Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Salarios en Ricardo y una interpretación equivocada

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Un aspecto de la respuesta de Altamira y Ramal, que no analicé en mi anterior nota, se refiere a la teoría del salario que le atribuyen a David Ricardo. Escriben: “…. Ricardo sostenía que “en virtud del efecto del principio de población sobre el incremento de la humanidad, los salarios más bajos nunca continúan por mucho tiempo por encima de la tasa que la naturaleza y las costumbres demandan para el sostenimiento de los obreros” (Ricardo, Principios…). Para Marx, en cambio, el “elemento histórico o social que entra en el valor del trabajo puede dilatarse o contraerse e incluso extinguirse del todo, de tal modo que sólo quede en pie el límite físico” (énfasis mío).

Esto es, Marx consideraba el “elemento histórico y social” en la determinación del valor de la fuerza de trabajo, en tanto Ricardo pensaría, siempre según esta interpretación, que el “precio natural” del salario se igualaba con la canasta determinada por las necesidades meramente fisiológicas. Por su parte, en un artículo que lleva como título “Algo más sobre los impuestos al consumo”, en PO 1193, 8/9/11, Pablo Rieznik insiste en la idea: “El economista político clásico, David Ricardo, consideraba que el valor del salario giraba en torno de un “precio natural” fijado por el valor de las mercancías que aseguraban la subsistencia del trabajador”. Luego de referirse a la ley de bronce de los salarios de Lasalle, Rieznik agrega una larga cita de Marx en la cual critica la idea de que los salarios debieran permanecer al nivel del mínimo de subsistencia. Parece entonces que estamos ante una idea “consolidada” en el Partido Obrero, de que en Ricardo los salarios naturales están establecidos al nivel de subsistencia.

Si bien la cuestión no afecta directamente a mi argumento sobre los impuestos y el salario (al pasar, es absurdo pretender que defienda una teoría del salario al nivel de subsistencia), es importante aclarar que la interpretación de la teoría de Ricardo sobre el salario, de Altamira, Ramal y Rieznki, está equivocada. Antes de continuar, aclaremos que Ricardo distinguía entre el precio natural y el precio de mercado de las mercancías. El precio de mercado era el determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda; en tanto el precio natural constituía una especie de centro hacia el que gravitaban los precios de mercado, a medida que la oferta se adaptaba a las variaciones de la demanda. En el caso del precio natural “del trabajo” (Ricardo no distinguía “valor del trabajo” de “valor de la fuerza de trabajo”), se trataba del precio que se establecía cuando la oferta de trabajadores se igualaba a la demanda, derivada esta última de la acumulación del capital.

Lo importante para lo que nos ocupa es que Ricardo explica en varios pasajes de los Principios que en el precio natural de la mano de obra existe un componente histórico y social. Ricardo no solo piensa que el precio de mercado del trabajo “en una sociedad mejorada puede estar constantemente por encima” del precio natural “durante un período indefinido”, sino también sostiene, explícitamente, que el precio natural no está determinado solo por las necesidades fisiológicas. Recuerdo al respecto que Marx pensaba que el volumen de las llamadas “necesidades imprescindibles” y la forma de su satisfacción son un producto histórico y dependen en gran medida “del nivel cultural de un país, y esencialmente, entre otras cosas, también de las condiciones bajo las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres, y por lo tanto de sus hábitos y aspiraciones vitales” (Marx, 1999, p. 208, t. 1). Leamos ahora a Ricardo:

“La aptitud del trabajador para sostenerse a sí mismo y a su familia… depende… de la cantidad de alimentos, productos necesarios y comodidades de que por costumbre disfruta, adquiriéndola con dinero” (p. 71; énfasis mío).

“Cuando el precio de la mano de obra es inferior a su precio natural, la condición de los trabajadores es de lo más mísera: la pobreza los priva de aquellas comodidades que la costumbre convierte en necesidades absolutas” (p. 72; énfasis mío).

Luego de discutir la relación entre precio de mercado y precio natural del trabajo, escribe: “Esto no quiere decir que el precio natural de la mano de obra, aun estimado en alimentos y productos necesarios, sea absolutamente fijo y constante. En un mismo país varía en distintas épocas y difiere cuantiosamente de un país a otro. Depende esencialmente de los hábitos y costumbres de la gente. (…) Muchas de las comodidades de que actualmente se goza en una casita inglesa se habrían considerado como lujo en un período anterior de nuestra historia ” (pp. 73-4; énfasis mío).

