Rolando Astarita [Blog]

Marxismo & Economía

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional (3)

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Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

Esta es la tercera y última entrada de “Lenin, sobre dependencia y liberación nacional” (la primera aquí, la segunda aquí).

Planteos conectados

El tema tratado en esta nota enlaza con otros planteos que he presentado en este blog. Una primera cuestión es que no tiene sentido decir que actualmente el país dependiente típico es explotado (seguramente en este punto tengo una diferencia con el planteo de Lenin). Es que en la actualidad la relación económica predominante, en los países dependientes, es capitalista, y por lo tanto la extracción del excedente opera a través de la generación y apropiación de plusvalía, de la queparticipan los capitales según su fuerza relativa, sean nacionales o extranjeros; la cuestión del colonialismo en esto no interviene. Pero si los capitales nativos de los países dependientes participan de la explotación según su fuerza relativa, no tiene sentido decir que son explotados, u oprimidos, por los capitales extranjeros; más bien son socios en la explotación del trabajo. Éste es un punto en el que mantengo una fuerte diferencia con buena parte de la izquierda “nacional”, que piensa que la burguesía criolla es “semi-oprimida” por el imperialismo (según Trotsky, 1937, la burguesía de los países semicoloniales sería una clase “semi-gobernante, semi-oprimida”). Los países dependientes y atrasados hoy no están sometidos al saqueo y pillaje por vía de la dominación colonial, y por lo tanto no tiene sentido afirmar que “la nación” (esto es, comprendiendo a su clase dominante) está oprimida, o explotada en alguna forma.

Para expresarlo con nombres, en Argentina los grupos Socma, Techint, Lázaro Báez, Bulgheroni, Clarín, Macro, Arcor, Pescarmona, Grobo y similares, no son explotados, sino explotadores. Algo similar ocurre con los grandes grupos económicos mexicanos, chilenos, malayos o indios. Pueden estar asociados con capitales extranjeros, sean financieros, comerciales o productivos, pero no por ello están colonizados. Lo mismo se puede decir de los inversores argentinos (o de cualquier otro país atrasado) que realizan inversiones directas en otros países, o colocan fondos en los grandes centros financieros internacionales. Sus intereses están entrelazados con los del gran capital. Un funcionario argentino que invierte sus dinerillos en un paraíso fiscal, no es un explotado por el capital financiero internacional; es alguien que ha participado, y se ha beneficiado, de la explotación de la clase obrera de “su” país, y se sigue beneficiando de la explotación del trabajo a nivel global. En definitiva, la clase dominante argentina, como la de cualquier otro país dependiente, no es “semi-oprimida” ni “semi-explotada”, como aparecía en la visión tradicional basada en la caracterización “Argentina semicolonia”. Por esta razón, tampoco tiene sentido sostener que la clase obrera europea o estadounidense participa de la explotación de la clase obrera del llamado tercer mundo, como sostienen algunos marxistas “nacionales” (hace algunos años, escuché por televisión a la por entonces diputada Ripoll decir que los trabajadores españoles gozaban de “altos salarios” porque las empresas españolas sobre-explotaban a los trabajadores argentinos).

En segundo término, la evolución de la mayoría de los países de colonias a países capitalistas dependientes, no se puede comprender si se sigue aferrado a la idea de que la entrada del capitalismo europeo en la periferia sólo generó retroceso de las fuerzas productivas o estancamiento. O que la oligarquía terrateniente nunca podría evolucionar hacia alguna forma de capitalismo agrario. Se trata de una tesis que se instaló en la izquierda a partir de 1934 (séptimo congreso de la Internacional Comunista), y se mantuvo, con pocas variantes, hasta el día de hoy. Por eso es tan común que la izquierda “nacional” diga que Marx se equivocó cuando pronosticó que en el largo plazo la entrada de los ferrocarriles británicos en India terminaría generando capitalismo indio (y buena parte de la izquierda “ortodoxa” guarda prudente silencio sobre el asunto).

Por eso también, casi nadie quiere recordar los pasajes en los que Lenin planteaba que la entrada del capital extranjero en las colonias daría lugar al desarrollo de fuerzas productivas capitalistas en esos territorios. Según la visión “estancacionista”, en las periferias sólo podían reinar el atraso y el saqueo colonial, de manera que el desarrollo capitalista estaba “bloqueado” (término empleado por Samir Amin, o Ernest Mandel) en algún sentido fundamental. Sin embargo, la predicción de Marx se mostró más acertada que el enfoque estancacionista (véase aquí). Indudablemente, la entrada del capital en el Tercer Mundo, del brazo del colonialismo, provocó enorme devastación y retroceso (véase Bairoch, 1982), y esta situación es el elemento de verdad que tienen las tesis estancacionistas. Pero también generó, dialécticamente, las condiciones para que surgiera una fuerza social burguesa, con raíces propias. En la Argentina dependiente del siglo XIX, por caso, las inversiones británicas de ferrocarriles, alentadas por los gobiernos tradicionalmente considerados pro oligárquicos y pro capital extranjero -Mitre, Sarmiento, Avellaneda- también alentaron, en definitiva, un desarrollo capitalista. Puede, con toda razón, considerárselo un desarrollo tecnológicamente atrasado y desarticulado, pero no dejó de ser desarrollo capitalista. Obsérvese que desde la perspectiva que estoy defendiendo, un libro como Facundo, de Sarmiento, no es la expresión de un programa de desarrollo colonial, como sostiene la corriente nacional, sino capitalista; más precisamente, de acumulación originaria -esto es, por medio de la violencia- capitalista.

