Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

La teoría del capital de Böhm Bawerk y su crítica

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Rolando Astarita [Blog]  Marxismo & Economía El paro general del juevesEn una nota anterior (aquí) señalé la actualidad que conserva la crítica de Cambridge a la teoría neoclásica del capital. Como se recordará, según los neoclásicos el capital es un “factor de producción” cuya magnitud es independiente de la distribución del ingreso entre salarios y beneficios, y por lo tanto puede utilizarse para calcular la tasa de ganancia (o de interés). Pero Sraffa, Garegnani y otros autores demostraron que es imposible medir el capital sin apelar a las variables distributivas, y que esto afecta el mismo concepto de capital, y a la función de producción. No se trata, además, de un problema “técnico”, sino de las bases teóricas del esquema neoclásico. En última instancia, el problema deriva de una imposibilidad lógica: no se puede apelar a una medida del capital que sirva al mismo tiempo para homogeneizar bienes físicos heterogéneos, con el fin de derivar la ganancia (o el interés del capital) a partir de su productividad; y para medir el valor del capital, que está en manos de los capitalistas, y da lugar a la plusvalía. Ambos cometidos no se pueden cumplir (véase Harcourt y Laing, 1977, p. 8).

En la nota mencionada, de todas formas, me referí a la crítica a la noción del capital como stock de bienes heterogéneos, y a la correspondiente tesis de la tasa de interés igualada a productividad marginal del capital. Constituyen la habitual sustancia de los cursos de microeconomía habituales. En esta entrada amplío el tema con la crítica de Cambridge al intento de superar las dificultades que presenta la medición del capital recurriendo al tiempo medio de producción. Es un aspecto menos conocido de las polémicas sobre el capital. En lo que sigue no tengo ninguna pretensión de originalidad, solo pretendo hacer accesible al estudiante de economía política, o al lector interesado, lo esencial de la crítica y facilitar la lectura de los textos originales. Tomo como referencia a Böhm Bawerk, uno de los padres de la escuela austriaca. También fue el primero en sostener que el sistema teórico de Marx había fracasado porque no podía compatibilizar la teoría del valor trabajo, con el hecho de que las tasas medias de ganancia entre las ramas tienden a igualarse. Empiezo con la explicación de Böhm Bawerk sobre el interés y su noción del capital.

Interés y capital en Böhm Bawerk

Según Böhm Bawerk, el problema teórico del interés es explicar por qué el poseedor de un capital tiene la posibilidad de obtener, con carácter permanente, una renta neta, o interés del capital, que es independiente de cualquier actividad del propietario. ¿De dónde proviene y por qué obtiene el capitalista ese aflujo interminable de bienes, sin esfuerzo de su parte?, se pregunta (1986, p. 27). Su respuesta está basada en la teoría subjetiva del valor. Esto significa que Böhm Bawerk rechaza de plano la teoría del valor trabajo. En su opinión, el valor nunca puede ser generado en la producción, ni por ningún otro medio. “No puede hablarse de producción de valor, pues el valor ni se produce ni puede producirse”, declara (ídem, p. 156). La producción solo genera bienes, que tienen valor a partir de la valoración de los consumidores; valoración basada en la utilidad y rareza relativa de esos bienes. Pero por esto mismo, Böhm Bawerk rechaza la idea de que el capital (entendido como los medios de producción) pueda generar valor, o plusvalor. De aquí que también sea crítico de las teorías que explican el interés por la productividad del capital. Una y otra vez insiste, en consecuencia, en que hay que distinguir entre la productividad física y la producción de valor. El argumento lo desarrolla en las críticas que dirige a Say y Roscher, quienes explicaban la renta del capital por su productividad. Böhm Bawerk admite que la utilización de la máquina aumenta la productividad física, pero de aquí no se deriva, necesariamente, que el producto deje “una plusvalía después de cubrir el costo del capital invertido” (p. 159). La productividad del medio de producción tendrá incidencia en la generación de valor, pero hay que dilucidar el mecanismo por el que se genera el interés del capital.

La explicación está en la teoría del interés, contenida en el libro quinto de la Teoría positiva del capital. Según Böhm Bawerk, el interés se origina por tres razones combinadas. La primera, es que existe una preferencia por los bienes presentes por sobre los bienes futuros. Se supone que los individuos esperan que en el futuro sus ingresos sean mayores a los del presente, de manera que la utilidad marginal de un bien en el presente es mayor que en el futuro. La segunda razón es que la gente tiende a subestimar el futuro, por deficiencias de imaginación, limitación de la voluntad e incertidumbre de la vida. Puede verse que estos dos argumentos no tienen que ver con la producción; están anclados en el mundo de la pura subjetividad, los gustos y preferencias. La tercera razón, en cambio, se vincula a la producción, y a la tesis de que los bienes presentes tienen una superioridad técnica por sobre los bienes futuros, aunque también encuentra su fundamento último en la teoría subjetiva.

Esa superioridad de los bienes presentes sobre los futuros se explica porque, según Böhm Bawerk (1930), los trabajos aplicados a procesos productivos que requieren tiempo, esto es, que emplean métodos indirectos, son en general más productivos que los trabajos aplicados a la producción inmediata. Por ejemplo, Robinson Crusoe puede alimentarse recolectando frutos y empleando todo el tiempo disponible en la tarea, para estar bien alimentado; pero también puede, una vez asegurada la supervivencia, disponer de una parte del tiempo para fabricar un arco y flechas, con los cuales aumentar la productividad. Para esto, debe ahorrar fuerzas productivas para producir “bienes de capital”, a costa del bienestar presente (se trata de una concepción a-histórica del capital, pero no entramos ahora en esta discusión). Una vez construidos el arco y las flechas, el bueno de Robinson puede aumentar su producción de alimentos.

Más en general, Böhm Bawerk afirma que el producto total aumenta invirtiendo siempre, de manera adecuada, en métodos de producción que consumen más tiempo. Por eso define al capital (como en general, lo hace toda la economía burguesa) como un conjunto de bienes procedentes de una producción anterior, que no están destinados al consumo directo, sino a ser medios para la adquisición de nuevos bienes (1986, p. 32). Pero este “agente de producción” es el resultado del trabajo y la naturaleza, los dos factores productivos independientes, o los dos únicos “factores técnicos” en la producción.

