentaron altas tasas de crecimiento con Estados que imponían rígidos controles sobre las empresas favorecidas con subsidios. Aunque hay que señalar que esas empresas estaban obligadas a ser competitivas en los mercados internacionales; y que los Estados también establecieron un férreo control sobre el trabajo, a fin de que el capital dispusiera de amplias posibilidades de explotación. Recordemos que la intervención del Estado nunca es “neutra” con respecto a la clase obrera; pedir un “Estado fuerte” es abogar por un Estado capitalista fuerte.

En tercer lugar, la crítica a la pretensión de que el Estado capitalista pueda “dominar” la ley del valor trabajo no significa renegar de las regulaciones estatales. Éstas son necesarias para la protección del medio ambiente, por ejemplo; para defender la salud de la población; parar el trabajo infantil; limitar la jornada de trabajo; proteger los derechos laborales de la mujer o los inmigrantes, etc. Demandas de este tipo deben figurar en el primer plano de cualquier programa reivindicativo de la izquierda, o que simplemente se considere progresista. Muchas veces, incluso el mismo Estado tuvo que ponerse por encima de los intereses individuales de los capitales para beneficiar de conjunto a la clase capitalista. Sin embargo, de aquí hay un trecho demasiado grande a pensar que el Estado pueda superar la anarquía de la producción basada en la propiedad privada y el mercado. Y éste es el punto clave de la crítica de Marx y Engels al proteccionismo, que analizamos en seguida.

Teoría del valor y mercado

En este apartado resumimos los puntos esenciales del Prólogo de Engels a la publicación del escrito de Marx sobre librecambio. La importancia del texto de Engels es que aplica la teoría del valor trabajo a un tema concreto, como es el proteccionismo (y la fijación de precios por el Estado capitalista) y por esto mismo sugiere un enfoque, y proporciona elementos, que son útiles para el análisis de lo que sucedió en Argentina.

La primera cuestión que destaca Engels es que el proteccionismo tiende a generar, inevitablemente, una espiral de subsidios y más proteccionismo. Es que si se protege a una industria, argumenta, se perjudica a otra, y por lo tanto hay que protegerla. Pero al hacerlo, ahora se perjudica a la industria a la que primero se quería proteger, y entonces hay que compensarla. Y esta compensación reacciona, como antes, sobre todas las demás industrias, y así de seguido. De esta manera, se va estableciendo una red cada vez más intrincada de subsidios cruzados. Que es lo que sucedió en Argentina. Por ejemplo, cuando aumentaron, en 2007, las retenciones de la soja al 27,5%, el Gobierno explicó que tomaba esa medida para compensar a los productores de trigo, ya que los precios del cereal estaban reprimidos, debido a las limitaciones que se habían dispuesto a las exportaciones. También dijo que con las retenciones se subsidiaría a los feedlots, y a los criadores de pollos, que estaban siendo castigados por el aumento de los precios del maíz. Y ya entonces los molinos recibían subsidios por el trigo que pagaban por encima de un determinado máximo, establecido para el mercado interno, con la condición de mantener la harina destinada al mercado interno a los precios de noviembre de 2006. A su vez, debido a que los criadores de ganado, pequeños y medianos, se quejaban porque los feedlots les “pisaban” los precios -debido a los precios máximos-, el Gobierno también les dedicó subsidios especiales. De esta manera, un granjero que tenía soja en una parte de su explotación, trigo en otra, y ganado en una tercera, pagaba al Estado un impuesto con la parte sembrada con soja, para que el Estado le devolviera ese mismo dinero por las partes del campo que tenía sembradas de trigo y dedicadas al ganado; aunque también pagaba retenciones por el trigo. A su vez, debía recibir subsidios por el gasoil, con lo que se le devolvía otra parte de los impuestos que había pagado con la soja y el trigo. Y así podría seguirse con cada una de las industrias, explotaciones agrarias, medios de transporte, etc., cada uno con sus respectivos precios máximos, cuotas para vender, subsidios por cobrar. Si a esto se suma que se pretendía diferenciar por tamaños de explotación, cada vez se haría más difícil calcular cuáles eran los costos, las rentabilidades reales, y decidir a qué sectores subsidiar, y en qué medida. Pero año tras año crecía la madeja de subsidios, y con ella los montos comprometidos. Para peor, esta situación se repitió en otros sectores, dando lugar a todo tipo de distorsiones, e incluso aberraciones, que se han aireado por estos días (por ejemplo, las diferencias entre los precios de transporte público de pasajeros en Buenos Aires y las provincias, etc.). A lo cual se sumaban otras distorsiones, como las que derivaban de la pretensión del INDEC de tapar la inflación. Por caso, las empresas eran presionadas a no aumentar los precios de algunos productos por la simple y estúpida razón de que esos bienes eran tomados en las estadísticas para el cálculo del IPC. Todo esto en el marco de los múltiples e infaltables vericuetos de la burocracia del Estado capitalista, por las que siempre se cuelan oportunidades para las estafas, y para enriquecerse con todo tipo de maniobras.
Por otra parte, en las economías capitalistas ocurren constantes cambios de productividad, de manera que lo que hasta ayer pudo haber sido una estructura de subsidios balanceada, hoy ya no lo es. Además, estas transformaciones suceden al interior de las empresas y se manifiestan ex post en los mercados, donde la ley del valor determina, a través de los precios, qué parte del trabajo social puede gastar la sociedad en cada tipo particular de mercancía. Este “salto” mortal de la mercancía, como lo llamaba Marx, no puede evitarse con la intervención del Estado. Por eso también, no existe algún aparato estatal capitalista que pueda determinar si se han producido cambios en los tiempos de trabajo socialmente necesarios; qué incidencia tienen las transformaciones tecnológicas; cómo influyen las variaciones de la demanda y de las necesidades sociales sobre los precios; o en qué medida precisa los cambios de los precios internacionales afectan los costos y rentabilidades relativas de los sectores. Y por sobre todas las cosas, la ley del valor domina el mercado mundial, y ningún mercado “nacional” puede abstraerse de esta circunstancia. Ni Aerolíneas Argentinas, ni American Airlines pudieron abstraerse de la competencia, y de la presión que ésta ejerce para que el capital incremente la “productividad” del trabajo (generación de plusvalía). En la medida en que se expande el modo de producción capitalista -y el mercado mundial- todas las fracciones del capital son sometidas a la misma constricción. De ahí que incluso las empresas estatales, aunque sean manejadas por funcionarios “de izquierda”, cada vez más incorporan los criterios de la valorización y de la ganancia en su funcionamiento; lo dicta el mercado.