“… en países ricos un trabajador puede satisfacer ampliamente sus necesidades sacrificando tan solo una pequeña parte de los productos que constituyen su alimento” (p. 74).

Incluso en el mismo pasaje que citan Altamira y Ramal (que también he citado), Ricardo alude al factor “costumbres” que entra en la determinación del salario. Como muy bien explica Rowthorn, en un artículo en que critica la interpretación de los salarios de Ricardo que estoy criticando, “el mínimo de subsistencia (en Ricardo) está socialmente determinado y la clase obrera puede modificar el funcionamiento de las fuerzas demográficas, adquiriendo nuevas necesidades y negándose a reproducirse en la escala requerida a menos que estas nuevas necesidades sean cubiertas” (1984, p. 159). A la luz de la evidencia disponible, la idea de que los salarios naturales en Ricardo están al nivel de subsistencia fisiológica, y no contienen un componente histórico y social, es insostenible.

Textos citados:

Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI.

Ricardo, D. (1985): Principios de Economía Política y Tributación, México. FCE.

Rowthorn, B. (1984): Capitalismo, inflación y conflicto, México, Nuestro Tiempo.


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Salarios en Ricardo y una interpretación equivocada

Written by rolandoastarita

10/09/2011 a 12:59

11 comentarios

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  1. Compañero Rolo. Como se habrá dado cuenta, estoy siguiendo con mucho interés su discusión con los compañeros del Partido Obrero. De verdad, me está costando bastante distinguir exactamente que quieren decir los compañeros con ciertas formulaciones. Lo que me parece es que afirman que Ricardo sostenía que los salarios ‘tienden’ siempre al nivel de subsistencia y Marx no y en eso ven una diferencia. De ello, usted deduce que asimilan la subsistencia al mínimo nivel fisiológico. Ciertamente Ricardo distingue entre precio de mercado del trabajo y precio natural, no asimilando de ninguna manera el ‘precio natural’ al mínimo fisiológico indispensable, sigue en ello la tradición de los mercantilistas. Cantillón veía la diferencia en los géneros de vida de las clases trabajadoras, de tiempo en tiempo y de un país a otro. Turgot veía la diferencia entre precio corriente o valor y precio fundamental, ligando la cuestión al exceso crónico de oferta. Smith distinguía entre precio de mercado y precio natural, planteando que los salarios subían en las etapas de crecimiento económico. Ricardo hizo lo propio y como usted bien ha demostrado, nunca asimilando el precio natural a un mínimo fisiológico, sino, ligado a usos y costumbres y grados de prosperidad general. Hasta un burgués santurrón como Maltus, cuyas ideas, según Marx eran un ultraje al género humano, reconocía el nivel histórico de los salarios dada ‘ la obstinación con que se adhieren a las costumbres toda clase de gentes’. No veo como pueda pensarse que la originalidad de Marx consistiese en destacar que los salarios de subsistencia no son asimilables a un mínimo de supervivencia fisiológica. Sin embargo, según lo que he podido precisar, en el caso de Ricardo, efectivamente, los salarios tienden a ajustarse en torno a niveles de subsistencia (no necesariamente fisiológica) Si bien Ricardo nunca formuló expresamente este supuesto, parece ser que se desprende de su óptica . Jonh Stuart Mill lo formuló de esta manera: “esta suposición (de Ricardo) es lo bastante exacta para que pueda admitirse para fines
    científicos abstractos”. De acuerdo con ello, las reconstrucciones tradicionales del modelo ricardiano hechas por Kaldor y Pasinetti, se basaron en el supuesto de salarios aproximados al precio natural.
    Me da la impresión que los compañeros de PO no apuntan a la barbaridad de afirmar que usted sostiene que Marx y Ricardo coinciden en que el valor o precio de reproducción de la fuerza de trabajo es el mínimo fisiológico, sino, que la tendencia del salario no es necesariamente el nivel de subsistencia históricamente determinado y que este puede ser radicalmente violentado a través de la lucha de los explotados.
    Le agradecería que usted me desasne sobre este problema.
    Gracias por la atención.