Los métodos indirectos y el interés

Böhm Bawerk asocia entonces los incrementos de productividad con los métodos más indirectos (o más capital intensivos). Los rodeos productivos aumentan el rendimiento, aunque a tasas decrecientes, porque habilitan a incorporar fuerzas de la naturaleza al proceso productivo. Pero siendo el trabajo y la tierra las potencias originarias, la producción se descompone en “capas” o “estratos” de tiempo y trabajo (la tierra se elimina por razones de simplicidad). Así, si tomamos la mercancía A, se considera como si hubiera sido producida con trabajo que empezó la producción sin ningún medio de producción. Por eso, se opera una especie de retroceso en el tiempo, en términos de trabajo aplicado en las sucesivas etapas. De esta forma, se rastrea el proceso mediante el cual los bienes de capital utilizados en la última etapa de la producción de A fueron producidos con trabajo y otros bienes de capital; y luego, se pasa a la etapa anterior, en la cual esos medios de producción fueron producidos a su vez con trabajo y medios de producción. Esto significa que no hay capital fijo; hay que suponer que los seres humanos comienzan en alguna etapa la producción con las manos. Dado que Böhm Bawerk elimina la tierra (y la renta), de hecho presenta una teoría del capital como acumulación de los años-hombre de trabajo que se tienen que añadir a las diversas fases del proceso productivo, hasta que las mercancías estén listas para el consumo.

Pero, ¿cómo surge la plusvalía? Surge en esencia del intercambio de los medios de producción contra bienes de consumo finales y presentes. En la medida en que el trabajo y el uso de la tierra son los medios de producción originales, la formación de sus precios decide la existencia del beneficio sobre el capital. Y en esto el mercado laboral es el más importante. El precio de mercado del trabajo debe ser siempre menor que el valor y el precio del producto terminado, nos dice Böhm Bawerk. ¿Pero cómo es posible? La respuesta es por la situación desventajosa en que se encuentran los trabajadores con respecto a los empresarios. “En las circunstancias de la industria moderna, los trabajadores asalariados escasamente poseen medios suficientes para utilizar su propio trabajo en métodos de producción que se extiendan por años” (1930, p. 314). Notemos cómo Böhm Bawerk reconoce que el punto de partida de la producción capitalista es la desposesión de una clase social de los medios de producción; aunque esta circunstancia está naturalizada.

Sigamos sin embargo con el razonamiento de Böhm Bawerk. Debido a la situación en que se encuentran en la sociedad capitalista, los trabajadores están ante la alternativa de vender su trabajo, o de emplearlo por su cuenta en procesos tan cortos e improductivos como se los permiten sus escasos medios de producción. Los capitalistas, a su vez, quieren comprar la cantidad de trabajo que vale tanto como el producto que saldrá, en el futuro, del proceso de producción. El beneficio surge entonces de la diferencia entre ese bien futuro y lo que pagan en el presente por el trabajo, que contiene un descuento. Esto es posible, insistimos, porque los trabajadores asalariados “no pueden emplear su trabajo remunerativamente trabajando por su cuenta, y por lo tanto están dispuestos, como un conjunto, a vender el futuro producto de su trabajo por un monto considerablemente menor de bienes presentes” (1930, p. 330). Si los bienes presentes y futuros se intercambiaran en el mercado de subsistencia a la par, y los trabajadores obtuvieran como pago por la semana de trabajo, en bienes presentes, todo el valor de su producto futuro, no aparecería el agio ni el interés del capital (véase ídem p. 333). En otras palabras, los bienes presentes deben tener un agio debido a que son más útiles que los bienes futuros: éste es el origen de la plusvalía, según Böhm Bawerk.

La medición del capital y el período medio

Aunque Böhm Bawerk no adhiere a la explicación del interés por la productividad marginal del capital, necesita también establecer el valor del capital. Es que en su esquema la productividad depende del grado en que la producción es indirecta, y para determinar el grado en que la producción es indirecta es preciso asignar un valor al capital, que depende de la longitud del proceso productivo. Téngase presente que la estimación de los bienes futuros se gradúa por el tiempo, de manera que “el valor de los bienes productivos aumenta a medida que se alarga el proceso” (1930, p. 304). Esto significa que para conocer el interés se debe conocer el grado en que la producción es indirecta; y para esto es necesaria una medida del capital que sea independiente de la tasa de interés.

En principio, Böhm Bawerk parece lograrlo, ya que considera que el valor de un bien durable es la suma de todos los servicios materiales inherentes al mismo (ya dijimos que deja de lado la renta de la tierra). Por lo tanto, mide su valor suponiendo que los períodos de inversión en salarios se aplican de manera discreta cada año, pero de manera uniforme a lo largo de los años. Así, calcula el período medio de producción, considerándolo como la media aritmética ponderada de los períodos que deben transcurrir entre el momento en que se inició la producción, y el momento en que la mercancía está lista para la venta. Lo explicamos con un ejemplo numérico, que tomamos de Samuelson (1977).

Supongamos que para la producción de A tenemos el método (1), según el cual A se produce empleando 5 unidades de trabajo durante 2 años, y una unidad de trabajo durante un año. Con el método (2), se aplican 3 unidades de trabajo durante 3 años, 3 unidades durante 2 años, y 3 unidades durante el último año. Y con el método (3) se aplican 2 unidades durante 4 años, 2 unidades durante 3 años, 2 unidades durante 2 años y 2 unidades durante 1 año. Supongamos que el salario es igual a 1, igual a la unidad de trabajo (dejamos asentado que estamos dando por válido el supuesto, “heroico”, de que en el primer año de cada proceso los trabajadores solo emplean las manos para producir los medios de producción).

Si llamamos TA al período medio, LA al trabajo total y Li (i = 1, 2, 3…) a los trabajos en los años sucesivos, TA será (L1 + 2L2 + 3L3 +….)/LA. Así, en el proceso (1) TA es (5 × 2 + 5)/10 = 1,5 períodos. En el proceso (2) TA es (3 × 3 + 3 × 2 + 3 × 1)/9 = 2 períodos; y haciendo el cálculo para el proceso (3), resulta TA = 2,5 períodos. Se ve entonces que el método (3) es más indirecto que el (2), y el (2) más que el (1).