Finalmente, giro “a la derecha”

A partir de lo explicado puede entenderse por qué, dentro del esquema del capitalismo estatista, paulatinamente se acumulan desequilibrios, surgen cuellos de botella y aparecen crecientes problemas de productividad, en uno u otro sector. Los capitalistas que sobreviven con subsidios invierten poco y no amplían su capacidad productiva; los costos son crecientes, y los precios no se adecuan con la rapidez o flexibilidad que lo exigen los capitales. Además, la falta de inversión en sectores clave distorsiona más aún la estructura productiva, o se hace sentir en la balanza comercial. Los casos de la producción energética, o la industria de la carne y frigorífica en Argentina, son demostrativos de esta dinámica. De esta forma, los desequilibrios en los sistemas de subsidios y precios administrados desde el Estado se reproducen a escala ampliada a medida que avanza la acumulación del capital. En definitiva, no se logra lo que se decía buscar, un desarrollo relativamente armónico de las fuerzas productivas, con distribución progresista de los ingresos. Por eso, llega algún punto en que es imposible mantener el esquema. Generalmente, esto ocurre en coyunturas específicas, como pueden ser crisis capitalistas (internas o externas), que agravan las condiciones de reproducción del capital y de recaudación fiscal. También puede contribuir la salida de capitales, un deterioro de la competitividad del tipo de cambio, o alguna combinación de estos factores (u otros). Lo importante es que llega una instancia en la que se desarma (al menos parcialmente) la trama de subsidios y se liberan los precios que estaban contenidos, a cambio de que los capitales, “ahora sí”, inviertan. El aumento de los precios de la canasta de bienes salariales significa entonces un aumento de la tasa de plusvalía. El principio básico del capitalismo termina imponiéndose: la tasa de ganancia rige la decisión de inversión, por más discursos “científicos” que quisieron negarlo. El mismo significado tiene el “deslizamiento” del precio del dólar: los salarios se abaratan en términos de la moneda mundial. Es la sustancia del “modelo de crecimiento con tipo de cambio alto”. Ahora el énfasis pasa a estar en el aumento de la productividad y bajar costos. Es el discurso de la presidenta CK por estos días. Es “el capitalismo serio”. Por supuesto, en estas circunstancias pueden ser muy apropiados los “renunciamientos de los ricos a los subsidios”, para demostrar que en aras de la Patria ningún sacrificio es poco. Sabedores de su papel, los cuadros del movimiento nacional insisten en que es el momento de la “integración social”. Conciliación de clases, en lugar de lucha de clases. Las relaciones sociales, una vez más, dominan el discurso, pese a lo que algunos quieren creer sobre sí mismos. Lo importante, para lo que nos ocupa, es que el giro significa que no se ha dominado al mercado. En la óptica de la izquierda radical esto se interpreta como un “giro a la derecha”, pero en realidad, está en la lógica del capitalismo. El gobierno K es un gobierno capitalista, al frente de un Estado capitalista, y nadie tenía que esperar peras del olmo.

Política ante la coyuntura

El análisis en términos de valor sirve para avanzar una postura socialista, que sea independiente de las pugnas interburguesas, y asimismo evite caer en programas o consignas utópicas. En este último respecto, pretender que se pueda establecer el control obrero sobre la producción, y fijar precios que permitan mejorar la distribución del ingreso y el desarrollo de las fuerzas productivas es, para decirlo en términos suaves, ingenuo. No hay manera de aplicar semejante programa bajo un régimen capitalista. Por este motivo, ni a Marx, ni a los teóricos y políticos del marxismo clásico, se les ocurrió que a fin de defender el valor de la fuerza de trabajo la clase obrera debiera determinar los precios del pan, del combustible, o de cualquier otro producto básico, en los marcos del sistema capitalista. Intentar aplicar esta política llevaría a meterse en las redes de la colaboración de clases. Pero tampoco tiene sentido que los trabajadores traten de mediar en las formas en que la clase dominante distribuye las cargas fiscales entre sus diferentes fracciones. Por eso, la política de clase debería pasar por la exigencia de que no disminuya el salario real, esto es, el poder adquisitivo medido en cierta canasta de bienes; o exigir un seguro al desempleo universal. Con la quita de los subsidios millones de trabajadores van a ver mermados sus salarios. Todo apunta a que en los próximos meses el punto del enfrentamiento -en torno al cual habría que unir fuerzas- se dará en torno a la cuestión salarial. Es el producto necesario del antagonismo entre el capital y el trabajo. Una vez más, y como no puede ser de otra manera en este sistema, el enfoque del marxismo se opone por el vértice a la ideología y política dominantes.

Textos citados:
Engels, F. (1888): “Preface, On the Question of Free Trade”, en http://www.marxists.org/archive/marx/works/1888/free-trade/index.htm.
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.
Marx, K. (1848): “On the Question of Free Trade”, en http://www.marxists.org/archive/marx/works/1848/free-trade/index.htm.


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Subsidios, valor y mercado

Written by rolandoastarita

01/12/2011 a 11:35

38 comentarios

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  1. Muy buen articulo. Sin duda, para mi da en el blanco y pasa todas las contrastanciones con la realidad. Ahora bien ¿no sucede en toda américa latina lo mismo con los llamados gobiernos progresistas? A esta corriente se le puede llamar Politicismo, es decir aquellos que piensan que la política o el derecho-lo que es peor- lleva las riendas de la sociedad. Los autores que pertenecen a esta corriente son: Roberto esposito, giorgio agamben, negri, Michel foucault(todo es politica),laclau, jorge aleman, jacques ranciere,etc. Como se ve todo el establishment que se ve en las universidades. Las ideas dominantes de una epoca son las de las ideas dominantes de las clases dominantes(o por lo menos aquellas que no le hacen nada ni siquiera les tocas sus intereses).

    javier

    01/12/2011 at 14:43

  2. Estimado Rolando,

    La lectura de este y otros artículos me deja una duda: usted siempre escribe en sus artículos en términos de “Estado burgués” o “Estado capitalista”. Me gustaría preguntarle si lo hace en el sentido de adjetivar un Estado (en ese caso habría un Estado socialista, o un Estado de izquierda, “mejor” o más valorable que un Estado capitalista); o si lo hace en el sentido de reforzar la idea de que todo Estado es capitalista, como institución social capitalista.

    ¿Tiene algún artículo relacionado con este problema?

    Gracias y saludos.

    Ariel

    01/12/2011 at 15:25

    • Lo hago para que se tenga presente siempre que el Estado no es neutro. En última instancia, la ilusión de los reformistas es que el Estado es un instrumento cuya política y dirección depende exclusivamente de quién lo conduzca. No he escrito mucho sobre el Estado. De todas formas, tal vez le pueda interesar un trabajo que tengo en mi página web (www.rolandoastarita.com), que fue publicado en su momento por Realidad Económica. El título es “Estado y relaciones sociales” (en “Artículos publicados”). Allí aplico la noción de “totalidad orgánica” para abordar la cuestión del Estado. Tal vez en el futuro escriba una versión más resumida de ese trabajo, para publicarla en el blog (me acaba de dar la idea con su pregunta).

      rolandoastarita

      02/12/2011 at 08:49

  3. El problema que yo veo a su, por otra parte excelente, análisis es que nunca se define cómo sería una economía socialista donde no hubiese que regirse por la ley del valor y la tasa de ganancia.
    ¿Cómo sería esa economía? En la URSS no había ni mercados ni ley del valor ni tasa de ganancia, pero había problemas hasta para que un pedazo de carne llegase a la carnicería. Quiero decir con esto que mientras no se defina cómo sería el socialismo, es decir, por qué sería mejor que el sistema capitalista, nadie va a confiar en estos análisis maximalistas donde se nos demuestra que el capitalismo es lo peor.
    Si no ofrecemos alternativas, nunca se nos hará caso.
    Por ejemplo, John Roemer ofreció un interesante modelo alternativo no capitalista de un sistema económico, pero mucho me temo que no evitaría ni las crisis, ni las malas políticas ni otras muchas cosas.