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    AP

    11/09/2011 at 01:47

    • Según entiendo, en Marx la suma de los medios de subsistencia debe satisfacer las necesidades de reproducción de la fuerza de trabajo, pero esas necesidades, incluidas las “mínimas”, son un producto histórico y social. Entre los elementos que inciden en la formación de este nivel “promedio” (para un período determinado y en un país determinado) entran el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y también elementos culturales. Establecido este nivel, (sería el “precio natural” de Ricardo), la canasta obrera fluctúa, dependiendo principalmente de la fase del ciclo económico, de la dinámica de la acumulación, y de la lucha de clases. En el capítulo 23 del tomo 1 Marx dice que cuando se dan fases de crecimiento principalmente extensivo (esto es, sin aumento significativo de la relación entre capital fijo /trabajo) es cuando la clase obrera obtiene mayores niveles salariales. En las depresiones económicas los salarios, por el contrario, pueden bajar (por lo menos en algunos sectores) por debajo del valor de la fuerza de trabajo.
      Con respecto a la posición trotskista sobre el asunto, pienso que hay un problema que ya he discutido en diferentes oportunidades. Se trata de una contradicción entre la afirmación de que el capitalismo está en descomposición, y por lo tanto ya no se puede obtener ninguna mejora en los marcos del sistema; y el hecho real de que ha habido mejoras de la clase trabajadora dentro del sistema. La canasta promedio de bienes salariales de un obrero de EEUU, Europa, Japón y de muchos otros países, hoy es superior a la de 1910, para poner un ejemplo. Pero en la óptica trotskista, esto es inexplicable. Discuto esta cuestión en la nota sobre Trotsky y el desarrollo de las fuerzas productivas.
      Pero, a partir de esto, se genera una grave incoherencia en la manera de plantear las consignas y hacer política. Si decimos que ninguna mejora es posible dentro del sistema capitalista, tenemos que decir que cualquier lucha por aumentos salariales, o por cualquier otra mejora, debe ser acompañada, necesariamente, de medidas tales como el control obrero de la producción y la apertura de los libros comerciales (con todo lo que esto implica en cuanto a doble poder). Y esto habría que plantearlo en circunstancias de dominio normal de la clase capitalista. Lo cual es un disparate. Tan disparate es, que en la práctica ningún trotskista puede llevar adelante semejante política. Al respecto, quiero precisar que una cosa es escribirlo en un periódico, o panfleto, y otra muy distinta es pararse delante de una asamblea obrera que esté discutiendo, por ejemplo, luchar por un aumento de salario, y proponer que la medida se vincule a la lucha por el control obrero, y explicar que si no se hace esto, no es posible ninguna mejora (en una asamblea universitaria de activistas tal vez sea más sencillo, pero no en el movimiento obrero).
      Por este motivo, cuando sostengo que las políticas tienen que ser concretas, estoy diciendo que tienen que estar acordes con la situación política, y que hay que pensar quiénes son los interlocutores de las propuestas. El hecho de que esto no se tenga en cuenta explica por qué muchas veces hay un abismo entre lo que se escribe para consumo interno de la militancia del partido, o para la izquierda radicalizada, y lo que se dice públicamente, en la actividad práctica. No se trata de una diferencia que provenga solo, ni principalmente, de la necesidad de popularizar una consigna, sino que es una diferencia cualitativa. Es cualitativa porque deriva de dos marcos completamente distintos: para el consumo interno se piensa una consigna adecuada para una situación revolucionaria intensa (control obrero con doble poder, etc.); pero para la agitación pública esto es imposible, porque la situación objetiva no es la que se maneja en los papeles.
      Podemos ver mucho de esto en el siguiente ejemplo: en un texto de Nahuel Moreno (“La traición de la OCI”, de 1982) se explica cómo se combinan las consignas reformistas con las consignas transicionales. Aclaro que este texto fue aceptado sin críticas por cientos de militantes, por lo menos. En ese texto Moreno explica cómo los revolucionarios deben tomar una consigna como la expulsión de un capataz odiado por los trabajadores para pasar a “la expulsión de todos capataces, luego del dueño de la fábrica, la expropiación de ésta, la imposición del control obrero”. Moreno concluía que “el trotskismo jamás plantea sus consignas de forma aislada… cada consigna es parte de un sistema…”. Pues bien, pienso que todo esto es un disparate. En una situación de dominio normal del capital, cualquiera se da cuenta de que existe un abismo entre echar a un capataz y echar a todos los capataces. La primera medida puede ser obtenida en el capitalismo, y en ciertas circunstancias puede aliviar la presión sobre los trabajadores. La segunda exigiría acabar con el mando del capital sobre el trabajo. Cualquier trabajador sabe que puede lograr la expulsión del capataz, pero difícilmente se movilice si le dicen que tiene que seguir la lucha hasta acabar con todos los capataces, en una situación que no es revolucionaria. Decir que los militantes de izquierda deben ligar toda demanda mínima a consignas que solo pueden tener sentido en un proceso de transición a la abolición de la propiedad privada, es condenarlos al sectarismo. Por eso es que en la práctica un militante obrero no puede llevar adelante estas políticas. Todo esto explica que haya incoherencia entre lo que se dice para el consumo interno (o para la polémica en la izquierda) y lo que se puede hacer en el movimiento de masas. Lo cual tiene consecuencias perniciosas para la propaganda.