En base al supuesto de la ganancia simple (o del interés simple), se puede establecer entonces el valor de A, VA, a partir de la suma de los salarios y las ganancias (Garegnani); tenemos entonces:
VA = L1 (1 + r) + L2 (1 + 2r) + L3 (1 + 3r) + …. . Que se puede resumir en:
VA = LA (1 + r TA)     (*)
Si calculamos con (*) el valor de A, suponiendo una tasa de ganancia (interés) del 10%, tendremos que con el método (1) valdrá 11,5; aplicando el método (2) 10,8 y con el método (3) 10. Se puede ver también que a tasas de interés altas, el método más indirecto no es el más productivo. Por ejemplo, si la tasa de interés es del 60%, VA con (1) es 19, aplicando (2) es 19,8 y con (3) es 20. Por eso, a medida que baja la tasa de interés, el método de producción es más indirecto (esto es, más intensivo en capital) y el sistema no puede regresar jamás al método (1), una vez que lo ha dejado atrás.

La conclusión entonces es que cuanto mayor sea el tiempo insumido en la producción, menor será la cantidad de trabajo que se necesita. Con tasas de interés más elevadas, son más baratas las técnicas que emplean en total más trabajo pero menos tiempo; a tasas de ganancia más bajas, serán más rentables los métodos que emplean más tiempo. Hay que observar también que nunca se analiza el proceso por el cual la acumulación puede llevar a una caída de la tasa de ganancia (o interés), ya que siempre se comparan situaciones de equilibrio. De esta manera, Böhm Bawerk parece superar el problema de la heterogeneidad de los bienes de capital existentes, ya que el capital se reduce a un fondo que es avanzado por los capitalistas para pagar los salarios de los trabajadores.

La introducción del interés compuesto

Sin embargo, y como ya había señalado Wicksell, la medición del capital de Böhm Bawerk adolece de una falla crucial, que es el supuesto de que los bienes de capital acumulados durante la producción son remunerados según una tasa de interés (o de ganancias) simple. Pero esto es inaceptable. Es que si las ganancias se distribuyen entre los capitalistas de acuerdo con la regla de la tasa de ganancia simple (o el interés simple), ello significa que “las ganancias generadas, pero aún no percibidas, no deben dar origen a otras ganancias, como sucedería con la tasa compuesta” (Garegnani, 1982, p. 36).

Para explicarlo con el ejemplo de Garegnani, supongamos que hay dos mercancías, A y B, que requieren la misma cantidad de trabajo para su producción, pero que A está lista después de un años, y B después de 2 años. Si el salario requerido por el trabajo es 100, y la tasa de ganancia (simple) es 20%, el precio de A será 120 y el de B 140. Pero en este caso conviene invertir en A, ya que los capitalistas en el segundo año obtendrán un beneficio del 20% sobre el beneficio de 20 realizado en el primer año; o sea, obtendrán al final del segundo año 144, en lugar de 140 (de hecho, es el problema con que se enfrentó Ricardo). En este respecto, es llamativo que con su supuesto de la tasa de interés simple Böhm Bawerk estuviera pasando por alto el mismo problema en el que se había trabado Ricardo (el famoso ejemplo del vino estacionado), y que en última instancia criticara en Marx.

La realidad entonces es que los capitales son remunerados según una tasa de interés compuesta. Pero su introducción socava la concepción de capital como “período medio de producción”. “La concepción del capital como período de producción… debe modificarse sustancialmente una vez que se reconozca la inaceptabilidad de la tasa de ganancia simple” (Garegnani, 1982, p. 49).

El problema central es que ahora el período medio de producción variará al modificarse la tasa de ganancia (o de interés). En términos matemáticos, es
VA = L1 (1 +r) + L2 (1+r)2 + L3 (1+r)3…..
Relación que se puede reducir (sigo a Garegnani) a la forma:
VA = LA (1 + r)TA     (**)
Pero aquí aparece un problema: el período medio, TA, que se puede determinar con (**) ya no coincide con el período medio establecido en (*). La razón es que en el cálculo de Böhm Bawerk, TA no aparece influenciado por r; pero si se introduce la tasa a interés compuesto, el período medio varía con la variación del interés. Lo explicamos con un ejemplo.

Tomemos el método (1) de producción de A. Suponiendo que la tasa de interés es del 20%, y de acuerdo al criterio de la tasa de interés simple, es:
VA = 5 (1 + 0,2 × 2) + 5 (1 + 0,2) = 10 (1 + rTA)
Si despejamos, obtenemos que TA = 1,5 períodos. Este resultado se mantiene, cualquiera sea el valor de r; por caso, si suponemos que r = o,1, también obtendremos que el período medio es 1,5 períodos. Veamos ahora qué sucede ahora si introducimos el interés compuesto. Suponiendo de nuevo que la tasa de interés es del 20%, tenemos:
VA = 5 (1 + 0,2)2 + 5 (1 + 0,2) = 10 (1 + 0,2)TA

Despejamos TA, tomamos logaritmos y obtenemos que TA = (log 13,2 – log 10) / log 1,2. El resultado es TA = 1,522 períodos, y no 1,5. De la misma manera, podemos comprobar que si r = 10%, TA = 1,512; si r = 40%, TA = 1,54; si r = 60%, TA = 1,558. Algo similar ocurre con los otros métodos. Por ejemplo, con (2), si r = 20%, TA = 2,06, y no 2; si r = 40%, TA = 2,11; y si r = 60%, TA = 2,15. El período medio calculado aplicando el interés compuesto se altera con las variaciones de la tasa de interés, lo que no sucede cuando se aplica el interés simple. Escribe Garegnani: “cuando se usa la tasa de ganancia compuesta, el valor en unidades salario de A ya no puede expresarse como función de la tasa de ganancia y, además únicamente de las cantidades totales de trabajo LA y de un período único de tiempo cualquiera que cumpla con el requisito de independencia con respecto al nivel de la tasa de ganancia, requisito esencial para una medición no circular del capital” (p. 52). Y un poco más abajo, luego de señalar que TA variará al variar r, observa: Este “período medio”, que después de todo es el sugerido por muchos autores, no podría constituir evidentemente el dato que necesitamos para determinar la tasa de ganancia. (…) Antes de saber qué período medio corresponde a una cierta técnica de producción, deberíamos conocer la tasa de ganancia, que es precisamente lo que tenemos que determinar” (ídem).