El desarrollo capitalista, por otra parte, hace que en la actualidad sea más visible la distancia que media entre los países dependientes, y las colonias y semicolonias que analizaba Lenin. Más aún, hoy la exportación de capitales desde países atrasados, y el surgimiento de  grupos con intereses globales y raíces en los países atrasados, introducen nuevas complejidades en las relaciones de dependencia. En 2000 la participación de los países atrasados en la inversión extranjera directa mundial era del 12%; en 2012 fue del 35% (los BRICS, esto es, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica son los mayores inversores; UNCTAD, 2013)). En 2011 el 42% del stock de IED de los BRICS estaba en países adelantados (y el 34% en EEUU). En 2012, entre los 20 países inversores más importantes del mundo estaban China (segundo lugar, con 123.000 millones de dólares); Rusia, en el octavo lugar (con 51.000 millones de dólares); Corea, en el puesto 13; México en el 15; Singapur en el 16 y Chile en el 17 (con 21.000 millones de dólares; fuente UNCTAD 2013). En la lista Fortune 2012 de las 500 empresas globales más poderosas del mundo, 73 empresas eran de China, 13 de Corea del Sur, 8 de Brasil, 8 de India, 7 de Rusia, 6 de Taiwán, 3 de México, 2 de Singapur, y con una empresa figuraban Malasia, Colombia, Tailandia, Venezuela, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Según el McKinsey Global Institute, de las 8000 empresas que a nivel mundial producen ingresos superiores a 1000 millones de dólares anuales, el 26% pertenece a países atrasados. No estamos diciendo con esto que Malasia o Brasil se equiparan con Japón o EEUU, sino significando que hubo un desarrollo capitalista, y que las burguesías de muchos países atrasados en absoluto pueden ser consideradas simples marionetas de los capitales de las grandes metrópolis.

El desarrollo también involucró a las famosas “oligarquías terratenientes parasitarias”. Por ejemplo, en Argentina, cuando se dieron las condiciones, los grandes propietarios de la tierra en la Pampa Húmeda invirtieron en la producción de soja y maíz, y avanzaron por una vía capitalista. Se puede discutir si es un avance tecnológico mayor o menor que el de los países adelantados, pero no hay dudas de que se trató de un desarrollo capitalista. Lo mismo sucedió con otras esferas de la actividad económica: surgió un capitalismo con bases propias, que actúa en conveniencia con el capital extranjero. Se confirma también que esta evolución terminó acentuando la relación de las economías de estos países con el mercado mundial, y con el capital mundial. El desarrollo capitalista da como resultado que todas las economías sean hoy cada vez más interdependientes. La discusión sobre la “cuestión nacional” (y la famosa “burguesía nacional”) en países como Argentina, se resuelve en la intelección de estos desarrollos.

Liberación nacional y contradicción capital trabajo

Como no podía ser de otra manera, las diferencias en torno a estas cuestiones desembocan en diferencias en torno al carácter de las luchas sociales y políticas, y los programas que deberían defender los socialistas en los países atrasados. En la visión “a lo Milcíades Peña”, el problema fundamental sería lograr la liberación nacional. El enfrentamiento de la clase obrera con la burguesía se plantea, desde esta óptica, no porque el capital implique una relación de explotación, sino porque juega un rol contrarrevolucionario en relación a la liberación nacional. Volviendo al escrito de Peña, ya citado: “Ante todo, la clase obrera se enfrenta a la burguesía porque ésta es una clase básicamente antinacional y contrarrevolucionaria desde el punto de vista de la realización de las grandes tareas revolucionarias de la nación. Por eso la tendencia a poner en primer plano los antagonismos entre el proletariado y la burguesía nacional olvidando el antagonismo entre la nación y el imperialismo es sin duda condenable, pero igualmente condenable, igualmente nocivo y contrarrevolucionario, es el intento de ocultar, frenar y taponar la lucha de clases en supuesto beneficio de la lucha nacional antiimperialista” (pp. 159-160).

Este pasaje sintetiza en buena medida las diferencias entre Peña (y el trotskismo, la corriente de la dependencia y similares), por un lado; y la izquierda nacional (incluido el stalinismo), por el otro. Pero también permite ver la distancia entre el planteo de esta nota, y el de Peña (y los trotskistas). De acuerdo al enfoque que defiendo, hay que poner en primer plano el antagonismo entre el capital y el trabajo, no porque esté pendiente alguna tarea histórica de liberación nacional, sino porque domina un modo de producción basado en la explotación del trabajo por el capital, sea este último nativo o extranjero. Lo cual conecta, inevitablemente, con la perspectiva internacionalista.

Por otra parte, también pierde sentido el apoyo “crítico” a partidos o corrientes políticas por su pretendido “antiimperialismo”. Una cuestión que, en determinadas coyunturas, ha marcado líneas políticas y mensajes cargados de sentido “nacional”. Por ejemplo, en 2002 muchos dirigentes de la izquierda argentina apoyaron la candidatura de Lula a la presidencia de Brasil, con el argumento de que enfrentaba al imperialismo de EEUU. Así, Vilma Ripoll, del Movimiento Socialista de los Trabajadores, explicaba que el triunfo de Lula terminaría “con años de gobiernos directos del FMI y las multinacionales” (Página 12, 27/10/02); según esta visión, el gobierno de Fernando Henrique Cardoso había sido de tipo semicolonial (cipayo, agente del imperialismo), y con Lula el país, y América Latina, avanzaban hacia su independencia. Luis Zamora se expresaba en términos semejantes: aconsejaba votar por Lula “para enfrentar a EEUU y su política militarista de dominación” (ídem). Estos dirigentes no podían ubicar el programa de gobierno del PT en los marcos de un gobierno más o menos “normal” (y bastante conservador, por cierto) de un país dependiente. Tampoco advertían que las políticas fundamentales de Cardoso (privatizaciones, énfasis en reducir el déficit fiscal, promoción de condiciones para invertir) no obedecían a “dictados” de Washington, sino derivaban de la lógica del capital “en general”, con anclaje en el mismo Brasil. En esta visión “nacional marxista”, la historia queda reducida, en última instancia, a una interminable sucesión de “traiciones” a los intereses de la patria oprimida.