    Jose M.

    01/12/2011 at 17:06

    • Hace un tiempo escribí unas notas sobre la URSS (“¿Qué fue la URSS?”), en una de ellas analizo algo de lo que usted plantea sobre los problemas de ese tipo de economía; pero también explico por qué no debería considerarse a la URSS como un régimen socialista.
      El tema sobre cómo puede realizarse una transición hacia una economía que no esté dominada por el mercado exige, efectivamente, un debate especial. Algo sin embargo es claro, y es que en el marxismo (antes de Stalin) no se había instalado la idea de que el mercado podría suprimirse de golpe. Es especial, después del fracaso del intento del comunismo de guerra en los primeros años de la revolución, hubo consenso en que había que tomar muy en serio al mercado. Es cuando Lenin plantea, al final de su vida, que incluso organizar en cooperativas (reales) a los campesinos y artesanos, podría demandar décadas. Y visualiza ese camino para avanzar en la superación del individualismo. Luego, ya enfrentado con Stalin, Trotsky plantea que la transición al socialismo debería hacerse sobre la base de articular la democracia de los productores (otros agregan, también de los consumidores), el plan y el mercado. Recuerdo que el régimen stalinista suprimió la primera, y anuló también por la fuerza al segundo. El resultado fue un “plan” en el que se planificaba muy poco.

      rolandoastarita

      02/12/2011 at 08:44

    • Me pregunto: si puede considerarse que Lenin, al final de su vida, cambió su concepción sobre el socialismo. En su famoso articulo “sobre el cooperativismo”, Lenin señala que su concepto sobre el socialismo cambió en 180 grados, y dice que el socialismo es un régimen de cooperativistas cultos. Habla de un orden cooperativista sobre la base de medios de producción en poder del Estado. Dicho sistema parece asemejarse a la autogestión yugoslava, al menos en una primera fase, cuando el Estado yugoslavo percibia impuestos de las emprtesas sociales y mantenía, realmente, el principio de planificación.

      abdel

      02/12/2011 at 09:03

  4. Excelente artículo. Creo que todos – absolutamente todos- los gobiernos latinoamericanos que consideramos progresistas tiene límites de clase. Tanto en Argentina como en Brasil, donde la clase obrera es más fuerte, las cambios y las reformas llegan hasta donde los intereses de las burguesias industriales y agrarias se impongan. En países como Venezuela, donde se libra una cruenta guerra entre la nueva boliburguesía y la burguesía tradicional, los intereses de la clase obrera se úbican en un segundo plano; la nueva boliburguesía tíene como aliado a los sectores desclasados o marginales de la sociedad, que hoy constituyen las capas sociales más númerosas. Las clases trabajadoras de Brasil y Argentina son aliadas circuntanciales de sus respectivas burguesias, fundamentales para el proceso de industrialiización y crecimiento económico de las dos mayores economías de Sudamerica. Toda conquista progresista, que obtengan los trabajadores de Brasil y Argentina , se encuadra en los estrechos límites de las politicas industrialistas de ambas naciones; la actual situación, a mi modo de ver, se asemeja a la del periodo de sustitución de importaciones que imperaba en Sudamerica a mediados del siglo XX. Pedir cambios de carácter revolucionario a los llamados gobiernos progresisitas sudamericanos , es hoy una utopía. Saludos.

    abdel

    01/12/2011 at 17:24

  5. Sin lugar a dudas es una descripción muy acertada. Me surge una inquietud. Dado que los salarios están en pesos. Y el salario real se mide por una canasta de bienes en pesos. Porqué una devaluación implica el pago por debajo de su valor a la fuerza laboral?? es decir, si una devaluación implica reducir el costo laboral en dolares, suponiendo que en un primer momento no hay inflación descontrolada y vía retenciones se congela el precio de los alimentos… Es algo que siempre que lo leo me abre la duda… No se si fui claro. Saludos.
    Alejandro

    Ale

    01/12/2011 at 18:39

    • Si el tipo de cambio nominal aumenta el 10%, por ejemplo, y los precios internos y salarios aumentan inmediatamente un 10%, es claro que no ha habido ningún cambio en términos reales (el tipo de cambio real se ha mantenido). Por eso, cuando los empresarios reclaman una devaluación, o cuando la promueve el gobierno, lo que se busca es que los salarios no aumenten en la misma medida en que aumenta el tipo de cambio nominal. Ahora bien, cuando se produce una devaluación, los precios de los bienes transables tienden a aumentar en la misma medida en que aumenta el tipo de cambio nominal. Sin embargo, si mediante retenciones o cualquier otra forma de impuestos el gobierno logra que los precios internos de bienes de consumo no aumenten, podría darse la circunstancia de que el salario real no baja, aunque el salario medido en dólares cae. También pueden darse combinaciones. Por ejemplo, en términos de dólares los salarios, en promedio, en agosto de 2002 estaban un 65% más bajos que en diciembre de 2001, pero el salario real no había bajado en la misma proporción, ya que la canasta salarial se había encarecido aproximadamente un 35% (estoy citando de memoria, las cifras son aproximadas).