Sobre valor y cantidades de trabajo fechado

Existe otra manera de demostrar la imposibilidad de medir el valor del capital, y en general, de cualquier mercancía, con independencia de las variables distributivas, reduciéndolo a cantidades de trabajo “fechadas”. Para lo que sigue utilizamos las matrices de insumo – producto, y algunas propiedades del álgebra vectorial; sigo a Pasinetti, (1984; el lector que no desee seguir complicarse con el álgebra, puede pasar al siguiente apartado, sin pérdida de generalidad).

Suponemos un sistema económico que produce cada año la misma cantidad de mercancías; cada industria produce una sola mercancías, mediante el empleo de trabajo y mercancías; no hay capital fijo (acorde con la hipótesis de Böhm Bawerk). Los distintos métodos de producción vienen representados por una matriz de coeficientes interindustriales A, n × n; la entrada aij significa la cantidad de insumo i-ésimo necesario para producir una unidad del bien j-ésimo. Sea ao el vector fila de coeficientes de trabajo directo (matrices y vectores van en negrita). Suponemos que A es productiva. Esto significa que las características técnicas del sistema son tales que permiten la producción de por lo menos una mercancía que supera las necesidades de reemplazamiento del sistema productivo (si no se cumpliera, el sistema sería inviable). Por otra parte, sea p el vector fila precios, con n componentes; w el salario y r el beneficio; se toma un bien cualquiera como numerario. Siguiendo el criterio de Sraffa, el salario participa del excedente (este supuesto no altera la validez de la demostración que sigue, referida al problema planteado por la medición de capital de Böhm Bawerk).
En base a lo anterior, el sistema de precios puede escribirse:
pA (1 + r) + a0w = p
Despejando p, obtenemos: p = ao [I – (1 + r)A]-1 w
La matriz [I – (1 + r)A]-1 puede ser desarrollada en una serie de potencias de A, con la única condición de que (1 + r) sea mayor que la inversa del autovalor de módulo máximo de A, que coincide con la tasa (R + 1), siendo R la tasa máxima de beneficio (cuando w = 0). Dado que (1 + r) es menor que (R + 1), se cumple la condición. Por lo tanto, podemos escribir:
p = ao [I – (1 + r) A + (1 + 2)2 A2 + (1 + r)3 A3 + ….] w      (***)
De manera que p = a0 w + (1 + r)aoA w + (1 + r)2 a0A2 w + (1 + r)3 a0A3 w + …
En la serie de potencias I, A, A2, A3… las columnas de cada matriz representan las cantidades de mercancías necesarias en cada etapa del proceso productivo para obtener una unidad de producto final -es la idea contenida en la inversa de Leontiev, (I A)-1 -, de manera que la premultiplicación de esas matrices por el vector de coeficientes de trabajo directo nos da los vectores que representan los requisitos de trabajo en las sucesivas fases del proceso productivo. Dado que la matriz As es convergente (tiende a cero) a medida que crece s, las necesidades de trabajo se hacen siempre menores, hasta desaparecer. Se puede demostrar que si el beneficio es cero, los precios son directamente proporcionales a los tiempos de trabajo invertidos en la producción (si w se hiciera numerario, los precios resultarían incluso iguales a las cantidades físicas de trabajo; Pasinetti, p. 101).

Lo importante de la ecuación (***) es que cada variación de la distribución (o sea, cambios del salario y el beneficio), produce en cada sumando dos cambios en sentido opuesto, de manera que el resultado neto de estos dos efectos será distinto en cada sumando. Esto significa que cuando retrocedemos en el tiempo, cada estrato de salarios y beneficios dependerá de las condiciones particulares en que haya proporciones de trabajo y medios de producción, dando como resultado diferentes estructuras de precios al variar las distribuciones (ver Pasinetti, p. 117-9). En palabras de Sraffa: “A medida que el tipo de beneficio se eleva, el valor de cada uno de los términos de trabajo recibe un tirón en direcciones opuestas del tipo de beneficio y salario, y se mueve hacia arriba o hacia abajo según prevalezca el uno o el otro. El peso relativo de estos factores varía, por supuesto, a diferentes niveles de distribución; y, además, varía de modo diferente en el caso de términos de “fecha” diferente…” (1966, pp, 58-9).

Pero esto significa, una vez más, que el capital no se puede reducir a “trabajo fechado” con independencia de las variables distributivas, esto es, sin conocer la tasa de beneficio y el salario. Agrega Sraffa: “La reducción a términos de trabajo fechados tiene algún alcance en relación con los intentos que se han hecho de encontrar en el “período de producción” una medida independiente de la cantidad de capital que pudiera ser utilizada sin incurrir en un argumento circular para determinar los precios y las participaciones en la distribución”. Luego de señalar que el análisis parece demostrar “la imposibilidad de agregar los “períodos” correspondientes a las diferentes cantidades de trabajo en una sola magnitud que pudiera ser considerada como representativa de la cantidad de capital”, concluye que los movimientos de los precios relativos, frente a los métodos no variados de la producción, “no pueden ser reconciliados con ninguna noción de capital como una cantidad mensurable que sea independiente de la distribución y de los precios” (pp. 62-3)

El retorno de las técnicas

Como ya hemos señalado, una de las conclusiones fundamentales que se desprenden de la teoría de Böhm Bawerk del capital es que a medida que baja la tasa de interés, los métodos de producción empleados son más indirectos, esto es, más capital intensivos. Tiene un claro paralelo con lo que se deriva de la función de producción neoclásica tradicional; a medida que baja la tasa de interés, aumenta la relación capital producto y la relación capital/trabajo. La idea de una curva de demanda de bienes de capital de pendiente negativa, está asociada a estas relaciones. Aunque se trata de un tópico de los cursos de microeconomía, Sraffa, Garegnani y otros autores de Cambridge demostraron que esto no es necesariamente así. A tasas altas de interés puede emplearse una técnica α más intensiva en mano de obra; a tasas intermedias es más rentable una técnica β, más intensiva en capital; y a una tasa aún más baja, la técnica α vuelve a ser más rentable (véase, por ejemplo, Pasinetti, 1984, para una exposición sencilla).