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      rolandoastarita

      11/09/2011 at 10:45

  2. Compañero Rolo. Le agradezco la rápida respuesta. Creo que solo ‘animales políticos’ como nosotros podrían utilizar un domingo tan bello para estos menesteres. Coincido con su planteo general. Tras de ciertas discusiones específicas, en realidad, están los grandes tabúes. El mejoramiento histórico de la canasta obrera (pese a las enormes disparidades) es una de ellas. Forma parte de los fenómenos frente a los cuales la izquierda trotskista (y no solo ella) se detiene perpleja…para después encerrarse en la negación. En mi entendimiento del asunto, existen ciertas ideas básicas, dominantes en la izquierda de vocación revolucionaria, de las cuales se desprenden la mayoría de los errores políticos: 1) El capitalismo está en crisis terminal 2) La clase obrera está invicta 3) La democracia es una conquista revolucionaria de las masas 3) Fetichismo sindical 4) Electoralismo 5) El partido debe tomar el poder. Su planteo crítico, Rolando, es básico y correcto y está vinculado al primer y segundo aspecto. En efecto, si el diagnóstico de situación es falso, la terapia será incorrecta, no curará el mal e incluso puede empeorarlo. Si postulamos una situación revolucionaria crónica e imparable (que solo existe en nuestras cabezas) no hay forma de escapar a la lógica que prescribe Moreno en su polémica y que es la matriz de la que surge la producción política. Me vienen a la memoria polémicas con cuadros de PO que afirmaban muy sueltos de cuerpo que, por lo menos desde la Primer Guerra Mundial las situaciones ‘no revolucionarias’ son imposibles, la situación es siempre pre revolucionaria, es decir, de revolución inminente. Estos abusos llegaron a límites insospechados de franqueza en la corriente morenista, pero responden a la misma matriz de análisis que aparece, con matizaciones, en todas las corrientes del trostskismo. Dada la devaluación y falta de credibilidad que han acumulado estas aberraciones teóricas (que no son nuevas) a lo largo de los años (y a los palos que han recibido) hoy en los análisis, nacionales e internacionales, distintas corrientes apelan al eufemismo de las situaciones ‘de transición’ pero detrás sigue estando viva la esperanza de la ‘revolución a la vuelta de la esquina’ o a unas pocas cuadras. Es el fetiche con que se anima a una militancia, por lo general llena de voluntad y falta de conocimiento. Dado que no vivimos en el mundo de las ideas, el criterio de realidad, moldea la conducta práctica de las organizaciones. Una cosa es inventar un cuento de hadas para consumo familiar y otra bien distinta es salir a convencer a todo el mundo que las hadas existen. Ello da lugar a la existencia de ‘doble discurso’ que usted remarca. En efecto, las organizaciones desarrollan un mensaje ‘esotérico’ para los iniciados y uno ‘exotérico’ para el mundo exterior. Pero lo que puede entenderse como producto de las restricciones del medio o la censura imperante, poco a poco e imperceptiblemente va transformándose en el contenido real de la política. El resultado es ‘ultraizquierdismo verbal ‘ en el discurso interno y oportunismo en la conducta práctica. Ejemplo vinculado a la próxima ‘batalla electoral’: Se dice siempre, y de seguro, usted , que al igual que yo aquilata muchos años de experiencia, que hay un ‘programa electoral’ para engañar a la justicia burguesa (sic) y un ‘programa revolucionario’ que es el verdadero programa del partido, este sí para instruir a la clase. Lo lógico sería pensar que el partido, una vez sorteado el requisito legal, debe desarrollar en su campaña una agitación y propaganda en torno a un programa revolucionario. Pero no es esto lo que ocurre. Toda la campaña se desarrolla en torno a un programa lavado que elude el problema de la revolución. Se puede argumentar que esto es imposible, puesto que, implicaría la inmediata proscripción. Pero ¿Que sería preferible? La historia muestra numerosos ejemplos de partidos que desafiaron al régimen en aras de cumplir con la verdad. Lenin firmó los ‘papeluchos monárquicos’ de subordinación al Zar, pero antes, durante y después la propaganda bolchevique era la abolición de la monarquía. Los parlamentarios bolches corrían el riesgo de ir a Siberia en cadenas. Lo mismo hizo Liebnecth oponiéndose a la guerra o J. P. Cannon en EEUU yendo a parar a un presidio militar. Por todo lo expuesto, me suena utópica su expectativa de que el compañero Altamira, Ramal u otro candidato vayan, de ahora en más, a explicar que determinadas medidas del programa (en realidad, todas, puesto que, según su óptica, hasta una reivindicación salarial seria es incompatible con la subsistencia del régimen social) cobran sentido por medio de LA TOMA DEL PODER POR LOS TRABAJADORES. Aquí no se debe hablar de gobierno, al gobierno, la izquierda podría llegar por los votos (una hipótesis de ciencia ficción a la que ni siquiera, como dicen los chicos de Barcelona, Isaac Asimov se le hubiera animado) pero al poder jamás.
    No me puedo imaginar una situación en que algún candidato del Frente, con más razón con las expectativas que tienen puestas en esta elección y la sobada de lomo del régimen, conteste con una respuesta directa y contundente. Como diría Lennon ‘Imagínate’ : Grondona pregunta ¿Como piensa el Frente de Izquierda abolir los impuestos al consumo y transformarlos en impuestos progresivos al gran capital? y el compañero respondiendo: Lo deben hacer los trabajadores en el gobierno ¿Como Lula en Brasil? No como Lenin en Rusia. ¿Entonces lo que plantean es una revolución violenta? …..Perdón, dejé la leche en le fuego.
    Es como soñar despierto. Si ocurre sería para alquilar balcones. Si me lo pierdo, comuníquemelo de inmediato y volteamos las naves al voto al frete.
    Discúlpeme el escepticismo frente a esta posibilidad.
    Gracias por la paciencia y la de los lectores del Blog.