      rolandoastarita

      02/12/2011 at 08:57

  6. Compañero Rolo. Su nota tiene por eje demostrar la impotencia de la política burguesa frente al poder del capital y lo logra desde múltiples angulos. El actual ‘giro’ en la orientación del gobierno es la manifestación palmaria de que el intervencionismo estatal sobre el mercado, dura en tanto resulte funcional a los intereses conjuntos de la clase capitalista y mientras se sostengan las condiciones que lo permiten, pero, si admitimos que política es ‘economía concentrada’ no es posible concluir que la orientación económica del estado y su ‘junta general de negocios’, el gobierno, se haya apartado cualitativamente de lo que dictan las exigencias de clase. La recuperación económica a partir de 2002 , que combinó una fuerte desvalorización de la fuerza de trabajo autóctona con altos precios internacionales de materias primas y alimentos, fue el trasfondo que le tocó usufructuar a la saga Kirchnerista, tratando, al mismo tiempo, de establecer una base política de maniobra mediante el pacto con un sector de la burocracia sindical, la extensión del control clientelar y la represión democrática. Las ensoñaciones sobre una ‘Argentina potencia’ pertenecen más al terreno de la propaganda oficial que al de las pretensiones que realmente se pudieran haber forjado, no en las cabezas de los apologetas y tecnócratas, sino de los cuadros dirigentes más lúcidos. La ilusión de poder ‘domesticar’ al capital, sobre todo a sus fracciones más agresivas y poderosas, choca de frente con su rol de mero árbitro del común interés burgués. Ya no es posible dar a cada cual una parte substancial de una torta que se achica. De resultas, como siempre ocurre en la historia, es el gobierno el que termina domesticado en sus veleidades y actúa como punta de lanza sobre la variable de ajuste que es el valor de la fuerza de trabajo y el grado de su explotación. Viene a cuento, sobre este desenlace, lo ocurrido con el segundo gobierno de Perón, cuya dinámica quebró el Golpe. Solo si logra demostrar que es capaz de consumar esta ofensiva que atenta contra su base de maniobra política, podrá parar la sangría de divisas y generar condiciones atractivas para la inversión. Esto, sumado a la perpetuación de las condiciones internacionales que dieron vida al ‘modelo’ es la única forma de estirar el lento declive que ya ha comenzado. En lo que concierne a los planteos de la izquierda, hay una ilusión muy fuerte respecto de que el estado capitalista puede ser ‘condicionado’ favorablemente a los trabajadores, bajo la óptica que esto desarrollará contradicciones imparables, las cuales, finalmente, desembocarán en una revolución. El problema es que, aún en condiciones verdaderamente revolucionarias o incluso inmediatamente luego de la toma del poder, gobernar los precios a voluntad resulta una utopía. La propia Revolución de Octubre, demostró la necesidad de expropiar a los capitalistas como precondición de una mínima planificación. Más aún, demostró que aún bajo una transición revolucionaria, en condiciones de aislamiento, no se podía prescindir completamente del mercado durante toda una etapa. Trotsky lo resumió mediante la síntesis entre planificación, mercado y democracia soviética. Que podría decirse de la idea peregrina que el ‘control obrero’ y la ‘nacionalización burguesa’ (términos que deberían ser mutuamente excluyentes) bastan para impedir un tarifazo o hacerle pagar los costos de la crisis a los capitalistas¡
    Gracias por la atención.

    AP

    02/12/2011 at 01:08

  7. En Venezuela desde el día 22 de noviembre entró en vigencia una Ley de costos y precios justos, con la creación de una Superintendencia ad hoc. Nadie sabe cuantas mercancías controlará. Algunos dicen que son más de 500.000 productos existentes en el mercado. En fin, nadie sabe. Pero estamos seguros que son cientos de miles de mercancías.

    El objetivo de esta ley, según el gobierno, es combatir la especulación, en defensa de los pobres, los trabajadores y el pueblo venezolano.

    Por supuesto, ya regularon varios productos. El pueblo venezolano, con gran sabiduría, salió a comprar desesperado esos productos, porque saben que ninguna empresa capitalista produce a pérdida. Recordemos que el 50% de la población económicamente activa en Venezuela es “buhonera”, cuentapropista, vendedor de la calle, y pertenecen a la economía informal. Los buhoneros saben mucho de “microeconomía”. Además, son especialistas diplomados del mercado negro. Tan es así, que ya están apareciendo los productos desaparecidos, que, por supuesto, se venden al doble, triple y aún más de su valor de cambio en el mercado, dependiendo, por supuesto, de la “escasez”.

    Esta ley da hasta para “echar” bromas. Un conocido humorista venezolano, Laureano Márquez, sacó un artículo el viernes pasado, 26/11/11, en el diario TalCual, donde redactó la Ley de costos y precios justos aplicada al barril de petróleo, en contra de la especulación, en defensa de los pobres y los pueblos del mundo, por supuesto. El costo de producción de un barril de petróleo en Venezuela es de 9 dólares y se vende en el mercado capitalista internacional en casi 100 dólares.

    Según un alto dirigente del gobierno, defendiendo la nueva ley de costos y precios justos, argumentó que la ganancia “justa” de una empresa capitalista no debe ser mayor del 20%. Si se aplicara esta ley al producto bandera del estado capitalista venezolano, el barril de petróleo debería venderse a no más de 11 dólares. ¡¡¡Asombroso, el estado capitalista venezolano vive, absolutamente, de la especulación!!! Y esto en perjuicio de los pobres, trabajadores y pueblos del mundo.

    Hay que ver hasta que grado de ridiculez puede llegar la “izquierda” chavista con el objetivo de “dominar” el mercado capitalista autóctono.

    Saludos

    La duda metódica

    02/12/2011 at 17:20

    • Ya llegamos en Venezuela a lo que denomino “el cuello de botella económico”, pues no hay inversión ampliada de la burguesía tradicional, pero, a su vez, el Estado boliburgues tampoco invierte en nuevas industrias o en el agro. El Estado venezolano, si estuviese en manos de personas con tres dedos de frente, tendría que impulsar las industrias básicas nacionales y entregar los miles de galpones industriales vacíos a los trabajadores para impulsar la industria ligera. Sin ser un socialista, Bismarck impulsa la industrialización de Alemania bajo la éjida del Estado, a mediados del siglo XIX; mientras el despota revolucionario J. Stalin impulsa la acumulacón “socialista” en la URSS a partir de 1928. No hace falta ser pitoniso para prever el quiebre total de la economía venezolana en un par de años. Las consecuencias políticas e ideológicas seran el descredito de la idea socialista y de la propiedad pública, gracias a la holocracia corrupta que gobierna a Venezuela, en nombre de los nobles ideales del socialismo. Éste será el legedo del Napoleón de Sabaneta, todavía adorado por la izquierda mas atrasada de nuestra América.

      abdel

      03/12/2011 at 17:02

  8. Yo escribo desde España. Aquí con el Euro tenemos un poder adquisitivo que es un 40% superior al que corresponodería a la economía española según Krugman. Cuando sales al extranjero de turista muy bien porque es como si tu moneda fuera el marco, pero la industria española no tiene competitividad y la tasa de paro es muy elevada. Eso pasa en España pero no en todos los países de la zona Euro.
    Señalo esto a propósito de la idea que se difunde por aquí de que el capitalismo impone una ley de hierro con la que no se puede hacer nada.
    Si la ley de hierro a que os referís es la rentabilidad, está claro que en cualquier economía nadie va a invertir dinero para obtener menos salvo que al inversor le sobre. Pero NO todos los capitalismos son iguales así que algo sí que se puede domesticar el sistema. Si en Europa tenemos sanidad gratuita y en EEUU no, es por razones políticas y no por ninguna ley capitalista. Por lo mismo, tampoco es igual trabajar para una empresa pública que para el sector privado, ni en todos los países existe la especulación. en España e Inglaterra se ha especulado con la vivienda en los últimos años, pero eso no ha ocurrido en Alemania o Francia. Todos ellos son países capitalistas sin embargo.
    El problema de países como España o Argentina es su especialización en productos de bajo valor añadido como la construcción en España o la soja en Argentina. Pero NO existe ninguna ley que obligue a nadie a especializarse en eso. Nadie ha obligado a los españoles a construir trenes de alta velocidad que luego tienen solo 15 pasajeros diarios cuando se necesita que los usen millones para hacerlos rentables.
    Y en cuanto a lo de Perón, su política económica fue mucho mejor que lo que vino después, la segunda mitad de la década de los 50 fue desastrosa y no hubo ninguna sequía. El problema es que no hizo caso de Evita y no mandó fusilar a unos cuantos oficiales a tiempo.