No se trata de errores debidos a falta de información, sino son el resultado de una concepción globalmente equivocada, cuya raíz última es la incomprensión de las tendencias que operan a nivel del capitalismo mundial. En definitiva, volver sobre la distinción leninista entre países dependientes y coloniales y semicoloniales, y su relación con las evoluciones del capitalismo, puede ser fructífero para la elaboración de los programas y líneas de acción del socialismo en los países atrasados.

 Textos citados:
Bairoch, P. (1982): “International Industrialization Levels from 1750 to 1980”, Journal of European Economic History, vol. 11, pp. 269-333.
Peña, M. (1974): Industria, burguesía industrial y liberación nacional, Buenos Aires, Ediciones Fichas.
Trotsky, L. (1937): “Not a Workers’ and Not a Bougeois State?”, en http://www.marxists.org/archive/trotsky/1937/11/wstate.htm.
UNCTAD, (2013): World Investment Report, Global Value Chains: Investment and Trade for Development, http://unctad.org/en/PublicationsLibrary/wir2013_en.pdf

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Written by rolandoastarita

05/02/2014 a 12:24

31 comentarios

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  1. Rolando
    Las invasiones de los miembros de la otan y de otros países del primer mundo hacia países como Iraq o Afganistán, eso no hace que al menos en el plano militar o geopolitico exista un imperialismo?
    El porcentaje de empresas que pertenecen a países extranjeros en EEUU, Japón o Europa ( no se el numero) pero es cualitativamente menor que en países del tercer mundo ( argentina de las 500 mas grandes alrededor de 80 % son extranjeras y del primer mundo principalmente)
    El hecho de que lula sea mejor que cardozo por ejemplo por luchar contra el Alca no implica una capacidad de desarrollo mas autónomo del capitalismo del tercer mundo, no son dos visiones de formas de integrarse ( una mas dependiente y otra menos?)
    por ultimo el entrelazamiento de las empresas del primer mundo entre si es cada vez mayor, por ejemplo el fondo de inversión Black Rock administra fondos por 4 billones de dolares ( o 4 trillon en ingles) es el primer accionista con mas del 5% en varias empresas no de EEUU de forbes 500

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    Alicia

    05/02/2014 at 14:54

    • ¿En alguna parte de la nota afirmo que no existe el imperialismo? Lo que discute la nota es la categoría de país semicolonial aplicada a países como Argentina. El contenido que tiene en la actualidad la categoría imperialismo lo he discutido en otros lugares.
      Por otra parte, un desarrollo más o menos autónomo de un país entra en los márgenes de variaciones de países dependientes. Dinamarca seguramente es menos “autónoma” que Brasil (tomando la participación de su comercio exterior en el pbi, su integración en el área europea, etc), lo cual no significa que esté más “colonizada” que Brasil.

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      rolandoastarita

      05/02/2014 at 15:01

  2. Rolando. Leyó ‘la Rebelión del campo’? de Barsky y Dávila? Impresionante trabajo que muestra el gran desarrollo del capitalismo agrario argentino en las últimas décadas.

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    AP

    05/02/2014 at 23:05

    • Compañero AP ¿tiene un correo para contactarlo? Es por si pudiese compartir un programa y otros documentos políticos que ha ofrecido compartir con cros./as. en ocasiones anteriores. Saludos!
      (Disculpen que haga una pregunta así por este medio, pero no hay mucha alternativa)

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      JL

      06/02/2014 at 00:43

    • No leí ese trabajo, pero en “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo” cité de manera extensa otros dos escritos de Barsky que van en el mismo sentido: hubo un fuerte desarrollo capitalista en el campo en las dos últimas décadas.

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      rolandoastarita

      06/02/2014 at 08:48

  3. Compañero Jl. No tengo inconveniente en enviarle todos los documentos disponibles. Por razones personales le solicitaría publique un mail al que desee sean destinados y a partir de allí podra comunicarse directamente conmigo. Desde ahora agradezco su interés.

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    AP

    07/02/2014 at 00:45

  4. “En esta visión “nacional marxista”, la historia queda reducida, en última instancia, a una interminable sucesión de “traiciones” a los intereses de la patria oprimida”. Precisamente a esto me refería cuando en un comentario anterior identificaba la postura del libro “La Revolución clausurada” escrito por un militante del PO, con los intentos de caracterización de Argentina como una semi-colonia. Ya con el título estan queriendo mostrar que hubo una historia que pudo ser pero que no fue. La pregunta es: ¿Con que necesidad? Lo único que logran es darle pasto a las fieras del campo nacional y popular, al punto que el libro fue presentado por Felipe Pigna. Sus posturas en definitiva coinciden: Moreno, Belgrano, Artigas y compañia son los representantes de una burguesía progresista que es traicionada y aniquilada por los antinacionales cipayos de Sarmiento, Mitre y demás. Estos últimos serían según ellos la consecuencia del “Termidor argentino” (como si en Francia se hubiera vista impedida la industrialización por el “Termidor”) Llama la atención la pobreza de los planteos históricos en un partido tan importante como el PO.
    Rolando: ¿Como caracterizaría a paises en la situaciónactual de Irak y Afganistan?