Durante un tiempo los defensores de la teoría neoclásica intentaron negar la existencia del fenómeno del “retorno de las técnicas”. Sin embargo, en el artículo de 1966, que ya hemos citado, Paul Samuelson admitió que el fenómeno existe, aunque provocara un dolor de cabeza a la teoría (escribió: “Si todo esto causa dolores de cabeza a quienes suspiran por las viejas parábolas de la teoría neoclásica, deberemos recordarles que los académicos no han nacido para llevar una existencia fácil. Debemos respetar, y evaluar, los hechos de la vida”, p. 247). En su nota, también demostró, con un ejemplo simple, que el retorno de la técnica es extensible al esquema teórico basado en la noción de capital como “período de producción”.

Suponemos para esto que una mercancía B se puede producir con dos métodos alternativos. En el primero, se emplean 7 unidades de trabajo durante dos períodos de tiempo, y en el segundo método se utilizan 2 unidades de trabajo durante 3 períodos de tiempo, y 6 por un período. ¿Cuál de los dos métodos es más indirecto? Es claro que a primera vista no hay forma de determinarlo; hay que introducir la tasa de interés. Veamos entonces qué pasa a diferentes tasas de interés compuesto.

Empezamos suponiendo que r = 20%. A esa tasa de interés, (suponiendo el salario = 1), con la tecnología (1) B vale 10,08 y con la tecnología (2), B vale 10,656; se impone entonces (1). Luego, si r = 50%, con ambos métodos B tiene el mismo valor, 15,75. Si después suponemos que r está entre 50% y 100%, se impone el método (2). Pero al llegar al 100%, los dos métodos vuelven a ser indiferentes; B vale 28 con ambos. Por último, por encima de 100%, la tecnología (1) vuelve a prevalecer; por ejemplo, si r = 150%, B vale 43,75 si se aplica (1), y 46,25 con el método (2). Todo depende entonces del peso que da el interés a las unidades invertidas en trabajo; así, por ejemplo, a una tasa superior al 100% las 2 unidades de trabajo aplicadas durante 3 períodos de tiempo, del método (2), adquieren un peso tan grande, que vuelven a hacer rentable el método (1).

En definitiva, la teoría del capital de Böhm Bawerk, basada en el período medio de producción, no puede superar las dificultades encerradas en el problema de homogeneizar el “factor capital” con independencia de las variables distributivas. Böhm Bawerk necesita una medida del capital que sea independiente de la tasa de interés (esto es, de la plusvalía) para fundar teóricamente la tasa de interés. Pero es imposible calcular el valor de los “servicios originarios”, que componen el valor del capital, sin recurrir a la tasa de interés, ya que el período medio varía al modificarse la tasa de interés. Asimismo, el fenómeno del retorno de la técnica pone en evidencia que no se puede asociar de manera monotónica la baja de la tasa de interés con las tecnologías más intensivas de capital. Con esto se evidencia también que la teoría austriaca de las crisis -que dice que las mismas se producen porque una baja tasa de interés provoca la sobre inversión en las industrias productoras de bienes de producción- carece de fundamento teórico.

Textos citados:
Böhm Bawerk, E. von (1986): Capital e interés. Historia y crítica de las teorías sobre el interés, México, FCE.
Böhm Bawerk, E. von (1930): The Positive Theory of Capital, New York, Stechert.
Garegnani, P. (1982): El capital en la teoría de la distribución, Barcelona, Oikos.
Harcourt, G. C. y N. F. Laing, (comps.) (1977): “Introducción” a Capital y crecimiento, México, FCE, pp. 7-47.
Pasinetti, L. (1984): Lecciones de teoría de la producción, México, FCE.
Samuelson, P. A. (1977): “Resumen”, en C. G. Harcourt y N. F. Laing, (comps.) pp. 231-248).
Sraffa, P. (1966): Producción de mercancías por medio de mercancías, Barcelona, Oikos.

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La teoría del capital de Böhm Bawerk y su crítica

19 comentarios

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  1. Aparte de la crítica “técnica” a la teoría de la preferencia temporal, Bujarin ya dejó en mi opinión (no se si está usted de acuerdo señor Astarita) el carácter claramente apologético y que hace abstracción con toda la caradura del mundo de la posición social de los “evaluadores de bienes presentes y futuros”, cito de “Teoría Económica de la Clase Ociosa”:

    “Karl Rodbertus describe así el proceso: “En todas las “empresas” en todas las ramas de todas las fases de producción se está rindiendo trabajo ininterrumpido. Cuando se sacan materias primas, las fábricas de productos intermedios ya las transforman en estos, y los factores que producen herramientas ya remplazan las que se han amortizado, y al final de la fase productiva, ya están listos los productos de consumo. En la sociedad moderna no tenemos que esperar al fin del proceso indirecto para consumir, puesto que el proceso de producción ni comienza ni termina con sacar materias primas ni los productos intermedios ni concluye con la producción de objetos de consumo; este proceso es una suma de todos los procesos parciales simultáneos. Un análisis de la economía moderna nos hará ver que ya tratamos con un sistema de producción social desarrollado. Esto presupone una distribución social del trabajo y la simultanea disponibilidad de todas las fases del proceso productivo. Marx lo describía así.

    Asumamos el capital constante (en la reproducción simple) como 3c, del que un tercio c, se transforma en artículos de consumo. Designemos el capital circulante en un ejercicio como v, y la plusvalía anual como s. El producto anual tendrá un valor de c + v +s, en tanto que el nuevo valor producido anualmente será sólo v + s; c no se reproduce en absoluto sino que se añade al producto; es solo el rendimiento de la producción más temprana del pasado año o de años precedentes. Una porción de c madura en bienes de consumo anualmente, pero el número de horas de trabajo (v + s) decrece anualmente en c horas para la producción de medios de producción. Así que vemos que en cada ciclo de producción se abarcan tanto la producción de medios de producción como de medios de consumo; que, por tanto, el consumo no necesita “posponerse” que la producción de medios de producción no es una operación introductoria, sino que los procesos de producción consumo y reproducción proceden sin interrupción.

    La idea de la espera de BB, que se parece a la noción de abstinencia no es sostenible. Aún tenemos que considerar el peso de esta idea en conexión con la valoración de BB de la naturaleza social del beneficio. Ya hemos visto que esta necesidad de esperar según él es la causa de la dependencia económica del trabajador:

    “Sólo porque los trabajadores no pueden esperar a que el final del proceso productivo, que se inicia por ellos al extraer las materias primas y fabricar los medios de producción, rinda sus frutos en bienes de consumo, son dependientes económicamente de los que los tienen productos intermedios en su estado final, los capitalistas”.