    Jose M.

    03/12/2011 at 11:51

    • Una observación: de todas maneras el propio Perón a partir de 1951 comenzó a poner énfasis en la “productividad”; y a conciliar con el capital estadounidense. Pienso que Marx tenía razón cuando sostenía que el sistema capitalista impone sus leyes inmanentes a través de la competencia. Por otra parte, que todos los capitalismos no son iguales, es evidente. Las leyes generales se particularizan de distintas formas. Pero esa particularización no tiene que ver solo con la lucha de clases, sino también con los ciclos económicos, y otras circunstancias históricas. Por ejemplo, la actividad política y sindical en Argentina fue, por lo menos, tan intensa como en EEUU (pienso que más). Pero la desigualdad de ingresos en Argentina es mayor que en EEUU (y lo mismo se aplica en la comparación entre muchos países de América Latina y EEUU).

      rolandoastarita

      03/12/2011 at 12:30

  9. Eso de que producir un barril de petroleo en Venezuela solo cuesta 9 dólares y se vende por 100….de ser cierto sería una refutación de la ley del valor de Marx. El petroleo está caro porque hoy día apenas se cubre la demanda mundial, y dentro de poco será imposible cubrirla, la producción está estancada y en proceso de declive en muchos países.Producir un barril de petroleo es muy caro hoy día.
    Lo que no entiendo es como no se construyen más fábricas de todo para atender a la demanda existente, es lo que no me queda claro del post sobre el modelo K. Dice Astarita que los empresarios no invierten porque la rentabilidad es baja, pero ¿por qué es baja o cómo podría subir la rentabilidad para aumentar la inversión?

    Jose M.

    03/12/2011 at 11:57

    • El coste de producción del petroleo, en Venezuela, en los posos tradicionales del lago de Maracaibo y del Oriente venezolano es de 9 $ el barril, pues las instalaciones y taladros se invirtierón en la década del 30. El coste del petroleo pesado y extrapesado de la Faja del Orinoco, con las nuevas tecnologias, se estima entre 12$ y 15 $ por barril según el grado de API de mejoramiento. De la Faja del Orinoco, que tíene más 55.000 km2, se peden obtener, con las actuales tecnologías un recobro del 20%, esto es más de 250.000 millones de barriles . Además, se obtienen del mejoramiento de ese petroleo: coque, azufre y minerales preciosos. Existe en la Faja tambien un gran bolsón de gas natural, que ubicaría a Venezuela en el cuarto lugar mundial en reservas de dicho hidrocarburo. En los Estados Unidos manejan la posibilidad de un recobro en la Faja en torno al 40%, lo cual se traduce en más 500.000 millones de barriles. El precio del petroleo depende de muchos factores, pero uno de ellos es que pocos países lo tienen en grandes cantidades; la OPEP actua como un cartel.

      abdel

      03/12/2011 at 19:00

  10. Hola Rolando,

    Queda bien claro que no se puede, desde el Estado capitalista, controlar precios ni regular el mercado capitalista.

    Sin embargo en su caracterización de la URSS decías que al haber control de precios desde el Estado (Este estado no es capitalista, ni socialista, sino “burocrático”) es posible regular el capitalismo y suspender la ley del valor.

    Ahora, la naturaleza, por decirlo así, del Estado, ¿qué la determina? Si decimos que la determina una ley económica estamos fritos, no hay salida del capitalismo, no hay Estado posible que no sea determinado por la economía, y el desarrollo de las fuerzas productivas por sí solo no transiciona hacia el socialismo.

    Entonces… ¿que determina a tu modo de ver la -provisoria- naturaleza del un Estado?

    Saludos,
    M.L.

    Martín López

    06/12/2011 at 00:22

    • De todas formas yo no sostengo que en la URSS el Estado hubiera podido “regular el capitalismo”. En la URSS no había capitalismo.

      rolandoastarita

      06/12/2011 at 09:27

  11. Sí se puede domesticar el capitalismo: Suecia y Corea del Sur son buen ejemplo de ello. Políticas económicas diferentes, no liberales pero orientadas a una industrias de alto valor añadido y exportadoras. Eso junto con unos sindicatos fuertes y un buen Estado del bienestar son LAS mejores experiencias de desarrollo que han existido nunca.
    Suspender la Ley del valor, tal y como yo la comprendo que no sé si estaré confundido, sería como suspender la Ley de la Relatividad. Imposible.
    Los neoestructuralistas han señalado que hay otro camino. Les pongo un ejemplo: el dictador que gobernaba Corea del Sur en los 60 amenazó con meter en la cárcel a varios empresarios si no se adaptaban a la política económica del gobierno. Es decir, que el Estado no tiene por qué servir necesariamente a los intereses capitalistas. Lean a Ha-Joon Chan editado por la Universidad de Quilmes.
    Lo que no tengo muy claro es si el tal Boudou quiere simplemente volver a la política de sustitución de importaciones clásica o ir más allá creando industrias que no solo vayan a repartirse el mercado interno sino orientarse a la exportación y desarrollo más competitivo.
    Y Rolando, a ver si me ayudas, ¿por qué no las empresas no invierten en Argentina? No me ha quedado claro, es por los salarios, la inflación o qué. Se lo agradezco de antemano.