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    Nicolas Pereyra

    07/02/2014 at 22:16

    • Irak y Afganistán entrarían en los casos híbridos, que no se dejan encasillar fácilmente. De todas formas, ya cuando se produjo la invasión a Irak polemicé con la idea -muy extendida en la izquierda- de que el objetivo era establecer una explotación de tipo colonial (apropiación violenta, saqueo) del petróleo. No encuentro evidencia empírica de que haya sido así. Incluso, cuando se otorgaron concesiones petroleras, se vieron beneficiadas empresas pertenecientes a países que no participaron de la invasión, como Francia y Rusia. Exxon fue excluida por el gobierno iraquí, como castigo por haber negociado con los kurdos de manera independiente. Lo sucedido en Afganistán tampoco encaja en la explicación fácil de “entraron para convertir al país en una colonia”; ver aquí.

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      rolandoastarita

      08/02/2014 at 10:29

  5. http://en.wikipedia.org/wiki/Petroleum_industry_in_Iraq
    Ahi estan todos los campos de petroleo y el porcentaje que tiene cada compañia
    como bien dice rolando, empresas de países que se opusieron a la guerra tienen mas que empresas inglesas o de USA.

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    Alicia

    08/02/2014 at 15:07

  6. Rolando: El tema que abordás brillante y didácticamente sobre la inexistencia de la “liberación nacional” en países como Argentina, fue abordado en la década del 70 por Socialismo Revolucionario (fracción del PCR), Acción Comunista (fracción del MLN), Tendencia Socialista Revolucionaria (fracción del PRT El Combatiente), Sebreli lo abordó en “Tercer Mundo mito burgués” y el desarrollo capitalista en el agro, Ismael Viñas en “Tierra y clase obrera”. Me parece justo reconocer estos antecedentes, que posiblemente han tenido insuficiente difusión. Tus notas son excelentes.

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    Carlos Hugo Alberto (el apellido es Alberto)

    09/02/2014 at 22:36

    • Gracias por los aportes. No conozco esos materiales, ni los conocí en los 70. Mi contacto con la crítica a la “liberación nacional” (para países como Argentina) fue apenas en unas discusiones, a las que asistí a comienzos de 1973 (estaba terminando mi año de servicio militar). Por entonces militaba en el trotskismo, y un compañero un día me invitó a un bar, diciéndome que iba a discutir con unos militantes que decían que en Argentina no estaba planteada la liberación nacional. Nos encontramos entonces en un bar de la avenida Corrientes (hasta 1975 muchos debates se daban en los cafés de Corrientes; después vinieron las 3A y las cosas cambiaron), éramos 3 trotskistas y 2 compañeros de la otra organización (no recuerdo el nombre). Lo que sí tengo presente es que nuestros argumentos se caían.
      Algún tiempo después se articuló una respuesta “oficial”: había que plantear la liberación nacional porque el sentimiento nacionalista estaba muy presente en la clase obrera y el pueblo, y si no se lo hacía, los marxistas quedarían marginados. Recuerdo también que algunos militantes comentamos que no era un argumento satisfactorio (en el fondo, se trata de un argumento oportunista).
      Así quedó el asunto; en lo personal, me quedaba esa “espina”, que solo la resolví muchos años después.

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      rolandoastarita

      10/02/2014 at 10:20

  7. Carlos Hugo, supongo que esa fraccion del PCR debería ser minoritaria: hoy día el PCR sí llama a “luchar por la Segunda Independencia Nacional”. Según ellos tenemos que librarnos de los imperialismos (EEUU y China en principio) y por ello es que caracterizan la guerra de Malvinas como una “guerra justa”, entre otras consideraciones.

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    Tavo

    10/02/2014 at 14:10

  8. Rolando, es enorme su interpretación del capitalismo como sistema global y la identificación y posición de de los países dependientes.
    Hay algo que no me queda del todo claro. Dice usted que no tiene sentido decir que un país dependiente es explotado, pero entonces, ¿Qué significa ser explotado y que significa ser dependiente en el capitalismo global?.
    Queda caro que un país dependiente tiene una burguesía autodeterminada y que rige plenamente la ley del valor, esto es, la producción y extracción de plusvalía se realiza fundamentalmente por vías económicas y solo secundariamente por la fuerza y la coacción. Pero esto no implica que no exista una explotación entre países, claro que explicada por leyes económicas y no por el carácter colonial o semi colonial de la relación. Al competir globalmente, los capitales mas atrasados (menor composición orgánica) de los países periféricos transfieren plusvalor a los capitales de los países centrales, claro que esto no significa que el capital del país atrasado sea “explotado” por el de los países centrales, sino que el proletariado de los países atrasados es explotado por el capital nacional y transnacional. Aquí rige plenamente la ley del valor, pero existe explotación entre países, en el sentido (solo en este sentido) de que la plusvalía producida por el proletariado de naciones atrasadas es transferida a las burguesías de naciones adelantadas (o burguesías transnacionales).
    Otro tema ¿Sabe si hay algún partido en Argentina que recoja la distinción que usted hace entre países dependientes y semi-coloniales?

    Salud!