    Pero ya sabemos que los trabajadores no tendrían que esperar, podrían vender sus productos intermedios inmediatamente, sin esperar “al fruto en bienes de consumo” y así evitar la dependencia económica.

    La esencia de la cuestión no está en que los trabajadores deban esperar para consumir, sino en que no tienen medios para producir independientemente, por dos razones. En primer lugar una producción sin capital es un absurdo técnico en una economía capitalista desarrollada. Para fabricar un simple arado a mano, uno se moriría antes de acabar (a lo mejor BB diría que la causa de la dependencia económica de los trabajadores es que tristemente la vida humana es muy corta) En segundo lugar, una producción para el momento, sin capital, por ejemplo cazar, o espigar, etc, tampoco es posible porque el suelo en el capitalismo no es tierra de nadie, sino que está bien acotado por la propiedad privada. Por lo tanto no es el hecho de esperar, sino el monopolio u oligopolio en los medios de producción (incluido el suelo) por la clase de los propietarios capitalistas lo que es la base de la dependencia económica y del beneficio.

    Pero la teoría de la espera encubre la base de la dependencia económica y de la ganancia. Encubre la naturaleza histórica de las relaciones modernas, la estructura de clase de la sociedad, y el carácter de clase de la ganancia.

    Consideremos otra cuestión en su teoría. “La esencia y el núcleo de la teoría del interés, dice BB, es la menos evaluación de los bienes futuros en relación con los bienes presentes. El famoso salvaje de Wilhelm Roscher devolverá 180 peces al final del mes, a cambio de 90 que le han prestado al principio, y aún tendrá un excedente de 720 pescados. Y el estima los presentes 90 pescado como de mayor valor que los futuros 180. Lo mismo ocurre en la sociedad presente, sólo que la diferencia según BB no es tan grande. ¿Por qué esa diferencia? Nos responde así:

    “Las diferencias de valoración son mayores en personas que viven al día y menores con personas que ya poseen una cierta cantidad de bienes”.

    (Böhm-Bawerk: Positive Theorie, pp. 471, 472.)

    Pero como hay “tantos trabajadores asalariados, en razón de su superioridad numérica”, el precio es una cierta comisión como resultado de las evaluaciones subjetivas, que es el beneficio. Está claro: incluso si aceptamos que las diferencias de valoración de bienes presentes y bienes futuros son una de las causas indirectas del origen de la ganancia, la diferencia en la situación económica de las distintas clases es la base de este “hecho”. La diferencia en las valoraciones presupone inevitablemente una diferencia social. Pero BB hace todo lo posible por tapar esto:

    “Puede haber casos, aparte de otras causas de compra de trabajo muy barato, que ya han sido explicadas, de alguna circunstancia aislada o de la concurrencia de otras razones para una compra de trabajo anormalmente barata: por ejemplo la hábil utilización de una favorable situación de negocio, opresión usuraria del vendedor, particularmente del trabajador”.

    (Böhm-Bawerk: Positive Theorie, p. 505, footnote.)

    Pero estos casos, nos dice BB, son anormales, el beneficio que se saca es un beneficio extra que no debe discutirse con la categoría que analiza, que se basa en otros fundamentos y tiene una significación sociopolítica totalmente diferente.

    Pero si lo examinamos más detenidamente las diferencias no son conceptuales. En ambos casos el beneficio o el interés es el resultado del cambio de bienes presentes por bienes futuros, de la compraventa de trabajo; en ambos casos la sobrestimación está condicionada por la situación social de compradores y vendedores. Porque los capitalistas siempre tratan de aprovecharse de la situación, que es siempre favorable para ellos y no favorable para los trabajadores. Y no se sabe que debemos considerar como opresión usuraria y opresión no usuraria; no tenemos motivos de tipo económico; tampoco nos da un criterio para saber en que caso la compra de trabajo es aparentemente barata y en otra muy barata. En el caso de la opresión usuraria la teoría de BB representa los hechos como en el caso normal de la formación del beneficio; la diferencia es que en el anterior caso el trabajador sobrestima los bienes en un 15% en relación con los bienes futuros y en el segundo sólo el 5 o el 10%. BB no nos ofrece ninguna distinción, ninguna diferencia conceptual.

    Si mantiene que la categoría social no desempeña un papel en los casos habituales, sólo está poniendo en evidencia su propia incoherencia al no aplicar esto en su explicación de las situaciones anormales.

    Pero lo guía todo el rato un instinto muy claro: negar la opresión social, incluso en los “casos anormales” reduciría su teoría al absurdo. Hemos analizado la tesis general de la Teoría del Beneficio de BB y hemos hallado que intenta evitar cualquier contacto con la realidad social que interpreta. Nuestro fin ha sido simplemente ilustrar el trasfondo teórico sobre el que BB proyecta sus esquemas.

    O sus supuestos fundamentales están en contradicción con la realidad (el argumento de la espera) o el factor social se oculta con dificultad (la evaluación de los bienes futuros como dependiente de la posición económica del evaluador) por esa razón Charassoff dice:

    “El trabajo siempre tiene menos valor… que los salarios presentes. Pero esto no niega la existencia del trabajo excedente, lo único que pretende es tratar de explicarlo de forma inconsistente o pretender justificarlo de alguna manera”.

    Parvus también se permite esta fina ironía:

    “Valor presente y valor futuro: ¿qué no puede probarse con esto? Si un hombre toma dinero de otro con la amenaza de la violencia, ¿cómo llamaremos a esto? ¿Un atraco? No, nos diría BB. Es un intercambio legítimo. El atracador prefiere el valor presente del dinero al valor futuro de la salvación eterna; el atracado prefiere el valor futuro de su vida al valor presente de su dinero.”

    Bohm-Bawerk NO PRUEBA, que la ganancia no sale del trabajo excedente sobre el trabajo necesario para reproducir la fuerza de trabajo y NO TIENE INTERESADAMENTE EN CUENTA que la diferencia de valoración presupone una posición social y una distribución previa de los bienes que no le interesa analizar, como brillantemente expone Bujarin. Y prueba de que el mismo sabe que está haciendo apología barata y se “esta pasando” es que dice que hay casos donde “aprovechándose de una situación especial” si que puede haber explotación “usuraria” dice él. Pero es que claro, los salarios de hambre también se explican por su teoría de que valoro más el bien presente de “la comida” cuando no tengo más remedio que aceptar un trabajo que los bienes futuros que produce el trabajador y que tienen un valor “igual” por ser futuros.