    José Miguel

    06/12/2011 at 07:55

    • Voy a actualizar un trabajo que tengo, de ya algunos años, sobre el tema Amsden, Evans,Chang y similares, y los casos de desarrollo asiático. Aquí sólo quiero precisar que del hecho de que en determinado momento el Estado capitalista se ponga por encima de los intereses particulares de los capitales, a fin de favorecer la acumulación del capital (tomado como totalidad) no debería deducirse que el Estado “domestica” al capital. La premisa para la relación de “reciprocidad” (término de Amsden) entre el Estado y los grandes conglomerados coreanos fue una terrible represión del movimiento obrero. Precisamente lo que no hubo en Corea del Sur fueron sindicatos fuertes, ni Estado de bienestar. Las tasas de explotación del trabajo fueron extraordinariamente altas. En los años 60 las textiles coreanas, por ejemplo, constituían un epítome de la sobre-explotación de las mujeres. Y lo mismo podía decirse de otras ramas. Esto se hizo en beneficio de la acumulación del capital. Chang, Evans, etc, tienen razón cuando desmienten la fábula de los neoliberales, acerca de que el desarrollo de Corea, Taiwán, etc., fue un producto de la acción libre del mercado. Sin embargo decir que “El milagro económico coreano fue consecuencia de una mezcla inteligente y pragmática de incentivos comerciales y dirección estatal” (cito a Chang), es decir una media verdad que oculta un problema de fondo: la sobre explotación del trabajo, la dictadura del capital de conjunto sobre el trabajo, que imperó de la manera más descarnada. Es como hablar de la Revolución Industrial inglesa sin mencionar siquiera lo que significó para la clase trabajadora en costos humanos. Lo mismo puede decirse de otros países y regímenes en los que hubo desarrollo de las fuerzas productivas (ejemplos, la Alemania prusiana; Brasil de los 70s, etc.). Los marxistas no tenemos por qué negar que el capitalismo puede desarrollar las fuerzas productivas (sobre este punto he polemizado mucho con casi toda la izquierda). Sin embargo, es necesario señalar el carácter antagónico de ese desarrollo.
      La inversión del capital en Argentina es débil, a pesar de que en los 2000 la tasa de rentabilidad fue, en promedio, más alta que en los 90 (un hecho que señalan las fuentes oficiales). En este punto creo que los regulacionistas tienen razón cuando plantean que los capitales deciden sus inversiones no solo por la tasa de rentabilidad, sino en base a un cierto horizonte temporal; es lo que algunos estadounidenses llaman también “el marco social de acumulación” (una corriente que tiene influencia del regulacionismo). Los capitales siempre exigen lo que llaman “marcos jurídicos” y políticos estables. Algo de esto también se vio en los desarrollos asiáticos: dadas ciertas reglas del juego, el Estado respetaba los acuerdos que establecía con los grandes conglomerados. En Argentina las políticas han sido mucho más oscilantes, cambios bruscos, regímenes cambiarios que se modifican abruptamente, etc. Pienso que todo esto restringe ese horizonte temporal del que hablaban los regulacionistas, y esto afecta a las inversiones de largo plazo.

      rolandoastarita

      06/12/2011 at 09:26

    • De todos modos no queda desmentido que Suecia y otros países nórdicos hayan encontrado un sistema económico un poco más benigno para el trabajador, aun si los medios de producción permanecen en manos privadas. Hasta donde un ignorante como uno (yo) puede enterarse leyendo por aquí y por allá, en esos países se vive bastante bien, aunque haya problemas. A veces me pregunto si hay que aspirar a modelos que, claro, suenan geniales (yo suscribo la abolición del estado y de las clases sociales), pero que nunca se han podido implementar y que, presumiblemente, costarían mucha sangre, o por el contrario si no es preferible esforzarse por intentar caminos que han probado ser no perfectos pero sí mejores que cualquier otro sistema conocido, y sin sangre (suecia, dinamarca, etc). Aun si en el último tiempo el capital ha podido avanzar sobre los trabajadores la situación de esos países parece estar lejos de lo que se conoce en el resto del mundo. Por qué no intentar ese camino? Hay factores estructurales que impidan a países como Argentina desarrollarse así?

      Gabriel

      06/12/2011 at 18:35

  12. Muy interesante ese punto que señalan los regulacionistas, parece obvio pero no es muy tenido en cuenta. Además,y como señalas vos Rolando, en la argentina puede llegar a ser muy importante para comprender la falta de inversión sostenida por diversos capitales.

    dani

    06/12/2011 at 10:06

  13. Compañero. Por lo que se desprende de anteriores observaciones, está claro que en la situación concreta de Argentina el eje de la táctica de los revolucionarios y el movimiento obrero combativo no puede ser el control obrero. Tampoco el ‘control de precios’ mediado por el estado capitalista. De todos modos me quedan algunas dudas respecto del planteo político acerca del llamado ‘tarifazo’. Es indudable que la progresiva quita de subsidios inducirá una suba de tarifas, aunque el gobierno se empeñe en afirmar lo contrario. También esto incidirá en los precios en general, por traslado de costos, contribuyendo al aumento del índice inflacionario real. Resulta lógico entonces concentrar la agitación sobre la actualización de los salarios conforme su desvalorización (sin descuidar el problema de las condiciones y ritmos de labor). De hecho, la contracara del anuncio oficial es el ‘techo salarial’ como forma de que la desvalorización de los salarios sea efectiva, bajando costos para las patronales.Considera usted desfasado el planteo de la ‘escala móvil de salarios’ o piensa que la acción debe limitarse a la presión sobre los sindicatos? En segundo lugar, ¿Es perjudicial agitar contra el tarifazo en el marco de denuncia más general del sistema? ¿Deben los trabajadores aceptar pasivamente la compulsión oficial a que ‘renuncien’ a los subsidios? ¿Se debe asumir una posición abstencionista y dejar librado el asunto a ulteriores arreglos paritarios que compensen la pérdida? Personalmente creo que ele eje en cada lugar de trabajo pasa por organizarse para presionar contra el techo salarial, pero no creo que los trabajadores deban renunciar al subsidio al consumo familiar, lo que implica poner voluntariamente la cabeza en la guillotina, con independencia que luego los supriman igual. Ello implica alguna resistencia al ‘tarifazo’ también la posibilidad de suscitar discusión con un amplio arco de trabajadores que están en la incertidumbre y no están de acuerdo con que el transporte se vaya al doble o tengan que quedarse sin comer para pagar un boletazo en la luz o el gas. Me parece que con decir que después luchamos por un aumento de salario, por más que sea correcto, no alcanza. Existe descontento frente a esta maniobra destinada a disminuir el déficit a costa de los ingresos de trabajadores y sectores medios. No es casual que el gobierno, tras la pantalla de los ‘ejemplos patrióticos’ ventilados por televisión, esté presionando con el aparato (la ‘López Rega’ , perdón, Cámpora y sindicatos oficiosos) en los sectores públicos para que acepten mansitos.
    Gracias por la atención y la de los lectores del blog.

    AP

    06/12/2011 at 11:56

    • Presenté los argumentos de por qué pienso que no hay posibilidad de establecer los precios administrativamente. Es imposible, aunque haya buena voluntad y se pida la colaboración de los trabajadores para eso. Como también me parece que es absurdo que los socialistas discutan cómo la clase dominante cubre el déficit de las cuentas públicas. Podemos verlo así: un producto X, que es un bien de consumo masivo, en cuya producción entran 30 insumos diferentes, aumenta el precio. Usted dice que en ese caso no basta con pedir aumento de salarios para mantener el valor de la fuerza de trabajo, y que hay que controlar el precio de X. Pues bien, esto implica controlar el precio de todos los insumos que concurren a la producción de X; así como los insumos que entran en la producción de cada uno de los insumos, y así de seguido (de lo contrario, no se puede entender la lógica que tiene el asunto). Y así con cada bien. Además, pedir subvenciones para cada uno de los bienes de la canasta salarial; pero agregando los correspondientes subsidios a cada uno de los insumos que afecten, por vía indirecta, la canasta familiar. A lo cual hay que agregar las formas de subvencionar el déficits, que se financian, bien con deuda pública, bien con emisión monetaria. En definitiva, ésta es la razón por la cual el marxismo (me refiero a Marx, Rosa Luxemburgo, Engels, etc.) jamás plantearon que fuera la vía para defender el valor de la fuerza de trabajo, o el salario. Por este motivo también era tradición de los socialistas no votar los presupuestos de la burguesía. Admito que es difícil acostumbrarse a razonar de esta manera, pero es un punto de vista bastante distinto del que impera hoy.