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    Claudio FM

    10/02/2014 at 16:42

    • La explotación consiste en la apropiación sistemática de plustrabajo (no pagado) por parte de una clase social. En la relación libre entre dos productores que intercambian sus mercancías según sus tiempos de trabajo, no hay explotación. Sí la hay cuando el trabajador recibe, por ejemplo, el equivalente a 4 horas de tiempo de trabajo, y genera 4 horas de plusvalía. La dependencia tiene que ver con una situación de inferioridad tecnológica y productiva; es un fenómeno entonces distinto. En la competencia internacional el capital de un país adelantado puede imponerse al capital de un país atrasado no porque el primero explote al segundo, sino porque tiene ventaja tecnológica. Es lo que sucede al interior de un país, extendido esta vez al plano mundial. Cuando en promedio los capitales de un país están en condiciones de inferioridad tecnológica (en términos generales, la productividad del trabajo es menor en relación a la de los capitales de los países adelantados), estamos ante un escenario de dependencia, no de explotación.

      Soy consciente de que todo esto hace mucho ruido en la izquierda, tan habituada a las tesis del monopolio (critican al capitalismo porque las empresas son demasiado grandes, no porque son capitalistas) y de la explotación de países. Pero no tengo otra manera de decirlo. Si prevalecen las relaciones capitalistas, no hay explotación entre países (la tesis de las “naciones proletarias” y las “naciones burguesas” se viene abajo). El intento más sistemático que se hizo para fundar una tesis de explotación entre países consistió en la tesis del intercambio desigual. En su formulación más general y moderna, presentada por Mandel y ampliada por Shaikh y Carchedi, la explotación se produce porque los trabajadores de los países atrasados (esto es,los que emplean tecnología relativamente atrasada) generan más valor que los que emplean tecnología adelantada. En “Valor, mercado mundial y globalización” y en “Economía de la dependencia” traté de demostrar que esta tesis conduce a absurdos; de hecho, solo se puede afirmar a costa de no dejar en pie prácticamente nada de la teoría del valor trabajo. En este blog traté esto aquí y aquí. Concretamente, es un absurdo decir que si he producido un automóvil en 100.000 horas de tiempo de trabajo, habré generado 100.000 horas de valor objetivado, que se las apropia alguien. La realidad es que en ese caso habré desperdiciado decenas miles de horas de trabajo improductivo.
      Por otra parte, la tesis de la explotación de los países atrasados se debilita más, si se quiere, si introducimos la cuestión de la renta (agraria, minera, o lo que se quiera). ¿Un país que recibe decenas de miles de millones de dólares por renta, es explotado por los importadores de sus productos agrícolas o mineros? Hasta ahora no encontré a nadie que quiera llegar a semejantes absurdos.
      Los partidos de izquierda en Argentina, hasta donde alcanza mi conocimiento, reivindican la bandera de la liberación nacional; aunque no estoy seguro de que hagan hincapié en la distinción entre países dependientes y semicoloniales.

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      rolandoastarita

      10/02/2014 at 18:01

    • Pero si tenemos multiples capitales con multiples grados de avance tecnologico compitiendo entre si en un mercado global, ¿no se le imponen a esos multiples capitales, por obra de la competencia, los precios de producción? y ¿no significa esto que parte de plusvalìa será transferida desde capitales atrasados hacia capitales adelantados?. Por supuesto, sin ninguna coacciòn, sino por obra de la competencia capitalista y las leyes economicas. Sin hablar de explotación,¿ cree usted que se sostiene la afirmacion de que hay una transferecia de plusvalia desde las naciones con menor productividad promedio del trabajo?, y si es asì, no deberia incluirse en esto en un programa socialista?

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      Claudio FM

      10/02/2014 at 18:20

    • Ni siquiera Arghiri Emmanuel pretendió explicar el intercambio desigual por las desigualdades en las composiciones de capital en promedio. Si fuera así, Marx debería haber hablado de explotación por parte de los capitales ubicados en las ramas de mayor composición orgánica (promedio) sobre los capitales ubicados en las ramas de menor composición orgánica (promedio). Por supuesto, no lo hizo, porque se trata de un reparto de plusvalía al interior de la clase explotadora. En la medida en que los capitales participan de la explotación, deben recibir una parte alícuota de la plusvalía generada. Este reparto habla más de la hermandad profunda del capital, que del enfrentamiento (extendido el asunto al mercado mundial, se trata de la hermandad en la explotación de TODOS los capitales, sean criollos o extranjeros).

      Por supuesto, lo anterior se aplica a las composiciones orgánicas promedio. En el análisis intra-rama, los capitales con menor tecnología (que por lo general producen menos plusvalía, precisamente por el atraso tecnológico) no hay manera de que transiten plusvalía a los capitales más avanzados, como ya le dije en la anterior respuesta (y vuelvo a remitirlo a las notas citadas).

      Por último, me pregunta “¿cree usted que se sostiene la afirmación de que hay una transferencia de plusvalía desde las naciones con menor productividad promedio del trabajo?”. La respuesta es NO, y la razón está contenida en lo anterior. Por supuesto, no es una cuestión de “creencia” mía, sino un resultado lógico de la noción del valor en tanto tiempo de trabajo SOCIALMENTE necesario, objetivado.

      El marxismo es ciencia, y no se lo puede acomodar al gusto de lo que quiera demostrar, a toda costa, el tercermundismo nacionalista.

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      rolandoastarita

      10/02/2014 at 18:36

    • Rolando

      En relación a esto, es verdad que las tasas de ganancia de las empresas son mayores en los países atrasados, si es así, ¿por qué?.