    Razonamientos escolásticos simplones, apologética y falta absoluta de coherencia científica. Luego aparte, la teoría de la preferencia temporal es una chapuza técnica sin fundamento teórico sólido lo ha expuesto usted brillantemente, pero no hace falta apuntar tan alto para que cualquier persona con sentido común vea este carácter apologético, no científico.

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    Antonio

    25/08/2013 at 18:00

  2. Aquí hay un trabajo que critica a Sraffa y algunas de las categorías desde donde se parte en esta entrada. Saludos!

    http://juanramonrallo.com/2013/08/critica-a-la-teoria-neo-ricardiana-y-clasica-del-valor/

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    Willi Münzenberg

    25/08/2013 at 20:06

    • Las dos críticas de Rallo al sistema sraffiano siguen sin responder el problema de la incuantificabilidad del capital a partir del tiempo medio de espera con su correlato de premio por postergación del consumo, riesgo asumido etc. Es imposible determinar a partir de esta entelequia variables como TG o Tasa de interés que son pre existentes y determinantes de esta construcción ad hoc viable en el reino de la fantasía. Es un monumental bolazo para encubrir que la ganancia capitalista surge de trabajo no remunerado. Rallo no contesta en nudo de la crítica. Si alguien tiene la paciencia franciscana de leer el conjunto de los comentarios, podrá darse cuenta de lo fácil que es salir disparado al mundo de la ciencia ficción. Los precios surgen la interacción entre oferta y demanda y amén. De ahí no pasan.

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      AP

      01/09/2013 at 10:52

  3. En el penúltimo párrafo se hace “prevalecer” el método que vale menos:

    “…con la tecnología (1) B vale 10,08 y con la tecnología (2), B vale 10,656; se impone entonces (1)…”

    ¿Se trata de una errata o me dejo algo?

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    Amat

    01/09/2013 at 08:20

    • Prevalece el método que permite producir B a menor precio. Por eso con r = 20% se impone la tecnología (1).

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      rolandoastarita

      01/09/2013 at 09:48

    • No se de que te extrañas AP. Discutir con un austriaco es como discutir de teologia con un farsante catolico. Te llevan a su juego de conceptitos y peticiones de principio y venga a dar vueltas sobre lo mismo y si la cosa no cuadra pues redefino la realidad con un sutil cambio de nombre o basto segun lo listo que sea el ejemplar en cuestion.

      e principio

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      antonio

      01/09/2013 at 13:50

  4. Debo ser muy torpe pero no entiendo el razonamiento matemático. ¿LA es lo mismo que L sub A? Me refiero al denominador del período medio, que pone LA que no ha sido definido con anterioridad aunque puede ser un error tipográfico y se refiera a L sub A.
    ¿Qué quiere decir exactamente período de producción? No entiendo cómo lo calculas.
    LA es trabajo total, ¿esto quiere decir que es el trabajo total necesario para una unidad de producto? ¿En el método 1 no es 11 (2×5 + 1)? Pero en el cálculo no usas 11 sino 10.
    En los tres ejemplos usas como LA el producto de las unidades de trabajo que se necesitan al principio multiplicado por el número de años iniciales en los que la cantidad de trabajo requerida no cambia. No se si esto es por algún razonamiento o en realidad se ha calculado de otro modo y es una casualidad que coincida con lo que estoy diciendo.
    En el caso del método 1, Cuando se dice que se usan cinco unidades de trabajo en dos años, ¿quiere decir cinco unidades cada año o cinco en total a lo largo de los dos años?
    Primero pone LI = (L1 + 2L + 3L3+ …). Es decir, que al trabajo de cada año le pone un coeficiente según si es el primer año, el segundo, etc. Pero cuando hace la cuenta, esos coeficientes se abandonan.
    En definitiva, ¿sería posible aclarar más el ejemplo, definiendo las variables, poniendo todos los cálculos intermedios, etc?
    Un saludo

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    AC

    01/09/2013 at 13:14

    • Pensé que se entendía, pero voy a agregar entonces la aclaración. Böhm Bawerk calcula la media aritmética del período de producción dividiendo L (sub A; no tengo manera de hacer aquí el subíndice) por LA, siendo L (sub A) igual a la mano de obra empleada multiplicada por los períodos, y LA la suma de la mano de obra. Por eso, si se utilizó 5 unidades de mano de obra durante dos períodos, y 5 unidades de mano de obra durante un período, L (sub A) es = 15, en tanto LA = 5 + 5.

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      rolandoastarita

      02/09/2013 at 10:25

  5. Antonio, ¿Así que lo tuyo es “discutir”? Muy buen camino has tomado para buscar una verdad. Que te sea leve…

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    Willi Muntzenberg

    01/09/2013 at 22:40

    • Si prefiere digo “debatir”, Y no he dicho que para buscar la verdad haya que “discutir” simplemente reflexiono sobre los métodos de (lo que me parece la mayoría de los) austriacos en los debates, que me parecen ilustrar todos y cada uno de los puntos que ya exponía Shopenhauer en “Dialéctica erística”.

      Saludos.

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      Antonio

      02/09/2013 at 03:58

  6. Marx se equivoca porque el intercambio de mercancías no se hace siempre con el criterio de la igualdad de horas de trabajo, aunque ambas partes asignen un valor de uso más alto a la mercancía que reciben a cambio . La teoría del valor de Marx no puede explicar que el valor de cambio no necesariamente es la cantidad de horas de trabajo que tiene una mercancía, y ejemplos sobran. Por ejemplo, una mercancía que se liquida por estar mucho tiempo en inventario a un precio menor que el de su costo de producción, se intercambia por menos horas de trabajo. El que paga esa mercancía se lleva más tiempo de trabajo que el oro que está entregando, dado que el valor de cambio de la mercancía en cuestión es inferior a las horas de trabajo que costó producirla. Marx trata como “excepciones” este tipo de situaciones en un principio, pero después en el tercer volumen de El Capital reconoce que en el mercado no se intercambia como él dice. De hecho, la teoría del valor-trabajo de Marx no puede explicar por qué uno invierte dinero en una nueva empresa y puede fracasar, aun en un ciclo positivo de la economía. Las estadísticas demuestran que 9 de cada 10 empresas nuevas fracasan antes del quinto año. También hay casos de sobra en dónde empresas ya existentes han quebrado. Pero según Marx, el capitalista nunca pierde, siempre cobra una plusvalía, y nunca tiene una minusvalía. Desde un punto de vista empírico, la teoría de Marx es pseudocientífica porque no explica la realidad. Uno sale a la calle, y la realidad es otra.