      rolandoastarita

      06/12/2011 at 15:06

    • Compañero. Discúlpeme que insista con este asunto. Sus argumentos acerca de que no se pueden establecer los precios administrativamente (por lo menos no por mucho tiempo) me han quedado claros desde un principio, es más, huelga decir que no me resultan nuevos y los comparto. Cuando discutimos el problema de la tasación respecto de la famosa ‘abolición del IVA’ expuse mi desacuerdo con que esta consigna debiese incorporarse a un programa reivindicativo. No es propuesta de los revolucionarios, sino, a lo sumo, una forma de tasar frente a la cual preferimos los impuestos directos. La misma lógica puede hacerse extensiva al problema de los subsidios. No pedimos que determinados bienes que integran la canasta sean subsidiados, ni nos metemos en como el estado cubre su déficit, redistribuye plusvalía entre fracciones burguesas otorga o poda subsidios a las patronales. Pero el problema que le he planteado no atañe a los subsidios en general, sino, a la fracción que garantiza que las familias obreras, sobre todo las de menores recursos, entre las que se encuentran la mayoría de las que dependen del trabajo en negro, paguen menos por servicios esenciales. No se me ocurre que los trabajadores deban reemplazar las consignas salariales por pedir subsidios o rebajas impositivas al consumo, pero los servicios subsidiados son, hasta cierto punto, un hecho establecido que ha perdurado muchos años. Se instalaron como una medida de emergencia que hoy resulta demasiado onerosa, pero cuya quita, según se estima, implicará una desvalorización de los salarios de un 10% por encima de la inflación. Dada la relación de fuerzas y en tanto que las patronales nunca concedieron graciosamente nada que no fuera estrictamente necesario o a lo que no se vieran obligados por la lucha de los explotados, será un trecho difícil de remontar, con más razón cuando el movimiento obrero tiene a su frente en los estamentos decisivos una burocracia laboral burguesa. En este caso particular, el gobierno nos pone a elegir ‘individualmente’ si queremos seguir pagando servicios subsidiados o no, es decir, si quiero hacerme cargo de que el estado reduzca su déficit a costa de mis ingresos. Yo no quiero, por más luego vaya a luchar por recuperar lo que pierdo, aunque sea consciente que si hubiera resistencia al ‘boletazo’ y este no pasa, nos lo vayan a sacar por otro lado, con más inflación. Me da la impresión, aunque puedo equivocarme, que cientos de miles no quieren y podrían manifestarse en contra. No veo por que se los debería censurar, ni negarles apoyo, en la medida que expliquemos las limitaciones de negarse a pagar los platos rotos por esta vía y que aclaremos que hay que concentrar esfuerzos en la lucha salarial, que aunque específicamente obrera, también es efímera frente a la necesidad de abolir el salariato. No puedo extenderme más, pero por las dudas, vuelvo a preguntar por el problema de la ‘escala móvil de salarios’ o ‘cláusula gatillo’ . Le parece viable levantar esta consigna en el presente contexto inflacionario? Se lo pregunto por que varios compañeros me han insistido en su importancia, aunque personalmente me parezca que solo hay condiciones sectoriales para rebasar los techos arreglados por la burocracia y hoy no podría ser tomada por el conjunto. Lo último. Estoy en contra del reclamo de ‘participación en las ganancias’ impulsado por Moyano. ¿Usted que opina?
      Gracias.

      AP

      06/12/2011 at 23:02

    • Es un hecho que los subsidios le van a ser retirados a la mayoría de la población, entre ella a una buena parte de la clase trabajadora. Esto significa un aumento del precio del agua, el gas, electricidad, transporte. Es un aumento del costo de la fuerza de trabajo. Las respuestas posibles: a) ponerse a discutir cómo el Estado mantiene los subsidios para la clase trabajadora y los desocupados, lo cual es imposible de discriminar; b) defender subsidios para todos los consumidores (caemos en el planteo de defender subsidios para los sectores pudientes); c) exigir que el salario se equipare con el valor de la fuerza de trabajo. Por las razones que expliqué, me parece que la última es la salida más natural y directa. Acerca de la indexación, el planteo de base debe ser que el salario cubra una canasta que permita la reproducción de la fuerza de trabajo. Con esta base habrá que pedir su actualización cuantas veces sea necesario. El tema de la participación en las ganancias exige otra discusión.

      rolandoastarita

      06/12/2011 at 23:58

  14. He escuchado a muchos liberales hablar de marcos jurídicos y políticos estables necesarios para que lleguen inversiones masivas. En argentina, por ejemplo, estos círculos hablan constantemente de seguridad jurídica e identifican dicha seguridad jurídica para las inversiones con una supuesta seguridad jurídica para toda la sociedad, incluidos los trabajadores, que se verían beneficiados con la acción de los libres mercados dentro de este marco. Se llega incluso a identificar todo esto con la democracia. La diferencia con lo que dice Rolando esta dada por el alcance y la naturaleza de dicho marco de estabilidad. Pienso que lo que describen los liberales puede traducirse como un marco de estabilidad jurídica y política sobre la explotación del trabajo. Estabilidad un tanto paradójica pues implica cierto dinamismo con respecto a las necesidades de rentabilidad, explotación y acumulación del capital en general.

    Andrés Alejandro

    06/12/2011 at 13:39

    • Pero no solo puede tratarse de seguridad jurídica referida a la explotación del trabajo. Puede haber otro tipo de requerimientos, referidos a las condiciones en que deben competir. Algunos ejemplos: libertad para distribuir dividendos; para girar utilidades al exterior; para importar insumos; a veces también se demanda igualdad ante la competencia (por ejemplo, que no se favorezca a determinado sector o grupo empresario en detrimento de otros), etc.

      rolandoastarita

      06/12/2011 at 14:54

    • Es cierto, dejé otros requerimientos afuera que también están incluidos dentro de la pretendida seguridad jurídica. La lista de exigencias es bastante abarcadora. Pero cuál considera usted es la o las más importantes de las exigencias de los capitales, entendiendo que muchas de ellas no pueden separarse ya que constituyen un núcleo. Pienso que aquellas que conciernen a la explotación del trabajo son algunas de las más importantes y según entiendo, los ejes sobre los cuales giran los demás requerimientos.
      Otras cuestiones: la quita abarca, por ahora, hasta determinado ingreso por familia (unos 5 mil pesos según tengo entendido), es probable que más adelante abarque a casi toda la población ?.Siguiendo el razonamiento de la nota, me parece que es de esperar que la trama de subsidios comience a desarmarse en otras áreas de la economía, aunque lenta y parcialmente, teniendo en cuenta que también China parece estar entrando en crisis.