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    AP

    11/09/2011 at 15:52

  3. profesor: mi comentario no esta demasiado vinculado a la nota en particular,mas bien deberia estar en el tema de trotsky y demas. la cuestion es la siguiente, si bien es innegable el hecho de que el capitalismo ha expandido las fuerzas productivas desde (por solo tomar una fecha) el año 1910, y que se han registrado mejoras para sectores de la clase obrera de ciertos paises o tal vez de la mayoria,si comparamos la poblacion mundial de 1900 esta era de unos 1700 millones de personas, hoy somos unos 6500 millones, o sea, aqui es innegable de nuevo que el sistema alimenta 4 veces la poblacion de 1900 y en general con un grado de consumo mucho mayor en cuaqnto a objetos culturales. pero, hoy tenemos cerca de 1200 millones de pobres, mas otro tanto de indigentes y demas, que si bien no niega la expansion de la capacidad del capitalismo de producir riqueza y esta en concordancia con la tesis de la polarizacion social, podemos concluir facilmente que esa expansion del capitalismo beneficia solo a sectores de la clase obrera, y que a medida que pasan los años esas conquistas se van diluyendo en el crecimiento vegetativo de la masa humana. los que quedan al margen hoy son casi la poblacion total de 1900, y el numero crece, a medida incluso que otro tanto la pasa mejor, pero de todos modos, me parece a mi que las conquistas abarcan al sector formal de trabajo y alguna parte del informal, pero no implica que la clase obrera de conjunto la este pasando mejor, tal vez en terminos relativos si, pero en terminos absolutos no la veo. si estoy muy equivocado, metale con sus argumentos nomas, que lo que no mata engorda y la verdad no duele. saludos.