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      Alicia

      10/02/2014 at 18:52

    • No tengo claro que sean sistemáticamente más altas, en promedio o en el largo plazo. Posiblemente oscilen más; por lo menos en países como Argentina.

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      rolandoastarita

      10/02/2014 at 22:09

    • Creo que sirve mucho la imagen que propuso Rolando: la competencia capitalista entre países es similar a la competencia de capitales dentro de un país. Una empresa capitalista que aventaja a otras empresas y se queda con la mejor parte del mercado no las está explotando. Está ganando la competencia.

      Por ello creo que incluso es problemático hablar de países capitalistas dependientes. ¿Dependientes de qué o de quién? Porque si hablamos de dependientes de la economía global o corporaciones extranjeras, ¿qué países no lo son?

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      Danilo Castelli

      25/02/2014 at 18:14

  9. Rolando, por estos días estoy empezando a estudiar su libro “valor, mercado mundial…”, ¿hay alguien más que interprete que no existe transferencia de plusvalía entre países con diferente grado de desarrollo?.

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    Claudo FM

    11/02/2014 at 00:18

    • No conozco quién más pueda plantearlo. Esta idea de hacer circular la plusvalía por todos lados está muy establecida. De hecho, en El Capital, y según la ley del valor trabajo, la única plusvalía que se transfiere es entre ramas, por formación de precios de producción. A partir de aquí, se escribieron muchos disparates. Un ejemplo lo constituye el doctor Juan Iñigo Carrera con su explicación del origen de la renta agraria. El doctor JIC inventó la tesis de que la renta agraria es plusvalía no generada en el agro, sino en la industria, pretendiendo, además, que esa es la tesis de Marx. Claro que en este caso, la renta agraria argentina sería apropiación de plusvalía producida en los países industrializados, por parte de los productores criollos. El doctor JIC explicó esto con total desprecio de las leyes y de los fundamentos más elementales de la teoría del valor trabajo. Sin embargo, sus dislates fueron aplaudidos alegremente por gran parte de la izquierda, marxista y de aledaños (incluso por algunos hoy encumbrados funcionarios del gobierno K). Pareciera que el lema de alguna gente es “sanata por rigor científico”.

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      rolandoastarita

      11/02/2014 at 09:44

  10. Roloando, en su última respuesta a Claudio Fm usted afirma que la única transferencia de plusgvalía se da entre nramas por formación del precio de producción. ¿Podría explicar brevemente el mecanismo? Leí las notas sobre Mandel y todas las de dependencia, incluso usted lo explica en una de sus clases de Tòpicos de Micro pero no me queda claro el asunto, y creo que hay más de un confundido al respecto.
    Por último, ¿en qué capítulo del Capital se trata la cuestión?
    Desde ya muchas gracias.

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    Ilichito

    11/02/2014 at 14:29

    • Disculpe Astarita, pero Iñigo Carrera le contesstó esto al respecto de su acusación que ahora repite nuevamente:

      La ganancia extraordinaria que se convierte en renta diferencial de la tierra
      agraria (o minera, etc.) es una apropiación
      de plusvalía a la qu
      e se accede gracias
      a la productividad diferencial del trabaj
      o aplicado sobre una
      determinada tierra
      con una cierta intensidad de capital,
      a consecuencia de los condicionamientos
      naturales diferenciales existentes en la misma. Pero la fuente de esta plusvalía no
      se encuentra en la producción agraria misma.
      El valor comercial de las mercancías ag
      rarias no está regido de manera general
      por las condiciones medias de
      producción, sino por las condiciones
      correspondiente al trabajo agrario menos
      productivo que es necesario poner en
      acción para satisfacer la demanda social.
      Este mayor valor comercial se proyecta
      sobre el capital desembolsado y sobre el
      costo de los medios de vida que, de
      modo más o menos directo, se
      producen con ellas. De manera que dicho mayor
      valor entra en la determinación del precio de producción de estos medios de vida
      y, por lo tanto, en el cost
      o que éstos tienen para sus compradores. En tanto los
      medios de vida en cuestión son absorbi
      dos por el consumo individual de los
      terratenientes, la realización de la renta tiene como fuente la misma plusvalía que
      la constituye. En tanto los medios de vi
      da en cuyo precio se encuentra portada la
      renta se destinan al consumo individual
      de la clase capitalista, su fuente de
      realización es la plusvalía
      que esta clase extrae al conjunto de la clase obrera.
      Pero el grueso de los medios de vida
      en cuestión tiene por
      destino el consumo
      individual de la población obrera, necesario para la reproducción normal de su
      fuerza de trabajo con los atributos productivos con que la requiere el conjunto de
      los capitales de la sociedad. Por lo tant
      o, la renta diferenc
      ial portada en los
      precios de estos medios de vida entra en
      la determinación del valor de la fuerza
      de trabajo y, de ahí, en la del salari
      o normal general.[Nota al pie: Ver Marx,
      3
      Carlos, op. cit., pp. 608 y 614] La renta de la
      tierra portada en la diferencia entre
      el precio de producción
      que efectivamente corresponde a cada capital agrario
      individual y el que resulta de la produc
      tividad del trabajo
      que rige el valor
      comercial de las mercancías agrarias se presenta, así, como un componente del
      monto adelantado y del costo de
      los capitales individuales
      en general. La aparente
      traslación de este efecto a los precios de las mercancías en general no hace más
      que retrotraer la cuestión al mismo punto en
      que la renta difere
      ncial se proyecta al
      precio que todos los capitales de la so
      ciedad pagan de manera normal por la
      fuerza de trabajo.
      Desde el punto de vista del conjunto del capital de la so
      ciedad, la renta
      diferencial constituye un «falso valor soci
      al» [Nota al pie: Ma
      rx, Carlos, op. cit.,
      p. 614], ya que la misma no encierra c
      ontenido alguno de trabajo socialmente
      necesario gastado privadamente para produc
      ir las mercancías agrarias. Pero debe
      pagarla a los terratenientes con la part
      e del valor social re
      almente producido por
      el trabajo que el conjunto de los obrer
      os productivos ejec
      uta por encima del
      requerido para su propia reproducción como
      fuerza de trabajo para el capital.
      Esto es, el capital total de la sociedad paga el falso valor social constituido por la
      renta diferencial a expensas del valor re
      al extraído gratuitamente a sus obreros, o
      sea, a expensas de su plusvalía.
      […]
      Esta determinación de la renta difere
      ncial tiende a trasce
      nder todo recorte
      nacional de la unidad mundial del proceso de acumulación. Pero esto no quita
      que, en la división internacional del trabaj
      o, se establezca una relación específica
      entre un ámbito nacional donde se concentra
      el capital industrial
      en general y otro
      donde se concentra el capital agrario
      que pone en acción una productividad del
      trabajo que supera a la que determina
      el precio de producción en el mercado
      mundial. En cuyo caso, el flujo genérico
      de la plusvalía convertida en renta
      diferencial de la tierra toma la forma conc
      reta de un flujo intern
      acional por el cual
      el ámbito nacional donde se concentra el
      capital industrial en general pierde el
      control directo sobre el cu
      rso de una porción de la pl
      usvalía producida en él. Es
      entonces que su propia
      condición de proceso naci
      onal de acumulación donde se
      concentra el capital industri
      al, le da la fuerza directa para imponer la formación
      del ámbito nacional al cual
      va a ir a parar la plusva
      lía transformada en renta
      diferencial, bajo un modo específico que
      le permita recuperar para sí la mayor
      masa posible de la plusvalía escapada. (
      La formación económica de la sociedad
      argentina. Volumen 1. Renta agraria, ganancia industrial y deuda externa 1882-
      2004
      , pp. 15 y 80)