      Andrés Alejandro

      06/12/2011 at 16:56

  15. No tiene mucho que ver con este post, pero quizás les interese refutar al Dr. Ravier en este post en su blog. Básicamente señala que es un mito la concentración de capital http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/12/06/una-falacia-marxista-la-concentracion-de-capital/

    Santiago Latorre

    06/12/2011 at 16:34

    • ¿Hacé falta refutar algo tan pobremente argumentado? El post en sí es practicamente una autorefutación.

      Saludos

      Gerardo Daniel

      06/12/2011 at 20:42

    • ¿Estos datos son reales? “A nivel global, estamos presenciando una modificación de los grandes agregados económicos mundiales. Los países desarrollados están perdiendo peso en el conjunto: representaban el 63% del PBI mundial en el 2000, aproximadamente el 52% en la actualidad y probablemente menos del 45% en 10 años.” ¿Cómo lee esta data un marxista?

      Santiago Latorre

      07/12/2011 at 01:27

    • Desde el punto de vista del marxismo estos datos no tienen misterio. Sí son inexplicables desde el punto de vista de las tesis “estancacionistas”. Esto es, desde la visión de que el desarrollo capitalista en el Tercer Mundo estaba “bloqueado”; que los países atrasados eran “explotados” por los adelantados y por lo tanto no podían desarrollar capitalismo, etc. Fue la visión de la corriente de la dependencia, del trotskismo y de otras variantes de la izquierda. En notas del blog me referí en varias oportunidades a esto. En “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo” también critico esta visión y presento argumentos acerca de por qué la idea de Marx (en el largo plazo la entrada del capital inglés en India daría lugar a un capitalismo indio, etc.) estaba más acertada.

      rolandoastarita

      07/12/2011 at 09:29

  16. Muchas gracias Rolando! Evidentemente Ravier no distingue entre marxismo, troskismo y las tesis de la corriente de la dependencia.

    Santiago Latorre

    07/12/2011 at 12:24

  17. Conforme al desarrollo capitalista mundial actual, parece que estamos presenciando los comienzos de una pugna entre el imperialismo tradicional (USA, Alemania, Francia, RU y Japón) y el imperialismo ascendente (China, Rusia, India y Brasil). Ojala, en algún trabajo en este blog, Rolando toque ese tema.Saludos

    abdel

    07/12/2011 at 15:05

  18. Excelente artículo. Y hablando de “domar” al mercado, la opinión de un ex menemista como Rodolfo Barra, ex juez de la Corte Suprema (y un proto-fascista) devenido en kirchnerista -versión ultra clerical-, que confirma ampliamente las premisas de la nota sobre ese planteo y mistificación burguesa: Para domar el capitalismo anárquico http://www.clarin.com/opinion/domar-capitalismo-anarquico_0_605339544.html .Saludos.

    Armando

    10/12/2011 at 23:12

  19. El planteo me genera muchas dudas.
    Si los impuestos salen de la plusvalía, una disminución de subsidios que tenga su expresión a la hora de recaudar sería regresiva. Si el salario es un dado (en promedio y a mediano plazo, etc.), el costo inmediato del transporte no es indiferente, aunque los regímenes de subsidios plantean distorsiones económicas, por los que hay que eliminarlos.
    Entonces, si se requirieran más impuestos ante los problemas fiscales se podría estar una fina línea en que:
    a) si se aumentan los impuestos para mantener los subsidios se trataría de una medida progresiva (se toma más plusvalía y para gastos que tienen al menos en parte destino popular)
    b) si se bajan los subsidios manteniendo los impuestos, podría ser una corrección capitalista para corregir distorsiones (que nos puede resultar indiferente políticamente, pero, según lo argumentado, podría ser correcto, por decirlo de alguna manera, en “lo técnico”)
    c) si se bajan los subsidios bajando los impuestos, podría llegar a ser una medida reaccionaria.
    ¿cómo sale Ud. de este enredo?

    Diego

    19/03/2012 at 11:34

    • La utilización de los impuestos genera redistribuciones de plusvalía al seno de la clase dominante. En el “modelo K, tipo de cambio alto”, se destinó una parte creciente de los impuestos (plusvalía) para subsidiar empresas productoras de bienes salariales (aunque no solo salariales), de manera de mantener bajo el valor de la fuerza de trabajo. Esto implicó mantener un tipo de cambio real alto para las empresas productoras de bienes transables, y alta rentabilidad. Observemos que en este esquema los subsidios debían crecer, tanto por el aumento de los precios internos, como por la caída de productividad en los sectores subsidiados, debida a la baja inversión. Paralelamente, significaba destinar menos plusvalía a infraestructura básica. El resultado fue entonces mantener altos los beneficios en sector transables, aunque sin impedir por ello una apreciación progresiva del tipo de cambio. Llega un punto en que el esquema es insostenible. Por eso se eliminan los subsidios a las empresas productoras de bienes salariales, lo cual implica, como usted dice, un aumento en lo inmediato, una caída de los salarios reales. Esto es lo que objetivamente sucedió, y de ahí que mi planteo es que la reivindicación desde el punto de vista del trabajo es el reclamo del aumento de salarios. Esto provocaría una caída de la tasa de rentabilidad de los sectores que se estuvieron beneficiando con el bajo costo de la fuerza laboral. Lo cual llevaría a una agudización del conflicto sindical, reivindicativo (algo de esto ya está sucediendo, aunque ahora el gobierno parece frenar la eliminación de subsidios, precisamente por este efecto).
      Por supuesto, otra medida posible (en lo teórico) para el gobierno hubiera sido aumentar los impuestos a estos sectores, a fin de aumentar los subsidios a las empresas productoras de bienes salariales. Pero el aumento de impuestos hubiera agravado aún más la erosión del tipo de cambio “competitivo”, sin solucionar el problema de la falta de inversión en los sectores de infraestructura (transporte, energía, etc.). Todo lo cual hubiera renovado las presiones por una devaluación en términos reales del peso. El escenario vuelve a desembocar en una agudización del conflicto entre el capital y el trabajo. En esta eventualidad, el gobierno tiene el camino de intentar devaluaciones, subas de precios y retraso de salarios. Pero con el peligro de desembocar en un escenario de alta inflación. El segundo camino es retrasar paulatinamente el tipo de cambio (para que actúe como ancla de inflación) y contener salarios, al tiempo que “reacomoda” los precios. Es lo que estuvo intentando hasta ahora, dando por resultado la intensificación de los reclamos salariales.
      El “enredo” de fondo deriva de haber experimentado un crecimiento del PBI con bajo desarrollo de las fuerzas productivas (lo que hubiera implicado una inversión mucho más alta, comprendiendo infraestructura e I&D).

      rolandoastarita

      19/03/2012 at 12:39


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