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    ilichito

    12/09/2011 at 04:57

  4. mirando bien, no quedo claro lo siguiente, en concreto queria decir que a mi entender hoy hay mas pobres y gente que la pasa muy mal que hace 100,70, o 50 años, a pesar del crecimiento que experimentan los pbi y otros indicadores. bye bye

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    ilichito

    12/09/2011 at 05:03

    • Según los datos de FAO, en términos absolutos el número de personas con deficiencia alimentaria ha permanecido aproximadamente igual en los últimos 40 años; en términos relativos (esto es, en proporción a la población mundial) ha disminuido. La polarización social parece haber aumentado de manera bastante pronunciada. En otras notas presento datos y discuto estas cuestiones. En “Distintos enfoques sobre la globalización (2)” y en “Trotsky y el desarrollo de las fuerzas productivas”.

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      rolandoastarita

      12/09/2011 at 09:12

    • Si a Marx y a Ricardo les contamos las costillas una y otra vez acerca de cómo establecen el precio de la fuerza de trabajo y si sus métodos tienen validez para largos periodos o sólo para cortas etapas, me parece que con los estadísticos de la FAO (agencia fuertemente influida por elementos de la catadura de Cargill o Monsanto) deberíamos hacer por lo menos lo mismo. Por poner sólo un ejemplo: ¿la situación y las perspectivas de un pequeño campesino en los Andes peruanos en la década del ’60 eran las mismas que las de sus nietos en un asentamiento en Lima en el 2000? Los dos son pobres, los dos entran en la estadística de la “deficiencia alimentaria”, y tal vez los del asentamiento tengan muchos bienes que en tiempos del campesino andino podrían haberse considerado de lujo. Sin embargo, no me parece que eso represente “estabilidad” ni mucho menos “progreso” (disminución del número relativo de pobres)

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      Rubén&

      16/09/2011 at 18:02

  5. Excelente, por eso la subsistencia en alemania es distinta a la subsistencia de otro trabajador que trabaja por la misma tarea en otro pais? Un obrero aleman y otro que realice la tarea similar en otro pais no gana lo mismo. Ahora bien, se da eso por condiciones historicas, porque alemania esta desarrollada y es mas productiva? O podemos aplicar la teoria del valor y decir simplemente que por condiciones socioculturales y de batallas ganadas por los trabajadores que hoy en dia el empleado aleman esta en una situacion mejor( lo mismo para el japones y el americano) yo creo que si!!!! Aunque es dificil testearlo de oa misma manera que no se me ocurre como testear que el salario o forma del valor del trabajo no es igual a la productividad marginal!!!!! Pero no se me ocurre como testearlo y para mi la ciencia necesita el testeo!!!!

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    fernando

    29/04/2014 at 00:41

    • Voy a dedicar una nota (o tal vez más) a la cuestión teórica del salario. El valor de la fuerza de trabajo está vinculado al desarrollo de las fuerzas productivas, entre otros factores. Pero no es posible explicar el asunto en un “comentario”.

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      rolandoastarita

      29/04/2014 at 10:31

  6. Profesor: en algún comentario de su blog usted explicaba que habían dos posiciones de autores marxistas a la hora de interpretar el movimiento de los salarios en el sistema capitalista. Creo que los autores que mencionaba eran: Sweezy, Dobb, Rosdolsky. He intentado buscar el comentario y no he podido dar con el. ¿Puede ser que algunos de estos autores ponen el acento en los ciclos económicos para entender el salario?

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    Marcelo

    22/03/2015 at 17:07

    • No recuerdo el comentario. El tema es que Sweezy pone el acento en las evoluciones del ciclo y por consiguiente del ejército industrial de reserva para explicar por qué los salarios solo cubren una parte del valor agregado por el trabajador. Rosdolsky plantea que el determinante fundamental de ese hecho es la propiedad privada de los medios de producción. En mi opinión Rosdolsky está en lo correcto. El EIR regula los movimientos del salario; pero el determinante último de que el trabajador esté obligado a entregar gratis una parte del valor que genera es la propiedad privada de los medios de producción; esto es, la relación capitalista.

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      rolandoastarita

      23/03/2015 at 09:31


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