    Los marxistas en general pretenden refutar esta crítica diciendo: “Eso que dijiste es el precio, y es así por cuestiones del mercado. El valor de cambio, su verdadero valor, es la cantidad de horas de trabajo que costó producir la mercancía”. Pero si se habla de “verdadero valor”, entonces cualquier cosa que se produce tiene valor, independientemente de si sirve poco o mucho a la sociedad. Primera contradicción.

    Entonces ahí responden: “El valor de cambio fue menor porque el trabajo fue inútil”. Pero Marx dice que la condición necesaria para el intercambio es que la mercancía tiene que servir, tiene que tener valor de uso. Pero en el caso que acabo de mostrar, tiene valor de uso para aquel que la pagó, y el oro que recibió el vendedor también tiene valor de uso para él. Los marxistas pasan a decir: “Bueno, el valor de cambio depende del trabajo, pero también depende de cuán útil es ese trabajo para la sociedad”. Ok, ¿y la supuesta objetividad? ¿Quién determina si es útil o no? ¿Cómo lo sabe el “explotador” de antemano? ¿Tiene la varita mágica? Segunda contradicción.

    Otra que hacen es hablar del trabajo complejo y el trabajo simple. “La mercancía fue intercambiada por menos horas de trabajo porque la otra mercancía tuvo un trabajo más “complejo” “. Es otra clásica respuesta que dan los marxistas siempre. Ahora bien, ¿cuál es la relación teórica entre el trabajo de un plomero y el trabajo de un electricista? Generalmente responden: “No se sabe, pero está determinada por los precios del mercado”. ¿Y quién determina los precios? ¿Qué pasa cuand nadie necesita un plomero y todo el mundo necesita un electricista? ¿Se hace más complejo el trabajo del electricista? No creo. Tercera contradicción.

    Fue Böhn Bawerck el que se encargó de refutar a Marx a fines del siglo XIX, desmontando todas las falacias al identificar todas las contradicciones lógicas que tiene la teoría de valor-trabajo. Los economistas marxistas nunca respondieron a esas contradicciónes, sólo se dedicaron a criticar a Böhn Bawerck con argumentos de polilogismo, y otras cosas más que no vienen al caso. Desde un punto de vista estrictamente científico, el marxismo fue refutado hace 130 años.

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    Guido

    06/11/2013 at 16:59

    • Le recuerdo que la nota trata sobre la crítica a la teoría del capital de Böhm Bawerk. ¿Tiene algo para decir al respecto?
      Sobre sus “críticas” a la teoría de Marx, es la cantinela de siempre, y ya fueron respondidas en otras notas. Brevemente: a) cuando las mercancías no se venden porque hay sobreproducción, no se cumple con la segunda determinación de tiempo de trabajo socialmente necesario, como explica Marx varias veces en El Capital.
      b) Nunca el productor sabe a priori si su producto satisfacerá en la medida necesaria una necesidad social, porque la sanción del trabajo privado es a posteriori, se realiza en la venta. Esto está en la esencia de la teoría del valor de Marx y su crítica al mercado.
      c) La relación entre trabajo complejo y simple no deriva de los precios de mercado, sino de los grados de cualificación (que demandan tiempo de trabajo) de la fuerza de trabajo.
      A todo esto, vuelvo al tema de la nota. La misma demuestra que la teoría del capital de Böhm Bawerk es incoherente. ¿Por qué no nos ilustra un poquito acerca del asunto?

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      rolandoastarita

      06/11/2013 at 18:02

  7. Una pregunta relacionada con el tema de las preferencias temporales que utilizan desde la Escuela Austriaca para atacar al marxismo y que no me quedó claro leyendo la nota.

    ¿Tendrían el mismo valor de cambio una vivienda comprada sobre plano, (la compro hoy y me la entregan dentro de 5 años), que una vivienda ya producida?

    Supongamos que es la misma vivienda, con los mismos costos de producción, …, etc.

    Un saludo

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    Carlx

    07/11/2013 at 22:00

  8. Rolo, mera cuenta que no me cierra.
    Si TA = L1 + L2 … /LA, entonces TA metodo1= 5×2 + 5/10. TA=1.5
    Si VA= LA (1+rTA), entonces VA metodo1= 10 (1+1.5r). Si r=10%, VA metodo1= 11.5
    Pero si, a su vez, VA= L1 (1+r) + L2 (1 +2r)…, entonces VA metodo1= 5×2 (1+r) + 5 (1+2r)= 17
    No me cierra, quizás estoy resolviendo mal.
    Saludos.

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    Juan

    06/01/2015 at 08:21

    • El problema lo tenés en 1= 5×2 (1+r) + 5 (1+2r)= 17; 2 debe multiplicar a la tasa de interés r, no a (1+r).
      O sea, es 5(1+0,1×2)+5(1+0,1) = 6 + 5,5 = 11,5.

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      rolandoastarita

      06/01/2015 at 09:11

    • Perfecto. Gracias Rolo!

      Me gusta

      Juan

      07/01/2015 at 07:18

    • Rolo creo que habría que aclarar que las unidades de trabajo son las invertidas durante todo el periodo y no por año. Tiene la misma forma que el ejemplo del vino de Ricardo donde el vino de guarda tiene la misma cantidad de trabajo que el vino regular pero exige más tiempo de producción. Es decir, la misma cantidad de trabajo se aplica en un periodo más prolongado.

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      Gus

      05/02/2015 at 07:40

    • Ahora estoy con mucho trabajo, pero en unos días reviso la nota. Gracias por la observación.

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      rolandoastarita

      05/02/2015 at 22:20

  9. Profesor Astarita, adno buscando alguna publicación o bibliografía interesante sobre Garegnani y su contestación al famoso problema atribuido tradicionalmente a Marx sobre la “contradicción” entre valores y precios de producción ¿Sería tan amable de darme alguna recomendación?

    Saludos

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    JHaydn

    08/04/2015 at 12:09


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