      Me gusta

      Carlos

      11/02/2014 at 17:41

    • Carlos, fijate si podés subir nuevamente el comentario o el enlace al mismo. El copiado y pegado que compartís está mal.

      Me gusta

      astadiego

      11/02/2014 at 20:49

    • La respuesta completa al profesor JIC está en mi página web y también en mi libro “Economía política de la dependencia y el subdesarrollo”, pp. 221 y ss. Efectivamente, como se lee en el pasaje que usted cita, JIC afirma: “la fuente de esta plusvalía no se encuentra en la producción agraria misma”. Esto es equivocado. La renta diferencial es plusvalía generada por el trabajo agrícola aplicado a las tierras con fertilidad superior a la peor tierra, que es la que determina el precio. Ese trabajo aplicado a mejores tierras actúa como trabajo potenciado, como lo explica Marx repetidas veces. JIC, por el contrario, sostiene que la sociedad paga a los terratenientes con plusvalía generada por el trabajo de obreros no agrícolas (“Renta agraria, ganancia del capital y tipo de cambio: respuesta a Rolando Astarita”, Centro para la Investigación como Crítica Práctica, p. 4). Esto es un disparate, desde el punto de vista de la teoría de Marx. La renta, según Marx, es “un excedente peculiar de esta esfera de la producción -la esfera agrícola… un excedente por encima de la parte del plustrabajo que el capitalista reclama como perteneciéndole de antemano y normalmente” (El Capital t. 3 p. 1018, Siglo XXI). En otro pasaje Marx subraya que la renta no surge porque se eleve el precio de la mercancía “por sobre su plusvalía intrínseca” (Teorías de la plusvalía, t. 2, p. 31, Cartago). La renta surge porque el producto agrario “no tiene que trasladar a los otros la proporción de su plusvalía intrínseca que solo rinde la ganancia media, sino que es capaz de realizar una proporción DE SU PROPIA PLUSVALÍA (énfasis agregado) que constituye un excedente por encima de la ganancia media” (ídem). Así puedo llenar varias páginas de pasajes de Marx, todas en el mismo sentido. ¿De dónde saca usted que el doctor JIC ha demostrado lo que dice afirmar?
      La esencia del argumento de Marx es que el trabajo que se aplica a una tierra de mayor productividad relativa genera más valor que el trabajo aplicado a la tierra de menor productividad, que es la tierra a partir de la cual se determina el precio. Éste es todo el meollo del asunto. Por esto le dije que la discusión sobre trabajo potenciado (o despotenciado) está íntimamente vinculada a esta discusión.
      Dada la confusión que existe en este asunto, voy a publicar notas en el blog para tratar en extensión estas cuestiones.

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      rolandoastarita

      11/02/2014 at 23:27

    • Agregado: El único pasaje de Marx que el profesor JIC cita para respaldar su afirmación de que, según la teoría de El Capital, la renta no es plusvalía generada en el trabajo agrícola es el que habla del “falso valor social”. “Desde el punto de vista del conjunto del capital de la sociedad, la renta diferencial constituye un «falso valor social» [Nota al pie: Marx, Carlos, op. cit. p. 614],
      Pero ha citado sin entender de qué se trata. En ese pasaje de El Capital (p. 849 t. 3 Siglo XXI ) Marx se está refiriendo a que si se aboliese el modo de producción capitalista y la sociedad estuviera organizada como una asociación consciente y planificada, la sociedad pagaría por los productos agrícolas según el precio medio real, tal como se determinaría en ausencia de monopolio de la tierra y del modo de producción capitalista. Esto significa que Marx está empleando la expresión “valor social falso” en un sentido crítico de la relación social capitalista y la propiedad de la tierra. No está afirmando que la renta no sea plustrabajo arrancado al trabajador agrario bajo las condiciones de propiedad privada de la tierra y modo de producción capitalista. Observemos que en esta consideración de Marx entra incluso la abolición del modo de producción capitalista. Si en cambio la propiedad privada de la tierra se convirtiera en propiedad del Estado, pero permaneciera el modo de producción capitalista, la renta diferencial tampoco desaparecería. ¿Por qué? Porque su origen se explica por las condiciones diferenciales (productividades diferentes) en que operan los trabajos privados en cuanto generadores de valor. Por este motivo, en este caso la renta diferencial iría al Estado, y sería apropiada por los capitalistas como clase (véase Teorías de la plusvalía t. 3, p. 389).
      En definitiva, no hay manera de atribuirle a Marx la idea de que la renta es plusvalía generada por fuera del trabajo agrícola. Éste sería el caso si la renta surgiera por precio de monopolio. Pero Marx insiste, una y otra vez, en que la renta no surge por precio de monopolio. Es una de sus grandes diferencias con los economistas vulgares.

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      rolandoastarita

      11/02/2014 at 23:38

    • Explicar esto excede lo que es un “comentario”. Te recomiendo leer los primeros capítulos del tomo 3 de El Capital (provisto que hayas estudiado la primera parte del tomo 1, por lo menos hasta el capítulo X, incluido), hasta el capítulo en que explica cómo se forman los precios de producción.

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      rolandoastarita

      12/02/2014 at 10:56

  11. El hecho que los países atrasados tengan mayor porcentaje de empresas de otros países y que parte importante de la plusvalía no la reinvierten sino que la llevan a su país de origen, que papel juega?

    Me gusta

    Alicia

    12/02/2014 at 00:39

    • No entiendo en qué sentido hace la pregunta. ¿Cómo influye en la acumulación? ¿En el desarrollo a largo plazo? Además, no creo que haya un esquema general, habría que estudiar los casos en concreto (incluso con cifras de cuánta es la participación del capital extranjero en el PBI, según países; y además, de ese capital, cuánto es de países también atrasados, etc.).
      Pero por otra parte, que los capitalistas envíen o no plusvalía al exterior no tiene que ver tanto con que sean “nacionales” o “extranjeros”, sino con las oportunidades de ganancias (o la seguridad de sus inversiones). Por ejemplo, la burguesía argentina (incluso la “nacional y popular”) ha enviado buena parte de la plusvalía al exterior, lo que afectó, indudablemente, al desarrollo de las fuerzas productivas. Pero no entiendo qué relación puede haber entre esto, y el planteo de que Argentina es una semicolonia.

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      rolandoastarita

      12/02/2014 at 11:03

  12. En general tiendo a coincidir con tus planteamientos sobre la cuestión nacional y lo que significa hoy el imperialismo y la dependencia, pero me vas a permitir que haga una pequeña crítica. En la visión que expones en esta serie de artículos o en algunos de tus libros, la distinción central está entre países coloniales y semicoloniales, por un lado, y países dependientes, por el otro. En los primeros hay una opresión de tipo político-militar directamente vinculada a una extracción de excedente económico por metodos violentos de robo y pillaje. En los segundos existe una independencia política y una dependencia económica (financiera, tecnológica, etc.) que, a diferencia de lo que ocurre en las colonias y semicolonias, no implica una relación de explotación.
    Ciertamente la mayor parte de las naciones del tercer mundo caen en uno de estos dos tipos de opresión nacional, existiendo una tendencia histórica de pasar de países colonizados a países dependientes, hasta el punto de que el colonialismo es ya hoy residual.
    Pero existen o existieron, sobretodo en Europa, otros tipos de opresión nacional que no encajan facilmente en ninguna de estas categorías. Tal es por ejemplo el caso de Cataluña y Euskadi en España. Ambas naciones han sufrido a lo largo de su historia una opresión política importante. No solo se le has negado y se les sigue negando el derecho a su autodeterminación, a conformar un Estado propio si así lo desean, han tenido también que sufrir numerosas veces en su historia restricciones a usar libremente su propia lengua o a manifestar abiertamente las costumbres culturales propias de su nación. Sin embargo, esta opresión política no se correlaciona ni por asomo con una relación colonial. De hecho, ambas naciones fueron (y aún son, en gran medida) grandes motores económicos del desarrollo de España. Fueran las dos principales regiones punteras de la industrialización, seguidas (pero a cierta distancia) por Asturias y la capital madrileña. Tanto es así que hubo quien, como Andreu Nin, postuló que los movimientos nacionales vasco y catalán nacían como un impulso del pujante capitalismo industrial de estas naciones a deshacerse del yugo de un Estado despótico y semiabsolutista que retardaba su desarrollo. En casos así no se puede hablar tan siquiera de que exista una depndencia económica de la nación oprimida respecto a la opresora.
    Este mismo tipo de opresión política sin opresión económica o colonial creo que se puede aplicar también a otros casos, como las nacionalidades subyugadas por la Rusia zarista o la antigua dependencia de Noruega respecto a Suecia.

    Me gusta

    David

    26/03/2016 at 17:16


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